LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VIII

8 01 2016

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VIII

 

hombre de vitruvio

PERDER LA FORMA HUMANA

Suena extraño, sorprendente, casi delirante. ¿Cómo puede perder la forma humana un ser humano y seguir siendo un ser humano? Algo así debió de pensar Castaneda cuando don Juan le habló de ello. Un guerrero debe perder la forma humana para transformarse en un guerrero impecable. Creo que me parezco bastante a Castaneda en esa intelectualidad feroz que intenta encajarlo todo en la racionalidad, la lógica más estricta. Es lo que hace Carlos a lo largo de todos sus libros, pelear con don Juan para intentar armonizar sus enseñanzas con la razón, la lógica de nuestro mundo cotidiano. Muchas veces acaba cayendo en la desesperación más feroz, no se puede armonizar la filosofía chamánica de don Juan con la razón, no al menos la mayoría de las veces. Y eso que don Juan es un nagual más cercano a Castaneda que los otros de los que le habla su maestro, quien tuvo como nagual a Elías quien era un maestro que gustaba de enseñar con “sustos” con terribles tretas del arte de acechar, haciendo que don Juan sufriera verdaderos ataques de pánico. En cambio don Juan gusta más de teorizar, de hablar, de explicar las cosas antes de que sucedan. Digamos que es un nagual más amable, un maestro que prefiere no engañar, decir las cosas como son antes de que el discípulo de un paso irreversible. Creo que yo también sintonizo mucho con don Juan, cuando comencé mi personal camino del conocimiento eché de menos tener un maestro así, saber a qué me enfrentaba antes de dar un paso irreversible. Puede que tal vez no lo hubiera hecho, puede que no hubiera intentado desarrollar el tercer ojo de haber sabido las consecuencias, pero siempre estoy más a favor de la libertad que del empujón que nos arroja al abismo donde solo podemos patear. Como también le dice don Juan, si supiéramos lo que nos espera tal vez nunca iniciaríamos el camino del guerrero, por eso a veces un empujón es imprescindible.

¿Qué es perder la forma humana? Suena extraño, pero no lo es si conocemos un poco la filosofía chamánica. En realidad todo lo que existe no es otra cosa que las emanaciones del Águila, de la Mente universal, en terminología rosacruz, que son compulsivas, amedrentadoras. Todo en el universo es pura energía, en forma de emanaciones del Águila, y en forma de huevo luminoso en el caso de los seres humanos. Vivimos en esta realidad porque hemos encajado el punto de encaje en la misma posición, todos, sino fuera así cada uno viviría en su propio mundo. Se puede decir que nuestra realidad, la única que conocemos, la única que aceptamos, solo es una de las múltiples realidades o dimensiones existentes, como intenta explicar la teoría de cuerdas en la física teórica, pero eso no significa que no existan otras realidades, otras dimensiones, otras existencias, aceptamos mejor ésta porque nuestro punto de encaje ha permanecido en la misma posición desde que de niños nos quitaron la flexibilidad para mover ese punto de encaje y nos educaron férreamente para creer solo en determinadas cosas y no en otras.

La filosofía rosacruz habla de las vibraciones, todo vibra en el universo, según su vibración así es su existencia. La vibración del mundo físico, material, es baja y lenta, de ahí ha surgido el tiempo y el espacio, pero conforme vamos subiendo en la escala de lo existente las vibraciones se hacen más elevadas, más rápidas, hasta llegar al mundo espiritual, donde se puede decir que deja de existir el tiempo y el espacio. Como hemos visto en otros textos del blog, en la ley de los tres círculos y en el cursillo de yoga mental, no somos seres unidimensionales, materiales, sino seres multidimensionales que aúnan un montón de cuerpos, unidos por la misma consciencia, por el mismo yo. El cuerpo físico está en el mundo material, pero como muñecas rusas, unas dentro de otras, también poseemos un cuerpo astral, emocional, mental, causal… Están unidos por la consciencia y los puentes que hay entre todos ellos se basan en la memoria, sin memoria la unión de estos cuerpos es muy endeble, el yo se convierte solo en aquello que percibimos y de lo que tenemos memoria.

huevo luminoso

¿En qué consiste perder la forma humana? Según la filosofía chamánica de don Juan somos seres luminosos, capaces de volvernos conscientes de nuestra luminosidad. Podemos enfocar distintas facetas de nuestras consciencia o de nuestra atención. Este enfoque puede ser deliberado o accidental, a través de un trauma corpóreo. Un guerrero es alguien que busca la libertad y esto solo se consigue perdiendo la forma humana.

Así lo expresa literalmente Castaneda: “Experimenté repetidamente una leve sensación de incomodidad, que la explicaba como causada por una marea o como una repentina pérdida del aliento causada por cualquier esfuerzo físico agotador. Culminó todo esto una noche en que desperté aterrorizado, sin pode respirar… calmadamente ella me explicó que no se trataba de ninguna enfermedad sino que al fin y al cabo estaba yo perdiendo mis salvaguardias, y que lo que experimentaba era la “pérdida de mi forma humana”. Y el ingreso en un estado de separación con los hombres. No te hagas lucha-aconsejó-. Nuestra reacción normal es asustarnos y pelearnos con todo esto. Al hacerlo lo alejamos. Deja los temores a un lado y sigue la pérdida de la forma humana paso a paso”.

Las sensaciones físicas pueden ser diferentes. En el caso de La Gorda fue un dolor severo en el vientre y presión excesiva hacia las piernas y hacia la garganta. En el caso de Castaneda fue una presión en la cabeza, peso muy intenso en los oídos, párpados y paladar. Febrilidad. Tuvo miedo a sufrir un derrame cerebral. La presión descendió hacia el pecho, luego al estómago, las ingles, piernas y pies, por allí abandonó el cuerpo. Según Castaneda tardó dos horas en desplegarse. Tuvo la imagen de una alfombra que se enrolla o una burbuja que se mueve dentro de la cavidad del cuerpo.

el don del aguila

Las consecuencias de esto fueron: Un sentimiento de lejanía. La capacidad para sumergirse en el momento presente sin tener pensamiento alguno sobre ello. No le afectan las actuaciones de la gente. No se poseen expectativas. El desapego es uno de los conceptos básicos del guerrero y ello solo se adquiere cuando éste pierde la forma humana. Este desapego, el perder la forma, no supone una sabiduría automática, no sabemos más que antes, es solo una ventaja que  permite al guerrero detenerse un momento para reconsiderar las situaciones, para volver a sopesar las posibilidades. Sin embargo para poder usar constante y correctamente ese momento don Juan dijo que el guerrero tenía que luchar insobornablemente durante toda una vida.

En el don del Águila, el libro donde don Juan ya ha desaparecido, es libre, y Castaneda se queda como nagual de un grupito que no le acepta porque no encaja, en el que el personaje de La Gorda adquiere una gran importancia, donde Castaneda habla con ella constantemente y emprenden juntos algunas aventuras chamánicas, Castaneda habla así de las consecuencias de haber perdido la forma: Me sentía desapegado de todo, sin prejuicios. Lo que sentía no era indiferencia voluntaria o negligencia, tampoco se trataba de una enajenación o del deseo de la soledad. Más bien era un extraño sentimiento de lejanía, una capacidad de sumergirme en el momento actual sin tener pensamiento alguno. Las acciones de la gente ya no me afectaban porque ya no tenía ninguna expectativa. La fuerza que gobernaba mi vida era una extraña paz. Sentí que de alguna manera había adoptado uno de los conceptos básicos del guerrero: el desapego.

Según cuenta se despertó con una intolerable presión en la cabeza. No era un dolor de cabeza, más bien se trataba de un peso muy intenso en los oídos. También en los párpados y el paladar. Febril, pero el calor solo estaba en mi cabeza. Sensación de que sufría un derrame cerebral. La presión en la cabeza disminuye al cabo de un rato. El resto ya lo hemos descrito antes. La presión se vuelve más pesada y dolorosa conforme baja. El dolor más agudo lo sufre en las rodillas y pies, sobre todo en el pie derecho, que sigue caliente media hora.

He insistido en estos signos físicos porque la apertura y desarrollo de los chakras, la apertura del tercer ojo, la sensación de que el cuerpo astral se desprende del cuerpo físico por primera vez y parece acaparar nuestra consciencia, a mí particularmente me produjeron efectos físicos que se parecen bastante. Esa presión en la cabeza la he sentido durante décadas, es una presión extraña, como si te pusieran pequeñas pesas en lo alto de la cabeza, al lado izquierdo y derecho, que te dan la sensación de que bajan una parte de tu cráneo, que lo hunden. El dolor puede ser muy intenso, pero no es un dolor normal de cabeza, una jaqueca, es algo muy peculiar. A veces se hacía tan insoportable que sin saber lo que hacía apoyaba las palmas de las manos en la zona o presionaba con los dedos, buscando un alivio. Cuando ese dolor aparecía sabía que iba a tener problemas con el tercer ojo sufriendo extrañas experiencias, a veces delirantes. Generaba también una vibración muy curiosa que al principio era muy tenue y que con el tiempo se fue haciendo muy intensa. La vibración comenzó siendo muy simple y se fue haciendo más y más compleja. Se mezclaron diferentes vibraciones, como si al principio uno tocara una melodía sencilla en el piano y luego ésta se fuera haciendo más compleja al unirse otras melodías en forma de fuga o contrapunto con cierta semejanza a la música de Bach. Parecían estar unidas, ser una sola, pero en cuanto me fijaba atentamente enseguida descubría que eran vibraciones muy diferentes, a veces muchas, y si intentaba aislarlas podía escuchar su propia música, por así decirlo. Estas vibraciones llegaron a ser muy claras. En un principio pensé que sólo podía escucharlas yo, tal vez debido a un desarrollo del oído psíquico, pero con el tiempo alguna persona muy cercana llegó a comentarlo. Para ella sonaban algo así como el monótono canto de un grillo. Observando la aparición de este fenómeno, su desarrollo y desaparición, llegué a asociarlo con mi estado de energía. Según tuviera más o menos energía la vibración podía ser intensa o casi imperceptible, según estuviera calmado, relajado, armonizado o muy estresado la vibración cambiaba de forma muy evidente.

He tenido serios problemas de garganta, tal vez debido a una difícil apertura y desarrollo del chakra garganta. Desde niño sufrí enfermedades en esa zona, anginas, faringitis, resfriados, asma… El que acabara convirtiéndome en fumador también está relacionado con ese chakra como se puede ver en los textos que hay en el blog sobre la apertura del chakra garganta.

Según describe Castaneda parece que a él la pérdida de la forma humana le vino de forma brusca, repentina y muy intensa. En mi caso, tal vez por el desarrollo muy gradual y autodidacta de los chakras, los fenómenos fueron muy espaciados en el tiempo y nunca tuve una sensación tan fuerte. Pero sí puedo decir que hay muchas semejanzas, aunque nunca tuve la sensación de una alfombra que se enrollara o una burbuja que se moviera dentro del cuerpo, en mi caso la sensación fue distinta, comencé a percibir como que algo se desprendía de mi cuerpo físico, lo que achaqué a que el cuerpo astral ahora se desprendía con más facilidad y sin control. La sensación era parecida a una especie de masa de aire, con la forma del cuerpo, que en un momento determinado permanecía sobre él, sin despegarse, pero claramente diferenciada. Esta masa de aire llegó a ser muy pesada, hasta el punto de que me presionaba contra el lecho y lo hundía. Llegué a tener experiencias verdaderamente terroríficas, como si un fantasma u otro cuerpo astral estuviera sobre el mío y lo hundiera con su peso, un peso incomprensible puesto que se supone que el aire no pesa. Mis terrores me llevaron al delirio y me hicieron pensar en entidades invisibles que estaban sobre mi cuerpo, incluso íncubos y súcubos que buscaban el acto sexual para arrebatarme la energía. Sin perjuicio de hablar de ello en el Diario de un enfermo mental, el gran secreto, debo decir aquí que gran parte de estas experiencias sin duda fueron generadas por lo que don Juan llama la pérdida de la forma humana de un guerrero impecable.

partes-del-cuerpo-humano

Estamos acostumbrados a vernos como humanos porque el cuerpo físico tiene una determinada forma, sabemos que poseemos cabeza, tronco y extremidades, pero eso no significa que sea una forma de la energía que somos, que vaya a permanecer para siempre, como bien sabemos, ni que sea en realidad tal como somos. La energía se puede decir que no tiene forma y se adopta al recipiente en el que está. La razón por la que poseemos cuerpos físicos como los que tenemos se me escapa. Según el libro de Urantia parece que pudiéramos ser diseños de los sembradores de vida, entidades que crean formas de vida en los diferentes planetas, adaptadas a un entorno y a una previsible y buscada evolución. Pero eso no significa que seamos así, se podría decir que nuestra energía, nuestro cuerpo luminoso, como lo llama don Juan, no tiene forma y si hemos adoptado la forma humana es porque la necesitamos para sobrevivir en el mundo físico. Puede que los sembradores de vida diseñaran genéticamente nuestros cuerpos o puede que nosotros mismos desde otros planos hayamos buscado durante siglos el mejor vehículo para nuestros fines, de todas formas un vehículo no deja de ser un vehículo, el conductor es otra cosa, y en nuestro caso es un cuerpo luminoso sin forma.

Perder la forma humana sería entonces recuperar la consciencia y el control de nuestro cuerpo de luz. Somos conscientes de todo nuestro cuerpo, eso está claro, por eso cualquier lesión o dolor en cualquier parte de nuestro cuerpo físico es asumida como un dolor “nuestro” de nuestra consciencia. Se podría decir que ese cuerpo luminoso se ha adaptado a la vasija y ha dividido y situado partes de su consciencia en diferentes zonas para hacer que ese vehículo funcione mejor. Sentimos la consciencia intelectual en la cabeza, cuerpo mental, la consciencia emocional en el corazón, cuerpo emocional, chakra corazón, la voluntad en el plexo solar, la función de alimentación en el estómago e intestino, pero eso no significa que el resto de la consciencia no participe, solo que se concentra allí con más intensidad para realizar ciertas funciones. Perder la forma es volver a darnos cuenta de que nuestra consciencia total está o puede estar en todas partes y en ninguna. Lo mismo que cuando conducimos un vehículo nuestra consciencia se centra en las manos para encender el motor, en los pies para mover los pedales, de nuevo en las manos para utilizar el volante, etc. el cuerpo luminoso o consciencia se adapta en cada momento a lo que necesita nuestro cuerpo. Un fuerte dolor de tobillo, debido a un esguince, hace que toda la consciencia parezca acudir ahí y somos solo dolor de tobillo. Cuando usamos las manos la consciencia va a ellos con más intensidad y parecemos tener solo manos. Cuando pensamos con intensidad podemos llegar a sufrir dolor de cabeza, pero no porque solo piense la energía de la cabeza, sino porque el vehículo está adaptado para que piense el cerebro y no piensen los pies. Somos una energía global, una consciencia global, un cuerpo luminoso sin forma que se adapta, como el agua que es echada a una vasija a la forma de ésta. En nuestro caso somos una vasija con cabeza, tronco y extremidades y el agua de la consciencia se despliega y derrama hasta ocuparlo todo. Por eso se puede decir que ninguna enfermedad es local, que afecta solo a una parte de nuestro cuerpo, la enfermedad es algo global, estamos enfermos totalmente y no solo un órgano o una extremidad. Cuando necesitamos sangre ésta acude a la parte del cuerpo que la necesita, es una buena metáfora de cómo actúa el cuerpo luminoso dentro de nuestro cuerpo físico. Por eso la curación de una enfermedad debe ser global y por eso la curación de una enfermedad mental debe ser global, debemos curarnos enteros, debemos curar todo nuestro cuerpo físico, todo nuestro cuerpo astral, todo nuestro cuerpo emocional y mental, pero sobre todo debemos curar nuestro cuerpo causal o alma. La medicina que intenta curar por partes no deja de ser una medicina de taller de coches, cambiamos piezas, las pulimos, las encajamos, pero si el coche globalmente no está bien, si el motor no funciona el coche quedará varado, para el desgüace.

Perder la forma humana significa eso, recuperar la fluidez sin forma de nuestro cuerpo luminoso, hacernos de nuevo conscientes de que no somos solo un cuerpo físico, de que no tenemos una forma determinadas, sino que somos luz sin forma. Esto supone unos cambios brutales, tanto en el cuerpo físico, que se queja al notar la ausencia o supuesta ausencia de consciencia en ciertas partes que se rebelan generando dolores, presiones, vibraciones y todo tipo de avisos, como en nuestra mente que comienza a percibir de forma distinta. Ya no se constriñe a la forma normal de conocimiento, sentidos que nos hacen llegar vibraciones, estímulos, que son llevadas al cerebro por los nervios y allí procesadas por el cerebro que a través de su complejo laberinto de neuronas, bloquea aquí, abre allá, hace que un recuerdo se asiente en esta zona, otro en otra, bloqueamos estos recuerdos, abrimos otros, generamos una consciencia limitada y constreñida para unos determinados fines que a veces son solo la supervivencia física. Se generan traumas emocionales con los bloqueos, se generan enfermedades solo para evitarnos una consciencia global que parece que el cuerpo físico no puede o no quiere soportar.

Perder la forma humana nos permite percibir directamente, la sabiduría del cuerpo, de la que ya hemos hablado en otra parte. Es toda la consciencia que está en el cuerpo, toda el agua que contiene la vasija la que “piensa” y es consciente de lo que sucede, no solo una parte, enraizada en el cerebro que se limita a hacer funciones serviles de empleado cuando en realidad es el jefe, es el total, es el cuerpo luminoso. Se podría decir que nos hemos constreñido a vivir en un cuerpo físico y nos hemos olvidado de lo que verdaderamente somos, esto nos hace limitados, sitúa nuestro punto de encaje en un punto concreto de anclaje y nos hace esclavos de ese mundo de esa dimensión, cuando nuestro cuerpo de luz es libre para viajar por todas las dimensiones, por todos los universos. Una vez perdida la forma humana podemos viajar, podemos ensoñar, podemos llegar a la segunda, a la tercera atención, podemos por fin aceptarnos como superhéroes cuando pensábamos que solo éramos mierdecillas, incapaces de sobrevivir en un entorno físico. Alcanzar la calidad de superhéroe, de guerrero impecable, es un largo y trabajoso camino, y una de las condiciones básicas para alcanzar esa condición es perder la forma humana.

Nos dice Castaneda: “Especulé que el concepto de perder la forma humana se refería a una reacción corporal que el aprendiz tiene cuando alcanza cierto nivel en el curso de su entrenamiento. El resultado final consistió no solo en llegar a la buscada y ansiada condición de desapego,sino a la ejecución completa de la elusiva tarea de recordar”.

De nuevo la memoria, tan importante, tan imprescindible. Se podría decir que somos lo que recordamos. Si no recordamos los sueños, los ensueños, no recordamos que somos también cuerpo astral y así sucesivamente. Los puentes deben de ser reconstruidos, revitalizados si queremos regresar a la condición de seres multidimensionales, de superhéroes. En cuanto al desapego es una consecuencia lógica de todo esto. Nos apegamos a la vida porque nos consideramos mortales y morimos, si supiéramos que el cuerpo físico es solo un vehículo que se puede dejar para ocupar otro o simplemente que podemos seguir vivos y más conscientes sin el cuerpo físico, no nos apegaríamos tanto a él, como a la condición ineludible para seguir existiendo. La muerte deja de ser algo terrible y se convierte en un cambio, no solo aceptable, sino incluso deseable cuando se llega a cierta evolución, nos hace más libres. Nos desapegamos de las riquezas porque no las necesitamos para ser libres, la meta última del guerrero, y tampoco nos preocupa la supervivencia del cuerpo gracias a la herramienta de la riqueza porque sabemos que los otros cuerpos pueden buscarnos la supervivencia mucho mejor que la posesión de riquezas. Nos desapegamos de los seres queridos, del resto de la humanidad, porque sabemos que al perderlos en el mundo físico no los perdemos absolutamente, que podemos seguir con ellos en el mundo astral, en el mundo espiritual. La sabiduría nueva nos hace distantes y desapegados de todo porque ahora sabemos lo que somos, seres multidimensionales, que todo es fugaz y pasa en el mundo físico, incluso en el mundo astral, pero todo permanece en la consciencia más elevada. Dejamos de sufrir por nosotros, por los demás, nos volvemos seres de luz y la luz no sufre solo ilumina según camina en la noche cósmica.

Tao

Retomemos el concepto de que la pérdida de la forma humana no es sabiduría automática. En efecto saber que somos fluidos no nos da fluidez, necesitamos la voluntad, el intento. Saber que somos multidimensionales no nos hace recordar lo que vivimos en otras dimensiones. La memoria, el recuerdo es esencial, de ahí que don Juan les insista tanto en recordar. Al perder la forma tenemos ese instante del que carecen los demás, fuera del tiempo y el espacio, no constreñido ni coaccionado por nada, para reflexionar sobre la decisión a tomar. Ya no la vamos a tomar apegados a las cosas o a las personas, la va a tomar todo el ser multidimensional y no el unidimensional. Parece poco pero es un auténtico milagro, es como tomar una decisión constreñidos por montañas que nos rodean, sin ver nada más, o tomar la decisión volando como un águila en el cielo, mirando el horizonte con ojos de águila. Por eso el guerrero impecable que ha perdido la forma humana parece ser el mismo, el mismo pobre hombre de siempre, pero bajo su apariencia gris de siempre se esconde el superhéroe que puede volar donde quiere y puede actuar allí donde desea.

Las dos técnicas básicas para perder la forma son la recapitulación y la ensoñación, que ya hemos visto en esta serie de textos. Recordamos y al recordar somos conscientes de ser cuerpos de luz, seres multidimensionales. Al ensoñar nos damos cuenta de que la forma humana no nos sirve para nada en el ensueño, ni caminamos con las piernas, ni hablamos con la boca, ni escuchamos con los oídos ni pensamos con el cerebro dentro del cráneo. La forma humana solo nos sirve cuando estamos dentro del vehículo, cuando estamos fuera no la necesitamos para nada y hacer de esto un “continuum” conseguir que la vida onírica, astral, causal y la vida física sean un todo continuo y no mundos separados por puentes medio derruidos es lo que da libertad al guerrero.

FÓRMULA U ORACIÓN DEL GUERRERO IMPECABLE SACADA DEL DON DEL ÁGUILA

Ya me di al poder que mi destino rige.

No me agarra ya de nada, para así no tener nada que defender.

No tengo pensamientos, para así poder ver.

No temo ya a nada para así poder acordarme de mí.

Sereno y desprendido me dejará el Águila pasar a la libertad.

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