LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XIV

12 01 2016

 

LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XIV

 

Carlos-Castaneda-el-guerrero-entre-dos-mundos-600x315.jpg

LA MUERTE DE UN GUERRERO

Debo salir de la piel del hermano menor y pasar de la primera a la tercera persona, de otra forma no sería capaz de narrar el trágico fin de un guerrero. No soy Homero que narra las supuestas desventuras de los dioses inmortales, solo soy otro enfermo mental que siente en su piel el sufrimiento de mis hermanos. Por eso debo poner un filtro, bloquear lo peor de ese drama inhumano, para que no me afecte demasiado.

Me siento muy identificado con el hermano menor. Para mí fue un auténtico guerrero impecable aunque él nunca oyera hablar de Castaneda ni de ese concepto. Estoy convencido de que de alguna manera la idea pasó por su cabeza, luchar hasta el final, hacer todo lo que estuviera en su mano y dejar que el destino, o las fuerzas poderosas, como yo las llamo, trenzaran a su gusto los hilos de la Parca.

Cuando Bautista me contó su historia lo que más me sorprendió fue que el hermano menor nunca tomara medicación ni fuera internado, salvo por voluntad propia, en la clínica de Lopez Ibor, por entonces muy famosa. No me lo creía, por lo que insistí en la pregunta. ¿Nunca tomó medicación? Así es, me respondió Bautista, nunca quiso tomarla. Entiendo que solo la protección que le dispensó durante toda su vida pudo impedir algo así. En efecto, el hermano menor era un esquizofrénico paranoide que no llegó a conocer la reforma psiquiátrica que llegaría con el tiempo. Un esquizofrénico sin medicación suena extraño, incluso en estos tiempos.

Hasta escuchar lo que Bautista me contó al respecto yo me consideraba una “rara avis”, un enfermo mental que es capaz de abandonar la medicación y pasar varias décadas a pelo, superando las crisis o siendo destrozado por ellas, como me ocurrió en la última, pero con las ideas muy claras y la firme decisión de no volver nunca a ella. Quienes han tomado alguna vez antidepresivos y antipsicóticos saben bien de lo que estoy hablando. Vivir con medicación, al menos en la época que me tocó a mí, era renunciar a una parte importante de la vida. El cerebro se ralentiza, la sensación de llevar a tu espalda la piedra de Sísifo se hace insoportable. Para mí, al menos, la medicación me producía efectos terribles que nunca fui capaz de llevar con un mínimo de equilibrio. Esa presión, ese peso en la cabeza, esa sensación de estar siempre medio dormido, de tener que arrastrar un cuerpo que se rebela contra una especie de parálisis artificial, un sueño inducido, pero sobre todo esa incapacidad para pensar, para fantasear, para lograr que las ideas acudan a mi cabeza y se muevan en ella de la forma habitual, era demasiado para un hombre tan creativo e imaginativo como fui siempre, pero sobre todo desde que comencé a escribir de forma habitual. Desconozco cómo es la medicación moderna, pero por los efectos que veo les produce a los enfermos con los que trato me temo que los terribles efectos secundarios que yo era incapaz de aceptar siguen existiendo.

 

psiquiatria-medicacion

En mi caso la decisión de abandonar la medicación se produjo cuando asumí que estaba preparado para hacerlo gracias al yoga mental. Tras dos décadas medicándome la posibilidad de intentar dejarla y ver cómo me arreglaba solo con el yoga fue muy fuerte. Desde luego que hubiera regresado a ella si no me hubiera quedado otro remedio, pero tras los primeros meses, los peores, comprendí que con un gran esfuerzo de voluntad y la ayuda inestimable de las técnicas de yoga mental era posible sobrevivir sin medicación. No fue sencillo, a veces las crisis soportadas a pelo se convertían en etapas realmente inhumanas, de intenso sufrimiento solo superado gracias a una voluntad férrea, pero con el tiempo vivir sin medicación se hizo algo habitual, perfectamente normal. Las crisis eran otro cantar, pero una vez superada la primera, las demás se convierten en obstáculos ya conocidos.

Lo que más me sorprendió del hermano menor es que nunca hubiera tomado medicación, no era cuestión de tomarla, saber sus efectos y luego decidir que estás mejor sin ella, como me ocurrió a mí. Creo que somos muy pocos los enfermos mentales que hemos tomado esa decisión, algo así como mejor morir de pie que vivir de rodillas. Es la sensación que tuve yo cuando comparé los efectos de la medicación en mi vida con poder vivir una vida normal, aunque sufriendo las correspondientes crisis que suelen producirse de forma cíclica. Mejor morir de pie, luchando, que vivir de rodillas, dormido por la medicación, a medio gas, con la sensación de que eres un vegetal que se mueve casi por inercia. El hermano menor tomó la decisión sin saber cómo sería su vida con ella, eso tiene mucho mérito, aunque estoy convencido que fue el ejemplo de su hermano mayor el que le decidió. Por lo que me contó Bautista no tuvo mucho contacto con él, pero seguro que supo algo de su vida y la asoció a los efectos de la medicación en un centro psiquiátrico, encerrado de por vida.

Tiene un gran mérito, un mérito de guerrero, sufrir los efectos de las terribles crisis esquizofrénicas sin medicación. Sus alucinaciones auditivas y visuales, tal como me las contó Bautista, enfrentándose durante el tiempo de cada crisis a una auténtica vida en el frente, viendo a los soldados disparar sus armas sobre él y silbar las balas sobre su cabeza, es algo difícil de imaginar para quien no ha sufrido algo ni siquiera parecido. A mí me basta con saber los efectos que las voces producían en mí para hacerme una idea bastante aproximada de lo que debió ser para el hermano menor sentirse en un frente de batalla, con los soldados corriendo y alzando sus armas para dispararle y escuchar las balas silbar, realmente para él, sobre su cabeza. La razón puede poco en momentos como estos, no sirve de nada razonar que no hay guerra, que no puede haber soldados en pleno campo, que nadie te dispara, que…tú ves lo que ves y oyes lo que oyes. Lo mismo me pasaba a mí con las voces, yo las escuchaba aunque nadie más las oyera, y no podía controlarlas, estaban ahí y eran reales. Ahora que sé de dónde procedían y cómo funciona la mente comprendo que es imposible convencer a alguien que ve y escucha que realmente no ve ni escucha, que simplemente se ha vuelto loco. Yo no me sentía loco, sencillamente escuchaba lo que otros no eran capaces de escuchar, como un vidente ve lo que un invidente no puede ver.

Intento imaginarme cómo debió de ser para él sufrir estas crisis y resistir la tentación de aceptar la medicación, pensando tal vez que ese sería el primer paso que le llevaría antes o después al psiquiátrico, donde permanecería el resto de su vida, como le había ocurrido a su hermano mayor. Sin duda fue una elección entre la libertad y la prisión, entre morir de pie y vivir de rodillas. Estoy convencido de que él siempre supo que algún día podría perder una batalla importante y morir. Es lo que tiene la vida de guerrero, puedes ganar mil batallas, pero cuando pierdes una mueres.

Su internamiento voluntario en la clínica de López Ibor es uno de los episodios más llamativos de su vida de enfermo mental, al menos para mí. Aceptar, en un momento determinado, lo que nunca quiso aceptar, ser internado, tal vez medicado, aunque en eso Bautista no ha podido darme detalles importantes, como si durante su estancia tomó medicación en algún momento, es una decisión de guerrero impecable, sin duda. Lo hizo, estoy convencido, porque quería saber todo lo que alguien le pudiera enseñar sobre enfermedad mental. Llevaba muchos años leyendo libros por su cuenta, estudiando lo que estaba a su alcance, su deseo de saber sobre la enfermedad debió de ser insaciable, como nos ocurre a todos o a casi todos. Es lo que también he hecho yo, solo que en lugar de leerme manuales de psiquiatría (lo que también hice y hago a veces leyendo mi biblioteca del psicoanálisis) me dediqué a buscar en las filosofías orientales, en el esoterismo, en Castaneda, respuestas más convincentes y prácticas para mí sobre la causa de la enfermedad mental.

No tengo detalles sobre dicho internamiento, lo que me dice Bautista es que aceptó ir pensando que tal vez aquellos doctores señores, aquellos doctores encopetados, le podían enseñar lo que él no sabía. Dejarse “encarcelar”, digámoslo así, asumir lo que podía pasarle, solo para cerciorarse de si le podían enseñar algo o no, dice mucho de su espíritu de guerrero. Tampoco tengo el dato sobre el tiempo que pasó allí y si en algún momento existió el riesgo de que alguien pudiera decidir que lo mejor era pasarse el resto de su vida internado, como me pasó a mí durante mi juventud, cuando un “doctorcito” decidió que lo mejor para mí sería pasarme toda la vida internado en un psiquiátrico, puesto que no tenía remedio, era un desahuciado. Pienso que el hecho de que Bautista estuviera siempre protegiéndole, como una sombra benefactora, debió ayudar lo suyo a que a ninguno se le ocurriera la peregrina idea de mantenerle internado el resto de su vida, probando en él cuanta medicación y terapia saliera a la luz, como me ocurriera a mí.

Bautista se reía mientras contestaba a mi pregunta. ¿Descubrió algo que no supiera? No, salió de allí diciendo que ninguno de ellos podía enseñarle nada nuevo sobre la enfermedad mental. Debió de ser un momento difícil y al mismo tiempo divertido para el hermano menor. Difícil, porque debió perder la poca esperanza que le quedaba de que alguien, sobre la faz del planeta, tuviera la solución al problema de la enfermedad mental, y divertido, porque tanto doctor encopetado con sus batas blancas no podían saber más que un enfermo que sufre en su propia piel la enfermedad.

Debieron de ser años bastante monótonos y a veces terriblemente difíciles los que vivió el hermano menor. Recuerdo que de niño me hacía mucha gracia la frase de Tony Leblanc cuando hacía el papel del boxeador. Del gimnasio a la Casa de Campo y de la Casa de Campo al gimnasio, así era la vida de aquel divertido boxeador, cuando preparaba un combate. La vida del hermano menor pudo ser algo parecido, de la tienda de Bautista a casa, encerrado en su habitación, trancada por dentro con un pestillo, tal vez leyendo o tal vez intentando dormir lo que pudiera. Creo recordar que Bautista me dijo que no le gustaba la radio ni la televisión, artilugios arriesgados para quien oye voces o tiene alucinaciones, en cambio, al parecer, sí leía la prensa y estaba bastante bien enterado de lo que ocurría en el mundo. A veces comía con la familia de Bautista y se relacionaba con sus hijos, a veces iba algún fin de semana a Ciudad Real y luego regresaba con la copla de que tenía novia, algo que Bautista nunca se creyó. A veces hacía algún viaje en tren, solo, un viaje relativamente largo para un enfermo esquizofrénico que tiene crisis y no se medica. A pesar de todos estos alicientes creo que su vida fue eso, del gimnasio a la Casa de Campo y de la Casa de Campo al gimnasio.

Pasaron los años, la lucha contra la enfermedad fue titánica, propia de un guerrero impecable, la erosión se produjo, como una gota de agua cayendo sobre la cabeza de los condenados de la Inquisición, un tormento que imagino solo pueden conocer en profundidad los que lo hayan sufrido. Y tras mil batallas en las que salió vencedor, herido, gravemente herido, pero vencedor, llegó la última batalla, la única que perdió, pero fue la definitiva, la que le mató. Me va a costar narrar lo ocurrido, voy a sufrir mucho, pero debo hacerlo como un homenaje a un hermano que fue un guerrero impecable antes de que yo llegara a planteármelo. Espero que esté donde esté sepa que lo que voy a contar será escrito con el mayor de los afectos, el cariño de un hermano sufriente hacia otro hermano que conoció los abismos del sufrimiento humano.

Guerrero Castaneda

LA MUERTE DE UN GUERRERO

No creo que fuera un acto impulsivo, pensado de pronto y llevado a cabo con todas las consecuencias. Debió de pensarlo y meditarlo durante mucho tiempo. Toda una vida soportando aquellas alucinaciones, sintiéndose una persona sin el menor valor, puesto que no podía contribuir a la sociedad, sin la menor posibilidad de encontrar a una mujer, el amor, los hijos, la familia. Aunque Bautista está convencido de que fue ese complejo de ser un inútil que no podía aportar nada a la sociedad la causa primera y fundamental de su decisión, yo discrepo, creo que fue la soledad, la imposibilidad de encontrar una novia y casarse, lo que le llevó al abismo, sin desdeñar ese sentimiento implacable de ser un inútil en una sociedad donde todos tienen que trabajar duramente para sobrevivir. Desconozco si murió virgen, puede parecer algo fútil, sin la menor importancia, pero para mí sí es algo muy importante. Yo que sufrí tanto durante mi juventud porque era virgen, que me arrastré hasta un prostíbulo para perder la virginidad porque me sentía el hombre más estúpido del mundo, que incluso llegué a visitar otro prostíbulo con la medicación rezumando de las orejas y sufrí la humillación terrible, en aquel tiempo para mí, de ver cómo las pastillas impedían la erección, aún en presencia de una sueca despampanante desnuda, sé muy bien lo que puede ser una vida siendo virgen y mártir, sobre todo si tus necesidades sexuales son muy acuciantes, algo que como es lógico desconozco sobre el hermano menor, y más si éstas no son atenuadas por la medicación (dudo que tomara bromuro, por ejemplo). ¿Iría alguna vez a un prostíbulo? ¿Perdería la virginidad? No lo creo, de haberlo hecho su vida hubiera cambiado y tal vez la decisión terrible que tomó la hubiera cambiado por un fin de semana en un prostíbulo. Sé que estas cosas molestan a algunos que piensan que el sexo debe ser algo tan discreto que ni siquiera se puede hablar con otros de ello, y menos si se trata de un enfermo mental, como si la enfermedad llevara en sí la castración. Pues no es así, algunos o tal vez muchos, o quizá casi todos los enfermos mentales, tenemos las mismas necesidades sexuales que el común de los mortales, me atrevería a decir que en muchos casos más, porque aunque sea un tema sobre el que la mayoría de los profesionales prefieren pasar de puntillas, la enfermedad, sobre todo en las crisis, sobre todo cuando no tomas medicación, y sobre todo cuando eres una persona con una sexualidad fuerte, la exacerbación de la libido en el enfermo mental puede llegar a ser verdaderamente patológica, porque no solo intentas satisfacer una necesidad sino que también intentas equilibrar en la balanza eros y thanatos, como ya he dicho en otros textos. El deseo de morir puede ser atenuado o compensado y equilibrado a través del sexo. Es por eso que creo muy verosímil la idea de que el hermano menor muriera virgen, que se pasara toda la vida sin llegar a una sexualidad mínimamente aceptable, porque la masturbación, por muy buena que sea y por mucho que pueda ayudar en ciertos momentos, no es satisfactoria para quienes vemos en el sexo una relación interpersonal íntima y profunda.

Estoy convencido de que el hermano menor lo pensó y lo planificó durante algún tiempo, tal vez fuera una idea descartada una y otra vez, pero siempre recurrente, un bucle del que no podía salir. ¿Por qué aquel día y no otro? Me lo imagino caminando por el descampado, hacia la vía del tren, un lugar alejado de la estación, porque no me lo imagino pensando que podría ser descubierto de otra manera. No tengo estos detalles de Bautista, imagino que fue durante el día porque él estaba celebrando la comunión de… no recuerdo si me dijo de un nieto, supongo que sí. También imagino que el hermano menor renunció a estar presente en el acontecimiento familiar. Según me confiesa Bautista nunca pensó que en unas horas pudiera ocurrir algo así, no había notado en él nada extraño, ni los días anteriores ni ese día. Los que hemos intentado el suicidio, en más de una ocasión, como es mi caso, sabemos que quien realmente quiere suicidarse no lo dice, no habla de lo que podría hacer, no busca la compasión, no busca el cariño con el chantaje, simplemente lo piensa, durante el tiempo que sea preciso, y lo hace. Lo hace buscando la forma menos dolorosa de morir, buscando que nadie le vea, le descubra, lo intuya. La visualización de los detalles puede ser realmente terrible, horrorosa. ¡Oh Dios mío,hermano menor, solo soy capaz de rezar porque no tuvieras una imaginación tan viva como la mía! ¡Solo le pido a Dios que no la tuvieras! Porque visualizarte siendo atropellado por un tren, siendo consciente de que estás muriendo, de que tu cuerpo está siendo destrozado, es una de las experiencias más espantosas que puede sufrir un ser humano. Espero que no te vieras caminando hacia la vía, que no calcularas todos los detalles, hasta los más superficiales. Espero que fuera un arrebato y que tu consciencia disminuyera lo suficiente para evitar tanto sufrimiento.

decapitaddooo_60_600_340

Soy consciente al escribir esto que muchos piensan que no se debe hablar de estas cosas, que deben permanecer ocultas, enterradas, donde nadie se atreva a descubrirlas, que no se debe dar a un enfermo mental, a alguien que piensa en el suicidio, detalles que puedan animarle a llevar a cabo un acto irreparable. Soy consciente y sin embargo lo hago, y lo hago porque no soporto tanta hipocresía. Si la humanidad, incluso los enfermos mentales, estamos preparados para ver cortar cabezas en la televisión, para ver cómo un hermano, con un cuchillo afilado o un machete, descabeza a otro ser humano que está mirando la vida con esos ojos inescrutables que tiene todo aquel que sabe que va a morir, también estamos preparados, tenemos que estarlo, para afrontar el suicidio de un ser humano. Matar a otro siempre será más terrible, más bestial, que matarse a uno mismo. Si somos capaces de asumir, como quien oye llover, lo espantoso que es matar a otro ser humano, también debemos asumir la realidad de que haya seres humanos que acaben con su propia vida.

Estoy de acuerdo en que nunca se deben dar detalles que puedan descubrir a alguien que está pensando en el suicidio una forma novedosa o menos dolorosa de morir. Pero en este caso el suicidio poniéndose en la vía del tren es muy conocido y el que alguien pudiera estar pensándolo (¡Dios no lo quiera!) me obliga a razonar que si uno conociera el terrible sufrimiento que conlleva siempre un intento de suicidio se lo pensaría mil veces antes. Lo sé porque yo soy un suicida, porque yo me arrojé a un metro en Madrid, porque yo me tiré por una ventana, porque yo… Basta ya de tanto sufrimiento, no quiero seguir por ese camino. Si yo hubiera sido consciente de que el metro me hubiera podido cortar los pies o la cabeza y lo que eso supone de sufrimiento infinito durante el tiempo de consciencia que hay entre tenerla y perderla para siempre, creo que no lo hubiera hecho. Si yo hubiera sido consciente de que defenestrarme me habría podido dejar tetrapléjico en una cama para el resto de mi vida o parapléjico en una silla de ruedas, con unas incapacidades tan espantosas que hubieran convertido mi vida en un infierno, estoy seguro de que no lo hubiera hecho. A pesar del infinito dolor que me supone hablar de estas cosas, lo hago, porque no quiero que ningún hermano enfermo mental piense que morir es la única forma de soportar su enfermedad. No, mil veces no, cualquier cosa, casi cualquier cosa, antes que acabar con la propia vida. Si hay anuncios de la DGT sobre accidentes de tráfico que ponen los pelos de punta, si en las cajetillas de tabaco se nos recuerda que el tabaco mata, con imágenes horrorosas, si algún psicólogo o psiquiatra ha pensado que eso puede ayudar a evitar los accidentes y las muertes por cáncer de pulmón, no veo qué se me podría reprochar a mí, si con toda la delicadeza y ternura de la que soy capaz, intento hacer desistir a otros hermanos de una decisión tan terrible.

Por eso creo que soy capaz de ponerme en la piel del hermano menor, ahora desde fuera, como espectador, y llegar a intuir todo el infinito sufrimiento, la infinita desesperación, que llevó al hermano menor a suicidarse de tan infernal manera. Es algo que sigo sin comprender. Hay formas de suicidio que en las que yo nunca pensé, ni siquiera me atreví a imaginar, si hay que morir, porque ya no puedes soportar la vida, al menos que sea con el menor sufrimiento posible, eso pensaba entonces y pienso ahora. Estas formas de suicidio me indican el grado de desesperación, sin duda mayor que el mío, cuando lo intenté.

Hay quienes piensan que no se puede hacer algo así sin perder la consciencia, sin llegar a la anulación total de la consciencia, sin alcanzar la demencia total, sin el desdoblamiento de personalidad, sin el delirio de una ingestión de drogas, no estoy de acuerdo. Por mi personal experiencia sé muy bien que a pesar de que en esos momentos uno llega a estar fuera de sí, tan desequilibrado, tan desesperado, sufriendo tal angustia, que es capaz de dar el paso, nunca se pierde la consciencia completamente. Para hacerlo se necesita un acto de voluntad, por pequeño que sea, y la voluntad no funciona sin algo de consciencia, por mínima que sea. El suicida es consciente, más o menos, de lo que está haciendo y si lo hace es solo porque su deseo de morir es infinitamente mayor que su deseo de vivir, porque su angustia es infinitamente mayor que el instinto de supervivencia. Sé muy bien que llega un momento en que el instinto de supervivencia se anula, y eso solo es posible si el deseo de vivir ha desaparecido por completo. Entonces el cuerpo físico se prepara para la muerte, generando todo lo que puede generar para evitar el sufrimiento más atroz, incluso la pérdida de la consciencia, pero ésta solo desaparece cuando se ha dado el paso, cuando la voluntad lleva a efecto lo acordado.

 

constelaciones andinas

Puedo imaginarte, querido hermano menor, caminando hacia el lugar elegido, pienso que alejado de la estación, de la gente, un lugar que pensaste adecuado para que la velocidad del tren fuera suficiente para matarte y el maquinista no tuviera tiempo para frenar. Puedo imaginarte dando órdenes a tus pies para que te lleven y dejando que lo hicieran casi automáticamente. Puedo imaginar tu angustia al pensar que la vida se habrá terminado esta tarde y para siempre. Puedo imaginar que tal vez no creías en el más allá, como yo, y eso me entristece hasta el infinito porque arrojarse de cabeza a la nada, sin pensar siquiera en la posibilidad de que exista un más allá, es el paso más horroroso que puede dar un ser humano. Yo mismo me lo planteé cuando veía acercarse la muerte. ¿Y si no hubiera nada? Perder la consciencia, la personalidad, la individualidad, el cuerpo, perderlo todo y de pronto ya eres nada, ni sientes ni padeces, pero tampoco eres consciente de ti mismo, y eso durante toda la eternidad. Querido hermano menor, solo tú y yo y los que han dado ese terrible paso, sabemos que no hay sufrimiento mayor, ese lanzarse de bruces en brazos de la nada y ver cómo hasta la última partícula de tu consciencia desaparece…eso es algo que ningún ser humano bien nacido desearía, ni a su peor enemigo. Algo así sienten también los que son asesinados con previo aviso y saben que van a morir, lo único que no hacen ellos es dar el paso, tomar la decisión, porque son otros las que la toman por ellos. Salvo en este aspecto ellos también saben lo que es el sufrimiento infinito de ir a morir. ¿Y los que mueren de muerte natural? También se enfrentan a ello, pero al menos su organismo está tan deteriorado y el sufrimiento físico es tan atroz que morir supone un consuelo.

Querido hermano menor, mientras esperas en la vía a que el tren te atropelle, a que destroce tu cuerpo, me gustaría que allá donde estés implores a quien tenga más poder, para que de una vez por todas esta sociedad conozca y comprenda lo que supone para un enfermo mental el suicidio y que cesen todas esas sonrisas cínicas, esas palabras hipócritas, que tanto hieren. Que tu muerte no haya sido en vano, querido hermano.

Bautista fue llamado y acudió. No me contó ningún detalle ni yo se lo pregunté. Hay cosas que deben permanecer ocultas porque el sufrimiento humano, cuando se sufre por otro, solo debe ser conocido por Dios. Lo que sí me dijo es que cedió el panteón familiar para su entierro. No hace mucho tiempo me llevó a conocerlo, entré en él y estuve pensando en ti, querido hermano menor. Saqué algunas fotos, malas por la escasez de luz, alguna mejor desde el exterior, cuando caía la tarde y se acercaba la noche. Pero no voy a subirlas para ilustrar este texto. El gesto de Bautista debería permanecer también oculto si no hubiera en juego cosas tan importantes como el futuro de los enfermos mentales.

Han pasado muchos años, el hermano menor estaría olvidado si Bautista no lo recordara, si no me lo hubiera contado a mí. A pesar del sufrimiento que me supone escribir estas líneas debe hacerse. La muerte de un guerrero impecable es solitaria, su última danza con la muerte paraliza el universo durante un instante, pero permite que en este caso atisbe por una rendija tu soledad y lo narre para que todos, en este mundo de nuestros pecados, comprendan de una vez por todas que ningún sufrimiento debe ser despreciado, que sube hasta el altar divino como la sangre de los corderos degollados, para que la humanidad sea consciente de su destino y de una vez por todas haga todo lo que esté en su mano para que el sufrimiento termine. El sufrimiento de los enfermos mentales, de todos los enfermos, el sufrimiento de los desheredados, el sufrimiento de las víctimas de las guerras, las torturas, las violaciones, el sufrimiento causado por el hermano al hermano, todo sufrimiento, absolutamente todo, sube hasta el altar de Dios y allí permanece durante el tiempo acordado ( un día es como mil años y mil años como un día en mi presencia) pero tiempo llegará en que serán pedidas cuentas y solo el amor y el perdón podrán impedir que al apocalipsis decretado sea atenuado o extinguido. Porque ningún sufrimiento ha sido en vano y solo Dios puede pedir cuentas.

Querido hermano menor, gracias por tu compañía durante este amargo trayecto. Que la paz profunda te acompañe siempre, allá donde estés, y si te es posible implora que el sufrimiento kármico de la humanidad sea atenuado, porque nos esperan días terribles y solo los que han sufrido como tú pueden interceder ante lo alto.

QUE LA PAZ PROFUNDA NOS ACOMPAÑE SIEMPRE A TODOS EN EL CAMINO

 

Castaneda

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: