TÉCNICAS DE PSICOMAGIA II

3 11 2017

TÉCNICAS DE PSICOMAGIA II

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LA ESFERA DE LA CONSCIENCIA/SEGUNDA PARTE

En el ejercicio anterior hemos visto lo limitado de nuestra consciencia. Nos creemos dioses, la única consciencia que existe en el universo, el centro del mismo, todo ha sido creado para nosotros, somos los amos y señores… y sin embargo somos incapaces hasta de expandir nuestra consciencia por todo nuestro cuerpo físico, un cuerpo tan limitado que hasta da risa, medimos muy poco de altura, nuestra anchura se mide en centímetros, comparados con otras entidades que pueblan nuestra realidad somos tan poquita cosa que solo nuestra vanidad, nuestra soberbia sin límites nos permite ver a las hormiguitas como entidades tan alejadas de nosotros, de nuestra jerarquía en el universo, que las despreciamos hasta el punto de considerarnos a años luz de ellas. En realidad despreciamos todo lo que no seamos nosotros mismos, despreciamos el mundo mineral porque creemos que no tiene la menor consciencia y solo nos sirve para atarnos a una realidad física, que por su solidez es un ancla perfecta para nuestra mente, tan sutil, tan frágil, tan inquieta que no podría sobrevivir en otro mundo cuya solidez no nos permitiera sentirnos atados a algo, a un tiempo y a un espacio.

Hasta para movernos por nuestro cuerpo físico, tan limitadísimo, nuestra fabulosa consciencia, nuestra consciencia de “dioses” tiene serias dificultades. Casi todo en nosotros funciona de forma automática, refleja, en segundo plano, y solo cuando el dolor se hace presente nuestras células, nuestros órganos, las partes de nuestro cuerpo físico se hacen presentes a nuestra consciencia con intensidad. Despreciamos el dolor como un sin sentido, como un castigo, divino o aleatorio, que solo sirve para hacernos conscientes de nuestros límites y nuestra fragilidad. Sin embargo, bien mirado, es el dolor y sólo él, el que nos permite hacernos conscientes de partes de nuestro cuerpo físico que solo están presentes a nuestra consciencia cuando se quejan, a gritos destemplados, del apocalipsis que están viviendo. Incluso nos cuesta tomar plena consciencia de procesos fundamentales para nuestra vida, como la respiración, de la que solo somos conscientes cuando algo nos impide respirar con normalidad, una bronquitis, un ataque de asma, o cuando concentramos el centro de nuestra consciencia en el proceso respiratorio, cuando practicamos ejercicios de respiración, pranayama. De la misma manera permanecemos alejados de procesos tan fundamentales para la vida como la alimentación. Ni siquiera hemos pensado por unos segundos en el fantástico proceso que supone la alimentación. Algo exterior a nosotros, con lo que supuestamente no tenemos nada que ver, acaba formando parte de nosotros mismos, de nuestro cuerpo físico, de nuestra consciencia. Un alimento, un objeto externo, tan sólido como deseamos para aceptarlo como real, con el que no tenemos nada que ver, ningún vínculo, se convierte, tras un meticuloso proceso en parte de nosotros, carne de nuestra carne. Es un procedimiento asombroso del que ni siquiera somos mínimamente conscientes. Se produce una vinculación casi milagrosa, ese alimento es triturado por nuestros dientes, ensalivado, tragado y enviado por una tubería a nuestro laboratorio químico, el estómago, allí los jugos gástricos, parte de nosotros, como lo demuestra que su mal funcionamiento puede ocasionarnos terribles dolores que nos dicen bien a las claras que, lo queramos o no, ha sido vinculado por nuestra consciencia y asumido como parte de nosotros mismos. El proceso digestivo continúa hasta que nuestro cuerpo físico decide asumir parte de ese objeto externo con el que nada tenemos que ver como algo propio, alimentando nuestras células, formando, casi un milagro, parte de nuestro cuerpo físico. El resto es expulsado y devuelto a la realidad externa, una maloliente realidad externa que enseguida alejamos de nuestra consciencia.

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El proceso digestivo es una fantástica metáfora de la expansión de nuestra consciencia, de nuestra vinculación con la realidad externa, que consideramos separada de nosotros por un abismo. De forma parecida funciona nuestra consciencia cuando se expande, como vamos a ver en la segunda parte de este ejercicio, hasta el infinito y más allá. Cuando volvamos a contraernos, en un proceso inverso al que estamos siguiendo, algo muy parecido a lo que se supone podría ser la expansión y contracción del universo, nos haremos mucho más conscientes, en este viaje de regreso, de cómo funciona nuestra consciencia y de lo limitado de la misma, algo tan humilde, que solo la chispa de consciencia divina que habita en nosotros nos permitirá convertirnos realmente en dioses, en seres muy evolucionados, algo que ahora mismo, desde la humilde y torpe realidad de nuestra consciencia, nos tiene que parecer necesariamente como una utopía inalcanzable.

Podemos practicar la primera parte de este ejercicio de forma habitual, haciéndonos conscientes de nuestro cuerpo físico, hasta del último rincón, de cada célula, de cada órgano, aprovechando los que consideramos los peores momentos de nuestras vidas, la enfermedad, el dolor más intenso, como un trampolín que nos permitirá expandir nuestra consciencia. Una vez que seamos plenamente conscientes de todo lo que supone nuestro cuerpo físico para nuestra consciencia, de cómo se produce la vinculación diaria con elementos externos que pasan a formar parte de nuestra consciencia, estaremos preparados para iniciar el macro-proceso de la expansión de la consciencia por toda la realidad física, por todo el universo, hasta el infinito y más allá. Eso es lo que vamos a iniciar a continuación, un viaje que nos llevará mucho tiempo cronológico en la dimensión física, pero que para la consciencia, entidad espiritual, no supone ningún viaje en el tiempo, pudiendo moverse y recorrer distancias infinitas sin ser casi conscientes del paso del tiempo, como nos sucede cuando hacemos una buena meditación.

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EXPANDIENDO NUESTRA CONSCIENCIA HACIA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ

Podemos comenzar el proceso de forma muy humilde. Estamos tumbados en la cama, estamos sentados en una silla. Nuestro cuerpo físico ha desaparecido y ahora somos una esfera de consciencia, con un núcleo en el centro que es igual de intenso que en todos sus radios y en todos sus puntos, por muy externos que nos parezcan. Al desaparecer el cuerpo físico evitamos el gran obstáculo que supone para nuestra mente pensar que podamos “comernos” nuestro lecho o nuestra silla. No podemos masticar estos objetos, formar una papilla ensalivada y mandarla por nuestro tracto digestivo hasta el estómago, el laboratorio químico, donde sufrirá un proceso de vinculación y excreción. No podemos ni imaginarnos que podamos hacer algo así con objetos tan sólidos como una cama o una silla, pero sí podemos iniciar un procedimiento parecido que nuestra mente pueda aceptar sin reparos. Pongámonos a ello.

Estamos tocando la cama, la silla, nuestro tacto, uno de los sentidos más vinculantes, ha entrado en contacto con la realidad sólida de estos objetos. Si aún fuéramos cuerpos físicos nos sentiríamos incapaces de vincularlos a nuestra consciencia, de convertirlos en parte de nuestros cuerpos físicos, pero ahora somos una esfera, una esfera de consciencia, una esfera energética. Pues bien, vamos a ser conscientes del proceso paso a paso. El tacto nos ha puesto en contacto con esos objetos, somos conscientes de estar vinculados con ellos de alguna manera, de otra forma ni percibiríamos su presencia, su realidad. Su solidez impenetrable nos hace ver que hay un abismo entre estos objetos y nosotros, un abismo que no podemos superar desde la realidad, desde la dimensión física, un abismo que nuestro cuerpo no puede saltar, lo mismo que no se salta a la torera las leyes físicas, no podemos quebrar la ley de la gravedad, no podemos superar la ley de la impenetrabilidad de los cuerpos, no podemos atravesar un muro con nuestro cuerpo físico, ni recorrer un espacio físico determinado a la velocidad de nuestra mente, aunque este espacio pueda ser invisible, como el aire, todos sabemos que incluso para un avión que recorre un cielo, aparentemente vacío para nuestros sentidos, el recorrido conlleva un lapso importante de tiempo y un gran derroche de energía-combustible.

Pero no necesitamos intentar quebrantar esas leyes físicas, para expandir nuestra consciencia, porque ahora somos una esfera energética y no un cuerpo físico. Esa esfera puede expandirse de tal forma que la aparente solidez del objeto no suponga ningún abismo infranqueable. Formamos parte de un océano infinito de partículas subatómicas, subpartículas, y así podemos seguir dividiendo la realidad física hasta el infinito. Todos sabemos que los átomos intercambian electrones y así se vinculan, se fusionan, formando moléculas que a su vez se vinculan y forman proteínas, por ejemplo, u otras clases de sustancias que son los ladrillos de nuestro cuerpo físico, de nuestra realidad. Toda realidad física se forma por la unión, la vinculación, de sustancias más pequeñas. Nosotros vamos a hacer lo mismo, uniendo, vinculando los puntos de nuestra esfera de consciencia con los puntos, las partículas de esos objetos sólidos. No necesitamos penetrarlos, los asimilamos, los vinculamos y lo hacemos en un proceso lento, ahora, que estamos empezando el ejercicio, pero que luego será mucho más rápido, automático, cuando este mecanismo se convierta en un acto reflejo, como respirar o comer. Estamos vinculando a la cama o a la silla a nuestra consciencia, ya forma parte de nuestra esfera, por lo tanto se puede decir, con toda verdad, que hemos expandido nuestra consciencia, que ya no es solo un cuerpo físico, con sus límites concretos, sino que se podría decir en la realidad física que ahora además de cuerpo físico somos también cama o silla, por lo que si fuera posible realizar esto en la dimensión física, nuestra consciencia sería más amplia, se habría expandido unos centímetros, unos metros más.

Si al ser conscientes de nuestro cuerpo físico podríamos percibir, teóricamente, cualquier cosa que ocurriera en él, al incorporar la cama o la silla a nuestra consciencia podemos ser conscientes de todo lo que sucede en esos objetos. Así podríamos ver un desgarrón en las sábanas, un hueco en el interior del colchón, un insecto que se ha colado por un agujero de la madera de que está formada nuestra cama, o podríamos sentir cómo una pata de la silla está siendo horadada desde dentro por la larva de una polilla. Estos datos no los podríamos percibir con nuestros sentidos físicos, nuestra mente lógica no podría procesarlos y hacerlos conscientes para nuestra consciencia. Por lo tanto, si una persona nos dijera esto y resultara cierto, tendríamos que concluir que lo sabe por una vía, un canal distinto al habitual. A esta forma de conocimiento la llamamos “intuición”. Es decir el conocimiento directo, que sin intermediarios, que sin el largo camino que recorren los datos por nuestros sentidos, nos permite saber cosas que están bloqueadas para nuestros sentidos físicos. Es por eso que quienes han conseguido expandir su consciencia, la esfera de su consciencia, aunque sea de forma rudimentaria, pueden acceder a datos y a conocimientos que están vedados para otros que solo utilizan el canal de los sentidos y el procesamiento que la mente hace de estos datos. Estamos hablando de videntes, estamos hablando de personas intuitivas, estamos hablando de fenómenos paranormales, estamos hablando de otra forma de acceder a otras dimensiones, estamos hablando incluso de personas con enfermedad mental. Y aquí nos detenemos un breve instante. Porque la expansión de la consciencia tiene sus dificultades, sus riesgos, sus rincones misteriosos y terroríficos. Si ya tenemos bastante con un cuerpo físico, cuando éste sufre enfermedad y nos causa dolor, si vamos vinculando a la esfera de la consciencia nuevas realidades, la desarmonía o “el dolor” de estas realidades, será acumulativo para nuestra consciencia.

El desprecio que muchos sienten hacia nosotros, los enfermos mentales, no es otra cosa que el desprecio que muchos sienten hacia otras formas de conocimiento, como la intuición, hacia quienes exploran nuevos territorios y descubren mundos nuevos, porque ellos no son capaces de correr esos riesgos, por eso se enquistan, se esconden en sus caparazones, se refugian en sus “búnkers” y desprecian a quienes arriesgan incluso su cordura en la expansión de su consciencia. En otros textos, especialmente en la serie del “Búnker” veremos cómo la enfermedad mental tiene buen parte de sus raíces hundidas en una expansión de la consciencia incontrolada, arriesgada hasta la imprudencia, solitaria y desesperada. Así veremos cómo muchos enfermos mentales han expandido su consciencia a través de la droga, del alcohol, de las adicciones, de fugas desesperadas de su realidad cotidiana. El desprecio que muchos sienten hacia nosotros, los enfermos mentales, tiene mucho que ver con su miedo a salir de su caparazón y echar al menos un vistazo a su alrededor. Pero como veremos también en el “Búnker” ni ellos ni nadie puede permanecer para siempre dentro de su búnker, de su caparazón, y cuando salgan, cuando “algo” les obligue a salir, sabrán lo que es bueno, sabrán por qué los enfermos mentales vivimos en nuestros mundos infernales, montados en nuestros tiovivos que dan vueltas y vueltas sin moverse un centímetro hacia delante.

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Si sufrimos lo que sufrimos, muchísimo, siendo los dioses de un universo tan diminuto como es nuestro cuerpo físico, nos podemos hacer una idea de lo que puede sufrir un auténtico dios, dueño de un auténtico universo físico. Es por eso que la expansión de la esfera de la consciencia debe hacerse siempre desde la chispa divina que hay en nuestro interior, la única inquebrantable, la única inmortal, infinita, omnisapiente y todopoderosa. Intentar expandir la consciencia desde sus rincones más groseros, más inmorales, más mezquinos, más egoístas, es como tirarse al abismo sin paracaídas. Ni siquiera la vinculación y asimilación a la esfera de nuestra consciencia de objetos tan poco susceptibles de ser considerados “peligrosos”, como una cama o una silla, está libre de riesgos. A este respecto recuerdo una escena en la que Castaneda, en la segunda atención, cree estar en una dimensión desconocida e incomprensible, donde todo le parece gigantesco, y él poquita cosa, pero que conforme va describiendo ese mundo el lector comprende que está en una realidad cotidiana muy conocida, tal vez una cocina, con una silla, una mesa y otros objetos, que Castaneda, desde la segunda atención, donde la esfera de la consciencia está vinculando objetos, percibe desde una perspectiva completamente diferente.

Podemos seguir expandiendo la esfera de la consciencia por la habitación donde estamos, podemos vincular al armario, la mesita de noche, la lámpara, o en el salón el sofá, la mesa, la televisión… Es un proceso lento, concentrado. Somos conscientes de muchas cosas nuevas que ignorábamos, lo mismo que cuando sufrimos un intenso dolor en una parte de nuestro cuerpo somos conscientes de que esa parte existe y no es un simple acto reflejo, automatizado, que rara vez incorporamos al núcleo de nuestra consciencia. Conforme avanzamos también somos conscientes de que saber más implica también sufrir más. De que saber que en la pata de nuestra silla hay una larva de carcoma también implica ser conscientes de cómo esa larva, ese ser externo que aún no hemos vinculado, penetra en nuestra “carne” en nuestra madera, que ahora es nuestra como lo es nuestro cuerpo, y nos hace sufrir. También somos conscientes de que un vidente que ha expandido la esfera de su consciencia hasta donde ha querido, puede saber muchas cosas que nosotros ignoramos, pero saber que alguien va a morir, por ejemplo, no siempre es una posibilidad de evitar esa muerte, también es la posibilidad de sufrir esa muerte dos veces y con toda intensidad, cuando la hemos incorporado a nuestra esfera de consciencia y cuando ocurre en nuestra realidad física. Por eso muchos temen expandir su consciencia y se refugian en sus caparazones, en sus búnkers, para no sufrir, para ignorar lo que podría herir su alma. Su cobardía se convierte a menudo en desprecio hacia los que expanden su consciencia corriendo los riesgos de intentar superar abismos entre objetos, entre personas, entre mundos. Nos desprecian a las personas que sufrimos enfermedad mental, desprecian a los videntes, desprecian todo aquello que les saque por un momento de su búnker, donde están tan felices, tan a gustito… mientras la mutabilidad implacable de la realidad física no hace que les duela una parte de su cuerpo con toda intensidad, una zona de su consciencia herida hasta lo más profundo del alma. Mientras esto no sucede dicen ser felices, se pavonean de su “normalidad” y no tienen inconveniente en burlarse de los “enfermos”, buscan sus tesoros escondidos en la tierra que pueden palpar con sus dedos, y se olvidan de que otros ya han llegado a ellos y los han superado en la expansión de su consciencia. Es fácil burlarse de lo que no se conoce, pero la ley de la expansión de la consciencia, que dice que quien no se expanda perecerá, les alcanzará a ellos, antes o después.

Y una vez iniciado este ejercicio de expansión, nos lo tomaremos con calma, porque todos sabemos lo que agota caminar y caminar, incluso correr, en cualquier dirección en el espacio físico, también la expansión de la consciencia es agotadora, por lo que nos tomaremos un pequeño descanso.

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TÉCNICAS DE PSICOMAGIA I

27 10 2017

TÉCNICAS DE PSICOMAGIA I

PSICOMAGIA

NOTA PREVIA/ Acabo de terminar el libro de Alejandro Jodorowsky, Psicomagia, que he leído sin prisas, rumiándolo. Sin perjuicio de un análisis más a fondo de las bases de la Psicomagia en otro capítulo, hoy quiero centrarme en algunas técnicas de psicomagia que aparecen en un apéndice al final del libro y que me parecen muy interesantes. Soy muy ecléctico a la hora de elegir filosofías de la vida y técnicas mentales. En todas ellas “atropo” algo que me interesa, lo modifico a mi manera para que me sirva a mí específicamente, y  armonizo todas las ideas, engranándolas, en un mecanismo subjetivo y particular que a mí me sirve, otra cosa es que sirva también a otros, si no es así, tendrán que hacer lo mismo que hago yo.

El hecho de que Jodorowsky tuviera un buen concepto de los libros de Castaneda me hizo mirar con simpatía su Psicomagia desde el principio, pero nunca me trago todo lo que me dan, sin más, es por eso que en otro momento analizaremos más a fondo esta filosofía con un buen entronque con el chamanismo. Tal vez el concepto que más dificultad tenga para asimilar es el de su trabajo mágico con el subconsciente. Emparentado con el teatro pánico, con este movimiento fundado por Fernando Arrabal, el propio Jodorowsky y el actor y pintor francés Roland Topor, como podemos ver en la wikipedia, a mi juicio tiene ciertas raíces comunes con el arte de acechar, con el desatino controlado de Castaneda, sin embargo lleva alguna de sus manifestaciones a tales extremos que no puedo dejar de preguntarme por sus efectos, cuestionando algunas cuestiones como veremos en su momento. Tal vez les pierda ese ansia de revolucionar una sociedad burguesa, anquilosada en viejos conceptos,  hoy totalmente desfasados. Inspirado en el nombre del dios griego Pan, Se basa en tres elementos básicos, terror, humor y simultaneidad. Según se expresa en su libro, Jodorowsky no parece tener mucha simpatía por el budismo, especialmente por algunos de sus conceptos básicos, como la reencarnación. En esto no difiere mucho de don Juan que no tiene mucho interés en saber qué será de nosotros tras la muerte, porque como él mismo dice, la existencia es un misterio que un guerrero jamás logrará desvelar, centrándose en lo que se puede hacer en el momento y buscando como única meta la libertad absoluta, una vez que el grupo de guerreros logra pasar a través de alguna de las grietas del mundo y librarse de que el Águila los absorba, dejando en su lugar una copia perfecta de sí mismos.

Las técnicas psicomágicas me parecen muy interesantes y por eso las he adaptado a mis propios intereses, necesidades y gustos. Quienes deseen practicar las auténticas solo tienen que buscarlas en su libro. En algunos casos mi adaptación o deformación de estas técnicas será tan intensa que sin duda el autor renegaría de ellas, pero en la mayoría me limito a practicarlas a mi manera, extendiendo las ideas principales y modificando algunas secundarias. El batiburrillo que tengo en el blog mezclando filosofías como el yoga mental, el budismo, el chamanismo de Castaneda, el esoterismo y las técnicas mentales de todas estas filosofías y alguna más que me he encontrado por ahí, puede desconcertar al lector. Un gurú oriental recomendaba seguir un solo camino, porque no se pueden seguir varios a la vez, ya que aunque tengan las mismas metas el recorrido es muy diferente. En cambio me he encontrado con otras opiniones que dicen algo distinto o lo contrario. Entre ellas con la que más estoy de acuerdo es con la de Krishnamurti, quien dijo que si tienes suficiente luz en tu interior no necesitas maestro alguno. Yo aún no tengo suficiente luz pero hago como si la tuviera siguiendo mi propio camino, que por muy ecléctico que sea, y hasta confuso, a mí me sirve.

En el fondo todas estas técnicas tienen un denominador común, que el universo es mental, que somos mentales, como dice uno de los principios básicos del Kybalion. Una vez que aceptas esto, aunque solo sea como hipótesis de trabajo, todas y cada una de estas técnicas, por muy diferentes que sean, tienen pleno sentido y cada uno puede modificarlas o incluso inventar técnicas propias, porque la mente siempre funciona de la misma manera y cada mente individual y particular tiene sus propios obstáculos o rayas según el concepto hindú.

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TÉCNICAS PSICOMAGICAS I

LA ESFERA DE LA CONSCIENCIA

El concepto de consciencia encerrada o encarcelada no es nuevo y aparece casi en todas estas filosofías. Por mi parte hice mi humilde aportación al tema en la cárcel de papel, basándome en la técnica chamánica de borrar el pasado. Pueden verla en el blog y consiste básicamente en hacernos conscientes de que la celda de la cárcel en la que creemos vivir y que nos impide ser libres, no está hecha con muros de cemento o de hormigón, sino que son simples paredes de papel con frases que jalonan nuestra vida desde la infancia. Todos las conocemos: eres tonto, nunca llegarás a nada, no tienes remedio, no se puede confiar en ti, etc etc. Las dicen los demás, por motivos que es mejor no conocer. Son también farsas de control como analizo en la sección correspondiente del blog. Nuestra imagen, como el cristal en el que dibujamos lo que se nos antoja, está en gran parte formada por estas supuestas perspectivas que los demás tienen sobre nuestra personalidad e individualidad. Yo mismo sufrí de baja autoestima por hacer caso de lo que otros decían sobre mí. Esas frases, esas miradas, esos gestos, esas conductas, están explicitadas en esas paredes de nuestra celda, son la grava y arena, que agregadas a otras sustancias forman lo que creemos un solidísimo hormigón que nadie puede traspasar. Es por eso que nos quedamos en nuestra celda toda la vida, caminando solo unos metros en una u otra dirección, hasta donde creemos que están las paredes que bloquean nuestra libertad. Esta técnica busca lo mismo que la de la cárcel de papel y que todas las demás técnicas mentales, expandir nuestra consciencia hasta el infinito y más allá, porque lo creamos o no somos dioses, en el fondo de nuestro ser late esa chispa divina de la que habla Milarepa en mis textos del blog.

Podemos tumbarnos boca arriba, sentarnos en una silla con la espalda recta, en la postura del loto, como nos resulte más cómodo, de lo que se trata es de que el cuerpo no atraiga nuestra atención con sus molestias. Ahora vamos a centrarnos en nuestra prisionera consciencia, vamos a ver las supuestas paredes que la encierran y ahogan, y cuando hayamos recorrido nuestra celda de cabo a rabo, romperemos sus paredes y nos expandiremos hasta el infinito.

Estamos absolutamente convencidos de que nuestra consciencia solo llega hasta los límites de nuestro cuerpo, para ello nos basamos en el dolor físico. Yo no siento dolor si otra persona sufre una herida en un dedo, estamos en el territorio de la otra consciencia, no en el mío. Si miro algo son mis ojos los que ven y mi cerebro el que procesa. Son mis sentidos, que están en mi cuerpo, los que llevan a mi consciencia, prisionera en su interior, una supuesta realidad que está ahí fuera. Pero es sobre todo el tacto el que nos da más intensa consciencia de nuestros límites, es como intentar escapar de nuestra celda, nuestro cuerpo no puede escapar atravesando sus muros de hormigón. Es cierto que vemos por la ventana de la celda otras realidades, pero no podemos acceder a ellas, son realidades lejanas que un prisionero no puede visitar.  Nos hemos acostumbrado a pensar que nuestra consciencia se detiene en los límites de nuestro cuerpo físico, lo demás es como ver una película en la que nosotros nunca participaremos y solo podremos ver como espectadores. Nuestra consciencia es nuestro cuerpo, o dicho de otra manera, nuestra consciencia es la celda en la que estamos prisioneros. No podemos atravesar nada sólido, por eso nuestro pensamiento ha aceptado como real todo lo que es sólido, cuanto más sólido más real. En la serie de textos que he comenzado a subir al blog, titulados El bunker, intento mostrar esto de otra manera, para que nos apercibamos de que nuestro supuesto bunker está más agujereado que un queso gruyere y por estos agujeros se cuela todo el mundo, aunque no seamos conscientes de ello. Para nosotros una pared es muy real, porque no podemos atravesarla, también lo es el espacio y el aire, aunque podamos atravesarlos, porque a veces nos muestran su poderosa realidad, como cuando nos agotamos desplazándonos por el espacio o cuando un fuerte viento puede con nuestro cuerpo, impidiéndonos caminar. Sin embargo despreciamos como no  real todo lo que no nos parece sólido, las emociones, los pensamientos, como si fueran fallos de nuestro circuito cerebral. Cuando una emoción nos puede y se convierte en una poderosa realidad de la que no podemos escapar, lo atribuimos a un fallo en el circuito cerebral, algo no van bien. Cuando un pensamiento se enquista en nuestra mente, convirtiéndose en una obsesión, su realidad, que nos hace vivir en ese pensamiento más tiempo que en cualquier otra realidad, es rebajada atribuyendo este hecho a un fallo en el mecanismo cerebral. Es ese fallo el que es real, no el pensamiento obsesivo.

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La cárcel de la realidad se convierte en una pequeña celda, con paredes sólidas que no podemos atravesar. Pero hasta en esa celda hay rincones que no conocemos, porque nos dan miedo, porque no les damos la menor importancia. Así nos convencemos de que las células de nuestro cuerpo físico no forman parte esencial de nuestra consciencia, sí están ahí, están empapadas de nuestra consciencia, como nos lo demuestra el dolor físico que sentimos cuando una célula sufre, porque todo el cuerpo sufre y nuestra consciencia en su integridad percibe ese dolor, pero es como si estuvieran adormecidas, con una consciencia en segundo plano. En cambio el sufrimiento causado por pensamientos y emociones es atribuido a un defecto mecánico en el circuito cerebral y nos rendimos, no podemos hacer nada, salvo que un mecánico exterior hurgue en nuestro cráneo y sea capaz de reparar lo dañado. Nos hemos acostumbrado a pensar en la cabeza como el centro, el núcleo de nuestra consciencia, así en ella están nuestros sentidos, la vista, el oído, el olfato y el gusto, es decir, ojos, oídos, nariz y paladar. En cambio el tacto está distribuido por todo nuestro cuerpo, el único sentido que no tiene un centro nuclear en la cabeza. El resto del cuerpo lo percibimos como una consciencia adormecida, en segundo plano, que percibimos con intensidad solo en momentos puntuales, cuando nos pica una zona de la piel, cuando sentimos dolor en un lugar concreto. Y respecto a nuestros órganos internos funcionan de forma refleja, automatizados, pasan desapercibidos para nuestra consciencia, están en un segundo círculo de consciencia, donde ésta permanece adormecida, en un segundo plano, solo el dolor o el mal funcionamiento hacen que el núcleo de nuestra consciencia se centre en ellos. Digamos que incluso en nuestro cuerpo físico hay zonas de alta consciencia y de consciencia adormilada que parece funcionar en segundo plano, como el motor del coche en el que viajamos, un sonido reconfortante que nos indica que todo parece ir bien.

En nuestra celda no somos los amos y señores, ni lo conocemos todo. Se puede estropear el retrete-aparato excretor y hasta ese momento ni nos habíamos fijado en él, en su importancia, lo dábamos por supuesto. Sin embargo cuando algo se estropea en nuestro cuerpo, todo se estropea, cuando algo no va bien en nuestra celda, todo va mal. Eso parece ser un signo evidente de que la celda-cuerpo nos pertenece, el núcleo de nuestra consciencia se ha apoderado de ella, la ha hecho suya. Y sin embargo podemos sentir, con profundo desaliento, que no lo percibimos todo, no lo controlamos todo, unas células se rebelan, no sabemos por qué y tenemos cáncer; algo no va bien en el aparato digestivo y el dolor nos despierta a un estado de consciencia diferente, donde somos solo estómago, donde el resto de nuestro cuerpo desaparece, porque el dolor concentra el núcleo de nuestra consciencia, es como si se retirara de todo lo demás y se fuera al rincón, a rumiar su fragilidad, su decadencia.  Las células son nuestras, pero sin embargo a veces no obedecen nuestras órdenes y se rebelan, no podemos curarlas cuando están enfermas, es como si en realidad no fueran nuestras, no formaran parte de nuestra consciencia, y en cierto modo así es, porque las hemos hecho nuestras al vincularnos con ellas, hemos hecho nuestro, nuestro cuerpo, al vincularnos con él.  Uno se pregunta si no haremos lo mismo con todo lo demás, con la realidad que nos rodea, desvinculamos la consciencia de ella, y ya no es nuestra, pero podría ocurrir al revés, podríamos volver a vincularnos con ella y sería nuestra, como una extensión de nuestro cuerpo. Esto es lo que vamos a hacer en este ejercicio.

Vamos a suprimir la forma de nuestro cuerpo y vamos a convertir la consciencia en una esfera perfectamente redonda, el núcleo de esa consciencia está en su centro, pero todos y cada uno de sus puntos tienen la misma intensidad de consciencia, ya no hay zonas que permanecen adormiladas, en un segundo plano. Y hasta aquí hemos llegado por hoy en esta primera parte del ejercicio. Podemos seguir centrados en nuestro cuerpo físico, en nuestra celda de prisioneros, conociéndolo todo, haciéndonos conscientes de todo aquello que hasta ahora nos había pasado desapercibido. En el siguiente ejercicio expandiremos la consciencia hasta el infinito y más allá, hasta alcanzar la libertad, la única meta del guerrero. Nos daremos cuenta de que la consciencia se puede expandir, de que no está prisionera de un cuerpo físico, de que puede percibirlo todo y tal vez, tal vez, nos convenzamos también de que la consciencia puede actuar a través de aquello que vincula, lo mismo que hace con el cuerpo físico, no son solo las leyes físicas, las leyes cósmicas, las que controlan la realidad a través de la mente universal, nuestras consciencias también pueden hacerlo, y nos convenceremos de ello si conseguimos que ocurra un pequeño milagro, una interacción clara y contundente con una realidad que pensábamos que estaba fuera de nosotros, fuera de nuestra alcance, porque, recordemos, seguimos pensando que estamos prisioneros en una celda con muros de hormigón. Incluso podría suceder que nos llegáramos a convencer de que la mente universal no es algo exterior a nosotros, somos nosotros. Esto y no otra cosa es el éxtasis místico, el shamadi, el nirvana, la expansión de nuestra limitada consciencia hasta hacerla universal e infinita, hasta hacernos conscientes de que esa infinita consciencia que creíamos fuera de nuestra realidad para siempre, somos nosotros mismos.

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TÉCNICAS CURATIVAS I (EL HUEVO LUMINOSO)

4 11 2016

NOTA PREVIA: Esta técnica en concreta nos la enseñó una profesora de yoga mental, argentina, que nos dio clase de yoga durante unos meses, antes de regresar a su país. Tengo un muy grato recuerdo de ella, una mujer madura, de más de sesenta años, alta, espigada, amable. En aquellos tiempos, hace ya bastantes años, yo pasaba, como casi siempre, por una etapa depresiva bastante importante y me apunté a clases de yoga más por estar acompañado que por aprender algo nuevo. Mis técnicas mentales personales se basan tanto en el yoga mental como en el chamanismo de Castaneda, como en las enseñanzas rosacruces, que seguí durante algunos años en mi juventud, como en toda aquella filosofía o corriente esotérica que pueda aportarme algo. No obstante mis recelos aquella profesora sí me aportó algunas cosas novedosas, a pesar de que el nivel de la clase era bajo, como correspondía a alumnos que en gran parte nunca habían practicado yoga mental y aquella era su primera experiencia.

El huevo luminoso para mi tiene claras reminiscencia chamánicas de las enseñanzas de don Juan a Castaneda. Según don Juan el ser humano, visto con la segunda atención, es decir lo que don Juan llama propiamente “ver”, no con los sentidos de la carne, es en realidad un huevo luminoso que camina por la vida casi sin tocar el suelo. Este huevo luminoso se extiende más allá de nuestro cuerpo físico, como a medio metro, tal vez un metro o más, de lo que ocupa en el espacio la materialidad de nuestros cuerpos de carne. Este huevo está compuesto de fibras luminosas estrechamente enlazadas y la muerte física se produce, según don Juan, cuando el hueco o agujero que tenemos todos a la altura del ombligo, dentro del huevo, es decir a alguna distancia del cuerpo físico, se abre desmesuradamente, según don Juan por una labor de zapa externa, un concepto muy interesante que veremos en otro momento, y es entonces cuando quedamos libres de ese huevo luminoso que nos contiene, es decir morimos físicamente.

En esta técnica voy a seguir las instrucciones de la profesora, tal como las tengo anotadas en mi agenda de técnicas mentales, sin perjuicio de que al final aporte cosas personales que he añadido yo por mi cuenta.

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EL HUEVO LUMINOSO

Tumbados en el suelo, sobre una alfombrilla de yoga o manta, en postura de relajación. Visualizamos un punto de luz en el pecho, que va aumentando hasta convertirse en una naranja.

De él salen infinidad de flechas de luz de medio metro aproximadamente. Somos como un huevo con un punto de luz que sería la yema de ese huevo. La zona de luz blanca sería la clara de ese huevo. Nosotros estamos dentro de ese huevo, que sería como nuestra aura invisible.

Desde ese centro de luz al que imaginamos verde, vamos extendiendo el verde a la clara. Nos centramos en las zonas a sanar.

APORTACIÓN PERSONAL

Podemos utilizar otros colores, según las necesidades de la curación, y así entroncamos con los colores propios de cada chakra, como aparecen en el blog, en la sección “trabajando con los chakras”. Podemos también ir recorriendo fibra de luz por fibra de luz, deteniéndonos en las zonas que aparecen menos luminosas, más grisáceas, vamos limpiando esas zonas y aportando más luz a esas fibras, que seguro coincidirán con zonas del cuerpo doloridas, bloqueadas, con dolores o molestias físicos, con órganos dañados.

Podemos centrarnos en ese hueco o agujero de que habla don Juan. Parece ser, aunque esto ya lo veremos ampliamente en Las enseñanzas de don Juan, que en la lucha de poder del guerrero éste resulta herido como en una batalla y ese debilitamiento de la energía, esa disminución de la vitalidad, se centra en ese punto, en ese hueco o agujero que se va abriendo, como una puerta entreabierta a la que empujamos desde fuera para que se abra del todo. Esa total apertura sería la muerte física por lo que este ejercicio podría recomendarse a los que sufren graves enfermedades que están acabando con su vida. Vamos a estirar las fibras sobre ese hueco o agujero y las vamos a dotar de la mayor luminosidad posible. Esa zona oscura que sería el punto desde donde la muerte comienza a trabajar deberá ser recubierto,como el resto del huevo luminoso con fibras de luz. Será un trabajo lento, haciendo acopio de toda la vitalidad del resto de nuestro cuerpo físico, en forma de luz, que llevamos hasta allí y que vamos colocando como colocaríamos hilos de lana sobre esa parte de nuestro cuerpo. Este trabajo deberá realizarse al final, cuando hemos trabajado con todos los puntos del huevo luminoso, y deberá ser un trabajo meticuloso, realizado sin prisas, conscientes de que si dejamos que esa apertura se siga abriendo sin hacer nada estamos minando nuestra salud física hasta que ésta ya no resista el empujón de la mano que empuja esa puerta para abrirla, metafóricamente veremos a la muerte esquelética empujando y nosotros desde dentro tratando de cerrar.  Sabiendo que la muerte solo llega por esta zona mantenerla vital, bien cubierta de fibras luminosos nos permitirá un respiro, solo un respiro, porque el guerrero sabe que sus batallas de poder le producirán heridas que van a ir todas a ese punto.

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Podemos utilizar también el huevo luminoso para curar a otras personas, algo así como utilizar nuestra aura para que la de la persona cercana reciba nuestra energía y vitalidad. Una vez que hemos restaurado nuestro huevo luminoso podemos hacer que contacte con el huevo luminoso de la persona a curar que no deberia estar a más de un metro de nosotros. Si esa persona ha realizado también este ejercicio la terapia curativa del huevo luminoso será más efectiva.

Cuando caminemos por las calles de nuestras ciudades deberemos estar muy atentos a los contactos inevitables con los huevos luminosos de otras personas. Estos nos influyen y si su salud es mala, su vitalidad pobre y sobre todo, si sus emociones son negativas, nuestro huevo luminoso sufrirá y las fibras perderán luminosidad y las heridas se centrarán el hueco o agujero. Es por eso que nos sentimos a veces tan remisos a estar muy cerca de otras personas, por ejemplo en los transportes públicos, donde no podemos separarnos físicamente de personas que de alguna manera percibimos como tóxicas para nosotros. También ocurre en general con todas las personas y hasta con los animales. Si estos últimos marcan un territorio y lo defienden es porque de alguna manera sus cuerpos saben que necesitan una protección física, generando distancia con otros depredadores que van a por ellos.

Esto también entronca con la sabiduría del cuerpo de que habla don Juan a Castaneda, nuestro cuerpo sabe porque nosotros somos huevos luminosos, repletos de fibras y la consciencia se extiende por todo el huevo, no se queda solo en el centro de la cabeza o en las neuronas de nuestro cerebro. Los rosacruces también creen que la consciencia está en todas y cada una de las células de nuestro cuerpo físico, es por ello que las enfermedades siempre son globales, no es un órgano, una zona de nuestro cuerpo físico la que está enferma, es la totalidad de nuestra consciencia extendida por las fibras luminosas, por las células de nuestro cuerpo físico. Teniendo esto en cuenta todas las terapias de sanación deberán dirigirse a la totalidad de nosotros mismos y no solo al órgano o parte del cuerpo en la que se manifiesta la enfermedad. En los casos de enfermedades como el cáncer el trabajo no debería centrarse solo en las células enfermas sino que debería trabajarse cada célula, porque en ella está la consciencia, cada fibra luminosa porque cada una de ellas conforma el huevo luminoso. Desde este punto de vista la mente, la consciencia, trasladada a cada célula, a cada fibra luminosa, podría hacer un gran trabajo de sanación puesto que no se trata de extirpar células cancerosas o enfermas sino de convertirlas o reconvertirlas, convenciéndolas de que forman parte de nuestro organismo y de que le están haciendo un gran daño trabajando por separado, de forma inarmónica. Esto tiene sentido porque ahora, con los tratamientos de las células madre se está haciendo algo parecido, la consciencia o la carga genética de la célula madre se traslada a la célula enferma, modifica su cargamento genético y las acopla de nuevo al organismo, al huevo luminoso.

En el próximo capítulo veremos la sanación con conos luminosos, siguiendo con el tema de la luz y con los ejercicios que nos enseñara la profesora argentina de yoga.





TODAS LAS TÉCNICAS MENTALES(PRESENTACIÓN)

27 06 2015

En esta nueva sección agruparé todas las técnicas mentales que andan desperdigadas por el blog, incluso las técnicas del guerrero impecable, para que todos los lectores puedan localizarlas con facilidad. Dado que la sección de yoga mental está saturada, iré pasando aquí todo lo que tenga que ver con las diferentes técnicas mentales. Entre esta sección y la de autoayuda espero que resulte fácil localizar todas las técnicas prácticas que nos ayuden en el vivir cotidiano. Espero inaugurar esta sección con una nueva categoría, “Técnicas rosacruces para el vivir cotidiano” donde iré adaptando todas las técnicas que aprendí en mis estudios rosacruces a mi carácter y necesidades.





Todas las técnicas mentales (Presentación)

10 04 2014

Cerveau fort

Aprovecho la posibilidad de crear nuevas secciones en el blog, algo que antes no sabía hacer, para reunir aquí todas las técnicas mentales, dejando la sección de yoga mental, que ya está muy cargada, solo para los resúmenes del cursillo. Los interesados pueden consultar aquí cualquier técnica que haya aparecido a lo largo de los cursillos. También pondré aquí las técnicas chamánicas del guerrero impecable, sin perjuicio de que sigan de momento en su sección hasta que se sature como le ocurrió a la de yoga.





EL ARTE DE LA CREACIÓN MENTAL Y III

5 04 2013

EL ARTE DE LA CREACIÓN MENTAL Y III

LA REALIZACIÓN

Ya hemos dado los pasos más complicados, ya hemos conseguido pintar un cuadro completo, con todos sus detalles, tras un duro trabajo. Hemos puesto en él la magia que todo lo puede: la generosidad de pedir que todo lo que vayamos a recibir sea compartido por los demás y nos sea negado si alguien tiene que sufrir. Ahora nos queda el paso que teóricamente sería el más sencillo y sin embargo muy pocos lo consiguen.
Nuestro cuadro mental está pintado con los colores materiales de las cosas cuya existencia conocemos. Si queremos una casa, por ejemplo, la vamos a pintar con los materiales cuya existencia ya conocemos, como ladrillos, cemento, tejas… Si la queremos construir con fantásticas quimeras, nacidas de nuestra imaginación, descubriremos que el cuadro no funciona bien puesto que no somos capaces de “ver” esa casa construida con esos materiales.

Todo está en orden, el cuadro mental está preparado para su lanzamiento, como un cohete. Y aquí viene la parte más difícil. Imagínense que quieren mandar un mensaje muy importante y lo atan a un globo. Si no lo sueltan, ese mensaje nunca llegará a nadie, excepto a ustedes mismos, y ya conocen demasiado bien el contenido de ese mensaje, no les servirá de nada que se quedé ahí, pegado a su mano. Si quieren que alguien reciba el mensaje suelten el globo, dejen que el viento lo impulse y confíen en que llegue a quien puede ayudarles.

Nuestro cuadro mental será lanzado hacia la mente Cósmica o Mente universal y de esta manera se pondrán en marcha invisibles mecanismos y fuerzas que “complotarán” para que el cuadro se materialice, siempre y cuando no perjudique a otros ni obstaculice o retrase su evolución espiritual.

Si Dios es nuestro Padre, va a ser difícil que nos conceda algo si no se lo pedimos, si no confiamos en que nos lo va a conceder. Pongámonos en la piel de Dios. Aunque supiéramos los pensamientos y los sentimientos más secretos de uno de nuestros hijos, ¿le concederíamos sus deseos si notáramos su desconfianza, si no nos los pidiera por orgullo, si luego nos despreciaría si le regaláramos algo sin que nos lo hubiera pedido antes, si sus deseos acabaran dañando seriamente a sus hermanos, si viéramos que en realidad lo que nos está pidiendo es un regalo que acabará por su vida? Aunque Dios conozca cada uno de nuestros pensamientos preciso que atemos el mensaje a un globo y lo soltemos. El apego hacia el globo y el mensaje no nos servirá de nada. Si no lo soltamos nunca llegará a parte alguna.

Aunque parece la parte más sencilla de la realización del cuadro mental, en realidad es la más complicada de todas. Si nos observamos con frialdad notaremos que cuando deseamos algo con mucha intensidad lo que hacemos es retener ese deseo en nuestros corazones, nos aferramos al cuadro mental construido y nuestra mente no deja ni un segundo de contemplarlo, de apegarse a cada uno de sus detalles. Es como si fuéramos pintores y pintáramos el cuadro más bello y maravilloso del mundo para luego encerrarlo en un sótano húmedo y oscuro. No queremos que nadie más lo vea, incluso con el tiempo hasta nosotros mismos dejamos de apreciar su belleza y nos limitamos a dejarlo allí, nuestro tesoro más preciado pudriéndose en un sótano infecto. Si nos hubiéramos desapegado de él y lo hubiéramos exhibido en una exposición, para que todo el mundo lo admirase, tal vez habríamos encontrado un comprador rico y generoso que nos habría pagado una fortuna por poseer semejante cuadro. Con ella habríamos alcanzando nuestros deseos. Y aunque nadie lo hubiera comprado todo el mundo hablaría de él y la elevación de los espíritus de los espectadores habría sido suficiente pago.

Una vez completado el cuadro mental es preciso lanzarlo y olvidarnos de que ha sido nuestro. El mensaje debe llegar a su destino. No podemos dejar que nuestra mente entre en un bucle estúpido: Quiero…quiero…quiero… Y aquí contemplamos nuestros deseos expresados en el cuadro mental, una y otra vez. El cuadro mental ya ha cumplido su misión, ahora lo lanzamos a la Mente universal.

Pero aquí no acaba todo. ¿Qué pensarían de alguien que no deja de hablar de la lotería y de lo rico que va a ser cuando le toque y de lo que hará con el dinero, de alguien que se pasa el día fantaseando sobre ese tema y sin embargo nunca ha comprado un décimo de lotería? Crear un cuadro mental y lanzarlo hacia la Mente universal está muy bien, desear que su realización beneficie a todos y no solo a nosotros y si es posible que no perjudique a nadie, es una condición “sine qua non”. Sin embargo no podemos ser tan ingenuos como para pensar que el maná caerá del cielo todos los días y por lo tanto no necesitamos ir al trabajo y trabajar duro. No podemos estar poniéndonos a nosotros mismos la zancadilla según caminamos porque nunca llegaremos a parte alguna. Sería una imagen esperpéntica, un gag de cine mudo, alguien que sale corriendo y no deja de intentar por todos los medios que una pierna tropiece con la otra… Y sin embargo es lo que hacemos cuando creamos un cuadro mental y deseamos que se realice. Ponemos todo de nuestra parte para que nada de lo que deseamos sea posible. De esa forma es lógico que nunca consigamos lo que pedimos. Maldecir de la suerte, del destino, de las fuerzas invisibles que nunca nos conceden nada de lo que pedimos, es una estupidez. Somos nosotros mismos los que nos estamos negando la realización de nuestros deseos.

Yogananda habla de que Dios tiene absolutamente todo para todos, en su almacén los bienes no están tasados y si alguien consigue algo no significa que otro se quedará sin nada. El maestro Jesús habla de que en el cielo hay muchas moradas y Santa Teresa de Jesús desarrolla esa idea en su conocido libro. Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá porque el que busca encuentra y el que pide halla. Ese es el gran secreto del arte de la creación mental, pedir con el corazón, con confianza, sabiendo lo que pedimos, deseando que la realización de nuestros deseos beneficie a todos. Y caminar hacia la meta, trabajar por construir la casa soñada. El secreto es simple, pero pocos han alcanzado una evolución espiritual suficiente como para poder ser llamados maestros en el arte de la creación mental.





EL ARTE DE LA CREACIÓN MENTAL II

24 03 2013

EL ARTE DE LA CREACIÓN MENTAL II
La mente universal

Para que una creación mental produzca sus efectos, se requieren, a mi juicio, al menos estas condiciones básicas:

-Como lo que vamos a crear estará dentro del “Cósmico” como dicen los rosacruces o dentro de la Mente universal, no podemos generar con nuestra mente algo que pueda perjudicar a los demás para beneficiarnos a nosotros mismos, el egoísmo a ultranza está proscrito de la creación mental. Todos somos hijos de Dios, todos somos hermanos, y lo mismo que nosotros como padres no beneficiaríamos a un hijo a costa de la desgracia o incluso la muerte de los demás, Dios no permitirá que eso suceda. Hay leyes espirituales y cósmicas muy drásticas para que esto suceda y quienes hacen uso de la creación mental para perjudicar al prójimo (magia negra) sufrirán unas consecuencias implacables que a todo conocedor del tema le ponen los pelos de punta. La parte oscura de la fuerza, como dirían en la Guerra de las galaxias, solo genera la esclavitud hacia el poder oscuro.

-Aunque se pueden crear escenarios materiales para beneficiarnos, tales como que nos toque la lotería o encontremos trabajo o tengamos una maravillosa salud o nos convirtamos en escritores o artistas famosos, por ejemplo, tenemos que tener muy en cuenta que la realización de estos escenarios y la creación en el mundo material de estas creaciones mentales siempre estará subordinado a metas más altas y espirituales, tanto para nosotros mismos como para los demás. Si conseguir que nos toque la lotería y nos saque de algunos severos problemas económicos, va a generarnos graves problemas espirituales o incluso podría hacernos retroceder en el camino de nuestra espiritualidad, no pensemos que no encontraremos grandes obstáculos para que esto se produzca y si por alguna razón escondida se realiza ¡ay de nosotros! Como dijo Santa Teresa de Jesús, cuidado con lo que pides a Dios, no sea que te lo conceda.

-El deseo, el simple deseo, no es creación mental. Fantasear con que te suceda algo agradable no es desearlo con toda el alma. Formular en palabras un deseo no significa nada si no ponemos en ese deseo nuestro corazón. Como dijo el maestro Jesús: ¿dónde está tu tesoro? Donde esté tu corazón. Como le dice el chamán don Juan Mathus a Carlos Castaneda, es el “intento” el que mueve el punto de encaje de nuestra consciencia y nos trasporta a otra dimensión. Como dijo también un yogui hindú: el pensamiento precede al acto, el acto repetido se convierte en hábito, y todos nuestros hábitos son los que conforman nuestro carácter. El pensamiento es el primer paso, quedan más.

-Cuanta más viveza, más detalle, más realismo, más corazón, más alma, pongamos en un cuadro mental, más fácilmente podrá llegar a realizarse. Tengamos en cuenta que lo mismo que le sucede a un pintor, no basta con tomar un pincel y desear pintar un maravilloso cuadro, hay que pensar en lo que se va a pintar, buscar los colores, mezclarlos en la paleta e ir paso a paso esbozando el cuadro, luego rellenándolo de todos los detalles, cuanto más vivos mejor.

-No basta con pintar un maravilloso cuadro, hay que saber porqué lo hemos pintado y para qué. Lo mismo que no podemos convencer a nuestro subconsciente de que hagamos o dejemos de hacer algo, si no estamos totalmente convencidos de ello y la orden que le damos es terminante, cuando queremos que un cuadro mental se realice no podemos permitirnos dudas, o lo queremos y con todas sus consecuencias, o no. Es algo parecido a desear dejar de fumar, pongamos por caso. Le damos una orden al subconsciente y esperamos que la cumpla, pero si pensamos que fumar no es tan grave, que no nos va a generar una enfermedad mortal, que al fin y al cabo encontramos un poco de placer en ello, y ¡hay tantas cosas que nos causan displacer, que nos duelen! Entonces ese cuadro mental nunca se realizará. Por cierto que es mi caso. No soy un gran fumador pero nunca he conseguido dejar de fumar 3 o 4 pitillos al día, precisamente por las razones que les he dicho.

-La fantasía, la imaginación, no es pecaminosa, no es una facultad grosera de nuestra menta, no estamos perdiendo el tiempo cuando imaginamos, no es un ocio de baja calidad. La imaginación es una poderosa facultad en el ser humano y esencial para el creador. Si queremos realizar un cuadro mental y no usamos la imaginación, es seguro que nos saldrá un borrón. Lo mismo que un pintor que no ha pensado en lo que va a pintar y se limitar a dar un brochazo aquí y otro allá. Si conseguimos crear un cuadro mental poniendo en él todos nuestros sentidos, la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto, es más fácil que llegue a “REALIZARSE” que si nos limitamos a imaginarnos, por ejemplo, en lo alto de una cumbre, sin más. Es preciso que “dibujemos “ esa montaña, que veamos su altura, el verde de los árboles, cada matiz de color de la tierra, las piedras, los arbustos… Hay que oler las flores, el brezo… hay que escuchar los sonidos, todos, incluso los más sutiles, hay que palpar la textura de una flor… Me pueden decir que esto es muy difícil… En efecto, por eso hay tan pocos cuadros mentales que se realicen.

-Cuando tengamos el cuadro deberemos aceptar las consecuencias de su realización. No podemos pedir subir a la montaña y luego no tener que bajar o hacerlo volando, extendiendo los brazos y volando, esto va en contra de la ley de la gravedad y no vamos a cambiar ninguna ley física, creada para todo el universo, solo porque seamos unos niños caprichosos e irresponsables. Y cuando hayamos aceptado las consecuencias tenemos que introducir en el cuadro mental un poderoso mantra o una magia muy poderosa, la de que no perjudique a nadie y beneficie a todos, si es posible. Dios no va a cambiar sus leyes espirituales hechas para beneficio de todos, solo para beneficiar a un niño malcriado. Este deseo debe ser consciente, amoroso, generoso, casi divino. Tenemos que ponernos en la piel de Dios y pensar que si nosotros fuéramos “Dios” nos concederíamos ese deseo porque no va a perjudicar a ninguno de nuestros hijos y podría beneficiar a muchos o a todos.

Con estos requisitos ya podemos comenzar a pensar en su realización. Esto lo haremos en el siguiente capítulo. Una sugerencia: creen cuadros mentales de amor y paz para la humanidad durante esta Semana Santa. Muchas mentes estarán en contacto pensando lo mismo.