CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL IX

28 06 2017

cartas mentales

Manzanares 17-8-2016

Hola amigo: Veo que te ha llamado la atención mi metáfora, porque no
es otra cosa, de la bula papal. Permíteme que profundice un poco más
en ella. Podría haber empleado otra metáfora como la del salvoconducto
o la del ticket que nos permite acceder a sitios a los que no pueden
entrar quienes no lo tienen o incluso podría haber utilizado la farsa
de control, un concepto muy interesante que encontré en los libros de
James Renfield, creo que fue en la Novena revelación. Como ocurre en
las metáforas nunca se adaptan por completo a lo que se pretende
expresar pero sí son muy plásticas y llamativas y por eso las utilizo.
Tal vez el concepto de farsa de control se adopte mejor a lo que
quiero expresar pero debido a mi formación religiosa (estudié en un
colegio religioso) y a mi conocimiento de las bulas papales me llamó
mucho la atención el concepto dado que el mecanismo de la bula y el de
la conducta del enfermo mental tienen mucho en común. En los tiempos
de degeneración del papado muchos ricos utilizaron las bulas papales
para conseguir privilegios a los que podían acceder por su dinero. Lo
honrado hubiera sido que las bulas se concedieran a los más
necesitados, a las víctimas, pero como ocurre con tanta frecuencia en
nuestra sociedad es el dinero el que genera privilegios y no la
condición humana. Muchos sacerdotes, obispos e incluso los mismos
Papas acabaron vendiendo las bulas papales, con lo que un rico podía
comer carne en cuaresma porque tenía bula papal y en cambio los
enfermos o los desposeídos no podían hacerlo porque no tenían dinero
para comprar una bula. Digamos que incluso antes de “pecar” los ricos
podían plantearse romper con las normas y reglas a las que estaban
sometidos los demás porque el papa había otorgado una bula que ellos
habían comprado y que les permitían conductas que a los demás les eran
negadas, podían comer carne en cuaresma, podían saber con antelación
que determinados pecados les serían perdonados antes de ser cometidos
porque en sus manos tenían una bula papal.

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En el caso del enfermo mental la bula se la otorga él, no el
Papa y no compran esa bula con dinero u otros materiales de
intercambio sino con su enfermedad y su dolor. Suena muy mezquino este
comportamiento, cambiar enfermedad y dolor por privilegios de conducta
pero el enfermo mental está tan desesperado, tiene tal concepto de su
sufrimiento y sobre todo, no tiene otra cosa para el intercambio, que
esta mezquindad a veces resulta hasta comprensible y aceptable, de
hecho muchos familiares de enfermos caen en esta trampa. En una
sociedad muy avanzada espiritualmente la única moneda válida de
intercambio debería ser el amor, solo el amor debería servir para
conseguir cosas, pero curiosamente el amor es lo unico que no es
intercambiable. Alguien que ama lo da todo y no espera nada a cambio y
menos aún que le sea devuelto el amor en la misma cantidad, con la
misma generosidad. Todos dudaríamos de alguien que nos da su amor pero
a cambio pide y exige que le sea devuelto hasta el último céntimo que
ha invertido. Y esto es así porque el amor es generoso, desprendido,
no espera nada a cambio y se da sin medida a todo el mundo. Mal se
podría utilizar como moneda de cambio porque sería entregar todos los
bienes a cambio de nada, ni siquiera de un gesto del que lo recibe con
las manos vacías.

Teniendo en cuenta que en nuestra sociedad todo es intercambio
y competitividad, que nadie da nada por nada y que todo el mundo
espera sacar un interés, un rendimiento a lo que da, que todo el mundo
espera recibir más de lo que da, los enfermos mentales estamos
vendidos porque tenemos muy poco que ofrecer. Debido a la enfermedad
nos resulta difícil encontrar trabajo y recibir a cambio un
estipendio, la gran mayoría de enfermos mentales pertenece a las
clases desfavorecidas y por lo tanto no pueden dar dinero a cambio de
atención. No solemos resultar simpáticos a los demás por motivos
obvios, no tenemos labia para convencer a nadie de nada, incluso
cuando somos creativos procuramos pasar desapercibidos por lo que no
exponemos las obras de nuestra creatividad al público, esperando ser
admiradas y recompensadas. Digamos que un enfermo mental es un paria
entre los parias, porque incluso un vagabundo con enfermedad física o
deformidad puede suscitar compasión, pero debido a los trastornos de
conducta el enfermo mental acaba siendo rechazado, despreciado,
marginado  y hasta siendo objeto de toda clase de malos deseos, “si se
muriera nos libraríamos de él, de su carga, de tener que soportarle el
resto de la vida” y es que además es manipulador, chantajista y
malvado, se merece todo lo que le ocurra. Así pues lo único que tiene
un enfermo mental para intercambiar y lo único que ha descubierto que
funciona es su dolor. Si mostramos nuestro sufrimiento, si contamos
cómo es nuestra vida, si ponemos en la balanza nuestros intentos de
suicidio, el sufrimiento constante durante años, la medicación, los
internamientos. podemos conmover hasta a una piedra, siempre que sea
mínimamente sensible. Nunca me he encontrado con un enfermo mental que
piense que su sufrimiento es inferior al de nadie y mucho menos al
común de los mortales, todavía podría regatear con enfermedades
físicas muy dolorosas y degenerativas, con sufrimientos morales
terribles como las víctimas de los campos de concentración, por poner
un ejemplo extremo, pero cuando se trata de comparar nuestro
sufrimiento con el del común de los mortales no hay color.

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Te puedo poner el ejemplo de una amiga enferma mental con la que
llevo tratando más de tres años.  Nada más conocerla ya hizo gala de
su sufrimiento, utilizó conmigo la farsa de control de la compasión,
es decir, vino a verme por motivos legales, para que la asesorara y
cuando mis consejos no le parecieron muy prácticos para solucionar sus
problemas se echó a llorar como una magdalena.  Enseguida noté que si
bien había mucho sufrimiento auténtico en ella y posiblemente un
pasado terrible, como así era puesto que al cabo del tiempo me fue
contando poco a poco su vida, sus lágrimas y aspavientos eran
exagerados, teatrales, y es que además era una mala actriz. Ante ello
tomé la decisión de tratarla como una hermana y decirle que yo también
era un enfermo mental y que a pesar de ello seguía luchando y no
lloraba por las esquinas buscando la compasión, mi dignidad como
persona y enfermo me impedían ya ese tipo de comportamientos. Para
rematar la abracé estrechamente, sin pedirle antes permiso, y
estuvimos así unos minutos. Eso la desarboló. A pesar de ello es
frecuente que siga utilizando su sufrimiento para justificar su falta
de voluntad, su apatía a la hora de tomar decisiones, su incapacidad
para vivir una vida que merezca la pena. En varias ocasiones decidí
seguirle el juego y puse sobre el platillo de la balanza mi propio
sufrimiento. ¿Que has intentado suicidarte? Yo más, una docena de
veces, y algunas terribles. Mi sufrimiento gana al tuyo. ¿Que has
estado internada? Yo más veces y durante más tiempo, y además mis
terapias fueron más terribles que las tuyas, electroschok, atado con
cadenas, con auténticas cadenas a una cama infecta, llena de orines,
en un sótano húmedo y tétrico. ¿Que tu….?  Objetivamente mi
sufrimiento era muy superior al suyo, por lo tanto no podía utilizar
conmigo esa farsa de control, buscar mi compasión, chantajearme
emocionalmente, manipularme. Digamos, utilizando un poco el humor, que
en esta partida de poker mis cartas eran muy superiores a las suyas,
ganadoras de todas todas. Por mucho que intentó hacerme ver que la
intensidad del sufrimiento a veces no tiene que ver con las
circunstancias objetivas eso no podía colar porque como le dije eso
significaría que yo era un bruto insensible, un pedrusco y ella la
mujer más sensible de la creación. Que no cuela, que no, le dije.
Entonces intentó convencerme de que mi caso era excepcional porque yo
tenia una gran voluntad de la que ella carecía. Falso, le dije, en mis
peores tiempos yo tenía menos voluntad que tú ahora y hubiera seguido
así de no haber entrenado la voluntad, de no haber decidido
convertirme en un guerrero impecable. La voluntad, le dije, es como un
músculo, se entrena en el gimnasio y quien no va nunca a entrenar no
puede echar la culpa al cielo de que no le ha dado ese don, porque no
cuela, si quieres músculo, vete al gimnasio, si quieres voluntad
trabaja con ella cada día. El entrenamiento de la voluntad también lo
saqué de los libros de Castaneda y de la filosofía del guerrero
impecable.

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Esta mujer, es cierto, tiene un pasado terrible en el que
hay un poco de todo……….. (Suprimido por discreción). Es un sufrimiento objetivo e innegable, ahora mismo su vida está atada a una madre mayor y enferma que no soporta la soledad y la quiere tener siempre a su lado, utilizando toda clase de chantajes emocionales, incluso yo mismo presencié una “representación”, digamos.
Pues bien, la utilización de este sufrimiento de forma constante ante los demás, el manoseo permanente de esa farsa de control, la bula papal que ella se ha extendido para llevar a cabo ciertos comportamientos que sabe que no se le permitirían a nadie que no fuera una enferme mental reconocida, le han llevado a resultar a veces
patética. Mis cartas en el poker del sufrimiento, ganadoras siempre, no sirvieron de nada, no la convencieron de abandonar sus conductas buscando compasión y exponiendo su sufrimiento para justificar ciertas conductas, en cambio sí he observado que produce un gran efecto en ella el cariño, la abrazo siempre que puedo y me deja, procuro mostrarme cariñoso incluso cuando me molestan mucho sus conductas, el cariño funciona, es la única medicina que siempre funcionará con un enfermo mental, aunque para curar completamente a un enfermo no pueda
ni imaginar el cariño que sería necesario.

Yo mismo utilicé en un tiempo mi bula papal, mis farsas de
control, para conseguir mis objetivos. Es cierto que la enfermedad no
es un privilegio, y yo tal vez lo sepa mejor que otros enfermos, a no
ser que lo miremos como lo hace el guerrero, como un desafío, o como
lo hace la persona espiritualmente avanzada, como una forma de ir más
deprisa en el camino del espíritu y de purificar lo peor de nosotros.
Ningún enfermo mental reconocerá nunca que su enfermedad es un
privilegio, un don del cielo, que no te diga que se cambiaría por
cualquiera, sin embargo sabe muy bien cómo dar la vuelta a la
tortilla, en expresión muy castellana, sabe cómo, al mismo tiempo que
lleva una mochila cargada de pedruscos a la espalda, poder
intercambiarlos como si fueran oro. Es capaz de hacer un pedrusco
moneda de cambio para intercambiar por lo que necesita. Esta sería una
facultad portentosa, una astucia que ni el mítico Ulises hubiera
podido manejar mejor, sino fuera porque no es otra cosa que un
mecanismo de supervivencia, el último esfuerzo de un desesperado antes
de arrojarse al abismo.

Analizando mi comportamiento antes de convertirme en un
guerrero impecable observo que llevé al extremo esta farsa de control,
que me otorgué una bula papal con unas cláusulas terribles para mi
entorno. Es cierto que nunca amenacé con suicidarme para conseguir
nada, que mis intentos de suicidio fueron anónimos y discretos y nadie
se enteró hasta que los llevé a cabo; es cierto que rara vez me puse a
llorar por las esquinas buscando la compasión, pero dada mi condición
intelectual mis conductas fueron mucho más sutiles y difíciles de
combatir. Recuerdo cuando sufrí acoso en el trabajo y dada mi
condición de enfermo mental, por todos conocida, me encontré impotente
para salir de aquel infierno. Recuerdo cómo estudié detenidamente la
situación y tomé una decisión astuta. Sabía que mi prioridad era
conservar el trabajo y evitar cualquier situación que me llevara a un
expediente y a la expulsión del cuerpo. Conocedor de la ley, sabía que
“el pensamiento no delinque”, por lo que bien podía diseñar
estrategias que me permitieran defenderme y descargar mi cólera sin
sufrir luego severas consecuencias. Así, en lugar de responder a sus
insultos, menosprecios y abusos, fui adaptando poco a poco mi conducta
a mis pensamientos. Incapaz de expresarme con asertividad y claridad,
dejé que mi mente creara manías compulsivas que podían hacer mucho
daño pero que no iban a ser tenidas en cuenta en un juicio. Para que
te hagas una idea de esta sutileza te contaré que frente a las
compañeras utilicé una estrategia insólita, me otorgué la bula de
pensar en ellas eróticamente y desnudarlas con el pensamiento. Si esto
lo haces con discreción será difícil que puedan acusarte de nada y sin
embargo se darán cuenta de lo que está pasando. Así, por ejemplo,
miraba sus pechos y las imaginaba en toplés. Aparte de lo que pudiera
molestarlas y de la dificultad de probar en un juicio que yo las había
mirado libidinosamente a los pechos (un juez se troncharía de la risa)
yo encontraba una gran satisfacción en satisfacer mi libido con la
imaginación, hasta el punto de que llegué a conseguir orgasmos de esta
manera, algo realmente insólito pero perfectamente posible dado que en
el sexo, como dijo alguien, hay más de un cincuenta por ciento de
imaginación y se trata de un mecanismo nervioso en el que los nervios
traen y llevan estímulos. Mi bula papal decía: puesto que me estáis
destrozando la vida con este acoso, por otro lado muy mezquino y
miserable, sabiendo como sabéis que soy un enfermo mental, puesto que
sabéis que estáis creando las condiciones ideales para que yo intente
suicidarme de nuevo, sois unos asesinos en potencia, sois unos
malvados miserables y mezquinos, yo me arrogo el privilegio de
responderos como considere conveniente. Así podía desnudar mentalmente
a cuanta mujer me apeteciera, mirar sus pechos, cubiertos con la ropa,
como si estuvieran desnudos y lo más que podían hacer era insultarme o
agredirme, pero mi discreción era tal que les resultaba difícil probar
que yo estuviera haciendo algo así y no fuera una mezquina venganza
suya. Que esto era público me lo demostró un compañero de trabajo que
se atrevió a preguntarme si yo podía ver los pechos desnudos de las
mujeres bajo la ropa. Fue durante mi etapa que yo llamo de telépata
loco, puesto que escuchaba voces y estaba convencido de que tenía
facultades telepáticas. Sabedor de que mi condición de enfermo mental
me libraría de muchas cosas negativas si sabía actuar con astucia y
discreción, así lo hice durante un tiempo. Pero para que veas el
patético resultado que nos dan nuestras farsas de control y bulas
papales te contaré que acabé con una manía obsesivo-compulsiva con los
pechos de las mujeres que aún hoy en día me crea ciertos problemas.
También caí en otras manías aún peores que me causaron aún mayores
problemas. Utilizando el ejemplo humorístico que me gusta poner para
explicar esto, diría que la diferencia entre un corrupto y un enfermo
mental es la siguiente: el corrupto con gran astucia y discreción es
capaz de quedarse con el dinero ajeno, guardarlo allí donde pase
desapercibido y utilizarlo para darse la gran vida, él y los suyos, en
cambio el enfermo mental sería aquel que tras hacerse con una fortuna
inmensa, gracias a su astucia, luego fuera y tirara todos los billetes
al mar. Así somos los enfermos mentales y nuestras bulas papales,
chantajes, farsas de control, lo único que hacen es convertir nuestras
vidas en infiernos mayores de lo que serían si nos limitáramos a
soportar nuestra enfermedad en silencio, huyendo de hacer teatro
públicamente. Pero la necesidad de cariño es tan fuerte que nos lleva
a cualquier tipo de comportamiento que pueda traernos una pizca de
cariño, aunque sea algo tan complicado e hipotético como cambiar los
pedruscos de nuestro sufrimiento que llevamos a la espalda por
auténtico oro.

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Mi observación de este fenómeno en otros enfermos mentales es
amplia y profunda. De hecho yo mismo sufro los efectos de estas bulas
y farsas de control en mi persona de otros enfermos mentales. Hay
pocas cosas más negativas en el tratamiento con un enfermo mental como
permitirle sin más estas conductas y disculparlas. De hecho para mí
los dos pilares básicos de una buena terapia para la enfermedad mental
serían: trabajar por disuadirles de utilizar sus bulas papales y
farsas de control y darles todo el cariño posible y aún más. Estoy
convencido de que sin estos requisitos ninguna medicación será nunca
efectiva, ni aunque se encuentre el gen torcido que provoca este tipo
de trastornos, porque la enfermedad mental es sobre todo una
enfermedad del alma y las enfermedades del alma solo se curan con
cariño.

Me he extendido en exceso pero quería expresar por escrito estas
ideas que utilizaré en algunos textos que subiré a mi blog. En cuanto
a los medios, tienes razón, no en vano se les llama el cuarto poder,
tienen el suficiente para cambiar la mentalidad de una sociedad y
dirigirla hacia donde ellos pretenden, pero mi experiencia me dice que
es un poder muy relativo. Te cuento que en España, cuando yo era
joven, se inició una campaña radiofónica, que luego pasó a la
televisión para hacer que se apreciara la música clásica. Sin duda que
algunos se “convertirían” pero los que apreciamos la música clásica
somos muy pocos. Otro ejemplo. En la actual situación política he
observado que muchos medios, con sus noticias y tertulias,
pretendieron poner de manifiesto la corrupción existente en el PP el
partido de derechas, algo que es absolutamente cierto y lo puede ver
hasta un ciego. Lo normal en este caso hubiera sido una vuelta en las
votaciones, puesto que los votantes deberían castigar al PP y premiar
a otros menos corruptos. Se habló de las estadísticas que decían que
el nuevo partido emergente Podemos, muy popular y populista, acabaría
dando un zarpazo al partido socialista. Pues bien en las últimas
elecciones el partido del PP subió, el partido de Podemos se quedó más
o menos como estaba, sino bajó un poco y el partido socialista sufrió
un ligero descalabro. Puedo asegurarte de que la campaña en algunos
medios fue como para convencernos a todos de que votar al PP era votar
a ladrones, chorizos y mangantes, era como vender nuestra alma al
diablo, y sin embargo la gente pensó que el puzzle sería aún peor si
tres partidos tuvieran casi los mismos votos y tuvieran que pactar
contra natura y también pensó que por muy corrupto que fuera el PP la
economía iría siempre mejor que si llevara las riendas un partido como
Podemos, muy populista, pero incapaz de enfrentarse a las represalias
del capitalismo internacional. Los medios fueron poderosos y la
campaña debió haber dado resultado, pero no fue así porque a pesar de
todo la multitud tiene su criterio y cuando le tocan lo más sagrado,
en este caso, el bolsillo, sabe oponerse a cualquier sugerencia de los
medios.

En el caso del enfermo y la enfermedad mental una buena campaña
de los medios sería algo fantástico, pero me temo que mientras la
sociedad no cambie, mientras la inmensa mayoría nos siga viendo como
“no enfermos” que se aprovechan para ser vagos, para conseguir cosas
buscando la compasión, mientras nos vean como asesinos en potencia,
mientras desconozcan realmente cómo somos, ni la mejor campaña podría
cambiar el voto. A pesar de todo el esfuerzo en nuestra televisión
siguen triunfando los reality shows y aquel programa mítico para hacer
que la gente gustara de la música clásica ya no existe.

Bien amigo, estaré encantado de seguir contestando a tus
preguntas y si este material te sirve miel sobre hojuelas, a mí me
viene de perlas poner por escrito ideas que me rondan la cabeza desde
hace años y que al escribirlas me ayudan a clarificarlas. Un abrazo.

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CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL VIII

12 06 2017

 

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Manzanares a 12 de agosto de 2016

Hola amigo:  Como digo en el blog los enfermos mentales tenemos una clara tendencia patológica a utilizar lo que yo llamo “la bula papal”, es decir nos auto-otorgamos una especie de bula, según la cual se nos perdona todo en base a lo mucho que hemos sufrido, que sufrimos y que sufriremos debido a nuestra enfermedad. Es algo que llevo observando a lo largo de mi dilatada experiencia como enfermo mental y que he contrastado en los últimos años en la convivencia con otros enfermos mentales. En realidad este comportamiento tiene bastante lógica.  En esta actitud influye también la falta de confianza en los demás. Se nos margina, se nos trata como una basura, se nos insulta y esto hace que perdamos la confianza en todo el mundo, incluso en aquellas personas que nos tratan bien. Es algo que también he observado en mí a lo largo de los años, solo que en mi caso estaba formulado de una forma más drástica. Algo así como: Jamás dejaré que el comportamiento de alguien conmigo me lleve a intentar otra vez el suicidio, jamás, antes haré cualquier cosa. Esto tiene sentido en quien ha vivido el intenso sufrimiento que supone planificar un intento de suicidio y llevarlo a cabo, pero el gran problema es que eres tú mismo quien decide quién se está comportando buscando hacerte daño para que te deprimas y suicides. Por mi formación jurídica sé muy bien que nadie puede ser juez y parte al mismo tiempo, y esto es lo que hacemos a menudo los enfermos mentales. Somos nosotros los que decidimos si una persona es fiable o no, si su conducta está encaminada a hacernos daño de forma consciente y lo  medimos y pesamos en una fina balanza, lo que hacemos nosotros por los demás y lo que los demás hacen por nosotros. De esta forma todo el mundo está en deuda siempre con nosotros.

 
La bula papal que nos disculpa de todo, y todo nos lo perdona, nos lleva a conductas bastante llamativas y hasta ridículas. En este sentido también he observado un comportamiento parecido en otros enfermos, concretamente en una amiga enferma que me invitó a comer a su casa e invitó también a una amiga, algo razonable en su forma de pensar, muy conservadora, que hace que le resulte muy forzado tener en su casa a un hombre y estar sola con él sin presencia de otra persona, en este caso su amiga, que hizo de “carabina”. Pues bien, esta amiga  veía como absolutamente natural servirnos la comida y que comiéramos nosotros mientras ella hacía la limpieza de la casa. Cuando su amiga se lo reprochó se enfadó con ella y cuando yo no salí en su defensa le pareció mal. Tuve que hacerle ver que es de pésima educación invitar a alguien a comer a tu casa, servirle la comida y desatenderle, dedicándote tú a las faenas de la casa. Su reacción fue desmesurada y solo explicable por su dificultad para las relaciones sociales y tal vez un comienzo de fobia social.

Yo mismo me he comportado así durante años, mi fobia social me daba bula para salir corriendo de una cafetería y dejar allí a la gente que estaba conmigo, o para encerrarme en mi cuarto cuando llegaban visitas o a encamarme y dejar de comer y de hablar cuando estaba muy deprimido. Esta bula papal hace que muchas de nuestras conductas parezcan disparatadas a los demás. Es cierto que pueden ser producto de la enfermedad y la medicación, pero es la bula papal la que nos lleva a tensar la cuerda hasta extremos ridículos. Nos autorizamos a hacer cosas que la sociedad nunca permitiría a otras personas y esto nos automargina desde el momento que nos saltamos las normas sociales más elementales con la disculpa
de que somos enfermos.

La enfermedad conlleva un exceso de estímulos, cuyo número e intensidad no podemos controlar y eso hace que huyamos de situaciones que nos hacen llegar un gran número de estímulos y muy intensos. A mi juicio algo así les ocurre también a los autistas, que se refugian en su mundo interior porque no pueden controlar el exceso de estímulos que llega a su mente.

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En cuanto a lo que me dices de los medios de comunicación, sólo puedo hablar de los que conozco, de los españoles. El tratamiento que dan a los enfermos mentales y a la enfermedad mental es muy pobre y sesgado, sin matices ni profundidad. Te puedo contar, por ejemplo, cómo fue tratado el episodio del copiloto que hizo que el avión se estrellara en los Alpes, o el caso del joven terrorista de Munich, ambos calificados como enfermos mentales, sin más. También ocurrió con los casos de jóvenes en USA que se dedicaron a disparar a sus compañeros de instituto o a provocar matanzas entre desconocidos, o incluso el asesino múltiple en una discoteca gay, también en USA. Observo que en los medios españoles es muy frecuente “sugerir” la idea de que todos eran enfermos mentales. En realidad, si nos fijamos, en las “pruebas” aportadas nos daremos cuenta de que no tenían ninguna y se limitaban a sugerir que quien hace algo así tiene que estar mal de la cabeza, ser un loco, y por lo tanto un enfermo mental. No se preocupan de informarse de si esas personas fueron realmente diagnosticadas como enfermos mentales, de si tomaban medicación, de qué clase de enfermedad padecían. No hay nada, absolutamente nada. Y aquí entramos en la incapacidad de nuestra sociedad para aceptar la existencia del mal. Quienes hacen esas cosas no pueden ser “malas personas”, tienen que ser necesariamente enfermos mentales, porque quien está bien de la cabeza no las hace. Este silogismo es completamente falso puesto que una de las premisas en las que se basa es falsa. Si aceptamos la existencia del mal, de que en nuestro mundo hay personas malas, malvadas, entonces no necesitaríamos buscar el chivo expiatorio perfecto, en este caso el enfermo mental, que no puede defenderse porque la mayoría de enfermos mentales son incapaces de expresarse con claridad y profundidad, porque la casi totalidad de ellos prefieren pasar desapercibidos, en el anonimato, vivir en las cloacas, como digo yo, con las ratas, antes que exponerse a la luz pública.

De esta forma cualquier persona que haga algo incomprensible para la mentalidad social es considerado de inmediato como un enfermo mental, se le etiqueta de esta manera y así se acabó el problema, ya no hay que estudiar la enfermedad mental, algo misterioso y desconocido para la mayoría de la gente, ya no hay que estudiar a los enfermos mentales y por lo tanto relacionarse con ellos y conocerles. De esta forma hemos visto, pasmados, cómo en nuestro redil aparecen todo tipo de personas que hacen cosas terribles y que están a nuestro lado solo porque la ignorancia de algunos, no me atrevo a calificar de mala fe, les han etiquetado con la pegatina de enfermos mentales. Es asombroso cuánto asesino, cuánto violador, cuánto pedófilo, cuanto maltratador, cuánto asesino de mujeres y niños se convierte de pronto,
de la noche a la mañana, en un enfermo mental, solo porque resulta más cómodo etiquetarlo así y desentenderse de la posibilidad de que existan malas personas, de que el mal sea algo que nos podemos encontrar en nuestra vida cotidiana. Nuestra sociedad se ha acostumbrado a considerar el mal como una entelequia, como una
leyenda, son malos los demonios invisibles, son malas las entidades de las que hablan las leyendas, pero no es malo, no es un demonio, el asesino múltiple, el violador, el pedófilo, el maltratador, son solo “enfermos mentales”. Es muy cómodo porque así no tendríamos que revisar nuestras filosofías éticas y morales, nuestras leyes, nuestras costumbres, así no tendremos que revisar de abajo a arriba los valores en que se cimenta nuestra sociedad.

Los enfermos mentales que hemos sido diagnosticados muy jóvenes, en mi caso a los diecinueve años, que hemos sido sometidos a toda clase de terapias, en mi caso terribles, que hemos sido medicados  durante años, que hemos sufrido y hemos luchado durante años con nuestra enfermedad, vemos asombrados cómo determinadas personas se convierten en “enfermos mentales” de la noche a la mañana. Nunca acudieron a un psiquiatra, nunca fueron diagnosticados, nunca se les consideró personas “raras” porque sus conductas no eran patológicas y pasaban desapercibidos. De pronto un día matan a un gran número de personas y ya son enfermos mentales, o participan en una violación colectiva, como las de las niñas en la India y ya son enfermos mentales. Les gustan los niños y anteponen su placer sexual a los valores éticos más elementales, y ya son enfermos mentales.

Ningún medio de comunicación hablaría de que tal o cual persona padece una determina enfermedad física sin antes tener un certificado médico o constatar la medicación que toman o informarse de su familia, o hablar con el doctor que les trata. En cambio pueden calificar como enfermos mentales, sin el menor rubor, a personas de las que no saben nada. Desconocen si han estado en tratamiento
psiquiátrico, quién les ha tratado, qué enfermedad les fue diagnosticada, si tomaban tal tipo de medicación. No saben nada de ellos y sin embargo no se recatan en dar a entender que son enfermos mentales. Claro que los medios están acostumbrados a utilizar la presunción de inocencia como un salvavidas frente a posibles tormentas. Siempre dicen”presuntamente”. Pero eso no significa nada cuando no se tiene ningún dato, ningún indicio, ninguna prueba y se habla por hablar.

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Me resulta en extremo curioso que se califique de enfermo
mental a un asesino, violador, pedófilo, maltratador, etc. y nadie,
que yo sepa, se haya planteado nunca que un corrupto, por ejemplo
pueda ser un enfermo mental. Consideran que un asesino tiene que
sufrir necesariamente un trastorno de personalidad severa y por lo
tanto es un enfermo mental y ni se plantean que un corrupto pueda
sufrir también un trastorno de personalidad severa.Puede que quienes
hayan escamoteado al Estado y a la sociedad millones, hayan
contribuido a la muerte de niños por malnutrición, a la muerte de
enfermos físicos que necesitaban tratamientos que no se les dieron
porque faltaba dinero. Y sin embargo los corruptos no son enfermos
mentales. Este es un caso curioso y paradigmático. Es como si pensaran
que son “listillos” que han hecho lo que ellos no se atreven a hacer,
pero ello no indica que sean enfermos, en todo caso alguno se puede
plantear que son malas personas, y sobre eso no parece existir un
amplio consenso social, porque si así fuera las medidas que se
tomarían contra ellos serían ejemplarizantes y sin embargo para que un
político corrupto salga de la política tienen que existir serios daños
colaterales para otros políticos.

En el caso de enfermos mentales diagnosticados, sobre los que no existe la menor duda, tampoco la información es muy veraz y matizada. En España hubo un caso, hace años, de una doctora en un conocido hospital madrileño que acuchilló a compañeros de trabajo, creo que mató a alguno. Pues bien, se supo que era una esquizofrénica paranoide y que no tomaba medicación, pero no se supo nada más. Su familia, al parecer tenía una alta posición económica y social, pero no se supo nada de ella, cuando en otros casos se sabe hasta el número de zapatos que calzan. La información era sesgada porque no se informó por qué se permitió a una doctora con esa enfermedad ejercer su profesión cuando no tomaba medicación. Tampoco los altos cargos de sanidad dijeron nada al respecto ni nadie asumió responsabilidad
alguna. No se supo nada de la enfermedad de la doctora, cuándo había sido diagnosticada, cuántos años llevaba siendo una enferma mental, si se conocía en su entorno laboral, si había tenido problemas antes, si los compañeros se burlaban de ella y la hacían la vida imposible. La información fue escueta, una doctora, enferma mental, acuchilla a compañeros de trabajo. Eso es todo lo que los enfermos mentales
podemos esperar de los medios. Una parte importante de la población mundial es enferma mental y he visto muy pocos reportajes sobre enfermos mentales. Y cuando algunos damos el paso de aparecer en un vídeo, de manifestarnos públicamente como enfermos mentales, pasamos desapercibidos, nadie se preocupa por conocernos, por saber cómo somos, cómo es nuestra vida. Es como si fuéramos apestados y cuanto más lejos de nosotros, mejor.

En mi blog recibo muchas consultas de familiares que no saben
qué hacer con el enfermo mental. Algunos me confiesan haber buscado
información sobre el tema y muchos de ellos acaban recalando en mi
blog, porque es que no hay nada más o muy poco. Los enfermos se ocultan
por el estigma social, los familiares tratan de ocultar su problema,
los medios prefieren no tocar el tema por lo delicado que es. Todo el
mundo anda de puntillas, como pisando huevos, sobre el tema, excepto
cuando se produce un acontecimiento terrible que no se puede ocultar.
Entonces sí aparecemos en los medios. Tenemos un asesino múltiple,
pues bien, tiene que ser un enfermo mental. ¿Acaso alguien se ha
preocupado de enterarse de si fue diagnosticado, qué doctor le trató,
qué medicinas tomaba, cómo era su vida familiar y social? Nada. No
existimos cuando sufrimos en silencio y nos ocultamos en las cloacas,
pero cuando alguien sale a la luz, un caso estadísticamente llamativo,
un posible asesino entre millones de enfermos mentales, todos los
enfermos nos convertimos de inmediato en asesinos.

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No me atrevería a achacar a los medios y a los periodistas
mala fe y mala conciencia en este tema. Creo que actúan como actúan
con las demás noticias. No es noticia que un perro muerda a un hombre,
pero sí lo es que un hombre muerda a un perro. No es noticia que un
enfermo mental sufra toda su vida y se suicide de forma anónima, pero
sí lo es que alguien mate a desconocidos a tiros en cualquier parte,
porque necesariamente tiene que ser un enfermo mental. Los periodistas
y los medios son un fiel reflejo de la sociedad en la que viven. No se
les puede pedir que tengan más valores y mejores que el resto de la
sociedad, que sean menos competitivos, que sean más humanos, más
sensibles, que sean capaces de sacrificar un trabajo por dar una
noticia humana en profundidad. Un periodista estandar, como un juez,
como un político, como un militar, no puede ser mucho mejor que la
sociedad en la que viven, las excepciones a la regla existen, pero no
son la regla. Teniendo en cuenta que los medios suelen ser empresas
privadas y las empresas buscan el beneficio, el negocio, no se les
puede pedir que traten el tema de la enfermedad mental si no va a
tener suficientes espectadores que les permitan ganarse un dinerillo
con los anuncios que se emiten antes, durante y después. Si las
empresas están hechas para el beneficio es difícil trazar líneas
rojas, solo vemos que se autoimponen esas líneas cuando la reacción
del público puede hacer descender los beneficios. No se trata de
valores éticos, se trata de aquellas circunstancias que hacen crecer o
disminuir los beneficios. Puede que aún no se haya descubierto una
alternativa al capitalismo, pero está claro que una sociedad
capitalista no es humana por definición. Mientras se persiga el
beneficio el ser humano pasa a ser un decorado, un consumidor, un
número en las estadísticas empresariales. Y esto que es general para
todo lo es también para la enfermedad mental y los enfermos mentales.
No somos importantes porque no nos hemos agrupado para formar un
partido político que pueda acceder al gobierno de una nación, no hemos
fundado una multinacional que tenga mucho que decir en los asuntos
internacionales, no hemos propugnado no votar a los partidos políticos
que nos ignoran y votar a los que cumplan las promesas que hacen en
sus programas electorales.Los enfermos mentales somos mudos, sordos,
ciegos, no existimos sino es en las estadísticas de las empresas
farmacéuticas, en los gastos del Estado para sanidad, o cuando ocurre
algo terrible que se nos achaca. Y todo ello es en gran parte culpa
nuestra. Siendo como somos un altísimo porcentaje de la población
mundial, nuestro voto debería ser decisivo en las elecciones, nuestras
necesidades deberían ser imperativas para los estados, las empresas,
la publicidad, el diseño de todo aquello que nos pueda interesar. La
población gay ha conseguido, saliendo del armario, que su número y sus
necesidades y gustos no puedan ser ignorados, el problema de los
enfermos mentales es que parece que nunca terminaremos de salir del
armario. Es nuestra gran desgracia.

Creo que me he extendido mucho, si necesitas que matice algo
sobre algún tema concreto, házmelo saber. Un abrazo.

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CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL VII

12 05 2017

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Manzanares 19-06-2016

Hola amigo: Hoy procedo a contestar tu segunda pregunta.

Por mi experiencia, el enfermo mental, incluso cuando está bien,
bloquea una serie de mensajes que no puede aceptar ni asumir y con los
que no puede vivir. Este bloqueo es mucho más intenso, por supuesto,
cuando sufre una crisis depresiva o psicótica, entra en delirio y se
aleja visceralmente de la realidad.

-El enfermo mental no es capaz de aceptarse  a sí mismo, ni como
cuerpo, suele despreciar su propio cuerpo aún en el caso de enfermos
con un cuerpo físico más que aceptable y atractivo, ni como persona,
siempre ve su imagen distorsionada en el espejo y de alguna manera se
considera un monstruito, ni como ser social, tiene serias dificultades
para la socialización puesto que considera que ya ha sido rechazado de
forma contundente y no siente ningún interés en esforzarse para volver
a ser readmitido.

-Rechazo del propio cuerpo. Es algo curioso e intrigante.
Recuerdo que de joven, tengo fotos, poseía un cuerpo joven, vital,
cuidado, practicaba deporte, no tenía los problemas que tuve con la
obesidad con posterioridad, debido en parte a la medicación que nos
cambia el metabolismo. Mirando ahora aquellas fotos soy consciente de
que mi nulo éxito con las mujeres se debió a mi enfermedad mental y no
a mi físico. Y sin embargo recuerdo muy bien que en aquellos tiempos
también rechazaba mi cuerpo, no me gustaba, lo consideraba defectuoso
y no me sentía satisfecho con el cuerpo que me había tocado en la
tómbola de la vida, como decía. Este rechazo al propio cuerpo puede
nacer de la sensación de ser un vehículo frágil, fugaz, que no refleja
nuestra verdadera personalidad. Nos recuerda la muerte, nuestra
mortalidad y la fugacidad de la vida y por lo tanto la inutilidad de
hacer cualquier esfuerzo para conservar y mejorar nuestro cuerpo
físico.

Los enfermos mentales cuidamos muy poco nuestros cuerpos
físicos, es más fácil que tengamos una patología de falta de higiene,
de limpieza, de caos y desorden con nuestras cosas, que no controlemos
la alimentación y tengamos problemas de obesidad o trastornos de la
alimentación, que el caso contrario. Aunque es cierto que hay enfermos
mentales con patologías severas, obsesivo-compulsivas, que no pueden
controlar y que les llevan a una obsesión incontrolable respecto a la
limpieza, la higiene, el orden en la casa, en sus ropas, en su vida.
Resulta curioso que estas patologías pasen más desapercibidas que las
mencionadas anteriormente y que caracterizan mucho al enfermo mental.
Si alguien ve a una persona desaseada, falta de higiene, poco
preocupada por la salud, viviendo en un perpetuo caos, muy cercana al
síndrome de Diógenes en el que se acumula toda clase de cosas inútiles
y se convierte el hogar en una especie de almacén putrefacto, lo
primero que piensa es que se trata de un enfermo mental. En cambio
cuando se ve a una persona que dedica un tiempo exagerado a la
limpieza de la casa, con una obsesión insufrible para los que conviven
con ella, que no soporta una mota de polvo, que sufre miedos
patológicos a ser contaminada por bacterias y virus, que lo limpia
todo, obsesionada por la comida natural, puesto que la otra produce
cáncer,etc. la mayoría de la gente nunca la considera como una enferma
mental, salvo que con el tiempo se den cuenta de que su vida está
dedicada a eso y es incapaz de convivir con otras personas puesto que
convierte en un infierno sus vidas.

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He conocido personas así que antes o después acaban siendo
diagnosticadas como enfermos mentales y puestas en tratamiento para
evitar un grave deterioro de su psiquis. Sin embargo la imagen más
común del enfermo mental es la de una persona mal vestida, sucia, que
se cuida muy poco, que ni siquiera es consciente de cosas tan
elementales  como tener abierta la bragueta del pantalón (me ha pasado
y me sigue pasando cuando estoy mal). Me atrevería a decir que el
rechazo del propio cuerpo es el rechazo de nuestra mortalidad, no
podemos identificarnos con algo que va a morir y que se deteriora a
ojos vistas en el tiempo, no somos el cuerpo que tuvimos de niños, ni
el de adolescentes o jóvenes, no nos gusta el cuerpo que tenemos
ahora, como personas maduras. ¿Cuál es nuestro cuerpo en realidad?
Recuerdo que de niño, con seis años, me senté frente a la tapia del
cementerio del pueblo donde vivía y me imaginé los huesos de las
personas allí enterradas. ¿En eso acaba todo? Sufrí una angustia
terrible, que ahora identifico como propia de mi enfermedad. Me dije
que el ser humano era algo más que eso, mucho más, era un ser de luz,
un alma, un espíritu. Aquel fue el comienzo de mi visión
espiritualista de la vida.

Muchas veces las patologías del enfermo mental nacen de
auténticas realidades, de grandes verdades, que otros rechazan y que
sin embargo el enfermo mental asume con demasiada intensidad. Muchas
veces he contestado a quienes me reprochaban mi profunda tristeza ante
la vida que ellos no eran alegres sino inconscientes. La huída de la
gran realidad de nuestras vidas, la de que somos mortales, no
significa alegría y vitalidad, es solo una fuga, una fuga que en
realidad es la raíz de la enfermedad mental y de hecho muchas personas
así han acabado enfermas mentales a la muerte de un ser querido,
cuando la mortalidad se les ha impuesto con toda su crudeza.

Muchos enfermos mentales me dicen que no se identifican con
su propio cuerpo cuando se miran al espejo. Yo no soy ese, me dicen.
Se consideran algo que está en su interior y su cuerpo es como el
disfraz de carnaval que les han puesto de forma coactiva pero con el
que nunca se sentirán a gusto. Una enferma me decía que no entendía
por qué los hombres solo nos fijamos en el cuerpo físico de las
mujeres, nos gustan si tienen un cuerpo atractivo y no nos gustan si
no lo tienen. Para ella era tan evidente que la esencia de la persona
está en el interior que no podía comprender que un hombre deseara a
una mujer por tener un cuerpo físico muy seductor y no deseara tanto a
otra que no lo tuviera. Para ella el cuerpo era la prolongación de la
personalidad interior y si una mujer era maravillosa cualquier hombre
debería desearla, tuviera el cuerpo que tuviera. Este rechazo del
propio cuerpo es un serio problema a la hora de socializar, al enfermo
mental le cuesta comunicarse porque la base más elemental de la
comunicación, comunicar desde un cuerpo físico, falla en él.

Cuando está mal un enfermo mental no está atento a su cuerpo
físico, no percibe su olor, no se fija en qué ropa lleva, ni si se ha
duchado o peinado, en si su ropa ha sido pasada por la lavadora, en si
le cae un moco de la nariz o si sangra por haberse cortado mientras se
afeitaba (algo muy frecuente en mi caso y que me indica, es un signo
de que estoy en crisis). Ya hemos visto que la causa de esta conducta
puede ser su no aceptación de su condición de mortal pero también es
una rebeldía contra la sociedad que le trata tan mal y contra otras
personas que le llaman loco y le marginan. Recuerdo muy bien que
durante mis crisis cuando los familiares me achacaban mi desaseo yo les
respondía que si yo tenía que soportar su repugnante carácter, su
vomitiva forma de ser, su falta de humanidad, el que ellos soportaran
mi desaseo no me parecía tan mal. El enfermo mental también utiliza la
falta de cuidado de su cuerpo físico como una protesta, un arma
arrojadiza contra quienes le niegan el cariño y le tratan mal.

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-Bloqueo de la memoria. Ya hemos visto que la memoria es una
parte esencial de nuestra personalidad, como el enfermo mental no está
conforme con lo que es, con su carácter y personalidad, como se siente
culpable, de forma inconsciente bloquea su memoria para evitar
enfrentarse a las partes más oscuras de su personalidad. Esto lo suele
hacer a través de la fantasía o imaginación. No es tan sencillo
olvidar que en un momento de crisis has insultado o tratado mal a un
ser querido o has dado un espectáculo público que está en boca de
todos. Pero si te conviertes en otra persona, si te creas tu propio
mundo y vives en él, todo eso que te afecta tanto que no puedes vivir
con ello, va desapareciendo. La puerta que el enfermo mental utiliza
para fugarse de la realidad es la fantasía o imaginación. No he
conocido a un solo enfermo mental que sea tan poco imaginativo que no
pueda fugarse de la realidad de esta manera.

Como enfermo mental una de las sensaciones más fuertes que he
tenido nunca es la de ser capaz de crearme mi propio mundo, mi propia
personalidad, y vivir allí durante horas y horas, feliz, controlando
lo que soy y mi propia vida. Antes de dedicarme a escribir, a ser
novelista, ya era capaz, de adolescente, de crearme mi propia novela
con una chica que pasaba por la calle. Yo era otro diferente al que
era, buscaba mil fórmulas para que el encuentro con la chica fuera
feliz. Me pasaba horas y horas imaginando todo tipo de historias con
la chica, románticas, eróticas, heróicas. La fantasía era tan intensa
que luego, cuando en la vida real, me encontraba con la chica me
costaba aceptar que lo ocurrido en mi imaginación no hubiera sucedido
realmente. Incluso llegaba a orgasmos cuando la fantasía era muy viva.
También me iba a África, a “salvar negritos” cuando la iglesia
católica pedía para el DOMUND, o salvaba a la humanidad de terribles
catástrofes. Con los años conseguí encauzar esa vivísima imaginación a
través de la literatura. Algunos me han comentado que determinadas
escenas de mis novelas o relatos son tan vivas que el lector cree que
el autor las ha vivido, experimentado. Es cierto, las he vivido en mi
imaginación, y eso para el enfermo mental es casi como haberlas vivido
en la vida real. Recuerdo que para huir de problemas familiares o
escolares, recurría a la imaginación y me aislaba de tal modo del
entorno que siempre tuve fama de despistado, de estar en mis mundos de
colorines. Aún más, hasta casi los diez años, no acepté que la
imaginación no fuera real. Estaba convencido de que si creaba con mi
mente algo, esto debía suceder necesariamente. No voy a extenderme
pero en la filosofía chamánica de Castaneda don Juan le dice que los
niños tienen el punto de encaje muy flexible y pueden ir de un mundo a
otro con suma facilidad, y todos esos mundos son reales. Así lo viví
yo de niño.

El bloqueo de la memoria en el enfermo mental no es cerrar
una puerta, ponerle un fuerte cerrojo y no dejar pasar nada ni a
nadie. El bloqueo es utilizar la imaginación para transformarse en
otra persona y crearse una nueva vida. Eso lo hacemos los escritores y
lo hace el enfermo mental sin necesidad de escribir novelas. ¿Hasta
qué puntos son reales esas personalidades y esos mundos para nosotros?
Te puedo contar que a veces, incluso estando bien, tengo serios
problemas para distinguir algo que he imaginado hacer de algo que
realmente he realizado en el mundo real. Por eso he aprendido muy
duramente a no imaginar en ciertos temas, porque sé que luego mi
memoria no sabrá distinguir entre lo que realmente hice o imaginé,
entre lo que es real y lo que es solo fantasía o ficción. Así, no
puedo imaginarme yendo a pagar el alquiler del apartamento, porque
luego tendré que comprobar en mi cuenta bancaria que no lo he hecho,
porque la fantasía y la realidad son para mí igualmente intensas.

Y aquí entramos en un tema complejo. Mientras que para la
persona no enferma solo existe una realidad y ésta es como es, para el
enfermo mental existe la realidad que le imponen los otros y la
realidad que él mismo vive, sin cortapisas, en su mente. Todas las
filosofías y corrientes de conocimiento se han planteado el tema del
conocimiento, de la percepción, la fenomenología, como la base de la
que partir para explicar la realidad. Teniendo en cuenta que la
realidad no está ahí y se nos impone, sino que es un conjunto de
estímulos que llegan a nuestros sentidos físicos y que luego son
transportados al cerebro e “interpretados”, habría que concluir que
toda realidad, nos pongamos como nos pongamos, es muy “interpretable”.
En la filosofía chamánica de Castaneda esto aparece muy claro, pero no
me quiero extender. Baste decir que el hecho de que el enfermo mental
viva en otros mundos no significa necesariamente que viva fuera de la
realidad, sino que vive en “otras realidades” que no puede comunicar
porque no existe un puente común por el que se transmitan los mensajes
para que puedan ser comprendidos.

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Teniendo en cuenta lo dicho hasta ahora, si el enfermo tiene
problemas con la aceptación de su cuerpo físico, una base fundamental
para la comunicación, comunicamos desde un cuerpo físico que es el
hogar de nuestra personalidad, y tiene problemas con la memoria, que
conforma nuestra personalidad y tiene problemas con el consenso sobre
lo que es real o no lo es y tiene problemas para no fugarse de la
realidad a sus otros mundos, donde puede controlar lo que le sucede y
podría ser más feliz si no le asaltaran los monstruos y las voces, la
posibilidad que tiene un enfermo mental de comunicarse con los demás
está seriamente disminuida por estos obstáculos. Por mi parte propongo
un puente infalible, un mensaje que siempre aceptará el enfermo
mental: el cariño.

Creo que podría hacer una pequeña cronología o una story
board cinematográfica de la crisis o el brote psicótico en un enfermo
mental.

-El enfermo mental está bien o al menos así se siente. La
medicación altera su percepción, ralentiza su mente, paraliza su
vitalidad, pero eso es algo a lo que está acostumbrado. Se percibe y
se siente bien, como normal.

-Estas sensaciones pueden cambiar muy rápidamente en el
enfermo mental, de un día para otro, incluso de una hora para otra.
Basta un pequeño detonante para que todo cambie. Un reproche de un
familiar o ser querido, un tono de voz más alto de lo debido en otra
persona. Un hecho externo potente o bien un simple problema al que el
enfermo da excesiva importancia. Todo esto  le obliga a buscar la fuga
de la realidad.

-El enfermo mental tiene serios problemas con la voluntad.
Es como un atleta que hubiera pasado años en una silla de ruedas,
debido a un accidente, y de pronto se recupera y se pone a entrenar.
Las dificultades son infinitas. Es como si el enfermo mental no
hubiera utilizado la voluntad nunca, desde una vida anterior (la
familia, la infancia, el entorno son factores a analizar) y por lo
tanto cada vez que desea utilizarla se encuentra a un problema
infranqueable, como el atleta que no ha entrenado durante años. Carece
de músculo. La mayoría de los enfermos con los que me relaciono me
dicen que mi caso no es el suyo, que yo tengo una voluntad de hierro y
por eso he conseguido lo que he conseguido. No es cierto. Yo tenía tan
poca voluntad como ellos, solo que la he entrenado, como en un
gimnasio. Les propongo que afronten este problema como si se tratara
de un problema físico, hay que decidirse a ir al gimnasio, hay que
empezar con un programa suave, si no puedes con las pesas, déjalas
para más adelante, comienza con un suave paseo en la cinta sin fin. Un
enfermo mental nunca tendrá voluntad si no la entrena. Este axioma es
difícil de comprender y asimilar por el enfermo que piensa que la
voluntad es un don del cielo que a él no le ha tocado, solo le tocó la
enfermedad. Cuando yo les explico cómo era, cómo tuve que luchar y
entrenar la voluntad para llegar hasta donde estoy, me miran raro, no
me comprenden, creen que les estoy engañando, no aceptan que pasados
unos años, si trabajan como yo, llegarán hasta donde yo he llegado, a
vivir sin medicación, sin acudir al psiquiatra, soportando las crisis
a pelo. No me creen y en parte es porque eso supone un terrible
sacrificio.

-El enfermo no es capaz de afrontar el menor problema, ni el
más fácil, aquel que hasta un niño resolvería.No es asertivo, no
piensa en qué es lo mejor para él, no piensa en las posibles
soluciones al problema y toma una decisión inquebrantable. Sabe muy
bien que la mejor solución para él será puesta en solfa por familiares
y seres queridos, que le presionarán hasta el punto de que le resulte
más sencillo adoptar las soluciones de los otros que las suyas
propias. En mi caso ante estos problemas llegué a razonar de la
siguiente forma: Si decir la verdad me supone tantos problemas que
luego acaban en una crisis fuerte, mentiré con astucia, con sutileza,
para que la familia, los seres queridos, no se enteren de lo que he
hecho y de esta forma no tenque que enfrentarme a ellos, lo que me
produciría una crisis grave.

-El enfermo mental sabe que no puede enfrentarse a los
problemas como hacen los demás. Se podría considerar que tiene tan
poca voluntad como un niño y está tan inmaduro emocionalmente como
ellos, pero ese es un tema más complejo para tratar en otro momento.
Lo cierto es que no puede ser asertivo porque eso le enfrenta a
situaciones emocionales muy difíciles de sobrellevar, la bronca con
seres queridos o familiares, la batalla de razonamientos durante horas
y horas que le agota…Debe buscar alternativas y las busca.

-La mentira en el enfermo mental es un mecanismo de defensa
para evitar situaciones potencialmente graves para su integridad
psíquica. Lo mismo que la manipulación, las farsas de control, como yo
las llamo, los chantajes emocionales, todos tienen un único fin:
sobrevivir y no tener que enfrentarse con situaciones emociones
agresivas, desagradables, violentas, Un enfermo puede llegar a creerse
sus propias mentiras y a pensar que sus manipulaciones son
inevitables, sino buenas. En mi caso las broncas con seres queridos me
afectaban tanto que asumí que cualquier otra solución sería siempre
mejor. Mentí en cosas pequeñas y formé un entramado de tela de araña
del que era difícil salir. Nunca llegue a mentir en cosas importantes
porque mi lógica, mi razón, mi cultura y personalidad me hacían ver
con claridad que antes se pilla a un mentiroso que a un cojo y que eso
solo era aplazar el problema. Si no podía tomar una decisión, porque
no tenía voluntad, la aplazaba buscando el momento y tramando sutiles
añagazas para que la solución se fuera acercando sin que yo tuviera
que dar un salto importante. Llegué a plantearme estratagemas tan
sutiles e insidiosas que acabaron generándome fobia social y manías
obsesivo-compulsivas contra las que hoy aún sigo luchando.

-Cuando el enfermo mental no encuentra forma de tomar una
decisión y salir bien librado lo que hace es fugarse a su mundo
mental. Cuando huye de relacionarse, se encama, se aisla, se margina,
está preparando el terreno para la fuga definitiva. Sin oponer
resistencia deja que su personalidad se precipite en el abismo, el
hundimiento es de por sí tan terrible que no necesita más para fugarse
de la realidad. Solo cuando entra en juego el instinto de
supervivencia, cuando los instintos básicos le obligan a reaccionar,
es cuando entra en juego su imaginación para librarle tomar decisiones
muy difíciles para él, que generarán un descontrol emocional, psíquico
y mental muy grave, un descontrol que él sabe que le llevará a un
psiquiátrico o a un aumento de medicación.

-Mientras no somos molestados podemos vivir en nuestro mundo.
Nos transformamos en otra persona, la fantasía nos lleva a otras
realidades, podemos estar sin comer varios días, podemos estar
encamados sin ver la luz el tiempo que haga falta, podemos librarnos
de la compulsión de los instintos básicos puesto que la estancia en
nuestro mundo mental es agradable y retarda el momento de enfrentarse
a la realidad con todas sus consecuencias.

-El problema comienza cuando otros interfieren y nos obligan
a tomar decisiones. Debemos enfrentarnos a la realidad y tomar
decisiones. Debemos ser asertivos y no podemos. Ya hemos estado un
tiempo fuera de la realidad, en delirio, ya tenemos otra personalidad,
y con esa personalidad delirante nos enfrentamos al problema.
Incapaces de transmitir un mensaje puesto que la personalidad que lo
debería transmitir no es la nuestra, incapaces de conformar el mismo
mensaje, puesto que el mundo delirante en el que vivimos no permite la
comunicación con otros que no estén en él, solo se encuentra la
agresividad y la violencia como única fórmula para defender el propio
territorio, el enfermo mental solo quiere que le dejen en paz en su
mundo de colorines. Cualquier intento por sacarlo de él se considerará
como un agresión, como la invasión por un ejército extranjero. Es por
eso que propugno el acercamiento cariñoso como única formula que va a
funcionar. El cariño no necesita que tras él esté una personalidad
concreta, aceptamos el cariño de cualquiera, aceptamos el cariño de
personalidades inferiores, como pueden ser las mascotas o los animales
domésticos, incluso aceptaríamos el cariño de una pared si pudiera
proporcionar algo tan valioso.

Es un tema muy largo y complejo, con muchas ramificaciones
que podremos tratar punto por punto. Resumiendo te diría que un
enfermo mental tiene serios problemas para ser emisor puesto que le
cuesta percibirse a sí mismo, como cuerpo físico, como personalidad,
como consciencia en un espejo. Le cuesta conformar cualquier mensaje
puesto que todo es muy confuso, ¿quién es el emisor?, puesto que él no
tiene claro quién es realmente. Bloquea su memoria para evitar que
sucesos sufridos por su personalidad en el pasado le angustien en el
presente y le lleven a una crisis. Ante la incomprensión y el rechazo
de sus mensajes se aísla, se margina, huye a su mundo de fantasía. A
un enfermo mental solo se le llega con el cariño, el único mensaje que
puede llegar a una personalidad desestructurada, sin núcleo, el único
mensaje que no requiere una compleja conformación mental, el único
mensaje capaz de superar cualquier patología, cualquier trauma,
cualquier obstáculo, porque lo queramos admitir o no el ser humano
está hecho para el amor, el amor es el alimento del alma y por lo
tanto si queremos curar a un enfermo del alma tenemos que darle amor.

Dejo que analices lo que te he dicho y seguremos matizando todo
aquello que te interese. Un abrazo.

 

Frase del día #6





CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL VI

4 04 2017

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Manzanares (Ciudad Real) 18-06-2016

Hola amigo: Por mi parte no hay ningún problema con el retraso, salvo
que tú tengas un plazo concreto para terminar el trabajo y tengas
prisa. Estoy de acuerdo contigo en que la primera etapa de la
comunicación es la del emisor consigo mismo, mal puede comunicar nada
si antes no se lo comunica antes a sí mismo. es lo que en yoga mental
y en la filosofía chamánica de Castaneda se llama el diálogo interno.
Curiosamente ellas pretenden terminar con este diálogo interno que es
el que nos describe el mundo, en concepto chamánico. El mundo es como
es para nosotros en base al diálogo interno que sostenemos con
nosotros mismos, cuando se rompe el mundo cambia porque cambia la
descripción del mismo. Este me parece un tema muy interesante y que
afecta de forma definitiva al enfermo mental quien de alguna manera ha
roto con la descripción del mundo aceptada socialmente y eso le traerá
grandes problemas. En literatura no fue hasta Joyce con su Ulises
cuando los lectores se enfrentaron por primera vez en literatura a lo
que eran sus pensamientos más íntimos, a su diálogo interno, que les
parecía tan natural que ni siquiera pensaban en ello como algo
existente. En la obra de Joyce se nos pone frente a nosotros mismos, a
los diálogos que mantenemos con nosotros en la intimidad y de esta
forma vemos realmente cómo cada uno tiene su mundo peculiar y
subjetivo y que las relaciones sociales no son otra cosa que la poda y
la flexibilidad del diálogo interno de cada uno para que pueda ser
aceptado por los demás. Digamos que nos comprimimos, comprimimos
nuestra personalidad, para que todos tengamos nuestro propio lugar en
la sociedad. Y una de las bases fundamentales para que pueda existir
la sociedad es el control, bloqueo y represión del diálogo interno. O
dicho de otra manera, debemos aprender a mentir, a no decir la verdad
o toda la verdad porque quien se comporte en sociedad como una persona
que dice la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, será
considerado un “loco”. Y es aquí donde comienzan las peculiaridades
del enfermo mental y sus dificultades para encajar en la sociedad.

En cuanto a tus preguntas, procedo a dar respuestas sin marcarme límites.

A la primera: Como ya te he dicho el diálogo mental, el
diálogo interno, es algo esencial para la comunicación, puesto que mal
vamos a comunicar lo que somos si no lo sabemos, o nuestra imagen si
antes no nos miramos en el espejo, o lo que pensamos o sentimos si
antes no lo analizamos en nuestro interior. Y aquí podríamos entrar en
ciertas filosofías modernas del “Ser y el Estar”. Una cosa es lo que
somos, nuestra esencia, y otra lo que “estamos siendo” o las
circunstancias que nos hacen ser una cosa ahora y otra más tarde. Ya
Aristóteles hablaba de Esencia y forma y acto y potencia. Creo que no
necesitamos convencernos a nosotros mismos de que en esencia somos
seres humanos, con todo lo que eso conlleva. Sin embargo si
necesitamos convencernos, “describirnos”, lo que somos como individuos
y personas y cómo vemos la realidad exterior. A través del diálogo
interno nos hacemos una idea de nosotros mismos y de cómo es la
realidad externa a nosotros. Sin ese diálogo interno esa descripción
se rompe y ese individuo o personalidad, se fragmenta.

Cortazar

Y es aquí donde comienza la peculiaridad del enfermo mental
como emisor, puesto que por definición su enfermedad mental le crea
dificultades para el diálogo interno, para describirse a sí mismo,
para ver la totalidad de su personalidad y también para “describir” la
realidad exterior. No es sorprendente que existan casos de múltiple
personalidad en el enfermo mental, o de doble personalidad, o momentos
de delirio, de alucinación, en el que el enfermo pierde su diálogo
interno personal que es sustituido por las voces que escuchan muchos
esquizofrénicos o psicóticos, por ejemplo. Al perder este diálogo
interno se fragmenta y quebranta su personalidad y sobre todo se
pierde el espejo en el que todo el mundo se mira para saber o
imaginarse cómo es, y de esta manera transmitirlo a otro, a la
sociedad, como emisor en la comunicación.

El enfermo mental no es el único que sufre estas
dificultades. El autismo que muchos, especialmente familiares, se
niegan a considerar una enfermedad mental, tal vez por el estigma que
conlleva ésta, no es otra cosa que la pérdida del diálogo interno, la
fragmentación del “yo” emisor y receptor, en un arcoiris, en un
universo de estímulos que el autista no es capaz de aunar y sintetizar
en un diálogo interno, en una personalidad, por lo que no le queda
otro remedio que refugiarse en una especie de búnker personal, a salvo
del bombardeo de estímulos que ya de por sí nos maltratan a todos,
creando conductas patológicas incluso en los que se consideran sanos y
normales.

Hay otros casos, como los enfermos de Alzheimer, que sufren
también esta disgregación y quebranto de la personalidad al tener
serias dificultades con el diálogo interno. Y aquí entra en juego otro
factor muy importante: la memoria. Si el diálogo interno es
fundamental para que seamos “personas”, individuos, para que tengamos
una descripción de la realidad exterior y podamos relacionarnos,
comunicarnos con otros, la memoria es la raíz de nuestra personalidad.
No recuerdo quién dijo que la persona es un noventa y ocho por ciento
de memoria y el resto habría que buscarlo, o algo por el estilo.
Aquello me llamó mucho la atención y he reflexionado sobre ello. En
efecto la memoria es básica en la personalidad, como lo demuestra que
quienes sufren serios problemas con la memoria, como enfermos de
Alzheimer o amnésicos, entre otros, acaban teniendo muy serios
problemas de personalidad. La doble personalidad y la múltiple
personalidad también son problemas relacionados con la memoria. Si un
enfermo de múltiple personalidad recordara todas sus personalidades
dejaría de estar enfermo puesto que las haría girar alrededor de un
núcleo de personalidad conformado por el diálogo interno y la memoria.

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Centrándome en la pregunta. El enfermo mental ya tiene desde el
principio un serio obstáculo para comunicarse, puesto que su
dificultad para el diálogo interno le incapacita para comunicar una
imagen de sí mismo a los demás y para armonizar con ellos en la
descripción del mundo o la realidad exterior, que también procede de
este diálogo interno. Esto hace que los enfermos mentales seamos tan
malos emisores y los demás tengan tanta dificultad para comprendernos.
Nos suelen decir que vivimos “en nuestros mundos de colorines” es
decir en otra dimensión, mental, a la que ellos no pueden acceder y
por lo tanto dan por liquidada la comunicación, exigiéndonos que
seamos nosotros los que salgamos de ese mundo de colorines y
compartamos el suyo.

Este tema es muy curioso e interesante, pero no quiero
desarrollarlo demasiado porque no acabaría nunca. Aquí entra también
una concepción del mundo, una filosofía de la vida, muy diferente que
está detrás de muchas conductas tanto del enfermo mental como de los
no enfermos que le piden que cambie para insertarse en la sociedad.
Para los demás nuestros mundos mentales no existen y por lo tanto
nunca aceptarán que los compartamos con ellos, de ahí nace esa
profunda misantropía del enfermo mental, que se retira a su búnker
para no ser molestado. Resulta curioso que esa filosofía del enfermo
mental coincida con algunas grandes filosofías o corrientes de
pensamiento que todos conocemos y que en estos tiempos tienen una gran
aceptación. Me estoy refiriendo al budismo, al yoga mental, al zén, a
la filosofía chamánica de Castaneda, a las corrientes esotéricas, a
corrientes espiritualistas de todo tipo cuya base es la aceptación de
que el ser humano es algo más que un cuerpo físico que recibe y
procesa estímulos, es una personalidad interior, invisible,
energética, espiritual, que se sirve del cuerpo físico como de un
vehículo.

Lo mismo que a una persona agnóstica, atea, cientifista, no
le puede pedir una persona religiosa que comparta su concepción del
mundo y que haga lo que él hace, a una persona no enferma el enfermo
mental no le puede pedir que acceda a compartir su mundo, puesto que
si para el agnóstico o ateo Dios no existe, todo lo relacionado con él
no tiene el menor sentido. Para un no enfermo no tiene el menor
sentido la realidad mental que vive el enfermo mental, puesto que para
él no existe. Es por eso que las personas con filosofías chamánicas,
espiritualistas, esotéricas, tienen menos dificultades en comprender
al enfermo mental que otras, materialistas, agnósticas, ateas,
cientifistas, que solo creen en lo que pueden ver y tocar, con los
sentidos físicos, por supuesto, porque no pueden existir otros. En
cambio, también es curioso, algunas personas religiosas-dogmáticas
tienen incluso más dificultades que un ateo en comprender y aceptar al
enfermo mental. Para ellos somos pecadores que hemos sido castigados
por nuestros pecados. La enfermedad mental es un castigo divino y por
lo tanto su trato con el enfermo mental se limita a pedirle a Dios que
levante su castigo, a rezar por él. No quiere ni intenta comunicarse
con el enfermo, no le da cariño y afecto, porque ésta es una cuestión
entre el enfermo y Dios.

Si tenemos en cuenta la posibilidad de que la realidad
exterior, descrita por el diálogo interno, por la memoria, por el
núcleo de personalidad de un “no enfermo” no sea la única existente,
el conflicto entre enfermo mental y sociedad o con otros no enfermos
tendría una poderosa razón de ser: Una profunda discrepancia en cuanto
a las ideas y la visión de la vida y la realidad. De hecho muchos
enfermos mentales con los que me relaciono, incluído yo mismo somos
grandes estudiosos del chamanismo, del budismo, del zen, del yoga
mental, del esoterismo y muchos, muchos enfermos mentales,
especialmente esquizofrénicos, estudian con ahinco las religiones,
buscando en ellas una explicación a su enfermedad y a su forma tan
diferente de ver la vida y la realidad. En muchos de mis relatos hablo
de enfermos mentales que a escondidas estudian religiones como el
islamismo o el cristianismo. Es raro encontrarme con enfermos que no
hayan tenido algún contacto con la religión o con filosofías
orientalistas, esotéricas o chamánicas. Incluso enfermos con una
carencia extrema de formación, de cultura, han buscado todo tipo de
corrientes de este tipo, como el reiki, por ejemplo, o todo tipo de
sanación a través de la energía. El problema que se encuentran estos
enfermos mentales, incluido yo mismo en una determinada etapa de mi
vida, es que dada su dificultad para el diálogo interno, para
conformar un núcleo sólido de personalidad, incluso para que la
memoria sea una ayuda, es la facilidad con que utilizamos esas
corrientes de conocimiento para fugarnos aún con más intensidad de la
realidad, cortando el diálogo con el receptor y entrando en un delirio
casi permanente al carecer de la solidez del diálogo interno que nos
permite una imagen sólida de nosotros mismos y una descripción
aceptable de la realidad externa. Así no es muy extraño observar
enfermos mentales cuyos delirios tienen mucho que ver con la religión,
el apocalipsis, misiones salvíficas o todo tipo de figuras y de mundos
nacidos de sus lecturas sobre esoterismo y filosofías orientales. El
enfermo mental busca desesperadamente esos mundos porque sabe y se
siente incapaz de comunicarse con los otros en la realidad que ellos
han establecido.

Alicia

Resumiendo y dejando para otro correo la segunda pregunta: El
enfermo mental tiene serias dificultades para conocerse a sí mismo a
través del diálogo interno, para mirarse al espejo -hablando
metafóricamente- y saber que el rostro que le mira es el suyo. Para
conformar un sólido núcleo de personalidad que le permita saber cómo
es él mismo y así poder comunicarlo a los demás. Además los enfermos
mentales solemos tener un serio problema con la memoria debido a los
efectos secundarios o secuelas de la medicación o de algún tipo de
terapia. Como hemos visto sin memoria no hay personalidad y el enfermo
mental, si además de tener dificultades con el diálogo interno, las
tiene también con la memoria son demasiados obstáculos para conformar
una personalidad que se pueda comunicar y transmitir a los demás.

Para terminar te contaré una experiencia personal por si te
interesara tratarla más a fondo. Hablando de las dificultades del
enfermo para comunicarse consigo mismo, antes de hacerlo con los
demás, te contaré una experiencia terrible que viví en mi juventud.
Había intentado suicidarme y me internaron en un psiquiátrico. Allí me
pusieron varias tandas de electroshock. Pues bien, al despertarme de
una de estas sesiones, había perdido por completo la memoria. No
recordaba nada, ni siquiera mi nombre. Estuve largo tiempo diciéndome
a mí mismo diferentes nombres, a ver si alguno me sonaba más que otro,
para hacerme una idea de cómo me llamaba. Parece una tonteria pero la
importancia del nombre para la personalidad e individualidad es
enorme. Tampoco recordaba nada de mi pasado, y sobre todo nada de lo
que me había ocurrido para que yo estuviera allí. El error de los
psiquiatras que me trataban y de los celadores y enfermeras fue
dejarme solo durante este dramático periodo de recuperación de la
memoria. Necesitaba una personalidad, una individualidad, el vacío
terrible que suponía no tenerla, no puede ser descrito en palabras.
Fue por eso que la busqué a través del razonamiento y la imaginación.
¿Sabes hasta dónde llegué? A convencerme de que yo era un asesino en
serie a quien habían lobotomizado para acabar con su violencia
incontrolable, como única forma de “curarle”. Esta sugestión llegó a
ser un absoluto convencimiento hasta que recobré la memoria. Muchas
veces he pensado en esto relacionándolo con los casos de doble y
múltiple personalidad. Estoy convencido de que la incapacidad del
enfermo para construir un sólido núcleo de personalidad en base al
diálogo interno y a la memoria le lleva a la búsqueda de más
personalidades que complementen la escasa entidad de su personalidad
propia. Esto, unido a la dificultad que a veces tienen muchos
enfermos, en recordar cosas, debido a su enfermedad e incluso a la
medicación que reciben, hace que en determinados enfermos con
patologías severas, como es el caso del esquizofrénico paranoide,
puede llegar a desarrollar doble o múltiple personalidad, algo que
facilita enormemente que ciertos delirios o alucinaciones puedan
llegar a ser llevados a cabo por el enfermo mental, puesto que sería
otra personalidad la que habría tomado las riendas. Así podemos
observar terribles tragedias generadas por algunos enfermos que han
anulado totalmente su empatía. Pero aquí hay que puntualizar y matizar
algo muy importante para mí. No todos los criminales, asesinos en
serie, genocidas, violadores, pedófilos, son realmente enfermos
mentales. Incluso me atrevería a decir que la proporción es baja. La
incapacidad que tiene nuestra sociedad de aceptar que el mal existe le
lleva a buscar chivos expiatorios fáciles, como es el caso del enfermo
mental que no puede defenderse. La mayoría de actos violentos que se
generan en nuestra sociedad son causados por personas malas, malvadas,
que luego se escudan en la enfermedad mental para salir bien librados
del castigo legal. Los enfermos mentales que llegan a una acción
violenta tras un delirio que les lleva a cruzar la línea roja de la
doble o múltiple personalidad son muy pocos y yo diría que casi
ninguno si toman medicación.

Te dejo por hoy. Mañana continuaré con la siguiente pregunta. Que
tengas un feliz fin de semana. Un abrazo.





CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL V

20 03 2017

edgar-allan-poe

 

Perdona, te mandé el correo sin haber terminado. Continúo en este.

¿Te importa cambiarme el puesto, tú te quedas con él cáncer y yo
me quedo en tu cuerpo, viéndote sufrir?

Muchos familiares no soportan no poder hacer nada y por ello se
pasan el día observando al enfermo, sus síntomas, sufriendo con él,
tomando decisiones que solo competen al enfermo. Les hacen un daño
terrible controlando sus vidas y no se dan cuenta. Cuando intentas
convencerles de que nos bastaría con que nos escucharan, con que nos
abrazaran de vez en cuando, con su cariño, se quedan muy sorprendidos,
como si esperaran que un mendigo, en lugar de pedirles un abrazo, les
tuviera que pedir todo su dinero, su casa, su coche, sus ropas, todo.
Pues no, ese mendigo solo necesita un abrazo en ese momento, eso es
todo. Una vez que los familiares lo comprenden pueden ayudar mejor al
enfermo, de esta manera ellos no están tan tristes, tan deprimidos,
tan agotados de ese esfuerzo terrible de vivir la vida de otro, y
cuando el enfermo los necesita están a su lado, vitales, alegres, con
fuerzas renovadas. Como yo les he dicho a muchas madres,
especialmente, si tú no te cuidas, si enfermas, si estás peor que tu
familiar enfermo mental, ¿cómo le vas a cuidar? Casi habría que dejar
de tratar al enfermo para tratarte a ti,porque estás peor.

Punto 3.- Esto es algo que resulta incomprensible a la
mayoría de las personas que tratan con enfermos. ¿Cómo no va a poder
hablar si no es un mudo, si puede hablar como nosotros? ¿Por qué se
encama, se aísla, y no quiere saber nada de nosotros, que podemos
ayudarle? ¿Cómo que es incapaz de contarnos lo que le pasa? ¿Acaso es
tan difícil?

Esta incomprensión hace que algunos familiares piensen que el
enfermo está haciendo comedia, que es un mentiroso, un manipulador,
que actúa así para chantajear a sus familiares y conseguir cosas que
todo el mundo consigue con normalidad, hablando, intercambiando, con
una frase amable, pidiendo un favor. Cuando el enfermo se encama es un
vago, cuando no habla es que se está vengando de nosotros por algo que
le dijimos, cuando nos miente y nos oculta algo lo que busca es tratar
de esconder su mal carácter, su maldad, como los malos se ocultan para
cometer sus fechorías. De aquí a negar la enfermedad mental solo hay
un paso. Muchos familiares llegan a negar la enfermedad mental de su
ser querido solo porque son incapaces de comprender este tipo de
conductas y creen que si admiten que el otro está enfermo están
aceptando sus mentiras, su chantaje, su manipulación para siempre y
esto es tan absolutamente inaceptable para ellos que prefieren negar
la evidencia, negar la enfermedad mental. Puede que la OMS diga que
existen las enfermedades mentales, no lo niego, pero concretamente mi
familiar no está enfermo, lo que hace es mentir y utilizar una
supuesta enfermedad mental para hacernos daño, porque está claro que
es una mala persona y su conducta así lo demuestra.

frase-el-amor-y-la-locura-son-los-motores-que-hacen-andar-la-vida-marguerite-yourcenar-141400

La respuesta de todo enfermo mental (la he presenciado
muchas veces) es la misma: si tú estuvieras en mi piel lo
comprenderías. Y en efecto es así. Porque cuando un familiar te dice
que él también sabe lo que es estar deprimido, está comparando un
estado de ánimo bajo durante unos días, con un estado de ánimo
desesperado, infinitamente angustiado durante meses y meses, sin
descanso. Cuando él te dice que él sabe muy bien lo dura que es la
vida, está comparando un estado de ánimo triste ante las tragedias de
la vida con lo que es un deseo intenso, desesperado, infinito de morir
para olvidarte de las tragedias de la vida, para no tener que pasar
por eso. Un familiar, por triste y deprimido que esté, por mucho que
sienta las tragedias de otros al verlas en los telediarios, por mucho
que acepte y comprenda que la vida a veces es terrible, no ha llevado
este sentimiento hasta el extremo, hasta no poder respirar, hasta
sufrir una angustia infinita que lleva al enfermo al intento de
suicidio. Ante algo tan evidente intenta manipular, también él,
haciendo ver al enfermo que sus intentos de suicidio son una farsa,
una comedia teatral, que solo  lo hace para llamar la atención.

Y aquí te dejo un enlace, sobre las estadísticas de suicidios en
España en el año 2013

http://www.elconfidencial.com/espana/2015-03-16/el-suicidio-un-eterno-tabu-en-espana-pese-a-las-3-870-personas-que-murieron-asi-en-2013_727954/

Es cierto que muchas veces un enfermo planifica suicidios de
pacotilla solo para llamar la atención, es un mecanismo de defensa
bastante mezquino pero que el enfermo utiliza porque no tiene otra
cosa para intercambiar. Los demás pueden intercambiar muchas cosas en
las relaciones sociales, interpersonales, el enfermo solo cambia su
dolor, su sufrimiento, porque no tiene otra cosa. El hecho de que
tantos suicidas lleguen a conseguirlo indica bien a las claras que no
lo han hecho para llamar la atención, que lo han ocultado para que no
se enteraran y pudieran ayudarles, que su planificación del suicidio
ha sido  meticulosa y efectiva. Solo los que hemos vivido lo que se
siente el minuto antes de intentar el suicidio, sabiendo que existe un
99 por ciento de posibilidades de que pasado ese tiempo no estés vivo,
podemos hablar con base real de la infinita angustia que te acomete y
de lo que debe ser el sufrimiento de la enfermedad para intentar hacer
algo así, para luchar a sangre y fuego contra los instintos de
supervivencia, intentando anularlos.

frase-la-locura-es-la-unica-reaccion-sana-para-una-sociedad-enferma-thomas-szasz-201079

Si fuéramos capaces de comunicar esos sentimientos
terribles de angustia tal vez nunca llegáramos a intentarlo, porque
como se suele decir un enfermo que habla de suicidarse es más fácil
que no lo intente en comparación con otro enfermo en su misma
situación que no habla de ello.  No hablamos porque la enfermedad
produce esos efectos en nosotros, como una enfermedad física concreta
genera un dolor concreto en una parte del cuerpo. Es cierto que sería
más fácil hablar y comunicarnos si en nuestro entorno, familiares y
demás personas, fueran más receptivos y cariñosos. Si les dices que
estás mal te responden que tú siempre estás mal, con lo que te callas.
Si les dices que quieres morir te responden que ellos están peor que
tú y no piensan en morir porque no dejan que la tristeza se apodere de
ellos, que lo que sucede es que no tienes voluntad, que eres tan
infantil como un chupete. Entonces te sigues callando. Si les dices
que no puedes ir a trabajar porque la depresión es terrible y te
paraliza el cuerpo, te responden que eres un vago de siete suelas.
Cuando te obligan a hacer algo que no quieres hacer y en lugar de ser
asertivo y fuerte, dejarles bien claro que tú tienes las riendas de tu
vida y tú decides, en lugar de ello adoptas conductas patológicas de
mentira y manipulación, de chantaje emocional, dicen aquello de “no se
le puede decir nada porque luego se deprime y quiere morir”, “en
cuanto le fuerzas a hacer algo que no quiere hacer saca la enfermedad
y no le sacas de ahí”.

frase-el-de-la-locura-y-el-de-la-cordura-son-dos-paises-limitrofes-de-fronteras-tan-imperceptibles-arturo-graf-137356

Si un enfermo actúa como actúa no es porque sea un
masoquista o porque quiera hacer daño. Algo falla en algún lugar, tal
vez en el alma. Puede que la química del cerebro no esté bien, puede
que haya un gen torcido, pueden ocurrir muchas cosas, pero lo cierto
es que la depresión del enfermo no es como la depresión de otra
persona que no ha sido diagnostica de enfermedad mental, ni toma
medicación, ni ha intentado suicidarse nunca. Puede que en el enfermo
fallen las hormonas cerebrales, la química del cerebro, los genes, y
en los demás no. No lo sabemos puesto que las farmacéuticas están más
ocupadas en ganar dinero con la medicación para enfermos mentales que
en investigar la química del cerebro para descubrir realmente porqué
se produce la enfermedad mental.

Un enfermo mental en plena crisis o brote psicótico suele estar
en su mundo de “colorines”,fuera de realidad, delirando. No le puedes
pedir a un delirante que se comunique contigo porque tú estás en tu
mundo, el real, o el supuestamente real, y él está en otra dimensión,
en un delirio alucinatorio, donde sea, pero en otra parte, los puentes
se han roto y entonces solo queda el cariño.

frase-hay-mas-locos-que-cuerdos-y-en-el-mismo-cuerdo-hay-mas-locura-que-cordura-nicolas-chamfort-107019

Punto 4.- La ley de los tres círculos me la inventé yo, como
una metáfora de cómo son las relaciones interpersonales y sociales. En
cada círculo están unas determinadas personas y no otras, están allí
porque el tipo de relación es diferente, cada círculo tiene unas leyes
de obligado cumplimiento, y la estancia en cada círculo no es
indefinida ni eterna, vamos saltando de círculo en círculo, bien hacia
dentro, hacia el primero, el círculo del afecto más íntimo y profundo,
o bien hacia afuera, somos expulsados del primer círculo como Adán y
Eva lo fueron del paraíso terrenal. Teniendo en cuenta que cada
persona se crea sus círculos y que el hecho de que tú tengas a una
persona en tu primer círculo no implica necesariamente que él te tenga
en el suyo la complejidad de este entramado es casi infinita.

Una persona no enferma tiene sus protocolos, sus normas
de conducta, suele estar mucho más sometida a las reglas sociales o
“al qué dirán” que un enfermo mental. La razón es simple, el no
enfermo tiene mucho que perder y el enfermo no tiene nada que perder.

Mientras que una persona no enferma puede discutir con
un familiar, alguien del primer círculo, y decidir expulsarla, es
decir, retirarle su afecto, el trato, la convivencia, este tipo de
decisiones son muy difíciles y siempre se intenta “arreglar las cosas”
de alguna manera. Vamos a ver si podemos hablar, si calmamos los
ánimos, si retomamos donde lo habíamos dejado, tú me pides perdón, yo
te pido perdón y todo fue un calentón ( y perdón por el pareado
humorístico).

Mientras que el no enfermo está muy preocupado por las
consecuencias sociales de sus actos, por cómo les verán los demás, si
hacen esto o aquello. Un enfermo puede tomar la decisión de arrojar a
alguien de su primer círculo, sin muchas dudas, sin tener que
pensarlo, le basta con un estallido de cólera y ya está. Unos padres
quieren internarlo contra su voluntad, les llama de todo,les maldice,
rompe con ellos, les arroja de su primer círculo y no pasa nada. No
pasa nada porque el enfermo no tiene nada que perder. No importa que
le llamen loco porque se lo están llamando desde que afloró su
enfermedad mental, hace ya muchos años. No importa que sus padres se
sientan ofendidos y le rechacen porque él está convencido de que lo
llevan haciendo mucho tiempo, porque nunca le han aceptado como
enfermo ni le han dado cariño. El enfermo no tiene nada que perder
porque ya lo ha perdido todo, el cariño, la consideración,la dignidad,
la imagen social, la esperanza. ¿Qué más podría perder? Sabe que sus
familiares, sus seres queridos, tienen mucho que perder y se lo
pensarán dos veces antes de arrojarle del primer círculo. Por lo tanto
si tiene que hacerlo los chantajea sin la menor vergüenza.

frase-cuando-todo-el-mundo-esta-loco-estar-cuerdo-es-una-locura-paul-samuelson-128957

Cuando un enfermo está tan desesperado que quiere morir,
que está pensando en suicidarse, nada de lo que ocurre a su alrededor
le interesa lo más mínimo. Puede perder el afecto de sus seres
queridos, el alojamiento, los medios para alimentarse, puede perderlo
absolutamente todo. ¿Qué le importa si el suicidio, la muerte, se lo
va a quitar, le va a quitar todo eso y además la vida? Un enfermo
mental puede arrojar mil veces a los seres queridos de su primer
círculo y no se siente mal al hacerlo, porque considera que él ya ha
sido arrojado del primer círculo de sus familiares que le tratan con
absoluta falta de cariño y de respeto a su dignidad como persona. Por
eso a los enfermos les cuesta tanto luego pedir perdón, reparar el
daño causado e intentar volver a atraer a las personas que ha arrojado
de su primer círculo. En primer lugar porque si vas a morir no tienes
interés en nada, ni siquiera en eso. En segundo lugar porque crees que
por mucho que hayas ofendido tú, los demás te han ofendido mucho más.
En tercer lugar porque tu sufrimiento es tan terrible que nada más
importa. Y en cuarto lugar porque sabes que los demás tienen mucho más
que perder que tú y entonces serán ellos los que den el primer paso
hacia la reconciliación.

Punto 5.- Lo único que realmente le importa al enfermo mental
en esta vida es curarse, todo lo demás es secundario y tiene poca
importancia. Sabe que si no se cura el afecto y cariño de su familia
no servirá de nada. En cualquier crisis les dirá cosas terribles o les
arrojará de su primer círculo. Sabe que está mal, le gustaría
evitarlo, hará todo lo que pueda por evitarlo. pero no lo conseguirá,
todo se repite una y otra vez como los tormentos del infierno en
Dante.

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Todos los enfermos mentales con los que he hablado, sin
excepción, intentan parecer optimistas pero en el fondo, y lo acaban
diciendo, no creen que vayan a curarse, están convencidos de que es
una enfermedad crónica, que les durará toda la vida. Algunos ni
siquiera tienen la esperanza de que van a mejorar, ni con la
medicación ni con nada. Toman la medicación por la presión familiar y
social, a veces porque saben que pueden estar peor no tomándola, que
tomándola, por muy mal que estén con la medicación. Todos los enfermos
mentales conocemos muy bien los efectos secundarios de la medicación y
son tan terribles que si pudiéramos vivir sin medicación, lo haríamos.
En mi caso lo conseguí tras una lucha titánica y asumiendo una
decisión muy arriesgada, consciente de lo podía ocurrirme y aceptando
las consecuencias.

Aunque la mayoría de los enfermos te negarán que están
enfermos, que son enfermos mentales, te dirán que son personas con una
sensibilidad especial y que la culpa de todo la tiene esta sociedad, o
su familia,o cualquier otro chivo expiatorio que se les ocurra, en
realidad saben muy bien que algo no funciona en ellos y lo acaban
reconociendo antes o después, cuando ya tienen confianza en ti.

No le puedes pedir a un enfermo terminal que esté alegre, vital,
que se comunique maravillosamente contigo, que siga teniendo sentido
del humor, que disfrute con lo que tú le cuentas, que comparta tus
alegrías y penas, tu vida, que sienta interés por lo que te está
ocurriendo. Un enfermo terminal está pendiente de su muerte y el que
tú seas feliz o desgraciado o el que te haya tocado la lotería le
tiene sin cuidado puesto que su muerte acabará con todo, no puede
hacer planes, no puede engañarse con su curación para seguir aferrado
a la vida. Eso nos pasa a los enfermos mentales, nos consideramos
enfermos terminales y cualquier cosa que les ocurra a los demás deja
de interesarnos, cualquier cosa deja de tener interés para nosotros,
la comunicación no nos sirve puesto que estaríamos hablando de la vida
y la vida ya no nos interesa. Solo la recepción de cariño alivia el
dolor de nuestra enfermedad, es lo único que nos interesa en la
comunicación y como ya hemos aceptado, como ya desesperamos de que
alguien nos quiera dar cariño… pues no nos comunicamos ni nos
interesan para nada las relaciones interpersonales.

Un abrazo amigo.





CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL IV

18 02 2017

historia-de-la-locura-i-foucault

Manzanares-Ciudad Real 8-6-2016

Hola amigo: Ya veo que te has leído mi texto en profundidad. Me
gustaría sugerirte otros textos con historias reales de enfermos que
yo he ido recopilando de mis propias experiencias y de las que me ha
contado Bautista, un buen amigo, que dedicó toda su vida a los
enfermos mentales, y fue en su día uno de los fundadores del
asociacionismo de los familiares de los enfermos mentales en España,
haciendo un gran trabajo que le ha sido reconocido, hace poco fue
entrevistado por una televisión dedicada a los discapacitados, la
escalera de la dependencia, aunque aún no han subido el vídeo a
youtube. No me dices nada de los vídeos que se subieron a youtube en
una campaña de la federación de asociaciones de enfermos mentales
española. Incluso un cortometraje que luego se hizo con todos los
vídeos optó a los premios Goya españoles al mejor cortometraje del
año, aunque luego no pasó el último filtro y no estuvo nominado entre
los cuatro mejores. Te paso los enlaces.

Las historias de Bautista
https://wordpress.com/stats/day/guerreroimpecable.wordpress.com

Relatos del otro lado
https://wordpress.com/stats/day/guerreroimpecable.wordpress.com

Vídeos sobre esquizofrénicos
https://www.youtube.com/watch?v=s1geEBFa0mw

El vídeo que me grabaron

https://wordpress.com/stats/day/guerreroimpecable.wordpress.com

Paso a responder a tus puntos.

Punto 1: Se trata de una metáfora, como escritor y
novelista aficionado me gustan mucho las metáforas, no reflejan al
cien por cien lo que se quiere decir, pero sí hacen que el lector se
meta de lleno en ello, como si fuera una película. Podía haber puesto
otras metáforas, como la diferencia que hay entre la necesidad de
comer que tiene alguien que se muere de hambre en el tercer mundo y la
saciedad de los que comen en el primer mundo; o cómo algunos tienen la
sexualidad tan poco desarrollada que pueden pasarse la vida sin tener
relaciones sexuales, mientras que para otros es una necesidad tan
acuciante como el comer (Si quieres también podemos tratar el tema de
la sexualidad en el enfermo mental como una forma de comunicación o de
incomunicación en este caso).

Este es un tema de difícil comprensión para alguien que
no sea un enfermo mental. Todo el mundo acaba reconociendo que
necesita cariño, que recibe poco, que a nadie le amarga un dulce, en
frase coloquial, etc, pero  que esto pueda ser algo literal en el
enfermo mental escapa a la comprensión de muchas personas. En mi larga
experiencia como enfermo mental, habiendo conocido y tratado a muchos,
nunca me he encontrado con alguno que me haya dicho que ha recibido
tanto cariño de sus padres y familia durante la infancia, que luego ha
sido muy querido por los amigos y al final ha recibido tanto cariño de
su pareja que no necesita más, está saturado. Al contrario creo que
parte de la raíz de la enfermedad mental está en la ausencia de
cariño, durante la infancia, adolescencia y juventud, momentos clave
para la manifestación de la enfermedad. Todos los enfermos con los que
he hablado me han contado historias terribles, en algunos casos de
maltrato infantil, en otros de padres con graves trastornos o
adicciones, alcohol, droga; a todos se les nota una ausencia tal de
cariño que pueden llorar solo con que les des un abrazo. ¿Por qué los
demás parecen estar indemnes a pesar de la falta de cariño? Ese es un
tema interesante, tal vez han endurecido su corazón y su alma y las
tragedias de la vida les afecten menos, tal vez el enfermo sea alguien
con una sensibilidad humana muy especial, incapaz de endurecerse para
sobrevivir, tal vez otros hayan tomado el camino de convertirse en
depredadores en la selva social en lugar de la opción de seguir siendo
personas buenas y sensibles, víctimas en potencia de todos los
atropellos. Tal vez todo sea una encrucijada en la que unos eligen ser
depredadores en la selva social y otros seguir pastando hierba, aunque
eso les haga víctimas propiciatorias de los depredadores.

La necesidad de cariño en el enfermo mental es tal que éste
lo llega a notar físicamente, daría su cuenta corriente, todo lo que
posee, solo por un abrazo. En Relatos del otro lado cuento la historia
de un enfermo bipolar, a quien conocí en un psiquiátrico, que
despilfarró toda su cuenta bancaria en una crisis solo para que un
grupo de prostitutas le escucharan durante varios días, no fue capaz
de tener sexo con ellas por la medicación, pero su necesidad de ser
escuchado y recibir cariño le hizo gastarse todos sus ahorros. El
budismo dice que el cuerpo causal o alma solo se alimenta de felicidad
y si no la tiene enferma y transmite su enfermedad a los restantes
cuerpos. Puede que los enfermos mentales padezcamos más bien una
enfermedad del alma, la falta de felicidad, que no es otra cosa que la
falta de cariño, nos ha hecho enfermar. Otros no parecen estar
enfermos mentalmente por esa falta de cariño, pero resulta curioso
analizar sus enfermedades físicas, parecen psicosomáticas, no sufren
enfermedad mental, pero sufren cáncer u otro tipo de enfermedades
físicas y analizando lo que ha sido su vida uno siempre encuentra una
terrible ausencia de cariño.

foucault

Punto 2:- Una de las cosas más difíciles con las que he
tenido que lidiar en mi trato con los familiares de enfermos mentales
es llegar a convencerles de que deben asumir que la enfermedad la
tiene otro, su ser querido, y no ellos, actúan como si fueran ellos
los enfermos, no pueden soportar ver sufrir a su familiar, quieren
tomar las decisiones por ellos, están tan pendientes de ellos que casi
les vendría mejor cambiarse de cuerpos, porque en realidad no están
viviendo su vida, sino la de otro. He escuchado muchas veces la
expresión -especialmente en mujeres, en madres o hijas o hermanas- de
que si ellas no sufrieran por su ser querido serían como robots, como
una especie de almas desalmadas y canallescas. Identifican la emoción,
el sufrimiento, con el amor y el cariño. Si no sufres por el otro no
le quieres. Como dice el viejo refrán, que me parece un grave error de
mentalidad, “quien bien te quiere te hará llorar”. Como si el amor
siempre tuviera que ver con el sufrimiento y no con el placer, con la
desgracia y no con la alegría de vivir. Una mentalidad judeo-cristiana
en la que es muy importante el sufrimiento como redención, si no
sufres no redimes tus culpas, no te salvas. Esta mentalidad ha hecho
mucho daño. Incluso he descubierto extrañas competiciones de
sufrimiento, en que parece que los familiares de enfermos intentan
demostrar que sufren más porque su hijo padece una esquizofrenia que
otro que es solo bipolar o que otro que solo ha tenido una depresión,
cosa de poco. Para un enfermo (yo he vivido esa experiencia) es
terrible tener que competir en sufrimiento con sus familiares. Es algo
espantoso tener que poner sobre la mesa tu propio sufrimiento para
contrarrestar el que han puesto, en el otro platillo de la balanza,
tus familiares. Yo he tenido una docena de suicidios, por ejemplo, eso
gana a cualquier carta que vosotros pongáis sobre la mesa. Nosotros
sufrimos tanto como tú y no nos quejamos, no nos comportamos como lo
haces tú, no nos encamamos y no cesamos de repetir tu mantra,
quiero-morir-quiero-morir, sabemos que la vida es dura, pero no nos
quejamos. Como yo llegué a decir a mis padres y a algún otro familiar
que competía conmigo en sufrimiento, no es aceptable y jamás aceptaré
que alguien me venga diciendo que está sufriendo más que yo solo
porque me contempla, sería como decirle a un enfermo terminal de
cáncer, al que ya no le hace efecto la morfina, que no se queje tanto,
porque él, su familiar, está sufriendo más que él porque le quiere
mucho. El enfermo se siente tentado a responder: si tanto sufres y
tanto me quieres, ¿te importaría cambiarme el puesto?

locura-foucault

 





CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL III

21 01 2017

cartas-enfermo-mental

Manzanares, Ciudad Real, 7-06-2016

Querido amigo: Me parece muy interesante analizar la base sobre la que
se mueve toda la comunicación (emisor-receptor-mensaje) respecto al
enfermo mental. Porque en el enfermo hay graves fallas que le impiden
la comunicación, tanto como emisor como receptor. Los fallos de la
sociedad están claros, pero quien no sea un enfermo mental ni se haya
preocupado de conocernos y sentir empatía hacia nosotros, ponerse en
nuestra piel tendrá serias dificultades en saber por qué los enfermos
mentales fallamos tanto a la hora de comunicarnos.

Quien nunca haya está medicado como lo hemos estado y lo
estamos nosotros, los enfermos, no se puede hacer una idea cabal de lo
que supone intentar hablar con alguien, expresar en palabras, con
gestos, con emociones, lo que pensamos, cuando estás tan medicado que
tu mente parece ir al ralentí, a cámara lenta. Nos cuesta Dios y ayuda
encontrar las palabras, podemos tardar un minuto en decir una frase
que otra persona diría en dos segundos. En cuanto a las emociones es
difícil expresarse cuando eres un vegetal y te caes de sueño por las
esquinas, cuando lo único que quieres es que te dejen en paz porque
cualquier estímulo que llegue hasta ti no puede ser interpretado y
asimilado con normalidad, todo va muy lento y tu sensibilidad parece
haberse aguzado hasta el límite, como si nos hubieran intensificado el
oído hasta el límite de que un estornudo nos puede parecer un
cañonazo.

Hace más de veinte años que no tomo medicación, imagino que
ha mejorado en este tiempo, aunque en mi trato con otros enfermos
mentales observo que sus reacciones son muy parecidas a lo que fueron
las mías. Sé perfectamente que un enfermo está medicado, seriamente
medicado, cuando al hablar conmigo tarda una eternidad en encontrar
las palabras, cuando termina una frase, hace minutos que yo la he
terminado en mi mente. Tarda mucho en comprender lo que le digo y
luego tiene que rumiarlo para asimilarlo. Una conversación con un
enfermo muy medicado requiere de una enorme paciencia y saber aceptar
que debes moverte a cámara lenta, como él, si quieres comprenderle y
que te comprenda. También ocurre lo contrario, he tratado con enfermos
bipolares en fase hiperactiva, y te das cuenta de que en expresión
coloquial “van pasados de revoluciones”. Hablan y hablan y no te da
tiempo a entender todo lo que dicen, cambian de tema con tanta
facilidad que te pierdes. En el blog hay una serie de relatos, Relatos
del otro lado, en el que cuento mi primer encuentro con un enfermo
bipolar y la enorme diferencia existente entre el enfermo en estado
hiperactivo y sin medicación y luego ya medicado. Los enfermos no
podemos comunicarnos si se nos atiborra de medicación y ésta, con
mucha frecuencia, tiene efectos secundarios terribles. Creo que si las
farmacéuticas investigaran más podrían recortar estos efectos
secundarios que hacen que muchos enfermos no quieran tomar la
medicación.

cartas-enfermo-mental-2

En cuanto al enfermo como receptor le ocurre algo parecido a
lo que sufre una persona con síndrome autista. Los enfermos no somos
capaces de asimilar tanta información como nos llega, procesarla y
responder a ella. No solo porque la medicación nos bloquea, sino que
incluso sin medicación el enfermo necesita bloquearse emocionalmente
porque tiene verdadero pánico al descontrol. Esto lo analizo en uno de
mis textos en el blog. Sentimos miedo al descontrol emocional porque
hemos tenido experiencias muy duras. Como solemos decir, cuando otro
te insulta o alza la voz o pierde los estribos, los demás dicen que ha
tenido “un calentón” y no le dan mayor importancia. Cuando un enfermo
mental hace lo mismo ya piensan que está teniendo un brote, que puede
ponerse violento, y de inmediato lo atiborran a medicación, lo
ingresan en un psiquiátrico una larga temporada y su fama de enfermo
problemático y violento crece. Son tantas y tan graves las
consecuencias de estos descontroles, incluidos los intentos de
suicidio, que el enfermo está dispuesto a pasar por todo antes de
perder el control. De esta forma se bloquea constantemente en la
comunicación. Cuando algo que le están diciendo le ofende el bloqueo
le lleva a no escuchar ni comprender lo que le dicen. De esta forma
muchos enfermos mentales tienen fama de estar “idos” de no comprender
lo que se les dice, pero no es así. Cuando la comunicación es cariñosa
estos bloqueos disminuyen tanto que casi desaparecen y muchos se
llevan la gran sorpresa de recibir respuesta de quien no esperaban.
Esto también lo cuento en las Historias de Bautista, donde un enfermo
a quien el psiquiatra consideraba como desahuciado porque creía no
entendía lo que le decían, ni hablaba, ni se daba cuenta de las cosas,
Bautista le demuestra, hablando con él, mientras el psiquiatra está
escondido, escuchando la conversación, que aquel enfermo no hablaba
con él porque no se sentía querido y en cambio si era capaz de hablar
con Bautista con toda normalidad porque recibía mucho cariño.

El tercer factor, el mensaje, también influye mucho en el
enfermo. A éste no le interesa otra cosa que no sea el cariño. Ha
perdido la esperanza, está desesperado, lo ha perdido todo, ya no
tiene ni espera nada, desea morir. Quiero morir-quiero morir-quiero
morir, como me repiten una y otra vez algunos enfermos. Teniendo esto
en cuenta es lógico que al enfermo solo le pueda llegar una clase de
mensaje: el cariño. El cariño, el amor, es lo único que acepta el
enfermo, la única temática que le pueda interesar, todo lo demás es
como oír llover, un sonido al que se acostumbra pero que no le
interesa lo más mínimo. Cuando el enfermo recibe mensajes
materialistas, dinero, hedonismo, productividad, competitividad,
agresividad, etc. cierra sus oídos, cierra su alma, cierra su mente,
cierra sus emociones, por lo tanto no es de extrañar que muchos
enfermos sean considerados como “lelos” o idiotas, auténticos dementes
que han perdido contacto con la realidad. Si todo lo que un enfermo
puede esperar de la realidad es lo que ve en los telediarios a nadie
le puede extrañar que se bloquee y no se comunique. Sufrimos mucho por
nuestra enfermedad, nuestros familiares y seres queridos no nos
comprenden, ni aceptan que estamos enfermos, nos consideran malas
personas, vagos, manipuladores, sabemos que no nos van a curar, que
tendremos que aguantar la enfermedad toda la vida, que  la muerte es
deseable cuando se sufre tanto. En estas condiciones no es fácil que
un mensaje pueda llegar a un enfermo. Resumiendo, tenemos problemas
para emitir, puesto que se nos considera locos y se nos margina no
entendemos qué interés pueden tener los demás en nuestros mensajes. La
medicación disminuye nuestra capacidad de emisor. Como receptores
tenemos serios problemas puesto que estamos aislados, bloqueados. Y
tampoco nos interesan la mayoría de los mensajes. Ni el dinero que no
podemos ganar porque dicen que no somos productivos, nos rechazan en
el mundo laboral. Hemos desesperado ya de conseguir algo en ese mundo.
Incluso nuestras patologías a veces nos llevan a despilfarrar, a tirar
el dinero durante las crisis. Eso hace que nos consideren incapaces de
administrarnos. La economía nos está vedada, las relaciones sociales e
interpersonales también. ¿Qué mensajes podemos aceptar los enfermos?
Solo cuando se comunica cariño nos abrimos.

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La sociedad en la que vivimos es materialista, hedonista,
competitiva, solo interesa el dinero, la productividad, no es una
sociedad humana, fraternal, por lo tanto el enfermo se siente
marginado en ella, no encaja para nada. Si además observa que no se le
quiere conocer, que se hacen caso de leyendas negras, que se considera
a todos los enfermos mentales como asesinos en potencia, cuando él no
considera a todos los “normales” como corruptos en potencia, por
ejemplo, aunque le consta que hay muchos corruptos entre los normales
y ninguno entre los enfermos mentales que lo primero que hacen cuando
están mal es perder interés por el dinero, por todo, incluso por la
vida, entonces el enfermo se esconde, se encama, intenta pasar
desapercibido, no hablar con nadie, se siente como una rata en las
cloacas. La sociedad se burla de él, no quiere entenderle, le pone la
zancadilla siempre que puede, el enfermo mental aprende a mentir para
sobrevivir, a manipular para conseguir cosas elementales que los demás
consiguen con solo abrir la boca. Pierde la autoestima, a veces llega
incluso a convencerse de ser una mala persona. He hablado con muchos
enfermos que se creían casi psicópatas porque, me decían, no sentir nada
por los demás. Yo les respondía si no les parecía lógico no sentir
empatía y compasión por quienes se burlan de ellos, les marginan, les
tratan como basura, les consideran auténticos monstruos. ¿Acaso el
enfermo mental tiene que ser distinto a los demás y sentir amor donde
solo recibe odio?

Querido amigo. Creo que he sido muy extenso. Si quieres
precisión puedes hacerme preguntas más concretas. Un saludo.