ERRORES DE CONDUCTA RESPECTO AL ENFERMO MENTAL I

21 10 2015

ERRORES DE CONDUCTA RESPECTO AL ENFERMO MENTAL I

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Mi larga experiencia como enfermo mental, así como los comentarios que se han hecho en el blog y el trato directo con enfermos mentales y sus familiares, me ha obligado a plantearme la necesidad de que nos conozcamos mejor, para superar ese abismo que nos separa. No se puede amar lo que no se conoce, ese es mi lema. Tanto en enfermos como en familiares he observado siempre los mismos reproches, las mismas dificultades para relacionarse, en unos respecto a los otros y los otros respecto a los unos. Hay errores de conducta tan graves y tan repetidos que si ambas partes no están dispuestas a replantearse sus posiciones e intentar llegar hasta el otro casi es mejor que lo dejen. Esto suena duro, muy duro, pero es lo que creo y lo que he tenido que llevar a cabo yo mismo. No se lo aconsejo a nadie más porque sé muy bien la dificultad que tenemos los enfermos mentales para vivir solos y sin relacionarnos, pero mi posición es clara, si no me aceptan como enfermo mental es mejor que no me acepten de ninguna otra forma, porque eso implicaría necesariamente que me consideran una mala persona y si es así cuanto más lejos de una mala persona mejor para todos.

Y es aquí donde aparece el primer obstáculo insalvable para ambas partes. Antes de proceder a la descripción y análisis de los errores de conducta más frecuentes por ambas partes, me gustaría sentar unas mínimas bases de entendimiento. En cuanto a los familiares de los enfermos siempre me dicen lo mismo: no puedo aceptar que me mienta, me manipule, me chantajee emocionalmente, utilice sus farsas de control, añadiría yo, para convertir mi vida en un infierno. Mi respuesta es siempre la misma. Cierto. Si le consientes todo a un niño lo malcrías y se te acabará meando en los zapatos. Los familiares no deben aceptar las mentiras, manipulaciones y chantajes del enfermo, es cierto, pero deben distinguir muy bien entre lo que es un chantaje de una persona que ha tenido una crisis grave en su enfermedad y una persona que aunque esté bien hace recordar al otro esas crisis para chantajearle. Parece complicado pero creo que no lo es en absoluto. Me gusta poner un ejemplo bastante claro. Si tienes un familiar enfermo de cáncer en el hospital le tratarás como a un enfermo grave y tal vez le consientas cosas que no consentirías a nadie más. Si una vez curado dejas que te chantajee recordando lo mal que estuvo, ese es tu problema, ahora no tratas con un enfermo sino con quien quiere conseguir algo de ti recordando lo “malito” que estuvo en el pasado.

No es lo mismo tratar con un enfermo mental que ahora está bien o bastante bien que tratar con un enfermo mental que está sufriendo una crisis grave y no controla. Si al primero no le deberías permitir ciertas conductas, en cambio si no asumes que lo que le ocurre al segundo es consecuencia de una crisis en su enfermedad, no te va a quedar otro remedio que plantearte muy seriamente si quieres convivir y relacionarte con un enfermo mental, si estás preparado para ello, si aceptas las consecuencias o tal vez deberías dejar que se ocuparan otros, profesionales o no. Por mi parte si alguien no acepta mi enfermedad en las crisis prefiero estar lejos de él, no me importa estar solo, vivir solo, morir solo, es preferible a la convivencia con alguien que no acepta que eres un enfermo y por lo tanto debe concluir que eres una mala persona, un canalla. No me meto en las vidas de los demás, cada cual debe tomar sus propias decisiones.

Este primer obstáculo con frecuencia es el más insalvable. No solo por parte del familiar, también del enfermo. Un enfermo no puede aceptar que todo el mundo pueda sufrir una enfermedad , excepto él, debido a que su enfermedad es invisible. Somos el único colectivo de enfermos que no solo debemos sufrir una enfermedad muy dolorosa y angustiosa, sino que nos vemos obligados a “convencer” a los demás de que estamos enfermos y no somos unas malas personas que se aprovechan de la compasión ajena. A un enfermo de cáncer no se le obliga a demostrar que está enfermo, ni a un diabético, ni a cualquier otra persona que sufra una enfermedad física. Se acepta el diagnóstico del profesional y se intenta ayudar en lo posible. En cambio con el enfermo mental se pone en entredicho cualquier diagnóstico profesional que no interese, se obliga al enfermo a un esfuerzo titánico para convencer al familiar de que no es una mala persona sino un enfermo mental. Esto es de todo punto inaceptable, el enfermo no lo va a aceptar nunca y este primer obstáculo será insalvable. Incluso llegamos a la terrible situación de que muchos enfermos mentales no aceptan ellos mismos estar enfermos porque eso les margina, les pone la maraca de Caín en la frente, les convierte en unos monstruitos. Es cierto que la aceptación de la enfermedad no es una dificultad propia del enfermo mental, muchos enfermos “físicos” tampoco quieren aceptarla, pero en el caso del enfermo mental no es el miedo a la muerte lo que les impide su aceptación, es el miedo a la vida, a una vida marcada, marginal, sin esperanza. Si el propio enfermo mental no acepta su enfermedad mal va a conseguir que la acepten sus familiares. Aquí, tanto el enfermo como el familiar, tienen que hacer un esfuerzo o nunca llegarán a superar este primer obstáculo.

No existe otro camino para llegar al enfermo mental que el cariño, como bien dicen las leyes de Bautista que formulo en las Historias de Bautista, en este mismo blog. Esto no significa, como hemos visto, antes que haya que pasar por las mentiras y manipulaciones del enfermo, esto no es cariño, como sucede en la educación del niño, esto es malcriarlo, consentirle todo, algo que tiene muy poco que ver con el cariño y mucho con la debilidad de carácter. Y este camino tiene dos direcciones, del familiar hacia el enfermo, pero también del enfermo hacia el familiar. Como les digo a mis alumnos, no podemos pedir cariño si no somos capaces de darlo. La farsa de control de la “bula papal” no es de recibo. Los enfermos tenemos tendencia a pensar que como hemos sufrido mucho, más que nadie, tenemos derecho a la compasión, per se, sin más, y a hacer lo que nos venga en gana porque poseemos una especie de bula papal. Nada más incierto y esto supone un obstáculo considerable en las relaciones de familiar y enfermo.

Es cierto que el enfermo sufre mucho, es cierto que el familiar sufre mucho. Ninguno de los dos debería intentar convencer al otro de que sufre más que él y por lo tanto tiene más derecho que el otro a recibir cariño y todas las consideraciones del mundo. Si el familiar se empeña en convencer al enfermo de que sufre más que él estaremos ante otro obstáculo insalvable. Confieso que a mí nadie ha logrado convencerme de que ha sufrido más por mi enfermedad que yo. Una docena de terribles intentos de suicidio, estancias prolongadas en psiquiátricos, terapias de choque tan duras como el electroshock, sufrir conductas inhumanas como estar atado con cadenas a una cama de hierro en un sótano infecto. Lo siento, pero es imposible que alguien me convenza de que ha sufrido más que yo si no ha pasado por algo tan grave como por lo que yo he pasado. No se trata de convencer a nadie de nada, no se trata de pesar en una supuesta balanza electrónica espiritual el sufrimiento de unos y de otros y si uno ha sufrido un átomo más que el otro, éste debe darse por vencido y entregarse con armas y bagajes. No me pueden convencer sin más de que un familiar sufre más que yo por mi enfermedad, eso me suena a algo tan mezquino como que un familiar intentara convencer a un enfermo de cáncer de que él está sufriendo mucho más porque le quiere mucho. Al margen de lo que unos se quieran a otros, intentar convencer al enfermo de cáncer de que no debe preocuparse porque el familiar sufre más que él, resulta de una mezquindad intragable. Esto mismo sucede con el enfermo mental. Por lo tanto ambas partes deben abandonar esa estúpida competición de ver quién sufre más que el otro, deben dejarla de lado, olvidarse de ello e intentar encontrar una forma humana y cariñosa de relacionarse. Ni el enfermo tiene que estar siempre quejándose de lo mucho que sufre ni el familiar debe intentar convencerle de lo mucho que sufre él por su enfermedad y supuestamente por su culpa. Esta es la mejor manera de que ambos nunca logren entenderse y de que nunca lleguen a convivir y a relacionarse de forma cariñosa.

Una vez sentadas unas bases mínimas de entendimiento podemos iniciar un análisis objetivo y comprensivo, respetuoso y cariñoso de los errores de conducta de ambas partes.

GRAVES ERRORES DE CONDUCTA RESPETO AL ENFERMO MENTAL Y DEL ENFERMO MENTAL RESPECTO A FAMILIARES Y SERES QUERIDOS

-Por ser enfermo mental no puedes estar esperando que los demás se acerquen a ti, que sientan compasión por tu sufrimiento, que te permitan conductas que no permiten a nadie, que te otorguen bula papal para hacer lo que quieres cuando quieres. El enfermo mental es responsable de sus actos y por lo tanto debe asumir las consecuencias. Si quiere hablar con alguien no debe esperar a que ese alguien le llame o se acerque a él, da el primer paso. Sé muy bien lo duro que es, lo humillante, yo lo he vivido en mi propia piel. Llamar a alguien y esperar que ese alguien te acepte y quiera hablar contigo, que asuma que eres un enfermo y no un monstruo del que es mejor alejarse. Mi experiencia me dice que estadísticamente hay muchas más posibilidades de ser rechazado y humillado que de ser aceptado. Eso es cierto, pero no podemos juzgar a uno por lo que han hecho los demás, lo mismo que no podemos creer que todos los “normales” son corruptos, por poner un ejemplo, porque entre los normales haya algunos corruptos, muy pocos. Tampoco los “normales” nos pueden juzgar a todos los enfermos mentales por el mismo rasero, porque hayan tenido una mala experiencia con un enfermo mental agresivo o que es mala persona. Porque como ya hemos visto en otros textos, los enfermos mentales somos personas “normales” que además sufrimos una enfermedad y como ya dije entre los normales hay excelentes personas, buenas personas, regulares, malas y muy malas. El que una persona sufra una enfermedad mental no le hace mejor ni peor, simplemente pone con más facilidad al descubierto su carácter. Debemos confiar y arriesgarnos, llamar aunque nos cuelguen, aunque nos humillen, nadie está libre de vivir una mala experiencia, ni enfermos ni no enfermos.

SI NO DAS TÚ EL PRIMER PASO NO ESPERES QUE EL OTRO LO DE POR TI

-Olvídate de tu sufrimiento, no puedes ir por la vida como un mendigo, pidiendo una limosna de cariño, de compasión. Puede que tú no tengas la culpa de tu enfermedad, pero el otro tampoco, salvo casos excepcionales, como deuda kármica o maltrato familiar, por ejemplo. Los enfermos mentales no somos mendigos de cariño y quien así se vea está cometiendo un gravísimo error de conducta y sufrirá las consecuencias. Será despreciado y si alguna vez recibe limosna seguramente será con la condición de no tener que volver a verle. No mendiguemos. Por el simple hecho de ser personas, seres humanos, tenemos derecho al cariño y tenemos obligación de dar cariño, en nuestro interior está la chispa divina de que habla Milarepa, merece todo el respeto y el amor que merece la divinidad.

SI MENDIGAS ERES UN MENDIGO Y SABES MUY BIEN LO QUE LES OCURRE A LOS MENDIGOS

-Si desprecias a un enfermo mental, el enfermo te despreciará a ti, si lo insultas, te insultará, si lo marginas lo convertirás en un delincuente espiritual. Si crees que nunca te pasará a ti lo que le está pasando a él, es que no sabes cómo es la vida, lo fácil que se da la vuelta a la tortilla. No eres superior, no eres más grande que los demás, no eres incombustible. Cuando te suceda a ti lo entenderás. No esperes que eso ocurra, será demasiado tarde, comprende ahora, empatiza ahora, sé solidario ahora.

CON LA MISMA MEDIDA QUE MIDIEREIS SERÉIS MEDIDOS

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5 responses

30 10 2016
Rosa

Hola este blog sigue activo?

30 10 2016
Slictik

Así es si quieres dejar un comentario o escribirme al correo del blog te contestaré

30 05 2016
Slictik

Hola Ascen. Ya he regresado del viaje. Por si no lo sabías, te digo que arriba del blog, en el lado derecho, están mi correo electrónico particular y mi número de teléfono. Si quieres puedes escribirme al correo, pero si no tienes problemas en tratar en público tu caso, por mí encantado, casi mejor, así todos los lectores tendrán casos prácticos que les servirán de mucho. Te comento que la conducta de tu padre es típica de muchos familiares de enfermos mentales que creen que consintiéndolo todo y dándoles siempre la razón, como a los locos, se evitan sufrir las consecuencias más graves de la enfermedad. Es un grave error porque si al enfermo se le consiente todo se convierte en un niño malcriado y todos sabemos cómo son los niños malcriados. Como ya he tratado en algunos de mis textos, especialmente en la segunda parte de esta serie, los enfermos tienen tendencia a otorgarse lo que yo llamo una bula papal que les permite hacer lo que quieren porque consideran que su sufrimiento es tal que les autoriza a seguir conductas que saben no se permiten a nadie en esta sociedad. Este también es un gravísimo error del enfermo mental.

Es normal que el diagnóstico de la enfermedad se produzca en la juventud, a mí me diagnosticaron a los diecinueve años. Lo que no me dices es qué le diagnosticaron, qué enfermedad padece. Si prefieres hacerlo por correo estupendo y sino te contestaré desde aquí. No es lo mismo una esquizofrenia que una simple depresión, por grave que sea, incluso con intento de suicidio. No es lo mismo escuchar voces o sufrir delirios o alucinaciones que ser un depresivo con manías obsesivo-compulsivas o con fobias, como es mi caso. Cada enfermedad tiene una determinada patología y las enfermedades graves no son lo mismo que las leves. Lo que sí te puedo decir es que el enfermo, tenga la enfermedad que tenga y esté sufriendo una crisis grave o no, debe responsabilizarse de sus actos y palabras y luego, cuando pueda y esté mejor, debe intentar reparar el daño causado. No debes permitirle que te trate así, que te insulte, que te trate con falta de respeto. Debes hacerle saber que esa no es una conducta que vayas a aceptar nunca. Pero antes debes informarte de su enfermedad, saber cuándo está en crisis y hacerte una idea de por qué puede estar comportándose así. A un enfermo mental se le puede decir todo si se hace con respeto y cariño, en el momento adecuado, no cuando está en pleno brote, o en plena crisis, cuando no controla. La mejor forma de llegar al enfermo es a través del cariño. A veces, aunque cueste mucho, se puede romper una conducta de este tipo solo pidiendo al enfermo que le deje abrazarle, diciéndole que se le quiere. Esto le desarma. Claro que si no controla, si su conducta se ha enquistado y enraizado en el tiempo, esto llevará tiempo y hay que hacer un esfuerzo extra.

A un enfermo hay que decirle que se comprende su sufrimiento, que se acepta su enfermedad, pero que eso no implica que se soportarán todas sus conductas patológicas, irrespetuosas, ofensivas. Hay que dejarle bien claro que los chantajes emocionales, las farsas de control, como yo las llamo y que las puedes leer en la sección correspondiente de este blog, no van a funcionar. Si un familiar se deja chantajear el enfermo utilizará constantemente esta estrategia para conseguir lo que quiere. Hay que establecer líneas rojas, marcar territorios, pactar un protocolo. El enfermo, junto con el terapeuta y el familiar debe de pactar una forma de conducta para cuando sufre brotes o está en crisis y debe asumir en ese momento, cuando está bien, qué tipos de conducta quiere que sus familiares asuman con él cuando está mal.

Querida amiga, tienes dos opciones con tu hermana, la primera, si no soportas su conducta, si no asumes que es una enferma, si no te compensa el esfuerzo que estás haciendo, deberías alejarte de ella y convivir con ella lo menos posible. Si decides que es una enferma y que quieres ayudarla, que es tu hermana y vas a hacer un esfuerzo extra y vas a tener paciencia, entonces deberías tener en cuenta los siguientes puntos:

-Tienes que hablar con ella, cuando esté bien, con respeto, con cariño, si es posible antes deberías darle un largo y estrecho abrazo, y decirle lo mal que te sientes cuando se comporta así contigo. Si lo haces con cariño ella lo acabará asumiendo, aunque le costará. Tienes que intentar convencerla de que junto con su terapeuta y familiares debe pactar un protocolo de conducta, sobre todo para cuando esté mal y no controle.

-Tienes que dejarle bien claro, con mucho cariño, pero de forma inflexible, que no vas a soportar sus chantajes y sus farsas de control. Que el hecho de que sea una enferma y sufra y haya sufrido mucho no le da derecho a comportarse como si tuviera bula papal para hacer lo que quiera. Tienes que decirle con claridad que debe establecer una norma de conducta, consistente en pedir perdón siempre cada vez que te insulte o te ofenda, o se ría de ti. Y que debe reparar de alguna forma estos daños, aunque solo sea dándote un abrazo cariñoso. Si no es capaz de pedir perdón por lo que ha hecho, incluso cuando no controla, debes decirle que dejarás de hablarle o de convivir con ella hasta que ese acto de pedir perdón se produzca.

-Sería muy conveniente que hablaras con ella, cuando esté bien, preguntándole por qué hace esas cosas contigo. Saber las razones que tiene ella para hacerlo es muy importante, aunque te parezcan irracionales.

-Sería conveniente que hicierais algunas sesiones de terapia familiar, ir al terapeuta toda la familia y allí hablar claramente de estos problemas. Incluso tú misma puedes ir y hablar con el terapeuta y que te explique qué enfermedad padece, qué tipos de conducta patológica suelen tener estos enfermos y cuál sería la mejor forma de tratarles.

Por último deberías también tú analizar cuál ha sido tu comportamiento con ella durante estos años. Sé muy bien que los familiares tienden a pensar que la culpa de todo la tiene el enfermo y ni siquiera se preocupan de analizar su comportamiento y asumir sus culpas y responsabilidades. Esto es muy importante para el enfermo que jamás acepta lo que yo llamo la ley del embudo, lo ancho para ti y lo estrecho para mí, tú puedes hacer ciertas cosas que yo no puedo porque tú no estás enferma, etc etc. Piensa que tu hermana debe pensar que tú la has ofendido en algo, tiene algún resquemor contra ti, tal vez deseos de venganza por algo que le hiciste alguna vez. Si logras que ella te diga lo que piensa al respecto eso ayudaría mucho, aunque te parezca irracional por su parte su forma de pensar o haberse ofendido por determinadas cosas.

Creo que si no estás dispuesta a iniciar un largo camino de acercamiento a tu hermana, comprendiendo su enfermedad, teniendo paciencia, aceptando que su conducta no cambiará de la noche a la mañana y sobre todo enfrentándote a ti misma, aceptando lo que realmente quieres, si deseas sacrificarte por ella, si la quieres como a una hermana o no, y tomando las decisiones correspondientes, lo mejor que podrías hacer es dejar de hablar con tu hermana y verla lo menos posible. Es muy duro, durísimo, convivir con un enfermo, el problema en nuestro caso, los enfermos mentales, es que al familiar le cuesta aceptar que somos enfermos y no malas personas. La mayoría de los familiares lo tienen muy claro en el caso de enfermedades físicas, son capaces de sacrificar su vida, de comportarse de forma heroica con un enfermo de cáncer, por ejemplo, o de Alzheimer, una enfermedad dura donde las haya, pero en cambio jamás se plantearían hacer lo mismo con un esquizofrénico, un bipolar, un depresivo. Si el familiar no da el primer paso y acepta que lo que le sucede a su ser querido es una enfermedad y no la conducta propia de una mala persona, entonces todo es inútil, lo sé por propia experiencia. Una vez dado este paso el enfermo debe aceptar también su enfermedad, lo que no es precisamente fácil y a partir de ahí queda un largo camino por recorrer para ambos. Si quieres contarme más a través del correo estaré encantado de responderte, o bien aquí mismo en el blog. Un abrazo.

23 05 2016
ascen

Mi hermana estuvo ingresada por una enfermedad mental con 18 años, a consecuencia de eso, mi padre la ha consentido todo,ella ahora tiene 47 años y por circunstancias de la vida, convivimos juntas, tengo la sensación que no le gusto por su forma de actuar, hay ciertas conductas suyas que no las entiendo, se burla de mí, se ríe de mi, me insulta cuando le digo algo que no me parece bien, no tengo ni idea de cómo debo de actuar, porque me está afectando e intento alejarme de alguien que considero dañina para mí .
No sé cómo actuar, no se lo que hacer.
Soy la hermana mayor y es triste decirlo, pero no soporto su forma de actuar.
Pienso si me estoy equivocando.

24 05 2016
Slictik

Estoy de viaje te respondo a la vuelta un abrazo

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