LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS IX

28 07 2017

LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS IX

LEY TRES CÍRCULOS

 

LA CONVIVENCIA DE PAREJA

 

La base de la atracción que sentimos hacia el otro está en su condición de parte del Todo, como partes del Todo no podemos evitar sentir su infinita atracción y la atracción finita que sentimos hacia los demás como partículas del Todo y la atracción también infinita que sentimos hacia ellos en cuanto captamos su condición, su profunda naturaleza del Todo que está en cada parte, lo mismo que en el Todo están todas y cada una de las partes. Esta es la base de todas las leyes cósmicas que rigen el funcionamiento del universo y de todo lo que habita en él, de todo el mundo invisible, de todo lo que existe o existirá en algún momento del tiempo. El amor que mueve el sol y las estrellas que dijo Dante. Las leyes cósmicas, desde las más elementales hasta las más sutiles, las leyes espirituales, desde las más elevadas a las menos, se rigen por esta atracción básica que la parte siente hacia el Todo. El amor ha creado todo lo que existe, porque sin amor nunca pasamos de imaginar a crear. Solo cuando amamos intensamente nuestra voluntad nos impulsa a dejar de recrearnos con fantasías y buscamos la forma de hacer existir aquello que amamos, para que podamos amarlo “realmente” y para que aquello que amamos nos ame a su vez. Solo el infinito amor de Dios pudo hacernos salir de la nada para convertirnos en su fantasía y luego, en un acto de amor misterioso en algo existente. Dotarnos de existencia es la evidencia del amor de Dios.

La ley de la gravedad se basa en el interés que siente algo existente por otro existente, un planeta atrae a otro, un planeta grande atrae con más fuerza a un planeta pequeño, un sol atrae a muchos planetas, una galaxia atrae a otra galaxia. El interés se convierte en seducción y la seducción en atracción. Todo tiende a atraer a todo y cuando no puede transformarlo en su propia naturaleza lo rechaza.  El universo se rige por las leyes de la atracción, toda partícula quiere regresar a su estado primigenio formando parte del Todo. Pero cuando esto no es posible por alguna causa o se demora en demasía, la ley de la repulsión se activa. La atracción solo tiene un sentido,  que algo a lo que estamos atrayendo forme parte de nuestra naturaleza circular de partículas, atraemos al primer círculo como paso ineludible a la fusión. Cuando este camino se interrumpe caemos bajo la ley de la repulsión, expulsamos de nuestro primer círculo para que otros puedan tener su lugar y quienes forman parte espacial de ese círculo sin estar sometidos a sus leyes son expulsados para que no ocupen un lugar en vano.  Si la ley de la atracción es básica y primordial en las leyes cósmicas, la ley de la repulsión solo tiene un sentido instrumental y subordinado.  Las leyes cósmicas prioritarias son aquellas que nacen de la naturaleza esencial del Todo. Una partícula forma parte del Todo o su único camino posible es el de la aniquilación, o estamos en el Todo o estamos en la Nada, no hay término intermedio posible.  El largo camino evolutivo del ser humano, como dotado de consciencia, es darse cuenta de esta verdad y elegir y solo hay dos posibilidades, solo dos, no nos engañemos.

Así pues cuando nos sometemos a las leyes cósmicas prioritarias y básicas entramos en el camino de regreso al Todo y cuando utilizamos las leyes secundarias e instrumentales, como la repulsión, entramos en el camino hacia la disgregación y la Nada, puesto que la existencia solo es posible en el Todo y cuando nos disgregamos de él caminos hacia la Nada. Todo esto viene a cuento porque todo en el universo funciona de esta manera y la pareja no es una excepción. El periodo de seducción y enamoramiento se basa en la atracción que sentimos hacia el otro, como partícula en la que está el Todo. Para evitar que entre en funcionamiento la ley cósmica instrumental de la repulsión, tenemos que ver en el otro lo que éste tiene de Todo, porque de otra manera sentiremos repulsión hacia él, como trampolín hacia la disgregación y la Nada.  De ahí la manida frase de que enamorarse es volverse ciego, de que el amor es ciego, etc etc. Ante la dificultad de ver en el otro la naturaleza del Todo, intentamos anular sus defectos, es decir lo que le separa del Todo, y para ello nos volvemos ciegos, vemos solo su belleza, sus cualidades, y renunciamos a ver su fealdad y sus defectos.

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Pero una vez que se formaliza la relación de pareja y se inicia la convivencia, la ceguera no puede durar, poco a poco vamos abriendo los ojos e intentando adaptarnos a la individualidad del otro, que es lo mismo que decir a sus limitaciones. Es entonces cuando somos conscientes de la importancia del punto cardinal al que nos dirigimos. Si queremos ir juntos, del brazo, tenemos que seguir una dirección común o la terrible fuerza de la repulsión y disgregación nos lanzará lejos al uno del otro. Es entonces cuando seremos conscientes de que, aunque en el fondo todos seguimos el mismo camino hacia el Todo, que nos atrae con fuerza infinita, cuando nos movemos en un espacio-temporal es preciso llegar a un acuerdo sobre el punto cardinal hacia el que deseamos dirigirnos. Esto es esencial en la pareja. Si uno quiere ir hacia el norte y el otro hacia el sur se darán la espalda y como sabemos los culos no se miran ni dialogan, cada paso que de cada uno le alejará más del otro, y esto es ley natural y básica, si uno camina hacia el norte y el otro hacia el sur, cada paso que den les alejará, dejarán de verse y sentirse puesto que la mirada de cada uno estará dirigida hacia direcciones opuestas. En este caso solo queda que uno o los dos renuncien a sus respectivos puntos cardinales y busquen otro en común. Lo mejor, sin duda, es que ambos renuncien y se pongan de acuerdo en un punto intermedio, porque si renuncia solo uno, el otro, lo quiera o no, sentirá siempre que ha perdido más que el otro, que ha renunciado a más cosas que el otro, y esto irá socavando la relación.

Hemos visto que no se puede caminar en pareja si uno se dirige al norte y el otro al sur. Pero sí sería posible si ambos se sitúan en puntos intermedios, renunciando y siendo flexibles.  Si en lugar de dirigirme al norte me dirijo al noreste o al noroeste y si el otro en lugar de dirigirse al sur se dirige hacia el sureste o suroeste siempre podrán encontrar puntos de aproximación. Al final resultará que ninguno de los dos se dirige ya al punto cardinal elegido, norte o sur, sino a un punto intermedio, este u oeste, sin que ello les obligue a renunciar de forma absoluta a sus puntos de partida, puesto que una vez situados en puntos intermedios, este u oeste, sus pasos pueden encaminarse, de mutuo acuerdo por caminos paralelos, así  podrán seguir caminando hacia el este o el oeste, sin que los desvíos hacia el norte o el sur sean llamativos, drásticos e incompatibles. Digamos que podemos desviarnos, bien hacia un punto intermedio o hacia el otro, digamos que podemos dar alguna vuelta, sin que la relación sufra hasta el deterioro definitivo, más cuando con el tiempo nos iremos dando cuenta de que estamos en una esfera y de que caminemos hacia donde caminemos siempre regresaremos al punto de partida, el círculo perfecto. Pero eso ya requiere una sabiduría que la pareja solo logrará alcanzar cuando su nivel de espiritualidad sea muy elevado.

Mientras tanto la vida y el camino en el mundo material deberá pactarse, se quiera o no. Puede haber grandes acuerdos en las cosas más elementales: vivimos en una sociedad donde  el dinero es esencial para sobrevivir, lo necesitamos para sobrevivir nosotros y nuestros hijos. Cierto el acuerdo es básico, pero luego vienen los matices, no es lo mismo ir hacia el norte-norte, que hacia el noreste o noroeste, los caminos son ligeramente distintos y los pasos a dar no van exactamente en la misma dirección. Y así ocurre con todo lo demás.  Yo quiero hijos, norte, yo no quiero hijos, sur, como sabemos esto es irreconciliable, habrá que buscar puntos cardinales intermedios, yo renuncio a tener hijos ahora, norte, y a cambio tú renuncias a no tener hijos, sur, y nos quedamos en puntos intermedios, tendremos hijos, pero no ahora.  Yo quiero este trabajo, norte, tú quieres este otro, sur. No pensamos renunciar a ello puesto que son vocacionales.  De nuevo nos encontramos en la imposibilidad de caminar juntos, uno hacia el norte y el otro hacia el sur. Tiene que haber necesariamente una renuncia y una flexibilidad, ambos renunciamos a trabajos vocacionales que de acuerdo a las circunstancias nos van a separar en el espacio y en el tiempo (uno tiene que viajar al extranjero y el otro quedarse, uno tiene que trabajar de noche y el otro de día) y buscamos otros trabajos menos vocacionales pero más compatibles con la relación de pareja. Tenemos que sobrevivir y nos ofrecen los trabajos que nos ofrecen, necesitamos el dinero y por lo tanto tendremos que adoptarnos, puede que tengamos que estar separados un tiempo, puede que nos veamos poco. Aunque la prioridad sea la vida de pareja nadie puede ser tan ingenuo como para pensar aquello de “contigo pan y cebolla”. Una pareja no funciona bien si los estómagos rugen demasiado, se escucharán mucho más sur rugidos que el sonido acariciante de los besos.

A pesar de que como hemos visto una relación de pareja comienza con el cortejo o seducción basado en la ceguera, en apartar los obstáculos que nos impiden sentirnos atraídos hacia el otro, para que el instinto sexual no tenga que saltar demasiadas vallas, para que el deseo imperioso de formar pareja no se vea retrasado por un pacto meticuloso sobre la convivencia, antes o después una pareja debe pactar sobre cosas tan esenciales como el punto cardinal al que se dirigen, cómo someterse a las leyes de supervivencia en una determinada sociedad sin quebrar la relación de pareja y sobre todo, cómo van a cumplir las leyes del primer círculo. Como hemos visto en capítulos anteriores las leyes del primer círculo son drásticas e inquebrantables, cuando no se cumplen, cuando se quebrantan, unos y otros son expulsados de sus respectivos primeros círculos.

Y es aquí donde una pareja tiene que trabajar a fondo. No sirve que las relaciones sexuales vayan aceptablemente bien, que los trabajos sean compatibles, que pasen un tiempo más que aceptable juntos… si se incumplen las leyes del primer círculo, que en el de la pareja son aún más drásticas e inflexibles, todo acabará con una expulsión mutua del primer círculo. Hemos visto que la equidad, la igualdad, es esencial. Si uno renuncia a algo importante, casi primordial para él, el otro deberá hacer lo mismo cuando las circunstancias lleven al mismo lugar donde se produjo esa renuncia. Puede haber intercambios, la equidad no significa en absoluto igualdad al cien por cien, ojo-por-ojo. Que yo renuncia a un trabajo vocacional no significa que el otro tenga que hacerlo si las circunstancias se dan la vuelta, si la tortilla es lanzada al aire y sale por el otro lado. Pero siempre que haya intercambios tienen que ser sustancialmente equitativos, no sirve eso de te cambio esta canica por un crucero alrededor del mundo.

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Una vez que la pareja despierta de su letargo amoroso, de su enamoramiento en la etapa de seducción y cortejo, una vez que abre los ojos y comienza la convivencia, día tras días, durante semanas y meses y años, hay que pactar, sí o sí, sobre los temas esenciales. El punto cardinal al que nos dirigimos, cómo implementar las leyes del primer círculo en nuestra convivencia de pareja.  Es entonces cuando nos damos cuentas de que la balanza de precisión de la convivencia en pareja es exquisita. Si en la relación de primer círculo todas estas leyes deben de funcionar, al menos en lo más esencial, en la vida de pareja deben funcionar incluso en los detalles más nimios o la erosión del tiempo acabará con todo. Es la prueba del algodón que hace aparecer las menores motas de polvo, es la balanza de precisión que pesa hasta la micronésima de gramo el peso de nuestras almas.

Es entonces cuando al abrir los ojos vemos el entorno que antes solo percibíamos a través de la niebla, es entonces cuando iluminamos los rincones oscuros de nuestra intimidad donde se han generado las decisiones que nos han traído hasta este momento. Es entonces cuando realmente somos conscientes de las decisiones tomadas y de sus causas.  No sirven decisiones que buscan atraer al otro a un círculo distinto del primero, e incluso dentro del primer círculo no sirven las decisiones que buscaban otra clase de círculos, aunque formen parte global del primer círculo. Así por ejemplo, no se puede funcionar en un primer círculo de relación de pareja, sin relaciones sexuales. Esto es tan elemental que da risa, pero no todas las parejas lo tienen claro. Sin relaciones sexuales, cuanto más intensa y de más alta calidad, mejor, el círculo de pareja deja de ser tal círculo y se convierte en otro, que aunque forme parte del primer círculo global, como hemos dicho antes, las leyes que rigen cada sub-círculo concreto son diferentes y si se incumplen estas leyes concretas, ese primer sub-círculo se deshace. Cuando se piensa que las relaciones sexuales son secundarias y que ya habrá tiempo de pensar en ello y ver “cómo nos arreglamos” hemos calculado mal y nos encontraremos con graves problemas de convivencia de pareja. Lo mismo que quien centra la relación de pareja exclusivamente en las relaciones sexuales, despreciando el resto, se encontrará con que por muy bien que vaya el sexo la convivencia irá mal y cada vez peor.

No se puede formar un primer círculo de pareja basado en metas que forman parte de otros círculos y sub-círculos, bien en el primer, segundo o incluso tercer círculo. La relación de pareja no es un contrato económico, exclusivamente, aunque la economía conforme el terreno que uno debe de pisar dentro de este sub-círculo del primer círculo. Para el tema económico en exclusividad tenemos el sub-círculo del pacto o contrato económico, que en sí mismo nunca formará parte de un primer círculo, porque por muy bien que se lleven patrono y empleado, socios, inversores, amigos en una comunidad de bienes, no nos engañemos, esto no es un primer círculo y si se intentan aplicar a él las leyes que rigen un primer círculo el desastre está servido. Tampoco el círculo de la pareja es un círculo exclusivamente de amistad. Aunque la amistad en grado máximo, aunque solo sea en aspiración, sea un sub-círculo del primer círculo, y se rija por sus leyes, el sub-círculo de la pareja y el de la amistad son diferentes y no funcionan con las mismas leyes. Así la amistad no implica necesariamente una fidelidad sexual, algo que sí es imprescindible en el sub-círculo de la pareja. Y aquí entramos en un tema que puede resultar polémico y en el que seguramente no habrá un acuerdo de todo el mundo, pero dejemos claro ya desde este momento que la fidelidad sexual es una de las leyes básicas del círculo de pareja, y si no se cumple, la pareja como tal se desmoronará. Podemos hablar de parejas abiertas, en el sentido de parejas que funcionan como tales pero que se dan permiso mutuo para tener relaciones sexuales con otros de acuerdo a unas condiciones y a un protocolo determinado. No nos engañemos, eso no es posible. El círculo de pareja se desplazará, de una forma más o menos perceptible, más bien más que menos, hacia el círculo de “amigos con derecho a roce”, en expresión coloquial y muy actual o hacia otro tipo de círculos que nada impide, al menos en teoría, que conformen sub-círculos dentro del primero círculo, pero no es precisamente el círculo de pareja, es otro, con leyes distintas, aunque puede que al primer golpe de vista no se aprecien.  Aquí no estamos hablando de una pareja religiosa, o de hecho, o civil, o “criminal” si se me permite esta “boutade”, esta broma sin gracia, no estamos hablando de las leyes religiosas de la pareja o matrimonio religioso, o de las leyes civiles de un matrimonio civil o pareja de hecho, estamos hablando de las leyes básicas, cósmicas de un primer círculo con reglas específicas para ese sub-círculo.  No se trata de leyes divinas, en sentido religioso, que han sido dictadas para la convivencia de la pareja o matrimonio,  se trata sí, de leyes “divinas” pero en sentido más espiritual del término, son leyes cósmicas, enraizadas con las leyes “naturales” que han sido dictadas para el funcionamiento del Cosmos y de las leyes espirituales que rigen el mundo espiritual, lo queramos o no.  No estamos hablando de que Dios en las tablas de la ley haya establecido la fidelidad matrimonial y condenado el adulterio, estamos hablando de que la fidelidad sexual en una relación de pareja es ley básica esencial para su buen funcionamiento, salvo que los miembros de esta pareja hayan alcanzado una altura y una evolución espiritual que les permita determinados comportamientos que exigen un desapego material que no está al alcance de la mayoría. Y entonces nos encontraríamos estudiando y analizando este círculo en dimensiones más altas, dimensión astral, etc. Pero eso ya llegará en su momento.

Tampoco vamos a hablar, de momento, de las relaciones de pareja entre miembros del mismo género, no porque esto sea inaceptable para ciertos dogmas religiosos o sociales, porque aquí no estamos sometidos a dogma alguno, ni tampoco vamos a estudiar, de momento, los casos específicos de este tipo de relaciones, incluidas el cambio de sexo, no porque sea algo totalmente diferente de una relación de pareja de primer círculo o porque las leyes de este tipo de pareja sean completamente distintas, que no lo son, salvo normas que podrían formar parte de apéndices o añadidos a estos contratos de primer círculo, si no porque tenemos que ir paso a paso y no podemos hablar de cláusulas especiales a los contratos cuando ni siquiera hemos visto el contrato en sí.

Baste decir, de momento, que el género, el sexo, no es esencial a la persona, lo mismo que no es esencial para definir la personalidad del conductor el tipo de coche que conduzca. En esta serie de capítulos sobre la ley de los tres círculos, y conforme nos vayamos elevando de dimensión, lo veremos con más claridad, nuestra verdadera personalidad no está centrada en un cuerpo físico, sino en una entidad espiritual cuya esencia es fundamentalmente “la consciencia”, todo lo demás son soportes. Aquí no caben perspectivas materialistas en exclusiva, porque esta es una filosofía del espíritu, por lo tanto no me centraré en el cuerpo físico, en exclusiva, en ningún momento. Si así lo hiciera, todo sería mucho más sencillo, puesto que me remitiría a lo que la ciencia sepa o vaya a descubrir sobre la atracción sexual basada en feromonas, hormonas de toda especie, metabolismos, química corporal y cerebral, cómo funcionan los estímulos externos en nuestro “saco de hormonas”, cómo una sociedad, una cultura, puede armonizar o imponerse a nuestra “esencia animal”, y dejaría que fueran los científicos, los mecánicos del taller de la vida, los que explicaran cómo funciona un motor, cómo está ensamblado un coche y cómo se producen las averías, algo en lo que yo no soy precisamente un experto. Esta es una perspectiva espiritual y a ella me remitiré en todo momento, lo que no significa que sea una perspectiva religiosa, porque por desgracia toda religión se basa en dogmas y por mi parte nunca aceptaré dogmas en mi vida. Con todo respeto hacia las personas que profesan una religión, por mi parte no creo que Dios hable a personas concretas, con mensajes concretos, creo que Dios está en nuestro interior, es la partícula o chispa divina que hay en nuestro interior y por lo tanto no necesita servirse de nadie para dar mensajes con altavoz cuando nos puede susurrar en nuestro interior. Esto forma parte de la esencia de mi filosofía de la vida, como considero que forma parte del budismo (la ausencia de dogmas) y por lo tanto no voy a renunciar a ello.  Lo que sí tengo que decir es que no hay nada más ilustrativo que la vida cotidiana, en ella encontramos una muestra clara de cómo funcionan las leyes cósmicas y espirituales y por ello nos centraremos en la práctica de estas leyes mediante ejemplos de nuestra vida personal y social.

 

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