LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XI

22 09 2016

 

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN XI

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EL TONAL Y EL NAGUAL

Dentro de la filosofía chamánica de Castaneda, de las enseñanzas de don Juan, estos conceptos tal vez sean los más profundos y también los más misteriosos e inextricables. La dualidad forma parte de todas las filosofías esotéricas conocidas, de todas las filosofías orientales, de la vida misma. El día y la noche, lo femenino y lo masculino, la vida y la muerte, el bien y el mal, son caras de la misma moneda, la totalidad de la existencia. Sin embargo nunca encontré un concepto tan amplio, tan profundo y a la vez tan misterioso.

¿Qué es el tonal?

“Nuestro ser total consiste en dos segmentos perceptibles. El primero es nuestro cuerpo físico que todos podemos percibir; el segundo es el cuerpo luminoso, es un capullo que solo los videntes pueden percibir y que nos da la apariencia de gigantes huevos luminosos”.

El Don del Águila

Carlos Castaneda

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En el budismo se habla de diversos cuerpos hasta llegar al cuerpo causal o alma, que de alguna manera se relacionan con los siete chakras más importantes. La simplificación que hace la filosofía chamánica de don Juan va más allá de cuerpos y entidades, es un dualismo global y totalizador. Aunque la definición de arriba parece concretar el tonal en el cuerpo físico, en otros párrafos de otros libros se matiza mucho más esta definición. Así en Relatos de poder don Juan habla de la isla del tonal, una isla en medio de un océano infinito que sería el mundo invisible. El tonal sería entonces todo el mundo visible, no solo el cuerpo físico sino todo aquello que el cuerpo físico puede percibir y que está unido de alguna manera, que está vinculado con el resto del mundo material. La isla del tonal es tan extensa como el Cosmos físico, como el universo, es decir se podría decir que también es infinita, pero nada en comparación con el universo infinito del nagual.

No he encontrado vinculaciones de este concepto con otros también duales como la conciencia del lado derecho y la conciencia del lado izquierdo, aunque parece que es la conciencia del lado derecho la que percibiría el tonal y la del lado izquierdo el nagual. En cuanto a las atenciones, parece que la primera atención estaría fijada a la isla del tonal mientras que las otras dos formarían parte de la percepción del nagual. Según se expresa don Juan ambos mundos estarían separados por un abismo infranqueable, o mejor dicho, se comunicarían por una puerta que el guerrero cierra al pasar al otro lado y su conciencia ya no puede retener lo que dejó atrás. Sería algo parecido al mundo de los sueños y el de la vigilia, ambos parecen incompatibles, si sueñas no estás despierto y si estás despierto no sueñas, pero no es exactamente así, puesto que don Juan habla de que un guerrero debe ensoñar despierto, es decir, debe mantenerse consciente en ambos mundos a la vez. En cambio cuando uno pasa del tonal al nagual la puerta se cierra y la memoria y la consciencia del tonal desaparecen. Hay una gran diferencia entre el guerrero que ensueña en estado de vigilia y el guerrero que pasa del tonal al nagual o del nagual al tonal, éste último concepto parece estar relacionado con la figura del doble. Un guerrero nunca sabe dónde está su doble ni lo que está haciendo, y sin embargo el doble, según don Juan se ha creado en el mundo del ensueño. Parece existir una cierta contradicción porque si un guerrero puede y debe ensoñar en estado de vigilia debería ser consciente de lo que hace su doble. Esto solo se explica si consideramos que aunque el doble haya sido creando mediante un largo trabajo en el mundo del ensueño, una vez creado formaría ya parte del nagual y por lo tanto nunca podría estar bajo el control del tonal.

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En la isla del tonal estaría todo lo existente en el mundo físico, incluso aquello que no conocemos y que aún es un misterio para nosotros. Estarían nuestros cuerpos físicos y todo aquello que ellos pueden percibir y con lo que están vinculados. Nuestro cuerpo físico puede percibir otros cuerpos físicos, las cosas materiales que nos rodean, todo el universo físico, aunque aún no haya sido descubierto y percibido por nuestros sentidos. Las reglas del tonal serían las reglas que gobiernan el mundo de la materia, el universo físico. Estaríamos sujetos a ellas y no podríamos quebrantarlas de ninguna forma. Cuando pasamos al nagual, cuando atravesamos la puerta, ésta se cierra y lo que es el tonal, lo que somos en el tonal, lo que hacemos allí, queda al otro lado, separado por un abismo infranqueable. De esta manera un guerrero no recuerda lo que es y lo que hizo en el tonal estando en el nagual y a su vez no recuerda lo que es y lo que hizo en el tonal cuando está en el nagual.

Apurando mucho la comparación podríamos decir que el tonal sería la materia y el nagual la antimateria y lo mismo que cuando ambas, materia y antimateria, se tocan en el mundo físico se produciría una terrible explosión desintegradora, cuando el  tonal y el nagual se encuentran el nagual podría producir la muerte del tonal, como se lo dice expresamente don Juan a Castaneda. Cuando un guerrero no tiene suficiente poder el encuentro con el nagual puede producirle la muerte, es por eso que Castaneda es preparado tan meticulosamente para este momento, don Juan lo prepara desde el tonal y don Genero desde el nagual, a través de experiencias tan demoledoras que Castaneda debe ser rescatado varias veces de una muerte segura.

Mis conocimientos de física son muy pobres pero creo que hay una cierta conexión entre estos conceptos y los de materia y antimateria o materia y materia oscura. Parece que ambas no pueden convivir, cuando se encuentran se produce la explosión demoledora. Es por eso que Castaneda no puede abrazar a don Genero cuando éste es el nagual, está en el mundo del nagual. Ambos, siempre tan divertidos, con un sentido del humor verdaderamente terrorífico, le gastan bromas a Castaneda. En una ocasión, tras haber presenciado las increíbles proezas de don Genaro como nagual don Juan le toma el pelo y le dice que abrace a don Genaro, Castaneda se queda paralizado después de haber escuchado que no se puede abrazar al nagual y sin embargo consigue abrazarle, está claro que don Genaro en forma de nagual ha desaparecido y ahora es don Genaro en forma de tonal a quien sí puede abrazar como podría hacerlo con cualquier otro cuerpo físico.

No he conseguido diferenciar muy bien los conceptos de nagual y de doble. Tampoco Castaneda puede abrazar al doble de don Genaro, pero don Juan es muy cuidadoso a la hora de diferenciar cuándo está actuando el doble de don Genaro y cuándo éste es el nagual. Me gustaría pensar que el tonal es el cuerpo físico y el nagual el cuerpo astral, lo mismo que el doble, existiría un cuerpo físico que somos nosotros en el mundo material y un cuerpo astral, que sale del físico y se convierte en nuestro doble. El cuerpo astral es invisible al ojo humano y no puede ser abrazado por un cuerpo físico. Nuestro cuerpo físico se mueve en la isla del tonal, sujeto a las reglas que existen en el tonal, y de la misma manera que no conoce toda la isla el nagual sería el cuerpo astral que se mueve sujeto a las normas que existen en el mundo del nagual y que tampoco conoce todo el universo nagual. Pero como veremos en la filosofía chamánica los conceptos de tonal y nagual no son equiparables a cuerpo físico y cuerpo astral y el concepto del doble es tan misterioso que no se consigue distinguirlo del nagual y don Juan no da ninguna explicación en este sentido.

 

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El paso del uno al otro es tan complejo que don Juan lo describe en largas parrafadas muy matizadas. Para conseguir pasar del tonal al nagual un guerrero debe seguir un duro aprendizaje en el que participan un maestro, que es el que se encarga de todo lo referente al tonal y que en el caso de Castaneda es don Juan y un benefactor que se ocupa de todo lo referente al nagual, que en este caso es don Genaro. El aprendiz suele llevarse muy bien con el maestro que se encarga de su tonal pero siente un terror indescriptible ante su benefactor.  Es lo que le ocurre a Castaneda quien tiene una relación muy fluida con don Juan y en cambio siente pánico, “se va por la pata abajo”, cuando aparece don Genaro. Cuando Carlos pregunta ambos, don Juan y don Genaro, no tienen inconveniente en hablar de ello. Si bien con un discípulo concreto no pueden actuar a la vez como maestro y benefactor, de ahí que ambos se intercambien papeles con sus discípulos, si don Juan es maestro con Castaneda es benefactor con Eligio, discípulo de don Genaro, de quien éste es maestro. La explicación de por qué no pueden ser las dos cosas a la vez con un mismo discípulo y sin embargo sí son capaces de actuar como maestros y benefactores con diferentes discípulos no está muy clara, imagino que no puedes ser amigo y maestro de alguien y al mismo tiempo ser una figura terrorífica para él.

Pero vayamos a un importante párrafo en el que don Juan explica cómo un guerrero debe trabajar el tonal, limpiar la isla del tonal, para que el surgimiento del nagual no acabe con él. Este es el párrafo:

“Al comienzo uno tiene que hablarle al tonal. El tonal es el que debe ceder el control. Pero hay que hacerlo que lo ceda con alegría. Por ejemplo, tu tonal ha cedido algunos controles sin mucho forcejeo, porque se hizo claro que de seguir como estaba la totalidad de ti estaría muerta hoy en día. En otras palabras, se hace que el tonal abandone cosas innecesarias como el sentirse importante y el entregarse al vicio, los cuales solo lo hunden en el aburrimiento. Todo el problema es que el tonal se aferra a esas cosas cuando debería dar las gracias por librarse de esa porquería. La tarea es entonces convencer al tonal de que se haga libre y fluido. Eso es lo que un brujo necesita antes que cualquier cosa; un tonal fuerte y libre. Mientras más se fortalece, menos se aferra a sus hechos y más fácil resulta encogerle”.

Este último concepto “encoger el tonal” es de una extremada importancia en la iniciación al nagual que lleva a cabo el benefactor.  No es otra cosa, como veremos en otro párrafo, que recibir el correspondiente “susto” que hace que nuestra razón, nuestra lógica, nuestra mente cuadriculada, se encojan, amedrentadas ante lo que se les viene encima, y dejen el control, el mando al nagual. Estos “sustos” no son otra cosa que las experiencias terribles de la vida, al menos así las consideramos nosotros.  Perder a un ser querido es uno de esos sustos, o sufrir un grave accidente que erosiona gravemente nuestro cuerpo físico y cambia nuestra vida, o perder un trabajo cuando habíamos cimentado todo nuestro futuro en él, o entregarnos a una relación de pareja con tal pasión y abandono que cuando se produce la ruptura y la perdemos tenemos la sensación de haberlo perdido todo. Es por eso y no por otra cosa que un guerrero debe ser impecable, debe alcanzar el desapego más absoluto, debe perder toda su importancia personal y debe dejar de entregarse al “vicio”, un concepto muy llamativo y divertido de don Juan. Éste le dice repetidas veces a Castaneda que deje de entregarse al vicio cuando quiere racionalizarlo todo, cuadricularlo, cuando necesita explicarse todo, absolutamente todo lo que le sucede,  cuando se siente un desgraciado porque no consigue ser un buen guerrero y las cosas mundanas le preocupan, cuando tiene dudas, cuando mira hacia el pasado, cuando quiere a toda costa aferrarse a su mundo anterior, a lo que él era antes de conocer a don Juan e iniciar el camino del guerrero. Este entregarse al vicio es el gran obstáculo del guerrero cuando se enfrenta con el nagual y es por eso que debe limpiar la isla del tonal, perder la importancia personal, alcanzar el desapego absoluto, porque cuando llegue el “susto”, un acontecimiento de la vida que va a desmantelar toda la cuadrícula que tan trabajosamente él se había creado, el encuentro con el nagual, al encogerse el tonal, le puede producir la muerte.

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Este encogimiento del tonal y la aparición del nagual se podría comparar a lo que sucede cuando un cántaro es llenado de diferentes líquidos, agua, vino, aceite, etc cada uno tiene sus propiedades y se comporta de forma diferente, pero todos caben en el cántaro, es algo natural. Sin embargo la aparición del nagual sería como si ese cántaro fuera vaciado del líquido que contiene –encogimiento del tonal- y en ese vacío limitado pretendiera introducirse todo el universo infinito. Tan solo imaginar lo que podría suceder pone los pelos de punta, el cántaro, nosotros, saltaríamos en pedazos infinitos ante una fuerza tan poderosa. El nagual no puede aparecer a pedacitos, dando pequeños “sustitos”, cuando aparece lo hace en toda su inmensidad infinita, con todo su poder. De ahí que un guerrero necesite ser impecable, no estar apegado a nada, ni entregarse a sus vicios, porque todo eso hace que el cántaro sea limitado y toda limitación podría producir la muerte del guerrero al entrar el nagual con toda su fuerza infinita.  Es por eso que el guerrero debe ser impecable y flexible, desapegado, humilde, no porque de esa manera le van a ir mejor las cosas en la vida, va a ganar muchas batallas y alcanzar mucho poder, sino porque la meta de un guerrero es la libertad y solo se puede ser libre en el nagual, fuera de la limitada isla del tonal.  Un guerrero se prepara y lucha toda su vida para alcanzar la libertad, la verdadera libertad, no para que la vida le vaya bien o para ganar muchas batallas frente a muchos enemigos y sentirse fuerte, y para ello debe alcanzar el nagual. No hay otra salida, a pesar del pánico, del terror que provoca esta experiencia.

Este tema es tan importante que le voy a dedicar varios capítulos, pero antes de finalizar éste me gustaría hacer una disquisición comparando lo que le sucede al guerrero que se enfrenta al nagual de lo que le ocurre al enfermo mental. Resulta curioso cómo hay muchas cosas en común. En realidad un enfermo mental no es otra cosa que un aprendiz de guerrero que  carece de maestro de tonal, de benefactor, de preparación, que no ha limpiado la isla del tonal, que está apegado a demasiadas cosas, que no ha perdido la importancia personal, al contrario es excesiva, desmesurada, que no es humilde, que se entrega constantemente a sus numerosos vicios. Cuando un aprendiz de guerrero con estas limitaciones, estos terribles defectos, se enfrenta al nagual lo menos que puede pasarle es que se vaya por la pata abajo. Resulta muy divertida la anécdota que le cuenta don Juan a Castaneda cuando éste le pregunta por la razón de que le tenga tanto miedo a don Genaro. Al parecer don Juan dejó, por despiste, su sombrero en casa de don Genaro y cuando Eligio, el aprendiz de don Genaro, entró a la casa y lo vio se fue “por la pata abajo”. No sabemos muy bien si esta expresión es metafórica o real, pero sí sabemos lo que Castaneda nos cuenta al respecto sobre su miedo a don Genaro, dice literalmente “que se le aflojaba el vientre”  y en más de una ocasión tras alguna experiencia con don Genaro, como benefactor que intenta introducirle al nagual, tiene que esconderse tras unos arbustos, todos imaginamos a qué.

Una de las características más llamativas de una persona con enfermedad mental es ese miedo constante, erosionante, implacable, que nos hace andar por la vida como pisando huevos, en expresión que me gusta mucho emplear cuando hablo de la forma de caminar por la vida de un enfermo mental. Tenemos miedo de todo, de lo que nos ha pasado, de lo que nos está ocurriendo en este momento, de lo que nos pasará mañana. Nos dan miedo las otras personas, nos da miedo el tiempo, viajar o quedarnos en un mismo lugar, nos da miedo intentar sobrevivir y nos da miedo entregarnos. Una de las experiencias más tristes que puede vivir una persona es sentir muy de cerca ese miedo de una persona con enfermedad mental, es contagioso, es descorazonador, se nos cae el alma a los pies. En realidad estamos presenciando el terror que sentiría un guerrero mal preparado ante la llega del nagual.

No es de extrañar que el brote o el afloramiento de muchas enfermedades mentales se produzca cuando el futuro enfermo acaba de sufrir un “susto” una experiencia terrible, dramática en su vida. Así hay personas que caen en una profunda depresión de la que ya nunca salen cuando se muere un ser querido al que estaban muy unidos. Otras, que se creían incombustibles, se vienen abajo tan solo con perder un trabajo en el que habían puesto todas sus esperanzas. Hay quienes ya nunca son los mismos tras una ruptura sentimental  y su deterioro acaba por convertirles en auténticos enfermos mentales. Es el famoso susto que encoge el tonal y cuando el nagual aparece con todo su terrorífico poder el guerrero no preparado sucumbe. No es de extrañar que las personas con enfermedad mental no dejemos de hablar de la muerte que parece presidir nuestras vidas, es como buscar una salida para que el nagual no nos destroce, es como abrir un agujero en el cántaro para que la entrada del nagual tenga una salida, aunque sea pequeña, a su infinitud. Los enfermos mentales deseamos morir para librarnos de la angustia y el sufrimiento infinitos que no son otra cosa que la aparición del nagual en la vida de un aprendiz de guerrero que no ha limpiado su isla del tonal y se encuentra con que sus apegos, su desmesurada importancia personal, ese entregarse cada momento del día a sus vicios, le llevan a no poder soportar el encuentro con el nagual y a desear la muerte como una liberación.

Como veo que esta disquisición da para mucho voy a terminar este capítulo y seguiremos en el siguiente.

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LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XVI

18 09 2016

 

LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XVI

LA RECAPITULACIÓN DE BAUTISTA

Aunque he recibido permiso expreso de Bautista para escribir estas historias he procurado en todo momento ser muy discreto sobre su vida personal y lo seguiré siendo. Soy muy consciente de que mi caso es excepcional, lo he perdido todo, nada tengo que perder y puedo permitirme el lujazo de hablar de mi vida privada, íntima, con absoluta sinceridad, sin el menor miedo y sin la menor duda. Aún así procuro que al hablar de mí no hacerlo de otras personas que forman parte de mi vida o han formado parte de ella, salvo que su intervención en mi vida sea de tal calibre que no hablar de ello, al menos mencionarlo, sería como recortar o podar buena parte de mi vida, algo a lo que no estoy dispuesto porque nunca he sido masoquista y cortarme extremidades o seccionar órganos internos no es lo mío. Aunque mi filosofía budista no me permite decir sin más que mi vida es mía y hago con ella lo que quiero mi condición de guerrero impecable sí me permite mencionar la influencia que otras personas tienen en ella y asumir todas y cada una de las consecuencias con absoluta impecabilidad. En mi diario personal de enfermo mental apenas menciono a otras personas y casi siempre con iniciales. Eso hace que algunas cuestiones personales no sean del todo entendibles pero prefiero que sea así a involucrar a terceras personas, salvo, como he dicho que sea absolutamente imprescindible para entenderme a mí. Así en el diario no menciono a enfermos mentales con los que tengo actualmente una relación muy estrecha, salvo alguna excepción en que resulta necesario mencionar algo y procuro utilizar siempre las iniciales. Es por eso que en mi relación con Bautista debo podar experiencias que podrían desvelar alguna de sus intimidades que no procede salgan a la luz. Aún así debo decir que ha pasado una etapa difícil en algunos aspectos y que su vida de jubilado no es tan vaga y bonancible como la mía. Es una de esas personas que cuando se jubilan no puede estarse quieto, sentado mirando las “apabardas” como hago yo sin el menor remordimiento. Cuida de su numerosa familia en todos los aspectos, sigue en la brecha de la lucha por el enfermo mental, aunque ahora sin cargos, y sigue ocupándose de su granja de animalitos, de su viña (estará a punto de iniciar la vendimia) y de un montón de cuestiones que yo ni me plantearía como jubilado. Hay otras cuestiones que influyen en su salud que no quiero mencionar. A pesar de todo ello aún tiene tiempo para dejarse entrevistar –con dificultad, porque es muy humilde- y para hacer una recapitulación sobre la evolución de la enfermedad mental en España. Ha tenido el detalle de pasarme la entrevista que le hicieron como “gran hermano”, como le llamo yo de todos los enfermos mentales y las notas que tomó para hacer la recapitulación que es objeto de este capítulo.

A pesar de que estando jubilado deberíamos habernos visto con más frecuencia, ha ocurrido al revés, debido sobre todo a lo muy ocupado que he estado tras mi jubilación, arreglando asuntos de diversa índole, viajando para encontrar mi paisaje y mi casita y haciendo la mudanza en mi propio coche en algunos viajes un tanto pesados pero que llevo muy bien porque me encanta conducir. Por fin ahora se ha terminado. Uno de los hijos de Bautista, un chaval tan amable como trabajador, tanto o más que su padre, aceptó traerme lo que restaba de mis pertenencias en su furgón. Eso me ha permitido dar por finalizada una etapa. He podido entregar las llaves del apartamento y asentarme de una vez por todas en Soria. Aunque Bautista es muy discreto, especialmente con los enfermos mentales, intuyo que ha sufrido un poco al verme partir lejos y saber que voy a estar solo en una casita en un lugar montañoso, especialmente agreste en invierno. El me había hablado del balneario de Tus, en Albacete, un lugar donde estuve unos días con él y su mujer hace ya algún tiempo. Es un lugar increíble para ser manchego, una media montaña con mucho verde que me sorprendió, como la provincia de Albacete, de la que tenía una idea equivocada, algo así como un erial seco y tan plano como una moneda. Me gustó mucho el lugar pero no quise aceptar su ofrecimiento de buscarme una casita, cerca de un matrimonio amigo, el marido profesor de yoga, experto en yerbas y terapeuta alternativo. Llevan allí instalados y hubiera sido agradable tener cerca algún amigo, además de estar bastante más cerca de Bautista que desde Soria. Mi idea era distinta, quería alta montaña, un paisaje del norte, frío, invernal, un lugar relativamente solitario y una casa con jardín, huerta y mis mascotas. Tras el rotundo fracaso de mis estrategias ya había previsto que hasta mi muerte iba a ser una especie de monje solitario, dedicado a mis cosas. Deseaba estar solo, que no me molestaran vecinos, olvidarme para siempre del calor, disfrutar del frío, de la nieve, de la montaña cercana, de mi perrito y gatito, como pensaba entonces, y caminar hacia mi última danza con la muerte en un lugar y en unas circunstancias que fueran las que yo había deseado siempre. Por desgracia mi gran sueño, la casa de mis abuelos, su pueblo, en la zona de los Picos de Europa, ya fue descartado hace años debido a mi enfermedad mental y sus consecuencias familiares y de todo tipo. Aquel era el paisaje de mi vida pero había demasiada gente que me conocía, demasiados familiares, demasiados problemas para alguien como yo que deseaba estar solo, tranquilo y sin que nadie me recordara a cada paso lo que había sido mi vida. Así que éste es mejor lugar que encontré, de nuevo el plan B adueñándose de mi vida. Intuyo que a Bautista le habría gustado más que yo me quedara en Tús, estaría más acompañado por sus amigos, no me sentiría tan solo, nos podríamos ver con más frecuencia y ambos compartiríamos la última etapa de la vida, que siempre suele ser más solitaria y achacosa que la anterior. Sin embargo no dijo nada, como tampoco lo hizo, actuando con mucha discreción cuando le hablé de la posibilidad de irme a vivir a México, donde residía una gran amiga que me contactó a través del blog por ser familiar de un enfermo mental. A pesar de no conocernos entre los dos surgió algo importante. Yo estaba dispuesto a dar el paso, no sin antes actuar con prudencia y conocer el entorno a donde pensaba ir. Sé que a Bautista aquello le preocupó bastante, pero su respeto hacia las decisiones de los demás, especialmente de los enfermos mentales, y su extremada discreción hizo que se limitara a gastarme algunas bromas. Todo esto también me consta por mis sueños que de vez en cuando siguen anunciándome cosas. En sueños ya me planteé lo de Tus y tomé una decisión y en sueños también supe que mi historia mexicana, a pesar de los numerosos e importantes sueños que tuve sobre el tema desde hace años, no cuajaría como así ha sido.

Bautista es un hombre práctico al que estas cosas de los sueños o del yoga mental no le atraen demasiado, a pesar de ello su respeto a nuestras creencias en ese sentido es también exquisito. Durante todo este tiempo no he escrito prácticamente nada, demasiado ocupado en mis cosas, pero no pensé en ningún momento en abandonar estas historias, a veces demasiado sensibles para mí por mi condición de enfermo mental. Aún me queda mucho que contar sobre el psiquiátrico de Alcohete y algunos enfermos que conoció allí Bautista, cuyas historias no deben quedar en el anonimato. Pero antes creo que vendrá muy bien repasar la recapitulación que hizo Bautista sobre la evolución de la enfermedad y el trato a los enfermos en España durante tres décadas.

LA RECAPITULACIÓN DE BAUTISTA

Entre la documentación que obra en mi poder están unas páginas impresas desde el ordenador, imagino que por su hijo, y que me gustaría comentar y apostillar.

XXX ANIVERSARIO DE LA REFORMA PSIQUIÁTRICA
30 AÑOS DE LUCES Y SOMBRAS

LUCES

-El cierre de los antiguos manicomios.

COMENTARIO PERSONAL

Aunque la palabra sigue sonando muy dura, así se expresaban antes. Vas a terminar en el manicomio, solías escuchar cuando estabas mal y hacías determinadas cosas, cuando eras un enfermo mental y tu familia empezaba a estar harto de ti. Los personajes raros del pueblo también tenían que escuchar a veces esta expresión. Vas a terminar en el manicomio tío Paco, Pacorro. Yo la escuché muchas veces en mi infancia, adolescencia e incluso juventud. Según la RAE, manicomio sería:
manicomio

De manía y el gr. κομεῖν komeîn ‘cuidar’.
1. m. Hospital para locos.

La definición no sería tan insultante si no fuera por lo de “locos”. Es cierto que somos maniáticos y que se nos “cuide” no estaría mal, siempre que se hiciera con cariño, pero eso de “locos” lo estropea todo. Un loco en mis tiempos era alguien que había perdido totalmente la cordura, que no tenía el menor contacto con la realidad, que casi siempre era agresivo, muy agresivo, hasta llegar a temer que nos clavara un cuchillo o nos hiciera cualquier barbaridad en cuanto nos pillara descuidados.

En mis tiempos ir al manicomio era infinitamente peor que ir a la cárcel, era una especie de infierno dantesco reservado para auténticas bestias pardas, como éramos los enfermos mentales entonces, una especie de monstruos demoniacos que en su mayoría habían llegado a ese estado por culpa propia o tal vez como castigo divino. Y los pecados de los padres caerán sobre los hijos hasta la undécima generación, como decía más o menos la Biblia.

Los locos pasamos con el tiempo a ser enfermos mentales y ahora, a mi juicio rizando el rizo, somos “personas con enfermedad mental”. Algo que me parece peor remedio que la enfermedad, porque tener que recalcar que somos “personas” es algo muy triste. ¡Qué somos sino! ¿animales? Entiendo y respeto a los familiares que pretenden darnos otra imagen pero me temo que ese no es el problema, cómo nos llamen puede ser importante para algunos no para mí, que me enorgullezco de ser “el loco de León”. El problema, el gran problema es el estigma social, la marginación, el desconocimiento, la ignorancia más supina de algunos, el trato que hemos recibido y que seguimos recibiendo. A mí que me llamen “loco”, enfermo mental, o persona con enfermedad mental, a estas alturas de mi vida ya me importa un comino. Entiendo que a otros sí les importe, mi respeto y cariño fraternal. Me preocupa mucho más el estigma social, la marginación, el miedo que nos genera confesar que padecemos una enfermedad mental, pero sobre todo me molesta mucho, no lo soporto, que pretendan colarnos en nuestro redil de corderos a auténticos lobos, asesinos en serie, terroristas, violadores, pedófilos…porque son incapaces de aceptar que el mal existe, que las personas malvadas, demoniacas, forman parte de nuestra humanidad. Por eso prefieren etiquetarlos como enfermos mentales, somos el chivo expiatorio perfecto, nunca nos quejamos, así nos llamen locos o pretendan hacer creer a esta sociedad hipócrita y gazmoña que somos también asesinos en serie y si no lo somos ahora, lo seremos mañana. Ese es uno de nuestros grandes problemas, no que la gente acabe por llamarnos “personas con una enfermedad mental”.

Lo mismo que ya no me importa que me llamen loco, tampoco me preocupa que me digan que yo estuve en un manicomio o frenopático, como lo llamo yo en mi novela humorística “Crazyworld”, un frenopático para millonarios locos.

RAE
frenopático, ca.
1. adj. Psiquiatr. Perteneciente o relativo a la frenopatía.

frenopatía

(Del griego phrén, ‘mente’, ‘inteligencia’, ‘razón’; y el griego pátheia, ‘enfermedad’)
1. f. Estudio de las enfermedades mentales. Variante: frenopatología.
2. f. Antiguamente, cualquier enfermedad o desorden mental.
3. f. Afección del diafragma.
DICCIONARIO ACADÉMICO DE LA MEDICINA

2-ERRADICACIÓN DE MEDIOS LESIVOS PARA LAS PERSONAS AFECTADAS (ELECTRO-HOCK, BAÑOS FRÍOS, CUARTOS DE CASTIGO, ETC)

COMENTARIO PERSONAL

Totalmente de acuerdo con Bautista, en esto y en casi todo. El que se cerraran los manicomios, el que se erradicaran esos medios lesivos ha sido uno de los logros más descomunales en la historia de la psiquiatría y de la enfermedad mental. Las personas con enfermedad mental vimos el cielo cuando ocurrió, al margen de las consecuencias del cierre de los manicomios, que supongo que Bautista las mencionará en las sombras, a las que aún no he llegado. Para quienes nunca hayan estado encerrados en un manicomio todo esto les debe sonar a Edad Media, Inquisición y demás, pero aún hoy día hay quienes hemos vivido esa época en toda su intensidad y sabemos muy bien por qué Bautista considera el cierre de esta etapa terrible como una de las mayores luces de estos treinta años.

Yo viví en mi propia carne el electroshock, sé de qué hablo. Puede que aún existan psiquiatras que lo consideren necesarios en estos casos. No soy un profesional, no he estudiado la carrera de medicina, pero soy un paciente que ha sufrido sus efectos, la pérdida de memoria momentánea, cuando me desperté sin saber quién era ni cómo me llamaba y acabé encontrando la explicación a lo que me ocurría: Yo era un asesino en serie y me habían lobotomizado. No recibí baños fríos, aunque conozco sus efectos porque de adolescente me duchaba en invierno, en el colegio religioso, con agua helada, como penitencia. Conozco los cuartos de castigo, como los llama Bautista, aunque yo prefiero llamarlos celdas de aislamiento, como en la cárcel, y así los llamo en Crazyworld. En esta época en la que gracias a Dios comienza a existir una sensibilidad social hacia el maltrato debo decir que las personas con enfermedad mental hemos sido maltratados a lo largo de la historia de una forma que pone los pelos de punta. No éramos personas, éramos bestias y como tales fuimos tratados, confundidos con poseídos por el demonio, torturados por la Santa Inquisición, tratados como basura, torturados, menospreciados, humillados, considerados la hez de la sociedad. Sí, amigo Bautista, demos gracias a Dios porque aquellos castigos fueran erradicados, aunque a algunos aún nos tocó sufrirlo

Y aquí termino este capítulo en el que solo he podido tocar los dos primeros puntos de las luces, aún me quedan otros nueve. Y todo esto se logró gracias a la lucha denonada de personas como Bautista, el gran hermano de los enfermos mentales, quien merecería un homenaje nacional. Y espero que no se ofenda cuando lea esto. Yo por mi parte ya le hago mi particular y cariñoso homenaje. También lo propondría como santo a canonizar por la iglesia católica, apostólica y romana, incluso en vida, que por suerte parece empezar a ocuparse de los desheredados, de los pobres de la Tierra, canonizando a Santa Teresa de Calculta. ¿Para cuándo los enfermos mentales, papa Francisco? Sí, ya conozco la vida de San Juan de Dios y de otros santos que se dedicaron a cuidarnos con la mentalidad y la generosidad de otros tiempos, pero tal vez necesitemos que nos canonicen a Bautista para que nos convenzamos de que la iglesia católica se ocupa de nosotros. Perdóname, amigo Bautista, ya sé que te vas a enfadar mucho, pero ya me conoces, soy como soy y aunque esto parezca una broma típica de mi peculiar sentido del humor puede que hasta lo diga en serio, muy en serio.

Y para finalizar vamos a quitar hierro al asunto. He tenido que interrumpirme porque mis gatitos se despertaron de la siesta de mediodía (¡es increíble lo que duermen, más que yo en mis mejores tiempos de dormilón) y han venido como flechas a ver lo que hacía. Puedo confiar en Mici, este angelote, al que le han llamado la atención los iconos de Sonymage y al que le gustaría jugar con ellos, pero no en Zapi, este diablillo que está obsesionado con tirarme el monitor abajo, ya lo hizo una vez y no ocurrió ninguna desgracia, ahora, cuando lo veo, dejo de escribir y tiro yo el monitor, lo coloco en horizontal hasta su próxima siesta. Los enfermos mentales somos un poco como gatitos, necesitados de cariño, juguetones y a veces unos diablillos peligrosos, pero ya trataré este tema en el diario. De momento puedo asegurar cuánto nos gustaría a las personas con enfermedad mental que nos rascaran tras las dos orejas para entonar ese mantra maravilloso que entona Mici cuando le acaricio. ¡ojalá a nosotros también nos rascaran detrás de las orejas de vez en cuando, entonaríamos un ronroneante mantra de agradecimiento!





DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XLIV

12 09 2016

 

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DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL

 

MI CASITA MÁGICA EN LA MONTAÑA

 

SEGUNDA VERSIÓN

 

Sí, porque la primera fue borrada, destruida, eliminada por las fuerzas poderosas. Jejé, cómo me gusta echarles a ellas la culpa de todo. Me hace sentirme mucho mejor, aunque en este caso ellas no tuvieron nada que ver con que me pusiera a desfragmentar el portatil, algo que no había hecho en años, pensando que su lentitud podía mejorar. Tampoco tuvieron la culpa de que al hacerlo perdiera la conexión wifi del ayuntamiento, gratuita, que me permitía conectarme a Internet desde mi casita mágica en la montaña. La culpa de pasarme horas buscando qué había hecho, dónde había tocado para que el portatil no reconociera una wifi que sí reconocía el móvil, es solo mía.Soy yo el testarudo, el que monta en santa cólera, no las fuerzas poderosas. Podía haber guardado el texto en un pendrive, como hago siempre, pero me los dejé en el apartamento a pesar de haber tomado todas las precauciones para no dejármelos, colocarlos en un sitio donde miraría antes de salir de casa y metérmelos en el bolsillo del vaquero, infalible. Infalible y un cuerno, mis despistes desafían a las leyes de la probabilidad. Me los dejé en el apartamento, por eso no pude guardarlo en un pendrive, y tampoco pude subirlo al blog, como suelo hacer en estos casos, porque no tenía conexión. Tampoco en el apartamento, a pesar de la wifi del ordenador, el portátil continuaba sin captar una wifi a su alrededor, aunque la tuviera en la punta de la nariz. Allí sí tenía pendrives, pero no, la santa cólera me llevó a tomar una decisión drástica y estúpida, formatear el portátil, pensando que al reinstalar el sistema nada habría que pudiera impedirle reconocer wifis. Pero… pero al formatear me quedé sin el archivo y además el portátil continuaba erre que erre, no reconoceré una wifi aunque vaya en bikini. Así pues me quedé sin el texto y ahora estoy echando la culpa a las fuerzas poderosas…Claro que ellas tuvieron la culpa de sugerirme que desfragmentara el portátil para que fuera más rápido. Sí, son muy listas las fuerzas poderosas, una simple sugestión puede poner en marcha una concatenación de efectos que llevan al objetivo deseado.

 

Claro que echarles siempre la culpa de todo es una maravillosa forma de escaquearme de mis responsabilidades, pero es idiota. Me gustaría pensar que todos estos despistes que me han acompañado durante toda mi vida son producto de una patología de mi enfermedad mental, así mi responsabilidad sería mínima, pero por otro lado sería terrible porque nunca-nunca me libraré de ellos. Ya de niño pactaba con Dios, luego de adolescente el pacto se hizo algo realmente masoquista, si me apruebas las “mates” te prometo ducharme con agua fría todas las mañanas, a las siete, a la hora en que nos levantaban, durante una semana. Hecho. Llegué incluso a ponerme algún cilicio, como oía que hacían algunos frailes. He sido malo, muy malo, pues me pondré un cilicio durante una semana. Y lo fabricaba con mis escasos medios, una cuerda atada firmemente a la barriga (entonces estaba casi en los huesos) con un añadido de algo que me pinchara la piel. Sufrí mucho para nada, porque Dios hacía lo que quería, nunca me aprobaron las mates en junio y tenía que estar todo el verano estudiando para que los frailes presionaran al profesor de “mates”, un mando del ejército de tierra retirado. Lo mismo me ocurre ahora con las fuerzas poderosas, vale, aceptaré lo que sea con tal de que…bueno, ahora pido algo mucho más sencillo de conseguir, con tal de que alguien me de un poco de cariño, y si puede ser una mujer…entonces os prometo que seré bueno, muy bueno el resto de mi vida.

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Pero nada, las fuerzas poderosas son inquebrantables, incorruptibles, in…quietantes, in…trigantes. Nunca sé lo que quieren, lo que buscan, por qué hacen las cosas. El otro capítulo era amable, divertido, narrativamente interesante, y ahora éste lleva camino de convertirse en un “poner a caer de un burro” a todo el mundo, a los demás, a las fuerzas poderosas, incluso a mí, a todos menos a los propios burros. ¿No hubiera sido mejor convencerme de que no desfragmentara el disco duro del portatil? ¿No hubiera sido mejor contar lo del automático, del diferencial, hablando técnicamente, como lo conté en la otra versión, que como lo voy a hacer ahora?

 

Sí, porque estoy harto de mi sentido del humor, del humor en general, de todo. Estoy hasta el moño de todo. Hasta estoy harto de mis hermanos los enfermos mentales que quieren morir. Yo también quiero morir… y si fuera posible ahora, no dentro de un rato, ahora. Es curioso que todos los que deseamos morir tengamos que vivir y todos los que quieren vivir mueran, en atentados terroristas, ahogados al caer de las pateras, por violencia de género, secuestrados…No parece una buena estrategia de las fuerzas poderosas, hacer vivir a los que desean morir y hacer morir a los que quieren vivir. Creo que el adolescente que fui se enfadaría mucho con Dios por estas contradicciones. Así que he decidido contar lo ocurrido con meros datos, como el robot de aquella película: datos-datos-datos…

 

Bueno, tal vez esos datos puedan servirme en el futuro para escribir alguna historia humorística, no lo descarto, pero ahora no, estoy hartito de mi sentido del humor. comencemos, “començon” como decían Tip y Coll.

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EL AUTOMÁTICO O DIFERENCIAL

 

Cuando vi la caja de luces el día que me enseñaron mi casita mágica en la montaña, me dió mala espina el que hubiera dos diferenciales para dos líneas eléctricas que suministraban electricidad a dos partes distintas de la casa. Bueno, no pasa nada. Pero sí pasó. El hecho de que durante la primera semana no saltara el diferencial me hizo pensar que había cometido algún error al poner algo que no debía en el frigorífico o al tocar donde no debía o… Luego de pronto comenzó a saltar como un cangurito gentil, cuando le daba la gana, sin pauta alguna. Decidí luchar contra las fuerzas poderosas, porque no podía ser un fantasma malévolo que jugara conmigo. Inicié un largo experimento científico,descartando los errores y quedándome con la navaja de Okam, después de descartar todo la explicación más sencilla es la verdadera. Desconecté la vitro, el lavavajillas, el equipo de música, la otra línea, apagué todas las luces…Llamé a la empresa suministradora, si no salta el automático que da entrada a la corriente en la casa el problema es del interior de la casa. Pues vale, no salta el automático de entrada, así que el problema está en la casa. Encender las luces, una por una, comprobar que todas las llaves estén bien, probar todos los enchufes… Está claro que la potencia contratada es suficiente y si no lo fuera o fuese al desconectarlo todo menos el frigorífico no tendría que saltar el diferencial.

 

El experimento continuó y siguió, nada. Lo puse en conocimiento de la propiedad, mandaron un técnico que cambió el diferencial, nada. Mandaron un segundo técnico que dijo que era la vitro porque al encender el primer fuego saltó. Pero una vez desconectada la placa siguió saltando…ergo… Vino un tercer técnico que encendió todo, miró todo, y nada. Al final hice lo que debí hacer desde el principio, desconectar el frigorífico, no lo hice porque tenía alimentos perecederos en el interior. Lo dejé desconectado dos días, y no saltó, me fui a mi apartamento manchego una semana y al regreso… no había saltado, ergo… Estoy esperando que venga un técnico en frigoríficos y encuentre el “busilis” o lo que sea.

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DATOS VERANIEGOS

 

Sí, lo narraba mejor en el otro capítulo que ya no está, así que nos conformaremos con lo que hay. Agradecido a las fuerzas poderosas porque encontré el paisaje que buscaba a la primera. Los Picos de Urbión, Soria, aquí quiero retirarme y vivir apaciblemente la jubilación. Había calculado que me llevaría todo el verano y parte del otoño encontrar lo que buscaba. Luego me pondría a buscar mi casita mágica, con lo que no pensaba instalarme definitivamente hasta la primavera siguiente. Como tenía que dejar el apartamento a primeros de noviembre, pues me iría a cualquier apartamento de Vinuesa o de otra población, hasta encontrar lo que buscaba. Pues no, las fuerzas poderosas me besaron en la frente, a la primera. Aún así seguí viajando, Segovia, Ávila, la sierra madrileña…me quedo con los Picos de Urbión. Como en la Mancha hace mucho calor aprovecho estos viajes para buscar el fresquito. Como no puedo permitirme el lujo de ir de hotel dormiré en el coche, comeré lo que lleve o lo que compre en los supermercados. Sí, en el otro capítulo estaba mejor narrado, era muy divertido, porque contaba las noches en el coche y las comparaba con mis noches en los Picos de Europa, siendo yo un jovencito, pero ahora no estoy de humor, solo datos-datos y datos.

 

Cuando vine a ver la casita mágica en la montaña traje dinero para la fianza y el primer mes de alquiler. Quería esta casa a toda costa. Es curioso, cuando me puse a buscar en Internet algo por aquí fue la primera que vi, la que más me gustó y además estaba rebajada y era asequible para mi economía. Las fuerzas poderosas también fueron favorables, muy favorables, debería estarles muy agradecido. Puede que la cosa estuviera en el aire, un single viejales y que se puede morir en cualquier momento no era la mejor opción para la propiedad. Les entiendo muy bien. Creí intuir que mi condición de divorciado, jubilado y single no era lo que andaban buscando, como me confirmó la pregunta, antes de firmar el contrato, sobre si tenía familia, contactos, etc. Que alguien muera en tu casa y nadie se entere y aparezca un cuerpo corrupto al cabo de un mes y salga en los medios, etc etc es algo que me espantaría hasta a mí mismo… no mucho, esa es la verdad, pero algo sí.

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Las fuerzas poderosas fueron muy amables. Cuando me quedé solo, tras la firma del contrato, casi doy unas zapatiestas en el aire, lo hubiera hecho de no estar tan gordo y viejo. Pero me sentía muy, muy feliz. Luego empezó el automático y me dije que era algo para fastidiarme puesto que me habían dado tanto, tenían ahora que hacerme sufrir un poco, algo así como una pequeña jugarreta para hacerme perder la paciencia. Vale, no pasa nada, se acabará arreglando de alguna manera, y sino me aguantaré porque la casa es lo primero. Si tengo que comprarme un frigorífico, lo haré, lo importante es quedarme aquí, en mi casita mágica de la montaña hasta que me muera. Esta es mi máxima aspiración.

 

El contrato es por un año prorrogable, también tendría que desalojarla si algún familiar cercano la necesitara, también tendría que desalojarla si la propiedad no quiere renovar el contrato al año, pero no me importa, mientras pueda seguiré aquí. Me gusta todo, hay un jardín que cuida un jardinero, un trozo que puedo dedicar a huerta, un maravilloso porche para comer al aire libre y ver las estrellas de noche, una terraza para extasiarme viendo la luna llena… Todo es perfecto, menos que no me hayan permitido un perrito. Puede que me venga bien, he conseguido que me dejen tener un gatito, así me iré entrenando. Con el tiempo, cuando me vaya deteriorando tal vez pueda tener un perrito y ya estaré entrenado para saber cómo tratarle.

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Me gusta que esté en un pueblo pequeño, que esté a las afueras del pueblo, en un camino de tierra, que tenga pocos vecinos, que nadie se preocupe por mí, que esté cerca de la Laguna Negra y de los Picos de Urbión, que me guste el valle, el paisaje, que me guste casi todo. Podría contar cómo es el pueblo y otras cositas que se me ocurrió narrar en los monólogos humorísticos o crónicas humorísticas que grabé y mandé a mis contactos de whasap, sin mucho éxito, eso es cierto, pero no lo voy a hacer porque no estoy de humor. Me preocupa esta pequeña o gran crisis humorística, me cuesta tomarme las cosas con humor, también he tenido alguna pequeña crisis, alguna depresión sin importancia que me hizo plantearme desconectar el móvil, meterme en la cama y no salir hasta que pasara. No lo hice, como no he hecho otras cosas que me sentí tentado de hacer. No puedo renunciar al humor, es lo único que me queda, así que me tomaré esto como unas vacaciones de las musas, humorísticas y narrativas, porque tampoco he escrito mucho. Estoy vago, muy vago, apático, deprimido, triste, un tanto desesperanzado. Tal vez sea mi talón de Aquiles, no puedo con la soledad, es algo que me descontrola, que me sometan a cualquier prueba, a cualquiera, pero la soledad es demasiado para mí. No me puedo quejar, ha sido un buen verano, estoy muy contento con mi casita mágica en la montaña, he pasado momentos muy felices, me siento a gusto donde estoy y como estoy… pero-pero… No tengo motivos para quejarme, me han pagado la pensión, he encontrado el paisaje que buscaba, la casita con la que soñaba, todo va bien. Mirando los telediarios me digo que soy un privilegiado y que debería ser castigado por quejarme… pero me quejo. La soledad a veces se hace abrumadora y la tristeza de mirar veinte años hacia delante, cada vez más viejo y deteriorado, cada vez más solo, es un peso que cada vez encorva más mi espalda.

 

ACONTECIMIENTOS, EVENTOS, ANÉCDOTAS

 

La primera semana no conseguí creerme que estuviera jubilado, luego vino el delirio de que no me pagarían la pensión, luego decidí viajar y me vine a Soria. Fue fantástico encontrar lo que buscaba a la primera, encontrar la casita mágica, que esperaran a que cobrara la primera pensión para comprometerme con la casa y que luego pudiera verla y firmar el contrato a mediados de julio. Pronto se van a cumplir dos meses en la casa, estoy a gusto, me siento feliz. He podido evitar el calor que aquí apenas se ha notado, salvo esta última ola de calor que incluso aquí ha sido para ponerse a pensar en el futuro y echarse a temblar. Es maravilloso disfrutar del fresquito en cuanto cae el sol, incluso algunos días sopla un vientecito muy agradable. Es maravilloso tumbarse en el césped y ver las estrellas, atento al ruído que produce el diferencial al saltar. Es maravilloso contemplar la luna y el cielo estrellado desde la terraza a donde he subido un comodísimo sillón que estaba en el garaje y que subí a cuestas… tan brutote como siempre. Todo es perfecto, pero la soledad me pesa… un poco.

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Invité a G a pasar una semana de vacaciones. En el otro capítulo lo describí de forma muy amable. Me gustó que le gustara la casa y el paisaje, que aguantara una semana, que se sintiera a gusto y tener compañía. No es tan complicado que dos enfermos mentales convivan si ambos aceptan que somos raritos y que hay que tener paciencia, el uno con el otro y el otro con el uno. Desde hace ya bastante tiempo soy muy consciente de que me veo reflejado en ellos, son como un espejo en el que puedo ver cómo era yo y cómo sigo siendo de alguna manera. Pero también es terrible comprobar hasta dónde nos lleva la enfermedad, hasta esas conductas patológicas que parecen inexplicables si no se nos quiere comprender, si no se acepta que son producto de una enfermedad, porque entonces no queda otra que asumir que somos malvados, malas personas, auténticos canallas, manipuladores, mentirosos, vagos…

 

Las consultas que me hacen en el blog me han abierto los ojos al extraordinario parecido en las conductas de todos los enfermos mentales, parecemos clones. Es como si padeciéramos una enfermedad física, los síntomas son casi idénticos y los procesos se parecen unos a otros como una gota de agua a otra. Las reacciones de los familiares también son muy parecidas, casi clónicas. Algunos casos son auténticas tragedias que me obligan a intentar no quejarme de nada. La vida es mucho más extensa y terrible de la que nos muestran los medios de comunicación, aunque con lo que vemos ya habría bastante, pero lo que sale a la luz es siempre lo más morboso, lo más espeluznante, lo que puede ser titular por un día en el telediario. Sin embargo hay más, mucho más, es solo la punta del iceberg. Miles y miles y miles de personas viven vidas terribles, de tragedia griega, pero nadie lo sabe porque se ocultan en el anonimato, porque nadie se preocupa de su “próximo” aunque finjan que lo hacen. Si todos salieran a la calle con sus lacras, con sus tragedias, con sus enfermedades, el mundo se colapsaría y las palabras de los políticos serían acogidas con un silencio sepulcral, como un mal chiste en un entierro.

 

He comenzado a ser consciente de mi incapacidad para volver a convivir. Ya no puedo, no soy capaz. Sería un esfuerzo terrible adaptarme a volver a vivir en familia, y todo para nada. Eso me ha hecho pensar que ha llegado el momento de tomar algunas decisiones que venía posponiendo desde hace un tiempo. Me quedaré solo con la última y definitiva estrategia del guerrero impecable. Será duro pero al mismo tiempo me quito un gran peso de encima, siento un gran alivio. Leyendo Diálogos con Castaneda, uno de los pocos libros sobre el autor que me quedaban por leer, me encuentro con el concepto del “detective” que no aparece en sus demás libros. Viene a decir que los que no son guerreros se pasan la vida observando, escudriñando si los demás les quieren o no, analizan sus palabras, sus gestos, sus conductas, buscando saber si en realidad son queridos o no. Un guerrero impecable da por supuesto que nadie le quiere, de esta manera deja de perder una gran cantidad de tiempo y energía en descubrir una verdad que no viene al caso, un tiempo y una energía que puede utilizar en su camino de guerrero. Resulta duro aceptar algo así, cuando lo leía comprendí que es durísimo aceptar que nadie te quiere, de ahí que aún siga batallando contra mi gran debilidad, la soledad, pero al mismo tiempo te hace más liviano, mucho más libre, ya no tienes que preocuparte de observar atentamente a los demás para ver si sus muestras de afecto son verdaderas, ya no tienes que medir tus palabras al milímetro para no ofender, para que te comprendan, para que te quieran, das por supuesto que nadie te quiere ni tiene por qué hacerlo, siendo como eres una partícula infinintesimal en un universo infinito, pierdes toda tu importancia personal y avanzas en el camino del guerrero, con absoluto desapego, impecable, haciendo lo que tienes que hacer. Puedes caminar en medio de una multitud sin miedo a cómo te miren, a lo que puedan comentar de ti. ¡Qué te importa si nadie te quiere!

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Ha sido un verano intenso y complejo, yo diría que me he detenido mucho tiempo en la encrucijada, porque a partir de aquí ya solo hay un camino. El enorme cambio requería de mucho esfuerzo, muchos trámites, mucha preparación, hacerlo todo con calma, sin prisas, pisando con cuidado para que todo sea terreno sólido, una vez atravesada la encrucijada, que todo se estabilice ya solo queda un camino sólido, rocoso, ancho, solitario hasta llegar a la última danza con la muerte. Cuando recapitule esta época comprenderé que ha sido el paso más decisivo y aleccionador de mi vida.

 

MICI Y ZAPI

 

Aún queda mucho por contar, la mudanza se ha realizado ya de forma definitiva, dejo atrás lugares y tiempos, personas, momentos terribles a los que he sobrevivido. Lo haré en compañía de Mici-fuz y Zapi-rón, mis gatitos, mi nueva familia. Mientras les observaba mirarme con sus ojitos ingenuos y dulces me ha venido a la cabeza el enorme parecido que tiene con ellos el enfermo mental y que desarrollaré en otro momento. La responsabilidad de nuevo papá me ha causado momentos de angustia y desconcierto, mi vida ha cambiado, ya no será nunca igual, soy consciente de ello, pero si ya dejé atrás todo, cuando inicié el camino del guerrero, no creo que esto sea peor. Estoy preparado para cuidar de alguien más frágil que yo, dicen que los enfermos mentales no podemos cuidar de nadie, ni de nosotros mismos, que no hacemos otra cosa que mirarnos el ombligo. De alguna manera a eso ya he contestado al responder a una consulta en el blog, una circunstancia dramática, trágica, en la que está inmerso una enferma mental que da la sensación de estar absolutamente pasiva, mirándose el ombligo, mientras un familiar que la ha cuidado, lucha con la muerte. No es cierto, los enfermos mentales podemos cuidar de otras personas y hasta de nosotros mismos, si nos apuran, pero por desgracia solo somos capaces de hacerlo si nos alimentan con un poco de cariño, aunque sea muy poco, el cariño es mano de santo para nuestras dolencias, hasta podemos cuidar de otros enfermos, hasta podemos cuidar de unos gatitos desvalidos, todo es cuestión de que nos pongan un poco del combustible que nosotros usamos en el depósito.

 

He tenido una experiencia fantástica con Mici, el más dulce y cariñoso de los dos gatitos, por un momento creí estar viviendo una de esas experiencias delirantes que Castaneda cuenta en sus libros. Ha sido como una catarsis, al fin he comprendido que el hecho de que nosotros creamos que todo a nuestro alrededor está muerto, sin consciencia, menos nosotros, no significa que todo, absolutamente todo lo que nos rodea no esté vivo y consciente, si no queremos comunicarnos es cosa nuestra, pero el nirvana, el samadhi es posible, expandir nuestra consciencia hasta hacernos conscientes de que hasta la última brizna de hierba forma parte de un todo consciente y absoluto. Ha sido como una experiencia mística. Gracias Mici.

 

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MI VIDA ONÍRICA X

19 08 2016

SUEÑOS 27-12-2007 LEÓN

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SUEÑO J.R.

He vuelto a soñar con J.R. y J. Este último muy bien trajeado, como siempre y con gafas, estaba perdiendo la memoria. Intentaba leer algo de un libro sin conseguirlo. J.R. habla conmigo en una cafetería. No ha conseguido sacar la oposición de Justicia a pesar de los esfuerzos de su padre que se siente decepcionado/ No siento gran aprecio por él. Sueño extraño y reiterativo.

COMENTARIO

Hay personas con la que sueño reiteradamente, a pesar de que no pienso mucho en ellas ni siento un especial afecto ni vinculación. Anoche mismo soñé con otra persona a la que no veo desde hace años y con la que acabé mal debido a conflictos en unas circunstancias especiales. A pesar de todos mis esfuerzos durante años, anotando y estudiando los sueños, no he conseguido encontrar una pauta para explicar estos sueños que desentonan mucho con la vida real y cotidiana. Salvo contadas excepciones los sueños parecen seguir su propio criterio, es decir el criterio de otro yo que parece tener pensamientos, emociones e intereses diferentes a los de mi yo consciente cotidiano. Su vida paralela parece ser muy diferente a la que yo llevo en la vida real, sin que exista una cronología válida ni una estructura vital lógica y racional. Incluso la programación de sueños me ha dado escasos resultados, no sueño con lo que quiero ni con quien quiero, sino que la temática y las personas se me imponen por alguna razón que desconozco.

Hace años, incluso anteriores a la fecha de este sueño, pensaba que todo podía explicarse debido a que en el mundo onírico no existe espacio ni tiempo. Ahora, tras largos años de anotaciones de sueños y análisis de los mismos, he llegado a la conclusión de que aunque ese factor explica muchas cosas no lo explica todo ni la mayoría de las contradicciones oníricas. Me inclino a pensar, como explica don Juan en el arte de ensoñar, que cuando ensoñamos podemos viajar a otros mundos o dimensiones paralelas, que son tan reales como ésta como no se cansa de decirle don Juan a Castaneda. La existencia del doble también explicaría ciertos sueños que parecen no tener la menor lógica. Aunque esto no he podido constatarlo de forma fehaciente, tal vez debido a que aún no soy un guerrero auténtico.

La relación con J.R. y J. me fue impuesta por las circunstancias. Yo no la busqué y me limité a aceptar lo que se me daba o imponía. En aquel tiempo me sentía muy solo, una constante en mi vida, y cualquier relación me venía bien. Debido a mi falta de carácter, timidez, falta de asertividad y la típica falta de voluntad del enfermo mental, dejé que éstas dos personas se impusieran en muchos aspectos de mi vida. A pesar de que la relación interpersonal llegó a ser aceptable, incluso buena, yo nunca estuve de acuerdo con su forma de pensar y su filosofía de la vida y me dejé llevar por ciertos caminos con los que nunca estuve de acuerdo. La ruptura se debió a circunstancias que se impusieron. Se puede decir que yo nunca tomé decisiones personales que me llevaran por el camino que yo quería, simplemente me dejé llevar, incluso a la hora de la ruptura. Acepté que formaran parte de mi vida sin hacer mucho en ese sentido y también acepté que dejaran de formar parte de ella, sin tomar más decisiones que las imprescindibles para hacer frente a las circunstancias que se produjeron.No existía afinidad humana, ni espiritual, ni nuestras formas de pensar y ser eran suficientemente afines como para que acabaran formando parte de mi primer círculo, en realidad nunca salieron del segundo.

Las circunstancias que aparecen en el sueño son bastante lógicas y razonables, algunos datos son reales, es decir que coinciden los datos del sueño con la vida real. Desconozco si el sueño fue premonitorio puesto que hace muchos años que no sé nada de ellos. La posibilidad de que una persona mayor pierda la memoria a cierta edad es bastante verosímil. Yo mismo he tenido muchos sueños en los que perdía la memoria, bien fuera por una enfermedad o simplemente por el deterioro propio de la edad. Incluso hoy en día acepto y asumo esa posibilidad con naturalidad. Tal vez en sueños achaque a los demás la falta de memoria que podría ser algo que me sucediera a mí.

 

Proust

SUEÑO CLASES DE INGLÉS

Estoy en una casa con pupitres/ recibo lecciones de un amable profesor/ La mayoría son extranjeros con pinta de ingleses/ Entiendo todo a pesar de ello/ El profesor le da un libro a otro para que haga un trabajo/ A mí me da un tomo de Proust/ Doy una conferencia magistral/ Curiosamente no recuerdo detalles de ellas, es como si pensara que lo iba a hacer y la fuera construyendo en mi mente/Lógica perfecta en la disertación sobre Proust/ A la salida me habla un inglés que va a tomar algo en un bar.

 

COMENTARIO

La enorme dificultad que conlleva distinguir un sueño propio de uno ajeno, es decir de un sueño compartido hace que muchos sueños sin sentido no puedan ser explicados con un mínimo de lógica. Para detectar los sueños compartidos diseñé una programación que me pareció original pero que luego descubrí que no lo era tanto viendo la conocida película sobre los sueños que vería años más tarde y creo que está protagonizada por Mat Dillon, aunque ahora no recuerdo el título. En ella utilizaban una especie de peonza que se movía en el sueño, un objeto personal del soñador que también le ayudaba a saber cuándo dejaba de controlar el sueño, al caer sobre la mesa por no poder seguir dando vueltas. En mi caso utilizaba objetos personales con los que tenía contacto durante todo el día y con los que estaba muy unido, por ejemplo mi reloj de pulsera, la cartera, las gafas, etc. Cuando en el sueño yo llevaba alguno de esos objetos, que podía ver y palpar, asumía que el sueño era mío y no un sueño compartido. Aunque eso es algo que ahora no tengo muy claro.

En cambio mi convencimiento de que existen sueños compartidos sigue siendo absoluto. Se podría decir que el contacto de nuestras proyecciones mentales o cuerpos astrales en sueños genera un intercambio de ideas, emociones, vivencias e incluso de la propia personalidad. Esto último es un hecho realmente terrorífico, puesto que indicaría que nuestras personalidades no son tan sólidas y firmes como parecen. No podemos intercambiar los cuerpos físicos en el mundo real, no podemos pensar y sentir como los demás, por mucha empatía que tengamos, esto nos hace creer que nuestras personalidades son islas a las que nadie puede llegar porque están protegidas por la naturaleza o búnkeres tan sólidos y perfectos que nadie se puede colar, como explico en mi novela “El búnker”. Sin embargo parece claro que esto no es así y que en sueños el mero contacto de la energía mental puede trastocar una personalidad hasta el punto de convencerla de que es otra. Si esto ocurriera en el mundo físico nuestras vidas serían caóticas y sin sentido, eso sí, muy divertidas, tal como contaré algún día en un relato y que ya he esbozado en mi personaje el Sr. Múltiple Personalidad, que aparece en la novela Crazyworld.  Es como si en sueños se encontraran dos ectoplasmas o cuerpos astrales y con solo tocarse intercambiaran sentimientos, pensamientos y hasta la propia identidad. El que uno se imponga al otro imagino que tiene mucho que ver con la personalidad fuerte de uno de ellos y de otras circunstancias que ya estudiaremos en otros comentarios.

En este caso hay un detalle que me hace dudar de que fuera un sueño compartido, se trata de Proust. Hay pocas personas que hayan leído a Proust. Ello no significa que yo me considere una persona muy culta y los demás unos analfabetos, pero sí he leído la obra completa de Proust, he anotado numerosas frases y tengo en la cabeza desde hace años un ensayo sobre él, por lo que me parece que no sería fácil encontrar a otro soñador que me pudiera transmitir sus impresiones sobre el escritor. Además, aunque no concreto al anotar el sueño, parece que todo lo que desarrollo sobre el discurso magistral sobre Proust tiene sentido. Así pues, lo mismo que existen objetos personales para identificar como propio un sueño, también existen conocimientos o emociones propias que nos hacen pensar que el sueño puede ser nuestro. Como nunca ocurrió que yo fuera a una escuela de inglés con pupitres, donde hubiera mayoría de ingleses (una contradicción onírica) me inclino a pensar que el sueño fue compartido en cuanto al estudio del inglés y que en el mismo sueño yo pensé sobre Proust imaginando lo que diría sobre él si pudiera dar una clase magistral. Este es un tema muy interesante que veremos en otros comentarios. Quiero decir que se puede pensar en sueños y que muchas veces algunas ideas casi mágicas que nos llegan cuando estamos despiertos son nuestras propias ideas en sueños. El propio Castaneda reconoce en el libro Diálogos con Castaneda, que los libros que escribió le fueron dictados en sueños.

 





ERRORES DE CONDUCTA RESPECTO AL ENFERMO MENTAL IV

10 08 2016

ERRORES DE CONDUCTA RESPECTO AL ENFERMO MENTAL IV

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Ahora sí nos centraremos en la aceptación de su enfermedad por parte del enfermo mental y de esta forma contestaré a una consulta hecha en el blog al respecto.  Una enfermedad mental debe ser diagnosticada, los autodiagnósticos están bien para andar por casa pero no para tomar las decisiones correctas que nos ayuden a vivir de la mejor forma posible. Todo diagnóstico debe hacerse por un profesional y nunca viene mal que sea revisado por alguno más. La enfermedad mental tiene muchas complicaciones, tanto a la hora del diagnóstico como en las siguientes etapas, el conocimiento de la enfermedad y su tratamiento, no digamos a la hora de que el enfermo acepte su enfermedad, respecto a los familiares y el entorno ya hablamos de ello en el anterior capítulo.

Una enfermedad mental no es como una enfermedad física, te duele la barriguita, pongamos por caso, poniendo un ejemplo y tratando el tema con humor, como a mí me gusta, y esperas un poco, a ver si mañana estás mejor, si no lo estás comienzas a pensar qué es lo que te pasa, habré comido algo en mal estado, me habré enfriado, me destapé anoche, etc.  Se toma una infusión digestiva, un caldo caliente, un protector de estómago, lo que sea, y si el dolor sigue persistiendo se va al médico de familia que nos diagnostica y nos da medicación, si entiende que puede ser algo más serio te remite al especialista, te hacen pruebas de todo tipo y al cabo de un tiempo, mayor o menor, acabas sabiendo qué te pasa y los tratamientos posibles y la evolución de la enfermedad, desde las posibilidades más leves a las más graves.

En el caso de la enfermedad mental todo es mucho más complicado, infinitamente complicado. Porque un momento de tristeza lo tiene cualquiera, un periodo de bajón del ánimo, de profundo decaimiento, también es bastante habitual, sobre todo si  se han producido acontecimientos externos, como el fallecimiento de un ser querido, la pérdida de un trabajo, una ruptura sentimental, etc. ¿Cómo sabemos entonces si estamos tristes por una causa “normal” o si es un síntoma de una posible enfermedad mental?

Es la pregunta del millón, por desgracia no existe una cultura en nuestra sociedad sobre el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad mental. La única cultura que ha existido a lo largo de los siglos ha sido la cultura del “palo y tente tieso”, es decir, todos eran más o menos raritos, si uno lo era más que el resto, mientras no complicara las cosas podía ser diagnosticado como “un loco amable”. Si era peligroso y violento, el diagnóstico era inmediato e inmediato el “tratamiento”, palo y tente tieso. Según las épocas un loco podía pasar a ser un poseído por el demonio, un brujo o bruja, o aspirante a chivo expiatorio de los asesinos en serie de la época. Aún hoy día sigue existiendo una incultura supina, crasa y trascendental, como nos decía a nosotros el profesor de latín, que teníamos ese tipo de cultura, vamos que éramos unos burritos. En nuestra sociedad hay campañas para la prevención de diferentes enfermedades, cáncer, enfermedades infecciosas de todo tipo, las campañas están a la orden del día, pero jamás he visto una campaña o un protocolo para la detección de una enfermedad mental y cómo deben comportarse familiares y entorno. Aquí te diagnostican después de un intento de suicidio, si sobrevives, que ese es otro tema que trataremos en otro momento, porque para la mayoría de la gente comienzas a ser un enfermo mental después de un intento de suicidio, entonces sí comienzan a tomarte en serio, pero las estadísticas dicen que somos pocos los que sobrevivimos a serios intentos de suicidio, es como si a un enfermo de cáncer le diagnosticaran cuando está agonizando, esto no es de recibo. Es cierto que también comienzan a preocuparse por ti cuando te encamas y te pasas quince días, pongamos por caso, sin levantarte, sin comer, sin hablar, etc, entonces un familiar sensible y compasivo decide llevarte al médico de familia por si tienes anemia o alguna otra enfermedad. Como los adolescentes son muy raritos, esto suele pasar desapercibido, si lo haces de joven primero se piensa en una enfermedad física, si te ocurre de adulto enseguida te preguntan si se te ha muerto alguien o has roto con la novia o has perdido el trabajo. Y si de niño comienzas a presentar síntomas o conductas un poco “raritas” te llevan al psicólogo para que te trate como a un niño “rebelde” e insufrible. Normalmente los enfermos mentales somos diagnosticados de jóvenes, de los dieciocho años en adelante, cuando ya hemos sufrido alguna crisis grave.

INQUISICIÓN

Pondré el ejemplo de mi propio diagnóstico para que nadie se sienta ofendido o avergonzado. Yo ya soy un enfermo mental público, no tengo nada que perder, nadie se va a ofender o avergonzar por lo que diga y como ya tengo una edad y he vivido la mayor parte de mi vida como enfermo, para mí hablar de ello es como para un diabético al que todo el mundo ha visto pincharse, reconocer que efectivamente lo es. En esta loca sociedad en la que vivimos, caótica, sin valores, agresiva, violenta, competitiva hasta el salvajismo, en la que vemos y hemos visto tanto, en la que todo el mundo es serio candidato a enfermo mental, reconozco que darse cuenta de que alguien efectivamente lo es, no es nada fácil. Incluso las pruebas genéticas, que ya son bastante comunes para ciertas enfermedades físicas, no dejan de ser una entelequia para la enfermedad mental. El hecho de tener determinados genes, de haber existido enfermos mentales en la familia, ya indica la seria posibilidad de que nosotros podamos sufrirla también, pero como me dijeron cuando sufrí una úlcera de duodeno, la helicobacter pílori, la bacteria causante, la tenemos todos, solo que a algunos se nos manifiesta y a otros no. La “bacteria” de la enfermedad mental la tenemos todos, solo que la manifestación dependerá de muchas causas, algunas muy elementales.

Yo, particularmente, tengo un diagnóstico “mágico” para la enfermedad mental. Claro que yo no soy nadie y mis manifestaciones deben tomarse como las de un enfermo que se mete a “autodiagnosticarse”, con mucha reserva. Aún así me atrevo a decir que si observamos con este “aparatito” mágico de mi invención a las personas, pequeñas o grandes, encontraremos con facilidad la semilla de la enfermedad. Un niño que no recibe cariño suficiente o que es maltratado es un serio candidato a la enfermedad mental, con genes o sin genes. Todas las víctimas del maltrato, de la tortura, los que han sufrido la pérdida de un ser querido, los que están solos, incapaces de relacionarse, misántropos, bloqueados emocionalmente, son candidatos a la enfermedad mental. Cuando escucho a los vecinos de los asesinos en serie, decir aquello de que “parecía una buena persona” porque no “daba guerra” y saludaba al pasar, aunque en realidad no se relacionara con nadie, se me cae el alma a los pies, como si “las buenas personas” fueran aquellas que permanecen en sus casas, sin relacionarse, sin insultar a nadie, capaces de morirse sin dar ni una vez la lata a un vecino. Esto nos indica el paupérrimo criterio que existe en esta sociedad sobre las buenas personas, los sanos y los enfermos. No importa cómo seas o lo que hagas o no hagas mientras estés solito y no te metas con nadie. Esto indica bien a las claras el nivel espiritual de esta sociedad y lo que podemos esperar de ella. Si no eres productivo, competitivo, si no eres capaz de triunfar consiguiendo muchos bienes materiales, o fama o poder, o lo que sea, al menos apártate del camino y no molestes.

Yo fui un niño muy sensible, no es que esto te haga candidato a enfermo mental, pero sí es cierto que no hago otra cosa que escuchar a los hermanos enfermos mentales autocalificarse de “sensibles”. En una sociedad como la nuestra, ser sensible, empático, blandito por dentro, es poner el cuello bajo el hacha del verdugo. Esto es cierto y por mucho que los “triunfadores” nos digan que el secreto de su éxito es haber sido duros y haber alcanzado las metas sin echar una lagrimita por el prójimo, yo particularmente siempre preferiré seguir siendo “sensible”. Una persona sensible, imaginativa, creativa, empática, tímida, que sufre mucho por todo, que no se “endurece” por muchos palos que la den es una excelente candidata a enfermo mental. Si además tus padres no son cariñosos o si has presenciado el maltrato físico o psicológico, si en tu familiar un abuelo o abuela o tío o tía o bisabuelo o bisabuela, han sido”locos” o enfermos mentales no diagnosticados, lo más fácil es que te toquen muchos números en la rifa de la enfermedad mental. Si  además sufres una educación represiva en todos los sentidos, como yo la sufrí, si ya de niño te inculcan que puedes ir al infierno por una mentirijilla y allí quemarte por toda la eternidad, entonces ya estás en el camino de la enfermedad mental. Si no hubiera sido un niño tan sensible habría hecho la primera comunión sin antes pedirle al cura que me volviera a confesar porque había dicho una mentirijilla para salir del paso, o no me habría sentido tan culpable por masturbarme que no podía dormir por las noches pensando en que si moría en ese momento me iría al infierno. Mucho cuidado con la educación que reciben los niños en este terreno, los estamos preparando para la enfermedad mental. No puedes educar a un niño diciéndole que existe el infierno y se va a ir a él con solo una mentirijilla, no digamos si se masturba y luego además va a comulgar sin confesarse, o decirle a un adolescente que bajo ningún concepto arroje la semilla antes del matrimonio o Dios se enfadará. Incluso en estos tiempos escucho a prelados de la iglesia católica hablar como me hablaban a mí los frailes que me educaron, y me rebelo sin poder evitarlo. Educar en la represión, el dogmatismo, sin cariño, con amenazas, con coacciones, destroza la psicología del niño, que se transforma en un adolescente misántropo y atormentado, luego en un joven incapaz de enfrentarse a la vida y propenso a la desesperación y al suicidio.

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Esa fue en parte mi historia. En mi familia ha conocido algunos casos que hoy se calificarían de enfermedad mental. Debo admitir que en mí debe haber más de un gen torcido. Si además nací sensible e imaginativo, creativo, como he demostrado en mi faceta de escritor, si además, mis padres, por educación y por la época en la que vivieron,no fueron muy cariñosos, si presencié algunas escenas que hoy podrían calificarse de maltrato físico o psicológico, aunque entonces eran bastante normales, si además fui educado interno en un colegio religioso durante ocho años, de forma tan represiva que hoy me da la risa, aunque no fue tan divertido, como lo cuento en mi novela “Los pequeños humillados”, si además yo “iba para cura” como se decía entonces, y lo abandoné porque no soportaba el dogma y la represión, entonces tan solo falta “un pelo” para que algo desencadenara mi enfermedad mental.  Incapaz de relacionarme al salir del colegio, huyendo de las chicas como del demonio, porque así me habían educado, sin trabajo, a pesar de mi formación, para le época más que aceptable, el que en un momento determinado intentara el suicidio, me tirara por una ventana, estaba más que cantado.

No digo que de niño debieron haberse dado cuenta de lo que me pasaba, que de adolescente estaba claro que yo era un buen candidato a enfermo mental, no digo que tuviera que ser diagnosticado antes, dada la época que me tocó vivir, pero al menos alguien debió haberse dado cuenta de lo que me pasaba y llevarme a donde fuera posible en aquellos momentos, antes de que me arrojara por una ventana. Porque entonces todo fue muy sencillo. Internamiento en un psiquiátrico, diagnóstico de enfermo mental, tratamientos de choque… todo demasiado tarde y mal. Debería haber un protocolo para el diagnóstico del enfermo mental a edad temprana, por mucho que pueda doler a los familiares y al propio enfermo. Desde luego que yo hubiera preferido que un profesional me hubiera dicho, a los catorce años, por ejemplo, que necesitaba tratamiento psicológico porque era candidato a enfermo mental, que no que me lo dijeran después de haberme roto la crisma al tirarme por una ventana. Aquellos eran otros tiempos, desde luego, pero hoy estamos en “otros tiempos” y todo sigue igual o casi igual. Creo que en parte la culpa es del “estigma”, de ser considerados como unos enfermos más ya se habrían establecido protocolos de diagnóstico y tratamiento a edad temprana, aunque yo sigo creyendo “erre que erre” que la gran medicina para el enfermo mental es el cariño y debería establecerse un protocolo de emergencia para que todo el mundo abrazara por la calle a una persona que acaba de ser diagnosticada como enfermo mental, creo que incluso antes, mucho antes, si todos recibiéramos cariño suficiente desde el nacimiento y a lo largo de toda la vida, no digo que no habría enfermedad mental, pero ésta no sería el gran problema escondido y vergonzoso de la humanidad que es ahora.

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Y como siempre me alargo en demasía, dejaré para otro capítulo el proceso que sigue un enfermo hasta que consigue aceptar su enfermedad y cómo la dificultad de este camino hace que muchos se echen atrás constantemente y cómo somos muy pocos los que decimos: sí, aquí estoy, soy un enfermo mental, hago lo que puedo, lucho con garras y dientes, he vivido esta experiencia, de la que no me avergüenzo porque es una enfermedad y cada día aprendo más de mi enfermedad, cada día me enfrento a ella, cada día avanzo, cada día me transformo un poco más en un guerrero impecable. Nos queda un camino tan largo a los enfermos mentales que yo mismo me asusto. Algún día estas mis palabras parecerán tan elementales que se asombrarán de que en esta sociedad y en estos tiempos los enfermos fuéramos tratados como lo estamos siendo, lo mismo que ahora nos asombrábamos de que en la Edad Media se nos considerara poseídos por el demonio.

 





EL LOCO DE CIUDADFRÍA (NOVELA)

6 08 2016

  EL LOCO DE CIUDAD-FRÍA

 

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NOTA DEL AUTOR

Han pasado algunos años desde que escribiera la introducción a esta novela que pueden leer a continuación. Desde entonces muchas cosas han cambiado en mi vida, la mayoría para mejor. La obsesión que transmito en ese texto por mi supuesta locura y lo que se supone que los demás piensan, han pensado o pensarán de ese pobre loco ha ido remitiendo con el tiempo, gracias a Dios. He superado casi por completo mis viejos problemas depresivos y estoy en vías de solucionar mi fobia social. No me considero un loco, más allá de lo que implica ese concepto en el sentido de rebelde, peculiar, original o minoritario y por lo tanto no me siento obligado a dar explicaciones de lo que pienso, hago o de cómo es, o deja de ser, mi vida. Aún así sigo pensando lo mismo o parecido sobre el trato recibido de un gran número de personas de mis diferentes entornos a lo largo de las distintas etapas de mi vida. No me apeo del burro en cuanto a cómo creo que somos tratados los enfermos mentales en esta sociedad y sobre cuánta hipocresía y “mala leche” es desplegada por los “normales” o “intocables”  para marginarnos, aislarnos y mantenernos constantemente fuera de sus vidas y sus presencias. Sigo en mis trece cuando expreso mi convencimiento de que solo el amor, el cariño, la proximidad física y afectiva a los enfermos mentales puede acabar curando o atenuando sus patologías. Si hay genes torcidos será complicado curar completamente a un enfermo mental, aún así nadie me convencerá de que el amor y el cariño no podrían, incluso, enderezar un gen torcido.

En cuanto a lo novela en sí, es sin duda mi novela más ambiciosa, también la más autobiográfica. Eso no quiere decir que todo lo que en ella se cuenta sea cierto y real hasta la médula. La manipulación a la que he sometido mis vivencias, mi pasado y todo lo que soy o me ha sucedido, es tan fuerte que solo un iniciado, alguien que me conociera muy a fondo, podría descubrir dónde miento descaradamente o dónde me acerco a lo más real de mí mismo o de mi trayectoria vital. No importa lo que el autor haya hecho con sus vivencias porque lo verdaderamente importante es lo que en esta novela se cuenta de la supuesta o real “locura”, de cómo reaccionan los demás ante quienes se niegan sistemáticamente a formar parte del rebaño, de cualquier rebaño, y cómo toda vida que se precie no es sino una profundización espiritual en uno mismo. Como diría Milarepa, hemos venido a esta vida para aprender las lecciones espirituales que nuestros maestros han considerado indispensables para nuestra evolución como seres espirituales. Algunos parece que necesitábamos más lecciones y mucho más severas que otros o puede ser que voluntariamente hayamos elegido las experiencias más terribles para dar un salto de gigante en nuestro progreso espiritual. Hay muchas cosas que ignoramos, sin embargo de algo sí deberíamos estar seguros: todos acabaremos aprendiendo las mismas lecciones, de una forma o de otra, todos procedemos del Todo y a él regresaremos, todos estamos expuestos a que la tortilla se voltee y cuando pensábamos que nuestro orondo trasero estaba a salvo de quemarse, lo encontremos chamuscado y maloliente. Quien crea que a él nunca le sucederá nada de lo que nos ha sucedido alguna vez a los “locos”, que las desgracias están para que las sufran los demás, no él y que su buena estrella le acompañará hasta la muerte y más allá de ella, es un auténtico ciego y más le vale que abra los ojos y empiece a ver la auténtica realidad o el golpe que acabará recibiendo antes o después será todo un apocalipsis.

Aprovechando la nueva subida de capítulos que ya tengo en otras páginas he decidido hacer una revisión concienzuda y casi definitiva del texto que me servirá para guardar en mi biblioteca, con ilustraciones y todo, a la espera de que algún día otro “loco” como yo se atreva a publicar esta novela que seguramente revolverá muchos estómagos y muchas almas sensibles, para siempre.

No espero que les guste. Mi máxima ambición sería que les disgustara hasta el límite de hacer que se replanteen sus propias vidas. Un abrazo.

 

                        EL LOCO DE CIUDAD-FRÍA

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                 A MODO DE PRÓLOGO

 

Hace unos días pude leer en la prensa una pequeña nota, perdida entre otras muchas informaciones, tal vez más importantes. En ella se decía que el 6% -han leído bien- de la población mundial, padece trastorno bipolar. Teniendo en cuenta que con casi total seguridad la mayoría de los bipolares están en países ricos ( a los pobres solo les preocupa el hambre y ni se enteran del resto de trastornos) y si a esto añadimos que además de bipolares hay paranoicos, psicóticos, neuróticos leves o menos leves, fóbicos, obsesivo-compulsivos … y podríamos seguir y seguir… la conclusión, al menos por mi parte, es que la enfermedad mental no es moco de pavo, ni por el número de enfermos, ni por las consecuencias para la persona que la sufre.

Para completar esta información pude escuchar en un programa de radio que en este país somos más de ochocientas mil personas las que hemos sufrido algún tipo de enfermedad mental a lo largo de nuestras vidas y que 1 de cada 4 españoles sufre algún trastorno psicológico. No es una estadística para olvidar, desde luego. La estadística se centraba en las pérdidas económicas que esto producía en la economía del país y creo recordar que se atrevía a cuantificarlas. Lo cierto es que a mí, particularmente, me interesa mucho más el sufrimiento por milímetro cuadrado de piel o de neurona que las pérdidas que esto puede suponer para una economía globalizada (sobre todo si quienes pierden tienen mucho, porque a los que tienen muy poco les da igual morirse de hambre hoy que mañana… es un decir sarcástico… ustedes me entienden).

Si algún día el bienestar del planeta se cuantificara por el sufrimiento de sus enfermos mentales nos daríamos cuenta que el bienestar económico es en realidad una paparrucha. El enfermo mental, aparte del sufrimiento intrínseco de su enfermedad, tiene que padecer una marginación social de no te menees, y a veces un acoso por parte de ciertos grupitos que es más propio de depredadores sin escrúpulos que de seres humanos. Se llaman a sí mismo cuerdos y normales y se burlan desvergonzadamente de quienes han tenido la desgracia de que su psiquis se resquebraje por una infinidad de motivos. A ellos, a los cuerdos y normales, los encerraría yo en una isla desierta, a ver si se devoraban entre sí o por el contrario demostraban que su cordura es auténtica y no un simple dar cuerda a los demás para que se ahorquen.

Suena duro, lo sé, muy duro, pero les aseguro que si se les ocurre leer el relato que sigue a este largo prólogo, “El loco de Ciudadfría”, tal vez cambien un poco de opinión. Si bien las fronteras entre la locura y la cordura nunca han estado muy claras; si es cierto que muchas veces se confunde lo políticamente correcto con la cordura y la filosofía personal con la locura; si los surrealistas de principios del siglo XX trabajaron mucho este aspecto de la locura –el enfrentamiento con una sociedad patéticamente cuerda, hasta extremos vomitivos- y si Dalí utilizó el método paranoico-crítico ( como él lo definió) para mantener ciertos estratos de su vida y de su obra –delirios de loco- al margen del resto de su personalidad ( ” La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco”), no deja de ser absolutamente cierto que la enfermedad mental y la locura existen. Bien sea debido a causas sociales, culturales, psicológicas, o a la herencia genética o a malformaciones biológicas, lo cierto es que la enfermedad mental y la locura existen….

Pocos seres tan marginados e incomprendidos como el loco. ¿Han visto ustedes a algún profesional de la mendicidad utilizar a un loco como gancho de su negocio? A un amputado, a un niño, a un ser deforme, sí, a un loco nunca. El loco no produce compasión, sino instintivo rechazo. Tal vez sea debido a que lo mismo que sucede con el cáncer, nadie está libre de la depresión, la locura o la demencia senil.

Quienes se consideren cuerdos confesos e irredimibles puede que no estén aún preparados para leer estas páginas. Si este prólogo contiene palabras duras (de las que no me arrepiento) la lectura del relato que sigue “El loco de Ciudad-fría”, encuadrado dentro de mi serie de “Relatos urbanitas” les revolverá la hiel, se lo garantizo. Como en el Lobo estepario de Hesese, concretamente en su Teatro Mágico (donde aparece la leyenda: solo para locos) lo que va a seguir es solo para locos, absténganse cuerdos, su vesícula biliar no soportaría el impacto.

 

No me hubiera perdonado nunca si no aprovechara la presentación de mi relato para romper una lanza, mil, todas, en favor del enfermo mental. Puede que se sientan incapaces de mirarle a la cara, pero recuerden que la condición humana es frágil, nadie está libre de padecer cáncer o de terminar loco. La vida es a veces espantosamente justa. Quizás el loco del que ustedes se burlan hoy, mañana puede estar a la puerta de su casa riéndose locamente del cáncer que arruina sus vidas.

Son palabras duras, lo sé, pero creanme si les digo que tengo serios motivos para pronunciarlas aquí. Una panda de psiquiatras ( a quienes mejor les hubiera venido un corazón más grande que tantos datos en las neuronas) me diagnosticaron en mi juventud todo tipo de patologías, con nombres terribles, incluso uno de ellos se atrevió a profetizar que yo nunca saldría adelante, y que lo mejor sería abandonarme en el monte, con las cabras.

Años más tarde, una mujer (¡tenía que ser mujer!, ellas tienen una especial sensibilidad para estos temas) una psiquiatra, tras unas horas de conversación y una batería de tests me dijo, con justa dureza, que lo mío no era una patología mental irreversible, sino mi cobardía, mi incapacidad para enfrentarme a la vida. En una palabra: yo no tenía c…. para darle cara a mis problemas.

Me reboté como el loco que me habían dicho que era y miré sus rotundos y hermosos senos con ojos de sátiro lujurioso (quería ofenderla en lo más profundo de su femineidad) pero el tiempo me hizo apreciar el inmenso favor que me regaló aquella mujer valiente y excepcional. Liberado del peso de la locura me enfrenté a la vida con valor, con arrojo. No fue fácil, pero con la ayuda de una férrea voluntad, de métodos y técnicas mentales de relajación (yoga y otras técnica que encontré buscando sin parar) y sobre todo gracias a mi esposa, que apareció en mi vida como un ángel y en el momento más oportuno, pude superar con los años el infierno en el que habité, como el más loco entre los locos.

Aquellos estúpidos psiquiatras no fueron capaces de ver en mí un joven destrozado por una educación religiosa represiva y miserable, que le fue embutida a trompazos a un niño tan necesitado de cariño que lo buscaba de las formas más insólitas y surrealistas. Me diagnosticaron la locura y muchoa gente en mi entorno me señaló con el dedo y se burló del pobre loco de “Ciudad-fría”. Si ellos hubieran conocido mis pensamientos se habrían encerrado en un bunker, para que mis maldiciones lo les alcanzaran. Habría ido a la puerta de su casa para reírme del cáncer que les acababan de descubrir en los c….

Son palabras duras, muy duras, lo sé, pero no me arrepiento de ellas. Solo Dios y yo conocemos el infierno en el que tuve que vivir tantos años, porque, fuera lo que fuera lo que me estaba ocurriendo, en ninguna parte encontré una brizna de cariño, de comprensión y de respeto.

El loco de Ciudad-fría no es mi autobiografía. Forma parte de mis “Relatos urbanitas”. Se desgajó de esta serie al adquirir vida propia. ¿Cuánto hay de realidad en éste texto y cuánto de ficción? Sería complicado poner un número. Digamos un 50%, mitad y mitad. En algunos episodios la realidad superará a la ficción y en otros será al contrario.

¿Por qué no escribo una autobiografía y doy la cara con todas las consecuencias? Pues sencillamente porque soy un loco, lo reconozco, pero no soy tonto. Los locos no tenemos que ser necesariamente tontos. Al contrario, muchos locos son tan inteligentes que algunos han acuñado aquella frase de que la locura y la genialidad se tocan y no se sabe dónde. Si yo escribiera todo lo que me ocurrió, con pelos y señales, nadie me creería. Es demasiado fuerte y crudo para ser real, me dirían. Como siempre la realidad supera a la ficción. Si esta ficción les parece dura y cruda imaginen cómo sería la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Para evitarles el mal trago he utilizado el material autobiográfico para manipularlo a mi gusto y gana y hacer más asimilable una historia que ninguno de ustedes creería. Estoy seguro. Como además hay mucho material lo he dividido en muchas partes. El loco de Ciudad-fría tiene la parte “más suave” y en cambio una novela que tal vez conozcan a mi muerte, una obra póstuma, y que titulo “Una temporada en el infierno” , les dará a conocer el resto.

Pero dejémonos de prólogos y vayamos al grano. Como verán el autor se ha desdoblado en el personaje del loco y en el periodista y escritor que escribe la historia para un supuesto suplemento dominical de un diario de provincial. En ambos hay mucho de mí. Las reflexiones del narrador intentan ser las mías propias, vistos los acontecimientos desde un futuro lejano y con la frialdad que da el no ser parte de ellos –supuestamente,claro-.

LES REITERO. ESTA ES UNA HISTORIA SOLO PARA LOCOS COMO LEYÓ EL LOBO ESTEPARIO DE HESSE. ABSTÉNGANSE LOS CUERDOS, PORQUE PUEDE HERIR SU SENSIBILIDAD.

 

 

 

 





ERRORES DE CONDUCTA RESPECTO AL ENFERMO MENTAL III

28 07 2016

ERRORES DE CONDUCTA RESPECTO AL ENFERMO MENTAL III

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Hay una conducta patológica que afecta mucho al entorno familiar y social del enfermo y a su vez hay una conducta de este entorno que afecta mucho, tanto o más, al enfermo. Si nos ponemos finos podríamos sacar a relucir la conocida frase evangélica: “Ves la mota en el ojo ajeno y no ves la viga en el tuyo. Solo que en este caso funciona casi con igual intensidad en las dos direcciones.

El enfermo tiene un serio hándicap en este terreno. Por muchas debilidades de carácter, a veces terribles, que tengan los otros, si las ponemos en una balanza de precisión, el platillo siempre parece inclinarse en sentido negativo para el enfermo mental. Esto no es así de forma absoluta y sistemática, como veremos, pero la impresión funciona en la mayoría de los casos en contra del enfermo, lo mismo que un defecto de la vista, pongamos por caso, siempre funciona negativamente en contra del que lo padece, en el terreno de la vista, haga lo que haga éste.

Comparados los defectos de carácter de un “no enfermo” con las conductas patológicas de un enfermo mental, no hay color, en expresión popular, ya que los efectos de los otros nunca le llegan a la suela del zapato a la conducta patológica del enfermo, sobre todo en momentos de crisis o cuando el enfermo sufre un brote. Así, los insultos del enfermo son más terribles que los que le pueden dirigir a él sus familiares o el entorno social, cuando aquellos pierden el control, los estribos. La mentira y la manipulación del enfermo gana por goleada a la conducta de los otros, por mucho “calentón” que sufran. No hay color.

En esto estamos de acuerdo y no hay que darle muchas más vueltas. Pero sigamos una metáfora que nos puede ayudar a comprender la esencia de la situación, aunque como sabemos ninguna metáfora se adapta al cien por cien a lo que pretende explicar.

ERRORES DE CONDUCTA DE LOS OTROS RESPECTO AL ENFERMO MENTAL

-Imaginemos que un enfermo físico, debido a cualquier circunstancia, accidente, secuelas de una enfermedad, etc pierde una pierna, porque se la han tenido que amputar para salvar su vida.

Imaginemos queun familiar, a partir de ese momento, no deja de quejarse de las molestias y sufrimientos que le ocasiona el enfermo amputado. Al principio, cuando sale del hospital, el familiar se queja de que tiene que empujar la silla de ruedas, de las antiguas, porque no le han facilitado una automática por los recortes, porque la sanidad pública está como está. Solo proporcionan herramientas básicas, como muletas o sillas de ruedas tradicionales, o porque en la sanidad privada contratada no entra ese plus.

Éste, el enfermo, está tan deprimido, tan hundido que ni quiere empujar la silla, poniendo las manos en las ruedas, no se ha preocupado de aprender, no tiene voluntad pafra hacer un esfuerzo, solo quiere morir y terminar de una vez.

Las quejas del familiar pueden tener su razón de ser, su lógica, su verdad. Bien, ¿pero alguien puede pensar que el familiar hace bien en meterse con el recién amputado y tratarle como si fuera un estorbo, una basura? Salvo casos puntuales y circunstancias muy especiales todos pensamos que el familiar no tiene sensibilidad, empatía, no es generoso, incluso podríamos llegar a pensar que es una mala persona un canallita.

Bien, ¿qué ocurre con el enfermo mental? No se le reconoce su incapacidad o sus dificultades porque tiene las dos piernas, hablando metafóricamnete, es un hecho y físicamente nada le impide moverse por si mismo. Correcto. Pero ha podido sufrir una amputación de su voluntad, como si le hubieran cortado una pierna, solo que en este caso es algo invisible.

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Este es uno de los graves problemas del enfermo mental, como hemos dicho repetidas veces en otros textos. Su enfermedad no es reconocida por el simple hecho de que es invisible. Su cuerpo físico está entero, no tiene más enfermedad física que el común de los mortales. No se ha descubierto aún ninguna malformación cerebral grave que pueda ser vista con un escáner. Si no hay nada visible que pueda hacernos conscientes de la existencia de una enfermedad mental hay que concluir que estamos exigiendo a los demás que crean en lo que no ven. Puede parecer duro, pero hay mucha gente que cree en lo que no se puede ver, no podemos ver a Dios, porque es invisible, no podemos ver el amor, solo sus signos, no podemos ver un agujero negro, aunque todos los científicos admiten que existen. La tendencia habitual respecto a la enfermedad mental es la de no creer en ella, por lo tanto el enfermo está interpretando, está chantajeando, está utilizando farsas de control para conseguir sus fines. Se le pide que corra los cien metros lisos y en un buen tiempo, como si tuviera las dos piernas en buen estado, cuando en realidad la tiene amputas, hablando metafóricamente. Los enfermos nos rebelamos contra semejantes exigencias, nos sentimos así, amputados y para nosotros sería lo mismo que a un amputado físico se le exigiera correr los cien metros lisos como cualquier otro. Nos resulta repugnante y vomitivo. Un enfermo que sufre una severa depresión no tiene voluntad, está hundido, hasta respirar le cuesta, en esa situación no se le puede pedir que haga lo mismo que hacen los que no están enfermos. Es inhumano. No busquemos, por ahora, las causas de esta depresión, de esta severa falta de voluntad, puede que en parte sea culpa suya, como veremos, pero lo cierto es que aquí y ahora carece de voluntad, carece de piernas, hablando metafóricamente, por lo tanto exige un mínimo de respeto y sensibilidad hacia su enfermedad, hacia su problema. También puede ser verdad que la incapacidad de los otros por aceptar lo que no se puede ver sea su problema. Puede que sea su problema la falta de sensibilidad hacia realidades espirituales que no pueden verse. Cada cual tiene derecho a pensar y sentir lo que considere oportuno, a vivir su vida como le parezca conveniente, pero si decide ser materialista, agnóstico, ateo, cientifista, “tomasiano”, solo veo que lo puedo ver y tocar, solo tengo esta vida, solo tengo un cuerpo, pues bien, que viva de acuerdo a sus creencias siempre que respete las ajenas, pero los que creemos en realidades espirituales invisibles, los que no necesitamos meter nuestra mano en el costado abierto de los demás para saber que en su interior habita la chispa divina, que son nuestros hermanos, también merecemos un respeto. Nos molesta mucho que se utilice con nosotros la ley del embudo, lo ancho para mí, para que pueda caminar erguido, lo estrecho para ti, para que debas arrastrarte como un gusano por la vida. No es aceptable, de ninguna manera. No veo razón alguna para que quienes creen en un Dios que no pueden ver, en un amor que solo pueden percibir por signos, en un alma que no puede ser fotografiada, en la existencia de realidades invisibles al ojo humano, luego tengan tanta dificultad para creer en la existencia de la enfermedad mental, invisible también al ojo humano. Lo entendería más en los agnósticos, materialistas y cientifistas, pero luego ves sus contradicciones, creen en el amor, aunque no lo puedan ver, consideran que estar enamorado es cuestión de química cerebral, pero cuando lo están actúan como si su enamorada fuera algo divino. Y así podríamos seguir y seguir. Te puedes encontrar con agnósticos, materialistas y cientifistas que luego son maravillosas personas, que te tratan como si fueras su hermano, que son capaces de sacrificarse por ti, su generosidad y su humanidad no tiene límites. ¿En base a qué, si para ellos, teóricamente, solo somos un saco de células? Estas contradicciones son muy llamativas cuando vemos cómo se nos trata a los que padecemos una enfermedad invisible. Puedo creer en un agujero negro que no veo, en un Dios que no ven mis ojos de carne, en el amor que está detrás de ciertos signos, pero que no es visible, puedo creer incluso en fenómenos paranormales, pero no puedo creer que mi hermano tenga una enfermedad mental porque es invisible. Esto es inaceptable. Pocas cosas nos molestan más.

Tenemos que defender que somos enfermos porque solo nos queda la alternativa de aceptar que somos malas personas. No es justo, no lo es, ¡vive Dios! Es cierto que en parte es culpa nuestra por utilizar farsas de control, por manipular, por mentir, por utilizar la bula papal de autorizarnos a hacer cosas que no se permiten a los demás solo porque hemos sufrido mucho. Es cierto, pero también lo es que no los otros no tienen tantas dificultades cuando se trata de una enfermedad física, saben muy bien cuándo un amputado, para seguir con el ejemplo, no puede hacer ciertas cosas y cuándo busca la compasión y la manipulación para que se lo den todo a la boca. Eso parece estar muy claro para los otros, pero no lo está en el caso de la enfermedad mental y sigo sin saber la razón.

Como ya he repetido hasta cansarme en otros textos, al familiar solo le queda la opción de considerar una mala persona al enfermo si no se acepta que sufre una enfermedad. ¿Qué camino intermedio queda? ¿Esto significa que debe convertirse en su esclavo? Ya sabemos que con la enfermedad física parece estar todo mucho más claro. Hagamos un esfuercito para que también ocurra con la enfermedad mental, por favor.

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Se puede alegar que las conductas patológicas del enfermo mental se parecen mucho a las que son propias de la mala persona, que miente, manipula, hace daño a los demás y no siente remordimiento, que busca su bien, de forma egoísta, que actúa como si en la vida solo existiera él. Cierto, no vamos a negar a estar alturas el parecido. Pero hay diferencias muy grandes. Un malvado siempre actúa como un malvado y si no lo hace es porque disimula, porque se oculta para no ser castigado. Un enfermo mental puede ser una maravillosa persona cuando está bien y una persona insufrible, incluso malvada en ciertos actos, cuando está mal. Aquí hay algo que no encaja, nadie se vuelve malo de la noche a la mañana, luego bueno, luego vuelve a ser malo, etc. Un malvado mata en lugar de matarse. Un enfermo mental se suicida en lugar de matar a otros. Aquí nos encontramos con el problema de los asesinos que luego se suicidan, sean terroristas o asesinos de género. Sin negar lo que ya dije en otro momento, que los enfermos somos personas normales y como entre los normales, entre nosotros también hay de todo, hasta malas personas, lo cierto es que en una proporción elevadísima un enfermo mental se suicida antes de matar, puede actuar muy mal con los otros cuando sufre crisis o brotes, pero luego se echa la culpa de todo y termina intentando acabar con su vida. No es de recibo que a cualquier asesino se le considere un enfermo mental porque  los otros sean incapaces de aceptar la existencia del mal y todo el que asesina y hace el mal de forma demoniaca tiene que ser necesariamente un enfermo mental. Estamos hartos de ser chivos expiatorios. La existencia de asesinos entre los enfermos mentales es una proporción bajísima, algo que por otro lado no lo es tanto si consideramos que entre los “no enfermos” hay una proporción mucho mayor, como de violentos y delincuentes. Un enfermo de cáncer podría ser un asesino, eso está claro, pero todos sabrían diferenciar entre su enfermedad y su conducta homicida, lo que no se hace con el enfermo mental, si mata es porque está enfermo de la mente, no es cierto somos muchos, en una proporción aplastante los enfermos mentales que no matamos, que no somos violentos, que no somos delincuentes. Si alguien cae en la trampa de considerar enfermo mental a un asesino, a un terrorista, solo porque lo diga él cuando le conviene o lo digan otros a los que les conviene que así se crea, no es nuestro problema. Estamos hartos de ser chivos expiatorios, de que pongan en nuestras filas a todos los desechos que a los otros no les interesa aceptar en las suyas, porque no son capaces de creer en al mal en estado puro. Porque hay muchos asesinos que no son enfermos mentales, que han decidido ser malvados libremente. Si somos libres, somos libres para todo, y quien decide libremente asesinar, ser corrupto, ser un violador, ser un pedófilo, creer que no existe más vida que ésta y por lo tanto solo tiene que pensar en sí mismo y en divertirse lo más posible, aún a costa de los demás, ha decidido ser malvado ejercitando su voluntad, decidiendo libremente lo que quiere hacer con su vida. Si además es un enfermo mental habrá que ver si es cierto y no lo está utilizando para librarse por el castigo de sus actos. Desde luego que es mucho más difícil saber si alguien está enfermo de la mente que del cuerpo, pero no es imposible, y solo con un pequeño esfuerzo se podría conseguir, en lugar de seguir utilizándonos como chivos expiatorios, que es lo más fácil.

Los que hemos estudiado lógica sabemos qué es un silogismo falso, sabemos que un silogismo es falso cuando una premisa también es falsa. Veamos un silogismo falso:

-Quien se comporta de esta manera es una mala persona.

-Tú te comportas así.

ERGO-CONCLUSIÓN

Tú eres una mala persona.

¿Dónde está aquí la premisa falsa? No en “tú te comportas así” Los hechos son inconmovibles. Pero estudiemos la primera premisa. Puede parecer verdadera sin la menor duda, pero si analizamos algunas circunstancias concretas descubriremos que esa premisa exige muchas matizaciones. Uno puede comportarse así porque ha perdido la memoria y está reaccionando con violencia a estímulos que antes no generaban ese comportamiento. Puede que alguien se comporte así tras haber sufrido torturas y toda clase de humillaciones. Puede que a algunos les parezca bien el síndrome de Estocolmo, disculpar a los torturadores, pero a otros no nos parece tan bien. Puede que una persona, cualquiera haya sufrido un calentón y diga cosas de las que luego se arrepiente. O puede que un enfermo esté delirando, esté fuera de la realidad, y tratarle como a un malvado no parece justo.

Así pues, si la primera premisa necesita matizaciones o se la podría considerar falsa, la conclusión no puede ser verdadera al cien por cien.

Si no se acepta la enfermedad mental con todas sus consecuencias, la primera premisa no puede ser cambiada ni matizada y la conclusión tampoco. Es aquí donde los familiares de los enfermos mentales se sienten atrapados. Si fueran lógicos, al no creer en la enfermedad, deberían actuar con el enfermo como actúan con los malvados. No hay vuelta de hoja. Pero no lo hacen. Podría pensarse que se dejan llevar por un falso afecto, una falsa obligación, lo mismo que el familiar de un asesino dice seguir queriéndole sin negar su culpa. Pero no es el caso, de hecho es mucho más fácil que los familiares de los asesinos o grandes delincuentes abjuren de ellos que un familiar lo haga de un enfermo mental. En realidad quieren creer en su enfermedad pero no pueden aceptar sus conductas y en lugar de diferenciar entre patología de la enfermedad y conductas manipulatorias inaceptables prefieren negar la enfermedad porque les resulta más cómodo, así el enfermo haga lo que haga, esté como esté, es siempre un teatrero al que no hay que hacer caso.

También entran en juego otras consideraciones sociales y culturales. La firme creencia que los lazos de sangre son sagrados lleva a muchos familiares a soportar a personas a las que no soportarían si no existieran estos lazos. En realidad como veremos en la ley de los tres círculos, solo el afecto vincula en el primer círculo, las restantes consideraciones, incluidos los lazos de sangre o genéticos no sirven de nada. De esta manera si un familiar no quiere a un enfermo deberían sobrar las consideraciones de sangre, y si le quiere debería actuar como actúan las personas que quieren a otras.

Curiosamente los familiares que son malas personas acaban saliendo de este dilema mucho antes que las buenas personas. Abandonan al enfermo a su suerte mientras que las buenas personas se sacrifican, algunas veces hasta llegar a la heroicidad, otras solo por el qué dirán, hasta convertirse en auténticos esclavos del enfermo mental, incapaces de diferenciar su enfermedad y sus conductas patológicas, solo asumibles y con reparos, durante las crisis o brotes, de lo que es una clara manipulación del enfermo que está utilizando su bula papal con absoluto descaro.

Nos pongamos como nos pongamos, si el familiar no acepta la enfermedad mental, aunque sea una buenísima persona, terminará por tratarlo como a una mala persona, como a un canalla, lo mismo que un maltratado puede llegar a convertirse en maltratador si no tiene mucho cuidado. Es algo tan inevitable como las consecuencias de la ley de la gravedad, si te tiras por la ventana sin paracaídas o sin poner un colchón debajo te “esnafras”, ¡menudo tortazo!

En resumen, no es tan difícil saber cuándo un enfermo mental está haciendo teatro. No somos actores tan maravillosos como creen algunos, en realidad se nos ve el plumero con tanta facilidad que luego nos avergonzamos y lo pasamos fatal. Lo que tiene que hacer el familiar es no caer en las farsas de control. Y me remito a la sección de este blog con el mismo nombre. Si dejamos que un enfermo mental consiga todo lo que quiera amenazándonos con ponerse “muy malito” la culpa es del familiar, no del enfermo.

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¿Qué ocurre con una enfermedad física? Si vemos que fallan las constantes vitales, la tensión está por las nubes o bajo mínimos, que su rostro está blanco como el papel, que se ha desmayado cayendo a plomo sobre el suelo, decidimos que realmente está muy enfermo y avisamos a urgencias. Con la enfermedad mental también hay signos claros: el delirio, su postración evidente y prolongada, su agresividad incontrolada y sin motivo, sus monotemas en la conversación, signos de ideas obsesivo-compulsivas, comportamientos erráticos y sin sentido, despilfarro, ausencias prolongadas sin explicación, etc etc Hay infinitos signos de que el enfermo realmente está enfermo y no haciendo teatro.

En estos casos, si nos equivocamos y le tratamos como si hiciera teatro cuando realmente está enfermo, cuando los signos vitales están descompensados, cuando la tensión le ha subido por las nubes, hablando de nuevo metafóricamente, nos encontraremos con las correspondientes reacciones. Muy parecidas a cómo se comportaría alguien que estuviera para llevarle a urgencias y un gracioso le tomara el pelo con su teatro, más vale que salgrsea corriendo, porque si el enfermo físico puede moverse irá tras él, lo mismo que hará el enfermo mental, solo que éste no tiene impedimentos físicos y puede moverse muy deprisa cuando algo le acucia mucho.

Y con esto damos por terminado este capítulo en el que me he extendido mucho. En el próximo remataremos la faena y hablaremos con detenimiento de la aceptación de la enfermedad mental por parte del enfermo. Un tema delicado y harto difícil pero imprescindible si entre todos queremos llevar la enfermedad mental lo mejor posible. Y de esta forma responderé a una consulta que se hizo como comentario en el blog.