DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XLIV

12 09 2016

 

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DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL

 

MI CASITA MÁGICA EN LA MONTAÑA

 

SEGUNDA VERSIÓN

 

Sí, porque la primera fue borrada, destruida, eliminada por las fuerzas poderosas. Jejé, cómo me gusta echarles a ellas la culpa de todo. Me hace sentirme mucho mejor, aunque en este caso ellas no tuvieron nada que ver con que me pusiera a desfragmentar el portatil, algo que no había hecho en años, pensando que su lentitud podía mejorar. Tampoco tuvieron la culpa de que al hacerlo perdiera la conexión wifi del ayuntamiento, gratuita, que me permitía conectarme a Internet desde mi casita mágica en la montaña. La culpa de pasarme horas buscando qué había hecho, dónde había tocado para que el portatil no reconociera una wifi que sí reconocía el móvil, es solo mía.Soy yo el testarudo, el que monta en santa cólera, no las fuerzas poderosas. Podía haber guardado el texto en un pendrive, como hago siempre, pero me los dejé en el apartamento a pesar de haber tomado todas las precauciones para no dejármelos, colocarlos en un sitio donde miraría antes de salir de casa y metérmelos en el bolsillo del vaquero, infalible. Infalible y un cuerno, mis despistes desafían a las leyes de la probabilidad. Me los dejé en el apartamento, por eso no pude guardarlo en un pendrive, y tampoco pude subirlo al blog, como suelo hacer en estos casos, porque no tenía conexión. Tampoco en el apartamento, a pesar de la wifi del ordenador, el portátil continuaba sin captar una wifi a su alrededor, aunque la tuviera en la punta de la nariz. Allí sí tenía pendrives, pero no, la santa cólera me llevó a tomar una decisión drástica y estúpida, formatear el portátil, pensando que al reinstalar el sistema nada habría que pudiera impedirle reconocer wifis. Pero… pero al formatear me quedé sin el archivo y además el portátil continuaba erre que erre, no reconoceré una wifi aunque vaya en bikini. Así pues me quedé sin el texto y ahora estoy echando la culpa a las fuerzas poderosas…Claro que ellas tuvieron la culpa de sugerirme que desfragmentara el portátil para que fuera más rápido. Sí, son muy listas las fuerzas poderosas, una simple sugestión puede poner en marcha una concatenación de efectos que llevan al objetivo deseado.

 

Claro que echarles siempre la culpa de todo es una maravillosa forma de escaquearme de mis responsabilidades, pero es idiota. Me gustaría pensar que todos estos despistes que me han acompañado durante toda mi vida son producto de una patología de mi enfermedad mental, así mi responsabilidad sería mínima, pero por otro lado sería terrible porque nunca-nunca me libraré de ellos. Ya de niño pactaba con Dios, luego de adolescente el pacto se hizo algo realmente masoquista, si me apruebas las “mates” te prometo ducharme con agua fría todas las mañanas, a las siete, a la hora en que nos levantaban, durante una semana. Hecho. Llegué incluso a ponerme algún cilicio, como oía que hacían algunos frailes. He sido malo, muy malo, pues me pondré un cilicio durante una semana. Y lo fabricaba con mis escasos medios, una cuerda atada firmemente a la barriga (entonces estaba casi en los huesos) con un añadido de algo que me pinchara la piel. Sufrí mucho para nada, porque Dios hacía lo que quería, nunca me aprobaron las mates en junio y tenía que estar todo el verano estudiando para que los frailes presionaran al profesor de “mates”, un mando del ejército de tierra retirado. Lo mismo me ocurre ahora con las fuerzas poderosas, vale, aceptaré lo que sea con tal de que…bueno, ahora pido algo mucho más sencillo de conseguir, con tal de que alguien me de un poco de cariño, y si puede ser una mujer…entonces os prometo que seré bueno, muy bueno el resto de mi vida.

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Pero nada, las fuerzas poderosas son inquebrantables, incorruptibles, in…quietantes, in…trigantes. Nunca sé lo que quieren, lo que buscan, por qué hacen las cosas. El otro capítulo era amable, divertido, narrativamente interesante, y ahora éste lleva camino de convertirse en un “poner a caer de un burro” a todo el mundo, a los demás, a las fuerzas poderosas, incluso a mí, a todos menos a los propios burros. ¿No hubiera sido mejor convencerme de que no desfragmentara el disco duro del portatil? ¿No hubiera sido mejor contar lo del automático, del diferencial, hablando técnicamente, como lo conté en la otra versión, que como lo voy a hacer ahora?

 

Sí, porque estoy harto de mi sentido del humor, del humor en general, de todo. Estoy hasta el moño de todo. Hasta estoy harto de mis hermanos los enfermos mentales que quieren morir. Yo también quiero morir… y si fuera posible ahora, no dentro de un rato, ahora. Es curioso que todos los que deseamos morir tengamos que vivir y todos los que quieren vivir mueran, en atentados terroristas, ahogados al caer de las pateras, por violencia de género, secuestrados…No parece una buena estrategia de las fuerzas poderosas, hacer vivir a los que desean morir y hacer morir a los que quieren vivir. Creo que el adolescente que fui se enfadaría mucho con Dios por estas contradicciones. Así que he decidido contar lo ocurrido con meros datos, como el robot de aquella película: datos-datos-datos…

 

Bueno, tal vez esos datos puedan servirme en el futuro para escribir alguna historia humorística, no lo descarto, pero ahora no, estoy hartito de mi sentido del humor. comencemos, “començon” como decían Tip y Coll.

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EL AUTOMÁTICO O DIFERENCIAL

 

Cuando vi la caja de luces el día que me enseñaron mi casita mágica en la montaña, me dió mala espina el que hubiera dos diferenciales para dos líneas eléctricas que suministraban electricidad a dos partes distintas de la casa. Bueno, no pasa nada. Pero sí pasó. El hecho de que durante la primera semana no saltara el diferencial me hizo pensar que había cometido algún error al poner algo que no debía en el frigorífico o al tocar donde no debía o… Luego de pronto comenzó a saltar como un cangurito gentil, cuando le daba la gana, sin pauta alguna. Decidí luchar contra las fuerzas poderosas, porque no podía ser un fantasma malévolo que jugara conmigo. Inicié un largo experimento científico,descartando los errores y quedándome con la navaja de Okam, después de descartar todo la explicación más sencilla es la verdadera. Desconecté la vitro, el lavavajillas, el equipo de música, la otra línea, apagué todas las luces…Llamé a la empresa suministradora, si no salta el automático que da entrada a la corriente en la casa el problema es del interior de la casa. Pues vale, no salta el automático de entrada, así que el problema está en la casa. Encender las luces, una por una, comprobar que todas las llaves estén bien, probar todos los enchufes… Está claro que la potencia contratada es suficiente y si no lo fuera o fuese al desconectarlo todo menos el frigorífico no tendría que saltar el diferencial.

 

El experimento continuó y siguió, nada. Lo puse en conocimiento de la propiedad, mandaron un técnico que cambió el diferencial, nada. Mandaron un segundo técnico que dijo que era la vitro porque al encender el primer fuego saltó. Pero una vez desconectada la placa siguió saltando…ergo… Vino un tercer técnico que encendió todo, miró todo, y nada. Al final hice lo que debí hacer desde el principio, desconectar el frigorífico, no lo hice porque tenía alimentos perecederos en el interior. Lo dejé desconectado dos días, y no saltó, me fui a mi apartamento manchego una semana y al regreso… no había saltado, ergo… Estoy esperando que venga un técnico en frigoríficos y encuentre el “busilis” o lo que sea.

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DATOS VERANIEGOS

 

Sí, lo narraba mejor en el otro capítulo que ya no está, así que nos conformaremos con lo que hay. Agradecido a las fuerzas poderosas porque encontré el paisaje que buscaba a la primera. Los Picos de Urbión, Soria, aquí quiero retirarme y vivir apaciblemente la jubilación. Había calculado que me llevaría todo el verano y parte del otoño encontrar lo que buscaba. Luego me pondría a buscar mi casita mágica, con lo que no pensaba instalarme definitivamente hasta la primavera siguiente. Como tenía que dejar el apartamento a primeros de noviembre, pues me iría a cualquier apartamento de Vinuesa o de otra población, hasta encontrar lo que buscaba. Pues no, las fuerzas poderosas me besaron en la frente, a la primera. Aún así seguí viajando, Segovia, Ávila, la sierra madrileña…me quedo con los Picos de Urbión. Como en la Mancha hace mucho calor aprovecho estos viajes para buscar el fresquito. Como no puedo permitirme el lujo de ir de hotel dormiré en el coche, comeré lo que lleve o lo que compre en los supermercados. Sí, en el otro capítulo estaba mejor narrado, era muy divertido, porque contaba las noches en el coche y las comparaba con mis noches en los Picos de Europa, siendo yo un jovencito, pero ahora no estoy de humor, solo datos-datos y datos.

 

Cuando vine a ver la casita mágica en la montaña traje dinero para la fianza y el primer mes de alquiler. Quería esta casa a toda costa. Es curioso, cuando me puse a buscar en Internet algo por aquí fue la primera que vi, la que más me gustó y además estaba rebajada y era asequible para mi economía. Las fuerzas poderosas también fueron favorables, muy favorables, debería estarles muy agradecido. Puede que la cosa estuviera en el aire, un single viejales y que se puede morir en cualquier momento no era la mejor opción para la propiedad. Les entiendo muy bien. Creí intuir que mi condición de divorciado, jubilado y single no era lo que andaban buscando, como me confirmó la pregunta, antes de firmar el contrato, sobre si tenía familia, contactos, etc. Que alguien muera en tu casa y nadie se entere y aparezca un cuerpo corrupto al cabo de un mes y salga en los medios, etc etc es algo que me espantaría hasta a mí mismo… no mucho, esa es la verdad, pero algo sí.

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Las fuerzas poderosas fueron muy amables. Cuando me quedé solo, tras la firma del contrato, casi doy unas zapatiestas en el aire, lo hubiera hecho de no estar tan gordo y viejo. Pero me sentía muy, muy feliz. Luego empezó el automático y me dije que era algo para fastidiarme puesto que me habían dado tanto, tenían ahora que hacerme sufrir un poco, algo así como una pequeña jugarreta para hacerme perder la paciencia. Vale, no pasa nada, se acabará arreglando de alguna manera, y sino me aguantaré porque la casa es lo primero. Si tengo que comprarme un frigorífico, lo haré, lo importante es quedarme aquí, en mi casita mágica de la montaña hasta que me muera. Esta es mi máxima aspiración.

 

El contrato es por un año prorrogable, también tendría que desalojarla si algún familiar cercano la necesitara, también tendría que desalojarla si la propiedad no quiere renovar el contrato al año, pero no me importa, mientras pueda seguiré aquí. Me gusta todo, hay un jardín que cuida un jardinero, un trozo que puedo dedicar a huerta, un maravilloso porche para comer al aire libre y ver las estrellas de noche, una terraza para extasiarme viendo la luna llena… Todo es perfecto, menos que no me hayan permitido un perrito. Puede que me venga bien, he conseguido que me dejen tener un gatito, así me iré entrenando. Con el tiempo, cuando me vaya deteriorando tal vez pueda tener un perrito y ya estaré entrenado para saber cómo tratarle.

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Me gusta que esté en un pueblo pequeño, que esté a las afueras del pueblo, en un camino de tierra, que tenga pocos vecinos, que nadie se preocupe por mí, que esté cerca de la Laguna Negra y de los Picos de Urbión, que me guste el valle, el paisaje, que me guste casi todo. Podría contar cómo es el pueblo y otras cositas que se me ocurrió narrar en los monólogos humorísticos o crónicas humorísticas que grabé y mandé a mis contactos de whasap, sin mucho éxito, eso es cierto, pero no lo voy a hacer porque no estoy de humor. Me preocupa esta pequeña o gran crisis humorística, me cuesta tomarme las cosas con humor, también he tenido alguna pequeña crisis, alguna depresión sin importancia que me hizo plantearme desconectar el móvil, meterme en la cama y no salir hasta que pasara. No lo hice, como no he hecho otras cosas que me sentí tentado de hacer. No puedo renunciar al humor, es lo único que me queda, así que me tomaré esto como unas vacaciones de las musas, humorísticas y narrativas, porque tampoco he escrito mucho. Estoy vago, muy vago, apático, deprimido, triste, un tanto desesperanzado. Tal vez sea mi talón de Aquiles, no puedo con la soledad, es algo que me descontrola, que me sometan a cualquier prueba, a cualquiera, pero la soledad es demasiado para mí. No me puedo quejar, ha sido un buen verano, estoy muy contento con mi casita mágica en la montaña, he pasado momentos muy felices, me siento a gusto donde estoy y como estoy… pero-pero… No tengo motivos para quejarme, me han pagado la pensión, he encontrado el paisaje que buscaba, la casita con la que soñaba, todo va bien. Mirando los telediarios me digo que soy un privilegiado y que debería ser castigado por quejarme… pero me quejo. La soledad a veces se hace abrumadora y la tristeza de mirar veinte años hacia delante, cada vez más viejo y deteriorado, cada vez más solo, es un peso que cada vez encorva más mi espalda.

 

ACONTECIMIENTOS, EVENTOS, ANÉCDOTAS

 

La primera semana no conseguí creerme que estuviera jubilado, luego vino el delirio de que no me pagarían la pensión, luego decidí viajar y me vine a Soria. Fue fantástico encontrar lo que buscaba a la primera, encontrar la casita mágica, que esperaran a que cobrara la primera pensión para comprometerme con la casa y que luego pudiera verla y firmar el contrato a mediados de julio. Pronto se van a cumplir dos meses en la casa, estoy a gusto, me siento feliz. He podido evitar el calor que aquí apenas se ha notado, salvo esta última ola de calor que incluso aquí ha sido para ponerse a pensar en el futuro y echarse a temblar. Es maravilloso disfrutar del fresquito en cuanto cae el sol, incluso algunos días sopla un vientecito muy agradable. Es maravilloso tumbarse en el césped y ver las estrellas, atento al ruído que produce el diferencial al saltar. Es maravilloso contemplar la luna y el cielo estrellado desde la terraza a donde he subido un comodísimo sillón que estaba en el garaje y que subí a cuestas… tan brutote como siempre. Todo es perfecto, pero la soledad me pesa… un poco.

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Invité a G a pasar una semana de vacaciones. En el otro capítulo lo describí de forma muy amable. Me gustó que le gustara la casa y el paisaje, que aguantara una semana, que se sintiera a gusto y tener compañía. No es tan complicado que dos enfermos mentales convivan si ambos aceptan que somos raritos y que hay que tener paciencia, el uno con el otro y el otro con el uno. Desde hace ya bastante tiempo soy muy consciente de que me veo reflejado en ellos, son como un espejo en el que puedo ver cómo era yo y cómo sigo siendo de alguna manera. Pero también es terrible comprobar hasta dónde nos lleva la enfermedad, hasta esas conductas patológicas que parecen inexplicables si no se nos quiere comprender, si no se acepta que son producto de una enfermedad, porque entonces no queda otra que asumir que somos malvados, malas personas, auténticos canallas, manipuladores, mentirosos, vagos…

 

Las consultas que me hacen en el blog me han abierto los ojos al extraordinario parecido en las conductas de todos los enfermos mentales, parecemos clones. Es como si padeciéramos una enfermedad física, los síntomas son casi idénticos y los procesos se parecen unos a otros como una gota de agua a otra. Las reacciones de los familiares también son muy parecidas, casi clónicas. Algunos casos son auténticas tragedias que me obligan a intentar no quejarme de nada. La vida es mucho más extensa y terrible de la que nos muestran los medios de comunicación, aunque con lo que vemos ya habría bastante, pero lo que sale a la luz es siempre lo más morboso, lo más espeluznante, lo que puede ser titular por un día en el telediario. Sin embargo hay más, mucho más, es solo la punta del iceberg. Miles y miles y miles de personas viven vidas terribles, de tragedia griega, pero nadie lo sabe porque se ocultan en el anonimato, porque nadie se preocupa de su “próximo” aunque finjan que lo hacen. Si todos salieran a la calle con sus lacras, con sus tragedias, con sus enfermedades, el mundo se colapsaría y las palabras de los políticos serían acogidas con un silencio sepulcral, como un mal chiste en un entierro.

 

He comenzado a ser consciente de mi incapacidad para volver a convivir. Ya no puedo, no soy capaz. Sería un esfuerzo terrible adaptarme a volver a vivir en familia, y todo para nada. Eso me ha hecho pensar que ha llegado el momento de tomar algunas decisiones que venía posponiendo desde hace un tiempo. Me quedaré solo con la última y definitiva estrategia del guerrero impecable. Será duro pero al mismo tiempo me quito un gran peso de encima, siento un gran alivio. Leyendo Diálogos con Castaneda, uno de los pocos libros sobre el autor que me quedaban por leer, me encuentro con el concepto del “detective” que no aparece en sus demás libros. Viene a decir que los que no son guerreros se pasan la vida observando, escudriñando si los demás les quieren o no, analizan sus palabras, sus gestos, sus conductas, buscando saber si en realidad son queridos o no. Un guerrero impecable da por supuesto que nadie le quiere, de esta manera deja de perder una gran cantidad de tiempo y energía en descubrir una verdad que no viene al caso, un tiempo y una energía que puede utilizar en su camino de guerrero. Resulta duro aceptar algo así, cuando lo leía comprendí que es durísimo aceptar que nadie te quiere, de ahí que aún siga batallando contra mi gran debilidad, la soledad, pero al mismo tiempo te hace más liviano, mucho más libre, ya no tienes que preocuparte de observar atentamente a los demás para ver si sus muestras de afecto son verdaderas, ya no tienes que medir tus palabras al milímetro para no ofender, para que te comprendan, para que te quieran, das por supuesto que nadie te quiere ni tiene por qué hacerlo, siendo como eres una partícula infinintesimal en un universo infinito, pierdes toda tu importancia personal y avanzas en el camino del guerrero, con absoluto desapego, impecable, haciendo lo que tienes que hacer. Puedes caminar en medio de una multitud sin miedo a cómo te miren, a lo que puedan comentar de ti. ¡Qué te importa si nadie te quiere!

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Ha sido un verano intenso y complejo, yo diría que me he detenido mucho tiempo en la encrucijada, porque a partir de aquí ya solo hay un camino. El enorme cambio requería de mucho esfuerzo, muchos trámites, mucha preparación, hacerlo todo con calma, sin prisas, pisando con cuidado para que todo sea terreno sólido, una vez atravesada la encrucijada, que todo se estabilice ya solo queda un camino sólido, rocoso, ancho, solitario hasta llegar a la última danza con la muerte. Cuando recapitule esta época comprenderé que ha sido el paso más decisivo y aleccionador de mi vida.

 

MICI Y ZAPI

 

Aún queda mucho por contar, la mudanza se ha realizado ya de forma definitiva, dejo atrás lugares y tiempos, personas, momentos terribles a los que he sobrevivido. Lo haré en compañía de Mici-fuz y Zapi-rón, mis gatitos, mi nueva familia. Mientras les observaba mirarme con sus ojitos ingenuos y dulces me ha venido a la cabeza el enorme parecido que tiene con ellos el enfermo mental y que desarrollaré en otro momento. La responsabilidad de nuevo papá me ha causado momentos de angustia y desconcierto, mi vida ha cambiado, ya no será nunca igual, soy consciente de ello, pero si ya dejé atrás todo, cuando inicié el camino del guerrero, no creo que esto sea peor. Estoy preparado para cuidar de alguien más frágil que yo, dicen que los enfermos mentales no podemos cuidar de nadie, ni de nosotros mismos, que no hacemos otra cosa que mirarnos el ombligo. De alguna manera a eso ya he contestado al responder a una consulta en el blog, una circunstancia dramática, trágica, en la que está inmerso una enferma mental que da la sensación de estar absolutamente pasiva, mirándose el ombligo, mientras un familiar que la ha cuidado, lucha con la muerte. No es cierto, los enfermos mentales podemos cuidar de otras personas y hasta de nosotros mismos, si nos apuran, pero por desgracia solo somos capaces de hacerlo si nos alimentan con un poco de cariño, aunque sea muy poco, el cariño es mano de santo para nuestras dolencias, hasta podemos cuidar de otros enfermos, hasta podemos cuidar de unos gatitos desvalidos, todo es cuestión de que nos pongan un poco del combustible que nosotros usamos en el depósito.

 

He tenido una experiencia fantástica con Mici, el más dulce y cariñoso de los dos gatitos, por un momento creí estar viviendo una de esas experiencias delirantes que Castaneda cuenta en sus libros. Ha sido como una catarsis, al fin he comprendido que el hecho de que nosotros creamos que todo a nuestro alrededor está muerto, sin consciencia, menos nosotros, no significa que todo, absolutamente todo lo que nos rodea no esté vivo y consciente, si no queremos comunicarnos es cosa nuestra, pero el nirvana, el samadhi es posible, expandir nuestra consciencia hasta hacernos conscientes de que hasta la última brizna de hierba forma parte de un todo consciente y absoluto. Ha sido como una experiencia mística. Gracias Mici.

 

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