LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VII

11 11 2015

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VII

EL ARTE DE ENSOÑAR

Según don Juan un guerrero debe conocer necesariamente el arte de acechar y el arte de ensoñar, entre otras cosas. Al arte de ensoñar le dedica Castaneda un libro íntegro, sin contar las referencias que se hacen en otros. Tras repetidas lecturas y relecturas debo confesar que aún me sigue fascinando. Aunque los guerreros tengan que dominar ambas artes, acechar y ensoñar, siempre dominarán una mejor que la otra y eso va en su naturaleza, hay guerreros acechadores y guerreros ensoñares. Yo debe ser un guerrero ensoñador porque ya desde hace muchos años y por mi cuenta me he dedicado a recordar y anotar mis sueños. Cada mañana al despertar intento recordar uno o varios sueños y los anoto meticulosamente en mis cuadernos de sueños.

Comparados estos cuadernos, mis experiencias, con las que se narran en El arte de ensoñar debo decir que salvo encontrarme con los seres inorgánicos (algo que el mismo don Juan confiesa apenas haber hecho y lo imprescindible, porque son peligrosos y le dan miedo) creo que el resto de experiencias que allí se cuentan las he vivido con mayor intensidad y de una forma u otra a lo largo de mi experiencia onírica.

Cada relectura me permite descubrir algo nuevo. En esta última me fijé en una pequeña técnica que me había pasado desapercibida en anteriores lecturas, se trata de colocar la punta de la lengua en el paladar al ir a dormir y mantenerla allí mientras estamos dormidos. Según don Juan esto sirve para ayudar a recordar los sueños. No sé si funcionan o no pero debo confesar que desde que la practico he recordado muchos más detalles de mis sueños y con mayor intensidad.

EL PUNTO DE ENCAJE

Según don Juan en sueños el punto de encaje se mueve con una gran flexibilidad permitiendo al guerrero pasar de un mundo a otro con gran facilidad. Es por ello que los guerreros trabajan el arte de ensoñar, para conseguir controlar el punto de encaje y hacer que se mueva de forma flexible de una posición a otra. Este control del punto de encaje permite al guerrero pasar por las diferentes atenciones, aprender los conocimientos que solo son posibles de adquirir en esas atenciones y “visitar” otros mundos u otras dimensiones.

Según don Juan los niños tienen esa flexibilidad del punto de encaje por naturaleza y solo cuando los adultos, los mayores, les obligan, con sus burlas, sus recriminaciones y sus compulsiones a dejar de lado las “niñerías” es decir las fantasías y esos juegos divertidos que los niños se traen con amigos invisibles y otras entidades fantásticas, es cuando su punto de encaje se empieza a fijar en una postura solamente y se anquilosa allí. Es curioso que un guerrero debe volver, de alguna manera, a la infancia para recuperar esa posición del punto de encaje. Ya lo dice el evangelio: si no os hiciereis como niños no entraréis en el reino de los cielos. Es curioso que según la filosofía chamánica de don Juan eso sería algo literal, no solo una metáfora, hay que regresar a la infancia, aprender de nuevo a ser flexibles en el movimiento del punto de encaje para entrar en otros mundos.

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LAS COMPUERTAS DE LOS SUEÑOS

Según don Juan hay tres compuertas que hay que pasar para acabar dominando, dentro de lo posible, el arte de ensoñar y moverse con facilidad y seguridad entre esas dimensiones. Cada compuerta requiere unas técnicas concretas y debe ser afrontada con un trabajo constante durante mucho tiempo.

Es curioso que en esta relectura haya advertido por primera vez que yo había llegado ya a la segunda compuerta sin apercibirme de ello. Un signo evidente de que es así, de que se ha llegado a la segunda compuerta de los sueños es haberse visto en sueños a uno mismo en el lecho donde está durmiendo.

Esta experiencia la relato en mi novela El loco de Ciudadfría, en el capítulo del sueño iniciático. Es un sueño real que me ocurrió hace años, justo después de una experiencia cercana a la muerte que cambió mi vida e hizo que durante una larga temporada sufriera mucho en sueños, daba patadas, despertaba a mi entonces mujer, tenía pesadillas terribles, creo que hasta hablaba en sueños y no me hubiera extrañado que padeciera de sonambulismo, tal como le ocurría a mi hermana en la adolescencia.

En una de esas experiencias me encontraba durmiendo en la cama, de costado, cuando creí notar un ruido raro en el pasillo del piso, en León. En el sueño estaba consciente, de hecho creí que estaba despierto, es el sueño más lúcido que he tenido hasta ahora. Razoné que la puerta estaba cerrada, yo estaba solo en el piso puesto que mi entonces mujer estaba trabajando, mi hija estaba en USA y creo que D. estaba con sus amigos, en algún sitio, esa noche estaba solo. Pues bien, me pareció que la puerta se abría, que alguien caminaba por el pasillo. Eso me produjo un terror intenso, una angustia indescriptible. Razoné muy lúcidamente que nadie podía entrar puesto que la puerta estaba cerrada, que solo podrían ser ladrones. Quería levantarme de la cama y enfrentarme a lo que fuera, pero no podía, algo me retenía, estaba paralizado. De pronto se abrió la puerta de la habitación y noté que alguien entraba. Mi sorpresa y terror no tuvieron límites cuando comprobé que era yo mismo, en cuerpo físico. Había abierto los ojos y miraba a mi doble que parecía muy tranquilo y sonreía. Quise hablar con él, preguntarle si venía del futuro y hacerle algunas preguntas interesantes, pero no pude, sufrí tal terror, tal angustia que creí morirme y me desperté sudando, un sudor frío, una angustia insufrible. El corazón me palpitaba con fuerza y tardé en tranquilizarme, teniendo miedo, en todo momento, de que iba a morir o incluso de que ya estaba muerto y eso era lo que les ocurría a los que se morían.

He tardado varios años en darme cuenta de que ese fenómeno está recogido en El arte de acechar. Si bien don Juan le presiona a Castaneda para que no lo admita sin más. Le dice que tiene que encontrar alguna estrategia para cerciorarse de que el cuerpo que está en la cama es su verdadero cuerpo y no una fantasía o un sueño normal. Castaneda intenta diferentes estrategias, tales como ponerse el mismo jersey o alguna prenda de ropa que le permita apreciar que el que está en la cama es su cuerpo presente, justo el que acaba de dormirse. Luego don Juan  se reirá de él, le parece una patochada lo que está haciendo. Un brujo sabe lo que tiene que hacer y sabrá que realmente es su cuerpo y no una fantasía.

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Lo curioso, en mi caso, es que yo no era el que venía por el pasillo y veía a mi cuerpo en la cama, como debería ser lo normal dado que el ensoñador está fuera del cuerpo, es consciente y es el cuerpo físico que está en la cama el que ha perdido la consciencia y la lucidez, no está soñando, está durmiendo. En cambio en mi caso ocurrió al revés, fue el cuerpo que estaba en la cama el que ensoñó y percibió al que venía a verle. Es un caso extraordinario que don Juan no menciona  y que a mí me hubiera gustado consultarle. La impresión que yo tuve fue la de que el que venía por el pasillo era mi yo futuro, un yo que se desprendería de mi cuerpo físico en un futuro más o menos cercano y viajaría hasta el pasado, para verme, tal vez para darme un mensaje importante.

Nunca recibí ese mensaje, nunca supe si mi visitante era yo realmente y a qué se debía la visita, tampoco llegué a saber si era posible que los diferentes “yoes” se pudieran visitar en sueños. Ahora, en el momento actual, no me sorprendería nada que mi yo actual hubiera visitado a mi yo pasado intentando transmitirle un mensaje muy importante: cuidado porque en el futuro te vas a divorciar, vas a perder a tu pareja, a tu hija, ten mucho cuidado. Ese sí hubiera sido un buen motivo para la visita.

LOS SERES INORGÁNICOS Y LOS MENSAJEROS

Nunca he sabido muy bien qué quiere decir don Juan con los “seres inorgánicos”. ¿Se refiere a que los minerales que habitan nuestro planeta tienen consciencia y nos podemos comunicar en sueños con ellos? Hubo un tiempo en que lo interpreté así, pero ahora más bien pienso que son seres de otras dimensiones a los que se puede ver con la segunda atención, más fácil de desarrollar en sueños. No se trata de las consciencias de plantas o minerales de nuestro planeta, como llegué a creer, sino que don Juan los llama “inorgánicos” porque no tienen “organismo”, porque no son materiales, son energía.

Don Juan le confiesa a Castaneda que sabe menos que él de estos seres, puesto que aunque le transmitió el conocimiento que como brujo había recibido, él mismo ha huído de estos seres y su conocimiento es muy elemental. Ha huido por una razón poderosa que Castaneda experimentará en su propia piel. Los seres inorgánicos te captan, te llevan a su mundo, y allí, a cambio de darte todo lo que quieres, de una forma “artificial”, digamos, te piden a cambio que les entregues tu consciencia ya que ellos al parecer se alimentan de ello, de consciencias. Su insidia llega a ser tal que algunos dan su permiso verbal, en voz alta, requisito imprescindible para que los seres inorgánicos se apoderen de ellos, y les retengan allí, en su universo o dimensión.

Para llevarles hasta ellos utilizan a lo que don Juan llama “mensajeros” no se sabe muy bien si son de la misma especie que los seres inorgánicos o son otros seres o incluso son humanos que han dado su permiso para quedarse allí, con los seres inorgánicos. De hecho en un episodio espeluznante a Castaneda se la aparece una niña cuitada que le pide ayuda y le ruega sacarle de allí. Castaneda le hará caso y sufrirá una de sus experiencias más impresionantes, puesto que no solo consigue atraer a la niña de nuevo a esta dimensión, descubriendo que la supuesta niña es en realidad un brujo atrapado por los seres inorgánicos en su mundo, sino que está a punto de morir y debe ser rescatado por don Juan y alguno de sus aprendices.

Todo esto suena a delirio, a auténtico delirio. Yo incluso tuve problemas para aceptar que algo así pudiera ocurrir en sueños, hasta que recordé aquel increíble sueño que había tenido años atrás y que utilizo también en el capítulo del sueño iniciático de mi novela El loco de Ciudad-fría. En él cuento cómo tuve un sueño en el que estaba en otro planeta, un planeta extraño, una especie de Marte, un planeta rojo, desértico, en el que existían una especie de castillos medievales pero de un material raro, como de cristal. Me encontré con aquellos seres de cristal que me acogieron, hablaron conmigo, me enseñaron el castillo y su mundo y me hicieron participar en una increíble ceremonia de vinculación, una especie de sexo en grupo con los cuerpos energéticos. Ellos ya no tenían cuerpos normales, sino que sus cuerpos eran una especie de cristales extraños, con unas cualidades increíbles, donde residían durante su vida física y de los que salían para sus ceremonias o para realizar determinados trabajos o misiones.

Fue el sueño más extraordinario que nunca haya tenido. Fue como si viajara por el universo hasta encontrarme con ese planeta concreto. Esto que me pareció disparatado entonces descubrí que aparecía en el Arte de ensoñar, donde don Juan le dice a Castaneda que podemos viajar por el universo con nuestra consciencia que no es solo una idea sino que es algo real, algo físico. Cuando Castaneda le pregunta a don Juan si es físico, corporal, éste le responde que por supuesto que no, es energética, pero tan real o más que el cuerpo físico. Es curioso porque en el budismo, en yoga, se habla de los diferentes cuerpos que tenemos y se habla de ellos como de cuerpos “reales” no metafóricos. En los textos que estoy subiendo sobre la ley de los tres círculos, así como en las meditaciones del cursillo de yoga mental y otros textos que amplían y matizan estos conceptos, hablo de que los cuerpos son reales. No solo tenemos un cuerpo real, el cuerpo físico, y los demás son metafóricos, también son reales, solo que energéticos, el cuerpo astral, el emocional, el mental, etc. Si son reales también pueden sufrir heridas, como le ocurre al cuerpo emocional, del que hablaré en el próximo capítulo de la ley de los tres círculos.

El arte de acechar es un libro apasionante del que seguiré hablando en estos textos de las enseñanzas de don Juan. Para mí lo más sorprendente es descubrir que mi experiencia onírica parece bastante similar a lo que se cuenta en el libro. Sigo sin ver a los seres inorgánicos, aunque don Juan le enseña a Castaneda la forma de descubrirlos en sueños, hay que buscar algo raro en los objetos del sueño y se les desvela diciendo en voz alta, en sueños, que quieres ver, entonces pierden su forma material y puedes ver su energía. Los más peligrosos, según don Juan son los que se esconden tras la figura de nuestros seres queridos. Tal vez el sueño que tuve anoche fuera un sueño en el que aparecen los terceros o cuartos seres inorgánicos (porque don Juan los numera y los describe). Tal vez los seres queridos de mi sueño de anoche fueran seres inorgánicos a los que no fui capaz de desvelar y ver en sus verdaderos cuerpos energéticos, porque desde luego nada de lo que ocurrió en el sueño con mis seres queridos es verosímil ni tiene el menor sentido.

Pero de estos y otros temas seguiremos hablando porque el mundo de los sueños y el arte de ensoñar es muy amplio.

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