MI VIDA ONÍRICA XI

24 10 2016

MI VIDA ONÍRICA

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León 28-12-2007

Me he olvidado de hacer una diligencia que queda sobre la mesa/ C. se enfada porque ya la tenía preparada para devolver, prometo que iré antes de comer/ A. anda por allí/ Voy por una calle que podría ser de S./ No encuentro lo que busco/ Una calle que se llama de otra manera al principio, luego es la que busco/ Edificio con una entrada que parece una catedral rara,no puede ser una fábrica, número 242/ Pregunto a dos trabajadores que saben el nombre de la empresa, uno no quiere decirme nada, pienso en decirle algo fuerte, me callo/ Hay cámaras de televisión/ Una periodista con micrófono/ Pregunto al portero o conserje, me pongo duro para que pase con el director o encargado, empleado de la oficina, habla del FBI, le digo que se lea la ley, punto por punto y luego opine/ Me veo como un hombre maduro, con barba, bajito, una especie de actor (¡cómo se llama?/ Doy un golpe sobre la mesa, hablo de la policía y no sé qué más/

Sueño curioso, C. está de baja. ¿Es una premonición sobre un posible futuro? Creo verme a mí mismo y soy otro/ Coche parece mental, viaje en coche mental/ Imagina/ Imaginar como reflexión mía y como que son cosas exteriores a mí.

COMENTARIO PERSONAL

En el índice de temáticas oníricas que he confeccionado, el trabajo y todo lo relacionado con él es de las temáticas más numerosas. No es sorprendente dado que a lo largo de nuestra vida pasamos tantas horas o más trabajando que durmiendo. Todo lo relacionado con el trabajo tiene una gran importancia en nuestra vida y, aparte de ocupar mucho de nuestro tiempo, está entre las causas más importantes de estrés y el entorno que genera más problemas y más nos preocupa. En mi caso el trabajo fue algo obsesivo durante muchos años, especialmente durante los que sufrí  de mobbing o acoso. No me gustaba mi trabajo, era un medio para sobrevivir, nunca lo llevé bien y siempre iba a trabajar con miedo, obsesionado por no cometer algún error que me causara problemas, incluso su pérdida. Creo recordar que en esta fecha ya había terminado el problema del mobbing, aunque nunca terminó del todo hasta que pedí el traslado. Fueron años muy duros, calculo que unos quince, durante los cuales tuve que sufrir lo peor de mi fobia social, surgida del mobbing aunque creo que estaba ya enquistada en mi psiquismo. Es posible que la depresión mutra, como un virus, y en lugar del virus depresivo pillé un terrible virus fóbico. En la enfermedad mental las patologías son solo el papel de regalo que cubre ese regalo envenenado que algunos recibimos de la vida. En el fondo es un miedo básico a la vida que se manifiesta de diferentes maneras según los momentos.

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Los personajes del sueño son reales aunque tal vez no coincidan del todo con la cronología del sueño. De hecho en el confuso comentario que anoto al final comento que uno de ellos se encuentra de baja. El otro acabaría falleciendo, no sé si con anterioridad o posterioridad al sueño. Debido a unas circunstancias muy especiales esta persona tuvo una gran importancia en mis delirios mentales de la época y su fallecimiento fue un trauma para mí, convencido de que había “visto” su muerte, que había tenido una premonición de su dramático final en un momento clave, tal vez anterior al mobbing, y en la peor temporada de mi delirio como telépata. El que aparezca en el sueño tiene mucho sentido teniendo en cuenta todas estas circunstancias. En cuanto al otro personaje era muy posible que la escena pudiera tener lugar en algún momento,  dado su trabajo y la extrema dificultad que tenía yo entonces para realizar mi trabajo, pero nunca ocurrió y menos podía ocurrir en el momento del sueño, cuando él estaba de baja. La relación que tuve con él fue bastante normal y su aparición en el sueño creo que tiene más que ver con mi obsesión por no cometer un solo error en el trabajo que con su influencia en mi subconsciente.

El sueño cambia de escenario, aunque parece haber una continuidad con la escena anterior. Estoy en una calle que parece ser de un pueblo cercano a la ciudad donde trabajaba y todo parece ir con normalidad –yo estoy buscando la calle donde debo practicar la diligencia olvidada- pero pronto comienzan a ocurrir desfases, errores y todo tipo de confusiones. La calle se llama primero de una manera y después de otra, algo que parece natural en un trabajo de calleen el que siempre llevaba un callejero y siempre estaba buscando calles. No es tan normal poder leer el nombre de la calle en un sueño, ni tampoco un número. En los sueños es difícil centrar la atención en rostros, palabras o números escritos o en cualquier detalle concreto, como los vestidos de las personas que aparecen en el sueño. Solo con una larga práctica y una programación meticulosa he podido llegar a leer en sueños, páginas de libros, una carta manuscrita o cualquier palabra escrita en cualquier parte. Mucho más difícil es que la atención se mantenga en la página que estás leyendo y no pase a otra o que lo que lees tenga sentido y los párrafos se relacionen entre sí. La atención en el sueño se dispersa con facilidad, algo propio de nuestra mente que incluso durante la vigilia no para de saltar de una idea o imagen a otra. En el arte de ensoñar de Castaneda se habla de este tema cuando don Juan le pide a Castaneda un trabajo meticuloso con los sueños. Le avisa de que uno de los mayores peligros es fijar la atención, la fijeza siempre produce la distorsión del sueño. Hay que pasar sobre todo como rozándolo, una visión rápida, fugaz, porque fijar la atención del sueño en algo es distorsionar el sueño de tal manera que la escena resulta irreconocible. La fijeza es un enemigo del guerrero y un obstáculo terrible en su camino del conocimiento. Castaneda tuvo que trabajar duramente en sueños para conseguir cosas tan elementales como verse las manos en sueños o caminar por una calle con una continuidad, sin que la secuencia cambiara y mucho más para alcanzar un objetivo en apariencia sencillo, ver todos los detalles de un lugar y recordarlos sin caer en la fijeza.

Yo no lo consigo y todo se distorsiona. En el sueño hay continuidad, una escena en el trabajo, ocurre algo, me he olvidado de hacer una diligencia, se supone que salgo a hacerla, aunque ocurre un lapsus, como en una película en la que en lugar de rodar una secuencia ininterrumpida, sin apagar la cámara, el director rodara primero una escena, luego otra, las uniera y dejara un lapsus entre ellas. Esto es muy común en el cine, alguien sale de un piso y de pronto ya está en la calle, no se ve cómo baja la escalera o toma el ascensor. En los sueños esto es tan frecuente que muchas veces consideramos como sueños distintos a secuencias del mismo sueño, solo porque no se ve la continuidad. Se supone que han ocurrido muchas más cosas hasta que yo llego a la calle que busco. El no encontrar algo en un sueño, objeto o lugar, es tan frecuente que resulta en un lugar común, el principio de la pesadilla. En mis sueños ocurre con mucha frecuencia que busco el coche que he dejado aparcado en alguna calle y nunca lo encuentro, porque no sé en qué calle lo dejé, porque las calles parecen todas iguales, porque el camino recorrido desde el coche no puede ser reinvertido porque me falla la memoria. Con los objetos es también muy frecuente, no encuentro el reloj de pulsera que llevaba en la muñeca o el móvil o la cartera que llevaba hace un instante en el bolsillo. Resulta curioso todo esto, habida cuenta de que en sueños no llevamos realmente nada, todo, el cuerpo físico, los vestidos, las posesiones materiales, han quedado en el mundo real. En el sueño estamos con el cuerpo astral o energético, pura energía, nada más. La sensación de ir vestidos procede de que de alguna manera vinculamos a nuestro cuerpo energético la energía de las cosas materiales. De ahí que en muchas películas veamos cómo un vidente puede contactar con una persona desaparecida tocando su ropa o algún objeto personal. Al sueño llevamos la sensación de nuestro cuerpo físico, que está en la cama, durmiendo, y con él llevamos también los objetos con los que más estrechamente está vinculado nuestro cuerpo, como nuestras ropas habituales, las gafas, el reloj, el móvil (en mis sueños tardé en pasar de un móvil viejo, anticuado, al móvil moderno con wasap y toda la parafernalia) la cartera y hasta nuestro vehículo (mi coche me sigue en la mayoría de mis sueños en los que siempre lo estoy buscando o conduzco o le pasa algo, un accidente, por ejemplo). En un libro sobre el astral se habla de que en esta dimensión hay contrapartida del mundo material, tenemos un cuerpo energético que remeda nuestro cuerpo físico y lo mismo con todos los objetos materiales. Es posible que se deba a esto en que en nuestros sueños aparezcan los objetos de nuestra vida cotidiana, o bien podría ser, de acuerdo a mi teoría, de que al vincularnos con objetos en el mundo real de alguna manera llevamos esa sensación al sueño.

Preguntar cuando estás perdido es algo natural, los dos trabajadores que aparecen en el sueño podrían ser las personas que encontraría en el futuro, si ocurriera lo que está sucediendo en el sueño, vamos, si fuera un sueño premonitorio. Si no lo es, y no lo fue, habría que explicarlo todo de otra manera. Creo que recurro en demasía a la teoría del sueño compartido. Estoy en el sueño de otra persona que sí ha vivido una escena parecida y yo uno esta escena a mis obsesiones. Pero creo que en este caso el sueño compartido no tiene demasiado sentido. Podría estar en un sueño propio y todo lo que veo lo vinculo a mi particular obsesión sobre el trabajo. Todo lo que hago tiene sentido de acuerdo a lo que hacía en aquel tiempo en mi trabajo. Buscar una calle para una diligencia, no encontrarla,preguntar a alguien que puede no ser muy amable, sentirme enfadado y con ganas de cantarle las cuarenta… pero aquí se produce una distorsión. La mención al FBI no tiene el menor sentido, salvo que en todas las etapas de mi vida he leído mucha novela negra y es posible que en aquellos días estuviera leyendo una, o veo muchas series policiacas, alguna de cuyas escenas aparecen incluso en mis sueños. A partir de aquí la distorsión es evidente. Es muy, pero que muy difícil verse uno mismo en sueños, es casi milagroso, mágico y a veces terrible, tenebroso. No parece que yo me estuviera viendo en el sueño sino a un actor. Aquí la confusión entre el sueño basado en la vida cotidiana y tal vez la escena de una película vista o la fantasía al leer una novela negra es tan complicado de clarificar porque al contrario de lo que ocurre en nuestra vida cotidiana, donde diferenciamos con naturalidad la realidad de lo que estamos pensando, en el sueño parece ser una y misma cosa, de hecho los pensamientos, las fantasías, en los sueños son tan reales como la propia realidad. Me ha ocurrido con gran frecuencia que en sueños estoy viendo cosas que imaginé en la vida cotidiana. Por eso es tan importante para los enfermos mentales controlar nuestros delirios, porque éstos se convertirán en pesadillas en nuestros sueños y la realidad para nuestra mente subconsciente será la misma si estamos viendo un suelo real en la vida cotidiana que si estamos fantaseando con volar entre las nubes.

Los comentarios o pequeñas anotaciones que realizo tras anotar cada sueño en este caso no parecen tener mucho sentido, especialmente lo del coche, que no aparece en el sueño o lo del viaje mental en coche. Tal vez se refiera a otro sueño que he olvidado anotar o que apenas he recordado.  Siempre que puedo y en aquel tiempo podía, anoto los sueños al momento de despertar, eso hace que la confusión en la que está la mente, aún no despierta del todo, puede hacer que escriba cosas sin sentido.De hecho tengo anotado, al principio, el título de otro sueño del que luego no hablo, tal vez porque lo haya olvidado por completo, salvo la temática. Me pasa con frecuencia, si no titulo un sueño, rara vez lo recuerdo e incluso titulándolo a veces pierdo tantos detalles quenada tiene sentido.

El mundo de los sueños sigue siendo tan confuso que no he logrado encontrar un mínimo de lógica que me permita esbozar una teoría más o menos verosímil de lo que ocurre en sueños.

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