CÓMO AFRONTAR LOS ERRORES

7 05 2016

TÉCNICAS ROSACRUCES PARA EL VIVIR COTIDIANO III

 

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CÓMO AFRONTAR LOS ERRORES

En el folleto que tengo ante mí una maestra desarrolla el tema de “Cómo corregir los errores”, aunque yo lo he cambiado por “afrontar” porque considero que la palabra “corregir” tiende a expresar algo con lo que yo no estoy muy de acuerdo, que es la obsesión nefasta por cambiar el pasado a cualquier precio. La palabra afrontar expresa mejor mi concepto, dar cara a nuestros errores, mirarnos con los ojos bien abiertos en el espejo y aceptarnos como somos.

La maestra comienza diciendo que todos nuestros sistemas, instituciones y creencias aprendidas pretenden enseñarnos que “errar es malo”. De ahí a concluir que hay algo correcto, una respuesta verdadera, una sola conducta buena, solo hay un paso, como dice ella. Estoy de acuerdo en que pensar de esa manera es muy dogmático y el dogmatismo siempre es malo porque no se adapta a la vida, a la existencia, que es fluida, flexible, al río de la vida, al TAO. El concepto de error se parece mucho a un examen en la escuela, se supone que si te suspenden es porque has errado las respuestas y eso indica necesariamente que el maestro tiene todas las respuestas correctas. En un sistema como ese los errores siempre tienen graves consecuencias, suponen un fracaso y la única manera de enmendarlo es “corregir los errores”.

Aprender es algo esencial en la vida, puesto que en muchas ocasiones está en juego nuestra propia supervivencia. Como dice la maestra en el folleto, un niño aprende a no tocar la estufa o el fuego, porque se quema y aprender que el fuego quema  es esencial para su supervivencia. En la vida necesitamos aprender muchas cosas que serán básicas a la hora de sobrevivir, pero eso no significa que no podamos ni debamos cometer errores. Hay muy pocos errores que resulten fatales. Si nos tiramos desde una gran altura para aprender la ley de la gravedad, las consecuencias pueden ser nefastas y no tendremos otra oportunidad. Pero estos casos son muy poco habituales, lo normal es que si te equivocas las consecuencias no sean fatales y puedas seguir viviendo y aprendiendo.

El error es un paso hacia delante en el camino que lleva a la meta, o dicho de otra manera, el error nos enseña y el conocimiento nos hace evolucionar en todo sentido. La redactora del folleto cita a Ciro “El hombre sabio corrige sus propios errores, observando los errores de los demás”. Desde luego que esto sería lo ideal, aprender las lecciones sin mojarnos la tripa, dejando que los demás sufran las consecuencias de sus errores mientras nosotros aprendemos con solo mirar. Sin embargo la naturaleza humana no funciona así, nuestra psicología requiere el aprendizaje personal. Un niño puede ver cómo un adulto se quema con el fuego, pero hasta que no se queme él no aprenderá realmente que no se debe tocar el fuego.

La maestra cita también a Petrarca: Los grandes errores muy raramente se originan, a no ser en las grandes mentes”. Solo quienes tienen grandes objetivos en la vida pueden sufrir graves decepciones, solo quienes se arriesgan para alcanzar maravillosa metas pueden tener graves tropiezos. El común de los mortales nos limitamos a plantearnos objetivos muy limitados, muy mediocres, en los cuales el fracaso no puede ser nunca algo terrible. Solo las grandes mentes, solo los grandes hombres, solo quienes quieren subir mucho en la escalera de la evolución pueden caer desde grandes alturas.  Quien solo sube el peldaño no se dará un gran golpe si cae, pero estará muy por debajo de quien ha subido cien, arriesgándose a partirse la crisma si se cae.

Lo peor que podemos hacer frente a los errores es negarlos, fugarnos de la realidad, engañarnos, sugestionarnos con que toda la culpa la tienen siempre los demás. Buscar chivos expiatorios que nos permitan seguir creyéndonos los más guapos, los más perfectos. En este sentido las raíces de nuestra incapacidad para afrontar nuestros propios errores se basa en la gran importancia personal que nos damos. Somos tan guapos, tan perfectos, tan…tan…tan… que no podemos permitir que nadie nos vea por el suelo, enseñando nuestras vergüenzas, mostrando a todo el mundo que en realidad somos lo que somos, poquita cosa. ¡Oh qué vergüenza si alguien nos ve así, si alguien sabe, si alguien supone, si alguien…! La importancia personal es uno de los defectos más terribles contra los que debe luchar un guerrero impecable. Como le dice don Juan a Castaneda, hasta que un guerrero no deja de darse importancia personal no se hace realmente guerrero. La importancia personal nos encierra en nuestras cárceles de papel, nos impide movernos, pensar por nosotros mismos, sentir lo que realmente queremos sentir. Nuestra incapacidad para asumir que somos una partícula infinintesimal en un universo infinito nos impide aceptar nuestros errores, aprender de ellos, seguir adelante y alcanzar nuestros objetivos. Nos quedamos dándole vueltas a qué pensarán los que nos han visto hacer esto o aquello, a los que nos han visto por los suelos enseñando nuestras vergüenzas, y eso nos paraliza, nos encierra en la cárcel de papel, nos impide aprender, nos impide aceptarnos como somos y nuestras vidas se convierten en un rosario de penitencias absurdas, practicadas en la intimidad, para que nadie nos vea, y de esta forma nuestro subconsciente reacciona frente a órdenes contradictorias y acaba haciendo que mostremos a los demás esas penitencias que intentamos ocultar.

Así caemos en manías obsesivo-compulsivas que nos parecen idiotas, que parecen ridículas a los demás y a las que nadie encuentra sentido ni razón. Lo que estamos haciendo, sencillamente, es mostrar en público las penitencias que hacemos en privado por nuestros errores, no podemos huir siempre, negar nuestra verdadero rostro en el espejo. No le demos muchas vueltas, si la enfermedad mental es básicamente una fuga de la realidad, ésta comienza cuando negamos nuestros errores. La incapacidad para asumirlos y aprender de ellos crea toda clase de conflictos psicológicos en las personas “normales”, en el caso de los enfermos mentales se trata de las arenas movedizas en las que nos hundimos más cada vez que intentamos salir de allí.

En el folleto se proponen los siguientes pasos para “corregir” el error. Más bien se trata de cómo aprender del error y no volver a cometerlo.

-Uno se pregunta: ¿Qué pasó? ¿Qué hice yo? ¿Qué hicieron ellos?

-¿Qué es realmente lo que quiero que suceda? No lo que pretendo hacer creer a los demás o a mí mismo, sino lo que realmente quiero en el fondo.

-¿Qué he aprendido de esta experiencia? ¿QUÉ PUEDO HACER DE DIFERENTE MANERA CON ESTA EXPERIENCIA PARA LOGRAR LO QUE DESEO? ¿Qué puedo hacer en este momento que me ayude en experiencias futuras?

-Utilizamos la visualización como el arte de la creación mental para lograr que ocurra lo que estamos buscando.

Admitir nuestros errores es una actitud indispensable para evolucionar. Admitir es considerar que cada experiencia y cada suceso son un potencial para seguir en el camino y alcanzar las experiencias positivas que estamos buscando. Todos los pasos, hasta las torceduras de tobillo, son partes del ciclo de la vida, del camino. No hay una respuesta correcta, todo es parte de un proceso, incluso las piezas defectuosas. No debemos permitir que lo que hacemos nos controle, ni que las esperanzas o los temores ajenos se conviertan en dogmas que nosotros debemos seguir en nuestro camino personal.  Todo lo que nos suceda es una oportunidad, no se trata de un perro rabioso que intenta mordernos el culo. Reconocer todo esto es saber que el ciclo de la vida es vibratorio y tiene sus altos y sus bajos, siempre buscando el equilibrio y la armonía.  Si utilizamos los errores como anclas para no movernos del sitio, nos ahogaremos.

Como siempre el folleto termina con algunos puntos de reflexión que son imprescindibles para alcanzar el objetivo propuesto.

-Un error es una equivocación necesaria para el proceso de aprendizaje. Tiene que diferenciarse de una intención voluntaria de anular el aprendizaje. El reconocimiento es la base para corregir los errores. El dominio de sí mismo es la base para superar la frustración.

-Un error puede provocar el ridículo, la censura o el castigo, con los consiguientes dolores emocionales y físicos. Las reglas sociales son relativas y temporales. El autodominio se deriva del discernimiento de la verdad acerca del Ser y del deseo de elevarse sobre lo relativo y temporal.

-La gravedad del error aumenta en proporción a nuestro sentido de la importancia propia. La Consciencia Cósmica se experimenta al transformar la vanidad en expresión de la personalidad propia.

-El privilegio de estar en lo correcto se gana a través del valor de estar equivocado.

-La perfección es un atributo del Cómico; todo lo demás es aproximado a la perfección. La habilidad práctica es el arte adquirido al refinar lo aproximado para aumentar la armonía con lo perfecto.

-Reconocer un error depende de percibir la diferencia que existe entre lo que es falso y lo que es verdadero acerca de la existencia. Corregir un error depende de estar dispuesto a que se manifiesto lo verdadero.

Reconocer que todo lo que se experimenta ahora, tanto agradable como desagradable, puede no ser reconocido sino hasta más tarde como un apoyo para que se alcance la meta en la vida.

Rosacruz_simbolo_AMORC

“Que la Divina Esencia del Cósmico se infunda en mi ser y me limpie de todas las impurezas de mente y cuerpo, para poder entrar en el Sanctum Celestial y entonarme con la debida dignidad y pureza. Que así sea.

 

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