LOCOS EGREGIOS V

27 07 2016

LUIS II DE BAVIERA, EL REY LOCO

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Es un personaje muy conocido sobre todo por la película de Visconti, del mismo título, una obra maestra del cine. Así supe yo de su existencia. Como enfermo mental me llamó la atención su personalidad e intenté documentarme más sobre el tema, encontrando algunas características típicas de la enfermedad mental. Así, por ejemplo, su herencia genética estaba clara, existían claros antecedentes de enfermedad mental en su familia, por parte materna y paterna. Su abuelo Luis I también fue considerado un desequilibrado.

Por otro lado la educación recibida y su infancia, fundamental en el desarrollo de la enfermedad mental, fueron muy propicias para que ésta acabara manifestándose. Fue desatendido por sus padres y la soledad formó parte de su vida desde muy niño, algo que como veremos al repasar estos casos de enfermos mentales célebres es muy común, como lo es también en la mayoría de enfermos mentales. La necesidad de cariño es una constante en todo enfermo mental. Aunque pueden existir casos -siempre hay excepciones- en los que un enfermo reciba mucho cariño familiar, la regla sigue siendo que todo enfermo mental ha recibido muy poco cariño a lo largo de su vida, especialmente en las etapas críticas, infancia, adolescencia y juventud. De ahí que una de las terapias básicas para mejorar la vida de un enfermo sea la de darle mucho cariño. Lo mismo que la falta de alimento o una mala alimentación es la base del raquitismo y de todo tipo de enfermedades, la falta de cariño origina siempre un raquitismo emocional y y todo tipo de patologías. Si al hablar con un enfermo mental le preguntamos por su infancia y por el cariño recibido siempre descubriremos que éste ha brillado por su ausencia, cuando no se han producido malos tratos, agresiones físicas o maltrato psicológico. Nunca falla.

La vinculación de causa-efecto es muy clara. Asumiendo que existe una herencia genética, lo cierto es que, lo mismo que sucede en las enfermedades físicas, un cuidado exquisito sobre los factores que pueden desarrollar la enfermedad ayuda mucho a que ésta no se manifieste con virulencia. Si uno tiene antecedentes diabéticos en su familia, como es mi caso, un descuido en la alimentación hará que sea más fácil heredar la enfermedad que si uno se cuida mucho. En el caso de la enfermedad mental la falta de cariño es una apuesta segura para que ésta se desarrolle y con mayor virulencia cuanta mayor sea esta falta de cariño. La educación espartana, la dureza en el trato, la mala alimentación, la negativa sistemática a dar cariño, por parte del entorno del enfermo, ayuda mucho a que la enfermedad se manifieste y en algunos casos con extrema virulencia, como es el caso de Luis II de Baviera. Si a esto se une una personalidad tímida, hipersensible, imaginativa, un carácter apocado, falta de voluntad, baja autoestima, rebajada aún más por la familia y el entorno, entonces lo raro es que al cabo del tiempo la enfermedad pueda llegar a apoderarse por completo de la personalidad del enfermo.

Si además se echan sobre las espaldas del enfermo graves responsabilidades que no es capaz de soportar, como fue la realeza, en el caso que nos ocupa, la enfermedad mental está servida. Desconozco si existe un estudio serio y profundo sobre la enfermedad mental de Luis II, pero basta con ver la película de Visconti y documentarse un poco para encontrar signos evidentes de su enfermedad mental. Estos signos son claros: la misantropía, esa dificultad terrible que todos los enfermos mentales tenemos a la hora de las relaciones interpersonales, la búsqueda de la soledad como un refugio, un búnker para filtrar o bloquear a personas o estímulos que hacen daño a una sensibilidad muy acusada, esa tendencia al delirio que se manifiesta, aunque se trate de ocultar, en conductas patológicas, el desarrollo de la fantasía, de forma más o menos creativa, que suele terminar en ideas obsesivo-compulsivas y en delirios, sobre todo cuando no se posee una educación sobre técnicas de control mental o unos conocimientos psicológicos que nos ayudan a desentrañar cómo funciona la psiquis y la mente en estos casos, la clara tendencia a buscar personas que aporten la dosis de cariño necesaria o que puedan dar alas a una imaginación vivísima, sin ser muy conscientes de la personalidad, a veces patológica, a veces incluso malvada, de esas personas, la confianza excesiva en personas que no se la merecen y la dificultad para confiar en personas que sí son dignas de confianza y que sí pueden darnos apoyo y cariño, por la sencilla razón de que cantan las verdades del barquero, de que no halagan ni hacen la pelota, de que nos enfrentan al espejo… Todo esto se manifiesta con claridad en la vida de Luis II.

 

Fue tratado con dureza en su infancia, alejado de sus padres que no se ocupaban de él, vivió una intensa soledad, se le privó del cariño que necesitamos todos, pero especialmente los niños, sufrió castigos que rebajan la autoestima y hacen daño físico, como la privación de alimento, estar a pan y agua. Se puso sobre sus hombros una carga muy pesada, como fue la realeza, y a una edad muy temprana, los dieciocho años. Su hipersensibilidad, la dificultad para filtrar o bloquear los estímulos y su incapacidad para las relaciones interpersonales le convirtieron en un misántropo. En la película de Visconti se aprecia con claridad cómo se siente incapaz de asumir sus responsabilidades, cómo busca la soledad, cómo comete graves errores a la hora de apreciar a las personas que merecen su confianza. El caso de Richar Wagner es sintomático. Un genio de la música, un creador excepcional, al que una sensibilidad como la de Luis II no puede evitar entregarse con las consecuencias históricas de todos conocidas. Porque el ser un gran creador, un gran artista, no implica que al mismo tiempo se deba ser una gran persona. El caso de Wagner es paradigmático, todo lo que tenía de genio de la música lo tenía de mala persona, vividor, manipulador, con escasos valores éticos que le llevan a seducir a la esposa del gran director de orquesta Hans Von Bulow, e hija del gran músico Frank Listz. No se puede decir que Wagner fuera una persona ideal para ser amigo de un enfermo mental, pero la admiración que sentimos todos los enfermos mentales por los grandes creadores y grandes genios, por aquellos que pueden proporcionarnos un mundo imaginativo y artístico que nosotros somos incapaces de darnos a nosotros mismos, le llevó a entregarse, casi atado de pies y manos a este hombre problemático que fue un verdadero terremoto en la vida de Luis II.

No es difícil imaginar lo que supondría para este enfermo mental ser investido rey y asumir responsabilidades que muy pocos entre los no enfermos serían capaces de asumir con cierta dignidad y normalidad. Si luego pensamos en las personas que le rodearon buscando dinero, poder, trepar en la escala social, de las que se podía esperar todo menos cariño y afecto, si imaginamos los consejos que le dieron, los chantajes, las coacciones psicológicas que siempre sufre una figura pública, lo raro hubiera sido que Luis II no terminara como terminó. El poder con el que fue investido le proporcionó alas a sus delirios, para no tener que luchar con garras y dientes contra ideas obsesivas, como nos sucede al resto de enfermos mentales, que sabemos muy bien lo que nos ocurre si no nos controlamos. Sus crisis le llevaron a refugiarse en la soledad, lo peor que puede hacer un enfermo mental que sufre delirios, a buscar la compensación del sexo de forma desequilibrada, a dejarse llevar por romanticismos infantiles y a enfrentarse al entorno de forma agresiva. Y acabó como acabamos todos los enfermos que no nos controlamos, internados, bajo la supervisión casi omnipotente de profesionales mejores o peores pero en la mayoría de los casos incapaces de aceptar que un abrazo, una muestra de cariño hace mucho más por el enfermo que todas las medicaciones y terapias habidas y por haber. Privado de su dignidad, sometido a privaciones que resultaban aún más dura en alguien que alcanzó un altísimo nivel social, no es sorprendente que su mente se dedicara a buscar fórmulas para conseguir el suicidio. En eso me recuerda a mí, cuando amenazado con permanecer toda la vida en un psiquiátrico busqué la forma de que me dieran un permiso. Para ello no dudé en rebajarme, en interpretar el papel de niño bueno, en halagar y en mostrarme amable hasta el empalago con el psiquiatra que me supervisaba. Al final logré que me diera un permiso para salir a Madrid, permiso que utilicé sin más para arrojarme al metro.

Luis II, como se ve en la película de Visconti, también ocultó su deterioro psíquico y logró convencer a la persona más afectiva y empática para que le dejara pasear solo cerca del lago. En realidad este permiso fue condicionado a que esta persona le acompañara. No se sabe lo que ocurrió, pero teniendo en cuenta las consecuencias y la conducta patológica del enfermo mental en estos casos, parece muy probable que se librara de su acompañante por la violencia (un enfermo la usa cuando está desesperado y su decisión de suicidarse encuentra obstáculos) y que lograra alcanzar el suicidio de una forma que no parece muy indolora precisamente, por ahogamiento. También es posible que Luis II se escapara, se arrojara al lago y su acompañante se ahogara al intentar rescatarlo. Es posible, cierto, pero parece más probable la anterior hipótesis. Rara vez los enfermos intentamos el suicidio en presencia de otras personas, y cuando se hace está claro que no quieren morir y solo es una llamada de auxilio. En el caso de este personaje su reclusión hacia obligado que lo intentara de cualquier forma posible, solo o en compañía. La violencia que puede desarrollar un enfermo que ha decidido suicidarse, que está desesperado, que considera que ha sido privado de su dignidad de ser humano, con quien intenta impedírselo, solo puede ser imaginada por quienes no la hayan vivido. En cierto modo se parece a la violencia y la fuerza descomunal que tienen los drogadictos bajo el síndrome de abstinencia y de la que  fui testigo presencial por mi trabajo. Quien no lo haya visto no se lo puede creer. También me ocurrió a mí cuando se me echaron encima varios celadores y me pegaron una paliza, de no haber sido por un ataque de asma que me impidió respirar y defenderme me asusta imaginar lo que hubiera ocurrido.

Luis II fue un caso atípico de enfermo mental, en el sentido de que rara vez alcanzamos el poder o la posición social que nos permita tener un ascendiente sobre gran número de personas, pero en todo lo demás es un caso típico, incluida su muerte, desesperada, buscada con astucia y manipulación. Una muerte por ahogamiento no debe ser algo sencillo, lo único que se puede desear en estos casos es que el sufrimiento haya sido el menor posible.

https://elsitiodeconcha.wordpress.com/2011/07/17/luis-ii-de-baviera-un-rey-lleno-de-debilidades/

https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_II_de_Baviera

 

 

 

 

 

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