DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL (EL GRAN SECRETO) X

24 11 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL

 

SAJmCde

 

EL GRAN SECRETO DE MI VIDA

 

EL TELÉPATA LOCO

 

En aquel tiempo aún no había descubierto mi faceta de humorista nato. Es curioso lo mucho que nos podemos equivocar al juzgar nuestro carácter. Jamás hubiera imaginado que el humor era parte consustancial de mi naturaleza, había echado raíces en las capas más profundas de mi ser y a pesar de la oscuridad que me acompañaba desde la infancia, a pesar de tanto intento de suicidio que me había traumatizado hasta el punto de ser incapaz de encontrar la cara buena, la cara positiva del poliedro de la vida, antes o después acabaría saliendo a la superficie, como así ocurrió.

 

Recuerdo que por entonces escribía mi relato más oscuro, más tétrico, más terrible, que titulé “En el centro de la oscuridad”. Era tan deprimente que me planteé alternar su escritura con algo de humor o tal vez un relato erótico, cualquier cosa que encendiera un puntito de luz en la oscuridad. De aquella decisión nació mi novela erótica, Diario de un gigoló, y toda la caterva de personajes humorísticos que me han acompañado desde entonces. Tardé bastante tiempo en conseguir un planteamiento mínimamente aceptable para mis relatos humorísticos. Di vueltas y más vueltas hasta encontrar la fórmula. Era sencilla, si quería tratar un tema de forma humorística, buscaba un personaje acorde con el tema y lo convertía en protagonista o incluso narrador de la historia. Así surgió el Sr. Buenavista, economista, para tratar con humor el implacable tema de la economía, o el Sr. Aladro, abogadro, o el doctor Carlo Sun, discípulo de Jung, y tantos otros.

 

Descubrí, asombrado, que el humor me resultaba fácil, era como ponerme un guante hecho a la medida de mi mano, todo encajaba, todo era divertido, natural, no tenía que hacer el menor esfuerzo. Vaya, me dije, así que soy un humorista y no lo he sabido hasta ahora. El humor es tan sencillo, tan natural en mí que no entiendo cómo no me he dado cuenta de que tras ese monstruo de oscuridad que siempre he visto reflejado en el espejo, cuando me he mirado, buscando mi verdadera naturaleza, se encontraba un divertido humorista capaz de tomarse a broma hasta las mayores tragedias de su vida.

 

Fue una pena que el humor se me apareciera tan tarde, porque de haberlo hecho entonces, aquel día, mientras caminaba por aquella calle empedrada de León, donde vivía con mi madre, habría estallado en risas al ver de inmediato lo ridículo y divertido  de la situación. Cuando me cruzaba con alguien no hurtaba la mirada como llevaba haciendo mucho tiempo, justo desde que aparecieran aquellos puntitos de luz frente a mí, al cerrar los ojos, en la oscuridad. Había decidido perder el miedo a aquellos puntos de luz, fueran lo que fueran, proyecciones mentales de otras personas, entidades del mundo astral, demonios, difuntos, fantasmas o la madre que los parió a todos. Estaba harto de ser incapaz de superar aquel terror. Por mucho que me hubiera repetido a mí mismo, una y otra vez que aquello era una tontería, que no tenía el menor sentido asustarse de unos puntitos de luz ante los ojos, unos fosfenos de mierda, por mucho que razonara e insistiera y repitiera una y mil veces que era un idiota por elucubrar tantas tonterías…todo había resultado inútil y ahora sí, ahora, definitivamente me iba a transformar en el telépata loco.

CAZADORES MENTES

Años más tarde escribiría aquel relato tan divertido y tan terrorífico al mismo tiempo que sigue poniéndome los pelos de punta cada vez que lo releo. Terror en las mentes es uno de mis relatos más delirantes y sin embargo no había conseguido hasta entonces semejante grado de terror. No se trata del hecho en sí de que alguien pueda hablarte telepáticamente y puedas escuchar su voz en tu mente, a todo se acostumbra uno, y se supone que si él puede hablarte en tu mente tú también podrás hablarle a él, con lo que la contienda está igualada, sino que lo angustiante del relato era esa pertinacia, esa indefensión absoluta frente a un telépata que quiere hacerte daño, aterrorizarte, diciendo lo que quiere y cuando quiere sin que puedas evitarlo escapándote a otro lugar o tapando tus oídos o llamando a la policía para que busque y detenga al acosador. Saber que alguien te puede hablar a la mente, cuando él quiera, de la manera que él quiera, decirte lo que le de la gana, amenazarte, burlarse de ti, pero sobre todo insistir e insistir como uno de esos pelmazos insufribles, como una mosca cojonera que no deja de picarte y picarte, como uno de esos cansinos, ese maravilloso personaje de José Mota, que te sigue a todas partes y no te libras de él  ni a tiros, ese es el auténtico terror, que yo mismo viví cuando comencé a escuchar las voces.

 

Escuchar voces suele ser una patología frecuente en algunas enfermedades como la esquizofrenia paranoide o la psicosis. Para los enfermos es terrible y una de las cosas que más temen de su enfermedad. Yo no he podido hablar sobre este tema con enfermos mentales porque todos se niegan sistemáticamente a hablar de ello, entran en un mutismo absoluto. Se puede decir que aceptarían hablar contigo de casi cualquier cosa, en el supuesto de que quisieran hablar con alguien, pero nunca lo harán de sus voces. Es por eso que solo puedo hablar de ellas como experiencia personal y subjetiva, sin contrastar con la forma en que oyen voces otros enfermos. Yo nunca fui diagnosticado como esquizofrénico, aunque sí me diagnosticó como psicótico uno de los primeros psiquiatras que me trató. Teniendo en cuenta que la esquizofrenia no deja de ser una rama de la psicosis, se podría decir, en tono humorístico, que yo estaba capacitado y autorizado por las autoridades y expertos en salud mental para escuchar voces. Sin embargo nunca las escuché en los primeros años de mi enfermedad. Desde los diecinueve años, cuando tuve mi primer intento de suicidio, hasta aquella fecha nefasta para mí, el episodio de la estación de Chamartín, nunca había oído voces. Intenté suicidarme una docena de veces, algunos intentos verdaderamente terribles, que no cuajaron porque desde arriba quisieron salvarme la vida y lo hicieron, estuve internado largos periodos en psiquiátricos, me pusieron varias tandas de electroshocks, me hicieron la cura del sueño, mantenerme dormido un buen número de días y despertándome solo para comer; probaron conmigo todo tipo de medicación, como una cobaya humana con la que experimentaban los medicamentos nuevos que salían al mercado… y sin embargo no había escuchado voces hasta aquel momento… muy curioso.

 

Solo después de haber empezado a ver aquellos puntitos de luz o proyecciones mentales como dirían los rosacruces, solo después de haber comenzado a desarrollar el tercer ojo, empezando a ver cuerpos físicos y hasta algún objeto, solo después de aquel sorprendente sueño que marcó un antes y un después en mi vida, fue cuando comenzaron las voces. En la serie de mis textos, Conociendo al enfermo mental, que comencé a subir al blog hace algún tiempo, me quedé al inicio de la explicación de las voces, del por qué oyen voces algunos enfermos mentales, en qué consisten, por qué les afectan tanto. Como ya he dicho desconozco cómo oyen voces otros enfermos, no puedo comparar, por lo que me limitaré a describir cómo he escuchado yo las voces.

LA TELEPATA JPG

Debo decir que nunca, nunca, he escuchado una voz clara, perfectamente identificable, que me dijera cosas que se pudieran escribir en un papel y tuvieran sentido, tales como “soy fulanito, debes hacer esto o lo otro, te amenazo con que te pasará esto o lo otro si te niegas a seguir mis órdenes” etc etc. Nunca he estado seguro al cien por cien de que las voces que yo escuchaba fueran de una persona concreta. Es cierto que durante los periodos de mi vida en que escuché con intensidad las voces, algunas de ellas las atribuí a personas concretas, normalmente familiares o seres queridos o conocidos de un determinado entorno social, pero la seguridad absoluta no la tuve nunca. La voz no tenía un timbre determinado que fuera perfectamente identificable, era como escuchar la voz de una persona que conoces al fondo de un extraño túnel dimensional, como allá a lo lejos, muy lejos, ni siquiera te llegan los ecos, es como si uno pudiera hacerse una idea de cómo sería escuchar a alguien que está hablando en las antípodas, y no solo eso, sino alguien que además está hablando en un momento del tiempo que no es el presente, que podría ser el pasado o incluso podría ser un futuro que aún no ha llegado y uno se pregunta cómo puedes estar viviendo de alguna manera el futuro desde el presente si el futuro no existe porque aún no has llegado hasta él en tu caminar por el tiempo.

 

Es imposible describir de forma perfecta cómo son estas voces para que alguien que nunca las ha escuchado se haga una idea aproximada de qué es lo que ocurre. Se podría decir que las voces las escuchas en tu mente, pero esto tampoco está claro, al menos no siempre. En numerosos ocasiones he sentido como si las voces vinieran de fuera, como de unos metros de distancia, y como si vinieran desde arriba, desde lo alto, y como si fueran voces de fantasmas, si es que los fantasmas pueden hablar, o de seres invisibles, de hombres invisibles, que hablan y tú no les ves y su voz te llega atenuada por una capa de cebolla espacio-temporal que lo distorsiona todo. Durante bastante tiempo estuve convencido de que sólo yo las oía, quiero decir no que solo yo entre todos los enfermos mentales las escuchara, sino que cuando se producían nadie de mi entorno las escuchaba salvo yo. Pero hasta eso se desmoronó cuando otras personas de mi entorno comenzaron a hacer comentarios que me hicieron pensar que ellos también escuchaban algo. La primera vez que me ocurrió fue bastante antes de que supiéramos que iba a nacer nuestra hija. De pronto en el trabajo comencé a escuchar como el llanto de un bebé, no exactamente llanto, como una especie de manifestación extraña de dolor y de resistencia, una resistencia que yo atribuí al deseo de no nacer. Tampoco es que aquel sonido se pudiera identificar perfectamente como el de un bebé, aunque lo pareciera, aunque uno tuviera la impresión de que era así. Es curioso porque tras el divorcio también volví a tener una etapa de voces en las que esa extraña voz, que yo siempre atribuí a mi hija, volvió a producirse con gran intensidad. Entonces recordé muy bien cómo era aquella voz que escuchaba muchos años antes. Me hacía sufrir, me crispaba los nervios, porque era como un lamento constante que uno no sabía muy bien a qué atribuir. Era como si alguien estuviera sufriendo desde el otro lado, desde el más allá, desde el mundo astral, al ver acontecimientos futuros o sufrimientos futuros o posibilidades futuras. No era un llanto típico del bebé o el niño, monótono, agobiante, rebelde, que se mantiene y se mantiene como una farsa de control, pidiendo algo y no cesando hasta que lo consigue. No, aquello era otra cosa, era como  yo me imagino cuando los tres ancianos de mi sueño me obligaron a reencarnarme contra mi voluntad. Era algo parecido a esa rebeldía que expresé entonces en aquel sueño, me niego, me niego y me niego, podéis destruirme, si queréis, pero no, no y no, no pienso volver a reencarnarme, ya he sufrido demasiado.  Y luego aquel terrible impacto al ver qué ocurriría si yo no me reencarnaba, en personas concretas, en la humanidad, en mi futuro y en el futuro de todos. Fue como ver con todo detalle el efecto mariposa, es decir, el simple vuelo de una mariposa puede desencadenar una tormenta terrible en las antípodas y esa tormenta puede matar gente, hasta niños que no tienen culpa de nada. Cuando los ancianos me obligaron a ver las posibles ramas de mi futuro, según la decisión que tomara, fue espantoso constatar que su decisión era la más correcta. Desde luego yo iba a sufrir mucho, muchísimo, pero visto con perspectiva, desde lo alto, como un águila, visto desde el futuro, desde la meta, lo mejor, sin duda, era lo que ellos proponían. Mi decisión me haría sufrir menos, podría dosificar el sufrimiento, podría alargar el camino espiritual hacia una evolución y elevación que antes o después tendría que producirse, porque nadie puede permanecer para siempre en el mismo sitio y menos en el camino espiritual o avanzas o retrocedes, camina o revienta, decía el título del libro del Lute. En la evolución espiritual sucede algo parecido, o avanzas, paso a paso hacia una mayor consciencia, una mayor elevación espiritual, o retrocedes, de alguna manera retrocedes, tu consciencia se anquilosa y de pronto te puedes encontrar en el cuerpo de un animal. No es que crea en la metempsicosis, es decir que uno puede retroceder en su evolución hasta el punto de reencarnarse en el cuerpo de un animal en lugar de una persona. No es algo que tenga claro, pero sí recuerdo que tras aquel sueño aquello me pareció posible. Incluso la posibilidad de ir perdiendo consciencia hasta transformarme en un mineral, en una piedra, que ni sufre ni padece, me pareció aceptable… hasta que los ancianos me obligaron a ver lo que sucedería si yo retrocedía en mi consciencia hasta convertirme en piedra, cómo al final todo, todo lo que existe, debe reintegrarse en algún momento a la absoluta consciencia divina. Es como si nuestra pierna se durmiera y no la sintiéramos, una sensación que todos conocemos bien, podríamos pensar que ya no existe y si intentáramos andar con ella se volvería gelatina y no nos sostendría. Pero en cuanto la pierna recobra la consciencia, se va perdiendo ese adormecimiento, volvemos a sentirla como nuestra y si alguien nos diera una patada en el tobillo, veríamos “las estrellas” y maldeciríamos con ganas al idiota que ha olvidado que la pierna que ha pateado es nuestra, forma parte de nuestra consciencia. Lo mismo sentí yo cuando comprendí que por mucho que retrocediera, hasta la piedra, hasta el mundo mineral, antes o después tendría que iniciar el camino de regreso hasta la consciencia absoluta, la consciencia divina. Fue una experiencia estremecedora que me hizo comprender que de nada sirve retrasar lo inevitable. Y creo que fue aquella visión la que me hizo aceptar reencarnarme y vivir la vida que he vivido, terrible, repleta de sufrimiento.

reencarnaicon-bebe

Y todo esto viene a cuento porque aquella voz de bebé que escuché entonces, antes del nacimiento de mi hija, expresaba algo parecido, la rebeldía a nacer y sin embargo la aceptación de que así ocurriría, de que sería inevitable y de que ese nacimiento supondría mucho, mucho sufrimiento. Recuerdo que este fenómeno se produjo durante bastante tiempo y se fue haciendo más audible, hasta el punto de que algunos compañeros de trabajo llegaron a preguntar y comentar qué era aquello, parecía como el llanto de un bebé muy lejano. Y así quedó, un extraño sonido que nadie sabía explicar y que no se escuchaba muy bien, pero si se hacía el silencio y aguzabas el oído era algo que no podías negar. Tiempo más tarde se produjo el primer contacto de mi hija con este mundo, el embarazo de su madre. Recuerdo muy bien que antes de producirse tuve un sueño o una experiencia en duermevela en la que creí percibir cómo una niña, una mujer, una personalidad, una consciencia, me pedía permiso para utilizarme para nacer, es decir que yo sería su padre. Y recuerdo muy bien las dudas que tuve, no creía que un enfermo mental como yo pudiera ser un buen padre. Me opuse con cierta intensidad hasta que acepté que ocurriera lo que ocurriera era algo que no estaba en mi mano. No es que supiera con absoluta seguridad que con el tiempo, con los años, ocurriría lo que ocurrió, el divorcio, que ella no quisiera volver a saber de mí…No era una certeza absoluta, pero de alguna manera siempre lo supe, que me divorciaría de su madre, incluso lo supe antes de casarnos, que perdería el afecto de una hija. Eso formaba parte del futuro que me hicieron ver los ancianos. Eso formaba parte de la amarga píldora que tuve que aceptar tragar porque las otras posibilidades, las otras ramificaciones del futuro eran menos aceptables, ciertamente yo sufriría menos, pero otros sufrirían más y sobre todo no serviría de nada retardar mi evolución espiritual sufriendo menos en esta vida concreta, porque al final la acumulación de sufrimiento iba a ser la misma y el retardo en la evolución espiritual haría sufrir a otras personas y retardaría también la evolución espiritual de la humanidad.

 

Aquel sueño, aquella visión del futuro ha persistido durante todos estos años. Fue anterior a que yo comenzara a escuchar las voces, y creo que de alguna manera tuvo algo que ver. Hacen bien quienes desaconsejan no despertar y subir la kundalini sin la ayuda de un maestro, no solo puedes morir, lo que al fin y al cabo no deja de ser algo asumible, muerto el perro se acabó la rabia, lo peor es tener que soportar determinados fenómenos sin estar preparado, como fue mi caso, convertirme en un telépata sin tener conocimiento, preparación y una ética, una evolución espiritual que me permitiera asumir determinadas consecuencias. Creo que aquel fenómeno de las voces, de la telepatía, tuvo mucho que ver con el despertar de la kundalini, de hecho se produjo al mismo tiempo que la apertura del tercer ojo, al poco tiempo de comenzar a ver los puntitos de luz, luego los rostros, los cuerpos físicos, los cuerpos astrales, los ectoplasmas, las voces irrumpieron con una virulencia terrible.

 

 

 

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: