LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XV

25 04 2016

 

LAS HISTORIAS DE BAUTIXTA XV

ALCOHETE

Bautista y yo hemos dejado de hablar de su experiencia vital al servicio de los enfermos mentales. Las conversaciones mantenidas han sido muchas, largas e instructivas. He conseguido suficiente material para escribir un montón de capítulos sin necesidad de volver a hablar del tema. Nos hemos seguido viendo, estuve con él y su familia en Navidad, me ha llevado varias veces a su “granja” para ver a los animalitos que tanto me gustan, al cerdito Vicente y la cerdita Vicenta y sus cerditos, al gallito peleón y a tantos otros. Es un detalle que siempre agradeceré de corazón. Mi amor por los animales me acompaña desde niño y es una de las razones, una más y no la más importante, por las que no me considero una mala persona. Quien es capaz de amar a un animal, inferior en la jerarquía de la consciencia, mucho más frágil que nosotros y mejor candidato a convertirse en víctima que nosotros, no puede ser mala persona. Es cierto que amar a los animales y no amar a los seres humanos es realmente patológico, pero algo tan poco habitual que me gustaría conocer a una persona que amara a los animales y odiara a las personas, para saber qué demonios le ha ocurrido a su psiquis.

Con motivo de llevar el coche al taller, para poder pasar la ITV, estuve con Bautista un día completo, por la mañana le acompañé al hospital para hablar con una psiquiatra y ver cómo solucionara el problema de un familiar de un enfermo mental que no tomaba la medicación, se comportaba de forma agresiva y le estaba haciendo la vida imposible. Suele ser algo frecuente cuando el enfermo mental no pone de su parte, nada, se deja llevar hasta llegar a un deterioro insostenible para él y para los demás. Cuando llegas a este extremo estás tocando el abismo de la desesperación, solo que en lugar de pensar en el suicidio intentas “suicidar” a los demás. Esto también indica un mal carácter natural en el enfermo. En mi caso soy muy consciente de haber vivido etapas de mi vida en las que realmente, aunque no fuera muy consciente de ello, estaba intentando “suicidar” a los demás. Siempre buscaba la mejor solución para ellos, aunque no lo fuera para mí, buscaba el suicidio pensando que si yo desaparecía de la faz de la tierra mis familiares respirarían aliviados. Sin trompetería planificaba el suicidio, no decía nada y lo llevaba a cabo sin que nadie se enterara hasta que todo hubiera pasado. En algún caso hasta conseguí que el terrible intento de suicidio, una vez fallido, no fuera conocido por nadie. Recuerdo el episodio de la torre de alta tensión. Cuando buscas otra salida, la agresividad, la violencia, el hacer imposible la vida a los demás, estás utilizando la enfermedad mental como disculpa para sacar a relucir los peores instintos de tu naturaleza humana. No es algo frecuente en el enfermo mental, pero sí ocurre a veces, sobre todo cuando abandonas la medicación y no tienes nada más para reemplazarla. Mi sugerencia fue el internamiento forzoso, vía judicial, algo que muchos familiares no saben cómo hacer y no es tan difícil. Basta con poner en conocimiento del Fiscal lo que está ocurriendo y pedirle que intervenga. Una demanda del fiscal en el juzgado correspondiente, el juez acuerda que el médico forense vea al enfermo, se hace una evaluación y se puede acordar su internamiento forzoso, algo que además facilita el encontrar alguna plaza en algún centro. La doctora le dijo a Bautista que no había plazas, estamos en época de recortes y ni siquiera hay dinero para internar a un enfermo violento que puede llegar a extremos trágicos. Los enfermos mentales son un colectivo más que sufre por los recortes, lo mismo que los discapacitados o los disminuidos o todos aquellos enfermos que no pueden valerse por sí mismos. No es que haya una especial animadversión en este sentido hacia el enfermo mental, en esto estamos en el mismo saco con todos los demás.

María-Luisa, su esposa, me preparó unas deliciosas alubias blancas de La Bañeza, muy suaves, pero muy sabrosas. Fui muy consciente del detalle, estas alubias cuestan bastante más que las normales. Aprecio mucho estos detalles, aunque me gusta que ellos acepten los míos, algo que les cuesta. Bautista llegó a decirme que “les humillaba” un poco. No es una humillación que alguien que tiene más dinero que tú te regale cosas que pueden ser ligeramente más valiosas que las tuyas. En este aspecto Bautista es un hombre de su generación. Recuerdo muy bien cómo cada vez que íbamos al pueblo de mis abuelos, los parientes a los que visitábamos nos “embutían” de comida. Yo, que entonces tenía “un buen saque” me comía las pastas, el chorizo, el jamón y todo lo que me pusieran a mano. Luego mi madre me recriminaba la falta de educación. No lo entendía y sigo sin entenderlo. Si alguien te invita es porque quiere hacerlo, porque puede hacerlo y si le parece mal que comas poco, aunque sea su problema, no deja de ser una lección que él debe aprender y no tú. Si comes demasiado y no dejas nada en el plato, si el otro se ofende, también es su problema. No pongas más de lo que te puedes permitir. La educación y la cortesía son una cosa y “fardar”, intentar hacer ver a tus visitantes que tu economía va mejor de lo que va es tu problema y solo tuyo. No me siento ofendido cuando sucede esto, me resulta divertido y entrañable, como si regresara a mis tiempos de niño y adolescente en el pueblo de mis abuelos. Aunque Bautista y yo somos amigos entrañables no estamos de acuerdo en todo, hay formas de pensar que yo no comparto, tampoco sentimos igual ni somos gemelos en ningún sentido. Esto es algo perfectamente normal y debería ser de uso común, aceptado y asimilado, entre parejas, familiares y amigos, dentro del primer círculo, aunque no siempre es así. Hay cosas que me sorprenden en Bautista y que no entiendo, pero que respeto absolutamente y jamás intentaría cambiar. Mi lema de que la mayor muestra de amor hacia otra persona es respetar su libertad sigue vigente y lo ha estado mucho tiempo en mi vida. Con mis seres queridos hacía igual, poniéndoles el ejemplo de Dios, si Dios que nos ama infinitamente y es absolutamente poderoso, nos ha hecho libres, ¿quiénes somos nosotros para ser más dioses que Dios, más papistas que el Papa? Mis seres queridos no lo entendían y hay mucha gente que no lo entiende, mucha. Esto me ha causado problemas y me los seguirá causando. Creo incluso que un sacerdote que me hizo una consulta en el blog sobre su madre, enferma mental, dejó de escribirme también porque le puse este ejemplo. El contra-argumento siempre es el mismo, si no haces nada por cambiar a tu ser querido, si dejas que camine al abismo y se precipite en él, en realidad no le quieres. Bueno, yo también respondo siempre igual, la forma de llegar a un ser querido es a través del cariño, si esto no lo consigue no intentes cambiarle de ninguna otra forma, porque lo que estás haciendo es dominarlo, controlarlo, manipularlo, esclavizarlo, aunque te disculpes pensando que estás en la verdad y que lo haces por su bien. ¡Cuántas desgracias infligimos a los demás con la disculpa de que los queremos! Yo prefiero ver cómo un ser querido se precipita al abismo, después de haberle dado todo el cariño posible, sin descanso, sin desmayo, después de haberle hablado y escuchado, después de haberme arrodillado ante él, que tenerle atado a la pata de la mesa porque de esta forma seguro que no se va a precipitar al abismo. A mí me parece claro, meridiano, no tengo la menor duda, pero hay otros que no piensan así, si son buenas personas acabarán dándose cuenta de que respetar la libertad del ser querido es mejor que controlarle, manipularle y esclavizarle, aunque si eres mala persona utilizarás ese argumento para convertir en bestia a tu hermano. Y estoy pensando en una noticia que vi en el televisor, un enfermo mental encontrado atado en una cochiquera. Nadie niega que el enfermo les pudo estar haciendo la vida imposible a sus familiares, pero llegar a estos extremos solo indica que el familiar es aún peor que el enfermo.

Esta es para mí una de las cualidades más hermosas de Bautista, cuando de joven se preguntó qué les hacíamos a los enfermos mentales para que nos odiaran tanto y decidió cambiar de tácticas, escuchar, dar apoyo, dar cariño, se transformó en un poderoso valedor de los enfermos mentales, en una especie de Quijote en lucha contra los molinos de viento de la ignorancia, la incomprensión y la estigmatización. Y nunca mejor traído este ejemplo porque Bautista es de Campo de Criptana. Cuando sacó al hermano mayor de Ciempozuelos y lo llevó a Alcohete, este superhéroe, que compararía con mi personaje humorístico, el superhéroe Espiritualín, sin faltarle en absoluto al respeto, consideró que no solo debía ayudar a sus primos, los dos hermanos, sino a todos los enfermos mentales, hermanos también, auténticos hermanos.

Lo que me contó al respecto es aleccionador. Hablaba con el resto de pacientes de Alcohete, jugaba con ellos, convivía, y cuando descubrió que aún podía hacer algo más, lo hizo. En estas historias no hablo de personas que no me han dado su permiso para hablar de ellas, pero sí debo mencionarlas, aunque sea de forma anónima, porque forman parte esencial de las historias de Bautista y considero que la libertad de expresión, amparada por nuestra constitución, debe ser aplicada en el terreno de la narración de la propia vida. Si no pudiéramos mencionar a nadie no podríamos contar nuestras vidas porque ellas están llenas de personas. Otra cosa muy diferente es que demos sus nombres y apellidos o describamos circunstancias que puedan identificarlas, eso no, antes hay que pedir permiso, pero no para decir que X apareció en la vida de Bautista y le dio el empujón que necesitaba y desde entonces estuvo a su lado, le apoyó en todo y se convirtió en el otro Quijote, la pareja perfecta para luchar contra los molinos de viento de la ignorancia sobre la enfermedad mental y de los follones y malandrines que maltratan al enfermo mental.

No voy a dar el nombre de esta persona, ni sus circunstancias personales, ni ningún otro dato que pueda identificarla. Por no dar no voy a dar ni su sexo. Puedo decir que conozco a esta persona y admiro su trabajo aunque no estemos de acuerdo en algunas cuestiones, incluso importantes. Tampoco lo estoy con Bautista y somos entrañables. Mi cariño hacia esta persona y mi agradecimiento por su trabajo a favor de los enfermos mentales no es menor, aunque por desgracia creo que nunca podremos llegar a ser amigos entrañables, por una y otra circunstancia, pero eso no me impide hacerle aquí este homenaje, que me gustaría fuera más concreto, más ámplio y más profundo.

Pues bien, esta persona catapultó lo que luego sería el germen de la asociación de familiares de enfermos mentales de Alcohete, el germen de la fundación madre y una importante vanguardia del asociacionismo de familiares de enfermos mentales en España. Bautista, siempre tan cuidadoso, siempre tan discreto, me insistió una y otra vez en que fue esta persona y no él quien dio los primeros pasos y la que más hizo y ayudó. Lo acepto sin más, aunque conociendo a Bautista, por lo menos pienso que hubo un claro “hombro-con-hombro”. Este hombre no soporta que lo ensalcen y si acepta ser conocido es porque no queda otro remedio, no puedes permanecer en el anonimato si te pones al frente del ejército de Quijotes que luchan a favor de los enfermos mentales. Tuvimos una pequeña y divertida discusión, al caer la tarde, tras regresar de su “granja”, cuando me enseñó un artículo que una periodista estaba escribiendo sobre él. Tenía subrayadas muchas cosas que deseaba cambiar y sobre todo el titular que para mí era perfecto, si fuera periodista también lo hubiera puesto, aunque no se ajustara a toda la verdad y nada más que la verdad, porque como Bautista insiste, él hizo lo que hizo, fue uno más y no quiere cavarle el suelo a nadie. En este sentido jamás podría ser un buen político, jajá. Y así me reí de algunas cosas que me decía Bautista. No importa, Bautista, le dije, yo te convertiré en un santo, te subiré a los altares, haré que todos te conozcan y te aprecien, te convertiré en una gloria nacional, en un superhéroe. Por supuesto que era una broma y así se lo tomó él, porque de otra forma sé muy bien que se habría enfadado conmigo.

Con estas historias no pretendo ensalzarle ni convertirme en su hagiógrafo, solo quiero contar lo que él me contó, tantas historias de enfermos anónimos que merecen ser conocidas, aunque eso no me impedirá resaltar la figura de Bautista cuando sea preciso. Lo siento amigo, pero como dijo aquel escritor, no recuerdo ahora quién, si Bernanos u otro escritor católico, si dejamos que los malos nos gobiernen, salgan a la luz, dirijan a la humanidad, nos mereceremos lo que nos pase. Los buenos son los que deben dar un paso al frente, en lugar de permanecer escondidos, creyendo que así salvan su humildad, creyendo que así castigan su supuesto orgullo y soberbia. El mejor entre los luchadores no puede permanecer en retaguardia, escondido, con la disculpa de que si se pone en vanguardia le sacarán las cámaras. Bautista siempre estuvo en vanguardia, pero entonces no había cámaras, ni luchar a favor del enfermo mental era algo que te diera fama y laurel, solo sinsabores, problemas y sufrimiento.

En las historias de Alcohete quiero narrar, en forma paralela, la titánica labor a favor del asociacionismo de los familiares de enfermos mentales y las historias, breves, que me contó de algunos pacientes que el conoció, tales como el “fotógrafo”. Serán historias divertidas, a veces muy divertidas, pero en ellas siempre habrá el respeto hacia el enfermo, el cariño más entrañable y el amor fraternal más profundo. Alguno de estos “personajes” son realmente interesantes, curiosos, profundos, aunque su lado divertido, siendo el narrador el que es, no puede quedar de lado.

Antes de terminar quiero concretar algo que debí hacer al principio. ¿Qué es Alcohete? Se trata de un psiquiátrico de Guadalajara, un centro para un número de enfermos limitado, no como sucedía en Ciempozuelos. Creo recordar que había unos doscientos, según me dijo Bautista, quien me corregirá si me equivoco, porque no me apetece ahora repasar mis notas. Un edificio cedido por un aristócrata y que se convertiría, al menos durante una etapa, en el cielo de los enfermos mentales, lo mismo que podríamos decir, sin ofender, que Ciempozuelos fue el infierno de los enfermos mentales. Algo que, quiere dejar muy claro Bautista, entiende no se debió al personal sino a la escasez de medios. No se puede controlar y cuidar a diez mil enfermos con un personal limitado, con medios limitados, en circunstancias terribles. Eso es cierto y por lo tanto aquí no hablamos del personal de Ciempozuelos, que yo no conocí, ni Bautista me ha hablado para nada, salvo para concretar detalles imprescindibles sobre la estancia allí de su hermano. Nada que objetar al trabajo del personal de Ciempozuelos, quede claro, pero sí todo que objetar a la acumulación de enfermos, a convertir el centro en una auténtica ciudad de locos, mucho que objetar a todas las instituciones que no hicieron lo que estuviera en su mano para mejorar aquello, y desde luego yo no sé qué instituciones fueron ni la parte de culpa que les corresponde, pero no por eso voy a dejar pasar que Ciempozuelos se convirtiera en el psiquiátrico más complejo e infernal de estos pagos.

Continuará.

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