DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XL

13 03 2016

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XL

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LA JUBILACIÓN

Cuando tomé posesión como funcionario del Ministerio de justicia, el cuatro de abril de 1978, en lo que menos pensé fue en la jubilación. Me quedaba tanto tiempo por delante que ni siquiera mi fantasía delirante fue capaz de representarme esa escena. La vida es un soplo, fugaz como una racha de viento. Nadie en su sano juicio se apegaría a la vida o a las cosas materiales o a las personas o a lo que sea como si el destino fuera a respetar para siempre sus logros y adquisiciones. Todos acabaremos muriendo, más pronto que tarde, y si has trabajado toda tu vida te acabarás jubilando y una de las pocas cosas que merecen la pena en nuestra sociedad de consumo, en nuestra economía capitalista, que se pueden contar entre los logros más sólidos y positivos del proletariado, es la jubilación.

Han pasado casi dos meses y medio desde la nochevieja en Córdoba, cómo pasa el tiempo, tempus fugit. Para recordármelo me ha llegado una notificación del ayuntamiento de Córdoba. Ya no la esperaba, creí que me había librado. Como pasa siempre en una ciudad que no conoces, acabas metiendo la pata, en mi caso fue conducir por un carril taxi-bus. Salí en cuanto me di cuenta, pero hay cámaras y las cámaras no perdonan. Di por supuesto que me llegaría la multa, pero como tardan tanto ya me había olvidado. Además llegó también el impuesto de rodaje de Manzanares. Justo en el peor momento, cuando mi ánimo no está para tirar cohetes. ¿Qué ha ocurrido durante estos dos meses? Un poco de todo. Tras regresar de Córdoba me tomé los días de vacaciones que me correspondían, pero ya no me moví de aquí, quedé bastante saturado con el viaje a Córdoba y además no puedo gastar dinero como si creciera en los árboles, debo administrarme con meticulosidad.

Durante este tiempo me preocuparon varias cosas, la primera pasar la ITV, teniendo en cuenta que mi coche está afectado por el escándalo volkswagen. ¿Y si no la paso? ¿Tendré que comprar uno de segunda mano porque no puedo trabajar sin el coche? Estaba preocupado. Al final decidí llevar el coche al taller a finales de febrero, para lo que pedí tres días de permiso. Sí, me lo pasaron los del taller, pero me sacaron el hígado, casi mil euros. Claro que hubo que cambiar los neumáticos, la batería que casi me deja colgado una mañana en la cochera, tardé media hora en arrancar, también había que cambiar los filtros y… Cierto, pero no deja de estar muy claro que el mantenimiento del volkswagen es carísimo, y no soy el único que lo piensa. Mi intuición no funcionó en este caso. Recuerdo que mi entonces mujer quería comprar un ford y yo me empeciné en que fuera vokswagen. Bueno, este escándalo era impredecible y podría haber ocurrido con cualquier otra marca, tienes suerte o no la tienes. Tampoco podía prever el divorcio, con lo que lo del coche no tiene la menor importancia. Hay cosas que son claramente errores míos o consecuencias de la patología de mi enfermedad, como lo de Córdoba, como los despistes, como que le diera al coche por detrás contra la columna de la cochera un día que estaba muy mal, y otras son cuestiones de mala suerte, creo que el que me tocara lo de volkswagen es mala suerte. Ahora tengo que volver a llevarlo el lunes y dejarlo una semana para que cambien la defensa trasera y revisen las luces. ¿Cuánto me va a costar? Estoy temblando, y más porque no había caído en la posibilidad de que no comenzara a cobrar la pensión en cuanto dejara de percibir el sueldo. Otra carta más, de Hacienda, que sí, que el expediente está en marcha, pero pueden tardar en resolverlo varios meses. ¿De qué como yo si no me dan sueldo ni pensión, cómo pago el alquiler? Tenía un poco ahorrado pero se lo está llevando el coche. ¿Tendré que dejar de pasarle la pensión a mi hija hasta que cobre la pensión de jubilación? ¿Tendré que pedir un préstamo en el banco? Es algo en lo que no había pensado, se me había despistado. Es una preocupación que se ha convertido en obsesión estos días, ya me veo bajo un puente, como un clochard. No será para tanto. Saldré adelante. Pero, ¿y si me deniegan la pensión? Es imposible, no creo que nunca haya sucedido, por qué entonces la ha aprobado el ministerio, si no me correspondiera. Vale, ¿pero qué ocurriría? ¿Tendría que pedir el reingreso después de haber cesado? ¿Me lo concederían? Sé que esto es paranoia, ideas obsesivo-compulsivas, pero ¿Y si ocurriera? Mira, casi mejor, pienso, me tumbo en cualquier parte y espero la muerte.

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Es curioso cómo se comportan las fuerzas poderosas conmigo, me agobian hasta la desesperación y en cambio me salvan la vida con un chasquido de sus dedos invisibles. Pudo haber ocurrido y estaría muerto. Ni siquiera recuerdo cuándo fue ni dónde, tal vez en Valdepeñas, ¿pero qué hacía allí por la mañana? ¿Fue durante las vacaciones? ¿Y a qué fui a Valdepeñas por la mañana? Al cine no. ¿O fue en otra parte? Estaba muy mal, debí de estarlo porque casi no lo recuerdo. Sé que ya me pasó otra vez en ese stop. Es peligroso, te fías porque en estos casos siempre suele haber un ceda el paso y no un stop. Está en el carril de acceso a la autovía y llegas tras un largo recorrido, muchas vueltas y revueltas, creo que es el acceso a autovía más largo con que me he encontrado. Llegas agobiado y con ganas de entrar de una vez…Y ocurre lo que ocurre. La primera vez me salté el stop sin darme cuenta y no pasó nada, no venía nadie. Porque además de todo esto está situado de tal manera que tienes un punto muerto en el espejo retrovisor. Es un lugar maldito. Esta vez fue el cuerpo quien me salvó, la sabiduría del cuerpo, porque la memoria consciente no lo recordaba, pero sí debió de recordarlo el cuerpo. Fue un segundo, levanté el pie del acelerador y pisé el freno. Eso me salvó la vida, porque un enorme trailer pasó a toda velocidad, saliendo de la autovía tal vez a más velocidad de la permitida. Si me hubiera llevado por delante no habría sobrevivido, el coche habría quedado como un acordeón y yo dentro. Fue un segundo, tal vez una décima de segundo. Algo reaccionó en mí, un reflejo automático y pude salvar la vida. Las fuerzas poderosas estaban al quite. ¿Por qué me salvaron si ahora me van a dejar tirado bajo un puente como un clochard? Esto no tiene sentido. Regresé pálido y muy afectado. No estaba bien ese día, no lo estaba. Ideas negras, ideas de suicidio, pero no quise hacerlo, no hubiera salido bien de haber querido hacerlo de forma consciente. Me juré que me centraría más, que me concentraría más en la vida física, dejando esa constante fuga de la realidad a través de la mente.

Pude haber muerto, una vez más… y van… La otra gran preocupación era la jubilación. Antes del viaje a Córdoba decidí enterarme, uno de un sindicato me dijo que había que pedirlo con seis meses de antelación. Ya habían pasado. ¡A ver si ahora pierdo la jubilación por idiota! No, según supe bastaba con tres, e incluso el compañero de la Gerencia me dijo que a él le era suficiente con dos. Me puse en marcha. Antes tenía que saber lo que me iba a quedar. No era cuestión de pedirla sin más y luego no tener ni para comer. Lo intenté en el enlace que me facilitó mi sindicato. Nada, me pedían las categorías por las que había pasado y no tenía ni idea, si era C1 y A21. Me informé en el sindicato, lo volví a intentar. Nada, la página no funciona bien o mis categorías no son aceptadas por el programa. Llamé a Hacienda, clases pasivas. Una señora me remitió a otra página para imprimir un modelo y mandarlo. Con él solicité una estimación previa de mi pensión antes de pedir la jubilación. Había pensado mandar la solicitud a finales de enero, pasara lo que pasara, pero prefería tener contestación de Hacienda. Me llegó justo-justo. Puede que a veces me sienta un poco paranoico y achaque a las fuerzas poderosas todo lo malo que me pasa, pero por mucho que intento ser ecuánime no lo consigo. ¿No podían haberme facilitado un poco las cosas? Lo pedí y a esperar, todo ha ido perfectamente hasta que me he dado cuenta de ese problema, si Hacienda no lo aprueba y comienza a pagarme tras el cese me veré en serios problemas. Lo más importante es pagar el alquiler, comer puedo comer sopas de ajo todos los días y ver si así adelgazo un poco pero no puedo jugarme el apartamento, ¿a dónde iría? Tendría que dejar de pagarle la pensión a mi hija hasta que me pagaran todos los atrasos. Bueno, ella siempre podría sacar de la cuenta que dejamos para sus gastos. Sería razonable, sería factible, ningún problema, salvo que quisiera hacerme la puñeta, todo es posible, dada la situación. Mi “ex” comenzó a devolverme su pensión. Supuse que era porque pensaba que el convenio había caducado. Lo cierto es que comencé a pagar pensiones tan pronto lo firmé en el despacho de la abogada, pero mirando las cosas desde el punto de vista estrictamente legal creo que no hubiera tenido ninguna obligación hasta que el juez lo aprobó en sentencia. Vale, es un contrato entre partes, pero con la condición ineludible del divorcio, si no te divorcias no tienes por qué pagar pensiones y no estás divorciado hasta que el juez lo acuerda en sentencia. Y si no aprueba el convenio no tenías por qué haber pasado pensión alguna, y si a última ahora alguien no ratifica el convenio pues no tenías por qué haber pasado pensión alguna. Mi criterio, puede estar equivocado, es que las pensiones se pagan una vez que el convenio ha sido aprobado en sentencia, y no antes. De esta forma hasta la fecha de la sentencia de divorcio no caducaría el año por el que se firmó el convenio, algo que considero un acierto, puesto que las circunstancias pueden cambiar, como van a cambiar y es mejor que sea la otra parte la que pida la renovación o modificación del convenio que no que sea yo el que tenga que buscarme un abogado para una modificación de convenio. Creo que no hubiera tenido que pagar las pensiones antes de la sentencia de divorcio, pero ni me lo planteé, mientras tenga un sueldo y me llegue para pagar las pensiones lo haré encantado. Nunca he sido rácano con el dinero, es importante, pero hay otras muchas cosas antes, más importantes. No me voy a llevar el dinero al cielo, para corromper a San Pedro y que me deje pasar. Uno no se lleva nada y creo que tengo lo suficiente para vivir. Pero con la jubilación mis posibilidades económicas bajarán. Creo que mi hija necesita la pensión, que no se la baje, incluso que se la suba, algo que haré mandando la pensión de su madre a ella, al menos hasta la jubilación, pero me duele que ni siquiera se puedan hablar estas cosas con normalidad. Ella no quiere hablarme, no respondió a mi SMS. Intuyo que lo está pasando mal, tal vez hasta tenga que ir a alguna terapia, pero yo poco puedo hacer con alguien que no quiere verme ni hablar conmigo.

Mi “ex” me escribió un correo electrónico para hablar de la casa, ningún problema por mi parte en rebajar el precio hasta el precio del mercado, aunque tampoco me parece que tengamos que regalarla, se podría alquilar hasta que los precios de mercado suban un poco. Me conformo con un poco de dinero para completar la pensión de jubilación, para el alquiler de la casa en la montaña, porque no la voy a comprar, y para hacerme con un todo terreno, más que nada para no quedarme aislado en invierno. No necesito mucho, así que con un precio aceptable me vale. Pero lo que me dolió fue esa gelidez espantosa, como si veinticinco años de convivencia no significaran nada. Ya lo había previsto porque el sueño que me anunció claramente el divorcio también me adelantó esta gelidez, pero me hundió en la miseria. Vale que no puedas seguir manteniendo una relación amistosa con tu “ex”, sucede en la mayoría de los casos. Vale que tu hija no quiera hablarte… de momento, también es frecuente (Bautista me comentó un caso que sabe de primera mano en el que los hijos no quisieron hablar con su padre durante cinco años y ahora son uña y carne) pero esto tiene todo el aspecto de un odio a muerte y eso es algo que no comprendo. De hecho mi lado oscuro se rebeló y llegué a plantearme aquello de “si pensaban que su vida a mi lado era una mierda, ahora que ya no estoy a su lado deberían estar contentas y felices, se han librado de mí, pueden intentar comenzar una nueva vida, deberían de estarme agradecidas”. Por suerte ahora soy un guerrero impecable y esto no pasa de ser un pensamiento fugaz, como un tren que pasa por la estación, lo contemplo, pero nada más. La verdad es que mi agradecimiento hacia ellas será eterno y la deuda de gratitud nunca podrá ser pagada, pero no entiendo ese odio, no lo entiendo…

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Bueno, tal vez sí. Todo este tiempo de contacto con mis hermanos los enfermos mentales me ha hecho verme como en un espejo. ¿Yo era así, yo me comportaba así? En efecto, tal cual, todos tenemos marca de fábrica, todos llevamos la marca de Caín en la frente. Entiendo el infierno que podemos suponer para nuestros seres queridos, lo entiendo, y ahora más que nunca, cuando me veo reflejado en un espejo en la conducta de mis hermanos, pero también veo otras cosas, no puedo dejar de verlas. Ahora ciertas actitudes y comportamientos de los familiares y seres queridos del enfermo mental me dan risa, son como una comedia de cine mudo. Nadie en su sano juicio soportaría las conductas de un enfermo mental si no estuviera enfermo, son inaceptables, cierto, por eso entiendo que quien no me considere un enfermo mental no pueda soportar cierto tipos de conductas, como el encamamiento, como dejar de hablar, como si tus seres queridos fueran desconocidos, demonios o monstruos, dejar de comer, marcharte de casa sin decir a dónde vas y tenerles a todos en vilo, por si te pasa algo, por si intentas suicidarte… ¡Cielos! ¿yo hice todo eso? Pues sí, es increíble pero no lo puedes evitar. Yo me conformé con no volver a intentar el suicidio, un logro titánico, es cierto, pero muy pobre para tus seres queridos. Sin embargo las conductas de los familiares son tan terribles o más. Creen que van a convencer a un enfermo mental, que está deseando la muerte, suicidarse, que piensa que la vida es una mierda, creen que van a convencerle de que si se pusiera a trabajar y a ganar dinero todo cambiaría. Le piden que encuentre trabajo cuando los normales no lo encuentran, que compita con ellos en el mercado de trabajo, que si tiene la suerte de encontrarlo piense en el futuro, en comprarse una casa e hipotecarla, en comprarse un coche y en pedir un préstamo, en casarse, en la familia, en… ¡Pero bueno! Si ni siquiera los “normales” pueden hacerlo, son trabajos temporales, a veces en una semana les pueden dar la patada, vivimos en una mierda de sociedad, en una mierda de mercado de trabajo, en una mierda pantanosa de insolidaridad, de inhumanidad, ¿y les pedimos a los enfermos mentales que piensen que la vida merece la pena solo por eso, por el trabajo temporal, el puto dinero, las cosas materiales? ¿Cuando ellos no hacen otra cosa que pensar en el suicidio? Es algo insufrible, un familiar no puede pedir eso a un enfermo mental y quedarse tan pancho, si a los demás nos basta ¿por qué a él no? Un enfermo mental necesita cariño y si no se lo das no le pidas nada, porque no le interesa. No le interesa un trabajo temporal de mierda, competir con otros que socialmente están mucho mejor vistos, a quienes los empresarios pueden mirar, no al enfermo al que ni miran. No les pidas que piensen en la pareja, el matrimonio, los hijos, la casa, la hipoteca, el coche, los préstamos, las vacaciones en la playa, porque a los enfermos eso les importa un comino, solo quieren dejar de sufrir, sufrir un poco menos, dejar de pensar en el suicidio, dejar de intentarlo. Y para eso solo una cosa les sirve, el cariño. ¿Y los demás? ¿Nos merecemos menos cariños que los enfermos? ¿No tenemos que lidiar con todo lo que has dicho, trabajo temporal, hipotecas… por qué un enfermo merece más que nosotros? Bueno, si esto es una selva que deprede el mejor y sobreviva y que mueran los bóvidos, vale, pero esto no es una selva, ¿o tal vez sí?

Dejo todo eso de lado, ahora soy un guerrero impecable. Pero debería tratarlo en la serie que he dejado de momento de subir al blog, “Los errores de conducta del enfermo mental, de él con los demás y los demás con él”. Sí, es interesante ver cómo los enfermos adoptamos tipos de conducta que nadie aceptaría en una persona normal y creemos que a nosotros se nos va a conceder la bula papal, y es interesante ver cómo los familiares intentan convencer a un enfermo mental de que siga viviendo y luche en base al trabajo temporal, al puto dinero, a lo que le ofrece una sociedad de mierda en un mundo de mierda. Cuando los psiquiatras u otras personas me decían aquello de que dejara de mirar a los demás e intentara cambiarme a mí mismo, puesto que no puedes cambiar la sociedad, cámbiate a ti mismo, aquello me sonaba raro, me imaginaba una escena en la que un enfermo mental era arrojado al océano, un océano embravecido, y no solo eso, no conforme con ello los que le arrojaban se ponían a darle con los remos en la cocorota, fuerte, brutalmente fuerte y no con remos de goma, mientras no dejaban de gritarle, no pienses en los demás, no pienses en la sociedad, cambia tú, intenta salvarte tu. Y yo no sabía si echarme a reír o a llorar. Te piden que te salves mientras te golpean con el remo en la cabeza, eso es lo que hace esta sociedad, vives en una mierda de sociedad, violenta, injusta, corrupta, en una selva donde los que se creen más listos se convierten en depredadores, y te piden que no intentes cambiar nada, que solo te cambies tú. Suena a recochineo. No lo podía entender. Ahora tampoco lo entiendo, pero al menos soy un guerrero impecable y ya no me preocupan esas cosas, me limito a hacer lo que tengo que hacer cuando tengo que hacerlo.

Lo cierto es que la gelidez de personas con las que conviví tantos años me hundió. Estoy deseando vender la casa, estoy deseando que ya no haya más motivos legales para seguir en contacto, cada uno que viva su vida. Sigo sintiendo el mismo afecto por ellas o mayor que antes, pero no puedo soportar esto, prefiero que la vasija se rompa en mil pedazos y que ya nunca se pueda recomponer, jamás, ni en esta vida ni en otras vidas. No sé si me merezco todo esto, pero creo que ya he pagado bastante, esto tiene que acabar de una vez. Me hundí totalmente, me vi en un cercano futuro, solo en la casita de la montaña, mientras cae la nieve mansamente. Yo estoy asomado a la ventana que he abierto, sin miedo al frío, me fumo un pitillo, me fumo dos, veo caer la nieve, escucho el ulular de los lobos uuu uuuuu y me digo que aquí se está bien. Me tomo una copa de vino o una copa de coñac o un güisqui, pongo un poco de música, luego la apago, me desnudo y me introduzco en el edredón nórdico. Se está muy calentito escuchando el gemido del viento fuera, los copos de nieve cayendo tras el cristal, porque he instalado una bombilla en el exterior, para que pueda ver la nevada. Y de pronto me siento mal y creo que me voy a morir, y muero solo. Fin de la obra. Finis coronat opus.

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Pero esta es la escena más agradable, hay otras. Una enfermedad dolorosa, larga, he pedido medicación contra el dolor y creo que podré soportarlo, pero no lo soporto, me niego a llamar a urgencias, que venga una ambulancia, me niego a llamar a nadie, apago el móvil, sé que tardaré en morir, pero lo haré solo. Johan, el perro labrador, así llamado en honor a Johan Sebastian Bach, ya crecidito viene y me pasa la lengua por la cara, me da pena pensar en que me voy a morir y él se quedará sin comida y con la puerta cerrada, no podrá salir y tendrá una muerte de mierda, como yo. Debería haberlo dejado en una asociación de protección animal o a algún vecino, pero no lo he hecho, pensando que lo haría cuando me sintiera peor, ahora me siento peor. El gato no aparece, tienen fama de ser más huraños, andará por la casa, pero de pronto hace acto de presencia, es Micifuz, sacado de aquella fábula de mi infancia, creo que era de Samaniego (Micifuz y Zapirón se comieron un capón en un asador metido…) me suena como al don Quijote de los gatos, como Zapirón al Sancho Panza. Ahora ha crecido y está bien alimentado, salta a la cama y busca acomodo bajo el nórdico, pongo la meno sobre su cuerpo, su calor me reconforta. Johan siente envidia y sube a la cama, le hago un sitio. Pongo la mano sobre su corpachón mientras me estremezco, el dolor es insufrible. Apoyo la cabeza en la almohada y cierro los ojos, mientras me quejo suavemente me consuela imaginarme la escena. Alguien se preocupará, alguien me echará de menos, me llamará al teléfono apagado, me mandará mensajes de “wasape” y se preocuparán, puede que hasta el tendero acabe preocupándose, pero cuando alguien se mueva solo encontraran un cadáver putrefacto y maloliente, muerto meses antes, tal vez dos o tres o cuatro. Una pequeña noticia, “encontrado abuelo muerto en una casa aislada en la montaña, al parecer llevaba varios meses muerto, nadie lo echaba de menos”. ¿Y Johan y Micifuz? No puedo soportarlo, cambio de escena.

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En realidad prefiero esta otra. He cenado sopas de ajo calentitas, con un vino tinto, he asado unos chorizos y unas morcillas, he hecho una tortilla de patata, ¡qué rica!, ¡uuum! He cenado bien. He mirado el fuego en la chimenea mientras leía una novela policiaca o de ciencia ficción. Luego he puesto música y he cerrado los ojos. De pronto he escuchado el ulular del viento. Me he asomado a la ventana, está comenzando a nevar. La abro, dejo que el frío me penetre hasta los huesos, enciendo un pitillo, luego otro. Al final decido irme a la cama. Mañana tengo un chuletón para comer, con el resto de la botella de vino tinto. Si tengo ganas trabajaré un poco en mi novela “Todos estamos solos al caer la tarde”. Hace el tiempo ideal para escribir sobre el monstruoso asesino en serie y estremecerme porque pueda colarse en casa y clavarme una barra de hierro por el culo. Me meto en el nórdico y apoyo la cabeza en la doble almohada. ¡Se está tan “agustito” aquí, desnudo bajo el nórdico, oyendo el ulular del viento y viendo caer mansamente los copos. Sí, es cierto, solo falta una hermosa mujer desnuda a mi lado, pero ya soy demasiado viejo para estas cosas, mejor lo dejamos. Entonces escucho un ladrido de Johan. Claro, ellos también se sienten solos. Me levanto y lo tomo de su cestita de mimbre con arena. Es un cachorrito precioso, y muy cariñoso, me lame la cara. Me lo llevo a la habitación, voy a poner un hule y lo pondré a mi lado en la cama. Ahora escucho a Micifuz, tampoco quiere quedarse solo, es un cachorrito menos huraño de lo que yo pensaba en un gato. Me los llevo a los dos. Cierro los ojos y duermo como un bendito.

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Pero esa escena no dura mucho, no es muy real, lo real es esa muerte solitaria, dolorosa, siempre he defendido la teoría de que los agonizantes tardan tanto en morir porque se apegan al cuerpo, a la vida, si no lo haces el alma o cuerpo astral, o lo que sea, se despega con suavidad y te vas, dulcemente, como te quedas dormido. Ha llegado el momento de comprobarlo. Lo real es que estoy aquí, en mi dormitorio, la cabeza apoyada en la doble almohada, la luz apagada, intentando no pensar en el pasado, estoy tan deprimido que prefiero imaginarme en aquella casa, asomado a la venta, fumando un pitillo, luego me introduciré en el edredón y cuando el dolor sea muy fuerte, me dejaré ir. Estaré muerto y nadie se acordará de mí. Mi fantasía mórbida, morbosa, vengativa, me hace pensar en la escena en la que encuentran el cadáver putrefacto, tres o cuatro meses más tarde.

Bueno, me queda por contar lo de Bautista y las alubias de La Bañeza que me hizo María-Luisa, su mujer, y lo de la luz titilante, al otro lado del charco, ahora más titilante que nunca, y… Me duermo con dificultad, imaginando que estoy en la casa y que me estoy muriendo, que en el exterior está nevando y los lobos no dejan de aullar. Tal vez esta noche tenga algún sueño erótico. Sí, sobre los sueños también tengo que hablar, que no se me olvide, y sobre mis novelas, y sobre… La vida sigue, no es tan fácil el desapego, morir sin más, perder la importancia personal.

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2 responses

13 03 2016
Juan Magerit

No hay mal que cien años dure. Mis ánimos desde aquí. Un abrazo

13 03 2016
Slictik

Gracias, todo irá bien, la vida es como una montaña rusa, unas veces subes y otras bajas, pero siempre hacia delante. Un abrazo.

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