EL LOCO DE CIUDADFRÍA X (NOVELA)

2 06 2017

lOCO X 

 

-¿Qué es el karma?

-Veo que no está muy al tanto de filosofías orientales como el budismo. El karma es sencillamente la ley de causa y efecto. Cada uno de nuestros actos genera unos efectos que regresarán a nosotros, como un boomerang, antes o después.

-¡Ajá! Pero eso es algo tan elemental como mear para arriba, lo más fácil es que uno se acabe orinando encima de su cabeza.

-Algo así, pero con las complicaciones que producen billones de causas generando efecto y entrecruzándose entre sí.

-¿El efecto mariposa?

-Sí, un efecto mariposa a nivel cósmico.

No me sentía muy preparado para una conversación filosófica. La euforia dionisiaca me empujaba una y otra vez hacia el sexo en todas sus formas y matices.

-Si no le importa me gustaría volver a mi pregunta. ¿Es usted capaz de imaginarse a una mujer desnuda y sentir un placer tan satisfactorio como si estuviera poseyendo su cuerpo en el coito? Si es así me gustaría conocer esa técnica.

-El sexo es un cóctel en el que la bebida esencial es la imaginación, la fantasía, la mente. Es cierto que nuestros códigos genéticos nos impulsan en determinada dirección, que el instinto de supervivencia de la especie obliga a cada espécimen al coito, para que la humanidad no desaparezca. Pero dudo mucho que, superada la juventud, los seres humanos continuáramos con la reproducción sexual si en ella no encontráramos un placer superior al resto de los placeres. Y créame que algo así solo es posible si nuestra mente nos ayuda en el empeño. Sin la fantasía el acto sexual sería tan insípido como el agua, que calma la sed, pero que no se puede decir que sea una bebida que un gourmet hubiera escogido si el creador le hubiera permitido darle saber a esta bebida universal.

-Estoy de acuerdo con usted, la imaginación es muy poderosa y la más creadora de nuestras facultades, pero no me negará que para alcanzar un orgasmo con la misma intensidad que en un buen coito hay que tener una imaginación muy, pero que muy exaltada. No todo el mundo está preparado para ejercerla con tal intensidad. ¿Qué diferencia su imaginación del resto de imaginaciones?

-La consciencia de estar viajando con mi mente. Todos lo hacemos, aunque la mayoría está convencida de que nuestra mente funciona únicamente dentro de nuestro cráneo, gracias a conexiones neuronales.

-¿Y no es así? ¿Acaso cree que su mente viaje por ahí y se acuesta con los cuerpos de las mujeres en las que está pensando?

-Si supiéramos lo que hace nuestra mente cuando pensamos y lo que hace nuestro cuerpo astral cuando dormimos, le aseguro que se nos quitarían las ganas de pensar en los demás o de sentir emociones hacia el prójimo que no fueran esencialmente amor puro. En un libro que leí hace ya muchos años, creo que de un lama tibetano, se decía que solo un tercio de nuestros pensamientos son realmente nuestros…

-¿Y el resto? ¡No me diga que los pensamientos nadan en el aire como los peces en el agua!

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-Suena surrealista, tanto como que a nuestros sesudos científicos se les haya ocurrido pensar que las ondas de los móviles pueden producir cáncer o la electricidad de nuestros electrodomésticos podría influir negativamente en la salud de nuestros cuerpos. Le aseguro que es un tema serio. Algo en lo que merece la pena pensar, aunque solo sea un minuto.

-Ja,ja. Me imagino su pensamiento nadando como un pez en el aire y buscando a las tías más buenas del planeta, para acostarse con ellas.

El loco puso mala cara. Debo reconocer que estaba sorprendido de su actitud, tan calmada y tranquila, cuando pocos minutos antes había estado a punto de crucificarse con cristales. En posteriores conversaciones, al mencionar el tema, me confesaría que él mismo se sorprendió, porque normalmente los efectos de sus estallidos de cólera le duraban varios días, cuando no algunas semanas. Lo achacó a mi presencia y al embotamiento de sus sentidos debido al grado de alcohol en sangre. No obstante se le notaba que estaba hablando gracias a un esfuerzo de voluntad. Ni la borrachera, ni el tema del sexo (mucho más después de mi broma respecto a mi esposa y al loco) ayudaban a que la conversación fuera fluida. A pesar de ello no desvariábamos en exceso, tal vez debido a la entidad de nuestras mentes, dicho sea sin falsa modestia. Apenas me miraba, se limitaba a centrar sus ojos en la botella de vodka y a echar un trago de vez en cuando. Me la pasó, pero la rechacé con un gesto. El vodka debe beberse bien frío y aquella botella debía llevar tiempo a temperatura ambiente. Debió captar mi pensamiento, porque se levantó, regresando con una cubitera repleta de cubitos de hielo y dos copas pequeñas. Puso un par de cubitos en cada copa y las llenó hasta el bordo. Ahora sí me apetecía echar un trago. Antes hice un brindis:

-Por sus orgasmos mentales, sin obstáculos, sin dificultades para seducir a las mujeres más bellas del mundo… ¡Ojalá algún día pueda alcanzar su maestría!

El loco se enfadó aún más de lo que estaba y se bebió la copa de un trago. Luego tosió unos segundos, hasta despejar sus conductos obstruidos. Por sus gestos deduje que estaba luchando contra sus estúpidas manías. Juraría que nada le hubiera complacido más que mirarme la bragueta.

-Algún día se arrepentirá de estas palabras. Se lo aseguro.

-¿Va a pegarme?

-No sea idiota.

Nada me habría disgustado más que terminar la borrachera con unos buenos mamporros. Por eso agradecí cuando el loco se puso serio y decidió responder a mi curiosidad, antes de echarme. En su cara pude ver que la decisión estaba tomada.

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       -Mire, le voy a explicar en qué consiste mi técnica tántrica, luego puede hacer con ella lo que le salga de los c… pero le aconsejo que no vuelva a hablarme de ello hasta que alcance un orgasmo con técnicas exclusivamente mentales. Y en cuanto a su esposa le daré hasta el último detalle de mis experiencias erótico-tántricas con ella. Le aseguro que fueron muy, pero que muy agradables. Usted ha tenido la desvergüenza de preguntarme por ello, no se preocupe, que le contestaré cumplidamente.

        -Sí, jaja, espero que no se corte un pelo.

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         A estas alturas ya arrastraba el culo cuesta abajo, sin la menor inhibición. Mis amigos y las personas que me conocen bien saben que no pueden dejarme beber más allá de cierto límite. Cuando lo he pasado ellos suelen salir corriendo sin despedirse siquiera. Quienes se quedan saben lo que tendrán que soportar a partir de ese momento. En cuanto a mi esposa, me aguanta estos excesos porque no suelen repetirse más allá de una vez al año. A veces, cuando estamos solos y ella se siente un poco aburrida o contenta –si ha bebido un poco- me anima a beber, buscando la diversión lujuriosa que indefectiblemente le proporcionaré. Hasta ahora no se ha atrevido a hacerlo en público, desde la última vez que caí en la tentación. Fue en un cóctel, posterior a la entrega de un premio literario. Todas las mujeres asistentes salieron “quemadas” por mis bromas eróticas. El editor se las vio y deseó para evitar que la prensa hablara de ello. 

        -Como quiera. Usted se lo ha buscado…La prueba de que en esta técnica mental hay algo más que simple fantasía llevada al exceso está en cómo viven “sus fantasías” los drogadictos o alcohólicos. Para ellos las experiencias que están viviendo son reales. Un drogadicto podría tirarse por una ventana, creyéndose supermán, si el delirio fuera bastante intenso. O un alcohólico que sufre delirium tremens, no podrá ser convencido de que las arañas, cucarachas o serpientes, que ve en las paredes, no son reales. Le estoy hablando por experiencia. En mi caso ni siquiera colocando mi mano en la pared y relatando cómo las serpientes me mordían y su veneno no me producía el menor efecto, pude convencer a un amigo que sufría “delirium tremens”, de que aquellos animalillos que veía subir y bajar por la pared de enfrente no le producirían el menor daño.

          “No se trata solo de que la droga o el alcohol intensifiquen sus sentidos, autentificando sus fantasías, sino de que realmente su mente viaja y puede “ver” las escenas que un espectador considera sencillamente delirios. ¿Por qué cree usted que cuando se emborracha no es capaz de controlar sus pensamientos eróticos?

          -¿Cómo sabe que me ocurre eso?

          Por un momento quedé pasmado, aterrorizado, pensando que tal vez tuviera facultades telepáticas. Todo el mundo se burla de aquello en lo que no cree, sin embargo cuando nos quedamos solos, de noche, en el campo, hasta el más incrédulo llega a creer que ha sido un fantasma el que le ha pellizcado el trasero y no una zarza que no puede ver.

         -No se preocupe. No se necesitan facultades telepáticas para saber ciertas cosas. Basta con una mínima capacidad deductiva y sumar dos y dos. Usted lleva un buen rato haciendo preguntas eróticas y tratando temáticas referidas específicamente a la lujuria. Curiosamente esto le sucede desde que la bebida le impide controlarse. El alcohol u otras sustancias abren las puertas de nuestro subconsciente, nos desinhiben y permiten que ese universo escondido, que esa fiera encadenada, salgan de su jaula y se apoderen de nuestra vida cotidiana. A mí también me suele ocurrir, por eso aprovecho mis borracheras para vivir experiencias tántricas, pensando en las mujeres más deseables.

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         Como mi esposa.

          -Es usted idiota y no tiene remedio. ¿Quiere que le hable de ello? Pues ahí va.

        “Mire, la técnica es muy sencilla. Basta con utilizar cualquier técnica de relajación. Lo importante es parar el diálogo interno. Como sabe, el pensamiento no es otra cosa que hablar con nosotros mismos. No dejamos de hacerlo nunca en estado de vigilia. Por eso es tan importante pararlo, para que nos permita percibir otras cosas, otros mundos, que permanecen ocultos tras su sempiterno “raca-raca” y a los que solo accedemos en sueños o en estados de experiencias alteradas de consciencia, tal como el alcohol o las drogas. También se pueden alcanzar las mismas metas con nuestra mente desnuda, sin ayuda de sustancias estupefacientes. Relájese hasta notar que su pensamiento vaya bajando sus latidos, lo mismo que su corazón. Entonces comience a crear un cuadro mental en el que desee estar. A esto se le llama “visualización”. Puede imaginarse que conoce a una hermosa mujer, que habla con ella, que la invita a su casa, que ésta accede y le acompaña. Que entra con ella en su piso y la invita a una copa. Que se declara y pone en hermosas palabras su deseo. Y así sucesivamente… Nada impedirá que terminen en el lecho.

        -Al menos en una cosa tiene usted razón. La imaginación puede superar todos los obstáculos. Pero eso no deja de ser una masturbación, por muy tecnificada que me la presente.

        -Si lo hace bien. Si logra crear un cuadro con el mayor número de detalles posibles. Si la sensación de estar allí es tan intensa que se olvida que está en otra parte. Si al desvestir a la hermosa señora puede notar su piel suave y cálida en la yema de sus dedos, entonces ya ha atravesado la puerta y está al otro lado. La prueba de que es así la notará de diversas maneras. Por ejemplo si nota oposición por parte de ella. Suele ocurrir que al contactar mentalmente con una mujer, con la que se desea vivir una experiencia tántrica, ésta te rechace, bien porque está pensando en otras cosas, haciendo su vida normal o sencillamente porque no le apetece o porque alguna característica del que ha contactado mentalmente con ella le desagrada profundamente. Si conoce a esa persona es algo que ya ha experimentado en otras ocasiones. Si no lo conoce es fácil que las perciba de forma subconsciente.

         “Sin embargo cuando ella te acepta notas una entrega absoluta, una generosidad sin límites. La razón está clara. Como no estás presente, como ella considera que es tan solo un juego con su pensamiento, sin consecuencias, no le importa entregarse si el objeto de su deseo mental es lo suficientemente atractivo para que sus inhibiciones caigan al suelo, como la falda que yo acabo de quitar en este momento a la bella mujer con la que estoy viviendo una experiencia tántrica.

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          “Le diré que eso me ocurrió con su esposa. Puesto que deseaba que yo le contara detalles, ahí van todos los detalles que usted quiera. No me costó visualizarla, imaginarla, puesto que ya la había visto en la calle en numerosas ocasiones y me había sentido muy atraído por ella. Así pues me relajé antes de dormir, visualicé un encuentro con su esposa en la calle. Cómo charlábamos, cómo ella se sentía atraída por mí, cómo la invitaba a mi casa y ella accedía. Como allí nos besábamos, nos desnudábamos y hacíamos el amor. Si en su mente mi imagen le hubiera causado disgustos yo lo hubiera notado. Sencillamente me asaltarían otras ideas a las que no podría hacer frente o notaría un fuerte rechazo que me haría muy difícil seguir pensando en ella. No lo noté, por lo que mi conclusión es que caigo bien a su esposa.

         “Una vez pasada la puerta acostumbro a montarme encima de la almohada y abrazarla con deseo, pasión y ternura. A partir de ese momento ya no es una almohada sino una mujer de carne y hueso, a la que yo estoy acariciando. Si la visualización es perfecta uno no necesita forzar la fantasía, todo va sobre ruedas. Si la mente de ella no te rechaza y participa en el juego voluntariamente puedes notar sus respuestas. Incluso puedes llegar a percibir la solidez de su cuerpo y cómo responde al tuyo. La penetración sobre la almohada es cómoda y agradable, el resto lo hace tu mente. Le aseguro que el orgasmo, el éxtasis, puede alcanzar niveles casi místicos. Sobre todo si uno está desinhibido, no tiene barreras religiosas o morales y no siente estar cometiendo un pecado. Está claro que si la otra te rechaza esa experiencia es imposible y se transforma en una simple masturbación. Debe existir un previo consenso entre esas dos mentes para que la experiencia sea posible.

         El loco hablaba con tal convencimiento y con tal intensidad emotiva que por un momento me imaginé a mi esposa en sus brazos, realmente, y sentí el mordisco de los celos. Luego me dije que aquello era imposible y no pude por menor de reírme de la imagen del loco aferrado a una almohada, clavándole las espuelas y penetrando la tela con su miembro enhiesto. La escena era terriblemente divertida. Me reí a carcajadas hasta lograr controlarme al cabo de unos segundos. El loco no se inmutó.

         -Mucho me temo que nadie excepto usted pueda creer que semejantes experiencias son reales.

         -El tantrismo se basa en ello. En que somos energía y la energía no tiene que superar ningún obstáculo para comunicarse. Incluso los católicos podrían llegar hasta ese límite y cruzarlo si hicieran caso de todas las palabras de su maestro Jesús y no solo de las que les interesan. En el evangelio se pone en boca de Jesús la siguiente frase: “Quien desea a la mujer de su prójimo ya adulteró con ella en su corazón”. ¿Qué cree que puede significar esta frase? Podemos darle mil vueltas, pero para mí está más clara que el agua.

           -¿Ha llegado al orgasmo pensando en mi esposa?

El loco estaba perdiendo los estribos. Esta vez me miró directamente la bragueta, como dándome a entender que de buena gana me cortaría los c… Luego se sirvió otra copa de vodka y se la bebió de un trago. Esto le dio fuerzas suficientes para continuar.

-Sí, así es. Imagino que ella le habrá contado cómo la miro cuando nos encontramos por la calle. Pues bien, quiero que sepa que para mí es como si nos hubiéramos acostado juntos, como si hubiéramos hecho el amor. La experiencia tántrica fue perfecta y maravillosa. Puede que ella no lo recuerde, pero incluso en sueños he tenido experiencias eróticas con ella. Me siento muy feliz cada vez que me sucede. Le aseguro que para mí no estoy taladrando una almohada cuando la penetro, sino que realmente estoy dentro de su vagina, sintiendo todo lo que puede sentirse en estos casos.

La sonrisa irónica se me congeló en mi boca. Aunque aquello era pura imaginación, el delirio de un loco, la convicción con la que hablaba me puso las pelotas de corbata. Incluso llegué a pensar si en realidad no se habrían acostado de verdad y el loco me lo estaba contando de aquella manera para irme preparando. Yo tenía absoluta confianza en ella, aunque nadie puede poner la mano en el fuego por nadie, ni siquiera por sí mismo. Yo había sentido la tentación de la infidelidad cuando alguna admiradora me había propuesto una cita en una carta. La editorial me hacía llegar esta correspondencia, que de una manera u otra reciben todos los autores de éxito. La posibilidad de acostarme con las más hermosas admiradoras había pasado por mi cabeza. ¿Quién me decía que a mi esposa o a cualquier mujer en su situación no le pasara tres cuartos de lo mismo? Si a ella le caía bien el loco, ¿por qué no dar ese paso y llevar a la práctica una imaginación repetida en numerosas ocasiones?

             Estuve a punto de levantarme y salir de su casa sin más circunloquios. Solo fue un instante de debilidad, porque enseguida comprendí que a pesar de la narración perfecta de la escena, era tan solo una fantasía de su imaginación delirante. Volví a reírme, esta vez con más ganas, viendo una y otra vez aquella ridícula escena del loco montando una almohada. Decidí continuar hasta donde me permitiera la paciencia de aquel hombre.

         -¿Es que nunca va usted de putas?

-Si estas experiencias tántricas, tan intensas y maravillosas, fueran sencillas de alcanzar, imagino que usted se hará una idea bastante aproximada de lo poco que yo necesitaría la presencia física de la mujer para vivir una sexualidad sana y satisfactoria. Sin embargo esto no es así. Cada experiencia de esta altura es como una perla maravillosa que uno debe conseguir buceando hasta profundidades abisales, con mucho riesgo, incluso el de su propia vida. Cuando uno decide bucear a pleno pulmón, sin escafandra, sabe que se arriesga a que le fallen los pulmones y a que la muerte le pille en el momento más inesperado. 

 “Por eso sigo necesitando de la presencia física de la mujer. En cuanto a las putas no las visito porque las desprecie, ni tampoco por falta de dinero, sino sencillamente porque como usted sabe, si hasta salir a la calle me cuesta, imagínese lo complicado que me resulta visitar un puticlub. 

 -Pero puede llamarlas por teléfono y que vengan a casa. 

-Sí, alguna vez he pensando en hacerlo. Aunque eso sería tirar definitivamente la toalla y aún tengo esperanzas de que mi vida pueda cambiar. 

-Disculpe mis risas, pero me resulta difícil aceptar que alguien pueda vivir fantasías con tal intensidad que le parezcan reales. 

-Bien. Todos sabemos lo que es la hipnosis. En cierta ocasión presencié en un programa de televisión cómo un showman hipnotizaba a un voluntario. Le hizo creer que se estaba comiendo una manzana, cuando en realidad lo que hacía era mordisquear una cebolla. Su cara decía que realmente degustaba una manzana y no una cebolla. La sugestión puede ser muy poderosa. Si supiéramos hasta qué punto, nos costaría incluso ver los spots publicitarios. 

        “Una persona puede llegar a ver a otra como una maravilla, a pesar de que todos los demás la consideren una mierda (caso del enamoramiento). Otra persona puede ver en otra a su peor enemigo, a pesar de que tenga de canalla lo que tienen el común de los mortales. Su odio pude llegar a ser patológico. Todo es producto del poder de la sugestión. “Podría darle más ejemplos. Pero no es necesario. Si no cree en la posibilidad de que estas técnicas nos lleven a universos “reales”, al menos acepte que el poder de la sugestión nos permite “vivir” experiencias tan intensas como las reales. 

         -La diferencia es que en las reales hay respuesta del entorno y de las otras personas. En el caso de la fantasía no hay respuesta porque no hay comunicación. 

       -Se equivoca. Estas experiencias pueden llegar a compartirse, aunque la otra persona no hable de ello o se avergüence de haber vivido algo inexplicable que solo puede achacar a su mente pecaminosa.  Podemos compartir los sueños y podemos compartir estas experiencias.  

       -¿Tiene alguna prueba al respecto? 

-Sí, aunque a usted estas pruebas no le dirán nada. En cierta ocasión viví una experiencia tántrica con una chica con la que me relacionaba en mi entorno. Tuve sueños eróticos con ella. Al cabo de un tiempo una amiga común me habló de ello. Me confió discretamente y con la promesa de que lo guardaría como secreto, que fulanita le había contado que había tenido sueños eróticos conmigo y alguna experiencia muy extraña estando despierta. Por supuesto que yo no había hablado de ello con nadie y tampoco lo comenté en aquel momento. Me limité a sentirme halagado y a notar lo peculiar de la experiencia. En realidad había sido yo el iniciador de la misma y el culpable. Aquella indiscreción de la amiga solo me confirmaba que semejantes experiencias pueden ser compartidas. 

       -¿Quiere decir que tal vez mi esposa recuerda esas experiencias? Le aseguro que tenemos absoluta confianza y nunca me ha dicho nada. Lo habría hecho de recordarlo. Se lo aseguro. 

        El loco me miró con resentimiento. Mi obsesión en llevar un tema para él puramente abstracto al terreno más personal le estaba poniendo en el disparadero. Yo era consciente de ello y decidí forzar la situación al máximo, esperando al menos lograr el mayor número de detalles posible. 

 -Podemos compartir sueños y sin embargo cada uno de los que lo han compartido tomar decisiones distintas. Mientras uno decide recordarlo en su totalidad otro lo bloquea de forma absoluta y no recuerda nada y un tercero puede recordar una escena manipulada. Eso no significa nada. También bloqueamos recuerdos molestos. De otra forma los psicoanalistas no podrían ganarse la vida. 

-Lo siento, pero por muy bien que lo pase de esa forma nunca aceptaré cambiar una experiencia física por otra mental. 

       -Le aseguro que en sueños la experiencia puede ser infinitamente más satisfactoria. En estado de vigilia solo alcanzando altos niveles de relajación y visualización es posible lograr orgasmos que nada tienen que envidiar a los físicos. 

          -No va a convencerme. El contacto piel con piel nada tiene que ver con la estimulación imaginativa. 

-No siempre, claro. Ya le he dicho que experiencias de calidad son complicadas y muy difíciles de alcanzar. Pero incluso las menos intensas resultan agradables. Se puede tener una vida sexual bastante satisfactoria solo utilizando técnicas tántricas. No voy a decirle que no eche de menos el contacto físico, la sexualidad piel con piel y cuerpo con cuerpo, pero si no se tiene otra cosa la experiencia resulta muy agradable. Tan solo falta la comunicación, la charla, la realidad sólida que uno puede palpar, el resto es igual.  

-¿Y eso no le crea problemas con las mujeres de su entorno? 

-¿Por qué cree que a veces salgo huyendo al ver a determinadas mujeres por la calle? Uno puede sufrir fobias y manías, pero no es idiota. Cuando he tenido una experiencia tántrica de gran intensidad con una de estas mujeres me siento como si realmente hubiéramos hecho el amor.  Usted imaginará lo difícil que debe ser comportarse con naturalidad con una amante en presencia de otras personas. Aunque usted nunca le haya sido infiel a su esposa puede hacerse una idea de cómo se sentiría si tuviera que hablar con su amante en presencia de su esposa. A mí me ocurre lo mismo, solo que ellas no saben nada o si han tenido algún sueño o experiencia de esa clase nunca imaginan que yo sepa algo. Así tengo que hablar con ellas en presencia de sus esposos o de otras personas. Las veo por la calle y recuerdo cómo me sentí cuando estaban desnudas en mis brazos. Solo una experiencia de una intensidad tan objetiva como la real puede hacer que uno se comporte de esa manera. 

 -¿Por eso huye de mi esposa? Ella me ha insistido en que le convenza para que venga algún día a comer o a cenar. Aunque no se lo crea para ella sus miradas no son algo tan terrible como usted piensa. No le ha dado gran importancia. Por supuesto que le ha perdonado y le encantaría ser su amigo. Claro que si ha tenido alguna experiencia tántrica con ella y se empalma cada vez que la ve, comprendo su reticencia a relacionarse con ella. 

 Mano de santo para terminar la conversación. El loco volvió a mirarme la bragueta. Yo a mi vez no pude menos de volver a imaginarlo sobre la almohada, montando como un jinete experto y taladrando la tela hasta llegar a las espumillas de su interior. Me doblé en dos a causa de la risa.  Esta vez el loco no pudo controlarse y me instó de malas maneras a abandonar su domicilio.

            Mientras me acompañaba por el pasillo logró controlarse lo suficiente para pedirme disculpas y achacar al sueño y a la borrachera su actitud.  Comprobé que llevaba la grabadora encima, que había permanecido enchufada todo el rato, sin olvidarme de cambiar la cinta cada periodo de tiempo preestablecido por su duración. Comprobé que llevaba la cazadora y la libreta de notas y la estilográfica y que no me dejaba nada en un domicilio que tal vez no volviera a pisar.

 El loco se despidió en la puerta con un simple buenas noches. Antes de que llegara el ascensor pude oír cómo cerraba la puerta con brusquedad. Una vez en el interior y bajando no pude aguantar más y solté el trapo. Por un instante creí que me llegaba el pensamiento del loco, que estaba oyendo mis carcajadas, fueron tan solo unos segundos, pero resultaron más terroríficos que la presencia de un asesino en serie con un cuchillo de carnicero en su mano. Eso me curó de la risa… solo de momento.

 

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