CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL VIII

12 06 2017

 

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Manzanares a 12 de agosto de 2016

Hola amigo:  Como digo en el blog los enfermos mentales tenemos una clara tendencia patológica a utilizar lo que yo llamo “la bula papal”, es decir nos auto-otorgamos una especie de bula, según la cual se nos perdona todo en base a lo mucho que hemos sufrido, que sufrimos y que sufriremos debido a nuestra enfermedad. Es algo que llevo observando a lo largo de mi dilatada experiencia como enfermo mental y que he contrastado en los últimos años en la convivencia con otros enfermos mentales. En realidad este comportamiento tiene bastante lógica.  En esta actitud influye también la falta de confianza en los demás. Se nos margina, se nos trata como una basura, se nos insulta y esto hace que perdamos la confianza en todo el mundo, incluso en aquellas personas que nos tratan bien. Es algo que también he observado en mí a lo largo de los años, solo que en mi caso estaba formulado de una forma más drástica. Algo así como: Jamás dejaré que el comportamiento de alguien conmigo me lleve a intentar otra vez el suicidio, jamás, antes haré cualquier cosa. Esto tiene sentido en quien ha vivido el intenso sufrimiento que supone planificar un intento de suicidio y llevarlo a cabo, pero el gran problema es que eres tú mismo quien decide quién se está comportando buscando hacerte daño para que te deprimas y suicides. Por mi formación jurídica sé muy bien que nadie puede ser juez y parte al mismo tiempo, y esto es lo que hacemos a menudo los enfermos mentales. Somos nosotros los que decidimos si una persona es fiable o no, si su conducta está encaminada a hacernos daño de forma consciente y lo  medimos y pesamos en una fina balanza, lo que hacemos nosotros por los demás y lo que los demás hacen por nosotros. De esta forma todo el mundo está en deuda siempre con nosotros.

 
La bula papal que nos disculpa de todo, y todo nos lo perdona, nos lleva a conductas bastante llamativas y hasta ridículas. En este sentido también he observado un comportamiento parecido en otros enfermos, concretamente en una amiga enferma que me invitó a comer a su casa e invitó también a una amiga, algo razonable en su forma de pensar, muy conservadora, que hace que le resulte muy forzado tener en su casa a un hombre y estar sola con él sin presencia de otra persona, en este caso su amiga, que hizo de “carabina”. Pues bien, esta amiga  veía como absolutamente natural servirnos la comida y que comiéramos nosotros mientras ella hacía la limpieza de la casa. Cuando su amiga se lo reprochó se enfadó con ella y cuando yo no salí en su defensa le pareció mal. Tuve que hacerle ver que es de pésima educación invitar a alguien a comer a tu casa, servirle la comida y desatenderle, dedicándote tú a las faenas de la casa. Su reacción fue desmesurada y solo explicable por su dificultad para las relaciones sociales y tal vez un comienzo de fobia social.

Yo mismo me he comportado así durante años, mi fobia social me daba bula para salir corriendo de una cafetería y dejar allí a la gente que estaba conmigo, o para encerrarme en mi cuarto cuando llegaban visitas o a encamarme y dejar de comer y de hablar cuando estaba muy deprimido. Esta bula papal hace que muchas de nuestras conductas parezcan disparatadas a los demás. Es cierto que pueden ser producto de la enfermedad y la medicación, pero es la bula papal la que nos lleva a tensar la cuerda hasta extremos ridículos. Nos autorizamos a hacer cosas que la sociedad nunca permitiría a otras personas y esto nos automargina desde el momento que nos saltamos las normas sociales más elementales con la disculpa
de que somos enfermos.

La enfermedad conlleva un exceso de estímulos, cuyo número e intensidad no podemos controlar y eso hace que huyamos de situaciones que nos hacen llegar un gran número de estímulos y muy intensos. A mi juicio algo así les ocurre también a los autistas, que se refugian en su mundo interior porque no pueden controlar el exceso de estímulos que llega a su mente.

enfermedad mental

En cuanto a lo que me dices de los medios de comunicación, sólo puedo hablar de los que conozco, de los españoles. El tratamiento que dan a los enfermos mentales y a la enfermedad mental es muy pobre y sesgado, sin matices ni profundidad. Te puedo contar, por ejemplo, cómo fue tratado el episodio del copiloto que hizo que el avión se estrellara en los Alpes, o el caso del joven terrorista de Munich, ambos calificados como enfermos mentales, sin más. También ocurrió con los casos de jóvenes en USA que se dedicaron a disparar a sus compañeros de instituto o a provocar matanzas entre desconocidos, o incluso el asesino múltiple en una discoteca gay, también en USA. Observo que en los medios españoles es muy frecuente “sugerir” la idea de que todos eran enfermos mentales. En realidad, si nos fijamos, en las “pruebas” aportadas nos daremos cuenta de que no tenían ninguna y se limitaban a sugerir que quien hace algo así tiene que estar mal de la cabeza, ser un loco, y por lo tanto un enfermo mental. No se preocupan de informarse de si esas personas fueron realmente diagnosticadas como enfermos mentales, de si tomaban medicación, de qué clase de enfermedad padecían. No hay nada, absolutamente nada. Y aquí entramos en la incapacidad de nuestra sociedad para aceptar la existencia del mal. Quienes hacen esas cosas no pueden ser “malas personas”, tienen que ser necesariamente enfermos mentales, porque quien está bien de la cabeza no las hace. Este silogismo es completamente falso puesto que una de las premisas en las que se basa es falsa. Si aceptamos la existencia del mal, de que en nuestro mundo hay personas malas, malvadas, entonces no necesitaríamos buscar el chivo expiatorio perfecto, en este caso el enfermo mental, que no puede defenderse porque la mayoría de enfermos mentales son incapaces de expresarse con claridad y profundidad, porque la casi totalidad de ellos prefieren pasar desapercibidos, en el anonimato, vivir en las cloacas, como digo yo, con las ratas, antes que exponerse a la luz pública.

De esta forma cualquier persona que haga algo incomprensible para la mentalidad social es considerado de inmediato como un enfermo mental, se le etiqueta de esta manera y así se acabó el problema, ya no hay que estudiar la enfermedad mental, algo misterioso y desconocido para la mayoría de la gente, ya no hay que estudiar a los enfermos mentales y por lo tanto relacionarse con ellos y conocerles. De esta forma hemos visto, pasmados, cómo en nuestro redil aparecen todo tipo de personas que hacen cosas terribles y que están a nuestro lado solo porque la ignorancia de algunos, no me atrevo a calificar de mala fe, les han etiquetado con la pegatina de enfermos mentales. Es asombroso cuánto asesino, cuánto violador, cuánto pedófilo, cuanto maltratador, cuánto asesino de mujeres y niños se convierte de pronto,
de la noche a la mañana, en un enfermo mental, solo porque resulta más cómodo etiquetarlo así y desentenderse de la posibilidad de que existan malas personas, de que el mal sea algo que nos podemos encontrar en nuestra vida cotidiana. Nuestra sociedad se ha acostumbrado a considerar el mal como una entelequia, como una
leyenda, son malos los demonios invisibles, son malas las entidades de las que hablan las leyendas, pero no es malo, no es un demonio, el asesino múltiple, el violador, el pedófilo, el maltratador, son solo “enfermos mentales”. Es muy cómodo porque así no tendríamos que revisar nuestras filosofías éticas y morales, nuestras leyes, nuestras costumbres, así no tendremos que revisar de abajo a arriba los valores en que se cimenta nuestra sociedad.

Los enfermos mentales que hemos sido diagnosticados muy jóvenes, en mi caso a los diecinueve años, que hemos sido sometidos a toda clase de terapias, en mi caso terribles, que hemos sido medicados  durante años, que hemos sufrido y hemos luchado durante años con nuestra enfermedad, vemos asombrados cómo determinadas personas se convierten en “enfermos mentales” de la noche a la mañana. Nunca acudieron a un psiquiatra, nunca fueron diagnosticados, nunca se les consideró personas “raras” porque sus conductas no eran patológicas y pasaban desapercibidos. De pronto un día matan a un gran número de personas y ya son enfermos mentales, o participan en una violación colectiva, como las de las niñas en la India y ya son enfermos mentales. Les gustan los niños y anteponen su placer sexual a los valores éticos más elementales, y ya son enfermos mentales.

Ningún medio de comunicación hablaría de que tal o cual persona padece una determina enfermedad física sin antes tener un certificado médico o constatar la medicación que toman o informarse de su familia, o hablar con el doctor que les trata. En cambio pueden calificar como enfermos mentales, sin el menor rubor, a personas de las que no saben nada. Desconocen si han estado en tratamiento
psiquiátrico, quién les ha tratado, qué enfermedad les fue diagnosticada, si tomaban tal tipo de medicación. No saben nada de ellos y sin embargo no se recatan en dar a entender que son enfermos mentales. Claro que los medios están acostumbrados a utilizar la presunción de inocencia como un salvavidas frente a posibles tormentas. Siempre dicen”presuntamente”. Pero eso no significa nada cuando no se tiene ningún dato, ningún indicio, ninguna prueba y se habla por hablar.

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Me resulta en extremo curioso que se califique de enfermo
mental a un asesino, violador, pedófilo, maltratador, etc. y nadie,
que yo sepa, se haya planteado nunca que un corrupto, por ejemplo
pueda ser un enfermo mental. Consideran que un asesino tiene que
sufrir necesariamente un trastorno de personalidad severa y por lo
tanto es un enfermo mental y ni se plantean que un corrupto pueda
sufrir también un trastorno de personalidad severa.Puede que quienes
hayan escamoteado al Estado y a la sociedad millones, hayan
contribuido a la muerte de niños por malnutrición, a la muerte de
enfermos físicos que necesitaban tratamientos que no se les dieron
porque faltaba dinero. Y sin embargo los corruptos no son enfermos
mentales. Este es un caso curioso y paradigmático. Es como si pensaran
que son “listillos” que han hecho lo que ellos no se atreven a hacer,
pero ello no indica que sean enfermos, en todo caso alguno se puede
plantear que son malas personas, y sobre eso no parece existir un
amplio consenso social, porque si así fuera las medidas que se
tomarían contra ellos serían ejemplarizantes y sin embargo para que un
político corrupto salga de la política tienen que existir serios daños
colaterales para otros políticos.

En el caso de enfermos mentales diagnosticados, sobre los que no existe la menor duda, tampoco la información es muy veraz y matizada. En España hubo un caso, hace años, de una doctora en un conocido hospital madrileño que acuchilló a compañeros de trabajo, creo que mató a alguno. Pues bien, se supo que era una esquizofrénica paranoide y que no tomaba medicación, pero no se supo nada más. Su familia, al parecer tenía una alta posición económica y social, pero no se supo nada de ella, cuando en otros casos se sabe hasta el número de zapatos que calzan. La información era sesgada porque no se informó por qué se permitió a una doctora con esa enfermedad ejercer su profesión cuando no tomaba medicación. Tampoco los altos cargos de sanidad dijeron nada al respecto ni nadie asumió responsabilidad
alguna. No se supo nada de la enfermedad de la doctora, cuándo había sido diagnosticada, cuántos años llevaba siendo una enferma mental, si se conocía en su entorno laboral, si había tenido problemas antes, si los compañeros se burlaban de ella y la hacían la vida imposible. La información fue escueta, una doctora, enferma mental, acuchilla a compañeros de trabajo. Eso es todo lo que los enfermos mentales
podemos esperar de los medios. Una parte importante de la población mundial es enferma mental y he visto muy pocos reportajes sobre enfermos mentales. Y cuando algunos damos el paso de aparecer en un vídeo, de manifestarnos públicamente como enfermos mentales, pasamos desapercibidos, nadie se preocupa por conocernos, por saber cómo somos, cómo es nuestra vida. Es como si fuéramos apestados y cuanto más lejos de nosotros, mejor.

En mi blog recibo muchas consultas de familiares que no saben
qué hacer con el enfermo mental. Algunos me confiesan haber buscado
información sobre el tema y muchos de ellos acaban recalando en mi
blog, porque es que no hay nada más o muy poco. Los enfermos se ocultan
por el estigma social, los familiares tratan de ocultar su problema,
los medios prefieren no tocar el tema por lo delicado que es. Todo el
mundo anda de puntillas, como pisando huevos, sobre el tema, excepto
cuando se produce un acontecimiento terrible que no se puede ocultar.
Entonces sí aparecemos en los medios. Tenemos un asesino múltiple,
pues bien, tiene que ser un enfermo mental. ¿Acaso alguien se ha
preocupado de enterarse de si fue diagnosticado, qué doctor le trató,
qué medicinas tomaba, cómo era su vida familiar y social? Nada. No
existimos cuando sufrimos en silencio y nos ocultamos en las cloacas,
pero cuando alguien sale a la luz, un caso estadísticamente llamativo,
un posible asesino entre millones de enfermos mentales, todos los
enfermos nos convertimos de inmediato en asesinos.

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No me atrevería a achacar a los medios y a los periodistas
mala fe y mala conciencia en este tema. Creo que actúan como actúan
con las demás noticias. No es noticia que un perro muerda a un hombre,
pero sí lo es que un hombre muerda a un perro. No es noticia que un
enfermo mental sufra toda su vida y se suicide de forma anónima, pero
sí lo es que alguien mate a desconocidos a tiros en cualquier parte,
porque necesariamente tiene que ser un enfermo mental. Los periodistas
y los medios son un fiel reflejo de la sociedad en la que viven. No se
les puede pedir que tengan más valores y mejores que el resto de la
sociedad, que sean menos competitivos, que sean más humanos, más
sensibles, que sean capaces de sacrificar un trabajo por dar una
noticia humana en profundidad. Un periodista estandar, como un juez,
como un político, como un militar, no puede ser mucho mejor que la
sociedad en la que viven, las excepciones a la regla existen, pero no
son la regla. Teniendo en cuenta que los medios suelen ser empresas
privadas y las empresas buscan el beneficio, el negocio, no se les
puede pedir que traten el tema de la enfermedad mental si no va a
tener suficientes espectadores que les permitan ganarse un dinerillo
con los anuncios que se emiten antes, durante y después. Si las
empresas están hechas para el beneficio es difícil trazar líneas
rojas, solo vemos que se autoimponen esas líneas cuando la reacción
del público puede hacer descender los beneficios. No se trata de
valores éticos, se trata de aquellas circunstancias que hacen crecer o
disminuir los beneficios. Puede que aún no se haya descubierto una
alternativa al capitalismo, pero está claro que una sociedad
capitalista no es humana por definición. Mientras se persiga el
beneficio el ser humano pasa a ser un decorado, un consumidor, un
número en las estadísticas empresariales. Y esto que es general para
todo lo es también para la enfermedad mental y los enfermos mentales.
No somos importantes porque no nos hemos agrupado para formar un
partido político que pueda acceder al gobierno de una nación, no hemos
fundado una multinacional que tenga mucho que decir en los asuntos
internacionales, no hemos propugnado no votar a los partidos políticos
que nos ignoran y votar a los que cumplan las promesas que hacen en
sus programas electorales.Los enfermos mentales somos mudos, sordos,
ciegos, no existimos sino es en las estadísticas de las empresas
farmacéuticas, en los gastos del Estado para sanidad, o cuando ocurre
algo terrible que se nos achaca. Y todo ello es en gran parte culpa
nuestra. Siendo como somos un altísimo porcentaje de la población
mundial, nuestro voto debería ser decisivo en las elecciones, nuestras
necesidades deberían ser imperativas para los estados, las empresas,
la publicidad, el diseño de todo aquello que nos pueda interesar. La
población gay ha conseguido, saliendo del armario, que su número y sus
necesidades y gustos no puedan ser ignorados, el problema de los
enfermos mentales es que parece que nunca terminaremos de salir del
armario. Es nuestra gran desgracia.

Creo que me he extendido mucho, si necesitas que matice algo
sobre algún tema concreto, házmelo saber. Un abrazo.

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