LA LEY DE LOS TRES CÍRCULO VII

2 07 2016

pareja

LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS VII

EL SUB-CÍRCULO DE LA PAREJA

Toda división o limitación es solo una categoría mental, como diría el bueno de Kant, porque lo que realmente existe, lo único que existe es el Todo, como diría Milarepa, y la individualidad no es otra cosa que un engaño provocado por el velo de Maya, por alguna razón misteriosa que algún día conoceremos.

Dejando de lado esa verdad, como nos vamos a mover en el mundo físico tendremos que funcionar, que entendernos utilizando categorías mentales que permitan a nuestra mente lógica procesar y entender los mecanismos que funcionan en nuestras relaciones interpersonales y que estamos intentando concretar en la ley de los tres círculos. Dicho esto hoy nos dedicaremos a estudiar y analizar los sub-círculos que existen en el primer círculo. Es cierto que todas las relaciones del primer círculo están sometidos a unas leyes básicas, pero como es evidente no es lo mismo una relación paterno-filial que otra fraternal, que la relación que mantienen dos amigos íntimos o la relación de pareja. Cada una de ellas tiene sus peculiaridades que iremos estudiando poco a poco. Hoy le toca el turno a la relación de pareja, tal vez la más estrecha de estas relaciones, aunque no se puede generalizar porque todo dependerá de la peculiar relación existente entre los miembros del primer círculo. Así es posible que una esposa se lleve mejor con su madre que con su marido, o un esposo con su madre que con su esposa, o ambos mejor con hermanos o amigos que entre ellos. Todo esto es posible, pero como veremos en su momento, incluso las relaciones de primer círculo tienen su propia jerarquía y el sometimiento de relaciones superiores a inferiores es algo patológico que genera consecuencias. El amor debería ser el mismo para todos y con igual intensidad. Si todos somos hijos de Dios, si todos pertenecemos al Todo, no debería haber distinción alguna, pero en el mundo físico y dentro de la imperfección en la que nos movemos todo está jerarquizado, como en una pirámide, hay una base y también hay vértice superior. En el Cosmos, en el mundo espiritual, tampoco debería haber distinciones, si todos somos hijos de Dios… Pero las hay. En el libro de Urantia se concretan tantas entidades cósmicas y tan estrictamente jerarquizadas que uno siente un ligero mareo. Debe ser muy complicado manejar el universo.

Pues bien, si imaginamos que los dos miembros de la pareja son universos, auténticos universos, nos daremos cuenta de la enorme dificultad que supone vincular y armonizar dos universos distintos, a veces tan distintos que parecen opuestos. Como diría Milarepa en su teoría de la vinculación, cuanto más estrecha es una vinculación, más partes de la individualidad deben estar implicadas y más estrechamente. En la vinculación y armonización de dos universos hay que tener mucho cuidado para que dos estrellas, o dos planetas, no ocupen el mismo espacio, para que las órbitas no interfieran entre sí y generen colisiones y caos. Aunque nos parezca ridículo, si utilizamos esta metáfora en las relaciones de pareja, cada miembro sería un universo, con sus planetas, estrellas, cometas, órbitas, agujeros negros…Si cada parte mantuviera una voluntad inflexible de que su personalidad, es decir planetas, estrellas, etc tiene que ocupar el lugar que él ha elegido y sólo éste, la colisión sería inevitable. Las leyes físicas son implacables, no hay milagros, salvo que leyes superiores entren en funcionamiento a instancia de entidades superiores.

Si en una pareja ambos quieren ocupar el mismo lugar, el mismo espacio, con su personalidad, sin antes no pactar todo lo que sea necesario para evitar colisiones, éstas se producirán y la destrucción será masiva por ambas partes. No estamos hablando de la conquista de un universo por otro, estamos hablando de la armonización de dos universos distintos impulsados por la ley suprema, el amor. Si ambos miembros de la pareja quieren tener razón en los mismos temas, la colisión es inevitable si las posturas son diferentes, drásticamente opuestas. Y así con todo.

choque galaxias

Quien enfoque la relación de pareja como la conquista de un universo por otro, en una especie de guerra de las galaxias sangrienta, se encontrará con que ya no existe un primer círculo y es fácil que ahora estén en el cuarto círculo, el círculo infernal, el círculo del odio, del crujir y rechinar de dientes. Que esta posibilidad existe lo vemos en los telediarios, universos masculinos que intentan apoderarse de universos femeninos, someterlos, y acaban destruyendo porque no encuentran otra forma de ser dueños del otro universo.

La relación de pareja es la más completa e intensa de todas las relaciones del primer círculo, es el sub-círculo más perfecto y completo. Las abarca a todas y además tiene peculiaridades y facetas de que carecen el resto. En la relación de pareja cabe la relación paterno-filial y de hecho todos hemos visto algunas parejas tratarse como si uno fuera papá y la otra mamá o uno fuera hijo y la otra mamá y al revés. Estas llamativas y cariñosas formas de llamarse la pareja ya indican que algo de la relación paterno-filial, de este sub-círculo del primer círculo también está en ella. Lo mismo que la relación fraternal, una pareja que se trate como si fueran hermanos en ciertos momentos y circunstancias no parece patológico, sino incluso conmovedor. Claro que en la relación fraternal no cabe el sexo, al menos en nuestra sociedad, y sí existe en la pareja. Es una diferencia importante, lo mismo que respecto a la relación paterno-filial. En cambio si puede existir sexo en la relación de amistad íntima. La diferencia con la relación de pareja es que el compromiso de la pareja es mayor, más prolongado en el tiempo, más estrecho en la convivencia, más comprometido en todos los aspectos. El sexo será uno de los aspectos más vinculantes de la pareja como veremos.

Si en el primer círculo deben funcionar a la perfección las leyes básicas del primer círculo, en el sub-circulo de la pareja la intensidad y la perfección deben ser aún mayor e incluso hay que añadir leyes nuevas. La convivencia es más estrecha, a más largo plazo y los compromisos de todo tipo exigen que haya leyes nuevas que iremos viendo a continuación. Nos haremos una idea de la dificultad y de las metas a conseguir si nos remitimos a la Biblia, al evangelio, cuando habla de la vinculación de la pareja con una metáfora realmente estremecedora, “y serán los dos una misma carne”. Ya vimos la metáfora de dos universos intentando vincularse, ahora imaginemos a dos cuerpos físicos que intentan ser uno solo. El coito o relación sexual nos da una pálida idea de lo que supondría que dos cuerpos físicos se unieran y fueran uno solo. Cada célula debe negociar con la célula contraria de igual posición y categoría esa fusión. No sirve que uno renuncie a todas sus células para que el otro ocupe las suyas, como una nación renuncia a su soberanía para que otra se apodere de ella y sea su dueña. Hay un problema básico e insoluble en esto, en el sub-círculo de la pareja deben funcionar las leyes básicas del primer círculo, que ya hemos visto en capítulos anteriores, y que, recordemos, una de ellas habla de igualdad, de equidad.

Es cierto que la generosidad es otra de las leyes de este círculo, pero una generosidad que no funcione sobre la base de una igualdad y equidad no deja de ser un sometimiento, un control, por la otra parte. Esto no funciona y mucho menos en la pareja. El sometimiento de un miembro de la pareja al otro, aunque sea por amor, porque “estoy muy enamorado”, porque he decidido ser ciego y seguir los dictados del otro, no funciona porque estamos construyendo un sub-círculo de pareja claramente patológico que acabará por estallar. No es posible que una pareja funcione si no hay igualdad y equidad, por mucha generosidad que haya por la parte “víctima” o la parte más débil. Igualdad en cuanto a la entidad y funciones del sexo, igualdad de género, igualdad en todos los aspectos y facetas. Estamos intentando vincular y armonizar dos universos y ninguno de ellos es superior al otro, ni más extenso e infinito, ni más hermoso, ni más fuerte y poderoso. Cada personalidad es un universo, cada persona es un mundo, como hemos escuchado muchas veces. La vinculación nace del amor y busca la fusión, no el control, no apoderarse y esclavizar al otro universo.

sexo

En la relación de pareja la convivencia es más estrecha que en el resto de sub-círculos del primer círculo. Mientras las relaciones paterno-filiales son muy intensas, y existe mucha convivencia en los primeros años, luego los hijos “abandonan” el nido como los polluelos. Esta cuestión de tiempo es importante para que los hijos puedan evolucionar como personas y los padres tengan una etapa de su vida en la que los hijos no lo sean todo. Si no ocurre así se producen conductas patológicas y problemas de colisión en la relación de estos sub-círculos. Si los hijos se quedan en casa más tiempo del preciso, como estamos viendo en esta sociedad tan propensa al paro y a negar a los jóvenes un futuro, las relaciones paterno-filiales acaban envenenándose.

Una relación de pareja se supone que es para toda la vida, o para la eternidad, aunque todos sabemos que nada es para siempre en el primer círculo, salvo que la vinculación sea perfecta, y aún así en el mundo físico la mortalidad acaba siempre por separar a las personas. Así enfocada la relación de pareja es claro que necesita nuevas leyes para el funcionamiento de este sub-círculo.

También la relación de pareja es peculiar en su nacimiento y evolución. Mientras que los hijos nacen en el seno de una pareja y se establece una relación paterno-filial desde el principio -es decir que esta relación ya viene en el pack, como viene el pan bajo el brazo con el hijo, según el dicho popular- la pareja debe partir de cero. Conocerse supone partir del tercer círculo, del círculo de los desconocidos e ir atrayendo al otro hacia el interior de nuestro primer círculo, al mismo tiempo que el otro hace lo mismo con nosotros. Esta etapa no existe en la relación paterno-filial o en la relación fraternal, no se parte de cero, del tercer círculo, del círculo de los desconocidos, porque los padres e hijos o los hermanos nunca son desconocidos, aunque sí  pueden llegar a serlo si son expulsados, pero entonces es más fácil que acaben en el cuarto círculo, el del odio, que en el tercero, en el de los simples desconocidos. Cuando los miembros de una familia rompen, de forma drástica, brutal y para siempre, no acaban siendo desconocidos sino odiadores.

Esto hace muy peculiar la relación de pareja. Es tan intensa como la relación ya adquirida paterno-filial o fraternal y sin embargo se ha logrado desde cero. No hay vínculos de sangre, como se suele decir para definir las relaciones familiares. Los genes son distintos, no existe un lazo de sangre, y sin embargo a veces, sería lo ideal, la relación de pareja alcanza una intensidad y profundidad de la que carecen las otras relaciones, los otros sub-círculos del primer círculo. En su momento estudiaremos estas peculiaridades y cómo suelen generar conflictos al no tener claros los miembros de otros sub-círculos del primer círculo cuál es su situación en la pirámide jerárquica.

Si aceptamos que las relaciones del primer círculo, partan de donde partan, deben estar basadas siempre en el afecto, en el amor, entre otras cosas, habría que concluir que las relaciones o vinculaciones o lazos de sangre o genéticos son secundarias. Puede haber un estrecho vínculo de sangre, genético, entre dos personas y sin embargo se pueden odiar como dos desconocidos que se han enfrentado. El afecto y el amor son fuerzas espirituales situadas en lo más alto de la jerarquía de todas las dimensiones, pertenecen al mundo espiritual y son generadas por la Divinidad. Por lo tanto confiar en la sangre y en los genes para que las relaciones del primer círculo y de sus sub-círculos funcionen es ser un ingenuo de tomo y lomo, viendo lo que vemos en las relaciones familiares. Solo el afecto vincula y vincula permanentemente. Por lo tanto la jerarquía de los sub-círculos del primer círculo se establece en base al afecto y cuando no se tiene claro dónde situar la jerarquía del afecto cuando hay conflictos no queda otra solución que partir de que hay falsos sub-círculos dentro del primer círculo, que también puede ser falso. En los apéndices de este estudio veremos a fondo qué son los falsos círculos y los conflictos que generan.

hombre de vitrubio

Si un sub-círculo de pareja no puede soportar un enfrentamiento con el sub-círculo paterno-filial, pongamos por caso, es que algo falla, uno o los dos son círculos falsos porque hemos visto que entre las condiciones del primer círculo están la igualdad, la equidad y la generosidad. Si un esposo o una esposa están más vinculados a su sub-círculo paterno-filial que al sub-círculo de la pareja se generan conductas patológicas puesto que hay un círculo falso, el sub-círculo paterno-filial puede ser falso y estar haciendo aguas si impide el buen funcionamiento del sub-círculo de pareja.

No es exactamente así, pero cuando hay enfrentamientos entre sub-círculos falsos o no perfectos, la jerarquía debería primar.

-Sub-círculo de pareja. Cúspide del primer círculo.

-Sub-círculo paterno-filial. Siguiente en jerarquía.

-Sub-círculo fraternal. Ocupa la tercera plaza.

-Sub-círculo amistoso. Ocupa la cuarta plaza.

Si todo funciona bien no serían necesarias estas jerarquías pero si no es así, si hay sub-círculos falsos o si no funcionan a la perfección, hay que tener bien claro la jerarquía de círculos o de otro modo entraremos en conflictos sin solución y que nos desangrarán.

03-piramide-de-keops

Diríamos pues:

Si hay que elegir entre la pareja o la madre o el padre, la jerarquía está clara, hay que elegir a la pareja. Eso sí, de inmediato debemos ponernos a estudiar cómo es nuestra relación de pareja, cómo funciona este sub-círculo y cómo  funciona la relación paterno-filial, cómo funciona este sub-círculo. Porque es seguro que algo falla en uno o en los dos, por una parte o por la otra o por todas. En el universo cada planeta o estrella, o cometa, tiene su propia órbita y si las órbitas no son armónicas se producen las colisiones. En el universo de la pareja o en el universo del resto de los círculos o sub-círculos si las órbitas no son armónicas y si no se ha pactado bien al vincularse y armonizarse, las colisiones están aseguradas.

No basta con el amor teórico, el amor de boquilla, el puro sentimiento o emoción a flor de piel, si en la vinculación de dos universos no se pactan las cosas, no se busca la armonía, no se analiza, se estudia y se ponen remedio a las desarmonías que esta increíble meta que es la fusión de dos universos supone, lo cierto es que llegará el caos y el apocalipsis, no hay otra opción. En la pareja hay que pactar la convivencia, la armonización de caracteres y personalidades, el sexo, hay que pactarlo todo. Y este pacto no debe ser el de dos jerifaltes políticos de dos naciones diferentes y hasta enemigas, es el pacto amoroso de dos personas, de dos universos que se mueven siguiendo la órbita del amor.  El amor que mueve el sol y las estrellas, que diría Dante.

En otros capítulos veremos cómo la relación de pareja es el sub-círculo más difícil y por ello el más abocado al fracaso. Las exigencias son mayores y las normas, aún más numerosas y más complejas.

 

 

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