SANTA TERESA DE JESÚS (GRANDES MAESTROS)

21 10 2015

Los grandes maestros espirituales no pueden ser etiquetados según la religión que hayan practicado, el país o la época donde hayan vivido, no pueden ser considerados como maestros de primera clase, de segunda, de tercera, o como maestros más adecuados para cristianos, islamistas, católicos, hindúes, etc. Un maestro espiritual lo es porque ha alcanzado metas que los demás ni siquiera somos capaces de atisbar. Los caminos que haya seguido para llegar a la meta son personales y subjetivos, pero las lecciones aprendidas son válidas y universales.

No tengo el menor empacho en juntar en esta sección a maestros espirituales católicos, cristianos, tibetanos, hundúes, islamistas, o de cualquier otra religión, creencia o grupo esotérico, quien ha aprendido las lecciones y ha llegado a determinadas metas es un maestro y nos puede ayudar. Aunque como dice Krihshnamurti si uno tiene bastante luz dentro de sí no necesita de maestros, lo cierto es que sobre todo al principio del camino necesitamos ver qué dificultades han tenido los demás que nos han precedido y cómo han salido de ellas para no sentirnos solos, abandonados, desesperados. El ejemplo de otros que lo consiguieron antes que nosotros es fundamental para que el discípulo, el iniciado no se extravíe en los abismos de la desesperación.

Recuerdo que cuando yo estudiaba en un colegio religioso -iba para cura- descubrí en el desván un montón de libros de “santos” o sea, biografías o hagiografías, de santos católicos, y me puse a leerlas con pasión, con la pasión religiosa que entonces yo ponía en todo. En la biblioteca del colegio había leído ya a Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola y muchos más, pero en aquel desván encontré santos increíbles de los que ni siquiera había oído hablar. Algunas biografías eran buenas y objetivas, otras puras hagiografías ridículas en las que los santos lo eran prácticamente desde la cuna y nunca cometían errores ni se extraviaban por los caminos. Aún así comprendí que son muchos los que por toda clase de caminos intentan llegar al conocimiento, encontrar el sentido de la vida, alcanzar las verdades espirituales que nos permitan enfrentarnos a las tragedias de la vida con una cierta ecuanimidad.

Me gustó mucho Santa Teresa de Jesús, una mujer sencilla, del pueblo, que se ve obligada a escribir y a explicar cómo ha sido su camino, lo hace con naturalidad, sin falsa humildad, pero también sin orgullo, como quien no tiene inconveniente en desnudar su alma y hablar de sus intimidades más vergonzosas. Leí su vida, las moradas y buena parte de su obra. Para mí es una gran maestra espiritual y ahora mismo estoy releyendo su obra, buscando recuerdos juveniles, revisando viejas ideas. Como se dice en el curso de milagros, un maestro aprende más de sus discípulos que ellos del maestro. Suena raro pero es así, no se trata de convertirse en maestro para enseñar, se trata de seguir el camino y no olvidarse ni despreciar a los que se quedan atrás, porque de ellos aprenderemos más que de nosotros mismos, los últimos serán los primeros, dijo el maestro, y es cierto, un alma sencilla puede enseñar más de espiritualidad que un endiosado intelectual que no es capaz de ver en sus hermanos la chispa divina de Milarepa.

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