LOCOS EGREGIOS 7

6 06 2017

 

Jean-Jacques Rousseau

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Mi conocimiento de este gran intelectual, según muchos precursor de la revolución francesa, se limitaba hasta ahora a la lectura hace años de sus “Confesiones”. El dato encontrado hace poco que lo calificaba de “loco” me llamó la atención y decidí investigar más. Resulta muy complicado calificar de enfermos mentales a quienes vivieron antes de que la enfermedad mental fuera aceptada como tal enfermedad. En otros tiempos alguien era calificado de “loco” sencillamente cuando superaba la línea roja que la sociedad de cada época marcaba arbitrariamente. Una persona anónima llegaba a ser loco cuando su conducta le incapacitaba para ganarse la vida y no se atenía a ninguna lógica conocida. Si era una persona culta e intelectual se le etiquetaba de “raro” salvo que claramente superara determinadas líneas rojas, entonces era un simple “loco”.

En muchas biografías de genios, artistas o intelectuales de épocas anteriores al nacimiento de la enfermedad mental como tal se suele hablar de la demencia en que solían caer al final de sus vidas, muchas veces propiciada por una terrible enfermedad de la época, la sífilis, que al parecer llegaba a producir una auténtica demencia en sus últimas fases. Curiosamente en la biografía de estos “dementes” por enfermedad física una observa determinadas conductas que hacen pensar en las conductas patológicas del enfermo mental.

Es el caso que nos ocupa. Rousseau sufrió la leyenda urbana de la época de haber sufrido la sífilis. No parece estar muy claro, al menos en la documentación que he consultado. Uno imagina que en determinadas épocas históricas decir de alguien que había sufrido la sífilis era casi lo peor que podía decirse de una persona. Eso implicaba una degeneración moral, puesto que el sexo siempre ha sido un tabú social y la promiscuidad una de las peores conductas que podía observar un ser humano. Aparte de eso la sífilis era una enfermedad “sucia”, morbosa, que solía terminar con el paciente sufriendo una demencia casi absoluta. No es de extrañar que muchos grandes hombres de estas épocas sufrieran el rumor de que padecían tan apestosa enfermedad.

En la biografía de Rousseau llaman la atención determinadas conductas que hoy serían signos de sufrir una enfermedad mental. La falta de una madre durante la infancia, el ser educado por familiares que parece no le trataron precisamente como a un hijo, debió de traumatizarlo mucho, como nos indica el hecho de que llegara a entregar sus cinco hijos a la inclusa, alegando que allí no serían peor educados que en unas instituciones educativas que estaban hechas para terminar con la bondad natural del ser humano. Dejando de lado su filosofía de la bondad natural y lo que esto pudo influir en semejante y aberrante decisión, todo parece indicar un desapego, un desafecto, una incapacidad para la afectividad, que nos hace pensar en un psicótico. En efecto, la psicosis distancia, no solo de la realidad, sino fundamentalmente del mundo afectivo. El psicótico es incapaz de mostrar afectividad, ternura, y también de recibirlas. La pérdida de empatía en un psicótico es connatural a la enfermedad, aunque yo me pregunto si la enfermedad no sería el producto de la pérdida de empatía y no al revés. Aquí aparece una de las líneas más sutiles entre enfermedad mental y maldad. Un psicótico podría llegar a ser un asesino en serie, al perder por completo la capacidad de empatía, de ponerse en la piel del otro, de dar y recibir afecto, pero teniendo en cuenta las estadísticas sobre la violencia extrema en el enfermo mental uno se pregunta si en realidad el asesino en serie es un malvado, alguien que libremente ha escogido el mal, y como consecuencia de su comportamiento malvado acaba sufriendo una gravísima distorsión de la personalidad, una enfermedad mental, la locura. Que una persona malvada que durante toda su vida hace el mal, sin la menor empatía, pueda llegar a la locura es de una lógica aplastante. Que una enfermedad mental, por grave que sea, pueda llegar a generar conductas homicidas, es un tema delicado que merece un estudio en profundidad. Cuando un esquizofrénico causa graves lesiones, o incluso la muerte, debido a su negativa a tomar medicación uno se pregunta si esa conducta es propia de la enfermedad y si de ser así, si todos los esquizofrénicos dejaran de tomar medicación, ¿cuántos de ellos llegarían a causar a otros graves lesiones o incluso la muerte? Es un tema muy delicado, como he dicho, por mi parte no tengo nada claro que la enfermedad en sí, el escuchar voces, el sufrir delirios, alucinaciones, tenga que conducir necesariamente al homicidio. Hay delirios proféticos en los que el enfermo lo que intenta es lo contrario, salvar a la humanidad transmitiendo un supuesto mensaje salvífico. Uno se pregunta si los enfermos que han llegado al homidicio lo habrían hecho, a pesar de su enfermedad y de no tomar medicación, si no hubieran sufrido a veces el acoso, la burla, la marginación y la agresividad de su entorno.

La altura intelectual de Rousseau es indiscutible, como sucede también en otros muchos enfermos mentales que alcanzaron la genialidad en alguna faceta creativa. Pero llama la atención su teoría del hombre bueno por naturaleza a quien la sociedad corrompe. Este es un pensamiento muy típico del enfermo mental que suele achacar su enfermedad a una sociedad injusta, agresiva, competitiva, depredadora. Mi experiencia con enfermos mentales me ha llevado a observar que esta forma de pensar es muy típica en ellos, incluso yo mismo sentí una rebeldía terrible en mi juventud, ya diagnosticado como enfermo mental, frente a una sociedad que lo es todo menos fraternal, sensible, justa, espiritual, en la que priman valores materialistas como el dinero, la fama, el poder, buscando siempre depredar, siguiendo la ley de la selva, para alcanzar objetivos vacíos y fugaces.

El enfermo mental suele reaccionar con rebeldía, con santa cólera, para luego, al darse cuenta de que es inútil luchar contra toda una sociedad, plantearse estrategias manipulatorias, astutas. En la biografía de Rousseau hay mucho de esto. También llama la atención que determinadas conductas buscando conseguir dinero se contradigan luego con otras en las que lo desprecia, como es el caso de la renuncia a la pensión de Inglaterra, conseguida por un conocido intelectual inglés de la época. Esto es algo que resulta incomprensible para quienes no conozcan la enfermedad mental. En realidad, aunque el enfermo se angustie por su falta de medios económicos y busco toda clase de fórmulas para remediarlo, cuando sufre una crisis puede renunciar a toda su economía, despilfarrarla, regalarla, con la mayor naturalidad del mundo.

Su obsesión en cuanto a la persecución de otros intelectuales de la época, confabulados para terminar con él, roza la paranoia, sino está claramente dentro de ella. ¿Era Rousseau un esquizofrénico paranoide, un psicótico? Es posible. Lo que parece estar claro es que se trataba de un enfermo mental. Hay mucho en su biografía que así  parece ratificarlo. Incluso en su aspiración suprema a la bondad natural que la sociedad destruye hay una clara raíz de enfermedad mental. Incapaces de aceptar la maldad que destila una sociedad sin valores espirituales, humanos, que solo busca depredar, que solo premia al más fuerte y al más depredador, el enfermo mental aspira a la bondad suprema que cree está en nuestra naturaleza. Incapaz de afrontar la realidad se fuga de ella, bien a través del delirio profético (la aspiración de Rousseau a regresar a la bondad natural lo es claramente) o bien a través de una astuta y manipuladora y genial conducta que le permita enfrentarse a toda una selva llena de depredadores. Esto no es otra cosa que un delirio que suele terminar con el enfermo mental siendo la primera víctima de sus manipulaciones.

Aunque pueda parecer traído por los pelos el caso de Rousseau como enfermo mental, parece claro que desde la perspectiva moderna de la enfermedad mental, tanto él como otros muchos genios históricos fueron claramente enfermos mentales. El hecho, muy estadístico y constatable, de que muchos enfermos mentales alcanzaron la genialidad, es de una lógica aplastante. La mediocridad puede ser muy “normal” y proteger de la enfermedad mental, pero no hay nada más alejado de la genialidad. El genio es como un loco que se arroja a un río repleto de pirañas, todos saben que acabarán comiéndole el culo, por poner una pizca de humor, pero quien no se arriesga a ello jamás llegará a la otra orilla. La normalidad puede ser un lago bonancible, pero está cerrado en círculo, no se llega a parte alguna. Quien quiere aventurarse asume el riesgo de que lo devoren las pirañas de la locura.

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Jacques_Rousseau

 

http://www.revistaaleph.com.co/component/k2/item/591-las-enfermedades-de-jean-jacques-rousseau?tmpl=component&print=1

 

https://hernanmontecinos.com/2010/10/12/jean-jacques-rousseau%E2%80%A6%E2%80%9Cun-loco-interesante%E2%80%9D/

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