TÉCNICAS ROSACRUCES PARA EL VIVIR COTIDIANO IV

15 07 2017

TÉCNICAS ROSACRUCES PARA EL VIVIR COTIDIANO IV

Torre babel

EL PROPÓSITO DE LA VIDA

Mi etapa como rosacruz, como “frater”, ocupó casi una década durante mi juventud. Aún conservo todas las monografías que voy releyendo de vez en cuando y conservo todos los folletos que me enviaron con el sello de “Consejo internacional de investigaciones universidad Rose-Croix”, en el que diferentes doctores, especializados en distintas disciplinas, todos rosacruces, nos daban pequeños pero profundos esquemas para afrontar cualquier problema en la vida. Al final de estos pequeños folletos se enumeraban de forma muy concreta diferentes puntos de reflexión. También conservo folletos un poco más largos con el título de Técnicas prácticas para el vivir cotidiano, que es el título que he adoptado para esta serie de textos en los que, basándome en estos folletos, comento de forma personal cómo veo yo los problemas a los que todos nos enfrentamos en la vida y qué estrategias se pueden utilizar para afrontarlos. No me limito a los consejos rosacruces, creo que la filosofía del guerrero impecable de Castaneda y cualquier otra filosofía que pueda orientarnos y ayudarnos, debe ser bien recibida, como el yoga mental, el budismo, el zen o cualquier corriente esotérica debidamente aquilatada. No estoy tratando los folletos largos porque de alguna manera ya los he utilizado en algunas de las técnicas mentales que he subido al blog, tal como la creación mental, que titulé “El arte de la creación mental”. Me quedan aún algunos temas, especialmente La imaginación, un tema apasionante y para mí especialmente querido como escritor, que desarrollaré en su momento en varios textos.

Hoy voy a tratar el folleto titulado El propósito de la vida, por el Dr. Alberto I. LaCava, FRC, que significa frater rosacruz. Mucho me temo que la raíz de muchos dramas y tragedias de la vida, de muchos problemas que las personas que lo padecen son incapaces de resolver, se deben en gran parte a la falta de un propósito en la vida. Me voy a permitir citar literalmente el primer párrafo del folleto, porque eso va a situar el tema y me va a permitir profundizar en muchos detalles importantes.

“¿Por qué nos es tan importante definir cuál es el propósito de nuestra propia vida? Tener un propósito nos da una orientación durante las tormentas de la vida, en los momentos de crisis y cuando la base de nuestra vida material se estremece debido a acontecimientos que nos afectan emocionalmente. Un propósito nos acerca en forma gradual a realizar nuestros ideales, aumentando así nuestro amor propio. Un propósito nos motiva, nos orienta cuando despertamos por la mañana. La cosa más importante acerca de tener nuestro propio propósito en la vida es que se despiertan los poderes creativos de nuestra mente y esto nos ayuda a avanzar hacia la consecución de nuestros más ansiados ideales”.

Creo que el tema no se puede situar mejor que lo ha hecho el frater autor de este folleto. En efecto el ser humano está hecho de tal manera que la falta de un propósito en su vida lo anula totalmente. Se cuenta que una de las torturas más terribles a que sometían los nazis en los campos de concentración a los allí recluidos era la de obligarlos a cavar sus propias tumbas, y luego, cuando terminaban, tenían que rellenarlas de nuevo, entre las risas de sus verdugos. Por desgracia hay personas que llegan a plantearse así sus vidas. Según ellos nacemos sin haberlo escogido líbremente, nos lanzan a este “valle de lágrimas” con el único propósito de sufrir y luego nos hacen morir, cuando nuestros controladores así lo deciden. Semejante forma de pensar no se diferencia gran cosa de la tortura nazi. Nos hacen conscientes de estar vivos, nos dan un pico y una pala para cavar nuestra propia tumba y tras este duro y angustioso trabajo, en cualquier momento nos pueden poner la pistola en la sien, apretar el gatillo y ya estamos muertos, eso es todo.

Con semejante propósito en la vida, o más bien despropósito, no es de extrañar que haya tantas personas que se quejen de estar vivos, de la desgracia que para ellos supone estar vivos (entre ellos debo mencionar con gran tristeza a mis hermanos, los enfermos mentales) y que sufran tanto que da pena verlos. Al final todas estas personas son carne de cañón de la enfermedad mental. En la carrera de la vida no se puede juntar la salida con la meta, con la llegada, no se puede unir el nacimiento a la muerte. Si nuestro propósito en la vida es únicamente el de morir y morir cuanto antes, para sufrir lo menos posible, no podemos extrañarnos de que nuestras vidas se conviertan en un infierno, de que no cesemos de sufrir todos y cada uno de los instantes de nuestras atormentadas vidas.

De alguna manera el enfermo mental vive así, achacando todo lo que le sucede a su enfermedad mental, que él no ha elegido, que le ha sido impuesta por el destino y que marca cada instante de su vida. Si está triste es porque su enfermedad le obliga a estar triste, si no deja de pensar en la muerte, como la única solución razonable a tanto sufrimiento, es porque alguno de sus genes fueron torcidos desde el nacimiento, porque sufre un grave desequilibrio en la química cerebral, le falta dopamina, le sobra adranalina, etc etc. Una vez que ha asumido que ha nacido forzado, que ese acontecimiento no lo ha decidido él libremente, una vez que asume sin más, sin reflexión, sin criterio, sin filtro, que el destino le ha marcado con la enfermedad mental para hacerle sufrir, como los verdugos nazis hacían con los internados en los campos de concentración; una vez que acepta que no puede hacer nada para evitarlo, que los culpables son otros, las entidades invisibles que le forzaron a nacer, los verdugos que les han internado en campos de concentración y les han obligado a cavar sus propias tumbas; una vez que su único propósito en la vida es acortar ésta todo lo posible, ya queda muy poco por hacer. Salvo que el compasivo destino nos haga morir pronto, rápido y sin dolor, estamos en el infierno y no sabemos cuándo vamos a salir de él.

La persona con enfermedad mental no suele plantearse que buena parte de lo que le sucede se debe a una falta de propósito en la vida. Piensan que tal vez lo tuvieran antes, cuando se consideraban “normales” y de alguna manera parecía que a su alrededor los demás también los consideraban así. Pero una vez diagnosticados cualquier propósito, por pequeño que fuera, desaparece. De pronto se encuentran vivos y sin saber qué hacer con sus vidas, no saben qué buscar, hacia dónde dirigirse, qué objetivos pueden marcarse, puesto que han asumido, sin más, que la enfermedad es crónica, incurable, que les impide trabajar, que les impide formar una familia, que les impide hacer casi todo lo que hacen los demás.

camino

_Como bien dice el autor del folleto, en el segundo párrafo, no hay que confundir propósito con meta. No debemos aplicar definiciones que limiten el desarrollo de nuestras vidas. Si nos planteamos una meta y por suerte la alcanzamos pronto, nos quedaríamos sin propósito en la vida, a no ser que elijamos otra meta más difícil que tal vez nunca alcanzaremos, lo que nos hará sentirnos muy frustrados. Las metas son temporales, son peldaños en la escalera del desarrollo hacia el propósito de la vida. Nuestro propósito no debe depender del actual periodo de nuestra vida, sino que debe conducirnos a crecer más allá de las limitaciones de nuestra existencia material presente, como bien dice el autor del folleto y esto es muy importante puesto que de pronto estamos descartando las cosas materiales del propósito de nuestras vidas y nos estamos lanzando, una vez cruzada la línea de la espiritualidad, hacia horizontes lejanos e infinitos.

La mayoría de las personas, no solo las que padecemos enfermedad mental, pecan de falta de propósito en sus vidas o de creer que pequeñas y mezquinas metas, como el dinero, conservar una familia tradicional o formar una nueva a la que intentan dotar de todas las cosas materiales posibles, una buena vivienda, un buen coche, un estatus económico que les permita dar los mejores estudios a los hijos, una vida tranquila y feliz, de acuerdo a su paupérrimo concepto de felicidad. Confunden propósito con meta y meta con logros materiales. Incluso hay personas que creen haber superado esta fase de pobreza en las metas cuando tiñen éstas con el brillante color blanco de supuesta pureza de metas supuestamente generosas, tales como hacerse científico para librar a la especie humana de enfermedades, lograr un cada vez más alto estado de bienestar, cuidar de los demás como si fueran pollitos indefensos que nunca saldrán del nido, que nunca volarán por sí mismos.

En general se acepta, con dolor y con frustración, eso sí,  el no alcanzar metas materiales, o el que una vez alcanzadas, se pierdan porque la vida es así, frágil y tornadiza. Se pierde la casa, el coche, el estatus económico, alcanzado con tanto trabajo, y de alguna manera, aunque con desesperación, se acepta que esas metas se han perdido porque han sido demasiado egoístas, materialistas, tal vez se lo hayan merecido por no pensar en los demás. Lo que resulta mucho más complicado de aceptar es que las metas “purificadas” por el deseo generoso de ayudar a los demás, se pierdan. Tanto trabajo, tanto sufrimiento, tanto tiempo dedicado a ayudar a alguien y éste nos dice que no desea nuestra ayuda, que en realidad lo que se ha hecho por él le ha perjudicado más que ayudado. Los genios que han inventado todo tipo de artilugios para hacer más placentera la vida de la humanidad, que han renunciado a sus patentes porque sus metas son más elevadas que hacerse ricos, famosos y poderosos, se sienten desesperados cuando observan que el avance material que han conseguido para la humanidad es frustrante. La energía nuclear que permitiría el sostenimiento de un crecimiento económico y social casi sin límites, se rebela como un cuchillo de doble filo que hemos clavado en la barriga de la humanidad. Incluso aún peor, se utiliza para la destrucción, para el sometimiento de otros seres humanos a través de bombas atómicas, de misiles de largo alcance. Quienes han dedicado su vida a librar a una población del dictador de turno luego se desesperan cuando advierten que esa población, líbremente, decide regresar al sometimiento y esclavitud, escogiendo como a sus líderes a nuevos tiranos. Quienes han dedicado su vida al servicio de los demás luego pueden observar que no reciben agradecimiento, ni una pizca del cariño que andaban buscando.

Purificar y elevar las metas, renunciando a las simples metas materiales, no nos hace tener un propósito en la vida. Siguen siendo metas, escalones, y cuando alguien que sube una escalera, escalón tras escalón, se detiene de pronto porque encuentra un obstáculo o porque considera que su meta era ascender hasta el escalón número cien y no más allá, de pronto se encuentra con la terrible frustración de haber perdido todo propósito, de haber perdido el tiempo, de que la vida que llevó no merecía la pena y la vida que se le ofrece, nuevos escalones, tampoco merece la pena. Como bien dice el autor del folleto “nuestro propósito no debe depender del actual periodo de nuestra vida, sino que debe conducirnos a crecer más allá delas limitaciones de nuestra existencia material presente”.

No puedo estar más de acuerdo con él. Aquí entramos ya definitivamente en el propósito espiritual de una vida. Hay muchas personas que confunden espiritualidad con el servilismo a una religión dogmática, como si solo se pudiera ser espiritual aceptando dogmas, en su mayoría irracionales, como si creer en lo invisible fuera renunciar a la lógica y a la razón. Muchos están convencidos de que asumir la espiritualidad es asumir la irracionalidad más absoluta, poner su mente y todo su ser en las torpes manos de ciegos sirvientes del dogma. Muchos creen que aceptar la espiritualidad es entregarse a falsos profetas que dicen haber recibido la palabra de Dios porque ellos eran más puros que los demás y porque Dios, un dios a menudo irracional y caprichoso, los ha escogido precisamente a ellos, por muy torpones que sean.

Este equivocado concepto de la espiritualidad les obliga a renunciar a todo lo que no sea material y entonces les queda muy poco. Saben muy bien que el egoísmo más atroz, acaparar bienes materiales, aunque para ello tengamos que dejar en pelota picada al resto de la humanidad, que buscar metas materiales como el dinero, la fama, el poder, que limitarse a esta vida y a este tiempo que les ha sido concedido, ¡vaya usted a saber por quién!, es muy frustrante y no conduce a parte alguna. Las buenas personas que han caído en la trampa de despreciar todo lo espiritual por un equivocado concepto de lo que es espiritual, acaban buscando algo que les permita superar el vacío de lo material, y así se dedican generosamente a intentar ayudar a los demás, sin apercibirse de lo contradictorio que resulta creer que todo es material y perecedero y dedicar sus vidas a hacer que las de otros sean todo lo felices que se pueda y no a las suyas. Si todo es material y perecedero, si todos morimos, el dedicarnos en cuerpo y alma a los demás no tiene mucho sentido, puesto que todos vamos a morir y ahí se acaba todo, ¿por qué no tratar de ser nosotros lo más felices que podamos? ¿Acaso sacrificarse por los demás tiene algún sentido cuando no se tiene un concepto espiritual de la vida?

Esta es una contradicción que acaban pagando esas buenas personas que intentan seguir siéndolo aunque no crean en nada que no sea material, que no puedan ver y palpar. Como también acaban pagando quienes se dedican en cuerpo y alma a alcanzar sus metas, sin un propósito de la vida. Las van alcanzando, van subiendo escalón tras escalón, y de pronto se encuentran con que ya no tiene sentido seguir subiendo. Querían un buen trabajo, lo tienen, ahora han conseguido una buena jubilación para hacer todo lo que no tuvieron tiempo de hacer. Querían una pareja hermosa, con grandes cualidades humanas, y la han tenido, pero ahora son conscientes de que el tiempo ha desgastado esa hermosura y que las grandes cualidades humanas que habían creído ver no eran tan grandes o ni siquiera eran cualidades. Querían una familia unida, que disfrutara de la sociedad del bienestar. Y la han tenido, pero sin saber por qué los hijos se han marchado del nido, algunos se decidan a conseguir metas parecidas a las suyas, otros se han torcido y quieren llegar a la cumbre pisando cabezas…Todo es frustración. Vanidad de vanidades y todo es vanidad, como dijo el sabio Salomón. Hemos confundido las metas, los escalones, con el propósito de la vida. Subimos por la torre de Babél, escalón, tras escalón, intentando tocar el cielo, sin darnos cuenta de que el cielo es muy ligero, de que por el camino hay que desprenderse de todo lo que pesa, de que al cielo solo van las almas y éstas pesan muy poco, son pesadas por el dios egipcio correspondiente en la balanza, y si pesan más que una pluma son desechadas para acceder al cielo. El desapego tiene ese profundo sentido.

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De nuevo hay que volver al propósito de la vida como un propósito espiritual, no puede haber otro. Hay quienes se asombran de ver a quienes han alcanzado las metas materiales tan frustrados, tan deprimidos, a veces tan enfermos mentales, y a menudo tan malvados, como si conseguir esas metas les hubiera hecho peor personas de lo que eran antes. Muchos se asombran de ver a depresivos, a enfermos mentales, que al parecer lo tienen todo y ningún motivo para estar tan deprimidos. Tienen dinero, llevan una vida tranquila y cómoda, tienen una familia muy agradable, han conseguido grandes metas en la vida… y sin embargo, sin embargo no tenían propósito en la vida, y ahora lo saben, cuando han alcanzado muchas de las metas que se habían propuesto. La meta no es propósito y sin propósito en la vida todo es frustrante, todo es vacío.

Y aquí me desvío un poco del folleto rosacruz para introducir la filosofía del guerrero impecable. Se podría decir que el guerrero ha renunciado a todas las metas, ha buscado y alcanzado el desapego como parte esencial de su naturaleza de guerrero, no quiere nada y así no está apegado a nada. ¿Y su propósito? Como le dice don Juan a Castaneda el único propósito del guerrero, o la única meta, si se prefiere llamarla así es LA LIBERTAD. Un guerrero no busca otra cosa que ser libre, y no puede serlo si lucha por el dinero, la fama, el poder, si quiere todos los placeres de la vida, si cada día busca algo y como no lo encuentra, se frustra, o si lo encuentra, se frustra porque no le ha llenado. El propósito de la vida del guerrero es la libertad y este es un propósito espiritual, puesto que nada material puede hacernos realmente libres.

Todo esto no quiere decir que la persona espiritual no viva en la materia y no disfrute de la materia, renunciar a todo, alcanzar el desapego, no supone destruirnos, matarnos, renunciar a la vida, como deseamos muchas personas con enfermedad mental, como guerreros impecables seguimos teniendo que hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo, y si vivimos en la materia no podemos pasarnos la vida volando a la busca de horizontes lejanos, hay que comer, dormir, hay que sentir placer cuando hay que sentirlo, pero todo ello como si fuera fugaz, que lo es, como si fuera frágil, que lo es y mucho, como si se nos fuera a arrebatar mañana, que a veces ni siquiera llegamos al mañana. Pero el propósito, que no las metas, nos permite afrontar todo en la vida, el guerrero busca libertad, las personas espirituales buscan desarrollar su espiritualidad, ascendiendo hacia el cielo cada vez con menos peso.

Como dice el autor del folleto ” El propósito de su vida puede impedir su desarrollo si usted tiene un concepto negativo sobre usted mismo. Alguna gente empieza con la suposición de que es “mala” y tiene que llegar a ser “buena”. Aún más radicales son aquellas personas que desean ser “perfectas… Desde el punto de vista rosacruz, cada individuo es ya un alma perfecta. Esencialmente somos el Maestro Interno, somos nuestro verdadero Ser y nuestro objetivo es dejar que ese Ser manifieste su perfección y maestría en todo momento”

Entroncando con el budismo, somos Dios, en nosotros hay una chispa divina, solo Maya, el velo que lo cubre todo, nos hace creer que debemos luchar para conseguirlo todo, cuando ya somos parte de Todo, cuando ya somos el Todo. El propósito de la vida, de una forma u otra, debe ser aspirar a la máxima consciencia de lo que somos, no puede haber otro. Si no existe ese propósito luego nos quejaremos de lo que no hemos conseguido, de que la vida es breve, de que otros han tenido más suerte que nosotros y se lo merecían menos, porque eran peores, de que por mucho que hayamos logrado nos sentimos frustrados porque no era todo lo que queríamos, porque nos sentimos vacíos, porque todo es fugaz y hemos perdido lo que habíamos logrado. El propósito de la vida no puede ser otro que la plena consciencia de nosotros mismos, todo lo demás son metas, escalones, que vamos subiendo y conforme llegamos a uno es porque hemos dejado otro. Cuando no se tiene propósito en la vida llega la frustración, la depresión, la enfermedad mental, la maldad, la desesperación de quien se cree en el fondo del abismo, sin darse cuenta de que no existen abismos y no estamos en parte alguna, solo hay un punto de referencia, nuestra consciencia que se expandirá hasta fundirse con todas las consciencias existentes y por existir.

Espiritus

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2 responses

2 08 2017
AINHOA VIDAL

Este post me llega en el momento adecuado. Era lo que necesitaba leer, gracias! Ha sido una inspiración, gracias de corazón…

2 08 2017
Slictik

Gracias a ti. Como dice Milarepa la vida es una escuela de espiritualidad donde venimos a aprender lecciones espirituales, no a otra cosa. Conseguir meta tras meta en la vida no nos da la felicidad, solo conduce a la frustración. El propósito de la vida siempre tiene que ser espiritual, venimos a aprender lecciones y eso es todo, eso nos da una gran ecuanimidad frente a todo lo que nos ocurra, porque sabemos que todo es frágil y fugaz, todo es temporal, todo acaba desapareciendo antes o después, solo saber que la muerte no es el fin de todo y que la vida, haya ocurrido lo que haya ocurrido, siempre tendrá un propósito si aprendemos las lecciones espirituales que hemos venido a aprender, nos permitirá ser ecuánimes, ser impecables, ser felices. Un abrazo.

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