LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XVI

6 06 2018

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XVI

cASTANEDA

EL TONAL Y EL NAGUAL/ SEXTA PARTE

EL NAGUAL HUMANO

Cuando leemos sobre el nagual en los libros de Castaneda hay que tener en cuenta que unas veces se utiliza esta acepción para designar la dimensión infinita que rodea el tonal o mundo visible y otras veces para designar al guerrero que debido a sus características y a su evolución como guerrero lidera al grupo de guerreros que hemos visto en el texto Naturaleza y tarea del guerrero. El nagual es el maestro que ayuda al aprendiz de guerrero a alcanzar la totalidad de sí mismo. El se encarga de romper el cascarón del huevo luminoso para que el guerrero pueda asomarse al nagual o dimensión infinita del mundo invisible, luego lo recompondrá y así el guerrero habrá alcanzado la totalidad de sí mismo. De esto también se encarga otro maestro, el benefactor, que actúa desde la primera atención, con enseñanzas y rituales iniciáticos. En el caso de Castaneda su nagual fue don Genaro y su benefactor don Juan. Mientras que don Juan se encargaba de limpiar su isla del tonal, don Genaro le daba tremebundos sustos con el nagual.

Podríamos trazar un esquema de cómo funcionan las cosas en la filosofía chamánica del guerrero impecable:

-El Águila, a través de sus emanaciones compulsivas, genera todos los mundos o universos existentes y dentro de estos mundos las criaturas llamadas humanas que permanecen encerradas en un huevo luminoso que solo se rompe con la muerte o al acceder el guerrero al nagual.

-El huevo luminoso solo se rompe desde el exterior, por lo que habría que deducir que la muerte es causada por factores externos no por el propio humano desde el interior del huevo luminoso. Esta es una idea interesante sobre la muerte, no se trata de la destrucción del cuerpo físico, al llegar a su máximo deterioro, sino de fuerzas externas que al romper el cascarón hacen que el cuerpo luminoso se libere y vaya al encuentro del Águila, donde alcanzará la libertad suprema si puede entregarla a cambio un doble construido con la recapitulación o será absorbido por el Águila que devora su consciencia y lo hace parte de su entidad. Podríamos pensar que la entidad humana así absorbida formará parte de la emanación del Águila que generará nuevas entidades humanas. Una especie de reencarnación chamánica. Algo de lo que no se habla en los libros de Castaneda puesto que parece que la creencia en la reencarnación no forma parte de sus enseñanzas. Si así fuera, si la consciencia humana absorbida, pudiera volver a la vida física de la primera atención al generar nuevas entidades humanas la correspondiente emanación del Águila, no parece claro cómo recobraría la memoria de lo que fue en una vida pasada. Aquí hay una diferencia sustancial con el budismo que habla de la reencarnación de la misma consciencia en diferentes cuerpos hasta alcanzar la liberación. En el budismo el recuerdo de las vidas pasadas se puede alcanzar, la totalidad de las memorias de las vidas pasadas no implica de por sí la liberación, aunque parece bastante lógico que un adepto que haya alcanzado todas estas memorias de sus vidas pasadas está suficientemente evolucionado para alcanzar la liberación. No así en el chamanismo, donde se supone que o te liberas, al entregar tu doble al Águila, o eres absorbido y tu camino de consciencia individual termina para siempre. En el libro de Urantia se habla de la posibilidad de que tu consciencia individual pueda ser destruida para siempre y regresar a la nada si tu elección ha sido la oscuridad y no la luz. En el chamanismo parece que no se regresa a la nada, hayas hecho lo que hayas hecho, sino que el Águila te absorbe y acabas formando parte de su experiencia global e infinita de consciencia.

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-Una vez el cuerpo luminoso permanece encerrado dentro del cascarón, el acceso de este a otros mundos, universos, dimensiones, realidades, queda restringido. La primera atención nos permite percibir y vivir en el tonal dentro de unas limitaciones bastante claras, pero eso no implica que el cuerpo luminoso no pueda tener acceso a esos mundos y realidades, siempre que alcance el dominio de sí mismo, la totalidad de sí mismo.

-El punto de encaje sería una especie de tercer ojo que nos permite el acceso a otras realidades. Se mueve en horizontal y sería como una especie de cinturón con agujeros donde ese punto o barra fija de la hebilla se introduce y allí permanece hasta que es movida. El punto de encaje puede ser movido por todo ese cinturón y de esta forma el cuerpo luminoso accede a otras realidades y universos. Normalmente solo percibimos el tonal o mundo físico porque el punto de encaje ha sido anclado en un determinado agujero, pero esto no ocurre porque vengamos así de fábrica o porque sea el agujero más fácil de ser ensartado por el punto luminoso o barra fija de la hebilla sino debido a las enseñanzas que los adultos le dan al niño para que se deje de tonterías y de fantasías y se centre en el mundo físico o tonal. En sueños el punto de encaje se desplaza con facilidad de un agujero a otro, de ahí la complejidad y misterio del mundo onírico. También podría ocurrir que un niño que no fuera “coaccionado” a tener el punto de encaje en ese lugar determinado pudiera moverlo a voluntad. El hecho de que todos vivamos en una misma realidad física, percibiendo prácticamente lo mismo, no se debe a que la emanación del Águila nos ha recluido en una prisión, por muy basta que sea, sino a que el cuerpo luminoso ha sido coaccionado a constreñirse a un agujero del cinturón, debido a la presión de la comunidad humana, la cultura y las enseñanzas que se transmiten de generación en generación.

-Una vez que el cuerpo luminoso queda encerrado en el cascarón del huevo y su punto de encaje anclado en un agujero concreto, solo percibirá una realidad, física, el tonal, y su mente podrá oscurecerse hasta el punto de rechazar cualquier otra realidad. Allí se quedará hasta su muerte, salvo que se inicie en el camino del guerrero, sea enseñado a mover el punto de encaje y gracias a la ayuda del nagual y el benefactor logre romper el cascarón y moverse en el nagual o dimensión invisible infinita. De esta forma alcanzará la totalidad de sí mismo e iniciará un camino hacia la libertad. Para ello tendrá que crear el doble que le permita cambiárselo al Águila por su libertad.  Es decir que una vez que hemos sido generados por las emanaciones del Águila y alcanzado la existencia, la vida, no nos queda otra que regresar al Águila y escoger la opción de pasar a su lado, entregando el doble, para alcanzar esa libertad infinita de la que hablaremos en otro capítulo de estas enseñanzas de don Juan.

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-Cuando se inicia el camino del guerrero aparecen los dos maestros, el nagual y el benefactor. Ambos saben que si el Espíritu pone en su camino a un aspirante a guerrero no podrán rechazarlo, deberán iniciar el trabajo correspondiente porque el Espíritu no perdona a quienes rechazan a los que él pone en su camino. Y es a partir de este momento cuando se inicia el largo, azaroso y terrible camino del guerrero, quien solo tendrá dos opciones, o abandonar el camino antes de que resulte atrapado o seguirlo hasta donde pueda o quiera llegar, porque una vez que se llega a un determinado punto de este camino ya no es posible volver atrás, y no porque se pierda la libertad, sino porque uno ya no es capaz de regresar a la oscuridad cuando se ha visto la luz, como un invidente, que operado y recobrada la vista, podría volver a cegarse, pero no sería capaz de hacerlo.

-Al parecer, y esto es una deducción mía que puede estar equivocada, un nagual no siempre actúa como tal en el aprendizaje de un guerrero, también puede actuar de benefactor. Es decir que según el guerrero puede hacer de nagual o de benefactor. No he determinado en qué se basa esto, si es una elección del Espíritu o una decisión propia. En el caso de Castaneda su benefactor es don Juan y su nagual don Genaro, pero parece que don Juan actúa como nagual con otros aprendices y don Genaro como benefactor. Es algo que creo aparece claro en algunos párrafos que tengo que retomar para citarlos. También parece claro que don Juan se siente más a gusto como benefactor debido su creencia de que a un aprendiz no se le debe engañar y lanzarle al camino del guerrero sin más como un nagual que le pone trampas y le asusta hasta que ya no puede echarse atrás, él prefiere la enseñanza paulatina, dejando que el aprendiz vea el camino y tome sus propias decisiones. No todos los naguales piensan así, según llega a decir don Juan, si no recuerdo mal.

-En el caso de Castaneda, el Espíritu lo pone en el camino de don Juan y éste no puede rechazar esa decisión a pesar de que como llega a decirle, no se sabe muy bien si en tono humorístico o muy serio, ambas cosas pueden ir juntas en don Juan, le cae fatal. Lo cierto es que está justo en el lugar adecuado y en el momento adecuado para que Castaneda se acerque al bando de la estación de autobuses donde está sentado. Habría que concluir que don Juan intuyó lo que iba a pasar, que el Espíritu le dio una pista y él hizo caso. No se sorprende lo más mínimo cuando Carlitos se le acerca para preguntarle si aceptaría enseñarle sobre plantas a cambio de un pequeño trueque. Lo curioso es que tampoco acepta sin más. ¿Está sometiendo a prueba a Castaneda? Parece probable. Ni siquiera un nagual acepta sin más que alguien al que encuentras en el camino tenga que ser necesariamente un enviado del Espíritu. A don Juan le gustan mucho los signos y las pruebas, no se traga todo sin más porque le venga a la cabeza en un momento determinado. Se burla de Carlitos, le toma el pelo, le somete a pruebas sin el menor miedo a que éste le mande a freír espárragos y se largue sin más. Como vemos don Juan no se toma de forma religiosa los supuestos mandatos del Espíritu. Como si dijera, vale que me lo pongas en el camino, vale que quieras que le enseñe el camino del guerrero, pero me considero en mi derecho de someterle a prueba, de esperar signos, y sobre todo, respeto su libertad. Esta conducta de don Juan no parece ser la conducta de todos los naguales sometidos a la Regla, él tiene su propio criterio y lo sigue, pensando tal vez que el Espíritu tiene suficiente poder para obligar a alguien si quiere obligarle o para darle suficientes signos y pruebas para que no haya la menor duda. Debe pensar que es preferible perder en el camino a un supuesto enviado del Espíritu que forzar la situación al máximo y equivocarse creyendo a alguien enviado cuando solo se trata de una simple casualidad. Otros naguales, como en el caso del nagual Elías, tal vez hubieran actuado de forma muy diferente, llevando a Castaneda a un lugar de poder y dándole un susto de muerte, empujándole hacia el camino del guerrero a patadas, con añagazas, estrategias y sustos. Don Juan sigue su propia estrategia, deja que Castaneda actúe como cualquier no guerrero, que se entregue a sus vicios y que al final decida si realmente quiere dar el primer paso o no.

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-Cuando lo hace don Juan tiene planeada ya su estrategia, le invitará a su casa, quedarán en otro lugar y momento que decidirá el Poder, le llevará a lugares de poder, le enseñará plantas y comenzará a envolverle en una fina red de la que a Castaneda le resultará difícil escaparse, pero no le engañará, no le dará más sustos de los necesarios, le explicará lo que tenga que explicarle en ese momento. El lector se da cuenta de que en realidad don Juan no le engaña en ningún momento, es el propio Castaneda el que se está engañando, dejándose llevar por sus vicios, buscando sus propias metas, el nagual se limitará a hacer quiebros, dejando que el empuje de Carlitos le lleve hasta donde él quiere llevarle. Creo recordar que es al final de Relatos de Poder cuando don Juan le explica detalladamente su estrategia para con él, paso a paso, cómo utilizó el peyote para romper la cuadrícula de su mente, porque no veía otra opción, y cómo le fue enganchando en el camino del guerrero, enseñándole las artes necesarias. Uno supone que debió “ver” que Castaneda era un nagual, aunque parece que cometió un grave error al suponer que era un nagual de cuatro puntas, de cuatro compartimentos, cuando era un nagual de tres puntas, insólito, para el que no existía un protocolo, una Regla.

Y aquí entramos en un tema extraño, bastante misterioso. Al parecer los guerreros normales, lo mismo que las personas “normales” tienen dos lados, el izquierdo y el derecho, separados por una especie de barrera o muro energético. Algo que por otro lado coincide bastante con la división del cerebro en dos mitades autónomas. Don Juan hablará largo y tendido sobre el lado izquierdo y el derecho, pero los naguales son diferentes, tienen cuatro concavidades y compartimentos. Si dibujamos mentalmente el cuerpo humano, el guerrero estaría dividido en dos mitades desde la coronilla hasta los pies, un lado izquierdo y otro derecho que apenas se ponen en contacto, cada uno tiene sus funciones. En cambio el nagual estaría también dividido horizontalmente, no sabemos por dónde, pero se supone que a la altura del plexo solar o de la línea o cinturón por el que se desplaza el punto de encaje. Así tendría dos lados izquierdos y dos derechos. Esto es novedoso, como mucho podemos intentar compararlo a los chakras, siete chakras, desde el chakra raíz, situado en el perineo, entre el sexo y el ano, hasta el chakra corona, en lo alto de la cabeza. La energía kundalini va subiendo desde el chakra raíz y abriendo los restantes chakras a su paso hasta llegar al chakra corona que permite acceder al shamadi.  Podríamos decir que en el huevo energético la energía se desplaza desde el perineo hasta la coronilla. En la filosofía chamánica de don Juan la energía parece estar situada de forma diferente y funcionar de manera distinta. Mientras la energía kundalini funciona en vertical, de abajo hacia arriba, la energía o poder chamánico parece que podría funcionar en horizontal, el punto de encaje se desplaza en horizontal y no en vertical, la energía del lado izquierdo y derecho son distintas y solo se mezclan y armonizan cuando se rompe la pared o sello que los separa. En realidad poco importa cómo situemos la energía puesto que estamos hablando en términos de primera atención, mundo físico, donde hay espacio y por lo tanto hay puntos cardinales y podemos situar cualquier objeto en un espacio haciendo que las coordenadas verticales y horizontales se junten en un sitio o punto concreto. En el mundo físico podemos estar arriba o abajo, a un lado o a otro, porque hay espacio y por lo tanto coordenadas, pero en la segunda atención, con el cuerpo de luz, situar un punto concreto en un lugar concreto parece mucho más complicado puesto que no hay espacio. El arriba y el abajo, el lado izquierdo o el lado derecho, no tienen mucho sentido puesto que habría que preguntarse respecto a qué. Con el cuerpo físico es mucho más sencillo, la cabeza la situamos arriba y los pies abajo, tenemos un lado izquierdo y uno derecho, pero esto no parece importar mucho con el cuerpo de luz que funciona como un todo fuera del espacio y del tiempo. En mi opinión no hay tantas diferencias como podría pensarse entre el huevo chamánico y el huevo o aura del yoga mental. Hay una energía, un cuerpo de luz, y cómo se desplace y dónde lo situemos en realidad no tiene demasiada importancia, lo importante son sus efectos y estos no parecen tan disímiles entre una filosofía y otra.

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-Es interesante plantearse si es posible seguir el camino del guerrero o el camino del adepto en el budismo sin un maestro o maestros y dentro de un grupo de guerreros o de adeptos. En esto soy seguidor convencido de Krishnamurti, quien dijo que cuando alguien tiene suficiente luz en su interior no necesita seguir a ningún maestro. Sin embargo esto también parece complementarse con la conocida expresión de que “cuando el discípulo está preparado aparece el maestro”. Resumiendo, creo que se podría decir algo como: si no tienes suficiente luz en tu interior no te sentirás atraído por ningún camino de conocimiento, y si la tienes bien podrías atraer a un maestro o maestros, a compañeros de viaje, guerreros o adeptos, si hay bastante luz en tu interior puede que te llegue lo que necesitas cuando lo necesites. Si el Espíritu manda a alguien al encuentro del nagual, para ser enseñado y encarrilado en el camino del conocimiento, se supone que él se encargará de encontrar el maestro adecuado y le indicara el camino más adecuado para un aspirante a guerrero en concreto. ¿Pero qué ocurre cuando uno no tiene maestro ni gurú ni lo encuentra por mucho que lo busque, ni le es enviado cuando se supone que lo necesita? En mi caso yo estoy siguiendo el camino del guerrero en base a los libros de Castaneda, no he encontrado ningún nagual que me guíe, y sin embargo no me siento impotente, incapaz de seguir ese camino y afrontar los retos que me salgan al encuentro. ¿Tengo suficiente luz en mi interior? No lo sé, la humildad, tal vez falsa, me llevaría a decir que no, que no tengo suficiente luz, pero puede que sí la tenga puesto que estoy siguiendo un camino de conocimiento y superando, con todas las dificultades del mundo, los retos con los que me encuentro. Es cierto que me ha sido enviada una guerrera, pero eso no parece ser el comienzo de un grupo de guerreros, al menos de momento no hay más señales.

En el siguiente capítulo estudiaremos cómo funciona el nagual y el benefactor, cómo rompen el cascarón del huevo luminoso y cómo al reconstruirlo dotan al guerrero de la totalidad de sí mismo y cómo, a partir de este momento, es dado a conocer a los restantes miembros del grupo, quienes tendrán como meta alcanzar la libertad, encontrar esa grieta en el mundo, esa puerta dimensional por la que podrán pasar, con sus cuerpos físicos –algo sorprendente y muy llamativo- hacia la libertad, se supone que enfrentándose al Águila a la que cada guerrero entregará su doble. De esto poco o nada se dice, pero podemos elucubrar en base a lo que sí se dice. Todo esto nos llevaría a pensar que no es posible alcanzar la meta del guerrero en solitario, sin nagual y benefactor que te ayuden y sin los restantes miembros del grupo de guerreros, pero es algo que analizaremos con cuidado y meticulosidad y nos plantearemos si en un momento concreto un guerrero solitario suficientemente evolucionado y con suficiente poder no podría atraer hacia sí todo lo necesario para seguir en el camino.

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XV

19 01 2018

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XV

 

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EL TONAL Y EL NAGUAL/ QUINTA PARTE

IMAGINANDO EL NAGUAL

Somos tan egocéntricos, estamos tan pagados de nosotros mismos que nos sentimos incapaces de imaginar algo que no seamos nosotros, todo lo que existe tiene que estar hecho a nuestra imagen y semejanza, girando a nuestro alrededor como los planetas giran alrededor del sol. Si existen otras consciencias, otras formas de ser, no pueden ser diferentes a nuestra consciencia y a nuestro ser. Sí, podemos imaginar consciencias más amplias, lo mismo que podemos imaginar a otros más inteligentes que nosotros, aunque nos cuesta un poco, podemos forzar nuestra imaginación hasta el límite para pintar todo tipo de entidades extraterrestres, pero se parecen tanto a nosotros que en realidad no estamos haciendo otra cosa que ponerles las cabezas más grandes o más picudas, más brazos, quitarles o ponerles pelo, hacerles telépatas por naturaleza, vestirles con toda clase de tecnologías mucho más avanzadas que las nuestras y situarles en mundos que se parecen al nuestro como dos gotas de agua.

Podemos imaginar nuestro universo y extenderlo hasta el infinito como alargamos el chicle que tenemos en la boca, más planetas, más soles, más galaxias, más espacios interestelares vacíos, más, más, más de todo. Aún así nos cuesta un enorme esfuerzo pensar que no estamos solos, que no somos el centro del universo, que la aleatoriedad ha trabajado duramente para formar solo un tipo de criatura consciente a la que le ha entregado un universo infinito que nunca podrá recorrer ni conocer, solo para que se sienta feliz y extasiada mirando ese inmenso jardín desde la terraza de su casa.

Hormigueros

Podemos pisar un hormiguero como quien pisa un pequeño montículo de tierra y la muerte de miles de hormigas no suponen para nuestra consciencia ni un bit de memoria, y en cambio pensamos que de existir fuerzas poderosas, infinitas, todopoderosas, tendrían un exquisito cuidado con nosotros, seres conscientes, que sufrimos, que merecemos lo mejor de lo mejor. Ellas, las fuerzas poderosas, si son tan poderosas, tan infinitas, tan omniscientes y omniconscientes, deberían cuidar de nosotros como cariñosas madres e impedir que diéramos el menor paso en falso. Creemos que el hecho de haber alcanzado la consciencia, aunque sea limitada, aunque solo sea un escalón de la pirámide, nos hace especiales, divinos, inapreciables, deberían mimarnos como al bebé que va a transformar a la humanidad, al mundo, a la galaxia, al universo. Así pues no deberíamos morir, ni mucho menos desaparecer en la nada, nos merecemos vivir para siempre, ser inmortales, que se nos conceda siempre una oportunidad y otra, y otra, y otra más. Somos capaces de destruir a nuestros semejantes, con la misma consciencia que la nuestra, idénticos a nosotros, podemos incluso desmembrarles, decapitarles, torturarles, podemos pisotearles como a hormiguitas, nosotros que somos algo tan pequeño, tan diminuto, tan poca cosa. Y en cambio estamos convencidos de que las fuerzas poderosas nos van a tratar mejor de lo que nosotros tratamos a nuestros semejantes.

Cuando don Juan habla de que la humanidad, lo humano, ocupa una parte tan pequeña, tan diminuta, en la consciencia del Águila, la mente universal, que sería estúpido por nuestra parte pensar que va a escuchar nuestras plegarias para mantenernos con vida y salvarnos de todas las inclemencias de la vida, no somos capaces de imaginar qué haríamos nosotros con un hormiguero si fuera preciso destruirlo para que miles de personas se salvaran de alguna catástrofe. Lo haríamos sin más, sin pensarlo, porque el ser humano está por encima de las hormigas, lo mismo que está por encima de los animales de los que se alimenta y de los vegetales que cosecha y digiere, acabando con su naturaleza vegetal. Somos carnívoros, somos caníbales, somos omnívoros, somos depredadores, somos un pozo sin fondo a la hora de acabar con cualquier tipo de vida si de esta manera nosotros seguimos vivos. Esa parece ser la ley natural, un perro se come a un gato, un lobo se come a un perro y el humano se come todo lo que tiene a mano. No nos conmueve que un depredador se coma a otro que se ha comido a indefensos y pacíficos bóvidos que a su vez se han alimentado de toda clase de vegetales, porque hay una escala natural en la que los de arriba se comen a los de abajo y éstos a los de más abajo.  Y sin embargo nos aterroriza la posibilidad de que las entidades que están por encima de nosotros, las fuerzas poderosas se alimenten también de nosotros. Es cierto que no las hemos visto canibalizar cuerpos humanos, aunque la historia humana está repleta de sacrificios humanos a los “dioses”, pero a lo mejor es que no necesitan alimentar cuerpos que ya no tienen, pero tal vez sí necesiten alimentar consciencias, cuerpos energéticos que no pueden “vivir del aire”, en frase coloquial, porque todo lo que existe, de alguna manera, necesita “canibalizar” otras formas de vida. Puede que esas fuerzas poderosas se alimenten de nuestras consciencias, de nuestros pensamientos, de nuestras emociones y sentimientos, de nuestra fuerza vital, y puede que nos tengan como nosotros tenemos a las vacas, para alimentarnos de su leche y de su carne, como tenemos a las ovejas, para utilizar su lana, su leche y su carne. Puede que las fuerzas poderosas estén ordeñando nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, nuestras consciencias, sin que nosotros, “tan conscientes”, nos demos cuenta. Puede que, si las fuerzas poderosas, son tan “humanas” nos traten mejor de lo que nosotros tratamos a los animales, vegetales y entorno. En lugar de encerrarnos en apriscos nos dejan pastar libremente, incluso es posible que hayan llegado a un pacto amistoso, en sueños nos alimentáis con vuestras consciencias, nos entregáis un diezmo de todo, aunque eso suponga la pérdida de memoria, de consciencia, de lo que sea, y nosotros a cambio os dejamos vivir un tiempo más, os damos una ración de fuerza vital para que al despertar os encontréis mejor y podáis decir: ¡qué bien me siento, qué bien he descansado, cómo me he recuperado después de lo mal que estaba ayer!

Somos tan egocéntricos que no podemos imaginar que haya criaturas, entidades, que se alimenten de algo distinto a lo que nosotros nos alimentamos, si tienen cuerpo deben alimentarse de materia y si no tienen cuerpo no existen porque no existe nada que no se pueda ver. El mundo invisible es un delirio de cuatro locos que se lo han inventado para no aceptar que somos mortales, que nos vamos a morir todos y dentro de muy poco, que así son las cosas porque la aleatoriedad así lo ha querido, y aunque lo hubiera querido de otra manera, las leyes físicas lo habrían impedido, porque blá, blá y blá.

Si una entidad, cualquiera que sea, no puede estar vacía para siempre, no puede existir sin “alimentarse”, de comida, de pensamientos, de emociones, de consciencia, de energía sutil, de energía menos sutil, de corrientes energéticas espirituales, de lo que sea, está claro que la pirámide de la existencia tiene que ser necesariamente “caníbal”, onmívora, todos los que están arriba tienen que alimentarse de los que están abajo, porque esa es ley natural, porque los que están arriba son más “listos y poderosos” y por lo tanto están en condiciones de alimentarse de sus inferiores, lo que no resulta tan sencillo para estos inferiores que solo podrían hacerlo pillando descuidados a los de arriba, como un león puede pillar a un humano sin fusil, en campo abierto, y devorarlo.

PIRÁMIDE ESPIRITUAL

Solo existe una posibilidad de que esto no sea así, y es la de que las consciencias superiores se vayan haciendo más y más empáticas, conscientes, generosas, fraternales, espirituales, conforme vayan ascendiendo en la pirámide evolutiva espiritual. Yo no me comería a mi gato, porque le quiero, convivo con él, hablo con él, puedo entender de alguna forma sus maullidos y he aprendido a verlo como una personita, como una consciencia, distinta a la mía, tal vez un poco inferior, aunque no lo creo, pero con la que me puedo comunicar, lo mismo que me podría comunicar con un ruso, aunque no hablara su idioma y él el mío, porque estamos a un mismo nivel de consciencia y si no nos entendemos hablando nos podemos entender por gestos o miradas o dándonos un abrazo. Es lo mismo que yo hago con mis gatos, no entiendo el contenido de sus maullidos pero distingo perfectamente cuando están enfadados porque me he olvidado de ponerles pienso en el comedero, o cuando maúllan mimosamente, como dándome las gracias, como diciéndome que me quieren y entonces pueden llegar a imitar el lenguaje humano hasta extremos hilarantes, pueden ser como niñitos humanos. Ellos no pueden entender el contenido de mis palabras, pero saben perfectamente cuándo estoy enfadado con ellos, o cuándo quiero mimos o cuándo estoy preocupado por lo que les pueda pasar. Puedo ver cómo un perrazo se lanza sobre un gatito, lo estruja en la boca y lo podría haber matado sin más de no haber intervenido yo. Lucho con el perrazo para salvar a una personita, no a un juguetito mecánico, y cuando lo salvo es como si hubiera salvado a otro ser humano y me siento vinculado a ese pobre gatito, y lo cuido hasta que sale adelante y lo adopto. Y cuando veo a otro perrazo hacer lo mismo con otro gatito intento salvarlo, pero no lo consigo y el gatito muere en mi cama y se pone rígido con el “rigor mortis” y se convierte en una especie de palo con pelos. Y es como si se me hubiera muerto un ser querido y sufro.

Todo esto está muy bien y nos da una idea de cómo pueden actuar las entidades superiores, las fuerzas poderosas, con nosotros, pero no explica lo que harían si no tuvieran otra opción que alimentarse de nosotros, lo mismo que yo, que tanto quiero a los gatos, me vería obligado a comérmelos si viviera en una isla desierta y solo hubiera gatos para comer. Tendría que decidir entre morirme yo o “canibalizar” gatos. ¿Es esto lo que ocurre con las fuerzas poderosas? Podríamos pensar que ellas están por encima de todo esto, que ya no necesitan alimentarse de nada, pero me pregunto de qué se puede llenar un cántaro vacío si necesita estar lleno para estar vivo, para permanecer existiendo.  Esta es una pregunta aterradora y que pocas veces, o ninguna, nos hemos hecho. Como somos tan egocéntricos que pensamos que estamos en el centro del universo, en lo alto de la pirámide y que todo lo demás está sometido a nosotros, ni nos planteamos la posibilidad de que nosotros seamos tan solo un escalón en esa pirámide evolutiva, “canibalizadora”. Cuando nos ocurren desgracias las achacamos a la mala suerte, salvo los “creyentes” que las achacan a un castigo divino, puesto que es evidente que no puede ser un premio. Pero castigo ¿por qué? ¿Porque canibalizamos a los demás, a todo bicho viviente? ¿Acaso no se hace lo mismo en la gigantesca pirámide cósmica de la existencia?

La reflexión de don Juan da para mucho y es aterradora. Por eso la posibilidad de negociar con el Águila la libertad de seguir existiendo libremente es una especie de don envenenado, es como si yo le prometiera a una hormiga perdonarle la vida a cambio de que traiga hasta mi puerta tantas miguitas de pan que yo tenga para comer durante un año. A algo así me suena cuando don Juan me dice que tengo que recapitular mi vida con tanta concentración, intensidad, trabajo, esfuerzo, sufrimiento, para conseguir un doble con el que “engañar” o satisfacer al Águila, que se alimenta de consciencias, como para que me deje seguir existiendo y siendo libre para siempre. Me suena a eso, a hormiguita que debe llevar miguitas de pan día tras día, hasta que esa entidad superior, en este caso humana, quede satisfecha.

COSMOS

¿Será por eso que en el universo físico existen distancias tan incomprensibles entre planeta habitado y planeta habitado? ¿Será por eso que cada planeta sería una especie de isla desierta en cuarentena de la que no puede salir barca alguna para surcar el océano? ¿Será por eso que estamos prisioneros de nuestro entorno –un planeta=isla desierta- para que la “canibalización” entre todos los seres de esa isla desierta, sometidos a una jerarquía de consciencias, no se “extienda” a todo el universo? Así pues, la infinitud del universo y los espacios vacíos o en blanco, tendrían sentido. Solo quienes alcancen un estado tal de consciencia y una evolución tal que les permita no alimentarse de otras criaturas, sino desprenderse de su cuerpo físico para no tener que hacerlo, serían autorizados a abandonar estas islas-desiertas-planetas para ascender a otros planetas o planos de existencia donde la “canibalización” no sería una guerra a muerte entre criaturas o entidades conscientes, sino una “comunicación libre y generosa” entre esas entidades. ¿Qué otra cosa sino sería el amor? El amor no es otra cosa que dar libremente, con generosidad y felicidad, lo que otra criatura que necesita alimentarse nos arrebataría por la fuerza. Si pensamos que el amor es el alimento del cuerpo causal o alma puesto que le da felicidad y la felicidad es el alimento del cuerpo causal, como dice el budismo, estaríamos ante entidades que ya no necesitan alimentarse de cuerpos físicos o de materia para seguir existiendo, sino de una energía sutil y maravillosa llamada amor, o cariño, o entrega de la propia consciencia. Así pues, en planos superiores de consciencia, los habitantes se “alimentarían” de amor, libremente entregado por otras criaturas. El cántaro debe estar llenándose constantemente para seguir existiendo, los cántaros vacíos se rompen y se mueren.

Pero lo mismo que el amor es entregar libremente alimento a otras criaturas para que no perezcan, el odio y el mal sería arrebatarles a esas criaturas su consciencia y su libertad para alimentarse a su costa sin su permiso. Lo mismo que un psicópata, asesino en serie, torturador, secuestraría a alguien para violarle, apoderarse por la fuerza del alimento que necesita, un poco de cariño, de comunicación, de intercambio, de lo que sea, en el universo podrían existir entidades que se alimentaran de nuestras consciencias por la fuerza, sin pedir permiso, sin dejarnos la opción de la entrega voluntaria, serían las fuerzas del mal, la oscuridad.

Si suponemos que, como he dicho más arriba, un cántaro no puede estar vacío para seguir existiendo, si suponemos que lo mismo que un cuerpo físico necesita alimentarse de otros cuerpos físicos o “paquetes de materia”, otras entidades más evolucionadas necesitarían de la energía del amor, o de un trocito de consciencia, libremente entregada para seguir existiendo, en este caso amor, o arrebatada por la fuerza, en este caso maldad demoniaca.

Habría otra opción, por supuesto, que todas las criaturas, en lugar de alimentarse las unas de las otras y las otras de las unas, se alimentaran de la Totalidad, o sea de Dios. Si te llenas de Dios no necesitas llenarte de los otros, si llenas el cántaro con elixir de la vida no necesitas llenarlo de agua, de vino o de lo que sea. Claro que si decides llenarte de Dios, para no alimentarte de los otros, sabes que el cántaro explotará, puesto que no puede contener la infinitud. Es decir, desde el momento en que decidas alimentarte de Dios y no de los otros debes explotar, o lo que es lo mismo destruir tu “ego”. Y aquí entramos en lo que se podría denominar la puerta de entrada al shamadi, al nirvana, al éxtasis místico, porque no puedes llenar tu cántaro sin renunciar a que las paredes de arcilla estallen en mil pedazos, o lo que es lo mismo, si no renuncias a tu yo, a tu vida física, a tu consciencia parcial, nunca podrás alimentarte del Todo, de la consciencia total.

Y de esta forma, lo mismo que en el universo físico parecen existir apriscos-planetas, donde unas determinadas y concretas criaturas, se relacionan entre sí para aprender que la canibalización constante del prójimo no es la solución, en el universo invisible existirían una especie de “apriscos” complejos y muy diferentes, puesto que no existe espacio donde hacer agujeros para que unas cosas estén separadas de las otras y leyes, como la gravedad, que impedirían que los habitantes de unos apriscos se desplazaran a otros para “alimentarse”.

Y aquí podemos atravesar la puerta, la puerta existente entre la primera atención y la segunda, y desplazarnos de la isla del tonal al océano del nagual, puesto que si el tonal aunque infinito es una isla, el nagual, que es mucho más infinito, digámoslo así, sería el océano que rodea la isla del tonal. ¿Qué nos podemos encontrar allí al traspasar la puerta? No lo sabemos, es el misterio de la existencia, pero para eso tenemos la imaginación, para atravesar, no solo puertas, sino paredes, dimensiones, lo que sea, porque no hay obstáculo para la imaginación, solo las jaulitas de pajaritos atemorizados que nos construimos nosotros mismos y en las que nos encerramos para huir del horror del conocimiento, de la infinitud del misterio. Pero nosotros, como guerreros impecables, hemos perdido el miedo y por lo tanto vamos a atravesar la puerta que separa al tonal del nagual y vamos a imaginar lo que nos encontraremos al otro lado. No habrá espacios vacíos, agujeros entre planeta y planeta, porque ya hemos dejado el mundo físico, pero tal vez existan paredes de niebla, entidades de todo tipo que se alimentan de nuestras consciencias y a las que nosotros deberemos enfrentar o con las que deberemos pactar. Tal vez nos encontremos con aliados, con polillas del conocimiento,  con planos astrales, con universos de energía, con toda clase de entidades y entornos inimaginables. Y tal vez la infinitud del Águila se nos haga más comprensible, a pesar de no tener en su interior planetas y estrellas y galaxias, pero la infinitud de las consciencias puede ser mucho más infinita que la infinitud de la materia, porque la materia ocupa espacio, pero la consciencia no.  Y tal vez nos atrevamos a mirar fijamente las emanaciones del Águila, y entonces moriremos, salvo que los guerreros se unan, porque un guerrero en solitario no puede enfrentarse a una emanación, lo mismo que una persona necesita compañía para enfrentarse a la vida.





LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIV

12 08 2017

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIV

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EL TONAL Y EL NAGUAL/CUARTA PARTE

El tema va a ser muy largo y extremadamente complejo, por lo que nos vendrá bien a todos hacer un esquema y recapitular lo que hemos visto hasta el momento.

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-Se podría decir que abarcan la realidad completa, conocida y desconocida, visible e invisible.

TONAL

Don Juan define al tonal como una isla rodeada por el océano infinito del nagual. Lo curioso es que también el tonal es infinito, solo que menos, podríamos decir que el nagual. Así lo expresa don Juan con su característica ironía, con una metáfora tan certera y plástica como todas las suyas. Ambos, nagual y tonal, son infinitos, pero si fuera posible se podría decir, sin faltar a la verdad que el nagual es aún más infinito que el tonal. Estamos en una islita, llamada tonal, en medio de un océano infinito que además es invisible. No parece que el ser humano pueda ser algo más que un pobre náufrago que ha caído en la playa de una isla, por casualidad, que desconoce cómo es esa isla y cuánto abarca y también desconoce, aunque intuye, todo el misterio de la isla del tonal.

NAGUAL

Si el tonal parece tener forma, al menos para nuestro sentidos, el nagual es claramente informe, invisible, esencialmente misterioso, sin leyes claras que le permitan a un navegante saber dónde va, cómo soplan los vientos, qué lugares va a visitar (porque no existen lugares propiamente dichos en el nagual), en qué tiempo (porque no hay tiempo cronológico en el nagual) y ni siquiera tiene la sensación de ser el mismo que era en el tonal, porque la identidad en el nagual es algo que se estira y se encoge, como una goma, como un chicle que puede ser triturado por la infinitud y conformado a gusto y gana de las fuerzas poderosas. Si el tonal es un misterio, el nagual es el acabose de los misterios, podríamos decir en una frase chusca y humorística. Del nagual solo sabemos lo que experimentamos en nuestros viajes y lo que nos cuentan o han contado los guerreros impecables que han visitado algo de esta infinitud y han regresado para contarlo.

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EL NAGUAL-GUERRERO

Hay dos acepciones de esta palabra que es conveniente clarificar y concretar para evitar confusiones.  Si bien el nagual es todo ese mundo invisible, misterioso e infinito del que hemos hablado antes, también se llama así al guerrero-maestro-benefactor, al líder del grupo de guerreros y guerreras que intentan alcanzar la meta de la libertad. Como veremos en su momento, el nagual se distingue de un guerrero normal en que al parecer tiene más divisiones en el cuerpo energético de las habituales. Si un guerrero se supone que tiene dos divisiones, lado izquierdo y lado derecho, un nagual tiene cuatro, se podría decir que no solo tiene dos partes, separadas por una teórica línea vertical, sino cuatro, dos separadas por la línea vertical y otras dos separadas por una línea horizontal, es decir que el nagual tendría cuatro compartimentos energéticos. Lo curioso del caso de Castaneda es que solo tiene tres compartimentos, por lo que sería un nagual de tres puntas. Este descubrimiento que hace don Juan cuando parece que sus enseñanzas no funcionan y nada parece encajar del todo, trastoca todas sus enseñanzas y proyectos, obligándole a conformar un nuevo grupo de guerreros de los que Castaneda sería su nagual. Don Juan le educa para ser un nagual, creyendo haber visto en él los cuatro compartimentos energéticos de un auténtico nagual, pero al descubrir que solo son tres tiene que improvisar, lo mismo que un constructor al que los cimientos se le han venido abajo tiene que improvisar unos nuevos para la casa proyectada, renunciando a ciertos diseños y añadiendo nuevos que permitan a la casa no venirse abajo a las primeras de cambio. No hay regla para el nagual de tres puntas por lo que deben esperar a que un mensajero traiga esa regla. En otro momento nos extenderemos y profundizaremos en el nagual-guerrero, pero aún nos queda mucho para terminar esta larga aventura en el tonal y el nagual.

 

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LA PUERTA

Entre el tonal y el nagual hay una puerta o abertura que permite al guerrero entrar y salir de un mundo a otro. Como bien dice don Juan una vez que el guerrero abre esa puerta y se lanza al otro lado, la puerta se cierra y se pierde todo contacto con el universo que se ha dejado. Es por eso que no recordamos los sueños cuando estamos despiertos y que en sueños no recordamos nuestra identidad y nuestra vida en estado vigil. Digamos, aunque pueda sonar un poco exagerado, que el sueño es como una muerte de la que se vuelve y el estado de vigilia es como un nacimiento que realizamos todos los días, olvidando lo que hay al otro lado. Es muy desesperante no recordar, no tener un cordón umbilical, que una ambas personalidades, ambos mundos. No hay impotencia mayor para un soñador que despertarse y no poder recordar todos esos sueños que le han asaltado a lo largo de la noche, lo mismo que para nuestra personalidad vigil ir cayendo en el sueño, sabiendo que no se llevará nada de aquí al otro lado. En una de mis lecturas, ahora no recuerdo si fue un libro de esoterismo, de budismo o de otro tipo, se venía a decir que el sueño era como una muerte, en todo parecido a la auténtica muerte, solo que en este caso se vuelve y que el despertar era como el nacimiento, solo que en este caso no entramos en un cuerpo de bebé, sino en el cuerpo físico que se ha ido desarrollando con el tiempo.  Se podría decir, entonces, que morimos y nacemos todos los días, cada veinticuatro horas. Esto hace que el cuerpo de luz que se separa del cuerpo físico y lo retoma al regreso del sueño se sienta como alguien que debe morir y nacer todos los días, con lo que esto supone. Al despertar debemos hacernos con el cuerpo físico, como al nacer por primera vez, por lo que bien se podría decir que cada despertar es el nacimiento de un nuevo ser. Si conservamos la identidad, algo misterioso, es porque de alguna manera tenemos una especie de sello que colocamos en el papel burocrático correspondiente con nuestro nombre, es decir, que al despertar una fotocopia de nosotros toma el mando, pero es evidente que esa fotocopia no es exactamente una copia perfecta de nuestra personalidad, hemos olvidado cosas de nuestro pasado, nuestra memoria no es perfecta, y lo que fuimos ayer es algo que está separado de nuestro yo actual por una especie de abismo.  Uno puede despertarse a un nuevo día con un estado de ánimo tan diferente al que tuvo antes de irse a dormir que se pregunta qué ha ocurrido para generarse ese gran cambio. Gracias a Dios el sueño es una especie de estancia en un balneario u hospital, donde somos curados de nuestras heridas diarias y recuperamos vitalidad, tal vez porque nos alimentamos de “vitatrones” como dice Yogananda.  Este tejemaneje que nos traemos, cruzando la puerta, yendo de un mundo a otro, del tonal al nagual y del nagual al tonal, parece imprescindible para mantenernos con vida, con buena salud y en un estado mental equilibrado, lejos de la absoluta demencia.

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EL PUNTO DE ENCAJE

Permite a la personalidad anclarse a una determinada realidad que puede compartir con otras identidades o personalidad que considera muy semejantes a la suya. También permite, con su movimiento, no permanecer en una sola y única realidad, moviéndose entre mundos, entre dimensiones paralelas. La flexibilidad del punto de encaje permite al guerrero fluir como el TAO, identificarse con un universo que es puro fluir. Le permite trasladarse de la conciencia del lado derecho a la del lado izquierdo y al revés, con una facilidad pasmosa. Le permite entrar en el mundo onírico y salir de él en una especie de continuidad que no tiene un no guerrero. El guerrero que alcanza su totalidad puede ensoñar estando despierto porque todo es un continuo, puede entrar en la conciencia del lado izquierdo y regresar a la del lado derecho según sus necesidades, lo mismo que uno se desviste para nadar en el agua y se viste para evitar el frío del entorno.  El punto de encaje  es un factor clave en ese paso del tonal al nagual.

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CÓMO ES LA VIDA EN EL TONAL Y EN EL NAGUAL

La vida en el tonal es tal cual la vivimos todos los días. Nos sentimos en un lugar o espacio, que es sólido, o al menos lo parece. Está lleno de cosas que parecen distintas entre sí, con una “personalidad propia” podríamos decir. Cada objeto está separado del resto y ocupa un lugar y un tiempo en nuestra vida. En el tonal nos deslizamos en un tiempo cronológico que nos parece elemental, querido Watson, pero que no lo es tanto, el tiempo es uno de los grandes misterios de la vida.  Nos vamos moviendo al mismo tiempo en un espacio y en un tiempo, ahora estamos en casa, nuestra casa, y dentro de una hora estamos en un lugar distinto, nuestro trabajo, por ejemplo, al que nos hemos trasladado moviéndonos en el espacio, lo mismo que en el tiempo, ambas dimensiones parecen estar estrechamente unidas. Si me muevo en el espacio, me muevo en el tiempo, si me muevo en el tiempo me muevo en el espacio, aunque la sensación de movimiento espacial se puede ralentizar hasta el punto de tener la sensación de no habernos movido. Así vemos cómo en el reloj discurren las horas mientras nosotros permanecemos sentados en el sofá, sin movernos, pero eso es una entelequia porque sabemos que nos movemos, movemos nuestros brazos, nuestras piernas, movemos las nalgas porque la postura nos incomoda. El viaje en el espacio puede ser  más lento o más rápido, podemos hacerlo en compañía o solos, pero en cambio el viaje en el tiempo es siempre el mismo, es rígido e inquebrantable. Podemos tener la sensación de haber estado muchas horas sentados mirando al frente, pero si luego comprobamos el reloj podemos descubrir que han sido solo cinco minutos. La sensación de tiempo es parecida a la sensación térmica, el termómetro nos dice que no hemos pasado de los cuarenta, pero la sensación térmica se ha podido disparar hasta los cincuenta o más. Es esta “sensación” la que nos pone en contacto con el nagual.

Porque la vida en el nagual es muy diferente. Allí no hay relojes que midan el tiempo, lo medimos al despertar o al regresar por la puerta al tonal, entonces miramos los relojes y podemos decir, “he estado ocho horas durmiendo, o he estado media hora en Babia, o he estado fuera de mi consciencia habitual durante dos horas”.  La medición del tiempo se hace desde el tonal por lo que las experiencias en el nagual siempre son confusas cronológicamente. Tampoco existe el espacio como tal. En cuanto encuentre el párrafo que tengo anotado en mi agenda de guerrero, lo trasladaré al siguiente texto. Citando de memoria, don Juan habla del nagual, del aparente espacio en el nagual, poniendo la metáfora de una barca colgada en el aire, en el espacio, en el infinito.  No es lo mismo que en el tonal, donde caminas por tierra, sin tener la sensación de ir saltando de átomo a átomo, de abismo en abismo; donde puedes moverte en el agua con la firme sensación de que hay un continuo espacial, una cantidad de agua que te rodea y da continuidad al espacio; donde puedes moverte en el aire, en un avión, con la sensación de que, aunque no lo veas, hay un espacio que permite al avión trasladarse de un punto geográfico a otro. En el nagual estás con tu barquita y ves otras “barquitas” y cada barquita es una escena que no puedes situar en un tiempo cronológico lineal. Así en el nagual puedes estar viendo diferentes escenas de tu vida separadas por muchos años y tener la sensación de que están unidas por el tiempo, como si solo las separaran unas horas, unos días. Es la misma sensación que tenemos en el sueño cuando se unen escenas de nuestro pasado remoto y de nuestro presente actual.  Moverse en el nagual es como dar saltos incomprensibles y misteriosos que nos pueden trasladar a lugares y tiempos desconocidos o confusos debido a que no existe una cronología lineal, ni un espacio sólido a recorrer con movimientos que siguen determinadas leyes físicas.

LA PARED DE NIEBLA

Un concepto que estudiaremos en su momento. La pared o el muro de niebla es una percepción que tiene el guerrero cuando pasa de la atención primera a la segunda atención. Es decir cuando el guerrero abandona el tonal y comienza a adentrarse en el nagual. Si bien podemos pasar de un universo a otro, del tonal al nagual a través del sueño, con suma facilidad, sin apercibirnos y sin sentir sacudidas o desgarramientos, cuando un guerrero lo hace de forma consciente se encuentra con esa pared de niebla que dejamos aquí mencionada para un estudio posterior.

Y acabemos este capítulo con una cita que nos adelanta el siguiente capítulo, las cosas extraordinarias que se pueden hacer en el nagual.

“El nagual puede ejecutar cosas extraordinarias, cosas que no parecen posibles, como impensables para el tonal. Pero lo extraordinario es que el que actúa no tiene manera de saber cómo ocurren estas cosas. En otras palabras, Genaro no sabe cómo hace esas cosas, solo sabe que las hace. El secreto de un brujo es que sabe cómo llegar al nagual, pero una vez llega allí su opinión no vale más que la tuya acerca de lo que ahí pasa”.

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIII

28 05 2017

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIII

cASTANEDA

EL TONAL Y EL NAGUAL III

Como ya hemos visto en capítulos anteriores, el concepto de tonal y nagual es básico en la filosofía chamánica de Castaneda, según don Juan todo el camino del guerrero consiste, de forma esquematizada, en que El Nagual abra desde fuera el huevo luminoso que somos todos para que así el guerrero aprendiz entre en contacto con el nagual, con la segunda y tercera atención, y luego el huevo luminoso se vuelve a cerrar, pero para entonces el guerrero ya ha alcanzado la totalidad de sí mismo. Esto recuerda un poco a la apertura del tercer ojo del budismo. La kundalini o serpiente enroscada es despertada en el chakra raíz y va ascendiendo, abriendo todos los chakras en su camino, hasta ascender al entrecejo, allí se abre el tercer ojo y el neófito se pone en contacto con el mundo invisible, es decir con el nagual.

Digamos que el diseño de lo que somos energéticamente puede parecer muy diferente si tomamos la perspectiva budista o la chamánica, pero en realidad no lo es tanto, cómo está colocada y cómo funciona la energía depende mucho de la perspectiva espacio-temporal, que como sabemos en el budismo es un engaño, el velo de Maya, y como sabemos en el chamanismo es una descripción del mundo basada en el anclaje del punto de encaje, pero que varía según se mueve este punto de encaje a lo largo de esa línea horizontal que está más o menos a mitad del huevo luminoso hacia abajo.  Los conceptos de arriba o abajo, izquierda o derecha, son conceptos espaciales, lo mismo que ayer, hoy o mañana son conceptos temporales que pueden funcionar en la dimensión espacio-tiempo y pueden ayudar a nuestra mente lógica a hacerse una idea, una representación de una intuición, pero no deja de ser pura interpretación, no pura realidad.

Que el huevo luminoso se abra por el ombligo o por el entrecejo, no deja de ser un matiz sin demasiada importancia, lo realmente importante es que el huevo luminoso se ha abierto y que el ocupante, o cuerpo luminoso o cuerpo causal, prisioneros en esa cárcel de fibras de luz que es nuestro cuerpo físico, ya pueden ver el exterior. Un exterior sorprendente, inimaginable, muy, pero que muy diferente a lo que es el mundo físico. Los ojos de la carne perciben distancias entre objetos, dimensiones, alto, ancho, etc. El tacto nos da una visión sólida de la realidad, la pared, impenetrable, un pan que puede ser cortado, una uva que puede ser estrujada… La realidad, tal como la percibimos en el mundo físico, tampoco es tan aplastantemente sencilla, hay muchos matices en los que habitualmente no pensamos. Podemos movernos en el aire, pero no podemos atravesar muros u objetos muy sólidos; podemos ejercer un aplastante poder sobre ciertas realidades, como aplastar una uva, pero no podemos destruir realidades más sólidas y compactas, si no es haciendo una terrible fuerza sobre ella y ayudándonos de instrumentos que nuestra mente diseña. Digamos que la realidad es un completísimo arcoíris que va desde lo más sólido a lo menos, pasando por todas las texturas, pasando por todas las formas. En el conocimiento esotérico, rosacruz, por ejemplo, todo esto depende de la vibración, es decir que la realidad sería una especie de magma compacto, un océano infinito, en el que cada cosa vibraría en una vibración diferente, las cosas se parecen entre sí de acuerdo a la escasa horquilla vibratoria que hay entre ellas, hay cosas que se diferencian mucho entre sí porque la horquilla vibratoria es muy amplia. Los cuerpos físicos de humanos y animales se parecen mucho entre sí porque su vibración es muy parecida. Su solidez y textura, su forma, son casi clavadas. Pero una pared es muy diferente de un cuerpo físico, las vibraciones de sus partículas son claramente diferentes y eso hace que la conexión entre ellas también lo sea. Podemos tocar un cuerpo físico y percibir que a pesar de su aparente solidez es fácilmente penetrable y fragmentable, no así  la pared que requiere un golpeteo de un martillo poderoso empuñado por una mano muy firme. Las vibraciones no son como una película más o menos clara, o una imagen con más o menos píxeles, las vibraciones hacen que las partículas se vinculen entre sí de una u otra forma, y esto les da solidez y les da todas las cualidades que tienen las cosas. Todo esto, descrito someramente, nos da una idea muy concreta de la realidad en el mundo físico, o dicho en terminología chamánica, de la isla del tonal. ¿Pero cómo es el nagual?

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Don Juan se lo describe como todo lo que rodea a la isla del tonal, es decir, como si el mundo físico fuera una islita, no precisamente diminuta, es casi infinita, pero muy finita y muy pequeñita si la comparamos con la infinitud del nagual, el mundo invisible que rodea a la realidad física. El aprendiz de guerrero tiene la consciencia centrada en la realidad física, en la primera atención, pero debe aprender a percibir el nagual, es decir la segunda y tercera atención. Para ello se someterá a un largo y tormentoso aprendizaje, a veces terrible, a menudo infernal. Vamos pues a ver cómo es ese aprendizaje y al mismo tiempo iremos viendo los conceptos referidos al nagual, intentando hacernos una idea de cómo es.

“Al comienzo  uno tiene que hablarle al tonal. El tonal es el que debe ceder el control. Pero hay que hacerlo que lo ceda con alegría. Por ejemplo, tu tonal ha cedido algunos controles sin mucho forcejeo, porque se hizo claro que de seguir como estaba la totalidad de ti estaría muerta hoy en día. En otras palabras, se hace que el tonal abandone cosas innecesarias como el sentirse importante y el entregarse al vicio, las cuales solo lo hunden en el aburrimiento. Todo el problema es que el tonal se aferre a esas cosas, cuando debería darlas gracias por librarse de esa porquería. La tarea es entonces convencer al tonal de que se haga libre y fluido. Eso es lo que un brujo necesita antes que cualquier cosa: un tonal fuerte y libre. Mientras más se fortalece menos se aferra a sus hechos y más fácil resulta encogerlo”.

Carlos Castaneda, creo que del libro El fuego interno, no lo tengo bien anotado.

Bien, un principio básico para abrirse al nagual, es que el tonal se encoja. Para ello hay que limpiar la isla del tonal, una técnica que don Juan describe así:

“Hay que barrer la isla del tonal y mantenerla limpia. Es la única alternativa que tiene el guerrero.  Una isla limpia no ofrece resistencia, es como si allí no hubiera nada.”

Carlos Castaneda. Relatos de poder.

“La explicación de los brujos decía que la isla del tonal estaba completa y que ni un solo elemento podía quitarse de ella. El cambio no significaba eliminar nada, sino más bien alterar el uso asignado a esos elementos”.

El benefactor, que abre el huevo luminoso, y el maestro, que enseña desde el tonal trabajan al unísono, cada uno en su terreno, pero debe ser el maestro quien vaya poniendo orden en el tonal, preparándolo para que se encoja y así pueda hacer sitio al nagual que llega como un ciclón y se apodera de la consciencia. Don Juan se dedicó a esta tarea con Castaneda, al tiempo que cuando se consideraba oportuno por el benefactor, don Genero, éste aparecía, dando sustos y sobresaltos, haciendo que el tonal se encogiera y Castaneda pudiera acceder al nagual.

El concepto de barrer y limpiar la isla del tonal tiene algunas pequeñas diferencias con el concepto budista de vacío. No se trata de vaciar la isla del tonal, es decir de quitar todo lo que hay en ella, de echar fuera todo lo que hay en la metafórica casa del tonal, dejando solo cuatro paredes con un interior vacío. Como hemos visto en la última cita, la isla del tonal está completa y no puede quitarse de ella ni un solo elemento. No podemos negar la realidad física, no podemos abrir una ventana en las cuatro paredes que separan la isla del tonal del nagual, y arrojar al vacío-nagual todo lo que hay en la isla, en el interior de la casa. La realidad física es la que es, en ella hay lo que hay y está completa, no le falta ni le sobra nada, no podemos ir por ahí con una metafórica pistola laser, pulverizando todo lo que encontremos.  No se trata de destruir el tonal, es decir, no se trata de matar el cuerpo físico, acabar con él, para alcanzar el nagual. Por eso el suicida es el peor de todos los aprendices de guerrero posible, porque intenta acceder al nagual destruyendo su tonal. Este no debe ser destruido, sino “limpiado”, un concepto chamánico muy creativo y plástico. No se trata de tirar los muebles por la ventana, sino de “limpiarlos”. Y esto implica, como hemos visto, colocarlos de otra manera, es decir “alterar el uso asignado a estos elementos”. Para preparar el encuentro con el nagual hay que cambiar las cosas de sitio en la casa-tonal, no tirarlas por la ventana. Debemos asignar nuevos usos a todo lo que tenemos, desde los sentidos físicos hasta el razonamiento, la percepción de nuestro entorno debe cambiar. Eso es limpiar la isla del tonal y todo el duro aprendizaje de Castaneda con Don Juan está encaminado a esta meta, como le descubre éste último a “Carlitos” en la recapitulación que hace al final de “Relatos de poder”.

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En el budismo hacemos un vacío porque todo lo que hay a nuestro alrededor es mentira, es el velo de Maya que nos manipula y nos hace creer lo que no es verdad. El neófito busca el desapego, que nada le afecte. Este es un concepto chamánico también. Un guerrero debe alcanzar el desapego, pero mientras en el budismo se hace el vacío, en el chamanismo se “limpia” la isla del tonal. Pueden parecer conceptos muy diferentes, pero en realidad no lo son tanto. Mientras el guerrero acepta lo que hay en su casa, solo que lo cambia de sitio, el neófito budista hace desaparecer todo como un mago que escondiera en el sombrero todo lo que hay a su alrededor, pero en realidad no lo está haciendo, no hace que la sólida realidad desaparezca, sino que se sugestiona para creerlo y sugestiona a los demás, hasta el punto de que todos ven desaparecer el entorno dentro del sombrero.  Se puede decir que con un toque de magia, hemos cambiado las cosas de sitio, antes estaban frente a nosotros y ahora están escondidas dentro de un sombrero, pero no han desaparecido. Nada se crea, nada se destruye, solo se transforma, la materia en energía y la energía en materia. En realidad poco importa dónde estén las cosas, si cambiadas de sitio o desaparecidas dentro de un sombrero, porque esa no es la meta, solo es una técnica, un paso en el camino, porque lo que realmente se busca es encoger el tonal para que el nagual entre y nos apabulle, nos deslome con su infinitud.  El guerrero es poseído por al nagual y el neófito es absorbido en el nirvana o samadhi.  El océano exterior, invisible, que rodea la isla del nagual, rompe las barreras que la isla del tonal había puesto para que el mundo invisible no fuera visible para nosotros y todo entra a la vez, de pronto, el infinito en un cántaro, el océano en el hoyo que ha cavado el niño en la arena,  como diría San Agustín. Un guerrero debe estar preparado tras un duro aprendizaje para saber manejarse con el nagual o podría morir, como bien le remarca don Juan a Castaneda.

“Un susto repentino siempre encoge al tonal. El problema es aquí no dejar que el tonal se encoja más de la cuenta. Un grave asunto para un guerrero es saber cuándo precisamente dejar que el tonal se encoja y cuándo detenerlo.  Eso sí que es un arte. El guerrero debe luchar como un demonio para encoger su tonal; pero en el mismo momento en que su tonal se encoge, el guerrero debe voltear al revés la lucha, inmediatamente, para no dejarlo encogerse más”.

Todos sabemos de esos sustos repentinos que recibimos en la vida, nos diagnostican una enfermedad grave, un familiar se pone gravemente enfermo, de pronto un día nos echan del trabajo y nuestra situación económica se hace angustiosa, o puede que se encadenen una serie de acontecimientos nefastos, que por separado no nos afectarían demasiado, pero que juntos nos hacen pensar en que somos unas marionetas a merced del viento de la suerte o del capricho de fuerzas poderosas, de pronto la rutina cotidiana que muchas veces consideramos aburrida e indeseable, salta en pedazos y echamos de menos esa seguridad del día a día, cuando no pasa nada, solo las mismas cosas, cuando podemos tener la seguridad de que haciendo lo que hacemos siempre es harto improbable que ocurra ninguna desgracia. El tonal se encoge y nos invade el nagual, acaparándolo todo. De pronto nos vemos pensando que la vida es una mierda, que todo es frágil y fugaz, que lo que sentíamos era para siempre puede desaparecer en un suspiro, lo que dábamos por hecho, la buena salud, un trabajo, una situación económica y social, salta en mil pedazos. Fallece un ser querido, ya nunca volverá, ya nada será como era antes, hay un vacío infinito. El nagual toma las riendas, nos hace ver lo que siempre debimos ver, pero que nos lo ocultábamos entregándonos al vicio, como le dice don Juan a Castaneda, es decir, entregándonos a esa rutina que nos protege de lo imprevisto, del desamparo. El nagual avanza y lo arrasa todo, entonces sabemos que la vida es un sin sentido, cuando creíamos que todo estaba claro y transparente, es un milagro, cuando antes lo veíamos como la cosa más natural del mundo, es un dolor perpetuo por la pérdida de todo lo que creíamos poseer para siempre.

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Si dejamos que el tonal siga encogiéndose y que el nagual siga arrasando nos podemos encontrar, sin darnos cuenta, en una depresión profunda y desesperada, deseando la muerte, aquejados de un estado de ánimo que nos puede llevar al fin. Por eso don Juan aconseja voltear la lucha, ahora hay que intentar que el tonal recupere su sitio y que el nagual vaya retrocediendo, nos va en ello la vida. Hay que cerrar esa puerta y recuperar la isla del tonal, donde las cosas han podido cambiar radicalmente, el orden que tenían antes ya no es posible recuperarlo ahora, pero al menos estamos en nuestra islita, donde siempre hemos estado o creído estar, la que conocemos o creemos conocer tan bien. Esta lucha puede llegar a ser verdaderamente infernal, como lo saben los que han perdido a un ser querido y han tenido que luchar meses y meses con el luto, intentando recuperar el sentido de la vida sin conseguirlo. Es como si alguna entidad malévola hubiera hendido el túnel del tiempo con su espada flamígera, nos encontramos con una sima donde antes existía continuidad, la vida se divide en un antes del fallecimiento del ser querido y el después. No podemos imaginarnos cómo antes éramos tan inconscientes y tampoco podemos imaginarnos cómo podremos regresar a aquel estado de inconsciencia que nos permitía vivir. Hay que volver a cerrar la puerta, hay que regresar al tonal y olvidarnos de los devastadores efectos del nagual. Un guerrero se pasa la vida en ese precario equilibrio, su maestría consiste en saber cuándo encoger el tonal, para que entre el nagual y le permita el contacto con la otra cara del universo, y cuándo debe cerrar la puerta y refugiarse en la isla del tonal, huyendo de los devastadores efectos que genera siempre el nagual en el guerrero.

Aún nos queda mucho por analizar de estos conceptos, básicos en la filosofía chamánica. Lo iremos haciendo sin prisa y sin pausa, conscientes de que por muy duro que sea abandonar nuestros vicios, la rutina que nos acoge, un guerrero debe hacerlo porque antes o después se enfrentará con el nagual si quiere ser un auténtico guerrero y no un miembro más del rebaño de los vinculados por ese anclaje del punto de encaje en un lugar concreto, que nos permite una descripción de la vida aparentemente apacible, pero engañosa y trapacera, que puede saltar por los aires al menor golpe que recibamos.





LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XII

12 02 2017

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XII

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EL TONAL Y EL NAGUAL/SEGUNDA PARTE

Ya vimos en la primera parte unas definiciones bastante simples y cutres de lo que es el tonal y el nagual. Como le dice don Juan a Castaneda el nagual es un misterio inextricable, pero también lo es el tonal, como le dirá más adelante. Don Juan admite sin tapujos haber mentido, engañado y manipulado a Castaneda. En Relatos de poder, cuando hace una recapitulación exhaustiva de lo que han sido sus enseñanzas y la iniciación de Carlos como guerrero impecable, le confiesa no haberle dicho toda la verdad y haberle manipulado cuando era preciso. Se disculpa diciendo que nadie aceptaría convertirse en guerrero sin un “empujoncito” sin haber sido engañado de alguna manera para dar los primeros pasos. La iniciación requiere misterio, ocultamiento de verdades, manipular al iniciado para llevarle por caminos que él nunca elegiría a sabiendas. Esto estuvo claro para Castaneda desde el principio en cuanto al tema del nagual, sus vanos intentos de racionalizarlo solo lograron provocar la risa de don Juan. Pero lo que no se esperaba Carlos era que también el tonal fuera tan misterioso, incomprensible e inextricable como el nagual.  La isla del tonal está regida por la razón, por lo tanto, piensa Castaneda, todo tiene que ser razonable, ordenado, todo tiene que tener una explicación. Pero no es así, como dice don Juan, el tonal es algo tan misterioso como el nagual. Podemos hacernos una falsa idea de que en el tonal, en el mundo físico, material, visible, todo está en orden, todo sigue unas determinadas reglas, todo puede ser explicado, sino ahora, con el tiempo. Nada más incierto. La vida es algo misterioso como no se cansa de repetir don Juan. Todos sus esfuerzos como maestro están dirigidos a presionar el mundo racional del tonal para que la razón se refugie en un rinconcito y atraiga hacia ella todo lo que hay en el tonal, todos los enseres y posesiones, digámoslo así, para que de esta forma la razón se sienta acorralada, comprimida y deje espacio para que surja el nagual. Sin embargo esto no significa que en el tonal todo esté en orden. El misterio continúa.  Podríamos hacernos una idea  de cómo funciona todo esto si lo comparamos con las grandes leyes físicas del mundo material en contraposición con las sorprendentes e inexplicables leyes que rigen el universo cuántico. Ambos forman parte del tonal, ambos pertenecen al mundo físico, y sin embargo pocas cosas son más misteriosas que las leyes que rigen el mundo cuántico.

La tarea del maestro es limpiar y ordenar la isla del tonal para que el benefactor pueda hacer surgir el nagual. Don Genaro, el benefactor de Castaneda, a quien éste tiene verdadero terror, como a las apariciones del nagual, le da unos sustos tremendos al pobre de Carlitos, haciendo cosas imposibles que golpean su razón sin piedad. Cada surgimiento del nagual es un riesgo de muerte, es una aventura en un universo misterioso y peligroso. ¿Cómo debe enfrentarse uno al nagual?

“Cuando uno está tratando con el nagual nunca hay que mirarlo de frente. La única manera de mirar al nagual es como si fuera cosa común. Uno tiene que pestañear para romper la fijación. Nuestros ojos son los ojos del tonal o quizás sería más exacto decir que nuestros ojos han sido entrenados por el tonal, por eso el tonal los reclama. Una de las fuentes de confusión es que tu tonal no te suelta los ojos. El día que lo haga tu nagual habrá ganado una gran batalla. Tu obsesión, o mejor dicho, la obsesión de todos nosotros es arreglar el mundo según las reglas del tonal. Así, cada vez que nos enfrenta el nagual, hacemos lo imposible por volver nuestros ojos tiesos e intransigentes, debo apelar a la parte de tu tonal que entiende este dilema, y debes hacer un esfuerzo para liberar tus ojos. La cosa es convencer al tonal de que hay otros mundos que pueden pasar frente a las mismas ventanas…Con que deja que tus ojos sean libres; déjalos ser verdaderas ventanas. Los ojos pueden ser ventanas para contemplar el aburrimiento o para atisbar aquella infinitud”.

Relatos de poder. Carlos Castaneda.

Es increíble lo bien que se adapta esta explicación a los problemas que surgen al intentar desarrollar el tercer ojo. En el budismo, en el yoga mental, específicamente, hay unos ejercicios con los ojos que tienen por fin ayudar al desarrollo del tercer ojo. En estos ejercicios movemos los ojos de todas las maneras posibles, en uno de ellos hacemos que ambos ojos se fijen en la punta de la nariz, generándose una distorsión en la mirada que se dobla, que se duplica. Todo este trabajo, aparentemente ridículo, tiene por objeto dejar libre la mirada, los ojos. Como bien le dice don Juan a Castaneda, el tonal, es decir, el mundo visible es quien controla los ojos de carne, ha sido entrenado para eso y resulta casi imposible convencer al tonal de que deje libres esos ojos, como ventanas, para ver lo que pasa ante ellos.

En mi experiencia personal en el desarrollo del tercer ojo, he observado, pasmado y aterrorizado, lo difícil que es dejar que el tercer ojo campe por sus fueros, permanecer pasivo, como si estuvieras delante de una ventana, dejando que pase ante ella lo que sea, dejando que los ojos se muevan en la dirección que les parezca oportuno. El miedo, el terror, a que frente a esa ventana pase algo que no podamos controlar, algo que nos descubra algo que no queremos descubrir, algo que nos muestre una parte de la vida o de nosotros mismos que no queremos saber a ningún precio, hace que los ojos se pongan rígidos, como bien dice don Juan. He observado que cuando a través del tercer ojo comienzo a ver algo que no quiero ver, algo que me aterroriza, mi propia muerte, una escena del futuro que no quiero conocer, algo sobre los demás que prefiero permanezca oculto para siempre, los ojos físicos, de carne, se ponen rígidos, permanecen mirando al frente como si algo los sujetara, una especie de argollas de hierro que como esposas sujetan nuestros ojos lo mismo que las esposas del policía sujetan las manos del delincuente. La nuca se me pone tensa, rígida, los ojos no se desvían ni un ápice del punto que han elegido. Así puedo permanecer minutos y minutos, hasta que la visión que rechazo desaparece, hasta que el dolor en la nuca, en las cervicales, el dolor de cabeza, se vuelve insoportable. El tonal lucha desesperadamente por no perder el control sobre los ojos, sobre la mirada, lo que vemos, lo que deseamos ver pertenece al tonal, ha sido entrenado para ello, es el amo de nuestra visión y no cederá sino a golpes, a terribles golpes que lo dejen fuera de combate. Es por eso que el nagual solo surge cuando el tonal está comprimido, acurrucado en el rincón de la isla del tonal, con la razón a su lado, intentando poner orden en todo, intentando encontrar explicaciones a todo. Cuando sufrimos un trauma, cuando la vida nos golpea con una tragedia terrible, entonces el tonal se acurruca, la razón se pone en pie de guerra, dispuesta a luchar contra todo lo que venga a desarbolar sus sólidos andamiajes.  Es por eso que sufrimos tanto con la muerte de un ser querido, con un accidente físico que puede dañar seriamente el tonal, con algún evento que nos va a privar de lo que nos sostiene en el tonal, un trabajo fijo, unas relaciones afectivas, un plácido y rutinario discurrir de los días. Cuando nos golpean y ponen patas arriba nuestras vidas, el nagual surge y nos aterroriza. Aunque no hayamos desarrollado ni un ápice el tercer ojo, aunque no sepamos siquiera que existe, aunque cerremos los ojos de carne y solo veamos oscuridad, la cabeza adopta una posición rígida, la nuca se tensa con terrible fuerza, miramos al frente, a un punto concreto y allí permanece nuestra mirada con empecinamiento, con testarudez inaudita, no queremos que nadie nos saque de ese ensimismamiento. Muchas veces observamos cómo personas que han sufrido un gran trauma permanecen con el cuello rígido, la mirada clavada en un punto frente así, parecen abstraídas, en Babia, fuera de sí, como meditando, están lejos de nosotros, del mundo físico. Cualquier esfuerzo por nuestra parte por sacarles de ese estado obtiene una respuesta agresiva, incluso violenta. Su tonal, la sabiduría de su cuerpo sabe, que está a punto de surgir el nagual, que el tonal va a perder el control de los ojos y que lo que pueden llegar a ver frente a esa ventana es algo terrorífico. No están dispuestos a pasar por eso y harán lo que esté en su mano para impedirlo. En esos estados, que todos hemos vivido alguna vez en la vida, sabemos que ocurren cosas inexplicables, de pronto intuimos que algo espantoso nos va a pasar en el futuro, que un ser querido nos va a dejar, encontramos que la vida no tiene sentido, caemos en el abismo de la desesperación, deseamos morir y olvidarnos de todo. Son los efectos terroríficos del nagual, es la férrea resistencia del tonal a ceder el control. No queremos saber nada de nuestro futuro o del futuro de los demás, no queremos convertirnos en médiums, no queremos desentrañar intimidades ocultas de los otros, no queremos que nuestro mundo racional se derrumbe. Estamos muy bien como estamos, viviendo la vida como la hemos vivido siempre, encontrando razones para todo, sabiendo que hay explicación para todo lo que nos sucede, sabiendo que el tiempo pasa de una determinada manera, que al día sigue la noche, que mañana tenemos que ir a trabajar, que saldremos, que veremos gente, que comeremos, que beberemos, que ocurrirán cosas que tienen sentido porque el tonal lo controla todo.

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Los que hemos vivido experiencias cercanas a la muerte sabemos muy bien cómo es ese terror que aparece de pronto, nos golpea en el plexo solar, nos deja sin respiración; cómo es esa angustia infinita que no podemos controlar, cómo de pronto perdemos el control, sobre nosotros, sobre nuestras vidas, sobre los demás, cómo la vida que antes parecía algo tan sólido y claro deja de tener sentido. Los que hemos vivido esas experiencias sabemos que ese terror no tiene comparación, por eso deseamos morir y al mismo tiempo nos aterroriza la muerte, por eso la vida pierde sentido y sin embargo deseamos seguir viviendo, por eso sabemos que ya nada será como era antes, todo se ha derrumbado. Luego podemos dejar que pase el tiempo e intentar recuperar lo perdido, cómo éramos, cómo eran nuestras vidas, las relaciones afectivas, el mundo de la vida cotidiana. Todo es inútil. Cuando el nagual aparece lo trastoca todo, siembra el terror en nuestras vidas, hace trizas la razón, estamos indefensos frente a la infinitud.  Por eso se habla de síndrome postraumático para explicar lo que les ocurre a las personas que acaban de sufrir una tragedia, un accidente de avión, de coche, han visto la muerte de cerca, han perdido seres queridos, necesitan apoyo psicológico. De pronto su ordenado mundo de la isla del tonal se viene abajo, aparece la muerte, siempre inexplicable, el tonal pierde el control sobre la mirada y frente a la ventana aparecen escenas inauditas, recuerdos escondidos del pasado, rincones ocultos de nuestra intimidad, relámpagos deslumbrantes que alumbran las conductas de los que han muerto.  La vida deja de tener sentido, ya no queremos seguir viviendo, ya no queremos levantarnos de la cama, hacer las estúpidas cosas que hacíamos antes, ya no nos consuela el apocado afecto de nuestros seres queridos, sentimos una inexplicable y vomitiva repugnancia hacia la hipocresía de los demás, mientras nos dicen que todo volverá a ser como era antes, cuando nos dicen que este momento pasará, cuando nos dicen que es comprensible nuestro desconcierto y que cuando pasen unos meses volveremos a ser los mismos. No es cierto y lo sabemos. Nuestro mundo se ha derrumbado, nuestras vidas han cambiado para siempre. Entonces intentan explicar nuestras conductas como si fuera producto del síndrome postraumático, el cerebro ha sufrido un gran impacto, la química cerebral se ha descontrolado, pero eso volverá a su ser, solo hay que dejar pasar el tiempo, tomar una medicación que nos calme, sentir a nuestro lado la compañía de quienes no han sufrido la tragedia y no pueden comprendernos, escuchar sus palabras melosas y sin sentido.

Los que hemos vivido esas experiencias sabemos que todo cambia y que jamás nada de lo que hemos vivido volverá a ser igual. Como bien dice don Juan, cuando un guerrero sufre la primera experiencia del nagual nunca volverá a ser el mismo, la vida que llevaba antes le parecerá rutinaria, aburrida, sin sentido. Es por eso que un aprendiz de guerrero es cuidadosamente preparado para enfrentarse a la aparición del nagual, tanto por el maestro como por el benefactor. Saben muy bien que un aprendiz que no está preparado puede morir al enfrentarse por primera vez al nagual, lo mismo que sabemos que una tragedia espantosa en nuestras vidas, la pérdida de seres queridos, la visión apocalíptica de cadáveres sembrando el terreno tras un accidente de aviación, puede hacer perder la razón y hacer que los testigos puedan sufrir un infarto y morir.

No se debe mirar de frente al nagual, enfrentarle, nos puede matar. En mis experiencias con el tercer ojo sé que estuve a punto de morir cuando quise enfrentarme a lo que estaba ocurriendo con todas mis fuerzas, controlarlo, vencerlo. Fuera lo que fuera, demonios que me tentaban, entidades que me forzaban a ver el futuro, poderes incomprensibles que se apoderaban de mí y querían hacerme vivir determinadas experiencias, visiones apocalípticas del futuro de la humanidad frente a la ventana…yo quería controlarlos, vencerlos, y el corazón se ponía a galopar y sentía que iba a sufrir un infarto, y todo el cuerpo parecía desmoronarse. Me quedaba rígido, sin respiración, y la mirada quedaba clavada en un punto hasta que todo iba pasando. Con el tiempo aprendí que es mejor permanecer pasivo, dejar que lo que tenga que suceder ocurra, ver lo que nos muestran a través de la ventana, sea lo que sea, dejarnos llevar por experiencias inauditas, incluso por el terror, que enfrentar al nagual como a un enemigo. En Relatos de poder resulta hilarante la escena en la que don Juan le pide a Castaneda que se despoje de la ropa antes de vivir una experiencia con el nagual. Cuando este se extraña y le pregunta la razón, don Juan se echa a reír, le recuerda lo que ocurrió la vez anterior cuando se enfrentó al nagual y llevaba toda la ropa encima. Castaneda recuerda y se siente avergonzado, porque en efecto, se lo hizo encima y sus ropas se convirtieron en despojos inservibles. Por eso alguien que va a morir puede vaciar sus esfínteres, su vejiga, se lo hace todo encima. El nagual tiene estos efectos, nos vacía de todo, nos quita la razón, nos aterroriza.  Hay que dejar los ojos libres, obligar al tonal a que ceda el control.

“Cuando estés en el mundo del tonal deberás ser un tonal impecable; ahí no hay tiempo para porquerías irracionales. Pero cuando estés en el mundo del nagual también deberás ser impecable; ahí no hay tiempo para porquerías racionales. Para el guerrero la intención es la puerta de en medio. Se cierra por completo detrás de él cuando va o cuando viene.”

Relatos de poder. Carlos Castaneda.

Aún seguiremos en otros capítulos con el tema del tonal y el nagual, un concepto tan importante, tan básico en la filosofía chamánica que sin un mínimo de comprensión de estos conceptos el resto permanecerá en la oscuridad más absoluta.

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XI

22 09 2016

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XI

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EL TONAL Y EL NAGUAL I

Dentro de la filosofía chamánica de Castaneda, de las enseñanzas de don Juan, estos conceptos tal vez sean los más profundos y también los más misteriosos e inextricables. La dualidad forma parte de todas las filosofías esotéricas conocidas, de todas las filosofías orientales, de la vida misma. El día y la noche, lo femenino y lo masculino, la vida y la muerte, el bien y el mal, son caras de la misma moneda, la totalidad de la existencia. Sin embargo nunca encontré un concepto tan amplio, tan profundo y a la vez tan misterioso.

¿Qué es el tonal?

“Nuestro ser total consiste en dos segmentos perceptibles. El primero es nuestro cuerpo físico que todos podemos percibir; el segundo es el cuerpo luminoso, es un capullo que solo los videntes pueden percibir y que nos da la apariencia de gigantes huevos luminosos”.

El Don del Águila

Carlos Castaneda

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En el budismo se habla de diversos cuerpos hasta llegar al cuerpo causal o alma, que de alguna manera se relacionan con los siete chakras más importantes. La simplificación que hace la filosofía chamánica de don Juan va más allá de cuerpos y entidades, es un dualismo global y totalizador. Aunque la definición de arriba parece concretar el tonal en el cuerpo físico, en otros párrafos de otros libros se matiza mucho más esta definición. Así en Relatos de poder don Juan habla de la isla del tonal, una isla en medio de un océano infinito que sería el mundo invisible. El tonal sería entonces todo el mundo visible, no solo el cuerpo físico sino todo aquello que el cuerpo físico puede percibir y que está unido de alguna manera, que está vinculado con el resto del mundo material. La isla del tonal es tan extensa como el Cosmos físico, como el universo, es decir se podría decir que también es infinita, pero nada en comparación con el universo infinito del nagual.

No he encontrado vinculaciones de este concepto con otros también duales como la conciencia del lado derecho y la conciencia del lado izquierdo, aunque parece que es la conciencia del lado derecho la que percibiría el tonal y la del lado izquierdo el nagual. En cuanto a las atenciones, parece que la primera atención estaría fijada a la isla del tonal mientras que las otras dos formarían parte de la percepción del nagual. Según se expresa don Juan ambos mundos estarían separados por un abismo infranqueable, o mejor dicho, se comunicarían por una puerta que el guerrero cierra al pasar al otro lado y su conciencia ya no puede retener lo que dejó atrás. Sería algo parecido al mundo de los sueños y el de la vigilia, ambos parecen incompatibles, si sueñas no estás despierto y si estás despierto no sueñas, pero no es exactamente así, puesto que don Juan habla de que un guerrero debe ensoñar despierto, es decir, debe mantenerse consciente en ambos mundos a la vez. En cambio cuando uno pasa del tonal al nagual la puerta se cierra y la memoria y la consciencia del tonal desaparecen. Hay una gran diferencia entre el guerrero que ensueña en estado de vigilia y el guerrero que pasa del tonal al nagual o del nagual al tonal, éste último concepto parece estar relacionado con la figura del doble. Un guerrero nunca sabe dónde está su doble ni lo que está haciendo, y sin embargo el doble, según don Juan se ha creado en el mundo del ensueño. Parece existir una cierta contradicción porque si un guerrero puede y debe ensoñar en estado de vigilia debería ser consciente de lo que hace su doble. Esto solo se explica si consideramos que aunque el doble haya sido creando mediante un largo trabajo en el mundo del ensueño, una vez creado formaría ya parte del nagual y por lo tanto nunca podría estar bajo el control del tonal.

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En la isla del tonal estaría todo lo existente en el mundo físico, incluso aquello que no conocemos y que aún es un misterio para nosotros. Estarían nuestros cuerpos físicos y todo aquello que ellos pueden percibir y con lo que están vinculados. Nuestro cuerpo físico puede percibir otros cuerpos físicos, las cosas materiales que nos rodean, todo el universo físico, aunque aún no haya sido descubierto y percibido por nuestros sentidos. Las reglas del tonal serían las reglas que gobiernan el mundo de la materia, el universo físico. Estaríamos sujetos a ellas y no podríamos quebrantarlas de ninguna forma. Cuando pasamos al nagual, cuando atravesamos la puerta, ésta se cierra y lo que es el tonal, lo que somos en el tonal, lo que hacemos allí, queda al otro lado, separado por un abismo infranqueable. De esta manera un guerrero no recuerda lo que es y lo que hizo en el tonal estando en el nagual y a su vez no recuerda lo que es y lo que hizo en el tonal cuando está en el nagual.

Apurando mucho la comparación podríamos decir que el tonal sería la materia y el nagual la antimateria y lo mismo que cuando ambas, materia y antimateria, se tocan en el mundo físico se produciría una terrible explosión desintegradora, cuando el  tonal y el nagual se encuentran el nagual podría producir la muerte del tonal, como se lo dice expresamente don Juan a Castaneda. Cuando un guerrero no tiene suficiente poder el encuentro con el nagual puede producirle la muerte, es por eso que Castaneda es preparado tan meticulosamente para este momento, don Juan lo prepara desde el tonal y don Genero desde el nagual, a través de experiencias tan demoledoras que Castaneda debe ser rescatado varias veces de una muerte segura.

Mis conocimientos de física son muy pobres pero creo que hay una cierta conexión entre estos conceptos y los de materia y antimateria o materia y materia oscura. Parece que ambas no pueden convivir, cuando se encuentran se produce la explosión demoledora. Es por eso que Castaneda no puede abrazar a don Genero cuando éste es el nagual, está en el mundo del nagual. Ambos, siempre tan divertidos, con un sentido del humor verdaderamente terrorífico, le gastan bromas a Castaneda. En una ocasión, tras haber presenciado las increíbles proezas de don Genaro como nagual don Juan le toma el pelo y le dice que abrace a don Genaro, Castaneda se queda paralizado después de haber escuchado que no se puede abrazar al nagual y sin embargo consigue abrazarle, está claro que don Genaro en forma de nagual ha desaparecido y ahora es don Genaro en forma de tonal a quien sí puede abrazar como podría hacerlo con cualquier otro cuerpo físico.

No he conseguido diferenciar muy bien los conceptos de nagual y de doble. Tampoco Castaneda puede abrazar al doble de don Genaro, pero don Juan es muy cuidadoso a la hora de diferenciar cuándo está actuando el doble de don Genaro y cuándo éste es el nagual. Me gustaría pensar que el tonal es el cuerpo físico y el nagual el cuerpo astral, lo mismo que el doble, existiría un cuerpo físico que somos nosotros en el mundo material y un cuerpo astral, que sale del físico y se convierte en nuestro doble. El cuerpo astral es invisible al ojo humano y no puede ser abrazado por un cuerpo físico. Nuestro cuerpo físico se mueve en la isla del tonal, sujeto a las reglas que existen en el tonal, y de la misma manera que no conoce toda la isla el nagual sería el cuerpo astral que se mueve sujeto a las normas que existen en el mundo del nagual y que tampoco conoce todo el universo nagual. Pero como veremos en la filosofía chamánica los conceptos de tonal y nagual no son equiparables a cuerpo físico y cuerpo astral y el concepto del doble es tan misterioso que no se consigue distinguirlo del nagual y don Juan no da ninguna explicación en este sentido.

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El paso del uno al otro es tan complejo que don Juan lo describe en largas parrafadas muy matizadas. Para conseguir pasar del tonal al nagual un guerrero debe seguir un duro aprendizaje en el que participan un maestro, que es el que se encarga de todo lo referente al tonal y que en el caso de Castaneda es don Juan y un benefactor que se ocupa de todo lo referente al nagual, que en este caso es don Genaro. El aprendiz suele llevarse muy bien con el maestro que se encarga de su tonal pero siente un terror indescriptible ante su benefactor.  Es lo que le ocurre a Castaneda quien tiene una relación muy fluida con don Juan y en cambio siente pánico, “se va por la pata abajo”, cuando aparece don Genaro. Cuando Carlos pregunta ambos, don Juan y don Genaro, no tienen inconveniente en hablar de ello. Si bien con un discípulo concreto no pueden actuar a la vez como maestro y benefactor, de ahí que ambos se intercambien papeles con sus discípulos, si don Juan es maestro con Castaneda es benefactor con Eligio, discípulo de don Genaro, de quien éste es maestro. La explicación de por qué no pueden ser las dos cosas a la vez con un mismo discípulo y sin embargo sí son capaces de actuar como maestros y benefactores con diferentes discípulos no está muy clara, imagino que no puedes ser amigo y maestro de alguien y al mismo tiempo ser una figura terrorífica para él.

Pero vayamos a un importante párrafo en el que don Juan explica cómo un guerrero debe trabajar el tonal, limpiar la isla del tonal, para que el surgimiento del nagual no acabe con él. Este es el párrafo:

“Al comienzo uno tiene que hablarle al tonal. El tonal es el que debe ceder el control. Pero hay que hacerlo que lo ceda con alegría. Por ejemplo, tu tonal ha cedido algunos controles sin mucho forcejeo, porque se hizo claro que de seguir como estaba la totalidad de ti estaría muerta hoy en día. En otras palabras, se hace que el tonal abandone cosas innecesarias como el sentirse importante y el entregarse al vicio, los cuales solo lo hunden en el aburrimiento. Todo el problema es que el tonal se aferra a esas cosas cuando debería dar las gracias por librarse de esa porquería. La tarea es entonces convencer al tonal de que se haga libre y fluido. Eso es lo que un brujo necesita antes que cualquier cosa; un tonal fuerte y libre. Mientras más se fortalece, menos se aferra a sus hechos y más fácil resulta encogerle”.

Este último concepto “encoger el tonal” es de una extremada importancia en la iniciación al nagual que lleva a cabo el benefactor.  No es otra cosa, como veremos en otro párrafo, que recibir el correspondiente “susto” que hace que nuestra razón, nuestra lógica, nuestra mente cuadriculada, se encojan, amedrentadas ante lo que se les viene encima, y dejen el control, el mando al nagual. Estos “sustos” no son otra cosa que las experiencias terribles de la vida, al menos así las consideramos nosotros.  Perder a un ser querido es uno de esos sustos, o sufrir un grave accidente que erosiona gravemente nuestro cuerpo físico y cambia nuestra vida, o perder un trabajo cuando habíamos cimentado todo nuestro futuro en él, o entregarnos a una relación de pareja con tal pasión y abandono que cuando se produce la ruptura y la perdemos tenemos la sensación de haberlo perdido todo. Es por eso y no por otra cosa que un guerrero debe ser impecable, debe alcanzar el desapego más absoluto, debe perder toda su importancia personal y debe dejar de entregarse al “vicio”, un concepto muy llamativo y divertido de don Juan. Éste le dice repetidas veces a Castaneda que deje de entregarse al vicio cuando quiere racionalizarlo todo, cuadricularlo, cuando necesita explicarse todo, absolutamente todo lo que le sucede,  cuando se siente un desgraciado porque no consigue ser un buen guerrero y las cosas mundanas le preocupan, cuando tiene dudas, cuando mira hacia el pasado, cuando quiere a toda costa aferrarse a su mundo anterior, a lo que él era antes de conocer a don Juan e iniciar el camino del guerrero. Este entregarse al vicio es el gran obstáculo del guerrero cuando se enfrenta con el nagual y es por eso que debe limpiar la isla del tonal, perder la importancia personal, alcanzar el desapego absoluto, porque cuando llegue el “susto”, un acontecimiento de la vida que va a desmantelar toda la cuadrícula que tan trabajosamente él se había creado, el encuentro con el nagual, al encogerse el tonal, le puede producir la muerte.

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Este encogimiento del tonal y la aparición del nagual se podría comparar a lo que sucede cuando un cántaro es llenado de diferentes líquidos, agua, vino, aceite, etc cada uno tiene sus propiedades y se comporta de forma diferente, pero todos caben en el cántaro, es algo natural. Sin embargo la aparición del nagual sería como si ese cántaro fuera vaciado del líquido que contiene –encogimiento del tonal- y en ese vacío limitado pretendiera introducirse todo el universo infinito. Tan solo imaginar lo que podría suceder pone los pelos de punta, el cántaro, nosotros, saltaríamos en pedazos infinitos ante una fuerza tan poderosa. El nagual no puede aparecer a pedacitos, dando pequeños “sustitos”, cuando aparece lo hace en toda su inmensidad infinita, con todo su poder. De ahí que un guerrero necesite ser impecable, no estar apegado a nada, ni entregarse a sus vicios, porque todo eso hace que el cántaro sea limitado y toda limitación podría producir la muerte del guerrero al entrar el nagual con toda su fuerza infinita.  Es por eso que el guerrero debe ser impecable y flexible, desapegado, humilde, no porque de esa manera le van a ir mejor las cosas en la vida, va a ganar muchas batallas y alcanzar mucho poder, sino porque la meta de un guerrero es la libertad y solo se puede ser libre en el nagual, fuera de la limitada isla del tonal.  Un guerrero se prepara y lucha toda su vida para alcanzar la libertad, la verdadera libertad, no para que la vida le vaya bien o para ganar muchas batallas frente a muchos enemigos y sentirse fuerte, y para ello debe alcanzar el nagual. No hay otra salida, a pesar del pánico, del terror que provoca esta experiencia.

Este tema es tan importante que le voy a dedicar varios capítulos, pero antes de finalizar éste me gustaría hacer una disquisición comparando lo que le sucede al guerrero que se enfrenta al nagual de lo que le ocurre al enfermo mental. Resulta curioso cómo hay muchas cosas en común. En realidad un enfermo mental no es otra cosa que un aprendiz de guerrero que  carece de maestro de tonal, de benefactor, de preparación, que no ha limpiado la isla del tonal, que está apegado a demasiadas cosas, que no ha perdido la importancia personal, al contrario es excesiva, desmesurada, que no es humilde, que se entrega constantemente a sus numerosos vicios. Cuando un aprendiz de guerrero con estas limitaciones, estos terribles defectos, se enfrenta al nagual lo menos que puede pasarle es que se vaya por la pata abajo. Resulta muy divertida la anécdota que le cuenta don Juan a Castaneda cuando éste le pregunta por la razón de que le tenga tanto miedo a don Genaro. Al parecer don Juan dejó, por despiste, su sombrero en casa de don Genaro y cuando Eligio, el aprendiz de don Genaro, entró a la casa y lo vio se fue “por la pata abajo”. No sabemos muy bien si esta expresión es metafórica o real, pero sí sabemos lo que Castaneda nos cuenta al respecto sobre su miedo a don Genaro, dice literalmente “que se le aflojaba el vientre”  y en más de una ocasión tras alguna experiencia con don Genaro, como benefactor que intenta introducirle al nagual, tiene que esconderse tras unos arbustos, todos imaginamos a qué.

Una de las características más llamativas de una persona con enfermedad mental es ese miedo constante, erosionante, implacable, que nos hace andar por la vida como pisando huevos, en expresión que me gusta mucho emplear cuando hablo de la forma de caminar por la vida de un enfermo mental. Tenemos miedo de todo, de lo que nos ha pasado, de lo que nos está ocurriendo en este momento, de lo que nos pasará mañana. Nos dan miedo las otras personas, nos da miedo el tiempo, viajar o quedarnos en un mismo lugar, nos da miedo intentar sobrevivir y nos da miedo entregarnos. Una de las experiencias más tristes que puede vivir una persona es sentir muy de cerca ese miedo de una persona con enfermedad mental, es contagioso, es descorazonador, se nos cae el alma a los pies. En realidad estamos presenciando el terror que sentiría un guerrero mal preparado ante la llega del nagual.

No es de extrañar que el brote o el afloramiento de muchas enfermedades mentales se produzca cuando el futuro enfermo acaba de sufrir un “susto” una experiencia terrible, dramática en su vida. Así hay personas que caen en una profunda depresión de la que ya nunca salen cuando se muere un ser querido al que estaban muy unidos. Otras, que se creían incombustibles, se vienen abajo tan solo con perder un trabajo en el que habían puesto todas sus esperanzas. Hay quienes ya nunca son los mismos tras una ruptura sentimental  y su deterioro acaba por convertirles en auténticos enfermos mentales. Es el famoso susto que encoge el tonal y cuando el nagual aparece con todo su terrorífico poder el guerrero no preparado sucumbe. No es de extrañar que las personas con enfermedad mental no dejemos de hablar de la muerte que parece presidir nuestras vidas, es como buscar una salida para que el nagual no nos destroce, es como abrir un agujero en el cántaro para que la entrada del nagual tenga una salida, aunque sea pequeña, a su infinitud. Los enfermos mentales deseamos morir para librarnos de la angustia y el sufrimiento infinitos que no son otra cosa que la aparición del nagual en la vida de un aprendiz de guerrero que no ha limpiado su isla del tonal y se encuentra con que sus apegos, su desmesurada importancia personal, ese entregarse cada momento del día a sus vicios, le llevan a no poder soportar el encuentro con el nagual y a desear la muerte como una liberación.

Como veo que esta disquisición da para mucho voy a terminar este capítulo y seguiremos en el siguiente.

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN X

17 05 2016

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN X

COMPRIMIR EL TIEMPO

Un guerrero comprime el tiempo. Esto le dice don Juan a Castaneda, y éste, como siempre se queda con la boca abierta y totalmente desorientado. ¿Qué es comprimir el tiempo? Se podría pensar que se trata de ser feliz, porque cuando uno es feliz, se divierte, parece que el tiempo transcurriera más deprisa, al contrario de lo que sucede cuando uno sufre, cuando uno está en el lecho del dolor, que el tiempo parece no pasar nunca.

¿Para qué necesitaría un guerrero comprimir el tiempo? No para disponer de más tiempo, porque como ya le ha dicho don Juan en otras ocasiones, el tiempo de un guerrero está tasado, sabe que la muerte está tras de él, con su mano derecha en su hombro izquierdo. Un guerrero sabe que no dispone de tiempo, que la muerte se lo puede llevar en cualquier momento. ¿Entonces a qué se refiere don Juan cuando habla de comprimir el tiempo?

Un guerrero no busca tener más tiempo disponible para hacer sus cosas, cumplir su misión. Un guerrero no tiene misión alguna que cumplir, no tiene que “hacer sus cosas”, un guerrero hace lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo, vive el presente, no hace planes para una vida futura que no está en su mano. Comprimir el tiempo tiene mucho que ver con la intensidad con la que se vive. Como hemos visto en la metáfora de la muerte, que don Juan utiliza con mucha frecuencia, cuando uno sabe que no tiene poder sobre la muerte, que no está en su mano el tiempo que ha de vivir, entonces vive la vida con intensidad máxima, con absoluta concentración. Cuando uno sabe que puede morir al segundo siguiente, no se anda con chiquitas, cada segundo es precioso, todo lo que hace adquiere una importancia y una intensidad inauditas. Esto es lo que da una extraordinaria fortaleza al guerrero, saber que todo está perdido, que nada es suyo, que no dispone de nada, ni siquiera de tiempo de vida. Cada una de sus actos se convierte en impecable, en diamantino, no está contaminado por el apego, por el interés, por metas sin sentido, como conseguir dinero, alcanzar el poder, apegarse a seres queridos. Cuando la muerte está detrás, con su mano en tu hombro, nada de esto es importante. Las personas que hemos tenido la desgracia de vivir experiencias cercanas a la muerte, que hemos estado a punto de morir, que hemos sido absolutamente conscientes de que si no ocurría un milagro íbamos a morir, sabemos muy bien de qué habla don Juan. Esta experiencia cambia una vida, cambia la consciencia de ser, lo cambia todo. Tras mis experiencias cercanas a la muerte, porque han sido varias, toda mi vida cambió. No podía entender cómo las demás personas hacían proyectos, planificaban sus vidas, como si tuvieran seguro que al día siguiente seguirían vivos, en su trabajo, con sus seres queridos. Cuando uno tiene una experiencia cercana a la muerte ya no es capaz de seguir pensando que la muerte es solo una teoría, que sí, que moriremos algún día, pero este día está tan lejano que solo puede pensar en ello si su fantasía es muy viva y es capaz de representarse un acontecimiento futuro con toda intensidad.

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La experiencia cercana a la muerte es lo más próximo que encuentro a comprimir el tiempo, a la actitud del guerrero impecable, que hace todo como si “realmente” la muerte estuviera tras de él, con la mano en su hombro, porque es que “realmente” es así. A todos nos afectan las muertes de niños, las muertes imprevisibles de personas jóvenes que tienen un accidente imprevisto, imprevisible. Todos pensamos que eso les ocurre a los demás, que es una estadística muy baja, que hay muertos en accidentes de tráfico, pero son pocos y no tiene por qué ocurrirnos a nosotros; que a veces un avión cae y mueren todos, pero estadísticamente es muy improbable. Es un engaño que nos ayuda a vivir. Como don Juan le dice en otro momento, las personas normales tienen sus propios escudos, sus propias estrategias para enfrentarse al gran misterio de la vida y no perecer, y una de ellas, la más importante, es creer que su vida está garantizada, que la muerte está muy lejana y ya habrá tiempo de pensar en ello. En cambio el guerrero no dispone de ese escudo, se ha quitado la venda de los ojos y ve el misterio en todo su monstruoso terror. Tras mi última experiencia cercana a la muerte viví esta caída de la venda de los ojos, este caerse el escudo que me protegía del misterio, y tuve que enfrentarme a una nueva vida, con la mano de la muerte en mi hombro izquierdo. Fue algo literal, creo que a esto ahora lo llaman los efectos del síndrome postraumático. Es decir, sufres una experiencia terrible, estás a punto de morir, o tus seres queridos mueren en una catástrofe terrible e impredecible, o sucede cualquier otra cosa que nos deja en nuestro lugar sin importancia, no somos nada. No somos nada es una frase que yo escuchaba muchas veces en los entierros familiares. Venían a dar el pésame y ponían una cara muy larga, muy triste, para decir aquello de “no somos nada”. Pero tú sabías que ellos lo decían con la boca chica, que se habían preparado la interpretación, que eran pésimos actores. Porque a ellos no se les había muerto un ser querido, porque ellos no habían estado a punto de morir y se habían salvado de milagro. Pero de alguna manera inconsciente imitaban la actitud del guerrero, ese “no somos nada”.

Ese síndrome de que hablan ahora no es otra cosa que la caída de la venda, entonces te enfrentas al misterio con toda su intensidad, como don Juan le dice a Castaneda que debe enfrentarse el guerrero al Águila. Las emanaciones del Águila son tan poderosas, tan compulsivas, que un guerrero en solitario suele perecer, a no ser que sea un guerrero formidable, por eso aconseja que se junten los guerreros para ver la verdadera cara del Águila, de otra forma perecerán. De ahí también ese pequeño ejército, conformado por el nagual y sus guerreros. Recuerdo que durante meses yo era incapaz de ver las cosas cotidianas como antes, en cualquier momento puedo morir, pensaba, por qué entonces voy a preocuparme de ahorrar dinero, de hacer planes, de pensar que mis seres queridos estarán siempre conmigo. Fue una experiencia única, estremecedora, cuando te ocurre, o pereces, te suicidas, te dejas morir, te vuelves loco, o te conviertes en un guerrero. Es lo que me ocurrió a mí, aunque tuvieron que pasar años y toda clase de desgracias para que aquella experiencia cobrara todo su valor.

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UN VIAJE EN TREN

Imaginemos un viaje en tren. Tenemos que ir de una estación a otra, donde hay que realizar una tarea que nos espera. El tiempo que tarda el tren en en llegar lo ocupamos “matando el tiempo”. Bonita y aterradora expresión, matar el tiempo. Charlamos de naderías, leemos un libro, miramos el paisaje por la ventanilla, dejamos que la mente se ocupe en mil cosas inútiles.

Si un tren es lento el viaje de una estación a otra puede prolongarse mucho, son los espacios vacíos en nuestras vidas, los agujeros en los que caemos habitualmente hasta que encontramos una tarea que hacer. Una persona normal llega a aburrirse, en su vida hay muchos momentos, largas temporadas de aburrimiento, la vida le parece algo tan aburrido que debe buscarse sus propios entretenimientos para no perecer de hastío. Así llegan las adicciones, nos hacemos adictos a las drogas que nos sacan del aburrimiento, al alcohol, al tabaco, al juego, al sexo, a lo que sea. Necesitamos cubrir con algo esos inmensos agujeros que a veces son nuestras vidas. O nos hacemos adictos al dinero y así estamos siempre ocupados en algo, en contarlo, en ahorrarlo, en idear mil formas de obtener más y más dinero. Y luego pensamos en qué gastaremos el dinero o cómo se lo dejaremos a nuestros hijos, o qué podríamos hacer si fuéramos ricos… Nos pasamos la vida ideando, nos pasamos la vida fabulando, nos pasamos la vida huyendo, fugándonos de ese aburrimiento entre estación y estación. Nos sentimos tan aburridos que hasta un compañero de viaje al que ni miraríamos en nuestra vida cotidiana, mientras nos movemos como peonzas, en el viaje en tren llega a ser hasta un compañero entretenido. Miramos lo que hace como si fuera algo insólito, le preguntamos algo como si fuera importante y esperamos su respuesta muy atentos, como si lo que nos fuera a decir tuviera la potencia de cambiar nuestras vidas. Todo esto son entretenimientos vanos, adicciones, apegos. En realidad somos muy conscientes de que el dinero que acumulemos no nos servirá para sobornar a San Pedro y que nos deje entrar al cielo. De aquí no se saca nada, y menos dinero. Somos muy conscientes de que el apego a un ser querido, que nos parece maravilloso, la muestra del amor más sublime, es un apego que desaparece de forma súbita cuando este ser querido fallece. Entonces pasamos el luto, que no es otra cosa que intentar rellenar de algo el agujero que nos ha dejado el ser querido. Nos afanamos detrás de muchas cosas para sacudirnos la modorra del viaje de una estación a otra.

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Un guerrero no viaja de estación a estación porque cada paso que da es para él una nueva estación. No hay tiempos muertos en su vida que deba rellenar de tonterías, no hay agujeros a los que uno deba echar y echar cosas para que se vayan llenando. Un guerrero sabe que viaja de la estación de la posible muerte a la estación de la muerte segura. No hay tiempo para tonterías, no se entretiene mirando lo que hacen los demás, intentando comunicarse con alguien que en cuanto baje del tren ya no volverá a ver. No se hace ilusiones amontando dinero ni fantaseando con esto o con aquello. Un guerrero no tiene tiempo para estas cosas, porque la muerte le espera a cada paso y nunca sabe si el paso siguiente será aquel que la muerte elija para llevárselo. De ahí que esté siempre preparado para su última danza con la muerte, acumulando poder, renunciando a las tonterías, a perder energía en cosas inútiles. Incluso cuando viaja en tren, de una estación a otra, no pierde el tiempo, porque sabe muy bien que el Espíritu, como dice don Juan también, le puede mandar a alguien a su encuentro y sabe que no se puede despreciar al Espíritu, incumplir sus mandatos. Sabe que en cualquier momento y lugar alguien le puede ser enviado, incluso aunque parezca el ser más lerdo y sin interés del universo, si se lo manda el Espíritu esto se convierte en una misión sagrada. Así cuenta don Juan cómo le fue enviado Castaneda y no le baila el agua, le dice que no le caía simpático, que le parecía un tonto muy tonto, pero como le había sido enviado por el Espíritu tuvo que cumplir su misión sagrada iniciándole en la sabiduría del guerrero, transformándole en un hombre de conocimiento. Esto nos sucede a todos, porque como dijo Julien Green, el gran novelista católico, todos somos enviados, el verdugo a la víctima y la víctima al verdugo. Todos tenemos que cumplir la misión sagrada del Espíritu. Solo que algunos lo ignoran y dejan pasar a los enviados y luego sufren las consecuencias. Como también le dice don Juan a Castaneda, toda persona, guerrero o no, tiene un dedalito de suerte en la vida, un regalo del Águila, del destino, o como queramos llamarlo. La única diferencia entre el guerrero y la persona normal es que el guerrero está siempre atento, concentrado, no deja pasar una y por eso el dedalito de suerte no le pasa desapercibido, en cambio la persona normal se pasa la vida buscando su dedalito de suerte, jugando a la lotería de la suerte, y se olvida de los que le son enviados, se olvida de lo importante y cuando el dedalito de suerte pasa a su lado no es capaz de verlo.

La intensidad, la concentración absoluta y sin fisuras que pone el guerrero impecable en cada acto de su vida hace que no haya viajes en tren entre estaciones donde debe cumplir tareas o si existe este viaje en tren es tan súbito, tan veloz, que es como si el tiempo se comprimiera. Mientras los demás desaprovechan, matan su tiempo, en naderías mientras viajan de una estación a otra, el guerrero lo comprime hasta un extremo inaudito, es como viajar a una velocidad superior a la luz, mientras los demás han vivido mil vidas inútiles el guerrero ha vivido un segundo, intenso, eterno, absoluto. Por eso un guerrero debe comprimir el tiempo, no porque necesite más tiempo que los demás, no porque el tiempo le sobre y lo pueda comprimir y acortar, simplemente porque actuando como guerrero el tiempo se comprime. Los que viajen en tren, perdiendo el tiempo hasta que llegan a su estación, no pueden imaginarse lo que es un viaje a velocidad de la luz, no te da tiempo a respirar y ya has vivido tu vida, mil vidas, millones de vidas. Cuando sabes que tienes la mano de la muerte en tu hombro izquierdo el tiempo pasa veloz y cada instante se convierte en único, no hay tiempo para mirar para otro lado, para dejar que la mente bulla en tonterías sin sentido. Al momento siguiente puedes estar muerto, por lo tanto ahora, en este momento, haciendo lo que haces, pones toda tu intensidad vital, lo pones todo, porque es muy posible que ya no necesites nada para el segundo siguiente en el que estarás muerto.

Los que hemos vivido experiencias cercanas a la muerte sabemos muy bien lo que significa comprimir el tiempo, vivir como un guerrero, con la muerte a tus espaldas. Cuando besamos a un ser querido en una despedida lo hacemos como si nunca más lo volviéramos a ver, cuando nos comemos un helado en un día caluroso de verano lo hacemos como si no volviéramos a tener esa oportunidad. Cuando tenemos una moneda en el bolsillo sabemos que no podemos hacer cábalas, si nos la pide un mendigo y eso es lo que tenemos que hacer en ese momento se la damos, o se la denegamos y se la damos a un niño o nos compramos unos zapatos más cómodos porque los que llevamos nos están moliendo el pie. Cuando yo salí a la superficie tras ahogarme en mi última experiencia cercana a la muerte, el sol brillaba más, la gente era más importante, era única, todo lo que me ocurría, que un pájaro me cagara en la cabeza, que un niño me diera un balonazo, que una chica me mirara, que pasara el camión de la basura, que el reloj diera sus campanadas, todo, todo, absolutamente todo era único, importantísimo, eterno, porque era el momento que me había sido concedido, donado, porque la muerte me había dejado vivir y eso era lo único importante, lo único realmente importante.

Por desgracia desaproveché aquel momento y como Castaneda me puse a tomar notas en los momentos importantes, cuando llegaba el conocimiento, cuando se abría el horizonte y el ramillete de emanaciones del Águila brillaba en todo su esplendor ante mis ojos. Me fugué de la realidad buscando aquella realidad anterior a la experiencia cercana a la muerte, cuando yo era como los demás, los que creen que nunca van a morir, los que no comprimen el tiempo y se aburren. Caí en la depresión, caí en todos los agujeros del camino, no aprendí la lección. Y tuvo que ser el divorcio, el haber perdido a la familia, mi nueva experiencia cercana a la muerte, la que realmente me ha transformado en guerrero. Ahora soy un guerrero impecable, ahora vivo el momento y comprimo el tiempo. Han pasado casi dos años desde aquel momento y es como si fuera ayer, qué digo, como si hubiera ocurrido hace un minuto, un segundo. Ahora, como guerrero, miro hacia atrás, recapitulo y soy consciente de que la vida ha transcurrido como en un soplo. Ese el tiempo del guerrero, el soplo, los demás se aburren como ostras en sus tiempos muertos, matando el tiempo, intentando rellenar los inmensos agujeros de sus vidas, intentando que el dinero lo sea todo, o se adicionan a esto o aquello, o se apegan a nimiedades, a futesas, o sufren tragedias espantosas cuando una moneda se les cae del bolsillo por un agujerito que no habían visto.

El guerrero comprime el tiempo, el guerrero nota la presencia de la muerte a sus espaldas, nota su mano en su hombro izquierdo, vive con intensidad hasta el respirar, porque sabe que el segundo que tarda en respirar es un don, es un auténtico milagro. Si la vida es un misterio terrible comprimir el tiempo es una necesidad ineludible para que la vida adquiera su pleno sentido, para que no se convierta en un viajar entre estación y estación, un largo, larguísimo viaje, aburrido, bostezando, llenando agujeros con conversaciones inútiles, apegándose a viajeros que no nos interesan, que no nos han sido enviados por el Espíritu. Un guerrero comprime el tiempo porque en cada momento está haciendo lo que realmente tiene que hacer y no matando un tiempo que ya nació muerto.

 

la danza de la muerte