DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2017

27 09 2017

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http://www.who.int/campaigns/world-health-day/2017/es/

https://consaludmental.org/dia-mundial-de-la-salud-mental/

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs381/es/

El próximo día 10 de octubre se celebra el día mundial de la salud mental. Como todos los años intento hacer una aportación personal en el blog sobre el tema. Este año dejaré un poco de lado las estadísticas y la documentación que cualquiera puede encontrar sin mucha dificultad buscando en Internet para centrarme en una visión personal del tema. ¿Qué ha cambiado en el mundo de la enfermedad mental desde que yo fuera diagnosticado, siendo muy joven, hace décadas? ¿Cuál es mi experiencia personal en el trato con personas con enfermedad mental y sus familiares? ¿Qué se sigue echando de menos en el apoyo social a los enfermos? ¿Cómo me siento tras toda una vida sufriendo la enfermedad mental?

¿QUÉ HA CAMBIADO EN EL MUNDO DE LA ENFERMEDAD MENTAL DESDE MI JUVENTUD?

En la sección “Las historias de Bautista” en este mismo blog he comenzado una recapitulación basada en los esquemas y notas que el propio Bautista confeccionó para una conferencia. Remito a los lectores a estos textos, añadiendo una corta reflexión personal. Cuando yo fui diagnosticado, siendo muy joven, la enfermedad mental era asimilada por mucha gente a la locura, si has tenido la mala suerte de volverte loco, que Dios te ampare, yo procuraré mantenerme lo más alejado posible, pensaban muchos. No estoy hablando de la Edad Media, sino de la segunda mitad del siglo XX. El estigma, la leyendo negra del enfermo mental, seguían en plena vigencia. Estaba a punto de llegar la famosa antipsiquiatría y la reforma psiquiátrica en España.

https://consaludmental.org/sala-prensa/reforma-psiquiatrica-revista-encuentro-29303/

Muy pocos habían oído hablar de la enfermedad mental y eran aún menos quienes tenían un conocimiento mínimo de la enfermedad. En mi familia, en mi entorno, uno padecía de los “nervios” si la enfermedad mental era leve y “se había vuelto loco” si el trastorno era grave, no había nada más que decir. Yo mismo tardé años en aceptar que lo que me ocurría no era que había tenido la mala suerte de volverme loco, sino que padecía una enfermedad, llamada mental porque afecta la mente, la psiquis y no el cuerpo, y que una buena parte de la población mundial también la sufría. Por mi edad y las circunstancias he sido un poco el vagón de cola del tren del progreso. Mi curso fue el último en el anterior sistema educativo, antes de que se produjera una nueva reforma; fui de los últimos en sufrir el anterior sistema psiquiátrico, antes de la reforma, viví la transición política española y me enfrenté a todos los cambios sociales que se fueron produciendo. Esto me da una perspectiva bastante cercana y experimental respecto a lo que supusieron todos los cambios sociales, políticos y en la salud mental. Por desgracia, al día de hoy, las personas con enfermedad mental somos los últimos que aún quedamos en salir del armario, sufrimos el estigma de llevar marcada en la frente la pegatina de “alejaos, monstruito”, y continuamos escondidos, con miedo a abrir la boca, a decir que sufrimos una enfermedad mental, como yo digo, con extrema dureza, pero para mí con crudo realismo, seguimos viviendo en las cloacas, intentando pasar desapercibidos entre las ratas. Dejo aquí el enlace a los textos sobre la recapitulación de Bautista respecto al cambio que supuso la reforma psiquiátrica en España.

ttps://guerreroimpecable.wordpress.com/tag/las-historias-de-bautista/

¿CUÁL ES MI EXPERIENCIA PERSONAL EN EL TRATO CON PERSONAS CON ENFERMEDAD MENTAL Y SUS FAMILIARES A TRAVÉS DE ESTE BLOG Y A TRAVÉS DEL CONTACTO FÍSICO?

Llevo ya algunos años recibiendo correos electrónicos a través del blog, también recibo de vez en cuando algún whasap y lo que es bastante raro, alguna que otra llamada telefónica. Las estadísticas son bastante sencillas:

-Al menos un noventa por ciento de estas comunicaciones son de familiares de personas con enfermedad mental que buscan un poco de información y una pizca de esperanza.

-Al menos un noventa por ciento de estas personas son mujeres, madres, hijas, hermanas… Lo que me indica que si no están más preocupadas por sus seres queridos con enfermedad mental que los familiares del género masculino, al menos si tienen más valor, son más atrevidas y tal vez también estén más desesperadas.

-Rara vez se produce un contacto directo de una persona con enfermedad mental y éste contacto suele ser muy fugaz, en cuanto les planteo el camino que yo seguí y el que a mi juicio deberían seguir todos los enfermos mentales (aceptación de la enfermedad, informarse sobre ella, aceptar seguir alguna terapia y tomar medicación, revisar todas las conductas que los enfermos solemos adaptar con los familiares en base a las ideas expresadas en mis textos del blog, y la imperiosa necesidad de seguir el camino del guerrero impecable, al menos en su esencia, hago lo que tengo que hacer cuando tengo que hacerlo) todos ellos salen corriendo como si les persiguiera el diablo. La dureza de este camino asusta a cualquiera, pero me temo que hay muy pocas posibilidades de salir adelante, si hay alguna, si el enfermo se conforma con intentar sobrevivir, agazapado en su dolor, hasta que llegue la muerte en algún momento.

-Tanto familiares como enfermos se han enquistado en unas conductas erróneas y nefastas que hacen de su convivencia una especie de guerra a muerte, a ver quién aguanta más. Todos ellos suelen tener ideas muy equivocadas sobre la enfermedad mental. Todos ellos intentan convencer a los otros de que ellos tienen razón y los de enfrente están equivocados, organizando una especie de juego de la soga, en el que se traza una línea en el suelo y unos tiran desde un lado y otros desde el otro, intentando que pasen la línea y lleguen a su terreno. Los enfermos se quejan de la incomprensión de los familiares y los familiares están hasta el gorro de soportar a enfermos que no hacen nada por enfrentarse a la enfermedad y tener una buena calidad de vida, conviviendo de forma aceptable con la familia y haciendo lo posible por engranarse en la sociedad.

-Los familiares suelen estar desesperados porque no consiguen nada del enfermo y tampoco se atreven a marcar líneas rojas, traspasadas las cuales el enfermo debe asumir las consecuencias. Sus vidas se convierten en auténticos infiernos, siempre temerosos, aterrorizados por si el enfermo tiene una crisis y se pone violento y les agrede, les lesiona o les mata. No encuentran otra forma de tratar al enfermo que compadecerle e insistir una y otra vez en que haga lo que ellos consideran que debe de hacer, forzándole a conductas a las que el enfermo se niega violentamente porque no acepta imposiciones y se sigue considerando una persona libre. No suelen aceptar que la enfermedad mental suele ser crónica, al menos en las enfermedades graves, y que por lo tanto sus ideas y esperanzas en conseguir la cura milagrosa que cure definitivamente al enfermo es un error.

-Los enfermos tienen un serio problema con la medicación. Es en lo que más insisten los familiares y es lo que peor llevan. Por experiencia propia conozco muy bien los efectos secundarios de toda medicación y sé lo difícil que es aceptar que te arrebaten un tanto por ciento elevado de tu capacidad mental, de tus movimientos físicos, de tus biorritmos y de tus capacidades y posibilidades sociales. Las medicaciones para la enfermedad mental siguen teniendo un grave inconveniente, no se les puede pedir que anulen cualquier efecto secundario que tiene cualquier otro medicamento para una enfermedad física, pero que te duerman durante muchas horas, obligándote a largos periodos de sueños que trastocan los ritmos normales de tu vida cotidiana y de la familia con la que conviven, que te impidan el funcionamiento normal de tu mente, te falta concentración, te falta memoria, tu mente se ralentiza en extremo… pero sí sería muy positivo para el enfermo mental que la medicación no le impidiera en tan alto grado llevar una vida normal. No se puede pedir a un antidepresivo que no te excite y haga que tu motor se pase de revoluciones, porque lo que intentan es sacarte de un estado depresivo en el que estás desparramado por el suelo, necesitas que te “pìnchen el culo” digámoslo así para que puedas reaccionar. Pero de ahí a estar tan revolucionado que no puedas pararte quieto hay un abismo. Tampoco se puede medir a un medicamento que intenta calmarte, que estés menos agresivo, menos violento, que te adormiles, que siga manteniendo tu ritmo, tus revoluciones, porque entonces no sirve para nada, es como si te tomaras agua. Pero de ahí a convertirte en un zombi que se pasa las horas muertas durmiendo o deseando dormir también hay un abismo. También tienen un serio problema con sus conductas patológicas y su bula papal, temas que trato muy extensamente en el blog por lo que no lo voy a hacer aquí.

-La mayor preocupación de los familiares es conseguir que los enfermos se tomen la medicación y sigan una terapia. Este es sin duda el tema número uno de los correos que recibo. Ciertamente cuando el enfermo está muy deteriorado y se comporta de forma muy agresiva, el conseguir que se tome la medicación es básico, es esencial. Lo malo es cómo convencer al enfermo de que lo haga, para ello debe pasar por todas las etapas necesarias y la primera es aceptar que es un enfermo. Nadie que no asuma que sufre una enfermedad querrá tomarse la medicación, si estás bien ¿para qué demonios necesitas medicarte?

-La mayor preocupación de los enfermos es que respeten su libertad y no les obliguen a hacer lo que no quieren. No es que estén muy a gusto tal como están, pero no ven otra forma de vivir la vida. La necesidad de cariño es espantosa, ni el propio enfermo se da cuenta de hasta qué punto necesita cariño y de que en el fondo de todo lo que reprocha a los familiares está su trato poco cariñoso.

-Los familiares no saben qué hacer con el enfermo, y aquí entra una necesidad, una reclamación a la sociedad, se necesitan leyes que permitan a los familiares internamientos forzosos en casos necesarios, tales como la agresividad y la violencia en los brotes o crisis de los enfermos. Es una de las preguntas más frecuentes que me hacen. ¿Qué puedo hacer con el enfermo si no quiere tomarse la medicación ni seguir ninguna terapia y en casa se comporta de forma muy agresiva y hasta violenta, llegando en alguna ocasión a la violencia física? Este es un tema social que está aún pendiente, se necesitan leyes sencillas que permitan a los familiares encontrar una solución en estos casos. Se necesita toda una infraestructura sanitaria para atender el abanico de casos que genera el enfermo mental, desde el hospital de día hasta el internamiento a largo plazo en casos graves. Los familiares están perdidos en el laberinto legal, no saben qué hacer y la verdad es que a veces se puede hacer poco porque no hay leyes ni medios. Esta preocupación porque el enfermo pueda llegar a agredirles físicamente, incluso a matarles, es la más importante para los familiares. No encuentran solución, no saben qué hacer, y la convivencia se convierte en un infierno que cada día se agrava más.

-Muchos enfermos han tirado la toalla, están desesperados, no aceptan una enfermedad crónica que convierte su vida en un constante sufrimiento sin esperanza. No creen que la medicación pueda curarles y no aceptan  que la única opción que se les ofrece sea la de vivir como vegetales. Se han acostumbrado a un determinado tipo de conductas patológicas, en parte generadas por la propia enfermedad, y no son capaces de ver que pueden actuar de otra manera y que su vida pueda ser distinta. Dependiendo económicamente de los familiares, sin muchas posibilidades de encontrar algún tipo de trabajo que les ayude a tener una cierta independencia económica, con una convivencia familiar desastrosa, la mayoría de las veces, se limitan a esconderse en su caparazón, como la tortuga, intentando que les dejen en paz. Su máxima aspiración es pasar desapercibidos, que no se metan en sus vidas, pero no comprenden que cuando se convive con otras personas hay determinadas conductas que no pueden ser aceptables y que nunca lo serán para sus familiares. El cambiar estas conductas es para ellos tan duro que ni siquiera se lo plantean, más si además de la enfermedad mental hay también adicciones como las drogas, al alcohol o cualquier otro tipo de adicción que conlleva un dispendio económico que no pueden permitirse. La muerte acaba siendo para ellos la única salida, la única forma de encontrar un descanso y de acabar con un sufrimiento que entienden no se merecen.

-Los familiares suelen agradecer mucho que alguien les escuche, aunque no se les pueda facilitar ninguna solución a su problema. En muchos casos el estigma que genera la enfermedad hace que intenten ocultarla, no se atreven a hablar de ella, a buscar ayuda, por eso el blog les resulta un medio interesante para que, sin salir del anonimato, puedan hablar libremente.

-Las personas con enfermedad mental con las que trato desde una distancia más corta, a las que conozco en persona, suelen estar en un perpetuo bucle mental del que no son capaces de salir, subidos a un tiovivo, como digo yo, en el que dan vueltas y vueltas sin avanzar un paso e incapaces de bajarse. El mantra del quiero morir como la única solución posible es el peor de los bucles, poco se puede hacer con un enfermo que no cree que pueda enfrentarse a la enfermedad y alcanzar una calidad de vida minimamente aceptable. La medicación no suele quebrar este bucle, necesitan que alguien les escuche, les comprenda, no estar solos, recibir un poco de cariño. Entonces el tiovivo deja de girar tan rápido y existe alguna posibilidad de que se atrevan a dar el paso de bajarse de él y comenzar a caminar hacia delante, aunque sea pasito a pasito. El trabajo de modificar algunas formas de pensar que no son aceptables ni para familiares ni para la sociedad y que en ellos solo genera un bucle permanente, no es precisamente una tarea fácil y lleva mucho tiempo, bien podría durar toda una vida. Esto es algo que muchos familiares no están dispuestos a aceptar, pero por desgracia no hay caminos cortos ni rápidos, un enfermo puede llevar tantos años pensando y actuando de la misma manera que pensar que pueden cambiar drasticamente de la noche a la mañana es una utopía inútil.

-Personalmente poco puedo hacer, salvo escuchar, escuchar es fundamental y el lema de este año viene de perlas. Hablemos con el enfermo mental, pero sobre todo escuchemos, sobre todo al principio el enfermo no será capaz de otra cosa que de hablar de todo lo que le pasa, de su tragedia, poder escuchar lo que el otro le dice lleva tiempo. La enfermedad mental no es solo una enfermedad física generada tal vez en la bioquímica de nuestro cerebro, en ese caso solo habría que rezar para que los avances en la medicación pudieran erradicarla, la enfermedad mental es sobre todo una enfermedad de la mente, emocional, de la psiquis, una enfermedad del alma, como digo yo, y aquí, aunque toda ayuda viene bien, y los medicamentos son una ayuda, sobre todo importa un tratamiento emocional, cariño, una terapia para cambiar esas formas de pensar tan erróneas y tan difíciles de comprender para los otros que ven en ellas solo una disculpa para que el enfermo no haga nada y siga con su vida vegetal, complicando la convivencia a todo el mundo. La enfermedad mental es una herida en el alma, causada en muchos casos, por auténticos dramas, auténticas torturas y maltratos psíquicos, que solo puede ser aliviada con el ungüento del cariño. Si entre nuestros valores no está la generosidad y el sacrificio por los demás, si pensamos que ya tenemos bastante problemas para encima echarnos a la espalda los de un enfermo mental, mejor alejarnos del enfermo porque a su lado no podremos escapar de los problemas. A lo largo de estos años, que llevo intentando a través del blog, dar un poco de esperanza a enfermos y familiares, he llegado a plantearme muchas veces si no debería dejarlo, puesto que mi enfermedad mental, mis problemas, mi sufrimiento, ya son de por sí bastante pesados para mis espaldas. El miedo al “contagio” de la depresión, del mantra del quiero morir, repetido hasta la saciedad, a perder la paciencia escuchando siempre las mismas ideas erróneas, contemplando cómo el bucle se repite una y otra vez, sin la menor esperanza de que acabe quebrándose, a que en algún momento yo pueda subirme también a ese tiovivo infernal, a veces me ha tentado a tirar la toalla. Por suerte la filosofía del guerrero sigue presidiendo mi vida. No se trata de intentar curar, de intentar solucionar problemas insolubles, no se trata de echarme sobre las espaldas todos los problemas de familiares y enfermos, sino de hacer cada día lo que tengo que hacer, sin buscar nada, ni agradecimiento, ni la satisfacción de ver cómo un solo enfermo ha conseguido bajarse del tiovivo o cómo un familiar agradece entre lágrimas que alguien haya resuelto uno de sus graves problemas. En la enfermedad mental no hay metas palpables, que permitan saber que has conseguido algo. En todos estos años no he resuelto de forma clara ni un solo problema de un familiar, ni he conseguido que un enfermo cambiara ni por un momento su forma de pensar, ni creo haber mejorado la situación infernal de convivencia de nadie, ni siquiera tengo la seguridad de haber evitado algún intento de suicidio, porque cuando estás asomado al abismo, sino caes hoy puedes caer mañana. Sigo día a día compartiendo mis experiencias como enfermo mental, porque no se puede amar lo que no se conoce y los enfermos necesitamos que nos conozcan y mucho.

¿QUÉ SIGO ECHANDO DE MENOS EN EL APOYO SOCIAL A LOS ENFERMOS?

-Claramente hay prioridades. El conseguir una buena legislación que permita a los familiares una solución al problema de un enfermo mental agresivo o violento con el que no se puede convivir, respetando al mismo tiempo los derechos del enfermo, como persona, es una de ellas. El tener una buena infraestructura de atención al enfermo mental, para el día a día y para casos graves que exigen un internamiento a largo plazo, sería una inmensa ayuda, aunque me temo que no están los tiempos para muchas esperanzas.

-El conseguir que el estigma vaya desapareciendo, no de la noche a la mañana, pero sí pasito a pasito, sería extraordinariamente importante. Que a la sociedad le interesara, aunque fuera un poco saber cómo es la enfermedad mental, cómo se debe tratar a los enfermos mentales, sería un paso impresionante. Para ello debemos ser más, muchos más, los enfermos que demos el paso adelante de decir: aquí estoy yo, soy un enfermo, esta es mi vida, así soy yo. Mientras lo único que se sepa del enfermo es que otro, diagnosticado con tal o cual enfermedad, ha agredido o matado a alguien, porque no tomaba medicación o por otras circunstancias que nunca se dicen y de las que nadie quiere saber, el estigma seguirá y los enfermos seguirán escondiéndose.

-El apoyo de la familia, de los seres queridos, del entorno, es fundamental. Pero para ello todos, familiares y enfermos debemos trabajar duramente para cambiar formas de pensar, conductas patológicas, actitudes de guerra abierta que no llevan a parte alguna. En ese sentido me siento relativamente satisfecho de mi trabajo en el blog.

¿CÓMO ME SIENTO TRAS TODA UNA VIDA SUFRIENDO UNA ENFERMEDAD MENTAL?

-Ante todo me siento digno, a pesar de todos los pesares, de todo lo que he hecho sufrir a los demás, de conductas inaceptables, de terribles episodios en mi vida que apenas soy capaz de recordar sin un terrible sufrimiento, me siento digno por no haber tirado la toalla, por haber luchado siempre, unas veces más y otras menos, por haber buscado una vida digna, con sentido, con propósito, por haber hecho mi labor, a pesar de todos los obstáculos.

-Agradecido a haber encontrado la filosofía del guerrero impecable que me ha permitido tener las ideas claras, las emociones equilibradas, la conducta diamantina. Triste porque esto no hubiera ocurrido siendo joven y me hubiera permitido afrontar todas las circunstancias de mi vida como un guerrero.

-Triste por haber perdido seres queridos por el camino, una familia, amigos, personas que merecían la pena. Triste por estar solo día tras día, por haber tenido que renunciar a tantas cosas que podrían haber estado a mi alcance de no haber sido un enfermo mental.

-Feliz porque mi vida no ha sido en vano. He luchado por desentrañar el misterio de la vida, por elevarme espiritualmente, por ser mejor persona y por cumplir, desde las cloacas de la vida, con los demás y la sociedad.

-Desesperanzado por la terrible dificultad que supone intentar hacer algo por los enfermos mentales y sus familiares, el no ver nunca nada palpable que te ayude a sentir que todo esto merece la pena.

-Esperanzado, porque tras la noche siempre llega el día y porque la oscuridad y la nada no pueden imponerse a la luz, lo mismo que el vacío no puede permanecer así  para siempre, porque como decían los clásicos y tenían más razón que un santo: horror vacui. Hay un poderoso horror al vacío que nos impulsa a llenarlo, con lo que sea, así funciona la vida, la naturaleza, el Cosmos, la existencia. Y los enfermos mentales somos el vacío por antonomasia, por eso en algún momento se llenará, es inevitable y es esperanzador.

 

 

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2 responses

28 09 2017
AINHOA VIDAL

Su vida no ha sido en vano, señor César. Y estoy segura que ha sido muy digna. Muchas gracias por la ayuda que nos ha proporcionado a muchos familiares desesperados. Mil gracias!

28 09 2017
Slictik

Muchas gracias, querida amiga. Todos somos humanos y necesitamos de vez en cuando una palmadita en la espalda o un abrazo para animarnos a seguir adelante. Un abrazo fraternal.

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