LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XI

22 09 2016

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XI

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EL TONAL Y EL NAGUAL

Dentro de la filosofía chamánica de Castaneda, de las enseñanzas de don Juan, estos conceptos tal vez sean los más profundos y también los más misteriosos e inextricables. La dualidad forma parte de todas las filosofías esotéricas conocidas, de todas las filosofías orientales, de la vida misma. El día y la noche, lo femenino y lo masculino, la vida y la muerte, el bien y el mal, son caras de la misma moneda, la totalidad de la existencia. Sin embargo nunca encontré un concepto tan amplio, tan profundo y a la vez tan misterioso.

¿Qué es el tonal?

“Nuestro ser total consiste en dos segmentos perceptibles. El primero es nuestro cuerpo físico que todos podemos percibir; el segundo es el cuerpo luminoso, es un capullo que solo los videntes pueden percibir y que nos da la apariencia de gigantes huevos luminosos”.

El Don del Águila

Carlos Castaneda

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En el budismo se habla de diversos cuerpos hasta llegar al cuerpo causal o alma, que de alguna manera se relacionan con los siete chakras más importantes. La simplificación que hace la filosofía chamánica de don Juan va más allá de cuerpos y entidades, es un dualismo global y totalizador. Aunque la definición de arriba parece concretar el tonal en el cuerpo físico, en otros párrafos de otros libros se matiza mucho más esta definición. Así en Relatos de poder don Juan habla de la isla del tonal, una isla en medio de un océano infinito que sería el mundo invisible. El tonal sería entonces todo el mundo visible, no solo el cuerpo físico sino todo aquello que el cuerpo físico puede percibir y que está unido de alguna manera, que está vinculado con el resto del mundo material. La isla del tonal es tan extensa como el Cosmos físico, como el universo, es decir se podría decir que también es infinita, pero nada en comparación con el universo infinito del nagual.

No he encontrado vinculaciones de este concepto con otros también duales como la conciencia del lado derecho y la conciencia del lado izquierdo, aunque parece que es la conciencia del lado derecho la que percibiría el tonal y la del lado izquierdo el nagual. En cuanto a las atenciones, parece que la primera atención estaría fijada a la isla del tonal mientras que las otras dos formarían parte de la percepción del nagual. Según se expresa don Juan ambos mundos estarían separados por un abismo infranqueable, o mejor dicho, se comunicarían por una puerta que el guerrero cierra al pasar al otro lado y su conciencia ya no puede retener lo que dejó atrás. Sería algo parecido al mundo de los sueños y el de la vigilia, ambos parecen incompatibles, si sueñas no estás despierto y si estás despierto no sueñas, pero no es exactamente así, puesto que don Juan habla de que un guerrero debe ensoñar despierto, es decir, debe mantenerse consciente en ambos mundos a la vez. En cambio cuando uno pasa del tonal al nagual la puerta se cierra y la memoria y la consciencia del tonal desaparecen. Hay una gran diferencia entre el guerrero que ensueña en estado de vigilia y el guerrero que pasa del tonal al nagual o del nagual al tonal, éste último concepto parece estar relacionado con la figura del doble. Un guerrero nunca sabe dónde está su doble ni lo que está haciendo, y sin embargo el doble, según don Juan se ha creado en el mundo del ensueño. Parece existir una cierta contradicción porque si un guerrero puede y debe ensoñar en estado de vigilia debería ser consciente de lo que hace su doble. Esto solo se explica si consideramos que aunque el doble haya sido creando mediante un largo trabajo en el mundo del ensueño, una vez creado formaría ya parte del nagual y por lo tanto nunca podría estar bajo el control del tonal.

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En la isla del tonal estaría todo lo existente en el mundo físico, incluso aquello que no conocemos y que aún es un misterio para nosotros. Estarían nuestros cuerpos físicos y todo aquello que ellos pueden percibir y con lo que están vinculados. Nuestro cuerpo físico puede percibir otros cuerpos físicos, las cosas materiales que nos rodean, todo el universo físico, aunque aún no haya sido descubierto y percibido por nuestros sentidos. Las reglas del tonal serían las reglas que gobiernan el mundo de la materia, el universo físico. Estaríamos sujetos a ellas y no podríamos quebrantarlas de ninguna forma. Cuando pasamos al nagual, cuando atravesamos la puerta, ésta se cierra y lo que es el tonal, lo que somos en el tonal, lo que hacemos allí, queda al otro lado, separado por un abismo infranqueable. De esta manera un guerrero no recuerda lo que es y lo que hizo en el tonal estando en el nagual y a su vez no recuerda lo que es y lo que hizo en el tonal cuando está en el nagual.

Apurando mucho la comparación podríamos decir que el tonal sería la materia y el nagual la antimateria y lo mismo que cuando ambas, materia y antimateria, se tocan en el mundo físico se produciría una terrible explosión desintegradora, cuando el  tonal y el nagual se encuentran el nagual podría producir la muerte del tonal, como se lo dice expresamente don Juan a Castaneda. Cuando un guerrero no tiene suficiente poder el encuentro con el nagual puede producirle la muerte, es por eso que Castaneda es preparado tan meticulosamente para este momento, don Juan lo prepara desde el tonal y don Genero desde el nagual, a través de experiencias tan demoledoras que Castaneda debe ser rescatado varias veces de una muerte segura.

Mis conocimientos de física son muy pobres pero creo que hay una cierta conexión entre estos conceptos y los de materia y antimateria o materia y materia oscura. Parece que ambas no pueden convivir, cuando se encuentran se produce la explosión demoledora. Es por eso que Castaneda no puede abrazar a don Genero cuando éste es el nagual, está en el mundo del nagual. Ambos, siempre tan divertidos, con un sentido del humor verdaderamente terrorífico, le gastan bromas a Castaneda. En una ocasión, tras haber presenciado las increíbles proezas de don Genaro como nagual don Juan le toma el pelo y le dice que abrace a don Genaro, Castaneda se queda paralizado después de haber escuchado que no se puede abrazar al nagual y sin embargo consigue abrazarle, está claro que don Genaro en forma de nagual ha desaparecido y ahora es don Genaro en forma de tonal a quien sí puede abrazar como podría hacerlo con cualquier otro cuerpo físico.

No he conseguido diferenciar muy bien los conceptos de nagual y de doble. Tampoco Castaneda puede abrazar al doble de don Genaro, pero don Juan es muy cuidadoso a la hora de diferenciar cuándo está actuando el doble de don Genaro y cuándo éste es el nagual. Me gustaría pensar que el tonal es el cuerpo físico y el nagual el cuerpo astral, lo mismo que el doble, existiría un cuerpo físico que somos nosotros en el mundo material y un cuerpo astral, que sale del físico y se convierte en nuestro doble. El cuerpo astral es invisible al ojo humano y no puede ser abrazado por un cuerpo físico. Nuestro cuerpo físico se mueve en la isla del tonal, sujeto a las reglas que existen en el tonal, y de la misma manera que no conoce toda la isla el nagual sería el cuerpo astral que se mueve sujeto a las normas que existen en el mundo del nagual y que tampoco conoce todo el universo nagual. Pero como veremos en la filosofía chamánica los conceptos de tonal y nagual no son equiparables a cuerpo físico y cuerpo astral y el concepto del doble es tan misterioso que no se consigue distinguirlo del nagual y don Juan no da ninguna explicación en este sentido.

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El paso del uno al otro es tan complejo que don Juan lo describe en largas parrafadas muy matizadas. Para conseguir pasar del tonal al nagual un guerrero debe seguir un duro aprendizaje en el que participan un maestro, que es el que se encarga de todo lo referente al tonal y que en el caso de Castaneda es don Juan y un benefactor que se ocupa de todo lo referente al nagual, que en este caso es don Genaro. El aprendiz suele llevarse muy bien con el maestro que se encarga de su tonal pero siente un terror indescriptible ante su benefactor.  Es lo que le ocurre a Castaneda quien tiene una relación muy fluida con don Juan y en cambio siente pánico, “se va por la pata abajo”, cuando aparece don Genaro. Cuando Carlos pregunta ambos, don Juan y don Genaro, no tienen inconveniente en hablar de ello. Si bien con un discípulo concreto no pueden actuar a la vez como maestro y benefactor, de ahí que ambos se intercambien papeles con sus discípulos, si don Juan es maestro con Castaneda es benefactor con Eligio, discípulo de don Genaro, de quien éste es maestro. La explicación de por qué no pueden ser las dos cosas a la vez con un mismo discípulo y sin embargo sí son capaces de actuar como maestros y benefactores con diferentes discípulos no está muy clara, imagino que no puedes ser amigo y maestro de alguien y al mismo tiempo ser una figura terrorífica para él.

Pero vayamos a un importante párrafo en el que don Juan explica cómo un guerrero debe trabajar el tonal, limpiar la isla del tonal, para que el surgimiento del nagual no acabe con él. Este es el párrafo:

“Al comienzo uno tiene que hablarle al tonal. El tonal es el que debe ceder el control. Pero hay que hacerlo que lo ceda con alegría. Por ejemplo, tu tonal ha cedido algunos controles sin mucho forcejeo, porque se hizo claro que de seguir como estaba la totalidad de ti estaría muerta hoy en día. En otras palabras, se hace que el tonal abandone cosas innecesarias como el sentirse importante y el entregarse al vicio, los cuales solo lo hunden en el aburrimiento. Todo el problema es que el tonal se aferra a esas cosas cuando debería dar las gracias por librarse de esa porquería. La tarea es entonces convencer al tonal de que se haga libre y fluido. Eso es lo que un brujo necesita antes que cualquier cosa; un tonal fuerte y libre. Mientras más se fortalece, menos se aferra a sus hechos y más fácil resulta encogerle”.

Este último concepto “encoger el tonal” es de una extremada importancia en la iniciación al nagual que lleva a cabo el benefactor.  No es otra cosa, como veremos en otro párrafo, que recibir el correspondiente “susto” que hace que nuestra razón, nuestra lógica, nuestra mente cuadriculada, se encojan, amedrentadas ante lo que se les viene encima, y dejen el control, el mando al nagual. Estos “sustos” no son otra cosa que las experiencias terribles de la vida, al menos así las consideramos nosotros.  Perder a un ser querido es uno de esos sustos, o sufrir un grave accidente que erosiona gravemente nuestro cuerpo físico y cambia nuestra vida, o perder un trabajo cuando habíamos cimentado todo nuestro futuro en él, o entregarnos a una relación de pareja con tal pasión y abandono que cuando se produce la ruptura y la perdemos tenemos la sensación de haberlo perdido todo. Es por eso y no por otra cosa que un guerrero debe ser impecable, debe alcanzar el desapego más absoluto, debe perder toda su importancia personal y debe dejar de entregarse al “vicio”, un concepto muy llamativo y divertido de don Juan. Éste le dice repetidas veces a Castaneda que deje de entregarse al vicio cuando quiere racionalizarlo todo, cuadricularlo, cuando necesita explicarse todo, absolutamente todo lo que le sucede,  cuando se siente un desgraciado porque no consigue ser un buen guerrero y las cosas mundanas le preocupan, cuando tiene dudas, cuando mira hacia el pasado, cuando quiere a toda costa aferrarse a su mundo anterior, a lo que él era antes de conocer a don Juan e iniciar el camino del guerrero. Este entregarse al vicio es el gran obstáculo del guerrero cuando se enfrenta con el nagual y es por eso que debe limpiar la isla del tonal, perder la importancia personal, alcanzar el desapego absoluto, porque cuando llegue el “susto”, un acontecimiento de la vida que va a desmantelar toda la cuadrícula que tan trabajosamente él se había creado, el encuentro con el nagual, al encogerse el tonal, le puede producir la muerte.

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Este encogimiento del tonal y la aparición del nagual se podría comparar a lo que sucede cuando un cántaro es llenado de diferentes líquidos, agua, vino, aceite, etc cada uno tiene sus propiedades y se comporta de forma diferente, pero todos caben en el cántaro, es algo natural. Sin embargo la aparición del nagual sería como si ese cántaro fuera vaciado del líquido que contiene –encogimiento del tonal- y en ese vacío limitado pretendiera introducirse todo el universo infinito. Tan solo imaginar lo que podría suceder pone los pelos de punta, el cántaro, nosotros, saltaríamos en pedazos infinitos ante una fuerza tan poderosa. El nagual no puede aparecer a pedacitos, dando pequeños “sustitos”, cuando aparece lo hace en toda su inmensidad infinita, con todo su poder. De ahí que un guerrero necesite ser impecable, no estar apegado a nada, ni entregarse a sus vicios, porque todo eso hace que el cántaro sea limitado y toda limitación podría producir la muerte del guerrero al entrar el nagual con toda su fuerza infinita.  Es por eso que el guerrero debe ser impecable y flexible, desapegado, humilde, no porque de esa manera le van a ir mejor las cosas en la vida, va a ganar muchas batallas y alcanzar mucho poder, sino porque la meta de un guerrero es la libertad y solo se puede ser libre en el nagual, fuera de la limitada isla del tonal.  Un guerrero se prepara y lucha toda su vida para alcanzar la libertad, la verdadera libertad, no para que la vida le vaya bien o para ganar muchas batallas frente a muchos enemigos y sentirse fuerte, y para ello debe alcanzar el nagual. No hay otra salida, a pesar del pánico, del terror que provoca esta experiencia.

Este tema es tan importante que le voy a dedicar varios capítulos, pero antes de finalizar éste me gustaría hacer una disquisición comparando lo que le sucede al guerrero que se enfrenta al nagual de lo que le ocurre al enfermo mental. Resulta curioso cómo hay muchas cosas en común. En realidad un enfermo mental no es otra cosa que un aprendiz de guerrero que  carece de maestro de tonal, de benefactor, de preparación, que no ha limpiado la isla del tonal, que está apegado a demasiadas cosas, que no ha perdido la importancia personal, al contrario es excesiva, desmesurada, que no es humilde, que se entrega constantemente a sus numerosos vicios. Cuando un aprendiz de guerrero con estas limitaciones, estos terribles defectos, se enfrenta al nagual lo menos que puede pasarle es que se vaya por la pata abajo. Resulta muy divertida la anécdota que le cuenta don Juan a Castaneda cuando éste le pregunta por la razón de que le tenga tanto miedo a don Genaro. Al parecer don Juan dejó, por despiste, su sombrero en casa de don Genaro y cuando Eligio, el aprendiz de don Genaro, entró a la casa y lo vio se fue “por la pata abajo”. No sabemos muy bien si esta expresión es metafórica o real, pero sí sabemos lo que Castaneda nos cuenta al respecto sobre su miedo a don Genaro, dice literalmente “que se le aflojaba el vientre”  y en más de una ocasión tras alguna experiencia con don Genaro, como benefactor que intenta introducirle al nagual, tiene que esconderse tras unos arbustos, todos imaginamos a qué.

Una de las características más llamativas de una persona con enfermedad mental es ese miedo constante, erosionante, implacable, que nos hace andar por la vida como pisando huevos, en expresión que me gusta mucho emplear cuando hablo de la forma de caminar por la vida de un enfermo mental. Tenemos miedo de todo, de lo que nos ha pasado, de lo que nos está ocurriendo en este momento, de lo que nos pasará mañana. Nos dan miedo las otras personas, nos da miedo el tiempo, viajar o quedarnos en un mismo lugar, nos da miedo intentar sobrevivir y nos da miedo entregarnos. Una de las experiencias más tristes que puede vivir una persona es sentir muy de cerca ese miedo de una persona con enfermedad mental, es contagioso, es descorazonador, se nos cae el alma a los pies. En realidad estamos presenciando el terror que sentiría un guerrero mal preparado ante la llega del nagual.

No es de extrañar que el brote o el afloramiento de muchas enfermedades mentales se produzca cuando el futuro enfermo acaba de sufrir un “susto” una experiencia terrible, dramática en su vida. Así hay personas que caen en una profunda depresión de la que ya nunca salen cuando se muere un ser querido al que estaban muy unidos. Otras, que se creían incombustibles, se vienen abajo tan solo con perder un trabajo en el que habían puesto todas sus esperanzas. Hay quienes ya nunca son los mismos tras una ruptura sentimental  y su deterioro acaba por convertirles en auténticos enfermos mentales. Es el famoso susto que encoge el tonal y cuando el nagual aparece con todo su terrorífico poder el guerrero no preparado sucumbe. No es de extrañar que las personas con enfermedad mental no dejemos de hablar de la muerte que parece presidir nuestras vidas, es como buscar una salida para que el nagual no nos destroce, es como abrir un agujero en el cántaro para que la entrada del nagual tenga una salida, aunque sea pequeña, a su infinitud. Los enfermos mentales deseamos morir para librarnos de la angustia y el sufrimiento infinitos que no son otra cosa que la aparición del nagual en la vida de un aprendiz de guerrero que no ha limpiado su isla del tonal y se encuentra con que sus apegos, su desmesurada importancia personal, ese entregarse cada momento del día a sus vicios, le llevan a no poder soportar el encuentro con el nagual y a desear la muerte como una liberación.

Como veo que esta disquisición da para mucho voy a terminar este capítulo y seguiremos en el siguiente.

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN X

17 05 2016

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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN X

COMPRIMIR EL TIEMPO

Un guerrero comprime el tiempo. Esto le dice don Juan a Castaneda, y éste, como siempre se queda con la boca abierta y totalmente desorientado. ¿Qué es comprimir el tiempo? Se podría pensar que se trata de ser feliz, porque cuando uno es feliz, se divierte, parece que el tiempo transcurriera más deprisa, al contrario de lo que sucede cuando uno sufre, cuando uno está en el lecho del dolor, que el tiempo parece no pasar nunca.

¿Para qué necesitaría un guerrero comprimir el tiempo? No para disponer de más tiempo, porque como ya le ha dicho don Juan en otras ocasiones, el tiempo de un guerrero está tasado, sabe que la muerte está tras de él, con su mano derecha en su hombro izquierdo. Un guerrero sabe que no dispone de tiempo, que la muerte se lo puede llevar en cualquier momento. ¿Entonces a qué se refiere don Juan cuando habla de comprimir el tiempo?

Un guerrero no busca tener más tiempo disponible para hacer sus cosas, cumplir su misión. Un guerrero no tiene misión alguna que cumplir, no tiene que “hacer sus cosas”, un guerrero hace lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo, vive el presente, no hace planes para una vida futura que no está en su mano. Comprimir el tiempo tiene mucho que ver con la intensidad con la que se vive. Como hemos visto en la metáfora de la muerte, que don Juan utiliza con mucha frecuencia, cuando uno sabe que no tiene poder sobre la muerte, que no está en su mano el tiempo que ha de vivir, entonces vive la vida con intensidad máxima, con absoluta concentración. Cuando uno sabe que puede morir al segundo siguiente, no se anda con chiquitas, cada segundo es precioso, todo lo que hace adquiere una importancia y una intensidad inauditas. Esto es lo que da una extraordinaria fortaleza al guerrero, saber que todo está perdido, que nada es suyo, que no dispone de nada, ni siquiera de tiempo de vida. Cada una de sus actos se convierte en impecable, en diamantino, no está contaminado por el apego, por el interés, por metas sin sentido, como conseguir dinero, alcanzar el poder, apegarse a seres queridos. Cuando la muerte está detrás, con su mano en tu hombro, nada de esto es importante. Las personas que hemos tenido la desgracia de vivir experiencias cercanas a la muerte, que hemos estado a punto de morir, que hemos sido absolutamente conscientes de que si no ocurría un milagro íbamos a morir, sabemos muy bien de qué habla don Juan. Esta experiencia cambia una vida, cambia la consciencia de ser, lo cambia todo. Tras mis experiencias cercanas a la muerte, porque han sido varias, toda mi vida cambió. No podía entender cómo las demás personas hacían proyectos, planificaban sus vidas, como si tuvieran seguro que al día siguiente seguirían vivos, en su trabajo, con sus seres queridos. Cuando uno tiene una experiencia cercana a la muerte ya no es capaz de seguir pensando que la muerte es solo una teoría, que sí, que moriremos algún día, pero este día está tan lejano que solo puede pensar en ello si su fantasía es muy viva y es capaz de representarse un acontecimiento futuro con toda intensidad.

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La experiencia cercana a la muerte es lo más próximo que encuentro a comprimir el tiempo, a la actitud del guerrero impecable, que hace todo como si “realmente” la muerte estuviera tras de él, con la mano en su hombro, porque es que “realmente” es así. A todos nos afectan las muertes de niños, las muertes imprevisibles de personas jóvenes que tienen un accidente imprevisto, imprevisible. Todos pensamos que eso les ocurre a los demás, que es una estadística muy baja, que hay muertos en accidentes de tráfico, pero son pocos y no tiene por qué ocurrirnos a nosotros; que a veces un avión cae y mueren todos, pero estadísticamente es muy improbable. Es un engaño que nos ayuda a vivir. Como don Juan le dice en otro momento, las personas normales tienen sus propios escudos, sus propias estrategias para enfrentarse al gran misterio de la vida y no perecer, y una de ellas, la más importante, es creer que su vida está garantizada, que la muerte está muy lejana y ya habrá tiempo de pensar en ello. En cambio el guerrero no dispone de ese escudo, se ha quitado la venda de los ojos y ve el misterio en todo su monstruoso terror. Tras mi última experiencia cercana a la muerte viví esta caída de la venda de los ojos, este caerse el escudo que me protegía del misterio, y tuve que enfrentarme a una nueva vida, con la mano de la muerte en mi hombro izquierdo. Fue algo literal, creo que a esto ahora lo llaman los efectos del síndrome postraumático. Es decir, sufres una experiencia terrible, estás a punto de morir, o tus seres queridos mueren en una catástrofe terrible e impredecible, o sucede cualquier otra cosa que nos deja en nuestro lugar sin importancia, no somos nada. No somos nada es una frase que yo escuchaba muchas veces en los entierros familiares. Venían a dar el pésame y ponían una cara muy larga, muy triste, para decir aquello de “no somos nada”. Pero tú sabías que ellos lo decían con la boca chica, que se habían preparado la interpretación, que eran pésimos actores. Porque a ellos no se les había muerto un ser querido, porque ellos no habían estado a punto de morir y se habían salvado de milagro. Pero de alguna manera inconsciente imitaban la actitud del guerrero, ese “no somos nada”.

Ese síndrome de que hablan ahora no es otra cosa que la caída de la venda, entonces te enfrentas al misterio con toda su intensidad, como don Juan le dice a Castaneda que debe enfrentarse el guerrero al Águila. Las emanaciones del Águila son tan poderosas, tan compulsivas, que un guerrero en solitario suele perecer, a no ser que sea un guerrero formidable, por eso aconseja que se junten los guerreros para ver la verdadera cara del Águila, de otra forma perecerán. De ahí también ese pequeño ejército, conformado por el nagual y sus guerreros. Recuerdo que durante meses yo era incapaz de ver las cosas cotidianas como antes, en cualquier momento puedo morir, pensaba, por qué entonces voy a preocuparme de ahorrar dinero, de hacer planes, de pensar que mis seres queridos estarán siempre conmigo. Fue una experiencia única, estremecedora, cuando te ocurre, o pereces, te suicidas, te dejas morir, te vuelves loco, o te conviertes en un guerrero. Es lo que me ocurrió a mí, aunque tuvieron que pasar años y toda clase de desgracias para que aquella experiencia cobrara todo su valor.

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UN VIAJE EN TREN

Imaginemos un viaje en tren. Tenemos que ir de una estación a otra, donde hay que realizar una tarea que nos espera. El tiempo que tarda el tren en en llegar lo ocupamos “matando el tiempo”. Bonita y aterradora expresión, matar el tiempo. Charlamos de naderías, leemos un libro, miramos el paisaje por la ventanilla, dejamos que la mente se ocupe en mil cosas inútiles.

Si un tren es lento el viaje de una estación a otra puede prolongarse mucho, son los espacios vacíos en nuestras vidas, los agujeros en los que caemos habitualmente hasta que encontramos una tarea que hacer. Una persona normal llega a aburrirse, en su vida hay muchos momentos, largas temporadas de aburrimiento, la vida le parece algo tan aburrido que debe buscarse sus propios entretenimientos para no perecer de hastío. Así llegan las adicciones, nos hacemos adictos a las drogas que nos sacan del aburrimiento, al alcohol, al tabaco, al juego, al sexo, a lo que sea. Necesitamos cubrir con algo esos inmensos agujeros que a veces son nuestras vidas. O nos hacemos adictos al dinero y así estamos siempre ocupados en algo, en contarlo, en ahorrarlo, en idear mil formas de obtener más y más dinero. Y luego pensamos en qué gastaremos el dinero o cómo se lo dejaremos a nuestros hijos, o qué podríamos hacer si fuéramos ricos… Nos pasamos la vida ideando, nos pasamos la vida fabulando, nos pasamos la vida huyendo, fugándonos de ese aburrimiento entre estación y estación. Nos sentimos tan aburridos que hasta un compañero de viaje al que ni miraríamos en nuestra vida cotidiana, mientras nos movemos como peonzas, en el viaje en tren llega a ser hasta un compañero entretenido. Miramos lo que hace como si fuera algo insólito, le preguntamos algo como si fuera importante y esperamos su respuesta muy atentos, como si lo que nos fuera a decir tuviera la potencia de cambiar nuestras vidas. Todo esto son entretenimientos vanos, adicciones, apegos. En realidad somos muy conscientes de que el dinero que acumulemos no nos servirá para sobornar a San Pedro y que nos deje entrar al cielo. De aquí no se saca nada, y menos dinero. Somos muy conscientes de que el apego a un ser querido, que nos parece maravilloso, la muestra del amor más sublime, es un apego que desaparece de forma súbita cuando este ser querido fallece. Entonces pasamos el luto, que no es otra cosa que intentar rellenar de algo el agujero que nos ha dejado el ser querido. Nos afanamos detrás de muchas cosas para sacudirnos la modorra del viaje de una estación a otra.

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Un guerrero no viaja de estación a estación porque cada paso que da es para él una nueva estación. No hay tiempos muertos en su vida que deba rellenar de tonterías, no hay agujeros a los que uno deba echar y echar cosas para que se vayan llenando. Un guerrero sabe que viaja de la estación de la posible muerte a la estación de la muerte segura. No hay tiempo para tonterías, no se entretiene mirando lo que hacen los demás, intentando comunicarse con alguien que en cuanto baje del tren ya no volverá a ver. No se hace ilusiones amontando dinero ni fantaseando con esto o con aquello. Un guerrero no tiene tiempo para estas cosas, porque la muerte le espera a cada paso y nunca sabe si el paso siguiente será aquel que la muerte elija para llevárselo. De ahí que esté siempre preparado para su última danza con la muerte, acumulando poder, renunciando a las tonterías, a perder energía en cosas inútiles. Incluso cuando viaja en tren, de una estación a otra, no pierde el tiempo, porque sabe muy bien que el Espíritu, como dice don Juan también, le puede mandar a alguien a su encuentro y sabe que no se puede despreciar al Espíritu, incumplir sus mandatos. Sabe que en cualquier momento y lugar alguien le puede ser enviado, incluso aunque parezca el ser más lerdo y sin interés del universo, si se lo manda el Espíritu esto se convierte en una misión sagrada. Así cuenta don Juan cómo le fue enviado Castaneda y no le baila el agua, le dice que no le caía simpático, que le parecía un tonto muy tonto, pero como le había sido enviado por el Espíritu tuvo que cumplir su misión sagrada iniciándole en la sabiduría del guerrero, transformándole en un hombre de conocimiento. Esto nos sucede a todos, porque como dijo Julien Green, el gran novelista católico, todos somos enviados, el verdugo a la víctima y la víctima al verdugo. Todos tenemos que cumplir la misión sagrada del Espíritu. Solo que algunos lo ignoran y dejan pasar a los enviados y luego sufren las consecuencias. Como también le dice don Juan a Castaneda, toda persona, guerrero o no, tiene un dedalito de suerte en la vida, un regalo del Águila, del destino, o como queramos llamarlo. La única diferencia entre el guerrero y la persona normal es que el guerrero está siempre atento, concentrado, no deja pasar una y por eso el dedalito de suerte no le pasa desapercibido, en cambio la persona normal se pasa la vida buscando su dedalito de suerte, jugando a la lotería de la suerte, y se olvida de los que le son enviados, se olvida de lo importante y cuando el dedalito de suerte pasa a su lado no es capaz de verlo.

La intensidad, la concentración absoluta y sin fisuras que pone el guerrero impecable en cada acto de su vida hace que no haya viajes en tren entre estaciones donde debe cumplir tareas o si existe este viaje en tren es tan súbito, tan veloz, que es como si el tiempo se comprimiera. Mientras los demás desaprovechan, matan su tiempo, en naderías mientras viajan de una estación a otra, el guerrero lo comprime hasta un extremo inaudito, es como viajar a una velocidad superior a la luz, mientras los demás han vivido mil vidas inútiles el guerrero ha vivido un segundo, intenso, eterno, absoluto. Por eso un guerrero debe comprimir el tiempo, no porque necesite más tiempo que los demás, no porque el tiempo le sobre y lo pueda comprimir y acortar, simplemente porque actuando como guerrero el tiempo se comprime. Los que viajen en tren, perdiendo el tiempo hasta que llegan a su estación, no pueden imaginarse lo que es un viaje a velocidad de la luz, no te da tiempo a respirar y ya has vivido tu vida, mil vidas, millones de vidas. Cuando sabes que tienes la mano de la muerte en tu hombro izquierdo el tiempo pasa veloz y cada instante se convierte en único, no hay tiempo para mirar para otro lado, para dejar que la mente bulla en tonterías sin sentido. Al momento siguiente puedes estar muerto, por lo tanto ahora, en este momento, haciendo lo que haces, pones toda tu intensidad vital, lo pones todo, porque es muy posible que ya no necesites nada para el segundo siguiente en el que estarás muerto.

Los que hemos vivido experiencias cercanas a la muerte sabemos muy bien lo que significa comprimir el tiempo, vivir como un guerrero, con la muerte a tus espaldas. Cuando besamos a un ser querido en una despedida lo hacemos como si nunca más lo volviéramos a ver, cuando nos comemos un helado en un día caluroso de verano lo hacemos como si no volviéramos a tener esa oportunidad. Cuando tenemos una moneda en el bolsillo sabemos que no podemos hacer cábalas, si nos la pide un mendigo y eso es lo que tenemos que hacer en ese momento se la damos, o se la denegamos y se la damos a un niño o nos compramos unos zapatos más cómodos porque los que llevamos nos están moliendo el pie. Cuando yo salí a la superficie tras ahogarme en mi última experiencia cercana a la muerte, el sol brillaba más, la gente era más importante, era única, todo lo que me ocurría, que un pájaro me cagara en la cabeza, que un niño me diera un balonazo, que una chica me mirara, que pasara el camión de la basura, que el reloj diera sus campanadas, todo, todo, absolutamente todo era único, importantísimo, eterno, porque era el momento que me había sido concedido, donado, porque la muerte me había dejado vivir y eso era lo único importante, lo único realmente importante.

Por desgracia desaproveché aquel momento y como Castaneda me puse a tomar notas en los momentos importantes, cuando llegaba el conocimiento, cuando se abría el horizonte y el ramillete de emanaciones del Águila brillaba en todo su esplendor ante mis ojos. Me fugué de la realidad buscando aquella realidad anterior a la experiencia cercana a la muerte, cuando yo era como los demás, los que creen que nunca van a morir, los que no comprimen el tiempo y se aburren. Caí en la depresión, caí en todos los agujeros del camino, no aprendí la lección. Y tuvo que ser el divorcio, el haber perdido a la familia, mi nueva experiencia cercana a la muerte, la que realmente me ha transformado en guerrero. Ahora soy un guerrero impecable, ahora vivo el momento y comprimo el tiempo. Han pasado casi dos años desde aquel momento y es como si fuera ayer, qué digo, como si hubiera ocurrido hace un minuto, un segundo. Ahora, como guerrero, miro hacia atrás, recapitulo y soy consciente de que la vida ha transcurrido como en un soplo. Ese el tiempo del guerrero, el soplo, los demás se aburren como ostras en sus tiempos muertos, matando el tiempo, intentando rellenar los inmensos agujeros de sus vidas, intentando que el dinero lo sea todo, o se adicionan a esto o aquello, o se apegan a nimiedades, a futesas, o sufren tragedias espantosas cuando una moneda se les cae del bolsillo por un agujerito que no habían visto.

El guerrero comprime el tiempo, el guerrero nota la presencia de la muerte a sus espaldas, nota su mano en su hombro izquierdo, vive con intensidad hasta el respirar, porque sabe que el segundo que tarda en respirar es un don, es un auténtico milagro. Si la vida es un misterio terrible comprimir el tiempo es una necesidad ineludible para que la vida adquiera su pleno sentido, para que no se convierta en un viajar entre estación y estación, un largo, larguísimo viaje, aburrido, bostezando, llenando agujeros con conversaciones inútiles, apegándose a viajeros que no nos interesan, que no nos han sido enviados por el Espíritu. Un guerrero comprime el tiempo porque en cada momento está haciendo lo que realmente tiene que hacer y no matando un tiempo que ya nació muerto.

 

la danza de la muerte





LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN IX (LA REGLA)

9 03 2016

 

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN

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LA REGLA

La regla, la norma, la ley, forma parte de nuestras vidas, lo queramos o no. Todo en el universo está diseñado de acuerdo a una ley que conforme desciende hacia el mundo material se hace más enrevesada y compleja. Existen las leyes físicas que gobiernan nuestro universo dimensional, existen leyes cósmicas, que regulan la compleja existencia de los universos materiales y existen leyes creadas por los humanos para vivir en sociedad. Cada persona también se crea sus propias leyes o normas para regir su vida. La regla, la ley nace de la propia naturaleza de las cosas, de la propia existencia, algo es como es porque se adapta a unas normas concretas, somos como somos porque nos ajustamos a una determinada forma de pensar, sentimos de una manera y los hábitos, normas auto-impuestas, gobiernan nuestras vidas.

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Hay normas tan variadas como complejas, tan simples como dogmáticas, tan flexibles como monolíticas. Las religiones se rigen por la regla de la palabra de Dios, es decir, creen que Dios ha hablado a alguien y esa palabra, recogida por escrito o por tradición verbal, se impone, en forma de dogmas, a los demás. El dogmatismo es la regla de las religiones. Nuestra sociedad funciona en base a un complejo entramado de normas, como una auténtica tela de araña. Algunas son imprescindibles para la convivencia, otras no son otra cosa que una cárcel de papel, burocrática, en la que se quiere mantener a los ciudadanos. La observancia de la regla, de la norma, es imprescindible si se quiere vivir en sociedad. Una desobediencia civil mayoritaria, aunque solo fuera de una norma básica, mientras se mantienen las restantes, provocaría un auténtico caos social. Basta con imaginar que un día una mayoría de ciudadanos se pusieran de acuerdo para no cumplir las normas de tráfico, por ejemplo, y nos podemos hacer una idea cabal del infierno que eso generaría.

Un guerrero impecable, un nagual, también tiene su norma, su “regla”. Solo que, al contrario de lo que sucede con la religión o la sociedad, la norma del guerrero es tan simple como inextricable. No existen dogmas, no existe la palabra de Dios, no existen leyes que deben ser cumplidas de forma coactiva por cuerpos de seguridad y militares. Para un guerrero la norma básica es aceptar que la vida es un misterio, que todo es un misterio. No nos enfrentamos al misterio batallando por vencerle y doblegarle, tampoco le preguntamos para que nos responda como a una sibila, no pretendemos estudiarlo, diseccionarlo para ver qué hay en sus entrañas, un misterio es un misterio y lo único que se puede hacer frente a él es respetarlo, es la primera actitud de un guerrero ante el misterio, el respeto ante algo que nos supera, que nos puede. Un guerrero respeta el misterio de la vida, no pretende analizarla al microscopio para desentrañar su naturaleza y dominarla, no se conoce el misterio, no se domina el misterio, se respeta. Un guerrero sabe que vive en un mundo misterioso, el simple hecho de vivir es un prodigio, un don y también un horror, el terror elevado a la enésima potencia. No sabemos cómo hemos venido a la vida, por qué, quien nos ha dotado de consciencia, para qué, no sabemos nada. Vivimos asumiendo que muy pocas cosas están en nuestras manos. La mayoría de lo que nos sucede escapa a nuestro control y tampoco puede ser controlado por los demás, a este misterioso organizador de nuestras vidas lo han llamado destino, fatum, suerte… en la filosofía chamánica tiene un nombre “fuerzas poderosas que controlan y dirigen el universo”.

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Un guerrero no vive como si supiera qué es la vida, qué le ocurrirá mañana, hoy mismo, dentro de un instante, un guerrero vive sumergido en el misterio, él mismo es un misterio para sí mismo y los demás son aún más misteriosos que él. Aunque las personas “normales”, los no guerreros, viven como si supieran todo de la vida, como si conocieran cada uno de los pasos que les esperan, como si tuvieran un manual que les permitiera arreglar todos los desaguisados con los que se encuentren. Los creyentes asumen que la supuesta palabra de Dios les explica todo, cómo nacieron, para qué nacieron, qué tienen que hacer en cada momento, cómo tienen que reaccionar ante cualquier incidencia de la vida. Tienen una regla otorgada, no una regla propia, abdican de su razón y se la entregan a quienes dicen haber recibido la palabra de Dios. Saben que no pueden mentir, matar, dejarse llevar por la lujuria, saben que tienen que ir a misa o cumplir sus rituales en la forma y tiempo establecidos, saben que ante cualquier duda deben acudir al sacerdote para que les aleccione o rezar para que el mismo Dios les haga saber su voluntad en la forma que él establezca.

Los no creyentes, los agnósticos, los materialistas, los ateos, los cientifistas, o como ellos gusten de llamarse tienen una norma básica que guía sus vidas: ver para creer. Son auténticos “santo-tomases” que no creen en nada que no puedan ver, palpar, gustar, que no puedan abrir, diseccionar, experimentar, comprobar. Su regla es tan imposible de cumplir que la mayor parte de sus vidas es un constante saltarse la regla. No pueden verlo todo y como sus límites son evidentes acaban por fiarse de lo que otros les dicen que ellos han visto. No pueden abarcarlo todo, y por lo tanto deben confiar más, deben tener más fe que los propios religiosos que solo creen en la palabra de Dios. Digamos que la norma del escéptico, del agnóstico, es tener una regla que siempre se deben saltar si quieren adaptarse a la vida, si quieren seguir viviendo. No ven el amor, como lo único que se puede ver son hormonas bailando al microscopio, acaban asegurando que el amor son hormonas, pero cuando tienen que asumir las consecuencias de esta conclusión se echan atrás. ¿Cómo confiar que las hormonas van a durar para siempre, que el cóctel no se revuelva de un momento para otro y lo que hoy es amor mañana sea indiferencia absoluta? Y sin embargo llegan a aceptar la vida en pareja, aún creyendo que lo que sienten es solo instinto, hormona revuelta; llegan a tener hijos y los quieren como si este sentimiento fuera mucho más que una hormona que tira para ese lado. Consideran que todos somos sacos de hormonas, sacos de piel con huesos, músculos y órganos y sin embargo actúan como si los demás fueran algo misterioso y divino. No respetan la vida del prójimo solo porque si se la quitaran les pillarían y les harían morder el polvo, pagar muy caro lo que han hecho. Si así fuera quienes tuvieran la oportunidad clara de arrebatarle la vida al prójimo sin ser descubiertos lo harían sin más, en cambio respetar la vida del otro parece ser una norma básica en sus vidas. Quienes siguen la regla de que nada que no pueda ser visto, oído, gustado, palpado, diseccionado, visto al microscopio electrónico, existe realmente, tendrían que renunciar a gran parte de su vida porque no es “comprobable”. Nadie puede verlo todo y la confianza en que lo que los demás dicen haber visto es ineludible para que nuestras vidas puedan seguir siendo lo que son. Lo curioso es que confían y creen en lo que les dicen los demás, humanos, limitados, no aquilatados como buenas personas dignas de confianza y se ponen insufribles negando todo aquello que supuestamente pueda venir de entidades invisibles a las que lógicamente no pueden ver ni palpar. Podríamos decir, de forma irónica, que hay quienes llegan a creer más en un prójimo mentiroso que en el mismísimo Dios. Claro que los creyentes que dicen creer a pies juntillas en el mismísimo Dios, en realidad están creyendo en sus semejantes que les dicen que Dios les ha hablado. En resumidas cuentas, en el fondo todos creen en sus semejantes, solo que unos les hablan en nombre de Dios y los otros les piden que crean en lo que ellos dicen haber visto. En realidad nuestras vidas se basan en la confianza mutua, nombramos representantes políticos para que establezcan normas y leyes, confiando en que lo harán bien y mejorarán nuestras vidas en lugar de empeorarlas. Cada día nuestra vida es un perpetuo derroche de confianza. Salimos de casa confiando en que nuestro vecino no nos esté esperando, como un depredador, para devorarnos, cruzamos el paso de cebra confiando en que el conductor de turno respete la norma o regla establecida y no nos atropelle. Confiamos en que el alimento que compramos en el supermercado esté en buenas condiciones y no muramos intoxicados. Confiamos en la persona que nos dice que nos ama locamente y nos casamos y tenemos hijos y formamos familias que son las células, las moléculas de nuestra sociedad. La vida del no guerrero es una perpetua confianza, en los demás, en que las leyes físicas seguirán funcionando cada día, en que la mayoría respete las normas y leyes, en que nuestra vida siempre estará en nuestras manos, aunque sabemos muy bien que no lo está, está en manos de quienes hacen las normas y leyes, de los políticos, de las fuerzas y cuerpos de seguridad que dicen velar porque sigamos vivos, de los empresarios que dan trabajo, de los trabajadores que son productivos y cumplen, de los que confeccionan alimentos que nosotros solo compramos, no podemos cultivar. Pero lo curioso de todo esto es que, individualmente, tomados de uno en uno, no podríamos asegurar ni el uno por ciento de nuestras vidas. Nuestras ropas no dependen de nosotros, ni la alimentación, ni nuestras moradas, ni los inventos que mejoran nuestras vidas, ni nuestra seguridad. Lo que realmente está en nuestras manos es tan poco que da miedo.

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Confiamos en los demás porque no nos queda otra opción, pero si miramos bien nos daremos cuenta de que esa confianza es un auténtico misterio, porque la palabra de Dios no nos dice que Él va a intervenir directamente si un malvado mata a nuestros seres queridos o los secuestra o los viola, tenemos que confiar en que las leyes y cuerpos de seguridad disuadan al malvado de sus designios. Confiamos en que la estadística nos sea favorable, puede que no nos toque la lotería, pero confiamos en que no nos toque el tanto por ciento de robos, atracos, secuestros, violaciones, asesinatos, errores conscientes o no conscientes en la confección de alimentos o vestidos o… Confiamos en que las estadísticas nos sean favorables y podamos seguir vivos tras comer algo que hemos comprado en el supermercado, tras vestirnos una ropa que ha confeccionado otro y en la que podría haber puesto algo que nos intoxique. Confiamos en que el coche que compramos esté bien hecho y se ajuste a las normas establecidas y de esta manera que cuando lo utilicemos no estemos jugando con la suerte, si vamos a morir hoy o mañana.

La vida de un no guerrero es un auténtico misterio, solo que él no lo sabe, ni lo quiere saber, actúa como si todo estuviera en su mano. Considera que sigue vivo porque es así como debe estar, vivo, y la muerte solo es un accidente que ocurrirá en algún momento, más bien tarde. Considera que todo lo que le ocurre cada día es lo programado, algo que está perfectamente controlado, algo que sucede así desde el principio de los tiempos y seguirá ocurriendo hasta el final de los tiempos. Todo lo demás son “accidentes”. Descarrila un tren y nosotros no íbamos en él, estadísticamente es muy improbable que fuéramos por esto y lo otro y lo demás allá. Nos convertimos en una parodia ridícula del matemático. ¿Quién nos dice que a nosotros nunca nos tocará un accidente de este tipo, estadístico, porque tenemos la matemática y la suerte a nuestro favor? Y así huimos de la realidad cuando ésta nos golpea con su misterio, fuimos de viaje al extranjero, de turismo y mientras a estos les tocó morir al explotar su avión, a los otros les secuestraron los terroristas, les cortaron la cabeza, les… a nosotros no nos pasó nada. Parece que es pura casualidad el mal que les ocurre a los demás. Si fuéramos unos buenos matemáticos sabríamos que la probabilidad de que nos ocurra algo a nosotros, llevando la vida que llevamos es… Y sin embargo hemos visto morir a nuestros familiares de cáncer y sin embargo nosotros vamos aguantando el tipo; hemos visto morir en accidentes de tráfico a personas que iban por nuestra carretera, unos kilómetros por delante, y nunca nos preguntamos por qué a ellos y no a nosotros. Nunca nos hemos planteado que es más fácil la muerte que la vida, la ley de la entropía que el orden universal, que sea más fácil encontrarnos en la vida con una persona que quiera hacernos daño que con otra que quiera hacernos el bien. Damos por supuesto que todo lo que nos sucede es bueno porque así está establecido por las leyes básicas del funcionamiento del universo, por la regla, y que los accidentes y las excepciones siempre les ocurrirán a los demás, porque la estadística no miente, yo nunca seré un fallecido en accidente de tráfico.

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Un guerrero sabe muy bien que todo esto es un misterio, que nunca lo podrá desentrañar, que la consciencia es un misterio, que el hecho de que él haya sido dotado de consciencia es un misterio, que el hecho de que él haya nacido de una determinada familia y no de otra es un misterio, que las personas que se va a encontrar a lo largo de su vida sean éstas y no otras es un misterio. Un guerrero sabe que la muerte le sigue por el camino, la mano en su hombro izquierdo, que se lo puede llevar cuando ella quiera, todo está en el aire, nada de lo que le suceda a lo largo de la vida es seguro, desde la perspectiva de la muerte todo es un don, la vida es un don, los placeres son un don, hasta el sufrimiento es un don, el amor es un gran don y el desamor sigue siendo un don. Un guerrero sabe que todo es un misterio, es un misterio nacer y es un misterio morir, es un misterio todo lo que le sucede a lo largo de la vida, las personas con las que se encuentra y por qué no se encuentra con otras, por qué algunos le hacen daño y otros le hacen bien, por qué se libra de tragedias terribles no estando donde tal vez debiera haber estado según la lógica de su vida rutinaria y por qué cuando estaba convencido de que iba por el buen camino y nada malo le podría ocurrir de pronto cae al fondo de un abismo que no había visto ni que se podía prever estuviera allí.

Un guerrero respeta el misterio, no intenta desentrañarlo ni busca que le expliquen por qué nacemos o morimos cuando bien podríamos haber adquirido la consciencia desde siempre, recordarlo todo desde siempre y no perderla nunca, ni en la muerte. Un guerrero no lucha a brazo partido con el misterio, obligándole a concederle una buena vida y una buena muerte, a concederle el amor de una determinada persona o el amor de otra o de aquella de más allá, el amor nos puede ser concedido pero también nos puede ser negado, o nos puede ser concedido y luego negado. No lucha porque la vida le conceda todo aquello que cree merecer, porque se considera bueno, inteligente, porque cree haber hecho méritos, porque cree haber sufrido mucho, más que nadie. No sabemos cómo se causa el karma y cómo se nos exige el karma, no sabemos si tenemos algún mérito o más o menos que otros a los que la vida parece concedérselo todo. No conocemos el corazón de los otros, ni siquiera conocemos nuestro propio corazón. Todo es un misterio, un inextricable misterio, un profundo e infinito misterio. Ya el solo hecho de nuestra existencia es un gran misterio. Un guerrero respeta el misterio, es humilde, sabe que sabe lo que sabe, es decir no sabe nada, solo sé que nada sé decía el gran Sócrates. Un guerrero no tiene creencias ni mucho menos se las impone a nadie. Un guerrero sabe que existen fuerzas poderosas que controlan y dirigen el universo, pero no sabe quiénes son ni por qué actúan como actúan ni por qué unas veces le dan y otras le quitan. El respeto y la humildad forman parte de su regla frente al misterio. Ha perdido la importancia personal y por lo tanto no va por la vida exigiendo lo que cree que se merece ni imponiendo a los demás sus creencias y dogmas ni exigiéndoles que se arrodillen y le adoren porque el es el rey de todo y de todos.

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LA QUINTAESENCIA DE LA NORMA

En el libro de Castaneda, el don del Aguila, se narra cómo don Juan encarga a Florinda, una guerrera de su grupo, que instruya a Castaneda en el arte de acechar. Cada uno de estos grupos está compuesto por un nagual y un número determinado de guerreros y guerreras, que tienen su función particular de acuerdo a sus cualidades o capacidades de guerrero. En un pasaje de este libro se quintaesencia la regla del guerrero, por lo que me voy a limitar a copiarla, tal cual.

“El primer precepto de la regla es que todo lo que nos rodea es un misterio insondable.

“El segundo precepto de la regla es que debemos de tratar de descifrar esos misterios pero sin tener la menor esperanza de lograrlo.

“El tercero es que un guerrero, consciente del insondable misterio que lo rodea y consciente de su deber de tratar de descifrarlo, toma su legítimo lugar entre los misterios y él mismo se considera uno de ellos. Por consiguiente, para un guerrero el misterio de ser no tiene fin, aunque ser signifique ser una piedra o una hormiga o uno mismo. Esa es la humildad del guerrero. Uno es igual a todo.

La razón de ser de la regla:

-Los guerreros no tienen al mundo para que los proteja, como lo tienen otras personas, así es que tienen que tener la regla. Sin embargo la regla de los acechadores se aplica a cualquiera.

Ya en otro momento y en otro libro de Castaneda don Juan le explica más extensamente lo que aquí dice Florinda. Cuando habla de los demás se refiere a los no guerreros que se protegen del misterio insondable de la vida y de las emanaciones del Águila escudándose en el grupo, en la vinculación que la primera atención genera entre los no guerreros, algo parecido a la oveja que se refugia en el rebaño cuando ataca el lobo. Los no guerreros se escudan en su hacer cotidiano, en la relación interpersonal y en la convivencia con los demás, unos a otros se van ayudando a intensificar la primera atención que los une al mundo físico. El guerrero como hemos visto está solo, no puede protegerse refugiándose en el grupo y usa la segunda e incluso la tercera atención, moviéndose constantemente entre ambas y viviendo también en la primera atención como los demás. Como no puede “sugestionarse” hablando con los demás, conviviendo con ellos, reafirmando lo que don Juan llama muy acertadamente “la descripción del mundo” que los no guerreros aprenden a hacer en cuanto dejan la infancia y los adultos les “describen el mundo” a su manera, tienen que refugiarse en la regla como tras un escudo. Deben encontrar en ella lo que el dogma es para los religiosos, el refugio que para los otros es la sociedad con su estrecha vinculación de convivencia y su constante bombardeo de ideas y descripciones del mundo.

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LA REGLA COMO MAPA

Es un concepto en el que don Juan insiste mucho. Si para los demás las normas, leyes y reglas son coactivas y se cumplen para evitar ser castigados y uno se las salta a la torera cuando no espera el castigo, si para los religiosos el dogma es una cárcel de la que no pueden salir, so pena de herejía y excomunión, para un guerrero la regla no es coacción, garrote (las fuerzas poderosas te castigan si te saltas la regla) sino un mapa que les permite situarse y moverse para alcanzara su objetivo. La única meta de un guerrero es alcanzar la libertad por lo tanto todo en su mapa debe ser una ayuda para alcanzar esa meta. Se sitúa en un punto, donde está él, y traza un camino (estrategias) para alcanzar la meta (la libertad). Así de sencillo. No buscamos en la regla un apoyo grupal y la cumplimos por miedo al castigo, la regla es para nosotros un mapa que nos permite situarnos en un punto del camino, de la geografía, hacernos una idea de dónde estamos y de los diferentes caminos que nos pueden llevar a la meta, la libertad, diseñando cuantos recorridos-estrategias sean necesarios.

Así pues, se podría decir que lo único que un guerrero debe saber es que todo es un misterio, que puede y debe luchar por desentrañarlo, aunque sabiendo que nunca lo logrará, y que lo quiera o no toda su vida se va a mover en el misterio, con la única esperanza de ser un guerrero, de hacer lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo y de esta forma propiciar que las fuerzas poderosas sean favorables.

“Descansa, olvídate de ti mismo, no tengas miedo a nada. Solo entonces los poderes que nos guían nos abren el camino y nos auxilian. Sólo entonces”.





LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VIII

8 01 2016

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VIII

 

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PERDER LA FORMA HUMANA

Suena extraño, sorprendente, casi delirante. ¿Cómo puede perder la forma humana un ser humano y seguir siendo un ser humano? Algo así debió de pensar Castaneda cuando don Juan le habló de ello. Un guerrero debe perder la forma humana para transformarse en un guerrero impecable. Creo que me parezco bastante a Castaneda en esa intelectualidad feroz que intenta encajarlo todo en la racionalidad, la lógica más estricta. Es lo que hace Carlos a lo largo de todos sus libros, pelear con don Juan para intentar armonizar sus enseñanzas con la razón, la lógica de nuestro mundo cotidiano. Muchas veces acaba cayendo en la desesperación más feroz, no se puede armonizar la filosofía chamánica de don Juan con la razón, no al menos la mayoría de las veces. Y eso que don Juan es un nagual más cercano a Castaneda que los otros de los que le habla su maestro, quien tuvo como nagual a Elías quien era un maestro que gustaba de enseñar con “sustos” con terribles tretas del arte de acechar, haciendo que don Juan sufriera verdaderos ataques de pánico. En cambio don Juan gusta más de teorizar, de hablar, de explicar las cosas antes de que sucedan. Digamos que es un nagual más amable, un maestro que prefiere no engañar, decir las cosas como son antes de que el discípulo de un paso irreversible. Creo que yo también sintonizo mucho con don Juan, cuando comencé mi personal camino del conocimiento eché de menos tener un maestro así, saber a qué me enfrentaba antes de dar un paso irreversible. Puede que tal vez no lo hubiera hecho, puede que no hubiera intentado desarrollar el tercer ojo de haber sabido las consecuencias, pero siempre estoy más a favor de la libertad que del empujón que nos arroja al abismo donde solo podemos patear. Como también le dice don Juan, si supiéramos lo que nos espera tal vez nunca iniciaríamos el camino del guerrero, por eso a veces un empujón es imprescindible.

¿Qué es perder la forma humana? Suena extraño, pero no lo es si conocemos un poco la filosofía chamánica. En realidad todo lo que existe no es otra cosa que las emanaciones del Águila, de la Mente universal, en terminología rosacruz, que son compulsivas, amedrentadoras. Todo en el universo es pura energía, en forma de emanaciones del Águila, y en forma de huevo luminoso en el caso de los seres humanos. Vivimos en esta realidad porque hemos encajado el punto de encaje en la misma posición, todos, sino fuera así cada uno viviría en su propio mundo. Se puede decir que nuestra realidad, la única que conocemos, la única que aceptamos, solo es una de las múltiples realidades o dimensiones existentes, como intenta explicar la teoría de cuerdas en la física teórica, pero eso no significa que no existan otras realidades, otras dimensiones, otras existencias, aceptamos mejor ésta porque nuestro punto de encaje ha permanecido en la misma posición desde que de niños nos quitaron la flexibilidad para mover ese punto de encaje y nos educaron férreamente para creer solo en determinadas cosas y no en otras.

La filosofía rosacruz habla de las vibraciones, todo vibra en el universo, según su vibración así es su existencia. La vibración del mundo físico, material, es baja y lenta, de ahí ha surgido el tiempo y el espacio, pero conforme vamos subiendo en la escala de lo existente las vibraciones se hacen más elevadas, más rápidas, hasta llegar al mundo espiritual, donde se puede decir que deja de existir el tiempo y el espacio. Como hemos visto en otros textos del blog, en la ley de los tres círculos y en el cursillo de yoga mental, no somos seres unidimensionales, materiales, sino seres multidimensionales que aúnan un montón de cuerpos, unidos por la misma consciencia, por el mismo yo. El cuerpo físico está en el mundo material, pero como muñecas rusas, unas dentro de otras, también poseemos un cuerpo astral, emocional, mental, causal… Están unidos por la consciencia y los puentes que hay entre todos ellos se basan en la memoria, sin memoria la unión de estos cuerpos es muy endeble, el yo se convierte solo en aquello que percibimos y de lo que tenemos memoria.

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¿En qué consiste perder la forma humana? Según la filosofía chamánica de don Juan somos seres luminosos, capaces de volvernos conscientes de nuestra luminosidad. Podemos enfocar distintas facetas de nuestras consciencia o de nuestra atención. Este enfoque puede ser deliberado o accidental, a través de un trauma corpóreo. Un guerrero es alguien que busca la libertad y esto solo se consigue perdiendo la forma humana.

Así lo expresa literalmente Castaneda: “Experimenté repetidamente una leve sensación de incomodidad, que la explicaba como causada por una marea o como una repentina pérdida del aliento causada por cualquier esfuerzo físico agotador. Culminó todo esto una noche en que desperté aterrorizado, sin pode respirar… calmadamente ella me explicó que no se trataba de ninguna enfermedad sino que al fin y al cabo estaba yo perdiendo mis salvaguardias, y que lo que experimentaba era la “pérdida de mi forma humana”. Y el ingreso en un estado de separación con los hombres. No te hagas lucha-aconsejó-. Nuestra reacción normal es asustarnos y pelearnos con todo esto. Al hacerlo lo alejamos. Deja los temores a un lado y sigue la pérdida de la forma humana paso a paso”.

Las sensaciones físicas pueden ser diferentes. En el caso de La Gorda fue un dolor severo en el vientre y presión excesiva hacia las piernas y hacia la garganta. En el caso de Castaneda fue una presión en la cabeza, peso muy intenso en los oídos, párpados y paladar. Febrilidad. Tuvo miedo a sufrir un derrame cerebral. La presión descendió hacia el pecho, luego al estómago, las ingles, piernas y pies, por allí abandonó el cuerpo. Según Castaneda tardó dos horas en desplegarse. Tuvo la imagen de una alfombra que se enrolla o una burbuja que se mueve dentro de la cavidad del cuerpo.

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Las consecuencias de esto fueron: Un sentimiento de lejanía. La capacidad para sumergirse en el momento presente sin tener pensamiento alguno sobre ello. No le afectan las actuaciones de la gente. No se poseen expectativas. El desapego es uno de los conceptos básicos del guerrero y ello solo se adquiere cuando éste pierde la forma humana. Este desapego, el perder la forma, no supone una sabiduría automática, no sabemos más que antes, es solo una ventaja que  permite al guerrero detenerse un momento para reconsiderar las situaciones, para volver a sopesar las posibilidades. Sin embargo para poder usar constante y correctamente ese momento don Juan dijo que el guerrero tenía que luchar insobornablemente durante toda una vida.

En el don del Águila, el libro donde don Juan ya ha desaparecido, es libre, y Castaneda se queda como nagual de un grupito que no le acepta porque no encaja, en el que el personaje de La Gorda adquiere una gran importancia, donde Castaneda habla con ella constantemente y emprenden juntos algunas aventuras chamánicas, Castaneda habla así de las consecuencias de haber perdido la forma: Me sentía desapegado de todo, sin prejuicios. Lo que sentía no era indiferencia voluntaria o negligencia, tampoco se trataba de una enajenación o del deseo de la soledad. Más bien era un extraño sentimiento de lejanía, una capacidad de sumergirme en el momento actual sin tener pensamiento alguno. Las acciones de la gente ya no me afectaban porque ya no tenía ninguna expectativa. La fuerza que gobernaba mi vida era una extraña paz. Sentí que de alguna manera había adoptado uno de los conceptos básicos del guerrero: el desapego.

Según cuenta se despertó con una intolerable presión en la cabeza. No era un dolor de cabeza, más bien se trataba de un peso muy intenso en los oídos. También en los párpados y el paladar. Febril, pero el calor solo estaba en mi cabeza. Sensación de que sufría un derrame cerebral. La presión en la cabeza disminuye al cabo de un rato. El resto ya lo hemos descrito antes. La presión se vuelve más pesada y dolorosa conforme baja. El dolor más agudo lo sufre en las rodillas y pies, sobre todo en el pie derecho, que sigue caliente media hora.

He insistido en estos signos físicos porque la apertura y desarrollo de los chakras, la apertura del tercer ojo, la sensación de que el cuerpo astral se desprende del cuerpo físico por primera vez y parece acaparar nuestra consciencia, a mí particularmente me produjeron efectos físicos que se parecen bastante. Esa presión en la cabeza la he sentido durante décadas, es una presión extraña, como si te pusieran pequeñas pesas en lo alto de la cabeza, al lado izquierdo y derecho, que te dan la sensación de que bajan una parte de tu cráneo, que lo hunden. El dolor puede ser muy intenso, pero no es un dolor normal de cabeza, una jaqueca, es algo muy peculiar. A veces se hacía tan insoportable que sin saber lo que hacía apoyaba las palmas de las manos en la zona o presionaba con los dedos, buscando un alivio. Cuando ese dolor aparecía sabía que iba a tener problemas con el tercer ojo sufriendo extrañas experiencias, a veces delirantes. Generaba también una vibración muy curiosa que al principio era muy tenue y que con el tiempo se fue haciendo muy intensa. La vibración comenzó siendo muy simple y se fue haciendo más y más compleja. Se mezclaron diferentes vibraciones, como si al principio uno tocara una melodía sencilla en el piano y luego ésta se fuera haciendo más compleja al unirse otras melodías en forma de fuga o contrapunto con cierta semejanza a la música de Bach. Parecían estar unidas, ser una sola, pero en cuanto me fijaba atentamente enseguida descubría que eran vibraciones muy diferentes, a veces muchas, y si intentaba aislarlas podía escuchar su propia música, por así decirlo. Estas vibraciones llegaron a ser muy claras. En un principio pensé que sólo podía escucharlas yo, tal vez debido a un desarrollo del oído psíquico, pero con el tiempo alguna persona muy cercana llegó a comentarlo. Para ella sonaban algo así como el monótono canto de un grillo. Observando la aparición de este fenómeno, su desarrollo y desaparición, llegué a asociarlo con mi estado de energía. Según tuviera más o menos energía la vibración podía ser intensa o casi imperceptible, según estuviera calmado, relajado, armonizado o muy estresado la vibración cambiaba de forma muy evidente.

He tenido serios problemas de garganta, tal vez debido a una difícil apertura y desarrollo del chakra garganta. Desde niño sufrí enfermedades en esa zona, anginas, faringitis, resfriados, asma… El que acabara convirtiéndome en fumador también está relacionado con ese chakra como se puede ver en los textos que hay en el blog sobre la apertura del chakra garganta.

Según describe Castaneda parece que a él la pérdida de la forma humana le vino de forma brusca, repentina y muy intensa. En mi caso, tal vez por el desarrollo muy gradual y autodidacta de los chakras, los fenómenos fueron muy espaciados en el tiempo y nunca tuve una sensación tan fuerte. Pero sí puedo decir que hay muchas semejanzas, aunque nunca tuve la sensación de una alfombra que se enrollara o una burbuja que se moviera dentro del cuerpo, en mi caso la sensación fue distinta, comencé a percibir como que algo se desprendía de mi cuerpo físico, lo que achaqué a que el cuerpo astral ahora se desprendía con más facilidad y sin control. La sensación era parecida a una especie de masa de aire, con la forma del cuerpo, que en un momento determinado permanecía sobre él, sin despegarse, pero claramente diferenciada. Esta masa de aire llegó a ser muy pesada, hasta el punto de que me presionaba contra el lecho y lo hundía. Llegué a tener experiencias verdaderamente terroríficas, como si un fantasma u otro cuerpo astral estuviera sobre el mío y lo hundiera con su peso, un peso incomprensible puesto que se supone que el aire no pesa. Mis terrores me llevaron al delirio y me hicieron pensar en entidades invisibles que estaban sobre mi cuerpo, incluso íncubos y súcubos que buscaban el acto sexual para arrebatarme la energía. Sin perjuicio de hablar de ello en el Diario de un enfermo mental, el gran secreto, debo decir aquí que gran parte de estas experiencias sin duda fueron generadas por lo que don Juan llama la pérdida de la forma humana de un guerrero impecable.

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Estamos acostumbrados a vernos como humanos porque el cuerpo físico tiene una determinada forma, sabemos que poseemos cabeza, tronco y extremidades, pero eso no significa que sea una forma de la energía que somos, que vaya a permanecer para siempre, como bien sabemos, ni que sea en realidad tal como somos. La energía se puede decir que no tiene forma y se adopta al recipiente en el que está. La razón por la que poseemos cuerpos físicos como los que tenemos se me escapa. Según el libro de Urantia parece que pudiéramos ser diseños de los sembradores de vida, entidades que crean formas de vida en los diferentes planetas, adaptadas a un entorno y a una previsible y buscada evolución. Pero eso no significa que seamos así, se podría decir que nuestra energía, nuestro cuerpo luminoso, como lo llama don Juan, no tiene forma y si hemos adoptado la forma humana es porque la necesitamos para sobrevivir en el mundo físico. Puede que los sembradores de vida diseñaran genéticamente nuestros cuerpos o puede que nosotros mismos desde otros planos hayamos buscado durante siglos el mejor vehículo para nuestros fines, de todas formas un vehículo no deja de ser un vehículo, el conductor es otra cosa, y en nuestro caso es un cuerpo luminoso sin forma.

Perder la forma humana sería entonces recuperar la consciencia y el control de nuestro cuerpo de luz. Somos conscientes de todo nuestro cuerpo, eso está claro, por eso cualquier lesión o dolor en cualquier parte de nuestro cuerpo físico es asumida como un dolor “nuestro” de nuestra consciencia. Se podría decir que ese cuerpo luminoso se ha adaptado a la vasija y ha dividido y situado partes de su consciencia en diferentes zonas para hacer que ese vehículo funcione mejor. Sentimos la consciencia intelectual en la cabeza, cuerpo mental, la consciencia emocional en el corazón, cuerpo emocional, chakra corazón, la voluntad en el plexo solar, la función de alimentación en el estómago e intestino, pero eso no significa que el resto de la consciencia no participe, solo que se concentra allí con más intensidad para realizar ciertas funciones. Perder la forma es volver a darnos cuenta de que nuestra consciencia total está o puede estar en todas partes y en ninguna. Lo mismo que cuando conducimos un vehículo nuestra consciencia se centra en las manos para encender el motor, en los pies para mover los pedales, de nuevo en las manos para utilizar el volante, etc. el cuerpo luminoso o consciencia se adapta en cada momento a lo que necesita nuestro cuerpo. Un fuerte dolor de tobillo, debido a un esguince, hace que toda la consciencia parezca acudir ahí y somos solo dolor de tobillo. Cuando usamos las manos la consciencia va a ellos con más intensidad y parecemos tener solo manos. Cuando pensamos con intensidad podemos llegar a sufrir dolor de cabeza, pero no porque solo piense la energía de la cabeza, sino porque el vehículo está adaptado para que piense el cerebro y no piensen los pies. Somos una energía global, una consciencia global, un cuerpo luminoso sin forma que se adapta, como el agua que es echada a una vasija a la forma de ésta. En nuestro caso somos una vasija con cabeza, tronco y extremidades y el agua de la consciencia se despliega y derrama hasta ocuparlo todo. Por eso se puede decir que ninguna enfermedad es local, que afecta solo a una parte de nuestro cuerpo, la enfermedad es algo global, estamos enfermos totalmente y no solo un órgano o una extremidad. Cuando necesitamos sangre ésta acude a la parte del cuerpo que la necesita, es una buena metáfora de cómo actúa el cuerpo luminoso dentro de nuestro cuerpo físico. Por eso la curación de una enfermedad debe ser global y por eso la curación de una enfermedad mental debe ser global, debemos curarnos enteros, debemos curar todo nuestro cuerpo físico, todo nuestro cuerpo astral, todo nuestro cuerpo emocional y mental, pero sobre todo debemos curar nuestro cuerpo causal o alma. La medicina que intenta curar por partes no deja de ser una medicina de taller de coches, cambiamos piezas, las pulimos, las encajamos, pero si el coche globalmente no está bien, si el motor no funciona el coche quedará varado, para el desgüace.

Perder la forma humana significa eso, recuperar la fluidez sin forma de nuestro cuerpo luminoso, hacernos de nuevo conscientes de que no somos solo un cuerpo físico, de que no tenemos una forma determinadas, sino que somos luz sin forma. Esto supone unos cambios brutales, tanto en el cuerpo físico, que se queja al notar la ausencia o supuesta ausencia de consciencia en ciertas partes que se rebelan generando dolores, presiones, vibraciones y todo tipo de avisos, como en nuestra mente que comienza a percibir de forma distinta. Ya no se constriñe a la forma normal de conocimiento, sentidos que nos hacen llegar vibraciones, estímulos, que son llevadas al cerebro por los nervios y allí procesadas por el cerebro que a través de su complejo laberinto de neuronas, bloquea aquí, abre allá, hace que un recuerdo se asiente en esta zona, otro en otra, bloqueamos estos recuerdos, abrimos otros, generamos una consciencia limitada y constreñida para unos determinados fines que a veces son solo la supervivencia física. Se generan traumas emocionales con los bloqueos, se generan enfermedades solo para evitarnos una consciencia global que parece que el cuerpo físico no puede o no quiere soportar.

Perder la forma humana nos permite percibir directamente, la sabiduría del cuerpo, de la que ya hemos hablado en otra parte. Es toda la consciencia que está en el cuerpo, toda el agua que contiene la vasija la que “piensa” y es consciente de lo que sucede, no solo una parte, enraizada en el cerebro que se limita a hacer funciones serviles de empleado cuando en realidad es el jefe, es el total, es el cuerpo luminoso. Se podría decir que nos hemos constreñido a vivir en un cuerpo físico y nos hemos olvidado de lo que verdaderamente somos, esto nos hace limitados, sitúa nuestro punto de encaje en un punto concreto de anclaje y nos hace esclavos de ese mundo de esa dimensión, cuando nuestro cuerpo de luz es libre para viajar por todas las dimensiones, por todos los universos. Una vez perdida la forma humana podemos viajar, podemos ensoñar, podemos llegar a la segunda, a la tercera atención, podemos por fin aceptarnos como superhéroes cuando pensábamos que solo éramos mierdecillas, incapaces de sobrevivir en un entorno físico. Alcanzar la calidad de superhéroe, de guerrero impecable, es un largo y trabajoso camino, y una de las condiciones básicas para alcanzar esa condición es perder la forma humana.

Nos dice Castaneda: “Especulé que el concepto de perder la forma humana se refería a una reacción corporal que el aprendiz tiene cuando alcanza cierto nivel en el curso de su entrenamiento. El resultado final consistió no solo en llegar a la buscada y ansiada condición de desapego,sino a la ejecución completa de la elusiva tarea de recordar”.

De nuevo la memoria, tan importante, tan imprescindible. Se podría decir que somos lo que recordamos. Si no recordamos los sueños, los ensueños, no recordamos que somos también cuerpo astral y así sucesivamente. Los puentes deben de ser reconstruidos, revitalizados si queremos regresar a la condición de seres multidimensionales, de superhéroes. En cuanto al desapego es una consecuencia lógica de todo esto. Nos apegamos a la vida porque nos consideramos mortales y morimos, si supiéramos que el cuerpo físico es solo un vehículo que se puede dejar para ocupar otro o simplemente que podemos seguir vivos y más conscientes sin el cuerpo físico, no nos apegaríamos tanto a él, como a la condición ineludible para seguir existiendo. La muerte deja de ser algo terrible y se convierte en un cambio, no solo aceptable, sino incluso deseable cuando se llega a cierta evolución, nos hace más libres. Nos desapegamos de las riquezas porque no las necesitamos para ser libres, la meta última del guerrero, y tampoco nos preocupa la supervivencia del cuerpo gracias a la herramienta de la riqueza porque sabemos que los otros cuerpos pueden buscarnos la supervivencia mucho mejor que la posesión de riquezas. Nos desapegamos de los seres queridos, del resto de la humanidad, porque sabemos que al perderlos en el mundo físico no los perdemos absolutamente, que podemos seguir con ellos en el mundo astral, en el mundo espiritual. La sabiduría nueva nos hace distantes y desapegados de todo porque ahora sabemos lo que somos, seres multidimensionales, que todo es fugaz y pasa en el mundo físico, incluso en el mundo astral, pero todo permanece en la consciencia más elevada. Dejamos de sufrir por nosotros, por los demás, nos volvemos seres de luz y la luz no sufre solo ilumina según camina en la noche cósmica.

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Retomemos el concepto de que la pérdida de la forma humana no es sabiduría automática. En efecto saber que somos fluidos no nos da fluidez, necesitamos la voluntad, el intento. Saber que somos multidimensionales no nos hace recordar lo que vivimos en otras dimensiones. La memoria, el recuerdo es esencial, de ahí que don Juan les insista tanto en recordar. Al perder la forma tenemos ese instante del que carecen los demás, fuera del tiempo y el espacio, no constreñido ni coaccionado por nada, para reflexionar sobre la decisión a tomar. Ya no la vamos a tomar apegados a las cosas o a las personas, la va a tomar todo el ser multidimensional y no el unidimensional. Parece poco pero es un auténtico milagro, es como tomar una decisión constreñidos por montañas que nos rodean, sin ver nada más, o tomar la decisión volando como un águila en el cielo, mirando el horizonte con ojos de águila. Por eso el guerrero impecable que ha perdido la forma humana parece ser el mismo, el mismo pobre hombre de siempre, pero bajo su apariencia gris de siempre se esconde el superhéroe que puede volar donde quiere y puede actuar allí donde desea.

Las dos técnicas básicas para perder la forma son la recapitulación y la ensoñación, que ya hemos visto en esta serie de textos. Recordamos y al recordar somos conscientes de ser cuerpos de luz, seres multidimensionales. Al ensoñar nos damos cuenta de que la forma humana no nos sirve para nada en el ensueño, ni caminamos con las piernas, ni hablamos con la boca, ni escuchamos con los oídos ni pensamos con el cerebro dentro del cráneo. La forma humana solo nos sirve cuando estamos dentro del vehículo, cuando estamos fuera no la necesitamos para nada y hacer de esto un “continuum” conseguir que la vida onírica, astral, causal y la vida física sean un todo continuo y no mundos separados por puentes medio derruidos es lo que da libertad al guerrero.

FÓRMULA U ORACIÓN DEL GUERRERO IMPECABLE SACADA DEL DON DEL ÁGUILA

Ya me di al poder que mi destino rige.

No me agarra ya de nada, para así no tener nada que defender.

No tengo pensamientos, para así poder ver.

No temo ya a nada para así poder acordarme de mí.

Sereno y desprendido me dejará el Águila pasar a la libertad.





LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VII

11 11 2015

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VII

EL ARTE DE ENSOÑAR

Según don Juan un guerrero debe conocer necesariamente el arte de acechar y el arte de ensoñar, entre otras cosas. Al arte de ensoñar le dedica Castaneda un libro íntegro, sin contar las referencias que se hacen en otros. Tras repetidas lecturas y relecturas debo confesar que aún me sigue fascinando. Aunque los guerreros tengan que dominar ambas artes, acechar y ensoñar, siempre dominarán una mejor que la otra y eso va en su naturaleza, hay guerreros acechadores y guerreros ensoñares. Yo debe ser un guerrero ensoñador porque ya desde hace muchos años y por mi cuenta me he dedicado a recordar y anotar mis sueños. Cada mañana al despertar intento recordar uno o varios sueños y los anoto meticulosamente en mis cuadernos de sueños.

Comparados estos cuadernos, mis experiencias, con las que se narran en El arte de ensoñar debo decir que salvo encontrarme con los seres inorgánicos (algo que el mismo don Juan confiesa apenas haber hecho y lo imprescindible, porque son peligrosos y le dan miedo) creo que el resto de experiencias que allí se cuentan las he vivido con mayor intensidad y de una forma u otra a lo largo de mi experiencia onírica.

Cada relectura me permite descubrir algo nuevo. En esta última me fijé en una pequeña técnica que me había pasado desapercibida en anteriores lecturas, se trata de colocar la punta de la lengua en el paladar al ir a dormir y mantenerla allí mientras estamos dormidos. Según don Juan esto sirve para ayudar a recordar los sueños. No sé si funcionan o no pero debo confesar que desde que la practico he recordado muchos más detalles de mis sueños y con mayor intensidad.

EL PUNTO DE ENCAJE

Según don Juan en sueños el punto de encaje se mueve con una gran flexibilidad permitiendo al guerrero pasar de un mundo a otro con gran facilidad. Es por ello que los guerreros trabajan el arte de ensoñar, para conseguir controlar el punto de encaje y hacer que se mueva de forma flexible de una posición a otra. Este control del punto de encaje permite al guerrero pasar por las diferentes atenciones, aprender los conocimientos que solo son posibles de adquirir en esas atenciones y “visitar” otros mundos u otras dimensiones.

Según don Juan los niños tienen esa flexibilidad del punto de encaje por naturaleza y solo cuando los adultos, los mayores, les obligan, con sus burlas, sus recriminaciones y sus compulsiones a dejar de lado las “niñerías” es decir las fantasías y esos juegos divertidos que los niños se traen con amigos invisibles y otras entidades fantásticas, es cuando su punto de encaje se empieza a fijar en una postura solamente y se anquilosa allí. Es curioso que un guerrero debe volver, de alguna manera, a la infancia para recuperar esa posición del punto de encaje. Ya lo dice el evangelio: si no os hiciereis como niños no entraréis en el reino de los cielos. Es curioso que según la filosofía chamánica de don Juan eso sería algo literal, no solo una metáfora, hay que regresar a la infancia, aprender de nuevo a ser flexibles en el movimiento del punto de encaje para entrar en otros mundos.

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LAS COMPUERTAS DE LOS SUEÑOS

Según don Juan hay tres compuertas que hay que pasar para acabar dominando, dentro de lo posible, el arte de ensoñar y moverse con facilidad y seguridad entre esas dimensiones. Cada compuerta requiere unas técnicas concretas y debe ser afrontada con un trabajo constante durante mucho tiempo.

Es curioso que en esta relectura haya advertido por primera vez que yo había llegado ya a la segunda compuerta sin apercibirme de ello. Un signo evidente de que es así, de que se ha llegado a la segunda compuerta de los sueños es haberse visto en sueños a uno mismo en el lecho donde está durmiendo.

Esta experiencia la relato en mi novela El loco de Ciudadfría, en el capítulo del sueño iniciático. Es un sueño real que me ocurrió hace años, justo después de una experiencia cercana a la muerte que cambió mi vida e hizo que durante una larga temporada sufriera mucho en sueños, daba patadas, despertaba a mi entonces mujer, tenía pesadillas terribles, creo que hasta hablaba en sueños y no me hubiera extrañado que padeciera de sonambulismo, tal como le ocurría a mi hermana en la adolescencia.

En una de esas experiencias me encontraba durmiendo en la cama, de costado, cuando creí notar un ruido raro en el pasillo del piso, en León. En el sueño estaba consciente, de hecho creí que estaba despierto, es el sueño más lúcido que he tenido hasta ahora. Razoné que la puerta estaba cerrada, yo estaba solo en el piso puesto que mi entonces mujer estaba trabajando, mi hija estaba en USA y creo que D. estaba con sus amigos, en algún sitio, esa noche estaba solo. Pues bien, me pareció que la puerta se abría, que alguien caminaba por el pasillo. Eso me produjo un terror intenso, una angustia indescriptible. Razoné muy lúcidamente que nadie podía entrar puesto que la puerta estaba cerrada, que solo podrían ser ladrones. Quería levantarme de la cama y enfrentarme a lo que fuera, pero no podía, algo me retenía, estaba paralizado. De pronto se abrió la puerta de la habitación y noté que alguien entraba. Mi sorpresa y terror no tuvieron límites cuando comprobé que era yo mismo, en cuerpo físico. Había abierto los ojos y miraba a mi doble que parecía muy tranquilo y sonreía. Quise hablar con él, preguntarle si venía del futuro y hacerle algunas preguntas interesantes, pero no pude, sufrí tal terror, tal angustia que creí morirme y me desperté sudando, un sudor frío, una angustia insufrible. El corazón me palpitaba con fuerza y tardé en tranquilizarme, teniendo miedo, en todo momento, de que iba a morir o incluso de que ya estaba muerto y eso era lo que les ocurría a los que se morían.

He tardado varios años en darme cuenta de que ese fenómeno está recogido en El arte de acechar. Si bien don Juan le presiona a Castaneda para que no lo admita sin más. Le dice que tiene que encontrar alguna estrategia para cerciorarse de que el cuerpo que está en la cama es su verdadero cuerpo y no una fantasía o un sueño normal. Castaneda intenta diferentes estrategias, tales como ponerse el mismo jersey o alguna prenda de ropa que le permita apreciar que el que está en la cama es su cuerpo presente, justo el que acaba de dormirse. Luego don Juan  se reirá de él, le parece una patochada lo que está haciendo. Un brujo sabe lo que tiene que hacer y sabrá que realmente es su cuerpo y no una fantasía.

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Lo curioso, en mi caso, es que yo no era el que venía por el pasillo y veía a mi cuerpo en la cama, como debería ser lo normal dado que el ensoñador está fuera del cuerpo, es consciente y es el cuerpo físico que está en la cama el que ha perdido la consciencia y la lucidez, no está soñando, está durmiendo. En cambio en mi caso ocurrió al revés, fue el cuerpo que estaba en la cama el que ensoñó y percibió al que venía a verle. Es un caso extraordinario que don Juan no menciona  y que a mí me hubiera gustado consultarle. La impresión que yo tuve fue la de que el que venía por el pasillo era mi yo futuro, un yo que se desprendería de mi cuerpo físico en un futuro más o menos cercano y viajaría hasta el pasado, para verme, tal vez para darme un mensaje importante.

Nunca recibí ese mensaje, nunca supe si mi visitante era yo realmente y a qué se debía la visita, tampoco llegué a saber si era posible que los diferentes “yoes” se pudieran visitar en sueños. Ahora, en el momento actual, no me sorprendería nada que mi yo actual hubiera visitado a mi yo pasado intentando transmitirle un mensaje muy importante: cuidado porque en el futuro te vas a divorciar, vas a perder a tu pareja, a tu hija, ten mucho cuidado. Ese sí hubiera sido un buen motivo para la visita.

LOS SERES INORGÁNICOS Y LOS MENSAJEROS

Nunca he sabido muy bien qué quiere decir don Juan con los “seres inorgánicos”. ¿Se refiere a que los minerales que habitan nuestro planeta tienen consciencia y nos podemos comunicar en sueños con ellos? Hubo un tiempo en que lo interpreté así, pero ahora más bien pienso que son seres de otras dimensiones a los que se puede ver con la segunda atención, más fácil de desarrollar en sueños. No se trata de las consciencias de plantas o minerales de nuestro planeta, como llegué a creer, sino que don Juan los llama “inorgánicos” porque no tienen “organismo”, porque no son materiales, son energía.

Don Juan le confiesa a Castaneda que sabe menos que él de estos seres, puesto que aunque le transmitió el conocimiento que como brujo había recibido, él mismo ha huído de estos seres y su conocimiento es muy elemental. Ha huido por una razón poderosa que Castaneda experimentará en su propia piel. Los seres inorgánicos te captan, te llevan a su mundo, y allí, a cambio de darte todo lo que quieres, de una forma “artificial”, digamos, te piden a cambio que les entregues tu consciencia ya que ellos al parecer se alimentan de ello, de consciencias. Su insidia llega a ser tal que algunos dan su permiso verbal, en voz alta, requisito imprescindible para que los seres inorgánicos se apoderen de ellos, y les retengan allí, en su universo o dimensión.

Para llevarles hasta ellos utilizan a lo que don Juan llama “mensajeros” no se sabe muy bien si son de la misma especie que los seres inorgánicos o son otros seres o incluso son humanos que han dado su permiso para quedarse allí, con los seres inorgánicos. De hecho en un episodio espeluznante a Castaneda se la aparece una niña cuitada que le pide ayuda y le ruega sacarle de allí. Castaneda le hará caso y sufrirá una de sus experiencias más impresionantes, puesto que no solo consigue atraer a la niña de nuevo a esta dimensión, descubriendo que la supuesta niña es en realidad un brujo atrapado por los seres inorgánicos en su mundo, sino que está a punto de morir y debe ser rescatado por don Juan y alguno de sus aprendices.

Todo esto suena a delirio, a auténtico delirio. Yo incluso tuve problemas para aceptar que algo así pudiera ocurrir en sueños, hasta que recordé aquel increíble sueño que había tenido años atrás y que utilizo también en el capítulo del sueño iniciático de mi novela El loco de Ciudad-fría. En él cuento cómo tuve un sueño en el que estaba en otro planeta, un planeta extraño, una especie de Marte, un planeta rojo, desértico, en el que existían una especie de castillos medievales pero de un material raro, como de cristal. Me encontré con aquellos seres de cristal que me acogieron, hablaron conmigo, me enseñaron el castillo y su mundo y me hicieron participar en una increíble ceremonia de vinculación, una especie de sexo en grupo con los cuerpos energéticos. Ellos ya no tenían cuerpos normales, sino que sus cuerpos eran una especie de cristales extraños, con unas cualidades increíbles, donde residían durante su vida física y de los que salían para sus ceremonias o para realizar determinados trabajos o misiones.

Fue el sueño más extraordinario que nunca haya tenido. Fue como si viajara por el universo hasta encontrarme con ese planeta concreto. Esto que me pareció disparatado entonces descubrí que aparecía en el Arte de ensoñar, donde don Juan le dice a Castaneda que podemos viajar por el universo con nuestra consciencia que no es solo una idea sino que es algo real, algo físico. Cuando Castaneda le pregunta a don Juan si es físico, corporal, éste le responde que por supuesto que no, es energética, pero tan real o más que el cuerpo físico. Es curioso porque en el budismo, en yoga, se habla de los diferentes cuerpos que tenemos y se habla de ellos como de cuerpos “reales” no metafóricos. En los textos que estoy subiendo sobre la ley de los tres círculos, así como en las meditaciones del cursillo de yoga mental y otros textos que amplían y matizan estos conceptos, hablo de que los cuerpos son reales. No solo tenemos un cuerpo real, el cuerpo físico, y los demás son metafóricos, también son reales, solo que energéticos, el cuerpo astral, el emocional, el mental, etc. Si son reales también pueden sufrir heridas, como le ocurre al cuerpo emocional, del que hablaré en el próximo capítulo de la ley de los tres círculos.

El arte de acechar es un libro apasionante del que seguiré hablando en estos textos de las enseñanzas de don Juan. Para mí lo más sorprendente es descubrir que mi experiencia onírica parece bastante similar a lo que se cuenta en el libro. Sigo sin ver a los seres inorgánicos, aunque don Juan le enseña a Castaneda la forma de descubrirlos en sueños, hay que buscar algo raro en los objetos del sueño y se les desvela diciendo en voz alta, en sueños, que quieres ver, entonces pierden su forma material y puedes ver su energía. Los más peligrosos, según don Juan son los que se esconden tras la figura de nuestros seres queridos. Tal vez el sueño que tuve anoche fuera un sueño en el que aparecen los terceros o cuartos seres inorgánicos (porque don Juan los numera y los describe). Tal vez los seres queridos de mi sueño de anoche fueran seres inorgánicos a los que no fui capaz de desvelar y ver en sus verdaderos cuerpos energéticos, porque desde luego nada de lo que ocurrió en el sueño con mis seres queridos es verosímil ni tiene el menor sentido.

Pero de estos y otros temas seguiremos hablando porque el mundo de los sueños y el arte de ensoñar es muy amplio.





LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VI

28 09 2015

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN VI

EL PUNTO DE ENCAJE

Es uno de los conceptos básicos de la filosofía chamánica de Don Juan. Según le explica a Castaneda, e incluso le hace experimentar esta teoría, los seres humanos somos huevos energéticos, cuando se nos mira desde la segunda atención, o desde el tercer ojo, como dirían los budistas, no somos bípedos con un cuerpo físico sino huevos luminosos de energía. El punto de encaje sería un punto en el huevo luminoso que tiene la facultad de moverse en ese huevo luminoso y cada vez que lo hace se produce la vinculación con unas determinadas emanaciones del Águila o lo que es lo mismo, nos vinculamos con un mundo diferente, un universo diferente, una dimensión diferente.

Este punto de encaje estaría situado a la altura del ombligo o plexo solar, del chakra correspondiente en budismo, y fuera del cuerpo físico, como a medio metro, es decir estaría dentro del huevo luminoso pero fuera del cuerpo físico, si nos empeñamos en situar en el espacio todo lo que se mueva, aunque ya sabemos que el concepto de espacio no deja de ser una categoría kantiana o una forma de situar las cosas para que nuestra mente pueda comprenderlas. Este punto de encaje sería como una clavija que vamos introduciendo en diferentes agujeros. No se me ocurre ejemplo mejor que el de un cinturón de cuero, como los que utilizamos para sujetar nuestros pantalones. Esos cinturones tienen una clavija metálica y hay diferentes agujeros en el cuero. Según engordemos o adelgacemos la clavija irá subiendo en la escala o bajando.

Pues bien, el punto de encaje sería algo parecido, pero mucho más flexible. Según don Juan los niños al nacer y durante algunos años, hasta que las enseñanzas de los adultos hacen mella en ellos, tienen el punto de encaje muy flexible, razón por la cual los niños son tan imaginativos, hablan con amigos invisibles, juegan con lo que sea y hasta nos dan increíbles sorpresas nacidas de su portentosa intuición y sus facultades mentales aún no encajonadas por las viejas y caducas reglas de los mayores. Se podría decir que lo natural es esa flexibilidad del punto de encaje en los niños, lo artificial es que el punto de encaje en los adultos quede anclado en un agujerito para siempre. Es como si una persona utilizara un cinturón para sujetarse los pantalones y no hubiera movido la clavija del mismo agujero durante toda su vida. Aquí pasa algo, diríamos, cuaque, aquí hay tomate.

Según don Juan el punto de encaje es el que hace que percibamos el mundo como lo percibimos, el universo sería un océano de energía formado por las emanaciones del Águila o mente impersonal universal, el orden lo ponemos nosotros, al colocar nuestro punto de encaje en alguno de los agujeros del cinturón, según dónde lo pongamos estaremos en una dimensión o en otra, en un universo o en otro. Cuando Castaneda le pregunta a don Juan si son reales estos mundos éste le responde que naturalmente, cómo iban a ser irreales. Esto me recuerda un poco al mundo de la física cuántica, a la teoría de cuerdas y a las nuevas perspectivas de la física teórica moderna sobre el universo. No hay nada realmente sólido, todo es una permanente vibración de partículas, que según vibren en una u otra frecuencia estaremos viendo un mundo u otro.

La percepción de la realidad por el tercer ojo también es muy semejante. Por el tercer ojo no se ven paredes sólidas, como las que ven nuestros ojos de carne sino una especie de pared luminosa donde todo brilla. En mis sueños he llegado a percibir esas paredes de luz e incluso a atravesarlas con naturalidad. La solides que creemos connatural a todo lo real, al mundo material, no es otra cosa que una percepción de nuestros sentidos, en realidad nada es sólido, todo es pura vibración, todo es TAO, el fluyente río de la vida, todo es Maya, el velo que ha caído sobre nuestra mente para hacernos creer que somos individuales, que vivimos en un universo sólido de materia, que existe el tiempo por el que nos desplazamos hacia el futuro. En realidad todo es un océano de vibraciones, no estamos separados sino vinculados, como diría Milarepa en su teoría de la vinculación, lo mismo que en el mundo de las partículas subatómicas, en el mundo de la física cuántica, una partícula no está en un lugar concreto que pueda determinarse con las dimensiones espaciales, no está arriba o abajo, ni está aquí o allá, simplemente vibra y al vibrar puede estar en varias dimensiones a la vez y sujeta a las leyes de la física cuántica que tampoco han sido conocidas exhaustivamente o comprobadas en el laboratorio, así nosotros creemos estar en un lugar muy concreto del espacio, en un instante muy determinado del tiempo, pero en realidad como bien sabemos, nos trasladamos en el tiempo, desde el nacimiento hasta la muerte, nos trasladamos en el espacio y en estos traslados llevamos nuestro cuerpo físico y con él todo lo que ese cuerpo físico porta, es decir la ropa, nuestros enseres, maletas, equipaje. Así es como viajamos en el mundo físico, material, es nuestro cuerpo el que se traslada o es trasladado sirviéndose de artilugios técnicos o de otro tipo. Pues bien, en el mundo de la física cuántica, en el mundo subatómico es nuestra consciencia la que se traslada, la que viaja en el tiempo y en el espacio y con ella puede llevar lo que se permita en cada dimensión. En la dimensión material o física llevará siempre su cuerpo, salvo que al separarse de él por la muerte, ya no haya vinculación alguna. Y junto con el cuerpo llevará todo lo que permitan las leyes físicas de esa dimensión, en el caso del cuerpo físico se llevará el vestido y todo aquello que pueda portar ese cuerpo de acuerdo a las leyes físicas, es decir, para que nos entendamos, podemos llevar un equipaje con un peso y un volumen, siempre que nuestro cuerpo pueda con él.

Todo esto viene a cuento, hablando del punto de encaje, porque en realidad intuyo que este punto de encaje no es otra cosa que la concentración de la consciencia en una banda determinada de frecuencias que don Juan se imagina, dice que por haberlas visto en el huevo luminoso que somos las personas, en un círculo o semicírculo, ligeramente separado del cuerpo físico, a la altura, por debajo tal vez, del chakra del plexo solar. Lo curioso de esta forma de verlo es que habitualmente pensamos que el núcleo de nuestra consciencia está en la cabeza, es en la cabeza donde situamos la mente, concretamente en el cerebro, y donde la ciencia nos enseña que está asentada nuestra mente, nuestra inteligencia. Lo cierto es que nuestra consciencia está extendida por todo el cuerpo físico, desde la punta del pie, desde la uña hasta el cabello, hay una consciencia. En cada célula de nuestro cuerpo, es por eso que lo sentimos como nuestro y notamos cuándo nos cortan o nos cortamos una uña o nos quitamos un cabello. Los científicos lo explican por las terminaciones nerviosas que tenemos y por los nervios que conducen las corrientes eléctricas de las sensaciones hasta el cerebro, que las procesa y nos dice que una uña ha dejado de ser nuestra y por lo tanto se ha separado de nuestra consciencia, le suceda lo que le suceda ya no la sentiremos como algo nuestro y lo mismo con el cabello. Si nos cortan una pierna se ha comprobado que la persona sigue percibiendo, sintiendo, como que hay algo donde estuvo esa pierna física. Nuestra consciencia se tiene que ir acomodando constantemente a los cambios que sufre nuestro cuerpo físico, nuestros pensamientos y emociones, es decir nuestros cuerpos mental, emocional, astral, etc. Es por eso que a pesar de lo diferentes que seremos a lo largo de nuestra vida, desde el bebé del nacimiento, al anciano de la muerte, siempre hay una unidad de consciencia. Digamos que la consciencia traslada en el tiempo una conformación de células, un conglomerado biológico construido genéticamente para unos determinados fines. Pero no nos engañemos, la consciencia es algo diferente, digamos que es el cuerpo causal, el alma, que se ha rodeado de diferentes cuerpos, como ocurre con las muñecas rusas, para que cada uno de ellos le sirva en una determinada dimensión. No podemos servirnos del cuerpo físico para movernos en la dimensión astral, es por eso que el cuerpo astral se separa del físico para hacerlo.

Como vimos somos seres multidimensionales y el punto de encaje podría ser la clavija que une estos cuerpos que se mueven en dimensiones diferentes. Por eso mover el punto de encaje sería como desprendernos del cuerpo físico para que otros cuerpos puedan viajar a otras dimensiones, a otros universos. Lo curioso de la visión de don Juan del punto de encaje es que prácticamente nos está diciendo que no se necesita estar dormido para dejar el cuerpo físico y movernos en sueños con el astral, que no se necesita estar muerto para que el resto de los cuerpos se mueva a su gusto en otras dimensiones y que incluso lo podemos hacer con el cuerpo físico que tenemos, que cambia su vibración y así puede adoptarse a los diferentes mundos o dimensiones. Es una forma novedosa de verlo. De ahí que le insista a Castaneda en el concepto de ensoñar despierto, es decir, cambias el punto de encaje y en lugar de entrar en el sueño, como sucede habitualmente en nuestra vida cotidiana, seguimos despiertos y lúcidos, pero en el mundo de los sueños, en el mundo onírico, o en la segunda o tercera atención, conceptos que veremos en otro momento.

Desde luego que el concepto de punto de encaje es apasionante y si se lo compara con el concepto budista de los diferentes cuerpos y chakras nos permite comprender mejor cómo es el ser multidimensional que somos.

Lo que verdaderamente necesitamos es sobriedad, y nadie puede dárnosla, ni ayudarnos a obtenerla, salvo nosotros mismos. Sin ella, el movimiento del punto de encaje es caótico, como son caóticos nuestros sueños ordinarios. ‘Así que, al fin y al cabo, el procedimiento para llegar al cuerpo del ensueño es la impecabilidad en nuestra vida diaria.’ El Fuego Interno. C.Castaneda.


Relatos de Poder

…Los brujos dicen que estamos dentro de una burbuja. Una burbuja en la que somos colocados en el instante de nuestro nacimiento. Al principio está abierta, pero luego empieza a cerrarse hasta que nos ha sellado en su interior. Esa burbuja es nuestra percepción. Vivimos dentro de esa burbuja toda la vida. Y lo que presenciamos en sus paredes redondas es nuestro propio reflejo….

..La importancia personal es la que fija el punto de encaje….

 

…El hombre común busca la certeza en los ojos del espectador y llama a eso confianza en sí mismo. El guerrero busca la impecabilidad en sus propios ojos y llama a eso humildad. El hombre común está enganchado a sus prójimos, mientras que el guerrero sólo depende de sí mismo. La confianza implica saber algo con certeza; la humildad implica ser impecable en los propios actos y sentimientos…

 

..Cambiar nuestra idea del mundo es la clave de la brujería. Y la única manera de lograrlo es parar el diálogo interno…

 

Viaje a Ixtlán

…La primera verdad dice que el mundo es tal como parece y sin embargo no lo es. El mundo no es una ilusión como se ha dicho que es, es real por una parte e irreal por otra…

..La posición actual del punto de encaje es lo que hace que el hombre moderno sea un egocéntrico homicida, un ser totalmente atrapado en su propia imagen. Habiendo perdido toda esperanza de volver al conocimiento silencioso, el hombre busca consuelo en su yo individual. Y al hacerlo consigue fijar su punto de encaje en el lugar más conveniente para perpetuar su imagen…

….La posición actual del punto de encaje en el hombre y la imagen de sí, obligan al punto de encaje a armar un mundo de falsa compasión, pero crueldad y egoísmo muy reales. En ese mundo, los únicos sentimientos verdaderos son los que convienen a quien los tiene. Para el brujo no tener compasión no es ser cruel. El no tener compasión es la cordura, lo opuesto a la compasión por sí mismo y la importancia personal….

…Para el hombre racional es inconcebible que exista un punto invisible en donde se encaja la percepción. Y más inconcebible es que ese punto no esté en el cerebro, como se podría suponer si llegara a aceptar la idea de su existencia. El hombre racional en su abismal ignorancia, ignora por ejemplo que la brujería no es una cuestión de encantamientos y abracadabras, sino que es sobre la libertad de percibir no sólo el mundo que se nos da por sentado, sino todo lo que es humanamente posible…





LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN V

8 10 2014

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN V

TÉCNICAS CHAMÁNICAS

EL HACER Y EL NO HACER

En el libro Viaje a Ixtlan de Castaneda el chamán don Juan le habla del hacer y del no hacer y le pide que siga sus instrucciones para lograr que su mente entre en el “no hacer”. La escena tiene lugar en un risco de una zona desértica y el ejercicio que le pide hacer consiste en mirar un punto negro en las rocas o una sombra en las montañas.

Intentaré resumir la teoría del “hacer” y del “no hacer” en sus puntos más básicos. Las citas las subiré en su momento al diccionario chamánico. Podríamos buscar comparaciones con el yoga mental o con otras filosofías esotéricas, pero no serían exactamente iguales ni en los conceptos ni en las consecuencias. Se podría decir que “hacer” es el actuar de todos los días. Don Juan dice que con el hacer nos vinculamos al mundo físico, es decir, atrapamos las emanaciones del Águila que corresponden a este mundo  en el que estamos viviendo. Para ello situamos el punto de encaje, es decir ese punto de luz que permanece en el huevo luminoso que es el ser humano a la altura del ombligo, un metro por delante de lo que es la carne física, en ese lugar que nos permite vivir y movernos en este mundo material. Cuando el punto de encaje se mueve a lo largo de la cintura del huevo luminoso, podríamos expresarlo así, nos vinculamos con otros mundos, con otras emanaciones del Águila. En lugar de utilizar la primera atención, que nos permite ver el mundo físico, pasamos a la segunda o tercera y entramos en contacto con otros mundos o dimensiones.

Al “hacer”centramos nuestra atención en el mundo material y nos parece que ninguna otra cosa puede existir aparte de ello. Sin embargo cuando entramos en la segunda o tercera atención, cuando movemos el punto de encaje, se nos abren nuevos mundos y dimensiones. Es algo parecido a lo que serían los sentidos y el razonamiento en nuestra vida cotidiana respecto a la intuición a los mundos o universos con los que podemos contactar a través de la meditación.

Hacemos, dice don Juan, para crear este mundo y atarnos a él. Las personas normales, no los guerreros, se defienden de la compulsividad de las emanaciones del Águila creando una estrecha vinculación con el mundo cotidiano, es como ponerse una venda en los ojos para no ver lo que no se quiere ver. En cambio el guerrero está con los ojos muy abiertos, observándolo todo, y al hacerlo entra en contacto con las emanaciones del Águila, puede verlas y su compulsividad llega a ser tan extraordinaria que hasta podría matarlo. Por eso el guerrero utiliza otras técnicas, especialmente la de ir acompañado a la segunda o tercera atención, para que la compulsión de las emanaciones no acabe con él.

Un guerrero impecable tiene que aprender a “no hacer” si quiere mover o cambiar el mundo, como dice don Juan. La creencia de que el mundo físico es como es y que no puede ser de otra manera y que su solidez solo puede ser modificada por fuerzas tan poderosas como la energía nuclear, es solo eso… una creencia. Lo mismo que formamos un mundo, lo podemos deshilar, cambiar, modificar y formar otros mundos distintos. Este concepto de don Juan encaja a la perfección con la física cuántica. Las partículas no están aquí y ahora, están en todos los aquís y en todos los ahoras a la vez. Digamos que las partículas fluyen en el río infinito del ser y se modifican con tal velocidad (es un decir) que no se puede concretar cuándo una partícula “era” y “estaba”. Es como si el universo fuera un todo fluyente, donde nada permanece.

El no hacer consiste en “contactar” con ese río fluyente y modificar, con el poder, lo que deseamos cambiar, o atraer, con el poder, lo que buscamos. La forma de “no actuar” es muy parecida a la meditación o a las técnicas de yoga mental que pretenden permitirnos el contacto con el Todo, superando el velo de Maya. Tampoco es tan sencillo pensar que “no hacer” es sentarse y no moverse. Don Juan dice que el “no hacer” permite “parar el mundo”. Este es un concepto novedoso y de una gran fuerza. Mientras que el yogui logra alcanzar el Todo con la meditación, el guerrero impecable para el mundo con el “no hacer”. Al pararlo todo el concepto que tenía de la realidad material de las cosas se desvanece. Un guerrero con suficiente poder puede conseguir lo que pretende, modificando lo que sea necesario para lograrlo. Puede también “abrir” grietas entre dimensiones y colarse de una a otra.

El trabajo de la técnica de “no hacer” requiere mucho tiempo y esfuerzo. Lo mismo que el arte de ensoñar, ese buscarse la mano en sueños, que le enseña don Juan a Castaneda y que le obliga a trabajar constantemente en sueños, el no hacer es un trabajo de por vida para el guerrero impecable. No se trata pues de moverse como una peonza, buscando cosas, haciendo de todo, para que la vida, nuestra vida cambie, a veces, le dicen don Juan, lo único que hay que “hacer” en la vida es “no hacer”.