LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS IX

28 07 2017

LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS IX

LEY TRES CÍRCULOS

 

LA CONVIVENCIA DE PAREJA

 

La base de la atracción que sentimos hacia el otro está en su condición de parte del Todo, como partes del Todo no podemos evitar sentir su infinita atracción y la atracción finita que sentimos hacia los demás como partículas del Todo y la atracción también infinita que sentimos hacia ellos en cuanto captamos su condición, su profunda naturaleza del Todo que está en cada parte, lo mismo que en el Todo están todas y cada una de las partes. Esta es la base de todas las leyes cósmicas que rigen el funcionamiento del universo y de todo lo que habita en él, de todo el mundo invisible, de todo lo que existe o existirá en algún momento del tiempo. El amor que mueve el sol y las estrellas que dijo Dante. Las leyes cósmicas, desde las más elementales hasta las más sutiles, las leyes espirituales, desde las más elevadas a las menos, se rigen por esta atracción básica que la parte siente hacia el Todo. El amor ha creado todo lo que existe, porque sin amor nunca pasamos de imaginar a crear. Solo cuando amamos intensamente nuestra voluntad nos impulsa a dejar de recrearnos con fantasías y buscamos la forma de hacer existir aquello que amamos, para que podamos amarlo “realmente” y para que aquello que amamos nos ame a su vez. Solo el infinito amor de Dios pudo hacernos salir de la nada para convertirnos en su fantasía y luego, en un acto de amor misterioso en algo existente. Dotarnos de existencia es la evidencia del amor de Dios.

La ley de la gravedad se basa en el interés que siente algo existente por otro existente, un planeta atrae a otro, un planeta grande atrae con más fuerza a un planeta pequeño, un sol atrae a muchos planetas, una galaxia atrae a otra galaxia. El interés se convierte en seducción y la seducción en atracción. Todo tiende a atraer a todo y cuando no puede transformarlo en su propia naturaleza lo rechaza.  El universo se rige por las leyes de la atracción, toda partícula quiere regresar a su estado primigenio formando parte del Todo. Pero cuando esto no es posible por alguna causa o se demora en demasía, la ley de la repulsión se activa. La atracción solo tiene un sentido,  que algo a lo que estamos atrayendo forme parte de nuestra naturaleza circular de partículas, atraemos al primer círculo como paso ineludible a la fusión. Cuando este camino se interrumpe caemos bajo la ley de la repulsión, expulsamos de nuestro primer círculo para que otros puedan tener su lugar y quienes forman parte espacial de ese círculo sin estar sometidos a sus leyes son expulsados para que no ocupen un lugar en vano.  Si la ley de la atracción es básica y primordial en las leyes cósmicas, la ley de la repulsión solo tiene un sentido instrumental y subordinado.  Las leyes cósmicas prioritarias son aquellas que nacen de la naturaleza esencial del Todo. Una partícula forma parte del Todo o su único camino posible es el de la aniquilación, o estamos en el Todo o estamos en la Nada, no hay término intermedio posible.  El largo camino evolutivo del ser humano, como dotado de consciencia, es darse cuenta de esta verdad y elegir y solo hay dos posibilidades, solo dos, no nos engañemos.

Así pues cuando nos sometemos a las leyes cósmicas prioritarias y básicas entramos en el camino de regreso al Todo y cuando utilizamos las leyes secundarias e instrumentales, como la repulsión, entramos en el camino hacia la disgregación y la Nada, puesto que la existencia solo es posible en el Todo y cuando nos disgregamos de él caminos hacia la Nada. Todo esto viene a cuento porque todo en el universo funciona de esta manera y la pareja no es una excepción. El periodo de seducción y enamoramiento se basa en la atracción que sentimos hacia el otro, como partícula en la que está el Todo. Para evitar que entre en funcionamiento la ley cósmica instrumental de la repulsión, tenemos que ver en el otro lo que éste tiene de Todo, porque de otra manera sentiremos repulsión hacia él, como trampolín hacia la disgregación y la Nada.  De ahí la manida frase de que enamorarse es volverse ciego, de que el amor es ciego, etc etc. Ante la dificultad de ver en el otro la naturaleza del Todo, intentamos anular sus defectos, es decir lo que le separa del Todo, y para ello nos volvemos ciegos, vemos solo su belleza, sus cualidades, y renunciamos a ver su fealdad y sus defectos.

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Pero una vez que se formaliza la relación de pareja y se inicia la convivencia, la ceguera no puede durar, poco a poco vamos abriendo los ojos e intentando adaptarnos a la individualidad del otro, que es lo mismo que decir a sus limitaciones. Es entonces cuando somos conscientes de la importancia del punto cardinal al que nos dirigimos. Si queremos ir juntos, del brazo, tenemos que seguir una dirección común o la terrible fuerza de la repulsión y disgregación nos lanzará lejos al uno del otro. Es entonces cuando seremos conscientes de que, aunque en el fondo todos seguimos el mismo camino hacia el Todo, que nos atrae con fuerza infinita, cuando nos movemos en un espacio-temporal es preciso llegar a un acuerdo sobre el punto cardinal hacia el que deseamos dirigirnos. Esto es esencial en la pareja. Si uno quiere ir hacia el norte y el otro hacia el sur se darán la espalda y como sabemos los culos no se miran ni dialogan, cada paso que de cada uno le alejará más del otro, y esto es ley natural y básica, si uno camina hacia el norte y el otro hacia el sur, cada paso que den les alejará, dejarán de verse y sentirse puesto que la mirada de cada uno estará dirigida hacia direcciones opuestas. En este caso solo queda que uno o los dos renuncien a sus respectivos puntos cardinales y busquen otro en común. Lo mejor, sin duda, es que ambos renuncien y se pongan de acuerdo en un punto intermedio, porque si renuncia solo uno, el otro, lo quiera o no, sentirá siempre que ha perdido más que el otro, que ha renunciado a más cosas que el otro, y esto irá socavando la relación.

Hemos visto que no se puede caminar en pareja si uno se dirige al norte y el otro al sur. Pero sí sería posible si ambos se sitúan en puntos intermedios, renunciando y siendo flexibles.  Si en lugar de dirigirme al norte me dirijo al noreste o al noroeste y si el otro en lugar de dirigirse al sur se dirige hacia el sureste o suroeste siempre podrán encontrar puntos de aproximación. Al final resultará que ninguno de los dos se dirige ya al punto cardinal elegido, norte o sur, sino a un punto intermedio, este u oeste, sin que ello les obligue a renunciar de forma absoluta a sus puntos de partida, puesto que una vez situados en puntos intermedios, este u oeste, sus pasos pueden encaminarse, de mutuo acuerdo por caminos paralelos, así  podrán seguir caminando hacia el este o el oeste, sin que los desvíos hacia el norte o el sur sean llamativos, drásticos e incompatibles. Digamos que podemos desviarnos, bien hacia un punto intermedio o hacia el otro, digamos que podemos dar alguna vuelta, sin que la relación sufra hasta el deterioro definitivo, más cuando con el tiempo nos iremos dando cuenta de que estamos en una esfera y de que caminemos hacia donde caminemos siempre regresaremos al punto de partida, el círculo perfecto. Pero eso ya requiere una sabiduría que la pareja solo logrará alcanzar cuando su nivel de espiritualidad sea muy elevado.

Mientras tanto la vida y el camino en el mundo material deberá pactarse, se quiera o no. Puede haber grandes acuerdos en las cosas más elementales: vivimos en una sociedad donde  el dinero es esencial para sobrevivir, lo necesitamos para sobrevivir nosotros y nuestros hijos. Cierto el acuerdo es básico, pero luego vienen los matices, no es lo mismo ir hacia el norte-norte, que hacia el noreste o noroeste, los caminos son ligeramente distintos y los pasos a dar no van exactamente en la misma dirección. Y así ocurre con todo lo demás.  Yo quiero hijos, norte, yo no quiero hijos, sur, como sabemos esto es irreconciliable, habrá que buscar puntos cardinales intermedios, yo renuncio a tener hijos ahora, norte, y a cambio tú renuncias a no tener hijos, sur, y nos quedamos en puntos intermedios, tendremos hijos, pero no ahora.  Yo quiero este trabajo, norte, tú quieres este otro, sur. No pensamos renunciar a ello puesto que son vocacionales.  De nuevo nos encontramos en la imposibilidad de caminar juntos, uno hacia el norte y el otro hacia el sur. Tiene que haber necesariamente una renuncia y una flexibilidad, ambos renunciamos a trabajos vocacionales que de acuerdo a las circunstancias nos van a separar en el espacio y en el tiempo (uno tiene que viajar al extranjero y el otro quedarse, uno tiene que trabajar de noche y el otro de día) y buscamos otros trabajos menos vocacionales pero más compatibles con la relación de pareja. Tenemos que sobrevivir y nos ofrecen los trabajos que nos ofrecen, necesitamos el dinero y por lo tanto tendremos que adoptarnos, puede que tengamos que estar separados un tiempo, puede que nos veamos poco. Aunque la prioridad sea la vida de pareja nadie puede ser tan ingenuo como para pensar aquello de “contigo pan y cebolla”. Una pareja no funciona bien si los estómagos rugen demasiado, se escucharán mucho más sur rugidos que el sonido acariciante de los besos.

A pesar de que como hemos visto una relación de pareja comienza con el cortejo o seducción basado en la ceguera, en apartar los obstáculos que nos impiden sentirnos atraídos hacia el otro, para que el instinto sexual no tenga que saltar demasiadas vallas, para que el deseo imperioso de formar pareja no se vea retrasado por un pacto meticuloso sobre la convivencia, antes o después una pareja debe pactar sobre cosas tan esenciales como el punto cardinal al que se dirigen, cómo someterse a las leyes de supervivencia en una determinada sociedad sin quebrar la relación de pareja y sobre todo, cómo van a cumplir las leyes del primer círculo. Como hemos visto en capítulos anteriores las leyes del primer círculo son drásticas e inquebrantables, cuando no se cumplen, cuando se quebrantan, unos y otros son expulsados de sus respectivos primeros círculos.

Y es aquí donde una pareja tiene que trabajar a fondo. No sirve que las relaciones sexuales vayan aceptablemente bien, que los trabajos sean compatibles, que pasen un tiempo más que aceptable juntos… si se incumplen las leyes del primer círculo, que en el de la pareja son aún más drásticas e inflexibles, todo acabará con una expulsión mutua del primer círculo. Hemos visto que la equidad, la igualdad, es esencial. Si uno renuncia a algo importante, casi primordial para él, el otro deberá hacer lo mismo cuando las circunstancias lleven al mismo lugar donde se produjo esa renuncia. Puede haber intercambios, la equidad no significa en absoluto igualdad al cien por cien, ojo-por-ojo. Que yo renuncia a un trabajo vocacional no significa que el otro tenga que hacerlo si las circunstancias se dan la vuelta, si la tortilla es lanzada al aire y sale por el otro lado. Pero siempre que haya intercambios tienen que ser sustancialmente equitativos, no sirve eso de te cambio esta canica por un crucero alrededor del mundo.

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Una vez que la pareja despierta de su letargo amoroso, de su enamoramiento en la etapa de seducción y cortejo, una vez que abre los ojos y comienza la convivencia, día tras días, durante semanas y meses y años, hay que pactar, sí o sí, sobre los temas esenciales. El punto cardinal al que nos dirigimos, cómo implementar las leyes del primer círculo en nuestra convivencia de pareja.  Es entonces cuando nos damos cuentas de que la balanza de precisión de la convivencia en pareja es exquisita. Si en la relación de primer círculo todas estas leyes deben de funcionar, al menos en lo más esencial, en la vida de pareja deben funcionar incluso en los detalles más nimios o la erosión del tiempo acabará con todo. Es la prueba del algodón que hace aparecer las menores motas de polvo, es la balanza de precisión que pesa hasta la micronésima de gramo el peso de nuestras almas.

Es entonces cuando al abrir los ojos vemos el entorno que antes solo percibíamos a través de la niebla, es entonces cuando iluminamos los rincones oscuros de nuestra intimidad donde se han generado las decisiones que nos han traído hasta este momento. Es entonces cuando realmente somos conscientes de las decisiones tomadas y de sus causas.  No sirven decisiones que buscan atraer al otro a un círculo distinto del primero, e incluso dentro del primer círculo no sirven las decisiones que buscaban otra clase de círculos, aunque formen parte global del primer círculo. Así por ejemplo, no se puede funcionar en un primer círculo de relación de pareja, sin relaciones sexuales. Esto es tan elemental que da risa, pero no todas las parejas lo tienen claro. Sin relaciones sexuales, cuanto más intensa y de más alta calidad, mejor, el círculo de pareja deja de ser tal círculo y se convierte en otro, que aunque forme parte del primer círculo global, como hemos dicho antes, las leyes que rigen cada sub-círculo concreto son diferentes y si se incumplen estas leyes concretas, ese primer sub-círculo se deshace. Cuando se piensa que las relaciones sexuales son secundarias y que ya habrá tiempo de pensar en ello y ver “cómo nos arreglamos” hemos calculado mal y nos encontraremos con graves problemas de convivencia de pareja. Lo mismo que quien centra la relación de pareja exclusivamente en las relaciones sexuales, despreciando el resto, se encontrará con que por muy bien que vaya el sexo la convivencia irá mal y cada vez peor.

No se puede formar un primer círculo de pareja basado en metas que forman parte de otros círculos y sub-círculos, bien en el primer, segundo o incluso tercer círculo. La relación de pareja no es un contrato económico, exclusivamente, aunque la economía conforme el terreno que uno debe de pisar dentro de este sub-círculo del primer círculo. Para el tema económico en exclusividad tenemos el sub-círculo del pacto o contrato económico, que en sí mismo nunca formará parte de un primer círculo, porque por muy bien que se lleven patrono y empleado, socios, inversores, amigos en una comunidad de bienes, no nos engañemos, esto no es un primer círculo y si se intentan aplicar a él las leyes que rigen un primer círculo el desastre está servido. Tampoco el círculo de la pareja es un círculo exclusivamente de amistad. Aunque la amistad en grado máximo, aunque solo sea en aspiración, sea un sub-círculo del primer círculo, y se rija por sus leyes, el sub-círculo de la pareja y el de la amistad son diferentes y no funcionan con las mismas leyes. Así la amistad no implica necesariamente una fidelidad sexual, algo que sí es imprescindible en el sub-círculo de la pareja. Y aquí entramos en un tema que puede resultar polémico y en el que seguramente no habrá un acuerdo de todo el mundo, pero dejemos claro ya desde este momento que la fidelidad sexual es una de las leyes básicas del círculo de pareja, y si no se cumple, la pareja como tal se desmoronará. Podemos hablar de parejas abiertas, en el sentido de parejas que funcionan como tales pero que se dan permiso mutuo para tener relaciones sexuales con otros de acuerdo a unas condiciones y a un protocolo determinado. No nos engañemos, eso no es posible. El círculo de pareja se desplazará, de una forma más o menos perceptible, más bien más que menos, hacia el círculo de “amigos con derecho a roce”, en expresión coloquial y muy actual o hacia otro tipo de círculos que nada impide, al menos en teoría, que conformen sub-círculos dentro del primero círculo, pero no es precisamente el círculo de pareja, es otro, con leyes distintas, aunque puede que al primer golpe de vista no se aprecien.  Aquí no estamos hablando de una pareja religiosa, o de hecho, o civil, o “criminal” si se me permite esta “boutade”, esta broma sin gracia, no estamos hablando de las leyes religiosas de la pareja o matrimonio religioso, o de las leyes civiles de un matrimonio civil o pareja de hecho, estamos hablando de las leyes básicas, cósmicas de un primer círculo con reglas específicas para ese sub-círculo.  No se trata de leyes divinas, en sentido religioso, que han sido dictadas para la convivencia de la pareja o matrimonio,  se trata sí, de leyes “divinas” pero en sentido más espiritual del término, son leyes cósmicas, enraizadas con las leyes “naturales” que han sido dictadas para el funcionamiento del Cosmos y de las leyes espirituales que rigen el mundo espiritual, lo queramos o no.  No estamos hablando de que Dios en las tablas de la ley haya establecido la fidelidad matrimonial y condenado el adulterio, estamos hablando de que la fidelidad sexual en una relación de pareja es ley básica esencial para su buen funcionamiento, salvo que los miembros de esta pareja hayan alcanzado una altura y una evolución espiritual que les permita determinados comportamientos que exigen un desapego material que no está al alcance de la mayoría. Y entonces nos encontraríamos estudiando y analizando este círculo en dimensiones más altas, dimensión astral, etc. Pero eso ya llegará en su momento.

Tampoco vamos a hablar, de momento, de las relaciones de pareja entre miembros del mismo género, no porque esto sea inaceptable para ciertos dogmas religiosos o sociales, porque aquí no estamos sometidos a dogma alguno, ni tampoco vamos a estudiar, de momento, los casos específicos de este tipo de relaciones, incluidas el cambio de sexo, no porque sea algo totalmente diferente de una relación de pareja de primer círculo o porque las leyes de este tipo de pareja sean completamente distintas, que no lo son, salvo normas que podrían formar parte de apéndices o añadidos a estos contratos de primer círculo, si no porque tenemos que ir paso a paso y no podemos hablar de cláusulas especiales a los contratos cuando ni siquiera hemos visto el contrato en sí.

Baste decir, de momento, que el género, el sexo, no es esencial a la persona, lo mismo que no es esencial para definir la personalidad del conductor el tipo de coche que conduzca. En esta serie de capítulos sobre la ley de los tres círculos, y conforme nos vayamos elevando de dimensión, lo veremos con más claridad, nuestra verdadera personalidad no está centrada en un cuerpo físico, sino en una entidad espiritual cuya esencia es fundamentalmente “la consciencia”, todo lo demás son soportes. Aquí no caben perspectivas materialistas en exclusiva, porque esta es una filosofía del espíritu, por lo tanto no me centraré en el cuerpo físico, en exclusiva, en ningún momento. Si así lo hiciera, todo sería mucho más sencillo, puesto que me remitiría a lo que la ciencia sepa o vaya a descubrir sobre la atracción sexual basada en feromonas, hormonas de toda especie, metabolismos, química corporal y cerebral, cómo funcionan los estímulos externos en nuestro “saco de hormonas”, cómo una sociedad, una cultura, puede armonizar o imponerse a nuestra “esencia animal”, y dejaría que fueran los científicos, los mecánicos del taller de la vida, los que explicaran cómo funciona un motor, cómo está ensamblado un coche y cómo se producen las averías, algo en lo que yo no soy precisamente un experto. Esta es una perspectiva espiritual y a ella me remitiré en todo momento, lo que no significa que sea una perspectiva religiosa, porque por desgracia toda religión se basa en dogmas y por mi parte nunca aceptaré dogmas en mi vida. Con todo respeto hacia las personas que profesan una religión, por mi parte no creo que Dios hable a personas concretas, con mensajes concretos, creo que Dios está en nuestro interior, es la partícula o chispa divina que hay en nuestro interior y por lo tanto no necesita servirse de nadie para dar mensajes con altavoz cuando nos puede susurrar en nuestro interior. Esto forma parte de la esencia de mi filosofía de la vida, como considero que forma parte del budismo (la ausencia de dogmas) y por lo tanto no voy a renunciar a ello.  Lo que sí tengo que decir es que no hay nada más ilustrativo que la vida cotidiana, en ella encontramos una muestra clara de cómo funcionan las leyes cósmicas y espirituales y por ello nos centraremos en la práctica de estas leyes mediante ejemplos de nuestra vida personal y social.

 

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LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS VIII

27 11 2016

LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS VIII

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LA SEDUCCIÓN COMO PASO PREVIO A LA VINCULACIÓN

En ningún otro terreno como en el de las relaciones de pareja se aprecia el largo camino, con todos sus matices, que requiere la vinculación y la estabilización de la relación en el primer círculo. El ideal, la perfección, como veremos al estudiar el plano último y supremo, el de la divinidad, es la unión perfecta en un Todo último y definitivo donde cada parte es el Todo y el Todo está en cada parte. Pero antes de llegar a la cúspide de la pirámide es necesario subir todos y cada uno de los escalones.

La atracción que sentimos hacia el otro tiene todo que ver con la chispa divina que hay en él, lo mismo que en nosotros, pero ese tema lo estudiaremos al llegar al plano correspondiente, en el plano físico la atracción que sentimos hacia los demás tiene más bien que ver con el deseo de encontrar en el otro lo que a nosotros nos falta o al menos aquello que no hemos intensificado con nuestra consciencia. Se supone que el Todo, Dios, no tiene que buscar fuera lo que ya está en su interior y perfectamente vivificado y consciente. No necesita de la presencia de otros para ser feliz y completo. Nosotros sí, nuestro deseo es tan infinito como nuestra naturaleza, no nos conformamos con algo, con un poco, con una pizca, con probar un segmento de realidad durante un tiempo, lo queremos todo y lo queremos para siempre. De este deseo innato surge todo lo demás. Como veremos en los planos sucesivos y superiores que iremos viendo con el tiempo, conforme ascendemos desde la consciencia mínima hasta la consciencia máxima, la única diferencia entre ellos es la consciencia que tenemos de su existencia. Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba nos dice una de las leyes que se estudian en el Kybalión. Todo lo existente funciona de acuerdo a unas leyes espirituales y supremas establecidas por la deidad desde el principio de la creación, todo lo que no esté de acuerdo con ellas lleva en sí el gusano de la corrupción, la esencia de la destrucción. Es por eso que cada círculo, en cada dimensión, tiene unas reglas que son fiel reflejo de las leyes supremas, solo que según sea el espejo o según lo sucio que esté nuestra visión estará más o menos empañada.

La vinculación solo es posible a través del  amor, es el único pegamento que mantiene a toda la realidad unida. La individualidad es por sí limitada, finita, y como en nuestra esencia está la aspiración hacia la infinitud y la eternidad no queda otro camino que el de la aproximación y estancia en el primer círculo y una vez alcanzado tenemos que seguir ascendiendo hasta primeros círculos superiores en otras dimensiones, no queda otra, es por eso que fuera de esa única realidad todo es falsedad, mentira, temporalidad, destrucción, desvinculación, caos.

La atracción de la pareja, además de estar sujeta a esa ley fundamental del amor como única vinculación posible también está sometida a le ley de la dualidad universal, todo tiene su contraparte y todo tiende a unirse a su contraparte. La atracción sexual no es otra cosa y la existencia del deseo sexual hacia un mismo género tiene una clara explicación en la dualidad que existe también en nosotros mismos. Somos macho o hembra porque hay un predominio de una de las dos partes que nos componen, pero eso no significa que no exista la otra. En el yoga tántrico se busca el andrógino, es decir la fusión de nuestras partes femenina y masculina, pero para lograrlo se utiliza el camino del sexo que nos permite hacernos conscientes, a través de otro u otra de nuestra condición dual. Incluso en las relaciones de pareja dentro de un mismo género se adoptan conductas que engloban a los dos géneros, es decir que cada parte de la pareja hace predominar uno de los géneros que conforman nuestra naturaleza dual.  Por ello este estudio de la pareja en el primer círculo no se restringe únicamente a la pareja tradicional, macho y hembra, sino que abarca a todas las posibles parejas. Como es lógico, dada mi condición de heterosexual, predominará la perspectiva de ese tipo de pareja que es la única que conozco.

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La seducción es la busca de la forma hacernos atractivos para la pareja que hemos elegido o nos ha elegido a nosotros o nos ha sido impuesta por un deseo incontrolable.  Como ya hemos visto en capítulos anteriores, salvo el primer círculo que nos ha sido dado desde el nacimiento, que viene en el pack con el que surgimos a la vida, todos los demás primeros círculos se construyen y siempre de la misma manera. Un desconocido debe ser atraído a nuestro primer círculo siguiendo los mismos pasos que nunca pueden ser obviados. Nosotros somos atraídos hacia el primer círculo de nuestros semejantes y cuando se produce la circunstancia de que el otro pertenece a nuestro primer círculo y nosotros al suyo, se puede decir que estamos vinculados dentro de un primer círculo.

Dentro del primer círculo que nos ha sido entregado al nacer también existe la posibilidad de conformar un subcírculo de pareja, pero en nuestra sociedad es un tabú, salvo en circunstancias concretas. Hablamos de incesto y hablamos de las conocidas atracciones del inconsciente a las que Freud dio nombres concretos. El habla de la atracción sexual del hijo por la madre y de la madre por el hijo, de la hija por el padre y del padre hacia la hija. Esto tiene una explicación muy natural que veremos cuando estudiemos los primeros círculos en otras dimensiones. Hablando claro se puede decir que todos somos hijos de Dios, todos somos hermanos, todos pertenecemos al primer círculo de su divinidad, por lo que si aplicamos el tabú del incesto con lógica implacable, cualquier tipo de relación sexual de pareja en un primer círculo sería incestuosa aunque no existan lazos de sangre, de carnalidad, puesto que sí existen lazos de sangre espiritual. Esta deducción se obvia en las religiones que mantienen el incesto como un terrible pecado merecedor del máximo castigo, olvidándose de que en realidad todos somos hermanos espirituales y por lo tanto en el primer círculo de esta dimensión cualquier unión de pareja sería incestuosa por definición. Estas religiones dogmáticas priman más los lazos de sangre, es decir, los lazos materiales, genéticos, que puedan existir entre los cuerpos, que los lazos superiores y más sólidos, de índole espiritual que conforman la vinculación entre todos los seres humanos.  Con el descubrimiento de la genética se intenta encontrar una explicación racional y científica a este tabú que ha estado vigente a lo largo de toda la historia de la humanidad, mucho antes de que llegara a conocerse cómo funciona la genética y la herencia. Quienes siguen considerando como pecaminoso el incesto, ahora se basan en razones genéticas y de herencia, pero se olvidan de algo muy importante, que por las mismas razones muchas parejas, sin lazos de sangre tampoco deberían tener uniones sexuales puesto que su herencia genética haría que sus herederos sufrieran la transmisión de algunas determinadas enfermedades.  Si las uniones de pareja se basaran únicamente en la genética habría que cambiar el mapa mundial de las uniones de pareja porque muchas serían incompatibles.

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Con todo esto quiero decir que en la unión de pareja hay muchos factores, alguno de ellos desconocido para quienes no aceptan que la persona sea algo más que un cuerpo físico. La atracción que se produce entre dos personas que las lleva a intentar formar parte de sus primeros círculos, creando una pareja, en la que por definición las relaciones sexuales deben tener cabida en algún momento, es un complejo entramado de deseos y mecanismos. No solo está la genética que nos lleva a sentirnos atraídos sexualmente por ciertas personas y no por otras o bastante menos, también está la afinidad de caracteres, de ideas, de sentimientos, las circunstancias vitales que hacen aparecer a una persona en nuestra vida antes que otra hacia la que sentiremos mayor atracción. Y sobre todo están los otros planos superiores, los primeros círculos en esos planos, de los que la mayoría no somos conscientes porque nuestra evolución espiritual no ha alcanzado esos niveles. Así se habla, por quienes creemos en la reencarnación, de la atracción que sentimos hacia determinada persona, sin saber por qué ni encontrar motivos razonables, entonces decimos que tal vez tuvimos una relación en una vida pasada. La creencia o no en la reencarnación puede cambiar mucho las explicaciones sobre determinadas atracciones a las que no encontramos la menor lógica. También la existencia de primeros círculos en planos superiores hace que la atracción hacia determinada persona en este plano concreto sea de una lógica aplastante. Como veremos al estudiar los otros primeros círculos en otros planos superiores, es más que posible que podamos estar vinculados en una relación de pareja con otra persona en el mundo onírico o en otro plano y no en este plano, pudiendo producirse todo tipo de circunstancias, como puede ser que la pareja onírica nunca se encuentre en el plano real pero sí recibirá de vez en cuando intensas sensaciones que no puede explicar y que le llevarán a sentirse desdichado en la relación de pareja existente, buscando otras posibilidades o aventuras. También esa pareja onírica puede llegar a encontrarse en el plano real y tendrá que tomar la correspondiente decisión, seguir manteniendo las parejas existentes en el mundo real y acabar o no con la relación de pareja onírica.

Para las mentes cientifistas la atracción sexual que sentimos hacia determinadas personas solo tiene que ver con la genética, la herencia, las feromonas, o cualquier otro tipo de mecanismo físico que aún no se conoce. De esa manera intentan explicarlo todo, hasta lo inexplicable. Ese determinismo infantil, de que todos acabamos formando una pareja con alguien porque la genética, las feromonas, o la química de nuestros cuerpos, así lo exige, se cae por los suelos la mayoría de las veces, viendo y estudiando todos los tipos de parejas que se producen en la vida cotidiana. No parece muy fiable, aceptable y profunda, la relación de pareja basada en la química de los cuerpos. Los cientifistas que piensan de esa manera luego tienen que dejar de lado esas explicaciones cuando se enfrentan ellos a la relación de pareja en el primer círculo. No se lo toman como una necesidad instintiva, como puede ser el alimentarse, ni se plantean la vida en pareja como la necesidad que uno tiene de permanecer unido a un objeto que se ha vinculado a nuestra mano debido a un fuerte pegamento. No, como veremos hasta estas personas asumen las leyes que rigen el primer círculo, concretamente el primer círculo de pareja. De alguna manera intuyen que si no cumplen con estas leyes del primer círculo la pareja no funcionará, por mucho pegamento instintivo y químico que tenga.

Se dice, y con razón, que la atracción sexual es básica, tal vez la más importante, a la hora de sentirnos atraídos por otra persona e intentar formar con ella un primer círculo de pareja. No en vano buena parte de la vida de pareja tendrá como objeto las relaciones sexuales y si éstas no funcionan casi todo el mundo está de acuerdo en que la pareja no puede funcionar. Pero el hecho de que exista atracción sexual no lo es todo, puesto que la afinidad de caracteres, la forma de pensar, la forma de sentir, los intereses de todo tipo que conforman la vida de pareja también influyen.  Todos estos intereses deberán estar perfectamente armonizados y priorizados dentro del primer círculo, sometidos a sus leyes, y también y sobre todo tendrán que estar armonizados y priorizados con los primeros círculos superiores en otras dimensiones.

Cuando la seducción se basa únicamente en el deseo sexual y la pareja se forma  basándose únicamente en esto, lo más fácil es que esa pareja no dure mucho y acabe desvinculándose el poco tiempo. Hay que tener en cuenta que las facetas de la personalidad humana son poliédricas y una pareja no se pasa todo su tiempo en la cama, manteniendo relaciones sexuales, es más, habrá mucho más tiempo dedicado a otras cuestiones que al sexo. Por lo tanto aunque el atractivo sexual es importante a la hora de escoger a alguien para empezar el largo camino de la seducción, hasta la formación del primer círculo de pareja, no será ni mucho menos el único ni principal factor.

 

Cuando dos personas se encuentran y se sienten atraídas para formar el primer círculo no suelen plantearse qué les lleva a ello ni por qué razones se sienten atraídas, esta atracción funciona y  el primer paso para llevar al otro al primer círculo tiene mucho que ver con la seducción, con el cortejo. Milarepa dice que el sexo es uno de los factores vinculantes más intensos y profundos entre las personas, quien tiene sexo con otro no permanece igual que estaba antes del sexo, se produce una profunda e intensa transformación. Es por esto que tiene bastante lógica el miedo que muchas personas tienen a tener sexo con otras, sin más, sin unas garantías y sin unas determinadas condiciones, porque temen que esa atracción les lleve al deseo de forma un primer círculo cuando son muy conscientes de que el otro no encajaría en él ni esa relación funcionaría bien en un primer círculo.

 

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En este sentido es muy curiosa la forma tan diferente que suelen tener las personas de un género o de otro a la hora de enfocar las relaciones de pareja y el camino de la seducción. El hombre prioriza mucho, muchísimo, el deseo sexual y cuando la otra persona le atrae mucho en este campo suele dejar de lado las demás consideraciones. Por otro lado la mujer suele buscar más la seguridad en la relación de pareja que la atracción sexual que puede despertar en ella el hombre. Al menos así se expresa la mayoría de mujeres a la hora de plantearse una relación. El físico del otro, el deseo sexual que ella sienta hacia él no es prioritario para ella. Dejando aparte la herencia genética que conlleva en la mujer la necesidad imperiosa de amparar a su prole, buscando padres que no les abandonen a las primeras cambio, parece claro que la psicología femenina y masculina en este sentido son muy diferentes. Ya estudiaremos las razones en su momento como la influencia de los otros planos para que estas circunstancias sean así y no de otra manera. Estas diferentes prioridades en ambos sexos harán que el camino hacia el primer círculo, el cortejo, la seducción, tenga variantes muy distintas según el género y el juego de la seducción o el cortejo sea muy diferente para la mujer o para el hombre. Pero esto ya lo veremos con detenimiento conforme estudiemos los pasos a dar en el camino hacia el primer círculo de pareja, que en este caso tiene un nombre muy conocido, los juegos de la seducción o el cortejo.





LA LEY DE LOS TRES CÍRCULO VII

2 07 2016

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LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS VII

EL SUB-CÍRCULO DE LA PAREJA

Toda división o limitación es solo una categoría mental, como diría el bueno de Kant, porque lo que realmente existe, lo único que existe es el Todo, como diría Milarepa, y la individualidad no es otra cosa que un engaño provocado por el velo de Maya, por alguna razón misteriosa que algún día conoceremos.

Dejando de lado esa verdad, como nos vamos a mover en el mundo físico tendremos que funcionar, que entendernos utilizando categorías mentales que permitan a nuestra mente lógica procesar y entender los mecanismos que funcionan en nuestras relaciones interpersonales y que estamos intentando concretar en la ley de los tres círculos. Dicho esto hoy nos dedicaremos a estudiar y analizar los sub-círculos que existen en el primer círculo. Es cierto que todas las relaciones del primer círculo están sometidos a unas leyes básicas, pero como es evidente no es lo mismo una relación paterno-filial que otra fraternal, que la relación que mantienen dos amigos íntimos o la relación de pareja. Cada una de ellas tiene sus peculiaridades que iremos estudiando poco a poco. Hoy le toca el turno a la relación de pareja, tal vez la más estrecha de estas relaciones, aunque no se puede generalizar porque todo dependerá de la peculiar relación existente entre los miembros del primer círculo. Así es posible que una esposa se lleve mejor con su madre que con su marido, o un esposo con su madre que con su esposa, o ambos mejor con hermanos o amigos que entre ellos. Todo esto es posible, pero como veremos en su momento, incluso las relaciones de primer círculo tienen su propia jerarquía y el sometimiento de relaciones superiores a inferiores es algo patológico que genera consecuencias. El amor debería ser el mismo para todos y con igual intensidad. Si todos somos hijos de Dios, si todos pertenecemos al Todo, no debería haber distinción alguna, pero en el mundo físico y dentro de la imperfección en la que nos movemos todo está jerarquizado, como en una pirámide, hay una base y también hay vértice superior. En el Cosmos, en el mundo espiritual, tampoco debería haber distinciones, si todos somos hijos de Dios… Pero las hay. En el libro de Urantia se concretan tantas entidades cósmicas y tan estrictamente jerarquizadas que uno siente un ligero mareo. Debe ser muy complicado manejar el universo.

Pues bien, si imaginamos que los dos miembros de la pareja son universos, auténticos universos, nos daremos cuenta de la enorme dificultad que supone vincular y armonizar dos universos distintos, a veces tan distintos que parecen opuestos. Como diría Milarepa en su teoría de la vinculación, cuanto más estrecha es una vinculación, más partes de la individualidad deben estar implicadas y más estrechamente. En la vinculación y armonización de dos universos hay que tener mucho cuidado para que dos estrellas, o dos planetas, no ocupen el mismo espacio, para que las órbitas no interfieran entre sí y generen colisiones y caos. Aunque nos parezca ridículo, si utilizamos esta metáfora en las relaciones de pareja, cada miembro sería un universo, con sus planetas, estrellas, cometas, órbitas, agujeros negros…Si cada parte mantuviera una voluntad inflexible de que su personalidad, es decir planetas, estrellas, etc tiene que ocupar el lugar que él ha elegido y sólo éste, la colisión sería inevitable. Las leyes físicas son implacables, no hay milagros, salvo que leyes superiores entren en funcionamiento a instancia de entidades superiores.

Si en una pareja ambos quieren ocupar el mismo lugar, el mismo espacio, con su personalidad, sin antes no pactar todo lo que sea necesario para evitar colisiones, éstas se producirán y la destrucción será masiva por ambas partes. No estamos hablando de la conquista de un universo por otro, estamos hablando de la armonización de dos universos distintos impulsados por la ley suprema, el amor. Si ambos miembros de la pareja quieren tener razón en los mismos temas, la colisión es inevitable si las posturas son diferentes, drásticamente opuestas. Y así con todo.

choque galaxias

Quien enfoque la relación de pareja como la conquista de un universo por otro, en una especie de guerra de las galaxias sangrienta, se encontrará con que ya no existe un primer círculo y es fácil que ahora estén en el cuarto círculo, el círculo infernal, el círculo del odio, del crujir y rechinar de dientes. Que esta posibilidad existe lo vemos en los telediarios, universos masculinos que intentan apoderarse de universos femeninos, someterlos, y acaban destruyendo porque no encuentran otra forma de ser dueños del otro universo.

La relación de pareja es la más completa e intensa de todas las relaciones del primer círculo, es el sub-círculo más perfecto y completo. Las abarca a todas y además tiene peculiaridades y facetas de que carecen el resto. En la relación de pareja cabe la relación paterno-filial y de hecho todos hemos visto algunas parejas tratarse como si uno fuera papá y la otra mamá o uno fuera hijo y la otra mamá y al revés. Estas llamativas y cariñosas formas de llamarse la pareja ya indican que algo de la relación paterno-filial, de este sub-círculo del primer círculo también está en ella. Lo mismo que la relación fraternal, una pareja que se trate como si fueran hermanos en ciertos momentos y circunstancias no parece patológico, sino incluso conmovedor. Claro que en la relación fraternal no cabe el sexo, al menos en nuestra sociedad, y sí existe en la pareja. Es una diferencia importante, lo mismo que respecto a la relación paterno-filial. En cambio si puede existir sexo en la relación de amistad íntima. La diferencia con la relación de pareja es que el compromiso de la pareja es mayor, más prolongado en el tiempo, más estrecho en la convivencia, más comprometido en todos los aspectos. El sexo será uno de los aspectos más vinculantes de la pareja como veremos.

Si en el primer círculo deben funcionar a la perfección las leyes básicas del primer círculo, en el sub-circulo de la pareja la intensidad y la perfección deben ser aún mayor e incluso hay que añadir leyes nuevas. La convivencia es más estrecha, a más largo plazo y los compromisos de todo tipo exigen que haya leyes nuevas que iremos viendo a continuación. Nos haremos una idea de la dificultad y de las metas a conseguir si nos remitimos a la Biblia, al evangelio, cuando habla de la vinculación de la pareja con una metáfora realmente estremecedora, “y serán los dos una misma carne”. Ya vimos la metáfora de dos universos intentando vincularse, ahora imaginemos a dos cuerpos físicos que intentan ser uno solo. El coito o relación sexual nos da una pálida idea de lo que supondría que dos cuerpos físicos se unieran y fueran uno solo. Cada célula debe negociar con la célula contraria de igual posición y categoría esa fusión. No sirve que uno renuncie a todas sus células para que el otro ocupe las suyas, como una nación renuncia a su soberanía para que otra se apodere de ella y sea su dueña. Hay un problema básico e insoluble en esto, en el sub-círculo de la pareja deben funcionar las leyes básicas del primer círculo, que ya hemos visto en capítulos anteriores, y que, recordemos, una de ellas habla de igualdad, de equidad.

Es cierto que la generosidad es otra de las leyes de este círculo, pero una generosidad que no funcione sobre la base de una igualdad y equidad no deja de ser un sometimiento, un control, por la otra parte. Esto no funciona y mucho menos en la pareja. El sometimiento de un miembro de la pareja al otro, aunque sea por amor, porque “estoy muy enamorado”, porque he decidido ser ciego y seguir los dictados del otro, no funciona porque estamos construyendo un sub-círculo de pareja claramente patológico que acabará por estallar. No es posible que una pareja funcione si no hay igualdad y equidad, por mucha generosidad que haya por la parte “víctima” o la parte más débil. Igualdad en cuanto a la entidad y funciones del sexo, igualdad de género, igualdad en todos los aspectos y facetas. Estamos intentando vincular y armonizar dos universos y ninguno de ellos es superior al otro, ni más extenso e infinito, ni más hermoso, ni más fuerte y poderoso. Cada personalidad es un universo, cada persona es un mundo, como hemos escuchado muchas veces. La vinculación nace del amor y busca la fusión, no el control, no apoderarse y esclavizar al otro universo.

sexo

En la relación de pareja la convivencia es más estrecha que en el resto de sub-círculos del primer círculo. Mientras las relaciones paterno-filiales son muy intensas, y existe mucha convivencia en los primeros años, luego los hijos “abandonan” el nido como los polluelos. Esta cuestión de tiempo es importante para que los hijos puedan evolucionar como personas y los padres tengan una etapa de su vida en la que los hijos no lo sean todo. Si no ocurre así se producen conductas patológicas y problemas de colisión en la relación de estos sub-círculos. Si los hijos se quedan en casa más tiempo del preciso, como estamos viendo en esta sociedad tan propensa al paro y a negar a los jóvenes un futuro, las relaciones paterno-filiales acaban envenenándose.

Una relación de pareja se supone que es para toda la vida, o para la eternidad, aunque todos sabemos que nada es para siempre en el primer círculo, salvo que la vinculación sea perfecta, y aún así en el mundo físico la mortalidad acaba siempre por separar a las personas. Así enfocada la relación de pareja es claro que necesita nuevas leyes para el funcionamiento de este sub-círculo.

También la relación de pareja es peculiar en su nacimiento y evolución. Mientras que los hijos nacen en el seno de una pareja y se establece una relación paterno-filial desde el principio -es decir que esta relación ya viene en el pack, como viene el pan bajo el brazo con el hijo, según el dicho popular- la pareja debe partir de cero. Conocerse supone partir del tercer círculo, del círculo de los desconocidos e ir atrayendo al otro hacia el interior de nuestro primer círculo, al mismo tiempo que el otro hace lo mismo con nosotros. Esta etapa no existe en la relación paterno-filial o en la relación fraternal, no se parte de cero, del tercer círculo, del círculo de los desconocidos, porque los padres e hijos o los hermanos nunca son desconocidos, aunque sí  pueden llegar a serlo si son expulsados, pero entonces es más fácil que acaben en el cuarto círculo, el del odio, que en el tercero, en el de los simples desconocidos. Cuando los miembros de una familia rompen, de forma drástica, brutal y para siempre, no acaban siendo desconocidos sino odiadores.

Esto hace muy peculiar la relación de pareja. Es tan intensa como la relación ya adquirida paterno-filial o fraternal y sin embargo se ha logrado desde cero. No hay vínculos de sangre, como se suele decir para definir las relaciones familiares. Los genes son distintos, no existe un lazo de sangre, y sin embargo a veces, sería lo ideal, la relación de pareja alcanza una intensidad y profundidad de la que carecen las otras relaciones, los otros sub-círculos del primer círculo. En su momento estudiaremos estas peculiaridades y cómo suelen generar conflictos al no tener claros los miembros de otros sub-círculos del primer círculo cuál es su situación en la pirámide jerárquica.

Si aceptamos que las relaciones del primer círculo, partan de donde partan, deben estar basadas siempre en el afecto, en el amor, entre otras cosas, habría que concluir que las relaciones o vinculaciones o lazos de sangre o genéticos son secundarias. Puede haber un estrecho vínculo de sangre, genético, entre dos personas y sin embargo se pueden odiar como dos desconocidos que se han enfrentado. El afecto y el amor son fuerzas espirituales situadas en lo más alto de la jerarquía de todas las dimensiones, pertenecen al mundo espiritual y son generadas por la Divinidad. Por lo tanto confiar en la sangre y en los genes para que las relaciones del primer círculo y de sus sub-círculos funcionen es ser un ingenuo de tomo y lomo, viendo lo que vemos en las relaciones familiares. Solo el afecto vincula y vincula permanentemente. Por lo tanto la jerarquía de los sub-círculos del primer círculo se establece en base al afecto y cuando no se tiene claro dónde situar la jerarquía del afecto cuando hay conflictos no queda otra solución que partir de que hay falsos sub-círculos dentro del primer círculo, que también puede ser falso. En los apéndices de este estudio veremos a fondo qué son los falsos círculos y los conflictos que generan.

hombre de vitrubio

Si un sub-círculo de pareja no puede soportar un enfrentamiento con el sub-círculo paterno-filial, pongamos por caso, es que algo falla, uno o los dos son círculos falsos porque hemos visto que entre las condiciones del primer círculo están la igualdad, la equidad y la generosidad. Si un esposo o una esposa están más vinculados a su sub-círculo paterno-filial que al sub-círculo de la pareja se generan conductas patológicas puesto que hay un círculo falso, el sub-círculo paterno-filial puede ser falso y estar haciendo aguas si impide el buen funcionamiento del sub-círculo de pareja.

No es exactamente así, pero cuando hay enfrentamientos entre sub-círculos falsos o no perfectos, la jerarquía debería primar.

-Sub-círculo de pareja. Cúspide del primer círculo.

-Sub-círculo paterno-filial. Siguiente en jerarquía.

-Sub-círculo fraternal. Ocupa la tercera plaza.

-Sub-círculo amistoso. Ocupa la cuarta plaza.

Si todo funciona bien no serían necesarias estas jerarquías pero si no es así, si hay sub-círculos falsos o si no funcionan a la perfección, hay que tener bien claro la jerarquía de círculos o de otro modo entraremos en conflictos sin solución y que nos desangrarán.

03-piramide-de-keops

Diríamos pues:

Si hay que elegir entre la pareja o la madre o el padre, la jerarquía está clara, hay que elegir a la pareja. Eso sí, de inmediato debemos ponernos a estudiar cómo es nuestra relación de pareja, cómo funciona este sub-círculo y cómo  funciona la relación paterno-filial, cómo funciona este sub-círculo. Porque es seguro que algo falla en uno o en los dos, por una parte o por la otra o por todas. En el universo cada planeta o estrella, o cometa, tiene su propia órbita y si las órbitas no son armónicas se producen las colisiones. En el universo de la pareja o en el universo del resto de los círculos o sub-círculos si las órbitas no son armónicas y si no se ha pactado bien al vincularse y armonizarse, las colisiones están aseguradas.

No basta con el amor teórico, el amor de boquilla, el puro sentimiento o emoción a flor de piel, si en la vinculación de dos universos no se pactan las cosas, no se busca la armonía, no se analiza, se estudia y se ponen remedio a las desarmonías que esta increíble meta que es la fusión de dos universos supone, lo cierto es que llegará el caos y el apocalipsis, no hay otra opción. En la pareja hay que pactar la convivencia, la armonización de caracteres y personalidades, el sexo, hay que pactarlo todo. Y este pacto no debe ser el de dos jerifaltes políticos de dos naciones diferentes y hasta enemigas, es el pacto amoroso de dos personas, de dos universos que se mueven siguiendo la órbita del amor.  El amor que mueve el sol y las estrellas, que diría Dante.

En otros capítulos veremos cómo la relación de pareja es el sub-círculo más difícil y por ello el más abocado al fracaso. Las exigencias son mayores y las normas, aún más numerosas y más complejas.

 

 





MI CUADERNO DE AUTOESTIMA I

4 04 2016

Cesar perro

MI CUADERNO DE AUTOESTIMA I

 

Hace unos días una curiosa sincronía me llevó a recordar que hace años subí a youtube unos cuantos vídeos que había editado de forma muy pobre con la versión que entonces tenía de Movie Maker. Eso me hizo recordar también  que por aquellas fechas andaba yo trabajando en los cuadernos de autoestima y otros sobre diversos temas. Me había obsesionado con “editar” mis propios libros para hacer mi propia biblioteca con mis textos. La edición consistía en comprar en los chinos álbumes de plástico en los que introducía hojas impresas de mis textos con fotos. Aquello me parecía muy importante en aquel tiempo, no sé por qué razón, tal vez el hecho de no estar solo me permitía plantearme el futuro de otra manera. Ahora no tiene el menor sentido. Cuando muera dejaré mis libros, discos y las paupérrimas posesiones que aún queden en mi poder, junto con la biblioteca personal con mis textos, en manos de quien proceda legalmente. El final de toda la historia es más que previsible, todo terminará en la papelera o quemado. Los textos subidos a Internet terminarán desapareciendo o nadie se preocupará de ellos. “Sic transit gloria mundi” como recuerdo que se decía en latín de mis estudios en la adolescencia.

 

En realidad por muy distintas que fueran las cosas la gloria del mundo pasaría también así, mueres y nadie te recuerda, tu obra desaparece en el anonimato, es quemada o destruida por quienes no le dan la menor importancia, no te quieren o ni siquiera te conocen. Todo pasa, todo muere, todo desaparece. ¿De qué sirve ganar todo el mundo si pierdes tu alma? Decía el bueno de San Ignacio de Loyola.  Sí, lo único que va a permanecer es la chispa divina que nos habita, como dice también el bueno de Milarepa. El alma eterna permanecerá mientras los cuerpos mueren y se destruyen, lo mismo que toda obra humana. “Tempus fugit”.

 

Bien, parece que todos son buenos, el bueno de San Ignacio, el bueno de Milarepa, todo el mundo es “güeno” menos yo. Eso no puede ser. Cuando escribí la primera anotación en mi cuaderno de autoestima, que ahora no encuentro, hacía una pequeña introducción, un subtítulo, diciendo que era un cuaderno de mis buenas obras para exhibir a las puertas del cielo, haber si así convencía al también bueno de San Pedro para que me dejara pasar. Lo dije en tono muy irónico, como es natural, pero de alguna manera pensaba que si me hicieran un juicio final todo el mundo testificaría en mi contra y solo yo tendría que exponer mis buenas obras. Aquella visión hacía que sintiera un amargo regusto en la boca, como a ajenjo. Lo siento, me decía, pero yo no soy malo, no, no lo soy, no soy un canalla, un cabrón, un malnacido, una bestia parda, como piensan algunos, simplemente soy un enfermo mental que ha sufrido mucho, ha luchado mucho y se siente orgulloso de las muchas cosas que ha conseguido, aunque no hayan sido suficientes para que ahora pudiera estar acompañado, por lo visto.

 

Por aquel entonces no había asimilado bien la filosofía del guerrero impecable. Esa que dice que hacer caso de lo que los demás dicen de ti, piensan de ti, a sus gestos y “esparabanes”, a sus señalamientos con el dedo, es dejarse encerrar en una cárcel de papel. Sí, ese ejercicio que les hice a mis alumnos en el cursillo de yoga. Un guerrero impecable hace lo que tiene que hacer, no siente remordimientos, ni culpas, no le da vueltas en la cabeza a cómo pudo haber sido y no fue, a lo que debió haber hecho y no hizo, a lo que no debió haber hecho e hizo, a cómo hubieran cambiado las cosas si… Un guerrero impecable no necesita inyectarse en vena una fuerte dosis de autoestima para seguir caminando, se limita a hacer lo que tiene que hacer, a pelear en solitario sus batallas de poder, a buscar la libertad entregando al Águila un clon de sí mismo, conseguido a través de la recapitulación.

 

Sí, tal vez un cuaderno de autoestima no sea lo mejor, pero guerrero o no la verdad es que necesito una fuerte dosis de autoestima en vena. Tras el divorcio ha habido momentos en los que me he sentido así, como si fuera un canalla, un cabrón, una bestia parda… No, no lo soy. Viendo aquellos vídeos que subí entonces a youtube me siento conmovido por la ingenuidad que destilaba entonces. Si no recuerdo mal, y creo que recuerdo bien, los debí subir tras aquella crisis anterior a la que me ha costado el divorcio. Entonces también estuvimos a punto de divorciarnos, también por las mismas causas. Me encamé, dejé de comer, no hablaba con nadie… Siempre lo mismo, una y otra vez. Ahora que me jubilo, si Dios quiere y las fuerzas poderosas lo permiten, espero tener mucho tiempo para recapitular. Algunos guerreros recapitulaban incluso durante más de cinco años, en profundidad. Yo tendré algunos más, si Dios quiere, por lo que espero que mi recapitulación sea tan profunda como la de aquellos guerreros o más. Solo con que encontrara la razón de mi comportamiento, las raíces de esa patología, me daría por satisfecho. Sigo sin comprender por qué lo hago y de dónde viene esa conducta extraña. La verdad es que lo sigo haciendo, aunque ahora, como estoy solo, nadie se entera ni molesto a nadie. Tras el correo de mi hija me encamé, como he hecho tantas veces, también dejé de comer un poco, me hundí y permanecí dando vueltas a todo. Por mucho que profundice en mis recuerdos nunca conseguiré descubrir la causa profunda de todo esto, tal vez sea kármica, tal vez solo logre encontrarla en el recuerdo de vidas pasadas.

 

Cuando miré aquella felicitación del año 2009 me sentí como quien observa a un niño intentar aparentar ser malo cuando no lo es, solo un ingenuo y cándido niño. Aquella sudadera que me compré, no recuerdo dónde, con aquel perrazo terrible, aparece en el vídeo como diciendo a mis enemigos que “¡cuidado conmigo!”. Había pasado muchos años sufriendo un mobbing salvaje, algo que sigo pensando que no merecí. Muchos, la mayoría de los “enemigos” que menciono en ese vídeo tenían clara relación con el trabajo. No sé si merecían mi odio, sí sé lo mucho que me hicieron sufrir. A pesar de ello en el vídeo aparece Milarepa y su chispa divina y al final eso de “al enemigo de agua” queda olvidado. Sí, en efecto, así soy yo, nunca consigo que mis odios duren para siempre y que me lleven a desear los tormentos del infierno para mis enemigos. Me considero una buena persona y eso es algo que necesito repetirme una y otra vez, eso es algo que debe aparecer en este cuaderno de autoestima, porque creo que muchos han complotado para hacerme creer que soy una mala persona, un canalla, y ello solo porque soy un enfermo mental. Los enfermos mentales necesitamos muchas dosis de autoestima en vena, todos los días, como los diabéticos necesitan su correspondiente dosis de insulina.

 

Calibrando cómo puedo armonizar la filosofía del guerrero impecable con esa necesidad de buscar lo mejor de nosotros para subirnos la autoestima creo que encaja a la perfección con el ejercicio de la cárcel de papel. Si dejamos que los demás nos encarcelen en una cárcel de papel, con las paredes repletas con sus palabras y gestos, con sus conductas, que nos dicen, eres malo, eres tonto, te mereces lo que te pasa, no tienes remedio, hijo, mejor que no hubieras nacido, etc, lo que conseguiremos es permanecer en una celda diminuta de una cárcel toda la vida, cuando en realidad nos bastaría con dar un puñetazo a las paredes de papel y salir en libertad a respirar aire puro. Esas paredes repletas con las frases que nos han dicho desde niños, las miradas que nos han dirigido, los gestos humillantes que han tenido con nosotros, esas paredes deben romperse, a cabezazos si es preciso. Cada vez que pienso en el tiempo que estuve encerrado en mi celdita, en aquella cárcel de papel,, solo porque algunos me llamaban el “loco de León” o me decían que estaba como una cabra, o me miraban con ojos despreciativos o volvían la cabeza a mi pasado; cada vez que pienso en cómo los que me hicieron aquel mobbing salvaje lograron que acabara sufriendo una fobia social que aún me cuesta superar, me entrar ganas de reír y llorar al mismo tiempo. Si a un guerrero le vencen con una palabra o una mirada ¡qué pobre guerrero es!

 

Sí, yo era un pobre guerrero, aún tendría que seguir un largo camino para llegar hasta donde estoy y por el camino lo iría perdiendo todo, hasta que ya no me queda nada, solo la vida y eso se arreglará no muy tarde. Pero ahora el guerrero impecable ya no tiene que pasar compulsivamente horas y horas editando pequeños vídeos para poner de manifiesto que no es tan malo como los demás le dicen que es. La ingenuidad con que aparezco en esos vídeos me enternece el corazón hoy. Tras el divorcio me planteé que si siendo bueno había sufrido tanto y recibido tantos palos, ya iba siendo hora de ser malo. Sí, fue algo así como la pataleta de un niño rabioso. Alcé los ojos al cielo y grité aquello de “fuerzas poderosas, puesto que me habéis tratado a patadas siendo bueno, ahora seré más malo que la quina, a ver qué hacéis ahora, a lo mejor me premiáis”.  Buen tonto estoy hecho. Sí, puedo que sea un tonto, tener autoestima no excluye de ver también los defectos, pero no soy una mala persona, nunca lo he sido y nunca lo seré.

 

Como guerrero impecable no necesito pregonarlo, ni convencerme de nada, no miro al pasado, no siento remordimientos, no tengo dudas, no tengo miedo, no me angustio por nada, no necesito probar que he sido y soy un hombre bueno, pero me vendrá muy bien recapitular para entregarle al Águila un clon de mi mismo que me permita alcanzar la libertad.





LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS VI

31 03 2016

LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS VI

big bang

LA ATRACCIÓN DEL PRIMER CÍRCULO

Está en nuestra naturaleza sentirnos atraídos irresistiblemente y caminar hacia el centro del primer círculo, hasta lo más profundo, hasta su núcleo, el amor, la divinidad. Hagamos lo que hagamos esa atracción será tan férrea como un trozo de hierro es atraído por un poderoso imán, no podemos librarnos. Como dijo el gran Dante, L’amor che move il sole e l’altre stelle (“El amor que mueve el Sol y las demás estrellas. Fuera de este círculo somos exilados, sedientos caminantes en el desierto. Como dijo el gran bardo también, “Tú dejarás todas las cosas que amas
más entrañablemente; y este es el dardo
que el arco del exilio primero saeta.

Tú probarás cuán amargo
es el pan ajeno, y cuán dura es la calle
de subir y bajar por ajena escala.

DAnte

Si partiéramos del primer círculo, el divino, como el punto de concentración máxima, donde se produjo el big bang, la creación de todo lo existente, en un acto infinito de amor, comprenderíamos que la tendencia de todo lo existente es la de volver al vientre divino, alcanzar ese nirvana fetal de perfecta y amorosa comunicación con la divinidad.

El ego es un autoengaño, el velo de Maya que nos oculta nuestra verdadera naturaleza divina, la vinculación perfecta entre todos y con todo lo existente. La consciencia no puede evitar intentar recrear cómo era antes de su primer aliento, necesita regresar al Todo, y por eso se expande, siempre se expande, buscando remedar el universo infinito del amor divino, intentando volver al vientre divino, intentando volver a vincularse con todo, como antes estaba vinculada. Pero antes de que pueda llegar a ello, en un casi eterno viaje en el tiempo, de reencarnación en reencarnación, la piedra de la consciencia traza en el agua las ondas que se van expandiendo en todas las direcciones, de forma concéntrica.

 

Nuestra aspiración máxima, un deseo infinito que nunca será calmado hasta el regreso a la divinidad, es la de que todo lo existente sea atraído hasta nuestro primer círculo y allí formar parte de nuestro vínculo afectivo, más aún, hasta llegar a ser uno con nosotros mismos, como ocurre con la extraordinaria vinculacíón de la pareja, “y serán los dos una sola carne”. Queremos alcanzar la vinculación perfecta, pero antes nos espera un largo camino, nuestra consciencia se expande en círculos concéntricos, llega hasta lo que está fuera de nosotros e intenta atraerlo hasta nuestro núcleo, hasta el centro de nuestro primer círculo.

Somos muy conscientes de lo que significa la intensidad del afecto en el mundo físico, la unión de la pareja, el estrecho abrazo de padres e hijos, de hermanos, de amigos del alma. Es la capa más profunda de nuestro primer círculo, allí donde quisiéramos estar siempre y con todos, con todo lo existente. Pero eso exige un trabajo titánico, una dedicación constante, un cuidado permanente de ese jardín donde brota el afecto por doquier. En cuanto nos descuidamos, en cuanto perdemos la concentración y la intensidad el vínculo se afloja y las personas que están en él se van alejando hasta traspasar la línea que nos separa del segundo círculo, las personas simplemente conocidas que aún no han recorrido el camino hacia el afecto total y de allí pueden seguir retrocediendo, hasta el tercer círculo, el de los desconocidos, aún más, cuando la ruptura violenta es causada por el odio se puede retroceder al cuarto círculo, el círculo infernal. Nadie puede llegar allí si antes no ha estado en el núcleo del primer círculo. El amor y el odio son dos caras de la misma moneda, apenas separadas por un estrecho filo. Solo puede odiar quien antes amó y solo puede odiar infernalmente quien antes amó divinamente.

Nada hay más duro que sobrellevar el vacío del primer círculo, como dijera Dante en sus versos, uno come el amargo pan del exilio, el ajenjo que supone comer el pan ajeno, mendigar el afecto del primer círculo a los desconocidos. Cuando la convivencia abrasiva del primer círculo nos hace sufrir profundamente imaginamos que fuera, en el exterior, en otros círculos encontraremos un reposo a nuestro trabajo constante, a nuestro esfuerzo agotador. Pero es solo un delirio pasajero, no somos islas capaces de sobrevivir en el vacío infinito. La atracción del primer círculo se retuerce en nuestras entrañas y lamentamos lo perdido y anhelamos volver a ello. La condición de viajeros solitarios es la condición de la ballena, que tiene que subir a la superficie para respirar, pero su vida está bajo el agua, en lo profundo.

 

Cuando escucho a algunos manifestar que se encuentran muy bien solos, que no necesitan a nadie, recuerdo la fábula de Samaniego de la zorra y las uvas. La zorra, hambrienta, renuncia a las uvas porque no están maduras. Ella sabe que no es así y que su hambre le haría devorar todas las uvas, pero no puede llegar a ella, la parra es muy alta. Se consuela pensando que están verdes. Decimos que estamos bien solos porque sabemos muy bien lo doloroso y trabajoso que es acercar a otros a nuestro primer círculo y lo complicado que es mantenerlo en el tiempo. Mejor estar solos que mal acompañados, decimos, pero no es verdad, cuando estás solo, absolutamente solo, sabes muy bien lo que darías por un minuto de afecto en el primer círculo.

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Al conocer a alguien, un desconocido, la tendencia natural es la de atraerlo a nuestro primer círculo. Es por eso que nos mostramos sonrientes y simpáticos, abiertos, generosos, comunicativos. No lo hacemos por miedo a que el otro nos rompa la cabeza si le ofendemos, entonces sonreiríamos muy pocas veces. Tampoco lo hacemos porque nos haga un favor perecedero, no vamos por ahí abrazando, besando y estrechando contra el corazón a los desconocidos a los que pedimos que nos den la hora, un esfuerzo tan grande implica que el favor que pedimos es también muy grande, la entrada del desconocido en nuestro primer círculo.

Aunque ni siquiera lo imaginemos, en realidad estamos viendo la chispa divina que habita en el interior de todos, los desconocidos también la poseen, como nosotros, solo que está en su interior, en lo más profundo. Tendríamos que pasarnos la vida perforando el pozo de su consciencia para encontrar el petróleo del amor, de que se compone la chispa divina. Aún así su resplandor no puede ser ocultado por la expresión desagradable de su rostro, sus palabras necias y ofensivas, su carencia de empatía, su incapacidad para el afecto, sus cuerpos feos o monstruosos, su aspecto de vagabundos demoniacos del pecado. La chispa divina ilumina todo lo que se le acerca, lo mismo desde la belleza que desde la fealdad, desde la sonrisa que desde la furia destructiva, desde los cuerpos más erosionados por la vida a los cuerpos jóvenes y bellos, desde las almas más bellas y puras a las más pervertidas. La belleza está en el interior de todos porque allí yace la chispa divina.

 

La atracción del primer círculo no puede ser anulada y se manifiesta de mil maneras. Eso no excluye, por supuesto, la elección libre y la prioridad. Nuestra consciencia no es infinita, no lo abarca todo y de forma absoluta, aunque divina en esa chispa que late en su interior, en sus capas más externas es profundamente humana y hasta bestial. Por mucho que expandamos la consciencia las limitaciones que encontramos son evidentes. Esto aparece muy claro en el mundo físico, donde la dimensión espacio-temporal lo impregna todo. No cabe todo el mundo en nuestro hogar, no todos están en el mismo espacio físico al mismo tiempo, no todos están a la puerta de nuestra casa, esperando que los recibamos con afecto. La dimensión espacial es una ley física y la dimensión tiempo ayuda a que los límites físicos no sean agobiantes, un obstáculo insalvable. Si no existiera el tiempo las personas que podrían ocupar una plaza pública en una gran ciudad, por muy grande que fuera, serían limitadas, salvo las que llegaron primero el resto nunca podría pisar ese lugar. Pero gracias al tiempo la posibilidad de ocupar un lugar físico concreto se hace tan inmensa, tan infinita, como lo es el mismo tiempo. Unos ocuparán la plaza hoy y otros mañana y otros pasado mañana, el tiempo nos permite que todos disfrutemos del espacio, y mientras unos deciden ocupar la plaza pública hoy, otros están en el estadio de fútbol o en un cine. Mañana, en cuanto el tiempo lo cambie todo, las personas podrán disfrutar de otros espacios físicos donde no estuvieron hoy. Lo mismo pasa con nuestro hogar, no todos podrían entrar a la vez, al mismo tiempo, pero como el tiempo se expande, hoy podemos recibir a unos y mañana a otros.

 

En nuestro primer círculo ocurre algo parecido. Nos gustaría que las personas que lo ocupan hoy lo ocuparan siempre, que el afecto fuera permanente y no hiciera sino aumentar. Nos gustaría que llamaran a la puerta para poder recibir nuevos visitantes y que el primer círculo se ampliara, porque así se ampliaría el afecto y ya sabemos, como dijo el gran Dante, que el amor es lo que mueve el sol y las estrellas, lo que mueve el universo. Pero somos limitados y por lo tanto nuestro primer círculo será siempre limitado.

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Tenemos la suerte de recibir con el nacimiento, en el pack, en el pan que traemos bajo el brazo, un primer círculo elemental pero muy intenso. En este círculo está primero nuestro madre, con la que hemos compartido ya vida desde el vientre materno. Ella nos presenta a nuestro padre que es la primera persona de su primer círculo. El bebé tiene ya un primer círculo que le es dado sin esfuerzo, sin buscar. Tiene a sus padres que a su vez le pueden presentar a sus hermanos. El primer círculo del bebé puede ser tan numeroso como lo es la familia y tan estrecho como lo son los primeros círculos de sus componentes. Aún así el bebé sabe que lo que gratis se nos da gratis se nos puede quitar, es por eso que hace sus pinitos para conservar ese primer círculo. Sabe que la sonrisa les atrae y por eso aprende a sonreír, sabe que sus balbuceos, sus risitas, su indefensión, atraen, por eso usa todos estos instrumentos de forma magistral. Porque también sabe que el esfuerzo a que obliga a los otros le llevaría a salir del primer círculo si no los compensara de alguna manera. Y cada vez que le limpian, que atienden sus lloros en la noche, sabe que tiene que compensar de alguna manera. Porque eso forma parte de las normas del primer círculo.

 

Un primer círculo, como hemos visto, tiene unas normas y unos requisitos: la equidad, la comunicación, la generosidad, el perdón, el trabajo constante por conservar lo que ya se tiene. Sin estos requisitos, que nacen de la naturaleza esencial del afecto, el primer círculo se rompe. Cuando ocurre sabemos muy bien por qué ha sido. El afecto ha ido disminuyendo conforme hemos perdido de vista para qué están las personas de nuestro primer círculo, no para servirnos, no para hacer nuestros caprichos, no para recibir todo de ellas sin que puedan esperar nada de nosotros. El afecto disminuye conforme se pierde intensidad y concentración, como el agua, se cuela rápidamente por los agujeros del colador, y cuantos más agujeros hay más agua se pierde y más deprisa. Lo mismo pasa con el afecto.

Si bien tenemos un primer círculo de fábrica, un pack que se nos entrega generosamente, deberemos trabajar toda la vida para conservarlo. Por desgracia algunos, muchos, por diversas circunstancias y rupturas de otros primeros círculos, nacen sin un primer círculo, sus padres les abandonan, quienes les cuidan en los orfanatos son profesionales, desconocidos a los que hay que atraer al primer círculo, que no están en él por derecho de nacimiento. Las familias de acogida, las que adoptan, tienen que pasar rápidamente del tercer círculo, desconocidos, al primer círculo. No hay tiempo que perder, el primer círculo debe ser establecido y sólidamente a la mayor rapidez posible. Aún así se echa de menos la vinculación que viene de fábrica. La madre adoptante no ha tenido al bebé en su vientre y eso implica que la vinculación que allí se produjo debe generarse ahora y a la mayor velocidad posible. Aunque los que no creen en el plano espiritual achacan todo esto a los genes, “a la sangre”, en realidad lo que vincula es el afecto y no la sangre. Cuando se pierde el afecto los vínculos de sangre no son nada, no sirven de nada. Padres e hijos, hermanos, familiares, unidos por la sangre, pueden llegar a salir del primer círculo, atravesar el segundo, llegar al tercero e incluso pasar al cuarto, al círculo infernal del odio. El vínculo de sangre sigue existiendo, pero ya vemos lo que ocurre cuando no existe el afecto, la sangre no vale nada, el afecto lo vale todo.

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Una vez que contamos con algunas personas en nuestro círculo, la tendencia es a aumentar y expandir este primer círculo, lo mismo que un sol devorador derretiría y asimilaría todo lo que encontrara a su paso, el amor necesita expandirse y vincularse, es su ley suprema. Por eso a lo largo de la vida, de acuerdo a esa dimensión tiempo que nos permite estar en muchos lugares y conocer a muchas personas, vamos encontrándonos con gran número de seres humanos. Al recapitular, de acuerdo a la técnica de Castaneda, me he encontrado con la sorpresa de que si recuerdo todo lo que me ha ocurrido desde el nacimiento, hasta donde alcanza mi memoria, descubro que la cantidad de personas que han pasado por mi vida es abrumadora. Pero de todas ellas solo recuerdo a las que han dejado huella, del círculo de los desconocidos casi no recuerdo a nadie, del círculo de los conocidos a muy pocos, y solo de los que han llegado a estar en el primer círculo, aunque fuera brevemente y tan solo pisando la raya que lo separa del segundo, han dejado huella y recuerdo en mí. El recuerdo va unido a la vinculación que ha existido, recuerdo mejor a los del primer círculo que a los del segundo, y a los del tercero muy poco. En cambio, y esto es curioso, puedo recordar muy bien a los del cuarto círculo, los que me han odiado o a los que he odiado. La razón ya la expusimos, antes solo pueden odiar los que han amado. Los que nos odian es porque de alguna manera nos han amado.

 

Y es aquí donde entra la interacción de los diferentes círculos en los diferentes planos o dimensiones. Muchas veces no sabemos por qué un determinado desconocido nos atrae. Puede que lo hayamos tenido en nuestro primer círculo en alguna vida pasada, puede que lo hayamos conocido en sueños, en el plano astral, puede que forme parte de alguno de nuestros primeros círculos en las dimensiones invisibles. Como es arriba es abajo, dice el Kybalión. La ley de los círculos funciona de forma parecida ya estemos en el plano físico o en el plano más elevado, en el causal, el del alma. Cuando terminemos de analizar todos los círculos estudiaremos cómo funcionan las interacciones. Y al finalizar el estudio, en un apéndice, haremos un estudio concienzudo de los falsos círculos y cómo funcionan. Como veremos nada más fácil que descubrir un círculo falso. En ellos no hay afecto. El algodón no engaña, como diría el conocido anuncio.

Y por hoy dejaremos este apasionante estudio que nos muestra cómo funcionan las leyes cósmicas, las leyes espirituales en nuestra vida cotidiana. La ley de los tres círculos es tan acogedora como implacable. Podemos atraer a los demás a nuestro primer círculo, aunque esté vacío, eso es un consuelo, pero nos exigirá un gran esfuerzo y tendremos que recorrer un largo camino para lograrlo. El hecho de que la mayoría nazcamos con un pack, un primer círculo embrionario, no significa que no lo podamos perder si no lo trabajamos, si no cumplimos las leyes del primer círculo. Nada más triste, más destructivo que la pérdida de un primer círculo, la desvinculación, la ruptura, es una de las experiencias más dramáticas y dolorosas de nuestras vidas. La atracción del primer círculo es tan intensa que a lo largo de la vida remedamos las condiciones de este primer círculo, lo mismo que intentamos volver emocionalmente a la calma y la seguridad del vientre materno. Es por ello que creamos multitud de falsos primeros círculos con los que nos hacemos la ilusión de no estar solos, pero la soledad es una condición intrínseca a la carencia de un primer círculo. Todos los círculos falsos son instrumentales y en todos ellos falta el afecto. Hay círculos de poder, laborales, mercantiles, de supervivencia, círculos para que nuestra vida sea más cómoda. Nuestra sociedad es un gigantesco círculo de círculos, pero por desgracia es falso. No nos une el afecto, nos unen intereses espúrios, necesitamos sobrevivir y para ello creamos una sociedad interdependiente en las que todos colaboran para que mediante el intercambio podamos tener todo aquello que no tendríamos si estuviéramos solos. Pero de esta falsedad, de esta falta de afecto surge toda la perversidad de los primeros círculos falsos. No hay un intercambio de afecto, solo de intereses y como el egoísmo y la comodidad nos llevan a olvidar las leyes básicas del primer círculo, intentamos recibir mucho y dar poco. Instrumentalizamos a los demás, les usamos para luego tirarlos, intentamos convertirlos en nuestros esclavos, que nos sirvan mientras proclamamos a voz en grito el lema de los ángeles caídos, de los demonios: “Non servire”. No serviré, que me sirvan. Así todos los círculos del poder están viciados desde su base, se utilizan para conseguir instrumentalizar a los demás, de alguna manera nosotros también somos ángeles caídos, demonios. Al gritar que no queremos servir lo que hacemos es transformarnos en demonios que solo buscan su placer y su beneficio.

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Por eso nuestra sociedad está viciada desde la raíz y por eso todas las soluciones que se intentan encontrar a los problemas son falsas y como tales se demuestran con el tiempo. Falta afecto, no hay primeros círculos, y la convivencia solo funciona por las normas del segundo círculo, los simples conocidos, o por las del tercero, los desconocidos a los que despreciamos e intentamos utilizar. Nuestra sociedad se está enfrentando a esa gran verdad espiritual y tantea en la oscuridad, buscando soluciones mágicas, cuando solo una es real y posible. Mientras los refugiados claman ante los muros de nuestras sociedades privilegiada nosotros decidimos que no vamos a introducirlos en nuestro primer círculo, no les vamos a dar afecto, solo les soportaremos siguiendo las normas del segundo círculo y cuando nos afecten demasiado los mandaremos al tercer círculo y allí los desconocidos no nos importarán. Podremos masacrarles sin piedad.

Solo las leyes cósmicas, las leyes espirituales nos permitirán salir de este laberinto infernal y solucionar nuestros problemas. No encontraremos soluciones mágicas, ni para la economía ( buscando la cuadratura del círculo), ni para el terrorismo (quien a hierro mata a hierro muere), ni para la superpoblación, ni para el planeta Gaia y su deterioro evidente, ni para un mundo hedonista donde el consumo nos acabará por consumir a todos. Solo el afecto del primer círculo nos aportará luz y soluciones, porque no dejaremos morir a quienes queremos y encontraremos fórmulas para que la equidad reine en nuestra sociedad, aunque para ello tengamos que privarnos de cosas que otros necesitan.

 

Continuaremos estudiando la ley de los tres círculos. Quiero manifestar aquí mi profundo afecto fraternal por Milarepa que es quien me inspira y guía mi mano.

 

QUE LA PAZ PROFUNDA NOS ACOMPAÑE A TODOS EN EL CAMINO.

Milarepa

 

 

 





LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS V

30 12 2015

 

CARICATURA FAMILIA

LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS V

 

LEYES BÁSICAS DE FUNCIONAMIENTO DE CADA CÍRCULO

 

PRIMER CÍRCULO

 

Estamos hablando de leyes espirituales, no de simple geometría social, por lo tanto es posible que no coincidan las normas sociales o personales con las que aquí se van a expresar, así por ejemplo se supone que una familia, personas unidas por lazos de sangre, deberían pertenecer siempre al primer círculo, sin embargo es más que posible que en el plano espiritual muchos miembros ya no formen parte de ese primer círculo, aunque actúen de cara a la sociedad como si así fuera. En varios capítulos especiales, que servirán de apéndices a esta primera parte teórica, estudiaremos los círculos falsos y las normas que los rigen. Cuando hablo de círculos falsos me refiero a que la verdadera realidad, la verdadera existencia, es la que más permanece, la que más profundo cala en nosotros y la que está más elevada en nuestra consciencia. El círculo amoroso de la divinidad es lo más elevado y lo más real de la existencia, por lo tanto todo lo demás girará en torno a este primer círculo de la existencia que genera el resto de realidades finitas y temporales y de donde proceden las normas que rigen la existencia de los universos y de las personas.

 

Como veremos en estos apéndices los falsos círculos apenas sirven para otra cosa que para delimitar socialmente las paupérrimas relaciones interpersonales que se generan cuando lo único que se busca es satisfacer de forma egoísta nuestras necesidades, supuestas y reales, utilizando a los demás como herramientas e instrumentos. Estos serían los círculos falsos del egoísmo, mientras que los que nosotros vamos a estudiar ahora son los círculos verdaderos del amor y de la divinidad.

 

NORMA FUNDAMENTAL

 

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-Nadie puede permanecer en el primer círculo si no está vinculado por el amor en sus diversas formas y manifestaciones, amor de pareja, paterno-filial, fraternal, amistad, cariño, etc.

 

La intensidad de este vínculo dependerá de la intensidad amorosa entre las personas que formen parte de él. Así vamos a establecer, metafóricamente, las diferentes posiciones geográficas que ocupan los que residen en este primer círculo.

 

Centro o núcleo: La intensidad amorosa crea vínculos muy estrechos que sitúan a estas personas en el centro del núcleo del círculo. Allí estarían las parejas profundamente enamoradas, las madres y los padres que aman con inmenso amor a sus hijos, éstos que a su vez aman de la misma manera a los padres, el amor fraternal, la amistad más intensa y vinculante, etc. Se podría decir que los ocupantes de esta posición estarían muy cerca del círculo místico, es decir, del amor generoso y sin apego a la divinidad, expresado en el amor a sus criaturas. Este primer círculo místico será estudiado cuando hablemos de los círculos en el plano causal o de las almas, de momento, en el plano físico nos limitaremos a constatar que el inevitable egoísmo de nuestra naturaleza individual está muy atenuado en el núcleo de este primer círculo por estos amores a personas concretas, que tienen también su dosis importante de egoísmo y su patología, como veremos.

 

SEGUNDA NORMA

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De nada sirve la teoría o los supuestos amores teóricos, la vinculación debe ser real y profunda y para ello tendrá que cumplir los siguientes requisitos:

 

Respeto a la libertad y dignidad de los otros componentes del primer círculo.

 

Equidad en el trato. No se trata de dar exactamente lo que antes se ha recibido o de dar primero buscando recibir algo igual a cambio, como veremos en el primer círculo la generosidad es una condición básica para que exista esta vinculación.

 

Generosidad: La generosidad va por delante varios pasos de la equidad. A la generosidad no le importa dar más de lo que recibe o incluso renunciar a ser compensado en algún momento. Esto es cierto, pero como veremos, por mucha generosidad que haya por parte de algunos miembros de este círculo, si no hay equidad la vinculación de este primer círculo se acabará rompiendo antes o después, más bien antes. Por mucho que queramos a alguien si no recibimos un trato equitativo y generoso por su parte la paciencia se agotará con el tiempo y acabaremos expulsando a estas personas, que no responden a nuestros cuidados, a nuestro amor, fuera de nuestro primer círculo.

 

Comunicación: No se trata solo de datos, aunque esto también es importante, es una comunicación más profunda, de alma a alma, podríamos decir si estuviéramos en el primer círculo de la dimensión del cuerpo causal. Como veremos al tratar de los pasos a dar en la atracción de las personas del tercer círculo o desconocidos hacia nuestro primer círculo, la comunicación es esencial. No funciona eso de yo te cuento mi vida en un montón de capítulos y tú no me cuentas nada de ti. La falta de comunicación del uno hacia el otro y del otro hacia el uno viciará desde el principio este tipo de relaciones.

 

Sinceridad: No hay verdadera comunicación sin franqueza y sinceridad. Ocultar cosas, ser discreto en exceso, ser un fiero guardián de nuestra intimidad es lo peor que se puede hacer si uno quiere atraer a personas del tercer círculo al primero. Cuando no hay sinceridad entre personas del primer círculo las que no son sinceras están en las afueras, en los barrios más extremos y alejados, del primer círculo de la persona que es sincera y que cree tenerlos dentro de su primer círculo, y antes o después, más bien antes se irán produciendo conflictos que terminarán con estas personas fuera del primer círculo. Todos conocemos muy bien cómo funcionan los conflictos familiares y lo terrible que puede llegar a ser el drama de quienes son expulsados del primer círculo, la violencia que esto genera nos da una idea de la intensidad afectiva que en algún momento hubo entre esas personas dentro del primer círculo.

 

Empatía y solidaridad: Solo podemos ser solidarios si somos capaces de ser empáticos, eso de dar por dar, de ser generosos por serlo, no funciona, si damos es porque nos ponemos en la piel del otro, sabemos lo que necesita, sabemos lo que sufre y se lo damos de la misma manera que nos gustaría a nosotros recibir de ellos.

 

Como estamos viendo para que todo funcione bien en un primer círculo son precisas las cualidades espirituales más elevadas. No es de extrañar puesto que  el primer círculo está mucho más cerca del círculo primigenio de la divinidad que el resto de círculos que se van separando de este primer y divino círculo conforme el egoísmo va creando abismos infranqueables entre las personas que en lugar de vincularse, se separan. Esto es como una autopista de doble dirección, con muchos carriles, mientras unos van hacia la meta, otros regresan de la meta, destrozados por que al alejarse han comenzado a perder todo lo que antes buscaban y les hacía felices, el amor, el afecto, el cariño, la amistad, etc.

 

Cuando entremos en la parte práctica de la ley de los tres círculos se darán cuenta de lo elementales que son estas leyes y que de alguna manera ya las habíamos asimilado desde siempre, solo que  es más fácil echar la culpa al otro cuando se marcha de nuestro primer círculo que a nosotros mismos.

 

TERCERA NORMA

 

Nadie puede ser feliz, persona completa, si no tiene un primer círculo, aunque esté formado por muy pocas personas o por solo una.

 

La felicidad, la cordura, todo lo que realmente anhelamos no podrá ser alcanzado nunca sino es a través de la creación de un primer círculo. Es por eso que venimos con un primer círculo de fábrica, la familia, y a lo largo de la vida buscamos tener nosotros también nuestra propia familia, porque la soledad de una isla desierta solo es posible para la persona infinita, total, es decir, para la divinidad, y sin embargo, como veremos, hasta ella se ha buscado un primer círculo, el primer círculo trinitario, porque la soledad es lo peor que nos puede pasar en el camino hacia la espiritualidad, la única realidad posible.

 

Hay quienes buscan saltarse los primeros círculos del plano físico, para alcanzar rápidamente el primer círculo del plano causal o alma, el círculo místico, e incluso también se lo saltarían si pudieran acceder directamente al círculo de la divinidad. Todos lo haríamos porque todos buscamos la felicidad absoluta, sin limitaciones, pero como veremos también no es posible dar saltos en el vacío, todo el camino está medido.

CARICATURA ÁTOMO

CUARTA NORMA

 

Las personas no permanecen en el primer círculo para siempre por el simple hecho de haber entrado en él, requiere un trabajo constante de vinculación. El primer círculo no es una cárcel de la que no podemos salir ni la vinculación es una cadena que nos ata de manos y pies a la pared de la cárcel. El primer círculo está abierto, es campo abierto, todo el mundo puede marcharse cuando quiere y puede regresar cuando lo desee, otra cosa es que quien ha trazado ese primer círculo nos quiera volver a aceptar.

 

Este es el error más común que se produce en las conductas entre miembros del primer círculo. Pensamos que por el hecho de que nuestros padres sean nuestros padres nos van a querer siempre, que  de alguna manera lo llevan en la sangre. Como veremos la sangre solo es sangre, el vínculo que une en el primer círculo es el afecto, el cariño, el amor, la sangre solo sirve para una transfusión, suponiendo que tengamos el mismo grupo sanguíneo. Ocurre también con frecuencia en las parejas, que piensan que por el hecho de haber pasado por todo el proceso de atracción desde el tercer círculo al núcleo central del primero, ya todo está hecho. Lo trabajoso de este camino hace que muchas veces las parejas se tumben a la bartola, pensando que todo está hecho. No hay mayor trabajo ni más erosivo que el mantener los vínculos en la relación de pareja, cuanto más intensos son éstos más trabajo requiere su mantenimiento. Y así ocurre con todas las demás relaciones del primer círculo, familiares, amistosas, etc.

 

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QUINTA NORMA

 

Si la fusión nuclear es limpia la fisión nuclear es siempre caótica y destructiva. Si la atracción hacia el primer círculo, aunque muy trabajosa, es siempre un proceso dulce y hasta embriagador (la seducción y el cortejo en la pareja es el mejor ejemplo) la expulsión del primer círculo, la ruptura, la fisión, es un proceso mucho más rápido que el de atracción y fusión y también infinitamente más doloroso y destructivo. Se suele decir que amor y odio son dos caras de la misma moneda, lo que no se suele decir es que para que caiga cara hay que poner todo de nuestra parte y que la cruz nos la pondrán a cuestas en cuanto nos vayamos alejando del primer círculo. Se podría decir, sin andar muy descaminados en esta quinta norma, que uno acaba odiando tanto como amó o que uno acaba separándose del primer círculo de otra persona con tanta rapidez y a tanta distancia como antes estuvo cercano a ella. Las parejas que se amaron con locura podrán llegar a odiarse con igual locura, solo que ahora infernal. Los padres e hijos que se dieron todo podrán quitárselo todo cuando se expulsen del primer círculo.

 

No es fácil permanecer en un primer círculo, requiere mucho esfuerzo, mucho trabajo y es algo diario, cotidiano. Tampoco es cierto que las expulsiones se producen de un día para otro. Nos vamos alejando del núcleo como un peatón se va alejando del centro de la ciudad, caminando hacia las afueras, paso a paso y eso lleva un tiempo. Lo mismo que hay signos de que nos vamos acercando al primer círculo del otro y de que cada vez nos aproximamos más al núcleo, también hay signos de que nos vamos alejando cada vez más.

 

NORMA ENGLOBADORA

 

-Cada uno tiene su propio primer círculo. Puede que determinadas personas formen parte de nuestro primer círculo, pero eso no significa que nosotros formemos parte del suyo. Se podía dar una norma clara y drástica, es preciso que dos personas formen parte del primer círculo de ambas, una está en el primer círculo de la otra y la otra está en el primer círculo de la una, sino es así, esa estancia en el primer círculo será muy fugaz, fugacísima.

 

-El hecho de que una persona forme parte de nuestro primer círculo no significa que todas las personas que forman parte del suyo tengan que formar parte del nuestro. Eso sí, cuantas más personas del primer círculo del otro formen parte del nuestro más estrecho será el vínculo, cuantos más conflictos se produzcan con las personas que conforman el primer círculo de quien forma parte del nuestro, más probable es que se acabe produciendo la ruptura y la expulsión de nuestro primer círculo. El ejemplo más claro es el de la relación familiar o de pareja. Las bromas sobre la suegra forman ya una antología, la suegra es la madre de nuestra pareja, forma parte estrecha y esencial de su primer círculo, si ni siquiera llega a formar parte de nuestro segundo círculo, la relación con nuestra pareja será extremadamente difícil.

 

-Todos estamos vinculados a través de los primeros círculos, la sociedad es un laberinto complejísimo de círculos, cuantos más primeros círculos y más numerosos y más vinculados entre sí tenga una sociedad más feliz será, más democrática, respetuosa, libre y con futuro. Quienes no tienen primeros círculos están marginados de la sociedad, son islas asaltadas por constantes tsunamis.

 

Aún nos queda mucho por estudiar, lo dejaremos para el siguiente capítulo.

 

 

 

 

 

 

 

 





LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS (ESTRUCTURA) IV

21 11 2015

 

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LA LEY DE LOS TRES CÍRCULOS IV (ESTRUCTURA)

EL CUERPO MENTAL Y EL CUERPO EMOCIONAL

La consciencia es el aglutinante de todos los cuerpos y la memoria el puente que une unos a otros dentro de la personalidad o “yo” que somos los individuos. El ejemplo de las muñecas rusas, unas dentro de otras, hasta casi el infinito se aproxima bastante a lo que somos como individuos. Ya hemos visto que el rechazo a considerarnos seres multidimensionales es la raíz de todos nuestros errores.

Don Juan le insiste una y otra vez a Castaneda que todas las experiencias que vive al cambiar el punto de encaja son reales, que se trata de mundos dimensionales a los que accede al desenclavarse la percepción de ese agujero en el cinto que todos llevamos atado alrededor de nuestra individualidad. En uno de los momentos más impactantes del Arte de ensoñar don Juan le dice a Castaneda que la consciencia es real y éste le pregunta si eso quiere decir que se trata de una realidad física. No, le responde don Juan, es energética. Nos hemos acostumbrado tanto a pensar en realidad como igual a fisicidad, a materia, a las cosas que podemos ver, palpar, oler, gustar, que cualquier otra cosa que nos ocurra al margen de ese tipo de realidad las consideramos puramente “mentales”, es decir, producto de la fantasía, de la imaginación, algo que está en nuestra mente, en nuestras neuronas, como corrientes eléctricas que se mueven para provocar determinadas percepciones, pero nada más. La realidad para nosotros es exterior, una pared que está fuera de nosotros es más real que un pensamiento que ha guiado nuestra vida, generando conductas y comportamientos que nos han llevado por unos determinados caminos y no por otros, o que una emoción o sentimiento que nos ha hecho odiar a personas a las que incluso habríamos matado, quitado la vida, la realidad, sino temiéramos el castigo social, o que nos ha hecho amar a determinadas personas con las que hemos decidido compartir nuestras vidas, dedicarnos en cuerpo y alma a interactuar y comunicarnos con su realidad.

Así pues no damos la menor importancia, la menor realidad, a lo que ha conformado la mayor parte de nuestras vidas y en cambio consideramos importante, “muy real” a paredes materiales dentro de las cuales hemos permanecido un tiempo sin ni siquiera ser conscientes de su existencia, puesto que nuestra mente y nuestra emociones estaban muy lejos de allí. Eso mismo nos ocurre con nuestros diferentes cuerpos. Consideramos real el cuerpo físico porque podemos palparlo, verlo, porque podemos sentir su dolor o su placer, porque podemos moverlo en un espacio y percibimos su erosión a lo largo del tiempo y sin embargo no damos la menor importancia ni consideramos como “real” a la consciencia que nos permite percibir el dolor físico, estando convencidos de que es la corriente eléctrica que pasa por nuestros nervios la que nos hace conscientes del dolor. Nuestras emociones no son nada sino producen efectos somáticos, si no las somatizamos, si una intensa angustia no nos genera una úlcera estomacal, pero antes de que el cuerpo físico reciba las heridas del cuerpo emocional éstas ya existían.

Todos nuestros cuerpos están estrechamente unidos, de ahí que no seamos capaces de distinguirlos, pero podemos comprobar su identidad propia si nos fijamos en lo poco que sabemos del cuerpo astral, tan solo lo que nos permiten atisbar las escasas escenas onírica que recordamos. Hay un puente entre todos los cuerpos, a veces sólido y a veces muy sutil, es la memoria. Los recuerdos nos permiten vincular a la consciencia todo lo que les sucede a nuestros cuerpos. La importancia de la memoria es extrema, sin memoria no somos nada. Nuestro yo, nuestra personalidad, nuestra identidad se basa en la memoria, en el recuerdo, sin ella nuestra vida infantil bien podría ser la de otra persona diferente a nosotros. Es ella la que une al adulto al niño, la que le permite saber que ambos son una misma persona. La disociación de personalidad, la múltiple personalidad surge cuando el puente de la memoria se rompe. Un enfermo de Alzheimer vive en el caos mientras su personalidad se disgrega, las personalidades que han conformado su vida, estrechamente unidas gracias al vínculo de la memoria se disgregan y se aniquilan. Lo mismo sucede con nuestros cuerpos, si están desvinculados, si el puente de la memoria se ha hundido nuestra personalidad se vuelve patológica, somos enfermos mentales ambulantes, todos, lo que ocurre es que a algunos se nos nota más debido a ciertas patología de nuestra mente y de nuestro cuerpo emocional. Solo los gurús, los grandes maestros, que son capaces de unir con el puente solidísimo de la memoria sus diferentes cuerpos, pueden armonizar en una sola y única consciencia su ser multidimensional.

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Solo el ser multidimensional es armónico, el ser unidimensional es patológico por definición, si al cuerpo físico apenas le llegan datos del cuerpo astral nos encontramos con una persona sin imaginación, sin intuición, una mente roma y ser plano emocionalmente. Las patologías emocionales se generan por falta de comunicación entre cuerpo el cuerpo emocional, el astral y el físico. Al cuerpo emocional no le queda otra solución que somatizar las emociones para que el cuerpo físico reciba sus mensajes. Y lo mismo ocurre con el cuerpo mental, una mente apagada, incapaz de razonar, de intuir, es como una linterna que no somos capaces de encender en medio de la noche, no nos sirve para nada. Y cuando el resto de los cuerpos no tiene una buena comunicación con el alma se generan las enfermedades del alma que se comunican al resto de los cuerpos como un timbre de aviso para que restablezcan esa comunicación. El ser multidimensional debe estar perfectamente comunicado o de lo contrario las enfermedades físicas y mentales nos asaltarán como una forma de recordarnos que los puentes están rotos.

Nos podemos hacer una idea de la falta de comunicación entre los cuerpos cuando observamos patologías tales como la insensibilidad al dolor físico o cuando observamos a personas que son incapaces de ponerse en la piel de otras, de sentir empatía, acaban convirtiéndose en verdaderos monstruos, incluso en sociópatas, en asesinos en serie. Sin embargo hay gradaciones diferentes en esta comunicación entre cuerpos. Centrados en desarrollar un cuerpo nos olvidamos del resto y éstos deben recordárnoslo con la enfermedad y el dolor. Nos ocupamos de la salud del cuerpo físico, de mantenerlo en forma, y sin embargo nos olvidamos de las emociones, de las relaciones interpersonales y acabamos sufriendo enfermedades cuyas causas parecen estar profundamente ocultas. Hay quienes se alimentan de emociones con auténtica gula, como aquel al que gusta tanto el dulce que solo se alimenta de pasteles y tartas, el cuerpo físico se acabará rebelando. Lo mismo ocurre con los demás cuerpos cuando solo alimentamos al cuerpo emocional y curiosamente, sin darnos cuenta, sin ser conscientes de ello buscamos las emociones más intensas que suelen ser también las más negativas. Cualquier emoción nos sirve y al final buscamos provocarlas de forma patológica para que el cuerpo emocional no se queje, incluso llegamos a convencerle de que no somos humanos sino sentimos emociones. Naturalmente que el cuerpo mental se rebela, está hecho para ser los ojos del cuerpo emocional y cuando los cerramos nos convertimos en ciegos que vamos palpando paredes y caminando erráticamente, porque la linterna que debereía guiarnos en el camino está apagada.

En cada cuerpo también funciona la ley de los tres círculos, aunque con matices importantes. Siguiendo la ley del Kybalión, como es arriba es abajo y como es abajo es arriba, nos hacemos una idea de cómo funciona esa ley de los tres círculos en cada cuerpo. Hemos visto que en el plano astral buscamos atraer al primer círculo a otras personas, incluso aunque no las conozcamos en la vida física, buscamos a parientes y amigos, a seres queridos de otras vidas, buscamos conocer gente nueva, ayudándonos de la facilidad que tiene el cuerpo astral para viajar sin obstáculos. El cuerpo emocional también busca desesperadamente personas que le den emociones, sentimientos, cariño. Puede que nuestro primer círculo esté deteriorado porque las personas que lo integran no se comunican bien, han dejado de tenerse cariño, es entonces cuando buscamos fuera, desesperadamente a personas que puedan darnos lo que en el primer círculo no se nos da. Y es entonces, si no tenemos la luz de la mente, cuando se producen terribles errores cuyas consecuencias pagamos toda la vida. Mujeres que buscan en su pareja al padre que nunca les dio cariño; hombres que buscan en su pareja a la madre que les despreció; sedientos de cariño que utilizan cualquier treta, cualquier farsa de control para acercar a su primer círculo a desconocidos, utilizando la compasión, el servilismo, el halago desmesurado y ridículo. Y así nos encontramos a los mentirosos patológicos que en realidad solo mienten para no ser abroncados y para que los demás les estén dando siempre cariño. A los pelotas indecentes que nos dicen lo maravillosos que somos hasta el empalago y que resultan tan ridículos que nos hacen reír. A personas que carecieron del cariño paterno durante la infancia y que cuando se ponen a buscar pareja intentan encontrar el modelo de sus progenitores.

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La ley de los tres círculos es terriblemente eficaz en el mundo regido por el cuerpo emocional. Mientras que en el mundo físico la ley de los tres círculos funciona con tanta lentitud y discreción que a veces apenas la notamos, en el mundo emocional sus postulados se convierten en axiomas infernales. Todo aquel que busque pareja pensando en el progenitor que no le dio cariño se abocará al fracaso más espantoso, porque una pareja no puede ser un padre o una madre y si queremos convertirle en esta figura la vida de pareja de convertirá en un ridículo infierno. Todo aquel que tiene despoblado el primer círculo intentará atraer a él a todo el que pase cerca, a todo lo que se mueva, utilizando la imagen del cazador, disparar a todo lo que se mueva. Así nos encontramos con personas que hablan y no paran de hablar con cualquier desconocido, pensando tal vez que pueden saltarse las normas de atracción de los tres círculos que veremos en el próximo capítulo. Resulta patético observar cómo acechan a desconocidos solitarios, se les acercan con disimulo y se ponen a hablar frenéticamente. Intentan atraer a personas al primer círculo saltándose todas las etapas y no en un día, ni siquiera en una hora. Se olvidan de que la ley del tiempo es implacable en los tres círculos, toda vinculación, toda atracción al primer círculo requiere un tiempo y quien se lo salta acaba siendo rechazado.

Si observamos atentamente a nuestro alrededor, en nuestra sociedad, veremos cómo las patologías generadas por saltarse a la torera la ley de los tres círculos,son incontables. Personas que buscan el poder para así saltar los obstáculos que les supone atraer a personas a su primer círculo. Utilizan el poder para forzar a personas a entrar a su primer círculo, donde ellos son los reyes, los dioses, olvidándose de que no se puede atraer ni retener a nadie en el primer círculo sin cariño, entre otras cosas. Incapaces de dar y recibir cariño utilizan el poder para forzar a otras personas a actuar como si formaran parte del primer círculo. Manipulan, controlan, someten, creyendo que son fantásticos porque su primer círculo está muy poblado y en él ellos son auténticos dioses. Lo que consiguen es un primer círculo infernal, dantesco, una perpetua lucha de sus sometidos por librarse de su tiranía. Hay sádicos que inflingen dolor porque no son capaces de dar y recibir placer, pensando que de esa manera, sometiendo por el dolor pueden atraer y retener a personas en el primer círculo. Se olvidan de que el placer es una de los requisitos del primer círculo que se podría decir es el círculo del alma, que solo se alimenta de felicidad.

En el siguiente capítulo comenzaremos a ver cómo funcionan las leyes en cada círculo y los pasos inevitables que hay que dar para que las personas pasen de un círculo a otro. Descubriremos que todos los problemas que existen en las relaciones interpersonales en nuestra sociedad son debidos a saltarse la ley de los tres círculos, intentando alimentarse con sucedáneos de los verdaderos alimentos. Pero antes vamos a repasar, a recapitular un poco la base de esta teoría de los tres círculos.

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RESUMEN

-El todo es circular, cada parte del círculo es perfectamente equidistante del centro. La consciencia divina está a la misma distancia de todas y cada una de sus criaturas. El misterio de la Trinidad no es otra cosa que la única posibilidad que tiene la divinidad de tener un primer círculo. Puesto que en él solo pueden entrar entidades infinitas y divinas como el mismo Dios la necesidad de que sea una Trinidad es de una lógica aplastante. Dios se mira a sí mismo y se quiere, Dios Hijo, el amor entre ambos, El Espíritu Santo. No caben más entidades en el primer círculo de la divinidad.

-Conforme se va descendiendo desde el núcleo de la divinidad el Todo se va partiendo y las diferentes partes pueden formar sus propios círculos, como no son infinitas sus círculos son limitados e imperfectos.

-El ser humano es multidimensional por lo tanto tiene círculos en cada dimensión y éstos deben estar unidos entre sí o la desarmonía generará patologías. Como somos limitados nuestros círculos son limitados e imperfectos, la aspiración es a formar parte del círculo de la divinidad, de la Totalidad, pero para esto tenemos que fusionarnos con la divinidad y antes de hacerlo deberemos seguir un largo camino, vinculándonos con los hermanos en círculos, solo una consciencia infinita puede formar un círculo infinito, por lo tanto los círculos humanos son siempre limitados, en número de integrantes y en cuanto a la relación con ellos.

-Conforme vamos ascendiendo de dimensión, los diferentes cuerpos forman círculos más numerosos y con mayor calidad en la relación hasta llegar al cuerpo causal o alma que tiene un primer círculo muy numeroso (en el que están también los integrantes de los primeros círculos de nuestras vidas pasadas). La relación de los integrantes del primer círculo del alma es fundamentalmente espiritual por lo que siempre será más sólido que cualquier otro círculo en cualquier otra dimensión. El mundo virtual es una buena metáfora de la ley de los tres círculos, añadimos contactos, buscando que nuestro primer círculo se amplie y se profundice, pero por desgracia ese es un trabajo duro que no todos están dispuestos a hacer y por eso la mayoría de contactos son del tercer círculo, desconocidos, o del segundo, conocidos pero sin llegar a una relación afectiva íntima. En otro capítulo, en la parte práctica, de la ley de los tres círculos utilizaremos también la metáfora del mundo virtual.

Pero aún nos queda mucho camino por recorrer, en el siguiente capítulo veremos las leyes que funcionan en los círculos y dejaremos para el final el círculo del alma, deduciendo cómo funciona en base a la ley del Kybalión, como es arriba es abajo y como es abajo es arriba.