CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL III

21 01 2017

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Manzanares, Ciudad Real, 7-06-2016

Querido amigo: Me parece muy interesante analizar la base sobre la que
se mueve toda la comunicación (emisor-receptor-mensaje) respecto al
enfermo mental. Porque en el enfermo hay graves fallas que le impiden
la comunicación, tanto como emisor como receptor. Los fallos de la
sociedad están claros, pero quien no sea un enfermo mental ni se haya
preocupado de conocernos y sentir empatía hacia nosotros, ponerse en
nuestra piel tendrá serias dificultades en saber por qué los enfermos
mentales fallamos tanto a la hora de comunicarnos.

Quien nunca haya está medicado como lo hemos estado y lo
estamos nosotros, los enfermos, no se puede hacer una idea cabal de lo
que supone intentar hablar con alguien, expresar en palabras, con
gestos, con emociones, lo que pensamos, cuando estás tan medicado que
tu mente parece ir al ralentí, a cámara lenta. Nos cuesta Dios y ayuda
encontrar las palabras, podemos tardar un minuto en decir una frase
que otra persona diría en dos segundos. En cuanto a las emociones es
difícil expresarse cuando eres un vegetal y te caes de sueño por las
esquinas, cuando lo único que quieres es que te dejen en paz porque
cualquier estímulo que llegue hasta ti no puede ser interpretado y
asimilado con normalidad, todo va muy lento y tu sensibilidad parece
haberse aguzado hasta el límite, como si nos hubieran intensificado el
oído hasta el límite de que un estornudo nos puede parecer un
cañonazo.

Hace más de veinte años que no tomo medicación, imagino que
ha mejorado en este tiempo, aunque en mi trato con otros enfermos
mentales observo que sus reacciones son muy parecidas a lo que fueron
las mías. Sé perfectamente que un enfermo está medicado, seriamente
medicado, cuando al hablar conmigo tarda una eternidad en encontrar
las palabras, cuando termina una frase, hace minutos que yo la he
terminado en mi mente. Tarda mucho en comprender lo que le digo y
luego tiene que rumiarlo para asimilarlo. Una conversación con un
enfermo muy medicado requiere de una enorme paciencia y saber aceptar
que debes moverte a cámara lenta, como él, si quieres comprenderle y
que te comprenda. También ocurre lo contrario, he tratado con enfermos
bipolares en fase hiperactiva, y te das cuenta de que en expresión
coloquial “van pasados de revoluciones”. Hablan y hablan y no te da
tiempo a entender todo lo que dicen, cambian de tema con tanta
facilidad que te pierdes. En el blog hay una serie de relatos, Relatos
del otro lado, en el que cuento mi primer encuentro con un enfermo
bipolar y la enorme diferencia existente entre el enfermo en estado
hiperactivo y sin medicación y luego ya medicado. Los enfermos no
podemos comunicarnos si se nos atiborra de medicación y ésta, con
mucha frecuencia, tiene efectos secundarios terribles. Creo que si las
farmacéuticas investigaran más podrían recortar estos efectos
secundarios que hacen que muchos enfermos no quieran tomar la
medicación.

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En cuanto al enfermo como receptor le ocurre algo parecido a
lo que sufre una persona con síndrome autista. Los enfermos no somos
capaces de asimilar tanta información como nos llega, procesarla y
responder a ella. No solo porque la medicación nos bloquea, sino que
incluso sin medicación el enfermo necesita bloquearse emocionalmente
porque tiene verdadero pánico al descontrol. Esto lo analizo en uno de
mis textos en el blog. Sentimos miedo al descontrol emocional porque
hemos tenido experiencias muy duras. Como solemos decir, cuando otro
te insulta o alza la voz o pierde los estribos, los demás dicen que ha
tenido “un calentón” y no le dan mayor importancia. Cuando un enfermo
mental hace lo mismo ya piensan que está teniendo un brote, que puede
ponerse violento, y de inmediato lo atiborran a medicación, lo
ingresan en un psiquiátrico una larga temporada y su fama de enfermo
problemático y violento crece. Son tantas y tan graves las
consecuencias de estos descontroles, incluidos los intentos de
suicidio, que el enfermo está dispuesto a pasar por todo antes de
perder el control. De esta forma se bloquea constantemente en la
comunicación. Cuando algo que le están diciendo le ofende el bloqueo
le lleva a no escuchar ni comprender lo que le dicen. De esta forma
muchos enfermos mentales tienen fama de estar “idos” de no comprender
lo que se les dice, pero no es así. Cuando la comunicación es cariñosa
estos bloqueos disminuyen tanto que casi desaparecen y muchos se
llevan la gran sorpresa de recibir respuesta de quien no esperaban.
Esto también lo cuento en las Historias de Bautista, donde un enfermo
a quien el psiquiatra consideraba como desahuciado porque creía no
entendía lo que le decían, ni hablaba, ni se daba cuenta de las cosas,
Bautista le demuestra, hablando con él, mientras el psiquiatra está
escondido, escuchando la conversación, que aquel enfermo no hablaba
con él porque no se sentía querido y en cambio si era capaz de hablar
con Bautista con toda normalidad porque recibía mucho cariño.

El tercer factor, el mensaje, también influye mucho en el
enfermo. A éste no le interesa otra cosa que no sea el cariño. Ha
perdido la esperanza, está desesperado, lo ha perdido todo, ya no
tiene ni espera nada, desea morir. Quiero morir-quiero morir-quiero
morir, como me repiten una y otra vez algunos enfermos. Teniendo esto
en cuenta es lógico que al enfermo solo le pueda llegar una clase de
mensaje: el cariño. El cariño, el amor, es lo único que acepta el
enfermo, la única temática que le pueda interesar, todo lo demás es
como oír llover, un sonido al que se acostumbra pero que no le
interesa lo más mínimo. Cuando el enfermo recibe mensajes
materialistas, dinero, hedonismo, productividad, competitividad,
agresividad, etc. cierra sus oídos, cierra su alma, cierra su mente,
cierra sus emociones, por lo tanto no es de extrañar que muchos
enfermos sean considerados como “lelos” o idiotas, auténticos dementes
que han perdido contacto con la realidad. Si todo lo que un enfermo
puede esperar de la realidad es lo que ve en los telediarios a nadie
le puede extrañar que se bloquee y no se comunique. Sufrimos mucho por
nuestra enfermedad, nuestros familiares y seres queridos no nos
comprenden, ni aceptan que estamos enfermos, nos consideran malas
personas, vagos, manipuladores, sabemos que no nos van a curar, que
tendremos que aguantar la enfermedad toda la vida, que  la muerte es
deseable cuando se sufre tanto. En estas condiciones no es fácil que
un mensaje pueda llegar a un enfermo. Resumiendo, tenemos problemas
para emitir, puesto que se nos considera locos y se nos margina no
entendemos qué interés pueden tener los demás en nuestros mensajes. La
medicación disminuye nuestra capacidad de emisor. Como receptores
tenemos serios problemas puesto que estamos aislados, bloqueados. Y
tampoco nos interesan la mayoría de los mensajes. Ni el dinero que no
podemos ganar porque dicen que no somos productivos, nos rechazan en
el mundo laboral. Hemos desesperado ya de conseguir algo en ese mundo.
Incluso nuestras patologías a veces nos llevan a despilfarrar, a tirar
el dinero durante las crisis. Eso hace que nos consideren incapaces de
administrarnos. La economía nos está vedada, las relaciones sociales e
interpersonales también. ¿Qué mensajes podemos aceptar los enfermos?
Solo cuando se comunica cariño nos abrimos.

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La sociedad en la que vivimos es materialista, hedonista,
competitiva, solo interesa el dinero, la productividad, no es una
sociedad humana, fraternal, por lo tanto el enfermo se siente
marginado en ella, no encaja para nada. Si además observa que no se le
quiere conocer, que se hacen caso de leyendas negras, que se considera
a todos los enfermos mentales como asesinos en potencia, cuando él no
considera a todos los “normales” como corruptos en potencia, por
ejemplo, aunque le consta que hay muchos corruptos entre los normales
y ninguno entre los enfermos mentales que lo primero que hacen cuando
están mal es perder interés por el dinero, por todo, incluso por la
vida, entonces el enfermo se esconde, se encama, intenta pasar
desapercibido, no hablar con nadie, se siente como una rata en las
cloacas. La sociedad se burla de él, no quiere entenderle, le pone la
zancadilla siempre que puede, el enfermo mental aprende a mentir para
sobrevivir, a manipular para conseguir cosas elementales que los demás
consiguen con solo abrir la boca. Pierde la autoestima, a veces llega
incluso a convencerse de ser una mala persona. He hablado con muchos
enfermos que se creían casi psicópatas porque, me decían, no sentir nada
por los demás. Yo les respondía si no les parecía lógico no sentir
empatía y compasión por quienes se burlan de ellos, les marginan, les
tratan como basura, les consideran auténticos monstruos. ¿Acaso el
enfermo mental tiene que ser distinto a los demás y sentir amor donde
solo recibe odio?

Querido amigo. Creo que he sido muy extenso. Si quieres
precisión puedes hacerme preguntas más concretas. Un saludo.

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