CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL VI

4 04 2017

frases-de-locura-sana

Manzanares (Ciudad Real) 18-06-2016

Hola amigo: Por mi parte no hay ningún problema con el retraso, salvo
que tú tengas un plazo concreto para terminar el trabajo y tengas
prisa. Estoy de acuerdo contigo en que la primera etapa de la
comunicación es la del emisor consigo mismo, mal puede comunicar nada
si antes no se lo comunica antes a sí mismo. es lo que en yoga mental
y en la filosofía chamánica de Castaneda se llama el diálogo interno.
Curiosamente ellas pretenden terminar con este diálogo interno que es
el que nos describe el mundo, en concepto chamánico. El mundo es como
es para nosotros en base al diálogo interno que sostenemos con
nosotros mismos, cuando se rompe el mundo cambia porque cambia la
descripción del mismo. Este me parece un tema muy interesante y que
afecta de forma definitiva al enfermo mental quien de alguna manera ha
roto con la descripción del mundo aceptada socialmente y eso le traerá
grandes problemas. En literatura no fue hasta Joyce con su Ulises
cuando los lectores se enfrentaron por primera vez en literatura a lo
que eran sus pensamientos más íntimos, a su diálogo interno, que les
parecía tan natural que ni siquiera pensaban en ello como algo
existente. En la obra de Joyce se nos pone frente a nosotros mismos, a
los diálogos que mantenemos con nosotros en la intimidad y de esta
forma vemos realmente cómo cada uno tiene su mundo peculiar y
subjetivo y que las relaciones sociales no son otra cosa que la poda y
la flexibilidad del diálogo interno de cada uno para que pueda ser
aceptado por los demás. Digamos que nos comprimimos, comprimimos
nuestra personalidad, para que todos tengamos nuestro propio lugar en
la sociedad. Y una de las bases fundamentales para que pueda existir
la sociedad es el control, bloqueo y represión del diálogo interno. O
dicho de otra manera, debemos aprender a mentir, a no decir la verdad
o toda la verdad porque quien se comporte en sociedad como una persona
que dice la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, será
considerado un “loco”. Y es aquí donde comienzan las peculiaridades
del enfermo mental y sus dificultades para encajar en la sociedad.

En cuanto a tus preguntas, procedo a dar respuestas sin marcarme límites.

A la primera: Como ya te he dicho el diálogo mental, el
diálogo interno, es algo esencial para la comunicación, puesto que mal
vamos a comunicar lo que somos si no lo sabemos, o nuestra imagen si
antes no nos miramos en el espejo, o lo que pensamos o sentimos si
antes no lo analizamos en nuestro interior. Y aquí podríamos entrar en
ciertas filosofías modernas del “Ser y el Estar”. Una cosa es lo que
somos, nuestra esencia, y otra lo que “estamos siendo” o las
circunstancias que nos hacen ser una cosa ahora y otra más tarde. Ya
Aristóteles hablaba de Esencia y forma y acto y potencia. Creo que no
necesitamos convencernos a nosotros mismos de que en esencia somos
seres humanos, con todo lo que eso conlleva. Sin embargo si
necesitamos convencernos, “describirnos”, lo que somos como individuos
y personas y cómo vemos la realidad exterior. A través del diálogo
interno nos hacemos una idea de nosotros mismos y de cómo es la
realidad externa a nosotros. Sin ese diálogo interno esa descripción
se rompe y ese individuo o personalidad, se fragmenta.

Cortazar

Y es aquí donde comienza la peculiaridad del enfermo mental
como emisor, puesto que por definición su enfermedad mental le crea
dificultades para el diálogo interno, para describirse a sí mismo,
para ver la totalidad de su personalidad y también para “describir” la
realidad exterior. No es sorprendente que existan casos de múltiple
personalidad en el enfermo mental, o de doble personalidad, o momentos
de delirio, de alucinación, en el que el enfermo pierde su diálogo
interno personal que es sustituido por las voces que escuchan muchos
esquizofrénicos o psicóticos, por ejemplo. Al perder este diálogo
interno se fragmenta y quebranta su personalidad y sobre todo se
pierde el espejo en el que todo el mundo se mira para saber o
imaginarse cómo es, y de esta manera transmitirlo a otro, a la
sociedad, como emisor en la comunicación.

El enfermo mental no es el único que sufre estas
dificultades. El autismo que muchos, especialmente familiares, se
niegan a considerar una enfermedad mental, tal vez por el estigma que
conlleva ésta, no es otra cosa que la pérdida del diálogo interno, la
fragmentación del “yo” emisor y receptor, en un arcoiris, en un
universo de estímulos que el autista no es capaz de aunar y sintetizar
en un diálogo interno, en una personalidad, por lo que no le queda
otro remedio que refugiarse en una especie de búnker personal, a salvo
del bombardeo de estímulos que ya de por sí nos maltratan a todos,
creando conductas patológicas incluso en los que se consideran sanos y
normales.

Hay otros casos, como los enfermos de Alzheimer, que sufren
también esta disgregación y quebranto de la personalidad al tener
serias dificultades con el diálogo interno. Y aquí entra en juego otro
factor muy importante: la memoria. Si el diálogo interno es
fundamental para que seamos “personas”, individuos, para que tengamos
una descripción de la realidad exterior y podamos relacionarnos,
comunicarnos con otros, la memoria es la raíz de nuestra personalidad.
No recuerdo quién dijo que la persona es un noventa y ocho por ciento
de memoria y el resto habría que buscarlo, o algo por el estilo.
Aquello me llamó mucho la atención y he reflexionado sobre ello. En
efecto la memoria es básica en la personalidad, como lo demuestra que
quienes sufren serios problemas con la memoria, como enfermos de
Alzheimer o amnésicos, entre otros, acaban teniendo muy serios
problemas de personalidad. La doble personalidad y la múltiple
personalidad también son problemas relacionados con la memoria. Si un
enfermo de múltiple personalidad recordara todas sus personalidades
dejaría de estar enfermo puesto que las haría girar alrededor de un
núcleo de personalidad conformado por el diálogo interno y la memoria.

genio-locura-aristoteles

Centrándome en la pregunta. El enfermo mental ya tiene desde el
principio un serio obstáculo para comunicarse, puesto que su
dificultad para el diálogo interno le incapacita para comunicar una
imagen de sí mismo a los demás y para armonizar con ellos en la
descripción del mundo o la realidad exterior, que también procede de
este diálogo interno. Esto hace que los enfermos mentales seamos tan
malos emisores y los demás tengan tanta dificultad para comprendernos.
Nos suelen decir que vivimos “en nuestros mundos de colorines” es
decir en otra dimensión, mental, a la que ellos no pueden acceder y
por lo tanto dan por liquidada la comunicación, exigiéndonos que
seamos nosotros los que salgamos de ese mundo de colorines y
compartamos el suyo.

Este tema es muy curioso e interesante, pero no quiero
desarrollarlo demasiado porque no acabaría nunca. Aquí entra también
una concepción del mundo, una filosofía de la vida, muy diferente que
está detrás de muchas conductas tanto del enfermo mental como de los
no enfermos que le piden que cambie para insertarse en la sociedad.
Para los demás nuestros mundos mentales no existen y por lo tanto
nunca aceptarán que los compartamos con ellos, de ahí nace esa
profunda misantropía del enfermo mental, que se retira a su búnker
para no ser molestado. Resulta curioso que esa filosofía del enfermo
mental coincida con algunas grandes filosofías o corrientes de
pensamiento que todos conocemos y que en estos tiempos tienen una gran
aceptación. Me estoy refiriendo al budismo, al yoga mental, al zén, a
la filosofía chamánica de Castaneda, a las corrientes esotéricas, a
corrientes espiritualistas de todo tipo cuya base es la aceptación de
que el ser humano es algo más que un cuerpo físico que recibe y
procesa estímulos, es una personalidad interior, invisible,
energética, espiritual, que se sirve del cuerpo físico como de un
vehículo.

Lo mismo que a una persona agnóstica, atea, cientifista, no
le puede pedir una persona religiosa que comparta su concepción del
mundo y que haga lo que él hace, a una persona no enferma el enfermo
mental no le puede pedir que acceda a compartir su mundo, puesto que
si para el agnóstico o ateo Dios no existe, todo lo relacionado con él
no tiene el menor sentido. Para un no enfermo no tiene el menor
sentido la realidad mental que vive el enfermo mental, puesto que para
él no existe. Es por eso que las personas con filosofías chamánicas,
espiritualistas, esotéricas, tienen menos dificultades en comprender
al enfermo mental que otras, materialistas, agnósticas, ateas,
cientifistas, que solo creen en lo que pueden ver y tocar, con los
sentidos físicos, por supuesto, porque no pueden existir otros. En
cambio, también es curioso, algunas personas religiosas-dogmáticas
tienen incluso más dificultades que un ateo en comprender y aceptar al
enfermo mental. Para ellos somos pecadores que hemos sido castigados
por nuestros pecados. La enfermedad mental es un castigo divino y por
lo tanto su trato con el enfermo mental se limita a pedirle a Dios que
levante su castigo, a rezar por él. No quiere ni intenta comunicarse
con el enfermo, no le da cariño y afecto, porque ésta es una cuestión
entre el enfermo y Dios.

Si tenemos en cuenta la posibilidad de que la realidad
exterior, descrita por el diálogo interno, por la memoria, por el
núcleo de personalidad de un “no enfermo” no sea la única existente,
el conflicto entre enfermo mental y sociedad o con otros no enfermos
tendría una poderosa razón de ser: Una profunda discrepancia en cuanto
a las ideas y la visión de la vida y la realidad. De hecho muchos
enfermos mentales con los que me relaciono, incluído yo mismo somos
grandes estudiosos del chamanismo, del budismo, del zen, del yoga
mental, del esoterismo y muchos, muchos enfermos mentales,
especialmente esquizofrénicos, estudian con ahinco las religiones,
buscando en ellas una explicación a su enfermedad y a su forma tan
diferente de ver la vida y la realidad. En muchos de mis relatos hablo
de enfermos mentales que a escondidas estudian religiones como el
islamismo o el cristianismo. Es raro encontrarme con enfermos que no
hayan tenido algún contacto con la religión o con filosofías
orientalistas, esotéricas o chamánicas. Incluso enfermos con una
carencia extrema de formación, de cultura, han buscado todo tipo de
corrientes de este tipo, como el reiki, por ejemplo, o todo tipo de
sanación a través de la energía. El problema que se encuentran estos
enfermos mentales, incluido yo mismo en una determinada etapa de mi
vida, es que dada su dificultad para el diálogo interno, para
conformar un núcleo sólido de personalidad, incluso para que la
memoria sea una ayuda, es la facilidad con que utilizamos esas
corrientes de conocimiento para fugarnos aún con más intensidad de la
realidad, cortando el diálogo con el receptor y entrando en un delirio
casi permanente al carecer de la solidez del diálogo interno que nos
permite una imagen sólida de nosotros mismos y una descripción
aceptable de la realidad externa. Así no es muy extraño observar
enfermos mentales cuyos delirios tienen mucho que ver con la religión,
el apocalipsis, misiones salvíficas o todo tipo de figuras y de mundos
nacidos de sus lecturas sobre esoterismo y filosofías orientales. El
enfermo mental busca desesperadamente esos mundos porque sabe y se
siente incapaz de comunicarse con los otros en la realidad que ellos
han establecido.

Alicia

Resumiendo y dejando para otro correo la segunda pregunta: El
enfermo mental tiene serias dificultades para conocerse a sí mismo a
través del diálogo interno, para mirarse al espejo -hablando
metafóricamente- y saber que el rostro que le mira es el suyo. Para
conformar un sólido núcleo de personalidad que le permita saber cómo
es él mismo y así poder comunicarlo a los demás. Además los enfermos
mentales solemos tener un serio problema con la memoria debido a los
efectos secundarios o secuelas de la medicación o de algún tipo de
terapia. Como hemos visto sin memoria no hay personalidad y el enfermo
mental, si además de tener dificultades con el diálogo interno, las
tiene también con la memoria son demasiados obstáculos para conformar
una personalidad que se pueda comunicar y transmitir a los demás.

Para terminar te contaré una experiencia personal por si te
interesara tratarla más a fondo. Hablando de las dificultades del
enfermo para comunicarse consigo mismo, antes de hacerlo con los
demás, te contaré una experiencia terrible que viví en mi juventud.
Había intentado suicidarme y me internaron en un psiquiátrico. Allí me
pusieron varias tandas de electroshock. Pues bien, al despertarme de
una de estas sesiones, había perdido por completo la memoria. No
recordaba nada, ni siquiera mi nombre. Estuve largo tiempo diciéndome
a mí mismo diferentes nombres, a ver si alguno me sonaba más que otro,
para hacerme una idea de cómo me llamaba. Parece una tonteria pero la
importancia del nombre para la personalidad e individualidad es
enorme. Tampoco recordaba nada de mi pasado, y sobre todo nada de lo
que me había ocurrido para que yo estuviera allí. El error de los
psiquiatras que me trataban y de los celadores y enfermeras fue
dejarme solo durante este dramático periodo de recuperación de la
memoria. Necesitaba una personalidad, una individualidad, el vacío
terrible que suponía no tenerla, no puede ser descrito en palabras.
Fue por eso que la busqué a través del razonamiento y la imaginación.
¿Sabes hasta dónde llegué? A convencerme de que yo era un asesino en
serie a quien habían lobotomizado para acabar con su violencia
incontrolable, como única forma de “curarle”. Esta sugestión llegó a
ser un absoluto convencimiento hasta que recobré la memoria. Muchas
veces he pensado en esto relacionándolo con los casos de doble y
múltiple personalidad. Estoy convencido de que la incapacidad del
enfermo para construir un sólido núcleo de personalidad en base al
diálogo interno y a la memoria le lleva a la búsqueda de más
personalidades que complementen la escasa entidad de su personalidad
propia. Esto, unido a la dificultad que a veces tienen muchos
enfermos, en recordar cosas, debido a su enfermedad e incluso a la
medicación que reciben, hace que en determinados enfermos con
patologías severas, como es el caso del esquizofrénico paranoide,
puede llegar a desarrollar doble o múltiple personalidad, algo que
facilita enormemente que ciertos delirios o alucinaciones puedan
llegar a ser llevados a cabo por el enfermo mental, puesto que sería
otra personalidad la que habría tomado las riendas. Así podemos
observar terribles tragedias generadas por algunos enfermos que han
anulado totalmente su empatía. Pero aquí hay que puntualizar y matizar
algo muy importante para mí. No todos los criminales, asesinos en
serie, genocidas, violadores, pedófilos, son realmente enfermos
mentales. Incluso me atrevería a decir que la proporción es baja. La
incapacidad que tiene nuestra sociedad de aceptar que el mal existe le
lleva a buscar chivos expiatorios fáciles, como es el caso del enfermo
mental que no puede defenderse. La mayoría de actos violentos que se
generan en nuestra sociedad son causados por personas malas, malvadas,
que luego se escudan en la enfermedad mental para salir bien librados
del castigo legal. Los enfermos mentales que llegan a una acción
violenta tras un delirio que les lleva a cruzar la línea roja de la
doble o múltiple personalidad son muy pocos y yo diría que casi
ninguno si toman medicación.

Te dejo por hoy. Mañana continuaré con la siguiente pregunta. Que
tengas un feliz fin de semana. Un abrazo.

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