MEDITACIÓN-LA ESTACIÓN DE TRENES

24 04 2013

LA ESTACIÓN DE TRENES-MEDITACIÓN PARA DETENER EL DIÁLOGO MENTAL
LA LEY DE AHMRA

En tiempos del faraón Akenatón, los iniciados de las escuelas de los misterios egipcias formularon una ley cósmica que ya se conocía desde mucho tiempo atrás. La llamaron la ley de Ahmra. Viene a decir que cuando recibes dones espirituales de forma gratuita, que no has comprado con tu dinero o tu duro trabajo, estás obligado a compartir esos dones con los demás con absoluta generosidad. Si no lo haces e intentas aprovecharte de esos dones en tu exclusivo beneficio, especialmente si buscas la riqueza material a costa de otros, antes o después la ley kármica caerá sobre tu cabeza y todo comenzará a torcerse de forma inexplicable. Es por eso que en cumplimiento de la ley de Ahmra distribuyo gratuitamente lo que gratuitamente recibí.

PREPARACIÓN PARA LA MEDITACIÓN

Se puede meditar a cualquier hora del día o de la noche, el único requisito es estar solo en un lugar adecuado y no tener prisa alguna. Aunque nada impide meditar en grupo, todos los presentes deben participar en la meditación y estar concentrados, de otra forma la mente se dispersa y resulta imposible meditar.

Se recomienda utilizar un lugar de nuestro domicilio especialmente preparado para ello y en el que nos sintamos a gusto. La meditación en la naturaleza, si el tiempo acompaña y las circunstancias lo permiten es ideal. Si estamos solos en casa y no vamos a ser molestados en un tiempo prepararemos nuestro cuarto favorito de la siguiente manera: ayuda mucho decorarlo con posters, fotografías o cuadros de hermosos paisajes, encender incienso, escuchar una música para relajación con la que sintonicemos especialmente y llevar ropa cómoda. Es imprescindible adoptar una postura cómoda, si es posible con la espalda lo más recta posible. La postura ideal es la del loto, sentados en el suelo, con las piernas cruzadas, los pies encima de los muslos. Como esta postura suele resultar poco cómoda para los occidentales, se puede utilizar una silla o un sofá que permita tener la espalda lo más recta posible. En ese caso las piernas deben estar separadas hasta la anchura de los hombros, las manos descansan sobre los muslos y los ojos cerrados. Si se prefiera la postura más cómoda, tumbados en el suelo, boca arriba, se recomienda utilizar una alfombra, esterilla o manta doblada, los pies descalzos, ropa cómoda que no nos oprima, las piernas separadas, los brazos ligeramente separados del cuerpo, una cuarta.

Con los ojos cerrados comenzamos a respirar con tranquilidad, inspirando por la nariz y espirando por la boca o por la misma nariz. La respiración en yoga es un tema muy complejo. El pranayama es todo un mundo. Nosotros, como aprendices, nos conformaremos con la respiración más sencilla, sin perjuicio de ir aprendiendo más técnicas conforme dominemos las más sencillas. Deberemos centrarnos en la respiración ya que eso nos ayuda mucho a relajarnos y la quietud de la mente es requisito imprescindible para meditar.

Se recomienda hacer un ejercicio de relajación básico que todo el mundo conoce. Yo prefiero imaginarme o visualizar un pequeño gnomo luminoso que sale del centro de mi cabeza, de la glándula pineal y baja hasta la planta de los pies. Va subiendo hacia arriba, deteniéndose un poco más donde estamos tensos o sentimos dolor. El gnomo luminoso utiliza su energía para calmar esa parte del cuerpo y luego continúa subiendo, tobillos, pantorrillas, etc. Hasta llegar a la cabeza y concretamente a la coronilla. Como este proceso lo vamos a utilizar en la meditación para curar enfermedades, como paso previo a esa terapia, ahora nos limitaremos a practicar una relajación muy sencilla.

La meta de toda meditación es parar el diálogo interno. No se trata de ese diálogo del que hablaba Antonio Machado –quien habla solo consigo espera hablar a Dios un día- sino ese constante monólogo del que no somos capaces de desprendernos desde que nos despertamos por la mañana. Es como un espejo en el que nos miramos constantemente como si temiéramos perder nuestra personalidad, nuestra individualidad. La meta de la meditación es salir de nosotros mismos, de nuestro ego, y comunicarnos con todos los demás, con todo el universo, con la totalidad, con la divinidad.

Para ayudarnos a parar el diálogo interno vamos a utilizar la técnica de la visualización, que consiste básicamente en hacernos espectadores de una escena que vamos creando o incluso actuar en ella como personajes. Ahora utilizaremos la visualización de la estación de trenes para ayudarnos a parar el diálogo internio.
PRIMERA MEDITACIÓN- CÓMO PARAR EL DIÁLOGO INTERNO

LA ESTACIÓN DE TRENES

Mientras seguimos relajados y respirando con tranquilidad, vamos a visualizarnos entrando en una estación de trenes, si es una conocida, mejor, así podremos imaginar los detalles con más intensidad. Imaginemos que está vacía. Estamos solos. Caminamos sin prisa por el vestíbulo y accedemos a los andenes. Una vez allí buscamos un banco y nos sentamos, las piernas separadas, las manos descansando en los muslos, la mirada al frente.

Hay un silencio absoluto, pero de pronto sentimos un molesto ruido. Es un tren que está entrando en la estación por nuestra derecha. Los trenes son metáforas de nuestras ideas. Siempre hay una idea entrando por la derecha de la estación de nuestro cerebro. Cada tren-idea tiene una forma diferente, va pintado de distintos colores y lleva una velocidad distinta. Lo mismo que nuestras ideas, que tratan sobre temas muy diversos y permanecen más o menos tiempo en la estación de nuestro cerebro.

Visualicemos cómo van subiendo o bajando viajeros del tren, cómo estos viajeros son muy diferentes entre sí, cómo van charlando arrastrando sus maletas. Sentimos la viva tentación de levantarnos de nuestro banco y unirnos a ellos, pero eso sería un error, regresaríamos al diálogo interno y nos perderíamos la meditación. Por eso vamos a permanecer sin movernos, mirándolo todo como espectadores de una película. El tren puede tener una parada más o menos larga, pero antes o después se pondrá en marcha. Lo mismo que nuestras ideas, que por mucho tiempo que permanezcan en nuestra mente antes o después serán sustituidas por otras.

Vemos ese primer tren alejándose. Seguimos mirando al frente y respirando con tranquilidad. Nos fijamos en las vías. ¿Qué ocurriría si nos levantáramos y nos pusiéramos en mitad de la vía, esperando el tren? Nos atropellaría, nunca podríamos parar un tren. Lo mismo ocurre con nuestras ideas, intentar pararlas luchando a brazo partido con ellas es una batalla perdida. Por lo tanto la lección que extraemos de esta metáfora es que la única forma de parar el diálogo interno es transformándonos en espectadores que no pueden evitar ver lo que están viendo, pero que sin embargo permanecen ajenos, sin involucrarse.

Otro tren entra en la estación por nuestra derecha, los trenes, lo mismo que nuestras ideas nunca dejan de atravesar la estación de nuestra mente. Cada tren es diferente, pero todos ellos llaman nuestra atención. Nos gustaría subir a ellos y viajar lejos o mezclarnos con los pasajeros. Sería un grave error. Estamos meditando y no dejándonos llevar por la cabra loca de nuestra mente, que siempre tira al monte y pretende ser nuestra dueña. No vamos a ir donde quiera llevarnos, vamos a permanecer aquí, sentados, tirando de la soga que hemos atado a la cabra. Nosotros somos los dueños.

Tras un largo periodo de contemplar trenes nuestra respiración se va espaciando, sentimos que nos pesan los párpados y entramos en un duermevela agradable. No importa que las primeras veces que meditemos nos quedemos dormidos, e incluso ronquemos. Ese es un signo de que está surtiendo efecto. Si no nos hemos quedado dormidos sentiremos nuestro cuerpo más ligero, por un momento tenemos la sensación de que nos elevamos en el aire… y así es.

PRIMER PASO EN LA MEDITACIÓN

La técnica de la visualización sobre la estación de trenes ha surtido efecto, sin darnos cuenta estamos meditando, hemos dado el primer paso. Ascendemos sobre la estación y allá abajo vemos nuestro cuerpo sentado en el banco. Es la primera lección que estamos aprendiendo con esta primera meditación. No somos solo cuerpo físico, no somos solo un pedazo de materia, en nuestro interior hay algo más, un ser de luz, un alma o espíritu, un conductor.

Ahora vamos a visualizar otra escena. Salimos de casa, oprimimos el mando de la llave de nuestro coche y nos subimos a él. Lo ponemos en marcha y nos vamos moviendo por la ciudad. Es la imagen perfecta de lo que somos. Un conductor en el interior de un coche. El vehículo es nuestro cuerpo. No es para siempre. No lo hemos elegido, nos lo han impuesto. Algunos tienen formidables cochazos, han tenido mucha suerte en la vida, van por ahí llamando la atención, corriendo como locos. Su vehículo-cuerpo les facilita la vida. En cambio nosotros apenas podemos disponer de un utilitario de segunda mano, cochambroso y que la mayor parte del tiempo está en el taller. ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto? Tal vez se trate de una deuda kármica que arrastremos de otra vida, de otra reencarnación, o sencillamente lo hemos escogido nosotros porque queremos aprender una lección.

Como dice mi personaje, Milarepa, un joven monje budista, la vida no es otra cosa que una escuela de espiritualidad. Hemos venido aquí para aprender determinadas lecciones y seguiremos repitiendo curso una y otra vez hasta que consigamos aprenderlas. Podemos sentir envidia de los alumnos que abandonan la clase y con sus cochazos hacen novillos mientras nosotros estudiamos duramente, con los codos clavados en el pupitre. No sentiremos tanta envidia cuando al repetir el curso les toque otro coche, mucho más modesto, una verdadera birria y ya no puedan ir por ahí llamando la atención y burlándose de los otros.

Ya hemos aprendido la lección. Somos conductores, no vehículos para el desguace. Ahora dejamos que nuestros cuerpos de luz se eleven sobre la estación, sobre nuestro cuerpo, que permanece sentado en el banco y que sigan subiendo. Algunos entrarán en un sueño profundo, otros sentirán una gran paz interior mientras pierden contacto con la realidad que les rodea. No tenemos prisa. Vamos a permanecer así hasta que nos despertemos o una voz interior nos diga que ya es hora de regresar.

Hemos hecho nuestra primera meditación y hemos aprendido dos lecciones: No se puede detener el diálogo interno de nuestra mente poniéndonos en medio de la vía y peleando con el tren que llega a toda velocidad. Es preciso hacerse espectador para paralizar el diálogo de nuestra mente. Somos conductores, cuerpos de luz, almas, espíritus, no simples tuercas y tornillos unidos hasta transformarse en un coche que antes o después terminará en el desguace.

Movemos los dedos de nuestras manos, de nuestros pies, vamos abriendo los ojos, nos quedamos un rato en la postura hasta que somos capaces de reaccionar, como al despertar por las mañanas tras un largo sueño. Hemos meditado, nos hemos recargado de energía, hemos aprendido algunas lecciones importantes. Ya podemos regresar a la realidad, a la vida. El conductor regresa al coche y se somete a la tiranía del espacio-tiempo. Pero ahora sabemos cómo se sale del vehículo y se regresa a él. Podemos hacerlo cuando queramos y notaremos cómo nos recargamos de energía, cómo nos llegaran maravillosas ideas desde nuestro interior que nos ayudarán a solucionar nuestros problemas, a ser más felices.

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Meditaciones para no iniciados V (La mochila del Karma)

12 10 2012

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MEDITACIONES PARA NO INICIADOS V

LA MOCHILA DEL KARMA

Como siempre, vamos a buscar un lugar adecuado y a relajarnos, antes de comenzar esta nueva meditación. Con el tiempo llegará a ser algo tan placentero como unas horas en una hermosa playa, pero antes deberemos de practicar y trabajar duro. Nada en la vida es sencillo y la meditación es la llave que nos abre el maravilloso cofre de la vida. Quienes no tengan práctica en la relajación deberán buscar un método sencillo y acostumbrarse a practicarla diariamente, al menos diez minutos, que luego podrán incluir en el tiempo diario de sus meditaciones, como un todo.

Una vez relajados podemos entonar algún sonido vocal para buscar una vibración más alta y adecuada al periodo de meditación que estamos iniciando. El sonido OM, el mantra de la totalidad, es perfecto.
La visualización previa a la meditación propiamente dicha es muy conveniente para practicantes no iniciados. Un verdadero iniciado puede caer en trances meditativos en cualquier lugar y en cualquier momento, estar el tiempo necesario y alcanzar grandes logros espirituales y lecciones prácticas para la vida. Nosotros, como aún no estamos iniciados en este maravilloso arte espiritual, deberemos apoyarnos en cuantas muletas nos ayuden a caminar. La visualización es perfecta para centrar la meditación en un tema que nos hayamos propuesto tratar con nuestro ser interno.

Hoy vamos a visualizarnos de tal manera que logremos hacernos una idea bastante aceptable de lo que es el karma. Luego, al salir de la meditación, seguramente alcanzaremos lecciones más profundas y maravillosas.
Nos visualizamos en un valle. Miramos al suelo y está verde, una hierba suave, mecida por la brisa. Miramos al cielo y está despejado, azul, luminoso hasta cegarnos. Nos disponemos a trepar una alta montaña. Miramos hacia ella y nos parece enorme. Nos llevará muchas horas, incluso días ascender por su ladera hasta la cumbre. No nos preocupa porque no tenemos prisa en llegar.

Trepamos por una ladera suave, alfombrada con hierba verde. Respiramos profundamente y nos disponemos a pasar una maravillosa jornada, disfrutando de las bellezas del camino. Es entonces cuando advertimos que a la espalda llevamos una mochila. Sorprendidos nos desprendemos de ella, la abrimos y miramos en su interior. Vemos piedras, guijarros, de todas las formas y tamaños. Nos preguntamos qué hacen allí y qué hacemos nosotros con una mochila.

No recordamos nada anterior a ese momento. No sabemos quiénes éramos antes, si es que existíamos. Nuestra memoria está bloqueada. Hemos comenzado a existir aquí y ahora.

Antes de continuar ascendiendo nos sentamos un momento en la hierba, para reflexionar. Un recién nacido también desconoce qué era antes de nacer, si era algo, si existía. Su memoria solo llega hasta un determinado momento, y a partir de ahí todo es vacío.

Los niños duermen mucho, se pasan horas durmiendo. Sin embargo no necesitan tanto reposo para el gasto energético que hacen. ¿Qué sucede? Aunque no lo recordemos, aunque nuestra memoria no sea capaz de darnos un solo dato anterior al nacimiento, somos conscientes de que antes de nacer éramos algo. Como ya hemos visto en otra meditación, somos energía, espíritu, alma, o como queramos llamarlo. Recordemos que somos conductores, que el hecho de estar metidos en un vehículo-cuerpo no significa que no seamos independientes de él. Recordemos que un conductor puede salir y entrar de su coche a su gusto. De hecho todos lo hacemos al dormir y en ciertas circunstancias de la vida. Algunos, los más avanzados espiritualmente pueden hacerlo cuando les viene en gana.

Los bebés duermen tanto porque necesitan acostumbrarse al nuevo vehículo-cuerpo. Lo mismo que nosotros, cuando vamos a un concesionario, a comprar un nuevo coche, necesitamos que alguien nos explique su funcionamiento, leer el manual y practicar un poco. Da lo mismo que no seamos novatos y que ya llevemos muchos coches a nuestras espaldas. Cada uno tiene “su truco”, algunos son duros de embrague, de largo recorrido, otros al revés. Algunos tienen un acelerador de corto recorrido y muy suave, otros al contrario. Y en cuanto al motor, la carrocería, los asientos… cada coche es único, a pesar de que todos tengan cuatro ruedas y formas parecidas.

Los bebés se adaptan al nuevo cuerpo poco a poco, por eso duermen tanto, para regresar a la dimensión de la que han venido, donde dominaban las leyes que regían allí. Ahora deben adaptarse al nuevo cuerpo a pesar de haber tenido muchos antes que éste.

No lo recuerdan o más bien nosotros creemos que no lo recuerdan, pero tal vez ellos sepan mucho más de lo que nosotros creemos. Esta reflexión nos ayudará más adelante, cuando analicemos el contenido de la mochila y las piedras que hay en ella.

Digamos que el valle es el nacimiento, que la vida es la montaña que vamos a trepar y que la mochila que llevamos a la espalda, con piedras, es nuestro karma.

¿Qué es el karma? Sería inútil buscar extensas y profundas definiciones. No lo entenderíamos. Mejor seguir con la visualización. Nos basta con saber que el karma tiene mucho que ver con la ley de causa y efecto. Todo efecto tiene una causa y toda causa genera efectos como una gallina pone huevos que incuba y de los que luego nacen pollitos que pían felizmente en el gallinero.

Mientras seguimos trepando nos preguntamos qué significa la mochila y por qué está llena de piedras. Como no recordamos nada anterior al momento de ser conscientes por primera vez de nosotros en el valle, la sensación de la mochila a la espalda se nos hace muy rara.

El peso de las piedras en ella no nos molesta demasiado. Nos sentimos vitales, plenos de energía, capaces de comernos el mundo o la montaña que estamos trepando.

Los bebés nacen a la vida, salvo que padezcan graves enfermedades, con una sorprendente vitalidad. Es como si hubieran recargado a tope su batería. Durante la infancia esa vitalidad apenas decrece. Todos recordamos cómo nos sentíamos cuando éramos niños y todos podemos ver cómo funcionan nuestros hijos pequeños, como si nunca se cansaran. Luego llega la noche y agotados se tumban en sus camitas y se duermen profundamente.

Seguimos trepando la montaña, de pronto desaparece la hierba y aparecen piedrecitas, guijarros, matojos… La ladera se empina más y más. El peso de la mochila se nos hace insufrible por primera vez.
Digamos que el bebé ha pasado por la infancia y ahora acaba de llegar a la adolescencia, un terreno resbaladizo, lleno de guijarros y matojos. Es entonces cuando empieza a preguntarse seriamente por la razón de llevar a la espalda una mochila llena de piedras. ¿A qué viene eso?

El adolescente se caracteriza por buscar respuestas a todas sus preguntas. Como no las encuentra se acostumbra a quedarse con una teoría, la que más le conviene, y a defenderla a sangre y fuego, como si se tratara de su propia personalidad e individualidad. Se habla de la rebeldía como una característica esencial del adolescente. Cierto, la consciencia de la mochila, por primera vez, genera un terrible sentimiento de rebeldía. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Por primera vez el montañero se hace consciente de la terrible injusticia de la vida, de su dificultad, del dolor, de la infelicidad constante que le sigue a todas partes, de la angustia y la desesperación. Si no fuera por la mochila podría trepar con facilidad, detenerse a descansar cuando le pareciera oportuno y seguir disfrutando del paisaje. Pero esa pesadísima mochila nos horroriza. Es algo inhumano. ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto?

Nos detenemos un momento a reflexionar. Sacamos una piedra, la tocamos, la palpamos, miramos su textura, su color… De pronto recordamos. Esa es la piedra que introdujimos en la mochila con nuestro primer trauma. Un bebé se acostumbra a que otros cuiden de él con cariño y ternura. La madre está muy atenta a sus necesidades. Pero aquel día la mamá se despistó o tal vez una llamada telefónica la entretuvo. El bebé solo sabe que tiene un hambre terrible y que sus tripitas están vacías. Por eso hace lo único que ha aprendido hasta el momento: a llorar. Como siguen sin hacerle caso aumenta el llanto y la desesperación. Por un momento cree que le han dejado solo y que se va a morir.

Ese es el recuerdo que le trae esa primera piedra en su mochila. El creía haberla tirado, pero no, sigue ahí. Lo mismo que otra, muy puntiaguda y afilada, que se clava en su espalda al caminar. Es otro trauma. Cuando una amiga visitó a su mamá y comenzaron a hablar, se olvidaron de que él seguía en su cunita. Su madre le comentó a su amiga que no había deseado aquel hijo, fue por pura casualidad, de penalti. A veces cree odiarle porque ha estropeado su vida. La madre no es consciente de que el bebé está percibiendo. De hecho hay mucha gente que cree que el bebé no comprende nada, porque luego, al hacernos adultos no recordamos nada de nuestra etapa de bebé. Sin embargo ello no es así, como comprendemos ahora, al mirar esa piedra en nuestra mochila.

Cada suceso en nuestras vidas que nos marca emocionalmente es una piedra kármica en la mochila. Si la emoción es positiva será karma positivo, si la emoción es negativa será karma negativo. Si nuestras acciones han hecho daño a otros las piedras kármicas que ellos comienzan a llevar en sus mochilas repercutirán en la nuestra antes o después. Es como si las mochilas kármicas de aquellos a quienes hacemos daño y las nuestras estuvieran vinculadas. Lo que no es sorprendente, porque otro día meditaremos sobre la teoría de la vinculación de Milarepa y comprenderemos cómo funciona todo esto. Tenemos deudas con quienes nos han hecho bien, somos acreedores de quienes nos han hecho mal y nuestros pensamientos tienden a solicitar el pago de esa deuda. Incluso cuando nos olvidamos de ella, alguien sigue pendiente de que esa deuda no se olvide. Tal vez sean los dioses del karma o simplemente el efecto boomerang que tienen todos nuestros actos en la dimensión espiritual.

Otro día meditaremos sobre nuestras vidas pasadas. No todas las piedras de nuestra mochila kármica pueden vincularse a un suceso de nuestra vida actual, podemos rastrear algunas de ellas hasta vidas pasadas. Pero eso lo haremos otro día. Hoy vamos a cerrar la meditación. Regresamos al valle, nos sentamos en la postura del loto y entonamos el mantra de la totalidad. Ooommm
Que la paz profunda esté con todos vosotros.





Meditación 4

21 07 2012

CUARTA MEDITACIÓN/ EL ARTE DE LA CURACIÓN

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Ya hemos adquirido una rutina. Vamos a meditar. Hacemos los preparativos con el corazón alegre. Nos sentamos o tumbamos cómodamente. Cerramos los ojos, respiramos con calma. Hacemos el recorrido por nuestro cuerpo relajando cada músculo, cada órgano.

 

Ahora nos disponemos a visualizar un nuevo objetivo. Necesitamos curarnos de nuestros achaques, enfrentarnos a la enfermedad. Somos conscientes de que cuando nuestro coche no funciona bien lo llevamos al taller. Vamos a hacer lo mismo con nuestro cuerpo.

 

El taller está en plena naturaleza. Hemos elegido una playa, una montaña, una llanura, un mar en calma, cualquier paisaje que nos guste y nos relaje puede servirnos. Caminamos sin prisas y de pronto observamos una especie de nave transparente. Es el taller de nuestro cuerpo. Nos acercamos con curiosidad y en la entrada leemos las instrucciones. Es un autoservicio. No hay nadie. Solo tenemos que ir cumpliendo las instrucciones paso a paso y nuestro cuerpo-vehículo se autoreparará.

 

Podríamos llamar en nuestra ayuda a los mecánicos, los ángeles, los maestros cósmicos, los budas, o como queramos llamarlos. Son nuestros hermanos más evolucionados espiritualmente y siempre dispuestos a echarnos una mano. Pero aún no tenemos bastante confianza en ellos, aún no somos capaces de percibirlos, así que nos conformamos con autorepararnos.

 

Nos situamos en una especie de máquina de diagnóstico. Observamos en el monitor cómo está nuestro cuerpo físico. Vemos el discurrir de la energía por los canales o nadis, la sangre fluyendo por arterias y venas, el oxígeno entrando en nuestros pulmones. Observamos los bloqueos de energía. Un obstáculo en su camino hace que la energía no fluya. Es la parte de nuestro cuerpo que nos está molestando, que está enferma.

 

La enfermedad no es otra cosa que un bloqueo de la energía. Se produce por la mala alimentación, por emociones y pensamientos negativos, por el estrés y el mal humor, por una vida desequilibrada. Ahora que somos conscientes de dónde está la enfermedad, pasamos a otra sección. Nos situamos bajo una especie de cúpula abierta. Las instrucciones dicen que debemos separar los pies, abrir los brazos con las palmas de las manos al frente. Nos ponemos en posición. Ahora nos damos cuenta de que la postura que hemos adoptado se parece a la clásica imagen de Leonardo Da Vinci.

 

Las instrucciones dicen que debemos abrirnos al universo, de ahí la postura, una postura abierta, receptiva, no cruzamos los brazos sobre nuestro pecho, una postura cerrada y defensiva, no unimos las manos y los pies, para cerrar un circuito defensivo de energía, nos abrimos a todo y a todos.

 

 

 

Ahora nos recogemos y con humildad iniciamos una oración. No es preciso ser creyente para ello. Nos dirigimos a la Totalidad, a la divinidad, al universo y la mente que lo rige. Desde nuestro interior, que está en contacto con todo y con todos, como ya hemos visto en la anterior meditación, suplicamos humildemente la curación, para nosotros y para todos. No podemos pensar solo en nosotros, desear lo mejor solo para nosotros, ya sabemos que estamos unidos a todos. Cualquier oración que implore de forma egoísta nuestro bienestar  a costa del sufrimiento ajeno será desatendida. Por eso imploramos por todos y siguiendo las instrucciones abrimos aún más nuestros brazos y alzamos la mirada hacia lo alto. Vemos bajar un chorro de energía que se une a la energía que brota de nuestra cabeza. El color es el más adecuado para la terapia curativa que estamos haciendo. Dejemos que sea el chorro de energía que baja desde lo más alto, desde el sol, desde el centro del universo, el que elija el color.

 

Nosotros dejamos que nos empape. Adoptamos una postura abierta, pasiva, alegre. Visualizamos cómo el chorro de energía luminosa baña nuestro cuerpo, se infiltra en su interior y se une a los puntos de luz de nuestros órganos. Vemos cómo la energía se centra en las partes de nuestro cuerpo enfermas y pasivamente dejamos hacer.

 

Agradecemos en silencio la curación y enviamos pensamientos de amor hacia todo y hacia todos. Damos lo que recibimos y entregamos lo que nos es dado. Esa es la ley cósmica.

 

En un momento determinado el chorro de energía se va atenuando hasta desaparecer. En silencio enviamos palabras de agradecimiento hacia todo y hacia todos. Hemos recibido y estamos dispuestos a dar. Cruzamos las palmas de las manos sobre nuestro pecho e inclinamos la cabeza en un saludo budista. Con calma salimos del taller y regresamos caminando.

 

No sabemos el tiempo que ha transcurrido. Hemos estado en meditación profunda, regenerando nuestro cuerpo físico y recibiendo las lecciones que necesitamos para curar o prevenir la enfermedad. Somos conscientes de que no podemos pedir la curación y seguir viviendo como antes. No podemos cortarnos con un cuchillo y luego acudir al taller para que nos reparen. No podemos echar agua en la gasolina, estropear el motor y luego creer que en el taller lo repararán todo. En algún momento el motor fallará y moriremos, llevarán nuestro vehículo-cuerpo al desguace. Nos prometemos estar atentos a los avisos que recibamos de nuestro cuerpo. Si es preciso cambiar de vida lo haremos.

 

Seguimos caminando y de pronto nos encontramos en el lugar elegido para la meditación. Despertamos moviendo manos y piernas, desperezando el resto del cuerpo. Abrimos los ojos y nos levantamos. Nos hacemos conscientes de cómo está nuestro cuerpo. Puede que tengamos que regresar más veces al taller. Es posible que la avería sea grave o muy grave. Una sesión no es suficiente. Mañana volveremos al taller y pasado, cuantas veces sean necesarias. Si lo hacemos bien habrá efectos. Si éstos no se producen reflexionaremos sobre lo que estamos haciendo mal. Tal vez tenemos una úlcera y seguimos atracándonos de comida. Es imposible curarse así. Si hay que cambiar algo en nuestras vidas lo haremos.

 

Que la paz profunda

 

 

esté con todos vosotros.

 

 

 





MEDITACIÓN 3/CONTACTO CON LA TOTALIDAD

23 06 2012

TERCERA MEDITACIÓN/ CONTACTO CONLA TOTALIDAD

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LA ISLA DESIERTA

En todas nuestras meditaciones vamos a seguir siempre el mismo protocolo. Adoptamos la postura más cómoda en el lugar más adecuado para meditar. Cerramos los ojos y comenzamos una respiración tranquila y relajada. Vamos a recorrer nuestro cuerpo, desde los pies a la cabeza, fijando la atención en las partes de nuestro cuerpo más tensas o doloridas, signo evidente de que hay un bloqueo de energía. La atención centra la mente en esa parte del cuerpo e intenta desbloquearla. Podemos visualizar un gnomo brillante que transmite energía a esa parte del cuerpo y desbloquea los canales energéticos o nadis.

Una vez relajados iniciamos una visualización previa a la meditación. Hoy elegiremos  una barca a motor para trasladarnos a una isla desierta, donde pasaremos un tiempo, entregados a la meditación. Deberemos hacernos conscientes de que lo importante es dónde esté nuestra mente y nuestra consciencia no donde está nuestro cuerpo físico, que puede permanecer en cualquier lugar, encerrado en un espacio-tiempo. El cuerpo físico está sujeto a lugares físicos, a un espacio-tiempo, pero nuestra mente, nuestro psiquismo y consciencia no está sujeto a leyes físicas y por lo tanto puede situarse en cualquier lugar en cualquier tiempo, viajar instantáneamente allí donde deseemos.

Si nos hacemos conscientes de que el cuerpo es el vehículo y nosotros los conductores, no importará tanto dónde se encuentra aparcado nuestro vehículo, sino dónde se encuentre el conductor. Nada nos impide salir del vehículo y dirigirnos hacia donde hayamos elegido. Nuestro conductor, cuerpo de luz o alma o consciencia o como queramos denominarlo no está sujeto a ninguna ley física, así pues podemos trasladarnos instantáneamente al lugar elegido y permanecer allí el tiempo que deseemos.

Ya que estamos acostumbrados a servirnos del vehículo para los traslados, vamos a visualizarnos en una lancha a motor, surcando un mar en calma, hacia una isla desierta. Arribamos y descendemos en una playa. Nos despedimos de quienes nos han trasladado y quedamos con ellos en que nos recogerán dentro de un tiempo, cuando les avisemos con nuestro teléfono móvil o con cualquier otro artilugio tecnológico que se nos ocurra. Esta orden programada al subconsciente nos permitirá despertarnos del estado de meditación cuando lo consideremos oportuno, o bien se produzca una circunstancia externa que nos aconseje despertar.

Una vez solos en nuestra isla desierta, caminamos por la suave y cálida arena, dirigiéndonos hacia una cabaña de madera cercana. Allí nos cambiamos de ropa –símbolo de nuestra predisposición a la meditación- nos damos una ducha – símbolo de limpieza física y psíquica- y salimos al exterior. Recorremos la playa sin ninguna prisa, observando el paisaje. Hemos escogido un momento determinado del día, cuando el sol está en lo más alto o bien al amanecer o la puesta de sol. Sentimos los rayos de sol en nuestra piel, su cálida caricia. La planta de nuestros pies está siendo masajeada por la arena. Observamos el mar en calma y cómo las olas rompen rítmicamente contra la playa. Su sonido es relajante. La inmensidad en calma del mar nos produce una sensación de bienestar.

Escogemos un buen lugar y nos sentamos, bien en la postura del loto o en cualquier otra postura que nos resulte cómoda. Volvemos la cabeza y miramos la vegetación, las palmeras, los cocoteros, el verdor de la selva. Nos abismamos en la belleza del lugar. Con los ojos abiertos comenzamos a respirar con suavidad. Es agradable estar allí, sin prisas, escuchando el oleaje. Ahora vamos a practicar un pequeño ejercicio para salir de la primera atención, tal como la llama el chamán don Juan en los libros de Castaneda. Fijamos la mirada de nuestros ojos en la punta de la nariz, cruzamos la vista y de pronto hemos salido de la primera atención y entrado en la segunda. El universo que se despliega ante nosotros es muy diferente. Una inmensa llanura repleta de puntitos de luz. Es un universo cuántico, plagado de partículas y subpartículas brillantes. Con los ojos de la carne, nuestra primera atención, vemos el universo físico, material, el único que consideramos real. Ahora somos conscientes de que existe otro universo. Por debajo del universo físico las partículas atómicas lo están sosteniendo. Están vinculadas unas con otras, formando una inmensa llanura. Los protones y neutrones se unen en átomos, los átomos se unen y forman moléculas, las moléculas se juntan y forman objetos, seres vivos. La individualidad de cada cosa o persona es un engaño de nuestros sentidos físicos, es el velo de Maya, del que hablan los budistas. En realidad el universo es un todo vinculado estrechamente.

Esa vinculación nos va a permitir entrar en contacto con cualquier objeto que deseemos, con cualquier ser, vivo o inanimado, con cualquier clase de existencia.  Alargamos nuestro brazo luminoso y tocamos determinados puntos luminosos, permanecemos abiertos a las sensaciones que nos producen. En este caso rugosidad, solidez, palpitación de vida. Como parte del experimento descruzamos los ojos y regresamos al mundo físico. Sin saber cómo hemos estado tocando el tronco de una palmera, hemos sentido su rugosidad, hemos percibido su color y todas las cualidades físicas a las que estamos acostumbrados. En realidad estamos tocando las partículas subatómicas o los puntitos de luz que hemos visto antes. La forma la pone nuestra mente consciente.

Regresamos a la segunda atención, al universo cuántico. Cruzamos los ojos, fijándolos en la punta de la nariz y ya estamos de nuevo allí. Estamos utilizando el tercer ojo, una facultad que muchos desconocen. Alargamos nuestros brazos, nuestra vista, nuestros sentidos y tocamos las partículas brillantes. Con cada toque nos hacemos conscientes de estar en contacto con un objeto o un ser. Aquí no hay barreras físicas que tengamos que recorrer en un tiempo determinado. En el universo cuántico, como saben bien todos los físicos, no existen barreras. El espectador es capaz de cambiar lo observado, solo con su mirada, con su deseo.

Aprovecharemos para realizar un pequeño experimento. Extendemos nuestra consciencia por la gran llanura luminosa y nos dejamos llevar. Estamos viajando, siendo conscientes de cómo es el universo. No un lugar físico, material, con espacios entre objetos y seres, donde transcurre el tiempo y nace el día y llega la noche. Aquí solo hay puntos de luz vinculados entre sí. El universo está a nuestro alcance. Todo está unido a todo. Podemos tocar unos puntos de luz y estamos acariciando la cabeza de un perro. Otros, y estamos pasando la palma de nuestra mano por el tronco de un árbol. Si unimos los puntos de luz que forman nuestro cuerpo físico, nuestra consciencia, a otros puntos de luz, un profundo sentimiento de comunión nos invade. La empatía se agudiza y podemos percibir lo que están percibiendo otros puntos de luz, podemos sentir lo que sienten ellos, podemos gozar y podemos sufrir lo que otros seres gozan o sufren.

La comunión es infinita y universal. Hemos expandido nuestra consciencia sin obstáculos. Ahora, reflexionamos, nos damos cuenta de que el sufrimiento de los demás es el nuestro y su gozo nuestra felicidad. No sirve pensar que lo que les ocurra a los demás no nos incumbe, puesto que están unidos a nosotros, vinculados a través de una inmensa maraña de puntos de luz. Pensar que la existencia exterior es distinta a nosotros es ignorancia. Todos estamos estrechamente unidos.

Nos abismamos en ese sentimiento, en esa contemplación y entramos en meditación profunda. Viajaremos allá donde deseemos y aprenderemos de la naturaleza, de la vida, del universo, de la totalidad las lecciones que necesitamos. Damos y recibimos. Hemos oído hablar del subconsciente colectivo. Es esto, la vinculación existente entre todos los seres. Cuando entramos en este lugar todo está a nuestro alcance, los demás nos echan una mano para solucionar nuestros problemas y nosotros les ayudamos a ellos. Basta con alargar nuestros brazos, nuestra consciencia y comunicar nuestros problemas para que alguien responda. Al salir de allí nuevas ideas acudirán a nuestra mente, encontraremos soluciones a problemas que nos parecían irresolubles.

Aún damos un paso más y nos adentramos en la tercera atención, en el universo místico. Al pasar la línea perdemos contacto con nuestro yo individual, físico, que está en la playa. Un último vistazo. Dejamos de percibir la llanura repleta de puntos de luz y entramos en una dimensión desconocida. Al despertar nos parecerá haber estado en un sueño profundo del que no recordamos nada. Sin embargo nuestro yo más profundo, nuestra alma, ha estado en contacto con otro dimensión más espiritual. De ella hastala Totalidad, hasta Dios, solo hay un paso. Nos dejamos llevar… Poco a poco nos vamos dejando llevar…No sentimos miedo, porque nada malo puede sucedernos. Estamos tranquilos y alegres. El éxtasis místico está a nuestro alcance y no lo rechazamos. Nos vinculamos a todo y a todos. Sentimos la felicidad de todos y nos hacemos consciente de sus sufrimientos. La comunicación es perfecta e infinita. Nos dejamos llevar… nos dejamos llevar…

Sin saber cómo algo nos avisa de que debemos regresar. Movemos los dedos de nuestras manos, movemos los pies, vamos despertando todo nuestro cuerpo. Nos hacemos conscientes de la respiración… y cuando estemos preparados abrimos los ojos. Estamos en la playa. El sol se está poniendo. Un espectáculo de una belleza inenarrable. Nos levantamos, regresamos a la cabaña de madera y nos ponemos las ropas. No necesitamos ducharnos porque estamos limpios, con una limpieza indescriptible.

Regresamos a la playa y vemos acercarse la barca. Subimos a ella y mientras regresamos nos deleitamos con la belleza de un mar en calma.

Estamos de nuevo despiertos en el lugar que hemos elegido para meditar. No miramos el reloj, nos ponemos en pie y nos desperezamos como al despertar. Hemos vivido un sueño muy hermoso, que no es tal sueño, sino una realidad distinta. Regresamos a nuestros quehaceres. Pero ahora sabemos que tenemos una isla desierta para nosotros. Podremos regresar a ella cuando lo deseemos o necesitemos. Allí encontraremos la paz, la felicidad y la solución a nuestros problemas.

Que la paz profunda esté con todos nosotros.





Técnicas que ayudan a la meditación

24 05 2012

La base de todas las técnicas mentales es la relajación. Para quienes nunca han utilizado estas técnicas comenzaremos con técnicas de relajación básicas que se irán subiendo en formato texto y en formato audio. Sin saber relajarse es imposible aprender a meditar.

Hay otra técnica muy importante y que ayuda mucho en la meditación. Es la “visualización”. Cuando suba la meditación sobre el televisor y el mando a distancia comprenderán muy bien cómo funciona esta técnica y todas las posibilidades de la misma. Consiste básicamente en crear mentalmente una escena o un paisaje, bien donde hemos estado o donde queremos estar. Podríamos decir que se trataría de rodar una película o secuencias de una película, solo que en lugar de hacerlo con una cámara, lo haríamos con nuestra propia mente. La mente es una cabra loca, razón por la que necesita ser embridada, y para ello nada mejor que la visualización. Iremos hablando de otras técnicas y desarrollándolas, poco a poco.





Meditación guiada con mi voz

12 05 2012

Meditación guiada con mi voz

SEGUNDA MEDITACIÓN
TEPARIA PARA SOLUCIONAR NUESTROS PROBLEMAS EN LAS RELACIONES INTERPERSONALES
Vamos a iniciar esta segunda meditación igual que la primera. Ya no necesitamos saber cómo prepararnos, sencillamente hemos decidido meditar y lo hacemos, bien en nuestro cuarto o bien en la naturaleza.
La meditación no es una cabezadita que damos en nuestro sofá cuando estamos cansados. Es mucho más que eso. Es una forma de ponernos en contacto con la totalidad de la existencia, una forma de cargarnos de energía y de encontrar solución a nuestros problemas.
Hoy vamos a utilizar la técnica de la visualización de otra manera para aprender a manejarnos en cosas prácticas, tales como mejorar nuestras relaciones interpersonales y solucionar los problemas que en la vida diaria tenemos con otras personas.
Para ello una vez sentados o tumbados, relajados, respirando con tranquilidad, cerramos los ojos e iniciamos una visualización.
LA PANTALLA DEL TELEVISOR Y EL MANDO A DISTANCIA
Nos imaginamos regresando a nuestro domicilio tras un duro día de trabajo. Sacamos las llaves de nuestros bolsillos o bolsos. Vamos a abrir la puerta. Un gesto que hemos repetido miles de veces pero que ahora vamos a hacer de una forma consciente. Nuestra casa es nuestra porque tiene paredes, una puerta y una cerradura que solo nosotros podemos abrir con nuestra llave. Si no hubiera paredes, ni puerta, ni cerradura, si todo el mundo pudiera entrar, esto ya no sería nuestra casa sino un lugar público. Recuerden este dato porque es muy importante. Nuestra mente será nuestra si ponemos unas paredes, si dejamos una puerta con una cerradura y si solo nosotros con nuestra llave podemos entrar.
Estamos en el interior de nuestro domicilio, que conocemos tan bien. Caminamos sin prisa por el pasillo de entrada fijándonos en todos los detalles, porque esta técnica de visualización la emplearemos en otros ejercicios más adelante. Llegamos a nuestro dormitorio y nos cambiamos de ropa, algo más cómodo, más para andar por casa. El simbolismo es importante para nuestra mente, es una ayuda para la sugestión una de las más poderosas fuerzas mentales. Cambiar nuestras ropas representa que asumimos otra aptitud diferente. Fuera de casa nos enfrentamos a otros retos que ahora ya no existen.
Nos dirigimos al salón, sin prisa alguna, estamos relajados, estamos solos y nuestra casa está en completo silencio. Las paredes nos protegen de intromisiones externas. Abrimos la puerta y nos detenemos un momento. Hemos visto muchas veces esa decoración a la que no damos importancia. Ahora la observamos con ojos nuevos, como si fuera el salón de una casa ajena. Caminamos lentamente hacia nuestro sofá favorito. Nos sentamos y colocamos una pequeña y dura almohada bajo nuestra nuca. Separamos las piernas y nos acomodamos. A nuestra derecha está el mando del televisor. Alargamos la mano derecha y lo tomamos. Observamos las teclas. Sabemos perfectamente cuál es la función de cada una de ellas. El mando es un instrumento del que nos servimos para obtener ciertos resultados. Aún es pronto para cambiar nuestra mentalidad. Necesitamos de instrumentos para conseguir resultados cuando nuestra mente es poderosa para obtenerlos sin ayuda. No importa. Estamos dando los primeros pasos, utilizaremos todo aquello que sea necesario.
Nos disponemos a oprimir la tecla que enciende el televisor. Es una pantalla plana, enorme. Antes de hacerlo reflexionamos. Hoy no actuaremos como siempre. No haremos zapping buscando un canal que nos atraiga y permaneceremos pasivos, tragando todo lo que nos echen. Hoy vamos a crear nuestra propia programación. Encendemos el televisor y buscamos el canal 0 que aún no está configurado para recibir ninguna señal televisiva. La pantalla se enciende. Está en blanco, numerosos puntitos luminosos parpadean. Nos molestan. Decidimos colorear la pantalla con un color que nos relaje, que nos guste. Lo elegimos según nuestro estado de ánimo. Desechamos el rojo fuerte, es un color agresivo. Podemos escoger un naranja suave, si nos atrae el color, o el verde o el azul… Hay muchos colores atractivos. Buscamos en el mando la tecla correspondiente y la pantalla se colorea. Pero sigue vacía.
Como si fuera una obra de teatro, lo primero es la decoración. La elegimos de acuerdo a lo que nos hemos propuesto. Podemos afrontar un problema en las relaciones interpersonales que nos afecta mucho. Puede ser un problema de pareja, familiar, o tal vez laboral. Es posible que suframos una severa patología psicológica, por ejemplo una fobia social que nos impide relacionarnos con normalidad… De acuerdo al problema elegido buscamos el decorado adecuado. Si se trata de un problema de pareja o familiar el decorado puede ser el de nuestro hogar, que conocemos muy bien. Si es laboral visualizamos la oficina donde trabajamos o nuestro entorno de trabajo habitual. Si se trata de una fobia social la decoración será una cafetería o una plaza pública llena de gente o un parque muy concurrido. ¿Dónde sufrimos nuestro último ataque fóbico? Ese es un buen lugar para decorar la pantalla.
Colocamos sin prisa y con meticulosidad los objetos, se intentará que la decoración sea lo más detallada posible. Ahora ya tenemos el decorado. Nos faltan los actores y el guión de la escena que vamos a crear. Elegimos a los actores necesarios para solucionar el problema elegido. Así en una relación de pareja no podrán faltar los dos miembros de la misma, ni en una familia todos sus componentes. En las interpretaciones corales, como pueden ser los problemas laborales o de fobias sociales elegiremos a los protagonistas imprescindibles y a los secundarios que nos permita nuestra memoria.
Colocamos en la pantalla a nuestra pareja. No necesitamos hacer un gran esfuerzo mental, recordamos muy bien su físico, sus gestos, su carácter. Ahora nos colocamos a nosotros. Si tenemos dificultades para detallar nuestro físico, podemos hacer antes unos ejercicios ante el espejo, recordando nuestro rostro y nuestro cuerpo. Siempre tendremos en cuenta que quienes aparecen en la pantalla son personajes de una película, van a intervenir en una secuencia y por supuesto que se nos parecen, son idénticos, gemelos, pero no somos nosotros. El distanciamiento como espectadores u observadores es imprescindible. No podremos evitar las vinculaciones emocionales, pero aún así intentaremos que la intensidad emotiva sea la menor posible.
Tenemos el decorado y los actores, ahora necesitamos el guión. Vamos a elegir la repetición de la última escena real en la que tuvimos una bronca o se puso de manifiesto hasta qué punto existen problemas en la pareja.  Si hemos elegido el tema del trabajo o el familiar, o cualquier otro, haremos lo mismo, elegiremos el último evento en el que se reprodujo ese problema.
Pongamos, solo como un ejemplo, luego cada cual creará en la pantalla la escena que haya elegido, que un miembro de la pareja llega a su casa. Es un día de lluvia, está agotado, estresado, mal humorado, y además está hambriento. Sabe, porque ya le ha sucedido otras veces, que la otra parte de la pareja reaccionará mal si entra sin limpiarse los pies en la alfombrilla, sin quitarse el calzado y sin dejar el paraguas en el paragüero. Habrá bronca, y lo sabe muy bien, no obstante lo hace. Su pareja le espera como un felino dispuesto a abalanzarse sobre él. Se produce la escena. Damos al play y ponemos en marcha la escena, con todo detalle, pero ahora, como los protagonistas de la escena son personajes nos vamos a regodear en esa escena de película. Vemos el rostro de nuestra pareja, sus gestos, escuchamos sus palabras. Lo mismo hacemos con nuestro personaje. La escena finaliza en una bronca descomunal.
Ahora damos a la pausa y reflexionamos unos instantes. Lo hacemos porque creemos tener razón, porque a nosotros nos importa muy poco la limpieza de la casa. Eso no va con nosotros, siempre tenemos cosas más importantes que hacer. Nuestro trabajo es más importante, nuestras aficiones y pasiones también lo son. Si nos ocupamos de mantener una casa como palacio de cuento de hadas no tendremos tiempo libre para nuestro ocio. Está muy bien que ella lo haga y disfrute, es su vida, pero no la nuestra. Y en cuanto a la convivencia, está muy bien eso de ser flexible… pero por las dos partes.
Repasamos nuestros argumentos y nos parecen razonables. Nos empecinamos en seguir pensando lo que pensamos y haciendo lo que habitualmente hacemos. Nuestra pareja responderá de la misma manera. Nadie cederá, siempre habrá bronca. ¿Es eso lo que deseamos, lo que pretendemos? ¿Una lucha de poder en la que nadie gane y todos pierdan? Vamos a imaginarnos cómo sería si llevamos esa mentalidad hasta las últimas consecuencias. Hemos oído hablar del maltrato, de la violencia de género. Nosotros no somos así, pero vamos a imaginarnos que la bronca llega hasta las últimas consecuencias. Ella está muerta y nosotros nos vamos a suicidar. La lucha por el poder nos ha destruido. ¿Y ahora qué?
Damos al play y vemos esa escena, recordando siempre que somos espectadores. Ahora rebobinamos e iniciamos la escena desde el principio. Llegamos a la puerta y… ¿Qué es lo que realmente deseamos? Si es una comida tranquila, relajada y divertida, olvidarnos del estrés del trabajo, de la lucha diaria en la jungla de allá afuera, entonces deberemos cambiar de actitud.
No hagamos caso de la monserga que hemos escuchado tantas veces. El carácter no se puede cambiar, nacemos con él y nos aguantamos toda la vida. Recordemos lo que hemos leído o escuchado en algún libro de autoayuda o a un gurú de la India, pongamos por caso. Recordemos que el pensamiento precede a la acción, que las acciones repetidas se convierten en hábito, que el carácter no es otra cosa que un conjunto de hábitos. Si esto es así, vamos a probarlo. Si el pensamiento precede a la acción, lo primero que vamos a hacer es cambiar nuestra forma de pensar. Sí ya sabemos que eso hiere nuestro orgullo, nos humilla, no podemos consentir que los demás se rían de nosotros, ni siquiera nuestra pareja. Pero vamos a probarlo como hipótesis de trabajo, como un divertimento. ¿Estamos viendo una película o no? ¿Quiénes actúan son personajes o no? Entonces vamos a divertirnos y a escribir un guión alternativo.
Recomencemos la escena. Llegamos a la puerta. Recordamos lo que pasa siempre. Nos limpiamos el calzado en la alfombrilla, nos descalzamos, ponemos el paraguas mojado en el paragüero. Nuestra pareja está esperando como un felino, para lanzarse sobre nosotros. Eso es verdad, es real, no podemos ni debemos sugestionarnos para  intentar convencernos de lo que no es real. La mente no funciona así, nuestro subconsciente lo rechaza, por lo tanto aceptemos la realidad de las cosas. Sin embargo hoy nos ha mirado con sorpresa, con la boca abierta. Una sonrisa se dibuja en sus labios. Hay palabras amables. Se acerca y nos besa. Sentimos su cuerpo pegado al nuestro y el hambre de comida cede su puesto a otra hambre aún mayor. Le preguntamos si tiene hambre. No la tiene, nunca la ha tenido, somos nosotros los hambrientos. La llevamos al dormitorio con una disculpa y con cariño la convencemos de que ambos deberán desnudarse y pasarlo bien. .. Y así es, ha sido fantástico. Nos vestimos y bajamos a comer.
Esto que parece una fantasía… en realidad lo es, pero visualización y fantasía se parecen como dos gotas de agua. Nunca despreciemos la fantasía, una de las facultades mentales más hermosas del ser humano. Ella nos ayuda a visualizar y visualizar es el primer paso, recordemos que el pensamiento precede a la acción. Ahora demos al play y veamos la escena… hasta el final, si nos apetece, regodeándonos en ella.  Ahora comparemos las dos escenas, la bronca y la otra. Elijamos y decidamos llevar a la práctica la próxima vez aquella que más nos ha satisfecho.
Bien, hemos encontrado una solución a nuestro problema que nos parecía impensable. Puede que al llevarla a la práctica no funcione, al menos la primeras veces. Insistamos. Recordemos que la acción repetida crea el hábito y el hábito el carácter. Hemos decidido cambiar y vamos a hacerlo. Sí, pero nuestra pareja es muy suya y los demás son como son. Esto no funcionará. ¿Por qué no intentarlo? ¿Y si funciona? Esto al fin y al cabo es una película. Escribimos el guión y lo desarrollamos. Luego ya veremos.
Hemos hecho un duro trabajo de visualización que podemos repetir, variando los temas, cuantas veces sea necesario. Ahora vamos a entrar en meditación. Recordemos que lo que hemos visto es una película en la pantalla. Somos espectadores. Aunque un espectador suele vincularse emocionalmente con lo que está viendo, no es lo mismo que si lo vive. Vamos a cortar ese vínculo. Tomemos el mando y apaguemos la pantalla. Estamos solos, en silencio. Estamos en nuestra casa, nadie puede entrar porque no tiene la llave. Pensemos que lo mismo podemos hacer en cualquier otra parte. Nadie tiene la llave de nuestra mente y por lo tanto nadie puede entrar. Bloqueemos nuestras mentes cuando lo necesitemos, entremos en casa y cerremos la puerta con llave desde dentro. Esa es la fórmula mágica que nos permitirá aislarnos de los entornos más conflictivos cuando lo necesitemos.
Ahora cerramos los ojos. Recordamos que el conductor está dentro y puede salir del vehículo cuando quiera. Lo hacemos. Elevamos nuestro cuerpo de luz y vamos ascendiendo hasta el techo, lo superamos porque no hay obstáculos materiales para un cuerpo de luz y seguimos ascendiendo, superamos el tejado, vemos abajo nuestro cuerpo físico sentado en el sofá y seguimos subiendo, la atmósfera, la estratosfera, estamos viendo el planeta Tierra desde el espacio. Nada tiene importancia. Somos espectadores de una maravillosa película cósmica. Nos dejamos llevar.
Hemos entrado en meditación y permanecemos en ella, sin prisas, el tiempo que nos apetezca. Cuando algo en nuestro interior nos avisa que debemos regresar, movemos los dedos de las manos, de los pies, vamos despertando los brazos, las piernas, intentamos abrir los ojos. Poco a poco vamos tomando consciencia de dónde estamos. Es la realidad de todos los días. Estamos de nuevo dentro del vehículo, conduciendo, prisioneros del espacio y el tiempo. Lo aceptamos con alegría, porque ahora sabemos que siempre que lo deseemos o lo necesitemos podemos salir del vehículo-cuerpo o podemos poner en la pantalla nuestros problemas y ver película tras película hasta hallar la solución. Estamos alegres y relajados. Reemprendemos nuestra actividad normal.
Que la paz profunda sea con todos vosotros.





1ª MEDITACIÓN-LA ESTACIÓN DE TRENES

1 05 2012

Este es el enlace al archivo de sonido, una meditación guiada.

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PEQUEÑAS MEDITACIONES PARA NO INICIADOS

 LA LEY DE AHMRA

En tiempos del faraón Akenatón, los iniciados de las escuelas de los misterios egipcias formularon una ley cósmica que ya se conocía desde mucho tiempo atrás. La llamaron la ley de Ahmra. Viene a decir que cuando recibes dones espirituales de forma gratuita, que no has comprado con tu dinero o tu duro trabajo, estás obligado a compartir esos dones con los demás con absoluta generosidad. Si no lo haces e intentas aprovecharte de esos dones en tu exclusivo beneficio, especialmente si buscas la riqueza material a costa de otros, antes o después la ley kármica caerá sobre tu cabeza y todo comenzará a torcerse de forma inexplicable. Es por eso que en cumplimiento de la ley de Ahmra distribuyo gratuitamente lo que gratuitamente recibí.

PREPARACIÓN PARA LA MEDITACIÓN

Se puede meditar a cualquier hora del día o de la noche, el único requisito es estar solo en un lugar adecuado y no tener prisa alguna. Aunque nada impide meditar en grupo, todos los presentes deben participar� en la meditación y estar concentrados, de otra forma� la mente se dispersa y resulta imposible meditar.

Se recomienda utilizar un lugar de nuestro domicilio especialmente preparado para ello y en el que nos sintamos a gusto. La meditación en la naturaleza, si el tiempo acompaña y las circunstancias lo permiten es ideal.� Si estamos solos en casa y no vamos a ser molestados en un tiempo prepararemos nuestro cuarto favorito de la siguiente manera: ayuda mucho decorarlo con posters, fotografías o cuadros de hermosos paisajes, encender incienso, escuchar una música para relajación con la que sintonicemos especialmente y llevar ropa cómoda. Es imprescindible adoptar una postura cómoda, si es posible con la espalda lo más recta posible. La postura ideal es la del loto, sentados en el suelo, con las piernas cruzadas, los pies encima de los muslos. Como esta postura suele resultar poco cómoda para los occidentales, se puede utilizar una silla o un sofá que permita tener la espalda lo más recta posible. En ese caso las piernas deben estar separadas hasta la anchura de los hombros, las manos descansan sobre los muslos y los ojos cerrados. Si se prefiera la postura más cómoda, tumbados en el suelo, boca arriba, se recomienda utilizar una alfombra, esterilla o manta doblada, los pies descalzos, ropa cómoda que no nos oprima, las piernas separadas, los brazos ligeramente separados del cuerpo, una cuarta.

Con los ojos cerrados comenzamos a respirar con tranquilidad, inspirando por la nariz y espirando por la boca o por la misma nariz. La respiración en yoga es un tema muy complejo. El pranayama es todo un mundo. Nosotros, como aprendices, nos conformaremos con la respiración más sencilla, sin perjuicio de ir aprendiendo más técnicas conforme dominemos las más sencillas. Deberemos centrarnos en la respiración ya que eso nos ayuda mucho a relajarnos y la quietud de la mente es requisito imprescindible para meditar.

Se recomienda hacer un ejercicio de relajación básico que todo el mundo conoce. Yo prefiero imaginarme o visualizar un pequeño gnomo luminoso que sale del centro de mi cabeza, de la glándula pineal y baja hasta la planta de los pies. Va subiendo hacia arriba, deteniéndose un poco más donde estamos tensos o sentimos dolor. El gnomo luminoso utiliza su energía para calmar esa parte del cuerpo y luego continúa subiendo, tobillos, pantorrillas, etc. Hasta llegar a la cabeza y concretamente a la coronilla. Como este proceso lo vamos a utilizar en la meditación para curar enfermedades, como paso previo a esa terapia, ahora nos limitaremos a practicar una relajación muy sencilla.

La meta de toda meditación es parar el diálogo interno. No se trata de ese diálogo del que hablaba Antonio Machado –quien habla solo consigo espera hablar a Dios un día- sino ese constante monólogo del que no somos capaces de desprendernos desde que nos despertamos por la mañana. Es como un espejo en el que nos miramos constantemente como si temiéramos perder nuestra personalidad, nuestra individualidad. La meta de la meditación es salir de nosotros mismos, de nuestro ego, y comunicarnos con todos los demás, con todo el universo, con la totalidad, con la divinidad.

Para ayudarnos a parar el diálogo interno vamos a utilizar la técnica de la visualización, que consiste básicamente en hacernos espectadores de una escena que vamos creando o incluso actuar en ella como personajes. Ahora utilizaremos la visualización de la estación de trenes para ayudarnos a parar el diálogo internio.

PRIMERA MEDITACIÓN- CÓMO PARAR EL DIÁLOGO INTERNO

LA ESTACIÓN DE TRENES

Mientras seguimos relajados y respirando con tranquilidad, vamos a visualizarnos entrando en una estación de trenes, si es una conocida, mejor, así podremos imaginar los detalles con más intensidad. Imaginemos que está vacía. Estamos solos. Caminamos sin prisa por el vestíbulo y accedemos a los andenes. Una vez allí buscamos un banco y nos sentamos, las piernas separadas, las manos descansando en los muslos, la mirada al frente.

Hay un silencio absoluto, pero de pronto sentimos un molesto ruido. Es un tren que está entrando en la estación por nuestra derecha. Los trenes son metáforas de nuestras ideas. Siempre hay una idea entrando por la derecha de la estación de nuestro cerebro. Cada tren-idea tiene una forma diferente, va pintado de distintos colores y lleva una velocidad distinta. Lo mismo que nuestras ideas, que tratan sobre temas muy diversos y permanecen más o menos tiempo en la estación de nuestro cerebro.

Visualicemos cómo van subiendo o bajando viajeros del tren, cómo estos viajeros son muy diferentes entre sí, cómo van charlando arrastrando sus maletas. Sentimos la viva tentación de levantarnos de nuestro banco y unirnos a ellos, pero eso sería un error, regresaríamos al diálogo interno y nos perderíamos la meditación. Por eso vamos a permanecer sin movernos, mirándolo todo como espectadores de una película. El tren puede tener una parada� más o menos larga, pero antes o después se pondrá en marcha. Lo mismo que nuestras ideas, que por mucho tiempo que permanezcan en nuestra mente antes o después serán sustituidas por otras.

Vemos ese primer tren alejándose. Seguimos mirando al frente y respirando con tranquilidad. Nos fijamos en las vías. ¿Qué ocurriría si nos levantáramos y nos pusiéramos en mitad de la vía, esperando el tren? Nos atropellaría, nunca podríamos parar un tren. Lo mismo ocurre con nuestras ideas, intentar pararlas luchando a brazo partido con ellas es una batalla perdida. Por lo tanto la lección que extraemos de esta metáfora es que la única forma de parar el diálogo interno es transformándonos en espectadores que no pueden evitar ver lo que están viendo, pero que sin embargo permanecen ajenos, sin involucrarse.

Otro tren entra en la estación por nuestra derecha, los trenes, lo mismo que nuestras ideas nunca dejan de atravesar la estación de nuestra mente. Cada tren es diferente, pero todos ellos llaman nuestra atención. Nos gustaría subir a ellos y viajar lejos o mezclarnos con los pasajeros. Sería un grave error. Estamos meditando� y no dejándonos llevar por la cabra loca de nuestra mente, que siempre tira al monte y pretense ser nuestra dueña. No vamos a ir donde quiera llevarnos, vamos a permanecer aquí, sentados, tirando de la soga que hemos atado a la cabra. Nosotros somos los dueños.

Tras un largo periodo de contemplar trenes nuestra respiración se va espaciando, sentimos que nos pesan los párpados y entramos en un duermevela agradable. No importa que las primeras veces que meditemos nos quedemos dormidos, e incluso ronquemos. Ese es un signo de que está surtiendo efecto.� Si no nos hemos quedado dormidos sentiremos nuestro cuerpo más ligero, por un momento tenemos la sensación de que nos elevamos en el aire… y así es.

PRIMER PASO EN LA MEDITACIÓN

La técnica de la visualización sobre la estación de trenes ha surtido efecto, sin darnos cuenta estamos meditando, hemos dado el primer paso. Ascendemos sobre la estación y allá abajo vemos nuestro cuerpo sentado en el banco. Es la primera lección que estamos aprendiendo con esta primera meditación. No somos solo cuerpo físico, no somos solo un pedazo de materia, en nuestro interior hay algo más, un ser de luz, un alma o espíritu, un conductor.

Ahora vamos a visualizar otra escena. Salimos de casa, oprimimos el mando de la llave de nuestro coche y nos subimos a él. Lo ponemos en marcha y nos vamos moviendo por la ciudad. Es la imagen perfecta de lo que somos. Un conductor en el interior de un coche. El vehículo es nuestro cuerpo. No es para siempre. No lo hemos elegido, nos lo han impuesto. Algunos tienen formidables cochazos, han tenido mucha suerte en la vida, van por ahí llamando la atención, corriendo como locos. Su vehículo-cuerpo les facilita la vida. En cambio nosotros apenas podemos disponer de un utilitario de segunda mano, cochambroso y que la mayor parte del tiempo está en el taller. ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto? Tal vez se trate de una deuda kármica que arrastremos de otra vida, de otra reencarnación, o sencillamente lo hemos escogido nosotros porque queremos aprender una lección.

Como dice mi personaje, Milarepa, un joven monje budista, la vida no es otra cosa que una escuela de espiritualidad. Hemos venido aquí para aprender determinadas lecciones y seguiremos repitiendo curso una y otra vez hasta que consigamos aprenderlas. Podemos sentir envidia de los alumnos que abandonan la clase y con sus cochazos hacen novillos mientras nosotros estudiamos duramente, con los codos clavados en el pupitre. No sentiremos tanta envidia cuando al repetir el curso les toque otro coche, mucho más modesto, una verdadera birria y ya no puedan ir por ahí llamando la atención y burlándose de los otros.

Ya hemos aprendido la lección. Somos conductores, no vehículos para el desguace. Ahora dejamos que nuestros cuerpos de luz se eleven sobre la estación, sobre nuestro cuerpo, que permanece sentado en el banco y que sigan subiendo. Algunos entrarán en un sueño profundo, otros sentirán una gran paz interior mientras pierden contacto con la realidad que les rodea. No tenemos prisa. Vamos a permanecer así hasta que nos despertemos o una voz interior nos diga que ya es hora de regresar.

Hemos hecho nuestra primera meditación y hemos aprendido dos lecciones: No se puede detener el diálogo interno de nuestra mente� poniéndonos en medio de la vía y peleando con el tren que llega a toda velocidad. Es preciso hacerse espectador para paralizar el diálogo de nuestra mente. Somos conductores, cuerpos de luz, almas, espíritus, no simples tuercas y tornillos unidos hasta transformarse en un coche que antes o después terminará en el desguace.

Movemos los dedos de nuestras manos, de nuestros pies, vamos abriendo los ojos, nos quedamos un rato en la postura hasta que somos capaces de reaccionar, como al despertar por las mañanas tras un largo sueño. Hemos meditado, nos hemos recargado de energía, hemos aprendido algunas lecciones importantes. Ya podemos regresar a la realidad, a la vida. El conductor regresa al coche y se somete a la tiranía del espacio-tiempo. Pero ahora sabemos cómo se sale del vehículo y se regresa a él. Podemos hacerlo cuando queramos y notaremos cómo nos recargamos de energía, cómo nos llegaran maravillosas ideas desde nuestro interior que nos ayudarán a solucionar nuestros problemas, a ser más felices.