LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIII

28 05 2017

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIII

cASTANEDA

EL TONAL Y EL NAGUAL III

Como ya hemos visto en capítulos anteriores, el concepto de tonal y nagual es básico en la filosofía chamánica de Castaneda, según don Juan todo el camino del guerrero consiste, de forma esquematizada, en que El Nagual abra desde fuera el huevo luminoso que somos todos para que así el guerrero aprendiz entre en contacto con el nagual, con la segunda y tercera atención, y luego el huevo luminoso se vuelve a cerrar, pero para entonces el guerrero ya ha alcanzado la totalidad de sí mismo. Esto recuerda un poco a la apertura del tercer ojo del budismo. La kundalini o serpiente enroscada es despertada en el chakra raíz y va ascendiendo, abriendo todos los chakras en su camino, hasta ascender al entrecejo, allí se abre el tercer ojo y el neófito se pone en contacto con el mundo invisible, es decir con el nagual.

Digamos que el diseño de lo que somos energéticamente puede parecer muy diferente si tomamos la perspectiva budista o la chamánica, pero en realidad no lo es tanto, cómo está colocada y cómo funciona la energía depende mucho de la perspectiva espacio-temporal, que como sabemos en el budismo es un engaño, el velo de Maya, y como sabemos en el chamanismo es una descripción del mundo basada en el anclaje del punto de encaje, pero que varía según se mueve este punto de encaje a lo largo de esa línea horizontal que está más o menos a mitad del huevo luminoso hacia abajo.  Los conceptos de arriba o abajo, izquierda o derecha, son conceptos espaciales, lo mismo que ayer, hoy o mañana son conceptos temporales que pueden funcionar en la dimensión espacio-tiempo y pueden ayudar a nuestra mente lógica a hacerse una idea, una representación de una intuición, pero no deja de ser pura interpretación, no pura realidad.

Que el huevo luminoso se abra por el ombligo o por el entrecejo, no deja de ser un matiz sin demasiada importancia, lo realmente importante es que el huevo luminoso se ha abierto y que el ocupante, o cuerpo luminoso o cuerpo causal, prisioneros en esa cárcel de fibras de luz que es nuestro cuerpo físico, ya pueden ver el exterior. Un exterior sorprendente, inimaginable, muy, pero que muy diferente a lo que es el mundo físico. Los ojos de la carne perciben distancias entre objetos, dimensiones, alto, ancho, etc. El tacto nos da una visión sólida de la realidad, la pared, impenetrable, un pan que puede ser cortado, una uva que puede ser estrujada… La realidad, tal como la percibimos en el mundo físico, tampoco es tan aplastantemente sencilla, hay muchos matices en los que habitualmente no pensamos. Podemos movernos en el aire, pero no podemos atravesar muros u objetos muy sólidos; podemos ejercer un aplastante poder sobre ciertas realidades, como aplastar una uva, pero no podemos destruir realidades más sólidas y compactas, si no es haciendo una terrible fuerza sobre ella y ayudándonos de instrumentos que nuestra mente diseña. Digamos que la realidad es un completísimo arcoíris que va desde lo más sólido a lo menos, pasando por todas las texturas, pasando por todas las formas. En el conocimiento esotérico, rosacruz, por ejemplo, todo esto depende de la vibración, es decir que la realidad sería una especie de magma compacto, un océano infinito, en el que cada cosa vibraría en una vibración diferente, las cosas se parecen entre sí de acuerdo a la escasa horquilla vibratoria que hay entre ellas, hay cosas que se diferencian mucho entre sí porque la horquilla vibratoria es muy amplia. Los cuerpos físicos de humanos y animales se parecen mucho entre sí porque su vibración es muy parecida. Su solidez y textura, su forma, son casi clavadas. Pero una pared es muy diferente de un cuerpo físico, las vibraciones de sus partículas son claramente diferentes y eso hace que la conexión entre ellas también lo sea. Podemos tocar un cuerpo físico y percibir que a pesar de su aparente solidez es fácilmente penetrable y fragmentable, no así  la pared que requiere un golpeteo de un martillo poderoso empuñado por una mano muy firme. Las vibraciones no son como una película más o menos clara, o una imagen con más o menos píxeles, las vibraciones hacen que las partículas se vinculen entre sí de una u otra forma, y esto les da solidez y les da todas las cualidades que tienen las cosas. Todo esto, descrito someramente, nos da una idea muy concreta de la realidad en el mundo físico, o dicho en terminología chamánica, de la isla del tonal. ¿Pero cómo es el nagual?

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Don Juan se lo describe como todo lo que rodea a la isla del tonal, es decir, como si el mundo físico fuera una islita, no precisamente diminuta, es casi infinita, pero muy finita y muy pequeñita si la comparamos con la infinitud del nagual, el mundo invisible que rodea a la realidad física. El aprendiz de guerrero tiene la consciencia centrada en la realidad física, en la primera atención, pero debe aprender a percibir el nagual, es decir la segunda y tercera atención. Para ello se someterá a un largo y tormentoso aprendizaje, a veces terrible, a menudo infernal. Vamos pues a ver cómo es ese aprendizaje y al mismo tiempo iremos viendo los conceptos referidos al nagual, intentando hacernos una idea de cómo es.

“Al comienzo  uno tiene que hablarle al tonal. El tonal es el que debe ceder el control. Pero hay que hacerlo que lo ceda con alegría. Por ejemplo, tu tonal ha cedido algunos controles sin mucho forcejeo, porque se hizo claro que de seguir como estaba la totalidad de ti estaría muerta hoy en día. En otras palabras, se hace que el tonal abandone cosas innecesarias como el sentirse importante y el entregarse al vicio, las cuales solo lo hunden en el aburrimiento. Todo el problema es que el tonal se aferre a esas cosas, cuando debería darlas gracias por librarse de esa porquería. La tarea es entonces convencer al tonal de que se haga libre y fluido. Eso es lo que un brujo necesita antes que cualquier cosa: un tonal fuerte y libre. Mientras más se fortalece menos se aferra a sus hechos y más fácil resulta encogerlo”.

Carlos Castaneda, creo que del libro El fuego interno, no lo tengo bien anotado.

Bien, un principio básico para abrirse al nagual, es que el tonal se encoja. Para ello hay que limpiar la isla del tonal, una técnica que don Juan describe así:

“Hay que barrer la isla del tonal y mantenerla limpia. Es la única alternativa que tiene el guerrero.  Una isla limpia no ofrece resistencia, es como si allí no hubiera nada.”

Carlos Castaneda. Relatos de poder.

“La explicación de los brujos decía que la isla del tonal estaba completa y que ni un solo elemento podía quitarse de ella. El cambio no significaba eliminar nada, sino más bien alterar el uso asignado a esos elementos”.

El benefactor, que abre el huevo luminoso, y el maestro, que enseña desde el tonal trabajan al unísono, cada uno en su terreno, pero debe ser el maestro quien vaya poniendo orden en el tonal, preparándolo para que se encoja y así pueda hacer sitio al nagual que llega como un ciclón y se apodera de la consciencia. Don Juan se dedicó a esta tarea con Castaneda, al tiempo que cuando se consideraba oportuno por el benefactor, don Genero, éste aparecía, dando sustos y sobresaltos, haciendo que el tonal se encogiera y Castaneda pudiera acceder al nagual.

El concepto de barrer y limpiar la isla del tonal tiene algunas pequeñas diferencias con el concepto budista de vacío. No se trata de vaciar la isla del tonal, es decir de quitar todo lo que hay en ella, de echar fuera todo lo que hay en la metafórica casa del tonal, dejando solo cuatro paredes con un interior vacío. Como hemos visto en la última cita, la isla del tonal está completa y no puede quitarse de ella ni un solo elemento. No podemos negar la realidad física, no podemos abrir una ventana en las cuatro paredes que separan la isla del tonal del nagual, y arrojar al vacío-nagual todo lo que hay en la isla, en el interior de la casa. La realidad física es la que es, en ella hay lo que hay y está completa, no le falta ni le sobra nada, no podemos ir por ahí con una metafórica pistola laser, pulverizando todo lo que encontremos.  No se trata de destruir el tonal, es decir, no se trata de matar el cuerpo físico, acabar con él, para alcanzar el nagual. Por eso el suicida es el peor de todos los aprendices de guerrero posible, porque intenta acceder al nagual destruyendo su tonal. Este no debe ser destruido, sino “limpiado”, un concepto chamánico muy creativo y plástico. No se trata de tirar los muebles por la ventana, sino de “limpiarlos”. Y esto implica, como hemos visto, colocarlos de otra manera, es decir “alterar el uso asignado a estos elementos”. Para preparar el encuentro con el nagual hay que cambiar las cosas de sitio en la casa-tonal, no tirarlas por la ventana. Debemos asignar nuevos usos a todo lo que tenemos, desde los sentidos físicos hasta el razonamiento, la percepción de nuestro entorno debe cambiar. Eso es limpiar la isla del tonal y todo el duro aprendizaje de Castaneda con Don Juan está encaminado a esta meta, como le descubre éste último a “Carlitos” en la recapitulación que hace al final de “Relatos de poder”.

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En el budismo hacemos un vacío porque todo lo que hay a nuestro alrededor es mentira, es el velo de Maya que nos manipula y nos hace creer lo que no es verdad. El neófito busca el desapego, que nada le afecte. Este es un concepto chamánico también. Un guerrero debe alcanzar el desapego, pero mientras en el budismo se hace el vacío, en el chamanismo se “limpia” la isla del tonal. Pueden parecer conceptos muy diferentes, pero en realidad no lo son tanto. Mientras el guerrero acepta lo que hay en su casa, solo que lo cambia de sitio, el neófito budista hace desaparecer todo como un mago que escondiera en el sombrero todo lo que hay a su alrededor, pero en realidad no lo está haciendo, no hace que la sólida realidad desaparezca, sino que se sugestiona para creerlo y sugestiona a los demás, hasta el punto de que todos ven desaparecer el entorno dentro del sombrero.  Se puede decir que con un toque de magia, hemos cambiado las cosas de sitio, antes estaban frente a nosotros y ahora están escondidas dentro de un sombrero, pero no han desaparecido. Nada se crea, nada se destruye, solo se transforma, la materia en energía y la energía en materia. En realidad poco importa dónde estén las cosas, si cambiadas de sitio o desaparecidas dentro de un sombrero, porque esa no es la meta, solo es una técnica, un paso en el camino, porque lo que realmente se busca es encoger el tonal para que el nagual entre y nos apabulle, nos deslome con su infinitud.  El guerrero es poseído por al nagual y el neófito es absorbido en el nirvana o samadhi.  El océano exterior, invisible, que rodea la isla del nagual, rompe las barreras que la isla del tonal había puesto para que el mundo invisible no fuera visible para nosotros y todo entra a la vez, de pronto, el infinito en un cántaro, el océano en el hoyo que ha cavado el niño en la arena,  como diría San Agustín. Un guerrero debe estar preparado tras un duro aprendizaje para saber manejarse con el nagual o podría morir, como bien le remarca don Juan a Castaneda.

“Un susto repentino siempre encoge al tonal. El problema es aquí no dejar que el tonal se encoja más de la cuenta. Un grave asunto para un guerrero es saber cuándo precisamente dejar que el tonal se encoja y cuándo detenerlo.  Eso sí que es un arte. El guerrero debe luchar como un demonio para encoger su tonal; pero en el mismo momento en que su tonal se encoge, el guerrero debe voltear al revés la lucha, inmediatamente, para no dejarlo encogerse más”.

Todos sabemos de esos sustos repentinos que recibimos en la vida, nos diagnostican una enfermedad grave, un familiar se pone gravemente enfermo, de pronto un día nos echan del trabajo y nuestra situación económica se hace angustiosa, o puede que se encadenen una serie de acontecimientos nefastos, que por separado no nos afectarían demasiado, pero que juntos nos hacen pensar en que somos unas marionetas a merced del viento de la suerte o del capricho de fuerzas poderosas, de pronto la rutina cotidiana que muchas veces consideramos aburrida e indeseable, salta en pedazos y echamos de menos esa seguridad del día a día, cuando no pasa nada, solo las mismas cosas, cuando podemos tener la seguridad de que haciendo lo que hacemos siempre es harto improbable que ocurra ninguna desgracia. El tonal se encoge y nos invade el nagual, acaparándolo todo. De pronto nos vemos pensando que la vida es una mierda, que todo es frágil y fugaz, que lo que sentíamos era para siempre puede desaparecer en un suspiro, lo que dábamos por hecho, la buena salud, un trabajo, una situación económica y social, salta en mil pedazos. Fallece un ser querido, ya nunca volverá, ya nada será como era antes, hay un vacío infinito. El nagual toma las riendas, nos hace ver lo que siempre debimos ver, pero que nos lo ocultábamos entregándonos al vicio, como le dice don Juan a Castaneda, es decir, entregándonos a esa rutina que nos protege de lo imprevisto, del desamparo. El nagual avanza y lo arrasa todo, entonces sabemos que la vida es un sin sentido, cuando creíamos que todo estaba claro y transparente, es un milagro, cuando antes lo veíamos como la cosa más natural del mundo, es un dolor perpetuo por la pérdida de todo lo que creíamos poseer para siempre.

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Si dejamos que el tonal siga encogiéndose y que el nagual siga arrasando nos podemos encontrar, sin darnos cuenta, en una depresión profunda y desesperada, deseando la muerte, aquejados de un estado de ánimo que nos puede llevar al fin. Por eso don Juan aconseja voltear la lucha, ahora hay que intentar que el tonal recupere su sitio y que el nagual vaya retrocediendo, nos va en ello la vida. Hay que cerrar esa puerta y recuperar la isla del tonal, donde las cosas han podido cambiar radicalmente, el orden que tenían antes ya no es posible recuperarlo ahora, pero al menos estamos en nuestra islita, donde siempre hemos estado o creído estar, la que conocemos o creemos conocer tan bien. Esta lucha puede llegar a ser verdaderamente infernal, como lo saben los que han perdido a un ser querido y han tenido que luchar meses y meses con el luto, intentando recuperar el sentido de la vida sin conseguirlo. Es como si alguna entidad malévola hubiera hendido el túnel del tiempo con su espada flamígera, nos encontramos con una sima donde antes existía continuidad, la vida se divide en un antes del fallecimiento del ser querido y el después. No podemos imaginarnos cómo antes éramos tan inconscientes y tampoco podemos imaginarnos cómo podremos regresar a aquel estado de inconsciencia que nos permitía vivir. Hay que volver a cerrar la puerta, hay que regresar al tonal y olvidarnos de los devastadores efectos del nagual. Un guerrero se pasa la vida en ese precario equilibrio, su maestría consiste en saber cuándo encoger el tonal, para que entre el nagual y le permita el contacto con la otra cara del universo, y cuándo debe cerrar la puerta y refugiarse en la isla del tonal, huyendo de los devastadores efectos que genera siempre el nagual en el guerrero.

Aún nos queda mucho por analizar de estos conceptos, básicos en la filosofía chamánica. Lo iremos haciendo sin prisa y sin pausa, conscientes de que por muy duro que sea abandonar nuestros vicios, la rutina que nos acoge, un guerrero debe hacerlo porque antes o después se enfrentará con el nagual si quiere ser un auténtico guerrero y no un miembro más del rebaño de los vinculados por ese anclaje del punto de encaje en un lugar concreto, que nos permite una descripción de la vida aparentemente apacible, pero engañosa y trapacera, que puede saltar por los aires al menor golpe que recibamos.

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