LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS (ESTRUCTURA) III

31 10 2015

LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS III

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Ya hemos visto que la ley de los tres círculos entronca directamente con la teoría de la vinculación de Milarepa, también se basa claramente en algunos fundamentos del conocimiento chamánico que don Juan le explica con mucha paciencia a Castaneda. El punto de encaje, las emanaciones del Águila son también básicas a la hora de comprender la ley de los tres círculos, lo mismo que esa lucha de poder que obliga al guerrero a perfeccionar el arte de acechar y del arte de ensoñar.

Todos estamos vinculados con el Todo, como dice Milarepa en su teoría de la vinculación, las leyes de cohesión espiritual nos obligan, lo queramos o no, a vincularnos con otras personas, que esto sea en forma de círculo tiene sentido porque sabemos que el centro del círculo equidista de todos los puntos del círculo, es decir Dios está a la misma distancia de todos y cada uno de nosotros, no ha preferencias, y esa es una ley que debemos asumir si queremos entender un poco cómo funcionan las leyes en el mundo espiritual.

La humanidad tiene una vinculación básica que le explica muy bien don Juan a Castaneda, todos tienen el punto de encaje en la misma posición, le dice, y por lo tanto, digo yo, están en el mismo mundo o universo físico, en contacto directo con la emanación del Águila que crea el mundo físico, y por lo tanto sienten su existencia, la del mundo físico, como algo inevitable, coactivo, y de hecho lo es porque las emanaciones del Águila con todas compulsivas, coactivas. El guerrero busca la liberación de esa coacción creando una especie de clon energético con el que engañar al Águila y que ésta le permita ser libre sin estar sometido a la coacción de sus emanaciones.

Así pues la primera vinculación básica o el círculo más amplio de todos los que nos podamos imaginar es la vinculación con el resto de la humanidad a través del punto de encaje. Eso nos permite “creer” que vivimos en el mismo mundo y nos entendemos a la perfección, podemos hablar y nos entienden, aceptamos las mismas cosas básicas y de esta forma tenemos la sensación de pisar el mismo suelo, de ver el mismo cielo, de estar encerrados por las mismas paredes en la misma cárcel. Sin esta vinculación básica, sin el punto de encaje situado en la misma posición, ni siquiera seríamos de percibir a los otros, no existirían para nosotros, lo mismo que para un invidente no existen las personas hasta que las puede percibir con otros sentidos que no sean la vista, de la que carece.

Otro concepto básico para entender la ley de los tres círculos es comprender nuestra verdadera naturaleza. Somos seres multidimensionales y mientras no lo aceptemos y lo asimilemos jamás encontraremos la respuesta a la gran pregunta. Stephen Hawkings ya planteó que si algún día encontráramos la gran respuesta, la respuesta unificadora que nos permitiera comprender y unir el mundo físico y el mundo cuántico, la gran ecuación que resolvería todos los problemas, sabríamos qué se planteó Dios al crear el universo o los universos, sabríamos quién es Dios, qué es Dios y qué papel desempeñamos nosotros en la existencia infinita. No es que yo crea haber encontrado esa respuesta, sería una idiotez por mi parte, pero todos los maestros espirituales, todos los mensajes espirituales que hemos recibido y recibimos no hacen otra cosa que insistir en este principio básico. El amor es el principio de la teoría de la vinculación, de la teoría de los tres círculos, es la respuesta a todas nuestras preguntas, a la gran pregunta, a la razón de nuestra existencia, al por qué nacemos y al por qué morimos, al por qué nuestra vida no deja de ser un infierno de sufrimiento, una aspiración a la felicidad absoluta.

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Sabemos muy bien que la desarmonía de nuestro cuerpo físico genera monstruos. Un cuerpo físico con un desarrollo intenso de algunos determinados órganos o partes anatómicas crea un monstruo. Una cabeza enorme en un cuerpo diminuto, órganos enormes comparados con el resto del cuerpo, partes anatómicas que no encajan, largas piernas en un torso diminuto, la desarmonía entre la parte izquierda del cuerpo y la parte derecha, genera la monstruosidad. El gran Leonardo Da Vinci ya intuyó la armonía primigenia que exige toda belleza, la salud, la existencia, al dibujar su famoso hombre de Vitruvio.

Lo mismo ocurre con el ser multidimensional, un desarrollo elevado de uno o varios cuerpos, sino va acompañado del mismo desarrollo en los otros cuerpos genera un monstruo espiritual. A todos nos ha sorprendido la abisal desarmonía que implica la sorprendente inteligencia de algunos asesinos en serie para tramar sus bestialidades y librarse de ser identificados, descubiertos. Es un ejemplo extremo y terrible de la monstruosidad que genera la desarmonía entre los diferentes cuerpos del ser multidimensional. Una persona puede ser muy inteligente, haber desarrollado mucho parte de su cuerpo mental, y tener atrofiado el cuerpo emocional, por ejemplo. Nos encontramos con genios infantiloides que sorprenden por su genialidad mental pero que como personas son un desastre, incapaces de dar y recibir afecto, con una capacidad de empatía paupérrima, sin sensibilidad humana, sin la menor bondad. Genios de la música, de la literatura, del arte, genios de las matemáticas, de la ciencia, que como personas son tan pobres y tan nefastas que uno desea permanecer lo más alejado posible de ellas, eso sí, aprovechando, si es posible sus descubrimientos geniales o sus obras artísticas maestras.

Todos hemos conocido personas de este tipo, auténticos monstruos, nosotros también lo somos de alguna manera. Personas que poseen un intelecto asombroso y que nos deslumbran con sus hallazgos y que sin embargo son incapaces de relacionarse, de dar y recibir afecto, de tener amigos, de vivir en pareja. Personas con un cuerpo emocional maravilloso, afectuosas, generosas, deliciosas en el trato que han cultivado tan poco su cuerpo mental que parecen verdaderos idiotas. Son esas personas típicas a las que es fácil amar, bondadosas hasta conmovernos, pero que sin embargo son verdaderos borricos, acémilas, a la hora de entender las cosas más elementales, incultos, analfabetos, con una mente tan simple que no pueden comprender ni lo más básico. No nos importa, decimos, puede ser un tonto de capirote, pero ¡es tan buena persona! Sabemos que algo falla ahí, algo rechina, y a pesar de nuestros esfuerzos no podemos dejar de verlo y de sentirlo. Puede que uno elija mejor a la persona bondadosa y tonta que al genio canalla, yo mismo lo haría sin vacilar, pero eso no impide que apreciemos la abisal desarmonía de esas personas, su monstruosidad.

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Lo mismo sucede con esos cuerpos físicos maravillosos, bellos, deseables, que apenas han desarrollado el resto de sus cuerpos, incultos, tontos, pagados de sí mismos, soberbios, egoístas, incapaces de amar y de aceptar el amor. Esos cuerpos a los que uno desea y con los que aceptaría tener relaciones sexuales con los ojos cerrados, pero que no aceptaríamos como parejas de por vida, o en todo caso nos arriesgaríamos a ello pensando en disfrutar de sus cuerpos mientras sea posible pero sabiendo que antes o después se producirá la ruptura porque la convivencia será algo infernal.

El ser multidimensional exige una evolución paralela y armónica de sus cuerpos o se transforma en un verdadero monstruo. Personas con cuerpos esplendorosos, con mentes portentosas, afectuosas, que son incapaces de aceptar nada que se refiera al espíritu, al mundo espiritual, que están convencidas de que solo van a vivir una vida y una vida corta, que pueden ser personas encantadoras durante un tiempo pero que en cuanto tienen que enfrentarse con las tragedias de la vida se desmoronan y se convierten en verdaderos delincuentes en el mundo físico, canallitas emocionales, astutos genios de la mentira y de la manipulación. Si falla el ser espiritual el monstruo aflorará antes o después.

Es por eso que en nuestras vidas nos encontramos tantas veces con el sufrimiento, con la incapacidad más absoluta de enfrentarnos a nuestros problemas y de solucionarlos. Hay una profunda desarmonía entre nuestros cuerpos dimensionales y eso genera la monstruosidad que choca frontalmente con las leyes cósmicas que nos obligan a la armonía y a la perfección. Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto, nos dijo el maestro Jesús en el evangelio. Nos consideramos buenas personas, afectuosos, generosos, cálidos y no entendemos por qué nos suceden tantas cosas terribles, olvidando que nuestro cuerpo mental es enclenque, que nuestro cuerpo astral puede estar haciendo auténticas “marranadas” en sueños, que tal vez hemos declinado el ofrecimiento de los grandes maestros espirituales de ayudar a nuestros hermanos en el camino de la evolución espiritual, porque no estamos solos en ese camino, estamos vinculados y quien intente alcanzar a Dios, alcanzar la suprema perfección y felicidad sin ocuparse de sus hermanos se olvida que la ley básica del universo es el amor. Estamos convencidos de que cuando nuestros científicos -cuerpo mental- descubran los secretos de la genética la humanidad dará un salto evolutivo y todos seremos felices y estaremos muy contentos, nos olvidamos de que si el cuerpo emocional no se desarrolla al mismo nivel que el intelectual estamos creando monstruos, como la humanidad los ha creado ya a lo largo de su historia y lo seguirá haciendo. Un cuerpo perfecto no implica una persona afectuosa y cálida. El ser multidimensional requiere un desarrollo armónico de todos los cuerpos.

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EL CUERPO MENTAL Y EL CUERPO EMOCIONAL

Ya hemos visto cómo funciona, a grandes rasgos, la ley de los tres círculos en el mundo físico, más adelante veremos ejemplos prácticos y profundizaremos en ello. También nos hemos hecho una idea del funcionamiento de la ley de los tres círculos en el plano astral. Ahora demos una pincelada de cómo funciona le ley de los tres círculos en los planos mental y emocional, planos a los que dedicaremos algunos capítulos por su importancia.

El ser multidimensional no solo necesita que la ley de los tres círculos sea perfecta en el plano físico, que logre un primer círculo numeroso y sólido de personas a las que le una un profundo afecto, sino que necesita que esto funcione de la misma manera en todos los otros planos. La ley básica del círculo es que solo el amor mantiene a las personas dentro del primer círculo, si falla éste se podrá mantener una farsa de primer círculo, es decir personas que se mantienen unidas por razones económicas, porque no quieren estar absolutamente solas, porque necesitan recibir cosas esenciales para ellas, aunque eso les obligue a dar también, lo menos posible si el amor ha desaparecido.

Dentro del primer círculo hay varias formas de relación:

-Relación de pareja, la más íntima y profunda, pero también la más difícil. La tendencia de la pareja es crear una familia, es decir, ampliar el primer círculo.

-Relación familiar, entre padres, hijos, hermanos, entre parejas que se han formado vinculando a otras personas que no formaban parte de la relación familiar primigenia.

-Relación de amistad entre personas que no están vinculadas por lazos familiares pero que han alcanzado una estrecha vinculación que intentará atraer a los círculos que cada uno tiene en su entorno.

-Relación espiritual entre personas que han alcanzado un alto nivel espiritual y se vinculan como maestros y discípulos o como entre iguales para cumplir una misión espiritual.

En otros planos este primer círculo se ampliará y matizará. Nuestro ser multidimensional debe estar vinculado y armonizado, solo así conseguiremos primeros círculos sólidos en todos los planos. Los primeros círculos se crean de arriba a abajo, como en el Kibalión, como es arriba es abajo y como es abajo es arriba, pero sin olvidar que todo se creó desde arriba y la pirámide, aunque parezca extraño se mantiene desde la punta, es decir Dios mantiene al resto de la pirámide, aunque nuestra ceguera nos haga creernos el centro del universo y que todo girar a nuestro alrededor, en realidad todos giramos alrededor de Dios, de la punta de la pirámide.

Todo en el universo es jerárquico, la perfección es Dios, el poder es Dios y conforme bajamos perfección y poder van disminuyendo, van perdiendo intensidad. Lo mismo sucede con nuestros cuerpos dimensionales, están jerarquizados, si lo olvidamos estamos creando al monstruo. El cuerpo físico está sometido al astral, este al emocional, este al mental y todos al cuerpo causal o alma, al yo interno, al yo inmortal. Por eso es un gran error, que pagamos con mucho sufrimiento, intentar someter cuerpos superiores a cuerpos inferiores. Si el cuerpo físico intenta someter al resto, todo para él, todos trabajando para él, todos instrumentalizados para alcanzar sus objetivos, estamos creando un monstruo peligroso, un ser hedonista, materialista, egoísta, incapaz de amar y de recibir amor, sin afecto, sin metas en la vida, un monstruo peligroso. Si sometemos al cuerpo mental al cuerpo emocional todo se resiente, las emociones necesitan ojos y los ojos los tiene el cuerpo mental. Es como ir por el campo en plena noche sin una linterna, alegres, felices, dando saltos, corriendo, yendo hacia donde nos impulsan los estímulos… Acabaremos cayendo en el hoyo, como en la frase evangélica, si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo. El alma guía al cuerpo mental, el cuerpo mental al cuerpo emocional, éste al cuerpo astral y éste al físico. Cualquier desarmonía, cualquier inversión jerárquica creará al monstruo.

Dejaremos para otro capítulo el ver cómo funciona la ley de los tres círculos en el plano emocional.

Continuará.

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