LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XVII

5 03 2017

LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XVII

LA RECAPITULACIÓN DE BAUTISTA II

He interrumpido estas historias durante demasiado tiempo, me costaría mucho escribirlas de un tirón, son demasiados recuerdos, vivencias, sufrimiento, toda una vida como enfermo mental para que pueda recapitular de seguido, sin tomarme un descanso, un respiro. Me ha venido bien porque eso me ha permitido encontrar la libreta donde anoté mis conversaciones con Bautista e intentar poner un poco de orden en tanto material como obra en mi poder, un auténtico caos de datos. Aprovecharé este capítulo, no solo para continuar con la recapitulación que hizo Bautista sobre la historia de la enfermedad mental en España al cumplirse el treinta aniversario de la reforma psiquiátrica en España, sino también para decirme a mí mismo sobre qué enfermos mentales que conociera Bautista en el psiquiátrico de Alcohete voy a escribir, convertidos en parte en personajes, y hacer un pequeño esquema de cómo era Alcohete y de las experiencias de Bautista en sus visitas a este centro durante años.

Durante las entrevistas que mantuvimos en su antigua tienda de pinturas le pedí expresamente que me hablara de los enfermos que había conocido allí y con los que había tenido más trato. Aunque no doy por cerrada la historia de los dos hermanos, primos carnales de Bautista, sobre los que ya he escrito en esta serie de historias, sí voy a hacer un inciso para hablar de Alcohete, intercalando las vidas noveladas de estos enfermos sobre los que me hablara Bautista. Quiero hacer aquí una pequeña lista antes de que vuelva a perder la libreta y me pase otra temporada buscándola, algo muy típico de mi patología como enfermo mental.

Estas son las personas con enfermedad mental de las que me habló Bautista y sobre las que escribiré en futuros capítulos:

-La Señorita collares,como la llama Bautista. Cincuenta años, bajita, portaba un montón de collares al cuello.

-El fotógrafo. Una delirante historia de un joven que fue escondido en un psiquiátrico para librarle de la muerte durante la guerra civil española y que acabó sufriendo una enfermedad mental aunque al parecer no existen datos de que ya fuera un enfermo cuando se le internó. Le regalaron una cámara fotográfica, sin carrete, y con ella no cesaba de hacer fotos a todo el que aparecía por allí, inmortalizando personas y eventos. Aunque se trata de un caso muy poco habitual no deja de ser una perspectiva distinta sobre la enfermedad mental que algunos se empeñan en reducir a un problema genético. Parece claro que el entorno es también fundamental en el nacimiento y evolución de la enfermedad mental.

-El tahur, así lo llamo yo. Un enfermo que al parecer fue croupier en un casino francés y que terminó en el psiquiátrico de Alcohete. Al parecer tenía una portentosa memoria matemática.

-El niño Jesús. En Alcohete se hacía todas las navidades un belén viviente en el que participaban los enfermos. Mis notas son confusas al respecto puesto que también aparece otro enfermo que quería ser rey mago y lo vestían siempre de pastor. No tengo claro si se trata de dos personas distintas o de una sola. Antes de escribir esta historia tengo que hablar con Bautista para que me refresque la memoria.

-La hija adoptada de Bautista. Así la llamo yo en broma. Se trataba de una enferma mental, joven, que se sentía hija de Bautista, de alguna manera lo adoptó como padre y sentía auténticos celos de otras enfermas que se le acercaban. Los datos que tengo anotados son incompletos y un tanto confusos, también hablaré con Bautista al respecto. Al parecer tenía veintisiete años, tenía un hijo de un embarazo, siendo enferma mental con un trastorno severo de conducta. Al parecer pudo ser violada por su padre a los ocho años. Alcohólica. Se escapa de casa a la muerte de su madre, con diez o doce años y vive en la calle.

-El peripatético. Lo llamo así porque al parecer le gustaba caminar casi corriendo. Tenía treinta y nueve años. Era alcohólico y sufría a veces de delirium tremens. Al parecer comenzó a beber de estudiante, finalizado el PREU. A los veinte años le pegó, en una borrachera, a un guardia civil. Quería hacerse famoso y ayudar a la gente. Su sueño era que le tocara la lotería y repartirla entre todos. También las anotaciones que tengo son un tanto confusas y tendré que aclararlas con Bautista.

Debo tener anotadas más historias de enfermos pero no las encuentro, tal vez haya otra libreta que aún no he encontrado. Creo recordar que cambié de libreta durante las entrevistas, al terminarse la primera. Confiaba en mi buena memoria para estos temas y solo pensaba utilizar las anotaciones para recordar algún dato concreto o matiz, pero ha pasado demasiado tiempo y voy a necesitar todas las notas que tomé en su momento e incluso las cintas que grabé, si logro encontrarlas.

Respecto a la historia de Alcohete utilizaré los datos anotados para hacer un esquema básico de su historia. Creo que también voy a utilizar el formato de “Un día en la historia de Alcohete” para dar unidad a la gran variedad de datos que tengo anotados sobre el personal, el edificio con sus dependencias y los acontecimientos que Bautista me fue contando. Por último iré insertando, cuando proceda, la gran aventura de Bautista con la fundación Madre y el comienzo del asociacionismo de los familiares de enfermos mentales. No daré nombres cuando no tenga permiso expreso de las personas que participaron en esta aventura, aunque hay un caso especialísimo del que tendré que hablar necesariamente porque su trabajo tiene un enorme mérito y Bautista expresamente me pidió que dejara bien claro que su contribución fue superior incluso a la del propio Bautista. Me limitaré a dar detalles imprescindibles dejando en la oscuridad si esta persona era hombre o mujer y sobre todo me cuidaré mucho de no hablar de su biografía o cualquier otro detalle que pueda identificar a la persona. También me veré obligado a contar como ficticios algunos acontecimientos de que me hablara Bautista, no porque haya en ellos nada de inmoral o vergonzoso, todo lo contrario, considero que así es como deberían haber sido tratados los enfermos mentales incluso antes de la reforma psiquiátrica. Cuando sea preciso haré constar expresamente en el título y notas que lo que voy a narrar es una historia ficticia, aunque al final, si así procediere, haré constar los datos reales en que he basado la historia que cuento. Y sin más proseguiremos con la tarea que resta pendiente.

LA RECAPITULACIÓN DE BAUTISTA/CONTINUACIÓN

LUCES DE LA REFORMA PSIQUIÁTRICA/CONTINUACIÓN

3-AUMENTO DE LA INVESTIGACIÓN, CON LA APARICIÓN DE SEGUNDA Y TERCERA GENERACIÓN DE MEDICAMENTOS MENOS AGRESIVOS Y MÁS EFECTIVOS

COMENTARIO PERSONAL

Por suerte no puedo hablar de este tema por experiencia propia ya que cuando decidí dejar la medicación, hace ya más de dos décadas, los nuevos medicamentos estaban justo apareciendo en el mercado y aunque yo era el conejillo de indias favorito de mis psiquiatras para probarlos, apenas puedo hablar de uno de ellos, el p…, que fue el último medicamento que tomara.

Es preciso e imprescindible agradecer el esfuerzo de profesionales y empresas farmacéuticas que llevan décadas trabajando en la investigación de medicamentos para la enfermedad mental. No me duelen prendas en reconocer que sin estos medicamentos, algunos con efectos secundarios terribles, sobre todo los primeros, muchos enfermos mentales no hubiéramos podido sobrevivir a la enfermedad. Durante las crisis más terribles de mi enfermedad, en mi juventud, sin la medicación que me hicieron tomar es más que probable que yo no estaría aquí para contarlo. Ya de por sí es un auténtico milagro que esté, no quiero ni imaginarme cómo hubiera terminado de no haber sido “amansado”, digámoslo así, por la medicación.

Por desgracia esto es lo que entonces, e incluso ahora, es lo máximo que se puede pedir a la medicación, que “amanse” al enfermo durante sus crisis, para que una vez pasadas se pueda trabajar con él en otras terapias menos drásticas y más positivas. Los efectos de la medicación que tomé durante mis años de enfermo mental medicado y con patologías severas, se podrían dividir en dos efectos básicos: adormecerme, dormirme, hibernarme, convertirme en un vegetal y por otro lado animarme, producirme euforia artificial, drogarme para que pasara de un deseo irresistible de morir, de acabar con mi vida, de un estado de ánimo oscuro, negro como la noche, a otro de una euforia irreal, casi delirante.
Ninguno de estos efectos era real, quiero decir que ni el adormecimiento era normal, ni convertirse en un vegetal sea algo que yo eligiera voluntariamente ni siquiera en los peores momentos de mi enfermedad, ni tampoco esa euforia artificial y a veces ridícula sea un estado de ánimo que yo elegiría para vivir habitualmente. Por mucho que dormir pueda ser positivo durante una crisis grave, no deja de ser una fuga de la realidad y desde luego si estoy aquí quiero estarlo a todos los efectos. Por otro lado por mucho que uno se sienta en la cumbre de la montaña y capaz de despegar con alas ficticias y volar por el universo mundo, no deja de ser algo artificial, efecto de una droga. Aún recuerdo aquel episodio último con el P…, antes de que tomara la firme decisión de abandonar la medicación. Yo estaba asomado a la ventana de nuestro piso y en un estado tal de euforia que por un momento –gracias a Dios solo fue un instante- estuve convencido de que si extendía mis manos como alas podría salir por la ventana, volando como un pájaro. Para quienes nunca hayan vivido este tipo de experiencias, el delirio o la alucinación, les tiene que resultar complicado ponerse en mi piel y hacerse una idea de hasta qué punto nos puede parecer real a los enfermos hacer ciertas cosas que son claramente conductas patológicas de un demente. Aquella experiencia me asustó tanto, puesto que hubo un momento en que temí que fuera arrojarme por la ventana, convencido de que podría volar, que tras pensarlo seriamente tomé la decisión de mi vida. Prefiero mil veces afrontar el mayor de los sufrimientos posibles en estado de plena lucidez que vivir artificialmente, dopado por drogas. Por suerte para mí conseguí superar los peores momentos, tal vez una especie de síndrome de abstinencia, que llegó a durar unos seis meses y durante los cuales muchas veces creí que no lo superaría y estuve a punto de abandonar, y acostumbrarme a enfrentarme a los problemas de la vida y de mi enfermedad a pecho descubierto, sin el consuelo de que en caso de emergencia podré tomar unas pastillas y regresar al limbo del que salí.
Jamás aconsejaré a una persona con enfermedad mental, más en las enfermedades muy graves, que deje la medicación. Yo no tenía nada que perder y algo a ganar. Fue la decisión libre de un auténtico guerrero, pero sin la ayuda del yoga mental que llevaba practicando ya algunos años, sin la ayuda de la familia, sin mi férrea voluntad de no volver jamás a intentar el suicidio, ocurriera lo que ocurriera, estoy convencido de que no habría logrado salir adelante. A pesar de ello mi vida no fue fácil precisamente. Todo esto lo estoy contando y espero terminar de hacerlo algún día en Diario de un enfermo mental, el gran secreto. No estoy orgulloso de las conductas patológicas que siguieron jalonando mi vida después de haber dejado la medicación, pero volvería a hacerlo, incluso ahora, cuando lo he perdido todo, realmente todo, entre vivir como un vegetal o como un Sísifo, empujando el pedrusco hasta la cima de la montaña, para ver cómo vuelve a caer, yo elegiré siempre ser un Sísifo.

Algunos medicamentos que llegué a tomar en mi juventud, durante mi etapa negra, fueron auténticas drogas alucinógenas y con unos efectos secundarios terribles. Muchos de ellos me transformaron en un auténtico vegetal durante largos periodos de mi vida. Aunque no soy un profesional puedo decir que los efectos sobre mi cerebro fueron drásticos y perviven en el tiempo. Desde luego yo no los hubiera empleado, ahora que conozco sus efectos, ni torturando a mi peor enemigo.

Desconozco los efectos de la medicación actual, como ya he dicho, por los efectos que producen en otros enfermos mentales con los que trato considero que la medicación ha mejorado mucho, muchísimo, desde mi época, aún así observo esos efectos secundarios tan demoledores, la somnolencia, la ralentización del proceso mental, el casi bloqueo de algunos reflejos, la enorme dificultad que supone vivir una vida normal con la medicación. Pienso que se podría hacer más si se estudiara más a fondo el cerebro y se buscaran y experimentaran medicamentos cada vez con menos efectos secundarios y que fueran directos a la causa de la enfermedad y no a dormir al enfermo como única salida a sus crisis. Me temo que la enfermedad mental, como enfermedad psíquica, del alma, que es, requiere una terapia totalizadora de la personalidad del enfermo, pero una medicación que permitiera disminuir la intensidad de las crisis sin dormir o convertir en un vegetal al enfermo sería un gran avance.

Estoy de acuerdo con Bautista en que la medicación ha progresado mucho, pero debería hacerlo aún más. Me apena profundamente ver a otros enfermos luchando con el sueño, intentando expresarse con enorme dificultad, adaptando su vida a los ciclos de la medicación, perdiendo muchas horas simplemente permaneciendo pasivo hasta que pase lo peor del efecto de la medicación. Teniendo en cuenta el mercantilismo en el que vivimos, cómo es nuestra sociedad, cómo son los recortes durante las crisis que cada vez parecen más frecuentes y más largas, me temo que esto va a tener que esperar un tiempo.

Me estoy basando para esta recapitulación en las fotocopias que me dio Bautista sobre sus apuntes para una conferencia. Hasta ahora solo hemos visto los tres primeros puntos de las luces, de nueve. Intentaré que mis comentarios sean más sobrios con los restantes puntos o esto se prolongará en exceso. Acompaño a este texto una foto que le hicieron para acompañar una entrevista periodística y finalizo con la frase que la encabeza, que yo entiendo que está un poco adornada por el periodista, porque conociendo como conozco a Bautista sé lo que le cuesta salir de su anonimato y más con frases grandilocuentes. Tomo nota de que deberé trabajar un poco más en estas historias, aunque con cierta prudencia, a pesar de mi condición de guerrero impecable los recuerdos de mi pasado pueden tumbarme a poco que me descuide. Me lo tomaré con una cierta calma, pero sabiendo que esto sigue pendiente, lo mismo que los relatos del otro lado que inicié hace ya mucho tiempo con gran entusiasmo y que ahora están bloqueados porque me cuesta ponerme a recordar aquella época de mi vida. Y termino con la mencionada frase de Bautista.

DIEZ VECES QUE VIVIERA, DIEZ VECES QUE QUISIERA VIVIR LO MISMO
Bautista.

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