DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL(EL GRAN SECRETO) XVI

18 04 2016

 

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL

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EL GRAN SECRETO

 

EL RÍO DE LA CONSCIENCIA

 

Estamos acostumbrados a percibir el “yo” como un instante en el tiempo, el presente; somos lo que ahora mismo somos, este cuerpo, este pensamiento, esta emoción, éste deseo…y sin embargo si nos fijamos bien somos también todo lo que fuimos porque los cuerpos que fuimos siguen en este que somos y nuestros recuerdos nos persiguen a todas partes, allá donde vayamos, lo que hicimos hace diez, veinte, treinta años se convierte en presente en cuanto nuestra consciencia le presta atención y nustra memoria recapitula todo lo ocurrido. Si esto es así nada debería impedirnos adelantarnos al tiempo presente y caminar tranquilamente por el futuro, de esta forma nuestro cuerpo presente, emociones, recuerdos, también serían en buena parte de lo que seremos en el futuro.

 

Este fue uno de los delirios que más me angustiaron en aquelle época, hasta el punto de llegar a la paralización y casi a la catatonia, mi entonces pareja se asustó tanto que incluso buscó asesoramiento. Llegué incluso a convencerme de que en sueños viajaba al futuro y al ver lo que me esperaba me programaba para actuar en el presente, intentando cambiar las cosas. El ver constantemente delante de mi aquel puntito de luz me estaba desquiciando, porque no solo era el puntito que se movía hacia delante, que retrocedía, que aparecía con una fuerza y a una velocidad terribles en algunas ocasiones y en otras permanecía como aletargado, sin apenas brillo, como un simple velo sucio, casi invisible, que me pusieran delante estando medio dormido. Con el tiempo las experiencias fueron de lo más variado y abundante, desde supuestamente las más eróticas y agradables hasta las más violentas y desagradables. Eso del ver como el cuerpo atral, ectoplasmático de una mujer  aparecía delante de mis ojos con una solidez y una vitalidad que no tenía su cuerpo físico y que me hizo comprender a qué se referían los rosacruzces cuando hablaban de fuerza vital, o qué quiere decir la Biblia cuando dice que Dios insufló el aliento vital al trozo de barro que era Adán, o cuando Platón habla de la caverna y cómo nuestra realidad física es solo una sombra de la auténtica realidad, las ideas, la luz, o cómo el budismo habla de diferentes cuerpos, unos dentro de otros, como las famosas muñecas rusas. Porque aquellos cuerpos femeninos, en la plenitud de su brillo y vitalidad, eran mucho más hermosos, sólidos y reales que sus remedos, sus cuerpos físicos. Entonces comprendí muy bien lo que ocurre cuando alguien fallece y vemos su cuerpo físico como un cascarón vacío, porque en efecto, le falta algo, le falta lo que le habitaba.

 

No es que no viera cuerpos físicos masculinos o de niños, o de ancianos, lo que ocurría es que me llamaban mucho más la atención los cuerpos femeninos, como en una playa nudista, repleta de todo tipo de personas, con los cuerpos desnudos, siempre me llamarían más la atención los cuerpos femeninos desnudos, y dentro de ellos los de las mujeres más atractivas. Era muy curioso cómo lo que más identificaba al cuerpo femenino y lo distinguía del masculino eran los senos, los pechos, realmente espléndidos en el cuerpo astral. Digamos que habitalmente lo que yo veía eran caras, rostros, que al cabo de unos segundos perdían su brillo, su esplendor y se transformaban en sucios ectoplasmas, en puntitos de luz apenas brillantes. Pero cuando un cuerpo astral salía del cuerpo físico, con rapidez, con fuerza, como impulsado por un trauma o por una emoción fuerte y violenta, el punto de luz se transformaba en un auténtico cuerpo, con todas sus formas y circunstancias. Mi susto era tal que no podía fijar la mirada mucho tiempo en aquel cuerpo, y además, aunque la fijara, la vitalidad, la fuerza, el brillo y esplendor de aquel cuerpo no duraba mucho, como un móvil con la batería a punto de agotarse, apenas daba unos avisos antes de extinguirse. Nunca llegué a ver con claridad el sexo femenino en el cuerpo astral y en muy raras ocasiones el sexo masculino y normalmente esto siempre o casi siempre ocurría en sueños. Pero en cambio los pechos femeninos estaban a la orden del día, era ver un rostro femenino y cuando el cuerpo se manifestaba lo que más llamaba la atención eran los pechos. Era como si las mujeres tuvieran centrada su atención, su consciencia en esa parte del cuerpo, algo que me parece bastante lógico, habida cuenta de que ellas llevan un peso que nosotros, los hombres, no llevamos y que nosotros, los hombres, nos estamos fijando constantemente en sus pechos, como distintivo de su femineidad, es como si ellas temieran que al verlas solo viéramos sus pechos. Eso aparecía tan claro en mis visiones de los pechos femeninos y era tal la atracción y el deseo que acabé sufriendo una extraña y ridícula manía obsesivo-compulsiva que amargó aquella etapa de mi vida, durante muchos años, y que aún ahora me sigue causando molestias.

Knock, knock.

Es difícil hacer comprender a alguien que no haya vivido esto cómo se puede llegar a sufrir tal agobio que se busca cualquier clase de compensación. Para que se hagan una idea, les pondré un ejemplo plástico. Imaginen que su intimidad mental, psíquica, emocional, es como si su “yo” fuera una casa física, su propio hogar. Es normal que de vez en cuando alguien llame a la puerta, que ustedes abran, inquieran lo que quiere la persona que llama a la puerta y luego decidan si le dejan pasar, si le rechazan con buenas palabras, si lo mantienen a la puerta mientras dan la concisa información que el otro recaba o si deciden que es un amigo, un ser querido y entonces le reciben con los consabidos besos y abrazos y enseguida lo hacen pasar, le invitan a tomar algo, le ceden su mejor sitio en el salón y hablan con absoluta confianza. Todas estas posibilidades se pueden dar y son perfectamente normales y asumibles. Ahora bien, imagínense que de pronto un día en cuanto despiertan por la mañana y abren los ojos estuvieran llamando al timbre constantemente. Abren la puerta, ven a un desconocido, le preguntan qué quiere y al saberlo le responden que no les interesa y le despiden, si insiste, con cajas destempladas. Y luego viene otro y otro, algunos son molestos, tienen los rostros desencajados por sentimientos de cólera, son agresivos, la expresión de sus caras denota incluso maldad, si me apuran. Durante todo el día no para de sonar el timbre, ustedes no cesan de abrir y cerrar la puerta y cuando se produce una pausa ustedes están tan cansados que lo único que quieren es tumbarse y descansar. Todo esto lo narrado también en mi novela corta “El bunker”.

bunker

 

Algo así le ocurre a la persona que está viviendo su vida, tranquilamente, que entiende que la realidad, la única realidad posible es la que ha estado viviendo hasta ese momento. Es decir, un yo que es físico, que permanece en su casa buena parte del tiempo, que cuando sale al exterior procura guardar unas normas elementales de cortesía, como no mirar con demasiada fijeza a los demás, no hablarles sino en determinadas circunstancias, no mostrar en el rostro la profunda antipatía o malhumor que nos depara la conducta de otra persona, etc etc. Eso es la vida, eso es la realidad, pensamos. Pero cuando se abre el tercer ojo nos encontramos con algo muy diferente. Lo bueno de vivir en un mundo físico es que estamos sometidos a las leyes físicas que a su vez están sometidas al tiempo. Todo en el mundo físico es pausado, a veces lento, todo efecto generado por una causa lleva su tiempo y no se produce sin más, en un fogonazo. En cambio en el mundo mental, astral, en otros planos de existencia las cosas son muy diferentes. Uno no llama por teléfono para avisar que esta tarde vendrá por tu casa para verte y charlar un rato contigo. En el mundo de las proyecciones mentales basta con pensar en otra persona para que su proyección mental esté frente a ti, ya, con el rostro que tiene cuando está pensando en ti, con sus emociones plasmadas en ese rostro. Puede que esté discutiendo con alguien y tenga el rostro distorsionado por la cólera. Si tú no sabes con quién está hablando y qué está ocurriendo bien podrías pensar que esa cara la pone porque está enfadado contigo. Cuando tienes tu primera experiencia con el tercer ojo todo es nuevo, hasta las cosas más elementales necesitan ser aprendidas y asimiladas. Es como descubrir que las paredes han desaparecido, que el espacio ya no existe, es solo una llanura oscura que puede atravesar tu mente con enorme rapidez, es como descubrir que todo, absolutamente todo, está a tu alcance, la intimidad de los otros que no puede esconderse al otro lado de las paredes o en algún lugar del tiempo. Cuando piensas que todo está a tu alcance tienes que aceptar que así es, pero siendo consciente al mismo tiempo que tú también estás al alcance de los demás, no hay paredes que te protejan y que lo mismo que puedes ser el cazador que juega con la presa puedes ser la presa con la que juega otro cazador, donde las dan las toman. Las únicas limitaciones son las que aparecen a simple vista. Sabes que todo en ese mundo se mueve a golpe de energía, si no tienes energía, si tienes el móvil descargado, no te puedes comunicar, no puedes desplazarte, no puedes mantener tu atención, tu concentración, en ese mundo. Esto me recuerda mucho a las atenciones de que habla don Juan a Castaneda, algo que en aquellos tiempos no tenía bien asimilado. Digamos que la primera atención se mueve en el mundo físico y rara vez puedes atisbar algo fuera de ese mundo físico, y solo cuando entra en juego la segunda atención podemos percibir la realidad de la segunda atención. Aunque don Juan intenta enseñarle a Castaneda el ensoñar despierto, es decir, el permanecer en el mundo de la segunda atención al tiempo que estás en la primera, este logro está solo al alcance de los guerreros que han conseguido la totalidad. Según don Juan la totalidad es vivir al mismo tiempo con la energía del lado izquierdo y del lado derecho o dicho de otra manera, vivir al mismo tiempo en la primera y segunda atención. Esto es un logro increíble. Nos podemos hacer una idea de ello si nos imagináramos cómo debe ser recordar todos los sueños, hasta el último detalle, mientras estás despierto, y al mismo tiempo recordar en sueños, mientras estás soñando todos los detalles de tu vida mientras estás despierto. Quienes llevamos muchos años trabajando los sueños e intentando anotar lo que recordamos al despertar sabemos muy bien la enorme dificultad que esto entraña. También en el budismo se habla de esta cuestión, según Krishnamurti no debería haber abismo alguno entre nuestras diferentes vidas o nuestros diferentes cuerpos. Si ahora tenemos una sola memoria, la memoria física, que con sus limitaciones es la que nos ancla al único mundo que consideramos real, el mundo físico, el poseer una memoria completa, es decir la memoria total de nuestra vida onírica, de nuestra vida en el plano astral e incluso de nuestra vida en el plano causal, nos daría un potencial inimaginable. Los abismos existentes entre los diferentes cuerpos y dimensiones se acaban pagando, de ahí que muchas veces ignoremos si una determinada enfermedad física no puede estar causada por una enfermedad en la dimensión astral o incluso sea producto de un karma generado en una vida anterior.

 

En aquella primera etapa de mi vida como vidente, es decir, como iniciado que está desarrollando su tercer ojo, todas estas cuestiones fueron de una tremenda importancia y el desconocimiento y la falta de resolución de estos problemas generaron momentos especialmente angustiosos y trágicos. Uno de ellos, el peor, fue esta especie de batalla de los “yoes” que me trajo a mal traer. Para que se hagan una idea básica de por dónde iban los tiros les describiré brevemente la esencia de mi delirio.

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EL YO FUTURO QUE MANIPULA AL YO PRESENTE

 

Cuando a veces al mirar el punto de luz con los ojos cerrados éste se transformaba en un rostro, conocido o desconocido, también ocurría en alguna rara ocasión que ese punto se partiera por la mitad, digámoslo así y junto al rostro de otra persona, conocida o desconocida, aparecía un rostro que era el mío. El susto era morrocotudo, casi tan terrorífico como lo fue en aquel sueño observar que la persona que llegaba caminando por el pasillo, que entraba en mi habitación, donde yo estaba durmiendo, que me despertaba y me obligaba a mirarle, era yo mismo. Este sueño en concreto lo relato en la novela El loco de Ciudad fría. También en el capítulo dedicado a los sueños, en la misma novela, me planteo claramente en qué puede consistir esta batalla de los “yoes”.

 

Para quien no haya vivido alguna experiencia de este tipo todas estas elucubraciones tienen que parecerle, necesariamente, los delirios de un loco. ¿Qué otra cosa podrían ser? Pero cuando vives estas experiencias y las vives no un segundo de un día, sino todos los segundos de todos los días, durante años, el delirio deja de serlo. Como yo razonaba entonces: alguien me podría convencer de que estoy viviendo un delirio, una alucinación, si en algún momento se terminara, pero no es posible que viva a perpetuidad en una alucinación o un delirio constantes, entonces por la misma regla de tres simple, por el mismo razonamiento yo podría decirles a ellos, a los “normales” que viven en perpetua alucinación y delirio y que su realidad no es otra cosa que una alucinación, por que no habría otra diferencia entre lo que a mí me estaba ocurriendo y lo que les estaba ocurriendo a ellos. Nos pongamos como nos pongamos, la única diferencia válida entre un estado de realidad y un estado de alucinación o delirio es que éste último acaba por desaparecer y uno vuelve al otro estado.

 

Reconozco poseer una vivísima imaginación, de otra forma no hubiera elucubrado lo que elucubré. Con el tiempo llegué a fantasear con lo que estaba ocurriendo como una batalla de “yoes”. Cerraba los ojos y veía proyecciones mentales o cuerpos astrales que parecían moverse frente a mí, en la gran llanura oscura, o que permanecían a mi lado, al menos esa era mi impresión, como dos ángeles de la guarda. Esto, en su momento, también me creó otro delirio bastante angustioso, llegué a pensar que tenía a mi lado a dos ángeles, es decir a un ángel de la guarda y a un demonio. El primero trataba de llevarme por el buen camino y el segundo me tentaba poniendo ante mí los objetos de mis deseos y debilidades, entre los cuales estaba el sexo,  éste ocupaba el número uno, por supuesto.

 

Llegué a pensar que viajaba en sueños al futuro, allí me encontraba con el yo del futuro que tenía su propia visión de lo que me convenía o no, de acuerdo a lo que me había ocurrido hasta ese momento. Ese yo futuro viajaba al pasado y trataba de convencer al yo “presente” de que determinadas decisiones no eran buenas y debería tomar otras, de que en determinadas encrucijadas de caminos debería tomar el camino de la derecha, pongamos por caso, y no el de la izquierda. La lucha entre esos “yoes” era como un río de consciencia, no había intervalos, interrupciones, el río de la consciencia es permanente y su continuidad es absoluta, de otra forma, como es lógico, en cuanto se interrumpe un momento la consciencia estamos hablando de muerte. Ambos “yoes” permanecían a mi lado, como dos ángeles, uno bueno y otro malo, que intentaban llevarme por sus caminos. El problema era que yo no tenía claro quién era el ángel bueno y quién el malo.

guerra de los yoes

Esta lucha, esta guerra inhumana, fue especialmente trágica y dolorosa en el terreno de la vida de pareja. Todo lo que ha terminado por ocurrir, el divorcio, la ruptura sentimental, me llegaba con mucha fuerza de mi yo futuro. Llegó a convertirse en una obsesión que era incapaz de controlar y bloquear. El episodio de la gitana que me leyó las manos y supuestamente me quitó el mal de ojo, y que narro en el Diario de un enfermo mental, la parte dedicada a la primera atención o al mundo físico (este segundo diario está dedicado a la segunda atención o al mundo onírico o astral)  fue solo uno de los episodios mentales que yo viví con total realismo en aquel momento de mi vida. Hubo sueños que me dejaron muy “tocado”, muy angustiado. Como es lógico, si vives en pareja y ves en sueños que está ocurriendo o que puede ocurrir en un futuro próximo que tu pareja se acueste con otros hombres y que tú te acuestes con otras mujeres, la sensación no puede ser más angustiosa. Si todo parece ir bien en la relación, o algo en realidad no va bien o es posible que si ahora las cosas son normales puede que en un tiempo no muy prolongado vayan a ir muy mal. Al delirio de la batalla de los “yoes” se le añadió el delirio de los celos, el delirio celotípico.

 

Con el tiempo llegaría a saber, con toda certeza, que aquellas premoniciones que me llegaban del futuro, sin que pudiera impedirlo, tenían sentido, aunque no precisamente el que yo les daba. Porque si con el tiempo acabábamos divorciándonos el que cada cual viviera su sexualidad a su manera y siguiera su propio camino era algo elemental, querido Watson, pero no lo hubiera sido de haber permanecido en pareja, habría sido una señal evidente de que la relación había llegado a un deterioro casi ridículo en el que cada miembro de la pareja vivía libremente su vida, lo que ahora creo que llaman parejas abiertas, es decir que viven en pareja, están casados, pero cada cual se busca sus propias relaciones sexuales sin contar con el contrario. Todo esto lo viví yo entonces, sin poder explicarme de forma racional lo que me estaba ocurriendo. Ahora sé que la comunicación entre nuestros diferentes “yoes” es mucho más normal de lo que pensamos, como lo es el equivocarse en la interpretación de lo que nos llega desde la segunda atención, como lo es el confundir las fantasías (reales en la segunda atención) con lo que nosotros llamamos realidad. De haber sabido con claridad todas estas cosas en aquel tiempo no habría sufrido tanto y me habría dedicado más a tomar notas para luego aclarar lo que realmente estaba recibiendo de una futura realidad o de lo que mi fantasía se estaba inventando. En aquella terrible batalla de los “yoes” no solo me sentí como una víctima de fuerzas que me estaban manipulando, lo curioso es que esas fuerzas fueran mis “yoes”, es decir, yo mismo, sino que comencé a vivir delirios espantosos que me hicieron mucho daño, tales como delirios celotípicos, miedo a reacciones violentas por mi parte, miedo al karma que pudiera existir entre nosotros, etc. Todo esto parece una novela y puede que lo sea, al menos lo voy a contar como tal novela. Pero nunca olvido lo que don Juan le dice a Castaneda cuando éste le pregunta si las cosas que está percibiendo, que está viviendo en la segunda atención, tal como viajar y estar en otros planetas, o en otros planos de existencia, son “reales”. Don Juan se ríe y le dice con cara muy seria que en efecto, eso es tan real como todo lo que le ocurre en el mundo físico. Por mis experiencias oníricas puedo decir que lo que hace y le ocurre al cuerpo astral es tan real como lo que le ocurre al cuerpo físico o más. Todo esto lo narro en el capítulo El sueño iniciático de la novela “El loco de Ciudadfría”. Algunas experiencias que viví durante aquella etapa en sueños me llegaron a convencer de que en realidad todos tenemos una vida paralela en sueños. Salimos del cuerpo físico por las noches y vemos a otras personas, tenemos otros amantes, llevamos una vida distinta a la que experimentamos en el mundo físico. Esto también se explica muy bien en el capítulo “El universo de los sueños” de la novela El loco de Ciudadfría. Sigo sin tener claro si eso es posible o no; mis lecturas, las narraciones de las vivencias de otras personas, gurús, expertos en el mundo esotérico, me dicen que aunque no recordemos, en efecto, estamos viviendo vidas paralelas en dimensiones paralelas. Cuando recobremos las memorias perdidas de otras dimensiones que no son el mundo físico, cuando deje de haber abismos entre la memoria del mundo físico, del mundo onírico, del mundo astral, del mundo causal, sabremos con absoluta seguridad qué es lo que vivimos en esas dimensiones, en esas vidas, y cómo influyeron en nuestra vida en el mundo físico. Estoy convencido de que algún día sabré qué ocurrió en esos mundos con mi pareja para que llegáramos a la ruptura. Mientras recobro la memoria y llego a la totalidad de mí mismo, a la memoria global, contaré en forma novelada lo que viví en aquella época y cómo aquel terrible sufrimiento estuvo a punto de precipitarme en la locura absoluta, aunque para algunos que me conocieron entonces yo no necesitaba aproximarme mucho más a la locura absoluta, al cero absoluto, porque ya estaba en él, ya era un loco con todas las consecuencias.

 

 

Lo que voy a contar nunca lo habría contado de haber seguido viviendo en pareja o de haber tenido algún ser querido con el que hubiera debido contar a la hora de vivir mi propia vida o de contarla, pero como ya he repetido en numerosas ocasiones, ahora estoy solo, lo he perdido todo, ya no me queda nada que perder, y por lo tanto puedo contar mi vida con todas las consecuencias, puedo narrar mi locura sin que me importe un comino lo que piensen o dejen de pensar de mi. Mientras se acerca mi última danza con la muerte narraré lo que fue mi vida, puede que les sirva a algunos que ya están en el camino o que han decidido iniciarlo, porque si lo que  voy a contar me lo  hubieran contado a mí no habría vivido tantos años como el “Loco de León”. Aunque solo sea por la razón de que me lo debo a mí mismo, porque debo reparar el gran error de mi vida –vivir en la mentira y en el disimulo- dedicaré los últimos años de esta vida terrible a contar lo que realmente fui, lo que realmente soy y no lo que algunos quisieron que fuera, querrían que siguiera siendo, como una máscara de carnaval, como un actor de teatro. Soy el que soy y no me avergüenzo de ello y si esta sociedad hipócrita quiere seguir viviendo en la mentira, que lo haga, porque yo siempre creí en la máxima evangélica: LA VERDAD OS HARÁ LIBRES.

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