CHARLA SOBRE LA ENFERMEDAD MENTAL

2 05 2016

 

266px-006464_-_campo_de_criptana_7616570738

NOTA PREVIA: Al contestar un correo-consulta de un familiar de un enfermo mental mencioné esta charla y al buscarla en el blog para remitirle el enlace descubrí que no estaba o bien no conseguí encontrarla. Aprovecho para subirla esperando sea de utilidad. Este fue mi primer paso en el camino, la manifestación pública de mi enfermedad mental. Todo fue consecuencia de un cúmulo de casualidades, aunque como ya he dicho otras veces, no creo en ellas, las fuerzas poderosas me indicaron el camino y decidí aceptar el envite. De no haber estado aquella mañana en casa y escuchado una emisora concreta de radio no habría conocido a Bautista, a quien los lectores del blog conocerán por “Las historias de Bautista”. Aún después de escucharle dudé si debería o no dar el paso de reconocerme públicamente como enfermo mental. Confieso que me costó, pero seguí el impulso nacido de  mi interior. Como guerrero impecable hice lo que tenía que hacer. Comentando este paso como un amigo le dije que ignoraba si de no haberlo dado habría evitado el divorcio y sus consecuencias, si bien estaba bastante convencido de que hubiera hecho lo que hubiera hecho en aquel momento mi camino estaba trazado. No me arrepiento ni dejo de arrepentirme. He dado un paso que pocos se atreven a dar y asumo todas las consecuencias. No me avergüenzo de mi condición de enfermo mental ni creo ser una mala persona, soy como soy, lo acepto y sigo adelante como un guerrero impecable, haciendo lo que tengo que hacer, en este caso recuperar un viejo texto que creía perdido, por si puede ayudar a mis hermanos, los enfermos mentales y a sus familiares y seres queridos. Hoy, recién jubilado y presto a buscar una nueva residencia en la montaña, donde viviré solo, no abjuro de los pasos dados en el camino, reconozco que muchos estuvieron equivocados, reconozco que hay en mí un lado oscuro, muy oscuro, pero eso no me impide apreciar lo bueno que hay en mí ni en postularme como un guerrero impecable hasta la muerte. No aconsejo ni sugiero nada a mis hermanos los enfermos mentales, me limito a reconocer públicamente mi condición de enfermo mental, a no avergonzarme de una enfermedad que no he buscado y contra la que he luchado toda mi vida. Espero que este testimonio ayude en algo.

cropped-imagen1

CHARLA SOBRE YOGA MENTAL Y ENFERMEDAD MENTAL QUE TUVO LUGAR EN LA CASA DE CULTURA DE CAMPO DE CRIPTANA, PATROCINADA POR LA ASOCIACIÓN LUZ DE LA MANCHA.

Nota: Esta fue la guía que escribí por si me perdía, con los nervios del primerizo. De hecho estuve a punto de perder el hilo en varias ocasiones y no seguí la guía al pie de la letra, hubo algún corte y algún añadido y la cronología se vino al traste, saltando de acá para allá como un cangurito gentil. Para quienes estuvieron en la charla esta es una versión que les ayudará a recordarla, y quienes no estuvieron se harán una idea de lo que allí se habló.
IMG-20150908-WA0000

PRESENTACIÓN

Me llamo César y llevo residiendo en Alcázar más de dos años, procedente de León. Quiero agradecer a la Asociación Luz de la Mancha su invitación para esta charla. Con ella tan solo pretendo transmitir un mensaje de esperanza para todos los enfermos mentales y sus familiares. La enfermedad puede curarse y cuando no es posible por alguna razón genética o de otro tipo que se nos escapa, el enfermo mental puede alcanzar una calidad de vida muy aceptable, incluso semejante a la que lleva la persona normal.

He decidido dividir esta charla en tres partes: En la primera les contaré mi experiencia como enfermo mental; en la segunda les hablaré del yoga mental y de lo mucho que me ayudó a superar mi enfermedad y por último ustedes podrán hacerme las preguntas que deseen. Las responderé lo mejor que me sea posible.

Para que un enfermo mental pueda curarse, a mi juicio se requieren tres condiciones básicas:

-Un enfermo mental tiene que desear curarse. Aunque esto parece una verdad de Perogrullo, lo cierto es que muchos enfermos no se curan porque en realidad no quieren hacerlo. Son incapaces de enfrentarse a la realidad, a la vida, y se refugian en su enfermedad como en un castillo al que nadie puede acceder y que ellos controlan a su gusto. Debe usar su voluntad de forma inflexible y durante toda la vida para conseguirlo. Desearlo de palabra, con la boquita, no sirve.

-Un enfermo mental necesita el apoyo de su familia, de sus amigos, de su entorno más cercano. Necesita mucho cariño, mucho amor. Todos lo necesitamos, incluso las personas más normales lo necesitan. Sin cariño, sin amor, todo el mundo puede llegar a convertirse en un enfermo mental. Pero para un enfermo mental esto es tan importante como el aire que respira. En uno de mis relatos, un grupo de enfermos mentales permanece a bordo de un buque fantasma, como en la ópera de Wagner, y va recalando en un puerto tras otro. Los normales, los que permanecen en tierra, les reciben muy mal, les llaman locos y se burlan de ellos. Los enfermos no pueden bajar del buque, que parte de inmediato a la busca de otro puerto. Y así durante años y años, durante siglos y siglos, hasta que en un puerto un grupo de niños les reciben encantados, les dan mucho cariño, mucho amor y les invitan a bajar para jugar con ellos. Entonces se rompe el sortilegio, la maldición y los enfermos toman tierra, juegan con los niños y se convierten en personas “normales”.

-Tercera condición: Un enfermo mental necesita una herramienta que le permita controlar las fases agudas de su enfermedad, que le permita atarse con fuerza a un punto de apoyo sólido cuando va a caerse al abismo. Mi herramienta ha sido el yoga mental. También me ayudó mucho expresarme a través de la escritura y del humor. La creatividad es maravillosa, pero sin un mínimo control mental tampoco ella ayuda mucho.

MI EXPERIENCIA COMO ENFERMO MENTAL

yoga-practice-mental-e1363761183122

Ahora permítanme que les hable de mi experiencia como enfermo mental.

¿El enfermo mental nace o se hace? Esta es una típica pregunta que se formula en las entrevistas a los creadores y artistas, a los literatos, pintores, etc

Para el yoga, para el budismo, ambas respuestas son válidas.

Pero esto lo trataré cuando hable del yoga mental.

¿QUÉ ES LA ENFERMEDAD MENTAL?

vista-de-los-molinos-al-atardecer-en-campo-de-criptana-ciudad-real

Les confieso que no tengo ni idea. Tampoco sé muy bien dónde están los límites entre la cordura y la locura, entre la normalidad y la anormalidad.

La normalidad es una raya que alguien traza con tiza en el suelo. A un lado coloca a unas personas a las que llama normales y a otro lado nos sitúa a otras personas a las que él llama “anormales”.

¿Se ajusta esta línea a la realidad? Yo estoy convencido de que no. No encuentro razones válidas para pensar que esa línea es real.

Y sin embargo el enfermo mental existe. Cierto. Pero no necesitamos que nadie trace líneas en el suelo. Como cualquier enfermo físico sabemos muy bien cuándo estamos enfermos y cuándo no. Estamos enfermos cuando pasamos largos periodos de tiempo sin hacer nada (depresión), cuando somos incapaces de salir de casa (fobia social) cuando se apoderan de nosotros ideas obsesivas, compulsivas, delirantes (psicosis, esquizofrenia, paranoia, etc). Sabemos que estamos enfermos cuando creamos mundos irreales porque no podemos convivir con los demás en el mundo real. Sabemos que estamos enfermos cuando nos sentimos incapacitados para llevar una vida normal.

Pero todo el mundo es en realidad un enfermo mental, aunque esa enfermedad no se le haya manifestado. Lo veremos cuando habla del yoga mental.

¿CÓMO DESCUBRÍ QUE ERA UN ENFERMO MENTAL?

Fui un niño de una timidez enfermiza, hipersensible y con una imaginación increíblemente vívida y propensa al delirio. Era un niño triste. Mis periodos de tristeza se alargaban y alargaban. No necesité que nadie me dijera nada, veía que a los demás les pasaban cosas parecidas, pero a nadie con tanta intensidad.

¿Qué me estaba ocurriendo? Cuando a los seis o siete años un día me planté delante del cementerio del pueblo en el que vivía, un pueblecito de montaña, y comencé a pensar en el sentido de la vida, en la razón de por qué estaba vivo y para qué. Cuando me imaginé en una de aquellas tumbas, convertido en un esqueleto sin consciencia, supe, de alguna manera, que yo no era un niño normal. Los niños normales no hacen eso.

00712658

Ahora, después de muchos años, de muchas vivencias, de mucha reflexión, soy consciente de que en realidad yo no era un niño “anormal”, solo tal vez demasiado maduro para su edad. Lo que yo estaba haciendo se lo hace cualquier persona, con mayor o menor intensidad, en algún momento de su vida. La consciencia de que vamos a morir, antes o después, de que somos mortales es una raíz que se hunde en lo más hondo de nuestra consciencia. De ella ha nacido la filosofía existencialista, el teatro del absurdo y tantas manifestaciones de la creatividad humana.

No les voy a contar toda mi vida, porque no tendríamos tiempo y porque ni a ustedes ni a mí nos interesa especialmente. Me limitaré a hablarles un poco de los acontecimientos que me convirtieron en un enfermo mental y de cómo se fue desarrollando mi enfermedad y sobre todo de cómo logré salir de ella.

Antes de hacer la primera comunión el párroco nos dio unas clases de catecismo. Fue mi primer contacto con la religión. Un niño con una imaginación tan viva tenía necesariamente que verse muy afectado por todo aquello. Así fue, hasta llegué a desear que me llevaran a Africa para salvar negritos. Estoy hablando de la década de los sesenta, eran otros tiempos.

-A los diez años nos visitó en la escuela del pueblo un fraile agustino. Según nos dijo estaba buscando vocaciones sacerdotales, era un “pescador de hombres”. Nos habló largo y tendido pero a lo único que puse atención fue a la descripción del colegio. Supermoderno, con numerosos campos de futbol, canchas de baloncesto, de balonmano… Por aquel entonces coleccionaba cromos de futbol, especialmente del Real Madrid, por el que sentía una gran pasión. Eran los tiempos de Amancio, de Gento… Por eso cuando aquel fraile pidió voluntarios, alcé la mano de forma impulsiva y sin saber muy bien lo que hacía.

Aquella simple decisión cambiaría mi vida. Ignoro cómo hubiera sido de no haber levantado la mano, tal vez no me hubiera quedado otro remedio que trabajar como minero del carbón, lo mismo que hacía mi padre, tal vez ahora estaría muerto de silicosis, la enfermedad de los mineros del carbón… La vida es impredecible y cada camino que elegimos en cada encrucijada marca nuestro destino.

Un enfermo mental puede nacer marcado por algún gen defectuoso, pero también su enfermedad puede surgir de experiencias traumáticas, sobrevenidas a partir de la decisión de tomar un camino en una encrucijada y no otro. Para el budismo no hay un mal absoluto y un bien absoluto, no al menos en esta vida. El universo es un perfecto equilibrio entre ying y yang, sin este equilibrio el universo no existiría. ¿Qué es el ying y el yang? Lo femenino y lo masculino, pero también el día y la noche, el orden y el caos, la vida y la muerte… No hay nada que podamos calificar de absolutamente malo o absolutamente bueno, todo depende del uso que le demos.

Es posible que aquella decisión ayudara con el tiempo a manifestarse algún tipo de malformación que llevaba en mis genes. De haber tomado otra tal vez la enfermedad mental no se hubiera manifestado, pero es posible que hubiera ya muerto de silicosis. Mi viva imaginación infantil fue una carga terrible durante toda mi infancia y adolescencia, me hacía representarme las fantasías, la mayoría de ellas negativas y oscuras, con tal viveza e intensidad que tardé más de la cuenta en aceptar que entre la realidad y la imaginación había una gran barrera, que no todo lo que yo imaginaba era real. De haber carecido de aquella vivísima imaginación, tal vez mi enfermedad mental no se hubiera manifestado con tanta intensidad. Es posible, pero sin ella hoy no hubiera escrito todo lo que he escrito, no disfrutaría tanto escribiendo. Sin falsa humildad me considero un escritor muy imaginativo, muy original, capaz de idear las historias más increíbles, incluso delirantes. Puede que no sea un gran escritor pero sí al menos soy un escritor muy imaginativo.

Vuelvo a reiterar, nada es absolutamente bueno o malo, depende el uso que hagamos, de las circunstancias, de las personas… Estuve ocho años interno en aquel colegio religioso. Fueron años duros, me veía obligado a estudiar al máximo de mis posibilidades porque de otra forma no me darían la beca y no podría seguir estudiando. La economía familiar era muy pobre. Me recuerda al gran Tip, de Tip y Col, imagino que la mayoría de ustedes saben de quién hablo. Algo así como los José Mota de aquellos tiempos. Tip colaboraba con Luis del Olmo en un programa de radio en el que leía la biografía de grandes hombres inventados. Curiosamente todos procedían de familias muy pobres. Algo así me ocurrió a mí.

tip_y_coll

A los 18 años sufrí una crisis religiosa. Llevaba dos años estudiando filosofía, teología y otras asignaturas. La lógica que me enseñaron me ayudó a pensar por mí mismo y decidí que no podía creer en el infierno. Si Dios era bueno no podía condenarnos al infierno. Y así una cuestión tras otra. Tras un año de dudas y vacilaciones que me angustiaron y me produjeron un sufrimiento casi infinito, decidí abandonar mi vocación y regresar a lo que los frailes de entonces llamaban el mundo, el demonio y la carne.

Aún no lo sabía pero ya llevaba larvada la terrible depresión que me convertiría en un enfermo mental. De pronto me encontré fuera de mi medio habitual, sin trabajo (en aquellos tiempos también había problemas para encontrar trabajo) sin poder ir a la universidad (mis padres no se lo podían permitir) sin futuro porque ni podía trabajar ni podía estudiar, ni podía salir con chicas porque los curas me habían dicho que eran el demonio, sin amigos, me pasaba los días y las noches leyendo cuando tenía algo que leer y pensando, pensando demasiado. Aquello fue lo que me “mató”, hablando en lenguaje coloquial.

Luego, cuando hablemos del yoga mental, veremos que la mente es nuestro primer y máximo enemigo. Es una cabra loca que tira el monte y siempre se acerca a los precipicios, como si sintiera una atracción imposible de vencer. El ocio y la soledad, unidos a la viva imaginación que poseía hicieron que me representara un futuro negrísimo. Sin trabajo, dependiendo siempre de mis padres, sin poder llegar nunca a casarme porque las mujeres me daban miedo, en absoluta soledad porque no conseguía hacer amigos, y con un terrible sentimiento de baja autoestima porque mis estudios no me servían de nada.

 

581298_1

Una noche de verano intenté suicidarme por primera vez. Desde arriba velaron por mí y no me maté, pero estuve varios meses en un hospital. Cuando salí de allí mis padres pidieron ayuda y me encerraron en un psiquiátrico durante diez días. Al psiquiatra de turno no se le ocurrió otra cosa que recetarme una tanda de electroshock. Para quienes ignoren de qué se trata les diré que te ponen unos electrodos en la cabeza y te dan corriente. Por supuesto que acabas inconsciente y cuando te despiertas no sabes ni quién eres. Al menos eso me ocurrió a mí, al menos la primera vez. Me afectó tanto que cuando desperté no sabía quién era, no recordaba mi nombre, no sabía que estaba haciendo allí. De nuevo mi viva imaginación me representó lo peor. No se me ocurrió otra cosa que pensar que estaba allí porque había matado a alguien, porque era un asesino en serie y me habían “lobotomizado”. Por supuesto que sabía lo que era eso y no se me ocurrió otra explicación para lo que estaba pasando que alguien me había estirpado parte del cerebro. Si algún médico o enfermera hubieran estado a mi lado y me hubieran explicado que era consecuencia del electro, no habría sufrido tanto. Pero entonces, como ahora, como siempre, y en todas partes, hay buenas personas, regulares y malas. Personas bondadosas, espirituales, humanas que se preocupan por el prójimo y otras que son como máquinas, hacen su trabajo y no se preocupan de más.

Sufrí un infierno hasta que comencé a recordar. A los 10 días me tuvieron que llevar a otro psiquiátrico, en una ciudad distinta, que era gratuito, pero bastante peor. Eran los tiempos en que a los enfermos mentales nos trataban como a bestias. El menos a mí me tocó vivir esa última etapa, antes de que se iniciara la antipsiquiatría y a los enfermos mentales nos permitieran vivir en casa, con medicación y atención regular, pero en casa. Tampoco la medicación estaba tan avanzada como ahora.

palencia3

Fue para mí una experiencia terrible. El psiquiatra, muy joven, yo diría que recién salido de la universidad, se empeñó en diagnosticarme algún tipo de enfermedad mental. No podía comprender que tal vez mi estado se debiera a la crisis religiosa, el trauma de cambiar un ambiente religioso casi monástico por la vida en el mundo. Que tal vez mi depresión se debiera a falta de cariño y a no poder ver un futuro para mí. Al cabo de un mes yo pedí el alta, no me la dieron porque yo aún era menor de edad (en aquellos tiempos no se era mayor de edad hasta los veintiún años). Entonces cometí un error, propio de mis pocos años. Cuando mis padres vinieron a verme monté una escena terrible y salí corriendo por el patio, quería escaparme de allí. Por desgracia sufría de asma, tal vez una enfermedad psicosomática. La carrera me agotó y no podía respirar. Me doblé sobre mi mismo intentando respirar con la boca muy abierta. Entonces llegaron los celadores y me dieron una terrible paliza. Caí al suelo, no podía respirar, y ellos me pateaban con saña.

Nunca olvidaré aquella escena. Lo peor que se le puede hacer a un enfermo mental, lo mismo que a un niño, es privarle de cariño. Si además te maltratan, te tratan peor que a una bestia, entonces las posibilidades de que el enfermo mental se recupere son muy escasas. Desde arriba debieron vigilarme porque creo que mi caso es muy excepcional.

Me arrastraron por el patio y me llevaron a un sótano, donde me encadenaron. Sí, no estoy hablando de correas de cuero, estoy hablando de cadenas. La humillación que sentí fue tan infinita que les hubiera matado, de haber podido. Como estaba encadenado me limité a declararme en huelga de hambre. Deseaba morir. La vida no merecía la pena si en ella había personas como aquellas. Pero no me dejaron morir. Cada día venían con un extraño aparato y un embudo. Me abrían la boca a la fuerza, me ponían algo para que no pudiera cerrarla y me echaban la comida por el embudo. Fue un infierno. Quise morir, pero no fui escuchado.

Entonces decidí ganar con astucia lo que no podía conseguir con dignidad. Pedí perdón, me hice el bueno, me porté como un ángel, y por fin me dieron el alta. Trabajé en lo que pude, preparé unas oposiciones y conseguí un destino en Madrid. Allí viví una temporada en el infierno como diría el Rimbaud, el gran poeta francés. Sobre aquella etapa estoy escribiendo una novela que tal vez no publique nunca o que tal vez deje instrucciones para que se publique póstumamente, si a alguien le interesa. No voy a contarles demasiados detalles sobre aquel infierno.

 

83658

Intenté suicidarme más veces y estuve en varias ocasiones internado en psiquiátricos y en clínicas. Hasta que tras un intento muy serio y terrible de suicidio me encerraron en un psiquiátrico donde estaría más de dos años. El psiquiatra me dio por desahuciado y me dijo que me pasaría el resto de mi vida allí, en aquel infierno. Años más tarde, viviendo con mi madre, ya viuda, descubriría una carta que aquel psiquiatra les dirigió a mis padres. En ella les decía que yo era un psicótico maniaco depresivo y que no existía cura para mi enfermedad, que lo mejor que podían hacer era llevarme al monte y dejarme allí, viviendo con las cabras. A aquel psiquiatra yo le había contado que la montaña era lo único que me calmaba, adoraba la montaña.

Nadie daba un ardite por mí. Ni el psiquiatra, ni mis padres, ni en el trabajo (estuvieron a punto de incapacitarme). Yo era un loco y punto. Esta palabra sería la musiquilla que me acompañaría durante muchos años más. En aquellos tiempos la enfermedad mental no se conocía como ahora y los enfermos mentales éramos simplemente locos para la mayoría.

Mi vida estaba acabada antes de empezar. Pero desde lo alto me dieron una oportunidad. Por entonces cayó en mis manos un libro sobre budismo. Se titulaba “Fundamentos de la mística tibetana” del lama Anagorika Govinda y me interesó tanto que decidí leer todo lo que cayera en mis manos sobre yoga, budismo, zen y cualquier otra filosofía oriental u occidental que me enseñara el control de la mente.

Pasé años, décadas, tomando medicación, creo que probé todas las medicaciones que fueron saliendo al mercado. Probaron conmigo casi todas las terapias posibles. Creo que la única que no me hizo daño fue la psicoterapia. No sirvieron de nada.

Yo continuaba estudiando y practicando yoga mental. Sin dejar la medicación y sin dejar de acudir puntualmente al psiquiatra de turno, todos los días hacía relajación, experimentaba otras técnicas y con el tiempo aprendí a meditar.

benito-menni-1521401091

Mi último internamiento fue en Valladolid en una clínica privada, donde una psiquiatra me hizo numerosos test, me entrevistó largo y tendido y acabó por diagnosticarme que yo no tenía enfermedad mental alguna, sencillamente las duras circunstancias que viví me hicieron caer en una fuerte depresión. Claro que era un enfermo mental porque era un depresivo, pero no sufría ninguna patología crónica que me impidiera vivir con normalidad.

Y entonces se dieron las condiciones para que yo superara mi enfermedad. Tenía voluntad de conseguirlo. Sin esa voluntad no me hubiera pasado años y años practicando yoga mental de forma continua. Tenía apoyo de mi familia, porque desde lo alto me habían concedido un maravilloso don, encontré a C., que hoy es mi mujer ella y mis hijos, D y S, me dieron todo el cariño que necesitaba. No había nadie más, pero fue más que suficiente. Una sola persona que nos ame, que nos dé suficiente cariño, es suficiente para que un enfermo mental pueda salir adelante. Les recuerdo el buque fantasma, el relato que les comenté al principio de esta charla.

C. luchó a brazo tendido por convencerme de que yo no sufría una patología mental incapacitante. Le costó Dios y ayuda convencerme, pero lo consiguió. Y con la ayuda del yoga mental fui logrando superarlo todo. No fue sencillo y hubo momentos terribles en los que estuve a punto de perderlo todo, a mi mujer, a mis hijos, mi trabajo, la vida. Pero un día me impuse y me negué a seguir tomando más Prozac, la última medicación experimental que me habían recetado. No es que estuviera descontento con ella, me hacía sentirme como supermán… y eso era el problema, porque cualquier día hubiera abierto la ventana y me hubiera tirado, dispuesto a volar como el famoso héroe. Rompí drásticamente con todo y apoyándome tan solo en mi familia y en el yoga mental, lo superé.

Bueno… en realidad nunca se supera. Esto es como el alcoholismo, puedes llevar años, décadas, sin beber, pero un día pruebas el alcohol y regresas al abismo de donde saliste. Algo así estuvo a punto de pasarme. Por desgracia sufrí un duro acoso en el trabajo, un mobbing, que hizo aflorar de nuevo la enfermedad, solo que esta vez resurgió en forma de fobia social. Hubo momentos en los que solo un terrible esfuerzo de voluntad, me permitía salir de casa e ir al trabajo. Mi mujer me buscó un terapeuta alternativo y durante dos años trabajó conmigo. A través de la hipnosis regresiva y de una especie de psicoanálisis poco convencional, logró que poco a poco, muy poco a poco, fuera superando la fobia. La prueba de que la he superado, al menos de momento, como en el caso del alcoholismo, la tienen ustedes hoy aquí. Estoy delante de ustedes, estoy hablando en público, y no he salido corriendo, al menos aún no…

posturadelotopadmc481sanameditacic3b3nyoga

YOGA MENTAL

Y ahora les hablaré un poco de yoga mental y haremos un suave y básico ejercicio de relajación, de unos diez minutos.

¿Qué es el yoga mental?

Digamos que el yoga es una de las ramas del budismo, uno de los numerosos caminos hacia el conocimiento, la liberación, el nirvana o shamadi. Es un poderoso instrumento para controlar la mente. También existe el yoga físico, pero es un camino más complicado, nosotros nos centraremos en el yoga mental.

Les voy a dar unas nociones básicas. Para el budismo el cuerpo físico no es lo único que existe, existen otros cuerpos energéticos, somos seres de luz o espíritus o almas o como ustedes quieran llamarlo. Aparte de nuestro cuerpo físico, con sus órganos y sus sistemas, respiratorio, circulatorio… existen otros órganos y sistemas invisibles, son los nadis, o canales energéticos, que se puede decir que van en paralelo con nuestro sistema circulatorio y los chakras u órganos energéticos, una especie de centralitas energéticas cuyo buen funcionamiento es imprescindible para que tengamos una buena salud física y mental.

La meta final del yoga mental es la liberación, superar la ceguera que nos produce el velo de Maya y alcanzar la liberación última, regresar al Todo, a la Divinidad, pero no como una parte inconsciente, como un átomo material, no como polvo que regresa al polvo, sino como una parte de la divinidad que se ha hecho consciente de ello.

Es un largo, largo camino, y muy duro, son muy pocos los que lo consiguen en una vida, los demás tenemos que reencarnarnos una y otra vez hasta aprender todas las lecciones y conseguir la liberación. Como dice mi personaje Milarepa, un joven monje budista, la vida no es otra cosa que una escuela espiritual en la que tenemos que aprender las lecciones marcadas para ese curso, si no lo hacemos, repetimos curso, y si lo hacemos, ascendemos otro curso y otro más. Es curioso. Cuando creé el personaje para que me sirviera como vehículo para algunos relatos y textos sobre budismo, ignoraba por completo que Milarepa hubiera existido. Su nombre me llegó de forma espontánea, cuando pensaba en un nombre para el personaje. Solo años más tarde se me ocurrió buscar en Google… y me llevé una formidable sorpresa. Milarepa existió realmente, fue el primer santo tibetano, un gurú, un maestro, que alcanzó la iluminación tras pasar por algunas vidas terribles. Desde entonces tengo la fuerte sensación de que mi personaje es mucho más que eso, de que el mismo Milarepa me inspiró.

Quien quiera alcanzar la iluminación puede utilizar el yoga mental para ello, pero nosotros, más humildes, nos limitaremos a utilizarlo como una poderosa herramienta para superar nuestra enfermedad mental. El control de la mente es fundamental para todo el mundo, pero para un enfermo mental es tan imprescindible como respirar.

El yoga no es una religión o un sistema dogmático de creencias, se basa fundamentalmente en la experimentación. No nos pide que creamos lo que no vemos, nos sugiere que experimentemos por nosotros mismos y luego decidamos.

Las técnicas mentales que yo he utilizado son básicamente cuatro: La relajación, la concentración, la visualización y sobre todo la meditación. El pranayama o control de la respiración es muy, muy importante, pero requiere el asesoramiento de un maestro, de otra forma sería peligroso. Yo me he limitado a utilizar las técnicas más básicas del pranayama. Con ellas es más que suficiente para recorrer el camino que a nosotros nos interesa.

Y ahora les sugiero realizar una simple y básica relajación de 10 minutos. Los que no quieran hacerla pueden permanecer tranquilamente sentados, con los ojos abiertos, eso sí, procuren no moverse mucho y no hacer mucho ruido. Los que quieran hacerla pueden seguirme, escuchando el sonido de mi voz y dejándose llevar.

RELAJACIÓN BÁSICA

La postura ideal es la postura del loto, que ustedes habrán visto en las películas, esa en la que el gurú está sentado en el suelo, dobla las piernas y las coloca sobre los muslos, la espalda rígida y las manos sobre los muslos. Como aquí no se puede hacer y además resulta muy complicada para los occidentales, vamos a adoptar la postura más sencilla, sentados, la espalda rígida, que la columna vertebral no esté torcida, separamos ligeramente las piernas, a la altura de las caderas, ponemos las manos sobre los muslos, boca abajo o boca arriba, como nos resulte más cómodo. También se puede adoptar la postura de sentados en el suelo, boca arriba, sobre una superficie que aísle nuestro cuerpo del suelo, una manta doblada o una esterilla de yoga. Esa puede ser la postura ideal para relajarnos en nuestras casas.

Vamos a relajarnos con los ojos abiertos y cuando nos sintamos a gusto, sin forzar, dejaremos que se cierren. Para comenzar nos centraremos en la respiración. Vamos a inhalar por la nariz y expulsaremos el aire por la nariz o por la boca, como nos resulte más cómodo. Centrarse en la respiración es la forma más fácil y sencilla de relajarse. Solo tenemos que dejar que la respiración se normalice y centrarnos en su ritmo, nada más.

Para ayudarnos utilizaremos la técnica de la visualización. Vamos a imaginarnos que en el centro de nuestra cabeza, en la glándula pineal, hay una especie de gnomito brillante. Es como un enanito diminuto pero muy brillante. Vamos a imaginar que baja hasta nuestros pies.

Comenzamos en la planta del pie izquierdo. El gnomo brillante, luz blanca, recorre la planta del pie. Cuando encuentra un dolor o una molestia se detiene para desbloquear el nadi o canal energético. Solo un instante. Vamos a realizar una relajación rápida.

Subimos al tobillo, pantorrilla, rodilla, muslo. Bajamos a la planta derecha y repetimos el proceso. Nos hacemos conscientes de los bloqueos de energía. Es sencillo, donde percibimos una molestia, un ligero dolor, algo insólito, allí habrá un bloqueo.

Ahora vamos a llegar al bajo vientre y nos vamos a centrar en el perineo, la zona que existe entre nuestros órganos sexuales y el ano. Ahí está el chakra raíz, el que nos une y vincula a la tierra, a la realidad material. El chakra es como una estación eléctrica, la energía se mueve en espiral. Dejamos que el gnomo se introduzca en el chakra y lo alimente de energía, que equilibre la energía que allí se está moviendo.

Ahora vamos a seguir subiendo, órganos sexuales, intestino, riñones (importantes porque allí están las glándulas adrenales que controlan nuestra agresividad), hígado, bazo, páncreas, estómago.

Ahora nos vamos a detener un poco en el plexo solar, en la zona del ombligo. Estamos en el chakra del plexo solar, que controla la voluntad. Es por eso que cuando tenemos que hacer algo que nos cueste, presentarnos a un examen, una entrevista de trabajo, una cita con alguien, solemos sentir molestias en esa zona, como un vacío, como una cerrazón, ganas de vomitar. Estamos utilizando mucho esa energía y no la reponemos. De ahí el vacío.

Vamos a seguir subiendo. Diafragma, la membrana que separa el estómago de los pulmones y que es tan importante en la respiración. Subimos hacia el lado izquierdo y nos detenemos en el corazón. El chakra corazón controla nuestras emociones y sentimientos. La sabiduría popular no anda muy descaminada cuando habla de personas de buen corazón. Significa que este chakra les funciona muy bien y sus sentimientos son generosos y equilibrados.

Hacemos un recorrido por los pulmones. Muy importantes porque a través de la respiración no solo surtimos al organismo de oxígeno, sino que también surtimos a los nadis y chakra de energía, el prana.

Subimos hacia la garganta y nos detenemos. Aquí hay otro chakra, coincidiendo con la glándula tiroides, la que controla el crecimiento y el metabolismo. Bajamos por el brazo izquierdo hasta los dedos, luego subimos, muñeca, brazo, antebrazo, hombros. En esta zona se suelen notar mucho los estados nerviosos y de estrés. En mi adolescencia sufrí un tic muy especial, los hombros subían y bajaban, y eso durante días. En la enfermería del colegio pensaron que era un problema nervioso y me dieron un aneurol. Es una zona muy sensible.

Ahora nos detenemos en el rostro, siempre muy tenso porque intentamos disimular constantemente nuestras emociones. Mentón, casi siempre tenso. Boca. Cuidado con apretar los dientes, lengua, paladar. Nariz, entramos por los orificios y nos detenemos un instante en la glándula pituitaria. Orejas, recorremos los canales auditivos. Ojos, párpados, frente. Sentimos la energía en nuestro cuero cabelludo.

Ahora nos centramos en el centro de la cabeza, la glándula hipófisis. Aquí está un chakra muy importante, el chakra corona, que transmuta las energías materiales, haciendo que suban de vibración para que puedan armonizar con las energías espirituales, de muy alta vibración, y al revés, nuestro espíritu se pone en contacto con nuestro cuerpo a través de este chakra, haciendo que la vibración suba o baje para que el espíritu y el cuerpo se puedan entender.

Y aquí nos vamos a quedar. Esta es la puerta a la dimensión espiritual. En la meditación la atravesaremos y recorreremos los mundos espirituales. Por hoy ya es suficiente.

Ahora vamos a despertarnos sin prisa. Movemos los dedos de los pies, ligeramente. Movemos los dedos de las manos. Sentimos que dejamos el estado de quietud y regresamos a la actividad. Nos hacemos conscientes de que estamos regresando a la realidad cotidiana. Poco a poco, sin prisas vamos abriendo los ojos. Movemos los pies, las piernas, las manos, y recuperamos la energía del cuerpo. Estamos de nuevo aquí.

Como ven, no es muy complicado. Con veinte minutos diarios de relajación un enfermo mental puede mejorar rápidamente al cabo de algunos meses. Pero es importantísimo practicarla todos los días, sin fallar. Con el tiempo conseguiremos relajarnos en cualquier lugar y situación, incluso de pie, podríamos hasta dormirnos de pie. Con ayuda de otras técnicas y sobre todo de la meditación, al cabo de unos años, la enfermedad mental podría ir remitiendo poco a poco. Yo tardé décadas, más de veinte años, en conseguir dejar la medicación y las terapias psiquiátricas. Algunos tardarán más, otros menos, habrá quien nunca pueda dejar la medicación y la terapia psiquiátrica, pero todos, todos acabarán mejorando y llegarán a poder llevar una vida con una calidad cercana a la de las personas normales, o incluso superior, porque la calidad de vida de las personas que se dicen normales deja mucho que desear.

Y ahora pueden hacerme cuantas preguntas deseen, trataré de responderlas lo mejor que pueda. Gracias.

Tras algunas preguntas y respuestas se dio por finalizada la charla. Ya hay quien se ha apuntado al cursillo de yoga mental. Aún están a tiempo de hacerlo los que aún no lo hayan hecho.

Que la paz profunda esté con todos vosotros.

Saludo budista con las manos unidas sobre el pecho, a la altura del corazón.

dalai-lama

Este saludo tiene una gran profundidad espiritual. Desde el chakra corazón, con las manos unidas, en una muestra de profundo respeto, se saluda al otro porque en él está la chispa divina, es decir el alma o atmán. Somos almas, espíritus, seres de luz, Dios está en nosotros, por eso saludamos con profundo respeto al otro, sea quien sea y haya hecho lo que haya hecho, porque en su interior sigue presente la chispa divina. No rechazamos el mismo saludo, por una falsa e hipócrita humildad, porque en nuestro interior también está la chispa divina y por lo tanto somos acreedores a ese saludo respetuoso.

 

 

 

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: