DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXV

10 10 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXV

UN PERSONAJE DOSTOIESVKIANO

Acabo de terminar la relectura de Crimen y Castigo. Nunca dejaré de asombrarme de la solidez y profundidad de todos los personajes de Dostoievki, incluso sus secundarios son tan increíblemente reales, tan robustos en su psicología, en sus conductas, que a un lector sensible le cuesta aceptar que solo son personajes ficticios, creados por un escritor. A cada relectura encuentro algo nuevo que e me había pasado en anteriores lecturas. En esta he descubierto la increíble profundidad humana del personaje de Svidigrailov -lo escribo de memoria- un seductor de pacotilla, un don Juan repugnante, incluso con toda seguridad, un asesino, y sin embargo hasta en él encontramos la chispa divina de la que habla Milarepa. Es increíble que precisamente la pizca de bondad que aún queda en el interior de este personaje sea la que le lleve al suicidio. Es unas de esas contradicciones de la naturaleza humana que tan bien reflejan los personajes de Dostoievski, en el interior de cada uno de ellos hay luz y y tinieblas, lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. En todo ser humano existe esa contradicción, en el interior de todos nosotros hay un lado oscuro, el doctor Jekyl y Mr. Hyde y en cada uno de los personajes dostoievskianos se muestra con toda profundidad esa contradicción que forma parte de la naturaleza humana, del Cosmos, de todo lo existente, el ying y el yang, luz y oscuridad, creación y destrucción.

Me siento un personaje dostoievskiano, de alguna manera me identifico con todos y cada uno de ellos, en mi forma de ser y en mi conducta siempre encuentro algún reflejo de estos personajes, desde el príncipe Myshkin, el Idiota, hasta Raskolnikov, el asesino, pasando por el jugador, por el ingenuo y bondadoso Aliosha de los hermanos Karamazov o Stavroguin de los endemoniados y tantos otros. Esta vez ha sido Svidigrailov el que me me conmovido. Su maldad parece irredimible, pero en el último momento una fibra de bondad, muy escondida en su interior y que se refleja a la perfección en el sueño de su última noche, cuando rechaza a la niña perversa que busca tener con él relaciones sexuales de mujer, le lleva a tomar una decisión terrible pero que liberará a muchos inocentes de su acecho demoniaco, entre ellos a la hermana de Raskolnikov. Está claro que es el último resto de bondad el que le lleva al suicidio.

Estoy convencido de que durante este último año que se va a cumplir ahora, a primeros de noviembre, desde que estoy solo en el apartamento, ha sido mi parte más oscura la que me ha librado del suicidio y mi parte más bondadosa la que me hubiera conducido a él. Claro que mi parte más oscura poco tiene que ver con la de Svidigrailov, se ha centrado en algo tan idiota como mis ridículas estrategias para conseguir sexo. No he hecho más mal a mis semejantes que pensar a veces en ellos con repugnancia, con cinismo, hasta con odio, no he pasado de ahí, pero mi concepto filosófico y vital del bien y del mal ha sufrido una profunda revolución durante este año, hasta el punto de que ahora mismo no reconocería al hombre que fui, siempre tan preocupado por no hacer daño que llegó a la conclusión de que la mejor forma de no hacer daño a nadie era desaparecer de la vida, en solitario, en silencio, sin que nadie se enterara, solo después de haberlo logrado. El hombre actual sobrevivirá a pesar de todos los pesares. Claro que en esto tiene gran parte de culpa el hecho de que ahora sea un guerrero impecable. Pero dejando de lado esa faceta determinante de mi personalidad, creo que mi lado oscuro me ha impedido pensar en el suicidio con determinación y buscarlo con estrategias prácticas. ¿Por qué morir, para qué morir? Los demás merecen sufrir mi presencia, no son bondadosos, generosos, no merecen el menor sacrificio por mi parte. Por otro lado si tengo que irme derechito al infierno, ¿por qué no hacer algún mérito? Es curioso pero cuando pienso en la maldad no pienso en ser corrupto y llevar una vida hedonista a costa del sacrificio de los demás, o en convertirme en un demonio perverso, un asesino en serie, no, solo pienso en el sexo y en cómo conseguirlo aunque sea con mentiras y manipulaciones. Gran tontería porque nadie se deja engañar en este terreno, una mujer sabe perfectamente lo que un hombre quiere y se lo dará o no, pero nunca será engañada, aunque pueda hacer una bonita interpretación. Solo en eso me interesa ser malo y de una forma bastante estúpida y ridícula, porque ni siquiera me planteo dilapidar “mi fortuna” con prostitutas como el padre de los hermanos Karamazov, no, simplemente ser un poco mentiroso, un poco astuto, un poco idiota diría yo.

Es este tonto lado oscuro el que me ha permitido sobrevivir a lo largo de mi vida. Mi bondad me inclina a librar a los demás de mi presencia, si desaparezco ya no molestaré, no haré daño, no sufrirán más por mí, al fin se ha ido, suspirarán aliviados, al fin. Sí, en ese sentido mi bondad me habría hecho desaparecer durante este terrible año, pero ha sido mi maldad la que me he llevado hacia delante. No desapareceré de su presencia tan fácilmente, tienen que verme, que saber de mí, tienen que recibir mis palabras como dardos, voy a demostrarles que desde la oscuridad más profunda se puede sobrevivir, y sobre todo voy a encontrar ese maldito sexo que es lo único que siempre me interesó de la vida, aunque tenga que pasarme años diseñando estrategias, aprendiendo, haciéndome cada vez más malo, más perverso. Ese lado malo me lleva a buscarme una prostituta y dilapidar todo mi dinero antes de quitarme de en medio y dejar un dinerito en el banco para mis herederos, a buscar en las páginas de contactos esas supuestas perversiones femeninas que antes o después las atraerán a mi, la maldad y la perversión personificadas. Es ridículo, por eso he escrito los relatos humorísticos que he escrito y que seguiré escribiendo.

Aún así he sido consciente de las raíces demoniacas de mi personalidad, no esas tonterías del sexo, otras más profundas, más terribles, son esas raíces las que a veces me llevan a pensamientos satánicos, como acabar con la humanidad apretando un botón o esperar sentado a que lo hagan ellos. He sobrevivido en tierra hostil durante este año, sigo, vivo y eso es más de lo que esperaba. Estoy satisfecho.

Y además las fuerzas poderosas me han premiado con una luz al final del túnel, hacia la que camino día tras día y que me acompaña en mi soledad hora tras hora, es una dulce luz de promesas de Tierra prometida. Curiosamente debe quedar al margen de este diario porque es público, a pesar de haberse convertido en parte esencial y luminosa de mi vida, lo único bueno que hay en ella. Es como podar un árbol por el tronco, no queda nada, y sin embargo debo hacerlo porque si mi vida es mía, no pertenece ninguna otra vida. Baste con que aquí quede reflejada la parte más íntima de mi vida.

He tardado en escribir un nuevo capítulo del diario. Esperaba a que pasara el gran evento, el preestreno en Madrid del cortometraje que se presenta a los Goya, montado con los vídeos que nos grabaron en su momento a catorce enfermos mentales. No quería centrarme en nada más, preparado como un guerrero, para la gran batalla. No resultó ser para tanto, aparte de esa estrategia final, para librarme de la aglomeración de espectadores el el hall del cine, donde fueron invitados a palomitas, aperitivos y bebidas, el resto resultó ser de lo más simple. No me apetece narrarlo aquí, bastan unas pinceladas. Al fin me enteré de los detalles, opta a los premios Goya y debe seguir el protocolo de estreno con alfombra roja, estreno en al menos siete capitales de provincia y otros requisitos para que pueda ser seleccionada, pero antes habrá un filtro en el que competirá con otros cortometrajes para acabar, si llega a ello, a estar entre los cuatro o cinco cortometrajes nominados a los Goya. La verdad es que esa posibilidad no me interesa mucho, más bien nada, sino fuera así no sufriría, al contrario. Al fin y al cabo ha llegado a los cines y los espectadores que quieran verlo lo verán y nos escucharán a nosotros los enfermos mentales, con nuestra propia voz, el resto para mí no es importante.

Todo lo que he hecho sobre este tema han sido actos de guerrero impecable, acepté grabar el vídeo, hace más de dos años porque así lo decidí, en un acto de guerrero, asumí las consecuencias como las asume un guerrero y he ido al preestreno como un guerrero, el resto ya no me compete. Pensaba que tal vez pocos se atrevieran a ir, por eso consideré mi presencia como necesaria, me sorprendió que fueran casi todos. No tuvimos que hablar, no nos entrevistaron, solo unas fotos en la alfombra roja delante del poster de la película y un saludo en el escenario del cine antes de la proyección para recibir los aplausos, saludo que yo convertí en budista con toda tranquilidad. Nada más, el resto es una experiencia vital interesante que tal vez forme parte de algún relato algún día.

En cuanto al cortometraje en sí, me gustó el nuevo montaje, no esperaba otra cosa. Fue un acierto utilizar a Ana como personaje narrador, digámoslo así, mientras los demás hacíamos un poco de comparsas para remachar o matizar ciertos extremos. Hubiera sido un error utilizarme a mí, desentono claramente. Yo no tomo medicación mientras todos los demás lo hacen y en aquel tiempo tenía familia, el único, ahora en ese terreno he vuelto al redil, todos son singles aunque alguno también tuvo familia, como yo, y ahora está divorciado. Creo que soy el único que tiene un trabajo estable y lo ha mantenido durante más de treinta y cinco años. La mayoría depende económicamente de sus familias, creo que soy de los pocos que tiene independencia económica. Soy el único que ha utilizado el yoga mental para controlar su enfermedad y está al margen de cualquier medicación o terapia. Teniendo en cuenta que todos los vídeos y la campaña están esponsorizados por una empresa farmacéutica, laboratorios Jannsen, utilizarme a mí como rostro de la campaña hubiera sido muy llamativo y surrealista, no soy precisamente un ejemplo de cómo la medicación ayuda a los enfermos mentales. Mis ideas son, como siempre, minoritarias, absolutamente minoritarias, y la forma en que las expresé en el vídeo, como hago siempre, demasiado contundente, un puñetazo en el plexo solar de mis hermanos y de los espectadores. No, desde luego que yo no encajaba allí y me parece muy bien que haya quedado relegado a un secundario al que solo se le ve entrar y salir de su trabajo (nada de clase de yoga) y al que solo se le utiliza para decir cuatro frases respecto a su trabajo y poco más. Creo que si hubieran suprimido mi intervención no se hubiera perdido gran cosa. No lo digo decepcionado ni dolido, simplemente que en su momento decidí aportar mi granito de arena y ahora creo que ni mi presencia ni intervención son necesarias y me retiro con discreción. Otros hermanos están dando ya la cara y no me necesitan para nada. Mi labor continúa en el blog y en el grupo de autoayuda, escuchando a quien quiera decirme algo. Estoy convencido de que el cortometraje será visto por un buen número de personas, de hecho en el preestreno en el cine Palafox de Madrid, se hablaba de hasta novecientas personas. Los objetivos se conseguirán, que la gente nos conozca, porque no se puede amar lo que no se conoce, y que la leyenda negra sobre los enfermos mentales, los esquizofrénicos, como vagos, sin voluntad, agresivos, asesinos en serie, etc. vaya cayendo poco a poco o de golpe, como cayó el muro de Berlín. Estoy contento con lo conseguido y creo que debo regresar a mi anonimato para seguir con mi vida y mi blog. Este año es posible que no haya cursillo de yoga mental, debido a la escasez de alumnos y falta de local, no me importa, necesitaba un descanso. Sigo en el camino, sigo siendo un guerrero impecable y lo que suceda ya no está en mi mano sino en mano de las fuerzas poderosas.

Creo que mi futuro está lejos de aquí, en México, donde espero pasar la última etapa de mi vida. Tal vez esté regresando al territorio de alguna reencarnación anterior, buscando a un amor de una vida anterior. No dejo nada atrás, salvo algún amigo que supo aceptarme como soy, este país significa ya poco para mí, solo el lugar donde fui el loco de León, donde se me insultó, se me marginó, donde fui acosado; el lugar donde viví un infierno en mi juventud, donde intenté suicidarme tantas veces, el lugar donde me tocó nacer, pero que yo nunca elegí, un lugar terrible con una historia terrible de dictaduras, inquisiciones, guerras civiles, intentos de secesión, terrorismo, de luchas fratricidas y dogmatismos estúpidos. Como Machado podría decir aquello de “españolito que vienes al mundo, te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. No, no sentiré nostalgia el día que me embarque para cruzar el charco. No estoy de acuerdo con el refrán castellano, no donde se nace, sino donde se pace. Yo lo cambiaría por otro, no donde naces o paces, sino donde se te quiere y creo que allí, más allá del charco alguien me quiere mucho.

En el siguiente capítulo deberé hacer una OVE, una auto-observación detenida, porque me temo que he cruzado algunas líneas rojas, hay que retomar el camino, volver a tomar las riendas, es preciso seguir aprendiendo de los errores.

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DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXIV

30 08 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXIV

LAS PRIMERAS VACACIONES DE MI NUEVA VIDA I

Recién regresado de unas vacaciones que podría calificar como fantásticas y maravillosas sino fuera porque las disfruté solo y arrastrando la fobia como pude, es hora de recapitular un poco. Llevo dos días durmiendo a pierna suelta, recuperándome de la falta de sueño y del agotamiento que produce el turismo moderno, al estilo japonés, te montan en un autobús y no paran de agitarte, como en una batidora. Reconozco que no hay otra forma de ver lo que vi en tan pocos días, pero no puedo considerar este pequeño viaje por Europa de otra forma que como una especie de expedición fulminante por el Amazonas, un viaje en avioneta que permite apreciar contornos, pero nada más, tendré que regresar con más tiempo para cada lugar.

No sé por qué me he puesto esta mañana a escribir el diario, tal vez se deba a la resaca de los sueños que tuve anoche. Llevo una temporadita muy especial con los dichosos sueños, entre que debo estar desahogando toda la tensión y el sufrimiento de este último año y en que he decidido meterme en experimentos oníricos de alto calado, la verdad es que estoy viviendo casi con más intensidad en el mundo onírico que en el real. Anoche soñé con mis seres queridos -nunca serán “ex” para mí, aunque a veces así los califique por economía al escribir- fueron varios sueños y un tanto complicados de interpretar. Al menos ellos han vuelto a mis sueños y eso para mí es un síntoma muy positivo, como una especie de resurrección, al menos en el plano espiritual. Al levantarme todo el pasado ha regresado a mí con tal intensidad que me ha tumbado. Pensaba ir hoy a la piscina, aprovechando que por lo visto las temperaturas bajan en los próximos días, pero no me siento con ánimo ni con fuerzas, así que lo dejaré para la próxima semana que aún estoy de vacaciones. Creo que hoy es un buen día para escribir, estoy tan revuelto que todo lo que pueda echar fuera será positivo.

Las vacaciones me van a dar tanto material que voy a estructurar este episodio del diario en varias partes, también me planteo escribir el diario de un pequeño viaje por Europa, utilizando a mi personaje humorístico, el turista accidental, porque escribirlo en serio sería demasiado duro. Para el blog del guerrero escribiré varios capítulos de la Ley de los tres círculos que tras muchos meses intentando encontrar la fórmula para estructurarla de una forma clara y profunda solo durante el viaje encontré la inspiración. Conseguí escribir muchas hojas de mi libreta de viaje, especialmente en los aeropuertos y creo que Milarepa estará satisfecho de que haya logrado estructurar su teoría de la vinculación en el terreno de las relaciones sociales y no solo intepersonales. Tengo tanto material de todo tipo que estos meses que restan para finalizar el año no serán suficientes ni siquiera para esbozar las nuevas ideas.

Si tuviera que resumir y estructurar estas vacaciones para luego desarrollarlas, diría:

Que logré superar la decepción de no poder estar con D. en la montaña gracias a mi faceta de guerrero impecable. Ha sido duro pero comprendo las circunstancias y siempre habrá tiempo para vivir esa experiencia.

Que me costó mucho tomar las decisiones, pero estoy orgulloso de haberlo hecho. Irme unos días a una casa rural en Guadarrama fue un gran acierto. También lo fue el viaje de singles que reservé en una página para singles. Cada vez que empleo esta palabra me entran ganas de reír, pero la verdad es esa, ahora soy un maldito single. El presupuesto fue muy inferior al que me habían dado en una agencia de viajes, perfectamente ajustado a mi paga extra. El ir en grupo y con guía española un gran acierto, aunque no para mi fobia que las pasó de a kilo. Todo lo que vi fue fantástico, el castillo de Luis II, el rey loco de Baviera, el de la película de Visconti, con tantas reminiscencias sobre Wagner y Bayreut -muy cercano- tomarme una jarra de cerveza en la famosa cervecería de Munich, la de la fiesta de la cerveza; Insbruck, un lugar en los Alpes al que me iría cuando me jubilara si hablara alemán; Nuremberg, Fussen (¡qué pena no me quede dinero ni días de permiso para irme a ver la tetralogía!), Salzbourgo y Mozart y Viena, la Viena del teatro de la Ópera, de Beethoven y Hyden (no tuve tiempo de ir a sus casas) y tantas otras maravillas. Lo peor fue la fobia, que no se descontroló hasta el punto de tener que salir huyendo (¿a dónde, pagarme un avión y regresar solo?, eso hubiera sido aún más fóbico) pero que sí me las hizo pasar canutas en ciertos momentos. A pesar de ello tuve valor para hacerles un monólogo en el autobús, utilizando el micrófono que me prestó la guía.

Sufrí una lección espiritual contundente, profunda y sin paliativos. Pude verme en los ojos de los compañeros de viaje, pude ver, como en un espejo mi conducta patológica como enfermo mental, pude iluminar los rincones oscuros de mi lado nocturno, al increíble Hulk que brota como un monstruo cuando aflora la cólera, pude percibir con extrema claridad cómo por mucho que un enfermo mental intente ocultarse tras la discreción y el anonimato eso nunca es posible. Al final, aunque no me diera a conocer públicamente como enfermo, todos lo advirtieron. Resulta doloroso ver cómo la hipocresía social podría engañarte fácilmente, creer que les caes bien, que les resultas simpático, que eres una persona normal con cierto atractivo, eres inteligente, culto, tienes labia, puedes manejar una cortesía social elemental, en fin, que todo parece ir bien, pero luego resulta que solo era una pose social de quienes no quieren problemas en un viaje de placer. Das tu correo electrónico a quienes lo desean o están interesados en tu blog de humor, pero luego nadie te escribe. Lo tenía descontado, como si jugara a bolsa. Además lo hago siempre muy consciente, no les pido su correo para escribirles yo, les doy el mío y espero que lo hagan ellos, si hay algún interés, aunque sea mínimo, me escribirán, si todo es una pose social nadie me escribirá… y nadie lo ha hecho.

La sabiduría del cuerpo, que diría Don Juan, es implacable. Por mucho que intentara engañarme y sugestionarme el cuerpo se sacudía, se revolvía, sabía muy bien lo que estaban pensando de mí, lo que estaban sintiendo, su mirada, como el algodón, no engaña, su lenguaje no verbal era meridiano para la sabiduría de mi cuerpo. Aún así hice lo que tenía que hacer, como un guerrero, siguiendo la estrategia de guerrero previamente diseñada. Pasar desapercibido, estudiarles, disfrutar del viaje e ir reaccionando según las circunstancias. Todo iba razonablemente bien hasta que en el castillo de Luis II cometí uno de mis típicos errores de enfermo mental, ese despiste patológico que no es el lado divertido del creador, del escritor, sino el lado oscuro del desorden y desorganización del enfermo. Entendí mal y esperé a las dos, arriba, en la parada de los autobuses que suben al castillo, cuando era a las dos abajo, ya en el autobús. Les hice esperar media hora y la guía tuvo que llamarme. Había problemas con el restaurante en Fussen por lo que comer allí, en los restaurantes del parking del castillo tampoco era una tragedia, pero me puse fóbico, muy fóbico y tal vez cometiera un error, solo tal vez. La guía me invitó a la mesa, con el conductor. Estaba tan mal que decidí dar el paso, les hablé de mi fobia y de algunas cosas, según iba viendo su reacción. El chófer era sudamericano, amable, agradable, incluso le tomé el pelo hablándole de mi personaje humorístico, el chofero Baldomero, se lo tomó bien. La guía es algo aparte, profesional cien por cien, muy buena, con carácter, amable conmigo hasta el punto de que podía haberme hecho ilusión de que ya tenía una nueva amiga, pero la sabiduría del cuerpo no engaña, como el algodón, había algo que mi cuerpo rechazaba, algo difícil de calibrar. Le estoy muy agradecido, sincera y profundamente agradecido, pero me temo que yo solo era un cliente que tal vez pudiera crear problemas sino me manejaba con mano izquierda. Tal vez me equivoque y no esté hablando la sabiduría del cuerpo sino el rechazo patológico del enfermo mental hacia todo lo nuevo que le supone algún esfuerzo. No me ha escrito, la prueba del algodón no falló. Las relaciones sociales son así y utilizaré precisamente mi experiencia en este viaje para poner un ejemplo práctico de la ley de los tres círculos.

En resumen, han sido las primeras vacaciones de mi nueva vida, sí porque las del verano pasado fueron solo una fuga intensa y terrible intentando sobrevivir. Estuve en la montaña, Ordesa, Aigues Tortes, me llegué hasta Andorra, pero todo fue una huida disparatada. Llegué a pasar puertos que luego no recordaba haber pasado, como si estuviera ido, aunque yo prefiero pensar que mi mente entró en meditación y me ayudó a recorrer un camino que de forma consciente tal vez no hubiera podido hacer. De otra forma no se entiende que lograra pasar aquel puerto en plena tormenta, con truenos y relámpagos, con lluvia intensa, con oscuridad de noche. Podría haberme matado y tal vez era lo que buscaba, pero el yo interno, en meditación me salvó la vida. Escribí auténticos delirios aquel verano, delirios que aún no he sido capaz de releer. Fue una de las crisis más terribles de mi vida, a un nivel parecido a la de Navacerrada, cuando a mis veintidós o veintitrés años intenté suicidarme de aquella forma tan terrible. Pero esta vez salí indemne, soy un guerrero y eso vale mucho en la vida.

Por suerte, como un don del cielo, como un regalo impagable de las fuerzas poderosas, estuve en contacto con mi dulce mexicana, la mujer de fuego, a quien llamo por el diminutivo de su nombre, pero que no voy a emplear aquí porque esto es un diario público. No me sirvió de nada haber contratado con mi operadora la tarifa europea, tal vez tenía que activarla de alguna forma que no hice, es posible, soy un desastre para estas cosas, pero al menos teníamos la wifi del hotel y podía aprovechar para wasapear o mandar correos. Mi dulce mexicanita es lo mejor que me ha ocurrido desde el divorcio, nos hemos conocido de una forma singular, como suelen suceder estas cosas y nuestra relación ha avanzado tanto en tan poco tiempo que me ha hecho pensar en la posibilidad de una relación en una vida pasada. Desde luego que cuando me divorcié me programé para encontrar mujeres con las que hubiera tenido relaciones en vidas pasadas, estuvieran donde estuvieran, en cualquier parte del mundo, era una desesperada estrategia de supervivencia, pero la verdad es que no había dado resultado… bueno, sí, Olga, la chica rusa, pero nunca sabré si fue un timo o sencillamente era demasiado complicado entendernos sin un idioma común y con sus circunstancias, que conocí un poco, pero que intuí eran aún mucho más complicadas.

Mi dulce mexicanita, al contrario, fue como una lluvia tierna y suave sobre mi cabeza. De pronto todo comenzó a ir como la seda, suave-suave, cada paso era como un deslizarse sobre patines sobre una pista de hielo para un profesional de este deporte. No solo nos entendemos a las mil maravillas en cuanto a filosofía de la vida y algunas ideas esenciales que ella ha bebido en el blog como si realmente estuviera sedienta tras atravesar un desierto, es que además tiene una sensibilidad muy parecida a la mía, armonizamos perfectamente, es sincera hasta asombrarme y más en una mujer al tratar ciertos temas, pero sobre todo me asombra la sintonía espiritual. Sin dudarlo he querido aprovechar para ratificar ciertas intuiciones que en toda mi vida no he podido ratificar porque no he encontrado personas adecuadas. Y he descubierto que muchas de mis ideas eran ciertas. Nuestras mentes y corazones parecen estar en contacto muy estrecho porque a ambos nos llegan pensamientos y sentimientos del otro y circunstancias de sus vidas. Nos hemos comunicado sueños que me hacen pensar que mi idea de una vida pasada en común no es uno de mis delirios de escritor. ¿He encontrado a una amante de vidas pasadas, tal como me programé conseguir? Solo el tiempo lo dirá, pero para mí es uno de los regalos más impresionantes que me han hecho las fuerzas poderosas, justo a tiempo, justo cuando más lo necesitaba. Ella nunca se hará una idea cabal de lo mucho que me está ayudando, hasta qué punto está cambiando mi vida. Como si la estrategia número 1 comenzara a funcionar justo cuando la había enterrado.

Sí, porque esto de las estrategias es una de las cosas más sorprendentes que me han ocurrido, como si el guerrero impecable se las hubiese sacado de la manga solo para sobrevivir durante este año, el año crucial. El hombre que fui en otro tiempo ni las hubiera imaginado ni mucho menos hubiera sido capaz de ponerlas en práctica. No voy a seguir hablando de mi dulce mexicanita, porque esto es un diario público y la discreción prima a veces sobre cualquier otra consideración, también yo, hasta yo, tengo derecho a intimidad, y por supuesto todas aquellas personas que confían en mí. Cuando repaso las estrategias me asombro de mi persistencia, solo un loco, un desesperado, las hubiera mantenido todo este tiempo. Por suerte yo soy un loco y se puede decir que estoy desesperado porque ya no tengo nada que perder. Lo que he pasado solo puede ser narrado con humor y así lo estoy haciendo en mis relatos humorísticos. Se puede decir que todas las estrategias están enterradas, aunque alguna a veces remueve la tierra y saca una mano, como diciendo, aquí estoy yo. No me sorprendería que ahora que no busco nada ni hago caso de nada todas las estrategias comenzaran a funcionar a la vez. ¡Sería delirante, terrible! Bueno, terrible no, porque sigo teniendo una lucidez que a veces me asusta. Siempre sé lo que haré, en cualquier circunstancia, y en estas también.

La dulce mexicanita ya forma parte de mi primer círculo, y la prueba está en que siempre la llamo por el diminutivo de su nombre. Pero el resto de relaciones que han brotado como champiñones en estos meses se han diluido como agua en tierra reseca. Algo que estudiaré en la ley de los tres círculos. Hasta Muñequita diabólica, otra mexicanita, una chica muy joven, estudiante de psicología, que me contactó como una broma y que acabamos escribiendo un relato erótico a cuatro manos, parece haber desaparecido, como si se la hubiese tragado la tierra. Todo esto siempre está descontado por anticipado, como lo haría el mejor corredor de bolsa, pero hay relaciones que sí me dolerían y que nunca tendría descontadas. Espero que eso no suceda, no suceda nunca.

Decidido, me quedaré en casa, aunque aún tendría tiempo de ir a la piscina. Pero como le dice don Juan a Castaneda, un guerrero nunca va a donde no quiere ir, por imposición de las circunstancias, por supuestas obligaciones, por el qué dirán, porque se deje arrastrar por ideas vagas y confusas o emociones o instintos o sentimientos que le ocultan el camino, como niebla tupida, o le arrastran, como ciclones caprichosos, un guerrero solo va a donde quiere ir, cuando quiere hacerlo, asumiendo las consecuencias, todas y cada una. Hoy no es mi día de piscina, hoy es mi día para escribir y recapitular. Pues lo haré. Tengo la comida hecha, una ensaladilla que hice ayer, no tengo que cumplir programas ni horarios, ni nada, aún estoy de vacaciones. La semana que viene iré a ver a Bautista con el que hablé ayer y veré a G.

Lo de mis hermanos es curioso. Mis hermanos los enfermos mentales son tan extraños e impredecibles como yo mismo. Algunos me contactan en el blog y luego me dejan cuando les propongo la filosofía del guerrero impecable y les animo a salir de las cloacas, no somos ratas, les digo. Otros me llaman con dificultad y renuencia, pero en eso soy inflexible, un enfermo mental debe tomar decisiones, debe ejercitar la voluntad, si me queréis aquí estoy, les vengo a decir, pero nada es gratis en la vida, llamadme, haced un esfuerzo. Yo hacía lo mismo, me encerraba en las cloacas cuando estaba mal, por eso sé que no debo permitir que lo hagan, esa compasión es inútil y estúpida. Yo les conozco, soy uno de ellos, no me avergüenza verles mal, porque yo estuve peor, no me preocupa lo que harán porque sé lo que pueden hacer, yo soy uno de ellos. No penséis que yo voy a estar detrás de vosotros, haciendo preguntas a cada momento sobre cómo estáis o corriendo a veros cuando me necesitáis, disculpando vuestras manipulaciones, vuestras farsas de control. Yo las utilicé también, las conozco, y sé que no van a parte alguna. Hay que tomar decisiones, como un guerrero, hay que hacer lo que tienes que hacer a cada momento, hay que ejercitar la voluntad, como diría don Juan, la voluntad se ejercita y se intensifica cuando hacemos cualquier acto de voluntad, el que sea, hasta el más nimio. La voluntad no cae del cielo, es un músculo que se entrena. A veces les dejo un tiempo para que se pongan en contacto conmigo, sino lo hacen les doy un toque y si siguen sin hacerlo dejo que su libertad decida, ya me llamarán, si me necesitan, y yo les escucharé.

Me están contactando muchos familiares en el blog. Llevaba años sin que eso sucediera, ahora el número de visitantes va creciendo cada día, algunas veces recibo avisos de wordpress diciéndome que hay mucho tráfico en el blog, no sé qué significa, si podría colapsarse o simplemente es una palmadita en el hombro, sigue subiendo textos, sigue así, lo estás haciendo muy bien. Me contactan hijos con madres que sufren de esquizofrenia, madres que tienen hijos drogadictos y esquizofrénicos, alguna hija maravillosa, joven, dulce y hermosa que está cuidando de su madre que sufre un deterioro grave, con un padre alcohólico, y le tengo que decir algo que me parece tan elemental que se me cae el alma a los pies. No puedes estudiar en la universidad y cuidar de tu madre y trabajar y hacer la comida y limpiar, y no dormir ni comer a las horas. No puedes ser una heroína porque tengas que cuidar de un familiar enfermo mental. Nadie, ni siquiera las fuerzas poderosas puede pedirte algo así. Prioriza, actúa como una guerrera impecable, haz lo que tienes que hacer pero no golpees tu cabeza contra la pared, no puedes curar a un enfermo mental en dos días, ni dando tu vida a cambio, no puedes razonar con alguien que ha decidido que no le importa la vida, que quiere morir, solo puedes darle tu cariño, escuchar y esperar.

Hasta ahora todo es asequible para mí, las consultas no son excesivas y como estoy acostumbrado a escribir tan rápido y tengo tan interiorizada la filosofía del guerrero impecable, no tengo que dedicarle excesivo tiempo al blog. Tampoco me asustan los problemas que me plantean, mi lucidez mental funciona para mí, no sé por qué no va a funcionar para los demás. Eso sí, soy muy consciente de que todo me afecta y de que no puedo hundirme yo ahora, ahora no. Pero uno no puede servir de algo a los demás si no permite que sus tragedias vitales le afecten, esto es algo que nunca comprenderán los psicoanalistas con sus malditas transferencias, no puedes ayudar sino sufres con ellos, no puedes instalarte en un bunker, rodearlo de hielo, de toneladas de hielo, de icebergs, y contemplar desde una ventana cómo sufren los demás. Tienes que involucrarte, que solidarizarte, que fraternizar, tienes que sentir empatía, tienes que vincularte, como diría Milarepa. Solo pueden ayudar los que son capaces de sufrir por los demás. Pero eso sí, no puedes sufrir por todos, no puedes tomar sus mochilas kármicas, repletas de piedras y echártelas a la espalda, te hundirás, bastante tienes con la tuya, eso solo lo pueden hacer los maestros espirituales que pueden quemar karma ajeno como quien lava. Por eso si alguna vez el blog recibe tantas consultas que no pueda con ellas, priorizaré, haré lo que está en mi mano y lo que no esté, no lo haré. Si tengo que irme de vacaciones, me iré, si tengo que tomarme un descanso, me lo tomaré.

Sí creo que hoy no era día para ir a la piscina, estoy diciendo cosas que no diría de la misma manera en otro momento, creo que Milarepa quiere que esté aquí, escribiendo lo que estoy escribiendo. Un guerrero impecable no tiene problemas a la hora de tomar decisiones, son tan sencillas que a veces da risa cómo los humanos podemos complicarnos la vida de esta manera. Tala vez esta tarde escriba la ley de los tres círculos.

Llevo un par de días durmiendo, poniendo orden en el apartamento, que estaba como una cochiquera, tal vez poco a poco deba regresar a la normalidad. Lo pasado, pasado está, la vida sigue. No me quejo, estoy recibiendo más cariño del que me imaginé pudiera recibir a estas alturas de mi vida, la soledad no es tan dura cuando el cariño fluye como un río de doble dirección. Gracias Milarepa, gracias fuerzas poderosas.

QUE LA PAZ PROFUNDA NOS ACOMPAÑE A TODOS EN EL CAMINO





DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXIII

30 08 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXIII

LA SOLEDAD DEL GUERRERO

Tal vez sea el último capítulo que escriba antes de irme de vacaciones, pero no lo subiré hasta que vuelva. Tras el bofetón de facebook he perdido fuelle. Ya sabía que mis textos no gustaban a todo el mundo, al contrario siempre he sabido que gustan a pocos, incluso me lo habían hecho notar con algunos comentarios, pero que repugnen tanto que hasta alguna buena gente sea capaz de reportarlos, de censurarlos, olvidando la democracia, el vive y deja vivir y el respeto más elemental al otro, era algo que aún no había sentido en mis carnes. Que mi primer texto reportado en cualquier lugar de Internet haya sido un texto sobre la enfermedad mental, sobre los enfermos mentales, concretamente Las historias de Bautista, me ha dolido muy dentro. Entiendo la incapacidad de algunos para comprendernos y aceptarnos pero llegar hasta la censura de un texto de un enfermo mental es algo que pone el vello de punta. De ahí a imaginarme quemado en la hoguera no queda mucho.

El título de este capítulo viene a cuento de un sueño-pesadilla que tuve ayer, en la siesta. No lo voy a narrar porque se refiere a mis seres queridos. Lo terrible de la pesadilla fue el sentimiento de soledad absoluta, no es el primer sueño en ese sentido, pero si el más espantoso. Sería algo así como caminar por el abismo de la desesperación, alargar la mano y tocar la frialdad infinita de la nada. Me ha recordado la famosa escena de Apocalipsis now, cuando Marlon Brando repite aquella palabra que hiela la sangre: el horror…el horror…En el sueño deseaba no despertar -era un sueño lúcido- morirme y no regresar. Me pregunto si será posible tomar esa decisión en sueños y morirse sin que el yo exterior, el cotidiano, el real, tenga algo que decir. Sé que se puede morir en sueños. Don Juan se lo dice a Castaneda en el Arte de ensoñar, cuando le habla de que si muere en sueños muere en el mundo real. Sí, sé muy bien que se puede morir, lo que me gustaría saber es si pueblo bloquear el conocimiento de esa decisión a mi yo externo. Sería terrible porque si decido morir quiero que sea con plena consciencia y lucidez de la decisión tomada.

La soledad vivida fue incluso superior a esa soledad del guerrero impecable de que habla don Juan. Un guerrero impecable debe armonizar el terror de ser hombre con el misterio de ser hombre, con el milagro de la vida. No es una cita literal, la debo tener por alguna parte y es mucho mejor, pero viene a decir lo mismo. Un guerrero siempre está solo a la hora de librar sus batallas, dice también. Pero aquella soledad era incluso muy superior, casi absoluta. No recuerdo haber vivido nada parecido nunca. Un sueño lúcido, vívido, incluso más real que la realidad misma, tuvieron que pasar varios minutos para que pudiera retomar la realidad y considerarla más real que el sueño. Llevo unos último sueños muy extraños, como el de anoche, en el que pude caminar sobre el suelo, levitando, incluso correr, el dominio era total, asombroso y la lucidez perfecta. Un fantástico avance, no en vano don Juan le dice a Castaneda que moverse en sueños es una de las grandes metas de un guerrero ensoñador. Pero esa soledad infinita era la soledad de la esencia de mi ser, no un vestido que uno se pone o se quita, no una emoción que pasa, era el abismo del propio ser.

No puedo entender cómo con tantos avances oníricos no soy capaz de tener sueños eróticos, si el dominio de ciertas técnicas oníricas es tan grande, como el caminar sobre el suelo en sueños, y si la necesidad de sexo es tan grande, por qué llevo tanto tiempo sin tener sueños eróticos, precisamente ahora, el momento más candente, diría yo. Es curioso y extraño. Incluso existe la mujer ideal para compartir esos sueños. Se trata de la dulce mexicanita, la mujer de fuego, la llamo yo, no hay nombres ni más datos porque esto es un diario público. En apenas un mes hemos avanzado más en la comunicación que con otras personas en toda una vida. Bromeo con ella diciéndole que su correspondencia es más importante que la de madame de Sevigné. Una comunicación espiritual, profunda, de alma a alma, pero también erótica. Un sueño de mujer, y sin embargo no he tenido un solo sueño erótico con ella. El mundo de los sueños es lo más extraño que conoceré nunca.

El desencanto con facebook, de donde he decidido irme, me ha hecho replantearme mi situación virtual, creo que voy a ir replegando velas, poco a poco, retirándome aquí y allá. No voy a dejar ese mundo totalmente porque forma parte de mi estrategia de supervivencia, aunque estoy profundamente decepcionado de la selva virtual. Eso no impide que se puedan encontrar maravillosas personas, almas, tras ese infame rebaño de depredadores. Seguro que existe un alma perfecta para cada uno de nosotros en algún lugar del mundo, o dicho de una manera mezquina, refranera, siempre hay un roto para un descosido. Espero que mi dulce mexicanita sea ese alma. La otra mexicanita, la muñequita diabólica, parece haber desaparecido con las vacaciones. Es una relación más literaria, más erótica, estamos escribiendo un relato a cuatro manos y nos divertimos mucho contándonos historias eróticas. Digamos que es algo más frívolo. Las mexicanitas parecen ser lo mío. ¡Que Dios las bendiga! Estoy convencido de que tuve alguna vida pasada en México, tal vez esté reencontrando viejas relaciones kármicas. Espero que se cumpla aquel sueño en el que por fin viajaba a México.

He enterrado las estrategias, me limito a contestar cuando surge algo, una especie de rutina, como lavarse los dientes, por ejemplo. Algún día escribiré un relato sobre mi correspondencia interna o íntima en las páginas de contactos. Espero poder hacerlo sin troncharme de risa. Lejos de mí burlarme de mujeres o de formas de pensar o de sentir en este tema, pero lo cierto es que si hubiera entrado a un convento de clausura, en lugar de a una página de contactos sexuales en Internet, no habría encontrado algo más cursi, más ñoño, más… no tengo palabras. Puede que se trate de perfiles falsos, de una especie de estrategia de la administración de las páginas para retenerte y que sigas “apoquinando pasta” y que de vez en cuando te contacten con un perfil falso para darte ilusiones de que al fin acabarás ligando. Sería una explicación aceptable, mucho mejor que la de haberse colado en un convento de clausura. Sí, algún día me troncharé de risa escribiendo ese relato, pero ahora no, puede que me lea alguna y se enfade y no quiera darme una cita para tomar café.

He aceptado por fin que debo convivir con mi desorden caótico, con las líneas rojas en la limpieza, higiene, logística y demás que me supone vivir solo en un apartamento. No es posible que yo actúe de otra forma mientras no conviva con una mujer, eso parece estar tan claro que no le voy a dar más vueltas. Lo realmente preocupante son mis depresiones, mis hundimientos, y sobre todo esa lucha desesperada con las fuerzas poderosas, que se empeñan en ser desfavorables una y otra vez y otra más. Me río de mi novela El buscador del destino. Esto es mucho peor, ni punto de comparación. Si todo puede salir mal, sale mal, ley de Murphy, ley del buscador del destino. Pero es que yo llego a superarlo, no es que salga mal, es que sale muy mal, tan increíblemente mal que uno tiene que pensar que aquí hay gato encerrado, o más bien demonio encerrado, porque esto es infernal. Es el primer año que tengo problemas al hacerle las vacaciones a los compañeros. Nunca había pasado, pues tiene que pasar precisamente ahora, cuando necesito tranquilidad e irme de vacaciones sin miedo a que todo estalle bajo mis pies. Un accidente de una compañera, una baja imprevista, no cubierta, porque estamos de recortes, me deja a los pies de los caballos. El otro viernes pasé una de las peores jornadas de trabajo de mi vida. Solo un guerrero impecable puede superar algo así, por suerte ya debo ser un guerrero, porque salí del trance con solo algunos pequeños daños colaterales. Todo acabará pasando y con suerte me iré de vacaciones tan ricamente, aunque… mejor no tentar al diablo ni invocar el infierno. Esperemos que todo vaya bien.

G. está internado, tal vez sea lo mejor que puede pasarle, había entrado en bucle, en una especie de delirio permanente. Sus llamadas, con dos o tres horas con el móvil en la oreja las contaré como una de mis experiencias más profundas con un enfermo mental. Resulta desesperante que no puedas ayudar, que no puedas hacer nada, que te encuentres ante una enfermedad del alma ante la que no sirve otro medicamento que escuchar y el cariño. Es la vieja terapia de Bautista que sigue funcionando porque es la única posible. MC sigue absolutamente incapaz de salir de su cárcel de papel, le preocupan tanto lo que digan de ella que no vive, viven los demás su vida. Es terrible. Yo mismo viví esa maldita vida de estar más pendiente de lo que miran, dicen o hacen los demás que de ti mismo. Aún no comprendo cómo pude salir de ella, es lo más difícil que puede hacer un enfermo mental. Nos pasamos la vida echándoles en cara, mentalmente, su actitud inhumana, teniendo increíbles broncas mentales con ellos, maldiciendo su estampa. Cada vez que nos vamos a tocar la nariz miramos para todas partes, a ver si hay alguien y si ese alguien nos va a mirar “ansí o ansá” si nos va a decir algo, si se va a reír o a llorar. Esto es un infierno. A Dante se le pasó un círculo infernal de enfermos mentales preocupados con el qué dirán. Pero creo que yo lo acabaré escribiendo dentro de mi serie Una temporada en el infierno o microrelatos del infierno. No sé qué hacer con esta mujer, de nuevo solo funciona la terapia de Bautista, escuchar y cariño. A veces es desesperante, ni siquiera puedes saber si mañana tomarás un café con ella, porque si está mal se refugia en las cloacas, con las ratas. Así llamo yo a ese desaparecer del enfermo mental de la circulación cuando se hunde en la miseria. No tengo ni idea de si seguiré con las clases de yoga el próximo curso o si mi tarea entre los enfermos mentales será un toque de retirada tras una batalla perdida en toda regla.

Sigo sin poder escribir mis novelas. Este calor me tiene frito, achicharrado y con ganas desesperadas de irme al polo o a los fiordos noruegos, que serán objeto de mis próximas vacaciones, tal vez el año que viene. Creo que nunca había pasado una etapa peor en Internet, todo se ha ido a la porra. Creo que nunca me había sentido tan solo, dejando aparte a la mexicanita de mi corazón. Todo va mal, peor y rematadamente mal. Lo mejor, la visita a Bautista y su granja de animales, de la que hablaré en el próximo capítulo de las Historias de Bautista, que pienso seguir escribiendo, pese a quien pese. El foro en Alcázar sobre el enfermo mental y el trabajo fue un momento malo para mí, de mucha fobia social, a pesara de todo no puedo quejarme, salí del paso como pude. Lo único que le pido a Dios es que me deje pasar unas buenas vacaciones, no inmejorables, con sexo natural y todo, sino simplemente buenas. Que no se me estropee el coche cuando vaya con D. a los Picos de Europa, que por alguna jugarreta del destino se me “estropicie” el viaje a los Alpes. Que no tenga problemas con avión, que llegue bien a Munich, que la visita al castillo de Luis II de Baviera, el rey loco, el mecenas de Wagner, sea inolvidable. Que no tenga momentos fóbicos importantes, que me lleve bien con el grupo de singles que conformamos la expedición a través de una página de singles. Que la úlcera no se despierte y decida darme una buena hemorragia. Que me llegue a tiempo la tarjeta sanitaria europea, que pedí a través de la mutualidad y que a punto de estuvieron de mandármela a mi anterior domicilio. La pobre chica no podía cambiar la dirección antigua por la nueva, al final parece que lo arreglaron, pero yo sigo sin recibir la tarjeta. Que Salzburgo e Innsbruck sean inolvidables, lo mismo que el día en Viena. Puede ser un viaje inolvidable, para recordar toda la vida, o una mierda y que incluso termine en un hospital, en urgencias y sin tarjeta sanitaria, que todo puede ocurrir si al destino cabrón se le hinchan las narices.

He vuelto a subir de peso, eso no tiene remedio. Sigo viendo series en la televisión por cable, algunas muy buenas, como Fortitude, otras aceptables como Realmente humanos, la serie sueca sobre robots, o Halix, soportable cuando estaban en el Artico y menos cuando se van a la isla; muy buena la de Rectify, etc. Estoy viendo tantas series que me salen por las orejas, pero me pregunto qué otra cosa se puede hacer con este calor. Cada poco a la ducha, en pelota picada por el apartamento, destilando agua de los pies a la cabeza, porque no me seco, ya se ocupa el calor de hacerlo. Cuando no puedo más pongo el aire acondicionado y bendigo el tenerlo, aunque la factura de la luz puede ser apocalíptica, ya veremos. He dormido mal, he dormido bien, he dormido regular. No me quejo, de nada, sigo teniendo trabajo, he cobrado la extra, me voy de vacaciones, como todos los días, otros siguen con la crisis a cuestas. Soy un enfermo mental pero no me han internado, no he tenido que ir a por medicación, aguanto como un guerrero y puedo escribirme con la dulce mexicanita. No puedo quejarme, solo seguir adelante, a veces con esa soledad del guerrero, tan inhumana, tan abisal, sintiendo el terror de ser hombre y con dificultad percibiendo el increible milagro de serlo.

Regresaré y seguiré en el camino, aunque bien sabe Dios que si me tiraran del avión como un fardo inútil lo agradecería. Eso sí, no quiero pilotos locos que estrellen a toda la tripulación, prefiero que me tiren solo a mí o escuchar sus delirios durante horas y horas, días y días, durante toda la Eternidad. Yo me merezco ese castigo, pero no los “otros”, no quiero más pilotos locos. Es curioso que al final vaya a ir a los Alpes justo el año de la tragedia y es aún más curioso que siempre mueran los que no quieren vivir y nunca muramos los que deseamos morir o nos importa un pito seguir viviendo. Lo dicho, el destino cabrón.

Espero estar de vuelta en septiembre, con este diario, con las Historias de Bautista, con mis relatos eróticos, con mi vida de Casanova en el convento de clausura de las páginas de contactos… Espero sin esperar y vivo sin vivir en mí. Hasta la vuelta… si Dios quiere.

Continuará.





DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXII

6 08 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXII

CALOR Y RELACIONES INTERPERSONALES

Esto parece el título de una película, algo así como Sexo, mentiras y cintas de vídeo, solo que en plan cutre y solitario. El calor, como todos los veranos, preside mi vida, para mí es una de esas maldiciones que nunca lograré quitarme de encima. Puedo aguantar el frío, las bajas temperaturas, incluso morirme por congelación, una muerte dulce, pero no trago el calor, tal vez porque me recuerda demasiado al infierno. Es una broma para ir aguantando, además de con el aire acondicionado que he tenido que poner, suba la factura lo que suba, porque ahora que estoy solo ya no tengo que pensar en otra cosa que en vivir, hoy, mañana está demasiado lejos.

Todos mis intentos de suicidio han coincidido cronológicamente con el comienzo del verano, tal vez alguno al finalizar la primavera. Ese cambio de temperatura, de mentalidad, ha sido mortal para mí. Ahora ya estamos en julio y aunque lo he pasado realmente mal, depresión, ideas obsesivas, ansia viva de morir, como diría José Mota, la verdad es que lo he superado, sigo vivo y con ganas de hacer cosas… Y es por ahí por donde vienen las dificultades.

Estoy viviendo una etapa extraña en cuanto a las relaciones interpersonales. Por un lado están las virtuales que por mucho que te llenen son como agua que se te va entre los dedos o como aire que intentas apretar en el puño. No puedo quejarme de mis amistades virtuales que poco a poco van aumentando y algunas son de una calidad extraordinaria. Creo que mi reencarnación mexicana se ha puesto en marcha para encontrar viejas relaciones de vidas pasadas, de no ser así no me explico cómo de las formas más variopintas estoy encontrando amistades mexicanas que prenden en un instante y echan raíces poderosas, como si ya las tuvieran y solo fuera cuestión de recordarlas. No voy a dar nombres porque este es un diario público pero he establecido una relación increíble con una chica mexicana, muy joven, con la que estoy escribiendo una historia a cuatro manos. Una chica sin inhibiciones, que me ha entregado su absoluta confianza y con la que puedo hablar de todo… y cuando digo todo, digo todo-todo. Ha sido sorprendente para mí encontrarme con una mujer que no tenga un terreno acotado, en el que no pueda entrar sino es pisando huevos. Increíble, espero que dure.

Me ha sorprendido el impulso que tiene ahora el blog del Guerrero Impecable. Tal vez se deba en parte a que casualmente, al despertar, me haya venido a la cabeza una nueva ordenación de las secciones del blog, para desbloquear algunas que estaban excesivamente cargadas. Me puse a ello por pura intuición y creo que he conseguido un más fácil manejo para los lectores. Las visitas se han disparado, he llegado casi a las quinientas algunos días. Incluso estoy recibiendo avisos en inglés que no sé muy bien lo que quieren decir, si el blog puede llegar a bloquearse de tanta visita o me felicitan o simplemente se dispara un programa automático para decirte que has superado tal número de entradas o de visitantes, o de lo que sea. No es algo que me interese especialmente. He visto que los visitantes siguen siendo más o menos los de siempre, aunque el número de páginas que visitan ha subido una barbaridad. Tal vez parte de la culpa la tenga una maravillosa mujer mexicana que acaba de entrar en mi vida como un ciclón.

Es la esposa de un enfermo mental que expresó su agradecimiento y cariño por mis textos sobre los enfermos mentales. La verdad es que hasta ahora en el blog los comentarios habían sido favorables en general, salvo algunas críticas de personas que no saben ni de lo que hablan cuando comentan que los enfermos mentales estaríamos mejor si dejáramos de mirarnos el ombligo, por ejemplo. Me dolió tener que responder con dureza, es un tema para hablar de él con delicadeza, con sensibilidad, pero cuando me restriegan los dedos por la herida no puedo hundirme como me ocurría hace años, debo actuar como un guerrero impecable y decir lo que pienso, sin miedo, sin remordimientos, sin dudas. Eso es lo que pienso, o lo tomas o lo dejas.

No me puedo creer la facilidad con la que esta maravillosa mujer se ha puesto en contacto conmigo y hemos iniciado una correspondencia intensa, extensa, profunda y muy espiritual. La forma en que llegó al blog, según me cuenta, tiene mucho que ver con las señales de que le habla don Juan a Castaneda. Iba buscando información sobre piedras, de ahí pasó al chamanismo y del chamanismo a mi blog. El propio don Juan no lo hubiera hecho mejor. Comenzó a leer algunos textos y me dejó un comentario muy halagador que agradecí y le ofrecí mi correo para consultas más íntimas. Sinceramente no esperaba que diera el paso. Muchos familiares de enfermos mentales tienen serias dificultades hasta para ponerse en contacto a través de Internet y de una forma discreta con personas que públicamente hemos confesado nuestra enfermedad. El maldito estigma, la leyenda negra del enfermo mental sigue más viva que nunca, por desgracia.

No puedo creer que mis textos la impresionaran tanto como para leer casi compulsivamente y dejar algunas faenas de la casa para más adelante, por las mañanas, según me confiesa. Sus comentarios sobre mi forma de expresarme y de hablar del tema casi me ruborizan… y mira que ya no me ruboriza nada a estas alturas. Se ha atrevido a contarme extensamente el problema y con una naturalidad me habla de intimidades que a otros familiares les cuesta años y nunca lo consiguen. Por la foto puedo ver que se trata de una mujer joven, bella, con una sensibilidad humana y una cultura que me permiten expresarme con naturalidad sin tener que adecuar mi lenguaje. Es curioso también que haya un vínculo extraño con la ley. Todos somos profesionales del derecho. La correspondencia es muy viva, muy amistosa y espiritual. No sé si mis opiniones podrán servirle de algo, pero al menos el vínculo afectivo ya se ha establecido. Si hubiera muchos más familiares de enfermos mentales como ella todo sería mucho más fácil para nosotros. Por desgracia los familiares aún tienen que evolucionar, tanto como nosotros. Me he sentido muy feliz con esta relación y espero que dure.

En cambio mi relación con los enfermos mentales, ahora parece ir peor, estar en un claro declive. No soy capaz de llegar a ellos, dejan de llamarme, no sé si el cursillo de yoga mental continuará en el otoño, si algunas relaciones con determinados enfermos seguirán o acabarán por morir por inanición, parece una etapa de sequía, de vacas flacas. Reflexionando sobre ello me doy cuenta de que he dejado de bailar el agua, de intentar suavizar ciertas cosas, lo siento mucho pero los enfermos debemos dejar de quejarnos ante todo el mundo, buscando la compasión, y asumir nuestra condición con dignidad, con entereza, con voluntad férrea de mejorar nuestras condiciones de vida. Los enfermos mentales no tenemos bula para hacer lo que queramos sin responsabilizarnos de nuestros actos. No podemos creer que por el hecho de ser enfermos y sufrir se nos van a permitir ciertas cosas que no se permiten a los demás. Como no me canso de repetir, no tenemos bula, no debemos buscar la compasión, debemos dejar de lado las farsas de control y los chantajes emocionales. Somos lo que somos, lo aceptamos, no nos avergonzamos, luchamos como guerreros impecables, asumimos la responsabilidad plena por nuestros actos, pedimos perdón cuando consideramos que debemos hacerlo y no lo pedimos cuando consideramos que estamos defendiendo nuestra dignidad, nuestra personalidad, nuestras ideas, cuando no estamos de acuerdo con la sociedad en la que vivimos y lo decimos sin ninguna vergüenza. Ahora recuerdo la frase de Krishnamurti que he puesto en el blog en algún texto, no puedo citarla literalmente pero venía a decir que no tenemos por qué sentirnos mal de no encajar en una sociedad enferma. Deberíamos preocuparnos, y muy seriamente cuando encajamos en un mundo tan infernal como éste en el que vivimos. El sentirnos marginados en un mundo así debería ser motivo de orgullo y no de preocupación. Como me gusta decir a mí, estoy orgulloso de ser un loco en un mundo tan “cuerdo” como éste.

Pero comprendo que mis hermanos no están preparados, se mueren de miedo cuando tienen que confesar su condición de enfermos mentales, cuando tienen que aceptar las palabras. Algunos son incapaces. No soy un enfermo, me dicen, soy una persona con una sensibilidad especial, etc etc. Comprendo que determinadas palabras hieren y cuesta asumirlas. A mí me costó mucho asumir que llamaran “loco”. Me rebelaba, montaba en santa cólera, les hubiera matado sin dudar. Era indignante, asqueroso, era una mierda infecta tener que pasar por aquello. Ahora en cambio casi agradecería que me llamaran loco. Sí, soy un loco, estoy orgulloso de ello y si queréis lo admitiré públicamente. Aquí está el loco de León…¿qué pasa?

La mayoría de mis hermanos van caminando como si pisaran huevos. ¿Me mirarán mal? ¿Se darán cuenta…? ¿Me insultarán? ¿Me…me…me…? Me meo encima, diría con mi peculiar sentido del humor que tantos destrozos está causando últimamente. Es un paso que un enfermo debe dar antes o después o nunca saldrá de su laberinto infernal. Yo mejor que nadie sé lo que cuesta, pero no hay alternativa. Muchos me huyen cuando se lo digo, hay que romper la cárcel de papel, borrar el pasado, hay que actuar como guerreros impecables, no podemos ir por la vida como pisando huevos, con tanto miedo que se me cae el corazón del pecho cuando veo a ciertos hermanos moverse como sombras, como fantasmas, por miedo a ofender a los “otros”.

Lo siento pero no estoy en condiciones de bailar el agua a nadie, ni siquiera a mis hermanos. Esto me acaba de causar una ruptura con una amiga virtual que luego pasó a ser real y con la que me sentía a gusto, y con la que pensaba que podría haber una relación amistosa sólida. Nunca imaginé que rehacer el núcleo del primer círculo, como yo lo llamo, ese círculo de personas a las que nos une un afecto íntimo, duradero y casi solidificado por la costumbre. Cuando pierdes a tus padres, a tus hermanos, a tu familia cercana, a tus amigos íntimos… cuando ya no tienes nada, comenzar de cero es terrible. Entonces te das cuenta de que nos hacen un regalo fantástico cuando nacemos en una familia y recibimos el afecto de los padres, hermanos y demás componente del círculo familiar, lo recibimos gratis, se nos da sin hacer méritos. Está ahí. Cuando tienes que comenzar de cero comprendes lo complicado que es conocer a una persona del tercer círculo, saludos, plácemes, cortesías sociales, todo para que un día él te invite a comer o tu a él, para que otro día el te cuenta una intimidad y tú le cuentes otra, para que otro día él tengo por fin un detalle que era normal cuando vivías en familia, con tus seres queridos.¡Qué complicado, por Dios! Al fin, en algún momento, todo se rompe en pedazos. Porque cada uno tiene su forma de pensar, de ser, de sentir, y no encajamos, nada que no encajamos. En este caso lo comprendí de inmediato cuando tuvimos un encontronazo por hablarle claramente de mi condición de enfermo mental, ya lo había hecho por encima. No le gustó que insistiera en ello, no le gustó nada que diera por supuesto que con el tiempo acabaría teniendo otra crisis. Su actitud me recordó a mi “ex”. No hay manera de que comprendan que ser un enfermo mental no es ser un loco, ni una bestia horripilante, que es simplemente ser un enfermo, nada más que eso. Les cuesta aceptar que la enfermedad mental, invisible, pueda ser tan enfermedad como cualquier otra. Les aterra que los demás sepan de nuestra condición de enfermos, no soportan que afrontemos la posibilidad, real como la vida misma, de sufrir otra crisis, como si no fueran capaces de asumir que cuando tienes la gripe es fácil que la vuelvas a tener y que la fiebre te puede subir a cuarenta grados. Pues eso sucede, eso se acepta con naturalidad, ¿por qué no las crisis en los enfermos mentales? Pues erre que erre. Al final tuve que cortar el tema pero ya me di cuenta de que antes o después íbamos a terminar rompiendo. También ella era incapaz de soportar el qué dirán. Lo entiendo, lo entiendo muy bien, yo he sufrido mucho en esa maldita cárcel de papel, pero precisamente por ello no voy a volver otra vez a ella. Incapaz de asumir mi sentido del humor, mi forma de escribir, el comenzar un relato humorístico, muy discreto para las personas reales que he transformado en personajes, incapaz de aceptar que los demás pueden decir lo que quieran, misa en latín, cantarla en gregoriano, pero que vivir así, pensando siempre en lo que pensarán de nosotros los demás, es un castigo infernal, dantesco, es la cárcel de papel que yo ahora no voy a aceptar, porque no tengo ningún motivo para hacerlo, porque ahora sí, ahora puedo vivir como yo quiero, sin miedo a las consecuencias, sin remordimientos, sin dudas. Soy un guerrero impecable, y me temo que por desgracia eso va a hacer que la dificultad, “per se”, que tiene restablecer el núcleo del primer círculo, se vuelva insalvable. Pues nada, viviré solo, moriré solo, pero como un guerrero, mis tiempos de alfañique que se asustaba por todo e iba implorando compasión con la mirada, ya pasaron, gracias a Dios.

Y estos están siendo los monotemas esta temporada. Mucho calor que me impide actuar como lo suelo hacer a lo largo del año, muchos problemas en las relaciones interpersonales, muchas dificultades con mis hermanos… Y añadamos los despistes, el descontrol, el orden, la higiene, la logística…Pero paso a paso, con decisión férrea, reparo los desastres. He vuelto a renovar el DNI que había extraviado, no sé dónde ni de qué manera, una cosa casi de brujas. Estoy intentando organizarme las vacaciones con extraordinarias dificultades, puede que al final tenga que aceptar lo que pueda conseguir y esperar que las fuerzas favorables no me jueguen una mala pasada.

En una breve OVE, autoobservación del enfermo mental, diríamos que:

-Desastrosa etapa en cuanto a logística y amo de casa. He llegado a tener el frigorífico vacío, la despensa vacía, comiendo arroz o legumbre o lo que fuera. Como los desheredados que van a Caritas y les dan cuatro paquetes de arroz y legumbre. Pero se puede sobrevivir.

-Siempre bordeando la línea roja con la limpieza, la organización del apartamento.

-Terribles despistes que no puedo achacar al calor totalmente. Se me va la cabeza. A veces pienso que aquellos extraños sueños en los que sufría de Alzheimer o se me iba la memoria y perdía la personalidad, bien podrían acabar ocurriendo. La verdad es que no me importa, estoy preparado. Cuando no pueda estar solo alguien se ocupará de mí, y si no se ocupa…Pues moriré como un guerrero, sin memoria, pero guerrero.

-Riesgos innecesarios en las relaciones interpersonales, en los textos que subo a Internet, en las estrategias diseñadas hace un año y que ahora casi tenía abandonadas. Riesgos en el trabajo. Algunos despistes me han podido causar problemas, de hecho ha habido alguna bronca. Cosas sin importancia, intrascendentes, pero que personas ignorantes hinchan como un globo. Cada región tiene su idiosincrasia, cuando vine aquí sabía que el manchego tiene la suya también. Me cuesta soportar esa cabezonería tan machacona, tan cercana al cazurrismo de la montaña de León. Ese insistir e insistir, incapaces de comprender, sin querer comprender. Ese pensar que los favores son derechos y pueden ser exigidos. Haces favores y no solo no te los agradecen, sino que encima los consideran como normales, como derechos, y encima te ponen a caer de un burro por el menor despiste después de que les has hecho un favor, y un favor importante para ellos, que ellos mismos casi te han suplicado. No lo soporto. He tenido que hacer de tripas corazón, intentar utilizar la mano izquierda, arreglar las cosas de la mejor manera posible y aceptar que si hay una queja oficial tendré que enfrentarla y esperar que me encuentre con personas razonables y no con aquel jefe que me hizo vivir un infierno en el trabajo, con el acoso, con el expediente. No me gustaría regresar a aquellos tiempos. Al fin y al cabo espero que me quede poco para la jubilación.

-Leo lo que puedo, aunque no me centro mucho. Escribo cuando me apetece, aunque son como ráfagas compulsivas. Me paso los días viendo series en la televisión por cable. Algunas son muy buenas y estoy aprendiendo mucho como escritor, sobre la historia, la estructura, los personajes. Algunas me encantan… pero son demasiadas horas. Es como si me inyectara morfina directamente al cerebro para dormir a las neuronas.

-Los sueños han tenido una buena etapa de progreso y ahora se han estancado. Mi evolución espiritual es cada vez más dura, subir cuesta arriba, sin “frenos” y con un gran peso a las espaldas.

-Depresiones, etapas de ideas obsesivas, deseo de que acabe todo de una vez. Sensación espantosa de soledad. A veces me pregunto cómo estoy consiguiendo superar todo esto sin medicación, sin internamientos, sin retomar la terapia con un psiquiatra. Solo hay una explicación, ahora soy un guerrero impecable.

-¿Sexo? ¡No me hagas reír! He tirado la toalla. Esto no tiene remedio, al menos la estrategia está clara. Las relaciones con las mujeres, terribles, muy complicadas, no las entiendo, ellas no me entienden, no nos entendemos, jamás nos entenderemos…Esto no tiene remedio, amigo. Asume una vejez solitaria y saca partido a lo que puedas, a los viajes, a tu faceta de escritor, a tus pasiones culturales. Cuando pase el verano hablaremos. Tal vez las vacaciones me resulten bien, aunque lo dudo, y cuando el calor haya pasado haremos inventario de los daños.

Seguimos en el camino, mierda, pero seguimos. Un guerrero no se rinde nunca. A veces tengo miedo de los cambios que estoy sufriendo, como si fuera otra persona. No importa, a un guerrero no le importan estas cosas. Puede que no vuelva a escribir hasta después del verano en este diario. Hoy lo he hecho por un impulso, como hago todas las cosas últimamente. Si todo sale bien afrontaremos el invierno con cierta tranquilidad y si sale mal… pues a “joderse y aguantarse” ajo y agua, y la actitud del guerrero.





DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXI

10 07 2015

EL ABISMO DE LA DESESPERACIÓN

Se acerca el aniversario de una ruptura sentimental que tal vez nunca debió haberse producido si las fuerzas poderosas no intervinieran para jugar con nosotros y decidir nuestros destinos. Hubiera sido suficiente con un retraso en mi regreso a León desde Madrid o que cualquiera del cúmulo de circunstancias que se produjeron hubiera fallado y mi vida habría sido distinta. Nunca entendí el empeño de las fuerzas poderosas por mantenerme con vida. Todo hubiera sido más fácil para todos si no se hubieran producido milagros, si las leyes físicas hubieran actuado con la naturalidad con que actúan casi siempre. Yo era un ser marcado, un Caín maldecido por Dios, un mecanismo roto, un ser sin esperanza. Aún hoy día me sigo preguntando por qué sigo vivo y no logro encontrar razones. A nadie le importa un comino que yo desaparezca, como si nunca hubiera existido. No voy a dejar huella alguna, ni siquiera un tumba con mi nombre. ¿Para qué me han mantenido vivo las fuerzas poderosas, para qué? Es algo inexplicable, inaudito. Este diario, estos testimonios, no sirven de nada, no tienen el menor sentido, es como gritar en el desierto solitario, es como vivir en un planeta vacío e inhabitable, tan silencioso como un agujero negro.

¿Qué sentido tiene mi vida? Alguien, fuerzas poderosas, decidió hacerme vivir contra mi voluntad, que a lo largo del camino me encontrara con determinadas personas, que viviera en una sociedad que detesto, que cada paso del camino fuera una perpetua lucha, y todos mis intentos por librar al mundo, a la sociedad, a la especie humana de mi presencia, fueron inútiles. Me tiré de cabeza al abismo de la desesperación y reboté. Caminé por su suelo negro, abisal, y sin saber por qué comencé a trepar por las paredes, arrancándome las uñas, arañando el granito, milímetro a milímetro. Esa ha sido la historia de mi vida.

Se va a cumplir el primer aniversario y no he tirado la toalla, he estado a punto, es cierto, pero no he tirado la toalla. Cuando creí que todo era un pozo sin fondo y que ya solo me quedaba dejar pasar el tiempo hasta que la bondadosa muerte viniera a buscarme, de pronto comienzan a pasar cosas. Así fue siempre durante toda mi vida. Adiós mundo cruel, adiós especie humana insensible y desnaturalizada, me voy y aquí os dejo, en vuestro bonito mundo. He clamado al cielo y no me oyó, pero a Dios le puse de chupa de dómine en muchas ocasiones. Y cuando creí que se iba a cansar de mí, que me iba a pillar por el cuello y apretar hasta ponerme morado, de pronto ocurría algo, las manos me soltaban, una pizca de aire llegaba a mis pulmones y continuaba respirando, seguía vivo. Esa ha sido la historia de mi vida. Ahora vuelve a ocurrir. Se acabó lo de ayudar a mis hermanos, si ellos no me quieren me dedicaré a vivir mi vida. Y zás, aparece otro hermano que lo estuvo dudando durante meses y que ahora contacta. Nada, ni un puto café, ni un tóxico y envenenado café con una mujer. Y de pronto zás, ya lo he tomado y estuvo bien, nada de toxicidad. Llevo una racha endemoniada de despistes, mala suerte, pierdo el DNI, no sé dónde ni cómo. El coche ya casi está como en aquel sueño premonitorio en el que golpeaba con rabia el volante y todo se desmoronaba. Creo que se mantiene en pie porque mi voluntad le obliga. Despistes, golpes, multas, cosas que podían salir bien y salen fatal, como si me hubieran echado mal de ojo, como si las fuerzas poderosas me apretaran el cuello y me susurraran a la oreja: O cambias, o aceptas lo que tenemos para ti, o nos revencias, te pones de rodillas y nos besas el cuelo, o te vamos a dar “pal pelo” calvito de mierda. Y yo respondo: Jamás, jamás, nunca, nunca, nunca jamás, yo no me rindo. Yo soy un guerrero impecable, yo lucho hasta el último aliento, me da igual que me pateéis el culo todos los días, me da igual que busquéis las fórmulas más discretas para hacerme la puñeta durante todas las horas del día, como si fuera casual, como si esto le pasara a todo el mundo. Me da igual. Digo no, no y no. No acepto que mi vida se haya terminado, que deba esconderme para que nadie me vea, que deba permanecer anónimo para que nadie se moleste, que deba dejar de subir mis textos a Internet para que así todo el mundo tenga buena conciencia, esté tranquilo y se dedique a ganar dinero, que es a lo único que se dedica todo el mundo en esta puñetera sociedad. No acepto que el sexo sea un pecado por el que deba ser condenado al infierno. No acepto que para echar un polvo solo me quede el camino de pagar la tarifa estipulada. No acepto que deba buscar otra media naranja y repetir los mismos errores. No acepto que todo el sufrimiento de mi vida haya sido en vano. Que no y que no, fuerzas poderosas, os podéis poner como queráis, podéis mandarme a un asesino en serie que me torture y me sierre de los pies a la cabeza. Me da igual, lo oís, ¿lo estáis escuchando? Que no, hombre que no, hasta aquí podíamos llegar. No voy a aceptar que este sea el mejor de los mundos posibles y yo el peor de los hombres posibles, la más bestia entre las bestias. Que no. Creo en el más allá, en el mundo espiritual, y no me considero un idiota de mierda. Que no. Que no me vais a convencer de que vivir unos años, pendientes del dinerito de mierda, pendientes de un trabajo de mierda, pendientes de una sociedad injusta de mierda, pendientes de que los poderosos tosan o se rasquen el culo de mierda, sea mejor que creer que somos algo más que cuerpo, que somos espíritus, seres de luz, chispas divinas, que esta es una escuela para aprender lecciones, eso es la vida y no otra cosa. No venimos aquí para pasarnos unos cuantos años intentando sobrevivir en un mundo de mierda, con auténticas bestias pardas que en nada se diferencian de los demonios en el infierno, transformando este planeta en el infierno de Lucifer, en el antro de Satanás, donde nadie sirve a sus hermanos, solo a su propio beneficio. No, no me vais a convencer de que mi vida es una mierda y la vuestra el paraíso, porque no es así. Mi sufrimiento es incienso que llega ante el altar divino, soy un cordero llevado al matadero, pero ningún sufrimiento será inútil. Este planeta será elevado en la luz, algún día, nos pongamos como nos pongamos, y los que nos han comido el coco con eso de que la ciencia solo nos dice que somos átomos al azar en un universo idiota no lo van a seguir haciendo para siempre. Porque ha llego el momento de que los corderos se rebelen y dejen de ir al matadero. Este no es un planeta de mierda para que cuatro chulos nos chuleen, para que crean que son ellos o el diluvio, para que intenten convencernos de que no existe otra forma de vivir, otra sociedad diferente, la nueva Jerusalén.

No, no me vais a derrotar con vuestra mierda de estrategia, fuerzas poderosas. Negándome el sexo no vais a conseguir que me encierre en el apartamento y deje de subir mis textos a Internet, para que nadie se sienta molesto. Seguiré buscando sexo, mal que os pese. Y cuando pierdo un DNI saco otro, cuando golpeo el coche, ahorro para ir al taller, y cuando no sé dónde tengo las cosas ni quién soy, me voy a dormir y duermo doce, catorce horas, las que sean, y me levanto revitalizado y abro los ojos y miro y concentro mi mente en lo que estoy haciendo. Y no cruzo la línea roja del desorden, la desorganización absoluta, el caos, porque no me da la gana, y si tengo que fregar los cacharros del fregadero, los friego, aunque me importe una mierda el olor, porque yo tengo el olfato atrofiado. Y si tengo que planchar al cabo de quince días, con la ropa doblada sobre una silla, pues plancho dentro de quince días. Y si tengo que viajar, viajo, aunque me pierda por el camino. Y si tengo que dejar de viajar, porque no tengo dinero, pues dejo de viajar. Y sigo anotando mis sueños y hoy soñé con un grupo de gente, como si fueran rusos o eslavos, rostro blanco, trajes como del siglo pasado, y yo colocaba libros en una estantería y era consciente de que estaba soñando y era el mundo astral. Y los libros se movían como a cámara lenta, siguiendo una ringlera invisible, y pasaban al estante que había detrás y seguían moviéndose. Y yo continuaba poniendo un libro tras otro y aquellos hombres extraños me miraban, como si fueran las fuerzas poderosas, dispuestos a tirar todos los libros al suelo, pero a mí no me importaba. Un libro tras otro, tras otro, tras otro, la voluntad férrea, el intento de un guerrero impecable. Me importa un bledo, fuerzas invisibles, que sembréis mi camino de obstáculos, soy el nuevo Job, cada prueba me fortalece más, con cada traspiés aprendo una lección. Cada persona que conozco es una chispa divina y no me preocupa cómo sea, quién sea, lo que haga o deje de hacer. Todos somos enviados, como dijo Julián Green, el verdugo a la víctima y la víctima al verdugo, la mujer al hombre y el hombre a la mujer, el patrono al proletario y el proletario al patrono. Todos hemos sido enviados porque todos tenemos que aprender nuestra lección. Y aquí estoy yo, enviado por las fuerzas poderosas para arrasar todos los caminos, para acabar con todas las metas, porque el apego pasará pero la chispa divina no pasará.

Y cuando no puedo más me tumbo en el sofá y veo series policiacas y cuando me concentro leo y cuando me siento bien, escribo. Y cada día es una nueva aventura, un mundo nuevo. He trepado desde el fondo del abismo de la desesperación y cuando caiga volveré a trepar y otra vez y otra y otra. Nadie puede conmigo, porque nadie puede con la chispa divina que hay en mí. Y me concentro en el trabajo y trato de estar relajado, tranquilo, de ser amable. Y si tengo que ir a votar en las elecciones sindicales, pues voy y voto, aunque me pueda la fobia social y saque el móvil y la libreta y hago que hago lo que no hago. Y el frigo se quedó vacío y la despensa, pero he ido al almacén capitalista y he comprado y lo he vuelto a llenar. Y algún día el capitalismo no será la única opción, porque el planeta será elevado en la luz y los hermanos se comportarán como hermanos y no como bestias feroces, y el cordero pacerá con el león y el patrón comerá en el mismo pesebre que el proletario. Y mientras suena la novena sinfonía de Beethoven la humanidad bailará la danza circular. Y mientras llega seguiré anotando sueños, y mientras llega iré a trabajar todos los días, y mientras llega seguiré buscando sexo porque no es un pecado, por Dios, que no es pecado, ni necesita ser bendecido por los sumos sacerdotes, y no hay que tener miedo a sentir afecto por nadie o a que nos falle y suframos. Y el sexo es bueno, y el afecto es mejor y la lucha es inevitable y la vida pasa y todos nos iremos y no volveremos más… en realidad sí, regresaremos, a otras vidas, con otros cuerpos, para aprender otras lecciones. Y el olvido será sustituido por el recuerdo y la noche por el día.

Y cada aniversario es un comienzo y cada comienzo un aniversario para el recuerdo. Y todo lo que se pierde lo volvemos a encontrar, y el círculo perfecto de la rueda kármica solo puede ser anulado por la elevación espiritual y cada día sigue siendo un paso en el camino y todos los caminos llevan al mismo lugar, al centro de las cosas. Desde el abismo de la desesperación clamé a Dios y Él me oyó. Seguiré trepando por las paredes y dejándome las uñas. Y cuando pueda dar amor daré amor y cuando no pueda dar nada no daré nada y cuando sea llamado responderé.





DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL IX

28 06 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL IX

NUNCA FUI A GRANADA

NOCHEVIEJA EN GRANADA

LA NAVIDAD DEL BUSCADOR DEL DESTINO

Ha sido la Navidad más extraña de mi vida. Casi encajaría como un episodio más de mi delirante novela “El buscador del destino”. Me refiero especialmente a la Nochevieja ya que la Navidad la pasé con la familia de B. Se esmeraron en acogerme como a uno más de la familia. A pesar de ello la lucha contra la fobia social fue especialmente dura. El guerrero impecable tuvo que emplearse a fondo y aún así no pudo evitar que el hombre viejo asomara la oreja para hacer alguna de las suyas. Mi agradecimiento a B. y a su familia será eterno por haber acogido a un íntimo en su primer círculo, en la peor Navidad de mi vida.

NOCHEVIEJA DEL AÑO 2014

Un trajeado hombre solitario camina por una ciudad desconocida. ¿Desconocida? Rafael Alberti la convirtió en el nuevo Sangri-lá o Shambala de los buscadores del destino en aquel maravilloso poema que luego cantara Paco Ibañez. Nunca fui a Granada…Nunca fui a Granada. Yo había ido a Granada. Estaba allí, había llegado, pero para mi no era ya una meta, el Sangri-lá de mis sueños. Era solo una ciudad desconocida a la que me habían llevado mis extraviados pasos.

La casa rural del pirineo aragonés me había salido rana. Es lo que pasa cuando lo dejas todo para última hora, pero tal vez el destino me hiciera un favor, porque la posibilidad de quedar atrapado por la nieve en una carretera de montaña no era precisamente una entelequia, a pesar del gesto cariñoso de D. que me había traído la pala y las cadenas. Dicen que la muerte por congelación es muy dulce y no se equivocan, porque en mi juventud llegué a experimentar el infernal dulzor de una muerte por congelación.

Casi treinta y cinco años después el buscador del destino lo había engañado con la sencilla estrategia de dejarlo todo para el último momento. Es curioso que cada vez me identifique más con el personaje de mi novela. Estoy haciendo cosas que solo el delirante personaje se atrevería a hacer. A cambio mis extraviados pasos me condujeron a Granada y ya nunca podré cantar aquella de “Nunca fui a Granada”.

Un hombre trajeado, solitario, embutido en su único traje en el que ha vuelto a caber -¡Oh cínico y juguetón destino!- incluso encorbatado -¿cuántas veces me he puesto una corbata en mi vida?, se podrían contar con los dedos de una mano…vale, de dos- incluso con el calzoncillo rojo de la buena suerte bajo los pantalones. Con la chupa de cuero sobre el traje, con la bufanda y los guantes. ¿Cómo era la canción que cantaba D. de niño? En invierno, el abrigo, los guantes y la “calefasión”. O algo así. El bueno de D. nunca sabrá lo que agradezco el gesto de las cadenas. Aquí solo hay nieve en las cumbres de Sierra Nevada. Pude verlas, con felicidad infantil, mientras me acercaba a Granada.

Me resultó muy duro ver a D. También fue un acto de guerrero impecable. Todo el pasado se me vino encima y no pude con él, aunque fuera algo muy cálido, como un anclaje a un tiempo que ya murió.

Un hombre trajeado y solitario camina sin prisas por las calles semidesiertas de una ciudad desconocida. La ciudad está iluminada. En un luminoso el termómetro marca cinco grados, pero no siento frío. No sopla ni una brizna de aire. No se parece en nada a León, la ciudad del loco de Ciudad-fría. En un pequeño bar unos “granaínos” amables han acogido al viajero extraviado y le han facilitado una guía telefónica, con un callejero, donde he podido localizar el restaurante en el que he reservado la cena de esta noche.





DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL IX

28 06 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL IX

NUNCA FUI A GRANADA

NOCHEVIEJA EN GRANADA

LA NAVIDAD DEL BUSCADOR DEL DESTINO

Ha sido la Navidad más extraña de mi vida. Casi encajaría como un episodio más de mi delirante novela “El buscador del destino”. Me refiero especialmente a la Nochevieja ya que la Navidad la pasé con la familia de B. Se esmeraron en acogerme como a uno más de la familia. A pesar de ello la lucha contra la fobia social fue especialmente dura. El guerrero impecable tuvo que emplearse a fondo y aún así no pudo evitar que el hombre viejo asomara la oreja para hacer alguna de las suyas. Mi agradecimiento a B. y a su familia será eterno por haber acogido a un íntimo en su primer círculo, en la peor Navidad de mi vida.

NOCHEVIEJA DEL AÑO 2014

Un trajeado hombre solitario camina por una ciudad desconocida. ¿Desconocida? Rafael Alberti la convirtió en el nuevo Sangri-lá o Shambala de los buscadores del destino en aquel maravilloso poema que luego cantara Paco Ibañez. Nunca fui a Granada…Nunca fui a Granada. Yo había ido a Granada. Estaba allí, había llegado, pero para mi no era ya una meta, el Sangri-lá de mis sueños. Era solo una ciudad desconocida a la que me habían llevado mis extraviados pasos.

La casa rural del pirineo aragonés me había salido rana. Es lo que pasa cuando lo dejas todo para última hora, pero tal vez el destino me hiciera un favor, porque la posibilidad de quedar atrapado por la nieve en una carretera de montaña no era precisamente una entelequia, a pesar del gesto cariñoso de D. que me había traído la pala y las cadenas. Dicen que la muerte por congelación es muy dulce y no se equivocan, porque en mi juventud llegué a experimentar el infernal dulzor de una muerte por congelación.

Casi treinta y cinco años después el buscador del destino lo había engañado con la sencilla estrategia de dejarlo todo para el último momento. Es curioso que cada vez me identifique más con el personaje de mi novela. Estoy haciendo cosas que solo el delirante personaje se atrevería a hacer. A cambio mis extraviados pasos me condujeron a Granada y ya nunca podré cantar aquella de “Nunca fui a Granada”.

Un hombre trajeado, solitario, embutido en su único traje en el que ha vuelto a caber -¡Oh cínico y juguetón destino!- incluso encorbatado -¿cuántas veces me he puesto una corbata en mi vida?, se podrían contar con los dedos de una mano…vale, de dos- incluso con el calzoncillo rojo de la buena suerte bajo los pantalones. Con la chupa de cuero sobre el traje, con la bufanda y los guantes. ¿Cómo era la canción que cantaba D. de niño? En invierno, el abrigo, los guantes y la “calefasión”. O algo así. El bueno de D. nunca sabrá lo que agradezco el gesto de las cadenas. Aquí solo hay nieve en las cumbres de Sierra Nevada. Pude verlas, con felicidad infantil, mientras me acercaba a Granada.

Me resultó muy duro ver a D. También fue un acto de guerrero impecable. Todo el pasado se me vino encima y no pude con él, aunque fuera algo muy cálido, como un anclaje a un tiempo que ya murió.

Un hombre trajeado y solitario camina sin prisas por las calles semidesiertas de una ciudad desconocida. La ciudad está iluminada. En un luminoso el termómetro marca cinco grados, pero no siento frío. No sopla ni una brizna de aire. No se parece en nada a León, la ciudad del loco de Ciudad-fría. En un pequeño bar unos “granaínos” amables han acogido al viajero extraviado y le han facilitado una guía telefónica, con un callejero, donde he podido localizar el restaurante en el que he reservado la cena de esta noche.