ERRORES DE CONDUCTA RESPECTO AL ENFERMO MENTAL IV

10 08 2016

ERRORES DE CONDUCTA RESPECTO AL ENFERMO MENTAL IV

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Ahora sí nos centraremos en la aceptación de su enfermedad por parte del enfermo mental y de esta forma contestaré a una consulta hecha en el blog al respecto.  Una enfermedad mental debe ser diagnosticada, los autodiagnósticos están bien para andar por casa pero no para tomar las decisiones correctas que nos ayuden a vivir de la mejor forma posible. Todo diagnóstico debe hacerse por un profesional y nunca viene mal que sea revisado por alguno más. La enfermedad mental tiene muchas complicaciones, tanto a la hora del diagnóstico como en las siguientes etapas, el conocimiento de la enfermedad y su tratamiento, no digamos a la hora de que el enfermo acepte su enfermedad, respecto a los familiares y el entorno ya hablamos de ello en el anterior capítulo.

Una enfermedad mental no es como una enfermedad física, te duele la barriguita, pongamos por caso, poniendo un ejemplo y tratando el tema con humor, como a mí me gusta, y esperas un poco, a ver si mañana estás mejor, si no lo estás comienzas a pensar qué es lo que te pasa, habré comido algo en mal estado, me habré enfriado, me destapé anoche, etc.  Se toma una infusión digestiva, un caldo caliente, un protector de estómago, lo que sea, y si el dolor sigue persistiendo se va al médico de familia que nos diagnostica y nos da medicación, si entiende que puede ser algo más serio te remite al especialista, te hacen pruebas de todo tipo y al cabo de un tiempo, mayor o menor, acabas sabiendo qué te pasa y los tratamientos posibles y la evolución de la enfermedad, desde las posibilidades más leves a las más graves.

En el caso de la enfermedad mental todo es mucho más complicado, infinitamente complicado. Porque un momento de tristeza lo tiene cualquiera, un periodo de bajón del ánimo, de profundo decaimiento, también es bastante habitual, sobre todo si  se han producido acontecimientos externos, como el fallecimiento de un ser querido, la pérdida de un trabajo, una ruptura sentimental, etc. ¿Cómo sabemos entonces si estamos tristes por una causa “normal” o si es un síntoma de una posible enfermedad mental?

Es la pregunta del millón, por desgracia no existe una cultura en nuestra sociedad sobre el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad mental. La única cultura que ha existido a lo largo de los siglos ha sido la cultura del “palo y tente tieso”, es decir, todos eran más o menos raritos, si uno lo era más que el resto, mientras no complicara las cosas podía ser diagnosticado como “un loco amable”. Si era peligroso y violento, el diagnóstico era inmediato e inmediato el “tratamiento”, palo y tente tieso. Según las épocas un loco podía pasar a ser un poseído por el demonio, un brujo o bruja, o aspirante a chivo expiatorio de los asesinos en serie de la época. Aún hoy día sigue existiendo una incultura supina, crasa y trascendental, como nos decía a nosotros el profesor de latín, que teníamos ese tipo de cultura, vamos que éramos unos burritos. En nuestra sociedad hay campañas para la prevención de diferentes enfermedades, cáncer, enfermedades infecciosas de todo tipo, las campañas están a la orden del día, pero jamás he visto una campaña o un protocolo para la detección de una enfermedad mental y cómo deben comportarse familiares y entorno. Aquí te diagnostican después de un intento de suicidio, si sobrevives, que ese es otro tema que trataremos en otro momento, porque para la mayoría de la gente comienzas a ser un enfermo mental después de un intento de suicidio, entonces sí comienzan a tomarte en serio, pero las estadísticas dicen que somos pocos los que sobrevivimos a serios intentos de suicidio, es como si a un enfermo de cáncer le diagnosticaran cuando está agonizando, esto no es de recibo. Es cierto que también comienzan a preocuparse por ti cuando te encamas y te pasas quince días, pongamos por caso, sin levantarte, sin comer, sin hablar, etc, entonces un familiar sensible y compasivo decide llevarte al médico de familia por si tienes anemia o alguna otra enfermedad. Como los adolescentes son muy raritos, esto suele pasar desapercibido, si lo haces de joven primero se piensa en una enfermedad física, si te ocurre de adulto enseguida te preguntan si se te ha muerto alguien o has roto con la novia o has perdido el trabajo. Y si de niño comienzas a presentar síntomas o conductas un poco “raritas” te llevan al psicólogo para que te trate como a un niño “rebelde” e insufrible. Normalmente los enfermos mentales somos diagnosticados de jóvenes, de los dieciocho años en adelante, cuando ya hemos sufrido alguna crisis grave.

INQUISICIÓN

Pondré el ejemplo de mi propio diagnóstico para que nadie se sienta ofendido o avergonzado. Yo ya soy un enfermo mental público, no tengo nada que perder, nadie se va a ofender o avergonzar por lo que diga y como ya tengo una edad y he vivido la mayor parte de mi vida como enfermo, para mí hablar de ello es como para un diabético al que todo el mundo ha visto pincharse, reconocer que efectivamente lo es. En esta loca sociedad en la que vivimos, caótica, sin valores, agresiva, violenta, competitiva hasta el salvajismo, en la que vemos y hemos visto tanto, en la que todo el mundo es serio candidato a enfermo mental, reconozco que darse cuenta de que alguien efectivamente lo es, no es nada fácil. Incluso las pruebas genéticas, que ya son bastante comunes para ciertas enfermedades físicas, no dejan de ser una entelequia para la enfermedad mental. El hecho de tener determinados genes, de haber existido enfermos mentales en la familia, ya indica la seria posibilidad de que nosotros podamos sufrirla también, pero como me dijeron cuando sufrí una úlcera de duodeno, la helicobacter pílori, la bacteria causante, la tenemos todos, solo que a algunos se nos manifiesta y a otros no. La “bacteria” de la enfermedad mental la tenemos todos, solo que la manifestación dependerá de muchas causas, algunas muy elementales.

Yo, particularmente, tengo un diagnóstico “mágico” para la enfermedad mental. Claro que yo no soy nadie y mis manifestaciones deben tomarse como las de un enfermo que se mete a “autodiagnosticarse”, con mucha reserva. Aún así me atrevo a decir que si observamos con este “aparatito” mágico de mi invención a las personas, pequeñas o grandes, encontraremos con facilidad la semilla de la enfermedad. Un niño que no recibe cariño suficiente o que es maltratado es un serio candidato a la enfermedad mental, con genes o sin genes. Todas las víctimas del maltrato, de la tortura, los que han sufrido la pérdida de un ser querido, los que están solos, incapaces de relacionarse, misántropos, bloqueados emocionalmente, son candidatos a la enfermedad mental. Cuando escucho a los vecinos de los asesinos en serie, decir aquello de que “parecía una buena persona” porque no “daba guerra” y saludaba al pasar, aunque en realidad no se relacionara con nadie, se me cae el alma a los pies, como si “las buenas personas” fueran aquellas que permanecen en sus casas, sin relacionarse, sin insultar a nadie, capaces de morirse sin dar ni una vez la lata a un vecino. Esto nos indica el paupérrimo criterio que existe en esta sociedad sobre las buenas personas, los sanos y los enfermos. No importa cómo seas o lo que hagas o no hagas mientras estés solito y no te metas con nadie. Esto indica bien a las claras el nivel espiritual de esta sociedad y lo que podemos esperar de ella. Si no eres productivo, competitivo, si no eres capaz de triunfar consiguiendo muchos bienes materiales, o fama o poder, o lo que sea, al menos apártate del camino y no molestes.

Yo fui un niño muy sensible, no es que esto te haga candidato a enfermo mental, pero sí es cierto que no hago otra cosa que escuchar a los hermanos enfermos mentales autocalificarse de “sensibles”. En una sociedad como la nuestra, ser sensible, empático, blandito por dentro, es poner el cuello bajo el hacha del verdugo. Esto es cierto y por mucho que los “triunfadores” nos digan que el secreto de su éxito es haber sido duros y haber alcanzado las metas sin echar una lagrimita por el prójimo, yo particularmente siempre preferiré seguir siendo “sensible”. Una persona sensible, imaginativa, creativa, empática, tímida, que sufre mucho por todo, que no se “endurece” por muchos palos que la den es una excelente candidata a enfermo mental. Si además tus padres no son cariñosos o si has presenciado el maltrato físico o psicológico, si en tu familiar un abuelo o abuela o tío o tía o bisabuelo o bisabuela, han sido”locos” o enfermos mentales no diagnosticados, lo más fácil es que te toquen muchos números en la rifa de la enfermedad mental. Si  además sufres una educación represiva en todos los sentidos, como yo la sufrí, si ya de niño te inculcan que puedes ir al infierno por una mentirijilla y allí quemarte por toda la eternidad, entonces ya estás en el camino de la enfermedad mental. Si no hubiera sido un niño tan sensible habría hecho la primera comunión sin antes pedirle al cura que me volviera a confesar porque había dicho una mentirijilla para salir del paso, o no me habría sentido tan culpable por masturbarme que no podía dormir por las noches pensando en que si moría en ese momento me iría al infierno. Mucho cuidado con la educación que reciben los niños en este terreno, los estamos preparando para la enfermedad mental. No puedes educar a un niño diciéndole que existe el infierno y se va a ir a él con solo una mentirijilla, no digamos si se masturba y luego además va a comulgar sin confesarse, o decirle a un adolescente que bajo ningún concepto arroje la semilla antes del matrimonio o Dios se enfadará. Incluso en estos tiempos escucho a prelados de la iglesia católica hablar como me hablaban a mí los frailes que me educaron, y me rebelo sin poder evitarlo. Educar en la represión, el dogmatismo, sin cariño, con amenazas, con coacciones, destroza la psicología del niño, que se transforma en un adolescente misántropo y atormentado, luego en un joven incapaz de enfrentarse a la vida y propenso a la desesperación y al suicidio.

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Esa fue en parte mi historia. En mi familia ha conocido algunos casos que hoy se calificarían de enfermedad mental. Debo admitir que en mí debe haber más de un gen torcido. Si además nací sensible e imaginativo, creativo, como he demostrado en mi faceta de escritor, si además, mis padres, por educación y por la época en la que vivieron,no fueron muy cariñosos, si presencié algunas escenas que hoy podrían calificarse de maltrato físico o psicológico, aunque entonces eran bastante normales, si además fui educado interno en un colegio religioso durante ocho años, de forma tan represiva que hoy me da la risa, aunque no fue tan divertido, como lo cuento en mi novela “Los pequeños humillados”, si además yo “iba para cura” como se decía entonces, y lo abandoné porque no soportaba el dogma y la represión, entonces tan solo falta “un pelo” para que algo desencadenara mi enfermedad mental.  Incapaz de relacionarme al salir del colegio, huyendo de las chicas como del demonio, porque así me habían educado, sin trabajo, a pesar de mi formación, para le época más que aceptable, el que en un momento determinado intentara el suicidio, me tirara por una ventana, estaba más que cantado.

No digo que de niño debieron haberse dado cuenta de lo que me pasaba, que de adolescente estaba claro que yo era un buen candidato a enfermo mental, no digo que tuviera que ser diagnosticado antes, dada la época que me tocó vivir, pero al menos alguien debió haberse dado cuenta de lo que me pasaba y llevarme a donde fuera posible en aquellos momentos, antes de que me arrojara por una ventana. Porque entonces todo fue muy sencillo. Internamiento en un psiquiátrico, diagnóstico de enfermo mental, tratamientos de choque… todo demasiado tarde y mal. Debería haber un protocolo para el diagnóstico del enfermo mental a edad temprana, por mucho que pueda doler a los familiares y al propio enfermo. Desde luego que yo hubiera preferido que un profesional me hubiera dicho, a los catorce años, por ejemplo, que necesitaba tratamiento psicológico porque era candidato a enfermo mental, que no que me lo dijeran después de haberme roto la crisma al tirarme por una ventana. Aquellos eran otros tiempos, desde luego, pero hoy estamos en “otros tiempos” y todo sigue igual o casi igual. Creo que en parte la culpa es del “estigma”, de ser considerados como unos enfermos más ya se habrían establecido protocolos de diagnóstico y tratamiento a edad temprana, aunque yo sigo creyendo “erre que erre” que la gran medicina para el enfermo mental es el cariño y debería establecerse un protocolo de emergencia para que todo el mundo abrazara por la calle a una persona que acaba de ser diagnosticada como enfermo mental, creo que incluso antes, mucho antes, si todos recibiéramos cariño suficiente desde el nacimiento y a lo largo de toda la vida, no digo que no habría enfermedad mental, pero ésta no sería el gran problema escondido y vergonzoso de la humanidad que es ahora.

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Y como siempre me alargo en demasía, dejaré para otro capítulo el proceso que sigue un enfermo hasta que consigue aceptar su enfermedad y cómo la dificultad de este camino hace que muchos se echen atrás constantemente y cómo somos muy pocos los que decimos: sí, aquí estoy, soy un enfermo mental, hago lo que puedo, lucho con garras y dientes, he vivido esta experiencia, de la que no me avergüenzo porque es una enfermedad y cada día aprendo más de mi enfermedad, cada día me enfrento a ella, cada día avanzo, cada día me transformo un poco más en un guerrero impecable. Nos queda un camino tan largo a los enfermos mentales que yo mismo me asusto. Algún día estas mis palabras parecerán tan elementales que se asombrarán de que en esta sociedad y en estos tiempos los enfermos fuéramos tratados como lo estamos siendo, lo mismo que ahora nos asombrábamos de que en la Edad Media se nos considerara poseídos por el demonio.

 

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2 responses

26 08 2016
Paco

Interesante y mucho tu blog. Yo estoy desesperado. Llevo año y medio con mi hermana diagnosticada como personalidad Cluster tipo B, depresión y ansiedad aguda y nostalgia vital. En uno de tus post, dices que el cuidador debe de ser más atleta que el enfermo… A mi me detectaron cáncer de colon, me operaron en mayo y me han puesto la bolsa para las heces de manera indefinida…imagina cual es mi estado. Los dos completamente destrozados. Al límite total. Solos. No tenemos a nadie mas.Ella no puede cuidarme y yo a ella, le he entregado hasta mi salud. A todo esto problemas serios económicos. Ya no pienso en mi curación, solo en la de ella, porque sería mi curación. No puedo más. Que me puedes aconsejar?

29 08 2016
Slictik

Querido amigo, vuestra situación es muy dramática y dice mucho de tu gran corazón el que te preocupes más de ella que de tí mismo. En mi juventud viví la tragedia de mi padre, que sufrió un cáncer de intestino y que como tú vivió con la bolsa. La medicina ha progresado mucho en estos años y tus posibilidades de salir adelante son muchas, pero como dices te ayudaría mucho que tu hermana mejorara y pudieras dedicarte más a tí mismo. No te equivocas cuando hablas de que le has entregado a ella hasta tu salud, muchos familiares de enfermos mentales llegan a esos extremos heroicos, hasta perder ellos mismos la salud o incluso llegar a sufrir ellos también graves problemas psiquiátricos, sin darse cuenta de que mal se puede ayudar a otra persona si nosotros estamos peor que ella. No es preciso sufrir hasta esos extremos para demostrar a un enfermo mental que se le quiere, tampoco hay que destrozarse la vida intentando hacer más de lo que está en nuestra mano hacer, más de lo que se puede. Muchos familiares consideran, aunque no sea de forma muy consciente, que de alguna manera, pueden quitarle sufrimiento al enfermo si son ellos los que sufren más que él. Esto es un grave error que se paga muy caro. Hay que aceptar que por el enfermo se puede hacer lo que se puede hacer, es decir, muy poco, visto con parámetros de recuperación de salud, pero muchísimo si lo miramos desde el punto de vista del enfermo. Como ya he dicho en otros textos por el enfermo solo se pueden hacer tres cosas: escucharle, apoyarle y darle cariño. La enfermedad mental no es como la enfermedad física, no existe medicación perfecta que cure a un enfermo mental, no existe terapia maravillosa que pueda transformarle de la noche a la mañana. En mi opinión la enfermedad mental tiene mucho de enfermedad del alma y aunque la medicación puede ayudar mucho, especialmente en las crisis, y aunque ciertas terapias puedan ayudar a disminuir y corregir algunos trastornos de personalidad, hay que aceptar que la enfermedad mental, salvo raras excepciones es crónica y en la mayoría de los casos es de por vida. Claro que no es lo mismo que el enfermo tenga una alta calidad de vida que viva en un infierno año tras año. Imagino que en tu caso lo que más te preocupa es que ella esté atendida y que su futuro sea aceptable, ocurra lo que ocurra con tu enfermedad. No me dices si eres español o no. En España existen asociaciones de familiares de personas con enfermedad mental, tal como quieren que se les denomine. Yo mismo he dado cursillos de yoga mental en una de estas asociaciones y tengo estrechos lazos de amistad con familiares y enfermos de esta asociación. Me consta que a pesar de los recortes en sanidad que ha sufrido España aún siguen existiendo fundaciones que tutelan a enfermos que no tienen familia o que la familia no quiere hacerse cargo de ellos. También existen pisos donde conviven varios enfermos con supervisión profesional. Si vives aquí te sugiero que te pongas en contacto con la asociación más cercana, allí te informarán y orientarán y hasta es posible que puedan ayudarte de alguna manera.

Por lo que me dices de tu hermana y de que ha sido diagnostica hace poco deduzco que ella no es muy mayor, ya que estos diagnósticos se suelen producir a edades tempranas y si sois hermanos tampoco puede haber mucha diferencia de edad entre vosotros. Me dices que estais los dos completamente solos, eso puede significar o que no tengáis más familia o que ésta no quiera saber nada de vosotros, lo que también es posible. Si no hay más familia vuestra única opción es buscar ayuda, bien en las asociaciones de familiares de personas con enfermedad mental o bien ayudas estatales siempre que sea posible o incluso yo daría el paso de buscar ayuda a través de los medios. Vemos que los medios se ocupan mucho de personas lejanas que están viviendo grandes tragedias y las ONGs se trasladan a la otra punta del mundo para echar una mano. Pues bien, amar al prójimo es sobre todo amar al “próximo”. No es comprensible que nos vayamos a las antípodas para ayudar cuando a la vuelta de la esquina tenemos personas que necesitan tanto o más ayuda que las otras. Como dijo Krishnamurti, y no es una cita literal, no debemos avergonzarnos de estar enfermos en una sociedad que está enferma hasta la médula de sus huesos. No debemos avergonzarnos de buscar y pedir ayuda, incluso públicamente. Si vuestra situación económica es tan difícil y la situación personal tan desesperada no veo razón para que no puedas dar el paso de acudir a los medios y buscar sensibilizar a personas que puedan echaros una mano.

Te voy a hablar de un caso que puede ayudarte a darte cuenta de que muchas veces menospreciamos la capacidad del enfermo mental para sobrevivir por sí solo e incluso para ayudar a otros, saliendo de esa especie de búnker donde nos refugiamos con frecuencia. Tengo una amiga, enferma mental, a la que conozco desde hace más de tres años y a la que intento dar apoyo y cariño siempre que puedo. Pues bien, ella tiene a su cargo a su madre, persona ya muy mayor y gravemente enferma. A pesar de ser ella una enferma mental y de haber pasado momentos muy malos, lo sé muy bien, ha sido capaz de cuidarla dentro de sus posibilidades y casi sin ayuda. Su caso es distinto al vuestro porque hay más familia, pero como si no la hubiera, porque una serie de conflictos y circunstancias hacen que la única que se ocupe de su madre sea ella. La madre ha estado en estos últimos meses internada en hospitales, incluso al borde de la muerte, ahora mismo está en casa con oxígeno y muy medicada. Pues bien su hija va a ser operada de cáncer dentro de unos días y está buscando desesperadamente a alguien que se ocupe de su madre. Yo, que estoy jubilado, podría echar una mano, pero no parece muy factible, dado que existe familia que podría echárseme encima y además la mentalidad de la madre es muy conservadora y no aceptaría que un hombre estuviera a solas con ella en su piso, cuidándola y dándole la medicación. De alguna manera habrá que afrontar esto, cuando la hija sea operada no podrá ocuparse de la madre y ésta no puede quedarse sola, así que la familia tendrá que echar una mano o buscar alguna solución que permita que ambas estén atendidas.

Con esto quiero simplemente decirte que un enfermo mental, por muy mal que esté y por muy poco que pueda cuidar de sí mismo, cuando la situación es desesperada está capacitado y debe dar el paso de hacer todo lo que sea posible tanto para cuidar de sí mismo como para cuidar a un familiar que lo necesite, como es tu caso. Sé muy bien, por propia experiencia, porque yo mismo he sido toda mi vida un enfermo mental, que cuando la situación es desesperada no valen disculpas ni teatralizaciones, o te atas los machos y luchas hasta el final o la vida te devorará. Deberías hablar a tu hermana, con respeto y cariño, pero con firmeza, sobre la situación que estáis atravesando y sobre lo que ella tiene que hacer, ayudarte, echarte una mano, cuidar de ti dentro de sus posibilidades y dar todas las facilidades del mundo para que otros puedan cuidar de ella. Salvo que un enfermo mental sufra una grave enfermedad, como la esquizofrenia, por ejemplo, y esté sufriendo un brote, sumergido en pleno delirio, siempre está en contacto con la realidad y a pesar de sus bloqueos y dificultades siempre puede hacer algo por sí mismo y por los demás. Permitirle que con la disculpa de su enfermedad no haga nada de nada, ni se ocupe de nadie más que de sí mismo, quejándose constantemente, teatralizando su situación, chantajeando, utilizando las farsas de control, es un grave error. Ser un enfermo mental no significa estar incapacitado de forma absoluta para cuidar de sí mismo o de otros, tampoco la patología de una enfermedad mental puede impedirle al enfermo luchar contra sus manías, su falta de voluntad, sus tristezas y angustias infinitas, al menos lo suficiente para afrontar cualquier situación desesperada con un mínimo de esperanza. Si a un enfermo se le deja deslizarse por el tobogán, lo hará hasta hundirse hasta el centro de la tierra y más allá. Si con firmeza se le hace saber que deberá hacer todo lo que esté en su mano para cuidar de si mismo y de un familiar que lo necesite y no se admiten sus llantos y lloros, sus histerismos, sus chantajes emocionales, sus berrinches y pataletes de niño malcriado, acabará colaborando, dentro de sus posibilidades.

Lo que tú ahora mismo necesitas es ocuparte ante todo de tu enfermedad, intentar salir adelante, intentar sobrevivir, y me parece un error subordinar tu supervivencia a la de tu hermana. Te ocurra a ti lo que te ocurra ella no se curará simplemente porque tú te cambies por ella, te ofrezcas a Dios, por así decir en su lugar. Tienes que aceptar que su enfermedad es crónica y posiblmente tenga que enfrentarse a ella el resto de su vida. Que el hecho de que tú entregues tu salud e incluso tu vida por ella no la va a curar ni la va a beneficiar en lo más mínimo. Tu prioridad ahora mismo debes ser tú mismo, curarte, pedirle con cariño a tu hermana que cuide de ti dentro de sus posibilidades, buscar ayuda externa y una vez que hayáis hecho lo que esté en vuestra mano, confiar en que “las fuerzas poderosas” como dice la filosofía chamánica del guerrero impecable, os sean favorables. Ponte en contacto con asociaciones de familiares de personas con enfermedad mental, pide ayuda, busca ayudas estatales, busca incluso la ayuda de los medios para que difundan vuestro caso. Si existiere algún familiar y no quisiera hacerse cargo de la situación en España al menos existen mecanismos legales para obligarles. Vuestra situación es desesperada y como tal debe ser tratada, cuando uno se está ahogando no farfulla conjuros esperando que alguien venga a ayudarlos, se nada con desesperación, se lucha hasta el último aliento y nunca se tira la toalla, un guerrero jamás se entrega a la muerte, es ésta la que tiene que llevárselo tras una durísima lucha. Espero que encontréis ayuda y que la situación vaya mejorando dentro de lo posible. Yo ahora estoy de mudanza y hasta que soluciones el problema de Internet en el nuevo domicilio puede que pase un tiempo desconectado, pero siemptre podrás comunicarte conmigo a través del teléfono que consta en el blog. Un fuerte abrazo fraternal y muchos ánimos.

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