RELATOS DEL OTRO LADO IX

16 04 2019

RElatosdelotrolado

RELATOS DEL OTRO LADO

TERCER RELATO

LA DEPRESIÓN II

LA FUNCIONARIA DE PRISIONES

LA DEPRESIÓN EXÓGENA

No recuerdo dónde conocí a la funcionaria de prisiones. Estuve en tantos centros psiquiátricos que con el tiempo uno mezcla los recuerdos. Puede que fuera en el mismo centro en que conocí al enfermo bipolar. Es curioso pero los entornos no me encajan, aunque pudieran ser los mismos. No recuerdo haber dado nunca el primer paso para acercarme a algún enfermo en los centros por los que pasé. Era habitual que después de unos días algún enfermo o enferma se acercara a mí con deseos de entablar conversación. En aquel tiempo no lo entendía. ¿Qué podían ver en mí otros enfermos? Siempre estaba dormido, hasta me dormía de pie; actuaba como un zombi porque en realidad era un zombi; no hablaba con nadie, siempre buscando un rinconcito oculto donde nadie se fijara en mí, donde poder echar una cabezadita sin que lo advirtieran los celadores; siempre pensando en salir de allí, buscando las mejores y menos dolorosas formas de suicidio, y sobre todo, había tirado la toalla, estaba en el fondo del abismo de la desesperación y eso se notaba a la legua, cualquiera podía verlo.

Hoy, recapitulando aquellos momentos, soy consciente de que algo veían los demás en mí que yo no era capaz de ver. Mi lucidez mental, la forma tan clara que tenía de ver todo, una cultura que a otros debía parecerles excepcional, porque había leído muchos libros y los había asimilado, me gustaba la música clásica, podía hablar de pintura y de arte, tenía algunas nociones de psicología, también escribía, no tanto como ahora, pero para alguien que lee muy poco y que nunca ha escrito nada, el escritor, aunque sea aficionado, tiene una cierta aura, como de ser excepcional, capaz de inventarse historias que a la mayoría ni se les pasan por la cabeza, alguien inteligente, culto, creativo, que se expresa bien… tiene que llamar la atención, sobre todo en un centro psiquiátrico. O tal vez todo sea más sencillo, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Si estás prisionero y no puedes hablar con nadie, hasta poder hablar con un pajarito que viene a piar a tu ventana todos los días, es un gran alivio. A pesar de mi mudez y de la misantropía que desprendía por todos los poros de mi piel, los que no estaban tan mal podían verme como un pajarillo que les escucha y que de vez en cuando pía como dando a entender que te escucha. Ahora que vivo solo, es un gran alivio hablar con mi gato Zapi, cuando él me responde con un maullidito especial, supone un inmenso alivio en mi soledad.

Cuando tras unos días de internamiento la medicación deja de producir esos efectos demoledores que te impiden hacer otra cosa que no sea intentar mantenerte en pie y no caer redondo al suelo, puedes observar lo que te rodea, a los enfermos de tu entorno. Enseguida me daba cuenta de quiénes intentarían hablar conmigo en un momento o en otro. Aquella mujer era una firme candidata. Y ahora que lo pienso, tuvo que ser un centro psiquiátrico privado, porque en los públicos las mujeres y los hombres estábamos separados, unos en unas plantas y otras en otras distintas. Sí, no recuerdo un solo centro público donde mujeres y hombres pudieran verse y hablar. Claro que sí, debía existir algún tipo de separación, porque solo veía mujeres a las horas de ocio y asueto –dicho con toda la ironía del mundo- nunca las veía por los pasillos que conducían a las habitaciones, tal vez nos separaba una puerta que se abría durante el día, entre comidas, y se cerraba por las noches y a la hora de comer, porque no comíamos juntos. ¿O sí? Es difícil recordar detalles tan finos, sobre todo cuando tu mente está hibernada y sólo asomas los ojillos fuera de tu madriguera, como los perritos de las praderas, cuando crees que no hay peligro o algo te llama la atención.

Puede que me invitara a un café, en los centros psiquiátricos privados había cafetería, puede que también en los públicos pero yo era de los enfermos que no tenían acceso a la cafetería ni al patio, podía fugarme, podía encontrar algo que me permitiera intentar el suicidio una vez más. Sí, es la forma más probable de trabar conversación con alguien que te interesa en una de aquellas prisiones. Eso no lo recuerdo, yo nunca tomaba café porque era un excitante y sentaba fatal a mis delicadísimos nervios. Puede que ella insistiera, algo bastante lógico si estás donde estás y quieres hablar a toda costa con alguien que no te parece tan “ga-gá” como el resto. Puede que yo me negara las primeras veces, forma parte de mi carácter, pero acabara aceptando, también forma parte de mi forma de ser. El caso es que allí estábamos los dos, sentados a una mesa de madera, que creo recordar era bastante nueva y limpia, lo que me hace pensar en que bien podría tratarse del mismo centro donde conocí al enfermo bipolar. Claro que hay una pega, aquel torbellino entró en mi habitación al poco de estar internado allí y yo me marché antes. ¿O no fue así? ¿Se trata de un recuerdo falso que se ha vestido de verdadero porque la memoria se aferra a lo que te hace menos infeliz, porque yo estaba deseando salir de allí, como de todos los psiquiátricos que pisé?

Lo que sí recuerdo bien es que aquella mujer me pareció muy normal, no entendía por qué estaba allí. Desde luego no tenía síntomas de padecer una enfermedad mental grave, aunque vista la sorpresa que me llevé con aquel hombre tan bien trajeado, como un ejecutivo, que parecía tan normal, y que resultó ser un esquizofrénico, seguro que no di nada por hecho y me puse en guardia. Parecía simpática, agradable, hasta alegre, salvo cuando estaba muy baja de ánimo, algo que aprecié con el tiempo. No puedo recordar con exactitud las conversaciones, uno no puede hacerlo ni estando bien, ni aunque tengas una memoria prodigiosa, al menos no todas. Seguro que ella comenzó con tiento, con lugares comunes, y estoy casi seguro que se lanzó cuando yo dejé la conversación trivial para decir las cosas claras, al pan, pan, y al vino, vino. Eso también forma parte de mi carácter.

Seguro que primero le hablaría de mí y con toda sinceridad. Me cuesta recordar un momento de mi vida en el que alguien haya hecho lo que yo hago casi siempre, sobre todo cuando estoy internado o desesperado, hablar con sinceridad, sin tapujos, sin miedo a que el otro diga o piense o haga. Me importa un bledo. No es importante saber quién empezó antes, sino cómo continuó. Ella me habló de su problema, de su enfermedad. ¿De qué otra cosa pueden hablar con enfermos mentales sinceros en un centro psiquiátrico en el que están internados, sin saber cuándo van a salir o cuándo llegará otro enfermo con el que se pueda hablar? Sufría una grave depresión. Claro, por eso estaba allí, no te internan por una simple depresión, o un periodo de tristeza, como dicen los que quieren congraciarse contigo cuando les cuentas que eres depresivo: yo también tengo mis momentos de tristeza.

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Lo que rompió muchas barreras fue saber que ella era funcionaria de prisiones, pues yo era funcionario judicial. Eso permitió dar un paso más, al fin y al cabo éramos casi colegas. Seguro que le hablé de mis experiencias en las cárceles, había que ir a notificar las resoluciones judiciales y por entonces no existía la oficina judicial en las cárceles, funcionarios que trabajaban allí y a los que los juzgados mandaban todo lo que hubiera que notificar a los presos. Antes cada juzgado mandaba a un funcionario cada vez que había algo que notificar. Recuerdo mis primeras experiencias cuando estaba en el juzgado de Alcalá de Henares, y luego en un juzgado de Instrucción en la plaza de Castilla. He tenido que mirar en Google porque me sonaba que yo había estado en la cárcel Modelo, pero no pudo ser porque cerró mucho antes de que yo me hiciera funcionario, así que tuvo que ser la cárcel de Carabanchel. Solo recuerdo haber estado un par de veces. No era normal que le tocara hacer algo así a un funcionario como yo, pero teniendo en cuenta que me endilgaban lo peor, dada mi condición de tímido que no oponía resistencia y de enfermo mental, no me resulta inverosímil deducir que por un motivo urgente me mandarán allí. Luego pisaría alguna cárcel más, de forma esporádica, hasta que, cuando ya existía la oficina judicial, el jefe, con quien mantenía un enfrentamiento y del que sufría un severo acoso, me mandó a una sustitución por baja, por enfermedad, o maternal, la compañera era una mujer, no recuerdo bien, sí recuerdo en cambio muy bien lo que me dijo el jefe cuando le comenté que aquel destino provisional debería haber sido sorteado: pues sí, hubo sorteo y te tocó a ti. Su tono sardónico me dijo bien a las claras la clase de sorteo que hubo. Pero aquella experiencia fue posterior a mi encuentro con la funcionaria de prisiones en aquel centro psiquiátrico, tuvo que serlo, porque mi último internamiento fue posterior, tuvo que serlo, aunque no tengo clara la cronología. Por aquel entonces ya escribía, aunque no tanto como ahora, y recuerdo muy bien cómo me fijaba en los presos, cómo leía los atestados, para documentarme, si alguna vez se me ocurría escribir algún relato o novela sobre delincuentes o asesinos, sobre cárceles. Aún conservo algunas notas que tomé y que son muy adecuadas para perfiles de personajes de novela negra.

Aquella mujer, de la que no recuerdo el nombre, porque tengo una pésima memoria para los nombres, salvo los de aquellas mujeres de las que estuve enamorado platónicamente y a las que escribí algún poema, sufría una gravísima depresión. La causa estaba clara, no soportaba su trabajo. Imagino que estaba en alguna cárcel de mujeres. He tenido que mirar en Google y veo que ahora sí hay mujeres en cárceles de hombres, imagino que a raíz de la ley de igualdad, pero entonces, estoy hablando tal vez el año 1990, no creo que eso fuera posible. Aún así estar en una cárcel de reclusas no es fácil, ni ahora ni después. Leyendo algunos foros sobre el tema veo que hay diversidad de opiniones respecto a si una funcionaria tiene más o menos problemas en una cárcel de hombres que de mujeres. Dejando aparte el machismo, el feminismo, la igualdad y todo tipo de opiniones sobre el tema, hay reclusos o reclusas en la cárcel por delitos graves, muy graves o máximos. Tener un problema serio en una cárcel de hombres o de mujeres, si eres funcionaria, no es algo poco habitual, al contrario. Ahora recuerdo que cuando fui destinado a sustituir a una compañera en una cárcel de alta seguridad, no voy a decir el nombre, todas las compañeras eran mujeres y había funcionarias. ¡Hay que ver las jugarretas que nos juega la memoria! Y eso fue hace ya bastantes años, antes de la ley de igualdad que acabo de ver en wikipedia que es del año 2007.

No sé si viene a cuento la anterior disquisición, solo quería poner de manifiesto que conozco un poco el ambiente de las cárceles desde dentro, aunque no es lo mismo ir alguna que otra vez al locutorio a notificar algo o incluso permanecer en una cárcel de alta seguridad, notificando a los propios reclusos de la cárcel, también reclusas del módulo de mujeres, por lo que recuerdo, que permanecer allí un día tras otro durante años, toda tu vida laboral si no lo dejas. Seas hombre o mujer eso te pasa factura, una seria factura, y no conozco la estadística de bajas de funcionarios o funcionarias por depresión en las cárceles, pero me temo que un trabajo arriesgado y peligroso tiene, necesariamente, que generar más depresiones y enfermedades mentales que un trabajo más tranquilo.

Me ha podido la curiosidad y he estado buscando en Google documentación sobre enfermedad mental entre funcionarios de prisiones y otros trabajos. Puede que no haya mirado bien o poco, pero la conclusión que he sacado es que algunos estudios dicen que no han encontrado diferencias sustanciales entre ese trabajo y otros menos arriesgados, en cambio otros sí encuentran diferencias, el funcionario de prisiones parece sufrir más depresiones y enfermedades mentales que otros grupos de trabajadores. Como siempre las estadísticas se cocinan según los intereses. Para mí la prueba del algodón es lo que te pagan de más por la peligrosidad de un trabajo o de otro, nadie suele dar dinero por nada. Yo tuve un plus de peligrosidad por realizar ciertos trabajos en algunos juzgados en los que trabajé y el peligro que corrí, o al menos la percepción que tuve es que la cárcel es un entorno más peligroso. Mi experiencia es que no es lo mismo enfrentarte a un ciudadano normal en una diligencia traumática que a un asesino en una cárcel, aunque estés tras un cristal a prueba de bombas y siendo vigilado por cámaras de seguridad. Aquel trabajo en una cárcel de seguridad solo duró unos meses, pero fue suficiente experiencia para hacerme consciente de lo tenso que estaba y de que hubiera pedido la baja por depresión de no haber sido por mi conflicto con el jefe y porque ya había tomado la decisión de que a pesar de mi condición de enfermo mental nunca, jamás, volvería a pedir una baja por depresión salvo que me internaran a la fuerza.

Todo este largo preámbulo viene a cuento porque como suelo hacer casi siempre, procuro ponerme en la piel del que me está contando las tragedias de su vida, especialmente si se trata de un enfermo mental. Es posible que aquella mujer tuviera antecedentes de enfermedad mental en su árbol genealógico,  o no se lo pregunté o no lo recuerdo. Es posible que su carácter no fuera muy fuerte, parecía una mujer bondadosa y sensible, pero lo que estaba claro, cuando la escuchabas, es que aquel trabajo no era para ella.

Sufría de insomnio, ansiedad, angustia, depresión y había entrado en un bucle que caracteriza la enfermedad mental. No podía pensar en otra cosa que no fuera su trabajo, le angustiaba pensar que al día siguiente tendría que volver a trabajar en la cárcel. Se ponía enferma cuando hablaba de ello, temblaba, le mudaba el rostro, hasta me pedía que por favor no siguiéramos hablando del tema.

Estamos acostumbrados a pensar en la depresión, en la enfermedad mental en general, como una enfermedad genética, te toca ser enfermo mental como a otros les toca ser diabéticos o tener problemas de riñón. Es cierto que la genética influye, y mucho, pero también influye la familia donde has vivido tu infancia, el maltrato, el ambiente cultural y muchos otros factores. Lo cierto es que una de las categorías de la depresión, en mis tiempos, era la depresión exógena. La mía la calificó mi psiquiatra de endógena, venía de dentro, daba igual lo que me ocurriera, yo siempre estaba deprimido, era una psicosis maniaco depresiva, algo así como la bipolaridad actual. La exógena era otra cosa, uno se deprimía por algún acontecimiento exterior, por alguna situación persistente que iba socavando la psiquis. La enfermedad mental no solo está causada por los genes, el factor somático, también puede ser causada por circunstancias exteriores persistentes e intensas.

Esto es algo que a la gente, en general, le cuesta admitir. Sí pueden llegar a aceptar, por ejemplo,  que la muerte de un ser querido podría llevar a una depresión gravísima, incluso a la locura. También pueden aceptar que la absoluta soledad de una persona puede llevarle a sufrir graves trastornos mentales, incluso la demencia, pero les cuesta bastante más asumir que un determinado tipo de vida pueda llegar a producir una grave enfermedad mental con el tiempo.

Es como, por poner una metáfora, un exquisito mecanismo de relojería, que has comprado y que el relojero te da una serie de instrucciones para su mantenimiento que debes tener muy en cuenta si no quieres que el reloj se pare. Si no haces el menor caso, si dejas que el polvo se acumule sobre él, si lo tratas a patadas, si incluso pones alguna pajita en su mecanismo, a ver si es capaz de superar el obstáculo… entonces ya sabes lo que te queda, el reloj se va a parar y puede que el relojero te diga que ya no tiene remedio. La mente es algo parecido, un mecanismo muy sutil, muy exquisito, que debes cuidar con mimo, y si no lo haces, la enfermedad mental acecha.

No me costó mucho llegar a la conclusión de que aquella mujer debería dejar su trabajo y cuanto antes. Si lo hacía tendría una oportunidad, aunque era posible que ya hubiera superado la línea roja y la enfermedad mental se hubiera enquistado. No me costó mucho ponerme en su piel, y me dijera lo que me dijera, que no lo recuerdo, pude fácilmente imaginar su situación. La tensión constante en el trabajo, temiendo un enfrentamiento con un recluso o reclusa, que alguno de ellos, por lo que fuera, la convirtiera en su enemiga mortal y le hiciera la vida imposible; la posibilidad de una revuelta, que la tomaran como rehén, que un recluso se autolesionara y ella tuviera que afrontar un momento terrible, intentar salvarle la vida, siguiendo el protocolo, o presenciar su muerte; un ambiente en el que uno tiene que dejar fuera lo mejor de sí mismo, porque no van a apreciar tu sensibilidad, alegría, simpatía, capacidad para las relaciones interpersonales, aquello parece una selva y tú eres el bóvido, acechado por los depredadores. No es difícil comprender su estado anímico.

 

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UNA VENTANA AL INFINITO

9 04 2019

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UNA VENTANA AL INFINITO

Esta mañana he visto en la televisión la entrevista que se le ha realizado al esposo que ha ayudado a bien morir a su pareja. No me avergüenza confesar que he llorado; llorar no es debilidad, es fortaleza, porque la bondad y la sensibilidad nos hacen más fuertes y no más débiles. He recordado un viejo relato que llevo años sin finalizar y que titulé “Una ventana al infinito”, en el que un tetrapléjico intenta salir de su cascarón muerto y abrir una ventana al infinito que le permita olvidarse de que está paralizado y de que eso no es vida. La ventana en la que él piensa es su propia mente. Nadie puede entrar en mi cabeza, podrán encarcelar mi cuerpo, pero no pueden encarcelar mi alma. No podré viajar con mi cuerpo pero nadie podrá impedir que viaje con mi mente.

He vacilado, he dudado. ¿Debería escribir sobre este tema, y precisamente hoy? ¿No sería aprovechar un tema tan doloroso para contribuir al morbo que se está generando? También lo pensé cuando el 11-M, pero el incontenible dolor pudo más que cualquier otra consideración. ¿Será que en el dolor hay algo matemático, que uno sufre menos por una persona que por cien, que por mil, que por un millón? No lo creo, uno sufre más por quien más ama, y en ello nada tiene que ver el número. No me resulta difícil ponerme en la piel de ese hombre, imaginar lo que ha sido su vida, ponerme en la piel de su pareja y sentir su dolor. Solo se necesita un poco de empatía, no demasiada, con un poco es suficiente.

Una de mis máximas vitales dice que la mayor muestra de amor que se puede dar a un ser querido es respetar su libertad. Es lo que ha hecho esta persona, respetar la libertad de la persona a la que ama. Lo que me parece insólito es que quienes se dicen ateos sean sensibles al sufrimiento de otro ser humano y que quienes dicen creer en Dios, con todo respeto, puedan ser tan insensibles. Algo falla aquí, tal vez el concepto que tienen de Dios los que dicen creer en Él. ¿Acaso piensan que a Dios le place el sufrimiento, como el sacrificio de sangre en el altar de los sacrificios? ¿Hay que matar y rociar el ara con la sangre para que Dios esté satisfecho? ¿Estamos en la edad de las cavernas, donde se sacrificaba a una víctima inocente para obtener el favor de los dioses? ¿Necesita Dios que el ser humano sufra hasta la aniquilación? ¿Acaso Dios puede dar un supuesto decreto de respeto absoluto a la vida y exigir que se mantenga en cualquier circunstancia, incluso cuando ya no es vida, cuando solo es dolor repetido día tras día? Fui educado en la religión católica y la abandoné por temas como estos. Yo no puedo creer que Dios sea así, no puedo creer en un Dios que manda a su hijo a redimirnos y le permite morir en la cruz por toda la humanidad para que luego otros se consideren dioses y permitan el sufrimiento en sus hermanos sin mover un párpado. Solo un dogmatismo irracional y sin sentido puede aceptar que un hermano sufra cuando se puede evitar ese sufrimiento y el que lo padece libremente decide que no quiere seguir sufriendo. Me imagino a mí mismo tumbado en el lecho del dolor, sin la menor posibilidad de recobrar una vida que en realidad ya se ha ido de mí, suplicando con desesperación que se me permita morir porque yo no puedo hacerlo y a otras personas, otros hermanos, negándome la posibilidad de acabar con ese dolor, demoníaco, porque no puede venir de Dios.  ¿Qué pensaría de ellos? El fanático del dogma no debería poder decidir por mí. El mayor signo de amor a un ser querido es respetar su libertad. No me preocupan los que aman. Me preocupan los fanáticos, quienes en base de un supuesto amor a Dios podrían dejarme sufrir por toda la eternidad.





CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL XIX

2 04 2019
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Hola amigo: Sí, el problema puede llegar a ser grave. Aunque la
marihuana sea una droga blanda sus efectos a medio plazo pueden llegar
a ser demoledores. Por lo que me decís de su conducta es bastante
habitual en jóvenes consumidores de marihuana, viven en sus mundos
mentales y cada día pierden más el contacto con la realidad. Acaban
siendo muy vagos, desorganizados, con periodos de gran agresividad y
lo que es peor, pueden llegar a tener delirios a los que yo les llamo
proféticos. El que él haya escogido una figura tan terrible como
Hitler puede indicar que está pasando por un delirio profético y ha
ido a topar con la figura mesiánica más terrible de la historia. No
me decís de que pais sois, imagino que no de España. Aquí podría
indicaros los pasos a seguir para un internamiento judicial forzoso
donde pudiera ser diagnosticado, porque es probable que además pueda
tener una enfermedad mental y tiene la edad justa en que se suele
manifestar. Es posible que no tenga ninguna enfermedad mental y
simplemente haya escogido el camino de la droga para fugarse de la
realidad y no tener que enfrentarse a sus problemas. Imagino que no
trabaja ni busca trabajo, por lo que me contais, ese ya de por sí es
un problema grave. A su edad debería estar terminando los estudios o
buscando un trabajo, tanto ocio, si además lo ocupa en las fantasías o
delirios que le genera su adicción a la marihuana, acabará pasándole
una seria factura. Tampoco me comentas si le dais dinero para que se
compre marihuana, ese es un punto importante, no podéis ayudarle a
suministrarse la droga, algo que deberíais cortar de raíz. El puede
buscarse otros medios, incluso a través de la delincuencia, el hurto,
el robo, esto es bastante frecuente, pero es aún peor que sea la
propia familia la que le facilite su consumo al darle dinero.Yo estoy
en contacto con un enfermo mental que además de tomar la medicación
de su enfermedad consume marihuana o hachís con cierta frecuencia,
a periodos diariamente. Cuando me llama y comienza a hablarme de
sus delirios, normalmente proféticos, ya sé que está consumiendo,
es un signo evidente. También puede ponerse agresivo o pasar
periodos de malhumor, es una consecuencia clara de la droga. En
cuanto a la posibilidad de que su agresividad pueda llegar a la
agresión física no es frecuente pero cabe esa posibilidad. Os sugiero
que habléis con él con respeto y cariño pero con firmeza, no puede
estar viviendo con vosotros sin respetar las normas de la casa, ni
puede, a su edad, no pensar en buscarse un trabajo o un futuro, para
él puede ser muy cómodo vivir en su paraíso artificial que le
proporciona la droga mientras vosotros le dais techo y alimento, pero
esto tiene que acabar. Entiendo vuestra preocupación por una reacción
violenta pero sería peor que él siguiera el camino que ha emprendido.
Debéis hacerle ver que a su edad tiene que empezar a buscar trabajo o
terminar los estudios y si no lo hace cualquier propina debería
desaparecer, él tiene que merecerse lo que le estáis dando, techo,
comida y las propinas. Debe salir de ese bucle en el que se ha metido
y comenzar a pensar en su futuro.

 

Lo ideal sería que aceptara ir a un profesional, psiquiatra o
psicólogo, que le hiciera unas pruebas y le diagnosticara, si padece
una enfermedad mental o si no es así seguir una terapia familiar para
que él pueda ver lo que está fallando y rehacer su vida. Desde luego
algo teneis que hacer o la situación se irá complicando cada vez más.
Nadie, ni un enfermo mental, ni un drogadicto, puede exigirles a los
padres que le mantengan y encima subvencionen su adicción a una droga,
aunque sea blanda. Todos somos responsables de lo que hacemos y la
libertad conlleva siempre la responsabilidad por nuestras decisiones.
En algún momento él tendrá que tomar las riendas de su vida, buscarse
un trabajo, pensar en su futuro, cuanto antes lo haga mejor.

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Creo que hay que dar algunos pasos imprescindibles:

-Hablar con él y hacerle ver que así no puede seguir. Con respeto
y cariño pero también con firmeza hay que exigirle que busque trabajo
o termine los estudios, que vaya pensando en su futuro.

-Si no lo hace no deberíais subvencionarle el consumo de marihuana
ni darle otra cosa que lo imprescindible, tiene comida, tiene techo,
tiene unos padres que le quieren, pero debe dar algo a cambio. Tiene
que ponerse a buscar trabajo ya, o a terminar sus estudios si los ha
interrumpido. Tiene que aceptar visitar a un psicólogo y seguir una
terapia mínima. Tiene que hacerse consciente que sus delirios
proféticos, su afición por Hitler, como por cualquier otro tema
profético, procede en gran parte de los delirios y fantasías a que le
lleva el consumo de la droga.

-Tal vez os viniera bien poneros en contacto con alguna
asociación que ayude a los adictos a salir, porque parece claro que
vuestro hijo ya es un adicto a la marihuana y todas las adicciones,
especialmente a las drogas, requieren una terapia, son difíciles de
erradicar.

-Lo peor que podéis hacer es dejarle que campe a sus anchas, que
siga consumiendo droga, que no busque trabajo, que no os agradezca lo
que hacéis por él, que cada vez se vaya poniendo más agresivo, que os
insulte, incluso que os amenace. Teniendo en cuenta lo que me contais
yo diría que si no está delirante le falta poco, los efectos de la
marihuana son hacer que la mente se escape fuera de la realidad y como
dicen los budistas, la mente es una cabra loca que siempre tira al
monte, siempre va a lo peor, al abismo. También es preocupante que le
haya dado por el nazismo, una de las formas de pensamiento más
terribles y demoledoras. A otros, aficionados a lo paranormal o al
esoterismo, les da por creerse profetas que tienen que transmitir un
mensaje para que se salve la humanidad, pero me temo que el nazismo es
mucho peor, especialmente si se le ocurre juntarse con algún grupo
nazi.

Querido amigo, aquí estoy para lo que esté en mi mano, pero el
problema no es precisamente baladí. Es habitual que los jóvenes a la
edad de vuestro hijo den muchos problemas, porque no encuentran
trabajo, porque la sociedad y la forma de vida que llevamos les parece
atroz y no están muy descaminados, pero de nada sirve evadirse a
paraísos artificiales, lo que hay que hacer es intentar cambiarla en
la medida de nuestras fuerzas. Para él puede resultar muy cómodo tener
techo y comida sin hacer nada, sin dar nada a cambio, vivir en su
mundo de colores al que le lleva la droga y cuando los padres le dicen
algo ponerse agresivo, amenazar, pensando que nunca os atreveréis a
enfrentaros a él y a dejarle las cosas claras. Pero esa no es una
solución ni a corto plazo ni mucho menos a medio o largo plazo. Su
situación solo puede empeorar si no trabaja, si se pasa el día
consumiendo marihuana y dejándose llevar por sus fantasías. Es preciso
tomar el toro por los cuernos, como decimos aquí y afrontar el
problema cara a cara. Si él no quiere colaborar habrá que buscar
alguna solución, desconozco en qué país estáis viviendo pero supongo
que habrá alguna ley que permita internarlo forzosamente y ser
diagnosticado y si no es así tendréis que prepararos para afrontar un
serio problema, lo peor que puede pasaros es que el se acabe creyendo
el dueño de la casa y de vuestras vidas, pensando que tenéis
obligación de alimentarle y darle cobijo, de permitirle vivir en su
mundo artificial y que no tenéis ningún derecho a meteros en su vida.
Habrá un momento en el que todo estalle y creo que deberíais buscar
ayuda, de un psicólogo, de una asociación, del resto de la familia,
alguien debe arroparos porque la situación podría empeorar mucho. Un
abrazo fraternal, suerte y aquí me tenéis para lo que esté en mi mano.

Jung




RELATOS DE A.T. III

25 03 2019

fantasmas

Terminó de desayunar y le acompañé hasta el servicio. A pesar de mi repulsión no podía dejar el contacto con su mente o terminaría perdiendo la vinculación con aquel lugar físico que necesitaba conocer como la palma de mi mano. Me alejé todo lo que pude para percibir lo más atenuado posible el placer que le producía el acto escatológico que estaba realizando, muy rápido por cierto, enseguida comprendí la razón. Empezó a pensar con toda la libidinosidad de que era capaz su imaginación en la viuda de su amigo y esta capacidad era mucha puedo asegurarlo. Su fantasía tenía mucho más de brutal violación que de agradable y fácil seducción. No pude evitar sentir asco a pesar de la atracción que empezaba ya a sentir por aquella mujer por lo que me alegré cuando terminó de masturbarse y dejó que cuerpo y mente se relajaran.

Esperé pacientemente a que decidiera afeitarse, pero como tardaba se lo sugerí muy sutilmente haciéndole ver lo feo que estaría si tuviera que ver luego a la viuda sin afeitarse. Este brevísimo pensamiento le catapultó hasta el armario de baño de donde cogió los utensilios necesarios para el afeitado y cuando por fin se enjabonó delante del espejo pude contemplar a placer su rostro. Su cabeza era redonda y grande, a pesar de su cuello de toro me pareció que pujar por aquel peso tenía que ser todo un deporte. Su rostro coloradote estaba erizado de agrestes cerdas que harían huir a la mujer más  necesitada de caricias. Pero lo que más llamó mi atención fueron sus ojos. Negros y duros, miraban con recelo y un odio difícil de ocultar. Aquel hombre odiaba a todo el mundo, odiaba la vida, la luz  la oscuridad, incluso se odiaba a sí mismo, bueno esta era la razón de que odiara tanto todo. Tan solo este odio se atenuaba frente a una mujer atractiva que pudiera darle placer.

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Mi mente estaba tan concentrada en fijar sus facciones en mi consciencia que apenas tuve sensación alguna de su afeitado. Terminó y se acercó otra vez a la cocina para beber un trago de agua de una botella que tenía en el frigorífico. Debía haber cenado algo fuerte y salado porque hasta mí llegaba la frenética actividad de su estómago e intestinos, eructó con gran fuerza y su mujer, que aún seguía desayunando sin prisa, le llamó guarro a lo que el contestó con una fuerte ventosidad. Momento que aproveché para dejar su mente y quedarme en contacto con la de su mujer.

En mis anteriores vidas tuve un cuerpo del sexo masculino. En el más allá las mentes no tienen sexo, no obstante toda mente no es otra cosa que el conjunto de sus recuerdos por lo que quienes nos recordamos con cuerpos masculinos nos consideramos mentes macho y al contrario. Por eso el contacto con la mente de aquella mujer era una experiencia difícil, no me adaptaba a las sensaciones de su cuerpo y menos en aquellos momentos en que pude detectar un desarreglo hormonal propio del cuerpo femenino. No estaba de muy buen humor y mis pensamientos masculinos podían desequilibrarla más si no tenía cuidado así que tuve que inventar sobre la marcha, la sugerí que las ideas raras que comenzaban a asaltarla procedían de los desarreglos de la regla que aquel mes eran muy dolorosos. Ya más tranquila comencé a sugerirla pensamientos que me dieran la información que necesitaba.

La sugerí pensara en su marido y una oleada de repugnancia me invadió. Seguía con él por motivos económicos y por los niños, pero el odio que sentía hacia su persona se iba acrecentando día tras día. No le dejaba acercarse con intenciones sexuales y dormían separados desde el día del accidente en el que había muerto el amigo después de una noche loca en un prostíbulo. No se lo perdonaba y el frustrado deseo de que el muerto hubiera sido él aún la consumía. En cambio tenía buen concepto de su amigo e incluso se había sentido atraída por él. Trabajé esta idea hasta empezar a sentir cómo su imaginación se desbocaba, su fantasía la llevaba a acostarse con él, algo de lo que ahora se arrepentía no haber hecho o intentado por lo menos. Con un toque aquí y otro allá pude gozar de la excitación que le producía aquella fantasía. Llevaba mucho tiempo sin experimentar  estos orgasmos mentales con humanas que dicho sea de paso son más satisfactorios que los revolcones con mentes femeninas que van perdiendo la intensidad de estímulos que proporciona el cuerpo, muchas veces se pierden en sus recuerdos y se olvidan de lo que están haciendo. La mujer, asombrada pero excitada, se dejó llevar y juntando sus muslos se rozó suavemente hasta llegar al orgasmo. Luego se relajó y dejando caer su cabeza sobre los brazos apoyados en la mesa se quedó dormida.

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Este es un momento delicado para las mentes descarnadas que estamos en contacto con las mentes humanas, a pesar de que no pueden vernos y su percepción de nuestra presencia es fácil de transmutar en sueños o pesadillas no me gustan mucho estos contactos. Su mente se sintió libre y alejándose un poco de su cuerpo empezó a jugar con la mía como si fuera un sueño, lo que aproveché para  hacerla revivir aquella noche y los acontecimientos posteriores.

Ya de madrugada recibió una llamada del hospital donde había sido internado su marido. La impresión había sido tan grande que no pudo reprimir sollozos histéricos que confundieron a la enfermera. La muerte de su marido era una noticia tan agradable que perfectamente consciente se hubiera visto obligado a un gran esfuerzo para disimular su alegría, la somnolencia la ayudó a reaccionar de una manera perfectamente normal. La voz de la enfermera la consoló rápidamente, no su marido no estaba muerto, saldría adelante, pero lamentaba decir que su acompañante que no estaba identificado porque salió despedido del coche y se perdió su documentación acababa de fallecer. Ella no sabía con quién había salido de jarana esa noche, cosa por otro lado muy habitual, pero lamentaba profundamente que no hubiera sido su marido el fallecido. Dio las gracias y se dispuso a vestirse sin ninguna prisa, tenía que hacer el paripé de la mujer desconsolada pero tampoco necesitaba correr.

Ya en el hospital la calmaron respecto a su marido, pequeñas lesiones en la cara y un brazo roto pero no parecía  tener lesiones internas aunque tendría que estar unos días en observación. La rogaron les ayudara a identificar a su acompañante. Tenía el cuerpo destrozado y apenas le miró unos segundos, suficientes para que su rostro magullado le resultara familiar. Era el marido de una vecina de su mismo edificio, un hombre agradable y cortés a quien ella saludaba siempre con suave dulzura imaginando que era con él con quien se había casado y no con la bestia parda de su marido.

Decidió llamar ella a su vecina, era lo menos que podía hacer ya que según informaron  su marido era el conductor y la causa del accidente se debía al alto grado de alcohol en su sangre. Tuvo que hacer de tripas corazón para abrazar a su vecina que se desmoronó en sus brazos como un muñeco roto. La acompañó al cementerio consolándola lo mejor que pudo y cuando su marido volvió a casa le obligo a trasladarse a otra habitación y no volvió a dirigirle la palabra.

Aprovechando la imagen de la viuda sugerí siguiera pensando en ella hasta hacerme una imagen bastante precisa de su físico, luego la desperté para que me mostrara el resto de la casa, quería contactar con la viuda pero no podía hacerlo hasta conocer bien aquel piso,a donde tendría que volver con frecuencia ya que al parecer el fantasma campaba allí sin respeto alguno. Tardó en levantarse dándole vueltas al sueño que acababa de tener, solo pudo recordar que se trataba de una pesadilla referente a la muerte de aquel hombre. La acompañé a su habitación, luego al servicio de donde acababa de salir su marido que se estaba vistiendo en su habitación, finalmente a la habitación de los niños a quienes tenía que despertar para llevarles al colegio. Durante estos traslados conseguí que pensara en los extraños fenómenos que venían ocurriendo en el piso desde el accidente, ella no les daba ninguna importancia aunque empezaban a ser preocupantes para su marido que había presenciado en solitario algunos fenómenos sumamente extraños de los que se había visto obligado a hablar con ella para no volverse loco según decía. Ambos habían presenciado juntos algún fenómeno telequinésico muy fuerte.

Decidí dejarla, ya tendría tiempo de volver al tema aquella noche, si aún no había aparecido mi fantasma, que no asomaba su invisible morro por ninguna parte. Quería conocer a la viuda que sería  el principal instrumento que utilizaría para intentar controlar a aquel nuevo descarnado descontrolado. Di un toque a mi portadora para que pensara un buen rato en su vecina y lo hizo con tal intensidad que la viuda proyectó su mente hasta allí sobresaltada por la intensidad del pensamiento que percibía como una obsesión de su mente.

 

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LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XIX

18 03 2019

LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XIX

LA RECAPITULACIÓN DE BAUTISTA/ CONTINUACIÓN

30 ANIVERSARIO DE LA REFORMA PSIQUIÁTRICA

Reforma-psiquiatrica

30 AÑOS DE LUCES Y SOMBRAS

LUCES

VI/Creación de un organigrama de recursos sanitarios y sociales que cubrirían de forma completa y coordinada todas las necesidades de las personas afectadas (Unidades de salud Mental (USM), Hospitales de Día (HD), Unidades de Hospitalización Breve (UHB), Unidades de Media Estancia (UME), Residencias de Larga Estancia (URR), Centros de Rehabilitación psicosocial y Laboral (CRPSL), Centros Especiales de Empleo (CE), Pisos Supervisados (PS) y Fundaciones de Tutela y Curatela.

Sobre esto Bautista sabe mucho más que yo que he tenido que buscar información en Internet sobre todo este organigrama. Desconozco en general cómo han funcionado, ni siquiera si se pusieron en marcha todos estos proyectos, desde cuándo y cómo han ido evolucionando. Solo puedo hacer un resumen de lo que he ido encontrando:

-Como todos sabemos, en España la sanidad está transferida a las comunidades autónomas, por lo tanto según cada comunidad  la atención a la salud mental será diferente con bases semejantes, como es lógico. Buscando en Google he visto que al menos existen USM en algunas comunidades autónomas, no sé si en todas, aunque no parece haber mucha información al respecto.

-En cambio he encontrado bastante documentación sobre los Hospitales de Día (HD) centrados en la salud mental, porque parece que existen otros hospitales polivalentes para otras enfermedades. Al parecer la filosofía del hospital de día se basa en que las personas con enfermedad mental tengan algo intermedio entre la convivencia con la familia y el internamiento directo. Sobre este tema solo puedo hablar de lo que conozco directamente. Me consta, por ejemplo, que en Alcázar de San Juan llevan años intentando conseguir un hospital de día, incluso asistí a una manifestación frente al esqueleto de la construcción que tenía ese propósito, pero que se paralizó por falta de fondos, recortes. En este sentido la Asociación Luz de la Mancha ha trabajado duro, durante mucho tiempo y sin resultados hasta el momento, parece ser que nunca hay dinero para la salud mental, como si fuera la última entre todas las necesidades, algo así como repartir caramelos en los colegios, no es importante y por lo tanto si no hay dinero lo primero que se suprime es el reparto de caramelos. Así deben de pensar los políticos y gestores de la Comunidad manchega. Al parecer, no lo tengo claro, porque no me he informado a fondo al no poder trabajar en ello ahora que estoy lejos de La Mancha, en el hospital de día no sólo se trata de atender al enfermo durante el día, como explicita el nombre, sino se trataría también de un hospital donde pudieran residir durante un tiempo breve los enfermos mentales que están sufrimiento una crisis o necesitan un periodo de tratamiento y observación. El evitar a enfermos que sufren una crisis grave en su enfermedad, la hospitalización por un tiempo prolongado, es importante y positivo. Conozco muy bien los efectos de los internamientos a largo plazo y me hubiera venido muy bien que en mis tiempos hubiera podido tener esta opción. Cuando estás sufriendo una ligera crisis, una depresión no muy profunda, el permanecer internado en un centro psiquiátrico durante mucho tiempo no puede decirse que te mejore. Al menos esa es mi experiencia. De la documentación que he visto parece que hay un consenso sobre que este tipo de hospitalización breve en el hospital de día no sólo es algo positivo sino que ahorra recursos económicos, lo mismo que, pongamos por caso, la medicación durante un tiempo es más barata que la operación en otras enfermedades. Pero como ya he dicho antes, no parece que haya hospitales de día allí donde se necesitan, sino más bien donde los políticos y gestores están más concienciados y la salud mental está más arriba en las prioridades económicas que el repartir caramelos en los colegios, en una metáfora un tanto cínica, lo reconozco, pero muy real. Me consta el enfado de los que luchan en esta batalla por la desidia de políticos y gestores, como si las personas con enfermedad mental no fueran un buen vivero de votos, como si ellos y sus familiares no votaran o fueran tan tontos que votarían a cualquier político que no prometiera ni realizara nada respecto a la salud mental, en lugar de a otros más preocupados. Recuerdo que en aquella ocasión, la manifestación por el hospital de día, tuve un intercambio de opiniones sobre el tema de la familia y los hospitales de día. Mi interlocutor sostenía que lo que pretendía el Estado era quitarse de encima el problema de la salud mental, cargando con ella a la familia, de esta forma no tendría que utilizar recursos económicos en este terreno mientras las familias se hicieran cargo de las personas con enfermedad mental. Teniendo en cuenta cómo funcionan los políticos y los gobiernos no es algo que haya que descartar a las primeras de cambio, pero mi opinión era que la familia era el entorno ideal para que una persona con enfermedad mental pudiera recibir apoyo y cariño, sin perjuicio de ser ayudadas por el Estado, económicamente y con todo tipo de apoyos de profesionales y terapeutas, de educadores en el trato con la persona con enfermedad mental, y con el apoyo, absolutamente necesario del Estado a la hora de proveer instalaciones y profesionales, hospitales de día y todo aquello que fuera necesario. En mi opinión, como enfermo mental, yo me sentiría mejor cuidado por mi familia que ingresado en un centro, por muy bueno que fuera. Si necesitas cariño, algo esencial para la persona con enfermedad mental, es lógico pensar que lo puedes obtener mejor de tus seres queridos que de desconocidos, por muy profesionales que sean. Por desgracia todos sabemos que muchas veces los familiares ni pueden ni quieren hacerse cargo de por vida de un enfermo mental. Es una carga demasiado pesada y la convivencia con el enfermo es tan difícil que a veces puede convertirse en un auténtico infierno. Pero estoy seguro de que esto cambiaría si los familiares tuvieran más apoyo, más seguimiento, si fueran informados sobre la enfermedad mental y la mejor forma de tratar al enfermo, si tuvieran más opciones que aguantar a un enfermo hasta que ya no es posible y entonces se le interna. Por mi experiencia con los familiares de personas con enfermedad mental en el blog, me consta, de primera mano, que una gran mayoría se sienten incapaces de afrontar la enfermedad mental de algún ser querido, no tienen información, no se les da, no tienen alicientes para buscar información porque muchas veces no la pueden comprender, no saben cómo tratar al enfermo, no tienen los apoyos necesarios para afrontar con un mínimo de garantía las diferentes etapas y crisis de la enfermedad. Si los familiares renuncian a seguir sufriendo la terrible convivencia con los enfermos, entonces sí el Estado debe hacerse cargo de ellos de la mejor forma posible, pero sigo pensando que una familia bien informada, con suficientes medios y apoyos, es la mejor ayuda para la persona con enfermedad mental.

-Abundando en esta opinión debo decir que cuando descubrí en una conferencia de la Asociación Luz de la Mancha, por un profesional, la existencia del Tratamiento asertivo comunitario, me pareció de perlas. El que un equipo de profesionales visitara al enfermo en su entorno familiar e hiciera un buen seguimiento, ayudándole sobre el terreno a superar sus dificultades, por ejemplo al ir a comprar a un supermercado, me pareció un gran avance. En aquel momento Bautista me dijo que aquel tratamiento no era tan novedoso como me parecía a mí. Me habló de los talleres ocupacionales en el centro psiquiátrico del que ya he hablado en esta serie de textos y que habían sido muy positivos para los enfermos. También me habló de los pisos tutelados donde varios enfermos convivían y tenían un seguimiento por profesionales y de cómo él se había puesto en contacto con familiares de enfermos y empezado con el asociacionismo familiar y las fundaciones. Eso lo vivió en primera persona, como me contó en su momento y que estoy reflejando en estos textos. Todo esto me pareció maravilloso. Por desgracia yo no pude disfrutar de estos avances en mis tiempos como enfermo mental. Me tocó la peor etapa y cuando se produjo la reforma y se pudo acceder a estas opciones, yo ya había decidido salir adelante por mi cuenta o morir en el intento. Mirando hacia atrás, para mí hubiera sido maravilloso poder tener un hospital de día para cuando comenzara a notar que entraba en crisis, o tener talleres ocupacionales donde ocupar mis manos y mi mente; aunque mi faceta de escritor me ayudó muchísimo el haberme podido ocuparme de otras cosas en un taller ocupacional y relacionarme con otros enfermos, habría sido muy positivo para mí. Y desde luego, para mis padres hubiera sido un gran alivio poder acudir a alguna asociación de familiares de personas con enfermedad mental y allí haber recibido un poco de información y de ayuda. Creo que ese es el buen camino y espero que con el tiempo y más recursos la sanidad mental pueda llegar a ser más efectiva y trabajar armonizando todas estas posibilidades. Familia, hospitales de día, Unidades de hospitalización Breve, Unidades de media estancia, Residencias de larga estancia, Centros de rehabilitación psicosocial y laboral, Centros especiales de empleo, Pisos supervisados y fundaciones de tutela y curatela, todas estas opciones, bien armonizadas, engranadas, con suficientes recursos económicos, podrían hacer la vida de las personas con enfermedad mental mucho más fácil, logrando una alta calidad de vida.

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VII-Estudios epidemiológicos en la sociedad y sus consecuencias.

Buscando en Google he encontrado documentación abundante. Todos los estudios realizados al respecto son interesantes, incluso los simplemente estadísticos, porque ayudan a comprender muchas características de la enfermedad mental que a algunos les podrían parecer irrelevantes si piensan que ésta nada tiene que ver con el entorno, la educación y otros muchos factores objetivos que pueden ser estudiados y catalogados.  La invisibilidad de la enfermedad mental tiene más que ver con ideas preconcebidas, tal como la estigmatización social, que con la objetividad de los hechos. Se puede saber a qué edad es más habitual que surjan los trastornos mentales, en qué entornos, qué causas más frecuentes los originan, cómo suelen evolucionar y qué tipo de medidas preventivas serían las más convenientes. Me ha sorprendido, por ejemplo, que solo un quinto de las personas que sufren algún tipo de enfermedad mental acuden al profesional y son diagnosticadas, es un dato que desconocía y que me parece estremecedor. Teniendo en cuenta la proporción de personas con enfermedad mental a nivel planetario, el hecho de que solo un quinto acudan al especialista y sean diagnosticadas es tan sorprendente como estremecedor. Estos estudios eran bastante insólitos en mis primeros tiempos como enfermo mental y hay que agradecer a la reforma psiquiátrica que los haya incentivado.

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VIII-CELEBRACIÓN DE JORNADAS Y CONGRESOS DE SALUD MENTAL CON APORTACIONES RICAS EN EXPERIENCIAS E  INVESTIGACIONES

Sobre esto Bautista sabe mucho, porque él mismo organizó algunas, me consta porque él mismo me ha regalado un voluminoso libro sobre las ponencias y estudios en una de estas jornadas que obra en mi poder. Algo que ha sido habitual en otro tipo de enfermedades ha tardado en ocurrir con la enfermedad mental. Vamos a la cola en este tren y esperemos que con el tiempo vayamos adelantando. Saber cómo se trata la enfermedad mental en otros países y las opiniones de profesionales con mucha experiencia en el tratamiento de personas con enfermedad mental es siempre aleccionador.

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IX-ESTUDIOS EN UNIVERSIDADES DE EE.UU DEMUESTRAN QUE EL COEFICIENTE INTELECTUAL Y DE CREATIVIDAD DE LAS PERSONAS CON ENFERMEDADES MENTALES ES SUPERIOR A LA NORMALIDAD, SI NO HUBIERA SIDO POR LA INTELIGENCIA Y LA CREATIVIDAD DE ESTAS PERSONAS, HOY ESTARÍAMOS 200 AÑOS MÁS ATRASADOS

Bautista es un claro defensor de la capacidad de las personas con enfermedad mental para aportar mucho a esta sociedad, no somos una carga, una rémora, un grupo social al que hay que dedicar muchos recursos y de los que no se puede esperar nada, salvo que se mueran pronto. Nuestra aportación a la sociedad es importante y a veces crucial. Buscando estas personas con enfermedad mental que hicieron grandes aportaciones a la sociedad, desde la literatura, el arte y la cultura a la ciencia más pragmática y puntera, me he encontrado con algunos claros ejemplos que iré tratando en la sección de Locos egregios del blog.

Isaac Newton: Ya conocía lo sorprendente de su personalidad tras haberme documentado y tras haber leído la novela histórica de Neal Stephenson “El ciclo barroco” donde Newton aparece como uno de sus personajes principales. Sus trastornos psicológicos eran claros, aunque puede ser complicado endilgarle etiquetas modernas. Era un misántropo y extremadamente difícil tratar con él, con un ánimo tan cambiante como ocurre en el enfermo bipolar, también parece que sufría crisis psicóticas severas cercanas a la esquizofrenia. Pues bien todos sabemos la increíble aportación a la ciencia que hizo este enfermo mental.

John Nash, el gran matemático, premio Nobel de economía 1994, fue diagnosticado como esquizofrénico paranoide a los 29 años, sufrió delirios y alucinaciones y estuvo internado en varias ocasiones. La película A beautiful min, ganadora de cuatro oscars, está basada en su vida a partir de la novela de Sylvia Nasar.

Kay Redfield Jamison. Doctora en psiquiatría que ha trabajado en el desorden bipolar, confiesa sufrir manías depresivas con episodios psicóticos. Ha sido  reconocida como mejor doctor en USA y se le ha concedido el premio héroe de la medicina de la revista Time.  https://en.wikipedia.org/wiki/Kay_Redfield_Jamison

Kurt Gödel, colega de Einstein, sufría de delirios persecutorios, vivía creyendo que alguien quería envenenarlo, solo comía lo que le preparaba su esposa y ella tenía que probar antes la comida. Tuvo un final terrible, murió de inanición porque su esposa fue ingresada durante un tiempo. Se le considera uno de los lógicos más importantes de todos los tiempos.  https://es.wikipedia.org/wiki/Kurt_G%C3%B6del

Nikola Tesla, el mayor inventor del siglo XX padecía TOC, trastorno obsesivo compulsivo, sufría fobia a los gérmenes, estaba obsesionado con el número 3 y otras manías enfermizas.  https://es.wikipedia.org/wiki/Nikola_Tesla

Podríamos seguir. Recordar que estas recapitulaciones de Bautista están basadas en una conferencia que dio sobre el 30 aniversario de la reforma psiquiátrica. Me permitió sacar una fotocopia del esquema que utilizó para esta conferencia que estoy utilizando para comentar desde mi punto de vista. También obra en mi poder una fotocopia de la entrevista que le realizaron, Bautista, el defensor de las personas con enfermedad mental, de la que entresaco la siguiente frase: “Se trataba de ponerse de su lado, pensar como él, sentir como él y ser partidario de sus propias alucinaciones para poder comprenderle”.

https://www.campodecriptana.info/reportajes/1186-bautista-sanchez-olivares

https://www.fundacionmadre.org/memorias/

XXX ANIVERSARIO DE LA REFORMA PSIQUIÁTRICA

SOMBRAS

1-INCUMPLIMIENTO DE LA PROMESA QUE SE HIZO DE UBICAR A TODOS AQUELLOS QUE SE VIERON FUERA DE LOS MANICOMIOS EN OTROS RECURSOS MÁS DEDICADOS A LA MEJORA Y ESTABILIDAD DE LOS AFECTADOS

Todos los pertenecientes a mi generación conocemos muy bien las consecuencias de aquella reforma psiquiátrica implementada sin los recursos necesarios para atender a todas aquellas personas con enfermedad mental que de pronto se vieron en la calle, muchos de ellos sin familias que se hicieran cargo de ellos tras haber pasado la mayor parte de su vida internados. Como suele ocurrir los políticos estaban más interesados en la imagen que en las consecuencias de poner en ejecución una ley sin reglamentos adecuados, sin presupuestos que permitieran que la ley no se quedara en papel mojado. La reforma era necesaria, imprescindible, diría yo, pero su implementación fue un desastre. En aquellos tiempos podían verse nuevos mendigos y sin techo pululando por las calles, que no eran otros que aquellos enfermos que carecían de familia o ésta no quería hacerse cargo de ellos, o los que tras toda una vida encerrados no eran capaces de buscar salidas a una situación repentina que les había arrojado a la calle sin medios ni apoyos para salir adelante. Estaban abocados a la mendicidad, a dormir donde pudieran, su nuevo hogar era un trozo de acera y unos cartones. Muchos dejaron de tomar medicación porque no estaban supervisados y nadie se preocupaba de saber si iban o no a los centros de salud o a cualquier centro donde les dieran la medicación y se preocuparan de que la tomaran. Cuando la enfermedad era muy grave, como la esquizofrenia, esta situación llevaba a brotes y crisis con las consecuencias de todos conocidos.

Bautista fue muy consciente de esta situación y de la necesidad de paliar, al menos, las consecuencias. Y se puso a la tarea, creando la Fundación Madre, con la ayuda de otras personas, no muchas, cuyos nombres no aparecen aquí porque no tengo su autorización. Con naturalidad me contó en nuestras conversaciones cómo lo logró. Yo estaba muy interesado en conocer los detalles porque sabía y sé de las dificultades de semejante tarea. El mismo redactó los estatutos de la fundación, buscando asesoramiento cuando era necesario. Por lo que fue mi trabajo toda la vida conozco bien lo imprescindible que resulta en estos temas afinar mucho para evitar problemas. Su sagacidad le hizo preverlos e intentar disminuirlos en lo posible, buscando incluso personas que por su profesión, relevancia social y conocimiento de la enfermedad mental, pudieran realizar una buena labor. También se preocupó de que él pudiera supervisar en todo momento las decisiones de la fundación. Y a partir de aquí se puso a la complicada tarea de conseguir fondos.

Recurrió a pintores amigos y desconocidos, con su amabilidad, ecuanimidad y capacidad para convencer, que tan bien conozco, logró que donaran algún cuadro para la fundación. Ésta comenzó a caminar, haciéndose cargo de tutelas y curatelas de enfermos que no tenían a nadie. Sé muy bien la enorme burocracia que supone todo esto, pues bien, él visitaba personalmente a los jueces, procurando apresurar en lo posible la tramitación. Las tutelas y los pisos tutelados fueron una gran labor de esta fundación. Pero no fue suficiente. Sin duda una de las grandes sombras de la reforma psiquiátrica fue el echar a la calle a muchos enfermos sin preocuparse de lo que fuera de ellos.

 

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IN MEMORIAM 11-M 2019

11 03 2019

15 ANIVERSARIO DEL 11-M

SIGO ESPERANDO QUE APAREZCA POR LA PUERTA

Me despierto sobresaltada. He escuchado un ruido. Alguien ha tropezado con algo. Me levanto de la cama y subo la persiana. Hoy es 11 de marzo. Hoy es el 15 aniversario de aquel terrible día. Sé que el ruido se ha producido en sueños, porque vivo sola, no tengo gato, ni perro, ni cualquier otra mascota. Aquel ruido que hizo mi marido aquel día fue algo insólito. Nunca me despertaba, era como un fantasma. A veces le tomaba el pelo. Cualquier día me va a dar algo, como se te vaya el pie, tropieces y me despiertes. Y aquel día ocurrió. Es un ruido que se repite todos los días al despertar. Aquel día me reí y le pedí un beso de despedida. El también se rió y me besó en la boca, alargando el beso más de la cuenta, como si esperara algo, como si temiera algo. Todas las mañanas al despertar espero que tras el ruido pueda sentir sus labios en mis labios. Pero nunca ocurre. Despierto, subo la persiana y es otro tiempo. Han pasado quince años y aún recuerdo lo detallista que era para los cumpleaños, no se le pasaba uno y siempre había un regalo especial para mí, también un desayuno especial o una cena especial, o una reserva especial en algún sitio. Han pasado quince años y mi vista se queda clavada en la puerta a la hora en que llegaba todas las tardes. Mi corazón se va a salir del pecho, oigo la llave en la cerradura y estoy a punto de levantarme para arrojarme en sus brazos. Entonces recuerdo. Han pasado quince años y sigo recordando. Se apellidaba y se llamaba igual que otro de los fallecidos, por eso a veces se olvidan de él, sólo lo recuerdan si suman las víctimas y falta una. Hasta en eso tuvo mala suerte. Pero yo no lo olvido. Yo nunca lo olvidaré.

HE PERDIDO MEMORIA

Los médicos me dicen que mi memoria ha perdido un setenta y cinco por ciento de su capacidad. Me han reconocido esa minusvalía. Pero hay algo que sigo recordando. Yo era guardia civil. Aquella mañana me había tomado solo un café porque no tenía tiempo. Sé que trabajaba en el SEPRONA y que iba en tren al trabajo como todos los días. Sí recuerdo que aquella mañana me cambié de vagón porque vi a un compañero. Fue un extraño toque del destino. Nunca veía a compañeros en otros vagones, pero aquella mañana sí vi a uno y eso me salvó la vida. Sé que me jubilaron a los 36 años. Y aunque he perdido un setenta y cinco por ciento de memoria todavía recuerdo cómo tras la explosión intenté sacar a gente del vagón. Cuatro se me murieron en los brazos. Pude recoger su último aliento, pero ni siquiera tuve tiempo para desearles un buen viaje al más allá. Ustedes no saben lo que es eso. No es lo mismo que tener un gatito muerto en los brazos, atropellado por un coche o mordido por un perro. No es lo mismo que recoger el último suspiro de un animal envenenado a disparado por un furtivo. Hay algo más. Arrancamos los asientos y los utilizamos de camilla. No saben lo que es contemplar los ojos abiertos de los muertos, el silencio de los heridos que trasportábamos, el sonido infernal de los móviles. Ustedes no pueden saber lo que es eso. Una semana más tarde me destinaron al País Vasco, luego me jubilaron. Hay mañanas en las que no quiero levantarme. No tengo nada que hacer y aunque he perdido la memoria siempre recordaré lo ocurrido aquel 15 de marzo, hace ya quince años. Por suerte tengo a mis perros. Me obligan a levantarme de la cama. No sé cómo lo saben, pero conocen la hora de levantarse. Me pueden dejar media hora, si me ven muy mal, pero luego comienzan a lamerme y a mordisquearme. Uno me lame la cara y la cabeza y el otro mordisquea los dedos de los pies. Me veo obligado a levantarme. Sobre todo si me hacen cosquillas. Me quieren mucho y yo les quiero a ellos. No hubiera podido soportarlo sin su cariño. He perdido mucha memoria, pero hay algo que siempre recordaré. Hoy se cumplen quince años. Lo peor de todo era sentirme culpable de seguir vivo. Hoy lo llevo mejor, aunque no dejo de preguntarme por qué me eligió el destino para cambiarme de vagón.

CREÍ QUE ESTABA MUERTO

Llevaba pocos meses en Madrid. Aquella mañana tenía mucho sueño. Me senté abrazado a mi mochila. Temía perderla. La explosión fue como si todo el universo reventara. También reventaron mis tímpanos. No sé cómo llegué al suelo. Creí que estaba muerto. Tenía que estarlo. No era capaz de levantarme y tras aquella explosión todos en el tren deberíamos estar muertos, incluso en la estación, en el país, en el universo. Tras una explosión así todos deben de estar muertos. Me toqué el pecho y noté mi corazón galopando. Estaba vivo. No podía creerlo pero estaba vivo. Durante meses tuve problemas con los vecinos porque según ellos ponía el televisor muy alto. Puede que fuera cierto pero a mí me costaba escuchar las noticias. Tardé tres meses en cobrar el paro y a mis hijos les he prohibido subir en tren. No puedo escuchar el pitido de un tren, me vuelvo loco, por eso me mantengo alejado de las estaciones y de las vías del tren. Pero lo más duro de todo, algo que nunca olvidaré, fue escuchar los gritos de algunos heridos que no conseguían encontrar sus piernas. Recuerdo que entonces me dije que así era la muerte y no sé si me pareció mejor o peor de lo que yo había imaginado.

EL ESCRITOR AFICIONADO

Aquel día se levantó de la cama con dificultad. Le costaba levantarse de la cama ahora que estaba jubilado y vivía solo tras el divorcio. Su gatito Zapi permanecía acurrucado sobre su mano extendida y no parecía tener prisa por saltar de la cama y maullar para que le abriera la puerta o la ventana. Los dos estaban tan a gusto que le costó levantarse. Debía de ser ya muy tarde. Y lo era, las once de la mañana. Le abrió la puerta y se fue al servicio. Encendió el móvil y pudo ver la fecha. Once de marzo. 11-M. Las noticias decían que hoy era el quince aniversario de aquel terrible día. Prometí escribir tantas historias como víctimas, incluso algunas más sobre supervivientes, pero han pasado quince años y he sido incapaz. Tengo recopilada bastante información sobre fallecidos y supervivientes, pero me cuesta ponerme a ello, es como si yo mismo hubiera estado en aquellos trenes. Pero esta mañana tengo que escribir alguna historia, aunque me cueste, aunque me queden mal, porque no se trata de quedar bien o mal, se trata de recordar a víctimas inocentes, elegidos como corderos propiciatorios ante el altar del terrorismo, sacrificados a dioses de sangre para conseguir cualquier fin. No hay buen fin cuando se sacrifica ante el altar de los dioses de sangre. Todos son fines abyectos. Han pasado quince años y los terroristas siguen matando y los políticos siguen utilizando a las víctimas para sus fines. No hay buen fin cuando se sacrifica a víctimas inocentes en el altar de los sacrificios de dioses sangrientos, ni cuando se recoge esa sangre y esa carne y se quiere utilizar para llenar urnas con nombres y siglas. El fin no justifica los medios. Maquiavelo no tenía razón, los políticos no tienen razón, los terroristas no tienen razón. Nadie que derrame la sangre de su hermano tiene razón. Pero eso no es suficiente. Quitarles la razón no es suficiente. Llorar por ellos después de quince años no es suficiente. Hay que hacer algo más. El escritor aficionado encendió el ordenador y se puso a escribir sobre aquellos hermanos sacrificados por nada. Notó sus ojos húmedos mientras observaba a su gatito jugar en el jardín. Todos sus problemas y sufrimientos se diluyeron. Estaba vivo y podía escribir. Hoy es el 11-M. Hoy es el quince aniversario del 11-M. No lo olvides. Aunque pases un mal día.





EL BUNKER V

9 03 2019

SEGUNDA PARTE

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LA FUGA DE LOGAN-PRIMERA PARTE- LA NEGACIÓN

Quienes hayan visto este clásico del cine o leído la novela de William F. Nolan y George Clayton Johnson saben muy bien de qué estoy hablando. Para quienes desconozcan esta historia es preciso hacer una breve sinopsis.

Logan vive en una ciudad-cúpula de la que nadie puede salir. La acción se sitúa en un hipotético futuro. La vida es casi perfecta o…casi. Los habitantes deben morir muy jóvenes, porque la sociedad no tiene medios ni logística para soportar la superpoblación o el envejecimiento de sus habitantes.

A pesar de verse obligados a morir jóvenes, todo el mundo parece muy contento. Es curioso. Claro que hay una explicación. Los muertos se reencarnan y comienzan a vivir de nuevo esos treinta años –según creo recordar- que se autoriza a vivir a la población. No importa morir si luego te reencarnas una y otra vez para vivir en la misma ciudad maravillosa, disfrutando de una vida placentera.

Claro que hay algo que no encaja. ¿Cómo saben que se van a reencarnar? ¿Qué pruebas tienen de ello? En este punto es donde comienza la intriga de la película. Al llegar al límite de edad, una extraña lucecita que llevan injertada en la palma de la mano pasa a rojo. Ahora saben que ha llegado el momento de participar en una agradable ceremonia, un ritual alegre y divertido, la rueda de la reencarnación. Las manos se unen y todos comienzan a dar vueltas en el aire. Por supuesto que son destruidos, pero eso no importa, porque todos creen a pies juntillas en la reencarnación.

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Nuestro protagonista, Logan, ha disfrutado de esa maravillosa vida reservada a los residentes en la ciudad cúpula. Ahora ha cumplido los treinta años y la lucecita de la palma de su mano pasa a rojo. Debe participar en la rueda y esperar la reencarnación. Es entonces cuando comienza a plantearse algunas preguntas. La vida muelle que ha llevado hasta ahora carece de sentido si tiene que morir. Investiga y descubre verdades muy dolorosas. Descubre que les han engañado, les han mentido. Todo es una farsa. Nadie vuelve a renacer. Quien muere bien muerto está. Aún hay algo mucho más terrible. En realidad la rueda de la reencarnación tiene otro fin mucho más terrible y repugnante. Con los cuerpos de los fallecidos se fabricarán alimentos y otros productos necesarios para la supervivencia de sus habitantes.

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¿Será verdad que el mundo exterior es inhabitable y que allí nadie puede sobrevivir como les han enseñado desde su nacimiento? Logan no solo es un habitante de la ciudad, también forma parte de sus cuerpos de seguridad que se dedican a perseguir a los fugados, a quienes huyen de la rueda porque no creen en esa farsa. Antes era policía y ahora se transforma en fugitivo.

El final de la historia no viene a cuento y tampoco tendría sentido que profundizara en algunos detalles de la misma. Lo que me interesa es recalcar el engaño en el que ha vivido el protagonista, cómo creía a pies juntillas en aparentes verdades que nunca fueron probadas. Cómo al principio se niega a aceptar la verdad que va descubriendo e intenta continuar con su vida hasta donde sea preciso. Cómo luego se ve obligado a doblegar su creencia ante la realidad incontrovertible.

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Nuestro Logan particular, el protagonista de esta historia, de esta parábola del bunker, tiene muchos puntos de contacto con el protagonista de la película. Pero sigamos desde donde nos habíamos quedado. Es una historia tan larga como la vida misma, incluso más.

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Si a nuestro hombre no le hubiera vuelto a suceder aquello, es decir, descubrir un intruso dentro de su bunker, que él creía inexpugnable, nada de lo que va a suceder sería posible. Un simple hecho, aunque sea milagroso, se oculta y esconde en el fondo de nuestro subconsciente, para que no de la lata. Sin embargo cuando el hecho se repite una y otra vez, un día y otro, entonces te ves inmerso, de pronto, en la primera etapa de la fuga de Logan: la negación.

Nuestro Logan regresó aquella noche a la cama, se volvió a dormir, y al día siguiente ya había olvidado lo ocurrido. Pero para su desgracia uno no puede estar huyendo para siempre de la realidad, ni puedes evitar mirarte al espejo alguna vez. Puede que aquella experiencia no se repitiera al día siguiente o dentro de una semana o dos o un mes o tal vez un año o dos. Sin embargo era preciso que se volviera a repetir… y así ocurrió.

Aunque ha intentado dormir todas las noches de un tirón, aunque se ha tomado somníferos y aunque se haya tapado los oídos con tapones y escondido la mirada, hundiendo la cara en la almohada, una determinada noche en un tiempo inconcreto Logan se levantó de la cama para ir al baño o a donde fuera. Volvió a escuchar al intruso o a los intrusos moviéndose por la casa y haciendo ruido. Aunque su voluntad pugnó por llevarle de nuevo al lecho y olvidar, su curiosidad pudo más.

Bajó por las escaleras hasta el salón y allí estaba de nuevo el intruso. Puede que no fuera el mismo. En realidad Logan no llegó a verle muy bien la primera vez, algo que tal vez hiciera adrede para no verse obligado a afrontar la realidad de las cosas. Ni siquiera podría decir si era hombre o mujer, anciano o niño. Tal vez fuera solo una sombra. Sin embargo ahora quiere cerciorarse, su curiosidad puede más que su miedo, y se acerca, con precaución, sin hacer ruido, tratando de pasar desapercibido, pero se acerca.

El intruso está sentado tranquilamente en “su” sofá, viendo en “su” televisión, comiéndose “sus” patatas fritas y bebiendo “su” cerveza. Por si esto fuera poco. Logan descubre, pasmado, que está viendo uno de sus vídeos familiares. Allí aparece su esposa, sus hijos, sus suegros, sus amigos, y algunas personas más. Es una fiesta de cumpleaños de su hija pequeña. Podría aceptar, a regañadientes, que el intruso le viera a él solo, incluso desnudo y haciendo el payaso, en el video que grabó para su esposa, como juego erótico. Pero no puede aceptar que el intruso esté viendo escenas familiares que afectan a sus seres queridos. No, eso no. Hasta ahí podríamos llegar. Llamará a la empresa de seguridad que le instaló el sistema infalible y perfecto, a prueba de intrusos, les pedirá explicaciones, les obligará a devolver su dinero y luego buscará otra empresa más fiable.

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