CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL I

8 11 2016

NOTA PREVIA

memorias-de-un-loco

Hoy, al imprimir algunos correos en los que se me consulta sobre el enfermo mental y la enfermedad mental, a través del correo del blog, me he dado cuenta de que hay muchos textos aprovechables que hasta ahora no había subido debido a que pensaba que las consultas eran privadas y debía conservar la intimidad de los consultantes. Hoy he reflexionado sobre ello y cambiado de opinión. Si bien es cierto que no aparecerá ninguno de los correos que me han enviado para consultas porque debe ser respetada la intimidad y el anonimato de los consultantes no es menos cierto que mis correos, debidamente expurgados de cuantos datos puedan permitir la identificación del paciente o del familiar, son exclusivamente de mi propiedad intelectual y pertenecen únicamente a mi intimidad que dejó de importarme hace ya mucho tiempo. La mayor parte de lo que digo en ellos es mi pensamiento sobre la enfermedad mental y las personas con enfermedad mental y bien lo podría haber dicho en alguno de los textos sobre el tema que subo habitualmente al blog. Es por ello que, una vez expurgados, los iré subiendo al blog como un complemento de todos los textos que ya he subido sobre el tema.

Comienzo con la correspondencia que he mantenido con un estudiante sudamericano de periodismo que estaba interesado en mi opinión sobre el tema. Es muy agradecer que un estudiante universitario, bien de periodismo o bien de cualquier otra carrera, se sienta interesado por la enfermedad mental, los enfermos mentales y de cómo somos tratados en esta sociedad y específicamente, en este caso, por los medios de comunicación social. Ya le agradecí este interés en nuestra correspondencia, pero quiero hacerlo también aquí públicamente.

Diario de un loco.jpg

Manzanares, Ciudad Real, 6 de junio de 2016

Hola amigo: Puedes contar conmigo para lo que necesites, me interesa
todo lo que haga referencia a los enfermos mentales y su lugar en la
sociedad. Yo mismo soy un enfermo mental que ha logrado superar lo
peor de la enfermedad y alcanzar una calidad de vida muy aceptable.
Dejo en tus manos la metodología y estoy dispuesto a contestar todas
tus preguntas y darte mi opinión sobre todo aquello que te interese.
Podemos comunicarnos a través del correo electrónico ya que no tengo
cámara web y tampoco me manejo muy bien con el skipe, la informática
no es lo mío. Por otro lado me acabo de jubilar y estoy preparando mi
mudanza a un lugar de la montaña donde voy a residir a partir de
ahora. No me cuesta nada conectarme en algún momento del día para
contestar a tus correos pero no podría estar pendiente de una conexión
con el skipe a la hora que nos viniera bien a los dos. Estoy haciendo
una campaña personal que llamo “Conociendo y queriendo al enfermo
mental” y me he dado cuenta de la dificultad que tenemos los enfermos
para comunicarnos con el entorno y cómo la sociedad sabe muy poco de
la enfermedad, nos tiene marginados y tenemos que luchar contra el
estigma social que una falsa leyenda negra, que ha ido discurriendo a
lo largo de la historia,nos ha convertido en una especie de
monstruitos sin el menor interés.

Llevo ya algunos años observando cómo nos tratan los medios
de comunicación y es algo lamentable. Solo aparecemos cuando un
enfermo, sin medicación y sin ayuda, realiza algún acto violento. El
resto del tiempo no existimos y eso que la estadística dice que una
gran parte de la humanidad padece alguna enfermedad mental. El otro
día un amigo, presidente de una asociación de enfermos mentales, me
hizo llegar unas reflexiones sobre el tema, resulta curioso que haya
más muertos por suicidio que debido a los accidentes de tráfico y sin
embargo todas las semanas los medios hablan de los muertos en
accidente y hacen campañas para disminuir las estadísticas, en cambio
ni se menciona a los muertos por suicidio, ni siquiera existen en los
medios, hasta en la muerte somos ciudadanos de segunda categoría, casi
como si nuestra desaparición fuera positiva para ellos, así se libran
de problemas.

Quiero agradecerte tu interés, queda mucho por hacer, como
digo yo, seguramente los enfermos mentales seremos los últimos en salir
del armario, o más bien de las cloacas, donde la historia nos ha
tenido relegados, entre la basura y las ratas. Cuenta  conmigo para lo
que necesites y quedo a tu disposición. Un abrazo.

las-naves-de-los-locos-el-bosco

Manzanares, Ciudad Real, 7 de junio de 2016

Querido amigo: Me parece muy interesante analizar la base sobre la que
se mueve toda la comunicación (emisor-receptor-mensaje) respecto al
enfermo mental. Porque en el enfermo hay graves fallas que le impiden
la comunicación, tanto como emisor como receptor. Los fallos de la
sociedad están claros, pero quien no sea un enfermo mental ni se haya
preocupado de conocernos y sentir empatía hacia nosotros, ponerse en
nuestra piel tendrá serias dificultades en saber por qué los enfermos
mentales fallamos tanto a la hora de comunicarnos.

Quien nunca haya está medicado como lo hemos estado y lo
estamos nosotros, los enfermos, no se puede hacer una idea cabal de lo
que supone intentar hablar con alguien, expresar en palabras, con
gestos, con emociones, lo que pensamos, cuando estás tan medicado que
tu mente parece ir al ralentí, a cámara lenta. Nos cuesta Dios y ayuda
encontrar las palabras, podemos tardar un minuto en decir una frase
que otra persona diría en dos segundos. En cuanto a las emociones es
difícil expresarse cuando eres un vegetal y te caes de sueño por las
esquinas, cuando lo único que quieres es que te dejen en paz porque
cualquier estímulo que llegue hasta ti no puede ser interpretado y
asimilado con normalidad, todo va muy lento y tu sensibilidad parece
haberse aguzado hasta el límite, como si nos hubieran intensificado el
oído hasta el límite de que un estornudo nos puede parecer un
cañonazo.

Hace más de veinte años que no tomo medicación, imagino que
ha mejorado en este tiempo, aunque en mi trato con otros enfermos
mentales observo que sus reacciones son muy parecidas a lo que fueron
las mías. Sé perfectamente que un enfermo está medicado, seriamente
medicado, cuando al hablar conmigo tarda una eternidad en encontrar
las palabras, cuando termina una frase, hace minutos que yo la he
terminado en mi mente. Tarda mucho en comprender lo que le digo y
luego tiene que rumiarlo para asimilarlo. Una conversación con un
enfermo muy medicado requiere de una enorme paciencia y saber aceptar
que debes moverte a cámara lenta, como él, si quieres comprenderle y
que te comprenda. También ocurre lo contrario, he tratado con enfermos
bipolares en fase hiperactiva, y te das cuenta de que en expresión
coloquial “van pasados de revoluciones”. Hablan y hablan y no te da
tiempo a entender todo lo que dicen, cambian de tema con tanta
facilidad que te pierdes. En el blog hay una serie de relatos, Relatos
del otro lado, en el que cuento mi primer encuentro con un enfermo
bipolar y la enorme diferencia existente entre el enfermo en estado
hiperactivo y sin medicación y luego ya medicado. Los enfermos no
podemos comunicarnos si se nos atiborra de medicación y ésta, con
mucha frecuencia, tiene efectos secundarios terribles. Creo que si las
farmacéuticas investigaran más podrían recortar estos efectos
secundarios que hacen que muchos enfermos no quieran tomar la
medicación.

En cuanto al enfermo como receptor le ocurre algo parecido a
lo que sufre una persona con síndrome autista. Los enfermos no somos
capaces de asimilar tanta información como nos llega, procesarla y
responder a ella. No solo porque la medicación nos bloquea, sino que
incluso sin medicación el enfermo necesita bloquearse emocionalmente
porque tiene verdadero pánico al descontrol. Esto lo analizo en uno de
mis textos en el blog. Sentimos miedo al descontrol emocional porque
hemos tenido experiencias muy duras. Como solemos decir, cuando otro
te insulta o alza la voz o pierde los estribos, los demás dicen que ha
tenido “un calentón” y no le dan mayor importancia. Cuando un enfermo
mental hace lo mismo ya piensan que está teniendo un brote, que puede
ponerse violento, y de inmediato lo atiborran a medicación, lo
ingresan en un psiquiátrico una larga temporada y su fama de enfermo
problemático y violento crece. Son tantas y tan graves las
consecuencias de estos descontroles, incluidos los intentos de
suicidio, que el enfermo está dispuesto a pasar por todo antes de
perder el control. De esta forma se bloquea constantemente en la
comunicación. Cuando algo que le están diciendo le ofende el bloqueo
le lleva a no escuchar ni comprender lo que le dicen. De esta forma
muchos enfermos mentales tienen fama de estar “idos” de no comprender
lo que se les dice, pero no es así. Cuando la comunicación es cariñosa
estos bloqueos disminuyen tanto que casi desaparecen y muchos se
llevan la gran sorpresa de recibir respuesta de quien no esperaban.
Esto también lo cuento en las Historias de Bautista, donde un enfermo
a quien el psiquiatra consideraba como desahuciado porque creía no
entendía lo que le decían, ni hablaba, ni se daba cuenta de las cosas,
Bautista le demuestra, hablando con él, mientras el psiquiatra está
escondido, escuchando la conversación, que aquel enfermo no hablaba
con él porque no se sentía querido y en cambio si era capaz de hablar
con Bautista con toda normalidad porque recibía mucho cariño.

El tercer factor, el mensaje, también influye mucho en el
enfermo. A éste no le interesa otra cosa que no sea el cariño. Ha
perdido la esperanza, está desesperado, lo ha perdido todo, ya no
tiene ni espera nada, desea morir. Quiero morir-quiero morir-quiero
morir, como me repiten una y otra vez algunos enfermos. Teniendo esto
en cuenta es lógico que al enfermo solo le pueda llegar una clase de
mensaje: el cariño. El cariño, el amor, es lo único que acepta el
enfermo, la única temática que le pueda interesar, todo lo demás es
como oír llover, un sonido al que se acostumbra pero que no le
interesa lo más mínimo. Cuando el enfermo recibe mensajes
materialistas, dinero, hedonismo, productividad, competitividad,
agresividad, etc. cierra sus oídos, cierra su alma, cierra su mente,
cierra sus emociones, por lo tanto no es de extrañar que muchos
enfermos sean considerados como “lelos” o idiotas, auténticos dementes
que han perdido contacto con la realidad. Si todo lo que un enfermo
puede esperar de la realidad es lo que ve en los telediarios a nadie
le puede extrañar que se bloquee y no se comunique. Sufrimos mucho por
nuestra enfermedad, nuestros familiares y seres queridos no nos
comprenden, ni aceptan que estamos enfermos, nos consideran malas
personas, vagos, manipuladores, sabemos que no nos van a curar, que
tendremos que aguantar la enfermedad toda la vida, que  la muerte es
deseable cuando se sufre tanto. En estas condiciones no es fácil que
un mensaje pueda llegar a un enfermo. Resumiendo, tenemos problemas
para emitir, puesto que se nos considera locos y se nos margina no
entendemos qué interés pueden tener los demás en nuestros mensajes. La
medicación disminuye nuestra capacidad de emisor. Como receptores
tenemos serios problemas puesto que estamos aislados, bloqueados. Y
tampoco nos interesan la mayoría de los mensajes. Ni el dinero que no
podemos ganar porque dicen que no somos productivos, nos rechazan en
el mundo laboral. Hemos desesperado ya de conseguir algo en ese mundo.
Incluso nuestras patologías a veces nos llevan a despilfarrar, a tirar
el dinero durante las crisis. Eso hace que nos consideren incapaces de
administrarnos. La economía nos está vedada, las relaciones sociales e
interpersonales también. ¿Qué mensajes podemos aceptar los enfermos?
Solo cuando se comunica cariño nos abrimos.

La sociedad en la que vivimos es materialista, hedonista,
competitiva, solo interesa el dinero, la productividad, no es una
sociedad humana, fraternal, por lo tanto el enfermo se siente
marginado en ella, no encaja para nada. Si además observa que no se le
quiere conocer, que se hacen caso de leyendas negras, que se considera
a todos los enfermos mentales como asesinos en potencia, cuando él no
considera a todos los “normales” como corruptos en potencia, por
ejemplo, aunque le consta que hay muchos corruptos entre los normales
y ninguno entre los enfermos mentales que lo primero que hacen cuando
están mal es perder interés por el dinero, por todo, incluso por la
vida, entonces el enfermo se esconde, se encama, intenta pasar
desapercibido, no hablar con nadie, se siente como una rata en las
cloacas. La sociedad se burla de él, no quiere entenderle, le pone la
zancadilla siempre que puede, el enfermo mental aprende a mentir para
sobrevivir, a manipular para conseguir cosas elementales que los demás
consiguen con solo abrir la boca. Pierde la autoestima, a veces llega
incluso a convencerse de ser una mala persona. He hablado con muchos
enfermos que se creían casi psicópatas porque me decían no sentir nada
por los demás. Yo les respondía si no les parecía lógico no sentir
empatía y compasión por quienes se burlan de ellos, les marginan, les
tratan como basura, les consideran auténticos monstruos. ¿Acaso el
enfermo mental tiene que ser distinto a los demás y sentir amor donde
solo recibe odio?

Querido amigo. Creo que he sido muy extenso. Si quieres
precisión puedes hacerme preguntas más concretas. Un saludo.

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