DICCIONARIO CHAMÁNICO XII

21 06 2017

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DICCIONARIO CHAMÁNICO XII

LETRA C/CAZADOR DE PODER

VER TAMBIÉN EN ESTE DICCIONARIO EL ARTE DE ACECHAR, EL HACER Y EL NO HACER Y EL PODER Y PODER PERSONAL

“Un cazador de poder vigila todo y cada cosa le dice su secreto”

Carlos Castaneda. Viaje a Ixtlan

“No hay plan cuando se trata de cazar poder. Cazar poder o cazar animales es lo mismo. Un cazador caza lo que se le presente. Así que debe de estar siempre preparado”.

“Ser cazador significa que uno conoce mucho. Significa que uno puede ver el mundo en formas distintas. Para ser cazador hay que estar en perfecto equilibrio con todo lo demás, de lo contrario la caza sería una faena sin sentido”.

“”Los cazadores tienen que ser individuos excepcionalmente agudos. El cazador deja muy pocas cosas al azar. He estado tratando de convencerte  de que debes aprender a vivir en forma distinta. Hasta ahora no he podido. No había nada de lo que pudiera agarrarte. Ahora es diferente. He hecho volver tu viejo espíritu cazador, a lo mejor cambias a través de él”.

“Un día descubrí que si quería ser un cazador digno de respetarme a mí mismo tenía que cambiar mi forma de vivir…Pero entonces mi buena suerte me salvó y alguien me enseñó a cazar. Y me di cuenta de que la forma como vivía no valía la forma de vivirse…así que cambié.

“Yo soy un cazador y un guerrero y tú eres un cabrón”.

“¿Por qué debería ser el mundo solo como tú crees que es?  ¿Quién te dio autoridad para decir eso?

“El mundo es muy extraño a esta hora del día…Veas lo que veas, no tengas miedo”.

“En eso consiste el secreto de los grandes cazadores, en ponerse al alcance y fuera del alcance en la vuelta justa del camino”.

“Debes aprender a ponerte al alcance y fuera del alcance. Como anda tu vida ahora estás todo el tiempo al alcance, sin saberlo”

“Cuando estás escondido todo el mundo sabe que estás escondido y cuando no, te pones en medio del camino para que cualquiera te de un golpe”

“Ponerse fuera del alcance no significa ocultarse ni guardar secretos, sino ser inaccesible”.

“Debes rescatarte de en medio del camino. Todo tu ser está allí de modo que no tiene caso esconderte, solo te figuras que estás escondido. Estar en medio del camino significa que todo el que pasa mira tus ires y venires”.

“Ser cazador es mucho más que solo atrapar animales. Un cazador digno de serlo no captura animales porque pone trampas, ni porque conoce las rutinas de la presa, sino porque él mismo no tiene rutinas. Esa es su ventaja. No es de ningún modo como los animales que persigue, fijos en rutinas pesadas y en caprichos previsibles; es libre, fornido, imprevisible”

“Todos nosotros nos portamos como la presa que perseguimos. Eso por supuesto nos hace ser la presa de algún otro. Ahora bien el propósito de un cazador que conoce todo está en dejar de ser él mismo una presa”.

“Una vez que se convierte en presa le quedan dos cursos de acción. O corre o se planta”.

“Un cazador, en cambio, cuando se adentra en el monte nunca se mete a ninguna parte sin fijar sus puntos de protección, por tanto se pone de inmediato a cubierto.”.

“Cazar poder es asunto muy extraño. No hay manera de plantearlo por anticipado. Eso es lo emocionante. Pero de todos modos un guerrero procede como si tuviera un plan porque confía en su poder personal. Sabe de cierto que lo hará actuar en la forma más apropiada.

“Cazar poder es un evento peculiar. Primero tiene que ser una idea luego hay que arreglarlo paso a paso y luego ¡pum! Sucede.

“Tu eres el que está cazando poder personal dijo. Y yo soy el guerrero que ya tiene. Me preguntaste si tenía un plan, y yo dije que confío en que mi poder personal me guía y que no necesito tener un plan”.

“Este es tu mundo. Eres hombre de ese mundo, y allá afuera, en ese mundo está tu campo de caza. No hay manera de escapar al hacer de nuestro mundo, por eso lo que hace un guerrero es convertir su mundo en su campo de caza. Como cazador, el guerrero sabe que no tiene escrúpulos en tomar y usar cualquier cosa que desee, solo que el guerrero no se aflige ni se ofende cuando lo usan y lo toman a él”.

“Déjame decirte algo. Si no nos pusieran trampas nunca aprenderíamos. Lo mismo me pasa a mí y le pasa a cualquiera. El arte de un maestro es llevarnos hasta el borde. Un maestro solo puede señalar el camino y hacer trampas. Te puse una antes. ¿No recuerdas laforma en que recobré tu espíritu de cazador?

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COMENTARIO PERSONAL

El concepto chamánico de cazador ha sido para mí uno de los más difíciles de asimilar. No es que el concepto de “guerrero” me resulte fácil de asumir, pero al menos un guerrero puede luchar en campo abierto con un enemigo que tiene sus mismas armas y sus mismas posibilidades de vencer. Como persona, y también como enfermo mental, el concepto de guerra, en sí mismo, me resulta penoso, cuando no repugnante. Los enfermos mentales odiamos y huimos de cualquier circunstancia en la vida que nos lleve al enfrentamiento, a la bronca, que nos obligue a ser agresivos. No hay nada que nos descontrole más que tener que ser asertivos, que enfrentarnos a alguien que piensa de forma diferente y que intenta llevarnos a su terreno, doblegarnos. Estamos mucho más cómodos huyendo de todo y de todos, refugiándonos en nuestro bunker particular que no es otra cosa que nuestra mente, imaginativa, delirante. Tal vez por eso el camino del guerrero sea el último que un enfermo mental decida seguir, y ello cuando ya ha probado todos sin resultado y la desesperación hace que dé el primer paso en un camino que desde el principio piensa que no es el suyo. Aún así, la impecabilidad de este duro camino me atrajo desde el principio. No se trata de matar o ser matado, de cortarle la cabeza al otro o permitir que él te la corte a ti, algo que supuso un serio obstáculo en mi juventud para superar las depresiones que me causaba la lucha cotidiana contra otros. Si tengo que matar a alguien para sobrevivir, mejor me dejo matar. Esa era mi escueta filosofía de entonces, en mi juventud. Como es natural, semejante filosofía me llevó a ser una víctima, a convertirme en un depresivo a piñón fijo, un suicida sin horizontes ni esperanzas. Luego pasaría otra etapa, contraria. Si para sobrevivir tengo que matar a alguien, lo haré sin remordimiento alguno, no en vano he intentado suicidarme tantas veces que no puedo comprender cómo sigo vivo, no en vano he pasado largas temporadas encarcelado en psiquiátricos y sometido a tortura. He sufrido tanto que me otorgo la bula de matar a alguien si él intenta matarme a mí. Nada de morir para no matar, nada de permitir que me corten la cabeza. He adquirido suficientes méritos para darme la autorización de matar antes de ser matado. Esta tremenda filosofía vital me pareció razonable entonces y por desgracia les acaba pareciendo razonable a muchos enfermos mentales que consideran que la sociedad, los demás, han intentado “matarles” tantas veces, les han marginado y puesto en tales circunstancias que puede llegar el momento en que decidan que “matar” es un caso flagrante de defensa propia.

Esa filosofía me llevó a conductas que nunca formaron parte de mi forma de ser, de mis raíces como persona. Fue un tremendo fracaso, puesto que fui incapaz de hacer daño, de cruzar la línea roja del mal, y en cambio el sentimiento de culpa, el remordimiento, me llevó a transformarme en la víctima más fácil de “cazar”, la que sale al camino y se arroja en brazos del cazador, para que la degüelle. No fue hasta encontrar el camino del guerrero impecable que pude armonizar extremos tan distantes y tan autodestructivos.  Un guerrero impecable no va por ahí, con el espadón en alto, intentando cortar cabezas de enemigos antes de que se la corten a él, un concepto de guerra que siempre me repugnó. Incluso las guerras defensivas me parecen atroces, no digamos las guerras por intereses egoístas, materialistas, buscando el poder material y no el espiritual. Un guerrero lucha consigo mismo para no caer en la tentación de pensar que solo puede sobrevivir trepando sobre el montón de cabezas que deja a su paso. Un guerrero impecable es humilde, acepta el misterio de la vida y asume que solo le es permitido hacer lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo, el resto no está en su mano y por eso no se preocupa de ello.

El concepto de guerrero tuvo pleno sentido para mí, aunque me repugnara el concepto de guerra en sí mismo. Pero eso de ser un “cazador” era otra cosa. Amo a los animales desde niño y más ahora que tengo mascotas, nunca me entró en la cabeza convertirme en cazador y matar animales, ni siquiera en casos de supervivencia. Por eso tuve que esperar un tiempo para que ese concepto chamánico fuera rumiado y asimilado lentamente. Es cierto que no se trata de cazar animales, ni mucho menos cazar personas en la selva social en la que nos ha tocado vivir. Se trata de “cazar poder personal”. Un concepto muy profundo que veremos en este diccionario más adelante y también en la serie de Las enseñanzas de don Juan. Aquí me limitaré a dar una breve noción.

El concepto chamánico de poder poco o nada tiene que ver con el concepto que conocemos en nuestra sociedad. Uno puede tener poder económico cuando la acumulación de riquezas le permite hacer cosas que no pueden hacer los demás. Uno tiene poder político cuando su posición en la jerarquía social y en las estructuras de poder político le permiten tener la sartén por el mango y “freír” al resto dónde y cómo quiere. Uno tiene poder social por la utilización de algunas de sus cualidades, pude jugar muy bien al futbol y ganar mucho dinero, ser famoso, tener ascendente social, o puede ser un gran actor o escritor, o lo que sea y tener un puesto, una jerarquía en nuestra sociedad. No se trata de ese poder, es un poder material, físico, que no está en lo que uno es sino en lo que uno “tiene”. Y aquí está la gran diferencia con el “poder” chamánico. El poder personal no se consigue adquiriendo cosas que luego te permiten adquirir más cosas o “comprar” personas o estructuras sociales, el poder personal se consigue cuando el guerrero alcanza la totalidad de sí mismo, a través del desapego, perdiendo la importancia personal, logrando la fuerza diamantina inquebrantable de la impecabilidad. Es un poder personal que está en sí mismo y no en lo que tiene, por lo tanto es un poder que permanece, que está siempre a su disposición, que no depende del tiempo ni de las circunstancias.

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Como veremos en su momento “el poder”, en general, de que habla don Juan y su filosofía chamánica también tiene que ver con todo el universo nagual, con los aliados, con las fuerzas poderosas que controlan y dirigen el universo. Un guerrero tiene poder porque su impecabilidad le permite afrontar esas fuerzas y atraerlas hacia él y servirse de ellas. No se trata del concepto occidental de “suerte”. Hay quienes tienen suerte, les toca la lotería, salen bien de los problemas, todo parece ser un camino de rosas para ellos. No, suponiendo que existan personas así, que tengan suerte del principio al final, de pé a pá, sin que la tragedia caiga nunca sobre sus hombres, no serían guerreros con poder personal, sería un concepto matemático y estadístico muy complejo y aleatorio.

La lucha por el poder, otro concepto que veremos en su momento, tiene mucho que ver con el concepto de cazador y de presa que tratamos ahora. El guerrero se convierte en cazador cuando así lo exigen las circunstancias. No intenta cazar animales sino “poder”.  La metáfora del cazador y de la presa está muy bien traída por don Juan en esta filosofía chamánica porque lo que hace el guerrero para obtener poder tiene mucho que ver con lo que hace el cazador para conseguir una presa. El concepto de cazador tiene también mucho que ver con el arte de acechar, aunque no sean exactamente lo mismo. Los guerreros son ensoñadores y acechadores, pero incluso un guerrero ensoñador debe aprender también el arte de acechar y saber usarlo con destreza y astucia cuando sea necesario.

El cazador chamánico no lleva una escopeta y se embosca para disparar y matar un animal. “Un cazador de poder vigila todo y cada cosa le dice su secreto”. Tampoco se trata exactamente de “cazar” conocimiento, el poder es otra cosa, aunque también es conocimiento. Un guerrero-cazador vigila todo lo que sucede a su alrededor, está atento, concentrado, es observador, es intenso. Nada más lejos de este concepto que la persona que teme todo y se refugia en su bunker, que huye y se fuga constantemente de todo aquello que puede hacerle daño. Nada más lejos del guerrero-cazador que el enfermo mental que está siempre disperso, que no observa lo que sucede en su entorno, que no se concentra en nada, que no pone intensidad en nada. El intento chamánico, como veremos en su momento en este diccionario, es la quintaesencia y la sublimación de la voluntad. Un enfermo mental es lo opuesto a un guerrero impecable, porque carece de la más mínima voluntad, es incapaz de utilizar el intento en algún momento de su vida.

Conseguir “el secreto” de las cosas, de las personas, del universo, de todo, es la tarea del guerrero, del cazador, aunque sabe muy bien que nunca logrará desentrañar ese misterio. Para obtener su “presa” el cazador tiene que tener determinadas cualidades y seguir un plan o estrategia, que curiosamente es la falta total de plan. “No hay plan cuando se trata de cazar poder. Cazar poder o cazar animales es lo mismo. Un cazador caza lo que se le presente. Así que debe de estar siempre preparado”. El cazador chamánico sabe que “su presa”, el poder, puede aparecer en cualquier momento y en cualquier lugar, por eso está siempre atento y caza lo que se le presente, aunque parezca nimio, aunque sea una simple hormiguita. Cuando se trata de obtener poder nada es bastante pequeño para despreciarlo. Esa pizca de poder que despreciamos hoy, porque nos parece una tontería, nos puede salvar mañana, incluso de la muerte. Esa voluntad adquirida hoy haciendo algo que parece carecer de importancia, nos puede salvar mañana, cuando necesitemos hacer acopio de toda nuestra voluntad para sobrevivir.

“Ser cazador significa que uno conoce mucho. Significa que uno puede ver el mundo en formas distintas. Para ser cazador hay que estar en perfecto equilibrio con todo lo demás, de lo contrario la caza sería una faena sin sentido”. No puedes ser cazador si eres un ignorante, si desconoces los caminos, si nunca te has adentrado en el bosque, si no conoces las plantas comestibles y las venenosas, si no has dormido en la oscuridad, sobre el suelo del bosque, si nunca has estado solo, recorriendo los caminos, acechando el poder que se esconde detrás de cada tronco.  Un cazador conoce mucho, conoce lo bueno y lo malo, conoce a sus semejantes, sabe de las trampas y triquiñuelas que nos tiende la vida. Se ha pasado la vida atento a todo y por eso conoce mucho. Ver el mundo en formas distintas significa que nunca desecha una perspectiva, ni la más tonta, significa que nunca se burla de cualquier otro ser humano, por muy tontas que la parezcan sus ideas. Puede aprender de todo y de todos y por eso nunca desprecia nada. Hay que estar en perfecto equilibrio con todo, la caza no tiene sentido, al menos la caza de poder, si uno no está vinculado con todo lo que existe, si no acepta su papel, nímio, en la realidad, en la vida, si no sabe situar cada cosa en su lugar. La armonía del cazador es la armonía del guerrero, se identifica con todo, cosas, animales y personas, por esto tiene una enorme capacidad de empatía, por eso nada le sorprende. No se opone al bosque que recorre, lo conoce y lo quiere.

“”Los cazadores tienen que ser individuos excepcionalmente agudos. El cazador deja muy pocas cosas al azar. He estado tratando de convencerte  de que debes aprender a vivir en forma distinta. Hasta ahora no he podido. No había nada de lo que pudiera agarrarte. Ahora es diferente. He hecho volver tu viejo espíritu cazador, a lo mejor cambias a través de él”. Un cazador no deja nada al azar, no confía en que las fuerzas poderosas se lo den todo servido y comido. Como guerrero sabe que tiene que hacer lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo. No vive esperando que mamá vida, como mamá águila, le traiga la presa a la boca, ya digerida. El sabe que un cazador nunca obtendrá una presa si se tumba bajo un árbol, bebe de su bota de vino y se come su merienda para luego echarse la siesta. Este es un pésimo cazador, el que todo lo espera del azar o de las fuerzas poderosas, para algunos creyentes, de Dios ( A Dios rogando y con el mazo dando). Por eso los enfermos mentales somos también pésimos cazadores, lo mismo que la antítesis del guerrero. Estamos convencidos de que la vida, de que Dios, de que la compasión de los demás, nos van a solucionar todos nuestros problemas. Nos hemos convencido de que nuestro terrible sufrimiento nos ha hecho obtener monedas con la que podemos comprarlo todo. Es un engaño gigantesco y demoledor. Por eso los enfermos mentales somos las víctimas propiciatorias de todo y de todos, en cualquier circunstancia y ante cualquier persona. “Todos nosotros nos portamos como la presa que perseguimos. Eso por supuesto nos hace ser la presa de algún otro. Ahora bien el propósito de un cazador que conoce todo está en dejar de ser él mismo una presa”.“Una vez que se convierte en presa le quedan dos cursos de acción. O corre o se planta”.“Un cazador, en cambio, cuando se adentra en el monte nunca se mete a ninguna parte sin fijar sus puntos de protección, por tanto se pone de inmediato a cubierto.”. Todos nos comportamos como la presa que perseguimos y de esta manera nos convertimos en presas, muy cierto, pero el enfermo mental es aún peor, porque no solo se comporta como presa sino que adopta como suya propia, como un dogma inmutable, que convertirse en presa es lo mejor, la solución a todos sus problemas, la solución a todos los problemas de la humanidad. No me he encontrado con un solo enfermo mental que no tenga la filosofía de la presa, de la víctima, como si creyera que Dios le va a dar el paraíso si sufre lo suficiente, si deja que los demás le hagan suficiente daño. Pero como esto no puede durar, al final intenta convertirse de pronto en cazador, sin previo aviso, y dispara a todo aquel que se le ponga delante. Es como si un cazador se hubiera dejado rodear por todas sus supuestas presas, que se aproximan para matarlo, para devorarlo, y encendido en santa cólera disparará su escopeta, con tan mala suerte que acaba matando a otro compasivo cazador que viene a echarle una mano. Los enfermos mentales somos únicos para hacer daño a las únicas personas que nos quieren y que intentan ayudarnos. Como somos únicos para transformarnos en el peor discípulo de un nagual, de un maestro, en los peores seguidores del camino del conocimiento, del camino del guerrero impecable, los peores cazadores del mundo. El enfermo mental es lo opuesto a un guerrero, un nagual, un maestro, un cazador, es el que lo tiene más difícil en estos caminos, pero tiene una gran ventaja sobre el resto, sabe muy bien lo que es ser una presa, porque lo ha sido toda su vida, le bastaría con decidirse a convertirse en cazador, en guerrero, para que todo ese conocimiento de presa, de víctima, se transformase en el conocimiento del cazador. Se podría decir que no habría mejor cazador de conejos que aquel conejo que tras salir vivo de múltiples cacerías lograra convertirse él en cazador, un cazador-conejo, con la correspondiente escopeta. Se sabría todos los trucos. ¡Vaya si se los sabría todos!

CONTINUARÁ.

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