DICCIONARIO CHAMÁNICO XII

21 06 2017

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DICCIONARIO CHAMÁNICO XII

LETRA C/CAZADOR DE PODER

VER TAMBIÉN EN ESTE DICCIONARIO EL ARTE DE ACECHAR, EL HACER Y EL NO HACER Y EL PODER Y PODER PERSONAL

“Un cazador de poder vigila todo y cada cosa le dice su secreto”

Carlos Castaneda. Viaje a Ixtlan

“No hay plan cuando se trata de cazar poder. Cazar poder o cazar animales es lo mismo. Un cazador caza lo que se le presente. Así que debe de estar siempre preparado”.

“Ser cazador significa que uno conoce mucho. Significa que uno puede ver el mundo en formas distintas. Para ser cazador hay que estar en perfecto equilibrio con todo lo demás, de lo contrario la caza sería una faena sin sentido”.

“”Los cazadores tienen que ser individuos excepcionalmente agudos. El cazador deja muy pocas cosas al azar. He estado tratando de convencerte  de que debes aprender a vivir en forma distinta. Hasta ahora no he podido. No había nada de lo que pudiera agarrarte. Ahora es diferente. He hecho volver tu viejo espíritu cazador, a lo mejor cambias a través de él”.

“Un día descubrí que si quería ser un cazador digno de respetarme a mí mismo tenía que cambiar mi forma de vivir…Pero entonces mi buena suerte me salvó y alguien me enseñó a cazar. Y me di cuenta de que la forma como vivía no valía la forma de vivirse…así que cambié.

“Yo soy un cazador y un guerrero y tú eres un cabrón”.

“¿Por qué debería ser el mundo solo como tú crees que es?  ¿Quién te dio autoridad para decir eso?

“El mundo es muy extraño a esta hora del día…Veas lo que veas, no tengas miedo”.

“En eso consiste el secreto de los grandes cazadores, en ponerse al alcance y fuera del alcance en la vuelta justa del camino”.

“Debes aprender a ponerte al alcance y fuera del alcance. Como anda tu vida ahora estás todo el tiempo al alcance, sin saberlo”

“Cuando estás escondido todo el mundo sabe que estás escondido y cuando no, te pones en medio del camino para que cualquiera te de un golpe”

“Ponerse fuera del alcance no significa ocultarse ni guardar secretos, sino ser inaccesible”.

“Debes rescatarte de en medio del camino. Todo tu ser está allí de modo que no tiene caso esconderte, solo te figuras que estás escondido. Estar en medio del camino significa que todo el que pasa mira tus ires y venires”.

“Ser cazador es mucho más que solo atrapar animales. Un cazador digno de serlo no captura animales porque pone trampas, ni porque conoce las rutinas de la presa, sino porque él mismo no tiene rutinas. Esa es su ventaja. No es de ningún modo como los animales que persigue, fijos en rutinas pesadas y en caprichos previsibles; es libre, fornido, imprevisible”

“Todos nosotros nos portamos como la presa que perseguimos. Eso por supuesto nos hace ser la presa de algún otro. Ahora bien el propósito de un cazador que conoce todo está en dejar de ser él mismo una presa”.

“Una vez que se convierte en presa le quedan dos cursos de acción. O corre o se planta”.

“Un cazador, en cambio, cuando se adentra en el monte nunca se mete a ninguna parte sin fijar sus puntos de protección, por tanto se pone de inmediato a cubierto.”.

“Cazar poder es asunto muy extraño. No hay manera de plantearlo por anticipado. Eso es lo emocionante. Pero de todos modos un guerrero procede como si tuviera un plan porque confía en su poder personal. Sabe de cierto que lo hará actuar en la forma más apropiada.

“Cazar poder es un evento peculiar. Primero tiene que ser una idea luego hay que arreglarlo paso a paso y luego ¡pum! Sucede.

“Tu eres el que está cazando poder personal dijo. Y yo soy el guerrero que ya tiene. Me preguntaste si tenía un plan, y yo dije que confío en que mi poder personal me guía y que no necesito tener un plan”.

“Este es tu mundo. Eres hombre de ese mundo, y allá afuera, en ese mundo está tu campo de caza. No hay manera de escapar al hacer de nuestro mundo, por eso lo que hace un guerrero es convertir su mundo en su campo de caza. Como cazador, el guerrero sabe que no tiene escrúpulos en tomar y usar cualquier cosa que desee, solo que el guerrero no se aflige ni se ofende cuando lo usan y lo toman a él”.

“Déjame decirte algo. Si no nos pusieran trampas nunca aprenderíamos. Lo mismo me pasa a mí y le pasa a cualquiera. El arte de un maestro es llevarnos hasta el borde. Un maestro solo puede señalar el camino y hacer trampas. Te puse una antes. ¿No recuerdas laforma en que recobré tu espíritu de cazador?

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COMENTARIO PERSONAL

El concepto chamánico de cazador ha sido para mí uno de los más difíciles de asimilar. No es que el concepto de “guerrero” me resulte fácil de asumir, pero al menos un guerrero puede luchar en campo abierto con un enemigo que tiene sus mismas armas y sus mismas posibilidades de vencer. Como persona, y también como enfermo mental, el concepto de guerra, en sí mismo, me resulta penoso, cuando no repugnante. Los enfermos mentales odiamos y huimos de cualquier circunstancia en la vida que nos lleve al enfrentamiento, a la bronca, que nos obligue a ser agresivos. No hay nada que nos descontrole más que tener que ser asertivos, que enfrentarnos a alguien que piensa de forma diferente y que intenta llevarnos a su terreno, doblegarnos. Estamos mucho más cómodos huyendo de todo y de todos, refugiándonos en nuestro bunker particular que no es otra cosa que nuestra mente, imaginativa, delirante. Tal vez por eso el camino del guerrero sea el último que un enfermo mental decida seguir, y ello cuando ya ha probado todos sin resultado y la desesperación hace que dé el primer paso en un camino que desde el principio piensa que no es el suyo. Aún así, la impecabilidad de este duro camino me atrajo desde el principio. No se trata de matar o ser matado, de cortarle la cabeza al otro o permitir que él te la corte a ti, algo que supuso un serio obstáculo en mi juventud para superar las depresiones que me causaba la lucha cotidiana contra otros. Si tengo que matar a alguien para sobrevivir, mejor me dejo matar. Esa era mi escueta filosofía de entonces, en mi juventud. Como es natural, semejante filosofía me llevó a ser una víctima, a convertirme en un depresivo a piñón fijo, un suicida sin horizontes ni esperanzas. Luego pasaría otra etapa, contraria. Si para sobrevivir tengo que matar a alguien, lo haré sin remordimiento alguno, no en vano he intentado suicidarme tantas veces que no puedo comprender cómo sigo vivo, no en vano he pasado largas temporadas encarcelado en psiquiátricos y sometido a tortura. He sufrido tanto que me otorgo la bula de matar a alguien si él intenta matarme a mí. Nada de morir para no matar, nada de permitir que me corten la cabeza. He adquirido suficientes méritos para darme la autorización de matar antes de ser matado. Esta tremenda filosofía vital me pareció razonable entonces y por desgracia les acaba pareciendo razonable a muchos enfermos mentales que consideran que la sociedad, los demás, han intentado “matarles” tantas veces, les han marginado y puesto en tales circunstancias que puede llegar el momento en que decidan que “matar” es un caso flagrante de defensa propia.

Esa filosofía me llevó a conductas que nunca formaron parte de mi forma de ser, de mis raíces como persona. Fue un tremendo fracaso, puesto que fui incapaz de hacer daño, de cruzar la línea roja del mal, y en cambio el sentimiento de culpa, el remordimiento, me llevó a transformarme en la víctima más fácil de “cazar”, la que sale al camino y se arroja en brazos del cazador, para que la degüelle. No fue hasta encontrar el camino del guerrero impecable que pude armonizar extremos tan distantes y tan autodestructivos.  Un guerrero impecable no va por ahí, con el espadón en alto, intentando cortar cabezas de enemigos antes de que se la corten a él, un concepto de guerra que siempre me repugnó. Incluso las guerras defensivas me parecen atroces, no digamos las guerras por intereses egoístas, materialistas, buscando el poder material y no el espiritual. Un guerrero lucha consigo mismo para no caer en la tentación de pensar que solo puede sobrevivir trepando sobre el montón de cabezas que deja a su paso. Un guerrero impecable es humilde, acepta el misterio de la vida y asume que solo le es permitido hacer lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo, el resto no está en su mano y por eso no se preocupa de ello.

El concepto de guerrero tuvo pleno sentido para mí, aunque me repugnara el concepto de guerra en sí mismo. Pero eso de ser un “cazador” era otra cosa. Amo a los animales desde niño y más ahora que tengo mascotas, nunca me entró en la cabeza convertirme en cazador y matar animales, ni siquiera en casos de supervivencia. Por eso tuve que esperar un tiempo para que ese concepto chamánico fuera rumiado y asimilado lentamente. Es cierto que no se trata de cazar animales, ni mucho menos cazar personas en la selva social en la que nos ha tocado vivir. Se trata de “cazar poder personal”. Un concepto muy profundo que veremos en este diccionario más adelante y también en la serie de Las enseñanzas de don Juan. Aquí me limitaré a dar una breve noción.

El concepto chamánico de poder poco o nada tiene que ver con el concepto que conocemos en nuestra sociedad. Uno puede tener poder económico cuando la acumulación de riquezas le permite hacer cosas que no pueden hacer los demás. Uno tiene poder político cuando su posición en la jerarquía social y en las estructuras de poder político le permiten tener la sartén por el mango y “freír” al resto dónde y cómo quiere. Uno tiene poder social por la utilización de algunas de sus cualidades, pude jugar muy bien al futbol y ganar mucho dinero, ser famoso, tener ascendente social, o puede ser un gran actor o escritor, o lo que sea y tener un puesto, una jerarquía en nuestra sociedad. No se trata de ese poder, es un poder material, físico, que no está en lo que uno es sino en lo que uno “tiene”. Y aquí está la gran diferencia con el “poder” chamánico. El poder personal no se consigue adquiriendo cosas que luego te permiten adquirir más cosas o “comprar” personas o estructuras sociales, el poder personal se consigue cuando el guerrero alcanza la totalidad de sí mismo, a través del desapego, perdiendo la importancia personal, logrando la fuerza diamantina inquebrantable de la impecabilidad. Es un poder personal que está en sí mismo y no en lo que tiene, por lo tanto es un poder que permanece, que está siempre a su disposición, que no depende del tiempo ni de las circunstancias.

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Como veremos en su momento “el poder”, en general, de que habla don Juan y su filosofía chamánica también tiene que ver con todo el universo nagual, con los aliados, con las fuerzas poderosas que controlan y dirigen el universo. Un guerrero tiene poder porque su impecabilidad le permite afrontar esas fuerzas y atraerlas hacia él y servirse de ellas. No se trata del concepto occidental de “suerte”. Hay quienes tienen suerte, les toca la lotería, salen bien de los problemas, todo parece ser un camino de rosas para ellos. No, suponiendo que existan personas así, que tengan suerte del principio al final, de pé a pá, sin que la tragedia caiga nunca sobre sus hombres, no serían guerreros con poder personal, sería un concepto matemático y estadístico muy complejo y aleatorio.

La lucha por el poder, otro concepto que veremos en su momento, tiene mucho que ver con el concepto de cazador y de presa que tratamos ahora. El guerrero se convierte en cazador cuando así lo exigen las circunstancias. No intenta cazar animales sino “poder”.  La metáfora del cazador y de la presa está muy bien traída por don Juan en esta filosofía chamánica porque lo que hace el guerrero para obtener poder tiene mucho que ver con lo que hace el cazador para conseguir una presa. El concepto de cazador tiene también mucho que ver con el arte de acechar, aunque no sean exactamente lo mismo. Los guerreros son ensoñadores y acechadores, pero incluso un guerrero ensoñador debe aprender también el arte de acechar y saber usarlo con destreza y astucia cuando sea necesario.

El cazador chamánico no lleva una escopeta y se embosca para disparar y matar un animal. “Un cazador de poder vigila todo y cada cosa le dice su secreto”. Tampoco se trata exactamente de “cazar” conocimiento, el poder es otra cosa, aunque también es conocimiento. Un guerrero-cazador vigila todo lo que sucede a su alrededor, está atento, concentrado, es observador, es intenso. Nada más lejos de este concepto que la persona que teme todo y se refugia en su bunker, que huye y se fuga constantemente de todo aquello que puede hacerle daño. Nada más lejos del guerrero-cazador que el enfermo mental que está siempre disperso, que no observa lo que sucede en su entorno, que no se concentra en nada, que no pone intensidad en nada. El intento chamánico, como veremos en su momento en este diccionario, es la quintaesencia y la sublimación de la voluntad. Un enfermo mental es lo opuesto a un guerrero impecable, porque carece de la más mínima voluntad, es incapaz de utilizar el intento en algún momento de su vida.

Conseguir “el secreto” de las cosas, de las personas, del universo, de todo, es la tarea del guerrero, del cazador, aunque sabe muy bien que nunca logrará desentrañar ese misterio. Para obtener su “presa” el cazador tiene que tener determinadas cualidades y seguir un plan o estrategia, que curiosamente es la falta total de plan. “No hay plan cuando se trata de cazar poder. Cazar poder o cazar animales es lo mismo. Un cazador caza lo que se le presente. Así que debe de estar siempre preparado”. El cazador chamánico sabe que “su presa”, el poder, puede aparecer en cualquier momento y en cualquier lugar, por eso está siempre atento y caza lo que se le presente, aunque parezca nimio, aunque sea una simple hormiguita. Cuando se trata de obtener poder nada es bastante pequeño para despreciarlo. Esa pizca de poder que despreciamos hoy, porque nos parece una tontería, nos puede salvar mañana, incluso de la muerte. Esa voluntad adquirida hoy haciendo algo que parece carecer de importancia, nos puede salvar mañana, cuando necesitemos hacer acopio de toda nuestra voluntad para sobrevivir.

“Ser cazador significa que uno conoce mucho. Significa que uno puede ver el mundo en formas distintas. Para ser cazador hay que estar en perfecto equilibrio con todo lo demás, de lo contrario la caza sería una faena sin sentido”. No puedes ser cazador si eres un ignorante, si desconoces los caminos, si nunca te has adentrado en el bosque, si no conoces las plantas comestibles y las venenosas, si no has dormido en la oscuridad, sobre el suelo del bosque, si nunca has estado solo, recorriendo los caminos, acechando el poder que se esconde detrás de cada tronco.  Un cazador conoce mucho, conoce lo bueno y lo malo, conoce a sus semejantes, sabe de las trampas y triquiñuelas que nos tiende la vida. Se ha pasado la vida atento a todo y por eso conoce mucho. Ver el mundo en formas distintas significa que nunca desecha una perspectiva, ni la más tonta, significa que nunca se burla de cualquier otro ser humano, por muy tontas que la parezcan sus ideas. Puede aprender de todo y de todos y por eso nunca desprecia nada. Hay que estar en perfecto equilibrio con todo, la caza no tiene sentido, al menos la caza de poder, si uno no está vinculado con todo lo que existe, si no acepta su papel, nímio, en la realidad, en la vida, si no sabe situar cada cosa en su lugar. La armonía del cazador es la armonía del guerrero, se identifica con todo, cosas, animales y personas, por esto tiene una enorme capacidad de empatía, por eso nada le sorprende. No se opone al bosque que recorre, lo conoce y lo quiere.

“”Los cazadores tienen que ser individuos excepcionalmente agudos. El cazador deja muy pocas cosas al azar. He estado tratando de convencerte  de que debes aprender a vivir en forma distinta. Hasta ahora no he podido. No había nada de lo que pudiera agarrarte. Ahora es diferente. He hecho volver tu viejo espíritu cazador, a lo mejor cambias a través de él”. Un cazador no deja nada al azar, no confía en que las fuerzas poderosas se lo den todo servido y comido. Como guerrero sabe que tiene que hacer lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo. No vive esperando que mamá vida, como mamá águila, le traiga la presa a la boca, ya digerida. El sabe que un cazador nunca obtendrá una presa si se tumba bajo un árbol, bebe de su bota de vino y se come su merienda para luego echarse la siesta. Este es un pésimo cazador, el que todo lo espera del azar o de las fuerzas poderosas, para algunos creyentes, de Dios ( A Dios rogando y con el mazo dando). Por eso los enfermos mentales somos también pésimos cazadores, lo mismo que la antítesis del guerrero. Estamos convencidos de que la vida, de que Dios, de que la compasión de los demás, nos van a solucionar todos nuestros problemas. Nos hemos convencido de que nuestro terrible sufrimiento nos ha hecho obtener monedas con la que podemos comprarlo todo. Es un engaño gigantesco y demoledor. Por eso los enfermos mentales somos las víctimas propiciatorias de todo y de todos, en cualquier circunstancia y ante cualquier persona. “Todos nosotros nos portamos como la presa que perseguimos. Eso por supuesto nos hace ser la presa de algún otro. Ahora bien el propósito de un cazador que conoce todo está en dejar de ser él mismo una presa”.“Una vez que se convierte en presa le quedan dos cursos de acción. O corre o se planta”.“Un cazador, en cambio, cuando se adentra en el monte nunca se mete a ninguna parte sin fijar sus puntos de protección, por tanto se pone de inmediato a cubierto.”. Todos nos comportamos como la presa que perseguimos y de esta manera nos convertimos en presas, muy cierto, pero el enfermo mental es aún peor, porque no solo se comporta como presa sino que adopta como suya propia, como un dogma inmutable, que convertirse en presa es lo mejor, la solución a todos sus problemas, la solución a todos los problemas de la humanidad. No me he encontrado con un solo enfermo mental que no tenga la filosofía de la presa, de la víctima, como si creyera que Dios le va a dar el paraíso si sufre lo suficiente, si deja que los demás le hagan suficiente daño. Pero como esto no puede durar, al final intenta convertirse de pronto en cazador, sin previo aviso, y dispara a todo aquel que se le ponga delante. Es como si un cazador se hubiera dejado rodear por todas sus supuestas presas, que se aproximan para matarlo, para devorarlo, y encendido en santa cólera disparará su escopeta, con tan mala suerte que acaba matando a otro compasivo cazador que viene a echarle una mano. Los enfermos mentales somos únicos para hacer daño a las únicas personas que nos quieren y que intentan ayudarnos. Como somos únicos para transformarnos en el peor discípulo de un nagual, de un maestro, en los peores seguidores del camino del conocimiento, del camino del guerrero impecable, los peores cazadores del mundo. El enfermo mental es lo opuesto a un guerrero, un nagual, un maestro, un cazador, es el que lo tiene más difícil en estos caminos, pero tiene una gran ventaja sobre el resto, sabe muy bien lo que es ser una presa, porque lo ha sido toda su vida, le bastaría con decidirse a convertirse en cazador, en guerrero, para que todo ese conocimiento de presa, de víctima, se transformase en el conocimiento del cazador. Se podría decir que no habría mejor cazador de conejos que aquel conejo que tras salir vivo de múltiples cacerías lograra convertirse él en cazador, un cazador-conejo, con la correspondiente escopeta. Se sabría todos los trucos. ¡Vaya si se los sabría todos!

CONTINUARÁ.

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EL BUNKER III

18 06 2017

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LA PARÁBOLA DEL VIDENTE Y DEL INVIDENTE

Antes de proseguir con la historia del búnker, detengámonos un instante para contar otra breve parábola. Ésta nos dará las claves para entender muchos episodios que ocurren en la otra historia.

En cierta ocasión un vidente salió de su casa con la intención de llevar a cabo ciertas tareas rutinarias. Encontrándose en la acera, a la espera de que el semáforo se pusiera verde para pasar al otro lado, sufrió un fuerte empellón por detrás. Al volverse se encontró con un invidente, quien le pidió prolijas disculpas. Al parecer alguien le había robado el bastón con el que tanteaba al andar. Nuestro personaje aceptó las disculpas cortésmente y se ofreció para ayudarle a pasar al otro lado, en cuanto el semáforo lo permitiera.

Mientras esperaban el invidente entabló una conversación que a nuestro hombre le pareció totalmente surrealista. El invidente estaba convencido, vamos que creía a pies juntillas, que todos los habitantes del planeta eran ciegos como él. No esperó su respuesta para expresar con todo detenimiento su filosofía de la vida, su “visión” de la existencia.

El vidente escuchó con paciencia hasta que su interlocutor trató de idiotas a quienes sostenían que la visión  no formaba parte de la naturaleza humana. En realidad el universo era una negra noche, solo se podían percibir sus formas palpando o hacerse una vaga idea de cómo era a través de los sonidos que emitían todos los objetos. Es cierto que algunos tenían sabor y hasta podían comerse, pero la mayoría eran duros o demasiado frágiles y se rompían entre los dedos. El mundo era una plataforma muy dura por abajo, arriba estaba el vacío, el aire y algún que otro objeto que sobresalía del suelo.

El vidente perdió un poco los nervios y le respondió con cierta acritud. ¿Acaso pretendía darle lecciones de cómo era la “realidad” a él, que podía verla todos los días, mientras el invidente estaba obligado a deducirlo todo de los escasos datos que le proporcionaban otros sentidos más limitados?

El dogmático invidente montó en cólera, le llamó “pazguato”, utópico, idealista de mierda y otras lindezas. No contento con los insultos utilizó todo su repertorio de gestos groseros, convencido como estaba de que el otro, de que los otros, de que todo el mundo, era ciego y por lo tanto nadie estaba viendo sus gestos. Para él un gesto obsceno era como un pensamiento íntimo, nadie puede saber lo que uno está pensando a no ser que se exprese en palabras y aún así, el oyente solo se hará una vaga idea de sus pensamientos y emociones.

Aún se atrevió a llegar más lejos. Como el vidente no dijera palabra, pasmado como estaba de semejante atrevimiento, intentó patearle el trasero y darle de puñetazos con muy malas intenciones. A nuestro vidente le bastó con separarse un poco del otro para no ser alcanzado.

La escena era ya tan ridícula que nuestro personaje no sabía si echarse a reír o a llorar. El invidente, entonces, encolerizado hasta el paroxismo por no poder alcanzarle, le mentó a la madre, que era una prostituta de mucho cuidado.

El vidente perdió la paciencia. El poder de su videncia le hubiera permitido darle una tremenda paliza a aquel estúpido dogmático, que había creado un universo adecuado a su limitada consciencia y no admitía que nadie le apeara de su burro.

El vidente intentó calmarse y se dijo que semejante conducta por su parte sería de todo punto mezquina e imperdonable. Sin embargo el otro continuó echando sapos y culebras por su negra boca, maldijo a los hijos del vidente y le pidió a gritos que le presentara a su esposa, él daría buena cuenta de su cuerpo y no como él, que era un eunuco de mierda.

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Nuestro hombre ya no pudo soportarlo más y se planteó muy seriamente acabar con la vida del invidente, de una forma tan limpia como contundente. ¿Y si le invitaba a pasar, ahora que estaba verde el semáforo? En realidad el semáforo se había estropeado y los vehículos pasaban a toda velocidad, como si se burlaran de los pobres peatones. El vidente se imaginó susurrándole a la oreja de aquella acémila con patas, para que nadie le oyera, que ahora sí, ahora podía pasar tranquilamente.

Así son los dogmáticos recalcitrantes y estúpidos, se atreven a insultar la inteligencia de todo el mundo y luego se fían de quien menos deberían hacerlo, de aquel a quien han insultado gravemente de aquel a quien han intentado golpear con furia unos segundos antes.

El vidente sonrió a su pesar, imaginando la escena. Al invidente bajando al asfalto y caminando en mitad del furioso tráfico. Si lograba sobrevivir sería un milagro. Lo que era totalmente seguro es que aquel estúpido recibiría una lección que nunca olvidaría.

¿De qué me serviría eso a mí?, pensó nuestro hombre. El poder de mi videncia me capacita para acabar con cualquier invidente, de forma limpia, irreprochable e inimputable. Nadie podría detenerme y juzgarme. ¿Qué delito he cometido? Puede que moralmente mi conducta sea reprochable, pero nadie lo sabe y aunque lo supieran, nada podrían hacer contra mí sin el amparo de la ley. No hay pruebas y sin pruebas cualquier juicio está perdido. El invidente no podrá hablar, estará muerto, y los demás se callarán como muertos, porque la sospecha no es una prueba. El pensamiento no delinque. ¿Qué he hecho yo hasta ahora sino pensar? ¿Quién me podría acusar de ser el instigador, el autor mental del crimen?

Semejantes disquisiciones acabaron por enfriar su cólera. Lo ridículo de la situación hizo aflorar una sonrisa a sus labios. ¿Hay algo más estúpido que escupir al cielo? ¿De qué le serviría asesinar “limpiamente”, sin verse obligado a pagar el precio establecido? ¿Se sentiría mejor? ¿Acaso el poder no está también sometido a poderes más altos?

Nuestro vidente se mordió los labios hasta hacerse sangre. Era muy cierto que los insultos habían sido de extrema gravedad y que si el otro hubiera podido pillarle le habría dado una paliza de muerte. Pero la situación no sería más ridícula si en lugar del invidente se hubiera enfrentado a una hormiguita parlanchina.  Es preciso tomarse la vida con humor, de otra forma todo el mundo estaría matando a todo el mundo.

Nuestro hombre tomó del brazo al invidente y gentilmente dio la vuelta a la esquina hasta encontrar un semáforo que no estaba averiado. Esperó a que se pusiera verde y lo dejó al otro lado, despidiéndose con palabras amables. Regresó por donde había venido y siguió su camino, cruzando de acera cuando el tráfico se lo permitió.

Se permitió un último pensamiento para el invidente. Aquel pobre hombre terminaría muy mal. Algún día sería atropellado al hacer caso de los consejos de la persona a la que acabara de insultar, o sería apaleado brutalmente por otro vidente con menos paciencia que la suya. ¿Pero qué podía hacer él? No hay peor ciego que el que no quiere ver. Ahora el invidente estaría ligeramente despistado y tendría que pedir la ayuda de alguien para caminar hacia su meta. Pero bien podría darse con un canto en los dientes, porque al menos estaba vivo.

Nuestro hombre siguió reflexionando. Sí, tal vez exista otra peor forma de ceguera, la de forzar a otros ciegos a que te sigan, dándoles de palos o atemorizándoles con el infierno eterno. Si un ciego guía a otro ciego, ambos acabarán en el abismo, y si un ciego guía a mil ciegos todos terminarán rompiéndose la crisma, el número solo es eso, un número y la matemática no genera personas.

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La moraleja de esta parábola es bastante simple. La sabiduría oriental habla de los ciegos y el elefante. Cada uno toca una parte y cree que el todo es como esa parte. El maestro habló en el evangelio de un ciego que guía a otro ciego. Me he permitido copiar estas parábolas y modificarlas a mi gusto. En realidad la lección es siempre la misma.

Mi consejo para todos ustedes, para todos nosotros, es que si son ciegos sean humildes y si no lo son sean humildes también, porque podrían ser ciegos sin saberlo. Todos deberíamos admitir la posibilidad de que existan más cosas en el cielo y en la tierra de las que ven nuestros sentidos. Todos deberíamos aceptar la posible existencia de seres más poderosos que nosotros, de consciencias más expandidas que las nuestras, de mundos invisibles, de la divinidad como una luz que solo pueden ver los videntes.

Una actitud abierta y humilde ante la realidad, infinita y misteriosa, bien podría librarnos de muchos problemas, incluso de una muerte inesperada y violenta.

Somos muy poquita cosa, somos mortales, somos limitados, puede que el destino no exista, que sean los “dioses”, videntes y poderosos los que manejan nuestros destinos. Enfadarles es una actitud estúpida e irreverente. Puede que solo se rían de nosotros, pobres ciegos, pobres hormiguitas, y nunca oigamos sus risas porque son inaudibles para nuestros oídos; pero puede que algún día un dios se deje llevar por la cólera y acabemos atropellados en cualquier semáforo de la vida.

Y si no existieran dioses violentos piensen que tal vez fueran tan benevolentes que no soportaran el sufrimiento que nos ocasiona nuestra estúpida ceguera e intentaran remediarlo abriéndonos los ojos, sacándonos del estupor de nuestra ceguera. Ellos saben que es ley de vida caminar hacia adelante, acabar viendo, expandir la consciencia. Cuanto antes los hagamos menos sufriremos. ¿Seremos tan tontos de agradecerles sus desvelos escupiendo al cielo?

La actitud respetuosa ante el misterio de la vida y otras formas de existencia posibles es algo que cualquier iniciado, que ha comenzado a ver un poco,  acaba adoptando de inmediato. La expansión de la consciencia nos hace más poderosos, pero es un poder limitado y ridículo. Utilizarlo en beneficio propio y perjudicando al prójimo es una actitud tan esperpéntica como la del invidente intentando golpear al vidente, como la del vidente intentando golpear a los dioses invisibles, como la de los dioses invisibles rebelándose contra Dios.

El karma caerá sobre nuestras espaldas y los dioses, nos reservarán un destino aciago. Se troncharán de risa mientras ven cómo somos atropellados en cualquier semáforo de la vida. Incluso los más benevolentes admitirán que necesitamos una lección, no podemos seguir siendo ciegos por toda la eternidad. Cuanto antes aprendamos la lección antes comenzaremos a evolucionar. Ni el dios colérico, ni el dios benevolente, podrán librarnos de un paso irremediable.





CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL VIII

12 06 2017

 

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Manzanares a 12 de agosto de 2016

Hola amigo:  Como digo en el blog los enfermos mentales tenemos una clara tendencia patológica a utilizar lo que yo llamo “la bula papal”, es decir nos auto-otorgamos una especie de bula, según la cual se nos perdona todo en base a lo mucho que hemos sufrido, que sufrimos y que sufriremos debido a nuestra enfermedad. Es algo que llevo observando a lo largo de mi dilatada experiencia como enfermo mental y que he contrastado en los últimos años en la convivencia con otros enfermos mentales. En realidad este comportamiento tiene bastante lógica.  En esta actitud influye también la falta de confianza en los demás. Se nos margina, se nos trata como una basura, se nos insulta y esto hace que perdamos la confianza en todo el mundo, incluso en aquellas personas que nos tratan bien. Es algo que también he observado en mí a lo largo de los años, solo que en mi caso estaba formulado de una forma más drástica. Algo así como: Jamás dejaré que el comportamiento de alguien conmigo me lleve a intentar otra vez el suicidio, jamás, antes haré cualquier cosa. Esto tiene sentido en quien ha vivido el intenso sufrimiento que supone planificar un intento de suicidio y llevarlo a cabo, pero el gran problema es que eres tú mismo quien decide quién se está comportando buscando hacerte daño para que te deprimas y suicides. Por mi formación jurídica sé muy bien que nadie puede ser juez y parte al mismo tiempo, y esto es lo que hacemos a menudo los enfermos mentales. Somos nosotros los que decidimos si una persona es fiable o no, si su conducta está encaminada a hacernos daño de forma consciente y lo  medimos y pesamos en una fina balanza, lo que hacemos nosotros por los demás y lo que los demás hacen por nosotros. De esta forma todo el mundo está en deuda siempre con nosotros.

 
La bula papal que nos disculpa de todo, y todo nos lo perdona, nos lleva a conductas bastante llamativas y hasta ridículas. En este sentido también he observado un comportamiento parecido en otros enfermos, concretamente en una amiga enferma que me invitó a comer a su casa e invitó también a una amiga, algo razonable en su forma de pensar, muy conservadora, que hace que le resulte muy forzado tener en su casa a un hombre y estar sola con él sin presencia de otra persona, en este caso su amiga, que hizo de “carabina”. Pues bien, esta amiga  veía como absolutamente natural servirnos la comida y que comiéramos nosotros mientras ella hacía la limpieza de la casa. Cuando su amiga se lo reprochó se enfadó con ella y cuando yo no salí en su defensa le pareció mal. Tuve que hacerle ver que es de pésima educación invitar a alguien a comer a tu casa, servirle la comida y desatenderle, dedicándote tú a las faenas de la casa. Su reacción fue desmesurada y solo explicable por su dificultad para las relaciones sociales y tal vez un comienzo de fobia social.

Yo mismo me he comportado así durante años, mi fobia social me daba bula para salir corriendo de una cafetería y dejar allí a la gente que estaba conmigo, o para encerrarme en mi cuarto cuando llegaban visitas o a encamarme y dejar de comer y de hablar cuando estaba muy deprimido. Esta bula papal hace que muchas de nuestras conductas parezcan disparatadas a los demás. Es cierto que pueden ser producto de la enfermedad y la medicación, pero es la bula papal la que nos lleva a tensar la cuerda hasta extremos ridículos. Nos autorizamos a hacer cosas que la sociedad nunca permitiría a otras personas y esto nos automargina desde el momento que nos saltamos las normas sociales más elementales con la disculpa
de que somos enfermos.

La enfermedad conlleva un exceso de estímulos, cuyo número e intensidad no podemos controlar y eso hace que huyamos de situaciones que nos hacen llegar un gran número de estímulos y muy intensos. A mi juicio algo así les ocurre también a los autistas, que se refugian en su mundo interior porque no pueden controlar el exceso de estímulos que llega a su mente.

enfermedad mental

En cuanto a lo que me dices de los medios de comunicación, sólo puedo hablar de los que conozco, de los españoles. El tratamiento que dan a los enfermos mentales y a la enfermedad mental es muy pobre y sesgado, sin matices ni profundidad. Te puedo contar, por ejemplo, cómo fue tratado el episodio del copiloto que hizo que el avión se estrellara en los Alpes, o el caso del joven terrorista de Munich, ambos calificados como enfermos mentales, sin más. También ocurrió con los casos de jóvenes en USA que se dedicaron a disparar a sus compañeros de instituto o a provocar matanzas entre desconocidos, o incluso el asesino múltiple en una discoteca gay, también en USA. Observo que en los medios españoles es muy frecuente “sugerir” la idea de que todos eran enfermos mentales. En realidad, si nos fijamos, en las “pruebas” aportadas nos daremos cuenta de que no tenían ninguna y se limitaban a sugerir que quien hace algo así tiene que estar mal de la cabeza, ser un loco, y por lo tanto un enfermo mental. No se preocupan de informarse de si esas personas fueron realmente diagnosticadas como enfermos mentales, de si tomaban medicación, de qué clase de enfermedad padecían. No hay nada, absolutamente nada. Y aquí entramos en la incapacidad de nuestra sociedad para aceptar la existencia del mal. Quienes hacen esas cosas no pueden ser “malas personas”, tienen que ser necesariamente enfermos mentales, porque quien está bien de la cabeza no las hace. Este silogismo es completamente falso puesto que una de las premisas en las que se basa es falsa. Si aceptamos la existencia del mal, de que en nuestro mundo hay personas malas, malvadas, entonces no necesitaríamos buscar el chivo expiatorio perfecto, en este caso el enfermo mental, que no puede defenderse porque la mayoría de enfermos mentales son incapaces de expresarse con claridad y profundidad, porque la casi totalidad de ellos prefieren pasar desapercibidos, en el anonimato, vivir en las cloacas, como digo yo, con las ratas, antes que exponerse a la luz pública.

De esta forma cualquier persona que haga algo incomprensible para la mentalidad social es considerado de inmediato como un enfermo mental, se le etiqueta de esta manera y así se acabó el problema, ya no hay que estudiar la enfermedad mental, algo misterioso y desconocido para la mayoría de la gente, ya no hay que estudiar a los enfermos mentales y por lo tanto relacionarse con ellos y conocerles. De esta forma hemos visto, pasmados, cómo en nuestro redil aparecen todo tipo de personas que hacen cosas terribles y que están a nuestro lado solo porque la ignorancia de algunos, no me atrevo a calificar de mala fe, les han etiquetado con la pegatina de enfermos mentales. Es asombroso cuánto asesino, cuánto violador, cuánto pedófilo, cuanto maltratador, cuánto asesino de mujeres y niños se convierte de pronto,
de la noche a la mañana, en un enfermo mental, solo porque resulta más cómodo etiquetarlo así y desentenderse de la posibilidad de que existan malas personas, de que el mal sea algo que nos podemos encontrar en nuestra vida cotidiana. Nuestra sociedad se ha acostumbrado a considerar el mal como una entelequia, como una
leyenda, son malos los demonios invisibles, son malas las entidades de las que hablan las leyendas, pero no es malo, no es un demonio, el asesino múltiple, el violador, el pedófilo, el maltratador, son solo “enfermos mentales”. Es muy cómodo porque así no tendríamos que revisar nuestras filosofías éticas y morales, nuestras leyes, nuestras costumbres, así no tendremos que revisar de abajo a arriba los valores en que se cimenta nuestra sociedad.

Los enfermos mentales que hemos sido diagnosticados muy jóvenes, en mi caso a los diecinueve años, que hemos sido sometidos a toda clase de terapias, en mi caso terribles, que hemos sido medicados  durante años, que hemos sufrido y hemos luchado durante años con nuestra enfermedad, vemos asombrados cómo determinadas personas se convierten en “enfermos mentales” de la noche a la mañana. Nunca acudieron a un psiquiatra, nunca fueron diagnosticados, nunca se les consideró personas “raras” porque sus conductas no eran patológicas y pasaban desapercibidos. De pronto un día matan a un gran número de personas y ya son enfermos mentales, o participan en una violación colectiva, como las de las niñas en la India y ya son enfermos mentales. Les gustan los niños y anteponen su placer sexual a los valores éticos más elementales, y ya son enfermos mentales.

Ningún medio de comunicación hablaría de que tal o cual persona padece una determina enfermedad física sin antes tener un certificado médico o constatar la medicación que toman o informarse de su familia, o hablar con el doctor que les trata. En cambio pueden calificar como enfermos mentales, sin el menor rubor, a personas de las que no saben nada. Desconocen si han estado en tratamiento
psiquiátrico, quién les ha tratado, qué enfermedad les fue diagnosticada, si tomaban tal tipo de medicación. No saben nada de ellos y sin embargo no se recatan en dar a entender que son enfermos mentales. Claro que los medios están acostumbrados a utilizar la presunción de inocencia como un salvavidas frente a posibles tormentas. Siempre dicen”presuntamente”. Pero eso no significa nada cuando no se tiene ningún dato, ningún indicio, ninguna prueba y se habla por hablar.

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Me resulta en extremo curioso que se califique de enfermo
mental a un asesino, violador, pedófilo, maltratador, etc. y nadie,
que yo sepa, se haya planteado nunca que un corrupto, por ejemplo
pueda ser un enfermo mental. Consideran que un asesino tiene que
sufrir necesariamente un trastorno de personalidad severa y por lo
tanto es un enfermo mental y ni se plantean que un corrupto pueda
sufrir también un trastorno de personalidad severa.Puede que quienes
hayan escamoteado al Estado y a la sociedad millones, hayan
contribuido a la muerte de niños por malnutrición, a la muerte de
enfermos físicos que necesitaban tratamientos que no se les dieron
porque faltaba dinero. Y sin embargo los corruptos no son enfermos
mentales. Este es un caso curioso y paradigmático. Es como si pensaran
que son “listillos” que han hecho lo que ellos no se atreven a hacer,
pero ello no indica que sean enfermos, en todo caso alguno se puede
plantear que son malas personas, y sobre eso no parece existir un
amplio consenso social, porque si así fuera las medidas que se
tomarían contra ellos serían ejemplarizantes y sin embargo para que un
político corrupto salga de la política tienen que existir serios daños
colaterales para otros políticos.

En el caso de enfermos mentales diagnosticados, sobre los que no existe la menor duda, tampoco la información es muy veraz y matizada. En España hubo un caso, hace años, de una doctora en un conocido hospital madrileño que acuchilló a compañeros de trabajo, creo que mató a alguno. Pues bien, se supo que era una esquizofrénica paranoide y que no tomaba medicación, pero no se supo nada más. Su familia, al parecer tenía una alta posición económica y social, pero no se supo nada de ella, cuando en otros casos se sabe hasta el número de zapatos que calzan. La información era sesgada porque no se informó por qué se permitió a una doctora con esa enfermedad ejercer su profesión cuando no tomaba medicación. Tampoco los altos cargos de sanidad dijeron nada al respecto ni nadie asumió responsabilidad
alguna. No se supo nada de la enfermedad de la doctora, cuándo había sido diagnosticada, cuántos años llevaba siendo una enferma mental, si se conocía en su entorno laboral, si había tenido problemas antes, si los compañeros se burlaban de ella y la hacían la vida imposible. La información fue escueta, una doctora, enferma mental, acuchilla a compañeros de trabajo. Eso es todo lo que los enfermos mentales
podemos esperar de los medios. Una parte importante de la población mundial es enferma mental y he visto muy pocos reportajes sobre enfermos mentales. Y cuando algunos damos el paso de aparecer en un vídeo, de manifestarnos públicamente como enfermos mentales, pasamos desapercibidos, nadie se preocupa por conocernos, por saber cómo somos, cómo es nuestra vida. Es como si fuéramos apestados y cuanto más lejos de nosotros, mejor.

En mi blog recibo muchas consultas de familiares que no saben
qué hacer con el enfermo mental. Algunos me confiesan haber buscado
información sobre el tema y muchos de ellos acaban recalando en mi
blog, porque es que no hay nada más o muy poco. Los enfermos se ocultan
por el estigma social, los familiares tratan de ocultar su problema,
los medios prefieren no tocar el tema por lo delicado que es. Todo el
mundo anda de puntillas, como pisando huevos, sobre el tema, excepto
cuando se produce un acontecimiento terrible que no se puede ocultar.
Entonces sí aparecemos en los medios. Tenemos un asesino múltiple,
pues bien, tiene que ser un enfermo mental. ¿Acaso alguien se ha
preocupado de enterarse de si fue diagnosticado, qué doctor le trató,
qué medicinas tomaba, cómo era su vida familiar y social? Nada. No
existimos cuando sufrimos en silencio y nos ocultamos en las cloacas,
pero cuando alguien sale a la luz, un caso estadísticamente llamativo,
un posible asesino entre millones de enfermos mentales, todos los
enfermos nos convertimos de inmediato en asesinos.

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No me atrevería a achacar a los medios y a los periodistas
mala fe y mala conciencia en este tema. Creo que actúan como actúan
con las demás noticias. No es noticia que un perro muerda a un hombre,
pero sí lo es que un hombre muerda a un perro. No es noticia que un
enfermo mental sufra toda su vida y se suicide de forma anónima, pero
sí lo es que alguien mate a desconocidos a tiros en cualquier parte,
porque necesariamente tiene que ser un enfermo mental. Los periodistas
y los medios son un fiel reflejo de la sociedad en la que viven. No se
les puede pedir que tengan más valores y mejores que el resto de la
sociedad, que sean menos competitivos, que sean más humanos, más
sensibles, que sean capaces de sacrificar un trabajo por dar una
noticia humana en profundidad. Un periodista estandar, como un juez,
como un político, como un militar, no puede ser mucho mejor que la
sociedad en la que viven, las excepciones a la regla existen, pero no
son la regla. Teniendo en cuenta que los medios suelen ser empresas
privadas y las empresas buscan el beneficio, el negocio, no se les
puede pedir que traten el tema de la enfermedad mental si no va a
tener suficientes espectadores que les permitan ganarse un dinerillo
con los anuncios que se emiten antes, durante y después. Si las
empresas están hechas para el beneficio es difícil trazar líneas
rojas, solo vemos que se autoimponen esas líneas cuando la reacción
del público puede hacer descender los beneficios. No se trata de
valores éticos, se trata de aquellas circunstancias que hacen crecer o
disminuir los beneficios. Puede que aún no se haya descubierto una
alternativa al capitalismo, pero está claro que una sociedad
capitalista no es humana por definición. Mientras se persiga el
beneficio el ser humano pasa a ser un decorado, un consumidor, un
número en las estadísticas empresariales. Y esto que es general para
todo lo es también para la enfermedad mental y los enfermos mentales.
No somos importantes porque no nos hemos agrupado para formar un
partido político que pueda acceder al gobierno de una nación, no hemos
fundado una multinacional que tenga mucho que decir en los asuntos
internacionales, no hemos propugnado no votar a los partidos políticos
que nos ignoran y votar a los que cumplan las promesas que hacen en
sus programas electorales.Los enfermos mentales somos mudos, sordos,
ciegos, no existimos sino es en las estadísticas de las empresas
farmacéuticas, en los gastos del Estado para sanidad, o cuando ocurre
algo terrible que se nos achaca. Y todo ello es en gran parte culpa
nuestra. Siendo como somos un altísimo porcentaje de la población
mundial, nuestro voto debería ser decisivo en las elecciones, nuestras
necesidades deberían ser imperativas para los estados, las empresas,
la publicidad, el diseño de todo aquello que nos pueda interesar. La
población gay ha conseguido, saliendo del armario, que su número y sus
necesidades y gustos no puedan ser ignorados, el problema de los
enfermos mentales es que parece que nunca terminaremos de salir del
armario. Es nuestra gran desgracia.

Creo que me he extendido mucho, si necesitas que matice algo
sobre algún tema concreto, házmelo saber. Un abrazo.

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LOCOS EGREGIOS 7

6 06 2017

 

Jean-Jacques Rousseau

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Mi conocimiento de este gran intelectual, según muchos precursor de la revolución francesa, se limitaba hasta ahora a la lectura hace años de sus “Confesiones”. El dato encontrado hace poco que lo calificaba de “loco” me llamó la atención y decidí investigar más. Resulta muy complicado calificar de enfermos mentales a quienes vivieron antes de que la enfermedad mental fuera aceptada como tal enfermedad. En otros tiempos alguien era calificado de “loco” sencillamente cuando superaba la línea roja que la sociedad de cada época marcaba arbitrariamente. Una persona anónima llegaba a ser loco cuando su conducta le incapacitaba para ganarse la vida y no se atenía a ninguna lógica conocida. Si era una persona culta e intelectual se le etiquetaba de “raro” salvo que claramente superara determinadas líneas rojas, entonces era un simple “loco”.

En muchas biografías de genios, artistas o intelectuales de épocas anteriores al nacimiento de la enfermedad mental como tal se suele hablar de la demencia en que solían caer al final de sus vidas, muchas veces propiciada por una terrible enfermedad de la época, la sífilis, que al parecer llegaba a producir una auténtica demencia en sus últimas fases. Curiosamente en la biografía de estos “dementes” por enfermedad física una observa determinadas conductas que hacen pensar en las conductas patológicas del enfermo mental.

Es el caso que nos ocupa. Rousseau sufrió la leyenda urbana de la época de haber sufrido la sífilis. No parece estar muy claro, al menos en la documentación que he consultado. Uno imagina que en determinadas épocas históricas decir de alguien que había sufrido la sífilis era casi lo peor que podía decirse de una persona. Eso implicaba una degeneración moral, puesto que el sexo siempre ha sido un tabú social y la promiscuidad una de las peores conductas que podía observar un ser humano. Aparte de eso la sífilis era una enfermedad “sucia”, morbosa, que solía terminar con el paciente sufriendo una demencia casi absoluta. No es de extrañar que muchos grandes hombres de estas épocas sufrieran el rumor de que padecían tan apestosa enfermedad.

En la biografía de Rousseau llaman la atención determinadas conductas que hoy serían signos de sufrir una enfermedad mental. La falta de una madre durante la infancia, el ser educado por familiares que parece no le trataron precisamente como a un hijo, debió de traumatizarlo mucho, como nos indica el hecho de que llegara a entregar sus cinco hijos a la inclusa, alegando que allí no serían peor educados que en unas instituciones educativas que estaban hechas para terminar con la bondad natural del ser humano. Dejando de lado su filosofía de la bondad natural y lo que esto pudo influir en semejante y aberrante decisión, todo parece indicar un desapego, un desafecto, una incapacidad para la afectividad, que nos hace pensar en un psicótico. En efecto, la psicosis distancia, no solo de la realidad, sino fundamentalmente del mundo afectivo. El psicótico es incapaz de mostrar afectividad, ternura, y también de recibirlas. La pérdida de empatía en un psicótico es connatural a la enfermedad, aunque yo me pregunto si la enfermedad no sería el producto de la pérdida de empatía y no al revés. Aquí aparece una de las líneas más sutiles entre enfermedad mental y maldad. Un psicótico podría llegar a ser un asesino en serie, al perder por completo la capacidad de empatía, de ponerse en la piel del otro, de dar y recibir afecto, pero teniendo en cuenta las estadísticas sobre la violencia extrema en el enfermo mental uno se pregunta si en realidad el asesino en serie es un malvado, alguien que libremente ha escogido el mal, y como consecuencia de su comportamiento malvado acaba sufriendo una gravísima distorsión de la personalidad, una enfermedad mental, la locura. Que una persona malvada que durante toda su vida hace el mal, sin la menor empatía, pueda llegar a la locura es de una lógica aplastante. Que una enfermedad mental, por grave que sea, pueda llegar a generar conductas homicidas, es un tema delicado que merece un estudio en profundidad. Cuando un esquizofrénico causa graves lesiones, o incluso la muerte, debido a su negativa a tomar medicación uno se pregunta si esa conducta es propia de la enfermedad y si de ser así, si todos los esquizofrénicos dejaran de tomar medicación, ¿cuántos de ellos llegarían a causar a otros graves lesiones o incluso la muerte? Es un tema muy delicado, como he dicho, por mi parte no tengo nada claro que la enfermedad en sí, el escuchar voces, el sufrir delirios, alucinaciones, tenga que conducir necesariamente al homicidio. Hay delirios proféticos en los que el enfermo lo que intenta es lo contrario, salvar a la humanidad transmitiendo un supuesto mensaje salvífico. Uno se pregunta si los enfermos que han llegado al homidicio lo habrían hecho, a pesar de su enfermedad y de no tomar medicación, si no hubieran sufrido a veces el acoso, la burla, la marginación y la agresividad de su entorno.

La altura intelectual de Rousseau es indiscutible, como sucede también en otros muchos enfermos mentales que alcanzaron la genialidad en alguna faceta creativa. Pero llama la atención su teoría del hombre bueno por naturaleza a quien la sociedad corrompe. Este es un pensamiento muy típico del enfermo mental que suele achacar su enfermedad a una sociedad injusta, agresiva, competitiva, depredadora. Mi experiencia con enfermos mentales me ha llevado a observar que esta forma de pensar es muy típica en ellos, incluso yo mismo sentí una rebeldía terrible en mi juventud, ya diagnosticado como enfermo mental, frente a una sociedad que lo es todo menos fraternal, sensible, justa, espiritual, en la que priman valores materialistas como el dinero, la fama, el poder, buscando siempre depredar, siguiendo la ley de la selva, para alcanzar objetivos vacíos y fugaces.

El enfermo mental suele reaccionar con rebeldía, con santa cólera, para luego, al darse cuenta de que es inútil luchar contra toda una sociedad, plantearse estrategias manipulatorias, astutas. En la biografía de Rousseau hay mucho de esto. También llama la atención que determinadas conductas buscando conseguir dinero se contradigan luego con otras en las que lo desprecia, como es el caso de la renuncia a la pensión de Inglaterra, conseguida por un conocido intelectual inglés de la época. Esto es algo que resulta incomprensible para quienes no conozcan la enfermedad mental. En realidad, aunque el enfermo se angustie por su falta de medios económicos y busco toda clase de fórmulas para remediarlo, cuando sufre una crisis puede renunciar a toda su economía, despilfarrarla, regalarla, con la mayor naturalidad del mundo.

Su obsesión en cuanto a la persecución de otros intelectuales de la época, confabulados para terminar con él, roza la paranoia, sino está claramente dentro de ella. ¿Era Rousseau un esquizofrénico paranoide, un psicótico? Es posible. Lo que parece estar claro es que se trataba de un enfermo mental. Hay mucho en su biografía que así  parece ratificarlo. Incluso en su aspiración suprema a la bondad natural que la sociedad destruye hay una clara raíz de enfermedad mental. Incapaces de aceptar la maldad que destila una sociedad sin valores espirituales, humanos, que solo busca depredar, que solo premia al más fuerte y al más depredador, el enfermo mental aspira a la bondad suprema que cree está en nuestra naturaleza. Incapaz de afrontar la realidad se fuga de ella, bien a través del delirio profético (la aspiración de Rousseau a regresar a la bondad natural lo es claramente) o bien a través de una astuta y manipuladora y genial conducta que le permita enfrentarse a toda una selva llena de depredadores. Esto no es otra cosa que un delirio que suele terminar con el enfermo mental siendo la primera víctima de sus manipulaciones.

Aunque pueda parecer traído por los pelos el caso de Rousseau como enfermo mental, parece claro que desde la perspectiva moderna de la enfermedad mental, tanto él como otros muchos genios históricos fueron claramente enfermos mentales. El hecho, muy estadístico y constatable, de que muchos enfermos mentales alcanzaron la genialidad, es de una lógica aplastante. La mediocridad puede ser muy “normal” y proteger de la enfermedad mental, pero no hay nada más alejado de la genialidad. El genio es como un loco que se arroja a un río repleto de pirañas, todos saben que acabarán comiéndole el culo, por poner una pizca de humor, pero quien no se arriesga a ello jamás llegará a la otra orilla. La normalidad puede ser un lago bonancible, pero está cerrado en círculo, no se llega a parte alguna. Quien quiere aventurarse asume el riesgo de que lo devoren las pirañas de la locura.

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Jacques_Rousseau

 

http://www.revistaaleph.com.co/component/k2/item/591-las-enfermedades-de-jean-jacques-rousseau?tmpl=component&print=1

 

https://hernanmontecinos.com/2010/10/12/jean-jacques-rousseau%E2%80%A6%E2%80%9Cun-loco-interesante%E2%80%9D/





EL LOCO DE CIUDADFRÍA X (NOVELA)

2 06 2017

lOCO X 

 

-¿Qué es el karma?

-Veo que no está muy al tanto de filosofías orientales como el budismo. El karma es sencillamente la ley de causa y efecto. Cada uno de nuestros actos genera unos efectos que regresarán a nosotros, como un boomerang, antes o después.

-¡Ajá! Pero eso es algo tan elemental como mear para arriba, lo más fácil es que uno se acabe orinando encima de su cabeza.

-Algo así, pero con las complicaciones que producen billones de causas generando efecto y entrecruzándose entre sí.

-¿El efecto mariposa?

-Sí, un efecto mariposa a nivel cósmico.

No me sentía muy preparado para una conversación filosófica. La euforia dionisiaca me empujaba una y otra vez hacia el sexo en todas sus formas y matices.

-Si no le importa me gustaría volver a mi pregunta. ¿Es usted capaz de imaginarse a una mujer desnuda y sentir un placer tan satisfactorio como si estuviera poseyendo su cuerpo en el coito? Si es así me gustaría conocer esa técnica.

-El sexo es un cóctel en el que la bebida esencial es la imaginación, la fantasía, la mente. Es cierto que nuestros códigos genéticos nos impulsan en determinada dirección, que el instinto de supervivencia de la especie obliga a cada espécimen al coito, para que la humanidad no desaparezca. Pero dudo mucho que, superada la juventud, los seres humanos continuáramos con la reproducción sexual si en ella no encontráramos un placer superior al resto de los placeres. Y créame que algo así solo es posible si nuestra mente nos ayuda en el empeño. Sin la fantasía el acto sexual sería tan insípido como el agua, que calma la sed, pero que no se puede decir que sea una bebida que un gourmet hubiera escogido si el creador le hubiera permitido darle saber a esta bebida universal.

-Estoy de acuerdo con usted, la imaginación es muy poderosa y la más creadora de nuestras facultades, pero no me negará que para alcanzar un orgasmo con la misma intensidad que en un buen coito hay que tener una imaginación muy, pero que muy exaltada. No todo el mundo está preparado para ejercerla con tal intensidad. ¿Qué diferencia su imaginación del resto de imaginaciones?

-La consciencia de estar viajando con mi mente. Todos lo hacemos, aunque la mayoría está convencida de que nuestra mente funciona únicamente dentro de nuestro cráneo, gracias a conexiones neuronales.

-¿Y no es así? ¿Acaso cree que su mente viaje por ahí y se acuesta con los cuerpos de las mujeres en las que está pensando?

-Si supiéramos lo que hace nuestra mente cuando pensamos y lo que hace nuestro cuerpo astral cuando dormimos, le aseguro que se nos quitarían las ganas de pensar en los demás o de sentir emociones hacia el prójimo que no fueran esencialmente amor puro. En un libro que leí hace ya muchos años, creo que de un lama tibetano, se decía que solo un tercio de nuestros pensamientos son realmente nuestros…

-¿Y el resto? ¡No me diga que los pensamientos nadan en el aire como los peces en el agua!

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-Suena surrealista, tanto como que a nuestros sesudos científicos se les haya ocurrido pensar que las ondas de los móviles pueden producir cáncer o la electricidad de nuestros electrodomésticos podría influir negativamente en la salud de nuestros cuerpos. Le aseguro que es un tema serio. Algo en lo que merece la pena pensar, aunque solo sea un minuto.

-Ja,ja. Me imagino su pensamiento nadando como un pez en el aire y buscando a las tías más buenas del planeta, para acostarse con ellas.

El loco puso mala cara. Debo reconocer que estaba sorprendido de su actitud, tan calmada y tranquila, cuando pocos minutos antes había estado a punto de crucificarse con cristales. En posteriores conversaciones, al mencionar el tema, me confesaría que él mismo se sorprendió, porque normalmente los efectos de sus estallidos de cólera le duraban varios días, cuando no algunas semanas. Lo achacó a mi presencia y al embotamiento de sus sentidos debido al grado de alcohol en sangre. No obstante se le notaba que estaba hablando gracias a un esfuerzo de voluntad. Ni la borrachera, ni el tema del sexo (mucho más después de mi broma respecto a mi esposa y al loco) ayudaban a que la conversación fuera fluida. A pesar de ello no desvariábamos en exceso, tal vez debido a la entidad de nuestras mentes, dicho sea sin falsa modestia. Apenas me miraba, se limitaba a centrar sus ojos en la botella de vodka y a echar un trago de vez en cuando. Me la pasó, pero la rechacé con un gesto. El vodka debe beberse bien frío y aquella botella debía llevar tiempo a temperatura ambiente. Debió captar mi pensamiento, porque se levantó, regresando con una cubitera repleta de cubitos de hielo y dos copas pequeñas. Puso un par de cubitos en cada copa y las llenó hasta el bordo. Ahora sí me apetecía echar un trago. Antes hice un brindis:

-Por sus orgasmos mentales, sin obstáculos, sin dificultades para seducir a las mujeres más bellas del mundo… ¡Ojalá algún día pueda alcanzar su maestría!

El loco se enfadó aún más de lo que estaba y se bebió la copa de un trago. Luego tosió unos segundos, hasta despejar sus conductos obstruidos. Por sus gestos deduje que estaba luchando contra sus estúpidas manías. Juraría que nada le hubiera complacido más que mirarme la bragueta.

-Algún día se arrepentirá de estas palabras. Se lo aseguro.

-¿Va a pegarme?

-No sea idiota.

Nada me habría disgustado más que terminar la borrachera con unos buenos mamporros. Por eso agradecí cuando el loco se puso serio y decidió responder a mi curiosidad, antes de echarme. En su cara pude ver que la decisión estaba tomada.

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       -Mire, le voy a explicar en qué consiste mi técnica tántrica, luego puede hacer con ella lo que le salga de los c… pero le aconsejo que no vuelva a hablarme de ello hasta que alcance un orgasmo con técnicas exclusivamente mentales. Y en cuanto a su esposa le daré hasta el último detalle de mis experiencias erótico-tántricas con ella. Le aseguro que fueron muy, pero que muy agradables. Usted ha tenido la desvergüenza de preguntarme por ello, no se preocupe, que le contestaré cumplidamente.

        -Sí, jaja, espero que no se corte un pelo.

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         A estas alturas ya arrastraba el culo cuesta abajo, sin la menor inhibición. Mis amigos y las personas que me conocen bien saben que no pueden dejarme beber más allá de cierto límite. Cuando lo he pasado ellos suelen salir corriendo sin despedirse siquiera. Quienes se quedan saben lo que tendrán que soportar a partir de ese momento. En cuanto a mi esposa, me aguanta estos excesos porque no suelen repetirse más allá de una vez al año. A veces, cuando estamos solos y ella se siente un poco aburrida o contenta –si ha bebido un poco- me anima a beber, buscando la diversión lujuriosa que indefectiblemente le proporcionaré. Hasta ahora no se ha atrevido a hacerlo en público, desde la última vez que caí en la tentación. Fue en un cóctel, posterior a la entrega de un premio literario. Todas las mujeres asistentes salieron “quemadas” por mis bromas eróticas. El editor se las vio y deseó para evitar que la prensa hablara de ello. 

        -Como quiera. Usted se lo ha buscado…La prueba de que en esta técnica mental hay algo más que simple fantasía llevada al exceso está en cómo viven “sus fantasías” los drogadictos o alcohólicos. Para ellos las experiencias que están viviendo son reales. Un drogadicto podría tirarse por una ventana, creyéndose supermán, si el delirio fuera bastante intenso. O un alcohólico que sufre delirium tremens, no podrá ser convencido de que las arañas, cucarachas o serpientes, que ve en las paredes, no son reales. Le estoy hablando por experiencia. En mi caso ni siquiera colocando mi mano en la pared y relatando cómo las serpientes me mordían y su veneno no me producía el menor efecto, pude convencer a un amigo que sufría “delirium tremens”, de que aquellos animalillos que veía subir y bajar por la pared de enfrente no le producirían el menor daño.

          “No se trata solo de que la droga o el alcohol intensifiquen sus sentidos, autentificando sus fantasías, sino de que realmente su mente viaja y puede “ver” las escenas que un espectador considera sencillamente delirios. ¿Por qué cree usted que cuando se emborracha no es capaz de controlar sus pensamientos eróticos?

          -¿Cómo sabe que me ocurre eso?

          Por un momento quedé pasmado, aterrorizado, pensando que tal vez tuviera facultades telepáticas. Todo el mundo se burla de aquello en lo que no cree, sin embargo cuando nos quedamos solos, de noche, en el campo, hasta el más incrédulo llega a creer que ha sido un fantasma el que le ha pellizcado el trasero y no una zarza que no puede ver.

         -No se preocupe. No se necesitan facultades telepáticas para saber ciertas cosas. Basta con una mínima capacidad deductiva y sumar dos y dos. Usted lleva un buen rato haciendo preguntas eróticas y tratando temáticas referidas específicamente a la lujuria. Curiosamente esto le sucede desde que la bebida le impide controlarse. El alcohol u otras sustancias abren las puertas de nuestro subconsciente, nos desinhiben y permiten que ese universo escondido, que esa fiera encadenada, salgan de su jaula y se apoderen de nuestra vida cotidiana. A mí también me suele ocurrir, por eso aprovecho mis borracheras para vivir experiencias tántricas, pensando en las mujeres más deseables.

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         Como mi esposa.

          -Es usted idiota y no tiene remedio. ¿Quiere que le hable de ello? Pues ahí va.

        “Mire, la técnica es muy sencilla. Basta con utilizar cualquier técnica de relajación. Lo importante es parar el diálogo interno. Como sabe, el pensamiento no es otra cosa que hablar con nosotros mismos. No dejamos de hacerlo nunca en estado de vigilia. Por eso es tan importante pararlo, para que nos permita percibir otras cosas, otros mundos, que permanecen ocultos tras su sempiterno “raca-raca” y a los que solo accedemos en sueños o en estados de experiencias alteradas de consciencia, tal como el alcohol o las drogas. También se pueden alcanzar las mismas metas con nuestra mente desnuda, sin ayuda de sustancias estupefacientes. Relájese hasta notar que su pensamiento vaya bajando sus latidos, lo mismo que su corazón. Entonces comience a crear un cuadro mental en el que desee estar. A esto se le llama “visualización”. Puede imaginarse que conoce a una hermosa mujer, que habla con ella, que la invita a su casa, que ésta accede y le acompaña. Que entra con ella en su piso y la invita a una copa. Que se declara y pone en hermosas palabras su deseo. Y así sucesivamente… Nada impedirá que terminen en el lecho.

        -Al menos en una cosa tiene usted razón. La imaginación puede superar todos los obstáculos. Pero eso no deja de ser una masturbación, por muy tecnificada que me la presente.

        -Si lo hace bien. Si logra crear un cuadro con el mayor número de detalles posibles. Si la sensación de estar allí es tan intensa que se olvida que está en otra parte. Si al desvestir a la hermosa señora puede notar su piel suave y cálida en la yema de sus dedos, entonces ya ha atravesado la puerta y está al otro lado. La prueba de que es así la notará de diversas maneras. Por ejemplo si nota oposición por parte de ella. Suele ocurrir que al contactar mentalmente con una mujer, con la que se desea vivir una experiencia tántrica, ésta te rechace, bien porque está pensando en otras cosas, haciendo su vida normal o sencillamente porque no le apetece o porque alguna característica del que ha contactado mentalmente con ella le desagrada profundamente. Si conoce a esa persona es algo que ya ha experimentado en otras ocasiones. Si no lo conoce es fácil que las perciba de forma subconsciente.

         “Sin embargo cuando ella te acepta notas una entrega absoluta, una generosidad sin límites. La razón está clara. Como no estás presente, como ella considera que es tan solo un juego con su pensamiento, sin consecuencias, no le importa entregarse si el objeto de su deseo mental es lo suficientemente atractivo para que sus inhibiciones caigan al suelo, como la falda que yo acabo de quitar en este momento a la bella mujer con la que estoy viviendo una experiencia tántrica.

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          “Le diré que eso me ocurrió con su esposa. Puesto que deseaba que yo le contara detalles, ahí van todos los detalles que usted quiera. No me costó visualizarla, imaginarla, puesto que ya la había visto en la calle en numerosas ocasiones y me había sentido muy atraído por ella. Así pues me relajé antes de dormir, visualicé un encuentro con su esposa en la calle. Cómo charlábamos, cómo ella se sentía atraída por mí, cómo la invitaba a mi casa y ella accedía. Como allí nos besábamos, nos desnudábamos y hacíamos el amor. Si en su mente mi imagen le hubiera causado disgustos yo lo hubiera notado. Sencillamente me asaltarían otras ideas a las que no podría hacer frente o notaría un fuerte rechazo que me haría muy difícil seguir pensando en ella. No lo noté, por lo que mi conclusión es que caigo bien a su esposa.

         “Una vez pasada la puerta acostumbro a montarme encima de la almohada y abrazarla con deseo, pasión y ternura. A partir de ese momento ya no es una almohada sino una mujer de carne y hueso, a la que yo estoy acariciando. Si la visualización es perfecta uno no necesita forzar la fantasía, todo va sobre ruedas. Si la mente de ella no te rechaza y participa en el juego voluntariamente puedes notar sus respuestas. Incluso puedes llegar a percibir la solidez de su cuerpo y cómo responde al tuyo. La penetración sobre la almohada es cómoda y agradable, el resto lo hace tu mente. Le aseguro que el orgasmo, el éxtasis, puede alcanzar niveles casi místicos. Sobre todo si uno está desinhibido, no tiene barreras religiosas o morales y no siente estar cometiendo un pecado. Está claro que si la otra te rechaza esa experiencia es imposible y se transforma en una simple masturbación. Debe existir un previo consenso entre esas dos mentes para que la experiencia sea posible.

         El loco hablaba con tal convencimiento y con tal intensidad emotiva que por un momento me imaginé a mi esposa en sus brazos, realmente, y sentí el mordisco de los celos. Luego me dije que aquello era imposible y no pude por menor de reírme de la imagen del loco aferrado a una almohada, clavándole las espuelas y penetrando la tela con su miembro enhiesto. La escena era terriblemente divertida. Me reí a carcajadas hasta lograr controlarme al cabo de unos segundos. El loco no se inmutó.

         -Mucho me temo que nadie excepto usted pueda creer que semejantes experiencias son reales.

         -El tantrismo se basa en ello. En que somos energía y la energía no tiene que superar ningún obstáculo para comunicarse. Incluso los católicos podrían llegar hasta ese límite y cruzarlo si hicieran caso de todas las palabras de su maestro Jesús y no solo de las que les interesan. En el evangelio se pone en boca de Jesús la siguiente frase: “Quien desea a la mujer de su prójimo ya adulteró con ella en su corazón”. ¿Qué cree que puede significar esta frase? Podemos darle mil vueltas, pero para mí está más clara que el agua.

           -¿Ha llegado al orgasmo pensando en mi esposa?

El loco estaba perdiendo los estribos. Esta vez me miró directamente la bragueta, como dándome a entender que de buena gana me cortaría los c… Luego se sirvió otra copa de vodka y se la bebió de un trago. Esto le dio fuerzas suficientes para continuar.

-Sí, así es. Imagino que ella le habrá contado cómo la miro cuando nos encontramos por la calle. Pues bien, quiero que sepa que para mí es como si nos hubiéramos acostado juntos, como si hubiéramos hecho el amor. La experiencia tántrica fue perfecta y maravillosa. Puede que ella no lo recuerde, pero incluso en sueños he tenido experiencias eróticas con ella. Me siento muy feliz cada vez que me sucede. Le aseguro que para mí no estoy taladrando una almohada cuando la penetro, sino que realmente estoy dentro de su vagina, sintiendo todo lo que puede sentirse en estos casos.

La sonrisa irónica se me congeló en mi boca. Aunque aquello era pura imaginación, el delirio de un loco, la convicción con la que hablaba me puso las pelotas de corbata. Incluso llegué a pensar si en realidad no se habrían acostado de verdad y el loco me lo estaba contando de aquella manera para irme preparando. Yo tenía absoluta confianza en ella, aunque nadie puede poner la mano en el fuego por nadie, ni siquiera por sí mismo. Yo había sentido la tentación de la infidelidad cuando alguna admiradora me había propuesto una cita en una carta. La editorial me hacía llegar esta correspondencia, que de una manera u otra reciben todos los autores de éxito. La posibilidad de acostarme con las más hermosas admiradoras había pasado por mi cabeza. ¿Quién me decía que a mi esposa o a cualquier mujer en su situación no le pasara tres cuartos de lo mismo? Si a ella le caía bien el loco, ¿por qué no dar ese paso y llevar a la práctica una imaginación repetida en numerosas ocasiones?

             Estuve a punto de levantarme y salir de su casa sin más circunloquios. Solo fue un instante de debilidad, porque enseguida comprendí que a pesar de la narración perfecta de la escena, era tan solo una fantasía de su imaginación delirante. Volví a reírme, esta vez con más ganas, viendo una y otra vez aquella ridícula escena del loco montando una almohada. Decidí continuar hasta donde me permitiera la paciencia de aquel hombre.

         -¿Es que nunca va usted de putas?

-Si estas experiencias tántricas, tan intensas y maravillosas, fueran sencillas de alcanzar, imagino que usted se hará una idea bastante aproximada de lo poco que yo necesitaría la presencia física de la mujer para vivir una sexualidad sana y satisfactoria. Sin embargo esto no es así. Cada experiencia de esta altura es como una perla maravillosa que uno debe conseguir buceando hasta profundidades abisales, con mucho riesgo, incluso el de su propia vida. Cuando uno decide bucear a pleno pulmón, sin escafandra, sabe que se arriesga a que le fallen los pulmones y a que la muerte le pille en el momento más inesperado. 

 “Por eso sigo necesitando de la presencia física de la mujer. En cuanto a las putas no las visito porque las desprecie, ni tampoco por falta de dinero, sino sencillamente porque como usted sabe, si hasta salir a la calle me cuesta, imagínese lo complicado que me resulta visitar un puticlub. 

 -Pero puede llamarlas por teléfono y que vengan a casa. 

-Sí, alguna vez he pensando en hacerlo. Aunque eso sería tirar definitivamente la toalla y aún tengo esperanzas de que mi vida pueda cambiar. 

-Disculpe mis risas, pero me resulta difícil aceptar que alguien pueda vivir fantasías con tal intensidad que le parezcan reales. 

-Bien. Todos sabemos lo que es la hipnosis. En cierta ocasión presencié en un programa de televisión cómo un showman hipnotizaba a un voluntario. Le hizo creer que se estaba comiendo una manzana, cuando en realidad lo que hacía era mordisquear una cebolla. Su cara decía que realmente degustaba una manzana y no una cebolla. La sugestión puede ser muy poderosa. Si supiéramos hasta qué punto, nos costaría incluso ver los spots publicitarios. 

        “Una persona puede llegar a ver a otra como una maravilla, a pesar de que todos los demás la consideren una mierda (caso del enamoramiento). Otra persona puede ver en otra a su peor enemigo, a pesar de que tenga de canalla lo que tienen el común de los mortales. Su odio pude llegar a ser patológico. Todo es producto del poder de la sugestión. “Podría darle más ejemplos. Pero no es necesario. Si no cree en la posibilidad de que estas técnicas nos lleven a universos “reales”, al menos acepte que el poder de la sugestión nos permite “vivir” experiencias tan intensas como las reales. 

         -La diferencia es que en las reales hay respuesta del entorno y de las otras personas. En el caso de la fantasía no hay respuesta porque no hay comunicación. 

       -Se equivoca. Estas experiencias pueden llegar a compartirse, aunque la otra persona no hable de ello o se avergüence de haber vivido algo inexplicable que solo puede achacar a su mente pecaminosa.  Podemos compartir los sueños y podemos compartir estas experiencias.  

       -¿Tiene alguna prueba al respecto? 

-Sí, aunque a usted estas pruebas no le dirán nada. En cierta ocasión viví una experiencia tántrica con una chica con la que me relacionaba en mi entorno. Tuve sueños eróticos con ella. Al cabo de un tiempo una amiga común me habló de ello. Me confió discretamente y con la promesa de que lo guardaría como secreto, que fulanita le había contado que había tenido sueños eróticos conmigo y alguna experiencia muy extraña estando despierta. Por supuesto que yo no había hablado de ello con nadie y tampoco lo comenté en aquel momento. Me limité a sentirme halagado y a notar lo peculiar de la experiencia. En realidad había sido yo el iniciador de la misma y el culpable. Aquella indiscreción de la amiga solo me confirmaba que semejantes experiencias pueden ser compartidas. 

       -¿Quiere decir que tal vez mi esposa recuerda esas experiencias? Le aseguro que tenemos absoluta confianza y nunca me ha dicho nada. Lo habría hecho de recordarlo. Se lo aseguro. 

        El loco me miró con resentimiento. Mi obsesión en llevar un tema para él puramente abstracto al terreno más personal le estaba poniendo en el disparadero. Yo era consciente de ello y decidí forzar la situación al máximo, esperando al menos lograr el mayor número de detalles posible. 

 -Podemos compartir sueños y sin embargo cada uno de los que lo han compartido tomar decisiones distintas. Mientras uno decide recordarlo en su totalidad otro lo bloquea de forma absoluta y no recuerda nada y un tercero puede recordar una escena manipulada. Eso no significa nada. También bloqueamos recuerdos molestos. De otra forma los psicoanalistas no podrían ganarse la vida. 

-Lo siento, pero por muy bien que lo pase de esa forma nunca aceptaré cambiar una experiencia física por otra mental. 

       -Le aseguro que en sueños la experiencia puede ser infinitamente más satisfactoria. En estado de vigilia solo alcanzando altos niveles de relajación y visualización es posible lograr orgasmos que nada tienen que envidiar a los físicos. 

          -No va a convencerme. El contacto piel con piel nada tiene que ver con la estimulación imaginativa. 

-No siempre, claro. Ya le he dicho que experiencias de calidad son complicadas y muy difíciles de alcanzar. Pero incluso las menos intensas resultan agradables. Se puede tener una vida sexual bastante satisfactoria solo utilizando técnicas tántricas. No voy a decirle que no eche de menos el contacto físico, la sexualidad piel con piel y cuerpo con cuerpo, pero si no se tiene otra cosa la experiencia resulta muy agradable. Tan solo falta la comunicación, la charla, la realidad sólida que uno puede palpar, el resto es igual.  

-¿Y eso no le crea problemas con las mujeres de su entorno? 

-¿Por qué cree que a veces salgo huyendo al ver a determinadas mujeres por la calle? Uno puede sufrir fobias y manías, pero no es idiota. Cuando he tenido una experiencia tántrica de gran intensidad con una de estas mujeres me siento como si realmente hubiéramos hecho el amor.  Usted imaginará lo difícil que debe ser comportarse con naturalidad con una amante en presencia de otras personas. Aunque usted nunca le haya sido infiel a su esposa puede hacerse una idea de cómo se sentiría si tuviera que hablar con su amante en presencia de su esposa. A mí me ocurre lo mismo, solo que ellas no saben nada o si han tenido algún sueño o experiencia de esa clase nunca imaginan que yo sepa algo. Así tengo que hablar con ellas en presencia de sus esposos o de otras personas. Las veo por la calle y recuerdo cómo me sentí cuando estaban desnudas en mis brazos. Solo una experiencia de una intensidad tan objetiva como la real puede hacer que uno se comporte de esa manera. 

 -¿Por eso huye de mi esposa? Ella me ha insistido en que le convenza para que venga algún día a comer o a cenar. Aunque no se lo crea para ella sus miradas no son algo tan terrible como usted piensa. No le ha dado gran importancia. Por supuesto que le ha perdonado y le encantaría ser su amigo. Claro que si ha tenido alguna experiencia tántrica con ella y se empalma cada vez que la ve, comprendo su reticencia a relacionarse con ella. 

 Mano de santo para terminar la conversación. El loco volvió a mirarme la bragueta. Yo a mi vez no pude menos de volver a imaginarlo sobre la almohada, montando como un jinete experto y taladrando la tela hasta llegar a las espumillas de su interior. Me doblé en dos a causa de la risa.  Esta vez el loco no pudo controlarse y me instó de malas maneras a abandonar su domicilio.

            Mientras me acompañaba por el pasillo logró controlarse lo suficiente para pedirme disculpas y achacar al sueño y a la borrachera su actitud.  Comprobé que llevaba la grabadora encima, que había permanecido enchufada todo el rato, sin olvidarme de cambiar la cinta cada periodo de tiempo preestablecido por su duración. Comprobé que llevaba la cazadora y la libreta de notas y la estilográfica y que no me dejaba nada en un domicilio que tal vez no volviera a pisar.

 El loco se despidió en la puerta con un simple buenas noches. Antes de que llegara el ascensor pude oír cómo cerraba la puerta con brusquedad. Una vez en el interior y bajando no pude aguantar más y solté el trapo. Por un instante creí que me llegaba el pensamiento del loco, que estaba oyendo mis carcajadas, fueron tan solo unos segundos, pero resultaron más terroríficos que la presencia de un asesino en serie con un cuchillo de carnicero en su mano. Eso me curó de la risa… solo de momento.

 





LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIII

28 05 2017

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XIII

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EL TONAL Y EL NAGUAL III

Como ya hemos visto en capítulos anteriores, el concepto de tonal y nagual es básico en la filosofía chamánica de Castaneda, según don Juan todo el camino del guerrero consiste, de forma esquematizada, en que El Nagual abra desde fuera el huevo luminoso que somos todos para que así el guerrero aprendiz entre en contacto con el nagual, con la segunda y tercera atención, y luego el huevo luminoso se vuelve a cerrar, pero para entonces el guerrero ya ha alcanzado la totalidad de sí mismo. Esto recuerda un poco a la apertura del tercer ojo del budismo. La kundalini o serpiente enroscada es despertada en el chakra raíz y va ascendiendo, abriendo todos los chakras en su camino, hasta ascender al entrecejo, allí se abre el tercer ojo y el neófito se pone en contacto con el mundo invisible, es decir con el nagual.

Digamos que el diseño de lo que somos energéticamente puede parecer muy diferente si tomamos la perspectiva budista o la chamánica, pero en realidad no lo es tanto, cómo está colocada y cómo funciona la energía depende mucho de la perspectiva espacio-temporal, que como sabemos en el budismo es un engaño, el velo de Maya, y como sabemos en el chamanismo es una descripción del mundo basada en el anclaje del punto de encaje, pero que varía según se mueve este punto de encaje a lo largo de esa línea horizontal que está más o menos a mitad del huevo luminoso hacia abajo.  Los conceptos de arriba o abajo, izquierda o derecha, son conceptos espaciales, lo mismo que ayer, hoy o mañana son conceptos temporales que pueden funcionar en la dimensión espacio-tiempo y pueden ayudar a nuestra mente lógica a hacerse una idea, una representación de una intuición, pero no deja de ser pura interpretación, no pura realidad.

Que el huevo luminoso se abra por el ombligo o por el entrecejo, no deja de ser un matiz sin demasiada importancia, lo realmente importante es que el huevo luminoso se ha abierto y que el ocupante, o cuerpo luminoso o cuerpo causal, prisioneros en esa cárcel de fibras de luz que es nuestro cuerpo físico, ya pueden ver el exterior. Un exterior sorprendente, inimaginable, muy, pero que muy diferente a lo que es el mundo físico. Los ojos de la carne perciben distancias entre objetos, dimensiones, alto, ancho, etc. El tacto nos da una visión sólida de la realidad, la pared, impenetrable, un pan que puede ser cortado, una uva que puede ser estrujada… La realidad, tal como la percibimos en el mundo físico, tampoco es tan aplastantemente sencilla, hay muchos matices en los que habitualmente no pensamos. Podemos movernos en el aire, pero no podemos atravesar muros u objetos muy sólidos; podemos ejercer un aplastante poder sobre ciertas realidades, como aplastar una uva, pero no podemos destruir realidades más sólidas y compactas, si no es haciendo una terrible fuerza sobre ella y ayudándonos de instrumentos que nuestra mente diseña. Digamos que la realidad es un completísimo arcoíris que va desde lo más sólido a lo menos, pasando por todas las texturas, pasando por todas las formas. En el conocimiento esotérico, rosacruz, por ejemplo, todo esto depende de la vibración, es decir que la realidad sería una especie de magma compacto, un océano infinito, en el que cada cosa vibraría en una vibración diferente, las cosas se parecen entre sí de acuerdo a la escasa horquilla vibratoria que hay entre ellas, hay cosas que se diferencian mucho entre sí porque la horquilla vibratoria es muy amplia. Los cuerpos físicos de humanos y animales se parecen mucho entre sí porque su vibración es muy parecida. Su solidez y textura, su forma, son casi clavadas. Pero una pared es muy diferente de un cuerpo físico, las vibraciones de sus partículas son claramente diferentes y eso hace que la conexión entre ellas también lo sea. Podemos tocar un cuerpo físico y percibir que a pesar de su aparente solidez es fácilmente penetrable y fragmentable, no así  la pared que requiere un golpeteo de un martillo poderoso empuñado por una mano muy firme. Las vibraciones no son como una película más o menos clara, o una imagen con más o menos píxeles, las vibraciones hacen que las partículas se vinculen entre sí de una u otra forma, y esto les da solidez y les da todas las cualidades que tienen las cosas. Todo esto, descrito someramente, nos da una idea muy concreta de la realidad en el mundo físico, o dicho en terminología chamánica, de la isla del tonal. ¿Pero cómo es el nagual?

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Don Juan se lo describe como todo lo que rodea a la isla del tonal, es decir, como si el mundo físico fuera una islita, no precisamente diminuta, es casi infinita, pero muy finita y muy pequeñita si la comparamos con la infinitud del nagual, el mundo invisible que rodea a la realidad física. El aprendiz de guerrero tiene la consciencia centrada en la realidad física, en la primera atención, pero debe aprender a percibir el nagual, es decir la segunda y tercera atención. Para ello se someterá a un largo y tormentoso aprendizaje, a veces terrible, a menudo infernal. Vamos pues a ver cómo es ese aprendizaje y al mismo tiempo iremos viendo los conceptos referidos al nagual, intentando hacernos una idea de cómo es.

“Al comienzo  uno tiene que hablarle al tonal. El tonal es el que debe ceder el control. Pero hay que hacerlo que lo ceda con alegría. Por ejemplo, tu tonal ha cedido algunos controles sin mucho forcejeo, porque se hizo claro que de seguir como estaba la totalidad de ti estaría muerta hoy en día. En otras palabras, se hace que el tonal abandone cosas innecesarias como el sentirse importante y el entregarse al vicio, las cuales solo lo hunden en el aburrimiento. Todo el problema es que el tonal se aferre a esas cosas, cuando debería darlas gracias por librarse de esa porquería. La tarea es entonces convencer al tonal de que se haga libre y fluido. Eso es lo que un brujo necesita antes que cualquier cosa: un tonal fuerte y libre. Mientras más se fortalece menos se aferra a sus hechos y más fácil resulta encogerlo”.

Carlos Castaneda, creo que del libro El fuego interno, no lo tengo bien anotado.

Bien, un principio básico para abrirse al nagual, es que el tonal se encoja. Para ello hay que limpiar la isla del tonal, una técnica que don Juan describe así:

“Hay que barrer la isla del tonal y mantenerla limpia. Es la única alternativa que tiene el guerrero.  Una isla limpia no ofrece resistencia, es como si allí no hubiera nada.”

Carlos Castaneda. Relatos de poder.

“La explicación de los brujos decía que la isla del tonal estaba completa y que ni un solo elemento podía quitarse de ella. El cambio no significaba eliminar nada, sino más bien alterar el uso asignado a esos elementos”.

El benefactor, que abre el huevo luminoso, y el maestro, que enseña desde el tonal trabajan al unísono, cada uno en su terreno, pero debe ser el maestro quien vaya poniendo orden en el tonal, preparándolo para que se encoja y así pueda hacer sitio al nagual que llega como un ciclón y se apodera de la consciencia. Don Juan se dedicó a esta tarea con Castaneda, al tiempo que cuando se consideraba oportuno por el benefactor, don Genero, éste aparecía, dando sustos y sobresaltos, haciendo que el tonal se encogiera y Castaneda pudiera acceder al nagual.

El concepto de barrer y limpiar la isla del tonal tiene algunas pequeñas diferencias con el concepto budista de vacío. No se trata de vaciar la isla del tonal, es decir de quitar todo lo que hay en ella, de echar fuera todo lo que hay en la metafórica casa del tonal, dejando solo cuatro paredes con un interior vacío. Como hemos visto en la última cita, la isla del tonal está completa y no puede quitarse de ella ni un solo elemento. No podemos negar la realidad física, no podemos abrir una ventana en las cuatro paredes que separan la isla del tonal del nagual, y arrojar al vacío-nagual todo lo que hay en la isla, en el interior de la casa. La realidad física es la que es, en ella hay lo que hay y está completa, no le falta ni le sobra nada, no podemos ir por ahí con una metafórica pistola laser, pulverizando todo lo que encontremos.  No se trata de destruir el tonal, es decir, no se trata de matar el cuerpo físico, acabar con él, para alcanzar el nagual. Por eso el suicida es el peor de todos los aprendices de guerrero posible, porque intenta acceder al nagual destruyendo su tonal. Este no debe ser destruido, sino “limpiado”, un concepto chamánico muy creativo y plástico. No se trata de tirar los muebles por la ventana, sino de “limpiarlos”. Y esto implica, como hemos visto, colocarlos de otra manera, es decir “alterar el uso asignado a estos elementos”. Para preparar el encuentro con el nagual hay que cambiar las cosas de sitio en la casa-tonal, no tirarlas por la ventana. Debemos asignar nuevos usos a todo lo que tenemos, desde los sentidos físicos hasta el razonamiento, la percepción de nuestro entorno debe cambiar. Eso es limpiar la isla del tonal y todo el duro aprendizaje de Castaneda con Don Juan está encaminado a esta meta, como le descubre éste último a “Carlitos” en la recapitulación que hace al final de “Relatos de poder”.

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En el budismo hacemos un vacío porque todo lo que hay a nuestro alrededor es mentira, es el velo de Maya que nos manipula y nos hace creer lo que no es verdad. El neófito busca el desapego, que nada le afecte. Este es un concepto chamánico también. Un guerrero debe alcanzar el desapego, pero mientras en el budismo se hace el vacío, en el chamanismo se “limpia” la isla del tonal. Pueden parecer conceptos muy diferentes, pero en realidad no lo son tanto. Mientras el guerrero acepta lo que hay en su casa, solo que lo cambia de sitio, el neófito budista hace desaparecer todo como un mago que escondiera en el sombrero todo lo que hay a su alrededor, pero en realidad no lo está haciendo, no hace que la sólida realidad desaparezca, sino que se sugestiona para creerlo y sugestiona a los demás, hasta el punto de que todos ven desaparecer el entorno dentro del sombrero.  Se puede decir que con un toque de magia, hemos cambiado las cosas de sitio, antes estaban frente a nosotros y ahora están escondidas dentro de un sombrero, pero no han desaparecido. Nada se crea, nada se destruye, solo se transforma, la materia en energía y la energía en materia. En realidad poco importa dónde estén las cosas, si cambiadas de sitio o desaparecidas dentro de un sombrero, porque esa no es la meta, solo es una técnica, un paso en el camino, porque lo que realmente se busca es encoger el tonal para que el nagual entre y nos apabulle, nos deslome con su infinitud.  El guerrero es poseído por al nagual y el neófito es absorbido en el nirvana o samadhi.  El océano exterior, invisible, que rodea la isla del nagual, rompe las barreras que la isla del tonal había puesto para que el mundo invisible no fuera visible para nosotros y todo entra a la vez, de pronto, el infinito en un cántaro, el océano en el hoyo que ha cavado el niño en la arena,  como diría San Agustín. Un guerrero debe estar preparado tras un duro aprendizaje para saber manejarse con el nagual o podría morir, como bien le remarca don Juan a Castaneda.

“Un susto repentino siempre encoge al tonal. El problema es aquí no dejar que el tonal se encoja más de la cuenta. Un grave asunto para un guerrero es saber cuándo precisamente dejar que el tonal se encoja y cuándo detenerlo.  Eso sí que es un arte. El guerrero debe luchar como un demonio para encoger su tonal; pero en el mismo momento en que su tonal se encoge, el guerrero debe voltear al revés la lucha, inmediatamente, para no dejarlo encogerse más”.

Todos sabemos de esos sustos repentinos que recibimos en la vida, nos diagnostican una enfermedad grave, un familiar se pone gravemente enfermo, de pronto un día nos echan del trabajo y nuestra situación económica se hace angustiosa, o puede que se encadenen una serie de acontecimientos nefastos, que por separado no nos afectarían demasiado, pero que juntos nos hacen pensar en que somos unas marionetas a merced del viento de la suerte o del capricho de fuerzas poderosas, de pronto la rutina cotidiana que muchas veces consideramos aburrida e indeseable, salta en pedazos y echamos de menos esa seguridad del día a día, cuando no pasa nada, solo las mismas cosas, cuando podemos tener la seguridad de que haciendo lo que hacemos siempre es harto improbable que ocurra ninguna desgracia. El tonal se encoge y nos invade el nagual, acaparándolo todo. De pronto nos vemos pensando que la vida es una mierda, que todo es frágil y fugaz, que lo que sentíamos era para siempre puede desaparecer en un suspiro, lo que dábamos por hecho, la buena salud, un trabajo, una situación económica y social, salta en mil pedazos. Fallece un ser querido, ya nunca volverá, ya nada será como era antes, hay un vacío infinito. El nagual toma las riendas, nos hace ver lo que siempre debimos ver, pero que nos lo ocultábamos entregándonos al vicio, como le dice don Juan a Castaneda, es decir, entregándonos a esa rutina que nos protege de lo imprevisto, del desamparo. El nagual avanza y lo arrasa todo, entonces sabemos que la vida es un sin sentido, cuando creíamos que todo estaba claro y transparente, es un milagro, cuando antes lo veíamos como la cosa más natural del mundo, es un dolor perpetuo por la pérdida de todo lo que creíamos poseer para siempre.

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Si dejamos que el tonal siga encogiéndose y que el nagual siga arrasando nos podemos encontrar, sin darnos cuenta, en una depresión profunda y desesperada, deseando la muerte, aquejados de un estado de ánimo que nos puede llevar al fin. Por eso don Juan aconseja voltear la lucha, ahora hay que intentar que el tonal recupere su sitio y que el nagual vaya retrocediendo, nos va en ello la vida. Hay que cerrar esa puerta y recuperar la isla del tonal, donde las cosas han podido cambiar radicalmente, el orden que tenían antes ya no es posible recuperarlo ahora, pero al menos estamos en nuestra islita, donde siempre hemos estado o creído estar, la que conocemos o creemos conocer tan bien. Esta lucha puede llegar a ser verdaderamente infernal, como lo saben los que han perdido a un ser querido y han tenido que luchar meses y meses con el luto, intentando recuperar el sentido de la vida sin conseguirlo. Es como si alguna entidad malévola hubiera hendido el túnel del tiempo con su espada flamígera, nos encontramos con una sima donde antes existía continuidad, la vida se divide en un antes del fallecimiento del ser querido y el después. No podemos imaginarnos cómo antes éramos tan inconscientes y tampoco podemos imaginarnos cómo podremos regresar a aquel estado de inconsciencia que nos permitía vivir. Hay que volver a cerrar la puerta, hay que regresar al tonal y olvidarnos de los devastadores efectos del nagual. Un guerrero se pasa la vida en ese precario equilibrio, su maestría consiste en saber cuándo encoger el tonal, para que entre el nagual y le permita el contacto con la otra cara del universo, y cuándo debe cerrar la puerta y refugiarse en la isla del tonal, huyendo de los devastadores efectos que genera siempre el nagual en el guerrero.

Aún nos queda mucho por analizar de estos conceptos, básicos en la filosofía chamánica. Lo iremos haciendo sin prisa y sin pausa, conscientes de que por muy duro que sea abandonar nuestros vicios, la rutina que nos acoge, un guerrero debe hacerlo porque antes o después se enfrentará con el nagual si quiere ser un auténtico guerrero y no un miembro más del rebaño de los vinculados por ese anclaje del punto de encaje en un lugar concreto, que nos permite una descripción de la vida aparentemente apacible, pero engañosa y trapacera, que puede saltar por los aires al menor golpe que recibamos.





DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XLIX

24 05 2017

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XLIX

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MI PRIMER CUMPLEAÑOS EN SORIA

Ha sido tan triste como era de esperar, ni más, ni menos. Antes felicité a Sara por su cumpleaños, unos días antes, y ella me felicitó luego a mí. Fue un alivio, porque el miedo no hay quien te lo quite. Cuando alguien ha dejado de estar en tu primer círculo y estás intentando que regrese a él, todas las certezas que tenías antes desaparecen y las dudas dan siempre lugar a la angustia. También me felicitó D. Fueron las únicas felicitaciones, no esperaba más. Me regalé un libro digital, uno de los últimos de la serie Skarpeta de Patricia Cornwell, que me faltaba. Me compensé con una buena comida y un buen vino, café, helado y un J.B. con hielo, todo encaminado a dormir una siesta larga y demoledora para que el día terminara antes.

Fue un cumpleaños triste porque la soledad siempre es triste, pero procuro compensar la tristeza con unos pequeños placeres que equilibren el platillo del placer en la balanza del placer y el displacer de Freud. Es una estrategia que da muy buen resultado, aunque sea pobre, aunque sepa a muy poco. Cada disgusto o tristeza o hecho dramático debe ser compensado con un “auto-premio”, aunque esté lejos de compensar o igualar los acontecimientos negativos. Sé muy poco de Sara, me hubiera gustado recibir un correo, aunque no fuera muy largo. Nuestra relación va lenta, muy lenta para mi gusto, a este paso nunca recuperaremos la relación del pasado, aunque no dejo de preguntarme si en realidad aquella relación fue mejor que ésta; aún dentro del entorno familiar y de que estuviera encuadrada en un primer círculo mi condición de enfermo mental difumina y pone en solfa cualquier relación, incluso las más íntimas. La entiendo muy bien, entiendo muchas cosas, puedo ponerme en su piel y alcanzar el máximo de empatía que le es permitido a un sujeto, a un “yo”, pero aún así eso no puede evitar la tristeza de lo perdido.

Tengo sesenta y un años, pero me siento como si tuviera ochenta o noventa, la salud no es buena, el ánimo está aún peor, nada me ilusiona, nada espero, nada anhelo, todo me es indiferente, y no con el desapego del guerrero impecable, que eso sería fantástico, sino con la inútil y aburrida desesperación de quien está en el fondo del abismo, lo sabe y no le preocupa ni hace nada por trepar las paredes. Debería hacer una pequeña recapitulación, como acostumbro cada cumpleaños, pero no puedo, me han ocurrido demasiadas cosas malas.

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LAS DESFAVORABLES FUERZAS PODEROSAS

Sí, en efecto, las fuerzas poderosas no me han sido precisamente favorables en estos últimos meses, pero no puedo hablar de ello, la intensidad emocional es demasiado fuerte para que pueda hacer un relato detallado, una recapitulación profunda, sin ahorrar la menor emoción, sentimiento o dolor. He visto todo lo sucedido con una metáfora terrible que sin embargo me parece graciosa, porque a pesar de todo sigo sin perder el sentido del humor. Es como si las fuerzas poderosas hubieran atropado todos los cartuchos de dinamita puestos en mi camino por ellas, para hacerme pagar mis muchos pecados y aprender las muchas lecciones que aún me quedan por aprender, y me los hubieran colocado bajo el trasero para que estallaran a la vez, no uno detrás de otro, con un pequeño espacio temporal, no para recuperarme, porque es imposible, pero al menos para hacer una respiración profunda y afrontar la siguiente explosión. Han explotado todos a la vez, sincronizados, aumentando uno con otro sus terroríficos efectos individuales. No, no hablaré de ello, tal vez más adelante.

Es curioso que en momentos como estos, todos, no solo los creyentes en Dios o en la espiritualidad, o en el más allá, o en las fuerzas poderosas, hagamos una especie de inventario para saber si nos están cobrando porque debemos mucho o anda por aquí un avaro de tres al cuarto que pretende cobrar antes de dar el préstamo o incluso se lo pretende cobrar en la libra de carne de la pieza de Shakespeare antes incluso de que la primera moneda llegue a nuestra temblorosa mano. Todos hacemos cuentas, he sido bueno, he hecho esto, lo otro, lo demás allá, tengo tantos créditos por mis buenas acciones, ahora merecería una recompensa, un karma positivo, algo, por poco que sea, pero algo positivo. He observado, a lo largo de mi vida, que también los que se confiesan ateos, agnósticos, incrédulos, materialistas, cientifistas, que solo creen en la aleatoriedad de una suerte que a veces escapa de las estadísticas, de las leyes físicas, hacen cuentas cuando les llega una mala racha. Bueno, piensan, es cierto que las cosas me iban aceptablemente, era una buena racha, pero esta mala racha que estoy pasando ahora no encaja, es como si el péndulo no regresara justo a un punto equidistante de donde estuvo, en el otro lado, empujado por una fuerza física de tantos kilopondios, o lo que sea, que suspendí la física en el bachillerato, al menos una vez. De alguna manera, incrédulos y creyentes, materialistas y espiritualistas, damos por supuesta la ley cósmica que dice que toda buena acción tiene su recompensa, que toda mala acción tiene su castigo, que toda acción neutra debería tener efectos neutros. Los espiritualistas pensamos que hemos acumulado suficiente buen karma para que si no recibimos recompensas, al menos en este momento, tampoco tengamos por qué recibir castigos.

Me cuesta pensar como un guerrero impecable, que no tiene metas, o más bien solo tiene una meta: la libertad. Un guerrero impecable no quiere nada y todo lo que le sucede no se lo toma como un premio o castigo, solo como un desafío. Un guerrero impecable tiene estrategias, pero solo en el hacer de la vida corriente y solo para no depender en nada de los demás. Un guerrero impecable sabe que a veces las fuerzas poderosas son desfavorables, lo mismo que otras son favorables, no sabe por qué, tampoco se lo pregunta. Es parte del misterio de la vida. Me he sentido muy mal regresando a los viejos tiempos, cuando podía pensar, con la mayor naturalidad del mundo, en que después de todo siempre nos queda la muerte. Me basta con ir a un psiquiatra, contarle mi historia clínica, decirle que estoy mal y necesito volver a la medicación, me dará algún tipo de medicación, antidepresivos, antipsicóticos o cualquier otra que se estile ahora, me haré con los frasquitos correspondientes en la farmacia, llegaré a casa, cogeré la botella de Pacharán y me iré tomando pastilla tras pastilla en la cama, ayudado por traguitos de un licor dulce y suave que me gusta mucho. Entraré en el consabido coma y me iré sin que nadie se entere. Lo que ocurra después ya no es cosa mía, me importa un bledo. Ni siquiera he podido recordar con claridad lo que me ocurrió cuando hice algo parecido en Alcalá de Henares, allá por el año 1979. Sí he tenido la sensación de que no todo fue tan fácil, de que mientras las pastillas hacían y no hacían su efecto el malestar físico y la angustia psíquica fueron realmente terribles. No, no pude recordar, nunca aprendemos las lecciones. La gran ilusión del suicida es una muerte dulce, sin sufrimiento, ni físico, ni psíquico, pero es un gran engaño, no puedes luchar contra el más poderoso instinto de supervivencia, enraizado en lo profundo de nuestra naturaleza, sin pagar un altísimo precio. Recordé la meditación de la estación de trenes que inventé para el cursillo de yoga mental. No puedes ponerte en la vía para detenerlo, te aplasta y te machaca, solo puedes convertirte en espectador, sentado en el banco del andén. El tren llega, lo ves llegar, no te inmutas, puede parar, largo, muy largo tiempo, ves bajar a los viajeros, ves todo lo que tienes que ver, cómo la mano llena de pastillas sube hasta la boca, cómo subes la botella de pacharán y echas un largo trago para que las pildoritas se deslicen por tu conducto digestivo hasta el estómago; ves cómo sin la menor duda ni angustia repites el proceso y cómo los efectos te van nublando la mente, el sueño se va apoderando de ti, pronto estarás profundamente dormido, en coma, antes de que todo acabe te puedes regodear en un futuro que tú ya no vivirás ni contemplarás. ¿Quién descubrirá tu cuerpo putrefacto, cuándo, cuánto tiempo tardarán en hacerlo, qué pensarán, saldrás en los medios y durante cuánto tiempo?

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Puedes vivirlo con todo detalle, sufriendo todo lo que haya que sufrir, pero sabes que nada de esto está ocurriendo, eres un espectador sentado en un banco, mirando el tren que se ha detenido frente a ti, en algún momento, aunque tarde horas, días, meses, en algún momento arrancará de nuevo y se irá. Cuando termines la meditación descubrirás que nada de esto ha ocurrido realmente, ha sido un engaño de tu mente. Los trenes-ideas-sentimientos-emociones-fantasías, van y vienen, no se pueden controlar, no los puedes detener, no puedes arrojarte a las vías gritando “soy un valiente, nada puede conmigo, yo puedo con todo”, porque sabes que no es cierto, ni eres valiente ni tienes poder suficiente para detener un tren con toda la potencia de sus motores, con toda su masa y envergadura. No puedes controlar tu mente, ni detenerla, ni conseguir el anhelado vacío, pero sí puedes permanecer como espectador, sin mover un dedo, hasta que el tren se vaya. Sí, puede que todo sea tan real como si hubiera ocurrido realmente, porque la mente tiene este poder terrible y fantástico, pero lo que no puede hacer la mente es transformar lo mental en real, para eso se necesita la voluntad, el impulso, el intento chamánico, la acción. Has pensado en… pero no has movido un dedo, lo has vivido como real, pero no era real, la imaginación no se transformó en acto porque no fuiste a un psiquiatra de Soria, no le contaste tu patética historia, no te acercaste a una farmacia, no compraste varias botellas de pacharán en el supermercado, no te encerraste en tu habitación, dejando fuera a los gatitos y repetiste el proceso que ya realizaste una vez en tu juventud. No pudiste detener a tu mente, controlarla, no paraste el tren como si fueras un supermán, pero te mantuviste firme, ni un paso, ni un movimiento de un dedo, ni un pestañeo. El tren arrancó por fin y se fue, vinieron otros, distintos, y todo regresó a la normalidad.

Luego, reflexionando, me dije que esto era natural, ningún enfermo mental supera del todo su enfermedad, siempre regresamos a las viejas conductas patológicas, a las viejas manías obsesivo-compulsivas, siempre nos volvemos a montar en el tiovivo infernal de siempre, pero no pude evitar un estremecimiento, recordé viejos tiempos y me dije que es tan fácil caer al abismo que nos resulta complicado imaginar que trepar luego por las paredes del abismo, desde el suelo, pudiera ser tan fácil como caer. No lo es, subir al Everest sin oxígeno es infinitamente más sencillo que trepar por las paredes del abismo de la desesperación. Me sentí mal y muy preocupado. ¿Qué me sucede? Pero fue aún peor llegar a sentir que mi camino del guerrero era una simple añagaza para fugarme de la realidad, creyendo que ya soy incombustible, invencible, que nada puede contra mí. Aunque el sentimiento solo durara unas horas, fue lo más espantoso que me ha ocurrido desde hace bastantes años. De pronto me encontré sin nada, ni siquiera poseía ya la filosofía del guerrero. Fueron momentos infernales. Pero al final todo pasó.

Recordé a mi amiga…enferma mental y compañera en este camino hacia ninguna parte. Ella siempre lleva en su bolso una jeringa e insulina, para inyectarse cuando quiera morir. Nunca le he pedido ver ese instrumento diabólico. En dos ocasiones en estas últimas semanas me ha dicho por teléfono que no aguantaba más y que iba a suicidarse, se iba a inyectar la insulina. Ni siquiera me he preocupado de mirar si es posible hacerlo inyectándose insulina, en qué cantidad, de qué manera, y con qué efectos. No, no insistas, no me convencerás. No, querida, yo no voy a convencerte de nada, un guerrero impecable no intenta cambiar a nadie porque no se puede cambiar a nadie. Tuve que utilizar de nuevo esa estrategia o terapia ante los posibles intentos de suicidio, intentando no reírme, pensando que yo podría estar muerto y no habría llamado antes a nadie para decirle que me iba a suicidar. Es buena señal que te digan que van a intentar el suicidio, si lo dicen existen grandes posibilidades de que no lo hagan, pero eso no siempre es así, nunca sabes cuándo vas a perder el control y en un momento de fuga total, delirio, desesperación, hagas algo que nadie imaginó que pudieras hacer.  Querida, eres libre y yo respeto tu libertad, la mayor muestra de afecto que puede darte alguien es respetar tu libertad, pero antes podríamos vernos, podríamos hablar, podríamos… No, no me vas a convencer. Vale, ni lo voy a intentar. Eres dueña de tu cuerpo, de tu mente, de tu vida, eres libre, puedes hacer lo que quieras, pero piensa en lo que ocurriría si no lo consiguieras y quedaras en coma durante meses, años, en lo que ocurriría si quedaras parapléjica, tetrapléjica, teniendo que aguantar el resto de tu vida cómo tu mente te lleva a donde no quieres ir sin poder hacer nada, cómo dependerás de quienes no te quieren, de quienes te odian, de quienes desean verte muerta, cómo tendrás que soportar humillaciones sin cuento. No, es una muerte segura y dulce y luego descansaré para siempre. Eso es lo que tú crees, nada es seguro en esta vida y respecto al más allá no creo que sea el descanso que tú piensas. Solo tienes que leerte el libro tibetano de los muertos. Si después de la muerte nos vamos a encontrar con eso, especialmente en las muertes violentas, mejor seguir como estamos. Madrecita, déjame seguir como estoy.

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Volvió a suceder, otro acontecimiento de esos que nos desarman a los enfermos mentales. Me voy a inyectar, no intentes convencerme, esta vez sí, te mandaré un mensaje cuando me la haya puesto. Querida, si haces eso yo llamaré al 112, no puedes pensar que yo voy a actuar como si te odiara, lo haría por cualquiera, por un desconocido, por mi peor enemigo. Querida, pareces no darte cuenta de que tú no eres el centro del universo, de que no existe nadie sino tú, de que nadie sufre sino tú. ¿No has pensado en cómo puede sentirse alguien, aunque sea un desconocido, cuando se entere de que te han encontrado muerta? ¿Crees que todos somos pedruscos sin corazón? Eres libre, no voy a encadenarte para que no te suicides, pero si me dices que te la has puesto yo llamaré al 112, vive Dios que lo haré. ¿Pero no me habías dicho que respetarías mi libertad? Respetar la libertad no es quedarse de brazos cruzados, sin hacer nada, cuando alguien se está muriendo, no soy médico, no he realizado el juramento hipocrático, pero solo las bestias inhumanas pueden actuar así. Entonces no te diré nada. Como lo veas, eres libre, pero te digo que la vida merece la pena, que no hay nada por lo que merezca la pena morir, salvo si te intercambias por un ser querido. Y además piensa que no hay método seguro e indoloro, todo son patrañas. Y además piensa que el dulce descanso del más allá puede ser en realidad el terrible infierno del estado intermedio tibetano. Para sufrir puedes hacerlo aquí, que sabes lo que hay y que el dolor no será tan intenso ni tan largo como en una dimensión donde no existe el tiempo.

Ella sigue viva, yo sigo vivo, todos seguimos vivos, pero ¿por cuánto tiempo? Por si fuera poco también…quiere suicidarse. Cogeré el coche, lo pondré a toda velocidad por la autovía, daré un volantazo y zás, ya estoy muerto. Que no, que no, que puedes quedarte parapléjico, tetrapléjico, puede incluso que el coche de unas cuantas volteretas y mates a personas inocentes que no querían morir. Que no, leche, es una estupidez. No me convencerás.  Te juro que si lo haces y matas a alguien y te matas tú yo mismo iré al más allá para darte una somanta de “ostias”. Y si te quedas parapléjico o tetrapléjico no pienses que voy a ir a verte para bailarte el agua, no cuentes conmigo, yo no voy a consolar a cobardes. No lo hizo, hoy le dan el alta tras unos días de internamiento.

Ella sigue viva, él sigue vivo, yo sigo vivo, todos seguimos vivos, pero ¿Por cuánto tiempo? Ayer, después de subir a Internet un primer episodio de Luciferino, un imitador divino, puse el telediario mientras comía y me enteré del terrible atentado en Mánchester. No lo supe hasta entonces, la noche anterior estuve viendo el estreno de la nueva temporada de Twin Peaks, mi serie favorita, disfrutando con David Lynch. Me levanté tarde, hice las cosas habituales, y me dije que debería ponerme con mis personajes humorísticos. De pronto me entero de que han muerto personas que no querían morir, niños, niñas, adolescentes, jóvenes, en la plenitud de la vida, mientras disfrutaban de un concierto. Hay algo que sigo sin entender, que forma parte del misterio de la vida. ¿Qué les costaría a las fuerzas poderosas juntarnos a todos los suicidas en un concierto, un estadio, una plaza, un avión, lo que fuera, y hacer que la bestia terrorista que corresponda nos haga volar en pedazos?  Nosotros queremos morir, nuestras vidas no valen nada, no sirven para nada, las despreciamos, nos sentiríamos muy felices de terminar con todo esto, con tanto sufrimiento, con años de desesperación, ¿entonces por qué las fuerzas poderosas no nos usan a nosotros en lugar de permitir que se lleven por delante a niños, adolescentes, jóvenes?  ¿No sería mejor que en lugar de dejarnos elucubrar sobre la forma más dulce y rápida de morir las fuerzas poderosas, con su inmenso poder, su estrategia, su dominio de las leyes físicas, las fuerzas naturales y artificiales, nos juntaran a todos los suicidas del planeta y nos hicieran morir en lugar de tantas vidas jóvenes segadas por bestias sin entrañas? Nosotros conseguiríamos lo que llevamos pretendiendo toda la vida y además nuestras muertes tendrían sentido, puesto que las intercambiaríamos por otras vidas jóvenes que siempre quisieron vivir y disfrutar de la vida. ¿Y si a todos los enfermos mentales del planeta, suicidas en potencia, se nos ocurriera ofrecernos para intercambiarnos por ellos? ¿Vas a matar a veintitrés personas, el día tal, en tal lugar? Pues nada, mira, te ahorramos el trabajo, nosotros vamos a estar el día tal, en tal lugar, ve allí, pon tus malditas bombas en nuestros traseros y hazlas explotar, o si tú también quieres morir con nosotros, pues podemos celebrar una comida de hermanamiento, echamos unas risas y luego tú te vas donde quieras, nosotros te seguimos y morimos todos de una puta vez…

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Esto es una espantosa locura. Si a los enfermos mentales se nos diera esa posibilidad, seguro que la rechazábamos. En realidad no queremos morir, lo que nos sucede es parte de nuestra enfermedad, una enfermedad que nadie comprende ni quiere comprender, pero que está ahí. Pero si hay que hacerlo, se hace. ¿Con cuántas víctimas estarían satisfechos esos demonios sin entrañas? ¿Con mil, dos mil, cien mil? Creo que sobre este planeta de mierda hay suficientes enfermos mentales con deseos de suicidarse, pueden pedir incluso más voluntarios. Nada, mira qué forma tan bonita de suicidarse, además haciendo el bien, además siendo unos héroes. ¡Malditos demonios! Si vais a quedar saciados con un número concreto de víctimas, aquí nos tenéis, luego abandonad esa mierda de camino que habéis emprendido y que llamáis guerra santa, no hay nada santo en vosotros, ni en vuestros pensamientos, ni en vuestros sentimientos, ni en vuestro odio, ni en vuestra mezquindad, ni en vuestra falta de empatía, ni en esa irracional creencia de que Dios puede pediros que acabéis con la especie humana para que los pocos que queden, vosotros, seáis los únicos que cumplís sus leyes. ¿Qué leyes? ¿Puede existir un Dios semejante? Ni siquiera un demonio, un Satanás de maldad infinita podría aceptar semejantes leyes.

Todo esto es muy literario, pero si ocurriera un milagro y se celebrara una asamblea de terroristas, yihadistas y demás demonios del infierno, yo me ofrecería a intercambiar mi vida por todas las víctimas futuras. ¿No sería mejor que acabar cualquier día muerto en una cama solitaria por una depresión de mierda?  Tal vez los enfermos mentales tengamos un papel a desempeñar en el futuro apocalíptico que se avecina. Si en realidad, como parece, casi todos queremos morir y acabar con tanto sufrimiento, si no tenemos nada que perder, podríamos  ser la vanguardia del nuevo ejército antiterrorista. Sí, porque como ellos no tememos a la muerte, la deseamos, como ellos creemos que si no vamos a encontrarnos un paraíso, al menos vamos a descansar de una vez, como ellos somos tan cobardes que no se nos ha ocurrido hasta ahora la solución perfecta para terminar con el terrorismo, hacer que nos suiciden ellos a cambio de que dejen en paz a los que desean vivir en un mundo que puede que sea una mierda, pero es el que tenemos.

¿De verdad que a nadie se le había ocurrido hasta ahora que la mejor forma de suicidio para nosotros, los enfermos mentales, que andamos toda la vida buscando el suicidio perfecto, dulce y rápido, sería dejar que nos suicidaran los terroristas a cambio de que dejen en paz a los demás? Bueno, pues si no se la había ocurrido a nadie, se me acaba de ocurrir a mí. No puedo hablar en representación de mis hermanos, los enfermos mentales, pero sí en el mío propio. Aquí me tenéis, a cambio de todas las vidas que vais a segar en el futuro, podéis cortarme la cabeza y sacarme por televisión, por todos los canales, o ponerme una bomba en el trasero y hacerme estallar en el lugar que más os guste, un estadio, en un concierto, en una plaza pública. Además os ahorraréis muchos guerreros de la guerra santa, aunque si en realidad son mártires y van al paraíso puede que también os interese la oferta de juntarles a todos conmigo en el lugar que elijáis y que exploten todas sus bombas a la vez, esto va a ser una fiesta, estas van a ser las primeras fallas de una nueva humanidad. Un guerrero impecable contra miles o millones de guerreros yihadistas de la guerra santa. No hay color. ¿Por qué no aceptáis mi oferta? Sencillamente porque sois unos malditos cobardes, alguien que realmente cree en lo que cree, que está dispuesto a inmolarse por sus creencias, da la cara, como hace aquí un guerrero impecable que realmente cree en lo que cree y lo demuestra.  No tengo miedo a la muerte, no os tengo miedo a vosotros, si la humanidad perdiera el miedo a la muerte no duraríais ni el tiempo que tardáis en apretar el botón de vuestras bombas. Por desgracia la humanidad está demasiado ocupada en su hedonismo de pacotilla para darse cuenta de que todos somos mortales, todos vamos a morir, de que el tiempo es fugaz, más rápido que un ciclón, de que tampoco es tan importante morir antes o después, un día más un día menos carece de importancia. Tal vez esté llegando el momento de que por fin la humanidad despierte y reconozca lo que siempre supo, que somos mortales, que a todos nos espera la muerte, que morir hoy o mañana no tiene la menor trascendencia, pero que morir con dignidad, con el orgullo infinito de entregar la vida por tus hermanos, no es lo mismo que morir como un cobarde. Tal vez la humanidad descubra que el único camino es el de la fraternidad y el amor, porque tras de los terroristas vendrán los de las pateras y los niños que se mueren de hambre con los estómagos hinchados, y todas las víctimas de todos los desmanes que la humanidad ha cometido, comete y cometerá. El día que comprendan que todos somos mortales, que todos vamos a morir y que es mucho mejor hacerlo con dignidad espiritual que escondiéndose como cobardes para que el destino aleatorio y demoniaco de los terroristas no nos alcance, entonces vuestra vida como terroristas habrá acabado para siempre, entonces la humanidad estará preparada para abrir sus ojos a la luz. ¿Acaso no morimos todos? ¿Entonces a qué viene tanta estupidez, tanta mentira y lucha inútil para terminar en la misma tumba?

Ella quería suicidarse y está viva, él quería suicidarse y está vivo, yo quería suicidarme y estoy vivo. Pero hay personas que ya no lo están, como los vilmente asesinados el  22 M en Mánchester. Tal vez sea hora de que los enfermos mentales nos replanteemos el sentido de nuestras vidas. Si vamos a morir, que sea por nuestros hermanos, en una misión espiritual. Tal vez nuestra enfermedad tenga algún sentido, después de todo.

Y así termina un capítulo de este diario que comencé preguntándome qué había hecho mal para que las fuerzas poderosas me castigaran con una serie de extrañas coincidencias que me las han hecho pasar de a kilo estos últimos meses. ¿Qué han hecho las víctimas del 22M, todas las víctimas del terrorismo, para merecer semejante castigo? Nada, pues entonces deja de quejarte. Puede que en el próximo capítulo todo haya vuelto a la normalidad, si es que los cobardes y demoniacos terroristas no han aceptado mi reto. ¿Alguien había creído por un momento que esto era una broma macabra? No, el reto sigue siendo válido y lo seguirá hasta mi muerte.

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