DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XLIII

21 07 2016

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XLIII


LA JUBILACIÓN

Todo llega en esta vida, lo bueno y lo malo, y llega muy deprisa, sobre todo lo malo, aunque en este caso lo bueno también llega deprisa y eso se agradece, aunque signifique que la vida ha pasado en un suspiro. Así de confuso me sentí hace dos meses, el uno de mayo, el día de mi jubilación, aunque en realidad la firma y el papeleo se hicieron el día dos, porque el uno era domingo. Me alegraba y mucho por dejar de trabajar, pero no podía alegrarme por alcanzar una edad provecta y buscar poco a poco el cementerio de los elefantes.

En realidad creo que actué como un guerrero impecable, maestro del arte de acechar, del desatino controlado, que interpreta su papel y desorienta a todos los espectadores. Lo del desatino controlado estuvo muy bien, hasta me permití el lujo de dar una zapatiesta en el aire, según llegábamos de tomar un café para celebrarlo. Antes había firmado todos los papeles necesarios e imprescindibles e intentado dar la mínima información necesaria sobre cómo quedaban las cosas, a mi sustituta, quien no parecía muy interesada en ello, tal vez porque me veía a mi nervioso, porque no quería que me molestara o porque, sencillamente, ya se encargaría ella de ponerse al día de la mejor manera posible.

De cara a los demás actué como el hombre más feliz del mundo, no paraba de hablar de lo maravilloso que sería vivir sin trabajar, creo que hasta me pasé un poco en mi interpretación, porque dar envidia cochina tampoco es sano. ¡Oh sí, maravilloso, me jubilo, me siento muy feliz, todo va a ir bien! Pero en el fondo sentía una tristeza infinita. Me había hecho otra idea de la jubilación, en familia, una celebración hogareña, una planificación del futuro contando con los intereses de todos. No es que jubilarse solo no sea agradable, que lo es, y mucho, pero no es lo mismo.

Una profunda y abisal tristeza me embargaba. Ahora, por fin, soy consciente de que esa es la tristeza del guerrero, cuando rasga el velo y se encuentra ante el misterio de la vida, de la existencia, de todo…Como le dice don Juan a Castaneda, la tristeza es tan profunda que hasta algunos guerreros mueren a causa de ella. Ahora sé por qué tuve, en mi juventud, que buscar la muerte con tanta desesperación que los intentos de suicidio más parecían los esfuerzos de un moribundo por aferrarse a la vida, que los de un vivo por aferrarse a la muerte.

“En la vida de los guerreros es extremadamente natural el estar triste sin ninguna razón aparente, y que, como campo de energía, el huevo luminoso presiente su destino final cada vez que se rompen las fronteras de lo conocido. Vislumbrar la eternidad que queda fuera del capullo es suficiente para romper la seguridad de nuestro inventario. En ocasiones, la melancolía resultante es tan intensa que puede provocar la muerte”.

Ahora lo entiendo, desde niño vislumbré la eternidad cada vez que se rompían las fronteras de lo conocido y desde mi capullito de energía presentir ese destino final me producía una tristeza tan honda que me sentaba a mirar las paredes de los cementerios o buscaba la soledad del bosque para quedarme allí, sufriendo, sin hacer nada. Luego busqué refugio en la religión y cuando abandoné toda esperanza de encontrar algo en ella que me calmara, busqué la muerte con la infinita tristeza del guerrero que ha vislumbrado la eternidad por las grietas generadas al romperse el muro de acero de todo lo conocido.

Una tristeza así sentí al despedirme de mis años de trabajo e iniciar el camino hacia el cementerio de los elefantes. Era la tristeza del guerrero que se enfrenta al misterio. No sabemos cuánto nos queda de vida, cuándo moriremos, si existirá un más allá que nos compense de todo esto; si nos volveremos a encontrar con los seres queridos, si podremos perdonarnos y reconciliarnos, si hemos vivido muchas vidas y tenido muchos seres queridos; si la eternidad nos permitirá recapitular todo lo vivido y vivir en otra dimensión espiritual con todos nuestros seres queridos, sin que nadie reciba menos que otro ni nosotros recibamos menos de unos que de otros. Si existirá una entidad infinita, incomprensible, llamada Dios, que nos abrirá las puertas de la eternidad y nos enseñará sus secretos. Si todo en la vida ha merecido la pena y las desgracias y pérdidas, son en realidad lecciones, lo mejor que pudo pasarnos para subir en la escala evolutiva, para ser más espirituales y mejores personas. Si ciertas decisiones que se tomaron sin saber muy bien por qué, se nos revelan ahora como la sabia decisión del yo superior o yo interno o yo espiritual. O puede que nada haya tenido sentido, que todo sea una mierda, que al final vuelvas a la nada, de donde saliste, sin saber por qué te sacaron y por qué te mandan de regreso a ella, si hay un Dios o solo un maldito algoritmo de la ley antrópica que consigue que unas cuentas células se unan y alcancen la consciencia.

El misterio, el vislumbrar la eternidad, hace caer al guerrero en una tristeza tan profunda que bien podría morir. Sí, yo también podía haber muerto de tristeza. Me jubilo y me voy a mi apartamento a celebrarlo yo solo y a buscar el mejor camino para llegar a la senda de los elefantes y una vez en ella, caminar tan despacio como se pueda hasta el cementerio de los elefantes. Todo lo ocurrido ya no sirve de nada, el pasado está muerto, el sufrimiento no ha tenido su recompensa, los seres queridos han desaparecido de tu lado como lo haría cualquier desconocido que te encontraras por el camino. El amor ha muerto, el cariño se ha volatilizado, lo que diste y te dieron es como si fuera humo, años y años que ahora son lo mismo que un globo que explota. Así no veía yo mi jubilación.

Y a pesar de ello hay que disimular y celebrarlo con los amigos e invitar y cambiar las consabidas expresiones. Y no podía faltar el toque fóbico final, cuando me encuentro con la sustituta, con C. con A. en una cafetería y me empiezo a poner nervioso y fóbico y triste y desesperado y sé que las viejas manías han vuelto. Es inevitable, como si fuera un diabético y me comiera una tarta, las consecuencias son lógicas. Como estudio en la Ley de los tres círculos, en mi blog, las relaciones interpersonales humanas funcionan de acuerdo a unas leyes implacables, si no se cumplen las leyes te atienes a las consecuencias. Aquellas personas no pertenecían a mi primer círculo y por lo tanto no podía esperar de ellas lo que se espera de personas que están en tu círculo más interno, en el primer círculo. Puedes convivir durante mucho tiempo con determinadas personas, por obligación laboral o social, y la convivencia puede ir incluso muy bien, pero no es una relación libremente elegida y trabajada. Cuando desaparecen las circunstancias que obligan a la convivencia, desaparece ésta y desaparece la relación interpersonal. Lo tenía asumido, pero nunca es fácil. Cada uno tiene sus secretos, su intimidad, que va desvelando conforme las otras personas acceden a tu primer círculo. Cuando las circunstancias cambian solo se mantiene el vínculo que se ha logrado en el largo viaje de los círculos exteriores al interior, y si el vínculo no es suficiente todo desaparecerá. A… sabía de mi enfermedad, yo era su jefe, era una relación obligada, cuando yo me voy las obligaciones desaparecen y solo queda lo que se ha trabajado y conseguido en la ley de los tres círculos. C…sabía también de mi enfermedad, así como de otros pequeños detalles íntimos que le hice saber cuando mi divorcio. No era una relación amistosa del primer círculo y por lo tanto no podía sobrevivir. La sustituta era una desconocida del tercer círculo y al darse cuenta de mis rarezas no podía tener el menor interés en ir avanzando de círculo. Por lo tanto era cuestión de un adiós cortés y olvidar. Lo mismo que ha ocurrido con todas las relaciones laborales que he tenido durante estos años que llevo por aquí. Eran solo circunstanciales, obligadas por el trabajo, cuando me jubilo, desaparecen sin más.

Los enfermos mentales tenemos una clara patología de conducta, la desconfianza, nos han tratado tan mal, se han burlado tanto de nosotros, nos han llamado locos, que es muy difícil que alguna vez demos nosotros el primer paso. Dejamos que sean los otros los que hagan eso, y si no lo hacen pensamos que es porque no les interesamos y nos olvidamos de ellos. Es lo que me ha ocurrido en estos dos meses con Mc. Los dos desconfiamos y a los dos nos cuesta dar el primer paso. Era natural lo que iba a ocurrir. Además a mi no me gustan las farsas de control que otros enfermos pueden utilizar conmigo, las conozco demasiado bien y no funcionan. Puede que les pida demasiado, pero que no esperen de mí falsa compasión, palabras amables sin el menor sentido. Les muestro el camino del guerrero como el único que puede ayudarles a salir adelante, si no lo quieren seguir que no me pidan otra cosa, porque no la tendrán. Es curioso pero les cuesta mucho aceptarlo, tanto a enfermos como familiares. Es un camino solitario y nadie quiere la soledad; es un camino sin vuelta atrás, no puedes arrepentirte y retroceder; es un camino en el que abandonas todo, un camino de desapego, de impecabilidad, no sirven las normas sociales, no sirven los autoengaños y los falsos consuelos.

Hace unos días leía en “Diálogos con Castaneda”, uno de los pocos libros sobre Castaneda que me quedaban por leer, la diferencia entre detective y guerrero. Los detectives son todos aquellas personas que se pasan la vida investigando si los demás les quieren o no, observan sus miradas, sus gestos, sus palabras, sus actos y analizan si están causados por el afecto o no. Es una formidable pérdida de tiempo y de energía. Un guerrero en cambio comienza suponiendo que nadie le quiere y se ahorra todo ese inútil juego. ¿Por qué le iban a querer si es una partícula infinintesimal en un universo infinito –pérdida de la importancia personal- y de qué le iba a servir pasarse la vida analizando al microscopio si los demás le quieren o no? Los enfermos mentales tenemos una patológica tendencia a ser detectives, analizamos si los familiares y seres queridos nos siguen queriendo a pesar de nuestra enfermedad; analizamos si los otros nos quieren, aunque sea un poco, a pesar de nuestra enfermedad o nos consideran locos y entonces ya está dicho todo, porque nadie quiere a un loco. Ponemos a prueba a los otros, de forma constante, si realmente están interesados en nosotros, nos llamarán primero, darán el paso de acercamiento primero. Rara vez un enfermo mental llama primero a alguien que acaba de conocer y le ha facilitado su número de teléfono, o se atreve a invitar primero, aunque sea a tomar café. Los ponemos a prueba, ponemos obstáculos en su camino, y si no los superan es que no les interesamos, les olvidamos, les enterramos y seguimos nuestro triste camino.

Es lo que ha pasado con Mc, no quiere seguir el camino del guerrero y por mi parte yo no quiero dar falsas esperanzas ni consuelos. La mayoría de enfermos o familiares que me contactan en el blog desaparecen pronto, el camino del guerrero es arduo. A pesar de ello me gustaría seguir manteniéndolo. No sé si será posible. En mi ingenuidad daba por supuesto que en el medio rural, si había toma de teléfono habría posibilidad de instalar ADSL, Internet. Por lo visto no es así. Me he informado sobre el Internet por satélite y parece una tomadura de pelo y además muy caro. Es posible que tenga que renunciar a Internet, a no ser que el Ayuntamiento, como me dijo el propietario de la casa a alquilar, tenga wifi gratis para los vecinos. He diseñado estrategias de guerrero para hacer frente a esa contingencia. Me sentía muy feliz de haber encontrado el paisaje y la casa que andaba buscando, pero las fuerzas poderosas nunca te dan todo el lote de una vez. Voy a tener que renunciar a mi perrito y a Internet, no es moco de pavo.

Pero peor hubiera sido si mi delirio se hubiera realizado.


LA ESTRATEGIA DEL GUERRERO

¿Cómo diferenciar la intuición de un delirio de enfermo mental? No es fácil saber si lo que está llegando a tu mente es una intuición, una premonición o un delirio. Un número importante de intuiciones se han cumplido, a lo largo de mi vida, pero un número mayor de lo que yo consideraba intuiciones no se han cumplido. Muchas de estas intuiciones cumplidas se referían a muertes, a desgracias. Su cumplimiento fue implacable e inexorable. En cambio otras no se cumplieron, no sé si porque el futuro se puede cambiar o porque la intuición no era tal. Son tantas las circunstancias que pueden modificar el futuro de una persona que cualquiera de ellas puede cambiarlo todo. Si hablamos de un grupo numeroso de personas, o de toda la humanidad, esto se multiplica hasta el infinito.

En mis sueños había visto la independencia de Cataluña en tiempos de Zapatero. No se cumplió, tal vez porque un voto en un tribunal constitucional puede cambiar muchas cosas y una persona en un cargo importante que toma una decisión, saliendo de la duda, puede modificar el resultado final. Pensé que me había equivocado de tiempo, sería durante la presidencia de Rajoy, las cosas estuvieron feas, pero tampoco ocurrió. Como el estado de alarma, de excepción y de sitio, recogidos en el artículo 116 de la Constitución. En mis sueños había visto la posibilidad de que se declarara el estado de sitio en Cataluña y el ejército patrullara sus calles. No ocurrió, por supuesto, gracias a Dios, pero me temo que anduvo muy cerca. Vi cómo su presidente se iba a casita, pero podía no haber ocurrido, todo estuvo en la cuerda floja. Lo del Brexit estaba más claro y ocurrió. Como la escalada terrorista. Pero no lo que vi tras el 11S, una auténtica guerra biológica, una pandemia de ántrax o lo que fuera. También el tema de los refugiados está ocurriendo, pero de momento no con la virulencia que vi. El auge de la ultraderecha también estaba en mis sueños, pero no ha llegado al punto de virulencia que vi en ellos. Europa se hunde como el Titanic y todos tan panchos. Aún queda por ver lo de las elecciones en España, espero que no vayamos a unas terceras elecciones, porque lo que vi no era precisamente agradable, los políticos prácticamente se iban a casa con una patada en el culo y no precisamente entre vítores. ¿Y luego qué?

Todo comenzó con una fantasía inocua que fue degenerando. Estaba muy triste, como un guerrero que vislumbra la eternidad y la melancolía está a punto de matarlo. La primera semana estaba tan confuso y desorientado que algunas mañanas me despertaba asustado porque no había sonado la alarma y llegaba tarde a trabajar. Pequeños sustos. Tampoco me apetecía mucho levantarme de la cama, ninguna obligación, nada que hacer con urgencia. ¿Por qué no quedarme todo el día acostado? Por las noches la fantasía se desbocaba. Una casa en la montaña, perdida en cualquier parte, me encierro allí y nadie se acuerda de mí. En invierno los lobos aúllan frente a mi ventana. Me voy a la cama con el cachorrito de perro y el gatito, pongo mi mano sobre ellos para sentir el calor del afecto y me duermo sabiendo que estoy irremediablemente solo. La fantasía es muy vívida, pero la realidad siempre se ocupa de desbaratar cualquier escena fantástica. No es fácil encontrar casas aisladas en alquiler. También me informé sobre pueblos abandonados, tampoco es fácil, por barato que sea, encontrar un pueblo abandonado donde haya una casa que tenga luz y agua corriente, signos esenciales de civilización.

Mientras doy vueltas en la cama la fantasía se va ampliando en círculos y acaba llegando al precipicio. ¿Y si no me pagaran la pensión? Sí, he cesado, me he jubilado voluntariamente, anticipadamente, no ha existido ningún problema, pero ¿y si Hacienda pone pegas? Hubiera sido un problema grave, porque ¿cómo vuelvo al trabajo después de haber cesado por jubilación? Y si no me pagan tengo que ir a un contencioso-administrativo con Hacienda y ya sabemos cómo son esos juicios. Quienes consideren inverosímiles estas cosas no han trabajado como yo en la burocracia de la administración durante muchos años. Todo puede pasar, todo. Un funcionario despistado que comete un error que luego no hay forma de corregir, la interpretación personal y peculiar del correspondiente jefe de negociado, instrucciones que llegan desde arriba, no hay dinero en las arcas del Estado, retrasad jubilaciones, poned pegas. Con la suerte que me ha acompañado toda la vida que algo así pudiera pasar con mi jubilación no era precisamente descabellado. Mientras seguía dando vueltas y vueltas en la cama, sin prisa por dormirme, porque mañana no trabajo, el abismo se fue ahondando. ¿Y si el pago de la pensión se retrasa muchos meses? ¿De qué voy a comer? ¿Y si tengo que ir a un contencioso-administrativo, de qué voy a comer, dónde voy a dormir, qué hago con mi vida?

Estoy deprimido, hundido, desesperado, es la infinita tristeza del guerrero. Y entonces lo que parece un disparate se transforma en una supuesta intuición. Así me ocurrió con lo de mi divorcio y no me lo pude quitar de encima, y sucedió. Y lo mismo con tantas cosas. ¿Y si esto fuera intuición y no delirio de enfermo mental? Y es aquí donde la diferencia entre uno y otro resulta muy sencilla. Durante años no fui capaz, pero ahora sí. Un enfermo mental delira y delira y cada vez se hunde más en el abismo, entra en bucle y ya no sale. Un guerrero diseña una estrategia y se olvida.

La estrategia de guerrero no era complicada porque no había mucho donde escoger. Si se retrasa el pago de la pensión puedo echar mano del plan de pensiones. Ya me había informado meses antes. Voy sacando dinero para sobrevivir, aunque luego tenga que pagar a Hacienda más de la cuenta. En caso extremo pido un préstamo al banco, seguro que me lo conceden. ¿Y si me rechazan la pensión, por silencio administrativo, o una denegación en debida forma, citando artículos legales? Entonces sí que estoy en un serio apuro. Veámoslo.

Tengo que irme del apartamento por no poder pagar el alquiler, mejor antes que después para no gastar dinero a lo tonto. ¿De qué voy a comer? Caritas, comedores sociales, no es una solución. ¿Me dedico a hurtar en los supermercados hasta que los hurtos se acumulan y salen los juicios y me mandan a la cárcel, donde por fin tendré techo y comida? Es una supervivencia brutal, para dormir y comer me privo de libertad y entro en una selva, no parece una solución muy buena. No, necesito una buena estrategia. No puedo pedirle a Bautista que me acoja en su casa, seguro que lo haría, pero yo no voy a ser una carga para nadie, me niego. No tengo familia, no tengo a quien recurrir, por lo tanto necesito una estrategia de guerrero.

Veamos. Tengo algo de dinero en el banco y puedo ir sacando del plan de jubilaciones todos los meses. Lo primero será buscar un abogado que acepte llevar la demanda contenciosa-administrativa, que acepte una provisión de fondos modesta y que le pague cuando ganemos el juicio, con un tanto por ciento de la indemnización que me corresponda, si tengo que ceder, hasta un cincuenta por ciento, si no encuentro a nadie, podría ceder la indemnización completa. Una vez puesta en marcha la demanda, necesito un lugar para vivir. El coche. Pongo en el maletero la tienda de campaña y el saco de dormir, algún libro, algún cuaderno y el resto todo comida imperecedera. Legumbre, arroz, sopas, latas. Buscando lo más barato para que el dinero se estire. Tengo el camping-gas y unas bombonas, tengo la sartén-cazo para freír y cocer.
Me voy a la montaña, porque vivir así en una ciudad llamaría la atención y no duraría mucho, y porque me gusta mucho más la montaña. Encuentro un lugar alejado, solitario, que aún deben quedar. Estaciono el coche en un lugar discreto, poco visible, cerca de un prado para montar la tienda de campaña, cerca de un arroyo por lo del agua. Me dedico a vivir en plena naturaleza, el tiempo necesario hasta que gane la demanda.,. Pero hay algo que he pasado por alto. ¿Còmo me comunico con el abogado? Movil prepago, no llamo a nadie si no es necesario, tengo en el banco dinero para recargarlo cuando sea preciso. Lo tendré apagado casi todo el tiempo porque no quiero que me llamen los pocos amigos que aún me quedan. Antes de hacer esto habré subido un capítulo del diario de un enfermo mental explicando lo que voy a hacer. Espero que se lo tomen con filosofía. En la cuenta del banco siempre debe quedar algún dinero para emergencias. Gasolina para el coche, cargar el móvil, comprar comida cuando se vaya acabando. Llevaré ropa de invierno porque en la montaña hace frío. Los veranos serán mejores que los inviernos, el tiempo irá transcurriendo. Algún día ganaré la demanda, me pagarán la pensión o me readmitirán en el trabajo. ¿Está todo previsto? Bueno, le habría pedido a Bautista que se quedara con mis libros, mis cuadernos, mis álbumes de novelas ilustradas, mi ordenador, el televisor, el equipo de música, los pendrives, los discos duros externos…Por si regreso, esas son todas mis posesiones. Seguro que lo aceptará, aunque me resultará difícil librarme de él porque querrá que me quede en su casa.

Bueno, parece que está todo listo. Es la estrategia de un guerrero. Mientras haya un solo aliento de vida hay esperanza, hay que seguir luchando. Cuando llegue la muerte… a bailar la última danza con ella. Es posible que enferme, que pille algo grave viviendo al aire libre, pero si no recuerdo mal nuestros ancestros vivían así y sobrevivían. De todas las estrategias de guerrero para enfrentarme a una posible denegación, ésta es la mejor. Hecho. Un guerrero se olvida de la estrategia diseñada hasta que llegue el momento de utilizarla, si es que llega. Un enfermo mental entra en bucle, las ideas obsesivo-compulsivas se apoderan de él, se deprime, se desespera, no deja de dar vueltas y vueltas al tiovivo, cada día está peor, un metro más bajo tierra. Esta es la gran diferencia entre delirio de enfermo y estrategia de guerrero. En realidad el delirio se ha diferenciado muy poco de la estrategia, tan solo hay una diferencia importante, el guerrero sigue adelante y no recordará la estrategia hasta que sea necesario, el enfermo vivirá en el delirio todo el tiempo y si nunca se realiza no importará porque su mente lo ha estado viviendo tanto tiempo que ya forma parte de su realidad y de su vida, acabará internado o acabará en un intento de suicidio, no es un guerrero, no vive y lucha como un guerrero.

Así eran mis delirios, los que me condujeron al suicidio en mi juventud, así continúan siendo mis delirios, solo que ahora soy un guerrero y cuando digo basta es basta. Se acabó, a dormir, si ocurriera sé lo que tengo que hacer y lo haré. Esto me puede servir para una novela, lo mismo que aquel delirio en el coche, cuando me perdí en la circunvalación a Madrid y me puse a dar vueltas hasta encontrar de nuevo la salida que me había pasado. Temía más meterme por el centro que dar vueltas. De ahí salió una bonita historia, “Perdido en el tiempo”.

En realidad todo salió bien, por fin he cobrado mi primera pensión, un inmenso alivio, porque una vez que la maquinaria burocrática se pone en marcha ya es más difícil pararla que conseguir que siga dando vueltas. Es posible que tengamos problemas con las pensiones, más si no tenemos gobierno, es posible que el estado quiebre, que venga el apocalipsis económico, que llegue otra depresión del 29. Todo es posible, pero yo al menos ahora estoy jubilado, soy pensionista. Lo que ocurra en el futuro deberá ser enfrentado en el futuro.

Decidí ir a Soria, buscando un lugar que me gustara, también estuve por Segovia, Ávila, hay pocas zonas montañosas de España que no conozca. Me quedaba Soria a donde nunca había ido. Me gustaron los Picos de Urbión. Busqué en Internet y encontré la casa que me gustaba. Puse la maquinaria en marcha. Pude ver la casa, me gustó mucho. Un momento fóbico que luego me hizo pensar que se iban a echar atrás al darse cuenta de que yo era un enfermo mental. En estos casos nunca lo digo por anticipado, hay que sobrevivir y sigue existiendo mucha gente que cree que un enfermo mental es peligroso, que le puede quemar la casa, que su deterioro puede convertirla en una pocilga, etc etc. El arte de acechar, la estrategia del guerrero. No necesitan saber eso de momento y no lo sabrán.

Todo sobre ruedas, pero no quieren que tenga perro, no sé si han tenido alguna vez mascota, intuyo que no. Entiendo que es una casa preciosa, de piedra, una maravilla, que nadie ha vivido allí, excepto ellos, que duele dejarla en manos de otro, que seguro que preferirían venderla, pero tal como está el mercado inmobiliario, eso está difícil. ¡Que me lo digan a mí! Consigo sacarles lo del gatito, algo tan diminuto que no puede hacer daño a nadie. Luego me dirán amigos con mascotas que un gato puede deteriorar más que un perro con sus uñas y sus movimientos bruscos. Bueno. Si al menos consigo un gatito creo que no me sentiré tan solo y falto de afecto.

Otro problema, del que me entero más tarde es Internet. Mis abuelos fueron ganaderos en los Picos de Europa, conozco bien lo que es pertenecer al mundo rural, un tercer mundo dentro del primero. Sin embargo creía que eso formaba parte de la historia. Parece que no es así. La banda ancha no llega al mundo rural, hay que conformarse con la conexión vía satélite, de la que todo el mundo habla pestes en los foros. Ciudadanos de segunda. Pensaba que ahora tienen tractores y todo tipo de maquinaria, hay explotaciones ganaderas mecanizadas, el campo parece haber llegado también al siglo XXI. Pero no, ya he visto en la tele que en los pueblos que no tienen bastantes niños se cierran las escuelas y algunos tienen que ir andando hasta la próxima, porque tampoco hay dinero para el transporte. Tampoco hay sanidad, se quitan los centros de atención primaria y hay que ir a las ciudades. Todo está en las ciudades. Y ahora voy yo, un urbanita de toda la vida, y decide irse al campo para vivir su jubilación y morir, sin asistencia médica, sin Internet, solo porque le gusta la montaña, la naturaleza, y eso es un pecado capital en nuestra sociedad. Pues lo haré. Tal vez el ayuntamiento tenga wifi gratuita para el pueblo y al menos podré seguir subiendo mis textos y haciendo alguna cosilla por aquí. Si no la hay y la conexión vía satélite es muy cara y mala, buscaré estrategias de guerrero. En Vinuesa hay biblioteca pública con wifi. Tal vez pueda llevar mi portátil o tal vez pueda conectarme allí de vez en cuando, escribir algún texto o copiar alguno del pendrive, suponiendo que en los ordenadores de las bibliotecas públicas se pueda enchufar el pendrive. O podré aprovechar los viajes, que seguiré haciendo, para buscarme un hotel con wifi gratis y pasarme la noche subiendo textos atrasados. Ya dormiré cuando regrese a mi casita de papel. Como decía aquella canción tan antigua. ¡Qué felices seremos los dos, en tu casita de papel!

Bueno, creo que eso es todo. Las estrategias de guerrero ya están implementadas. Cuando surja algo nuevo, nos enfrentaremos a ello. Mientras tanto fuera bucles y delirios. Un enfermo no es un guerrero, y yo estoy harto de haber sido un enfermo toda la vida.

Creo que resumiendo estos dos meses, podría decir que la primera semana fue confusa, durante la segunda entré en mi delirio sobre el pago de la pensión. A finales de mayo de fui en un viaje por Soria que resultó de lo más agotador. Decidí dormir en el coche para ahorrar y comer lo que llevaba. La tercera noche dormía en un hostal barato, para ducharme, dormir a gusto y recargar el móvil. Sí, porque esa es otra. Muchos me creen un avanzado de las tecnologías, de risa. No había caído en que podía comprar un cargador para el coche, así que tuve apagado el móvil los tres primeros días. Asusté a algunos wasaperos. Mc se enfadó conmigo porque estaba convencida de que era que no quería hablar con ella. Típico de la patología del enfermo mental, todo el mundo tiene que estar cuidándole como si fuera un bebé.

Me encantó Soria. Un paseíllo por Segovia y Ávila y la sierra madrileña. Nada, me quedo con los Picos de Urbión. Regresé agotado. Comida con Bautista y familia. Cena con G. Comida con Dr. Creo que he celebrado la jubilación de la mejor manera posible dentro de mis posibilidades. Comienza el calor, malo. El final de la primavera y el comienzo del verano es la peor época del año para mí. En estas fechas tengo registrados la mayoría de mis intentos de suicidio, depresiones, internamientos. No me va el calor y no me va el cambio de estación. Estaré atento. Ahora solo queda firmar el contrato e iniciar la mudanza, que esa será otra.
He vivido la infinita tristeza del guerrero que vislumbra la eternidad. Ahora solo me queda comenzar mi nueva y definitiva etapa. Ha sido un enorme alivio recibir la carta de Hacienda confirmando la pensión y cobrar la primera pensión de mi vida. Espero vivir todo el tiempo posible en aquella bonita casa. Que tampoco sé el tiempo que estaré, porque el alquiler es renovable anualmente y hay cláusulas de uso para familiares que lo necesiten, y la posibilidad de que les surja un comprador y la quieran vender, entonces tendría que irme al cumplirse el año. Todo está en el aire, pero en realidad la vida no es otra cosa, un alquiler permanente, un paseo por la cuerda floja. Tal vez sea el lugar físico de mi muerte. Tuve una experiencia extraña y terrible. Al abrir la esposa del dueño una ventana desde la que se veía la montaña, sentí un estremecimiento, como un deja vu. Yo estaba allí, de pie, solo, con la ventana abierta, contemplando la montaña, en lo alto la niebla, o el cierzo, como decimos en mi pueblo, bajando hacia el valle. Un intenso dolor físico, el deterioro de la enfermedad, la proximidad de la muerte. Lo peor, la soledad. Allí, de pie, viejo y enfermo, iba a morir solo. Pero eso tampoco era lo peor. La sensación terrible de que no era allí donde debería estar. Ese era el plan B, el plan alternativo por si fallaba el plan bueno. Yo estaba viviendo el plan B, y la sensación de fracaso fue espantosa. Tal vez por eso luego viviría algún momento fóbico mientras hablábamos de las condiciones del alquiler.

No debería haberme asustado tanto, porque en realidad todos, este país, está ya viviendo el plan B. Este planeta está viviendo un plan B, la única alternativa al apocalipsis que debería habernos fulminado ya a todos.

 

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