RELATOS ESOTÉRICOS VII

1 12 2015

EL INICIADO/CONTINUACIÓN

LA CEREMONIA INICIÁTICA

La supuesta cámara ascendió de nuevo hasta el techo y allí quedó suspendida. De pronto el cuerpo dormido desapareció y su lugar fue ocupado por un cuerpo despierto que se movía por la habitación haciendo algo.

-Ahí estoy preparando mi ceremonia de iniciación, colocando el espejo, encendiendo el incienso… No puedo creérmelo.

Estos monitores son una maravilla, una auténtica maravilla.

El monitor parece dejar de captar mi mente porque las imágenes que sucedieron poco tenían que ver con mi interés en el asunto. La cámara buscaba el pasado del iniciado. Los momentos que él consideraba muy interesantes.

Pero de pronto el iniciado perdió los papeles, porque las nuevas imágenes eran muy poco satisfactorias para su honrilla de ser humano y la imagen de persona pública que había intentado mantener todos los años de su existencia.
Intenté no reírme de su pasmo ni de lo que estaba viendo. El pobre incauto aún estaba comprendiendo las frases bíblicas sobre la visión profunda y omnímoda de Yahveh que ve en lo más profundo de nuestros corazones y a quien nada se le escapa.

Era verdad, por supuesto, ni el tiempo ni el espacio son barreras que no puedan ser obviadas por las consciencias evolucionadas y las paredes materiales ni siquiera soportan el escrutinio de las nuevas tecnologías.

Estamos desnudos ante la divinidad y desnudos ante cualquiera que tenga interés y medios para espiarnos. Perdemos el tiempo creando imágenes falsas para que los demás nos tengan por lo que no somos. Nada hay oculto que no haya de ser descubierto. Gran verdad.

El iniciado pasó de la estupefacción a la rabia, suele suceder habitualmente.

-Esto me lo deberían haber dicho. Este es un secreto que no puede permanecer oculto por más tiempo… Cuando regrese a mi cuerpo lo pienso pregonar hasta al lucero del alba… Maldita sea mi alma….

Y esto fue lo más suave y dulce que dijo. Blasfemaba como un condenado y me vi obligado a pausar sus desvaríos para no llamar la atención de los dioses del karma. Lancé una imagen contundente, contra su mente: un dios levantándose molesto por la interrupción y aplastándole bajo su inmenso pie.

Dio resultado instantáneo. El iniciado supo que aquello no era una broma y se controló como buenamente pudo, no sin antes jurar y perjurar en voz baja que desvelaría aquel secreto a todo bicho viviente.

Me sonreí pero no dije nada. Aquí todos saben lo que se cuece, si alguien no lo recuerda es porque no quiere, porque considera que su vida terrestre será más fácil sin algunos recuerdos específicos.

El monitor continuó mostrando imágenes del iniciado. Era claro que ahora que él sabía aún quería saber más y más y más….

De vez en cuando farfullaba algo en voz baja que yo podía entender perfectamente.

-Somos hormiguitas, controlados y manipulados por quienes se creen dioses , aunque no dejan de ser como nosotros. ¿ Acaso la chispa divina no está en cada ser consciente, incluso en cada ser vivo o aún más, en cada pedazo de materia? ¿A qué viene, entonces, asumir funciones de dioses manipulando las existencias de quienes están por debajo en la escala evolutiva?

Todo aquello y más dije yo cuando me enteré, cuando supe… La rebeldía contra la manipulación es congénita a la naturaleza humana, que ignora que el individualismo no es sino un accidente evolutivo. Solo el Todo absoluto , consciente, omnipotente, perfecto, que nada necesita fuera de él y que es, no está ni tiene puede permitirse el lujo de decir que es para siempre sin alternativas evolutivas de ninguna especie.

El iniciado iba cobrando la calma en su exterior, aunque en su interior la rabia, el odio y un cúmulo de sentimientos negros como la noche cósmica, se iban agitando, buscando un asentamiento en la consecución de una meta que pudiera satisfacerle.

Quería cambiar toda la estructura del universo, de arriba abajo. No haría ningún tipo de concesión. Se enfrentaría a dioses y a lo que fuera. Lo que le habían hecho a él no tenía nombre ni disculpa de ningún tipo. Cuando volviera a su cuerpo pregonaría a todo bicho viviente la manipulación que se estaba cociendo en las estructuras de poder del universo.
Yo podía captar sus pensamiento. Intentaba controlarme para no soltar el trapo. Era de todo punto ridícula su actitud. En el monitor se iban reflejando sus pensamientos y sentimientos como en un espejo.

Cada uno de sus movimientos en la pantalla mostraba la auténtica realidad, no la que manipulamos para que el espejo nos de la imagen de nosotros que queremos ver, sino la realidad pura y dura, la que no contenta ni a unos ni a otros, ni da la razón a este sobre aquel.

De haberse tratado de una película al uso que fabricaran los seres conscientes de la realidad material para divertirse y engañarse un poco, ocultando la realidad que no quieren ver, habría pensado enseguida que estaba viendo una película claustrofóbica, de terror.

El iniciado aparecía tomado por la supuesta cámara desde arriba, desde lo alto. No parecía existir techo, solo paredes que enclaustraban al personaje, que cuadriculaban su vida. Paredes que en realidad eran vidrios transparentes puesto que la cámara que tomaba las imágenes se las saltaba sin la menor dificultad cuando así se estimaba oportuno por su manejador. Las barreras espaciales o temporales eran pura engañifa, como un espejo truncado a través del cual tú no pudieras ver; pero que sin embargo todo el mundo pudiera verte a ti desde el otro lado. Para quien cree descubrir por primera vez que su intimidad es algo tan ficticio como todo lo que cubre el velo de Maya, resulta muy amargo reconocer que no somos islas y que nada absolutamente nada, permanecerá oculto para siempre.

En el rostro del iniciado, yo podía observar todas las emociones que iban empapando su consciencia. La desesperación iba aumentando en grados como era previsible inició una huida hacia delante. Ya que no podía regresar al feliz estado, de ignorancia anterior, quiso saberlo todo, sin restricciones, aunque el conocimiento lo matara. Típico de algunos iniciados fogosos, como fue mi caso en su momento.

Deseó conocer cuáles habían sido sus relaciones con los dioses del karma.y en el monitor surgió la imagen de tres dioses kármicos, de pie, sobre una especie de nube. El iniciado observó atentamente sus rostros pero ninguno de ellos estaba en aquel momento de guardia en la oficina del karma.

Los dioses del karma tienen un aspecto muy semejante. Altos ancianos de melena gris, rostros de abuelos que no habían envejecido, como debieran, sin arrugas, miradas como reyes que te traspasan, sonrisa mitad amable, mitad irónica. Visten largas túnicas de diferentes colores, predomina el blanco, y todo en ellos revela poder, majestuosidad, empaque. Es decir, como uno se imaginaría a un dios, poderoso, omnipotente, bondadoso… y como a uno le gustaría imaginarse a un dios: irónico, asequible, humano, a veces terrible y a veces entrañable.

Por cómo se desarrollaba la escena supuse que el iniciado estaba recordando un momento entre reencarnación, justo cuando se ventila con los dioses del karma cómo será la siguiente reencarnación: qué defectos de carácter hay que limar y qué experiencia son precisas para evolucionar un poco más, si puede ser dos, en el camino hacia la liberación absoluta.
El iniciado se rebelaba y discutía fieramente con ellos. No estaba de acuerdo en que en su próxima vida tuviera que sufrir tanto. Sus deudas kármicas no eran tan grandes, a su juicio, y en cuanto al ritmo de evolución que se le proponía, le parecía muy acelerado. No porque no deseara liberarse y cuanto antes, sino porque por cada pedazo de liberación se exigía un precio muy alto y él no estaba de acuerdo en pagarlo todo en una sola vida. Vale un poco de sufrimiento por la libertad, pero no tanto que su vida se tuviera que convertir necesariamente en una tragedia shakespeariana.

Por otro lado los dioses estaban interesados en que el iniciado cumpliera una misioncita dde nada. La humanidad estaba necesitando un giro de timón y él debería contribuir en su especialidad y en la forma en que los dioses habían estudiado previamente.

Al iniciado aquello le parecía una tomadura de pelo:

-¿Queréis convencerme de que además de llevar una vida de perros, apaleado cada dos por tres; además tengo que poner la cama, como una puta y aceptar la terrible angustia de la violencia y la locura esperpéntica del profeta fuera de ambiente, de tiempo, de la lógica más elemental en una etapa histórica concreta?

El iniciado estaba fuera de sí. Había perdido toda compostura. Ni siquiera era consciente de estar hablando con dioses que podrían fulminarle de una mirada. De haber podido habría tomado a cada dios del cuello y apretaría hasta que sus rostros impasibles se volvieran púrpura y sus respiraciones se hicieran jadeantes, espasmódicas.

Los impasibles dioses se lo tomaron muy bien. No eran capaces de ocultar su intenso regocijo. Se daban codazos entre sí, se carcajeaban a mandíbula batiente, expresaban lo divertido de la situación con comentarios irónicos, a veces tan sarcásticos que el iniciado se hubiera sentido manipulado hasta lo más profundo de su ser de no ser por la terrible cólera que le embargaba.

-¡Maldita sea! Dioses o humanos, me importa un rábano lo que hayáis planeado sobre mi futuro. Mi futuro es mío y lo decido yo. Y no vayáis a pensar que podréis doblegarme. Aunque sea un mísero humano, dentro de mí habita una chispa divina, como en vosotros, y si aún no soy tan consciente de ello como lo sois vosotros, dioses del karma, os aseguro que no me doblegarán torturas ni coacciones, ni halagos.

Los dioses del karma se tronchaban de la risa. Para ellos aquella situación debía de ser en extremo hilarante, porque no paraban de reírse, aunque lo hacían amablemente. No como un humano se puede reír de una hormiga rebelde. Que se le enfrentara y le amenazara con un severo castigo.

El iniciado comprendió lo ridículo de su postura y adoptó otra más receptiva. Les pidió disculpas por su arrebato de cólera, se humilló pero en ningún momento cedió en sus pretensiones.

-Vale, si tengo que vivir una tragedia shakesperiana, al menos me gustaría que me concedieran la posibilidad de vivir un tiempo un amor humano y carnal. Ustedes me entienden… Una mujer a la que amar y que ame un poco, una pizca de sexo para endulzar hieles de la tragedia y una familia de apoyo, por muy reducida que sea. Si me conceden eso les prometo que me pensaré lo de pagar mi karma de una sentada.

Los dioses sonreían joviales.

-Bueno, ¿y cómo elegirías esa mujer?

-En sueños buscaría la mujer ideal y pediría su consentimiento. Para trenzar las circunstancias que nos llevasen al conocimiento mutuo y a la posibilidad de elegir o no una relación muy estrecha.

-Nos parece bien, pero nada de coacciones o de forzar la voluntad de nadie. Tú no estás en condiciones de exigir. ¿Lo entiendes?

-¡Que si lo entiendo!

Si estuviera en condiciones de exigir pediría una placentera vida de millonario, muchas mujeres, mucho sexo, y una fuerte dosis de poder. ¡Qué más si tengo que hacer de vidente o de profeta!

-¿Aceptas pues la misión?

De eso me gustaría hablar. Si no tuvieran ustedes inconveniente. Los dioses le realizaron varias propuestas que se escenificaron en el monitor. En una de ellas el iniciado levitaba como un globo. En cuanto se descuidaba zás, se elevaba en el aire, en postura sedente, si estaba sentado a sus pies dejaba de tocar suelo y permanecía en el aire, un par de metros del suelo.

Las imágenes eran tan nítidas que hasta yo podía percibir las sensaciones que el iniciado experimentaba. El terror de comprobar cómo su trasero perdía contacto con la silla y se elevaba en el aire, como un globo demasiado hinchado. El terror de observar las miradas asombradas de quienes le rodeaban, sus ojos como platos, clavados en él, como si fuera un monstruo, un fenómeno de la naturaleza, un milagro tan estúpido que resultaba absolutamente incoherente. Algo así como un pato asustado que comenzara a levitar, al tiempo que el terror le producía una imparable flojedad de vientre , sin darse cuenta de lo sencillo que era extender sus alas y volar lejos de allí.

La incoherencia de un fenómeno milagroso, que solo servía para la comodidad aterrorizada de un hombre idiota, era tan llamativa que no pude contenerse la risa. Era algo tan divertido que me carcajeé sin la menor vergüenza. Sin embargo el iniciado no se quejó, ni siquiera era consciente de que seguía a su lado,. Las imágenes del monitor le hipnotizaban. Su vista se había clavado en él como un dardo, ni siquiera parpadeaba.

Ahora se imaginaba lo que sería una levitación controlada. Sentado en el aire como el maharajá de Kapurtala. Podía desplazarse al soplo de su pensamiento. Se trasladaba por las calles de la ciudad, repletas de tráfico, a una altura agradable, ni tan alto que sintiera vértigo, ni tan bajo que le diera miedo chocar contra los vehículos o la gente.
Podía tratarse perfectamente de una película en un futuro hipotético, en el que los ciudadanos se trasladaran por el aire y los coches volaran y la vida estaba tan tecnificada que la vieja realidad conocida se había puesto patas arriba. Pero para nuestro iniciado no se trataba precisamente de una película como mostraba claramente la reacción de los espectadores que le miraban asombrados y se ponían el dedo índice en la sien y hacían el gesto de perforársela como un taladro. Los más valientes le llamaban loco y los más cobardes comentaban con otra voz baja que estaba como un cencerro de una vaca loca.

El era consciente de que su cuerpo no levitaba sobre la silla ni sus pies se despegaban del suelo más allá de lo que se despegan unos pies que caminan. No obstante las sensaciones y emociones se ajustaban como un guante a lo que sentiría un ciudadano levitando sobre la ciudad.

¿Qué le estaba sucediendo? El no lo tenía muy claro, sin embargo lo achacaba al mal café con leche que bebían los dioses del karma en su universo particular. Se había negado a participar en la farsa del profeta levitando y ahora unos dioses tan vengativos como los propios humanos le obligaba a vivir dentro de su cráneo,lo que según ellos debería haber vivido en la realidad física.

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