MILAREPA Y LOS NIÑOS

9 10 2015

NOTA; Estoy recopilando todos mis textos sobre Milarepa, incluso cuando lo convertí en personaje humorístico en el Hotel de los disparates ya poseía su sello inconfundible. Se me impuso desde el principio y poco a poco se me fue manifestando hasta que acabé descubriendo que era real.

MILAREPA Y LOS NIÑOS

Milarepa invita a Carlitos a visitar el centro para niños disminuidos, patrocinado por las damas de la caridad (se trata de un viejo y destartalado caserón, en las afueras, acondicionada al efecto). Ya en el interior se acercan dos niños con síndrome de Dawn. Son chinitos, familia lejana de Lin Yi, profesor de taichí. Como ustedes saben los ragos del síndrome de Dawn dan al rostro del niño un toque ligeramente oriental, por lo que en este caso pasan más desapercibidos. Se llaman Chin-pun y Chin-pan. Ambos se acercan sonrientes, toman la mano de Milarepa y la besan.

-Hola Mila.

-Hola Repa (con “r” suave).

Intentan abrazar a Milarepa, quien los sube hasta él, uno en cada brazo (la fuerza de una mente bien entrenada) y besa sus mejillas. Ellos le responden, abrazándole estrechamente y besando su cráneo pelado. A continuación los coloca en el suelo y les pregunta.

-¿Os gustaría venir a un sitio muy bonito?

-Claro Mila.

-Claro Repa -responden al unísono.

Carlitos observa apenado a un niño que se aproxima. Padece de un envejecimiento acelerado. Su cuerpecito es el de un adulto, los rasgos de su cara hacen pensar en un anciano que no hubiera crecido. Es calvo y orejudo. Milarepa observa la expresión de Carlitos y le dice:

-Los adultos sentimos pena por todo o casi todo. En cambio los niños se toman la vida con más filosofía. Comprenden el gran don que les ha sido concedido y lo disfrutan sin quejarse. El sabe que el tiempo corre de manera distinta para él y que su aspecto es anormal, comparado con los otros, pero le gusta jugar como a cualquier niño.

Milarepa acaricia al niño.

-Hola Pepillo. ¿Qué tal has pasado el día?

-Bien Milarrepa (pronuncia la erre fuerte).

Otro niño viene por detrás y le tira de las orejas, acariciando su calva. Pepillo (se llama José, pero todos le llaman así), se vuelve y le da una formidable patada en la espinilla al otro niño.

-Ve usted, ¡qué le decía! Pepillo no pierde tiempo en compadecerse. Ven aquí, amiguito. ¿Te gustaría visitar un sitio muy, pero que muy bonito?

-¿Es muy bonito?

-Mucho.

Milarepa empuja a Carlitos, que se ha quedado paralizado, con una lágrima asomando a su ojito derecho, hacia la oficina del centro. Allí habla con una gran dama de la caridad y le explica su plan.

-¿Pero usted se hace totalmente responsable de lo que pueda ocurrir?

-Claro, digna señora.

Milarepa y Carlitos se dirigen hacia la limusina del hotel, puesta a su disposición por Pestolazzi y manejada por Baldomero, el chofero. Pepillo ha tomado la mano de Carlitos y los dos gemelos las de Milarepa. El viaje de regreso de hace ameno gracias a las preguntas y comentarios de los niños. Carlitos se pregunta cómo podrán atender a estos niños en la guardería. Milarepa, mientras tanto le habla del niño-cristal, a quien se le rompen los huesos a la menor contingencia y para quien el profesor Cabezaprivilegiada está diseñando una silla de ruedas muy especial. Cuando esté terminada lo traerán también a la guardería.

Carlitos, que ha visto en televisión un reportaje sobre un niño-cristal y sobre los niños con envejecimiento precoz, se siente atemorizado. Puede que Milarepa les esté llevando a un buen berenjenal.

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