LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIV

12 08 2017

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIV

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EL TONAL Y EL NAGUAL/CUARTA PARTE

El tema va a ser muy largo y extremadamente complejo, por lo que nos vendrá bien a todos hacer un esquema y recapitular lo que hemos visto hasta el momento.

TONAL-NAGUAL

-Se podría decir que abarcan la realidad completa, conocida y desconocida, visible e invisible.

TONAL

Don Juan define al tonal como una isla rodeada por el océano infinito del nagual. Lo curioso es que también el tonal es infinito, solo que menos, podríamos decir que el nagual. Así lo expresa don Juan con su característica ironía, con una metáfora tan certera y plástica como todas las suyas. Ambos, nagual y tonal, son infinitos, pero si fuera posible se podría decir, sin faltar a la verdad que el nagual es aún más infinito que el tonal. Estamos en una islita, llamada tonal, en medio de un océano infinito que además es invisible. No parece que el ser humano pueda ser algo más que un pobre náufrago que ha caído en la playa de una isla, por casualidad, que desconoce cómo es esa isla y cuánto abarca y también desconoce, aunque intuye, todo el misterio de la isla del tonal.

NAGUAL

Si el tonal parece tener forma, al menos para nuestro sentidos, el nagual es claramente informe, invisible, esencialmente misterioso, sin leyes claras que le permitan a un navegante saber dónde va, cómo soplan los vientos, qué lugares va a visitar (porque no existen lugares propiamente dichos en el nagual), en qué tiempo (porque no hay tiempo cronológico en el nagual) y ni siquiera tiene la sensación de ser el mismo que era en el tonal, porque la identidad en el nagual es algo que se estira y se encoge, como una goma, como un chicle que puede ser triturado por la infinitud y conformado a gusto y gana de las fuerzas poderosas. Si el tonal es un misterio, el nagual es el acabose de los misterios, podríamos decir en una frase chusca y humorística. Del nagual solo sabemos lo que experimentamos en nuestros viajes y lo que nos cuentan o han contado los guerreros impecables que han visitado algo de esta infinitud y han regresado para contarlo.

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EL NAGUAL-GUERRERO

Hay dos acepciones de esta palabra que es conveniente clarificar y concretar para evitar confusiones.  Si bien el nagual es todo ese mundo invisible, misterioso e infinito del que hemos hablado antes, también se llama así al guerrero-maestro-benefactor, al líder del grupo de guerreros y guerreras que intentan alcanzar la meta de la libertad. Como veremos en su momento, el nagual se distingue de un guerrero normal en que al parecer tiene más divisiones en el cuerpo energético de las habituales. Si un guerrero se supone que tiene dos divisiones, lado izquierdo y lado derecho, un nagual tiene cuatro, se podría decir que no solo tiene dos partes, separadas por una teórica línea vertical, sino cuatro, dos separadas por la línea vertical y otras dos separadas por una línea horizontal, es decir que el nagual tendría cuatro compartimentos energéticos. Lo curioso del caso de Castaneda es que solo tiene tres compartimentos, por lo que sería un nagual de tres puntas. Este descubrimiento que hace don Juan cuando parece que sus enseñanzas no funcionan y nada parece encajar del todo, trastoca todas sus enseñanzas y proyectos, obligándole a conformar un nuevo grupo de guerreros de los que Castaneda sería su nagual. Don Juan le educa para ser un nagual, creyendo haber visto en él los cuatro compartimentos energéticos de un auténtico nagual, pero al descubrir que solo son tres tiene que improvisar, lo mismo que un constructor al que los cimientos se le han venido abajo tiene que improvisar unos nuevos para la casa proyectada, renunciando a ciertos diseños y añadiendo nuevos que permitan a la casa no venirse abajo a las primeras de cambio. No hay regla para el nagual de tres puntas por lo que deben esperar a que un mensajero traiga esa regla. En otro momento nos extenderemos y profundizaremos en el nagual-guerrero, pero aún nos queda mucho para terminar esta larga aventura en el tonal y el nagual.

 

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LA PUERTA

Entre el tonal y el nagual hay una puerta o abertura que permite al guerrero entrar y salir de un mundo a otro. Como bien dice don Juan una vez que el guerrero abre esa puerta y se lanza al otro lado, la puerta se cierra y se pierde todo contacto con el universo que se ha dejado. Es por eso que no recordamos los sueños cuando estamos despiertos y que en sueños no recordamos nuestra identidad y nuestra vida en estado vigil. Digamos, aunque pueda sonar un poco exagerado, que el sueño es como una muerte de la que se vuelve y el estado de vigilia es como un nacimiento que realizamos todos los días, olvidando lo que hay al otro lado. Es muy desesperante no recordar, no tener un cordón umbilical, que una ambas personalidades, ambos mundos. No hay impotencia mayor para un soñador que despertarse y no poder recordar todos esos sueños que le han asaltado a lo largo de la noche, lo mismo que para nuestra personalidad vigil ir cayendo en el sueño, sabiendo que no se llevará nada de aquí al otro lado. En una de mis lecturas, ahora no recuerdo si fue un libro de esoterismo, de budismo o de otro tipo, se venía a decir que el sueño era como una muerte, en todo parecido a la auténtica muerte, solo que en este caso se vuelve y que el despertar era como el nacimiento, solo que en este caso no entramos en un cuerpo de bebé, sino en el cuerpo físico que se ha ido desarrollando con el tiempo.  Se podría decir, entonces, que morimos y nacemos todos los días, cada veinticuatro horas. Esto hace que el cuerpo de luz que se separa del cuerpo físico y lo retoma al regreso del sueño se sienta como alguien que debe morir y nacer todos los días, con lo que esto supone. Al despertar debemos hacernos con el cuerpo físico, como al nacer por primera vez, por lo que bien se podría decir que cada despertar es el nacimiento de un nuevo ser. Si conservamos la identidad, algo misterioso, es porque de alguna manera tenemos una especie de sello que colocamos en el papel burocrático correspondiente con nuestro nombre, es decir, que al despertar una fotocopia de nosotros toma el mando, pero es evidente que esa fotocopia no es exactamente una copia perfecta de nuestra personalidad, hemos olvidado cosas de nuestro pasado, nuestra memoria no es perfecta, y lo que fuimos ayer es algo que está separado de nuestro yo actual por una especie de abismo.  Uno puede despertarse a un nuevo día con un estado de ánimo tan diferente al que tuvo antes de irse a dormir que se pregunta qué ha ocurrido para generarse ese gran cambio. Gracias a Dios el sueño es una especie de estancia en un balneario u hospital, donde somos curados de nuestras heridas diarias y recuperamos vitalidad, tal vez porque nos alimentamos de “vitatrones” como dice Yogananda.  Este tejemaneje que nos traemos, cruzando la puerta, yendo de un mundo a otro, del tonal al nagual y del nagual al tonal, parece imprescindible para mantenernos con vida, con buena salud y en un estado mental equilibrado, lejos de la absoluta demencia.

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EL PUNTO DE ENCAJE

Permite a la personalidad anclarse a una determinada realidad que puede compartir con otras identidades o personalidad que considera muy semejantes a la suya. También permite, con su movimiento, no permanecer en una sola y única realidad, moviéndose entre mundos, entre dimensiones paralelas. La flexibilidad del punto de encaje permite al guerrero fluir como el TAO, identificarse con un universo que es puro fluir. Le permite trasladarse de la conciencia del lado derecho a la del lado izquierdo y al revés, con una facilidad pasmosa. Le permite entrar en el mundo onírico y salir de él en una especie de continuidad que no tiene un no guerrero. El guerrero que alcanza su totalidad puede ensoñar estando despierto porque todo es un continuo, puede entrar en la conciencia del lado izquierdo y regresar a la del lado derecho según sus necesidades, lo mismo que uno se desviste para nadar en el agua y se viste para evitar el frío del entorno.  El punto de encaje  es un factor clave en ese paso del tonal al nagual.

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CÓMO ES LA VIDA EN EL TONAL Y EN EL NAGUAL

La vida en el tonal es tal cual la vivimos todos los días. Nos sentimos en un lugar o espacio, que es sólido, o al menos lo parece. Está lleno de cosas que parecen distintas entre sí, con una “personalidad propia” podríamos decir. Cada objeto está separado del resto y ocupa un lugar y un tiempo en nuestra vida. En el tonal nos deslizamos en un tiempo cronológico que nos parece elemental, querido Watson, pero que no lo es tanto, el tiempo es uno de los grandes misterios de la vida.  Nos vamos moviendo al mismo tiempo en un espacio y en un tiempo, ahora estamos en casa, nuestra casa, y dentro de una hora estamos en un lugar distinto, nuestro trabajo, por ejemplo, al que nos hemos trasladado moviéndonos en el espacio, lo mismo que en el tiempo, ambas dimensiones parecen estar estrechamente unidas. Si me muevo en el espacio, me muevo en el tiempo, si me muevo en el tiempo me muevo en el espacio, aunque la sensación de movimiento espacial se puede ralentizar hasta el punto de tener la sensación de no habernos movido. Así vemos cómo en el reloj discurren las horas mientras nosotros permanecemos sentados en el sofá, sin movernos, pero eso es una entelequia porque sabemos que nos movemos, movemos nuestros brazos, nuestras piernas, movemos las nalgas porque la postura nos incomoda. El viaje en el espacio puede ser  más lento o más rápido, podemos hacerlo en compañía o solos, pero en cambio el viaje en el tiempo es siempre el mismo, es rígido e inquebrantable. Podemos tener la sensación de haber estado muchas horas sentados mirando al frente, pero si luego comprobamos el reloj podemos descubrir que han sido solo cinco minutos. La sensación de tiempo es parecida a la sensación térmica, el termómetro nos dice que no hemos pasado de los cuarenta, pero la sensación térmica se ha podido disparar hasta los cincuenta o más. Es esta “sensación” la que nos pone en contacto con el nagual.

Porque la vida en el nagual es muy diferente. Allí no hay relojes que midan el tiempo, lo medimos al despertar o al regresar por la puerta al tonal, entonces miramos los relojes y podemos decir, “he estado ocho horas durmiendo, o he estado media hora en Babia, o he estado fuera de mi consciencia habitual durante dos horas”.  La medición del tiempo se hace desde el tonal por lo que las experiencias en el nagual siempre son confusas cronológicamente. Tampoco existe el espacio como tal. En cuanto encuentre el párrafo que tengo anotado en mi agenda de guerrero, lo trasladaré al siguiente texto. Citando de memoria, don Juan habla del nagual, del aparente espacio en el nagual, poniendo la metáfora de una barca colgada en el aire, en el espacio, en el infinito.  No es lo mismo que en el tonal, donde caminas por tierra, sin tener la sensación de ir saltando de átomo a átomo, de abismo en abismo; donde puedes moverte en el agua con la firme sensación de que hay un continuo espacial, una cantidad de agua que te rodea y da continuidad al espacio; donde puedes moverte en el aire, en un avión, con la sensación de que, aunque no lo veas, hay un espacio que permite al avión trasladarse de un punto geográfico a otro. En el nagual estás con tu barquita y ves otras “barquitas” y cada barquita es una escena que no puedes situar en un tiempo cronológico lineal. Así en el nagual puedes estar viendo diferentes escenas de tu vida separadas por muchos años y tener la sensación de que están unidas por el tiempo, como si solo las separaran unas horas, unos días. Es la misma sensación que tenemos en el sueño cuando se unen escenas de nuestro pasado remoto y de nuestro presente actual.  Moverse en el nagual es como dar saltos incomprensibles y misteriosos que nos pueden trasladar a lugares y tiempos desconocidos o confusos debido a que no existe una cronología lineal, ni un espacio sólido a recorrer con movimientos que siguen determinadas leyes físicas.

LA PARED DE NIEBLA

Un concepto que estudiaremos en su momento. La pared o el muro de niebla es una percepción que tiene el guerrero cuando pasa de la atención primera a la segunda atención. Es decir cuando el guerrero abandona el tonal y comienza a adentrarse en el nagual. Si bien podemos pasar de un universo a otro, del tonal al nagual a través del sueño, con suma facilidad, sin apercibirnos y sin sentir sacudidas o desgarramientos, cuando un guerrero lo hace de forma consciente se encuentra con esa pared de niebla que dejamos aquí mencionada para un estudio posterior.

Y acabemos este capítulo con una cita que nos adelanta el siguiente capítulo, las cosas extraordinarias que se pueden hacer en el nagual.

“El nagual puede ejecutar cosas extraordinarias, cosas que no parecen posibles, como impensables para el tonal. Pero lo extraordinario es que el que actúa no tiene manera de saber cómo ocurren estas cosas. En otras palabras, Genaro no sabe cómo hace esas cosas, solo sabe que las hace. El secreto de un brujo es que sabe cómo llegar al nagual, pero una vez llega allí su opinión no vale más que la tuya acerca de lo que ahí pasa”.

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIII

28 05 2017

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIII

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EL TONAL Y EL NAGUAL III

Como ya hemos visto en capítulos anteriores, el concepto de tonal y nagual es básico en la filosofía chamánica de Castaneda, según don Juan todo el camino del guerrero consiste, de forma esquematizada, en que El Nagual abra desde fuera el huevo luminoso que somos todos para que así el guerrero aprendiz entre en contacto con el nagual, con la segunda y tercera atención, y luego el huevo luminoso se vuelve a cerrar, pero para entonces el guerrero ya ha alcanzado la totalidad de sí mismo. Esto recuerda un poco a la apertura del tercer ojo del budismo. La kundalini o serpiente enroscada es despertada en el chakra raíz y va ascendiendo, abriendo todos los chakras en su camino, hasta ascender al entrecejo, allí se abre el tercer ojo y el neófito se pone en contacto con el mundo invisible, es decir con el nagual.

Digamos que el diseño de lo que somos energéticamente puede parecer muy diferente si tomamos la perspectiva budista o la chamánica, pero en realidad no lo es tanto, cómo está colocada y cómo funciona la energía depende mucho de la perspectiva espacio-temporal, que como sabemos en el budismo es un engaño, el velo de Maya, y como sabemos en el chamanismo es una descripción del mundo basada en el anclaje del punto de encaje, pero que varía según se mueve este punto de encaje a lo largo de esa línea horizontal que está más o menos a mitad del huevo luminoso hacia abajo.  Los conceptos de arriba o abajo, izquierda o derecha, son conceptos espaciales, lo mismo que ayer, hoy o mañana son conceptos temporales que pueden funcionar en la dimensión espacio-tiempo y pueden ayudar a nuestra mente lógica a hacerse una idea, una representación de una intuición, pero no deja de ser pura interpretación, no pura realidad.

Que el huevo luminoso se abra por el ombligo o por el entrecejo, no deja de ser un matiz sin demasiada importancia, lo realmente importante es que el huevo luminoso se ha abierto y que el ocupante, o cuerpo luminoso o cuerpo causal, prisioneros en esa cárcel de fibras de luz que es nuestro cuerpo físico, ya pueden ver el exterior. Un exterior sorprendente, inimaginable, muy, pero que muy diferente a lo que es el mundo físico. Los ojos de la carne perciben distancias entre objetos, dimensiones, alto, ancho, etc. El tacto nos da una visión sólida de la realidad, la pared, impenetrable, un pan que puede ser cortado, una uva que puede ser estrujada… La realidad, tal como la percibimos en el mundo físico, tampoco es tan aplastantemente sencilla, hay muchos matices en los que habitualmente no pensamos. Podemos movernos en el aire, pero no podemos atravesar muros u objetos muy sólidos; podemos ejercer un aplastante poder sobre ciertas realidades, como aplastar una uva, pero no podemos destruir realidades más sólidas y compactas, si no es haciendo una terrible fuerza sobre ella y ayudándonos de instrumentos que nuestra mente diseña. Digamos que la realidad es un completísimo arcoíris que va desde lo más sólido a lo menos, pasando por todas las texturas, pasando por todas las formas. En el conocimiento esotérico, rosacruz, por ejemplo, todo esto depende de la vibración, es decir que la realidad sería una especie de magma compacto, un océano infinito, en el que cada cosa vibraría en una vibración diferente, las cosas se parecen entre sí de acuerdo a la escasa horquilla vibratoria que hay entre ellas, hay cosas que se diferencian mucho entre sí porque la horquilla vibratoria es muy amplia. Los cuerpos físicos de humanos y animales se parecen mucho entre sí porque su vibración es muy parecida. Su solidez y textura, su forma, son casi clavadas. Pero una pared es muy diferente de un cuerpo físico, las vibraciones de sus partículas son claramente diferentes y eso hace que la conexión entre ellas también lo sea. Podemos tocar un cuerpo físico y percibir que a pesar de su aparente solidez es fácilmente penetrable y fragmentable, no así  la pared que requiere un golpeteo de un martillo poderoso empuñado por una mano muy firme. Las vibraciones no son como una película más o menos clara, o una imagen con más o menos píxeles, las vibraciones hacen que las partículas se vinculen entre sí de una u otra forma, y esto les da solidez y les da todas las cualidades que tienen las cosas. Todo esto, descrito someramente, nos da una idea muy concreta de la realidad en el mundo físico, o dicho en terminología chamánica, de la isla del tonal. ¿Pero cómo es el nagual?

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Don Juan se lo describe como todo lo que rodea a la isla del tonal, es decir, como si el mundo físico fuera una islita, no precisamente diminuta, es casi infinita, pero muy finita y muy pequeñita si la comparamos con la infinitud del nagual, el mundo invisible que rodea a la realidad física. El aprendiz de guerrero tiene la consciencia centrada en la realidad física, en la primera atención, pero debe aprender a percibir el nagual, es decir la segunda y tercera atención. Para ello se someterá a un largo y tormentoso aprendizaje, a veces terrible, a menudo infernal. Vamos pues a ver cómo es ese aprendizaje y al mismo tiempo iremos viendo los conceptos referidos al nagual, intentando hacernos una idea de cómo es.

“Al comienzo  uno tiene que hablarle al tonal. El tonal es el que debe ceder el control. Pero hay que hacerlo que lo ceda con alegría. Por ejemplo, tu tonal ha cedido algunos controles sin mucho forcejeo, porque se hizo claro que de seguir como estaba la totalidad de ti estaría muerta hoy en día. En otras palabras, se hace que el tonal abandone cosas innecesarias como el sentirse importante y el entregarse al vicio, las cuales solo lo hunden en el aburrimiento. Todo el problema es que el tonal se aferre a esas cosas, cuando debería darlas gracias por librarse de esa porquería. La tarea es entonces convencer al tonal de que se haga libre y fluido. Eso es lo que un brujo necesita antes que cualquier cosa: un tonal fuerte y libre. Mientras más se fortalece menos se aferra a sus hechos y más fácil resulta encogerlo”.

Carlos Castaneda, creo que del libro El fuego interno, no lo tengo bien anotado.

Bien, un principio básico para abrirse al nagual, es que el tonal se encoja. Para ello hay que limpiar la isla del tonal, una técnica que don Juan describe así:

“Hay que barrer la isla del tonal y mantenerla limpia. Es la única alternativa que tiene el guerrero.  Una isla limpia no ofrece resistencia, es como si allí no hubiera nada.”

Carlos Castaneda. Relatos de poder.

“La explicación de los brujos decía que la isla del tonal estaba completa y que ni un solo elemento podía quitarse de ella. El cambio no significaba eliminar nada, sino más bien alterar el uso asignado a esos elementos”.

El benefactor, que abre el huevo luminoso, y el maestro, que enseña desde el tonal trabajan al unísono, cada uno en su terreno, pero debe ser el maestro quien vaya poniendo orden en el tonal, preparándolo para que se encoja y así pueda hacer sitio al nagual que llega como un ciclón y se apodera de la consciencia. Don Juan se dedicó a esta tarea con Castaneda, al tiempo que cuando se consideraba oportuno por el benefactor, don Genero, éste aparecía, dando sustos y sobresaltos, haciendo que el tonal se encogiera y Castaneda pudiera acceder al nagual.

El concepto de barrer y limpiar la isla del tonal tiene algunas pequeñas diferencias con el concepto budista de vacío. No se trata de vaciar la isla del tonal, es decir de quitar todo lo que hay en ella, de echar fuera todo lo que hay en la metafórica casa del tonal, dejando solo cuatro paredes con un interior vacío. Como hemos visto en la última cita, la isla del tonal está completa y no puede quitarse de ella ni un solo elemento. No podemos negar la realidad física, no podemos abrir una ventana en las cuatro paredes que separan la isla del tonal del nagual, y arrojar al vacío-nagual todo lo que hay en la isla, en el interior de la casa. La realidad física es la que es, en ella hay lo que hay y está completa, no le falta ni le sobra nada, no podemos ir por ahí con una metafórica pistola laser, pulverizando todo lo que encontremos.  No se trata de destruir el tonal, es decir, no se trata de matar el cuerpo físico, acabar con él, para alcanzar el nagual. Por eso el suicida es el peor de todos los aprendices de guerrero posible, porque intenta acceder al nagual destruyendo su tonal. Este no debe ser destruido, sino “limpiado”, un concepto chamánico muy creativo y plástico. No se trata de tirar los muebles por la ventana, sino de “limpiarlos”. Y esto implica, como hemos visto, colocarlos de otra manera, es decir “alterar el uso asignado a estos elementos”. Para preparar el encuentro con el nagual hay que cambiar las cosas de sitio en la casa-tonal, no tirarlas por la ventana. Debemos asignar nuevos usos a todo lo que tenemos, desde los sentidos físicos hasta el razonamiento, la percepción de nuestro entorno debe cambiar. Eso es limpiar la isla del tonal y todo el duro aprendizaje de Castaneda con Don Juan está encaminado a esta meta, como le descubre éste último a “Carlitos” en la recapitulación que hace al final de “Relatos de poder”.

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En el budismo hacemos un vacío porque todo lo que hay a nuestro alrededor es mentira, es el velo de Maya que nos manipula y nos hace creer lo que no es verdad. El neófito busca el desapego, que nada le afecte. Este es un concepto chamánico también. Un guerrero debe alcanzar el desapego, pero mientras en el budismo se hace el vacío, en el chamanismo se “limpia” la isla del tonal. Pueden parecer conceptos muy diferentes, pero en realidad no lo son tanto. Mientras el guerrero acepta lo que hay en su casa, solo que lo cambia de sitio, el neófito budista hace desaparecer todo como un mago que escondiera en el sombrero todo lo que hay a su alrededor, pero en realidad no lo está haciendo, no hace que la sólida realidad desaparezca, sino que se sugestiona para creerlo y sugestiona a los demás, hasta el punto de que todos ven desaparecer el entorno dentro del sombrero.  Se puede decir que con un toque de magia, hemos cambiado las cosas de sitio, antes estaban frente a nosotros y ahora están escondidas dentro de un sombrero, pero no han desaparecido. Nada se crea, nada se destruye, solo se transforma, la materia en energía y la energía en materia. En realidad poco importa dónde estén las cosas, si cambiadas de sitio o desaparecidas dentro de un sombrero, porque esa no es la meta, solo es una técnica, un paso en el camino, porque lo que realmente se busca es encoger el tonal para que el nagual entre y nos apabulle, nos deslome con su infinitud.  El guerrero es poseído por al nagual y el neófito es absorbido en el nirvana o samadhi.  El océano exterior, invisible, que rodea la isla del nagual, rompe las barreras que la isla del tonal había puesto para que el mundo invisible no fuera visible para nosotros y todo entra a la vez, de pronto, el infinito en un cántaro, el océano en el hoyo que ha cavado el niño en la arena,  como diría San Agustín. Un guerrero debe estar preparado tras un duro aprendizaje para saber manejarse con el nagual o podría morir, como bien le remarca don Juan a Castaneda.

“Un susto repentino siempre encoge al tonal. El problema es aquí no dejar que el tonal se encoja más de la cuenta. Un grave asunto para un guerrero es saber cuándo precisamente dejar que el tonal se encoja y cuándo detenerlo.  Eso sí que es un arte. El guerrero debe luchar como un demonio para encoger su tonal; pero en el mismo momento en que su tonal se encoge, el guerrero debe voltear al revés la lucha, inmediatamente, para no dejarlo encogerse más”.

Todos sabemos de esos sustos repentinos que recibimos en la vida, nos diagnostican una enfermedad grave, un familiar se pone gravemente enfermo, de pronto un día nos echan del trabajo y nuestra situación económica se hace angustiosa, o puede que se encadenen una serie de acontecimientos nefastos, que por separado no nos afectarían demasiado, pero que juntos nos hacen pensar en que somos unas marionetas a merced del viento de la suerte o del capricho de fuerzas poderosas, de pronto la rutina cotidiana que muchas veces consideramos aburrida e indeseable, salta en pedazos y echamos de menos esa seguridad del día a día, cuando no pasa nada, solo las mismas cosas, cuando podemos tener la seguridad de que haciendo lo que hacemos siempre es harto improbable que ocurra ninguna desgracia. El tonal se encoge y nos invade el nagual, acaparándolo todo. De pronto nos vemos pensando que la vida es una mierda, que todo es frágil y fugaz, que lo que sentíamos era para siempre puede desaparecer en un suspiro, lo que dábamos por hecho, la buena salud, un trabajo, una situación económica y social, salta en mil pedazos. Fallece un ser querido, ya nunca volverá, ya nada será como era antes, hay un vacío infinito. El nagual toma las riendas, nos hace ver lo que siempre debimos ver, pero que nos lo ocultábamos entregándonos al vicio, como le dice don Juan a Castaneda, es decir, entregándonos a esa rutina que nos protege de lo imprevisto, del desamparo. El nagual avanza y lo arrasa todo, entonces sabemos que la vida es un sin sentido, cuando creíamos que todo estaba claro y transparente, es un milagro, cuando antes lo veíamos como la cosa más natural del mundo, es un dolor perpetuo por la pérdida de todo lo que creíamos poseer para siempre.

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Si dejamos que el tonal siga encogiéndose y que el nagual siga arrasando nos podemos encontrar, sin darnos cuenta, en una depresión profunda y desesperada, deseando la muerte, aquejados de un estado de ánimo que nos puede llevar al fin. Por eso don Juan aconseja voltear la lucha, ahora hay que intentar que el tonal recupere su sitio y que el nagual vaya retrocediendo, nos va en ello la vida. Hay que cerrar esa puerta y recuperar la isla del tonal, donde las cosas han podido cambiar radicalmente, el orden que tenían antes ya no es posible recuperarlo ahora, pero al menos estamos en nuestra islita, donde siempre hemos estado o creído estar, la que conocemos o creemos conocer tan bien. Esta lucha puede llegar a ser verdaderamente infernal, como lo saben los que han perdido a un ser querido y han tenido que luchar meses y meses con el luto, intentando recuperar el sentido de la vida sin conseguirlo. Es como si alguna entidad malévola hubiera hendido el túnel del tiempo con su espada flamígera, nos encontramos con una sima donde antes existía continuidad, la vida se divide en un antes del fallecimiento del ser querido y el después. No podemos imaginarnos cómo antes éramos tan inconscientes y tampoco podemos imaginarnos cómo podremos regresar a aquel estado de inconsciencia que nos permitía vivir. Hay que volver a cerrar la puerta, hay que regresar al tonal y olvidarnos de los devastadores efectos del nagual. Un guerrero se pasa la vida en ese precario equilibrio, su maestría consiste en saber cuándo encoger el tonal, para que entre el nagual y le permita el contacto con la otra cara del universo, y cuándo debe cerrar la puerta y refugiarse en la isla del tonal, huyendo de los devastadores efectos que genera siempre el nagual en el guerrero.

Aún nos queda mucho por analizar de estos conceptos, básicos en la filosofía chamánica. Lo iremos haciendo sin prisa y sin pausa, conscientes de que por muy duro que sea abandonar nuestros vicios, la rutina que nos acoge, un guerrero debe hacerlo porque antes o después se enfrentará con el nagual si quiere ser un auténtico guerrero y no un miembro más del rebaño de los vinculados por ese anclaje del punto de encaje en un lugar concreto, que nos permite una descripción de la vida aparentemente apacible, pero engañosa y trapacera, que puede saltar por los aires al menor golpe que recibamos.





LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XII

12 02 2017

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XII

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EL TONAL Y EL NAGUAL/SEGUNDA PARTE

Ya vimos en la primera parte unas definiciones bastante simples y cutres de lo que es el tonal y el nagual. Como le dice don Juan a Castaneda el nagual es un misterio inextricable, pero también lo es el tonal, como le dirá más adelante. Don Juan admite sin tapujos haber mentido, engañado y manipulado a Castaneda. En Relatos de poder, cuando hace una recapitulación exhaustiva de lo que han sido sus enseñanzas y la iniciación de Carlos como guerrero impecable, le confiesa no haberle dicho toda la verdad y haberle manipulado cuando era preciso. Se disculpa diciendo que nadie aceptaría convertirse en guerrero sin un “empujoncito” sin haber sido engañado de alguna manera para dar los primeros pasos. La iniciación requiere misterio, ocultamiento de verdades, manipular al iniciado para llevarle por caminos que él nunca elegiría a sabiendas. Esto estuvo claro para Castaneda desde el principio en cuanto al tema del nagual, sus vanos intentos de racionalizarlo solo lograron provocar la risa de don Juan. Pero lo que no se esperaba Carlos era que también el tonal fuera tan misterioso, incomprensible e inextricable como el nagual.  La isla del tonal está regida por la razón, por lo tanto, piensa Castaneda, todo tiene que ser razonable, ordenado, todo tiene que tener una explicación. Pero no es así, como dice don Juan, el tonal es algo tan misterioso como el nagual. Podemos hacernos una falsa idea de que en el tonal, en el mundo físico, material, visible, todo está en orden, todo sigue unas determinadas reglas, todo puede ser explicado, sino ahora, con el tiempo. Nada más incierto. La vida es algo misterioso como no se cansa de repetir don Juan. Todos sus esfuerzos como maestro están dirigidos a presionar el mundo racional del tonal para que la razón se refugie en un rinconcito y atraiga hacia ella todo lo que hay en el tonal, todos los enseres y posesiones, digámoslo así, para que de esta forma la razón se sienta acorralada, comprimida y deje espacio para que surja el nagual. Sin embargo esto no significa que en el tonal todo esté en orden. El misterio continúa.  Podríamos hacernos una idea  de cómo funciona todo esto si lo comparamos con las grandes leyes físicas del mundo material en contraposición con las sorprendentes e inexplicables leyes que rigen el universo cuántico. Ambos forman parte del tonal, ambos pertenecen al mundo físico, y sin embargo pocas cosas son más misteriosas que las leyes que rigen el mundo cuántico.

La tarea del maestro es limpiar y ordenar la isla del tonal para que el benefactor pueda hacer surgir el nagual. Don Genaro, el benefactor de Castaneda, a quien éste tiene verdadero terror, como a las apariciones del nagual, le da unos sustos tremendos al pobre de Carlitos, haciendo cosas imposibles que golpean su razón sin piedad. Cada surgimiento del nagual es un riesgo de muerte, es una aventura en un universo misterioso y peligroso. ¿Cómo debe enfrentarse uno al nagual?

“Cuando uno está tratando con el nagual nunca hay que mirarlo de frente. La única manera de mirar al nagual es como si fuera cosa común. Uno tiene que pestañear para romper la fijación. Nuestros ojos son los ojos del tonal o quizás sería más exacto decir que nuestros ojos han sido entrenados por el tonal, por eso el tonal los reclama. Una de las fuentes de confusión es que tu tonal no te suelta los ojos. El día que lo haga tu nagual habrá ganado una gran batalla. Tu obsesión, o mejor dicho, la obsesión de todos nosotros es arreglar el mundo según las reglas del tonal. Así, cada vez que nos enfrenta el nagual, hacemos lo imposible por volver nuestros ojos tiesos e intransigentes, debo apelar a la parte de tu tonal que entiende este dilema, y debes hacer un esfuerzo para liberar tus ojos. La cosa es convencer al tonal de que hay otros mundos que pueden pasar frente a las mismas ventanas…Con que deja que tus ojos sean libres; déjalos ser verdaderas ventanas. Los ojos pueden ser ventanas para contemplar el aburrimiento o para atisbar aquella infinitud”.

Relatos de poder. Carlos Castaneda.

Es increíble lo bien que se adapta esta explicación a los problemas que surgen al intentar desarrollar el tercer ojo. En el budismo, en el yoga mental, específicamente, hay unos ejercicios con los ojos que tienen por fin ayudar al desarrollo del tercer ojo. En estos ejercicios movemos los ojos de todas las maneras posibles, en uno de ellos hacemos que ambos ojos se fijen en la punta de la nariz, generándose una distorsión en la mirada que se dobla, que se duplica. Todo este trabajo, aparentemente ridículo, tiene por objeto dejar libre la mirada, los ojos. Como bien le dice don Juan a Castaneda, el tonal, es decir, el mundo visible es quien controla los ojos de carne, ha sido entrenado para eso y resulta casi imposible convencer al tonal de que deje libres esos ojos, como ventanas, para ver lo que pasa ante ellos.

En mi experiencia personal en el desarrollo del tercer ojo, he observado, pasmado y aterrorizado, lo difícil que es dejar que el tercer ojo campe por sus fueros, permanecer pasivo, como si estuvieras delante de una ventana, dejando que pase ante ella lo que sea, dejando que los ojos se muevan en la dirección que les parezca oportuno. El miedo, el terror, a que frente a esa ventana pase algo que no podamos controlar, algo que nos descubra algo que no queremos descubrir, algo que nos muestre una parte de la vida o de nosotros mismos que no queremos saber a ningún precio, hace que los ojos se pongan rígidos, como bien dice don Juan. He observado que cuando a través del tercer ojo comienzo a ver algo que no quiero ver, algo que me aterroriza, mi propia muerte, una escena del futuro que no quiero conocer, algo sobre los demás que prefiero permanezca oculto para siempre, los ojos físicos, de carne, se ponen rígidos, permanecen mirando al frente como si algo los sujetara, una especie de argollas de hierro que como esposas sujetan nuestros ojos lo mismo que las esposas del policía sujetan las manos del delincuente. La nuca se me pone tensa, rígida, los ojos no se desvían ni un ápice del punto que han elegido. Así puedo permanecer minutos y minutos, hasta que la visión que rechazo desaparece, hasta que el dolor en la nuca, en las cervicales, el dolor de cabeza, se vuelve insoportable. El tonal lucha desesperadamente por no perder el control sobre los ojos, sobre la mirada, lo que vemos, lo que deseamos ver pertenece al tonal, ha sido entrenado para ello, es el amo de nuestra visión y no cederá sino a golpes, a terribles golpes que lo dejen fuera de combate. Es por eso que el nagual solo surge cuando el tonal está comprimido, acurrucado en el rincón de la isla del tonal, con la razón a su lado, intentando poner orden en todo, intentando encontrar explicaciones a todo. Cuando sufrimos un trauma, cuando la vida nos golpea con una tragedia terrible, entonces el tonal se acurruca, la razón se pone en pie de guerra, dispuesta a luchar contra todo lo que venga a desarbolar sus sólidos andamiajes.  Es por eso que sufrimos tanto con la muerte de un ser querido, con un accidente físico que puede dañar seriamente el tonal, con algún evento que nos va a privar de lo que nos sostiene en el tonal, un trabajo fijo, unas relaciones afectivas, un plácido y rutinario discurrir de los días. Cuando nos golpean y ponen patas arriba nuestras vidas, el nagual surge y nos aterroriza. Aunque no hayamos desarrollado ni un ápice el tercer ojo, aunque no sepamos siquiera que existe, aunque cerremos los ojos de carne y solo veamos oscuridad, la cabeza adopta una posición rígida, la nuca se tensa con terrible fuerza, miramos al frente, a un punto concreto y allí permanece nuestra mirada con empecinamiento, con testarudez inaudita, no queremos que nadie nos saque de ese ensimismamiento. Muchas veces observamos cómo personas que han sufrido un gran trauma permanecen con el cuello rígido, la mirada clavada en un punto frente así, parecen abstraídas, en Babia, fuera de sí, como meditando, están lejos de nosotros, del mundo físico. Cualquier esfuerzo por nuestra parte por sacarles de ese estado obtiene una respuesta agresiva, incluso violenta. Su tonal, la sabiduría de su cuerpo sabe, que está a punto de surgir el nagual, que el tonal va a perder el control de los ojos y que lo que pueden llegar a ver frente a esa ventana es algo terrorífico. No están dispuestos a pasar por eso y harán lo que esté en su mano para impedirlo. En esos estados, que todos hemos vivido alguna vez en la vida, sabemos que ocurren cosas inexplicables, de pronto intuimos que algo espantoso nos va a pasar en el futuro, que un ser querido nos va a dejar, encontramos que la vida no tiene sentido, caemos en el abismo de la desesperación, deseamos morir y olvidarnos de todo. Son los efectos terroríficos del nagual, es la férrea resistencia del tonal a ceder el control. No queremos saber nada de nuestro futuro o del futuro de los demás, no queremos convertirnos en médiums, no queremos desentrañar intimidades ocultas de los otros, no queremos que nuestro mundo racional se derrumbe. Estamos muy bien como estamos, viviendo la vida como la hemos vivido siempre, encontrando razones para todo, sabiendo que hay explicación para todo lo que nos sucede, sabiendo que el tiempo pasa de una determinada manera, que al día sigue la noche, que mañana tenemos que ir a trabajar, que saldremos, que veremos gente, que comeremos, que beberemos, que ocurrirán cosas que tienen sentido porque el tonal lo controla todo.

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Los que hemos vivido experiencias cercanas a la muerte sabemos muy bien cómo es ese terror que aparece de pronto, nos golpea en el plexo solar, nos deja sin respiración; cómo es esa angustia infinita que no podemos controlar, cómo de pronto perdemos el control, sobre nosotros, sobre nuestras vidas, sobre los demás, cómo la vida que antes parecía algo tan sólido y claro deja de tener sentido. Los que hemos vivido esas experiencias sabemos que ese terror no tiene comparación, por eso deseamos morir y al mismo tiempo nos aterroriza la muerte, por eso la vida pierde sentido y sin embargo deseamos seguir viviendo, por eso sabemos que ya nada será como era antes, todo se ha derrumbado. Luego podemos dejar que pase el tiempo e intentar recuperar lo perdido, cómo éramos, cómo eran nuestras vidas, las relaciones afectivas, el mundo de la vida cotidiana. Todo es inútil. Cuando el nagual aparece lo trastoca todo, siembra el terror en nuestras vidas, hace trizas la razón, estamos indefensos frente a la infinitud.  Por eso se habla de síndrome postraumático para explicar lo que les ocurre a las personas que acaban de sufrir una tragedia, un accidente de avión, de coche, han visto la muerte de cerca, han perdido seres queridos, necesitan apoyo psicológico. De pronto su ordenado mundo de la isla del tonal se viene abajo, aparece la muerte, siempre inexplicable, el tonal pierde el control sobre la mirada y frente a la ventana aparecen escenas inauditas, recuerdos escondidos del pasado, rincones ocultos de nuestra intimidad, relámpagos deslumbrantes que alumbran las conductas de los que han muerto.  La vida deja de tener sentido, ya no queremos seguir viviendo, ya no queremos levantarnos de la cama, hacer las estúpidas cosas que hacíamos antes, ya no nos consuela el apocado afecto de nuestros seres queridos, sentimos una inexplicable y vomitiva repugnancia hacia la hipocresía de los demás, mientras nos dicen que todo volverá a ser como era antes, cuando nos dicen que este momento pasará, cuando nos dicen que es comprensible nuestro desconcierto y que cuando pasen unos meses volveremos a ser los mismos. No es cierto y lo sabemos. Nuestro mundo se ha derrumbado, nuestras vidas han cambiado para siempre. Entonces intentan explicar nuestras conductas como si fuera producto del síndrome postraumático, el cerebro ha sufrido un gran impacto, la química cerebral se ha descontrolado, pero eso volverá a su ser, solo hay que dejar pasar el tiempo, tomar una medicación que nos calme, sentir a nuestro lado la compañía de quienes no han sufrido la tragedia y no pueden comprendernos, escuchar sus palabras melosas y sin sentido.

Los que hemos vivido esas experiencias sabemos que todo cambia y que jamás nada de lo que hemos vivido volverá a ser igual. Como bien dice don Juan, cuando un guerrero sufre la primera experiencia del nagual nunca volverá a ser el mismo, la vida que llevaba antes le parecerá rutinaria, aburrida, sin sentido. Es por eso que un aprendiz de guerrero es cuidadosamente preparado para enfrentarse a la aparición del nagual, tanto por el maestro como por el benefactor. Saben muy bien que un aprendiz que no está preparado puede morir al enfrentarse por primera vez al nagual, lo mismo que sabemos que una tragedia espantosa en nuestras vidas, la pérdida de seres queridos, la visión apocalíptica de cadáveres sembrando el terreno tras un accidente de aviación, puede hacer perder la razón y hacer que los testigos puedan sufrir un infarto y morir.

No se debe mirar de frente al nagual, enfrentarle, nos puede matar. En mis experiencias con el tercer ojo sé que estuve a punto de morir cuando quise enfrentarme a lo que estaba ocurriendo con todas mis fuerzas, controlarlo, vencerlo. Fuera lo que fuera, demonios que me tentaban, entidades que me forzaban a ver el futuro, poderes incomprensibles que se apoderaban de mí y querían hacerme vivir determinadas experiencias, visiones apocalípticas del futuro de la humanidad frente a la ventana…yo quería controlarlos, vencerlos, y el corazón se ponía a galopar y sentía que iba a sufrir un infarto, y todo el cuerpo parecía desmoronarse. Me quedaba rígido, sin respiración, y la mirada quedaba clavada en un punto hasta que todo iba pasando. Con el tiempo aprendí que es mejor permanecer pasivo, dejar que lo que tenga que suceder ocurra, ver lo que nos muestran a través de la ventana, sea lo que sea, dejarnos llevar por experiencias inauditas, incluso por el terror, que enfrentar al nagual como a un enemigo. En Relatos de poder resulta hilarante la escena en la que don Juan le pide a Castaneda que se despoje de la ropa antes de vivir una experiencia con el nagual. Cuando este se extraña y le pregunta la razón, don Juan se echa a reír, le recuerda lo que ocurrió la vez anterior cuando se enfrentó al nagual y llevaba toda la ropa encima. Castaneda recuerda y se siente avergonzado, porque en efecto, se lo hizo encima y sus ropas se convirtieron en despojos inservibles. Por eso alguien que va a morir puede vaciar sus esfínteres, su vejiga, se lo hace todo encima. El nagual tiene estos efectos, nos vacía de todo, nos quita la razón, nos aterroriza.  Hay que dejar los ojos libres, obligar al tonal a que ceda el control.

“Cuando estés en el mundo del tonal deberás ser un tonal impecable; ahí no hay tiempo para porquerías irracionales. Pero cuando estés en el mundo del nagual también deberás ser impecable; ahí no hay tiempo para porquerías racionales. Para el guerrero la intención es la puerta de en medio. Se cierra por completo detrás de él cuando va o cuando viene.”

Relatos de poder. Carlos Castaneda.

Aún seguiremos en otros capítulos con el tema del tonal y el nagual, un concepto tan importante, tan básico en la filosofía chamánica que sin un mínimo de comprensión de estos conceptos el resto permanecerá en la oscuridad más absoluta.

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XI

22 09 2016

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XI

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EL TONAL Y EL NAGUAL I

Dentro de la filosofía chamánica de Castaneda, de las enseñanzas de don Juan, estos conceptos tal vez sean los más profundos y también los más misteriosos e inextricables. La dualidad forma parte de todas las filosofías esotéricas conocidas, de todas las filosofías orientales, de la vida misma. El día y la noche, lo femenino y lo masculino, la vida y la muerte, el bien y el mal, son caras de la misma moneda, la totalidad de la existencia. Sin embargo nunca encontré un concepto tan amplio, tan profundo y a la vez tan misterioso.

¿Qué es el tonal?

“Nuestro ser total consiste en dos segmentos perceptibles. El primero es nuestro cuerpo físico que todos podemos percibir; el segundo es el cuerpo luminoso, es un capullo que solo los videntes pueden percibir y que nos da la apariencia de gigantes huevos luminosos”.

El Don del Águila

Carlos Castaneda

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En el budismo se habla de diversos cuerpos hasta llegar al cuerpo causal o alma, que de alguna manera se relacionan con los siete chakras más importantes. La simplificación que hace la filosofía chamánica de don Juan va más allá de cuerpos y entidades, es un dualismo global y totalizador. Aunque la definición de arriba parece concretar el tonal en el cuerpo físico, en otros párrafos de otros libros se matiza mucho más esta definición. Así en Relatos de poder don Juan habla de la isla del tonal, una isla en medio de un océano infinito que sería el mundo invisible. El tonal sería entonces todo el mundo visible, no solo el cuerpo físico sino todo aquello que el cuerpo físico puede percibir y que está unido de alguna manera, que está vinculado con el resto del mundo material. La isla del tonal es tan extensa como el Cosmos físico, como el universo, es decir se podría decir que también es infinita, pero nada en comparación con el universo infinito del nagual.

No he encontrado vinculaciones de este concepto con otros también duales como la conciencia del lado derecho y la conciencia del lado izquierdo, aunque parece que es la conciencia del lado derecho la que percibiría el tonal y la del lado izquierdo el nagual. En cuanto a las atenciones, parece que la primera atención estaría fijada a la isla del tonal mientras que las otras dos formarían parte de la percepción del nagual. Según se expresa don Juan ambos mundos estarían separados por un abismo infranqueable, o mejor dicho, se comunicarían por una puerta que el guerrero cierra al pasar al otro lado y su conciencia ya no puede retener lo que dejó atrás. Sería algo parecido al mundo de los sueños y el de la vigilia, ambos parecen incompatibles, si sueñas no estás despierto y si estás despierto no sueñas, pero no es exactamente así, puesto que don Juan habla de que un guerrero debe ensoñar despierto, es decir, debe mantenerse consciente en ambos mundos a la vez. En cambio cuando uno pasa del tonal al nagual la puerta se cierra y la memoria y la consciencia del tonal desaparecen. Hay una gran diferencia entre el guerrero que ensueña en estado de vigilia y el guerrero que pasa del tonal al nagual o del nagual al tonal, éste último concepto parece estar relacionado con la figura del doble. Un guerrero nunca sabe dónde está su doble ni lo que está haciendo, y sin embargo el doble, según don Juan se ha creado en el mundo del ensueño. Parece existir una cierta contradicción porque si un guerrero puede y debe ensoñar en estado de vigilia debería ser consciente de lo que hace su doble. Esto solo se explica si consideramos que aunque el doble haya sido creando mediante un largo trabajo en el mundo del ensueño, una vez creado formaría ya parte del nagual y por lo tanto nunca podría estar bajo el control del tonal.

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En la isla del tonal estaría todo lo existente en el mundo físico, incluso aquello que no conocemos y que aún es un misterio para nosotros. Estarían nuestros cuerpos físicos y todo aquello que ellos pueden percibir y con lo que están vinculados. Nuestro cuerpo físico puede percibir otros cuerpos físicos, las cosas materiales que nos rodean, todo el universo físico, aunque aún no haya sido descubierto y percibido por nuestros sentidos. Las reglas del tonal serían las reglas que gobiernan el mundo de la materia, el universo físico. Estaríamos sujetos a ellas y no podríamos quebrantarlas de ninguna forma. Cuando pasamos al nagual, cuando atravesamos la puerta, ésta se cierra y lo que es el tonal, lo que somos en el tonal, lo que hacemos allí, queda al otro lado, separado por un abismo infranqueable. De esta manera un guerrero no recuerda lo que es y lo que hizo en el tonal estando en el nagual y a su vez no recuerda lo que es y lo que hizo en el tonal cuando está en el nagual.

Apurando mucho la comparación podríamos decir que el tonal sería la materia y el nagual la antimateria y lo mismo que cuando ambas, materia y antimateria, se tocan en el mundo físico se produciría una terrible explosión desintegradora, cuando el  tonal y el nagual se encuentran el nagual podría producir la muerte del tonal, como se lo dice expresamente don Juan a Castaneda. Cuando un guerrero no tiene suficiente poder el encuentro con el nagual puede producirle la muerte, es por eso que Castaneda es preparado tan meticulosamente para este momento, don Juan lo prepara desde el tonal y don Genero desde el nagual, a través de experiencias tan demoledoras que Castaneda debe ser rescatado varias veces de una muerte segura.

Mis conocimientos de física son muy pobres pero creo que hay una cierta conexión entre estos conceptos y los de materia y antimateria o materia y materia oscura. Parece que ambas no pueden convivir, cuando se encuentran se produce la explosión demoledora. Es por eso que Castaneda no puede abrazar a don Genero cuando éste es el nagual, está en el mundo del nagual. Ambos, siempre tan divertidos, con un sentido del humor verdaderamente terrorífico, le gastan bromas a Castaneda. En una ocasión, tras haber presenciado las increíbles proezas de don Genaro como nagual don Juan le toma el pelo y le dice que abrace a don Genaro, Castaneda se queda paralizado después de haber escuchado que no se puede abrazar al nagual y sin embargo consigue abrazarle, está claro que don Genaro en forma de nagual ha desaparecido y ahora es don Genaro en forma de tonal a quien sí puede abrazar como podría hacerlo con cualquier otro cuerpo físico.

No he conseguido diferenciar muy bien los conceptos de nagual y de doble. Tampoco Castaneda puede abrazar al doble de don Genaro, pero don Juan es muy cuidadoso a la hora de diferenciar cuándo está actuando el doble de don Genaro y cuándo éste es el nagual. Me gustaría pensar que el tonal es el cuerpo físico y el nagual el cuerpo astral, lo mismo que el doble, existiría un cuerpo físico que somos nosotros en el mundo material y un cuerpo astral, que sale del físico y se convierte en nuestro doble. El cuerpo astral es invisible al ojo humano y no puede ser abrazado por un cuerpo físico. Nuestro cuerpo físico se mueve en la isla del tonal, sujeto a las reglas que existen en el tonal, y de la misma manera que no conoce toda la isla el nagual sería el cuerpo astral que se mueve sujeto a las normas que existen en el mundo del nagual y que tampoco conoce todo el universo nagual. Pero como veremos en la filosofía chamánica los conceptos de tonal y nagual no son equiparables a cuerpo físico y cuerpo astral y el concepto del doble es tan misterioso que no se consigue distinguirlo del nagual y don Juan no da ninguna explicación en este sentido.

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El paso del uno al otro es tan complejo que don Juan lo describe en largas parrafadas muy matizadas. Para conseguir pasar del tonal al nagual un guerrero debe seguir un duro aprendizaje en el que participan un maestro, que es el que se encarga de todo lo referente al tonal y que en el caso de Castaneda es don Juan y un benefactor que se ocupa de todo lo referente al nagual, que en este caso es don Genaro. El aprendiz suele llevarse muy bien con el maestro que se encarga de su tonal pero siente un terror indescriptible ante su benefactor.  Es lo que le ocurre a Castaneda quien tiene una relación muy fluida con don Juan y en cambio siente pánico, “se va por la pata abajo”, cuando aparece don Genaro. Cuando Carlos pregunta ambos, don Juan y don Genaro, no tienen inconveniente en hablar de ello. Si bien con un discípulo concreto no pueden actuar a la vez como maestro y benefactor, de ahí que ambos se intercambien papeles con sus discípulos, si don Juan es maestro con Castaneda es benefactor con Eligio, discípulo de don Genaro, de quien éste es maestro. La explicación de por qué no pueden ser las dos cosas a la vez con un mismo discípulo y sin embargo sí son capaces de actuar como maestros y benefactores con diferentes discípulos no está muy clara, imagino que no puedes ser amigo y maestro de alguien y al mismo tiempo ser una figura terrorífica para él.

Pero vayamos a un importante párrafo en el que don Juan explica cómo un guerrero debe trabajar el tonal, limpiar la isla del tonal, para que el surgimiento del nagual no acabe con él. Este es el párrafo:

“Al comienzo uno tiene que hablarle al tonal. El tonal es el que debe ceder el control. Pero hay que hacerlo que lo ceda con alegría. Por ejemplo, tu tonal ha cedido algunos controles sin mucho forcejeo, porque se hizo claro que de seguir como estaba la totalidad de ti estaría muerta hoy en día. En otras palabras, se hace que el tonal abandone cosas innecesarias como el sentirse importante y el entregarse al vicio, los cuales solo lo hunden en el aburrimiento. Todo el problema es que el tonal se aferra a esas cosas cuando debería dar las gracias por librarse de esa porquería. La tarea es entonces convencer al tonal de que se haga libre y fluido. Eso es lo que un brujo necesita antes que cualquier cosa; un tonal fuerte y libre. Mientras más se fortalece, menos se aferra a sus hechos y más fácil resulta encogerle”.

Este último concepto “encoger el tonal” es de una extremada importancia en la iniciación al nagual que lleva a cabo el benefactor.  No es otra cosa, como veremos en otro párrafo, que recibir el correspondiente “susto” que hace que nuestra razón, nuestra lógica, nuestra mente cuadriculada, se encojan, amedrentadas ante lo que se les viene encima, y dejen el control, el mando al nagual. Estos “sustos” no son otra cosa que las experiencias terribles de la vida, al menos así las consideramos nosotros.  Perder a un ser querido es uno de esos sustos, o sufrir un grave accidente que erosiona gravemente nuestro cuerpo físico y cambia nuestra vida, o perder un trabajo cuando habíamos cimentado todo nuestro futuro en él, o entregarnos a una relación de pareja con tal pasión y abandono que cuando se produce la ruptura y la perdemos tenemos la sensación de haberlo perdido todo. Es por eso y no por otra cosa que un guerrero debe ser impecable, debe alcanzar el desapego más absoluto, debe perder toda su importancia personal y debe dejar de entregarse al “vicio”, un concepto muy llamativo y divertido de don Juan. Éste le dice repetidas veces a Castaneda que deje de entregarse al vicio cuando quiere racionalizarlo todo, cuadricularlo, cuando necesita explicarse todo, absolutamente todo lo que le sucede,  cuando se siente un desgraciado porque no consigue ser un buen guerrero y las cosas mundanas le preocupan, cuando tiene dudas, cuando mira hacia el pasado, cuando quiere a toda costa aferrarse a su mundo anterior, a lo que él era antes de conocer a don Juan e iniciar el camino del guerrero. Este entregarse al vicio es el gran obstáculo del guerrero cuando se enfrenta con el nagual y es por eso que debe limpiar la isla del tonal, perder la importancia personal, alcanzar el desapego absoluto, porque cuando llegue el “susto”, un acontecimiento de la vida que va a desmantelar toda la cuadrícula que tan trabajosamente él se había creado, el encuentro con el nagual, al encogerse el tonal, le puede producir la muerte.

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Este encogimiento del tonal y la aparición del nagual se podría comparar a lo que sucede cuando un cántaro es llenado de diferentes líquidos, agua, vino, aceite, etc cada uno tiene sus propiedades y se comporta de forma diferente, pero todos caben en el cántaro, es algo natural. Sin embargo la aparición del nagual sería como si ese cántaro fuera vaciado del líquido que contiene –encogimiento del tonal- y en ese vacío limitado pretendiera introducirse todo el universo infinito. Tan solo imaginar lo que podría suceder pone los pelos de punta, el cántaro, nosotros, saltaríamos en pedazos infinitos ante una fuerza tan poderosa. El nagual no puede aparecer a pedacitos, dando pequeños “sustitos”, cuando aparece lo hace en toda su inmensidad infinita, con todo su poder. De ahí que un guerrero necesite ser impecable, no estar apegado a nada, ni entregarse a sus vicios, porque todo eso hace que el cántaro sea limitado y toda limitación podría producir la muerte del guerrero al entrar el nagual con toda su fuerza infinita.  Es por eso que el guerrero debe ser impecable y flexible, desapegado, humilde, no porque de esa manera le van a ir mejor las cosas en la vida, va a ganar muchas batallas y alcanzar mucho poder, sino porque la meta de un guerrero es la libertad y solo se puede ser libre en el nagual, fuera de la limitada isla del tonal.  Un guerrero se prepara y lucha toda su vida para alcanzar la libertad, la verdadera libertad, no para que la vida le vaya bien o para ganar muchas batallas frente a muchos enemigos y sentirse fuerte, y para ello debe alcanzar el nagual. No hay otra salida, a pesar del pánico, del terror que provoca esta experiencia.

Este tema es tan importante que le voy a dedicar varios capítulos, pero antes de finalizar éste me gustaría hacer una disquisición comparando lo que le sucede al guerrero que se enfrenta al nagual de lo que le ocurre al enfermo mental. Resulta curioso cómo hay muchas cosas en común. En realidad un enfermo mental no es otra cosa que un aprendiz de guerrero que  carece de maestro de tonal, de benefactor, de preparación, que no ha limpiado la isla del tonal, que está apegado a demasiadas cosas, que no ha perdido la importancia personal, al contrario es excesiva, desmesurada, que no es humilde, que se entrega constantemente a sus numerosos vicios. Cuando un aprendiz de guerrero con estas limitaciones, estos terribles defectos, se enfrenta al nagual lo menos que puede pasarle es que se vaya por la pata abajo. Resulta muy divertida la anécdota que le cuenta don Juan a Castaneda cuando éste le pregunta por la razón de que le tenga tanto miedo a don Genaro. Al parecer don Juan dejó, por despiste, su sombrero en casa de don Genaro y cuando Eligio, el aprendiz de don Genaro, entró a la casa y lo vio se fue “por la pata abajo”. No sabemos muy bien si esta expresión es metafórica o real, pero sí sabemos lo que Castaneda nos cuenta al respecto sobre su miedo a don Genaro, dice literalmente “que se le aflojaba el vientre”  y en más de una ocasión tras alguna experiencia con don Genaro, como benefactor que intenta introducirle al nagual, tiene que esconderse tras unos arbustos, todos imaginamos a qué.

Una de las características más llamativas de una persona con enfermedad mental es ese miedo constante, erosionante, implacable, que nos hace andar por la vida como pisando huevos, en expresión que me gusta mucho emplear cuando hablo de la forma de caminar por la vida de un enfermo mental. Tenemos miedo de todo, de lo que nos ha pasado, de lo que nos está ocurriendo en este momento, de lo que nos pasará mañana. Nos dan miedo las otras personas, nos da miedo el tiempo, viajar o quedarnos en un mismo lugar, nos da miedo intentar sobrevivir y nos da miedo entregarnos. Una de las experiencias más tristes que puede vivir una persona es sentir muy de cerca ese miedo de una persona con enfermedad mental, es contagioso, es descorazonador, se nos cae el alma a los pies. En realidad estamos presenciando el terror que sentiría un guerrero mal preparado ante la llega del nagual.

No es de extrañar que el brote o el afloramiento de muchas enfermedades mentales se produzca cuando el futuro enfermo acaba de sufrir un “susto” una experiencia terrible, dramática en su vida. Así hay personas que caen en una profunda depresión de la que ya nunca salen cuando se muere un ser querido al que estaban muy unidos. Otras, que se creían incombustibles, se vienen abajo tan solo con perder un trabajo en el que habían puesto todas sus esperanzas. Hay quienes ya nunca son los mismos tras una ruptura sentimental  y su deterioro acaba por convertirles en auténticos enfermos mentales. Es el famoso susto que encoge el tonal y cuando el nagual aparece con todo su terrorífico poder el guerrero no preparado sucumbe. No es de extrañar que las personas con enfermedad mental no dejemos de hablar de la muerte que parece presidir nuestras vidas, es como buscar una salida para que el nagual no nos destroce, es como abrir un agujero en el cántaro para que la entrada del nagual tenga una salida, aunque sea pequeña, a su infinitud. Los enfermos mentales deseamos morir para librarnos de la angustia y el sufrimiento infinitos que no son otra cosa que la aparición del nagual en la vida de un aprendiz de guerrero que no ha limpiado su isla del tonal y se encuentra con que sus apegos, su desmesurada importancia personal, ese entregarse cada momento del día a sus vicios, le llevan a no poder soportar el encuentro con el nagual y a desear la muerte como una liberación.

Como veo que esta disquisición da para mucho voy a terminar este capítulo y seguiremos en el siguiente.

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN X

17 05 2016

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN X

COMPRIMIR EL TIEMPO

Un guerrero comprime el tiempo. Esto le dice don Juan a Castaneda, y éste, como siempre se queda con la boca abierta y totalmente desorientado. ¿Qué es comprimir el tiempo? Se podría pensar que se trata de ser feliz, porque cuando uno es feliz, se divierte, parece que el tiempo transcurriera más deprisa, al contrario de lo que sucede cuando uno sufre, cuando uno está en el lecho del dolor, que el tiempo parece no pasar nunca.

¿Para qué necesitaría un guerrero comprimir el tiempo? No para disponer de más tiempo, porque como ya le ha dicho don Juan en otras ocasiones, el tiempo de un guerrero está tasado, sabe que la muerte está tras de él, con su mano derecha en su hombro izquierdo. Un guerrero sabe que no dispone de tiempo, que la muerte se lo puede llevar en cualquier momento. ¿Entonces a qué se refiere don Juan cuando habla de comprimir el tiempo?

Un guerrero no busca tener más tiempo disponible para hacer sus cosas, cumplir su misión. Un guerrero no tiene misión alguna que cumplir, no tiene que “hacer sus cosas”, un guerrero hace lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo, vive el presente, no hace planes para una vida futura que no está en su mano. Comprimir el tiempo tiene mucho que ver con la intensidad con la que se vive. Como hemos visto en la metáfora de la muerte, que don Juan utiliza con mucha frecuencia, cuando uno sabe que no tiene poder sobre la muerte, que no está en su mano el tiempo que ha de vivir, entonces vive la vida con intensidad máxima, con absoluta concentración. Cuando uno sabe que puede morir al segundo siguiente, no se anda con chiquitas, cada segundo es precioso, todo lo que hace adquiere una importancia y una intensidad inauditas. Esto es lo que da una extraordinaria fortaleza al guerrero, saber que todo está perdido, que nada es suyo, que no dispone de nada, ni siquiera de tiempo de vida. Cada una de sus actos se convierte en impecable, en diamantino, no está contaminado por el apego, por el interés, por metas sin sentido, como conseguir dinero, alcanzar el poder, apegarse a seres queridos. Cuando la muerte está detrás, con su mano en tu hombro, nada de esto es importante. Las personas que hemos tenido la desgracia de vivir experiencias cercanas a la muerte, que hemos estado a punto de morir, que hemos sido absolutamente conscientes de que si no ocurría un milagro íbamos a morir, sabemos muy bien de qué habla don Juan. Esta experiencia cambia una vida, cambia la consciencia de ser, lo cambia todo. Tras mis experiencias cercanas a la muerte, porque han sido varias, toda mi vida cambió. No podía entender cómo las demás personas hacían proyectos, planificaban sus vidas, como si tuvieran seguro que al día siguiente seguirían vivos, en su trabajo, con sus seres queridos. Cuando uno tiene una experiencia cercana a la muerte ya no es capaz de seguir pensando que la muerte es solo una teoría, que sí, que moriremos algún día, pero este día está tan lejano que solo puede pensar en ello si su fantasía es muy viva y es capaz de representarse un acontecimiento futuro con toda intensidad.

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La experiencia cercana a la muerte es lo más próximo que encuentro a comprimir el tiempo, a la actitud del guerrero impecable, que hace todo como si “realmente” la muerte estuviera tras de él, con la mano en su hombro, porque es que “realmente” es así. A todos nos afectan las muertes de niños, las muertes imprevisibles de personas jóvenes que tienen un accidente imprevisto, imprevisible. Todos pensamos que eso les ocurre a los demás, que es una estadística muy baja, que hay muertos en accidentes de tráfico, pero son pocos y no tiene por qué ocurrirnos a nosotros; que a veces un avión cae y mueren todos, pero estadísticamente es muy improbable. Es un engaño que nos ayuda a vivir. Como don Juan le dice en otro momento, las personas normales tienen sus propios escudos, sus propias estrategias para enfrentarse al gran misterio de la vida y no perecer, y una de ellas, la más importante, es creer que su vida está garantizada, que la muerte está muy lejana y ya habrá tiempo de pensar en ello. En cambio el guerrero no dispone de ese escudo, se ha quitado la venda de los ojos y ve el misterio en todo su monstruoso terror. Tras mi última experiencia cercana a la muerte viví esta caída de la venda de los ojos, este caerse el escudo que me protegía del misterio, y tuve que enfrentarme a una nueva vida, con la mano de la muerte en mi hombro izquierdo. Fue algo literal, creo que a esto ahora lo llaman los efectos del síndrome postraumático. Es decir, sufres una experiencia terrible, estás a punto de morir, o tus seres queridos mueren en una catástrofe terrible e impredecible, o sucede cualquier otra cosa que nos deja en nuestro lugar sin importancia, no somos nada. No somos nada es una frase que yo escuchaba muchas veces en los entierros familiares. Venían a dar el pésame y ponían una cara muy larga, muy triste, para decir aquello de “no somos nada”. Pero tú sabías que ellos lo decían con la boca chica, que se habían preparado la interpretación, que eran pésimos actores. Porque a ellos no se les había muerto un ser querido, porque ellos no habían estado a punto de morir y se habían salvado de milagro. Pero de alguna manera inconsciente imitaban la actitud del guerrero, ese “no somos nada”.

Ese síndrome de que hablan ahora no es otra cosa que la caída de la venda, entonces te enfrentas al misterio con toda su intensidad, como don Juan le dice a Castaneda que debe enfrentarse el guerrero al Águila. Las emanaciones del Águila son tan poderosas, tan compulsivas, que un guerrero en solitario suele perecer, a no ser que sea un guerrero formidable, por eso aconseja que se junten los guerreros para ver la verdadera cara del Águila, de otra forma perecerán. De ahí también ese pequeño ejército, conformado por el nagual y sus guerreros. Recuerdo que durante meses yo era incapaz de ver las cosas cotidianas como antes, en cualquier momento puedo morir, pensaba, por qué entonces voy a preocuparme de ahorrar dinero, de hacer planes, de pensar que mis seres queridos estarán siempre conmigo. Fue una experiencia única, estremecedora, cuando te ocurre, o pereces, te suicidas, te dejas morir, te vuelves loco, o te conviertes en un guerrero. Es lo que me ocurrió a mí, aunque tuvieron que pasar años y toda clase de desgracias para que aquella experiencia cobrara todo su valor.

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UN VIAJE EN TREN

Imaginemos un viaje en tren. Tenemos que ir de una estación a otra, donde hay que realizar una tarea que nos espera. El tiempo que tarda el tren en en llegar lo ocupamos “matando el tiempo”. Bonita y aterradora expresión, matar el tiempo. Charlamos de naderías, leemos un libro, miramos el paisaje por la ventanilla, dejamos que la mente se ocupe en mil cosas inútiles.

Si un tren es lento el viaje de una estación a otra puede prolongarse mucho, son los espacios vacíos en nuestras vidas, los agujeros en los que caemos habitualmente hasta que encontramos una tarea que hacer. Una persona normal llega a aburrirse, en su vida hay muchos momentos, largas temporadas de aburrimiento, la vida le parece algo tan aburrido que debe buscarse sus propios entretenimientos para no perecer de hastío. Así llegan las adicciones, nos hacemos adictos a las drogas que nos sacan del aburrimiento, al alcohol, al tabaco, al juego, al sexo, a lo que sea. Necesitamos cubrir con algo esos inmensos agujeros que a veces son nuestras vidas. O nos hacemos adictos al dinero y así estamos siempre ocupados en algo, en contarlo, en ahorrarlo, en idear mil formas de obtener más y más dinero. Y luego pensamos en qué gastaremos el dinero o cómo se lo dejaremos a nuestros hijos, o qué podríamos hacer si fuéramos ricos… Nos pasamos la vida ideando, nos pasamos la vida fabulando, nos pasamos la vida huyendo, fugándonos de ese aburrimiento entre estación y estación. Nos sentimos tan aburridos que hasta un compañero de viaje al que ni miraríamos en nuestra vida cotidiana, mientras nos movemos como peonzas, en el viaje en tren llega a ser hasta un compañero entretenido. Miramos lo que hace como si fuera algo insólito, le preguntamos algo como si fuera importante y esperamos su respuesta muy atentos, como si lo que nos fuera a decir tuviera la potencia de cambiar nuestras vidas. Todo esto son entretenimientos vanos, adicciones, apegos. En realidad somos muy conscientes de que el dinero que acumulemos no nos servirá para sobornar a San Pedro y que nos deje entrar al cielo. De aquí no se saca nada, y menos dinero. Somos muy conscientes de que el apego a un ser querido, que nos parece maravilloso, la muestra del amor más sublime, es un apego que desaparece de forma súbita cuando este ser querido fallece. Entonces pasamos el luto, que no es otra cosa que intentar rellenar de algo el agujero que nos ha dejado el ser querido. Nos afanamos detrás de muchas cosas para sacudirnos la modorra del viaje de una estación a otra.

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Un guerrero no viaja de estación a estación porque cada paso que da es para él una nueva estación. No hay tiempos muertos en su vida que deba rellenar de tonterías, no hay agujeros a los que uno deba echar y echar cosas para que se vayan llenando. Un guerrero sabe que viaja de la estación de la posible muerte a la estación de la muerte segura. No hay tiempo para tonterías, no se entretiene mirando lo que hacen los demás, intentando comunicarse con alguien que en cuanto baje del tren ya no volverá a ver. No se hace ilusiones amontando dinero ni fantaseando con esto o con aquello. Un guerrero no tiene tiempo para estas cosas, porque la muerte le espera a cada paso y nunca sabe si el paso siguiente será aquel que la muerte elija para llevárselo. De ahí que esté siempre preparado para su última danza con la muerte, acumulando poder, renunciando a las tonterías, a perder energía en cosas inútiles. Incluso cuando viaja en tren, de una estación a otra, no pierde el tiempo, porque sabe muy bien que el Espíritu, como dice don Juan también, le puede mandar a alguien a su encuentro y sabe que no se puede despreciar al Espíritu, incumplir sus mandatos. Sabe que en cualquier momento y lugar alguien le puede ser enviado, incluso aunque parezca el ser más lerdo y sin interés del universo, si se lo manda el Espíritu esto se convierte en una misión sagrada. Así cuenta don Juan cómo le fue enviado Castaneda y no le baila el agua, le dice que no le caía simpático, que le parecía un tonto muy tonto, pero como le había sido enviado por el Espíritu tuvo que cumplir su misión sagrada iniciándole en la sabiduría del guerrero, transformándole en un hombre de conocimiento. Esto nos sucede a todos, porque como dijo Julien Green, el gran novelista católico, todos somos enviados, el verdugo a la víctima y la víctima al verdugo. Todos tenemos que cumplir la misión sagrada del Espíritu. Solo que algunos lo ignoran y dejan pasar a los enviados y luego sufren las consecuencias. Como también le dice don Juan a Castaneda, toda persona, guerrero o no, tiene un dedalito de suerte en la vida, un regalo del Águila, del destino, o como queramos llamarlo. La única diferencia entre el guerrero y la persona normal es que el guerrero está siempre atento, concentrado, no deja pasar una y por eso el dedalito de suerte no le pasa desapercibido, en cambio la persona normal se pasa la vida buscando su dedalito de suerte, jugando a la lotería de la suerte, y se olvida de los que le son enviados, se olvida de lo importante y cuando el dedalito de suerte pasa a su lado no es capaz de verlo.

La intensidad, la concentración absoluta y sin fisuras que pone el guerrero impecable en cada acto de su vida hace que no haya viajes en tren entre estaciones donde debe cumplir tareas o si existe este viaje en tren es tan súbito, tan veloz, que es como si el tiempo se comprimiera. Mientras los demás desaprovechan, matan su tiempo, en naderías mientras viajan de una estación a otra, el guerrero lo comprime hasta un extremo inaudito, es como viajar a una velocidad superior a la luz, mientras los demás han vivido mil vidas inútiles el guerrero ha vivido un segundo, intenso, eterno, absoluto. Por eso un guerrero debe comprimir el tiempo, no porque necesite más tiempo que los demás, no porque el tiempo le sobre y lo pueda comprimir y acortar, simplemente porque actuando como guerrero el tiempo se comprime. Los que viajen en tren, perdiendo el tiempo hasta que llegan a su estación, no pueden imaginarse lo que es un viaje a velocidad de la luz, no te da tiempo a respirar y ya has vivido tu vida, mil vidas, millones de vidas. Cuando sabes que tienes la mano de la muerte en tu hombro izquierdo el tiempo pasa veloz y cada instante se convierte en único, no hay tiempo para mirar para otro lado, para dejar que la mente bulla en tonterías sin sentido. Al momento siguiente puedes estar muerto, por lo tanto ahora, en este momento, haciendo lo que haces, pones toda tu intensidad vital, lo pones todo, porque es muy posible que ya no necesites nada para el segundo siguiente en el que estarás muerto.

Los que hemos vivido experiencias cercanas a la muerte sabemos muy bien lo que significa comprimir el tiempo, vivir como un guerrero, con la muerte a tus espaldas. Cuando besamos a un ser querido en una despedida lo hacemos como si nunca más lo volviéramos a ver, cuando nos comemos un helado en un día caluroso de verano lo hacemos como si no volviéramos a tener esa oportunidad. Cuando tenemos una moneda en el bolsillo sabemos que no podemos hacer cábalas, si nos la pide un mendigo y eso es lo que tenemos que hacer en ese momento se la damos, o se la denegamos y se la damos a un niño o nos compramos unos zapatos más cómodos porque los que llevamos nos están moliendo el pie. Cuando yo salí a la superficie tras ahogarme en mi última experiencia cercana a la muerte, el sol brillaba más, la gente era más importante, era única, todo lo que me ocurría, que un pájaro me cagara en la cabeza, que un niño me diera un balonazo, que una chica me mirara, que pasara el camión de la basura, que el reloj diera sus campanadas, todo, todo, absolutamente todo era único, importantísimo, eterno, porque era el momento que me había sido concedido, donado, porque la muerte me había dejado vivir y eso era lo único importante, lo único realmente importante.

Por desgracia desaproveché aquel momento y como Castaneda me puse a tomar notas en los momentos importantes, cuando llegaba el conocimiento, cuando se abría el horizonte y el ramillete de emanaciones del Águila brillaba en todo su esplendor ante mis ojos. Me fugué de la realidad buscando aquella realidad anterior a la experiencia cercana a la muerte, cuando yo era como los demás, los que creen que nunca van a morir, los que no comprimen el tiempo y se aburren. Caí en la depresión, caí en todos los agujeros del camino, no aprendí la lección. Y tuvo que ser el divorcio, el haber perdido a la familia, mi nueva experiencia cercana a la muerte, la que realmente me ha transformado en guerrero. Ahora soy un guerrero impecable, ahora vivo el momento y comprimo el tiempo. Han pasado casi dos años desde aquel momento y es como si fuera ayer, qué digo, como si hubiera ocurrido hace un minuto, un segundo. Ahora, como guerrero, miro hacia atrás, recapitulo y soy consciente de que la vida ha transcurrido como en un soplo. Ese el tiempo del guerrero, el soplo, los demás se aburren como ostras en sus tiempos muertos, matando el tiempo, intentando rellenar los inmensos agujeros de sus vidas, intentando que el dinero lo sea todo, o se adicionan a esto o aquello, o se apegan a nimiedades, a futesas, o sufren tragedias espantosas cuando una moneda se les cae del bolsillo por un agujerito que no habían visto.

El guerrero comprime el tiempo, el guerrero nota la presencia de la muerte a sus espaldas, nota su mano en su hombro izquierdo, vive con intensidad hasta el respirar, porque sabe que el segundo que tarda en respirar es un don, es un auténtico milagro. Si la vida es un misterio terrible comprimir el tiempo es una necesidad ineludible para que la vida adquiera su pleno sentido, para que no se convierta en un viajar entre estación y estación, un largo, larguísimo viaje, aburrido, bostezando, llenando agujeros con conversaciones inútiles, apegándose a viajeros que no nos interesan, que no nos han sido enviados por el Espíritu. Un guerrero comprime el tiempo porque en cada momento está haciendo lo que realmente tiene que hacer y no matando un tiempo que ya nació muerto.

 

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN IX (LA REGLA)

9 03 2016

 

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN

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LA REGLA

La regla, la norma, la ley, forma parte de nuestras vidas, lo queramos o no. Todo en el universo está diseñado de acuerdo a una ley que conforme desciende hacia el mundo material se hace más enrevesada y compleja. Existen las leyes físicas que gobiernan nuestro universo dimensional, existen leyes cósmicas, que regulan la compleja existencia de los universos materiales y existen leyes creadas por los humanos para vivir en sociedad. Cada persona también se crea sus propias leyes o normas para regir su vida. La regla, la ley nace de la propia naturaleza de las cosas, de la propia existencia, algo es como es porque se adapta a unas normas concretas, somos como somos porque nos ajustamos a una determinada forma de pensar, sentimos de una manera y los hábitos, normas auto-impuestas, gobiernan nuestras vidas.

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Hay normas tan variadas como complejas, tan simples como dogmáticas, tan flexibles como monolíticas. Las religiones se rigen por la regla de la palabra de Dios, es decir, creen que Dios ha hablado a alguien y esa palabra, recogida por escrito o por tradición verbal, se impone, en forma de dogmas, a los demás. El dogmatismo es la regla de las religiones. Nuestra sociedad funciona en base a un complejo entramado de normas, como una auténtica tela de araña. Algunas son imprescindibles para la convivencia, otras no son otra cosa que una cárcel de papel, burocrática, en la que se quiere mantener a los ciudadanos. La observancia de la regla, de la norma, es imprescindible si se quiere vivir en sociedad. Una desobediencia civil mayoritaria, aunque solo fuera de una norma básica, mientras se mantienen las restantes, provocaría un auténtico caos social. Basta con imaginar que un día una mayoría de ciudadanos se pusieran de acuerdo para no cumplir las normas de tráfico, por ejemplo, y nos podemos hacer una idea cabal del infierno que eso generaría.

Un guerrero impecable, un nagual, también tiene su norma, su “regla”. Solo que, al contrario de lo que sucede con la religión o la sociedad, la norma del guerrero es tan simple como inextricable. No existen dogmas, no existe la palabra de Dios, no existen leyes que deben ser cumplidas de forma coactiva por cuerpos de seguridad y militares. Para un guerrero la norma básica es aceptar que la vida es un misterio, que todo es un misterio. No nos enfrentamos al misterio batallando por vencerle y doblegarle, tampoco le preguntamos para que nos responda como a una sibila, no pretendemos estudiarlo, diseccionarlo para ver qué hay en sus entrañas, un misterio es un misterio y lo único que se puede hacer frente a él es respetarlo, es la primera actitud de un guerrero ante el misterio, el respeto ante algo que nos supera, que nos puede. Un guerrero respeta el misterio de la vida, no pretende analizarla al microscopio para desentrañar su naturaleza y dominarla, no se conoce el misterio, no se domina el misterio, se respeta. Un guerrero sabe que vive en un mundo misterioso, el simple hecho de vivir es un prodigio, un don y también un horror, el terror elevado a la enésima potencia. No sabemos cómo hemos venido a la vida, por qué, quien nos ha dotado de consciencia, para qué, no sabemos nada. Vivimos asumiendo que muy pocas cosas están en nuestras manos. La mayoría de lo que nos sucede escapa a nuestro control y tampoco puede ser controlado por los demás, a este misterioso organizador de nuestras vidas lo han llamado destino, fatum, suerte… en la filosofía chamánica tiene un nombre “fuerzas poderosas que controlan y dirigen el universo”.

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Un guerrero no vive como si supiera qué es la vida, qué le ocurrirá mañana, hoy mismo, dentro de un instante, un guerrero vive sumergido en el misterio, él mismo es un misterio para sí mismo y los demás son aún más misteriosos que él. Aunque las personas “normales”, los no guerreros, viven como si supieran todo de la vida, como si conocieran cada uno de los pasos que les esperan, como si tuvieran un manual que les permitiera arreglar todos los desaguisados con los que se encuentren. Los creyentes asumen que la supuesta palabra de Dios les explica todo, cómo nacieron, para qué nacieron, qué tienen que hacer en cada momento, cómo tienen que reaccionar ante cualquier incidencia de la vida. Tienen una regla otorgada, no una regla propia, abdican de su razón y se la entregan a quienes dicen haber recibido la palabra de Dios. Saben que no pueden mentir, matar, dejarse llevar por la lujuria, saben que tienen que ir a misa o cumplir sus rituales en la forma y tiempo establecidos, saben que ante cualquier duda deben acudir al sacerdote para que les aleccione o rezar para que el mismo Dios les haga saber su voluntad en la forma que él establezca.

Los no creyentes, los agnósticos, los materialistas, los ateos, los cientifistas, o como ellos gusten de llamarse tienen una norma básica que guía sus vidas: ver para creer. Son auténticos “santo-tomases” que no creen en nada que no puedan ver, palpar, gustar, que no puedan abrir, diseccionar, experimentar, comprobar. Su regla es tan imposible de cumplir que la mayor parte de sus vidas es un constante saltarse la regla. No pueden verlo todo y como sus límites son evidentes acaban por fiarse de lo que otros les dicen que ellos han visto. No pueden abarcarlo todo, y por lo tanto deben confiar más, deben tener más fe que los propios religiosos que solo creen en la palabra de Dios. Digamos que la norma del escéptico, del agnóstico, es tener una regla que siempre se deben saltar si quieren adaptarse a la vida, si quieren seguir viviendo. No ven el amor, como lo único que se puede ver son hormonas bailando al microscopio, acaban asegurando que el amor son hormonas, pero cuando tienen que asumir las consecuencias de esta conclusión se echan atrás. ¿Cómo confiar que las hormonas van a durar para siempre, que el cóctel no se revuelva de un momento para otro y lo que hoy es amor mañana sea indiferencia absoluta? Y sin embargo llegan a aceptar la vida en pareja, aún creyendo que lo que sienten es solo instinto, hormona revuelta; llegan a tener hijos y los quieren como si este sentimiento fuera mucho más que una hormona que tira para ese lado. Consideran que todos somos sacos de hormonas, sacos de piel con huesos, músculos y órganos y sin embargo actúan como si los demás fueran algo misterioso y divino. No respetan la vida del prójimo solo porque si se la quitaran les pillarían y les harían morder el polvo, pagar muy caro lo que han hecho. Si así fuera quienes tuvieran la oportunidad clara de arrebatarle la vida al prójimo sin ser descubiertos lo harían sin más, en cambio respetar la vida del otro parece ser una norma básica en sus vidas. Quienes siguen la regla de que nada que no pueda ser visto, oído, gustado, palpado, diseccionado, visto al microscopio electrónico, existe realmente, tendrían que renunciar a gran parte de su vida porque no es “comprobable”. Nadie puede verlo todo y la confianza en que lo que los demás dicen haber visto es ineludible para que nuestras vidas puedan seguir siendo lo que son. Lo curioso es que confían y creen en lo que les dicen los demás, humanos, limitados, no aquilatados como buenas personas dignas de confianza y se ponen insufribles negando todo aquello que supuestamente pueda venir de entidades invisibles a las que lógicamente no pueden ver ni palpar. Podríamos decir, de forma irónica, que hay quienes llegan a creer más en un prójimo mentiroso que en el mismísimo Dios. Claro que los creyentes que dicen creer a pies juntillas en el mismísimo Dios, en realidad están creyendo en sus semejantes que les dicen que Dios les ha hablado. En resumidas cuentas, en el fondo todos creen en sus semejantes, solo que unos les hablan en nombre de Dios y los otros les piden que crean en lo que ellos dicen haber visto. En realidad nuestras vidas se basan en la confianza mutua, nombramos representantes políticos para que establezcan normas y leyes, confiando en que lo harán bien y mejorarán nuestras vidas en lugar de empeorarlas. Cada día nuestra vida es un perpetuo derroche de confianza. Salimos de casa confiando en que nuestro vecino no nos esté esperando, como un depredador, para devorarnos, cruzamos el paso de cebra confiando en que el conductor de turno respete la norma o regla establecida y no nos atropelle. Confiamos en que el alimento que compramos en el supermercado esté en buenas condiciones y no muramos intoxicados. Confiamos en la persona que nos dice que nos ama locamente y nos casamos y tenemos hijos y formamos familias que son las células, las moléculas de nuestra sociedad. La vida del no guerrero es una perpetua confianza, en los demás, en que las leyes físicas seguirán funcionando cada día, en que la mayoría respete las normas y leyes, en que nuestra vida siempre estará en nuestras manos, aunque sabemos muy bien que no lo está, está en manos de quienes hacen las normas y leyes, de los políticos, de las fuerzas y cuerpos de seguridad que dicen velar porque sigamos vivos, de los empresarios que dan trabajo, de los trabajadores que son productivos y cumplen, de los que confeccionan alimentos que nosotros solo compramos, no podemos cultivar. Pero lo curioso de todo esto es que, individualmente, tomados de uno en uno, no podríamos asegurar ni el uno por ciento de nuestras vidas. Nuestras ropas no dependen de nosotros, ni la alimentación, ni nuestras moradas, ni los inventos que mejoran nuestras vidas, ni nuestra seguridad. Lo que realmente está en nuestras manos es tan poco que da miedo.

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Confiamos en los demás porque no nos queda otra opción, pero si miramos bien nos daremos cuenta de que esa confianza es un auténtico misterio, porque la palabra de Dios no nos dice que Él va a intervenir directamente si un malvado mata a nuestros seres queridos o los secuestra o los viola, tenemos que confiar en que las leyes y cuerpos de seguridad disuadan al malvado de sus designios. Confiamos en que la estadística nos sea favorable, puede que no nos toque la lotería, pero confiamos en que no nos toque el tanto por ciento de robos, atracos, secuestros, violaciones, asesinatos, errores conscientes o no conscientes en la confección de alimentos o vestidos o… Confiamos en que las estadísticas nos sean favorables y podamos seguir vivos tras comer algo que hemos comprado en el supermercado, tras vestirnos una ropa que ha confeccionado otro y en la que podría haber puesto algo que nos intoxique. Confiamos en que el coche que compramos esté bien hecho y se ajuste a las normas establecidas y de esta manera que cuando lo utilicemos no estemos jugando con la suerte, si vamos a morir hoy o mañana.

La vida de un no guerrero es un auténtico misterio, solo que él no lo sabe, ni lo quiere saber, actúa como si todo estuviera en su mano. Considera que sigue vivo porque es así como debe estar, vivo, y la muerte solo es un accidente que ocurrirá en algún momento, más bien tarde. Considera que todo lo que le ocurre cada día es lo programado, algo que está perfectamente controlado, algo que sucede así desde el principio de los tiempos y seguirá ocurriendo hasta el final de los tiempos. Todo lo demás son “accidentes”. Descarrila un tren y nosotros no íbamos en él, estadísticamente es muy improbable que fuéramos por esto y lo otro y lo demás allá. Nos convertimos en una parodia ridícula del matemático. ¿Quién nos dice que a nosotros nunca nos tocará un accidente de este tipo, estadístico, porque tenemos la matemática y la suerte a nuestro favor? Y así huimos de la realidad cuando ésta nos golpea con su misterio, fuimos de viaje al extranjero, de turismo y mientras a estos les tocó morir al explotar su avión, a los otros les secuestraron los terroristas, les cortaron la cabeza, les… a nosotros no nos pasó nada. Parece que es pura casualidad el mal que les ocurre a los demás. Si fuéramos unos buenos matemáticos sabríamos que la probabilidad de que nos ocurra algo a nosotros, llevando la vida que llevamos es… Y sin embargo hemos visto morir a nuestros familiares de cáncer y sin embargo nosotros vamos aguantando el tipo; hemos visto morir en accidentes de tráfico a personas que iban por nuestra carretera, unos kilómetros por delante, y nunca nos preguntamos por qué a ellos y no a nosotros. Nunca nos hemos planteado que es más fácil la muerte que la vida, la ley de la entropía que el orden universal, que sea más fácil encontrarnos en la vida con una persona que quiera hacernos daño que con otra que quiera hacernos el bien. Damos por supuesto que todo lo que nos sucede es bueno porque así está establecido por las leyes básicas del funcionamiento del universo, por la regla, y que los accidentes y las excepciones siempre les ocurrirán a los demás, porque la estadística no miente, yo nunca seré un fallecido en accidente de tráfico.

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Un guerrero sabe muy bien que todo esto es un misterio, que nunca lo podrá desentrañar, que la consciencia es un misterio, que el hecho de que él haya sido dotado de consciencia es un misterio, que el hecho de que él haya nacido de una determinada familia y no de otra es un misterio, que las personas que se va a encontrar a lo largo de su vida sean éstas y no otras es un misterio. Un guerrero sabe que la muerte le sigue por el camino, la mano en su hombro izquierdo, que se lo puede llevar cuando ella quiera, todo está en el aire, nada de lo que le suceda a lo largo de la vida es seguro, desde la perspectiva de la muerte todo es un don, la vida es un don, los placeres son un don, hasta el sufrimiento es un don, el amor es un gran don y el desamor sigue siendo un don. Un guerrero sabe que todo es un misterio, es un misterio nacer y es un misterio morir, es un misterio todo lo que le sucede a lo largo de la vida, las personas con las que se encuentra y por qué no se encuentra con otras, por qué algunos le hacen daño y otros le hacen bien, por qué se libra de tragedias terribles no estando donde tal vez debiera haber estado según la lógica de su vida rutinaria y por qué cuando estaba convencido de que iba por el buen camino y nada malo le podría ocurrir de pronto cae al fondo de un abismo que no había visto ni que se podía prever estuviera allí.

Un guerrero respeta el misterio, no intenta desentrañarlo ni busca que le expliquen por qué nacemos o morimos cuando bien podríamos haber adquirido la consciencia desde siempre, recordarlo todo desde siempre y no perderla nunca, ni en la muerte. Un guerrero no lucha a brazo partido con el misterio, obligándole a concederle una buena vida y una buena muerte, a concederle el amor de una determinada persona o el amor de otra o de aquella de más allá, el amor nos puede ser concedido pero también nos puede ser negado, o nos puede ser concedido y luego negado. No lucha porque la vida le conceda todo aquello que cree merecer, porque se considera bueno, inteligente, porque cree haber hecho méritos, porque cree haber sufrido mucho, más que nadie. No sabemos cómo se causa el karma y cómo se nos exige el karma, no sabemos si tenemos algún mérito o más o menos que otros a los que la vida parece concedérselo todo. No conocemos el corazón de los otros, ni siquiera conocemos nuestro propio corazón. Todo es un misterio, un inextricable misterio, un profundo e infinito misterio. Ya el solo hecho de nuestra existencia es un gran misterio. Un guerrero respeta el misterio, es humilde, sabe que sabe lo que sabe, es decir no sabe nada, solo sé que nada sé decía el gran Sócrates. Un guerrero no tiene creencias ni mucho menos se las impone a nadie. Un guerrero sabe que existen fuerzas poderosas que controlan y dirigen el universo, pero no sabe quiénes son ni por qué actúan como actúan ni por qué unas veces le dan y otras le quitan. El respeto y la humildad forman parte de su regla frente al misterio. Ha perdido la importancia personal y por lo tanto no va por la vida exigiendo lo que cree que se merece ni imponiendo a los demás sus creencias y dogmas ni exigiéndoles que se arrodillen y le adoren porque el es el rey de todo y de todos.

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LA QUINTAESENCIA DE LA NORMA

En el libro de Castaneda, el don del Aguila, se narra cómo don Juan encarga a Florinda, una guerrera de su grupo, que instruya a Castaneda en el arte de acechar. Cada uno de estos grupos está compuesto por un nagual y un número determinado de guerreros y guerreras, que tienen su función particular de acuerdo a sus cualidades o capacidades de guerrero. En un pasaje de este libro se quintaesencia la regla del guerrero, por lo que me voy a limitar a copiarla, tal cual.

“El primer precepto de la regla es que todo lo que nos rodea es un misterio insondable.

“El segundo precepto de la regla es que debemos de tratar de descifrar esos misterios pero sin tener la menor esperanza de lograrlo.

“El tercero es que un guerrero, consciente del insondable misterio que lo rodea y consciente de su deber de tratar de descifrarlo, toma su legítimo lugar entre los misterios y él mismo se considera uno de ellos. Por consiguiente, para un guerrero el misterio de ser no tiene fin, aunque ser signifique ser una piedra o una hormiga o uno mismo. Esa es la humildad del guerrero. Uno es igual a todo.

La razón de ser de la regla:

-Los guerreros no tienen al mundo para que los proteja, como lo tienen otras personas, así es que tienen que tener la regla. Sin embargo la regla de los acechadores se aplica a cualquiera.

Ya en otro momento y en otro libro de Castaneda don Juan le explica más extensamente lo que aquí dice Florinda. Cuando habla de los demás se refiere a los no guerreros que se protegen del misterio insondable de la vida y de las emanaciones del Águila escudándose en el grupo, en la vinculación que la primera atención genera entre los no guerreros, algo parecido a la oveja que se refugia en el rebaño cuando ataca el lobo. Los no guerreros se escudan en su hacer cotidiano, en la relación interpersonal y en la convivencia con los demás, unos a otros se van ayudando a intensificar la primera atención que los une al mundo físico. El guerrero como hemos visto está solo, no puede protegerse refugiándose en el grupo y usa la segunda e incluso la tercera atención, moviéndose constantemente entre ambas y viviendo también en la primera atención como los demás. Como no puede “sugestionarse” hablando con los demás, conviviendo con ellos, reafirmando lo que don Juan llama muy acertadamente “la descripción del mundo” que los no guerreros aprenden a hacer en cuanto dejan la infancia y los adultos les “describen el mundo” a su manera, tienen que refugiarse en la regla como tras un escudo. Deben encontrar en ella lo que el dogma es para los religiosos, el refugio que para los otros es la sociedad con su estrecha vinculación de convivencia y su constante bombardeo de ideas y descripciones del mundo.

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LA REGLA COMO MAPA

Es un concepto en el que don Juan insiste mucho. Si para los demás las normas, leyes y reglas son coactivas y se cumplen para evitar ser castigados y uno se las salta a la torera cuando no espera el castigo, si para los religiosos el dogma es una cárcel de la que no pueden salir, so pena de herejía y excomunión, para un guerrero la regla no es coacción, garrote (las fuerzas poderosas te castigan si te saltas la regla) sino un mapa que les permite situarse y moverse para alcanzara su objetivo. La única meta de un guerrero es alcanzar la libertad por lo tanto todo en su mapa debe ser una ayuda para alcanzar esa meta. Se sitúa en un punto, donde está él, y traza un camino (estrategias) para alcanzar la meta (la libertad). Así de sencillo. No buscamos en la regla un apoyo grupal y la cumplimos por miedo al castigo, la regla es para nosotros un mapa que nos permite situarnos en un punto del camino, de la geografía, hacernos una idea de dónde estamos y de los diferentes caminos que nos pueden llevar a la meta, la libertad, diseñando cuantos recorridos-estrategias sean necesarios.

Así pues, se podría decir que lo único que un guerrero debe saber es que todo es un misterio, que puede y debe luchar por desentrañarlo, aunque sabiendo que nunca lo logrará, y que lo quiera o no toda su vida se va a mover en el misterio, con la única esperanza de ser un guerrero, de hacer lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo y de esta forma propiciar que las fuerzas poderosas sean favorables.

“Descansa, olvídate de ti mismo, no tengas miedo a nada. Solo entonces los poderes que nos guían nos abren el camino y nos auxilian. Sólo entonces”.





LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VIII

8 01 2016

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VIII

 

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PERDER LA FORMA HUMANA

Suena extraño, sorprendente, casi delirante. ¿Cómo puede perder la forma humana un ser humano y seguir siendo un ser humano? Algo así debió de pensar Castaneda cuando don Juan le habló de ello. Un guerrero debe perder la forma humana para transformarse en un guerrero impecable. Creo que me parezco bastante a Castaneda en esa intelectualidad feroz que intenta encajarlo todo en la racionalidad, la lógica más estricta. Es lo que hace Carlos a lo largo de todos sus libros, pelear con don Juan para intentar armonizar sus enseñanzas con la razón, la lógica de nuestro mundo cotidiano. Muchas veces acaba cayendo en la desesperación más feroz, no se puede armonizar la filosofía chamánica de don Juan con la razón, no al menos la mayoría de las veces. Y eso que don Juan es un nagual más cercano a Castaneda que los otros de los que le habla su maestro, quien tuvo como nagual a Elías quien era un maestro que gustaba de enseñar con “sustos” con terribles tretas del arte de acechar, haciendo que don Juan sufriera verdaderos ataques de pánico. En cambio don Juan gusta más de teorizar, de hablar, de explicar las cosas antes de que sucedan. Digamos que es un nagual más amable, un maestro que prefiere no engañar, decir las cosas como son antes de que el discípulo de un paso irreversible. Creo que yo también sintonizo mucho con don Juan, cuando comencé mi personal camino del conocimiento eché de menos tener un maestro así, saber a qué me enfrentaba antes de dar un paso irreversible. Puede que tal vez no lo hubiera hecho, puede que no hubiera intentado desarrollar el tercer ojo de haber sabido las consecuencias, pero siempre estoy más a favor de la libertad que del empujón que nos arroja al abismo donde solo podemos patear. Como también le dice don Juan, si supiéramos lo que nos espera tal vez nunca iniciaríamos el camino del guerrero, por eso a veces un empujón es imprescindible.

¿Qué es perder la forma humana? Suena extraño, pero no lo es si conocemos un poco la filosofía chamánica. En realidad todo lo que existe no es otra cosa que las emanaciones del Águila, de la Mente universal, en terminología rosacruz, que son compulsivas, amedrentadoras. Todo en el universo es pura energía, en forma de emanaciones del Águila, y en forma de huevo luminoso en el caso de los seres humanos. Vivimos en esta realidad porque hemos encajado el punto de encaje en la misma posición, todos, sino fuera así cada uno viviría en su propio mundo. Se puede decir que nuestra realidad, la única que conocemos, la única que aceptamos, solo es una de las múltiples realidades o dimensiones existentes, como intenta explicar la teoría de cuerdas en la física teórica, pero eso no significa que no existan otras realidades, otras dimensiones, otras existencias, aceptamos mejor ésta porque nuestro punto de encaje ha permanecido en la misma posición desde que de niños nos quitaron la flexibilidad para mover ese punto de encaje y nos educaron férreamente para creer solo en determinadas cosas y no en otras.

La filosofía rosacruz habla de las vibraciones, todo vibra en el universo, según su vibración así es su existencia. La vibración del mundo físico, material, es baja y lenta, de ahí ha surgido el tiempo y el espacio, pero conforme vamos subiendo en la escala de lo existente las vibraciones se hacen más elevadas, más rápidas, hasta llegar al mundo espiritual, donde se puede decir que deja de existir el tiempo y el espacio. Como hemos visto en otros textos del blog, en la ley de los tres círculos y en el cursillo de yoga mental, no somos seres unidimensionales, materiales, sino seres multidimensionales que aúnan un montón de cuerpos, unidos por la misma consciencia, por el mismo yo. El cuerpo físico está en el mundo material, pero como muñecas rusas, unas dentro de otras, también poseemos un cuerpo astral, emocional, mental, causal… Están unidos por la consciencia y los puentes que hay entre todos ellos se basan en la memoria, sin memoria la unión de estos cuerpos es muy endeble, el yo se convierte solo en aquello que percibimos y de lo que tenemos memoria.

huevo luminoso

¿En qué consiste perder la forma humana? Según la filosofía chamánica de don Juan somos seres luminosos, capaces de volvernos conscientes de nuestra luminosidad. Podemos enfocar distintas facetas de nuestras consciencia o de nuestra atención. Este enfoque puede ser deliberado o accidental, a través de un trauma corpóreo. Un guerrero es alguien que busca la libertad y esto solo se consigue perdiendo la forma humana.

Así lo expresa literalmente Castaneda: “Experimenté repetidamente una leve sensación de incomodidad, que la explicaba como causada por una marea o como una repentina pérdida del aliento causada por cualquier esfuerzo físico agotador. Culminó todo esto una noche en que desperté aterrorizado, sin pode respirar… calmadamente ella me explicó que no se trataba de ninguna enfermedad sino que al fin y al cabo estaba yo perdiendo mis salvaguardias, y que lo que experimentaba era la “pérdida de mi forma humana”. Y el ingreso en un estado de separación con los hombres. No te hagas lucha-aconsejó-. Nuestra reacción normal es asustarnos y pelearnos con todo esto. Al hacerlo lo alejamos. Deja los temores a un lado y sigue la pérdida de la forma humana paso a paso”.

Las sensaciones físicas pueden ser diferentes. En el caso de La Gorda fue un dolor severo en el vientre y presión excesiva hacia las piernas y hacia la garganta. En el caso de Castaneda fue una presión en la cabeza, peso muy intenso en los oídos, párpados y paladar. Febrilidad. Tuvo miedo a sufrir un derrame cerebral. La presión descendió hacia el pecho, luego al estómago, las ingles, piernas y pies, por allí abandonó el cuerpo. Según Castaneda tardó dos horas en desplegarse. Tuvo la imagen de una alfombra que se enrolla o una burbuja que se mueve dentro de la cavidad del cuerpo.

el don del aguila

Las consecuencias de esto fueron: Un sentimiento de lejanía. La capacidad para sumergirse en el momento presente sin tener pensamiento alguno sobre ello. No le afectan las actuaciones de la gente. No se poseen expectativas. El desapego es uno de los conceptos básicos del guerrero y ello solo se adquiere cuando éste pierde la forma humana. Este desapego, el perder la forma, no supone una sabiduría automática, no sabemos más que antes, es solo una ventaja que  permite al guerrero detenerse un momento para reconsiderar las situaciones, para volver a sopesar las posibilidades. Sin embargo para poder usar constante y correctamente ese momento don Juan dijo que el guerrero tenía que luchar insobornablemente durante toda una vida.

En el don del Águila, el libro donde don Juan ya ha desaparecido, es libre, y Castaneda se queda como nagual de un grupito que no le acepta porque no encaja, en el que el personaje de La Gorda adquiere una gran importancia, donde Castaneda habla con ella constantemente y emprenden juntos algunas aventuras chamánicas, Castaneda habla así de las consecuencias de haber perdido la forma: Me sentía desapegado de todo, sin prejuicios. Lo que sentía no era indiferencia voluntaria o negligencia, tampoco se trataba de una enajenación o del deseo de la soledad. Más bien era un extraño sentimiento de lejanía, una capacidad de sumergirme en el momento actual sin tener pensamiento alguno. Las acciones de la gente ya no me afectaban porque ya no tenía ninguna expectativa. La fuerza que gobernaba mi vida era una extraña paz. Sentí que de alguna manera había adoptado uno de los conceptos básicos del guerrero: el desapego.

Según cuenta se despertó con una intolerable presión en la cabeza. No era un dolor de cabeza, más bien se trataba de un peso muy intenso en los oídos. También en los párpados y el paladar. Febril, pero el calor solo estaba en mi cabeza. Sensación de que sufría un derrame cerebral. La presión en la cabeza disminuye al cabo de un rato. El resto ya lo hemos descrito antes. La presión se vuelve más pesada y dolorosa conforme baja. El dolor más agudo lo sufre en las rodillas y pies, sobre todo en el pie derecho, que sigue caliente media hora.

He insistido en estos signos físicos porque la apertura y desarrollo de los chakras, la apertura del tercer ojo, la sensación de que el cuerpo astral se desprende del cuerpo físico por primera vez y parece acaparar nuestra consciencia, a mí particularmente me produjeron efectos físicos que se parecen bastante. Esa presión en la cabeza la he sentido durante décadas, es una presión extraña, como si te pusieran pequeñas pesas en lo alto de la cabeza, al lado izquierdo y derecho, que te dan la sensación de que bajan una parte de tu cráneo, que lo hunden. El dolor puede ser muy intenso, pero no es un dolor normal de cabeza, una jaqueca, es algo muy peculiar. A veces se hacía tan insoportable que sin saber lo que hacía apoyaba las palmas de las manos en la zona o presionaba con los dedos, buscando un alivio. Cuando ese dolor aparecía sabía que iba a tener problemas con el tercer ojo sufriendo extrañas experiencias, a veces delirantes. Generaba también una vibración muy curiosa que al principio era muy tenue y que con el tiempo se fue haciendo muy intensa. La vibración comenzó siendo muy simple y se fue haciendo más y más compleja. Se mezclaron diferentes vibraciones, como si al principio uno tocara una melodía sencilla en el piano y luego ésta se fuera haciendo más compleja al unirse otras melodías en forma de fuga o contrapunto con cierta semejanza a la música de Bach. Parecían estar unidas, ser una sola, pero en cuanto me fijaba atentamente enseguida descubría que eran vibraciones muy diferentes, a veces muchas, y si intentaba aislarlas podía escuchar su propia música, por así decirlo. Estas vibraciones llegaron a ser muy claras. En un principio pensé que sólo podía escucharlas yo, tal vez debido a un desarrollo del oído psíquico, pero con el tiempo alguna persona muy cercana llegó a comentarlo. Para ella sonaban algo así como el monótono canto de un grillo. Observando la aparición de este fenómeno, su desarrollo y desaparición, llegué a asociarlo con mi estado de energía. Según tuviera más o menos energía la vibración podía ser intensa o casi imperceptible, según estuviera calmado, relajado, armonizado o muy estresado la vibración cambiaba de forma muy evidente.

He tenido serios problemas de garganta, tal vez debido a una difícil apertura y desarrollo del chakra garganta. Desde niño sufrí enfermedades en esa zona, anginas, faringitis, resfriados, asma… El que acabara convirtiéndome en fumador también está relacionado con ese chakra como se puede ver en los textos que hay en el blog sobre la apertura del chakra garganta.

Según describe Castaneda parece que a él la pérdida de la forma humana le vino de forma brusca, repentina y muy intensa. En mi caso, tal vez por el desarrollo muy gradual y autodidacta de los chakras, los fenómenos fueron muy espaciados en el tiempo y nunca tuve una sensación tan fuerte. Pero sí puedo decir que hay muchas semejanzas, aunque nunca tuve la sensación de una alfombra que se enrollara o una burbuja que se moviera dentro del cuerpo, en mi caso la sensación fue distinta, comencé a percibir como que algo se desprendía de mi cuerpo físico, lo que achaqué a que el cuerpo astral ahora se desprendía con más facilidad y sin control. La sensación era parecida a una especie de masa de aire, con la forma del cuerpo, que en un momento determinado permanecía sobre él, sin despegarse, pero claramente diferenciada. Esta masa de aire llegó a ser muy pesada, hasta el punto de que me presionaba contra el lecho y lo hundía. Llegué a tener experiencias verdaderamente terroríficas, como si un fantasma u otro cuerpo astral estuviera sobre el mío y lo hundiera con su peso, un peso incomprensible puesto que se supone que el aire no pesa. Mis terrores me llevaron al delirio y me hicieron pensar en entidades invisibles que estaban sobre mi cuerpo, incluso íncubos y súcubos que buscaban el acto sexual para arrebatarme la energía. Sin perjuicio de hablar de ello en el Diario de un enfermo mental, el gran secreto, debo decir aquí que gran parte de estas experiencias sin duda fueron generadas por lo que don Juan llama la pérdida de la forma humana de un guerrero impecable.

partes-del-cuerpo-humano

Estamos acostumbrados a vernos como humanos porque el cuerpo físico tiene una determinada forma, sabemos que poseemos cabeza, tronco y extremidades, pero eso no significa que sea una forma de la energía que somos, que vaya a permanecer para siempre, como bien sabemos, ni que sea en realidad tal como somos. La energía se puede decir que no tiene forma y se adopta al recipiente en el que está. La razón por la que poseemos cuerpos físicos como los que tenemos se me escapa. Según el libro de Urantia parece que pudiéramos ser diseños de los sembradores de vida, entidades que crean formas de vida en los diferentes planetas, adaptadas a un entorno y a una previsible y buscada evolución. Pero eso no significa que seamos así, se podría decir que nuestra energía, nuestro cuerpo luminoso, como lo llama don Juan, no tiene forma y si hemos adoptado la forma humana es porque la necesitamos para sobrevivir en el mundo físico. Puede que los sembradores de vida diseñaran genéticamente nuestros cuerpos o puede que nosotros mismos desde otros planos hayamos buscado durante siglos el mejor vehículo para nuestros fines, de todas formas un vehículo no deja de ser un vehículo, el conductor es otra cosa, y en nuestro caso es un cuerpo luminoso sin forma.

Perder la forma humana sería entonces recuperar la consciencia y el control de nuestro cuerpo de luz. Somos conscientes de todo nuestro cuerpo, eso está claro, por eso cualquier lesión o dolor en cualquier parte de nuestro cuerpo físico es asumida como un dolor “nuestro” de nuestra consciencia. Se podría decir que ese cuerpo luminoso se ha adaptado a la vasija y ha dividido y situado partes de su consciencia en diferentes zonas para hacer que ese vehículo funcione mejor. Sentimos la consciencia intelectual en la cabeza, cuerpo mental, la consciencia emocional en el corazón, cuerpo emocional, chakra corazón, la voluntad en el plexo solar, la función de alimentación en el estómago e intestino, pero eso no significa que el resto de la consciencia no participe, solo que se concentra allí con más intensidad para realizar ciertas funciones. Perder la forma es volver a darnos cuenta de que nuestra consciencia total está o puede estar en todas partes y en ninguna. Lo mismo que cuando conducimos un vehículo nuestra consciencia se centra en las manos para encender el motor, en los pies para mover los pedales, de nuevo en las manos para utilizar el volante, etc. el cuerpo luminoso o consciencia se adapta en cada momento a lo que necesita nuestro cuerpo. Un fuerte dolor de tobillo, debido a un esguince, hace que toda la consciencia parezca acudir ahí y somos solo dolor de tobillo. Cuando usamos las manos la consciencia va a ellos con más intensidad y parecemos tener solo manos. Cuando pensamos con intensidad podemos llegar a sufrir dolor de cabeza, pero no porque solo piense la energía de la cabeza, sino porque el vehículo está adaptado para que piense el cerebro y no piensen los pies. Somos una energía global, una consciencia global, un cuerpo luminoso sin forma que se adapta, como el agua que es echada a una vasija a la forma de ésta. En nuestro caso somos una vasija con cabeza, tronco y extremidades y el agua de la consciencia se despliega y derrama hasta ocuparlo todo. Por eso se puede decir que ninguna enfermedad es local, que afecta solo a una parte de nuestro cuerpo, la enfermedad es algo global, estamos enfermos totalmente y no solo un órgano o una extremidad. Cuando necesitamos sangre ésta acude a la parte del cuerpo que la necesita, es una buena metáfora de cómo actúa el cuerpo luminoso dentro de nuestro cuerpo físico. Por eso la curación de una enfermedad debe ser global y por eso la curación de una enfermedad mental debe ser global, debemos curarnos enteros, debemos curar todo nuestro cuerpo físico, todo nuestro cuerpo astral, todo nuestro cuerpo emocional y mental, pero sobre todo debemos curar nuestro cuerpo causal o alma. La medicina que intenta curar por partes no deja de ser una medicina de taller de coches, cambiamos piezas, las pulimos, las encajamos, pero si el coche globalmente no está bien, si el motor no funciona el coche quedará varado, para el desgüace.

Perder la forma humana significa eso, recuperar la fluidez sin forma de nuestro cuerpo luminoso, hacernos de nuevo conscientes de que no somos solo un cuerpo físico, de que no tenemos una forma determinadas, sino que somos luz sin forma. Esto supone unos cambios brutales, tanto en el cuerpo físico, que se queja al notar la ausencia o supuesta ausencia de consciencia en ciertas partes que se rebelan generando dolores, presiones, vibraciones y todo tipo de avisos, como en nuestra mente que comienza a percibir de forma distinta. Ya no se constriñe a la forma normal de conocimiento, sentidos que nos hacen llegar vibraciones, estímulos, que son llevadas al cerebro por los nervios y allí procesadas por el cerebro que a través de su complejo laberinto de neuronas, bloquea aquí, abre allá, hace que un recuerdo se asiente en esta zona, otro en otra, bloqueamos estos recuerdos, abrimos otros, generamos una consciencia limitada y constreñida para unos determinados fines que a veces son solo la supervivencia física. Se generan traumas emocionales con los bloqueos, se generan enfermedades solo para evitarnos una consciencia global que parece que el cuerpo físico no puede o no quiere soportar.

Perder la forma humana nos permite percibir directamente, la sabiduría del cuerpo, de la que ya hemos hablado en otra parte. Es toda la consciencia que está en el cuerpo, toda el agua que contiene la vasija la que “piensa” y es consciente de lo que sucede, no solo una parte, enraizada en el cerebro que se limita a hacer funciones serviles de empleado cuando en realidad es el jefe, es el total, es el cuerpo luminoso. Se podría decir que nos hemos constreñido a vivir en un cuerpo físico y nos hemos olvidado de lo que verdaderamente somos, esto nos hace limitados, sitúa nuestro punto de encaje en un punto concreto de anclaje y nos hace esclavos de ese mundo de esa dimensión, cuando nuestro cuerpo de luz es libre para viajar por todas las dimensiones, por todos los universos. Una vez perdida la forma humana podemos viajar, podemos ensoñar, podemos llegar a la segunda, a la tercera atención, podemos por fin aceptarnos como superhéroes cuando pensábamos que solo éramos mierdecillas, incapaces de sobrevivir en un entorno físico. Alcanzar la calidad de superhéroe, de guerrero impecable, es un largo y trabajoso camino, y una de las condiciones básicas para alcanzar esa condición es perder la forma humana.

Nos dice Castaneda: “Especulé que el concepto de perder la forma humana se refería a una reacción corporal que el aprendiz tiene cuando alcanza cierto nivel en el curso de su entrenamiento. El resultado final consistió no solo en llegar a la buscada y ansiada condición de desapego,sino a la ejecución completa de la elusiva tarea de recordar”.

De nuevo la memoria, tan importante, tan imprescindible. Se podría decir que somos lo que recordamos. Si no recordamos los sueños, los ensueños, no recordamos que somos también cuerpo astral y así sucesivamente. Los puentes deben de ser reconstruidos, revitalizados si queremos regresar a la condición de seres multidimensionales, de superhéroes. En cuanto al desapego es una consecuencia lógica de todo esto. Nos apegamos a la vida porque nos consideramos mortales y morimos, si supiéramos que el cuerpo físico es solo un vehículo que se puede dejar para ocupar otro o simplemente que podemos seguir vivos y más conscientes sin el cuerpo físico, no nos apegaríamos tanto a él, como a la condición ineludible para seguir existiendo. La muerte deja de ser algo terrible y se convierte en un cambio, no solo aceptable, sino incluso deseable cuando se llega a cierta evolución, nos hace más libres. Nos desapegamos de las riquezas porque no las necesitamos para ser libres, la meta última del guerrero, y tampoco nos preocupa la supervivencia del cuerpo gracias a la herramienta de la riqueza porque sabemos que los otros cuerpos pueden buscarnos la supervivencia mucho mejor que la posesión de riquezas. Nos desapegamos de los seres queridos, del resto de la humanidad, porque sabemos que al perderlos en el mundo físico no los perdemos absolutamente, que podemos seguir con ellos en el mundo astral, en el mundo espiritual. La sabiduría nueva nos hace distantes y desapegados de todo porque ahora sabemos lo que somos, seres multidimensionales, que todo es fugaz y pasa en el mundo físico, incluso en el mundo astral, pero todo permanece en la consciencia más elevada. Dejamos de sufrir por nosotros, por los demás, nos volvemos seres de luz y la luz no sufre solo ilumina según camina en la noche cósmica.

Tao

Retomemos el concepto de que la pérdida de la forma humana no es sabiduría automática. En efecto saber que somos fluidos no nos da fluidez, necesitamos la voluntad, el intento. Saber que somos multidimensionales no nos hace recordar lo que vivimos en otras dimensiones. La memoria, el recuerdo es esencial, de ahí que don Juan les insista tanto en recordar. Al perder la forma tenemos ese instante del que carecen los demás, fuera del tiempo y el espacio, no constreñido ni coaccionado por nada, para reflexionar sobre la decisión a tomar. Ya no la vamos a tomar apegados a las cosas o a las personas, la va a tomar todo el ser multidimensional y no el unidimensional. Parece poco pero es un auténtico milagro, es como tomar una decisión constreñidos por montañas que nos rodean, sin ver nada más, o tomar la decisión volando como un águila en el cielo, mirando el horizonte con ojos de águila. Por eso el guerrero impecable que ha perdido la forma humana parece ser el mismo, el mismo pobre hombre de siempre, pero bajo su apariencia gris de siempre se esconde el superhéroe que puede volar donde quiere y puede actuar allí donde desea.

Las dos técnicas básicas para perder la forma son la recapitulación y la ensoñación, que ya hemos visto en esta serie de textos. Recordamos y al recordar somos conscientes de ser cuerpos de luz, seres multidimensionales. Al ensoñar nos damos cuenta de que la forma humana no nos sirve para nada en el ensueño, ni caminamos con las piernas, ni hablamos con la boca, ni escuchamos con los oídos ni pensamos con el cerebro dentro del cráneo. La forma humana solo nos sirve cuando estamos dentro del vehículo, cuando estamos fuera no la necesitamos para nada y hacer de esto un “continuum” conseguir que la vida onírica, astral, causal y la vida física sean un todo continuo y no mundos separados por puentes medio derruidos es lo que da libertad al guerrero.

FÓRMULA U ORACIÓN DEL GUERRERO IMPECABLE SACADA DEL DON DEL ÁGUILA

Ya me di al poder que mi destino rige.

No me agarra ya de nada, para así no tener nada que defender.

No tengo pensamientos, para así poder ver.

No temo ya a nada para así poder acordarme de mí.

Sereno y desprendido me dejará el Águila pasar a la libertad.