ERRORES DE CONDUCTA RESPECTO AL ENFERMO MENTAL II

20 05 2016

camisa de fuerza

 

ERRORES DE CONDUCTA DEL ENFERMO MENTAL FRENTE A LOS DEMÁS Y DE LOS DEMÁS FRENTE AL ENFERMO MENTAL

Ya hemos visto en el capítulo anterior los errores más graves por ambas partes. Hoy veremos todo aquello que no puede soportar el enfermo de los demás, ni los demás del enfermo, digamos que son líneas rojas que nunca deben atravesarse. Utilizaré el formato del toma y daca, lo que unos no pueden soportar y lo que los otros tampoco. Con ello intento que ambas partes conozcan qué conductas nunca deben poner en práctica o atravesarán la línea roja, con las consecuencias lógicas.

LO QUE UN ENFERMO MENTAL NO SOPORTA DE LOS DEMÁS

-Que le consideren una mala persona, un canalla, un malnacido, un cabrón. Quien les trata como si lo fuera ha cruzado la línea roja y las consecuencias pueden ser imprevisibles. Él sabe muy bien que si fuera una mala persona haría sistemáticamente lo que hacen las malas personas, no decir que lo son y actuar disimuladamente, para que no les pillen. Todos sabemos cómo son las malas personas: Se aprovechan de ti, te instrumentalizan, son manipuladores, son mentirosos, buscan su propio interés aún a costa de convertir tu vida en un infierno. Las malas personas no sienten empatía, no son capaces de sufrir viendo sufrir a los demás, no sufren con ellos, no sienten compasión, son agresivos, violentos, pueden llegar a matar si saben que no van a ser descubiertos, pueden llegar a ser asesinos, violadores, pueden ser corruptos y quitar el pan de la boca a unos niños sin sentir el menor remordimiento. Una mala persona lo es siempre, mientras no se convierta a la bondad y cambie su vida, no es una mala persona quien tiene un calentón, pierde el control, e insulta o se comporta de forma agresiva, o te hace “la puñeta”, se venga de lo que alguien le ha hecho o cree que lo ha hecho. Todas las personas, normales, pierden alguna vez los estribos o hacen alguna cosa de la que después se arrepienten. Especialmente no lo son si luego se arrepienten, se enmiendan, piden perdón y tratan de paliar los daños en lo posible. Mala persona es aquella que adopta una línea de conducta y nunca la cambia, salvo por miedo o por disimulo. Carece de ética, de moralidad, de sensibilidad humana, de sentimientos bondadosos hacia el prójimo. Todos las conocemos y podemos señalarlas, desde las más malas entre las malas, los auténticos demonios, a las “cabronas” de las que es mejor alejarse. Desde los asesinos, violadores, delincuentes de “alta gama”, timadores sin escrúpulos, estafadores, corruptos, pedófilos, maltratadores, asesinos y maltratadores de mujeres, especuladores sin la menor ética que pueden dejar en la calle a trabajadores, sin pan a familias, que pueden hundir un Estado en su propio beneficio.

asesino en serie

Un enfermo mental no soporta que le confundan con esas personas, por lo tanto quien lo hace cruza una línea roja y el enfermo mental se considera liberado de ser “amable” con ellos. Se otorga permiso para ser manipulador, mentiroso, para disimular, para “vengarse” sutilmente, incluso para insultar, incluso para ser agresivo, incluso puede llegar a la violencia si las circunstancias son realmente terribles.

La mejor respuesta de un enfermo a este error de conducta es la de ser paciente, amable, la de explicar con sinceridad y sin avergonzarse lo que le está pasando y por qué actúa como actúa. Si sus explicaciones no son aceptadas, si sus disculpas no son admitidas, si sus esfuerzos no son reconocidos, un enfermo mental tratará de alejarse de esas personas todo lo que le sea posible, incluso romperá “para siempre” y este para siempre no es ninguna broma. Si no lo hace es porque no tiene independencia económica, porque no soporta la soledad y prefiere  intentar vivir con personas que le consideran un canalla que vivir solo y arriesgarse a un grave deterioro que le puede llevar a un intento de suicidio. Si un enfermo mental sigue conviviendo con personas que le consideran un canalla y que no se retractan y que sus palabras y su conducta lo expresan cada día, será solo por las razones que hemos visto antes, porque no se siente capaz de tomar la decisión de alejarse de ellas. Los enfermos mentales no somos tontos, quien así lo crea está cometiendo un error que veremos más adelante. Nada más lógico que, entre dos males, elegir el menor.

bula papal

LO QUE LOS DEMÁS NO SOPORTAN DEL ENFERMO MENTAL

-Que se otorgue bula papal para determinadas conductas que sabe muy bien  que no se le permitirían a nadie que no fuera un enfermo. Que no solo no pida perdón por ello sino que insista y pretenda salirse siempre con la suya. Que no acepte la responsabilidad de paliar el daño producido en lo posible.

Los demás están muy hartos de aguantar que un enfermo mental les insulte porque está enfermo o está en crisis, y luego no actúe como suelen actuar “los normales” en estos casos, o bien con la ruptura o bien con las disculpas y la enmienda. Que eleve el tono de voz, que monte en santas cóleras cada vez que no está de acuerdo con algo. Que asuma conductas hirientes, que chantajee o manipule a sus seres queridos con que se va a suicidar, que no les hable, que no coma, que se encame y permanezca en el lecho días y días. Que se niegue a tomar la medicación cuando sabe que está mal, en plena crisis. Que se niegue a ir al terapeuta porque eso le causa sufrimiento.

La mejor respuesta en estos casos es siempre el cariño y escuchar y dar todo el apoyo posible. Y si no se puede o no se acepta que el otro es un enfermo, si se le considera una mala persona, un canalla, lo mejor, por mucho que duela a todos, es alejarse del enfermo. Los enfermos lo preferimos, preferimos quedarnos solos, sufrir, arriesgarnos a una vida con un gravísimo deterioro, incluso a la muerte por suicidio que soportar que se nos trate como a canallas. Quienes no dan ese paso lo hacen porque escogen lo que consideran el mal menor, es decir, es mejor aguantarles que morir o estar solo el resto de sus vidas.

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INTENTO DE PROTOCOLO O DE PACTO ENTRE AMBAS PARTES

-Un enfermo mental sabe que no va a poder evitar ciertos comportamientos patológicos durante sus crisis. Debe asumirlo y poner todo lo que esté a su alcance para que los “daños colaterales” sean mínimos, es decir, para que sus seres queridos sufran lo menos posible. Debería hablar con sus familiares y establecer un protocolo de emergencia que le ayude a superar la crisis de la mejor manera posible y a que sus familiares sepan lo que deben hacer para ayudarle. Cualquier intento por cortar de raíz estos comportamientos en plena crisis son inútiles, los milagros ocurren, pero muy pocas veces y aun con la mejor voluntad un enfermo no puede evitarlos. Sufre una crisis, pide perdón por su conducta, intenta enmendarse, repara los daños en lo posible… y en la próxima crisis se comporta igual. Si un enfermo físico no sufriera las consecuencias de su enfermedad, dolores, vómitos, lo que corresponda, entonces no estaría enfermo. Si un enfermo mental no tuviera estos comportamientos patológicos durante las crisis no sería un enfermo mental, sería otra cosa. El enfermo debe aceptarlo como los enfermos físicos aceptan el malestar y los dolores cuando sufren una enfermedad.

-Un familiar debe saber que el enfermo mental no les odia, no quiere hacerles daño, no busca manipularles para hacerles la “puñeta”, para vengarse, para salirse con la suya. Si así lo cree es que no ha aceptado que es un enfermo y lo está considerando como una mala persona, un canalla. Si actúa así ha cruzado la línea roja y debe atenerse a las consecuencias. A que el enfermo se marche de casa, intente el suicidio, esté cavilando sobre las formas más terribles de vengarse, etc. Una vez que se acepta la patología de la enfermedad, debe tener claro que la mejor forma de evitarla es prevenirla. Debe comunicarse con el enfermo, hacerle saber que nota síntomas de que algo no va bien o se está acercando una crisis. Debe hacerlo siempre con cariño y respeto o no será escuchado. Debe “sugerir” ciertas conductas que considera adecuadas a la situación. Ir al terapeuta, hablar de ello con los familiares, tomar la medicación si es preciso, decir lo que le está pasando y cómo se sentiría mejor.

-Un protocolo o pacto está hecho para ser cumplido, por lo tanto no debería pactarse nada que no se está dispuesto a cumplir, solo para que el otro se quede más contento. Renunciar a las líneas rojas solo para que el otro no nos mire mal es un grave error que no funciona. Las líneas rojas deben plantearse con sinceridad absoluta y se pueden negociarse, se negocian, y si no puede hacerse y hay determinadas líneas rojas que son incompatibles hay que empezar a aceptar que tal vez la convivencia no sea posible. Si un enfermo decide que su línea roja es que no va a tomar medicación, porque así lo ha decidido libremente, asumiendo las consecuencias, debe asumir que también sea la línea roja del familiar y que éste no se muestre dispuesto a permitir que sufra las crisis sin medicación. Aquí el enfermo debe ceder o tomar la decisión que corresponda. En mi caso un día decidí que jamás volvería a tomar medicación, pasara lo que pasara, asumiendo todas las consecuencias. He sufrido las crisis “a pelo” y he tenido que sufrir las consecuencias, el divorcio, la soledad, tal vez la muerte por suicidio en un futuro. Pero ha sido mi decisión, libre, razonable, he elegido lo que para mí es un mal menor y si tengo que sufrir las consecuencias más graves, lo haré sin quejarme.

-Un protocolo no debe permitir que un enfermo tome decisiones que pongan en peligro la salud física o psíquica de sus familiares. Ahora está en el candelero el problema de los enfermos mentales que se niegan a tomar medicación y se comportan de forma agresiva. No hace mucho pudimos ver en la televisión el caso de un enfermo mental que aterroriza a un barrio porque porta armas y dada su envergadura física podría ocasionar graves daños físicos, incluso la muerte. El enfermo mental debe aceptar que esta es una línea roja para todos, para sus familiares, para la sociedad e incluso para él. Debe asumir que los demás tomen medidas cuando él se niegue a tomar medicación con estas consecuencias. La familia y el Estado deben tomar las medidas pertinentes, de acuerdo, pero un enfermo sigue siendo una persona con todos los derechos, mientras no esté incapacitado, e incluso entonces seguirá teniendo los derechos que le otorgue la ley y los derechos fundamentales de la persona, eso por supuesto.

Un protocolo debe ser flexible para permitir la adaptación a circunstancias cambiantes. No todas las crisis son iguales, no todos los enfermos son clones unos de otros. Puede que consumir alcohol, incluso una cerveza, en una situación como un cumpleaños, no sea aceptable, suponga cruzar la línea roja, porque el enfermo siempre que lo hace se pone agresivo o se comporta de forma violenta. Esto es solo un ejemplo habrá enfermos a los que el alcohol, incluso en circunstancias tan marcadas como un cumpleaños, les tenga que ser prohibido por el protocolo y habrá otros a los que negarles una cerveza el día de su cumpleaños sea una imposición dictatorial del familiar.

Un protocolo debería ser consensuado entre enfermo y familiares y si es posible también con el terapeuta, incluso en una sesión de terapia. A un enfermo mental no se le deberían imponer cláusulas o condiciones leoninas porque es la parte débil. Las condiciones deben ser justas para todos o no funcionarán.

Hablaremos más del protocolo en otros capítulos, hablando y matizando sobre otros errores de conducta.

 

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