DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL(EL GRAN SECRETO) XVII

6 07 2016

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DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL

EL GRAN SECRETO XVII

EL DOBLE

Llevo años releyendo los libros de Carlos Castaneda y con cada relectura encuentro algo, sino nuevo, al menos distinto, visto con nuevas perspectivas.  Es el caso del doble. Releyendo Relatos de poder me llamaron la atención los episodios relacionados con el doble. Aún sin yo saberlo o ser muy consciente de ello, porque aunque en mi etapa del “Loco de León”, hace ya muchos años, también leía a Castaneda y es posible que esos párrafos de Relatos de poder me fueran conocidos, lo cierto es que llegué a experimentar muchos delirios relacionados con el doble, hasta el punto de que hubo momentos en que creí haber perdido la razón.

Según le dicen don Juan y don Genaro a Castaneda, durante los experimentos o iniciaciones del doble, éste, el doble, es construido o generado en sueños. Este es un dato muy interesante puesto que todas mis experiencias y delirios respecto al doble se iniciaron en sueños. Durante la vigilia tenía la experiencia real de las proyecciones mentales que podía ver si cerraba los ojos, pero fue en sueños, cuando conseguí recordar muchos sueños y con mucha intensidad, cuando alcancé estados de lucidez, sino perfecta al menos muy aceptable, en sueños, que llegué a plantearme con lógica aplastante, no basado en la pura fantasía que siempre me ha acompañado, la posibilidad de una vida onírica muy diferente a la que llevamos cuando estamos despiertos en el mundo físico.

Como ya hemos visto en otros textos del blog, somos seres multidimensionales que existimos en diferentes dimensiones y llevamos allí vidas diferentes a ésta, aunque no las recordemos. Esta posibilidad está claramente expuesta por algunos gurús en sus enseñanzas y en algunas corrientes esotéricas. La posibilidad de que en sueños nuestro cuerpo astral se desprenda del cuerpo físico y viaje a otros lugares y tiempos, experimentando otras experiencias diferentes a las que recordamos haber experimentado en el mundo físico, parece de una lógica aplastante si aceptamos que somos algo más que un cuerpo físico, que poseemos otros cuerpos, como dice el budismo. El único problema sería el de restablecer los puentes de la memoria respecto a las experiencias vividas con otros cuerpos.

Sin embargo en los libros de Castaneda las enseñanzas de don Juan y don Genaro al respecto son muy novedosas y realmente inquietantes.  Ya no se trata del conocido y clásico “viaje astral” en el que el cuerpo astral sale del cuerpo físico en sueños y tiene experiencias que en gran parte son recordadas luego al despertar (porque la memoria del viaje astral en sueños funciona mucho mejor que la memoria normal de nuestros sueños) sino de algo novedoso y aterrador, tal como lo vivió Castaneda, como de alguna manera también lo viví yo y como lo viven todos los guerreros impecables que alcanzan la totalidad de uno mismo, en la terminología chamánica de don Juan.

- Carlos Castañeda

Durante una larga etapa, hace ya muchos años, de aterradores delirios que me llevaron al límite de la locura, no solo la creencia, sino la sensación casi palpable e inevitable de poseer una especie de doble que actuaba a mis espaldas, se convirtió en una idea obsesivo-compulsiva, en un bucle de tal magnitud que mi conducta en el mundo real se vio muy seriamente alterada, hasta el punto de que fue percibida con claridad por todo mi entorno que llegó a calificarme del “loco de León”, según pude escuchar claramente en numerosas ocasiones a través de mi oído físico y no solo debido a las voces telepáticas de aquel enfermo mental que años más tarde se calificaría a sí mismo, con cínico humor, del “telépata loco”. Una cuestión muy espinosa respecto al trato que nos dan los otros a los enfermos mentales es la obsesión que les atrapa de querer convencernos de que todo lo que según ellos “nos hace daño” no existe en realidad y es solo producto de nuestra imaginación. Así el que te llamen loco por la calle acaba siempre por ser producto de tu delirio y es inútil cualquier intento por parte del enfermo mental de que acepten una realidad que todos conocen y que él mismo ha vivido con claridad en el mundo físico. Esta inútil obsesión termina en situaciones tan ridículas y esperpénticas que si los enfermos mentales poseyéramos el sentido del humor, como es debido, nos troncharíamos de risa ante semejantes desaguisados. Mis seres queridos en aquella época llegaron a extremos casi patológicos. Aún recuerdo con sorprendente lucidez e intensidad aquel episodio de mi madre preguntándole a mi hermano si había guardado los periódicos. Nunca llegué a verlos, aunque supuse, tal vez con razón, que tras aquel claro episodio delirante de telépata en la estación de Chamartín en Madrid, que había salido en “los papeles”, incluso es posible que con fotos.

Si mi fase delirante como telépata fue terrible, si la obsesión con las proyecciones mentales me hizo muchísimo daño, si las premoniciones en sueños y las intuiciones durante la vigilia, relacionadas con muertes y desgracias, me angustiaron hasta el límite de la locura, nada comparable con el delirio del doble que me llevó más allá de los límites de la demencia, de donde solo pude volver gracias a un extraño milagro que aún no soy capaz de explicarme.

Según don Juan solo un guerrero que alcanza la totalidad de sí mismo es capaz de crear un doble. Está claro que yo entonces no era un guerrero impecable y que hoy, aunque lo sea, no he alcanzado la totalidad de mí mismo, por lo que la cuestión del doble queda descartada. Sin embargo algo me ocurría, puesto que en el mundo de los sueños, desde donde se crea el doble, me estaban pasando cosas muy extrañas. No se trataba solo de premoniciones, de saber cosas que en el mundo físico yo no podía conocer de ninguna forma, parecía como si hubiera comenzado a actuar en sueños de acuerdo a una programación.

Que no era un guerrero estaba claro porque un guerrero sabe que no se puede cambiar nada ni a nadie y por lo tanto no lo intenta. Yo entonces quería cambiar muchas cosas, mejorar la situación de otras personas y la mía propia, mejorar a la propia humanidad. Es el típico delirio profético que sufrimos algunos enfermos mentales, convencidos de haber sido designados para una misión salvífica. De acuerdo a una lógica implacable, si tenemos un cuerpo astral y éste puede salir de viaje por las noches, en sueños, algo podremos hacer con él, aunque no pueda interactuar con la realidad física. Se me ocurrió que podría convertirme en una especie de superhéroe onírico, en el superhéroe Espiritualín, como luego me parodiaría a través de mi personaje humorístico. Con mi invisible capa de supermán iría en sueños de acá para allá, arreglando las cosas que no tenían arreglo en el mundo físico. Lo curioso es que comencé a tener sueños muy extraños y muy lúcidos. En una de ellos estaba en la habitación de unos terroristas que montaban una bomba. Mi mente, en contacto con la de uno de los terroristas, lograba distraerle para que cometiera un error. Por supuesto que solo era un sueño y que en los sueños no se pueden hacer estas cosas…pero unos días más tarde en un telediario dieron la noticia de que a los terroristas les había fallado una bomba. Y no sería la primera vez que un sueño sincronizaba de esta forma con la realidad cotidiana.

Comencé a obsesionarme, hasta el punto de que un tiempo después sufrí un delirio angustioso que no me pude quitar de la cabeza. Los terroristas me habían descubierto y venían a por mí y a por mi familia. Era algo tan real que fue uno de los delirios más realistas y terroríficos que he tenido nunca. Recuerdo que hasta llegué a mirar los bajos de mi coche por si se les había ocurrido poner allí una bomba lapa. Los sueños “terroristas” como los llamo yo menudearon durante aquella etapa llena de pesadillas en los que parecía seguir en sueños a un grupo terrorista, escuchar sus conversaciones, ver cómo planificaban sus atentados mientras yo, el superhéroe Espiritualín, trataba de minimizar los daños todo lo que estuviera en mi mano.

TERRORISTAS

Esta obsesión por utilizar los sueños para mejorar las cosas llegó a convertirse en un estado de angustia permanente. Por las noches, antes de dormir, me programaba para viajar al futuro y ver todo aquello que pudiera influir en mi vida, y no me conformaba solo con arreglar los supuestos desaguisados y desgracias que me esperaban, también continuaba con mis misiones oníricas de superhéroe. Había decidido que si viajaba al futuro y veía lo que iba a ocurrir, bien podría, a través de los sueños modificar algo que lo cambiara todo. Simplemente con una sugerencia mental a la persona adecuada, con una pesadilla que avisara a las víctimas, en fin, algo se podría hacer.

De pronto, como si estuviera programado, acontecimientos de la vida cotidiana me fueron confirmando lo que supuestamente había descubierto en sueños. Personas que guardaban celosamente sus secretos, eran descubiertas por tonterías; personas de mi entorno a las que yo había creído descubrir telepáticamente y a través de los sueños, eran puestas al descubierto por conocidos que me contaban secretos que ya conocía o creía conocer gracias a mis supuestas misiones oníricas.

Años más tarde llegaría a leer el diario de… y descubriría, aterrorizado, que todos mis sueños al respecto eran ciertos. La persona que decía amarme en realidad me veía como una especie de monstruo perverso de quien manifestaba tener miedo. No hay secreto que no haya de ser descubierto, dice el  Evangelio. Puede que en el mundo físico podamos ocultar nuestros más íntimos secretos, puesto que los demás no pueden leer nuestra mente y emociones, puesto que la carne física recubre un rostro ocultando lo que no podría ser ocultado si todos nuestros pensamientos y emociones se imprimieran en una impresora 3D o fueran revelados en el cuarto oscuro, fijando, mediante procedimientos químicos imágenes claras de pensamientos y sentimientos, pero en el mundo onírico, en el mundo astral, el rostro astral refleja con claridad lo que estamos pensando y sintiendo. Muchos de esos monstruos y demonios de los que se habla en el budismo o en otras corrientes esotéricas, con los que tenemos que enfrentarnos en el mundo intermedio, no son en realidad otra cosa que durmientes que están de viaje onírico o personas que debido a traumas están realizando viajes incontrolados, o drogadictos que han salido de su cuerpo físico en un mal viaje, o alcohólicos que ya no controlan su mente, o enfermos terminales que casi se han desprendido de su cuerpo, o fallecidos que no han sido capaces de despegarse de sus cuerpos físicos, o larvas, o entidades del astral, o ¡vaya usted a saber!

Durante mi etapa de “Loco de León” me obsesioné con mi supuesta capacidad de ver las proyecciones mentales de los otros. Cuando podía ver ese rostro ectoplasmático reflejando supuestos pensamientos o emociones del otro montaba en santa cólera. Todos eran mentirosos y trapaceros, hipocritillas de tres al cuarto. Me estaban hablando muy serios y de pronto yo cerraba los ojos y veía su rostro ectoplasmático distorsionado en una mueca repugnante de burla. Se estaba riendo por dentro. Es curioso cómo muchas expresiones populares, vulgares, que parecen metafóricas, descriptivas, en realidad son auténtica sabiduría esotérica. Como este “reírse por dentro”. En efecto, yo podía ver que personas que se mostraban amables conmigo, compasivas, deferentes, que parecían comprenderme y aceptarme, en realidad se estaban riendo por dentro de mí. Incluso podía ver con claridad, como dibujado en un cuadro, cómo me veían y lo que realmente pensaban de mí.

La experiencia más terrible al respecto fue la lectura de aquel diario personal que me abrió los ojos a la aceptación de un mundo onírico contra el que llevaba muchos años luchando, como si fueran las tentaciones del mismísimo Satanás. Era como si viviera en varios mundos diferentes, relacionándome con varias personalidades diferentes. Fue algo demoledor, no he vivido experiencia semejante. Creánme si les digo que no hay nada parecido a descubrir un diario íntimo de una persona con la que te relacionas estrechamente y verte reflejado en su particular espejo. Tus mejores gestos, palabras, actos, pueden ser interpretados desde otra perspectiva completamente distinta. Te creías una buena persona y descubres que eres una especia de bestia parda, un malvado de película. Creías que te amaban y descubres que en realidad  te tienen miedo, un miedo atroz, que solo resulta comprensible cuando eres un enfermo mental y sabes que todo el mundo tiene la idea del psicótico de la película del maestro con su cuchillo en alto, clavándolo una y otra vez en el cuerpo juvenil de la chica. Descubres que creías haber pasado desapercibido, haber sido una persona discreta, pero todo el mundo te tiene fichado, y no como un enfermo mental sino como un loco peligroso. Los muy hipócritas son amables contigo, te sonríen, parecen sentir una maravillosa compasión espiritual por un enfermo que sufre, pero en realidad saldrían corriendo y no regresarían, sino fuera por el qué dirán y el miedo ridículo que tienen a la masa, a la sociedad.

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Tras aquella lectura pasé casi una década intentando olvidar, buscando una fórmula que me permitiera aceptar como delirios lo que yo ahora sabía que eran crudas realidades. Pero no fue posible. Ni siquiera los errores de bulto en la interpretación de algunos sueños, de algunas intuiciones, de las confusas visiones a través del tercer ojo, de las proyecciones mentales, pudieron ayudarme a renegar de otros mundos, de mi personalidad multidimensional. Todo aquello contribuyó a mi fobia social, a la desconfianza patológica en los demás, a los comportamientos estúpidos y delirantes que me acompañarían buena parte de mi vida. De alguna manera les odiaba, no podía soportarles, soportar su hipocresía, sus mentiras, sus conductas estúpidas buscando siempre ocultar lo que no se puede ocultar. Como no podía superar este odio y sin embargo intentaba vivir en sociedad y ser amable mi personalidad se escindió de alguna manera, caí en la neurosis, en las ideas obsesivo-compulsivas, en conductas patológicas esperpénticas. Nunca lo vi tan claro como aquella mañana, en el trabajo, cuando al cerrar los ojos pude ver el rostro ectoplasmático de un profesional solo obsesionado por el dinero, avaro, rácano, cuya aparente única ilusión en la vida era hacer dinero a cualquier precio, como hay muchos en nuestra sociedad, y que lo manifestaba claramente en aquel ectoplasma que reflejaba con claridad sus pensamientos y emociones. No pude contenerme y con conducta de loco le hice ver mi desprecio. Aquel buen hombre, que creo que en el fondo me apreciaba, se conmovió, hasta lloró y me dijo algo que nunca olvidaré. Si pudieras ver tu mente tal como crees ver la mía, seguro que no harías lo que estás haciendo. En efecto, como comprendí reflexionando luego, yo no podía verme a mí mismo, ni mis pensamientos y emociones, en mi propio rostro ectoplasmático, así que no tenía ni idea de cómo podría verme un espectador imparcial.  Luego, con el tiempo, sí llegué a verme y comprendí muchas cosas.

La lectura de aquel diario fue mucho más contundente que el resto de mis experiencias. En efecto, así me veían los demás, era increíble, pero cierto. Si por un milagro apocalíptico todos nuestros pensamientos y emociones fueran desvelados y se produjera un día milagroso de puertas abiertas, de nudismo absoluto, tal como parece que ahora intentan en Madrid, el día sin bañador en las piscinas, descubriríamos asombrados que habíamos estado viviendo en mundos de colorines, irreales. Algo así como escuchar las conversaciones telefónicas grabadas entre personas que no creen estar siendo espiadas y se manifiestan como son a personas que las conocen muy bien.  Sus ocultos pensamientos y sentimientos quedan al descubierto y nosotros, al verlo y escucharlo, sentimos una incontrolable repugnancia, unas ganas infinitas de vomitar. Como cuando me enteré de que determinada persona que me consideraba una especie de loco de atar no tenía inconveniente en poner en mis manos la vida de sus seres queridos a cambio de que pudieran seguir disfrutando de mi nómina mensual.

Cuando me he visto en estos diarios personales que son los rostros ectoplasmáticos de los otros he llegado a sentir miedo de mí mismo. Sí, parece increíble pero es cierto. Llegué a sentir tanto miedo que tuve sueños, pesadillas, en los que yo era un asesino en serie y me daba tanto terror poder hacer daño físico a mis seres queridos que hubiera aceptado ser atado de pies y manos para el resto de mi vida con tal de no tener la menor posibilidad de ser violento con nadie. Luego he visto la confirmación de muchas de mis experiencias en la vida real, personas respetables que son halladas corruptas, personas amables que se preocupan supuestamente de los demás a través de obras benéficas que ocultan al fisco unos dineros que podrían ayudar en obras sociales imprescindibles. Personas que dicen buenas palabras de boquilla para afuera y luego descubres, cuando les graban sus conversaciones privadas que no tienen la menor vergüenza, ni ética, si empatía, ni les preocupa nada que no sea ellos y cómo conseguir dinero, meterse monedas en la boca y guardarlas en la caja fuerte de sus intestinos hasta que revienten. Secretos revelados que nos hacen pensar que vivimos en una sociedad de hipócritas redomados, de auténticos enfermos que son los primeros en arrojar la piedra sobre la cabeza de los enfermos mentales.

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Durante muchos años sentía terror de lo que mi “doble” pudiera estar haciendo a mis espaldas. De que se vengara en sueños de los que me habían hecho daño sin que yo tuviera la menor posibilidad de pararle los pies, de tomar mis propias decisiones. Al tiempo que impedía que bombas terroristas explotaran bien podría estar poniendo zancadillas a mis enemigos. Cuando veía mi propio cuerpo astral salir de mi cuerpo físico y luego regresar, cuando veía mis proyecciones mentales ir y venir, sentía terror de que mis clones estuvieran organizando sus propias vidas y sus propios mundos  a mis espaldas. No hay mayor terror que ser matado por uno mismo. Esto que ya conocía de mis intentos de suicidio en la vida física, se convirtió en un infierno en aquella vida onírica y esotérica que estaba viviendo. ¿Cómo impedir que mis dobles, mis clones, reaccionaran mal ante las claras asechanzas de mis enemigos, como dice la Biblia, de las que solo nos puede proteger el Padre, y ayudándose, utilizando sus supuestos poderes, que los demás no tienen, organizarles una buena, para que se j… y me dejen en paz? ¿Se imagina cómo quedaría alguien que tramara algo contra nosotros si pudiéramos escuchar lo que dice, no a través de aparatos espías, sino telepáticamente, si pudiéramos leer en su rostro ectoplasmático todo lo que está tramando?  Quedaría como un auténtico idiota. Sería como ir pregonando por ahí a voz en grito los planes que tenemos para hacer daño a alguien. Los demás nos mirarían como locos y harían bien. Y sin embargo todos nos comportamos así en el mundo físico, creyendo que nuestros secretos no pueden ser desvelados, ocultamos nuestra verdadera personalidad a los demás, decimos lo que no sentimos, sonreímos cuando nos gustaría morder, somos unos hipócritas de tomo y lomo y luego nos llevamos las manos a la cabeza y rompemos nuestras filacterias, como los fariseos, cuando alguien  graba nuestras conversaciones íntimas y todo el mundo puede ver cómo somos realmente.

Todos aquellos terrores hubieran desaparecido de haber sabido que un doble solo puede crearse cuando el guerrero alcanza la totalidad de sí mismo. Es ridículo sentir terror de lo que hará nuestro doble cuando nosotros mismos somos guerreros impecables y estamos conformes con nuestros propios actos. Según don Juan y don Genaro el doble tiene poderes portentosos, pero sería ridículo de que los utilizara mal cuando es nuestro doble, el doble de un guerrero impecable y sus poderes le hacen muy superior a nosotros, le permiten conocer más cosas, le permiten tomar decisiones mejor fundadas.  Sufrí una angustia indecible pensando que mi cuerpo astral, que en sueños, yo podía estar haciendo cosas que mi yo físico no aceptaría ni compartiría. De alguna manera aún sigo sintiendo ese temor, porque al contrario de lo que sucede con el doble, que según don Juan no puede transmitirnos lo que hace –un guerrero nunca sabe lo que hace su doble- el cuerpo astral en sueños sí puede transmitirnos sensaciones e información.

Carlos Castaneda, Un Guerrero Espiritual De Nuestro Tiempo - 14

Don Juan reconoce desconocer la naturaleza del doble, así como otras cuestiones, sin embargo hay cosas de las que sí está absolutamente seguro, de que el doble existe, de que tiene poderes portentosos, de que el guerrero nunca sabe lo que hace su doble y de que éste es creado por el guerrero que alcanza la totalidad de uno mismo, en sueños. Pero estas cuestiones ya las veremos en su momento en al capítulo correspondiente de Las enseñanzas de don Juan.

 

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