TÉCNICAS CURATIVAS IV

14 03 2018

TRABAJANDO EL HÍGADO, OJOS Y CABEZA

NOTA: Estos ejercicios los aprendí en algunas clases de yoga y los he adaptado a mis necesidades personales. Es conveniente consultar antes con un profesional de la medicina por si alguno de ellos pudiera tener alguna consecuencia negativa, cosa que no creo.

REFLEXOLOGÍA/ Como no soy un experto me remito a algunos textos sobre qué es la reflexología y los puntos sobre los que actuar.

http://lareflexologia.info/

reflexología podal

columna

TRABAJANDO EL HÍGADO

Hay que tener en cuenta que se pierde vista por un hígado en mal estado, mejorando el hígado también se mejora la vista.

Técnicas para mejorarlo:

-Una dieta equilibrada, personal y adaptada para limpiar y mejorar las condiciones de nuestro hígado.

-Abstención de alcohol. Todos sabemos que la cirrosis es uno de los grandes problemas físicos de los adictos al alcohol.

-Visualización del hígado, transmitiendo energía a esta zona.

-Activando el chakra secundario de las palmas de las manos. El frotamiento intenso de las palmas de las manos lo activa. Utilizaremos esta misma técnica para dar energía a nuestras manos que luego colocaremos en las zonas enfermas de nuestro cuerpo.

-El punto reflexológico para el hígado está en la oreja, hueco alto de la mandíbula.

TRABAJANDO LOS OJOS, LA VISTA

-Mejorar la vista mirando el horizonte en el campo, un buen lugar es un alto, una colina que nos permita mirar a lo lejos en una llanura muy extensa.

-Frotar las palmas de las manos como si quisiéramos hacer saltar chispas durante treinta segundos. Aplicar el centro de la palma en cada ojo de forma que tenga contacto con ellos.

-Tres dedos, pulgar, índice y corazón de cada mano, sobre cada ojo, masajearlos suavemente, respirar profundamente mientras llevamos a cabo el ejercicio.

Ejercicio para los ojos que también ayuda al desarrollo del tercer ojo: Mirarse la punta de la nariz con los dos ojos, de forma que las miradas se entrecrucen, se puede producir un desdoblamiento de la mirada, ver doble. También se puede mirar un objeto, mejor una vela encendida, la llama y de esta forma trabajamos a la vez el desarrollo del tercer ojo para lograr ver el aura. Ir aumentando gradualmente el tiempo, treinta segundos, un minuto, dos… Se puede hacer primero el ejercicio con los ojos cerrados, imaginando la punta de la nariz.

-Girar los ojos, primero hacia un lado, en una dirección, luego hacia el otro. Mirar hacia abajo y luego hacia arriba, hacia el techo. Esto puede armonizarse con el movimiento de la cabeza, en ejercicios concretos que veremos para ayudarnos a superar las ideas obsesivo-compulsivas.

-Mirar la yema del dedo índice, situada a una cuarta o un poco más de los ojos. Mirar con ambos, bajar el dedo y seguir con los ojos fijos.

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EJERCICIOS PARA EL DESARROLLO DEL TERCER OJO

Aparte del ejercicio que hemos visto de mirarse la nariz, podemos realizar también estos:

-Con los ojos cerrados imaginar un punto de luz delante de nuestros ojos. Aumentamos y disminuimos el tamaño del punto, lo alejamos y acercamos.

-Imaginamos el punto como un círculo grisáceo, hecho de una materia ectoplasmática, como un chicle que podemos estirar y encoger. Probamos la intensidad de luz, como una bombilla más o menos brillante. Cuando el círculo es más brillante podemos imaginar que la delgadez de la materia y la intensidad de la luz nos permiten ver a través de él, como a través del cristal de una ventana. Cuando la intensidad de la luz disminuye el círculo se hace opaco y lo detenemos en un punto, sin que se mueva en ninguna dirección, esto nos servirá también para ayudarnos a controlar las ideas obsesivo-compulsivas.

-Vamos a imaginar este círculo como una proyección de nuestra mente, como una especie de tentáculo energético de nuestro cerebro, de nuestra mente. Vamos a poder viajar sin movernos del sitio gracias a este punto o círculo de luz, vamos a proyectar nuestra mente de esta manera, como un punto de luz que viaja en el espacio y en el tiempo, hacia el futuro y hacia el pasado. Esto nos ayudará a desarrollar el tercer ojo y las facultades premonitorias. Debemos ser discretos y prudentes porque, como veremos en otras técnicas avanzadas, las experiencias de proyección de la mente tienen muchas consecuencias y no todas agradables hasta que se controlan, la premonición, por ejemplo, podría llegar a aterrorizarnos si no somos capaces de controlarla. Podemos imaginar que estamos viendo el mundo a través del cristal de una ventana, pero es una ventana móvil que se acerca y se aleja, una ventana a través de la cual no vamos a ver un paisaje fijo e inmutable, sino un paisaje en movimiento, más o menos extenso, una especie de selfie con nuestro móvil que lo mismo puede captar un entorno concreto que a nosotros mismos o cualquier circunstancia en el tiempo y el espacio. Así funciona en realidad el tercer ojo.

En otras técnicas más avanzadas nos extenderemos más y profundizaremos en estos rudimentos.

TRABAJANDO LA CABEZA

-En esta se centran algunos problemas graves como dolores de cabeza, jaquecas, migrañas. El estrés va a donde más utilizamos la energía, se centra en los hombros, en la cabeza que no solo pesa físicamente sino que el trabajo que utilizamos con nuestra mente repercute en la cabeza física.

-Con los nudillos de las manos golpear ligeramente la coronilla, en lo alto, ir bajando hacia los lados, luego hacia la nuca. Es un ejercicio de kriyayoga que se completa con otros ejercicios que podemos buscar en páginas sobre kriyayoga.

Doblar pulgar y corazón, con los tres dedos restantes los hundimos en la nuca, en el hueco, con ambas manos, presionamos, subimos y bajamos masajeando ligeramente esa zona.

-Frotar con fuerza las palmas de las manos y colocarlas sobre la cabeza, deslizarlas suavemente por toda la cabeza.

Se puede trabajar con mantras y sonidos vocales para completar estos ejercicios. Me remito a los textos de trabajando con los chakras para saber qué sonidos emplear para conseguir nuestros objetivos.

Krishnamurti

 

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TÉCNICAS DE PSICOMAGIA III

20 02 2018

 

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¿LA ESFERA DE LA CONSCIENCIA/CONTINUACIÓN

¿SE PUEDE SER CONSCIENTE SIN SUFRIR?

En capítulos anteriores hemos visto cómo se puede expandir la consciencia. Ésta es una esfera que podemos agrandar, introduciendo en su interior todo lo que esté a nuestro alrededor, hasta el universo y más allá. Hemos visto cómo la consciencia que tenemos de nosotros mismos es muy limitada, ni siquiera llega con total intensidad a cada una de las células de nuestro cuerpo físico. En este capítulo intentaremos responder a una pregunta crucial: ¿Se puede ser consciente sin sufrir? Y es crucial porque a nadie en su sano juicio le interesa hacer nada que le haga sufrir aún más de lo que ya sufre, aspiramos a la felicidad, si puede ser absoluta y eterna mejor que limitada y fugaz. Por lo tanto hay que convencer a nuestro subconsciente, a nuestro yo interno de que merece la pena realizar el ejercicio de expandir la consciencia… o mejor dicho, es nuestro yo interno el que debe convencernos a nosotros, al yo externo, de que nos compensará más expandir la consciencia hasta el infinito y más allá que irla reduciendo hasta llegar a la materia más inconsciente, porque supuestamente cuanto más alejados estemos de la consciencia menos sufriremos, cuanta menos intensidad haya en la consciencia que tenemos de nosotros mismos y de todo, menos sufrimiento habrá. Aquí se trata de saber si queremos subir o bajar, si queremos llegar a la luz, si queremos llegar a Dios, o si nos conviene más la oscuridad, sacar a relucir la parte más demoniaca de nosotros mismos. ¿Queremos ser ángeles de luz o ángeles oscuros, demonios? ¿Vamos a elegir la magia blanca o la negra?

Es una pregunta crucial a la hora de iniciar el camino del conocimiento, a la hora de ponernos a practicar las técnicas de psicomagia, cualquier técnica mental. No es bueno ponerse a caminar sin saber a dónde queremos ir, sin saber el camino, fiándonos de quienes supuestamente lo han recorrido antes o de quienes dicen ser mensajeros de Dios para llevarnos a su seno. La lucidez nos hace libres y Dios nos hizo libres para elegir el camino con lucidez.

Vamos a retomar el ejercicio allí donde lo dejamos. Estamos en nuestro lecho, tumbados boca arriba, una lucecita que hemos dejado encendida permite a nuestros ojos ser conscientes de dónde estamos. Podemos hacerlo también sentados cómodamente en un lugar adecuado. Estamos relajados, no tenemos prisa, no nos hemos puesto un tiempo límite, vamos a seguir expandiendo la esfera de nuestra consciencia y cada objeto, animal, persona, ente, que incluyamos en nuestra esfera de consciencia debe ser vinculado de forma progresiva hasta llegar a una vinculación total. Ya vimos que eso no es fácil, ni siquiera somos capaces de ser conscientes de todas y cada una de las células que forman parte de nuestro cuerpo físico, de eso que llamamos nuestro yo, por eso vamos a ser humildes y no dar nada por sentado, por sabido.

Añadimos a la esfera de nuestra consciencia la ropa que llevamos, el pijama, el chándal, las ropas de la cama, la cama misma, el suelo de la habitación, las paredes. Somos conscientes de que todo lo que percibe nuestra vista forma parte de nuestra consciencia de alguna manera, lo mismo que aquello percibido por el resto de nuestros sentidos, pero hasta que no nos vinculemos aquello que hemos añadido a la esfera de nuestra consciencia solo formará parte de nosotros de forma fugaz y nunca con la misma intensidad con la que percibimos nuestro cuerpo físico, al que hemos vinculado y que ya forma parte indisoluble de nuestra consciencia. La vinculación es la herramienta clave para añadir otras existencias a nuestra esfera de consciencia. Hasta dónde se puede llegar nos lo demuestra la vinculación que hemos realizado con nuestro cuerpo físico al que ya consideramos parte indisoluble de nosotros, de nuestra consciencia, si él sufre, sufrimos nosotros, si él se regocija, nos regocijamos nosotros, si él se traslada, nos trasladamos nosotros. De esta y no de otra forma se produce el nacimiento. La consciencia invisible y no material se vincula a un cuerpo físico en sus inicios para de esta forma poder vivir en un mundo físico. Es un proceso lento que dura nueve meses, mientras estamos en el vientre de la madre, pero que se ha iniciado antes, cuando decidimos nacer o alguien lo decidió por nosotros, cuando se dieron los pasos necesarios y todos estuvieron de acuerdo. Y es un proceso que continuará a lo largo de toda nuestra vida física.

La vinculación ha sido tan perfecta que llega un momento en que nuestro cuerpo físico forma parte indisoluble de nuestra consciencia, hasta el punto de que llegamos a olvidar que antes de vincularse estaban separados y que nuestro cuerpo físico, que ahora somos nosotros, antes era algo ajeno a nosotros, no estaba en el interior de la esfera de nuestra consciencia. Todo este proceso se repetirá, no exactamente igual, cuando al expandir nuestra consciencia vayamos vinculando todo lo que estaba fuera de ella, próximo a ella. De la perfección de la vinculación dependerá la intensidad de la consciencia.

Nuestra ropa forma parte de nosotros, de nuestra esfera de consciencia, pero la vinculación que hemos realizado con ella ha sido poco intensa, estamos en los últimos escalones de la escalera, tal vez la escalera de Jakob. No obstante algunos llegan a vincularse de tal modo con sus ropas que sufren, realmente sufren, cuando pierden una prenda de ropa que les sentaba especialmente bien, que apreciaban, que llevaban con frecuencia, casi siempre. Algunos se identifican de tal forma con sus ropas que cuando tienen que cambiarlas por otras, sufren. Se podría decir que el fetichismo es una consecuencia patológica de este proceso de vinculación. Somos fetichistas cuando nos vinculamos de tal forma con nuestras prendas de vestir que no podemos pasar sin ellas o cuando, incapaces de vincularnos con personas, nos vinculamos con las ropas u objetos que llevan esas personas.

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Apreciamos las ropas de la cama, si las sábanas están limpias, suaves, acogedoras. Algunos necesitan constantemente de esta sensación para poder dormir, se han vinculado a las ropas de su cama, forman parte de su esfera de consciencia, aunque la vinculación no sea tan intensa como la que tienen con su cuerpo físico, y aunque pueda ser fugaz, se cambian de ropa cada cierto tiempo, aunque solo sea para lavarla. Nos hemos vinculado con la estructura y el material de la cama, de madera, metálica, de su forma, nos gusta más o menos, pero es “nuestra cama”. Y aquí llegamos al inicio del camino de la filosofía del lenguaje. Cuando utilizamos los pronombres posesivos, el lenguaje posesivo, estamos demostrando que estamos vinculados con algo o con alguien. Sin poder evitarlo hablamos de “nuestras ropas”, de “nuestra casa”, de “nuestro reloj o cartera”, incluso llegamos mucho más allá, hablamos de “nuestra esposa o marido”, de “nuestros hijos”, de “nuestros amigos”, de “nuestros perros o nuestros gatos”. El lenguaje posesivo es indicativo de la vinculación que hemos realizado con estos objetos o personas. Hablamos de nuestro cuerpo físico y nadie se molesta o a nadie le resulta sorprendente o irritante, no así cuando hablamos de personas o consciencias en lenguaje posesivo. Cuando nos encontramos con otras esferas de consciencia la vinculación nunca puede ser posesión, porque la otra esfera de consciencia se rebelará y luchará por conservar lo que considera “sus posesiones”.  Así hablar de “mi esposa” rechina, estamos en lenguaje machista. Nadie es de nadie, nadie posee a nadie. La única forma de vinculación que no rechina es la del amor y éste solo es verdadero si respeta la libertad del otro, su esfera de consciencia, sus “posesiones”. El resto de vinculaciones son patológicas y generan conductas patológicas. El marido machista que considera a su esposa su posesión acabará en el maltrato, la agresión física, incluso la destrucción de lo que él considera “su objeto, su posesión”. Quien mata al ladrón que está robando en su casa es porque ha caído en la vinculación patológica. Sus “posesiones” están dentro de su esfera de consciencia y por lo tanto son él mismo, y por lo tanto quien intenta robar uno de sus objetos es como si estuviera secuestrando o violando su cuerpo físico. Solo así se entienden conductas extremas en las que se da preferencia al animal o al objeto por encima de la persona.

Imaginemos que “nuestro” gato, “mi” gato, que estaba comiendo en su comedero en otro lugar de la casa, entra por la puerta, salta a la cama y se acerca a mí. Es un gesto de indudable vinculación. Hace algún tiempo mi gato no me permitía tomarlo en brazos, aunque fuera para acariciarle. No confiaba en mí, no había decidido vincularse. Aunque nos cueste aceptarlo, un animal también tiene su propia esfera de consciencia, todos los animales, todas las plantas, toda la materia tiene su propia esfera de consciencia, aunque sea pequeña, aunque sea mínima en algunos casos. Los animales sufren si son maltratados, se quejan, se defienden. Las plantas oponen resistencia cuando van a ser cortadas o podadas. Un trozo de piedra opone resistencia a ser separada del resto de la piedra de la que forma parte, algunas veces se resiste tanto que hay que emplear la maza y dar fuertes golpes. Aquí hemos llegado a un punto de inflexión, comenzamos a ser conscientes de que toda resistencia implica un grado de consciencia. Toda esfera de consciencia tiende a conservar como propio, como su posesión, todo aquello a lo que se ha vinculado, cuanto más estrecha es la vinculación, más dura la resistencia. La resistencia que oponemos a que alguien secuestre, viole o utilice, o esclavice nuestro cuerpo físico es feroz. Eso nos indica el altísimo grado de vinculación que tenemos con nuestro cuerpo físico. El hecho de que no opongamos la misma resistencia a ser desposeídos de algunas partes de nuestros cuerpos físicos que de otras nos indica el grado de vinculación, hasta qué punto forman parte de nuestra esfera de consciencia. Así podemos cortarnos las uñas o dejar que lo haga otro sin oponer la menor resistencia, en cambio si el cortaúñas, las tijeras, cortan la piel o la carne, nuestra reacción refleja es inmediata, tiramos las tijeras o el cortaúñas, nos llamamos idiotas si lo estamos haciendo nosotros o no podemos evitar llamar idiota al que nos está cortando las uñas. El grado de vinculación de la carne es superior al de la uña, eso está claro. Sí ya sabemos que los cientifistas nos dicen que eso se debe a las terminaciones nerviosas, la carne la tiene y la uña no, pero habría que preguntarse por qué razón en el diseño de nuestro cuerpo físico, por qué razón, al ser diseñado genéticamente, un cuerpo físico posee más o menos terminaciones nerviosas en unas partes que en otras. Es práctico, evidente, que las uñas no tengan terminaciones nerviosas o sufriríamos mucho cada vez que tuviéramos que cortárnoslas. Digamos que en la esfera de nuestra consciencia ésta no llega con la misma intensidad a todas partes. No nos vinculamos de igual forma y con la misma intensidad con unas células que con otras, con una parte de nuestra anatomía que con otra. De esta forma podemos perder pelo, uñas, o cualquier otro adminículo de nuestra anatomía sin sufrir los terribles, espantosos dolores que sufrimos si se nos despoja, si se nos poda, de un dedo, un pie, una pierna, etc, hasta llegar a órganos o partes de nuestra anatomía que generan la muerte inmediata. La muerte no es otra cosa que la huida de nuestro núcleo de consciencia, de la esfera de consciencia primigenia, llamémosla alma, espíritu, energía, o como queramos, de aquello con lo que se ha vinculado. El dolor puede ser tan espantoso que la esfera de consciencia decida desvincularse de golpe de aquello que está siendo agredido, cortado o podado. Podemos despojarnos de nuestras ropas tan solo con una ligera molestia si nos gustaban, si nos habíamos vinculado con ellas, y en cambio nos resulta indiferente que una prenda que nos molestaba, nos caía mal, no nos gustaba, de pronto se rompa o nos la roben, mejor, decimos.

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Recapitulemos las leyes que hemos visto hasta ahora:

– Toda esfera de consciencia tiende a conservar como propio, como su posesión, todo aquello a lo que se ha vinculado, cuanto más estrecha es la vinculación, más dura la resistencia

– Digamos que en la esfera de nuestra consciencia ésta no llega con la misma intensidad a todas partes. No nos vinculamos de igual forma y con la misma intensidad con unas células que con otras, con una parte de nuestra anatomía que con otra.

– La vinculación es la herramienta clave para añadir otras existencias a nuestra esfera de consciencia. Hasta dónde se puede llegar nos lo demuestra la vinculación que hemos realizado con nuestro cuerpo físico al que ya consideramos parte indisoluble de nosotros, de nuestra consciencia, si él sufre, sufrimos nosotros, si él se regocija, nos regocijamos nosotros, si él se traslada, nos trasladamos nosotros.

Prosigamos con el ejemplo del gato. Su esfera de consciencia le hace libre, independiente, opone resistencia a todo aquello que pueda dañar lo que pertenece a la misma, a ser utilizado, esclavizado. La única forma de entrar en su esfera de consciencia es a través de la vinculación. A mi gato le demostré durante largo tiempo que yo era de fiar, que atendía a su alimentación, le ofrecía un techo acogedor y cálido, no le pedía lo que no quería darme, no me vengaba de él si no hacía lo que yo quería. Con el tiempo surgió la confianza y con la confianza el proceso de vinculación, muy parecido a la vinculación afectiva entre personas, porque de alguna manera el gato es una personita, tiene su propia esfera de consciencia.

No sucede igual con otras formas de existencia. A una lechuga no le pido permiso para arrancarla de la tierra, lavarla, echarle sal, aceite y vinagre y comerla, masticarla, ingerirla, dejar que los jugos gástricos la deshagan, utilizando para mi cuerpo físico lo que necesito y excretando el resto. No se produce la vinculación de la misma manera, es una vinculación violenta, no hay un proceso de acercamiento, de confianza, de pedir permiso. No le he pedido permiso a la lechuga para comerla, lo he hecho a la fuerza. Este es un concepto que no es igual en todas las culturas y en todas las filosofías del conocimiento. En los libros de Castaneda, por ejemplo, don Juan le dice a Castaneda que hay que pedir permiso a todo para ser utilizado, incluso las plantas, se les pide permiso y luego se agradece su “sacrificio”, su inmolación, para que nosotros sigamos viviendo. Más con los animales. En muchas filosofías chamánicas de algunas tribus indias o en culturas animistas, esto es algo que tienen interiorizado, perfectamente natural. Se pide permiso al gran Manitú para cazar o para recolectar. Los pueblos primitivos también pedían permiso a los “dioses” y hacían sacrificios para que la caza o la cosecha les fuera favorable. Era una filosofía de la esfera de la consciencia, que se ha perdido desde el momento en que hemos asumido, sin reflexionar, el papel de dueños de todo. Todo nos pertenece y por lo tanto podemos disponer de todo sin pedir permiso y con absoluta violencia, si fuera necesario. Pero aquí entra en juego la primera ley que hemos visto, por la resistencia que se opone nos damos cuenta del grado de vinculación que tienen todos los seres con su esfera de consciencia y cuando nos apropiamos sin pedir permiso, sin vincularnos, la resistencia puede ser feroz. Podemos verlo con nuestro comportamiento con el planeta Tierra, le arrebatamos todo sin pedir permiso, lo utilizamos para nuestro exclusivo provecho, utilizamos la violencia sin la menor reflexión. Nos parece mal, falto de ética, una conducta malvada, canallesca, el arrebatar a otras esferas de consciencia, personas, humanas, sus “posesiones” más íntimas, con las que se han vinculado más estrechamente, sus cuerpos, sus posesiones, y sin embargo a la esfera de consciencia de la Tierra le arrebatamos todo con violencia y sin pedir permiso. Y ahí está la resistencia. El cambio climático, inundaciones, terremotos, sequía y todo tipo de cataclismos. Si intentamos violar el cuerpo físico de otra esfera de consciencia-persona ésta se opondrá, hasta el punto de acabar con nuestra vinculación más preciada, nuestro cuerpo físico, matándonos. Y sin embargo nos parece natural arrebatar posesiones de la esfera de consciencia-Tierra sin antes vincularnos. La respuesta está ahí y seguirá oponiendo resistencia, cada vez con más violencia.

Y aquí nos detenemos para evaluar otra nueva ley. En un libro de Annie Besant, Las leyes de la vida superior, se habla de esta ley. Todo en el universo, todo lo existente, está obligado, en algún momento al sacrificio para que otros puedan seguir existiendo. Cuando se hace voluntariamente y por entidades muy evolucionadas se denomina “redención”. El maestro Jesús nos redimió sacrificando su cuerpo físico en la cruz. Una madre puede sacrificar su vida para salvar a su hijo. Una lechuga se sacrifica para que yo me alimente. Los sacrificios son imprescindibles en la existencia del universo, todo depende de cómo se hagan, de forma consciente, lúcida, espiritual, o por la fuerza, oponiendo una resistencia feroz. Los sacrificios espirituales dotan de energía espiritual a otras consciencias, el arrebato por la violencia de las posesiones de otras esferas de consciencia crean energías demoniacas que engullen todo a su paso, como un agujero negro, generando odio, resentimiento, venganza, violencia. Estamos en la magia blanca o la magia negra. La magia blanca se basa en la ley del sacrificio y la magia negra se basa en arrebatar por la violencia todo aquello que se desea o se cree necesitar. Los magos blancos no dudan en sacrificar todo lo que son o lo que tienen por los demás, los magos negros solo piden sacrificios de sangre a sus servidores, para que ellos arrebaten por la fuerza aquello que ellos desean. Esta es una nueva y poderosa ley relacionada con la esfera de la consciencia.

-El sacrificio es necesario, imprescindible, para la existencia del universo y de las esferas de consciencia en el mundo físico. Hay que pedir permiso y dar las gracias por estos sacrificios, fueren de quienes fueren, minerales, plantas, animales. Uno debe aceptar que lo mismo que otros, otras existencias, se anulan, se sacrifican por nosotros, nosotros también debemos estar dispuestos a hacer lo mismo cuando llegue el momento. Toda vinculación es de alguna forma un sacrificio, puesto que al vincularnos con otra esfera de consciencia vamos a sentir su dolor, su sufrimiento, vamos a vivir de alguna manera, aunque sea vinculada, también su vida.

Y nos hemos quedado sin terminar la historia del gato y aún nos queda mucho para llegar a contestar a la pregunta con la que empezábamos este capítulo. Lo dejaremos para el siguiente. Mientras tanto sientan sus ropas, las ropas de la cama, la misma cama, el suelo, las paredes, dejen entrar a su gato o a su perro, a su mascota, y déjense llevar por esta nueva consciencia, vayan expandiendo su esfera de consciencia y noten los efectos.

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TÉCNICAS DE PSICOMAGIA II

3 11 2017

TÉCNICAS DE PSICOMAGIA II

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LA ESFERA DE LA CONSCIENCIA/SEGUNDA PARTE

En el ejercicio anterior hemos visto lo limitado de nuestra consciencia. Nos creemos dioses, la única consciencia que existe en el universo, el centro del mismo, todo ha sido creado para nosotros, somos los amos y señores… y sin embargo somos incapaces hasta de expandir nuestra consciencia por todo nuestro cuerpo físico, un cuerpo tan limitado que hasta da risa, medimos muy poco de altura, nuestra anchura se mide en centímetros, comparados con otras entidades que pueblan nuestra realidad somos tan poquita cosa que solo nuestra vanidad, nuestra soberbia sin límites nos permite ver a las hormiguitas como entidades tan alejadas de nosotros, de nuestra jerarquía en el universo, que las despreciamos hasta el punto de considerarnos a años luz de ellas. En realidad despreciamos todo lo que no seamos nosotros mismos, despreciamos el mundo mineral porque creemos que no tiene la menor consciencia y solo nos sirve para atarnos a una realidad física, que por su solidez es un ancla perfecta para nuestra mente, tan sutil, tan frágil, tan inquieta que no podría sobrevivir en otro mundo cuya solidez no nos permitiera sentirnos atados a algo, a un tiempo y a un espacio.

Hasta para movernos por nuestro cuerpo físico, tan limitadísimo, nuestra fabulosa consciencia, nuestra consciencia de “dioses” tiene serias dificultades. Casi todo en nosotros funciona de forma automática, refleja, en segundo plano, y solo cuando el dolor se hace presente nuestras células, nuestros órganos, las partes de nuestro cuerpo físico se hacen presentes a nuestra consciencia con intensidad. Despreciamos el dolor como un sin sentido, como un castigo, divino o aleatorio, que solo sirve para hacernos conscientes de nuestros límites y nuestra fragilidad. Sin embargo, bien mirado, es el dolor y sólo él, el que nos permite hacernos conscientes de partes de nuestro cuerpo físico que solo están presentes a nuestra consciencia cuando se quejan, a gritos destemplados, del apocalipsis que están viviendo. Incluso nos cuesta tomar plena consciencia de procesos fundamentales para nuestra vida, como la respiración, de la que solo somos conscientes cuando algo nos impide respirar con normalidad, una bronquitis, un ataque de asma, o cuando concentramos el centro de nuestra consciencia en el proceso respiratorio, cuando practicamos ejercicios de respiración, pranayama. De la misma manera permanecemos alejados de procesos tan fundamentales para la vida como la alimentación. Ni siquiera hemos pensado por unos segundos en el fantástico proceso que supone la alimentación. Algo exterior a nosotros, con lo que supuestamente no tenemos nada que ver, acaba formando parte de nosotros mismos, de nuestro cuerpo físico, de nuestra consciencia. Un alimento, un objeto externo, tan sólido como deseamos para aceptarlo como real, con el que no tenemos nada que ver, ningún vínculo, se convierte, tras un meticuloso proceso en parte de nosotros, carne de nuestra carne. Es un procedimiento asombroso del que ni siquiera somos mínimamente conscientes. Se produce una vinculación casi milagrosa, ese alimento es triturado por nuestros dientes, ensalivado, tragado y enviado por una tubería a nuestro laboratorio químico, el estómago, allí los jugos gástricos, parte de nosotros, como lo demuestra que su mal funcionamiento puede ocasionarnos terribles dolores que nos dicen bien a las claras que, lo queramos o no, ha sido vinculado por nuestra consciencia y asumido como parte de nosotros mismos. El proceso digestivo continúa hasta que nuestro cuerpo físico decide asumir parte de ese objeto externo con el que nada tenemos que ver como algo propio, alimentando nuestras células, formando, casi un milagro, parte de nuestro cuerpo físico. El resto es expulsado y devuelto a la realidad externa, una maloliente realidad externa que enseguida alejamos de nuestra consciencia.

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El proceso digestivo es una fantástica metáfora de la expansión de nuestra consciencia, de nuestra vinculación con la realidad externa, que consideramos separada de nosotros por un abismo. De forma parecida funciona nuestra consciencia cuando se expande, como vamos a ver en la segunda parte de este ejercicio, hasta el infinito y más allá. Cuando volvamos a contraernos, en un proceso inverso al que estamos siguiendo, algo muy parecido a lo que se supone podría ser la expansión y contracción del universo, nos haremos mucho más conscientes, en este viaje de regreso, de cómo funciona nuestra consciencia y de lo limitado de la misma, algo tan humilde, que solo la chispa de consciencia divina que habita en nosotros nos permitirá convertirnos realmente en dioses, en seres muy evolucionados, algo que ahora mismo, desde la humilde y torpe realidad de nuestra consciencia, nos tiene que parecer necesariamente como una utopía inalcanzable.

Podemos practicar la primera parte de este ejercicio de forma habitual, haciéndonos conscientes de nuestro cuerpo físico, hasta del último rincón, de cada célula, de cada órgano, aprovechando los que consideramos los peores momentos de nuestras vidas, la enfermedad, el dolor más intenso, como un trampolín que nos permitirá expandir nuestra consciencia. Una vez que seamos plenamente conscientes de todo lo que supone nuestro cuerpo físico para nuestra consciencia, de cómo se produce la vinculación diaria con elementos externos que pasan a formar parte de nuestra consciencia, estaremos preparados para iniciar el macro-proceso de la expansión de la consciencia por toda la realidad física, por todo el universo, hasta el infinito y más allá. Eso es lo que vamos a iniciar a continuación, un viaje que nos llevará mucho tiempo cronológico en la dimensión física, pero que para la consciencia, entidad espiritual, no supone ningún viaje en el tiempo, pudiendo moverse y recorrer distancias infinitas sin ser casi conscientes del paso del tiempo, como nos sucede cuando hacemos una buena meditación.

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EXPANDIENDO NUESTRA CONSCIENCIA HACIA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ

Podemos comenzar el proceso de forma muy humilde. Estamos tumbados en la cama, estamos sentados en una silla. Nuestro cuerpo físico ha desaparecido y ahora somos una esfera de consciencia, con un núcleo en el centro que es igual de intenso que en todos sus radios y en todos sus puntos, por muy externos que nos parezcan. Al desaparecer el cuerpo físico evitamos el gran obstáculo que supone para nuestra mente pensar que podamos “comernos” nuestro lecho o nuestra silla. No podemos masticar estos objetos, formar una papilla ensalivada y mandarla por nuestro tracto digestivo hasta el estómago, el laboratorio químico, donde sufrirá un proceso de vinculación y excreción. No podemos ni imaginarnos que podamos hacer algo así con objetos tan sólidos como una cama o una silla, pero sí podemos iniciar un procedimiento parecido que nuestra mente pueda aceptar sin reparos. Pongámonos a ello.

Estamos tocando la cama, la silla, nuestro tacto, uno de los sentidos más vinculantes, ha entrado en contacto con la realidad sólida de estos objetos. Si aún fuéramos cuerpos físicos nos sentiríamos incapaces de vincularlos a nuestra consciencia, de convertirlos en parte de nuestros cuerpos físicos, pero ahora somos una esfera, una esfera de consciencia, una esfera energética. Pues bien, vamos a ser conscientes del proceso paso a paso. El tacto nos ha puesto en contacto con esos objetos, somos conscientes de estar vinculados con ellos de alguna manera, de otra forma ni percibiríamos su presencia, su realidad. Su solidez impenetrable nos hace ver que hay un abismo entre estos objetos y nosotros, un abismo que no podemos superar desde la realidad, desde la dimensión física, un abismo que nuestro cuerpo no puede saltar, lo mismo que no se salta a la torera las leyes físicas, no podemos quebrar la ley de la gravedad, no podemos superar la ley de la impenetrabilidad de los cuerpos, no podemos atravesar un muro con nuestro cuerpo físico, ni recorrer un espacio físico determinado a la velocidad de nuestra mente, aunque este espacio pueda ser invisible, como el aire, todos sabemos que incluso para un avión que recorre un cielo, aparentemente vacío para nuestros sentidos, el recorrido conlleva un lapso importante de tiempo y un gran derroche de energía-combustible.

Pero no necesitamos intentar quebrantar esas leyes físicas, para expandir nuestra consciencia, porque ahora somos una esfera energética y no un cuerpo físico. Esa esfera puede expandirse de tal forma que la aparente solidez del objeto no suponga ningún abismo infranqueable. Formamos parte de un océano infinito de partículas subatómicas, subpartículas, y así podemos seguir dividiendo la realidad física hasta el infinito. Todos sabemos que los átomos intercambian electrones y así se vinculan, se fusionan, formando moléculas que a su vez se vinculan y forman proteínas, por ejemplo, u otras clases de sustancias que son los ladrillos de nuestro cuerpo físico, de nuestra realidad. Toda realidad física se forma por la unión, la vinculación, de sustancias más pequeñas. Nosotros vamos a hacer lo mismo, uniendo, vinculando los puntos de nuestra esfera de consciencia con los puntos, las partículas de esos objetos sólidos. No necesitamos penetrarlos, los asimilamos, los vinculamos y lo hacemos en un proceso lento, ahora, que estamos empezando el ejercicio, pero que luego será mucho más rápido, automático, cuando este mecanismo se convierta en un acto reflejo, como respirar o comer. Estamos vinculando a la cama o a la silla a nuestra consciencia, ya forma parte de nuestra esfera, por lo tanto se puede decir, con toda verdad, que hemos expandido nuestra consciencia, que ya no es solo un cuerpo físico, con sus límites concretos, sino que se podría decir en la realidad física que ahora además de cuerpo físico somos también cama o silla, por lo que si fuera posible realizar esto en la dimensión física, nuestra consciencia sería más amplia, se habría expandido unos centímetros, unos metros más.

Si al ser conscientes de nuestro cuerpo físico podríamos percibir, teóricamente, cualquier cosa que ocurriera en él, al incorporar la cama o la silla a nuestra consciencia podemos ser conscientes de todo lo que sucede en esos objetos. Así podríamos ver un desgarrón en las sábanas, un hueco en el interior del colchón, un insecto que se ha colado por un agujero de la madera de que está formada nuestra cama, o podríamos sentir cómo una pata de la silla está siendo horadada desde dentro por la larva de una polilla. Estos datos no los podríamos percibir con nuestros sentidos físicos, nuestra mente lógica no podría procesarlos y hacerlos conscientes para nuestra consciencia. Por lo tanto, si una persona nos dijera esto y resultara cierto, tendríamos que concluir que lo sabe por una vía, un canal distinto al habitual. A esta forma de conocimiento la llamamos “intuición”. Es decir el conocimiento directo, que sin intermediarios, que sin el largo camino que recorren los datos por nuestros sentidos, nos permite saber cosas que están bloqueadas para nuestros sentidos físicos. Es por eso que quienes han conseguido expandir su consciencia, la esfera de su consciencia, aunque sea de forma rudimentaria, pueden acceder a datos y a conocimientos que están vedados para otros que solo utilizan el canal de los sentidos y el procesamiento que la mente hace de estos datos. Estamos hablando de videntes, estamos hablando de personas intuitivas, estamos hablando de fenómenos paranormales, estamos hablando de otra forma de acceder a otras dimensiones, estamos hablando incluso de personas con enfermedad mental. Y aquí nos detenemos un breve instante. Porque la expansión de la consciencia tiene sus dificultades, sus riesgos, sus rincones misteriosos y terroríficos. Si ya tenemos bastante con un cuerpo físico, cuando éste sufre enfermedad y nos causa dolor, si vamos vinculando a la esfera de la consciencia nuevas realidades, la desarmonía o “el dolor” de estas realidades, será acumulativo para nuestra consciencia.

El desprecio que muchos sienten hacia nosotros, los enfermos mentales, no es otra cosa que el desprecio que muchos sienten hacia otras formas de conocimiento, como la intuición, hacia quienes exploran nuevos territorios y descubren mundos nuevos, porque ellos no son capaces de correr esos riesgos, por eso se enquistan, se esconden en sus caparazones, se refugian en sus “búnkers” y desprecian a quienes arriesgan incluso su cordura en la expansión de su consciencia. En otros textos, especialmente en la serie del “Búnker” veremos cómo la enfermedad mental tiene buen parte de sus raíces hundidas en una expansión de la consciencia incontrolada, arriesgada hasta la imprudencia, solitaria y desesperada. Así veremos cómo muchos enfermos mentales han expandido su consciencia a través de la droga, del alcohol, de las adicciones, de fugas desesperadas de su realidad cotidiana. El desprecio que muchos sienten hacia nosotros, los enfermos mentales, tiene mucho que ver con su miedo a salir de su caparazón y echar al menos un vistazo a su alrededor. Pero como veremos también en el “Búnker” ni ellos ni nadie puede permanecer para siempre dentro de su búnker, de su caparazón, y cuando salgan, cuando “algo” les obligue a salir, sabrán lo que es bueno, sabrán por qué los enfermos mentales vivimos en nuestros mundos infernales, montados en nuestros tiovivos que dan vueltas y vueltas sin moverse un centímetro hacia delante.

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Si sufrimos lo que sufrimos, muchísimo, siendo los dioses de un universo tan diminuto como es nuestro cuerpo físico, nos podemos hacer una idea de lo que puede sufrir un auténtico dios, dueño de un auténtico universo físico. Es por eso que la expansión de la esfera de la consciencia debe hacerse siempre desde la chispa divina que hay en nuestro interior, la única inquebrantable, la única inmortal, infinita, omnisapiente y todopoderosa. Intentar expandir la consciencia desde sus rincones más groseros, más inmorales, más mezquinos, más egoístas, es como tirarse al abismo sin paracaídas. Ni siquiera la vinculación y asimilación a la esfera de nuestra consciencia de objetos tan poco susceptibles de ser considerados “peligrosos”, como una cama o una silla, está libre de riesgos. A este respecto recuerdo una escena en la que Castaneda, en la segunda atención, cree estar en una dimensión desconocida e incomprensible, donde todo le parece gigantesco, y él poquita cosa, pero que conforme va describiendo ese mundo el lector comprende que está en una realidad cotidiana muy conocida, tal vez una cocina, con una silla, una mesa y otros objetos, que Castaneda, desde la segunda atención, donde la esfera de la consciencia está vinculando objetos, percibe desde una perspectiva completamente diferente.

Podemos seguir expandiendo la esfera de la consciencia por la habitación donde estamos, podemos vincular al armario, la mesita de noche, la lámpara, o en el salón el sofá, la mesa, la televisión… Es un proceso lento, concentrado. Somos conscientes de muchas cosas nuevas que ignorábamos, lo mismo que cuando sufrimos un intenso dolor en una parte de nuestro cuerpo somos conscientes de que esa parte existe y no es un simple acto reflejo, automatizado, que rara vez incorporamos al núcleo de nuestra consciencia. Conforme avanzamos también somos conscientes de que saber más implica también sufrir más. De que saber que en la pata de nuestra silla hay una larva de carcoma también implica ser conscientes de cómo esa larva, ese ser externo que aún no hemos vinculado, penetra en nuestra “carne” en nuestra madera, que ahora es nuestra como lo es nuestro cuerpo, y nos hace sufrir. También somos conscientes de que un vidente que ha expandido la esfera de su consciencia hasta donde ha querido, puede saber muchas cosas que nosotros ignoramos, pero saber que alguien va a morir, por ejemplo, no siempre es una posibilidad de evitar esa muerte, también es la posibilidad de sufrir esa muerte dos veces y con toda intensidad, cuando la hemos incorporado a nuestra esfera de consciencia y cuando ocurre en nuestra realidad física. Por eso muchos temen expandir su consciencia y se refugian en sus caparazones, en sus búnkers, para no sufrir, para ignorar lo que podría herir su alma. Su cobardía se convierte a menudo en desprecio hacia los que expanden su consciencia corriendo los riesgos de intentar superar abismos entre objetos, entre personas, entre mundos. Nos desprecian a las personas que sufrimos enfermedad mental, desprecian a los videntes, desprecian todo aquello que les saque por un momento de su búnker, donde están tan felices, tan a gustito… mientras la mutabilidad implacable de la realidad física no hace que les duela una parte de su cuerpo con toda intensidad, una zona de su consciencia herida hasta lo más profundo del alma. Mientras esto no sucede dicen ser felices, se pavonean de su “normalidad” y no tienen inconveniente en burlarse de los “enfermos”, buscan sus tesoros escondidos en la tierra que pueden palpar con sus dedos, y se olvidan de que otros ya han llegado a ellos y los han superado en la expansión de su consciencia. Es fácil burlarse de lo que no se conoce, pero la ley de la expansión de la consciencia, que dice que quien no se expanda perecerá, les alcanzará a ellos, antes o después.

Y una vez iniciado este ejercicio de expansión, nos lo tomaremos con calma, porque todos sabemos lo que agota caminar y caminar, incluso correr, en cualquier dirección en el espacio físico, también la expansión de la consciencia es agotadora, por lo que nos tomaremos un pequeño descanso.

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TÉCNICAS DE PSICOMAGIA I

27 10 2017

TÉCNICAS DE PSICOMAGIA I

PSICOMAGIA

NOTA PREVIA/ Acabo de terminar el libro de Alejandro Jodorowsky, Psicomagia, que he leído sin prisas, rumiándolo. Sin perjuicio de un análisis más a fondo de las bases de la Psicomagia en otro capítulo, hoy quiero centrarme en algunas técnicas de psicomagia que aparecen en un apéndice al final del libro y que me parecen muy interesantes. Soy muy ecléctico a la hora de elegir filosofías de la vida y técnicas mentales. En todas ellas “atropo” algo que me interesa, lo modifico a mi manera para que me sirva a mí específicamente, y  armonizo todas las ideas, engranándolas, en un mecanismo subjetivo y particular que a mí me sirve, otra cosa es que sirva también a otros, si no es así, tendrán que hacer lo mismo que hago yo.

El hecho de que Jodorowsky tuviera un buen concepto de los libros de Castaneda me hizo mirar con simpatía su Psicomagia desde el principio, pero nunca me trago todo lo que me dan, sin más, es por eso que en otro momento analizaremos más a fondo esta filosofía con un buen entronque con el chamanismo. Tal vez el concepto que más dificultad tenga para asimilar es el de su trabajo mágico con el subconsciente. Emparentado con el teatro pánico, con este movimiento fundado por Fernando Arrabal, el propio Jodorowsky y el actor y pintor francés Roland Topor, como podemos ver en la wikipedia, a mi juicio tiene ciertas raíces comunes con el arte de acechar, con el desatino controlado de Castaneda, sin embargo lleva alguna de sus manifestaciones a tales extremos que no puedo dejar de preguntarme por sus efectos, cuestionando algunas cuestiones como veremos en su momento. Tal vez les pierda ese ansia de revolucionar una sociedad burguesa, anquilosada en viejos conceptos,  hoy totalmente desfasados. Inspirado en el nombre del dios griego Pan, Se basa en tres elementos básicos, terror, humor y simultaneidad. Según se expresa en su libro, Jodorowsky no parece tener mucha simpatía por el budismo, especialmente por algunos de sus conceptos básicos, como la reencarnación. En esto no difiere mucho de don Juan que no tiene mucho interés en saber qué será de nosotros tras la muerte, porque como él mismo dice, la existencia es un misterio que un guerrero jamás logrará desvelar, centrándose en lo que se puede hacer en el momento y buscando como única meta la libertad absoluta, una vez que el grupo de guerreros logra pasar a través de alguna de las grietas del mundo y librarse de que el Águila los absorba, dejando en su lugar una copia perfecta de sí mismos.

Las técnicas psicomágicas me parecen muy interesantes y por eso las he adaptado a mis propios intereses, necesidades y gustos. Quienes deseen practicar las auténticas solo tienen que buscarlas en su libro. En algunos casos mi adaptación o deformación de estas técnicas será tan intensa que sin duda el autor renegaría de ellas, pero en la mayoría me limito a practicarlas a mi manera, extendiendo las ideas principales y modificando algunas secundarias. El batiburrillo que tengo en el blog mezclando filosofías como el yoga mental, el budismo, el chamanismo de Castaneda, el esoterismo y las técnicas mentales de todas estas filosofías y alguna más que me he encontrado por ahí, puede desconcertar al lector. Un gurú oriental recomendaba seguir un solo camino, porque no se pueden seguir varios a la vez, ya que aunque tengan las mismas metas el recorrido es muy diferente. En cambio me he encontrado con otras opiniones que dicen algo distinto o lo contrario. Entre ellas con la que más estoy de acuerdo es con la de Krishnamurti, quien dijo que si tienes suficiente luz en tu interior no necesitas maestro alguno. Yo aún no tengo suficiente luz pero hago como si la tuviera siguiendo mi propio camino, que por muy ecléctico que sea, y hasta confuso, a mí me sirve.

En el fondo todas estas técnicas tienen un denominador común, que el universo es mental, que somos mentales, como dice uno de los principios básicos del Kybalion. Una vez que aceptas esto, aunque solo sea como hipótesis de trabajo, todas y cada una de estas técnicas, por muy diferentes que sean, tienen pleno sentido y cada uno puede modificarlas o incluso inventar técnicas propias, porque la mente siempre funciona de la misma manera y cada mente individual y particular tiene sus propios obstáculos o rayas según el concepto hindú.

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TÉCNICAS PSICOMAGICAS I

LA ESFERA DE LA CONSCIENCIA

El concepto de consciencia encerrada o encarcelada no es nuevo y aparece casi en todas estas filosofías. Por mi parte hice mi humilde aportación al tema en la cárcel de papel, basándome en la técnica chamánica de borrar el pasado. Pueden verla en el blog y consiste básicamente en hacernos conscientes de que la celda de la cárcel en la que creemos vivir y que nos impide ser libres, no está hecha con muros de cemento o de hormigón, sino que son simples paredes de papel con frases que jalonan nuestra vida desde la infancia. Todos las conocemos: eres tonto, nunca llegarás a nada, no tienes remedio, no se puede confiar en ti, etc etc. Las dicen los demás, por motivos que es mejor no conocer. Son también farsas de control como analizo en la sección correspondiente del blog. Nuestra imagen, como el cristal en el que dibujamos lo que se nos antoja, está en gran parte formada por estas supuestas perspectivas que los demás tienen sobre nuestra personalidad e individualidad. Yo mismo sufrí de baja autoestima por hacer caso de lo que otros decían sobre mí. Esas frases, esas miradas, esos gestos, esas conductas, están explicitadas en esas paredes de nuestra celda, son la grava y arena, que agregadas a otras sustancias forman lo que creemos un solidísimo hormigón que nadie puede traspasar. Es por eso que nos quedamos en nuestra celda toda la vida, caminando solo unos metros en una u otra dirección, hasta donde creemos que están las paredes que bloquean nuestra libertad. Esta técnica busca lo mismo que la de la cárcel de papel y que todas las demás técnicas mentales, expandir nuestra consciencia hasta el infinito y más allá, porque lo creamos o no somos dioses, en el fondo de nuestro ser late esa chispa divina de la que habla Milarepa en mis textos del blog.

Podemos tumbarnos boca arriba, sentarnos en una silla con la espalda recta, en la postura del loto, como nos resulte más cómodo, de lo que se trata es de que el cuerpo no atraiga nuestra atención con sus molestias. Ahora vamos a centrarnos en nuestra prisionera consciencia, vamos a ver las supuestas paredes que la encierran y ahogan, y cuando hayamos recorrido nuestra celda de cabo a rabo, romperemos sus paredes y nos expandiremos hasta el infinito.

Estamos absolutamente convencidos de que nuestra consciencia solo llega hasta los límites de nuestro cuerpo, para ello nos basamos en el dolor físico. Yo no siento dolor si otra persona sufre una herida en un dedo, estamos en el territorio de la otra consciencia, no en el mío. Si miro algo son mis ojos los que ven y mi cerebro el que procesa. Son mis sentidos, que están en mi cuerpo, los que llevan a mi consciencia, prisionera en su interior, una supuesta realidad que está ahí fuera. Pero es sobre todo el tacto el que nos da más intensa consciencia de nuestros límites, es como intentar escapar de nuestra celda, nuestro cuerpo no puede escapar atravesando sus muros de hormigón. Es cierto que vemos por la ventana de la celda otras realidades, pero no podemos acceder a ellas, son realidades lejanas que un prisionero no puede visitar.  Nos hemos acostumbrado a pensar que nuestra consciencia se detiene en los límites de nuestro cuerpo físico, lo demás es como ver una película en la que nosotros nunca participaremos y solo podremos ver como espectadores. Nuestra consciencia es nuestro cuerpo, o dicho de otra manera, nuestra consciencia es la celda en la que estamos prisioneros. No podemos atravesar nada sólido, por eso nuestro pensamiento ha aceptado como real todo lo que es sólido, cuanto más sólido más real. En la serie de textos que he comenzado a subir al blog, titulados El bunker, intento mostrar esto de otra manera, para que nos apercibamos de que nuestro supuesto bunker está más agujereado que un queso gruyere y por estos agujeros se cuela todo el mundo, aunque no seamos conscientes de ello. Para nosotros una pared es muy real, porque no podemos atravesarla, también lo es el espacio y el aire, aunque podamos atravesarlos, porque a veces nos muestran su poderosa realidad, como cuando nos agotamos desplazándonos por el espacio o cuando un fuerte viento puede con nuestro cuerpo, impidiéndonos caminar. Sin embargo despreciamos como no  real todo lo que no nos parece sólido, las emociones, los pensamientos, como si fueran fallos de nuestro circuito cerebral. Cuando una emoción nos puede y se convierte en una poderosa realidad de la que no podemos escapar, lo atribuimos a un fallo en el circuito cerebral, algo no van bien. Cuando un pensamiento se enquista en nuestra mente, convirtiéndose en una obsesión, su realidad, que nos hace vivir en ese pensamiento más tiempo que en cualquier otra realidad, es rebajada atribuyendo este hecho a un fallo en el mecanismo cerebral. Es ese fallo el que es real, no el pensamiento obsesivo.

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La cárcel de la realidad se convierte en una pequeña celda, con paredes sólidas que no podemos atravesar. Pero hasta en esa celda hay rincones que no conocemos, porque nos dan miedo, porque no les damos la menor importancia. Así nos convencemos de que las células de nuestro cuerpo físico no forman parte esencial de nuestra consciencia, sí están ahí, están empapadas de nuestra consciencia, como nos lo demuestra el dolor físico que sentimos cuando una célula sufre, porque todo el cuerpo sufre y nuestra consciencia en su integridad percibe ese dolor, pero es como si estuvieran adormecidas, con una consciencia en segundo plano. En cambio el sufrimiento causado por pensamientos y emociones es atribuido a un defecto mecánico en el circuito cerebral y nos rendimos, no podemos hacer nada, salvo que un mecánico exterior hurgue en nuestro cráneo y sea capaz de reparar lo dañado. Nos hemos acostumbrado a pensar en la cabeza como el centro, el núcleo de nuestra consciencia, así en ella están nuestros sentidos, la vista, el oído, el olfato y el gusto, es decir, ojos, oídos, nariz y paladar. En cambio el tacto está distribuido por todo nuestro cuerpo, el único sentido que no tiene un centro nuclear en la cabeza. El resto del cuerpo lo percibimos como una consciencia adormecida, en segundo plano, que percibimos con intensidad solo en momentos puntuales, cuando nos pica una zona de la piel, cuando sentimos dolor en un lugar concreto. Y respecto a nuestros órganos internos funcionan de forma refleja, automatizados, pasan desapercibidos para nuestra consciencia, están en un segundo círculo de consciencia, donde ésta permanece adormecida, en un segundo plano, solo el dolor o el mal funcionamiento hacen que el núcleo de nuestra consciencia se centre en ellos. Digamos que incluso en nuestro cuerpo físico hay zonas de alta consciencia y de consciencia adormilada que parece funcionar en segundo plano, como el motor del coche en el que viajamos, un sonido reconfortante que nos indica que todo parece ir bien.

En nuestra celda no somos los amos y señores, ni lo conocemos todo. Se puede estropear el retrete-aparato excretor y hasta ese momento ni nos habíamos fijado en él, en su importancia, lo dábamos por supuesto. Sin embargo cuando algo se estropea en nuestro cuerpo, todo se estropea, cuando algo no va bien en nuestra celda, todo va mal. Eso parece ser un signo evidente de que la celda-cuerpo nos pertenece, el núcleo de nuestra consciencia se ha apoderado de ella, la ha hecho suya. Y sin embargo podemos sentir, con profundo desaliento, que no lo percibimos todo, no lo controlamos todo, unas células se rebelan, no sabemos por qué y tenemos cáncer; algo no va bien en el aparato digestivo y el dolor nos despierta a un estado de consciencia diferente, donde somos solo estómago, donde el resto de nuestro cuerpo desaparece, porque el dolor concentra el núcleo de nuestra consciencia, es como si se retirara de todo lo demás y se fuera al rincón, a rumiar su fragilidad, su decadencia.  Las células son nuestras, pero sin embargo a veces no obedecen nuestras órdenes y se rebelan, no podemos curarlas cuando están enfermas, es como si en realidad no fueran nuestras, no formaran parte de nuestra consciencia, y en cierto modo así es, porque las hemos hecho nuestras al vincularnos con ellas, hemos hecho nuestro, nuestro cuerpo, al vincularnos con él.  Uno se pregunta si no haremos lo mismo con todo lo demás, con la realidad que nos rodea, desvinculamos la consciencia de ella, y ya no es nuestra, pero podría ocurrir al revés, podríamos volver a vincularnos con ella y sería nuestra, como una extensión de nuestro cuerpo. Esto es lo que vamos a hacer en este ejercicio.

Vamos a suprimir la forma de nuestro cuerpo y vamos a convertir la consciencia en una esfera perfectamente redonda, el núcleo de esa consciencia está en su centro, pero todos y cada uno de sus puntos tienen la misma intensidad de consciencia, ya no hay zonas que permanecen adormiladas, en un segundo plano. Y hasta aquí hemos llegado por hoy en esta primera parte del ejercicio. Podemos seguir centrados en nuestro cuerpo físico, en nuestra celda de prisioneros, conociéndolo todo, haciéndonos conscientes de todo aquello que hasta ahora nos había pasado desapercibido. En el siguiente ejercicio expandiremos la consciencia hasta el infinito y más allá, hasta alcanzar la libertad, la única meta del guerrero. Nos daremos cuenta de que la consciencia se puede expandir, de que no está prisionera de un cuerpo físico, de que puede percibirlo todo y tal vez, tal vez, nos convenzamos también de que la consciencia puede actuar a través de aquello que vincula, lo mismo que hace con el cuerpo físico, no son solo las leyes físicas, las leyes cósmicas, las que controlan la realidad a través de la mente universal, nuestras consciencias también pueden hacerlo, y nos convenceremos de ello si conseguimos que ocurra un pequeño milagro, una interacción clara y contundente con una realidad que pensábamos que estaba fuera de nosotros, fuera de nuestra alcance, porque, recordemos, seguimos pensando que estamos prisioneros en una celda con muros de hormigón. Incluso podría suceder que nos llegáramos a convencer de que la mente universal no es algo exterior a nosotros, somos nosotros. Esto y no otra cosa es el éxtasis místico, el shamadi, el nirvana, la expansión de nuestra limitada consciencia hasta hacerla universal e infinita, hasta hacernos conscientes de que esa infinita consciencia que creíamos fuera de nuestra realidad para siempre, somos nosotros mismos.

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TÉCNICAS CURATIVAS I (EL HUEVO LUMINOSO)

4 11 2016

NOTA PREVIA: Esta técnica en concreta nos la enseñó una profesora de yoga mental, argentina, que nos dio clase de yoga durante unos meses, antes de regresar a su país. Tengo un muy grato recuerdo de ella, una mujer madura, de más de sesenta años, alta, espigada, amable. En aquellos tiempos, hace ya bastantes años, yo pasaba, como casi siempre, por una etapa depresiva bastante importante y me apunté a clases de yoga más por estar acompañado que por aprender algo nuevo. Mis técnicas mentales personales se basan tanto en el yoga mental como en el chamanismo de Castaneda, como en las enseñanzas rosacruces, que seguí durante algunos años en mi juventud, como en toda aquella filosofía o corriente esotérica que pueda aportarme algo. No obstante mis recelos aquella profesora sí me aportó algunas cosas novedosas, a pesar de que el nivel de la clase era bajo, como correspondía a alumnos que en gran parte nunca habían practicado yoga mental y aquella era su primera experiencia.

El huevo luminoso para mi tiene claras reminiscencia chamánicas de las enseñanzas de don Juan a Castaneda. Según don Juan el ser humano, visto con la segunda atención, es decir lo que don Juan llama propiamente “ver”, no con los sentidos de la carne, es en realidad un huevo luminoso que camina por la vida casi sin tocar el suelo. Este huevo luminoso se extiende más allá de nuestro cuerpo físico, como a medio metro, tal vez un metro o más, de lo que ocupa en el espacio la materialidad de nuestros cuerpos de carne. Este huevo está compuesto de fibras luminosas estrechamente enlazadas y la muerte física se produce, según don Juan, cuando el hueco o agujero que tenemos todos a la altura del ombligo, dentro del huevo, es decir a alguna distancia del cuerpo físico, se abre desmesuradamente, según don Juan por una labor de zapa externa, un concepto muy interesante que veremos en otro momento, y es entonces cuando quedamos libres de ese huevo luminoso que nos contiene, es decir morimos físicamente.

En esta técnica voy a seguir las instrucciones de la profesora, tal como las tengo anotadas en mi agenda de técnicas mentales, sin perjuicio de que al final aporte cosas personales que he añadido yo por mi cuenta.

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EL HUEVO LUMINOSO

Tumbados en el suelo, sobre una alfombrilla de yoga o manta, en postura de relajación. Visualizamos un punto de luz en el pecho, que va aumentando hasta convertirse en una naranja.

De él salen infinidad de flechas de luz de medio metro aproximadamente. Somos como un huevo con un punto de luz que sería la yema de ese huevo. La zona de luz blanca sería la clara de ese huevo. Nosotros estamos dentro de ese huevo, que sería como nuestra aura invisible.

Desde ese centro de luz al que imaginamos verde, vamos extendiendo el verde a la clara. Nos centramos en las zonas a sanar.

APORTACIÓN PERSONAL

Podemos utilizar otros colores, según las necesidades de la curación, y así entroncamos con los colores propios de cada chakra, como aparecen en el blog, en la sección “trabajando con los chakras”. Podemos también ir recorriendo fibra de luz por fibra de luz, deteniéndonos en las zonas que aparecen menos luminosas, más grisáceas, vamos limpiando esas zonas y aportando más luz a esas fibras, que seguro coincidirán con zonas del cuerpo doloridas, bloqueadas, con dolores o molestias físicos, con órganos dañados.

Podemos centrarnos en ese hueco o agujero de que habla don Juan. Parece ser, aunque esto ya lo veremos ampliamente en Las enseñanzas de don Juan, que en la lucha de poder del guerrero éste resulta herido como en una batalla y ese debilitamiento de la energía, esa disminución de la vitalidad, se centra en ese punto, en ese hueco o agujero que se va abriendo, como una puerta entreabierta a la que empujamos desde fuera para que se abra del todo. Esa total apertura sería la muerte física por lo que este ejercicio podría recomendarse a los que sufren graves enfermedades que están acabando con su vida. Vamos a estirar las fibras sobre ese hueco o agujero y las vamos a dotar de la mayor luminosidad posible. Esa zona oscura que sería el punto desde donde la muerte comienza a trabajar deberá ser recubierto,como el resto del huevo luminoso con fibras de luz. Será un trabajo lento, haciendo acopio de toda la vitalidad del resto de nuestro cuerpo físico, en forma de luz, que llevamos hasta allí y que vamos colocando como colocaríamos hilos de lana sobre esa parte de nuestro cuerpo. Este trabajo deberá realizarse al final, cuando hemos trabajado con todos los puntos del huevo luminoso, y deberá ser un trabajo meticuloso, realizado sin prisas, conscientes de que si dejamos que esa apertura se siga abriendo sin hacer nada estamos minando nuestra salud física hasta que ésta ya no resista el empujón de la mano que empuja esa puerta para abrirla, metafóricamente veremos a la muerte esquelética empujando y nosotros desde dentro tratando de cerrar.  Sabiendo que la muerte solo llega por esta zona mantenerla vital, bien cubierta de fibras luminosos nos permitirá un respiro, solo un respiro, porque el guerrero sabe que sus batallas de poder le producirán heridas que van a ir todas a ese punto.

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Podemos utilizar también el huevo luminoso para curar a otras personas, algo así como utilizar nuestra aura para que la de la persona cercana reciba nuestra energía y vitalidad. Una vez que hemos restaurado nuestro huevo luminoso podemos hacer que contacte con el huevo luminoso de la persona a curar que no deberia estar a más de un metro de nosotros. Si esa persona ha realizado también este ejercicio la terapia curativa del huevo luminoso será más efectiva.

Cuando caminemos por las calles de nuestras ciudades deberemos estar muy atentos a los contactos inevitables con los huevos luminosos de otras personas. Estos nos influyen y si su salud es mala, su vitalidad pobre y sobre todo, si sus emociones son negativas, nuestro huevo luminoso sufrirá y las fibras perderán luminosidad y las heridas se centrarán el hueco o agujero. Es por eso que nos sentimos a veces tan remisos a estar muy cerca de otras personas, por ejemplo en los transportes públicos, donde no podemos separarnos físicamente de personas que de alguna manera percibimos como tóxicas para nosotros. También ocurre en general con todas las personas y hasta con los animales. Si estos últimos marcan un territorio y lo defienden es porque de alguna manera sus cuerpos saben que necesitan una protección física, generando distancia con otros depredadores que van a por ellos.

Esto también entronca con la sabiduría del cuerpo de que habla don Juan a Castaneda, nuestro cuerpo sabe porque nosotros somos huevos luminosos, repletos de fibras y la consciencia se extiende por todo el huevo, no se queda solo en el centro de la cabeza o en las neuronas de nuestro cerebro. Los rosacruces también creen que la consciencia está en todas y cada una de las células de nuestro cuerpo físico, es por ello que las enfermedades siempre son globales, no es un órgano, una zona de nuestro cuerpo físico la que está enferma, es la totalidad de nuestra consciencia extendida por las fibras luminosas, por las células de nuestro cuerpo físico. Teniendo esto en cuenta todas las terapias de sanación deberán dirigirse a la totalidad de nosotros mismos y no solo al órgano o parte del cuerpo en la que se manifiesta la enfermedad. En los casos de enfermedades como el cáncer el trabajo no debería centrarse solo en las células enfermas sino que debería trabajarse cada célula, porque en ella está la consciencia, cada fibra luminosa porque cada una de ellas conforma el huevo luminoso. Desde este punto de vista la mente, la consciencia, trasladada a cada célula, a cada fibra luminosa, podría hacer un gran trabajo de sanación puesto que no se trata de extirpar células cancerosas o enfermas sino de convertirlas o reconvertirlas, convenciéndolas de que forman parte de nuestro organismo y de que le están haciendo un gran daño trabajando por separado, de forma inarmónica. Esto tiene sentido porque ahora, con los tratamientos de las células madre se está haciendo algo parecido, la consciencia o la carga genética de la célula madre se traslada a la célula enferma, modifica su cargamento genético y las acopla de nuevo al organismo, al huevo luminoso.

En el próximo capítulo veremos la sanación con conos luminosos, siguiendo con el tema de la luz y con los ejercicios que nos enseñara la profesora argentina de yoga.





TODAS LAS TÉCNICAS MENTALES(PRESENTACIÓN)

27 06 2015

En esta nueva sección agruparé todas las técnicas mentales que andan desperdigadas por el blog, incluso las técnicas del guerrero impecable, para que todos los lectores puedan localizarlas con facilidad. Dado que la sección de yoga mental está saturada, iré pasando aquí todo lo que tenga que ver con las diferentes técnicas mentales. Entre esta sección y la de autoayuda espero que resulte fácil localizar todas las técnicas prácticas que nos ayuden en el vivir cotidiano. Espero inaugurar esta sección con una nueva categoría, “Técnicas rosacruces para el vivir cotidiano” donde iré adaptando todas las técnicas que aprendí en mis estudios rosacruces a mi carácter y necesidades.





Todas las técnicas mentales (Presentación)

10 04 2014

Cerveau fort

Aprovecho la posibilidad de crear nuevas secciones en el blog, algo que antes no sabía hacer, para reunir aquí todas las técnicas mentales, dejando la sección de yoga mental, que ya está muy cargada, solo para los resúmenes del cursillo. Los interesados pueden consultar aquí cualquier técnica que haya aparecido a lo largo de los cursillos. También pondré aquí las técnicas chamánicas del guerrero impecable, sin perjuicio de que sigan de momento en su sección hasta que se sature como le ocurrió a la de yoga.