LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS VIII

27 11 2016

LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS VIII

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LA SEDUCCIÓN COMO PASO PREVIO A LA VINCULACIÓN

En ningún otro terreno como en el de las relaciones de pareja se aprecia el largo camino, con todos sus matices, que requiere la vinculación y la estabilización de la relación en el primer círculo. El ideal, la perfección, como veremos al estudiar el plano último y supremo, el de la divinidad, es la unión perfecta en un Todo último y definitivo donde cada parte es el Todo y el Todo está en cada parte. Pero antes de llegar a la cúspide de la pirámide es necesario subir todos y cada uno de los escalones.

La atracción que sentimos hacia el otro tiene todo que ver con la chispa divina que hay en él, lo mismo que en nosotros, pero ese tema lo estudiaremos al llegar al plano correspondiente, en el plano físico la atracción que sentimos hacia los demás tiene más bien que ver con el deseo de encontrar en el otro lo que a nosotros nos falta o al menos aquello que no hemos intensificado con nuestra consciencia. Se supone que el Todo, Dios, no tiene que buscar fuera lo que ya está en su interior y perfectamente vivificado y consciente. No necesita de la presencia de otros para ser feliz y completo. Nosotros sí, nuestro deseo es tan infinito como nuestra naturaleza, no nos conformamos con algo, con un poco, con una pizca, con probar un segmento de realidad durante un tiempo, lo queremos todo y lo queremos para siempre. De este deseo innato surge todo lo demás. Como veremos en los planos sucesivos y superiores que iremos viendo con el tiempo, conforme ascendemos desde la consciencia mínima hasta la consciencia máxima, la única diferencia entre ellos es la consciencia que tenemos de su existencia. Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba nos dice una de las leyes que se estudian en el Kybalión. Todo lo existente funciona de acuerdo a unas leyes espirituales y supremas establecidas por la deidad desde el principio de la creación, todo lo que no esté de acuerdo con ellas lleva en sí el gusano de la corrupción, la esencia de la destrucción. Es por eso que cada círculo, en cada dimensión, tiene unas reglas que son fiel reflejo de las leyes supremas, solo que según sea el espejo o según lo sucio que esté nuestra visión estará más o menos empañada.

La vinculación solo es posible a través del  amor, es el único pegamento que mantiene a toda la realidad unida. La individualidad es por sí limitada, finita, y como en nuestra esencia está la aspiración hacia la infinitud y la eternidad no queda otro camino que el de la aproximación y estancia en el primer círculo y una vez alcanzado tenemos que seguir ascendiendo hasta primeros círculos superiores en otras dimensiones, no queda otra, es por eso que fuera de esa única realidad todo es falsedad, mentira, temporalidad, destrucción, desvinculación, caos.

La atracción de la pareja, además de estar sujeta a esa ley fundamental del amor como única vinculación posible también está sometida a le ley de la dualidad universal, todo tiene su contraparte y todo tiende a unirse a su contraparte. La atracción sexual no es otra cosa y la existencia del deseo sexual hacia un mismo género tiene una clara explicación en la dualidad que existe también en nosotros mismos. Somos macho o hembra porque hay un predominio de una de las dos partes que nos componen, pero eso no significa que no exista la otra. En el yoga tántrico se busca el andrógino, es decir la fusión de nuestras partes femenina y masculina, pero para lograrlo se utiliza el camino del sexo que nos permite hacernos conscientes, a través de otro u otra de nuestra condición dual. Incluso en las relaciones de pareja dentro de un mismo género se adoptan conductas que engloban a los dos géneros, es decir que cada parte de la pareja hace predominar uno de los géneros que conforman nuestra naturaleza dual.  Por ello este estudio de la pareja en el primer círculo no se restringe únicamente a la pareja tradicional, macho y hembra, sino que abarca a todas las posibles parejas. Como es lógico, dada mi condición de heterosexual, predominará la perspectiva de ese tipo de pareja que es la única que conozco.

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La seducción es la busca de la forma hacernos atractivos para la pareja que hemos elegido o nos ha elegido a nosotros o nos ha sido impuesta por un deseo incontrolable.  Como ya hemos visto en capítulos anteriores, salvo el primer círculo que nos ha sido dado desde el nacimiento, que viene en el pack con el que surgimos a la vida, todos los demás primeros círculos se construyen y siempre de la misma manera. Un desconocido debe ser atraído a nuestro primer círculo siguiendo los mismos pasos que nunca pueden ser obviados. Nosotros somos atraídos hacia el primer círculo de nuestros semejantes y cuando se produce la circunstancia de que el otro pertenece a nuestro primer círculo y nosotros al suyo, se puede decir que estamos vinculados dentro de un primer círculo.

Dentro del primer círculo que nos ha sido entregado al nacer también existe la posibilidad de conformar un subcírculo de pareja, pero en nuestra sociedad es un tabú, salvo en circunstancias concretas. Hablamos de incesto y hablamos de las conocidas atracciones del inconsciente a las que Freud dio nombres concretos. El habla de la atracción sexual del hijo por la madre y de la madre por el hijo, de la hija por el padre y del padre hacia la hija. Esto tiene una explicación muy natural que veremos cuando estudiemos los primeros círculos en otras dimensiones. Hablando claro se puede decir que todos somos hijos de Dios, todos somos hermanos, todos pertenecemos al primer círculo de su divinidad, por lo que si aplicamos el tabú del incesto con lógica implacable, cualquier tipo de relación sexual de pareja en un primer círculo sería incestuosa aunque no existan lazos de sangre, de carnalidad, puesto que sí existen lazos de sangre espiritual. Esta deducción se obvia en las religiones que mantienen el incesto como un terrible pecado merecedor del máximo castigo, olvidándose de que en realidad todos somos hermanos espirituales y por lo tanto en el primer círculo de esta dimensión cualquier unión de pareja sería incestuosa por definición. Estas religiones dogmáticas priman más los lazos de sangre, es decir, los lazos materiales, genéticos, que puedan existir entre los cuerpos, que los lazos superiores y más sólidos, de índole espiritual que conforman la vinculación entre todos los seres humanos.  Con el descubrimiento de la genética se intenta encontrar una explicación racional y científica a este tabú que ha estado vigente a lo largo de toda la historia de la humanidad, mucho antes de que llegara a conocerse cómo funciona la genética y la herencia. Quienes siguen considerando como pecaminoso el incesto, ahora se basan en razones genéticas y de herencia, pero se olvidan de algo muy importante, que por las mismas razones muchas parejas, sin lazos de sangre tampoco deberían tener uniones sexuales puesto que su herencia genética haría que sus herederos sufrieran la transmisión de algunas determinadas enfermedades.  Si las uniones de pareja se basaran únicamente en la genética habría que cambiar el mapa mundial de las uniones de pareja porque muchas serían incompatibles.

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Con todo esto quiero decir que en la unión de pareja hay muchos factores, alguno de ellos desconocido para quienes no aceptan que la persona sea algo más que un cuerpo físico. La atracción que se produce entre dos personas que las lleva a intentar formar parte de sus primeros círculos, creando una pareja, en la que por definición las relaciones sexuales deben tener cabida en algún momento, es un complejo entramado de deseos y mecanismos. No solo está la genética que nos lleva a sentirnos atraídos sexualmente por ciertas personas y no por otras o bastante menos, también está la afinidad de caracteres, de ideas, de sentimientos, las circunstancias vitales que hacen aparecer a una persona en nuestra vida antes que otra hacia la que sentiremos mayor atracción. Y sobre todo están los otros planos superiores, los primeros círculos en esos planos, de los que la mayoría no somos conscientes porque nuestra evolución espiritual no ha alcanzado esos niveles. Así se habla, por quienes creemos en la reencarnación, de la atracción que sentimos hacia determinada persona, sin saber por qué ni encontrar motivos razonables, entonces decimos que tal vez tuvimos una relación en una vida pasada. La creencia o no en la reencarnación puede cambiar mucho las explicaciones sobre determinadas atracciones a las que no encontramos la menor lógica. También la existencia de primeros círculos en planos superiores hace que la atracción hacia determinada persona en este plano concreto sea de una lógica aplastante. Como veremos al estudiar los otros primeros círculos en otros planos superiores, es más que posible que podamos estar vinculados en una relación de pareja con otra persona en el mundo onírico o en otro plano y no en este plano, pudiendo producirse todo tipo de circunstancias, como puede ser que la pareja onírica nunca se encuentre en el plano real pero sí recibirá de vez en cuando intensas sensaciones que no puede explicar y que le llevarán a sentirse desdichado en la relación de pareja existente, buscando otras posibilidades o aventuras. También esa pareja onírica puede llegar a encontrarse en el plano real y tendrá que tomar la correspondiente decisión, seguir manteniendo las parejas existentes en el mundo real y acabar o no con la relación de pareja onírica.

Para las mentes cientifistas la atracción sexual que sentimos hacia determinadas personas solo tiene que ver con la genética, la herencia, las feromonas, o cualquier otro tipo de mecanismo físico que aún no se conoce. De esa manera intentan explicarlo todo, hasta lo inexplicable. Ese determinismo infantil, de que todos acabamos formando una pareja con alguien porque la genética, las feromonas, o la química de nuestros cuerpos, así lo exige, se cae por los suelos la mayoría de las veces, viendo y estudiando todos los tipos de parejas que se producen en la vida cotidiana. No parece muy fiable, aceptable y profunda, la relación de pareja basada en la química de los cuerpos. Los cientifistas que piensan de esa manera luego tienen que dejar de lado esas explicaciones cuando se enfrentan ellos a la relación de pareja en el primer círculo. No se lo toman como una necesidad instintiva, como puede ser el alimentarse, ni se plantean la vida en pareja como la necesidad que uno tiene de permanecer unido a un objeto que se ha vinculado a nuestra mano debido a un fuerte pegamento. No, como veremos hasta estas personas asumen las leyes que rigen el primer círculo, concretamente el primer círculo de pareja. De alguna manera intuyen que si no cumplen con estas leyes del primer círculo la pareja no funcionará, por mucho pegamento instintivo y químico que tenga.

Se dice, y con razón, que la atracción sexual es básica, tal vez la más importante, a la hora de sentirnos atraídos por otra persona e intentar formar con ella un primer círculo de pareja. No en vano buena parte de la vida de pareja tendrá como objeto las relaciones sexuales y si éstas no funcionan casi todo el mundo está de acuerdo en que la pareja no puede funcionar. Pero el hecho de que exista atracción sexual no lo es todo, puesto que la afinidad de caracteres, la forma de pensar, la forma de sentir, los intereses de todo tipo que conforman la vida de pareja también influyen.  Todos estos intereses deberán estar perfectamente armonizados y priorizados dentro del primer círculo, sometidos a sus leyes, y también y sobre todo tendrán que estar armonizados y priorizados con los primeros círculos superiores en otras dimensiones.

Cuando la seducción se basa únicamente en el deseo sexual y la pareja se forma  basándose únicamente en esto, lo más fácil es que esa pareja no dure mucho y acabe desvinculándose el poco tiempo. Hay que tener en cuenta que las facetas de la personalidad humana son poliédricas y una pareja no se pasa todo su tiempo en la cama, manteniendo relaciones sexuales, es más, habrá mucho más tiempo dedicado a otras cuestiones que al sexo. Por lo tanto aunque el atractivo sexual es importante a la hora de escoger a alguien para empezar el largo camino de la seducción, hasta la formación del primer círculo de pareja, no será ni mucho menos el único ni principal factor.

 

Cuando dos personas se encuentran y se sienten atraídas para formar el primer círculo no suelen plantearse qué les lleva a ello ni por qué razones se sienten atraídas, esta atracción funciona y  el primer paso para llevar al otro al primer círculo tiene mucho que ver con la seducción, con el cortejo. Milarepa dice que el sexo es uno de los factores vinculantes más intensos y profundos entre las personas, quien tiene sexo con otro no permanece igual que estaba antes del sexo, se produce una profunda e intensa transformación. Es por esto que tiene bastante lógica el miedo que muchas personas tienen a tener sexo con otras, sin más, sin unas garantías y sin unas determinadas condiciones, porque temen que esa atracción les lleve al deseo de forma un primer círculo cuando son muy conscientes de que el otro no encajaría en él ni esa relación funcionaría bien en un primer círculo.

 

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En este sentido es muy curiosa la forma tan diferente que suelen tener las personas de un género o de otro a la hora de enfocar las relaciones de pareja y el camino de la seducción. El hombre prioriza mucho, muchísimo, el deseo sexual y cuando la otra persona le atrae mucho en este campo suele dejar de lado las demás consideraciones. Por otro lado la mujer suele buscar más la seguridad en la relación de pareja que la atracción sexual que puede despertar en ella el hombre. Al menos así se expresa la mayoría de mujeres a la hora de plantearse una relación. El físico del otro, el deseo sexual que ella sienta hacia él no es prioritario para ella. Dejando aparte la herencia genética que conlleva en la mujer la necesidad imperiosa de amparar a su prole, buscando padres que no les abandonen a las primeras cambio, parece claro que la psicología femenina y masculina en este sentido son muy diferentes. Ya estudiaremos las razones en su momento como la influencia de los otros planos para que estas circunstancias sean así y no de otra manera. Estas diferentes prioridades en ambos sexos harán que el camino hacia el primer círculo, el cortejo, la seducción, tenga variantes muy distintas según el género y el juego de la seducción o el cortejo sea muy diferente para la mujer o para el hombre. Pero esto ya lo veremos con detenimiento conforme estudiemos los pasos a dar en el camino hacia el primer círculo de pareja, que en este caso tiene un nombre muy conocido, los juegos de la seducción o el cortejo.

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