LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIV

12 08 2017

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIV

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EL TONAL Y EL NAGUAL/CUARTA PARTE

El tema va a ser muy largo y extremadamente complejo, por lo que nos vendrá bien a todos hacer un esquema y recapitular lo que hemos visto hasta el momento.

TONAL-NAGUAL

-Se podría decir que abarcan la realidad completa, conocida y desconocida, visible e invisible.

TONAL

Don Juan define al tonal como una isla rodeada por el océano infinito del nagual. Lo curioso es que también el tonal es infinito, solo que menos, podríamos decir que el nagual. Así lo expresa don Juan con su característica ironía, con una metáfora tan certera y plástica como todas las suyas. Ambos, nagual y tonal, son infinitos, pero si fuera posible se podría decir, sin faltar a la verdad que el nagual es aún más infinito que el tonal. Estamos en una islita, llamada tonal, en medio de un océano infinito que además es invisible. No parece que el ser humano pueda ser algo más que un pobre náufrago que ha caído en la playa de una isla, por casualidad, que desconoce cómo es esa isla y cuánto abarca y también desconoce, aunque intuye, todo el misterio de la isla del tonal.

NAGUAL

Si el tonal parece tener forma, al menos para nuestro sentidos, el nagual es claramente informe, invisible, esencialmente misterioso, sin leyes claras que le permitan a un navegante saber dónde va, cómo soplan los vientos, qué lugares va a visitar (porque no existen lugares propiamente dichos en el nagual), en qué tiempo (porque no hay tiempo cronológico en el nagual) y ni siquiera tiene la sensación de ser el mismo que era en el tonal, porque la identidad en el nagual es algo que se estira y se encoge, como una goma, como un chicle que puede ser triturado por la infinitud y conformado a gusto y gana de las fuerzas poderosas. Si el tonal es un misterio, el nagual es el acabose de los misterios, podríamos decir en una frase chusca y humorística. Del nagual solo sabemos lo que experimentamos en nuestros viajes y lo que nos cuentan o han contado los guerreros impecables que han visitado algo de esta infinitud y han regresado para contarlo.

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EL NAGUAL-GUERRERO

Hay dos acepciones de esta palabra que es conveniente clarificar y concretar para evitar confusiones.  Si bien el nagual es todo ese mundo invisible, misterioso e infinito del que hemos hablado antes, también se llama así al guerrero-maestro-benefactor, al líder del grupo de guerreros y guerreras que intentan alcanzar la meta de la libertad. Como veremos en su momento, el nagual se distingue de un guerrero normal en que al parecer tiene más divisiones en el cuerpo energético de las habituales. Si un guerrero se supone que tiene dos divisiones, lado izquierdo y lado derecho, un nagual tiene cuatro, se podría decir que no solo tiene dos partes, separadas por una teórica línea vertical, sino cuatro, dos separadas por la línea vertical y otras dos separadas por una línea horizontal, es decir que el nagual tendría cuatro compartimentos energéticos. Lo curioso del caso de Castaneda es que solo tiene tres compartimentos, por lo que sería un nagual de tres puntas. Este descubrimiento que hace don Juan cuando parece que sus enseñanzas no funcionan y nada parece encajar del todo, trastoca todas sus enseñanzas y proyectos, obligándole a conformar un nuevo grupo de guerreros de los que Castaneda sería su nagual. Don Juan le educa para ser un nagual, creyendo haber visto en él los cuatro compartimentos energéticos de un auténtico nagual, pero al descubrir que solo son tres tiene que improvisar, lo mismo que un constructor al que los cimientos se le han venido abajo tiene que improvisar unos nuevos para la casa proyectada, renunciando a ciertos diseños y añadiendo nuevos que permitan a la casa no venirse abajo a las primeras de cambio. No hay regla para el nagual de tres puntas por lo que deben esperar a que un mensajero traiga esa regla. En otro momento nos extenderemos y profundizaremos en el nagual-guerrero, pero aún nos queda mucho para terminar esta larga aventura en el tonal y el nagual.

 

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LA PUERTA

Entre el tonal y el nagual hay una puerta o abertura que permite al guerrero entrar y salir de un mundo a otro. Como bien dice don Juan una vez que el guerrero abre esa puerta y se lanza al otro lado, la puerta se cierra y se pierde todo contacto con el universo que se ha dejado. Es por eso que no recordamos los sueños cuando estamos despiertos y que en sueños no recordamos nuestra identidad y nuestra vida en estado vigil. Digamos, aunque pueda sonar un poco exagerado, que el sueño es como una muerte de la que se vuelve y el estado de vigilia es como un nacimiento que realizamos todos los días, olvidando lo que hay al otro lado. Es muy desesperante no recordar, no tener un cordón umbilical, que una ambas personalidades, ambos mundos. No hay impotencia mayor para un soñador que despertarse y no poder recordar todos esos sueños que le han asaltado a lo largo de la noche, lo mismo que para nuestra personalidad vigil ir cayendo en el sueño, sabiendo que no se llevará nada de aquí al otro lado. En una de mis lecturas, ahora no recuerdo si fue un libro de esoterismo, de budismo o de otro tipo, se venía a decir que el sueño era como una muerte, en todo parecido a la auténtica muerte, solo que en este caso se vuelve y que el despertar era como el nacimiento, solo que en este caso no entramos en un cuerpo de bebé, sino en el cuerpo físico que se ha ido desarrollando con el tiempo.  Se podría decir, entonces, que morimos y nacemos todos los días, cada veinticuatro horas. Esto hace que el cuerpo de luz que se separa del cuerpo físico y lo retoma al regreso del sueño se sienta como alguien que debe morir y nacer todos los días, con lo que esto supone. Al despertar debemos hacernos con el cuerpo físico, como al nacer por primera vez, por lo que bien se podría decir que cada despertar es el nacimiento de un nuevo ser. Si conservamos la identidad, algo misterioso, es porque de alguna manera tenemos una especie de sello que colocamos en el papel burocrático correspondiente con nuestro nombre, es decir, que al despertar una fotocopia de nosotros toma el mando, pero es evidente que esa fotocopia no es exactamente una copia perfecta de nuestra personalidad, hemos olvidado cosas de nuestro pasado, nuestra memoria no es perfecta, y lo que fuimos ayer es algo que está separado de nuestro yo actual por una especie de abismo.  Uno puede despertarse a un nuevo día con un estado de ánimo tan diferente al que tuvo antes de irse a dormir que se pregunta qué ha ocurrido para generarse ese gran cambio. Gracias a Dios el sueño es una especie de estancia en un balneario u hospital, donde somos curados de nuestras heridas diarias y recuperamos vitalidad, tal vez porque nos alimentamos de “vitatrones” como dice Yogananda.  Este tejemaneje que nos traemos, cruzando la puerta, yendo de un mundo a otro, del tonal al nagual y del nagual al tonal, parece imprescindible para mantenernos con vida, con buena salud y en un estado mental equilibrado, lejos de la absoluta demencia.

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EL PUNTO DE ENCAJE

Permite a la personalidad anclarse a una determinada realidad que puede compartir con otras identidades o personalidad que considera muy semejantes a la suya. También permite, con su movimiento, no permanecer en una sola y única realidad, moviéndose entre mundos, entre dimensiones paralelas. La flexibilidad del punto de encaje permite al guerrero fluir como el TAO, identificarse con un universo que es puro fluir. Le permite trasladarse de la conciencia del lado derecho a la del lado izquierdo y al revés, con una facilidad pasmosa. Le permite entrar en el mundo onírico y salir de él en una especie de continuidad que no tiene un no guerrero. El guerrero que alcanza su totalidad puede ensoñar estando despierto porque todo es un continuo, puede entrar en la conciencia del lado izquierdo y regresar a la del lado derecho según sus necesidades, lo mismo que uno se desviste para nadar en el agua y se viste para evitar el frío del entorno.  El punto de encaje  es un factor clave en ese paso del tonal al nagual.

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CÓMO ES LA VIDA EN EL TONAL Y EN EL NAGUAL

La vida en el tonal es tal cual la vivimos todos los días. Nos sentimos en un lugar o espacio, que es sólido, o al menos lo parece. Está lleno de cosas que parecen distintas entre sí, con una “personalidad propia” podríamos decir. Cada objeto está separado del resto y ocupa un lugar y un tiempo en nuestra vida. En el tonal nos deslizamos en un tiempo cronológico que nos parece elemental, querido Watson, pero que no lo es tanto, el tiempo es uno de los grandes misterios de la vida.  Nos vamos moviendo al mismo tiempo en un espacio y en un tiempo, ahora estamos en casa, nuestra casa, y dentro de una hora estamos en un lugar distinto, nuestro trabajo, por ejemplo, al que nos hemos trasladado moviéndonos en el espacio, lo mismo que en el tiempo, ambas dimensiones parecen estar estrechamente unidas. Si me muevo en el espacio, me muevo en el tiempo, si me muevo en el tiempo me muevo en el espacio, aunque la sensación de movimiento espacial se puede ralentizar hasta el punto de tener la sensación de no habernos movido. Así vemos cómo en el reloj discurren las horas mientras nosotros permanecemos sentados en el sofá, sin movernos, pero eso es una entelequia porque sabemos que nos movemos, movemos nuestros brazos, nuestras piernas, movemos las nalgas porque la postura nos incomoda. El viaje en el espacio puede ser  más lento o más rápido, podemos hacerlo en compañía o solos, pero en cambio el viaje en el tiempo es siempre el mismo, es rígido e inquebrantable. Podemos tener la sensación de haber estado muchas horas sentados mirando al frente, pero si luego comprobamos el reloj podemos descubrir que han sido solo cinco minutos. La sensación de tiempo es parecida a la sensación térmica, el termómetro nos dice que no hemos pasado de los cuarenta, pero la sensación térmica se ha podido disparar hasta los cincuenta o más. Es esta “sensación” la que nos pone en contacto con el nagual.

Porque la vida en el nagual es muy diferente. Allí no hay relojes que midan el tiempo, lo medimos al despertar o al regresar por la puerta al tonal, entonces miramos los relojes y podemos decir, “he estado ocho horas durmiendo, o he estado media hora en Babia, o he estado fuera de mi consciencia habitual durante dos horas”.  La medición del tiempo se hace desde el tonal por lo que las experiencias en el nagual siempre son confusas cronológicamente. Tampoco existe el espacio como tal. En cuanto encuentre el párrafo que tengo anotado en mi agenda de guerrero, lo trasladaré al siguiente texto. Citando de memoria, don Juan habla del nagual, del aparente espacio en el nagual, poniendo la metáfora de una barca colgada en el aire, en el espacio, en el infinito.  No es lo mismo que en el tonal, donde caminas por tierra, sin tener la sensación de ir saltando de átomo a átomo, de abismo en abismo; donde puedes moverte en el agua con la firme sensación de que hay un continuo espacial, una cantidad de agua que te rodea y da continuidad al espacio; donde puedes moverte en el aire, en un avión, con la sensación de que, aunque no lo veas, hay un espacio que permite al avión trasladarse de un punto geográfico a otro. En el nagual estás con tu barquita y ves otras “barquitas” y cada barquita es una escena que no puedes situar en un tiempo cronológico lineal. Así en el nagual puedes estar viendo diferentes escenas de tu vida separadas por muchos años y tener la sensación de que están unidas por el tiempo, como si solo las separaran unas horas, unos días. Es la misma sensación que tenemos en el sueño cuando se unen escenas de nuestro pasado remoto y de nuestro presente actual.  Moverse en el nagual es como dar saltos incomprensibles y misteriosos que nos pueden trasladar a lugares y tiempos desconocidos o confusos debido a que no existe una cronología lineal, ni un espacio sólido a recorrer con movimientos que siguen determinadas leyes físicas.

LA PARED DE NIEBLA

Un concepto que estudiaremos en su momento. La pared o el muro de niebla es una percepción que tiene el guerrero cuando pasa de la atención primera a la segunda atención. Es decir cuando el guerrero abandona el tonal y comienza a adentrarse en el nagual. Si bien podemos pasar de un universo a otro, del tonal al nagual a través del sueño, con suma facilidad, sin apercibirnos y sin sentir sacudidas o desgarramientos, cuando un guerrero lo hace de forma consciente se encuentra con esa pared de niebla que dejamos aquí mencionada para un estudio posterior.

Y acabemos este capítulo con una cita que nos adelanta el siguiente capítulo, las cosas extraordinarias que se pueden hacer en el nagual.

“El nagual puede ejecutar cosas extraordinarias, cosas que no parecen posibles, como impensables para el tonal. Pero lo extraordinario es que el que actúa no tiene manera de saber cómo ocurren estas cosas. En otras palabras, Genaro no sabe cómo hace esas cosas, solo sabe que las hace. El secreto de un brujo es que sabe cómo llegar al nagual, pero una vez llega allí su opinión no vale más que la tuya acerca de lo que ahí pasa”.

tonal y nagual

 





EL LOCO DE CIUDADFRÍA XII (NOVELA)

4 08 2017

EL LOCO ESOTÉRICO

lOCO ESOTÉRICO

I

Mi esposa se tomó a broma lo sucedido. Por mi parte no era capaz de hacerlo. Me sentía muy molesto por haberme dejado llevar por las circunstancias, por haber bebido más de la cuenta y sobre todo por haber mezclado a mi mujer en una conversación que era una cuestión entre el loco y yo.

Tras haber almorzado a las seis de la tarde, después de largas y reparadoras horas de sueño, decidí, sin posibilidad alguna de cambiar de opinión, no volver a ver a semejante sujeto nunca más. Cuando se lo planteé, con cara muy seria, ella sonrió, respondiéndome que era normal no me sintiera muy satisfecho de cómo había transcurrido la primera entrevista. No obstante no podía culpar al loco ni de no haberme controlado con la bebida, ni de las preguntas que él respondiera con sinceridad.

Una vez tomada una decisión una persona madura acepta la responsabilidad y las consecuencias de la misma. Mi insistencia logró enfadarla. Era preciso ayudar a aquel hombre y sobre todo debía finalizar la historia que me había propuesto. Caso contrario la estimación que ella me profesaba, como persona y como escritor, disminuiría mucho. No quise preguntar cuánto, ni tampoco si esa disminución de estima repercutiría en su afecto. Una pareja sabe muy bien hasta dónde llegar en las decisiones que modificarán su relación y sobre todo qué límites nunca deben sobrepasarse.

Claudiqué, una vez sopesadas otras alternativas. El cariño que me mostró en días sucesivos también ayudó mucho. No obstante me tomé un tiempo para reflexionar y replantearme mi relación con el loco. No estaba dispuesto a volver a su casa, por lo que analicé qué otras posibilidades me quedaban. Finalmente, sabiendo de su amor por la naturaleza y planteándome que en el campo sus crisis o ataques de cólera serían más llevaderos, resolví sugerirle un día de campo.

Lo llamé, tras muchas dudas, planteándome pedirle disculpas por mi conducta. Sin embargo fue él quien se adelantó y me las pidió a mí, apenas intercambiados los preceptivos saludos. Nos enzarzamos en un combate de disculpas, hasta que me di por vencido. Aceptó encantado mi insinuación. Hiciera el tiempo que hiciera, para él salir al campo era siempre un placer. Quedamos en que lo recogería el sábado por la mañana en su casa. Ambos llevaríamos la comida y los enseres que consideráramos precisos para una agradable jornada campestre. Mi esposa preparó de mil amores la correspondiente tortilla, embutidos y algunas cosillas más, igualmente sabrosas.

A las nueve de la mañana me encontraba llamando al telefonillo de su domicilio. Como la primera vez tuve la sensación de que el loco aguardaba mi llamada de pie, sin moverse un paso de este artilugio tan práctico. Insistió en que subiera, pero le presioné para no perder un solo segundo del maravilloso día que nos esperaba. Teniendo en cuenta que la ciudad aparecía cubierta de niebla, no fue una disculpa muy acertada para evitar volver a pisar su casa. Bajó con una bolsa frigorífica donde llevaba sus viandas y vestido con un chándal nuevecito, de estreno. Dado lo voluminoso de su figura cualquier ropa le quedaba como a un elefante un frac. Ante mi solicitud de que se repensara el no llevar algo de ropa de abrigo me respondió que con sus grasas ya tenía bastante. Me enseñó el contenido de la bolsa. Otra tortilla, de jamón, chorizo y pimiento; salchichas franfurt. Una hogaza de pan, un par de botellas de buen vino, media docena de cervezas enlatadas; una ensalada campera de patata; embutidos, latas de conserva… Me pregunté cómo controlaba aquel hombre su colesterol. A mi vez exhibí mis viandas.

-La tortilla la hizo mi esposa. Yo soy un pésimo cocinero, me cuesta hasta hacerme un par de huevos fritos. Probaremos las dos. A ver cuál de ellas está más rica.
-Seguro que la de su esposa.
-Eso ya lo veremos.

Me agradó que no me recordara la fatídica noche y mis estúpidas preguntas. Subimos al cuatro por cuatro y el loco se encasquetó sus gafas de sol, a pesar de que era evidente que el sol no nos saludaría hasta que estuviéramos muy lejos de la ciudad. La niebla era un manto espeso sobre ella, que casi se podía cortar con la mano. Puse el vehículo en marcha y quise saber qué le parecía el itinerario que había diseñado sin su previo acuerdo.

-Mientras haya montaña me da lo mismo el lugar. La vista de las cumbres me relaja.

Puede que él se sintiera relajado, por mi parte nunca me sentí a gusto en su compañía, aunque tras la borrachera de infausto recuerdo y sobre todo tras aquella maldita pesadilla que me tenía descentrado, además de estar a disgusto a su lado juraría que hasta me daba miedo. No es que se tratara de algo palpable, uno puede sentir miedo de otras personas por mil motivos, porque son violentos, porque ya te la han jugado, porque alguien te ha dicho esto o lo otro y tú te lo has creído… El miedo al loco tenía mucho que ver con sus derrumbamientos, sus estallidos de cólera, su carácter imprevisible… Sin embargo, aunque no era capaz de admitirlo con claridad ante mí mismo, fue la pesadilla la que desencadenó un estado de ánimo al que no estaba precisamente acostumbrado. En su presencia los monstruos de mi subconsciente parecían salir por alguna puerta oculta, a dar un paseo.

Mi comportamiento cuando me dirigía hacia su domicilio; ese extraño morbo por conocer las facetas más ocultas del loco; la borrachera en la que caí sin el menor control y dejando de lado toda prudencia; las preguntas sobre las fantasías eróticas de aquel hombre con mi mujer… no me resultaban extrañas a mi carácter, aunque todas a la vez y en tan corto espacio de tiempo, me daban perspectivas nuevas sobre lo que realmente era yo, allá en lo más profundo de mi subconsciente, donde solo habitan monstruos. Fue la pesadilla la gota de agua que colmó el vaso de mi paciencia.
No suelo recordar los sueños y debo remontarme a mi adolescencia para encontrarme con alguna pesadilla. Duermo bien, de un tirón y sin el menor sobresalto. Pero me bastó charlar con el loco una sola noche para que se produjera la primera pesadilla en años. La lógica me decía que había sido causada por el exceso de alcohol en sangre, por la sugestión que la presencia y la forma de hablar del loco producían en mi mente. No obstante algo en mi interior estaba cavando hasta las raíces del sólido árbol que yo siempre había creído ser. Teniendo en cuenta que un genio de la entidad de Shakespeare hace decir a su personaje Hamlet que hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que puede imaginar tu entendimiento, Horacio… ( O algo así. No soy bueno para las citas literales, aunque sí para los conceptos) no debería sentirme tan mal pensando que el loco bien podría poseer algunas facultades mentales o poderes que le permitían generar pesadillas en sus enemigos o en las personas que le habían hecho alguna “putada”. Si al amigo Shakespeare le había pasado por la cabeza semejante posibilidad, ¡quién era yo para llevarle la contraria!

Si no era así, me preguntaba, por qué el loco me había hablado tanto de karma, de que sufriría las consecuencias y toda esa mierda de palabrería hueca. No me hubiera venido mal esa facultad de hacer vivir pesadillas a mis enemigos, aunque realmente no creía que algo así pudiera ser cierto. La vida sería una auténtica pesadilla si personas como el loco poseyeran semejantes poderes mentales. Sin embargo ahora, conduciendo por calles poco transitadas de la ciudad, un sábado muy de mañana, en dirección al norte de nuestra provincia, donde están las montañas más altas, necesitaba urgentemente romper el silencio.

El loco aún llevaba sus gafas de sol, de cristales muy oscuros, y parecía dormitar. Así que decidí disparar en esa dirección.

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-No entiendo por qué se pone esas gafas, cuando no se ve ni para jurar en arameo.
-Algunos me han hecho la misma pregunta. Querían saber las razones, los motivos, la lógica de semejante comportamiento. Los muy idiotas no eran conscientes de que yo hubiera podido hacerles mil preguntas semejantes sobre algunas facetas de sus conductas que a mí particularmente me parecen sin sentido, de un surrealismo atroz. Cada cual es muy libre de crearse sus propias manías y obsesiones para defenderse del entorno o para atacarlo, según se tercie. Es cierto que me pongo las gafas hasta para mear, como dijo alguno, o que estoy loco por llevar gafas de sol en plena noche, como dijo otro, o que me hago el interesante, como dijo un tercero; o que solo pretendo humillarle como me lanzó un buen enemigo con mucha rabia. Todo eso es cierto y aún lo son otras muchas razones que a ninguno de ellos se le ocurrió. Tales como que si me llaman mono lujurioso por mirarles los pechos a las damas o maricón por mirar las braguetas de los caballeros, o si se burlan de mí por clavar la vista en el suelo, no tiene el menor sentido que también les moleste el hecho de que oculte la mirada tras unas gafas de sol. ¿Les molesta que mire y que no mire? ¿Les molesta que me comporte como un loco cuando ellos no cesan de llamarme loco? ¿Les parece mal que sea libre, que no entre al redil del gran rebaño, cuando no cesan de darme coces cada vez que me ven cerca? A los muy cabrones les molesta todo lo que yo hago. Claro que a mí no puede molestarme nada de lo que hacen ellos, porque los señores son la perfección absoluta. Son tan guapos, tan simpáticos, tan buenas personas, que el simple hecho de pensar que pueden estar equivocados les molesta.
-¿Qué les ha respondido usted?
-Normalmente me callo, a no ser que se dirijan a mí, no como persona (puesto que estoy loco, según ellos, no tengo nada que responder) sino en el trabajo o en circunstancias donde alguna faceta social de mi persona exija una respuesta que no me molesto en dar cuando todos los que me rodean son conscientes de estar ante el “loco”. Si el jefe me pide explicaciones por llevar gafas en su presencia, se las doy, tiene derecho a recibirlas; si me pide que me las quite, lo hago, puesto que posee autoridad sobre mí. En otras circunstancias les mando a “tomar por el culo” mentalmente, por supuesto. Si encima que estoy loco, creen que no me voy a tomar algunas ventajas, es que los locos son ellos.
-¿Qué saca usted con este comportamiento excéntrico?
-La primera ventaja es ponerles difícil saber dónde estoy mirando. Como dice el refrán: “al enemigo ni agua”. La segunda que con esta conducta me siento más cómodo y mi fobia logra menos poder sobre mí. La tercera que puedo mirarles los pechos a las damas sin que ellas se enteren. La cuarta que puedo mirarles la bragueta a los cabrones sin tener que oír burlas sobre mis tendencias sexuales. La quinta que me siento protegido de sus mezquinas miradas… En cierta ocasión le respondí a uno que me preguntó sobre las gafas: “Me protegen de los malos pensamientos que lanzan sobre mí”.
-¿Y se lo creyó?
-Nadie cree nada de lo que digo, aunque procuro dar respuestas que les pongan la mosca tras la oreja. De esta forma el poder de la sugestión irá haciendo un agujero en sus cráneos vacíos. Es un hecho que el poder del pensamiento y de las maldiciones y conjuros ha sido aceptado por muchos a lo largo de la historia. Ahí tiene el “mal de ojo”, por ejemplo.

Había encendido la grabadora sin que él se diera cuenta. Me sentí mal ocultándoselo. La saqué de mi bolsillo ostensiblemente y le pedí permiso para enchufarla. El loco ni siquiera me miró.

 
-Puede grabarme cuando quiera sin pedirme permiso. No necesita autorizaciones a cada minuto. No somos burócratas. Me molestó un poco su respuesta y permanecí en silencio durante algunos minutos.

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El loco miraba hacia su lado, a través de sus gafas oscuras. Como he dicho no había mucha gente por las calles. Sin embargo me fijé en que cada vez que pasaba una jovencita o señora de buen ver el loco se quedaba mirando fijamente, en dirección a sus piernas o a su culo, si iban de espaldas o a sus piernas y a sus pechos, si venían de frente. A veces parecía sentirse culpable y apartaba la mirada con rapidez. Otras clavaba ojos con rabia, como diciéndose: “soy un puto loco y todos sabéis de mi manía, así que no voy a disimular”. El tráfico, un sábado por la mañana, era muy fluido. No obstante la niebla entorpecía la conducción. No tuvimos suerte y los semáforos en rojo nos retuvieron bastante tiempo. Una vez embocamos la carretera de salida y ascendimos un pequeño puerto la niebla se fue haciendo cada vez menos opaca. Detuve el coche en un parking, donde la guardia civil de tráfico pesaba los camiones en ruta. Allí me detuve un rato para contemplar la ciudad, que parecía dormida, envuelta en un manto lechoso y sutil, como mis pensamientos ahora tan temprana.

 
-¿Tienes alguna preferencia sobre nuestro itinerario?
-Mientras sea montaña me da lo mismo. La vista de las cumbres me relaja. Don Juan le decía a Castaneda que cada persona tiene su propio lugar, aquel en el que se siente más a gusto, el más adecuado a su propia energía. Estoy convencido de que la montaña es ese lugar para mí. ¿Ha leído usted algo de Castaneda?
-Sí, algo he leído. Sus libros me interesan como novelas, aunque no puedo comprender ni aceptar lo que en ellos cuenta. La fantasía es un mundo maravilloso, pero la realidad es como es. No la podemos cambiar.
-Sobre eso habría mucho que hablar. Sin la mente la humanidad estaría viviendo en las cavernas. Y la mente es también fantasía en un tanto por ciento muy elevado. La lógica no deja de ser un trabajo arduo, al que apenas dedicamos unos minutos cada día. ¿No está usted de acuerdo?
-Sobre eso también habría mucho que hablar, pero me cuesta pensar ahora tan temprana. Me siento más vital por las tardes, y sobre todo por las noches.
Callamos. Noté que el loco parecía nervioso. Más tarde me explicaría que no era capaz de soportar las mañanas, y sobre todo el despertar. “ Es como si me sacaron a patadas del mundo de los sueños, donde soy tan feliz, para arrojarme de bruces al duro asfalto”.

 
Reanudé la marcha por la carretera nacional. Atravesamos varios pueblos. Alguno de ellos con bastante población. De reojo observé que loco fijaba la mirada, con intensidad desusada, en una chica joven que caminaba por la acera con la gracia y la vitalidad de una joven gacela. Venía a nuestro encuentro, por lo que pudimos observarla a gusto durante bastante tiempo. Levanté el pie del acelerador y yo también la miré fijamente sin el menor disimulo. Era natural que acabara dándose cuenta de nuestras miradas. Levantó la vista hacia nosotros y luego miró hacia otro lado, completamente azorada. El loco se quitó las gafas de sol y disimuló limpiándolas con un pañuelo. No pude evitar la pregunta. Fue entonces cuando decidí sacar a colación el otro tema que me preocupara desde que mi esposa me habló del loco. En realidad, más que preocuparme, sentía una morbosa curiosidad, que deseaba satisfacer cuanto antes.

 
-¿Cree usted en la telepatía?
El loco se puso rígido en el asiento, como si acabara de mentarle al demonio, que devoraba sus entrañas.
-Imagino que lo que usted quiere preguntarme qué si estoy convencido de hablar mentalmente con los demás. Quienes han oído hablar del loco alguna vez, saben dos cosas: que el loco le mira las tetas a las mujeres y que a veces actúa como si fuera capaz de leer el pensamiento.
-En efecto, eso era lo que pretendía preguntarle.
-Bien, su sinceridad merece una recompensa. No tengo inconveniente alguno en hablarle con absoluta franqueza del tema… Creo que todo empezó, por situar mi evolución en algún punto del espacio, con los fosfenos.
-¿Los fosfenos?
-Sí, ¿sabe que son los fosfenos?
-Claro. Esos puntitos de luz que aparecen en cuanto uno se frota con fuerza los ojos.
-O cuando recibe un fuerte golpe. Si ha leído comics o tebeos habrá observado que cuando uno de sus personajes dibujados recibe un garrotazo en la cabeza, a su alrededor se dibujan estrellitas.
-Me gustaban mucho los dibujos animados de niño.
-Pues esas estrellitas son los fosfenos.
-¿Recibió algún golpe fuerte en la cabeza que le produjo efectos indeseados?
-¡Oh,no! Es cierto que he recibido golpes terribles en la cabeza –y no hablo metafóricamente- pero la tengo demasiado dura para que eso me afectara. Quiero decir, que cuando aparecieron los fosfenos, tras una larga temporada de ejercicios de relajación y práctica de técnicas mentales (había ingresado en una sociedad esotérica) se insinuó mi manía por la telepatía.
-¿Estuvo usted en una secta?
-Yo no la llamaría así. No me obligaron a entrar, no tuve la menor dificultad para salir, recibía fascículos con las enseñanzas, que pagaba religiosamente. Puede que el precio fuera elevado, pero el conocimiento que estaba recibiendo me compensaba del dinero que daba cambio. Para mí las sectas son grupos que captan a las personas lavando su cerebro, que las secuestran y las exprimen, dejando sus bolsillos vacíos y sus cerebros aún más huecos.
-¿Puedo preguntarle el nombre de esa secta… quiero decir de esa sociedad secreta a la que llegó a pertenecer?
-Puede preguntar, pero no le voy a contestar. No tiene la menor importancia. Hace ya muchos años que no pertenezco ella y mi testimonio ni la beneficiaría ni la perjudicaría. Soy un Don Nadie, un loco, y mis palabras nunca son tenidas en cuenta.
“ Cuando regresé de Madrid, tras un periodo de casi cinco años, decidí buscar asociaciones o grupos espiritistas, que estudiarán el fenómeno ovni o los fenómenos paranormales. Llegué destrozado, tras una temporada en el infierno, tras “un sejour dans le inferne”, que dijo Rimbaud, si no recuerdo mal.
-¿Qué le ocurrió en Madrid?
-Poca cosa, algún intento de suicidio y una estancia en un frenopático durante casi dos años. Pero no me apetece hablar de ello ahora. Tal vez en otro momento. Tal vez.
-¿Solo tal vez?
-Solo o con leche, como prefiera.
-No se ponga así. Entiendo que le cueste hablar de ello. Puedo esperar.
-Me alegra que lo entienda, porque quienes no entienden algo tan elemental nunca formarán parte de mi vida. “Como le decía, llegué de Madrid en buen estado de forma, con ciento ocho kilos de peso, una gabardina (era otoño) comprada en el Corte Inglés, porque no encontraba ropa de mi talla en ninguna otra parte, un vaquero viejo y unas deportivas que no me quitaba ni para mear.
“Acudí a tomar posesión de esa guisa, añadiendo una mariconera en la que siempre llevaba una novela negra (Bruguera bolsillo) y una libreta, donde anotaba algunos versos, escribía algunas cosillas y llevaba un diario (lo quemé años más tarde).
-¿Escribía usted?
-Y escribo… A veces.
-¿No me enseñaría algo?
-Tal vez.
-¿Solo tal vez?
-Solo tal vez y debe conformarse con ello.
-Disculpe. ¿Pero también llevaba la novela negra y la libreta, en su mariconera, cuando llegó a esta ciudad?
-También. No tenía sentido, lo sé, porque por entonces vivía a cinco minutos del trabajo. Soy así, ¡qué le voy hacer ¡una vez incrustado un chip en mi cerebro me cuesta desencrustarlo…La mariconera estaba de moda en Madrid, pero aquí resultaba muy llamativa. Eso acentuó las risas y mi fama de loco. Pronto la abandonaría para siempre.
“ Me tocó situarme en una mesa, al lado de una chica agradable y atractiva para mí…





LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS IX

28 07 2017

LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS IX

LEY TRES CÍRCULOS

 

LA CONVIVENCIA DE PAREJA

 

La base de la atracción que sentimos hacia el otro está en su condición de parte del Todo, como partes del Todo no podemos evitar sentir su infinita atracción y la atracción finita que sentimos hacia los demás como partículas del Todo y la atracción también infinita que sentimos hacia ellos en cuanto captamos su condición, su profunda naturaleza del Todo que está en cada parte, lo mismo que en el Todo están todas y cada una de las partes. Esta es la base de todas las leyes cósmicas que rigen el funcionamiento del universo y de todo lo que habita en él, de todo el mundo invisible, de todo lo que existe o existirá en algún momento del tiempo. El amor que mueve el sol y las estrellas que dijo Dante. Las leyes cósmicas, desde las más elementales hasta las más sutiles, las leyes espirituales, desde las más elevadas a las menos, se rigen por esta atracción básica que la parte siente hacia el Todo. El amor ha creado todo lo que existe, porque sin amor nunca pasamos de imaginar a crear. Solo cuando amamos intensamente nuestra voluntad nos impulsa a dejar de recrearnos con fantasías y buscamos la forma de hacer existir aquello que amamos, para que podamos amarlo “realmente” y para que aquello que amamos nos ame a su vez. Solo el infinito amor de Dios pudo hacernos salir de la nada para convertirnos en su fantasía y luego, en un acto de amor misterioso en algo existente. Dotarnos de existencia es la evidencia del amor de Dios.

La ley de la gravedad se basa en el interés que siente algo existente por otro existente, un planeta atrae a otro, un planeta grande atrae con más fuerza a un planeta pequeño, un sol atrae a muchos planetas, una galaxia atrae a otra galaxia. El interés se convierte en seducción y la seducción en atracción. Todo tiende a atraer a todo y cuando no puede transformarlo en su propia naturaleza lo rechaza.  El universo se rige por las leyes de la atracción, toda partícula quiere regresar a su estado primigenio formando parte del Todo. Pero cuando esto no es posible por alguna causa o se demora en demasía, la ley de la repulsión se activa. La atracción solo tiene un sentido,  que algo a lo que estamos atrayendo forme parte de nuestra naturaleza circular de partículas, atraemos al primer círculo como paso ineludible a la fusión. Cuando este camino se interrumpe caemos bajo la ley de la repulsión, expulsamos de nuestro primer círculo para que otros puedan tener su lugar y quienes forman parte espacial de ese círculo sin estar sometidos a sus leyes son expulsados para que no ocupen un lugar en vano.  Si la ley de la atracción es básica y primordial en las leyes cósmicas, la ley de la repulsión solo tiene un sentido instrumental y subordinado.  Las leyes cósmicas prioritarias son aquellas que nacen de la naturaleza esencial del Todo. Una partícula forma parte del Todo o su único camino posible es el de la aniquilación, o estamos en el Todo o estamos en la Nada, no hay término intermedio posible.  El largo camino evolutivo del ser humano, como dotado de consciencia, es darse cuenta de esta verdad y elegir y solo hay dos posibilidades, solo dos, no nos engañemos.

Así pues cuando nos sometemos a las leyes cósmicas prioritarias y básicas entramos en el camino de regreso al Todo y cuando utilizamos las leyes secundarias e instrumentales, como la repulsión, entramos en el camino hacia la disgregación y la Nada, puesto que la existencia solo es posible en el Todo y cuando nos disgregamos de él caminos hacia la Nada. Todo esto viene a cuento porque todo en el universo funciona de esta manera y la pareja no es una excepción. El periodo de seducción y enamoramiento se basa en la atracción que sentimos hacia el otro, como partícula en la que está el Todo. Para evitar que entre en funcionamiento la ley cósmica instrumental de la repulsión, tenemos que ver en el otro lo que éste tiene de Todo, porque de otra manera sentiremos repulsión hacia él, como trampolín hacia la disgregación y la Nada.  De ahí la manida frase de que enamorarse es volverse ciego, de que el amor es ciego, etc etc. Ante la dificultad de ver en el otro la naturaleza del Todo, intentamos anular sus defectos, es decir lo que le separa del Todo, y para ello nos volvemos ciegos, vemos solo su belleza, sus cualidades, y renunciamos a ver su fealdad y sus defectos.

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Pero una vez que se formaliza la relación de pareja y se inicia la convivencia, la ceguera no puede durar, poco a poco vamos abriendo los ojos e intentando adaptarnos a la individualidad del otro, que es lo mismo que decir a sus limitaciones. Es entonces cuando somos conscientes de la importancia del punto cardinal al que nos dirigimos. Si queremos ir juntos, del brazo, tenemos que seguir una dirección común o la terrible fuerza de la repulsión y disgregación nos lanzará lejos al uno del otro. Es entonces cuando seremos conscientes de que, aunque en el fondo todos seguimos el mismo camino hacia el Todo, que nos atrae con fuerza infinita, cuando nos movemos en un espacio-temporal es preciso llegar a un acuerdo sobre el punto cardinal hacia el que deseamos dirigirnos. Esto es esencial en la pareja. Si uno quiere ir hacia el norte y el otro hacia el sur se darán la espalda y como sabemos los culos no se miran ni dialogan, cada paso que de cada uno le alejará más del otro, y esto es ley natural y básica, si uno camina hacia el norte y el otro hacia el sur, cada paso que den les alejará, dejarán de verse y sentirse puesto que la mirada de cada uno estará dirigida hacia direcciones opuestas. En este caso solo queda que uno o los dos renuncien a sus respectivos puntos cardinales y busquen otro en común. Lo mejor, sin duda, es que ambos renuncien y se pongan de acuerdo en un punto intermedio, porque si renuncia solo uno, el otro, lo quiera o no, sentirá siempre que ha perdido más que el otro, que ha renunciado a más cosas que el otro, y esto irá socavando la relación.

Hemos visto que no se puede caminar en pareja si uno se dirige al norte y el otro al sur. Pero sí sería posible si ambos se sitúan en puntos intermedios, renunciando y siendo flexibles.  Si en lugar de dirigirme al norte me dirijo al noreste o al noroeste y si el otro en lugar de dirigirse al sur se dirige hacia el sureste o suroeste siempre podrán encontrar puntos de aproximación. Al final resultará que ninguno de los dos se dirige ya al punto cardinal elegido, norte o sur, sino a un punto intermedio, este u oeste, sin que ello les obligue a renunciar de forma absoluta a sus puntos de partida, puesto que una vez situados en puntos intermedios, este u oeste, sus pasos pueden encaminarse, de mutuo acuerdo por caminos paralelos, así  podrán seguir caminando hacia el este o el oeste, sin que los desvíos hacia el norte o el sur sean llamativos, drásticos e incompatibles. Digamos que podemos desviarnos, bien hacia un punto intermedio o hacia el otro, digamos que podemos dar alguna vuelta, sin que la relación sufra hasta el deterioro definitivo, más cuando con el tiempo nos iremos dando cuenta de que estamos en una esfera y de que caminemos hacia donde caminemos siempre regresaremos al punto de partida, el círculo perfecto. Pero eso ya requiere una sabiduría que la pareja solo logrará alcanzar cuando su nivel de espiritualidad sea muy elevado.

Mientras tanto la vida y el camino en el mundo material deberá pactarse, se quiera o no. Puede haber grandes acuerdos en las cosas más elementales: vivimos en una sociedad donde  el dinero es esencial para sobrevivir, lo necesitamos para sobrevivir nosotros y nuestros hijos. Cierto el acuerdo es básico, pero luego vienen los matices, no es lo mismo ir hacia el norte-norte, que hacia el noreste o noroeste, los caminos son ligeramente distintos y los pasos a dar no van exactamente en la misma dirección. Y así ocurre con todo lo demás.  Yo quiero hijos, norte, yo no quiero hijos, sur, como sabemos esto es irreconciliable, habrá que buscar puntos cardinales intermedios, yo renuncio a tener hijos ahora, norte, y a cambio tú renuncias a no tener hijos, sur, y nos quedamos en puntos intermedios, tendremos hijos, pero no ahora.  Yo quiero este trabajo, norte, tú quieres este otro, sur. No pensamos renunciar a ello puesto que son vocacionales.  De nuevo nos encontramos en la imposibilidad de caminar juntos, uno hacia el norte y el otro hacia el sur. Tiene que haber necesariamente una renuncia y una flexibilidad, ambos renunciamos a trabajos vocacionales que de acuerdo a las circunstancias nos van a separar en el espacio y en el tiempo (uno tiene que viajar al extranjero y el otro quedarse, uno tiene que trabajar de noche y el otro de día) y buscamos otros trabajos menos vocacionales pero más compatibles con la relación de pareja. Tenemos que sobrevivir y nos ofrecen los trabajos que nos ofrecen, necesitamos el dinero y por lo tanto tendremos que adoptarnos, puede que tengamos que estar separados un tiempo, puede que nos veamos poco. Aunque la prioridad sea la vida de pareja nadie puede ser tan ingenuo como para pensar aquello de “contigo pan y cebolla”. Una pareja no funciona bien si los estómagos rugen demasiado, se escucharán mucho más sur rugidos que el sonido acariciante de los besos.

A pesar de que como hemos visto una relación de pareja comienza con el cortejo o seducción basado en la ceguera, en apartar los obstáculos que nos impiden sentirnos atraídos hacia el otro, para que el instinto sexual no tenga que saltar demasiadas vallas, para que el deseo imperioso de formar pareja no se vea retrasado por un pacto meticuloso sobre la convivencia, antes o después una pareja debe pactar sobre cosas tan esenciales como el punto cardinal al que se dirigen, cómo someterse a las leyes de supervivencia en una determinada sociedad sin quebrar la relación de pareja y sobre todo, cómo van a cumplir las leyes del primer círculo. Como hemos visto en capítulos anteriores las leyes del primer círculo son drásticas e inquebrantables, cuando no se cumplen, cuando se quebrantan, unos y otros son expulsados de sus respectivos primeros círculos.

Y es aquí donde una pareja tiene que trabajar a fondo. No sirve que las relaciones sexuales vayan aceptablemente bien, que los trabajos sean compatibles, que pasen un tiempo más que aceptable juntos… si se incumplen las leyes del primer círculo, que en el de la pareja son aún más drásticas e inflexibles, todo acabará con una expulsión mutua del primer círculo. Hemos visto que la equidad, la igualdad, es esencial. Si uno renuncia a algo importante, casi primordial para él, el otro deberá hacer lo mismo cuando las circunstancias lleven al mismo lugar donde se produjo esa renuncia. Puede haber intercambios, la equidad no significa en absoluto igualdad al cien por cien, ojo-por-ojo. Que yo renuncia a un trabajo vocacional no significa que el otro tenga que hacerlo si las circunstancias se dan la vuelta, si la tortilla es lanzada al aire y sale por el otro lado. Pero siempre que haya intercambios tienen que ser sustancialmente equitativos, no sirve eso de te cambio esta canica por un crucero alrededor del mundo.

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Una vez que la pareja despierta de su letargo amoroso, de su enamoramiento en la etapa de seducción y cortejo, una vez que abre los ojos y comienza la convivencia, día tras días, durante semanas y meses y años, hay que pactar, sí o sí, sobre los temas esenciales. El punto cardinal al que nos dirigimos, cómo implementar las leyes del primer círculo en nuestra convivencia de pareja.  Es entonces cuando nos damos cuentas de que la balanza de precisión de la convivencia en pareja es exquisita. Si en la relación de primer círculo todas estas leyes deben de funcionar, al menos en lo más esencial, en la vida de pareja deben funcionar incluso en los detalles más nimios o la erosión del tiempo acabará con todo. Es la prueba del algodón que hace aparecer las menores motas de polvo, es la balanza de precisión que pesa hasta la micronésima de gramo el peso de nuestras almas.

Es entonces cuando al abrir los ojos vemos el entorno que antes solo percibíamos a través de la niebla, es entonces cuando iluminamos los rincones oscuros de nuestra intimidad donde se han generado las decisiones que nos han traído hasta este momento. Es entonces cuando realmente somos conscientes de las decisiones tomadas y de sus causas.  No sirven decisiones que buscan atraer al otro a un círculo distinto del primero, e incluso dentro del primer círculo no sirven las decisiones que buscaban otra clase de círculos, aunque formen parte global del primer círculo. Así por ejemplo, no se puede funcionar en un primer círculo de relación de pareja, sin relaciones sexuales. Esto es tan elemental que da risa, pero no todas las parejas lo tienen claro. Sin relaciones sexuales, cuanto más intensa y de más alta calidad, mejor, el círculo de pareja deja de ser tal círculo y se convierte en otro, que aunque forme parte del primer círculo global, como hemos dicho antes, las leyes que rigen cada sub-círculo concreto son diferentes y si se incumplen estas leyes concretas, ese primer sub-círculo se deshace. Cuando se piensa que las relaciones sexuales son secundarias y que ya habrá tiempo de pensar en ello y ver “cómo nos arreglamos” hemos calculado mal y nos encontraremos con graves problemas de convivencia de pareja. Lo mismo que quien centra la relación de pareja exclusivamente en las relaciones sexuales, despreciando el resto, se encontrará con que por muy bien que vaya el sexo la convivencia irá mal y cada vez peor.

No se puede formar un primer círculo de pareja basado en metas que forman parte de otros círculos y sub-círculos, bien en el primer, segundo o incluso tercer círculo. La relación de pareja no es un contrato económico, exclusivamente, aunque la economía conforme el terreno que uno debe de pisar dentro de este sub-círculo del primer círculo. Para el tema económico en exclusividad tenemos el sub-círculo del pacto o contrato económico, que en sí mismo nunca formará parte de un primer círculo, porque por muy bien que se lleven patrono y empleado, socios, inversores, amigos en una comunidad de bienes, no nos engañemos, esto no es un primer círculo y si se intentan aplicar a él las leyes que rigen un primer círculo el desastre está servido. Tampoco el círculo de la pareja es un círculo exclusivamente de amistad. Aunque la amistad en grado máximo, aunque solo sea en aspiración, sea un sub-círculo del primer círculo, y se rija por sus leyes, el sub-círculo de la pareja y el de la amistad son diferentes y no funcionan con las mismas leyes. Así la amistad no implica necesariamente una fidelidad sexual, algo que sí es imprescindible en el sub-círculo de la pareja. Y aquí entramos en un tema que puede resultar polémico y en el que seguramente no habrá un acuerdo de todo el mundo, pero dejemos claro ya desde este momento que la fidelidad sexual es una de las leyes básicas del círculo de pareja, y si no se cumple, la pareja como tal se desmoronará. Podemos hablar de parejas abiertas, en el sentido de parejas que funcionan como tales pero que se dan permiso mutuo para tener relaciones sexuales con otros de acuerdo a unas condiciones y a un protocolo determinado. No nos engañemos, eso no es posible. El círculo de pareja se desplazará, de una forma más o menos perceptible, más bien más que menos, hacia el círculo de “amigos con derecho a roce”, en expresión coloquial y muy actual o hacia otro tipo de círculos que nada impide, al menos en teoría, que conformen sub-círculos dentro del primero círculo, pero no es precisamente el círculo de pareja, es otro, con leyes distintas, aunque puede que al primer golpe de vista no se aprecien.  Aquí no estamos hablando de una pareja religiosa, o de hecho, o civil, o “criminal” si se me permite esta “boutade”, esta broma sin gracia, no estamos hablando de las leyes religiosas de la pareja o matrimonio religioso, o de las leyes civiles de un matrimonio civil o pareja de hecho, estamos hablando de las leyes básicas, cósmicas de un primer círculo con reglas específicas para ese sub-círculo.  No se trata de leyes divinas, en sentido religioso, que han sido dictadas para la convivencia de la pareja o matrimonio,  se trata sí, de leyes “divinas” pero en sentido más espiritual del término, son leyes cósmicas, enraizadas con las leyes “naturales” que han sido dictadas para el funcionamiento del Cosmos y de las leyes espirituales que rigen el mundo espiritual, lo queramos o no.  No estamos hablando de que Dios en las tablas de la ley haya establecido la fidelidad matrimonial y condenado el adulterio, estamos hablando de que la fidelidad sexual en una relación de pareja es ley básica esencial para su buen funcionamiento, salvo que los miembros de esta pareja hayan alcanzado una altura y una evolución espiritual que les permita determinados comportamientos que exigen un desapego material que no está al alcance de la mayoría. Y entonces nos encontraríamos estudiando y analizando este círculo en dimensiones más altas, dimensión astral, etc. Pero eso ya llegará en su momento.

Tampoco vamos a hablar, de momento, de las relaciones de pareja entre miembros del mismo género, no porque esto sea inaceptable para ciertos dogmas religiosos o sociales, porque aquí no estamos sometidos a dogma alguno, ni tampoco vamos a estudiar, de momento, los casos específicos de este tipo de relaciones, incluidas el cambio de sexo, no porque sea algo totalmente diferente de una relación de pareja de primer círculo o porque las leyes de este tipo de pareja sean completamente distintas, que no lo son, salvo normas que podrían formar parte de apéndices o añadidos a estos contratos de primer círculo, si no porque tenemos que ir paso a paso y no podemos hablar de cláusulas especiales a los contratos cuando ni siquiera hemos visto el contrato en sí.

Baste decir, de momento, que el género, el sexo, no es esencial a la persona, lo mismo que no es esencial para definir la personalidad del conductor el tipo de coche que conduzca. En esta serie de capítulos sobre la ley de los tres círculos, y conforme nos vayamos elevando de dimensión, lo veremos con más claridad, nuestra verdadera personalidad no está centrada en un cuerpo físico, sino en una entidad espiritual cuya esencia es fundamentalmente “la consciencia”, todo lo demás son soportes. Aquí no caben perspectivas materialistas en exclusiva, porque esta es una filosofía del espíritu, por lo tanto no me centraré en el cuerpo físico, en exclusiva, en ningún momento. Si así lo hiciera, todo sería mucho más sencillo, puesto que me remitiría a lo que la ciencia sepa o vaya a descubrir sobre la atracción sexual basada en feromonas, hormonas de toda especie, metabolismos, química corporal y cerebral, cómo funcionan los estímulos externos en nuestro “saco de hormonas”, cómo una sociedad, una cultura, puede armonizar o imponerse a nuestra “esencia animal”, y dejaría que fueran los científicos, los mecánicos del taller de la vida, los que explicaran cómo funciona un motor, cómo está ensamblado un coche y cómo se producen las averías, algo en lo que yo no soy precisamente un experto. Esta es una perspectiva espiritual y a ella me remitiré en todo momento, lo que no significa que sea una perspectiva religiosa, porque por desgracia toda religión se basa en dogmas y por mi parte nunca aceptaré dogmas en mi vida. Con todo respeto hacia las personas que profesan una religión, por mi parte no creo que Dios hable a personas concretas, con mensajes concretos, creo que Dios está en nuestro interior, es la partícula o chispa divina que hay en nuestro interior y por lo tanto no necesita servirse de nadie para dar mensajes con altavoz cuando nos puede susurrar en nuestro interior. Esto forma parte de la esencia de mi filosofía de la vida, como considero que forma parte del budismo (la ausencia de dogmas) y por lo tanto no voy a renunciar a ello.  Lo que sí tengo que decir es que no hay nada más ilustrativo que la vida cotidiana, en ella encontramos una muestra clara de cómo funcionan las leyes cósmicas y espirituales y por ello nos centraremos en la práctica de estas leyes mediante ejemplos de nuestra vida personal y social.

 

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TÉCNICAS CURATIVAS III

25 07 2017

TÉCNICAS CURATIVAS III

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LA SINCRONIZACIÓN DE LA ENERGÍA

Se puede decir que es una técnica personal que he desarrollado basándome en los pases mágicos de Carlos Castaneda, en algunas técnicas y movimientos de taichí y en las posturas de hatha yoga.  La tengo anotada en mi libreta de técnicas mentales I, donde esbocé hace años algunas técnicas mentales, propias o ajenas, para cubrir mis necesidades personales, tanto en temas de salud física, como para afrontar algunos problemas personales, específicamente los causados por mi enfermedad mental. Esta técnica, en concreto, la desarrollé durante una etapa de mi vida en la que padecí insomnio, me sentía muy inquieto, muy nervioso, incapaz de relajarme con las técnicas clásicas que había utilizado hasta entonces y con serios problemas hasta para sentirme tranquilo acostado en la cama, algo que nunca me había pasado hasta entonces. La causa de este desasosiego psíquico se debió, sin duda, al terrible trauma generado por un accidente físico que estuvo a punto de terminar con mi vida. No fui tratado de estrés postraumático, aunque creo que llegué a sufrirlo con mucha intensidad. Me costaba mucho dormir, algo insólito para mí, cuando lo conseguía sufría terribles pesadillas, daba patadas estando dormido, me despertaba sobresaltado y hasta el simple hecho de permanecer echado en la cama, relajado y dejando pasar el tiempo, suponía un auténtico martirio para mí. Fue entonces cuando buscando moverme para encontrar posturas que me permitieran al menos descansar un poco, descubrí que combinando ciertas posturas o movimientos que ya había realizado en clases de taichí, practicando los pases mágicos de Castaneda y en clases de yoga, lograba un gran alivio durante algunos minutos, cuando éste desaparecía buscaba otra postura o movimiento, intentando centrarme en las partes del cuerpo que más me molestaban, donde sentía dolor persistente, bloqueos, un malestar indefinido.

Estos ejercicios se basan en la busca del equilibrio energético del cuerpo, que la energía del lado izquierdo y del lado derecho, en terminología chamánica de Castaneda, estén equilibradas, que cada parte del cuerpo esté relajada, que no haya dolores, molestias, bloqueos, sensaciones indefinidas de malestar, nerviosismo. A mí me sirvieron para dormir mejor, para relajarme en la cama, aunque no pudiera dormir, para atenuar mi nerviosismo, y estando de pie, para conseguir combatir el estrés, las ideas obsesivas y esa sensación de malestar, indefinida y persistente, que me impedía concentrarme en lo que estaba haciendo. Mi obsesión se centraba en acabar o al menos disminuir los pinchazos, dolores, malestar indefinido de alguna parte concreta del cuerpo, para ello movía los miembros, buscaba posturas que permitieran un mejor fluir de la energía y una sensación mayor de calma y descanso.

Se pueden practicar de forma sistemática pero cuando nos sentimos tan mal, tan estresados, tan doloridos y molestos que cualquier ejercicio sistemático nos pone de mal humor, lo mejor es dejarse llevar buscando atenuar lo que más nos molesta en ese momento en cualquier parte del cuerpo y que nos está impidiendo centrarnos en buscar el descanso y la relajación. Así por ejemplo, cuando notaba una gran tensión en una mano, un malestar indefinido que me estaba poniendo muy nervioso, buscaba la postura y el movimiento que pudiera atenuar un poco ese malestar, así la ponía boca abajo sobre la cama y esperaba a ver las sensaciones, si no iba bien la ponía boca arriba, movía los dedos con suavidad, uno por uno, cerraba la mano hasta transformarla en puño, abría y cerraba los dedos con rapidez, movía la muñeca en un movimiento rotatorio o hacia arriba y hacia abajo. Con el tiempo descubriría que por cada movimiento o postura realizada por un miembro de un lado, me sentía mejor si el miembro del otro lado realizada algo opuesto, así cuando la mano derecha estaba boca abajo la izquierda tenía que estar boca arriba, si el brazo derecho estaba estirado, el izquierdo debería estar doblado. Los resultados eran mucho mejores cuando los movimientos o posturas adoptados por una parte del cuerpo tenían su reflejo en la otra, pero al revés, como en un espejo. La permanencia de la postura o el movimiento dependía de los resultados obtenidos, si me sentía mejor la prolongaba hasta que volvía el malestar, entonces buscaba otra. A veces encontrar la postura o el movimiento adecuados me llevaba mucho tiempo y era un martirio hasta que descubría que el bloqueo energético, el nudo, la raíz de la molestia estaba en un lugar o zona concreta del cuerpo.

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Uno de los movimientos que más me calmaban, especialmente cuando estaba muy nervioso y no podía dormir era el de los dedos de los pies:

-Boca arriba movemos con suavidad los dedos del pie derecho hacia arriba y hacia abajo. Se acoplan los dedos del pie izquierdo pero siguiendo el movimiento contrario, es decir cuando los dedos del pie derecho están arriba, los del pie izquierdo están abajo. Yo comenzaba con un movimiento muy lento y suave que iba tomando ritmo conforme se hacía automático y ya no tenía que pensar qué dedos de qué pie estaban arriba o abajo, se convertía en algo reflejo en lo que no tenía que centrar la atención. El movimiento se aceleraba sin yo buscarlo y comenzaba a sentir un gran alivio, cuando éste iba desapareciendo y regresaba el malestar, dejaba ese movimiento y buscaba otro.

-Boca arriba, la mano derecha se posa abierta sobre la cama, la mano izquierda está abierta, mirando el techo. Comienza un movimiento lento, suave de ambas manos, cuando una mira hacia abajo, la otra hacia arriba. Al principio cuesta saber dónde está cada una y hay que centrarse, luego el movimiento se automatiza y se va acelerando. Podemos notar un gran alivio o podemos sentir entonces que las molestias se concentran en una mano o un dedo concreto. Entonces podemos cambiar el movimiento abriendo y cerrando esa mano, moviendo los dedos en un orden concreto, pulgar, índice, corazón, anular y meñique y luego al revés, meñique, anular, corazón, índice pulgar. Siempre cuesta al principio hasta que se automatiza. Si la molestia sigue podemos probar  doblando y enderezando cada dedo. Digamos que se está buscando dónde está la obstrucción de la cañería, dónde está el bloqueo en los canales energéticos, qué parte concreta del cuerpo está sufriendo esa obstrucción y nos avisa con pequeños dolores, pinchazos o malestar. Cuando se encuentra se produce un gran alivio. Así, en mi caso, si sentía un fuerte pinchazo en un dedo y trabajaba con manos y dedos en diversas posturas y movimientos, cuando acertaba con la postura o el movimiento adecuados, el pinchazo del dedo se atenuaba o llegaba a desaparecer generando un inmenso alivio. Pero al poco ese bloqueo energético, más global, se trasladaba a otra parte del cuerpo y tenía que buscar nuevas posturas y movimientos. Con el tiempo observaría que también era un excelente método para intentar atenuar el dolor físico, incluso los dolores más agudos y terribles, en mi caso una úlcera duodenal.

-Podemos regresar a los pies y moverlos, pero ahora en lugar de arriba para abajo, de un lado a otro. Si el pie derecho se mueve a la derecha el pie izquierdo al revés o lo sincronizamos, ambos pies se mueven al lado derecho y luego al izquierdo. Aquí de lo que se trata no es de seguir una tabla de ejercicios predeterminada, sin cometer errores o saltarse ningún movimiento, sino de buscar aquellas posturas o movimientos en los que el cuerpo se siente más a gusto y se nota más el alivio a nuestras molestias o dolores.

OBSERVACIÓN Y CONCENTRACIÓN

Es esencial que nuestra mente y nuestros sentidos estén centrados en lo que estamos haciendo, y sobre todo en percibir cualquier alivio que podamos sentir de nuestras molestias, dolores o nerviosismo, entonces nos centramos en continuar repitiendo el movimiento que nos ha aliviado, como esto no dura mucho habrá que seguir investigando. Nos vamos a centrar en las partes más doloridas del cuerpo, donde percibir mayor malestar, donde se centra el dolor más agudo, en forma de pinchazos, de malestar por una determinada superficie del cuerpo. Sentimos ese dolor o malestar, lo calibramos, calculamos su intensidad y buscamos el movimiento o la postura que pueda atenuarlo, aunque sea poco. No se trata de buscar exclusivamente en la zona, cualquier movimiento en otra parte del cuerpo puede llegar a producir bienestar ahí, es un circuito energético muy amplio y complejo, y el hecho de que una parte de la cañería esté bloqueada no significa que el malestar se vaya a producir precisamente ahí, puede que el bloqueo sea más intenso en otra parte del cuerpo por diversas razones.

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-El cuerpo se mueve, no permanece siempre en la misma postura, boca arriba. Si esa postura nos pone nerviosos, nos molesta, podemos rotar hacia un lado. En ese supuesto podemos buscar el movimiento de los brazos.  Cuerpo apoyado en la parte dorsal izquierda, miramos hacia la izquierda, la cabeza apoyada en la almohada, el brazo izquierdo está por debajo del cuerpo, está en la espalda, la palma mirando hacia afuera. El brazo derecho está sobre el cuerpo, acariciando nuestro vientre, la palma hacia dentro. Podemos permanecer en esa postura buscando cualquier alivio, si no se produce en un tiempo prudencial buscamos nuevas posturas y movimientos, no se trata de seguir ninguna tabla de ejercicios o de buscar que una postura o movimiento nos alivie, sí o sí, hay que buscar el bloqueo y todo aquello que pueda aliviarlo. Es curioso que alguna de estas posturas que a mí me daban alivio resultaran muy comunes en algunos enfermos mentales que estaban muy agitados y necesitaban un movimiento que les aliviara. Así la postura de costado, con los brazos en la forma en que he descrito, es frecuente en algunos enfermos mentales que están acostados en el lecho, parece aliviarles de alguna manera, y yo pude notar que en efecto, a mí también me aliviaba. También es muy frecuente observar el movimiento de un enfermo mental que está sentado y mueve el cuerpo de adelante hacia atrás y al revés, en un movimiento muy rítmico que se va acelerando conforme su malestar y nerviosismo es mayor. Suele ser muy molesto para quienes lo observan, les causa una impresión indefinida de malestar e intentan que deje de moverse, aunque para ello tengan que coaccionar al enfermo o atarle. En realidad el enfermo, sin él saberlo, está buscando el movimiento o la postura que más le alivie, una forma de bloquear y controlar sus ideas obsesivas, su nerviosismo. Puede que si nosotros hacemos eso nos sintamos realmente mal, pero eso es porque no necesitamos equilibrar nuestra energía de esa forma, persistir en posturas o movimientos que no solo no atenúan nuestro malestar, dolor o nerviosismo, sino que lo agudizan es un craso error, se trata de encontrar alivio, no de sufrir más y con mayor intensidad. Yo mismo durante algunos de mis internamientos psiquiátricos llegué a buscar ese movimiento, estando sentado, porque de alguna manera me aliviaba, pero no me dejaban practicarlo mucho tiempo, enseguida llegaba un celador o una enfermera y me daban una voz, yo notaba que les repugnaba mucho verme así. Aunque estos movimientos y posturas típicos en el enfermo mental puedan resultar muy molestos a los demás, porque indican bien a las claras el nerviosismo y malestar del enfermo, sin embargo no son algo malo que haya que evitar a toda costa, al contrario, estas posturas y movimientos alivian mucho al enfermo, que sin ellas estará aún peor, aunque no se manifieste de forma clara al exterior.

-Se pueden cruzar los pies, uno sobre otro, buscando alivio, o se pueden separar hasta una distancia concreta, buscando que disminuya de alguna manera el malestar, se puede doblar una pierna mientras la otra permanece estirada, es importante saber que cada movimiento o postura de una parte del cuerpo debe tener su reflejo contrario en la otra, como en un espejo.

-Podemos buscar las posturas básicas, boca arriba, boca abajo, de costado hacia el lado derecho o hacia el izquierdo. Podemos buscar el movimiento o postura de brazos y pies, siempre cada lado oponiéndose al otro.  A pesar de estar en la cama el número de posturas y movimientos es incalculable. También se puede mover la cabeza, hacia un lado y hacia otro, con suavidad, o se puede hacer que la cabeza mire en diagonal manteniendo esa postura, aunque sea incómoda. Es una postura chamánica con la que don Juan buscaba que Castaneda pudiera librarse de la “fijación” es decir de ideas obsesivas que se enquistan en la mente.

Estos movimientos se pueden practicar estando de pie o en movimiento, aunque hay que adaptarlos, naturalmente, porque no es lo mismo estar echado que estar de pie.

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MOVIMIENTOS PARA AYUDAR AL CONTROL DE LAS IDEAS OBSESIVO-COMPULSIVAS

Sentados a una silla, en la postura del loto, en el suelo, o de pie, podemos hacer girar la cabeza, rotándola circularmente en un sentido primero, luego en el otro, con suavidad. Los movimientos anteriores de equilibrio de energía no tienen ninguna dificultad o contraindicación puesto que son movimientos que realizamos habitualmente en nuestra vida cotidiana, con absoluta naturalidad, en cambio estos movimientos de cabeza pueden causar problemas a los que tengan algún problema de columna, de cervicales o cualquier otro tipo de molestias, como jaquecas o migrañas, por lo tanto es conveniente consultar siempre al médico antes de llevarlos a la práctica.

-Movemos la cabeza con suavidad hacia el pecho y luego hacia arriba, hasta que los ojos, que pueden estar cerrados, miren al techo. Luego hacia la izquierda, por encima del hombro izquierdo, hacia la derecha.

-Podemos realizar el siguiente ejercicio. Subiendo el dedo índice de la mano derecha hasta ponerlo a la altura de la punta de la nariz, hacemos que el dedo se mueva hacia la derecha hasta alcanzar el hombro, giramos la cabeza, buscando que la vista siga al dedo. Luego con el dedo de la mano izquierda, hacemos lo mismo. Podemos hacerlo con los ojos cerrados, entonces visualizamos un punto de luz, frente a nosotros que se va moviendo como hacía el dedo, en este caso no es necesario que nos acompañemos del movimiento del dedo, basta con que movamos la cabeza.

-Podemos hacer un ejercicio que está aconsejado para el desarrollo del tercer ojo, pero que viene muy bien también para controlar y bloquear las ideas obsesivas. Consiste en mirarse la punta de la nariz con los dos ojos que se juntan justo en la extremidad del apéndice. Se puede producir una visión doble, es normal, pero si notamos molestias en los ojos, o tenemos algún problema porque se nos levante dolor de cabeza o cualquier otro síntoma, es aconsejable consultar con el oculista.

Los ejercicios en movimiento pueden ayudar mucho a encontrar el equilibrio de energía y a conseguir bloquear las ideas obsesivas. Movimientos tales como mover el pie izquierdo hacia delante, mientras levantamos el brazo derecho por encima de la cabeza, damos otro paso, alternando siempre los movimientos de los pies y de los brazos, de forma tal que cuando se mueve un pie se debe mover el brazo contrario y al revés. Los movimientos de taichí son también excelentes.

 

 





FARSAS DE CONTROL VI

19 07 2017

FARSAS DE CONTROL VI

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LA FALTA DE COMUNICACIÓN- EL SECRETISMO

Hace ya mucho tiempo que no toco este tema, tal vez se deba a que me resulta muy desagradable. Las farsas de control son como las malas hierbas en un huerto, por mucha buena simiente que plantes y por mucho cuidado y esfuerzo que pongas en regar, en cuidar de las plantas, las malas hierbas acaban con todo. Eso mismo ocurre en las relaciones interpersonales, por muy buena voluntad que pongas en “llevarte bien” con el otro, en preocuparte de él, en dar todo el afecto y cariño de que seas capaz, al final si las farsas de control se apoderan del huerto de la relación interpersonal éste se convertirá en un erial capaz de tragarse todo el agua que le eches sin dar a cambio otra cosa que no sean ortigas y abrojos.

Me resulta molesto analizar cómo funcionan las farsas de control en las relaciones interpersonales porque todos las utilizamos, de una manera o de otra, todos caemos en esa tentación tan atrayente de utilizar constantemente farsas de control con los otros para conseguir lo que deseamos de ellos, para tenerlos sometidos, para manipularles, para ser sus amos, en una palabra. Observar las farsas de control en los otros me obliga a analizar éstas en mí mismo y no hay nada más desagradable que ser consciente de que ciertas conductas que pensabas eran el colmo de la generosidad y de la bondad, son en realidad mezquinas farsas de control con las que intentas vampirizar a los demás.

¡Hay tantas malas hierbas en un jardín! Todos buscamos librarnos de recargar energía de la mejor de las formas posibles, a través del amor, del afecto, del cariño, porque recibir amor sin darlo es algo tan mezquino que nos hace sentirnos muy mal, por otra parte el amor nos desnuda y nos sentimos avergonzados de mostrarnos tal como somos, aún más el amor requiere un gran trabajo, esfuerzo, concentración, una batalla sangrienta con lo peor de nosotros mismos. Es mucho más fácil enchufar nuestra batería en el enchufe del otro, sin pagar luego la factura de la luz, cuando nos convenga, y encima pedirle que nos pase la mano por el lomo, que nos halague y que nos entretenga contándonos historias divertidas. El amor exige más esfuerzo, sacrificio, renuncia, mayor esfuerzo de voluntad. No es de extrañar que hayamos caído en la tentación de las farsas de control, como arañitas que diseñan sus estratégicas redes para cazar a quien se acerque con las mejores intenciones.

Como hemos visto a lo largo de esta serie de textos, he tomado prestado el nombre y el concepto de James Redfield y de sus libros sobre las revelaciones. Ya el nombre me parece extraordinario, perfecto y contundente. En efecto así son muchas de nuestras conductas con los demás, auténticas farsas de control. Hemos visto cómo acabar con ellas a través de la metáfora del partido de tenis y hemos analizado algunas tan evidentes que nos preguntamos cómo seguimos cayendo en ellas. En esta nueva serie de textos analizaremos otras más sutiles, más astutas, y habrá un apartado especial para analizarlas en las personas con enfermedad mental.

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La falta de comunicación, el secretismo en las relaciones interpersonales es una de las farsas de control más sutiles, porque se enmascara con bastante facilidad haciendo creer que en realidad nuestra conducta solo tiene motivos generosos y altruistas.  Damos a entender al otro que le escuchamos durante horas, que cargamos sus problemas sobre nuestras espaldas, que somos la generosidad pura al permitirle que nos cuente su vida de “pé a pá” sin que nosotros lo agobiemos con nuestros estúpidos problemas que no vienen al caso. Con esto conseguimos que el otro se sienta culpable, que se sienta deudor, que crea que nos debe mucho y se muestre dispuesto a retribuir nuestro sacrificio cuando llegue el caso. Es como si nos prestaran mucho dinero y muchas veces, haciéndonos creer que el interés es muy bajo, o casi no existe, son préstamos a fondo perdido, pero de esta manera el otro se convierte en nuestro perpetuo acreedor y si quiere ya encontrará la fórmula para hacernos pagar muy caros todos estos supuestos préstamos.

Cuando tras un tiempo prudencial de relación interpersonal nos encontremos, haciendo el balance que propongo, y que es como la prueba del algodón del anuncio de limpieza, con que el otro lo sabe casi todo de nosotros y en cambio nosotros no sabemos casi nada del otro, ojo, la prueba del algodón ha encontrado mucha suciedad oculta. Puede parecer muy mezquina esta prueba, como si anotáramos en una agenda negra todo lo malo de los demás y nada de lo nuestro, o como si pesáramos en una balanza de precisión atómica a los demás y nosotros nos pesamos en una balanza con trampa. Descartemos este sentimiento que es solo consecuencia de los efectos tóxicos de esta farsa de control. Si no llegamos esta prueba, antes o después, en el curso de una relación, al final nos podremos encontrar con la gran sorpresa de que no sabemos nada del otro, de que el otro sabe casi todo de nosotros, incluso nuestras debilidades más ocultas con las que nos puede chantajear y lo que es peor, nos encontramos frente a un deudor implacable al que debemos mucho sin ser conscientes de que nos haya prestado tanto como él dice.

En una relación interpersonal la comunicación es esencial y el secretismo el mayor obstáculo para que la vinculación sea cada vez más estrecha.  Como sabemos la comunicación es una autopista de doble dirección y con muchos carriles. Si comunicamos mucho pero no nos comunican nada, esto no es comunicación ni relación interpersonal, sencillamente lo que estamos haciendo es llevar nuestro descapotable a plena luz del día, a una velocidad no muy alta, para que todo el mundo que quiera pueda vernos y saber cómo somos. Y aquí introduzco también la filosofía del cazador del guerrero impecable. Si estamos siempre en medio del camino, dejando que todo el mundo se encuentre con nosotros y nos vea, nos observe, si además estamos desnudos con lo que los otros no tienen la menor dificultad para ver nuestras vergüenzas, nos convertimos en presa.  Un buen guerrero-cazador sabe cuándo ponerse en mitad del camino, para que todos lo vean, y cuándo esconderse y observar a los demás. Un buen guerrero-cazador puede llegar a la maestría de no necesitar saber cuándo ponerse en mitad del camino o cuándo esconderse, porque se ha vuelto inaccesible a los demás, y de esta forma da igual dónde esté, nadie puede acceder a él si él no quiere.

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Es curioso que los que emplean con mucha frecuencia esta farsa de control, en el fondo buscan también la inaccesibilidad, pero no como guerreros sino cazadores sin entrañas en busca de presas. No comunican, no son sinceros, dicen lo justo y la mayoría de las veces ni eso, pensando que así ellos no están en mitad del camino, así no son presas. Aunque se engañan de forma muy sutil, en el fondo están convencidos de que la falta de comunicación con el otro es una forma de no ser vulnerables. Tienen miedo a que el otro pueda utilizar sus “debilidades” para hacerles daño, y sin embargo escuchan impertérritos todas las manifestaciones sobre las debilidades del otro. También resulta curioso que muchos de estos “oyentes generosos” sean al mismo tiempo unos grandes cotillas. Escuchan al otro pero luego no tienen la discreción de mantener en secreto conversaciones que tácitamente se entiende han sido depositadas en él con la etiqueta de “secreto” o confidencial, porque de otra manera lo hubieran publicitado a través de las redes sociales y todo el mundo lo conocería. La farsa de control del “cotilleo”, no precisamente demasiado sutil, la analizaemos más adelante, sin prisas, porque aunque hace mucho daño es tan evidente y tan sencilla de rebatir que solo quienes quieren caer en ella caen. Es un poco como el tema de los timos, una especie de farsas de control de la delincuencia, se supone que quien cae en las garras de un timador es porque no es trigo limpio, algo andaba buscando que no era precisamente muy ético.  No es que el que sufre la farsa de control del cotilleo no sea trigo limpio, como las presas de los timadores, pero sí está claro que todos los que sufren por los cotilleos tienen una importancia personal tan, tan desmesurada, que uno tiene la tentación de pensar que les vendrá bien un poco de cotilleo sobre su persona para rebajarla, lo mismo que la presa del timador siempre debe reflexionar sobre su ética porque está claro que le han pillado por ahí.

Para combatir la farsa de control que estamos tratando nada mejor que hacer de vez en cuando “la prueba del algodón”. Si tras un tiempo prudencial descubrimos que el otro sabe de nosotros casi todo y nosotros ignoramos casi todo sobre el otro, es que algo falla y aunque el otro emplee mil razonamientos muy lógicos, supuestamente muy generosos y humanitarios, es preciso examinar con detenimiento cómo va esa relación. Esto resulta especialmente llamativo en el caso de las personas con enfermedad mental que estudiaremos en otro apartado. Cuando en una relación interpersonal alguien ignora casi todo del otro, y este otro se disculpa, se cubre, con el manto de la generosidad máxima, “ te escucho, te escucho siempre, porque de esta forma te ayudo, y tú no necesitas saber nada de mí”, hay que meditar muy seriamente sobre esa relación. Curiosamente hay profesiones en las que “escuchar siempre y no contar nada” parece la esencia de esa profesión, y me estoy refiriendo, por ejemplo, a psicoanalistas, entre otras, pero esto poco tiene que ver con las relaciones interpersonales, nadie que haya realizado un psicoanálisis podrá luego presumir de una amistad profunda con el psicoanalista. La famosa transferencia en el fondo pretende deshumanizar a terapeuta y enfermo, no son dos personas que se comunican, hay un terapeuta que pretende desaparecer, convertirse en un espejo, un objeto frío e impersonal, y hay un enfermo que pretende “curarse” y lo mismo le daría que el terapeuta fuera un robot o un frasco de píldoras. El que el terapeuta intente no “involucrarse” con la disculpa de que el enfermo  evolucionará mejor si afronta solo sus problemas, con la presencia simbólica del otro, para que esto le ayude a objetivar sus problemas, no es otra cosa que el escudo que se pone el profesional para evitar que el enfermo le arroje sus problemas a la cara, para evitar sufrir, para que de esta manera pueda atender a muchos enfermos diariamente y de esta forma ganarse honradamente la vida. Mucho me temo que la economía acaba primando sobre la relación interpersonal, el enfermo paga para ser curado, el terapeuta cobra por hacer lo que esté en su mano para curarle, pero sin “mancharse”, sin sufrir, sin iniciar una relación interpersonal que no viene al caso y que el terapeuta considera que siempre será negativa para él.  Intentar curar a otro, economía de por medio, sin el menor atisbo de relación interpersonal, porque la transferencia va a hacer mucho daño, no puede funcionar, ni siquiera en las enfermedades físicas, mucho menos en las mentales o enfermedades del alma.

De alguna manera en esta farsa de control se funciona así, el que no habla de sí mismo es porque se considera el terapeuta, el “normal”, el que sabe, el fuerte, y el que no deja de hablar de sí mismo es porque es el débil, el enfermo, el que necesita a los demás. Este desequilibrio de inicio, putrefacta de raíz la relación interpersonal. Como hemos visto en la ley de los tres círculos, cada círculo tiene sus normas, que si no se cumplen no es posible permanecer en él. Una de las normas básicas del primer círculo es la equidad, hay que dar tanto como se recibe, hay que comunicar tanto como se nos comunica.  Y se supone que quien escucha a otro hablar y hablar durante horas, contarle sus intimidades, es porque aspira a una relación de primer círculo, de otra forma le bastaría con cumplir las normas básicas de cortesía del segundo círculo, o comportarse con el respeto básico que exige el tercer círculo. Pues bien si aspiramos al primer círculo, no podemos olvidarnos de la equidad y la comunicación, no podemos utilizar la farsa de control de “tú cuéntame toda tu vida, que yo, que soy muy bueno y generoso, te escucharé con paciencia y no necesitaré contarte nada de mí”.

La sutileza de esta farsa de control reside en esa aparente generosidad del que no se comunica porque considera que está haciendo mucho bien al otro escuchándole durante horas y horas; también en lo fácil que resulta enmascararla entre las debilidades de carácter más comprensibles y disculpables.  Soy tímido, me cuesta hablar de mí mismo, en cambio para ti parece ser lo más natural del mundo. Me avergüenza hablar de mis intimidades, supone un sacrificio terrible para mí, en cambio tú no tienes secretos, me cuentas hasta tus intimidades más íntimas sin pestañear. Todos somos tímidos, a todos nos cuesta hablar de intimidades, todos nos sentimos mal cuando cargamos nuestros problemas sobre la espalda de los demás, a todos nos llevará luego un tiempo recuperarnos del  streaptease del alma que hemos hecho. Todos sabemos también lo mal que nos sentimos cuando escuchamos los problemas del otro sin poder contarle los nuestros. Es por eso que esta farsa de control es tan, tan sutil. Siempre se puede alegar que sufrimos mucho escuchando las desgracias que nos cuenta el otro y no queremos aumentar aún más su sufrimiento contándole las nuestras. Sí, en efecto, las disculpas por este comportamiento son de mucho peso, razón por las que las aceptamos con tanta facilidad. Lo que falla es que esta conducta se prolongue en el tiempo y no haya la menor alternancia. Siempre es uno el que cuenta y el otro el que escucha, que a su vez no cuenta nunca nada de él. Digamos que lo que puede ser perfectamente comprensible en un momento determinado, no lo será al cabo del tiempo.

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Estos “escuchantes” acaban por profesionalizarse. Se encuentran a gusto escuchando y no solo eso, suelen terminar convirtiéndose en interrogadores. Otra farsa de control muy emparentada con ésta que veremos en otra ocasión.  Se convierten en auténticos inquisidores que lo quieren saber todo de nosotros y no se avergüenzan de utilizar manipulaciones y chantajes para obligarnos a “desembuchar”. Se transforman en detectives que nos asaetean a preguntas durante horas y horas, buscando un resquebrajamiento en nuestras “coartadas”.  Los que sufren estas farsas de control llegan a sentirse culpables si ocultan algo, culpables si han hecho algo que saben disgustará al interrogador.  Los famosos “escuchantes” nunca suelen quedarse ahí, acaban siendo “interrogadores” y de ahí a la manipulación más drástica solo hay un paso. No necesitan pasarse largas horas intentando convencer al otro de sus ideas o de que deben cambiar su conducta, adaptándola a la suya, que sin duda es la mejor, o que deben hacer esto o lo otro, o dejar de hacer esto o aquello, porque les basta con preguntar, con “interrogar” para que el otro se sienta tan culpable que o bien se vea obligado a mentir, y ya sabemos que antes se pilla a un mentiroso que a un cojo, o se verá obligado a cambiar de conducta, haciendo al final lo que el otro quiere que haga. En resumidas cuentas,  cuando hacemos la prueba del algodón y descubrimos que el otro lo sabe todo de nosotros, pero nosotros no sabemos nada del otro, no hay que elucubrar mucho para saber quién está utilizando una farsa de control y quién se supone que va a salir ganando siempre.

Para combatir con éxito esta farsa de control, hay que tener en cuenta las siguientes cuestiones:

-Si el otro quiere realmente formar parte de nuestro primer círculo, llegar a una relación interpersonal profunda y afectiva, deberá cumplir las normas del primer círculo, es decir, tiene que haber comunicación y equidad.  Solo un psicoanalista puede saberlo todo de nosotros, sin que nosotros sepamos nada de él, y aún en este supuesto, mi opinión subjetiva y personal es que no puede funcionar bien para curar una supuesta enfermedad mental o del alma de la otra persona.

-Es comprensible que el otro pueda ser más tímido que nosotros, que sienta más vergüenza al hablarnos de sus intimidades, que le suponga un esfuerzo mucho mayor que a nosotros el hablar de lo que realmente importante y no de tópicos y nimiedades, pero eso no es una disculpa, podemos dar nosotros el primer paso, contar primero nuestras intimidades, pero tiene que haber respuesta del otro, antes o después, porque si no, ipso facto, el otro está utilizando con nosotros esta farsa de control de la falta de comunicación y el secretismo.

-En una relación de primer círculo siempre se sufre, no todo son besitos y halagos y abracitos cariñosos y jijí y jajá, compartir el dolor del otro es otra de las normas básicas de un primer círculo, por eso quienes renuncian a comunicarse, alegando que no quieren hacer sufrir al otro, o no entienden qué es un primer círculo, o no quieren pertenecer a él, o están enmascarando esta farsa de control.

-No nos engañemos, quienes utilizan esta farsa de control con nosotros, por muy convincentes que sean, por mucho que digan querernos, por muchas razones que esgriman para no hablarnos de sus intimidades, son tóxicos para nosotros, nos vampirizan, están alimentándose de nuestra energía, están poniendo a recargar sus baterías en nuestros enchufes, aunque puedan llegar a convencernos con facilidad de que las cosas son al revés, que somos nosotros los que enchufamos nuestra batería a sus enchufes. Si fuera así, no habría el menor problema de que lo hicieran, en efecto, enchufándose a nuestros enchufes y contándonos sus intimidades.

`PECULIARIDADES DE ESTA FARSA DE CONTROL EN LA PERSONA CON ENFERMEDAD MENTAL

Como sucede con otros tipos de conducta en el enfermo mental, hay que estar atentos para que nada se enmascare y podamos descubrir lo profundo al otro lado del supuesto espejo de lo evidente. Parecería evidente que el enfermo mental es el que cuenta sus intimidades, puesto que siempre nos está hablando de lo mal que se siente, de la mierda que es la vida, de que desea morir, todo ello supuestamente lo más íntimo de lo que puede hablar una persona. Pero no nos engañemos, para el enfermo esta forma de expresarse es un mantra nacido de una idea obsesivo-compulsiva. No hay en ello nada de sinceridad, de contar realmente sus intimidades más íntimas.  Puede pasarse horas contándonos sus desgracias, supuestas o reales, hablando de todo lo que le sale mal, de lo mal que se siente hoy en relación a ayer, de que alguien se ha reído de él por la calle, se ha burlado de su condición de enfermo, de cómo le afecta todo esto, de lo íntimo que es contar algo así, de que no se lo cuenta a nadie, excepto a nosotros, etc etc. Pues bien, hagamos la prueba del algodón. Analicemos qué es realmente lo que sabemos del otro y lo que el otro sabe de nosotros. De él sabemos siempre lo mismo, que está mal, que está deprimido, que hoy, lo mismo que ayer y que siempre, alguien se ha reído de él, se ha burlado de él por la calle; que la vida es una mierda por esto, por lo otro y por lo demás allá; que desea morir y ya, ahora mismito, que está pensando en cómo hacerlo; que la culpa de todo la tienen los demás, porque su familia, el otro y el otro no le comprenden, no quieren comprenderle, no le dan afecto, cariño, no aceptan que él es libre y puede tomar sus decisiones, que tiene razón al pensar de esta manera y que ellos no, por esto y por lo otro, y blá, blá y blá…

Este es el bucle que se repite y se repite en el enfermo mental, el tiovivo infernal en que está dando vueltas hoy, ayer, mañana y siempre y del que nunca se bajará porque él tiene razón y los demás no, pero sobre todo porque solo lo haría si recibe cariño y nadie se lo da. Pero si analizamos con objetividad su supuesta sinceridad, las intimidades tan íntimas que nos cuenta, seremos conscientes de todo lo que nos oculta, que es mucho. Aparte de las conductas de sus familiares y seres queridos que más le molestan y que nos cuenta una y otra vez, en realidad sabemos muy poco o nada de su familia, porque no habla de ella con sinceridad, como personas que pertenecen a su primer círculo, o bien unos días intenta disculparles, cuando está bien, o bien otros días tienen la culpa de todo, cuando está mal.

Una persona con enfermedad mental nos puede ocultar lo más importante, no que esté deprimido y quiera morirse, pero sí que pudo sufrir maltrato en su infancia, por ejemplo, o que bebe más de lo que debiera, en realidad solo bebe muy de vez en cuando, según él y solo cuando los demás se portan mal con él. Nos puede ocultar que ha caído en la droga, bien la droga blanda o la dura y que  se gasta mucho dinero en ella, porque no es gratis precisamente. Nos puede ocultar que muchas veces sus delirios, alucinaciones, las voces que escucha, comienzan cuando ha consumido alcohol o drogas. Nos puede ocultar que sus problemas no son solo estar deprimido, hundido, a causa de su enfermedad, sino problemas objetivos en los que él mismo se ha metido por falta de voluntad, por una absoluta falta de organización, por no saber administrarse.  Nos puede ocultar que tiene problemas económicos que le preocupan mucho y que contribuyen en gran medida a que esté deprimido. Nos puede ocultar que no es capaz de vivir solo, como lo ha comprobado cuando se ha marchado de casa, ha comenzado a vivir solo y ha descubierto que la soledad es terrible para el enfermo mental. Nos puede ocultar que tampoco puede convivir con sus familiares en el domicilio paterno porque no se entienden, no solo por su culpa, por culpa de todos, no son capaces de llegar a un acuerdo, a un protocolo y todo son broncas y follones diarios. Nos puede ocultar que estos problemas, objetivos, le están destrozando la vida, pero él todo lo achacará a su enfermedad, estoy deprimido, soy un enfermo mental y si no lo fuera todo sería distinto.

Un enfermo mental nos puede ocultar que se siente muy solo, porque en realidad tiene muy pocos amigos o ninguno, y a veces tratará de ocultar este extremo hablando de que ha quedado con un amigo o que le ha llamado una amiga… Nos puede ocultar que se siente muy triste y desesperado porque no tiene pareja y nunca la tendrá, porque todos sus intentos han sido estrepitosos fracasos, porque su enfermedad mental le impide ser como los demás, tener una familia y vivir como vive casi todo el mundo. Nos puede ocultar que a pesar de lo que nos dice, de sus ideas conservadoras sobre el sexo, le gustaría encontrar un poco de cariño en el sexo, aunque fuera muy poco, con alguien, con algunos, con muchos, con todos.  Nos puede ocultar que lo ha intentado, que fue un fracaso porque quisieron aprovecharse. Nos puede ocultar que busca pareja en Internet o en la tv o que se ha gastado un dineral en las páginas de contactos… para nada.

Aún cuando el enfermo mental se pueda pasar horas al teléfono, hablándonos de sus intimidades, o lo haga en persona, hablando durante horas delo que le preocupa, en realidad, no nos engañemos, está utilizando con nosotros la farsa de control de la incomunicación y el secretismo. Puede que apenas podamos contarle nada porque él lo habla todo, durante horas y horas, porque somos los únicos con los que puede hablar y eso le autoriza para hacerlo. Pero si al cabo de un tiempo descubrimos que en realidad nosotros le hemos contado más cosas íntimas que él a nosotros, porque eso de que quiero morir o de que se han burlado de mí o que me llevo mal con la familia, ya no cuela, es evidente que está utilizando esta farsa de control. Es difícil asumir que un enfermo mental pueda hacerlo, puesto que en realidad no habla con nadie, o con casi nadie y con la mayoría no habla de nada que sea realmente íntimo. Es difícil comprender que cuando habla con nosotros horas y horas en realidad sea un “escuchante” que esté utilizando la farsa de control de la falta de comunicación y el secretismo. Pero es así. Si hacemos la prueba del algodón descubriremos que de él no sabemos casi nada, aparte del mantra de quiero morir, de sus ideas obsesivas sobre la forma de suicidarse y de que la culpa de todo la tienen los demás. Puede que nosotros hayamos tenido poco tiempo para contar cosas, pero seguro que él sabe bastante más de nosotros que nosotros de él. Un enfermo mental lo guarda todo, lo que realmente importa, en su interior, en un búnker, con siete mil llaves, y al final solo sabremos de él lo que sabemos de todos los enfermos mentales, que quieren morir porque la vida es una mierda.

CÓMO DESMONTAR ESTA FARSA DE CONTROL EN EL ENFERMO MENTAL

Sin duda la mejor forma es hablarle de nuestras intimidades más íntimas, más dolorosas, de nuestros secretos más profundos, más vergonzosos. Aprovechando las oportunidades que nos dé cuando nos esté recitando su mantra, podemos intercalar que nosotros también pensamos en suicidarnos cuando… que nos llevábamos fatal con nuestros padres y nos marchamos de casa, para descubrir que la soledad es muy dura…que en realidad nosotros no tenemos tantas oportunidades para formar pareja, porque… que estamos tan necesitados de sexo como él o más…que nuestras vidas no han sido precisamente fáciles… Si nos abrimos, si somos sinceros, si contamos nuestras intimidades más íntimas, sin vergüenza, sin callarnos con la disculpa de que en realidad no hablamos de nosotros porque él lo necesita más y nos vamos a limitar a escucharle…entonces él, con el tiempo, con dificultad, comenzará a sincerarse, tendrá confianza en nosotros, la suficiente para dejar de echar la culpa a los vaivenes de su enfermedad cuando sabe que le sucede cuando se pasa fumando droga o bebiendo o tras una discusión terrible con un familiar. Con el tiempo un enfermo mental puede dejar de escudarse en sus viejos mantras y admitir lo que ni siquiera había admitido ante sí mismo, que muchos de sus problemas no son achacables a la enfermedad mental, sino al tipo de vida que lleva.

Nada más fácil para el enfermo mental que renunciar a esta farsa de control, que no le beneficia en nada, con la que no se siente a gusto, puesto que lo que más le ayuda es hablar con sinceridad de sus intimidades y atraer a su primer círculo a cuantas más personas mejor. Necesita mucho cariño y sabe que las farsas de control, concretamente ésta, no sirven para nada, así que puede renunciar a ella tan ricamente, sin mucha dificultad.

 

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TÉCNICAS ROSACRUCES PARA EL VIVIR COTIDIANO IV

15 07 2017

TÉCNICAS ROSACRUCES PARA EL VIVIR COTIDIANO IV

Torre babel

EL PROPÓSITO DE LA VIDA

Mi etapa como rosacruz, como “frater”, ocupó casi una década durante mi juventud. Aún conservo todas las monografías que voy releyendo de vez en cuando y conservo todos los folletos que me enviaron con el sello de “Consejo internacional de investigaciones universidad Rose-Croix”, en el que diferentes doctores, especializados en distintas disciplinas, todos rosacruces, nos daban pequeños pero profundos esquemas para afrontar cualquier problema en la vida. Al final de estos pequeños folletos se enumeraban de forma muy concreta diferentes puntos de reflexión. También conservo folletos un poco más largos con el título de Técnicas prácticas para el vivir cotidiano, que es el título que he adoptado para esta serie de textos en los que, basándome en estos folletos, comento de forma personal cómo veo yo los problemas a los que todos nos enfrentamos en la vida y qué estrategias se pueden utilizar para afrontarlos. No me limito a los consejos rosacruces, creo que la filosofía del guerrero impecable de Castaneda y cualquier otra filosofía que pueda orientarnos y ayudarnos, debe ser bien recibida, como el yoga mental, el budismo, el zen o cualquier corriente esotérica debidamente aquilatada. No estoy tratando los folletos largos porque de alguna manera ya los he utilizado en algunas de las técnicas mentales que he subido al blog, tal como la creación mental, que titulé “El arte de la creación mental”. Me quedan aún algunos temas, especialmente La imaginación, un tema apasionante y para mí especialmente querido como escritor, que desarrollaré en su momento en varios textos.

Hoy voy a tratar el folleto titulado El propósito de la vida, por el Dr. Alberto I. LaCava, FRC, que significa frater rosacruz. Mucho me temo que la raíz de muchos dramas y tragedias de la vida, de muchos problemas que las personas que lo padecen son incapaces de resolver, se deben en gran parte a la falta de un propósito en la vida. Me voy a permitir citar literalmente el primer párrafo del folleto, porque eso va a situar el tema y me va a permitir profundizar en muchos detalles importantes.

“¿Por qué nos es tan importante definir cuál es el propósito de nuestra propia vida? Tener un propósito nos da una orientación durante las tormentas de la vida, en los momentos de crisis y cuando la base de nuestra vida material se estremece debido a acontecimientos que nos afectan emocionalmente. Un propósito nos acerca en forma gradual a realizar nuestros ideales, aumentando así nuestro amor propio. Un propósito nos motiva, nos orienta cuando despertamos por la mañana. La cosa más importante acerca de tener nuestro propio propósito en la vida es que se despiertan los poderes creativos de nuestra mente y esto nos ayuda a avanzar hacia la consecución de nuestros más ansiados ideales”.

Creo que el tema no se puede situar mejor que lo ha hecho el frater autor de este folleto. En efecto el ser humano está hecho de tal manera que la falta de un propósito en su vida lo anula totalmente. Se cuenta que una de las torturas más terribles a que sometían los nazis en los campos de concentración a los allí recluidos era la de obligarlos a cavar sus propias tumbas, y luego, cuando terminaban, tenían que rellenarlas de nuevo, entre las risas de sus verdugos. Por desgracia hay personas que llegan a plantearse así sus vidas. Según ellos nacemos sin haberlo escogido líbremente, nos lanzan a este “valle de lágrimas” con el único propósito de sufrir y luego nos hacen morir, cuando nuestros controladores así lo deciden. Semejante forma de pensar no se diferencia gran cosa de la tortura nazi. Nos hacen conscientes de estar vivos, nos dan un pico y una pala para cavar nuestra propia tumba y tras este duro y angustioso trabajo, en cualquier momento nos pueden poner la pistola en la sien, apretar el gatillo y ya estamos muertos, eso es todo.

Con semejante propósito en la vida, o más bien despropósito, no es de extrañar que haya tantas personas que se quejen de estar vivos, de la desgracia que para ellos supone estar vivos (entre ellos debo mencionar con gran tristeza a mis hermanos, los enfermos mentales) y que sufran tanto que da pena verlos. Al final todas estas personas son carne de cañón de la enfermedad mental. En la carrera de la vida no se puede juntar la salida con la meta, con la llegada, no se puede unir el nacimiento a la muerte. Si nuestro propósito en la vida es únicamente el de morir y morir cuanto antes, para sufrir lo menos posible, no podemos extrañarnos de que nuestras vidas se conviertan en un infierno, de que no cesemos de sufrir todos y cada uno de los instantes de nuestras atormentadas vidas.

De alguna manera el enfermo mental vive así, achacando todo lo que le sucede a su enfermedad mental, que él no ha elegido, que le ha sido impuesta por el destino y que marca cada instante de su vida. Si está triste es porque su enfermedad le obliga a estar triste, si no deja de pensar en la muerte, como la única solución razonable a tanto sufrimiento, es porque alguno de sus genes fueron torcidos desde el nacimiento, porque sufre un grave desequilibrio en la química cerebral, le falta dopamina, le sobra adranalina, etc etc. Una vez que ha asumido que ha nacido forzado, que ese acontecimiento no lo ha decidido él libremente, una vez que asume sin más, sin reflexión, sin criterio, sin filtro, que el destino le ha marcado con la enfermedad mental para hacerle sufrir, como los verdugos nazis hacían con los internados en los campos de concentración; una vez que acepta que no puede hacer nada para evitarlo, que los culpables son otros, las entidades invisibles que le forzaron a nacer, los verdugos que les han internado en campos de concentración y les han obligado a cavar sus propias tumbas; una vez que su único propósito en la vida es acortar ésta todo lo posible, ya queda muy poco por hacer. Salvo que el compasivo destino nos haga morir pronto, rápido y sin dolor, estamos en el infierno y no sabemos cuándo vamos a salir de él.

La persona con enfermedad mental no suele plantearse que buena parte de lo que le sucede se debe a una falta de propósito en la vida. Piensan que tal vez lo tuvieran antes, cuando se consideraban “normales” y de alguna manera parecía que a su alrededor los demás también los consideraban así. Pero una vez diagnosticados cualquier propósito, por pequeño que fuera, desaparece. De pronto se encuentran vivos y sin saber qué hacer con sus vidas, no saben qué buscar, hacia dónde dirigirse, qué objetivos pueden marcarse, puesto que han asumido, sin más, que la enfermedad es crónica, incurable, que les impide trabajar, que les impide formar una familia, que les impide hacer casi todo lo que hacen los demás.

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_Como bien dice el autor del folleto, en el segundo párrafo, no hay que confundir propósito con meta. No debemos aplicar definiciones que limiten el desarrollo de nuestras vidas. Si nos planteamos una meta y por suerte la alcanzamos pronto, nos quedaríamos sin propósito en la vida, a no ser que elijamos otra meta más difícil que tal vez nunca alcanzaremos, lo que nos hará sentirnos muy frustrados. Las metas son temporales, son peldaños en la escalera del desarrollo hacia el propósito de la vida. Nuestro propósito no debe depender del actual periodo de nuestra vida, sino que debe conducirnos a crecer más allá de las limitaciones de nuestra existencia material presente, como bien dice el autor del folleto y esto es muy importante puesto que de pronto estamos descartando las cosas materiales del propósito de nuestras vidas y nos estamos lanzando, una vez cruzada la línea de la espiritualidad, hacia horizontes lejanos e infinitos.

La mayoría de las personas, no solo las que padecemos enfermedad mental, pecan de falta de propósito en sus vidas o de creer que pequeñas y mezquinas metas, como el dinero, conservar una familia tradicional o formar una nueva a la que intentan dotar de todas las cosas materiales posibles, una buena vivienda, un buen coche, un estatus económico que les permita dar los mejores estudios a los hijos, una vida tranquila y feliz, de acuerdo a su paupérrimo concepto de felicidad. Confunden propósito con meta y meta con logros materiales. Incluso hay personas que creen haber superado esta fase de pobreza en las metas cuando tiñen éstas con el brillante color blanco de supuesta pureza de metas supuestamente generosas, tales como hacerse científico para librar a la especie humana de enfermedades, lograr un cada vez más alto estado de bienestar, cuidar de los demás como si fueran pollitos indefensos que nunca saldrán del nido, que nunca volarán por sí mismos.

En general se acepta, con dolor y con frustración, eso sí,  el no alcanzar metas materiales, o el que una vez alcanzadas, se pierdan porque la vida es así, frágil y tornadiza. Se pierde la casa, el coche, el estatus económico, alcanzado con tanto trabajo, y de alguna manera, aunque con desesperación, se acepta que esas metas se han perdido porque han sido demasiado egoístas, materialistas, tal vez se lo hayan merecido por no pensar en los demás. Lo que resulta mucho más complicado de aceptar es que las metas “purificadas” por el deseo generoso de ayudar a los demás, se pierdan. Tanto trabajo, tanto sufrimiento, tanto tiempo dedicado a ayudar a alguien y éste nos dice que no desea nuestra ayuda, que en realidad lo que se ha hecho por él le ha perjudicado más que ayudado. Los genios que han inventado todo tipo de artilugios para hacer más placentera la vida de la humanidad, que han renunciado a sus patentes porque sus metas son más elevadas que hacerse ricos, famosos y poderosos, se sienten desesperados cuando observan que el avance material que han conseguido para la humanidad es frustrante. La energía nuclear que permitiría el sostenimiento de un crecimiento económico y social casi sin límites, se rebela como un cuchillo de doble filo que hemos clavado en la barriga de la humanidad. Incluso aún peor, se utiliza para la destrucción, para el sometimiento de otros seres humanos a través de bombas atómicas, de misiles de largo alcance. Quienes han dedicado su vida a librar a una población del dictador de turno luego se desesperan cuando advierten que esa población, líbremente, decide regresar al sometimiento y esclavitud, escogiendo como a sus líderes a nuevos tiranos. Quienes han dedicado su vida al servicio de los demás luego pueden observar que no reciben agradecimiento, ni una pizca del cariño que andaban buscando.

Purificar y elevar las metas, renunciando a las simples metas materiales, no nos hace tener un propósito en la vida. Siguen siendo metas, escalones, y cuando alguien que sube una escalera, escalón tras escalón, se detiene de pronto porque encuentra un obstáculo o porque considera que su meta era ascender hasta el escalón número cien y no más allá, de pronto se encuentra con la terrible frustración de haber perdido todo propósito, de haber perdido el tiempo, de que la vida que llevó no merecía la pena y la vida que se le ofrece, nuevos escalones, tampoco merece la pena. Como bien dice el autor del folleto “nuestro propósito no debe depender del actual periodo de nuestra vida, sino que debe conducirnos a crecer más allá delas limitaciones de nuestra existencia material presente”.

No puedo estar más de acuerdo con él. Aquí entramos ya definitivamente en el propósito espiritual de una vida. Hay muchas personas que confunden espiritualidad con el servilismo a una religión dogmática, como si solo se pudiera ser espiritual aceptando dogmas, en su mayoría irracionales, como si creer en lo invisible fuera renunciar a la lógica y a la razón. Muchos están convencidos de que asumir la espiritualidad es asumir la irracionalidad más absoluta, poner su mente y todo su ser en las torpes manos de ciegos sirvientes del dogma. Muchos creen que aceptar la espiritualidad es entregarse a falsos profetas que dicen haber recibido la palabra de Dios porque ellos eran más puros que los demás y porque Dios, un dios a menudo irracional y caprichoso, los ha escogido precisamente a ellos, por muy torpones que sean.

Este equivocado concepto de la espiritualidad les obliga a renunciar a todo lo que no sea material y entonces les queda muy poco. Saben muy bien que el egoísmo más atroz, acaparar bienes materiales, aunque para ello tengamos que dejar en pelota picada al resto de la humanidad, que buscar metas materiales como el dinero, la fama, el poder, que limitarse a esta vida y a este tiempo que les ha sido concedido, ¡vaya usted a saber por quién!, es muy frustrante y no conduce a parte alguna. Las buenas personas que han caído en la trampa de despreciar todo lo espiritual por un equivocado concepto de lo que es espiritual, acaban buscando algo que les permita superar el vacío de lo material, y así se dedican generosamente a intentar ayudar a los demás, sin apercibirse de lo contradictorio que resulta creer que todo es material y perecedero y dedicar sus vidas a hacer que las de otros sean todo lo felices que se pueda y no a las suyas. Si todo es material y perecedero, si todos morimos, el dedicarnos en cuerpo y alma a los demás no tiene mucho sentido, puesto que todos vamos a morir y ahí se acaba todo, ¿por qué no tratar de ser nosotros lo más felices que podamos? ¿Acaso sacrificarse por los demás tiene algún sentido cuando no se tiene un concepto espiritual de la vida?

Esta es una contradicción que acaban pagando esas buenas personas que intentan seguir siéndolo aunque no crean en nada que no sea material, que no puedan ver y palpar. Como también acaban pagando quienes se dedican en cuerpo y alma a alcanzar sus metas, sin un propósito de la vida. Las van alcanzando, van subiendo escalón tras escalón, y de pronto se encuentran con que ya no tiene sentido seguir subiendo. Querían un buen trabajo, lo tienen, ahora han conseguido una buena jubilación para hacer todo lo que no tuvieron tiempo de hacer. Querían una pareja hermosa, con grandes cualidades humanas, y la han tenido, pero ahora son conscientes de que el tiempo ha desgastado esa hermosura y que las grandes cualidades humanas que habían creído ver no eran tan grandes o ni siquiera eran cualidades. Querían una familia unida, que disfrutara de la sociedad del bienestar. Y la han tenido, pero sin saber por qué los hijos se han marchado del nido, algunos se decidan a conseguir metas parecidas a las suyas, otros se han torcido y quieren llegar a la cumbre pisando cabezas…Todo es frustración. Vanidad de vanidades y todo es vanidad, como dijo el sabio Salomón. Hemos confundido las metas, los escalones, con el propósito de la vida. Subimos por la torre de Babél, escalón, tras escalón, intentando tocar el cielo, sin darnos cuenta de que el cielo es muy ligero, de que por el camino hay que desprenderse de todo lo que pesa, de que al cielo solo van las almas y éstas pesan muy poco, son pesadas por el dios egipcio correspondiente en la balanza, y si pesan más que una pluma son desechadas para acceder al cielo. El desapego tiene ese profundo sentido.

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De nuevo hay que volver al propósito de la vida como un propósito espiritual, no puede haber otro. Hay quienes se asombran de ver a quienes han alcanzado las metas materiales tan frustrados, tan deprimidos, a veces tan enfermos mentales, y a menudo tan malvados, como si conseguir esas metas les hubiera hecho peor personas de lo que eran antes. Muchos se asombran de ver a depresivos, a enfermos mentales, que al parecer lo tienen todo y ningún motivo para estar tan deprimidos. Tienen dinero, llevan una vida tranquila y cómoda, tienen una familia muy agradable, han conseguido grandes metas en la vida… y sin embargo, sin embargo no tenían propósito en la vida, y ahora lo saben, cuando han alcanzado muchas de las metas que se habían propuesto. La meta no es propósito y sin propósito en la vida todo es frustrante, todo es vacío.

Y aquí me desvío un poco del folleto rosacruz para introducir la filosofía del guerrero impecable. Se podría decir que el guerrero ha renunciado a todas las metas, ha buscado y alcanzado el desapego como parte esencial de su naturaleza de guerrero, no quiere nada y así no está apegado a nada. ¿Y su propósito? Como le dice don Juan a Castaneda el único propósito del guerrero, o la única meta, si se prefiere llamarla así es LA LIBERTAD. Un guerrero no busca otra cosa que ser libre, y no puede serlo si lucha por el dinero, la fama, el poder, si quiere todos los placeres de la vida, si cada día busca algo y como no lo encuentra, se frustra, o si lo encuentra, se frustra porque no le ha llenado. El propósito de la vida del guerrero es la libertad y este es un propósito espiritual, puesto que nada material puede hacernos realmente libres.

Todo esto no quiere decir que la persona espiritual no viva en la materia y no disfrute de la materia, renunciar a todo, alcanzar el desapego, no supone destruirnos, matarnos, renunciar a la vida, como deseamos muchas personas con enfermedad mental, como guerreros impecables seguimos teniendo que hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo, y si vivimos en la materia no podemos pasarnos la vida volando a la busca de horizontes lejanos, hay que comer, dormir, hay que sentir placer cuando hay que sentirlo, pero todo ello como si fuera fugaz, que lo es, como si fuera frágil, que lo es y mucho, como si se nos fuera a arrebatar mañana, que a veces ni siquiera llegamos al mañana. Pero el propósito, que no las metas, nos permite afrontar todo en la vida, el guerrero busca libertad, las personas espirituales buscan desarrollar su espiritualidad, ascendiendo hacia el cielo cada vez con menos peso.

Como dice el autor del folleto ” El propósito de su vida puede impedir su desarrollo si usted tiene un concepto negativo sobre usted mismo. Alguna gente empieza con la suposición de que es “mala” y tiene que llegar a ser “buena”. Aún más radicales son aquellas personas que desean ser “perfectas… Desde el punto de vista rosacruz, cada individuo es ya un alma perfecta. Esencialmente somos el Maestro Interno, somos nuestro verdadero Ser y nuestro objetivo es dejar que ese Ser manifieste su perfección y maestría en todo momento”

Entroncando con el budismo, somos Dios, en nosotros hay una chispa divina, solo Maya, el velo que lo cubre todo, nos hace creer que debemos luchar para conseguirlo todo, cuando ya somos parte de Todo, cuando ya somos el Todo. El propósito de la vida, de una forma u otra, debe ser aspirar a la máxima consciencia de lo que somos, no puede haber otro. Si no existe ese propósito luego nos quejaremos de lo que no hemos conseguido, de que la vida es breve, de que otros han tenido más suerte que nosotros y se lo merecían menos, porque eran peores, de que por mucho que hayamos logrado nos sentimos frustrados porque no era todo lo que queríamos, porque nos sentimos vacíos, porque todo es fugaz y hemos perdido lo que habíamos logrado. El propósito de la vida no puede ser otro que la plena consciencia de nosotros mismos, todo lo demás son metas, escalones, que vamos subiendo y conforme llegamos a uno es porque hemos dejado otro. Cuando no se tiene propósito en la vida llega la frustración, la depresión, la enfermedad mental, la maldad, la desesperación de quien se cree en el fondo del abismo, sin darse cuenta de que no existen abismos y no estamos en parte alguna, solo hay un punto de referencia, nuestra consciencia que se expandirá hasta fundirse con todas las consciencias existentes y por existir.

Espiritus





EL LOCO DE CIUDADFRÍA XI (NOVELA)

10 07 2017

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El aire fresco de la calle me hizo consciente de la borrachera que me llevaba en zig-zag. La cabeza me daba vueltas y se me escapaba una risa floja, que hubiera asustado a cualquier transeúnte, de no haber estado la ciudad dormida y sus calles desiertas. Las farolas del alumbrado me permitían ver por dónde caminaba (no es cierto que los borrachos vean doble las cosas, al menos a mí no me pasa) aunque no siempre acertaba a poner el pie allí donde antes había puesto la bala.

Sí, porque me dio por disparar sin pistola, con la vista, a las ventanas y farolas. Emitía ese ruidito que tanta gracia me hace en los niños: bang-bang. O algo parecido. En mi mente iba provocando a los pacíficos ciudadanos que dormían tras las ventanas. “Aquí tenéis a un borracho que os va a dar caña, jaja”.

De pronto necesité una escena lujuriosa para calmar mi borrachera y me vino a la cabeza la imagen del loco montando su almohada, abrazándola como si fuera Marilyn Monroe a punto de salir corriendo y taladrando la tela como si se tratara del suave terciopelo de los muslos de la Monroe. La carcajada se me disparó como una flecha tirante. No pude resistirme a la histeria durante un largo tiempo, tal vez un par de minutos o tal vez más. Luego otra imagen pasó fugazmente ante mi nariz: la almohada era mi esposa desnuda. Eso me calmó mejor que un buen puñetazo.

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Miré hacia las ventanas por si algún honrado ciudadano había sido despertado por mis risas… Nada. Todo seguía tranquilo. Caminé haciendo eses o zetas o lo que fuera, incluso puede que círculos. Para probar hasta qué punto estaba borracho decidí someterme a la prueba que me enseñara años atrás un primo… carnal, no un tonto. Consiste en alzar una pierna doblada por la rodilla y situarla a la altura de la cadera. Luego intentas poner el codo en la rodilla y tocarte la nariz con la mano… todo al mismo tiempo.

Me desplomé como un saco. Al levantarme la risa me brotaba por todos los poros. Hasta por el de atrás. Una ventosidad sonora se me escapó sin que pudiera evitarlo. Miré de nuevo a mi alrededor. La calle continuaba desierta, las ventanas cerradas y la ciudad dormida.

Ignoro el tiempo que tardé en llegar a casa. Solo recuerdo que miré el reloj de pulsera en algún momento del recorrido y las agujas señalaban las cuatro de la mañana. También recuerdo que deseé que pasara alguna jovencita, para experimentar la técnica tántrica del loco… Pero no pasó ninguna, tan solo un perrito vagabundo, que me miró un segundo y luego salió disparado, como si le hubiera pisado el rabo.

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Imaginé que una farola era una mujer desnuda, e intenté ponerme cachondo. No lo conseguí. Pero sí se me empinó cuando desnudé mentalmente a mi actriz favorita. Me senté en un banco, intentando descansar unos minutos y espantar la borrachera. La fantasía me llevó hasta el interior de mi dulce hogar, donde mi mujercita me esperaba con el rodillo de madera tras de la puerta. Eso me despejó mucho mejor que el agua de una fuente cercana.

Cuando pisé mi calle decidí apretar los puños y los dientes y tratar de caminar recto… por si algún vecino se asomaba… pero ninguno lo hizo. Mi esposa estaría dormida y bien dormida. Caminé por la casa tratando de no tropezar. No quería despertarla. Logré llegar al salón sin tropiezos. Me desnudé, dejando la ropa en el suelo, de cualquier manera. El dormitorio estaba a oscuras. Caminé, casi de puntillas, y muy despacio, muy despacito tiré de la punta de la sábana y me introduje bajo ella. Tardé una eternidad en respirar, escuchando la plácida respiración de la ocupante, que me daba el culo.

Permanecí boca arriba largos minutos, intentando no moverme y respirar con cuidado. Por mi mente pasaban imágenes corriendo tras de mí como las mujeres tras Buster Keaton en una película. La acompasada respiración de mi partenaire, que roncaba dulcemente, en cuanto se descuidaba un poco, me ayudó a conciliar el sueño.

PRIMERA PESADILLA

Desperté angustiado, empapado en sudor frío. Acababa de sufrir una terrible pesadilla.

“El loco bajó conmigo en el ascensor. Me condujo a los trasteros, situados en el sótano, y me invitó a pasar primero. La oscuridad era absoluta. El loco encendió un mechero, me puso un pitillo en la boca y lo encendió. Sacó un manojo de llaves y con una de ellas abrió la puerta metálica. Ya en el interior se arrodilló sobre el cemento y comenzó a cavar con sus uñas. Se las arrancó sin un gemido. Los dedos le sangraban, pero él no cejaba en su empeño.

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“Por fin un gran agujero quedó al descubierto. Hurgó hasta encontrar lo que me pareció la tibia de un esqueleto. Con ella en la mano se alzó hasta mí, poniéndomela en las manos.

-Soy un asesino en serie. Ahora ya lo sabes. ¡A ver si tienes cojones para denunciarme!

Se arrodillo de nuevo. Esta vez en sus manos aparecía una calavera, monda y lironda. La colocó en mis manos. No pude reaccionar. El terror me paralizaba. Bajé la vista hacia el cráneo. Éste comenzó a cubrirse de carne, casi a cámara lenta. En un principio no fui capaz de identificar aquel rostro. Su boca se abrió, intentando decirme algo.

-¿No me reconoces?

Solté un grito de horror… Era la cabeza de mi esposa, no tuve la menor duda. Tan bella como siempre, su cuello aparecía cortado de un solo tajo y sin una sola gota de sangre.

El loco se estaba riendo a mandíbula batiente. Me contó cómo había asesinado a sus víctimas, enterrándolas en el trastero, sin que nadie sospechara nada. En cuanto a mi esposa, la había violado en sueños y luego le había cortado la cabeza con un hacha muy afilada, mientras yo dormía a pata suelta.

-¿Te pasa algo?

Era mi esposa, la real, la auténtica, no la del sueño, que acababa de encender la lamparilla de la mesita de noche.

-Has gritado.

Me pasó la mano por la frente.

-Estás sudando y puede que tengas fiebre… ¡Pero bueno, si estás empapado y tiemblas como una vara verde!

Se inclinó sobre mi boca y me olió.

-¡Borracho perdido! No deberías beber. Ya te he dicho un millón de veces que no te sienta bien.

Eso era cierto. Me sentía tan mal que adopté una postura fetal para intentar controlar mis piernas, que saltaban como las patas de una cabra sobre una peña. Mis dientes castañeteaban y un frío espantoso había llegado hasta la médula de mis huesos.

-¿Os bebisteis las dos botellas de vino?

-Y una de whisky y empezamos una de vodka…

Apenas podía articular las palabras. La pesadilla era tan real que gruesos lagrimones de alegría brotaron de mis ojos, al cerciorarme de que el amor de mi vida estaba allí a mi lado, vivita y coleando.

-¡Pero bueno…! ¿Además de loco también es un borracho?

-No, pero los dos necesitábamos un buen trago. Fue muy duro.

-Lo imagino. Aunque no fue precisamente un trago lo que os echasteis al coleto.

Me vi obligado a contarle toda la conversación… Bueno, en realidad me callé la última parte, la que le afectaba a ella. Me escuchó atentamente. Yo continuaba temblando, el frío no decrecía y la angustia me hacía sudar a chorros.

-¿Has tenido una pesadilla?

Se la conté, aún estremecido. Ella me abrazó, obligándome a reclinar mi cabeza sobre sus pechos. Me acunó como a un bebé, sin dejar de hablar.

-¡Has grabado la conversación?… Pues quiero oírla. ¡Pobre hombre! La historia de su intento de suicidio es terrible… algo espantoso.

 

Continuó hablando. Yo me iba calmando poco a poco. En un momento determinado me alcé y acaricié sus pechos.

-¡No me digas que ahora te apetece! Sabes muy bien lo que me molesta el olor a alcohol y que no soporto a los borrachos… No los soporto, es superior a mis fuerzas. Hueles que apestas. Deberías darte un baño. ¡Das asco!

Me tragué mi orgullo y supliqué y supliqué… Necesitaba hacer el amor para calmar la angustia de su pérdida. Lo necesitaba como un naufrago una tabla de salvación. Perdí el control y sollocé como un niño.

Ella comprendió que no estaba bromeando.

-Vale, por una vez… No se volverá a repetir. Pero antes vete al servicio y enjuágate la boca con el colutorio. Te das una ducha rápida y te frotas bien. Luego échate colonia.

Hice lo que me pedía. Regresé, me tumbé a su lado y la abracé. La besé con pasión. Ella se mostraba distante, como obligada. La besé una y otra vez, largamente, con pasión, hundiendo mi boca entre sus dientes, buscando su lengua. Acaricié sus flancos. Introduje mi mando entre sus piernas y acaricié su pubis. Ella comenzó a mostrarse más receptiva. Mordisqueé sus pechos y lamí sus pezones. Ahora había dejado de lado toda prevención contra mi borrachera. Respondió con pasión.

Hicimos el amor como si lleváramos años sin hacerlo, como si nos hubiéramos perdido durante años en islas desiertas, muy lejanas una de la otra y nos acabáramos de encontrar. Descubrimos nuevas posibilidades en nuestros cuerpos y en nuestras almas.

Al terminar la abracé con terrible fuerza. Ella quería saber más detalles de la conversación. Yo me sentía completamente agotado. Bajé mi boca hasta el lóbulo de su oreja, que mordisqueé con dulzura.

-Gracias, amor, muchas gracias… No imaginas hasta qué punto necesitaba esto.

Ella, a su vez, necesitaba charlar. La había desvelado y no podría conciliar el sueño en un buen rato. Yo estaba y no estaba. De pronto no estuve. A la mañana siguiente ella me comentaría, riéndose, que me puse a roncar como una locomotora.