LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XVI

18 09 2016

 

LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XVI

LA RECAPITULACIÓN DE BAUTISTA

Aunque he recibido permiso expreso de Bautista para escribir estas historias he procurado en todo momento ser muy discreto sobre su vida personal y lo seguiré siendo. Soy muy consciente de que mi caso es excepcional, lo he perdido todo, nada tengo que perder y puedo permitirme el lujazo de hablar de mi vida privada, íntima, con absoluta sinceridad, sin el menor miedo y sin la menor duda. Aún así procuro que al hablar de mí no hacerlo de otras personas que forman parte de mi vida o han formado parte de ella, salvo que su intervención en mi vida sea de tal calibre que no hablar de ello, al menos mencionarlo, sería como recortar o podar buena parte de mi vida, algo a lo que no estoy dispuesto porque nunca he sido masoquista y cortarme extremidades o seccionar órganos internos no es lo mío. Aunque mi filosofía budista no me permite decir sin más que mi vida es mía y hago con ella lo que quiero mi condición de guerrero impecable sí me permite mencionar la influencia que otras personas tienen en ella y asumir todas y cada una de las consecuencias con absoluta impecabilidad. En mi diario personal de enfermo mental apenas menciono a otras personas y casi siempre con iniciales. Eso hace que algunas cuestiones personales no sean del todo entendibles pero prefiero que sea así a involucrar a terceras personas, salvo, como he dicho que sea absolutamente imprescindible para entenderme a mí. Así en el diario no menciono a enfermos mentales con los que tengo actualmente una relación muy estrecha, salvo alguna excepción en que resulta necesario mencionar algo y procuro utilizar siempre las iniciales. Es por eso que en mi relación con Bautista debo podar experiencias que podrían desvelar alguna de sus intimidades que no procede salgan a la luz. Aún así debo decir que ha pasado una etapa difícil en algunos aspectos y que su vida de jubilado no es tan vaga y bonancible como la mía. Es una de esas personas que cuando se jubilan no puede estarse quieto, sentado mirando las “apabardas” como hago yo sin el menor remordimiento. Cuida de su numerosa familia en todos los aspectos, sigue en la brecha de la lucha por el enfermo mental, aunque ahora sin cargos, y sigue ocupándose de su granja de animalitos, de su viña (estará a punto de iniciar la vendimia) y de un montón de cuestiones que yo ni me plantearía como jubilado. Hay otras cuestiones que influyen en su salud que no quiero mencionar. A pesar de todo ello aún tiene tiempo para dejarse entrevistar –con dificultad, porque es muy humilde- y para hacer una recapitulación sobre la evolución de la enfermedad mental en España. Ha tenido el detalle de pasarme la entrevista que le hicieron como “gran hermano”, como le llamo yo de todos los enfermos mentales y las notas que tomó para hacer la recapitulación que es objeto de este capítulo.

A pesar de que estando jubilado deberíamos habernos visto con más frecuencia, ha ocurrido al revés, debido sobre todo a lo muy ocupado que he estado tras mi jubilación, arreglando asuntos de diversa índole, viajando para encontrar mi paisaje y mi casita y haciendo la mudanza en mi propio coche en algunos viajes un tanto pesados pero que llevo muy bien porque me encanta conducir. Por fin ahora se ha terminado. Uno de los hijos de Bautista, un chaval tan amable como trabajador, tanto o más que su padre, aceptó traerme lo que restaba de mis pertenencias en su furgón. Eso me ha permitido dar por finalizada una etapa. He podido entregar las llaves del apartamento y asentarme de una vez por todas en Soria. Aunque Bautista es muy discreto, especialmente con los enfermos mentales, intuyo que ha sufrido un poco al verme partir lejos y saber que voy a estar solo en una casita en un lugar montañoso, especialmente agreste en invierno. El me había hablado del balneario de Tus, en Albacete, un lugar donde estuve unos días con él y su mujer hace ya algún tiempo. Es un lugar increíble para ser manchego, una media montaña con mucho verde que me sorprendió, como la provincia de Albacete, de la que tenía una idea equivocada, algo así como un erial seco y tan plano como una moneda. Me gustó mucho el lugar pero no quise aceptar su ofrecimiento de buscarme una casita, cerca de un matrimonio amigo, el marido profesor de yoga, experto en yerbas y terapeuta alternativo. Llevan allí instalados y hubiera sido agradable tener cerca algún amigo, además de estar bastante más cerca de Bautista que desde Soria. Mi idea era distinta, quería alta montaña, un paisaje del norte, frío, invernal, un lugar relativamente solitario y una casa con jardín, huerta y mis mascotas. Tras el rotundo fracaso de mis estrategias ya había previsto que hasta mi muerte iba a ser una especie de monje solitario, dedicado a mis cosas. Deseaba estar solo, que no me molestaran vecinos, olvidarme para siempre del calor, disfrutar del frío, de la nieve, de la montaña cercana, de mi perrito y gatito, como pensaba entonces, y caminar hacia mi última danza con la muerte en un lugar y en unas circunstancias que fueran las que yo había deseado siempre. Por desgracia mi gran sueño, la casa de mis abuelos, su pueblo, en la zona de los Picos de Europa, ya fue descartado hace años debido a mi enfermedad mental y sus consecuencias familiares y de todo tipo. Aquel era el paisaje de mi vida pero había demasiada gente que me conocía, demasiados familiares, demasiados problemas para alguien como yo que deseaba estar solo, tranquilo y sin que nadie me recordara a cada paso lo que había sido mi vida. Así que éste es mejor lugar que encontré, de nuevo el plan B adueñándose de mi vida. Intuyo que a Bautista le habría gustado más que yo me quedara en Tús, estaría más acompañado por sus amigos, no me sentiría tan solo, nos podríamos ver con más frecuencia y ambos compartiríamos la última etapa de la vida, que siempre suele ser más solitaria y achacosa que la anterior. Sin embargo no dijo nada, como tampoco lo hizo, actuando con mucha discreción cuando le hablé de la posibilidad de irme a vivir a México, donde residía una gran amiga que me contactó a través del blog por ser familiar de un enfermo mental. A pesar de no conocernos entre los dos surgió algo importante. Yo estaba dispuesto a dar el paso, no sin antes actuar con prudencia y conocer el entorno a donde pensaba ir. Sé que a Bautista aquello le preocupó bastante, pero su respeto hacia las decisiones de los demás, especialmente de los enfermos mentales, y su extremada discreción hizo que se limitara a gastarme algunas bromas. Todo esto también me consta por mis sueños que de vez en cuando siguen anunciándome cosas. En sueños ya me planteé lo de Tus y tomé una decisión y en sueños también supe que mi historia mexicana, a pesar de los numerosos e importantes sueños que tuve sobre el tema desde hace años, no cuajaría como así ha sido.

Bautista es un hombre práctico al que estas cosas de los sueños o del yoga mental no le atraen demasiado, a pesar de ello su respeto a nuestras creencias en ese sentido es también exquisito. Durante todo este tiempo no he escrito prácticamente nada, demasiado ocupado en mis cosas, pero no pensé en ningún momento en abandonar estas historias, a veces demasiado sensibles para mí por mi condición de enfermo mental. Aún me queda mucho que contar sobre el psiquiátrico de Alcohete y algunos enfermos que conoció allí Bautista, cuyas historias no deben quedar en el anonimato. Pero antes creo que vendrá muy bien repasar la recapitulación que hizo Bautista sobre la evolución de la enfermedad y el trato a los enfermos en España durante tres décadas.

LA RECAPITULACIÓN DE BAUTISTA

Entre la documentación que obra en mi poder están unas páginas impresas desde el ordenador, imagino que por su hijo, y que me gustaría comentar y apostillar.

XXX ANIVERSARIO DE LA REFORMA PSIQUIÁTRICA
30 AÑOS DE LUCES Y SOMBRAS

LUCES

-El cierre de los antiguos manicomios.

COMENTARIO PERSONAL

Aunque la palabra sigue sonando muy dura, así se expresaban antes. Vas a terminar en el manicomio, solías escuchar cuando estabas mal y hacías determinadas cosas, cuando eras un enfermo mental y tu familia empezaba a estar harto de ti. Los personajes raros del pueblo también tenían que escuchar a veces esta expresión. Vas a terminar en el manicomio tío Paco, Pacorro. Yo la escuché muchas veces en mi infancia, adolescencia e incluso juventud. Según la RAE, manicomio sería:
manicomio

De manía y el gr. κομεῖν komeîn ‘cuidar’.
1. m. Hospital para locos.

La definición no sería tan insultante si no fuera por lo de “locos”. Es cierto que somos maniáticos y que se nos “cuide” no estaría mal, siempre que se hiciera con cariño, pero eso de “locos” lo estropea todo. Un loco en mis tiempos era alguien que había perdido totalmente la cordura, que no tenía el menor contacto con la realidad, que casi siempre era agresivo, muy agresivo, hasta llegar a temer que nos clavara un cuchillo o nos hiciera cualquier barbaridad en cuanto nos pillara descuidados.

En mis tiempos ir al manicomio era infinitamente peor que ir a la cárcel, era una especie de infierno dantesco reservado para auténticas bestias pardas, como éramos los enfermos mentales entonces, una especie de monstruos demoniacos que en su mayoría habían llegado a ese estado por culpa propia o tal vez como castigo divino. Y los pecados de los padres caerán sobre los hijos hasta la undécima generación, como decía más o menos la Biblia.

Los locos pasamos con el tiempo a ser enfermos mentales y ahora, a mi juicio rizando el rizo, somos “personas con enfermedad mental”. Algo que me parece peor remedio que la enfermedad, porque tener que recalcar que somos “personas” es algo muy triste. ¡Qué somos sino! ¿animales? Entiendo y respeto a los familiares que pretenden darnos otra imagen pero me temo que ese no es el problema, cómo nos llamen puede ser importante para algunos no para mí, que me enorgullezco de ser “el loco de León”. El problema, el gran problema es el estigma social, la marginación, el desconocimiento, la ignorancia más supina de algunos, el trato que hemos recibido y que seguimos recibiendo. A mí que me llamen “loco”, enfermo mental, o persona con enfermedad mental, a estas alturas de mi vida ya me importa un comino. Entiendo que a otros sí les importe, mi respeto y cariño fraternal. Me preocupa mucho más el estigma social, la marginación, el miedo que nos genera confesar que padecemos una enfermedad mental, pero sobre todo me molesta mucho, no lo soporto, que pretendan colarnos en nuestro redil de corderos a auténticos lobos, asesinos en serie, terroristas, violadores, pedófilos…porque son incapaces de aceptar que el mal existe, que las personas malvadas, demoniacas, forman parte de nuestra humanidad. Por eso prefieren etiquetarlos como enfermos mentales, somos el chivo expiatorio perfecto, nunca nos quejamos, así nos llamen locos o pretendan hacer creer a esta sociedad hipócrita y gazmoña que somos también asesinos en serie y si no lo somos ahora, lo seremos mañana. Ese es uno de nuestros grandes problemas, no que la gente acabe por llamarnos “personas con una enfermedad mental”.

Lo mismo que ya no me importa que me llamen loco, tampoco me preocupa que me digan que yo estuve en un manicomio o frenopático, como lo llamo yo en mi novela humorística “Crazyworld”, un frenopático para millonarios locos.

RAE
frenopático, ca.
1. adj. Psiquiatr. Perteneciente o relativo a la frenopatía.

frenopatía

(Del griego phrén, ‘mente’, ‘inteligencia’, ‘razón’; y el griego pátheia, ‘enfermedad’)
1. f. Estudio de las enfermedades mentales. Variante: frenopatología.
2. f. Antiguamente, cualquier enfermedad o desorden mental.
3. f. Afección del diafragma.
DICCIONARIO ACADÉMICO DE LA MEDICINA

2-ERRADICACIÓN DE MEDIOS LESIVOS PARA LAS PERSONAS AFECTADAS (ELECTRO-HOCK, BAÑOS FRÍOS, CUARTOS DE CASTIGO, ETC)

COMENTARIO PERSONAL

Totalmente de acuerdo con Bautista, en esto y en casi todo. El que se cerraran los manicomios, el que se erradicaran esos medios lesivos ha sido uno de los logros más descomunales en la historia de la psiquiatría y de la enfermedad mental. Las personas con enfermedad mental vimos el cielo cuando ocurrió, al margen de las consecuencias del cierre de los manicomios, que supongo que Bautista las mencionará en las sombras, a las que aún no he llegado. Para quienes nunca hayan estado encerrados en un manicomio todo esto les debe sonar a Edad Media, Inquisición y demás, pero aún hoy día hay quienes hemos vivido esa época en toda su intensidad y sabemos muy bien por qué Bautista considera el cierre de esta etapa terrible como una de las mayores luces de estos treinta años.

Yo viví en mi propia carne el electroshock, sé de qué hablo. Puede que aún existan psiquiatras que lo consideren necesarios en estos casos. No soy un profesional, no he estudiado la carrera de medicina, pero soy un paciente que ha sufrido sus efectos, la pérdida de memoria momentánea, cuando me desperté sin saber quién era ni cómo me llamaba y acabé encontrando la explicación a lo que me ocurría: Yo era un asesino en serie y me habían lobotomizado. No recibí baños fríos, aunque conozco sus efectos porque de adolescente me duchaba en invierno, en el colegio religioso, con agua helada, como penitencia. Conozco los cuartos de castigo, como los llama Bautista, aunque yo prefiero llamarlos celdas de aislamiento, como en la cárcel, y así los llamo en Crazyworld. En esta época en la que gracias a Dios comienza a existir una sensibilidad social hacia el maltrato debo decir que las personas con enfermedad mental hemos sido maltratados a lo largo de la historia de una forma que pone los pelos de punta. No éramos personas, éramos bestias y como tales fuimos tratados, confundidos con poseídos por el demonio, torturados por la Santa Inquisición, tratados como basura, torturados, menospreciados, humillados, considerados la hez de la sociedad. Sí, amigo Bautista, demos gracias a Dios porque aquellos castigos fueran erradicados, aunque a algunos aún nos tocó sufrirlo

Y aquí termino este capítulo en el que solo he podido tocar los dos primeros puntos de las luces, aún me quedan otros nueve. Y todo esto se logró gracias a la lucha denonada de personas como Bautista, el gran hermano de los enfermos mentales, quien merecería un homenaje nacional. Y espero que no se ofenda cuando lea esto. Yo por mi parte ya le hago mi particular y cariñoso homenaje. También lo propondría como santo a canonizar por la iglesia católica, apostólica y romana, incluso en vida, que por suerte parece empezar a ocuparse de los desheredados, de los pobres de la Tierra, canonizando a Santa Teresa de Calculta. ¿Para cuándo los enfermos mentales, papa Francisco? Sí, ya conozco la vida de San Juan de Dios y de otros santos que se dedicaron a cuidarnos con la mentalidad y la generosidad de otros tiempos, pero tal vez necesitemos que nos canonicen a Bautista para que nos convenzamos de que la iglesia católica se ocupa de nosotros. Perdóname, amigo Bautista, ya sé que te vas a enfadar mucho, pero ya me conoces, soy como soy y aunque esto parezca una broma típica de mi peculiar sentido del humor puede que hasta lo diga en serio, muy en serio.

Y para finalizar vamos a quitar hierro al asunto. He tenido que interrumpirme porque mis gatitos se despertaron de la siesta de mediodía (¡es increíble lo que duermen, más que yo en mis mejores tiempos de dormilón) y han venido como flechas a ver lo que hacía. Puedo confiar en Mici, este angelote, al que le han llamado la atención los iconos de Sonymage y al que le gustaría jugar con ellos, pero no en Zapi, este diablillo que está obsesionado con tirarme el monitor abajo, ya lo hizo una vez y no ocurrió ninguna desgracia, ahora, cuando lo veo, dejo de escribir y tiro yo el monitor, lo coloco en horizontal hasta su próxima siesta. Los enfermos mentales somos un poco como gatitos, necesitados de cariño, juguetones y a veces unos diablillos peligrosos, pero ya trataré este tema en el diario. De momento puedo asegurar cuánto nos gustaría a las personas con enfermedad mental que nos rascaran tras las dos orejas para entonar ese mantra maravilloso que entona Mici cuando le acaricio. ¡ojalá a nosotros también nos rascaran detrás de las orejas de vez en cuando, entonaríamos un ronroneante mantra de agradecimiento!

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