LOCOS EGREGIOS VIII

21 11 2017

ESCRITORES FAMOSOS ENFERMOS MENTALES

VIRGINIA WOOLF

Virginia-Woolf

https://es.wikipedia.org/wiki/Virginia_Woolf

Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible.

Esta es la carta de despedida que la escritora dejó a su marido, antes de arrojarse a un río con el abrigo lleno de piedras. Sufría una psicosis maniaco-depresiva, la misma enfermedad que me diagnosticaron a mí a los veintidós años, y que hoy al parecer equivaldría a un trastorno bipolar. Sobre su enfermedad y sus posibles causas no voy a repetir lo que dice este texto

https://lamenteesmaravillosa.com/que-le-ocurria-a-virginia-woolf

Me siento muy identificado con ella porque los dos fuimos diagnosticados como padeciendo una psicosis maniaco-depresiva, ambos utilizamos la escritura como una forma de encauzar esa constante fuga de la realidad, ambos llegamos a escuchar voces y en nuestras familias existieron antecedentes de enfermedad mental. En el caso de Virginia una serie de acontecimientos dramáticos a temprana edad pudieron ayudar a disparar su enfermedad, la muerte de sus padres a los trece años, abusos sexuales por parte de su hermanastro, una falta de comunicación en el entorno familiar que obligaba a reprimir las emociones, una época difícil entre dos guerras mundiales…

http://www.culturamas.es/blog/2016/04/03/el-extrano-tratamiento-para-curar-la-enfermedad-mental-de-virginia-woolf/

Me resulta bastante sencillo ponerme en su piel y vivir desde dentro su enfermedad. Documentándome para este texto he descubierto algunos detalles que ignoraba y que me estremecen. Así parece ser que intentó suicidarse por primera vez a los veintidós años -yo a los diecinueve- y saltando de una ventana, lo mismo que yo, desde la ventana de la casa de mis padres, un tercer piso. La muerte de sus padres debió hacer que se sintiera muy sola y frágil. En mi caso fue la estancia durante ocho años interno en un colegio religioso lo que me hizo vivir la soledad como algo angustioso y asfixiante. También como ella recurrí a la escritura, primero con grandes dificultades, de joven, luego con enorme facilidad, al cabo de los años. En mi caso no fue una elección entre varias opciones sino la única opción que me quedaba tras renunciar a ser músico porque el profesor de música, un fraile con trastornos mentales también, me impidió estudiar solfeo y solo asistí a clase de música los cinco primeros minutos del primer curso, ya que un gallo al cantar la escala musical hizo que me expulsara de clase, junto con otros compañeros y tuviera que trabajar en el huerto del colegio, con el hermano lego que se dedicaba a esos menesteres; tras renunciar a ser pintor por mi incapacidad para el dibujo y los colores; tras renunciar a las manualidades por mis manías obsesivo-compulsivas que me ponían muy nervioso cuando me encontraba con alguna dificultad y tras descubrir que escribir era lo más sencillo del mundo, solo necesitabas un cuaderno y un bolígrafo, al alcance de todos, y mucha imaginación, algo que a mí me sobraba. Como en el caso de Virginia tuve grandes dificultades para expresar con palabras todo mi caótico mundo interior, como ella utilicé la literatura para una fuga constante y sostenida de la realidad, la mejor forma de no tener que enfrentarme a realidades que me superaban era escribir y escribir, fantaseando, imaginando, hasta llegar como ella a tener dificultades, en alguna etapa de mi vida, para diferenciar entre realidad y ficción. Hubo momentos en mi vida en los que escribí tanto y tan compulsivamente que ahora, cuando trato de poner un poco de orden en mis manuscritos, libretas, cuadernos, hojas sueltas, me encuentro, asombrado, con que para escribir todo eso tuve que emplear tantas horas que buena parte de mi vida estuvo dedicada solamente a escribir. Recuerdo cómo me llegaban a la cabeza toda clase de ideas sobre relatos, personajes, estructuras narrativas muy creativas y originales, y cómo anotaba en mis libretas todas estas ideas, las esbozaba y luego las dejaba de lado por otras nuevas. La enorme dificultad para encontrar y organizar los manuscritos referentes a novelas, relatos, poemas, obras de teatro, me llevaron a perder muchos días confeccionando índices para así poder encontrar los manuscritos cuando los necesitara para trabajar en un texto concreto. Como  le ocurrió a Virginia mis historias de ficción me pudieron, me hicieron desconectar de la realidad durante mucho tiempo. Por suerte yo no intenté como ella expresar lo inexpresable, me limité a disfrutar de mis fantasías más o menos organizadas y descubrí, muy feliz, que todas aquellas fantasías delirantes, en su mayor parte muy oscuras, eran perfectamente aprovechables como obras literarias y el dedicarme a ello logró que en lugar de sentirme terriblemente angustiado por la incapacidad de controlarlas me sintiera muy feliz con ellas, cuanto más oscuras y delirantes mejor, puesto que eran más aprovechables para mis novelas y relatos. Algo así debió de sentir también Allan Poe, otro escritor famoso también enfermo mental. Para mí supuso un maravilloso alivio el poder dejarme llevar por aquellas fantasías sin sentirme culpable ni sufrir sus efectos dañinos, puesto que el trabajo creativo luego me permitía utilizar como un mago todos aquellos monstruosos conejos que salían de mi chistera. Es algo que no encuentro en Virginia, leyendo su obra echo de menos la sensación de divertirse escribiendo, la falta de humor, casi me agoto, casi me duele, al leer sus novelas, percibiendo el terrible trabajo que suponen, sin un momento de reposo, de diversión. Es por eso que doy tanta importancia al humor y lo cultivo habitualmente y se lo sugiero siempre a las personas con enfermedad mental con las que me relaciono. El humor es una maravillosa herramienta para luchar contra la enfermedad mental, algo que por desgracia la mayoría de enfermos no posee, ni busca, incapaces de pensar que puede ayudarles e incapaces de sacar de su interior ese humorista que todos llevamos dentro. La falta de sentido del humor en Virginia Woolf le llevaría a una decisión que acabó con su vida a los cincuenta y nueve años, algo que también me resulta curioso, puesto que de joven yo pensaba que de ser capaz de vivir hasta los cincuenta años sería un auténtico milagro, nos cuesta asumir toda una vida de sufrimiento para nosotros y para nuestros seres queridos, por eso nunca estamos libres de que llegue el momento en que el suicidio en el que hemos pensado y buscado durante toda nuestra vida se convierta en realidad. A pesar de haber dejado de intentarlo hace ya muchos años, por última vez, no tengo la seguridad absoluta de que no vuelva a hacerlo. Como Virginia Woolf puedo luchar toda la vida, para luego, en un momento de extrema debilidad, caer en esa tentación.

http://www.laopiniondemurcia.es/cultura-sociedad/2016/01/28/virginia-woolf-10-cosas-sabias/709602.html

Por desgracia la mayoría de enfermos mentales nos pasamos la vida pensando y luchando por no intentar el suicidio, algo que pocos consiguen con un éxito del cien por cien. ¿Qué enfermo mental no ha intentando suicidarse alguna vez? Por eso me resultaba extraño que Virginia lograra suicidarse a la primera a una edad tan avanzada, no me encajaba, teniendo en cuenta además, que sufría, como yo, de una psicosis maniaco-depresiva. Por eso encontrar ese dato, su intento de suicidio a los ventidós años, hace que me encajen muchas cosas en la biografía de esta gran escritora. El suicidio irá siempre unido a la enfermedad mental, aunque con el tiempo se logre descubrir algún medicamento que haga pasar a la historia esta vinculación entre enfermo y deseo de quitarse la vida. Pueden existir graves fallos genéticos, desequilibrios en la química del cerebro, que hagan que el enfermo mental busque desesperadamente esta supuesta solución, y sólo esta, pero para mí hay más, mucho más, la enfermedad del alma podría explicar muchas cosas que nunca conseguirá explicar la enfermedad del cuerpo. En esta serie iremos viendo cómo famosos enfermos mentales tontearon toda su vida con el suicidio y algunos lo consiguieron. Rastreando la enfermedad del alma en todos ellos descubriremos alguna de las raíces del suicidio, aunque hay una parte oscura y enterrada muy profundamente que nunca descubriremos.

Buscando listas de escritores que padecieron algún tipo de enfermedad mental, me he encontrado con los siguientes, que iremos viendo poco a poco.

Leo Tolstoy

Ernest Hemingway

Philip K. Dick

Franz Kafka

Sylvia Plath

Ezra Pound

Edgar Allan Poe

https://lamenteesmaravillosa.com/8-escritores-famosos-con-trastornos-mentales

Tenessee Williams

Hermann Hesse

Jack Kerouac

https://www.actualidadliteratura.com/5-escritores-trastornos-mentales/

agrietaonline.com/los-trastornos-mentales-a-traves-de-la-literatura/

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DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2017

27 09 2017

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http://www.who.int/campaigns/world-health-day/2017/es/

https://consaludmental.org/dia-mundial-de-la-salud-mental/

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs381/es/

El próximo día 10 de octubre se celebra el día mundial de la salud mental. Como todos los años intento hacer una aportación personal en el blog sobre el tema. Este año dejaré un poco de lado las estadísticas y la documentación que cualquiera puede encontrar sin mucha dificultad buscando en Internet para centrarme en una visión personal del tema. ¿Qué ha cambiado en el mundo de la enfermedad mental desde que yo fuera diagnosticado, siendo muy joven, hace décadas? ¿Cuál es mi experiencia personal en el trato con personas con enfermedad mental y sus familiares? ¿Qué se sigue echando de menos en el apoyo social a los enfermos? ¿Cómo me siento tras toda una vida sufriendo la enfermedad mental?

¿QUÉ HA CAMBIADO EN EL MUNDO DE LA ENFERMEDAD MENTAL DESDE MI JUVENTUD?

En la sección “Las historias de Bautista” en este mismo blog he comenzado una recapitulación basada en los esquemas y notas que el propio Bautista confeccionó para una conferencia. Remito a los lectores a estos textos, añadiendo una corta reflexión personal. Cuando yo fui diagnosticado, siendo muy joven, la enfermedad mental era asimilada por mucha gente a la locura, si has tenido la mala suerte de volverte loco, que Dios te ampare, yo procuraré mantenerme lo más alejado posible, pensaban muchos. No estoy hablando de la Edad Media, sino de la segunda mitad del siglo XX. El estigma, la leyendo negra del enfermo mental, seguían en plena vigencia. Estaba a punto de llegar la famosa antipsiquiatría y la reforma psiquiátrica en España.

https://consaludmental.org/sala-prensa/reforma-psiquiatrica-revista-encuentro-29303/

Muy pocos habían oído hablar de la enfermedad mental y eran aún menos quienes tenían un conocimiento mínimo de la enfermedad. En mi familia, en mi entorno, uno padecía de los “nervios” si la enfermedad mental era leve y “se había vuelto loco” si el trastorno era grave, no había nada más que decir. Yo mismo tardé años en aceptar que lo que me ocurría no era que había tenido la mala suerte de volverme loco, sino que padecía una enfermedad, llamada mental porque afecta la mente, la psiquis y no el cuerpo, y que una buena parte de la población mundial también la sufría. Por mi edad y las circunstancias he sido un poco el vagón de cola del tren del progreso. Mi curso fue el último en el anterior sistema educativo, antes de que se produjera una nueva reforma; fui de los últimos en sufrir el anterior sistema psiquiátrico, antes de la reforma, viví la transición política española y me enfrenté a todos los cambios sociales que se fueron produciendo. Esto me da una perspectiva bastante cercana y experimental respecto a lo que supusieron todos los cambios sociales, políticos y en la salud mental. Por desgracia, al día de hoy, las personas con enfermedad mental somos los últimos que aún quedamos en salir del armario, sufrimos el estigma de llevar marcada en la frente la pegatina de “alejaos, monstruito”, y continuamos escondidos, con miedo a abrir la boca, a decir que sufrimos una enfermedad mental, como yo digo, con extrema dureza, pero para mí con crudo realismo, seguimos viviendo en las cloacas, intentando pasar desapercibidos entre las ratas. Dejo aquí el enlace a los textos sobre la recapitulación de Bautista respecto al cambio que supuso la reforma psiquiátrica en España.

ttps://guerreroimpecable.wordpress.com/tag/las-historias-de-bautista/

¿CUÁL ES MI EXPERIENCIA PERSONAL EN EL TRATO CON PERSONAS CON ENFERMEDAD MENTAL Y SUS FAMILIARES A TRAVÉS DE ESTE BLOG Y A TRAVÉS DEL CONTACTO FÍSICO?

Llevo ya algunos años recibiendo correos electrónicos a través del blog, también recibo de vez en cuando algún whasap y lo que es bastante raro, alguna que otra llamada telefónica. Las estadísticas son bastante sencillas:

-Al menos un noventa por ciento de estas comunicaciones son de familiares de personas con enfermedad mental que buscan un poco de información y una pizca de esperanza.

-Al menos un noventa por ciento de estas personas son mujeres, madres, hijas, hermanas… Lo que me indica que si no están más preocupadas por sus seres queridos con enfermedad mental que los familiares del género masculino, al menos si tienen más valor, son más atrevidas y tal vez también estén más desesperadas.

-Rara vez se produce un contacto directo de una persona con enfermedad mental y éste contacto suele ser muy fugaz, en cuanto les planteo el camino que yo seguí y el que a mi juicio deberían seguir todos los enfermos mentales (aceptación de la enfermedad, informarse sobre ella, aceptar seguir alguna terapia y tomar medicación, revisar todas las conductas que los enfermos solemos adaptar con los familiares en base a las ideas expresadas en mis textos del blog, y la imperiosa necesidad de seguir el camino del guerrero impecable, al menos en su esencia, hago lo que tengo que hacer cuando tengo que hacerlo) todos ellos salen corriendo como si les persiguiera el diablo. La dureza de este camino asusta a cualquiera, pero me temo que hay muy pocas posibilidades de salir adelante, si hay alguna, si el enfermo se conforma con intentar sobrevivir, agazapado en su dolor, hasta que llegue la muerte en algún momento.

-Tanto familiares como enfermos se han enquistado en unas conductas erróneas y nefastas que hacen de su convivencia una especie de guerra a muerte, a ver quién aguanta más. Todos ellos suelen tener ideas muy equivocadas sobre la enfermedad mental. Todos ellos intentan convencer a los otros de que ellos tienen razón y los de enfrente están equivocados, organizando una especie de juego de la soga, en el que se traza una línea en el suelo y unos tiran desde un lado y otros desde el otro, intentando que pasen la línea y lleguen a su terreno. Los enfermos se quejan de la incomprensión de los familiares y los familiares están hasta el gorro de soportar a enfermos que no hacen nada por enfrentarse a la enfermedad y tener una buena calidad de vida, conviviendo de forma aceptable con la familia y haciendo lo posible por engranarse en la sociedad.

-Los familiares suelen estar desesperados porque no consiguen nada del enfermo y tampoco se atreven a marcar líneas rojas, traspasadas las cuales el enfermo debe asumir las consecuencias. Sus vidas se convierten en auténticos infiernos, siempre temerosos, aterrorizados por si el enfermo tiene una crisis y se pone violento y les agrede, les lesiona o les mata. No encuentran otra forma de tratar al enfermo que compadecerle e insistir una y otra vez en que haga lo que ellos consideran que debe de hacer, forzándole a conductas a las que el enfermo se niega violentamente porque no acepta imposiciones y se sigue considerando una persona libre. No suelen aceptar que la enfermedad mental suele ser crónica, al menos en las enfermedades graves, y que por lo tanto sus ideas y esperanzas en conseguir la cura milagrosa que cure definitivamente al enfermo es un error.

-Los enfermos tienen un serio problema con la medicación. Es en lo que más insisten los familiares y es lo que peor llevan. Por experiencia propia conozco muy bien los efectos secundarios de toda medicación y sé lo difícil que es aceptar que te arrebaten un tanto por ciento elevado de tu capacidad mental, de tus movimientos físicos, de tus biorritmos y de tus capacidades y posibilidades sociales. Las medicaciones para la enfermedad mental siguen teniendo un grave inconveniente, no se les puede pedir que anulen cualquier efecto secundario que tiene cualquier otro medicamento para una enfermedad física, pero que te duerman durante muchas horas, obligándote a largos periodos de sueños que trastocan los ritmos normales de tu vida cotidiana y de la familia con la que conviven, que te impidan el funcionamiento normal de tu mente, te falta concentración, te falta memoria, tu mente se ralentiza en extremo… pero sí sería muy positivo para el enfermo mental que la medicación no le impidiera en tan alto grado llevar una vida normal. No se puede pedir a un antidepresivo que no te excite y haga que tu motor se pase de revoluciones, porque lo que intentan es sacarte de un estado depresivo en el que estás desparramado por el suelo, necesitas que te “pìnchen el culo” digámoslo así para que puedas reaccionar. Pero de ahí a estar tan revolucionado que no puedas pararte quieto hay un abismo. Tampoco se puede medir a un medicamento que intenta calmarte, que estés menos agresivo, menos violento, que te adormiles, que siga manteniendo tu ritmo, tus revoluciones, porque entonces no sirve para nada, es como si te tomaras agua. Pero de ahí a convertirte en un zombi que se pasa las horas muertas durmiendo o deseando dormir también hay un abismo. También tienen un serio problema con sus conductas patológicas y su bula papal, temas que trato muy extensamente en el blog por lo que no lo voy a hacer aquí.

-La mayor preocupación de los familiares es conseguir que los enfermos se tomen la medicación y sigan una terapia. Este es sin duda el tema número uno de los correos que recibo. Ciertamente cuando el enfermo está muy deteriorado y se comporta de forma muy agresiva, el conseguir que se tome la medicación es básico, es esencial. Lo malo es cómo convencer al enfermo de que lo haga, para ello debe pasar por todas las etapas necesarias y la primera es aceptar que es un enfermo. Nadie que no asuma que sufre una enfermedad querrá tomarse la medicación, si estás bien ¿para qué demonios necesitas medicarte?

-La mayor preocupación de los enfermos es que respeten su libertad y no les obliguen a hacer lo que no quieren. No es que estén muy a gusto tal como están, pero no ven otra forma de vivir la vida. La necesidad de cariño es espantosa, ni el propio enfermo se da cuenta de hasta qué punto necesita cariño y de que en el fondo de todo lo que reprocha a los familiares está su trato poco cariñoso.

-Los familiares no saben qué hacer con el enfermo, y aquí entra una necesidad, una reclamación a la sociedad, se necesitan leyes que permitan a los familiares internamientos forzosos en casos necesarios, tales como la agresividad y la violencia en los brotes o crisis de los enfermos. Es una de las preguntas más frecuentes que me hacen. ¿Qué puedo hacer con el enfermo si no quiere tomarse la medicación ni seguir ninguna terapia y en casa se comporta de forma muy agresiva y hasta violenta, llegando en alguna ocasión a la violencia física? Este es un tema social que está aún pendiente, se necesitan leyes sencillas que permitan a los familiares encontrar una solución en estos casos. Se necesita toda una infraestructura sanitaria para atender el abanico de casos que genera el enfermo mental, desde el hospital de día hasta el internamiento a largo plazo en casos graves. Los familiares están perdidos en el laberinto legal, no saben qué hacer y la verdad es que a veces se puede hacer poco porque no hay leyes ni medios. Esta preocupación porque el enfermo pueda llegar a agredirles físicamente, incluso a matarles, es la más importante para los familiares. No encuentran solución, no saben qué hacer, y la convivencia se convierte en un infierno que cada día se agrava más.

-Muchos enfermos han tirado la toalla, están desesperados, no aceptan una enfermedad crónica que convierte su vida en un constante sufrimiento sin esperanza. No creen que la medicación pueda curarles y no aceptan  que la única opción que se les ofrece sea la de vivir como vegetales. Se han acostumbrado a un determinado tipo de conductas patológicas, en parte generadas por la propia enfermedad, y no son capaces de ver que pueden actuar de otra manera y que su vida pueda ser distinta. Dependiendo económicamente de los familiares, sin muchas posibilidades de encontrar algún tipo de trabajo que les ayude a tener una cierta independencia económica, con una convivencia familiar desastrosa, la mayoría de las veces, se limitan a esconderse en su caparazón, como la tortuga, intentando que les dejen en paz. Su máxima aspiración es pasar desapercibidos, que no se metan en sus vidas, pero no comprenden que cuando se convive con otras personas hay determinadas conductas que no pueden ser aceptables y que nunca lo serán para sus familiares. El cambiar estas conductas es para ellos tan duro que ni siquiera se lo plantean, más si además de la enfermedad mental hay también adicciones como las drogas, al alcohol o cualquier otro tipo de adicción que conlleva un dispendio económico que no pueden permitirse. La muerte acaba siendo para ellos la única salida, la única forma de encontrar un descanso y de acabar con un sufrimiento que entienden no se merecen.

-Los familiares suelen agradecer mucho que alguien les escuche, aunque no se les pueda facilitar ninguna solución a su problema. En muchos casos el estigma que genera la enfermedad hace que intenten ocultarla, no se atreven a hablar de ella, a buscar ayuda, por eso el blog les resulta un medio interesante para que, sin salir del anonimato, puedan hablar libremente.

-Las personas con enfermedad mental con las que trato desde una distancia más corta, a las que conozco en persona, suelen estar en un perpetuo bucle mental del que no son capaces de salir, subidos a un tiovivo, como digo yo, en el que dan vueltas y vueltas sin avanzar un paso e incapaces de bajarse. El mantra del quiero morir como la única solución posible es el peor de los bucles, poco se puede hacer con un enfermo que no cree que pueda enfrentarse a la enfermedad y alcanzar una calidad de vida minimamente aceptable. La medicación no suele quebrar este bucle, necesitan que alguien les escuche, les comprenda, no estar solos, recibir un poco de cariño. Entonces el tiovivo deja de girar tan rápido y existe alguna posibilidad de que se atrevan a dar el paso de bajarse de él y comenzar a caminar hacia delante, aunque sea pasito a pasito. El trabajo de modificar algunas formas de pensar que no son aceptables ni para familiares ni para la sociedad y que en ellos solo genera un bucle permanente, no es precisamente una tarea fácil y lleva mucho tiempo, bien podría durar toda una vida. Esto es algo que muchos familiares no están dispuestos a aceptar, pero por desgracia no hay caminos cortos ni rápidos, un enfermo puede llevar tantos años pensando y actuando de la misma manera que pensar que pueden cambiar drasticamente de la noche a la mañana es una utopía inútil.

-Personalmente poco puedo hacer, salvo escuchar, escuchar es fundamental y el lema de este año viene de perlas. Hablemos con el enfermo mental, pero sobre todo escuchemos, sobre todo al principio el enfermo no será capaz de otra cosa que de hablar de todo lo que le pasa, de su tragedia, poder escuchar lo que el otro le dice lleva tiempo. La enfermedad mental no es solo una enfermedad física generada tal vez en la bioquímica de nuestro cerebro, en ese caso solo habría que rezar para que los avances en la medicación pudieran erradicarla, la enfermedad mental es sobre todo una enfermedad de la mente, emocional, de la psiquis, una enfermedad del alma, como digo yo, y aquí, aunque toda ayuda viene bien, y los medicamentos son una ayuda, sobre todo importa un tratamiento emocional, cariño, una terapia para cambiar esas formas de pensar tan erróneas y tan difíciles de comprender para los otros que ven en ellas solo una disculpa para que el enfermo no haga nada y siga con su vida vegetal, complicando la convivencia a todo el mundo. La enfermedad mental es una herida en el alma, causada en muchos casos, por auténticos dramas, auténticas torturas y maltratos psíquicos, que solo puede ser aliviada con el ungüento del cariño. Si entre nuestros valores no está la generosidad y el sacrificio por los demás, si pensamos que ya tenemos bastante problemas para encima echarnos a la espalda los de un enfermo mental, mejor alejarnos del enfermo porque a su lado no podremos escapar de los problemas. A lo largo de estos años, que llevo intentando a través del blog, dar un poco de esperanza a enfermos y familiares, he llegado a plantearme muchas veces si no debería dejarlo, puesto que mi enfermedad mental, mis problemas, mi sufrimiento, ya son de por sí bastante pesados para mis espaldas. El miedo al “contagio” de la depresión, del mantra del quiero morir, repetido hasta la saciedad, a perder la paciencia escuchando siempre las mismas ideas erróneas, contemplando cómo el bucle se repite una y otra vez, sin la menor esperanza de que acabe quebrándose, a que en algún momento yo pueda subirme también a ese tiovivo infernal, a veces me ha tentado a tirar la toalla. Por suerte la filosofía del guerrero sigue presidiendo mi vida. No se trata de intentar curar, de intentar solucionar problemas insolubles, no se trata de echarme sobre las espaldas todos los problemas de familiares y enfermos, sino de hacer cada día lo que tengo que hacer, sin buscar nada, ni agradecimiento, ni la satisfacción de ver cómo un solo enfermo ha conseguido bajarse del tiovivo o cómo un familiar agradece entre lágrimas que alguien haya resuelto uno de sus graves problemas. En la enfermedad mental no hay metas palpables, que permitan saber que has conseguido algo. En todos estos años no he resuelto de forma clara ni un solo problema de un familiar, ni he conseguido que un enfermo cambiara ni por un momento su forma de pensar, ni creo haber mejorado la situación infernal de convivencia de nadie, ni siquiera tengo la seguridad de haber evitado algún intento de suicidio, porque cuando estás asomado al abismo, sino caes hoy puedes caer mañana. Sigo día a día compartiendo mis experiencias como enfermo mental, porque no se puede amar lo que no se conoce y los enfermos necesitamos que nos conozcan y mucho.

¿QUÉ SIGO ECHANDO DE MENOS EN EL APOYO SOCIAL A LOS ENFERMOS?

-Claramente hay prioridades. El conseguir una buena legislación que permita a los familiares una solución al problema de un enfermo mental agresivo o violento con el que no se puede convivir, respetando al mismo tiempo los derechos del enfermo, como persona, es una de ellas. El tener una buena infraestructura de atención al enfermo mental, para el día a día y para casos graves que exigen un internamiento a largo plazo, sería una inmensa ayuda, aunque me temo que no están los tiempos para muchas esperanzas.

-El conseguir que el estigma vaya desapareciendo, no de la noche a la mañana, pero sí pasito a pasito, sería extraordinariamente importante. Que a la sociedad le interesara, aunque fuera un poco saber cómo es la enfermedad mental, cómo se debe tratar a los enfermos mentales, sería un paso impresionante. Para ello debemos ser más, muchos más, los enfermos que demos el paso adelante de decir: aquí estoy yo, soy un enfermo, esta es mi vida, así soy yo. Mientras lo único que se sepa del enfermo es que otro, diagnosticado con tal o cual enfermedad, ha agredido o matado a alguien, porque no tomaba medicación o por otras circunstancias que nunca se dicen y de las que nadie quiere saber, el estigma seguirá y los enfermos seguirán escondiéndose.

-El apoyo de la familia, de los seres queridos, del entorno, es fundamental. Pero para ello todos, familiares y enfermos debemos trabajar duramente para cambiar formas de pensar, conductas patológicas, actitudes de guerra abierta que no llevan a parte alguna. En ese sentido me siento relativamente satisfecho de mi trabajo en el blog.

¿CÓMO ME SIENTO TRAS TODA UNA VIDA SUFRIENDO UNA ENFERMEDAD MENTAL?

-Ante todo me siento digno, a pesar de todos los pesares, de todo lo que he hecho sufrir a los demás, de conductas inaceptables, de terribles episodios en mi vida que apenas soy capaz de recordar sin un terrible sufrimiento, me siento digno por no haber tirado la toalla, por haber luchado siempre, unas veces más y otras menos, por haber buscado una vida digna, con sentido, con propósito, por haber hecho mi labor, a pesar de todos los obstáculos.

-Agradecido a haber encontrado la filosofía del guerrero impecable que me ha permitido tener las ideas claras, las emociones equilibradas, la conducta diamantina. Triste porque esto no hubiera ocurrido siendo joven y me hubiera permitido afrontar todas las circunstancias de mi vida como un guerrero.

-Triste por haber perdido seres queridos por el camino, una familia, amigos, personas que merecían la pena. Triste por estar solo día tras día, por haber tenido que renunciar a tantas cosas que podrían haber estado a mi alcance de no haber sido un enfermo mental.

-Feliz porque mi vida no ha sido en vano. He luchado por desentrañar el misterio de la vida, por elevarme espiritualmente, por ser mejor persona y por cumplir, desde las cloacas de la vida, con los demás y la sociedad.

-Desesperanzado por la terrible dificultad que supone intentar hacer algo por los enfermos mentales y sus familiares, el no ver nunca nada palpable que te ayude a sentir que todo esto merece la pena.

-Esperanzado, porque tras la noche siempre llega el día y porque la oscuridad y la nada no pueden imponerse a la luz, lo mismo que el vacío no puede permanecer así  para siempre, porque como decían los clásicos y tenían más razón que un santo: horror vacui. Hay un poderoso horror al vacío que nos impulsa a llenarlo, con lo que sea, así funciona la vida, la naturaleza, el Cosmos, la existencia. Y los enfermos mentales somos el vacío por antonomasia, por eso en algún momento se llenará, es inevitable y es esperanzador.

 

 





CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL X

13 09 2017

 

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CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL X

NOTA: Como ya dije al comienzo de esta serie de cartas, me pareció oportuno no desaprovechar los correos de respuesta a las comunicaciones que me hacen a través del blog sobre personas con enfermedad mental. Teniendo en cuenta que las respuestas son mías, tengo los derechos de autor, y si elimino cualquier dato que pudiera ayudar a identificar a esas personas, como nombres, lugar de residencia o circunstancias concretas, no veo inconveniente en aprovechar mis correos para seguir tratando el tema del enfermo mental en este formato. Es cierto que podría aprovechar todos los correos y con corte-pega y encajándolos por temas podría utilizarlos en la serie de textos bajo el título de Errores de conducta respeto al enfermo mental o Conociendo y queriendo al enfermo mental, pero eso me llevaría mucho tiempo, y además este formato creo que da mayor proximidad.  Así pues teniendo en cuenta que no hay ningún problema legal en que utilice mis propios correos públicamente y que si elimino cualquier dato que pudiera a ayudar a identificar a las personas, permaneciendo éstas en el más estricto anonimato, no se violaría ninguna ley de derecho al honor y a la intimidad, al menos aquí en España, creo que voy a seguir esta serie de textos tratando de que sean lo más cronológicos posibles. Antes de cada serie de correos que afecte a una persona con enfermedad mental distinta, haré una breve introducción para saber de qué enfermedad estamos tratando y sus circunstancias esenciales.

En este caso me escribe una hija hablándome de su madre, una mujer de avanzada edad que parece sufre un grave deterioro mental que ha ido aumentando con el tiempo. Su pregunta se refiere a cómo conseguir que acuda al médico o especialista correspondiente para ser diagnosticada y tratada. Sus delirios han llegado a tal extremo de gravedad y son tan retorcidos y “malvados” que han estado a punto de ocasionar un gravísimo problema para la remitente.  Me habla de un trastorno de la personalidad que no voy a mencionar aquí porque mis conocimientos sobre él son paupérrimos y mis respuestas se centrarán sobre todo en cómo conseguir convencer a un enfermo mental de que acuda al especialista correspondiente, se deje diagnosticar, se acepte como enfermo y tome la medicación y siga las terapias pertinentes. Es un tema que ya trato en Errores de conducta respecto al enfermo mental, pero como veremos cada caso es un mundo y cada enfermo un universo. Los correos se prolongaron durante algún tiempo y llegué a tener una buena relación con la comunicante, hasta el punto de contarle también algunas de mis intimidades. En aquel momento yo pasaba una etapa muy complicada y difícil, por lo que ambos nos ayudamos un poco mutuamente.

comedores

Manzanares 11-09-2014

Hola amiga: Muchas gracias por tu confianza. Entiendo lo que estás pasando y tu desconcierto ante el comportamiento de tu madre. No soy un  profesional y solo puedo darte mi visión desde la perspectiva de un enfermo mental que ha sufrido y sufre graves crisis, ahora mismo … y he estado casi mes y medio en una especie de periodo delirante. Te sugiero que leas en el blog los trabajos que estoy subiendo sobre el delirio con el texto de Conociendo al enfermo mental.

      Mi sugerencia es que os teméis su conducta cuando está en crisis de su enfermedad como un delirio. Los enfermos mentales podemos delirar como una fuga de la realidad, es decir, fantaseamos y nos imaginamos todo tipo de realidades y con el tiempo se van haciendo absolutamente reales para nosotros. No es que nos comportemos de una determinada manera porque somos malos, solo para hacer daño o digamos cosas terribles para destruir a nuestros seres queridos, es que la fantasía que nosotros estamos viviendo es real y actuamos en ese sentido. Cuando un enfermo mental está delirando es difícil hablar con él, razonar, aconsejarle algo, eso tiene que hacerse antes, cuando está bien, o después de la crisis. Durante ella tenemos que comportarnos con cariño, con paciencia y delimitar muy bien dos tipos de conductas: por un lado no aceptar sus delirios y entrar en su juego destructivo, pero tampoco intentar convencerle con razonamientos de que se está equivocando y de que vive en otra realidad. Un enfermo delirante vive lo que hay en su mente y su realidad es indiscutible. Tenemos que separar sus delirios de su personalidad y hablar con claridad y afecto, siempre con respeto, la falta de respeto produce siempre reacciones agresivas y que el enfermo se encierre más en su delirio y trate de hacer más daño desde ese mundo delirante donde todo vale. Podéis intentar una pequeña conversación intentando razonar con ella y ver si es capaz de asimilar lo que le decís. Te voy a contar un caso de deliirium tremens en un enfermo de alcoholismo.
absinthe
         Mi amigo era alcohólico y estaba internado en el hospital, sufría delirium tremens y veía toda clase de bichos y monstruos, tenía alucinaciones. Me llamaron y me personé en su habitación. Observé que me reconoció y que parecía bastante normal, pero pronto puso cara de terror, señaló la pared y comenzó a decirme que bajaban serpientes venenosas, arañas y todo tipo de bichos que le iban a morder y a matar con el veneno. Mi actitud fue la siguiente:
          Le dije que era su amigo, que nos conocíamos desde hacía años, que yo no le engañaría porque le quería, que tenía que creerme si yo le decía que no pasaba nada de eso. Me respondió que lo veía y que era real y que a pesar de mi amistad todo el mundo le engañaba. Entonces me acerqué a la pared y extendí mi mano. El me suplicó que no lo hiciera, que me iban a morder y moriría. Le respondí que yo no quería morir, ni por él ni por nadie, que si realmente hubiera serpientes venenosas en la pared llamaría a quien tuviera que llamar, pero no tenía por qué engañarle. Puse la mano en la pared y la mantuve un rato. El me dijo que me acababan de morder y que iba a morir. Me acerqué a él y le enseñé mis manos y brazos. ¿Ves alguna mordedura? No tengo el menor miedo a morir. Estás sufriendo un delirio a causa de tu enfermedad y lo sabes porque ya has tenido otros. Para tí son reales, por eso debes dejarte ayudar de las personas que te quieren. Sé que te resulta difícil aceptar que lo que estás viendo y que es tan real para tí no lo sea para otros, tienes que buscar una explicación y la encuentras pensando que los demás te engañan porque no te quieren, te están traicionando. Créeme, yo te quiero y sé que estás delirando. Se calmó y me preguntó qué podía hacer. Le dije que ya le estaban ayudando con la medicación y que los profesionales sabían enfrentarse a su problema, pero que no le podían curar ya, que  debería sufrir el delirio y tratar de encontrar esperanza pensando que acabaría pasando. Entonces me dijo que escuchaba un helicóptero volando hacia allí y que eran terroristas que iban a matarle. Le respondí que efectivamente existía un ruido pero que no era un helicóptero y que a él no podían venir a buscarle expresamente porque no le conocían.
           Mi amigo murió al cabo de unos meses porque tenía el hígado destruido por la cirrosis, bebía desde los doce años, sin parar. Traté de ayudarle haciéndole ver que la vida merecía la pena, pero al parecer sufrió un grave trauma en su adolescencia del que no me quiso hablar mucho y eso le afectó tanto que buscó la destrucción en el alcohol y como le gustaba se hizo adicto. Rompió con su novia que le quería mucho, en mi presencia, y decidió vivir los últimos meses de su vida pactando con una chica portuguesa que le cuidara y le diera el sexo que él pudiera tener (el alcohol destruye la potencia sexual) a cambio de dejarle el piso a su nombre. Viví aquella situación porque yo residía entonces en su piso y además estaba viviendo lo peor de mi enfermedad, te estoy hablando de mi juventud, hace más de 30 años. Estuve con él hasta su muerte, a veces se ponía agresivo, se lo decía y si tenía que marcharme de casa lo hacía, pero siempre le explicaba que era su amigo y que si me marchaba era porque su conducta “en aquel momento” era inaceptable.
          Con este ejemplo quiero decirte que hay que calibrar muy bien hasta dónde se puede hablar con un enfermo delirante y cuándo. Si no razona, si no responde a nuestras muestras de afecto y a nuestras palabras cariñosas y razonables,es que no puede hacerlo, está en su mundo de delirio. No es que nos odie a muerte, nos odia el delirante cuando delira, pero la persona que hay detrás sigue siendo la misma, si nos quiso nos seguirá queriendo, si era buena persona lo seguirá siendo, pero hay que buscar a esa persona y no siempre se la puede encontrar cuando está en pleno delirio. Para que te hagas una idea te pondré un ejemplo. MI padre murió de cáncer de intestino, muy doloroso y largo, tardó cuatro años en morir. Entonces no existía la medicación que hay ahora. Cuando agotaba la dosis de morfina y los dolores eran extremos era capaz de pasearse por casa, con la bolsa de la sonda en la mano, y gritar como un energúmeno, incluso nos insultaba gravemente, a veces blasfemaba contra Dios por hacerse sufrir tanto y amenazaba con tirarse por la ventana. Esto era producto de su enfermedad, él no era así cuando estaba bien. Hay que aceptar ciertos comportamientos del enfermo como producto de su enfermedad y no de su personalidad.
            Como no me dices si estás en España o fuera no puedo precisarte qué debes hacer. En España podrías acudir a una asociación para enfermos mentales, bien generalista o específica para la enfermedad de tu madre. Podrías buscar en Internet la más próxima a tu domicilio y acudir. Yo mismo estoy dando clase de yoga mental en una asociación de mi zona. Está formada por enfermos y familiares que se han organizado y realizan actividades  e intentan el asesoramiento de profesionales. En una asociación te podrán aconsejar, podrás hablar con otras personas que sufren casos parecidos. En caso extremo en España la legislación permite el internamiento obligatorio por decisión judicial. Incluso se puede pedir la incapacitación a través del Ministerio Fiscal, el médico forense ve al enfermo y le aconseja al juez si debe internarle, incapacitarle o cree que puede seguir llevando una vida normal con su familia.
           Desconozco la edad de tu madre, su trayectoria vital y el tratamiento que sigue y con qué profesionales. Por lo que me dices puede que sea una persona muy mayor y que está perdiendo poco a poco la razón. Deberías plantearte la posibilidad de su internamiento forzoso a través del juzgado y que los profesionales que la atiendan decidan si está para ser incapacitada o no. Desconozco vuestras posibilidades económicas y si podrías llevarla a una residencia especial para esta clase de enfermos.
           Es importante lo que te voy a decir. Como familiar puedes querer mucho a tu madre, muchísimo, pero no puedes dejar que destroce tu vida y tampoco puedes dejar que acabe ….  Tenéis que informaros de su enfermedad, de cómo tratarla, de lo que podéis hacer y es mejor que hagáis. Establecer un protocolo entre vosotros, decidir cómo debéis comportaros con tu madre y entre vosotros. ….Nunca deberás sentirte culpable si tienes que internar forzosamente a tu madre o tienes que incapacitarla. Tampoco tienes que mantenerla en tu hogar y sufrirla hasta las últimas consecuencias. Si hay otras soluciones hay que buscarlas. Muchas veces los familiares se pasan o se quedan cortos en el trato con el enfermo mental. En tu caso creo que estás dejando que ella destruya tu vida y eso es malo, muy malo…
           Te voy a contar mi propio caso….
        Te cuento todo esto para que estés consciente de que no estás sola, que hay muchos enfermos mentales y muchos familiares enfrentándose a sus propias historias, todas muy dramáticas. Te lo he contado para que veas también el punto de vista de un enfermo mental. En mi caso…
     Perdona que te cuente todo esto y el correo sea tan extenso. Tú me has pedido ayuda, yo te la doy, dentro de mis posibilidades, pero al mismo tiempo tú me estás ayudando muchísimo al poder hablarte de todo esto con sinceridad. El intercambio afectivo y espiritual funciona así, como dijo un gurú, un gran maestro espiritual, el maestro recibe más de sus discípulos de lo que es capaz de darles y muchas veces la persona que cree estar dando mucho a cambio de nada está recibiendo infinitamente más de lo que está dando.
      Cuídate mucho… y buscar soluciones a lo de vuestra madre. Apoyaros en la familia, en los amigos, en asociaciones de enfermos mentales, buscar ayuda y nunca desesperéis. Si necesitas algo más vuelve a escribirme. Infinitas gracias por aceptar también mi petición de ayuda, y por ayudarme soportando este largo correo. Mis mejores deseos para vosotros.
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CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL IX

28 06 2017

cartas mentales

Manzanares 17-8-2016

Hola amigo: Veo que te ha llamado la atención mi metáfora, porque no
es otra cosa, de la bula papal. Permíteme que profundice un poco más
en ella. Podría haber empleado otra metáfora como la del salvoconducto
o la del ticket que nos permite acceder a sitios a los que no pueden
entrar quienes no lo tienen o incluso podría haber utilizado la farsa
de control, un concepto muy interesante que encontré en los libros de
James Renfield, creo que fue en la Novena revelación. Como ocurre en
las metáforas nunca se adaptan por completo a lo que se pretende
expresar pero sí son muy plásticas y llamativas y por eso las utilizo.
Tal vez el concepto de farsa de control se adopte mejor a lo que
quiero expresar pero debido a mi formación religiosa (estudié en un
colegio religioso) y a mi conocimiento de las bulas papales me llamó
mucho la atención el concepto dado que el mecanismo de la bula y el de
la conducta del enfermo mental tienen mucho en común. En los tiempos
de degeneración del papado muchos ricos utilizaron las bulas papales
para conseguir privilegios a los que podían acceder por su dinero. Lo
honrado hubiera sido que las bulas se concedieran a los más
necesitados, a las víctimas, pero como ocurre con tanta frecuencia en
nuestra sociedad es el dinero el que genera privilegios y no la
condición humana. Muchos sacerdotes, obispos e incluso los mismos
Papas acabaron vendiendo las bulas papales, con lo que un rico podía
comer carne en cuaresma porque tenía bula papal y en cambio los
enfermos o los desposeídos no podían hacerlo porque no tenían dinero
para comprar una bula. Digamos que incluso antes de “pecar” los ricos
podían plantearse romper con las normas y reglas a las que estaban
sometidos los demás porque el papa había otorgado una bula que ellos
habían comprado y que les permitían conductas que a los demás les eran
negadas, podían comer carne en cuaresma, podían saber con antelación
que determinados pecados les serían perdonados antes de ser cometidos
porque en sus manos tenían una bula papal.

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En el caso del enfermo mental la bula se la otorga él, no el
Papa y no compran esa bula con dinero u otros materiales de
intercambio sino con su enfermedad y su dolor. Suena muy mezquino este
comportamiento, cambiar enfermedad y dolor por privilegios de conducta
pero el enfermo mental está tan desesperado, tiene tal concepto de su
sufrimiento y sobre todo, no tiene otra cosa para el intercambio, que
esta mezquindad a veces resulta hasta comprensible y aceptable, de
hecho muchos familiares de enfermos caen en esta trampa. En una
sociedad muy avanzada espiritualmente la única moneda válida de
intercambio debería ser el amor, solo el amor debería servir para
conseguir cosas, pero curiosamente el amor es lo unico que no es
intercambiable. Alguien que ama lo da todo y no espera nada a cambio y
menos aún que le sea devuelto el amor en la misma cantidad, con la
misma generosidad. Todos dudaríamos de alguien que nos da su amor pero
a cambio pide y exige que le sea devuelto hasta el último céntimo que
ha invertido. Y esto es así porque el amor es generoso, desprendido,
no espera nada a cambio y se da sin medida a todo el mundo. Mal se
podría utilizar como moneda de cambio porque sería entregar todos los
bienes a cambio de nada, ni siquiera de un gesto del que lo recibe con
las manos vacías.

Teniendo en cuenta que en nuestra sociedad todo es intercambio
y competitividad, que nadie da nada por nada y que todo el mundo
espera sacar un interés, un rendimiento a lo que da, que todo el mundo
espera recibir más de lo que da, los enfermos mentales estamos
vendidos porque tenemos muy poco que ofrecer. Debido a la enfermedad
nos resulta difícil encontrar trabajo y recibir a cambio un
estipendio, la gran mayoría de enfermos mentales pertenece a las
clases desfavorecidas y por lo tanto no pueden dar dinero a cambio de
atención. No solemos resultar simpáticos a los demás por motivos
obvios, no tenemos labia para convencer a nadie de nada, incluso
cuando somos creativos procuramos pasar desapercibidos por lo que no
exponemos las obras de nuestra creatividad al público, esperando ser
admiradas y recompensadas. Digamos que un enfermo mental es un paria
entre los parias, porque incluso un vagabundo con enfermedad física o
deformidad puede suscitar compasión, pero debido a los trastornos de
conducta el enfermo mental acaba siendo rechazado, despreciado,
marginado  y hasta siendo objeto de toda clase de malos deseos, “si se
muriera nos libraríamos de él, de su carga, de tener que soportarle el
resto de la vida” y es que además es manipulador, chantajista y
malvado, se merece todo lo que le ocurra. Así pues lo único que tiene
un enfermo mental para intercambiar y lo único que ha descubierto que
funciona es su dolor. Si mostramos nuestro sufrimiento, si contamos
cómo es nuestra vida, si ponemos en la balanza nuestros intentos de
suicidio, el sufrimiento constante durante años, la medicación, los
internamientos. podemos conmover hasta a una piedra, siempre que sea
mínimamente sensible. Nunca me he encontrado con un enfermo mental que
piense que su sufrimiento es inferior al de nadie y mucho menos al
común de los mortales, todavía podría regatear con enfermedades
físicas muy dolorosas y degenerativas, con sufrimientos morales
terribles como las víctimas de los campos de concentración, por poner
un ejemplo extremo, pero cuando se trata de comparar nuestro
sufrimiento con el del común de los mortales no hay color.

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Te puedo poner el ejemplo de una amiga enferma mental con la que
llevo tratando más de tres años.  Nada más conocerla ya hizo gala de
su sufrimiento, utilizó conmigo la farsa de control de la compasión,
es decir, vino a verme por motivos legales, para que la asesorara y
cuando mis consejos no le parecieron muy prácticos para solucionar sus
problemas se echó a llorar como una magdalena.  Enseguida noté que si
bien había mucho sufrimiento auténtico en ella y posiblemente un
pasado terrible, como así era puesto que al cabo del tiempo me fue
contando poco a poco su vida, sus lágrimas y aspavientos eran
exagerados, teatrales, y es que además era una mala actriz. Ante ello
tomé la decisión de tratarla como una hermana y decirle que yo también
era un enfermo mental y que a pesar de ello seguía luchando y no
lloraba por las esquinas buscando la compasión, mi dignidad como
persona y enfermo me impedían ya ese tipo de comportamientos. Para
rematar la abracé estrechamente, sin pedirle antes permiso, y
estuvimos así unos minutos. Eso la desarboló. A pesar de ello es
frecuente que siga utilizando su sufrimiento para justificar su falta
de voluntad, su apatía a la hora de tomar decisiones, su incapacidad
para vivir una vida que merezca la pena. En varias ocasiones decidí
seguirle el juego y puse sobre el platillo de la balanza mi propio
sufrimiento. ¿Que has intentado suicidarte? Yo más, una docena de
veces, y algunas terribles. Mi sufrimiento gana al tuyo. ¿Que has
estado internada? Yo más veces y durante más tiempo, y además mis
terapias fueron más terribles que las tuyas, electroschok, atado con
cadenas, con auténticas cadenas a una cama infecta, llena de orines,
en un sótano húmedo y tétrico. ¿Que tu….?  Objetivamente mi
sufrimiento era muy superior al suyo, por lo tanto no podía utilizar
conmigo esa farsa de control, buscar mi compasión, chantajearme
emocionalmente, manipularme. Digamos, utilizando un poco el humor, que
en esta partida de poker mis cartas eran muy superiores a las suyas,
ganadoras de todas todas. Por mucho que intentó hacerme ver que la
intensidad del sufrimiento a veces no tiene que ver con las
circunstancias objetivas eso no podía colar porque como le dije eso
significaría que yo era un bruto insensible, un pedrusco y ella la
mujer más sensible de la creación. Que no cuela, que no, le dije.
Entonces intentó convencerme de que mi caso era excepcional porque yo
tenia una gran voluntad de la que ella carecía. Falso, le dije, en mis
peores tiempos yo tenía menos voluntad que tú ahora y hubiera seguido
así de no haber entrenado la voluntad, de no haber decidido
convertirme en un guerrero impecable. La voluntad, le dije, es como un
músculo, se entrena en el gimnasio y quien no va nunca a entrenar no
puede echar la culpa al cielo de que no le ha dado ese don, porque no
cuela, si quieres músculo, vete al gimnasio, si quieres voluntad
trabaja con ella cada día. El entrenamiento de la voluntad también lo
saqué de los libros de Castaneda y de la filosofía del guerrero
impecable.

Thomas-Szasz-dios

Esta mujer, es cierto, tiene un pasado terrible en el que
hay un poco de todo……….. (Suprimido por discreción). Es un sufrimiento objetivo e innegable, ahora mismo su vida está atada a una madre mayor y enferma que no soporta la soledad y la quiere tener siempre a su lado, utilizando toda clase de chantajes emocionales, incluso yo mismo presencié una “representación”, digamos.
Pues bien, la utilización de este sufrimiento de forma constante ante los demás, el manoseo permanente de esa farsa de control, la bula papal que ella se ha extendido para llevar a cabo ciertos comportamientos que sabe que no se le permitirían a nadie que no fuera una enferme mental reconocida, le han llevado a resultar a veces
patética. Mis cartas en el poker del sufrimiento, ganadoras siempre, no sirvieron de nada, no la convencieron de abandonar sus conductas buscando compasión y exponiendo su sufrimiento para justificar ciertas conductas, en cambio sí he observado que produce un gran efecto en ella el cariño, la abrazo siempre que puedo y me deja, procuro mostrarme cariñoso incluso cuando me molestan mucho sus conductas, el cariño funciona, es la única medicina que siempre funcionará con un enfermo mental, aunque para curar completamente a un enfermo no pueda
ni imaginar el cariño que sería necesario.

Yo mismo utilicé en un tiempo mi bula papal, mis farsas de
control, para conseguir mis objetivos. Es cierto que la enfermedad no
es un privilegio, y yo tal vez lo sepa mejor que otros enfermos, a no
ser que lo miremos como lo hace el guerrero, como un desafío, o como
lo hace la persona espiritualmente avanzada, como una forma de ir más
deprisa en el camino del espíritu y de purificar lo peor de nosotros.
Ningún enfermo mental reconocerá nunca que su enfermedad es un
privilegio, un don del cielo, que no te diga que se cambiaría por
cualquiera, sin embargo sabe muy bien cómo dar la vuelta a la
tortilla, en expresión muy castellana, sabe cómo, al mismo tiempo que
lleva una mochila cargada de pedruscos a la espalda, poder
intercambiarlos como si fueran oro. Es capaz de hacer un pedrusco
moneda de cambio para intercambiar por lo que necesita. Esta sería una
facultad portentosa, una astucia que ni el mítico Ulises hubiera
podido manejar mejor, sino fuera porque no es otra cosa que un
mecanismo de supervivencia, el último esfuerzo de un desesperado antes
de arrojarse al abismo.

Analizando mi comportamiento antes de convertirme en un
guerrero impecable observo que llevé al extremo esta farsa de control,
que me otorgué una bula papal con unas cláusulas terribles para mi
entorno. Es cierto que nunca amenacé con suicidarme para conseguir
nada, que mis intentos de suicidio fueron anónimos y discretos y nadie
se enteró hasta que los llevé a cabo; es cierto que rara vez me puse a
llorar por las esquinas buscando la compasión, pero dada mi condición
intelectual mis conductas fueron mucho más sutiles y difíciles de
combatir. Recuerdo cuando sufrí acoso en el trabajo y dada mi
condición de enfermo mental, por todos conocida, me encontré impotente
para salir de aquel infierno. Recuerdo cómo estudié detenidamente la
situación y tomé una decisión astuta. Sabía que mi prioridad era
conservar el trabajo y evitar cualquier situación que me llevara a un
expediente y a la expulsión del cuerpo. Conocedor de la ley, sabía que
“el pensamiento no delinque”, por lo que bien podía diseñar
estrategias que me permitieran defenderme y descargar mi cólera sin
sufrir luego severas consecuencias. Así, en lugar de responder a sus
insultos, menosprecios y abusos, fui adaptando poco a poco mi conducta
a mis pensamientos. Incapaz de expresarme con asertividad y claridad,
dejé que mi mente creara manías compulsivas que podían hacer mucho
daño pero que no iban a ser tenidas en cuenta en un juicio. Para que
te hagas una idea de esta sutileza te contaré que frente a las
compañeras utilicé una estrategia insólita, me otorgué la bula de
pensar en ellas eróticamente y desnudarlas con el pensamiento. Si esto
lo haces con discreción será difícil que puedan acusarte de nada y sin
embargo se darán cuenta de lo que está pasando. Así, por ejemplo,
miraba sus pechos y las imaginaba en toplés. Aparte de lo que pudiera
molestarlas y de la dificultad de probar en un juicio que yo las había
mirado libidinosamente a los pechos (un juez se troncharía de la risa)
yo encontraba una gran satisfacción en satisfacer mi libido con la
imaginación, hasta el punto de que llegué a conseguir orgasmos de esta
manera, algo realmente insólito pero perfectamente posible dado que en
el sexo, como dijo alguien, hay más de un cincuenta por ciento de
imaginación y se trata de un mecanismo nervioso en el que los nervios
traen y llevan estímulos. Mi bula papal decía: puesto que me estáis
destrozando la vida con este acoso, por otro lado muy mezquino y
miserable, sabiendo como sabéis que soy un enfermo mental, puesto que
sabéis que estáis creando las condiciones ideales para que yo intente
suicidarme de nuevo, sois unos asesinos en potencia, sois unos
malvados miserables y mezquinos, yo me arrogo el privilegio de
responderos como considere conveniente. Así podía desnudar mentalmente
a cuanta mujer me apeteciera, mirar sus pechos, cubiertos con la ropa,
como si estuvieran desnudos y lo más que podían hacer era insultarme o
agredirme, pero mi discreción era tal que les resultaba difícil probar
que yo estuviera haciendo algo así y no fuera una mezquina venganza
suya. Que esto era público me lo demostró un compañero de trabajo que
se atrevió a preguntarme si yo podía ver los pechos desnudos de las
mujeres bajo la ropa. Fue durante mi etapa que yo llamo de telépata
loco, puesto que escuchaba voces y estaba convencido de que tenía
facultades telepáticas. Sabedor de que mi condición de enfermo mental
me libraría de muchas cosas negativas si sabía actuar con astucia y
discreción, así lo hice durante un tiempo. Pero para que veas el
patético resultado que nos dan nuestras farsas de control y bulas
papales te contaré que acabé con una manía obsesivo-compulsiva con los
pechos de las mujeres que aún hoy en día me crea ciertos problemas.
También caí en otras manías aún peores que me causaron aún mayores
problemas. Utilizando el ejemplo humorístico que me gusta poner para
explicar esto, diría que la diferencia entre un corrupto y un enfermo
mental es la siguiente: el corrupto con gran astucia y discreción es
capaz de quedarse con el dinero ajeno, guardarlo allí donde pase
desapercibido y utilizarlo para darse la gran vida, él y los suyos, en
cambio el enfermo mental sería aquel que tras hacerse con una fortuna
inmensa, gracias a su astucia, luego fuera y tirara todos los billetes
al mar. Así somos los enfermos mentales y nuestras bulas papales,
chantajes, farsas de control, lo único que hacen es convertir nuestras
vidas en infiernos mayores de lo que serían si nos limitáramos a
soportar nuestra enfermedad en silencio, huyendo de hacer teatro
públicamente. Pero la necesidad de cariño es tan fuerte que nos lleva
a cualquier tipo de comportamiento que pueda traernos una pizca de
cariño, aunque sea algo tan complicado e hipotético como cambiar los
pedruscos de nuestro sufrimiento que llevamos a la espalda por
auténtico oro.

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Mi observación de este fenómeno en otros enfermos mentales es
amplia y profunda. De hecho yo mismo sufro los efectos de estas bulas
y farsas de control en mi persona de otros enfermos mentales. Hay
pocas cosas más negativas en el tratamiento con un enfermo mental como
permitirle sin más estas conductas y disculparlas. De hecho para mí
los dos pilares básicos de una buena terapia para la enfermedad mental
serían: trabajar por disuadirles de utilizar sus bulas papales y
farsas de control y darles todo el cariño posible y aún más. Estoy
convencido de que sin estos requisitos ninguna medicación será nunca
efectiva, ni aunque se encuentre el gen torcido que provoca este tipo
de trastornos, porque la enfermedad mental es sobre todo una
enfermedad del alma y las enfermedades del alma solo se curan con
cariño.

Me he extendido en exceso pero quería expresar por escrito estas
ideas que utilizaré en algunos textos que subiré a mi blog. En cuanto
a los medios, tienes razón, no en vano se les llama el cuarto poder,
tienen el suficiente para cambiar la mentalidad de una sociedad y
dirigirla hacia donde ellos pretenden, pero mi experiencia me dice que
es un poder muy relativo. Te cuento que en España, cuando yo era
joven, se inició una campaña radiofónica, que luego pasó a la
televisión para hacer que se apreciara la música clásica. Sin duda que
algunos se “convertirían” pero los que apreciamos la música clásica
somos muy pocos. Otro ejemplo. En la actual situación política he
observado que muchos medios, con sus noticias y tertulias,
pretendieron poner de manifiesto la corrupción existente en el PP el
partido de derechas, algo que es absolutamente cierto y lo puede ver
hasta un ciego. Lo normal en este caso hubiera sido una vuelta en las
votaciones, puesto que los votantes deberían castigar al PP y premiar
a otros menos corruptos. Se habló de las estadísticas que decían que
el nuevo partido emergente Podemos, muy popular y populista, acabaría
dando un zarpazo al partido socialista. Pues bien en las últimas
elecciones el partido del PP subió, el partido de Podemos se quedó más
o menos como estaba, sino bajó un poco y el partido socialista sufrió
un ligero descalabro. Puedo asegurarte de que la campaña en algunos
medios fue como para convencernos a todos de que votar al PP era votar
a ladrones, chorizos y mangantes, era como vender nuestra alma al
diablo, y sin embargo la gente pensó que el puzzle sería aún peor si
tres partidos tuvieran casi los mismos votos y tuvieran que pactar
contra natura y también pensó que por muy corrupto que fuera el PP la
economía iría siempre mejor que si llevara las riendas un partido como
Podemos, muy populista, pero incapaz de enfrentarse a las represalias
del capitalismo internacional. Los medios fueron poderosos y la
campaña debió haber dado resultado, pero no fue así porque a pesar de
todo la multitud tiene su criterio y cuando le tocan lo más sagrado,
en este caso, el bolsillo, sabe oponerse a cualquier sugerencia de los
medios.

En el caso del enfermo y la enfermedad mental una buena campaña
de los medios sería algo fantástico, pero me temo que mientras la
sociedad no cambie, mientras la inmensa mayoría nos siga viendo como
“no enfermos” que se aprovechan para ser vagos, para conseguir cosas
buscando la compasión, mientras nos vean como asesinos en potencia,
mientras desconozcan realmente cómo somos, ni la mejor campaña podría
cambiar el voto. A pesar de todo el esfuerzo en nuestra televisión
siguen triunfando los reality shows y aquel programa mítico para hacer
que la gente gustara de la música clásica ya no existe.

Bien amigo, estaré encantado de seguir contestando a tus
preguntas y si este material te sirve miel sobre hojuelas, a mí me
viene de perlas poner por escrito ideas que me rondan la cabeza desde
hace años y que al escribirlas me ayudan a clarificarlas. Un abrazo.

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CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL VIII

12 06 2017

 

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Manzanares a 12 de agosto de 2016

Hola amigo:  Como digo en el blog los enfermos mentales tenemos una clara tendencia patológica a utilizar lo que yo llamo “la bula papal”, es decir nos auto-otorgamos una especie de bula, según la cual se nos perdona todo en base a lo mucho que hemos sufrido, que sufrimos y que sufriremos debido a nuestra enfermedad. Es algo que llevo observando a lo largo de mi dilatada experiencia como enfermo mental y que he contrastado en los últimos años en la convivencia con otros enfermos mentales. En realidad este comportamiento tiene bastante lógica.  En esta actitud influye también la falta de confianza en los demás. Se nos margina, se nos trata como una basura, se nos insulta y esto hace que perdamos la confianza en todo el mundo, incluso en aquellas personas que nos tratan bien. Es algo que también he observado en mí a lo largo de los años, solo que en mi caso estaba formulado de una forma más drástica. Algo así como: Jamás dejaré que el comportamiento de alguien conmigo me lleve a intentar otra vez el suicidio, jamás, antes haré cualquier cosa. Esto tiene sentido en quien ha vivido el intenso sufrimiento que supone planificar un intento de suicidio y llevarlo a cabo, pero el gran problema es que eres tú mismo quien decide quién se está comportando buscando hacerte daño para que te deprimas y suicides. Por mi formación jurídica sé muy bien que nadie puede ser juez y parte al mismo tiempo, y esto es lo que hacemos a menudo los enfermos mentales. Somos nosotros los que decidimos si una persona es fiable o no, si su conducta está encaminada a hacernos daño de forma consciente y lo  medimos y pesamos en una fina balanza, lo que hacemos nosotros por los demás y lo que los demás hacen por nosotros. De esta forma todo el mundo está en deuda siempre con nosotros.

 
La bula papal que nos disculpa de todo, y todo nos lo perdona, nos lleva a conductas bastante llamativas y hasta ridículas. En este sentido también he observado un comportamiento parecido en otros enfermos, concretamente en una amiga enferma que me invitó a comer a su casa e invitó también a una amiga, algo razonable en su forma de pensar, muy conservadora, que hace que le resulte muy forzado tener en su casa a un hombre y estar sola con él sin presencia de otra persona, en este caso su amiga, que hizo de “carabina”. Pues bien, esta amiga  veía como absolutamente natural servirnos la comida y que comiéramos nosotros mientras ella hacía la limpieza de la casa. Cuando su amiga se lo reprochó se enfadó con ella y cuando yo no salí en su defensa le pareció mal. Tuve que hacerle ver que es de pésima educación invitar a alguien a comer a tu casa, servirle la comida y desatenderle, dedicándote tú a las faenas de la casa. Su reacción fue desmesurada y solo explicable por su dificultad para las relaciones sociales y tal vez un comienzo de fobia social.

Yo mismo me he comportado así durante años, mi fobia social me daba bula para salir corriendo de una cafetería y dejar allí a la gente que estaba conmigo, o para encerrarme en mi cuarto cuando llegaban visitas o a encamarme y dejar de comer y de hablar cuando estaba muy deprimido. Esta bula papal hace que muchas de nuestras conductas parezcan disparatadas a los demás. Es cierto que pueden ser producto de la enfermedad y la medicación, pero es la bula papal la que nos lleva a tensar la cuerda hasta extremos ridículos. Nos autorizamos a hacer cosas que la sociedad nunca permitiría a otras personas y esto nos automargina desde el momento que nos saltamos las normas sociales más elementales con la disculpa
de que somos enfermos.

La enfermedad conlleva un exceso de estímulos, cuyo número e intensidad no podemos controlar y eso hace que huyamos de situaciones que nos hacen llegar un gran número de estímulos y muy intensos. A mi juicio algo así les ocurre también a los autistas, que se refugian en su mundo interior porque no pueden controlar el exceso de estímulos que llega a su mente.

enfermedad mental

En cuanto a lo que me dices de los medios de comunicación, sólo puedo hablar de los que conozco, de los españoles. El tratamiento que dan a los enfermos mentales y a la enfermedad mental es muy pobre y sesgado, sin matices ni profundidad. Te puedo contar, por ejemplo, cómo fue tratado el episodio del copiloto que hizo que el avión se estrellara en los Alpes, o el caso del joven terrorista de Munich, ambos calificados como enfermos mentales, sin más. También ocurrió con los casos de jóvenes en USA que se dedicaron a disparar a sus compañeros de instituto o a provocar matanzas entre desconocidos, o incluso el asesino múltiple en una discoteca gay, también en USA. Observo que en los medios españoles es muy frecuente “sugerir” la idea de que todos eran enfermos mentales. En realidad, si nos fijamos, en las “pruebas” aportadas nos daremos cuenta de que no tenían ninguna y se limitaban a sugerir que quien hace algo así tiene que estar mal de la cabeza, ser un loco, y por lo tanto un enfermo mental. No se preocupan de informarse de si esas personas fueron realmente diagnosticadas como enfermos mentales, de si tomaban medicación, de qué clase de enfermedad padecían. No hay nada, absolutamente nada. Y aquí entramos en la incapacidad de nuestra sociedad para aceptar la existencia del mal. Quienes hacen esas cosas no pueden ser “malas personas”, tienen que ser necesariamente enfermos mentales, porque quien está bien de la cabeza no las hace. Este silogismo es completamente falso puesto que una de las premisas en las que se basa es falsa. Si aceptamos la existencia del mal, de que en nuestro mundo hay personas malas, malvadas, entonces no necesitaríamos buscar el chivo expiatorio perfecto, en este caso el enfermo mental, que no puede defenderse porque la mayoría de enfermos mentales son incapaces de expresarse con claridad y profundidad, porque la casi totalidad de ellos prefieren pasar desapercibidos, en el anonimato, vivir en las cloacas, como digo yo, con las ratas, antes que exponerse a la luz pública.

De esta forma cualquier persona que haga algo incomprensible para la mentalidad social es considerado de inmediato como un enfermo mental, se le etiqueta de esta manera y así se acabó el problema, ya no hay que estudiar la enfermedad mental, algo misterioso y desconocido para la mayoría de la gente, ya no hay que estudiar a los enfermos mentales y por lo tanto relacionarse con ellos y conocerles. De esta forma hemos visto, pasmados, cómo en nuestro redil aparecen todo tipo de personas que hacen cosas terribles y que están a nuestro lado solo porque la ignorancia de algunos, no me atrevo a calificar de mala fe, les han etiquetado con la pegatina de enfermos mentales. Es asombroso cuánto asesino, cuánto violador, cuánto pedófilo, cuanto maltratador, cuánto asesino de mujeres y niños se convierte de pronto,
de la noche a la mañana, en un enfermo mental, solo porque resulta más cómodo etiquetarlo así y desentenderse de la posibilidad de que existan malas personas, de que el mal sea algo que nos podemos encontrar en nuestra vida cotidiana. Nuestra sociedad se ha acostumbrado a considerar el mal como una entelequia, como una
leyenda, son malos los demonios invisibles, son malas las entidades de las que hablan las leyendas, pero no es malo, no es un demonio, el asesino múltiple, el violador, el pedófilo, el maltratador, son solo “enfermos mentales”. Es muy cómodo porque así no tendríamos que revisar nuestras filosofías éticas y morales, nuestras leyes, nuestras costumbres, así no tendremos que revisar de abajo a arriba los valores en que se cimenta nuestra sociedad.

Los enfermos mentales que hemos sido diagnosticados muy jóvenes, en mi caso a los diecinueve años, que hemos sido sometidos a toda clase de terapias, en mi caso terribles, que hemos sido medicados  durante años, que hemos sufrido y hemos luchado durante años con nuestra enfermedad, vemos asombrados cómo determinadas personas se convierten en “enfermos mentales” de la noche a la mañana. Nunca acudieron a un psiquiatra, nunca fueron diagnosticados, nunca se les consideró personas “raras” porque sus conductas no eran patológicas y pasaban desapercibidos. De pronto un día matan a un gran número de personas y ya son enfermos mentales, o participan en una violación colectiva, como las de las niñas en la India y ya son enfermos mentales. Les gustan los niños y anteponen su placer sexual a los valores éticos más elementales, y ya son enfermos mentales.

Ningún medio de comunicación hablaría de que tal o cual persona padece una determina enfermedad física sin antes tener un certificado médico o constatar la medicación que toman o informarse de su familia, o hablar con el doctor que les trata. En cambio pueden calificar como enfermos mentales, sin el menor rubor, a personas de las que no saben nada. Desconocen si han estado en tratamiento
psiquiátrico, quién les ha tratado, qué enfermedad les fue diagnosticada, si tomaban tal tipo de medicación. No saben nada de ellos y sin embargo no se recatan en dar a entender que son enfermos mentales. Claro que los medios están acostumbrados a utilizar la presunción de inocencia como un salvavidas frente a posibles tormentas. Siempre dicen”presuntamente”. Pero eso no significa nada cuando no se tiene ningún dato, ningún indicio, ninguna prueba y se habla por hablar.

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Me resulta en extremo curioso que se califique de enfermo
mental a un asesino, violador, pedófilo, maltratador, etc. y nadie,
que yo sepa, se haya planteado nunca que un corrupto, por ejemplo
pueda ser un enfermo mental. Consideran que un asesino tiene que
sufrir necesariamente un trastorno de personalidad severa y por lo
tanto es un enfermo mental y ni se plantean que un corrupto pueda
sufrir también un trastorno de personalidad severa.Puede que quienes
hayan escamoteado al Estado y a la sociedad millones, hayan
contribuido a la muerte de niños por malnutrición, a la muerte de
enfermos físicos que necesitaban tratamientos que no se les dieron
porque faltaba dinero. Y sin embargo los corruptos no son enfermos
mentales. Este es un caso curioso y paradigmático. Es como si pensaran
que son “listillos” que han hecho lo que ellos no se atreven a hacer,
pero ello no indica que sean enfermos, en todo caso alguno se puede
plantear que son malas personas, y sobre eso no parece existir un
amplio consenso social, porque si así fuera las medidas que se
tomarían contra ellos serían ejemplarizantes y sin embargo para que un
político corrupto salga de la política tienen que existir serios daños
colaterales para otros políticos.

En el caso de enfermos mentales diagnosticados, sobre los que no existe la menor duda, tampoco la información es muy veraz y matizada. En España hubo un caso, hace años, de una doctora en un conocido hospital madrileño que acuchilló a compañeros de trabajo, creo que mató a alguno. Pues bien, se supo que era una esquizofrénica paranoide y que no tomaba medicación, pero no se supo nada más. Su familia, al parecer tenía una alta posición económica y social, pero no se supo nada de ella, cuando en otros casos se sabe hasta el número de zapatos que calzan. La información era sesgada porque no se informó por qué se permitió a una doctora con esa enfermedad ejercer su profesión cuando no tomaba medicación. Tampoco los altos cargos de sanidad dijeron nada al respecto ni nadie asumió responsabilidad
alguna. No se supo nada de la enfermedad de la doctora, cuándo había sido diagnosticada, cuántos años llevaba siendo una enferma mental, si se conocía en su entorno laboral, si había tenido problemas antes, si los compañeros se burlaban de ella y la hacían la vida imposible. La información fue escueta, una doctora, enferma mental, acuchilla a compañeros de trabajo. Eso es todo lo que los enfermos mentales
podemos esperar de los medios. Una parte importante de la población mundial es enferma mental y he visto muy pocos reportajes sobre enfermos mentales. Y cuando algunos damos el paso de aparecer en un vídeo, de manifestarnos públicamente como enfermos mentales, pasamos desapercibidos, nadie se preocupa por conocernos, por saber cómo somos, cómo es nuestra vida. Es como si fuéramos apestados y cuanto más lejos de nosotros, mejor.

En mi blog recibo muchas consultas de familiares que no saben
qué hacer con el enfermo mental. Algunos me confiesan haber buscado
información sobre el tema y muchos de ellos acaban recalando en mi
blog, porque es que no hay nada más o muy poco. Los enfermos se ocultan
por el estigma social, los familiares tratan de ocultar su problema,
los medios prefieren no tocar el tema por lo delicado que es. Todo el
mundo anda de puntillas, como pisando huevos, sobre el tema, excepto
cuando se produce un acontecimiento terrible que no se puede ocultar.
Entonces sí aparecemos en los medios. Tenemos un asesino múltiple,
pues bien, tiene que ser un enfermo mental. ¿Acaso alguien se ha
preocupado de enterarse de si fue diagnosticado, qué doctor le trató,
qué medicinas tomaba, cómo era su vida familiar y social? Nada. No
existimos cuando sufrimos en silencio y nos ocultamos en las cloacas,
pero cuando alguien sale a la luz, un caso estadísticamente llamativo,
un posible asesino entre millones de enfermos mentales, todos los
enfermos nos convertimos de inmediato en asesinos.

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No me atrevería a achacar a los medios y a los periodistas
mala fe y mala conciencia en este tema. Creo que actúan como actúan
con las demás noticias. No es noticia que un perro muerda a un hombre,
pero sí lo es que un hombre muerda a un perro. No es noticia que un
enfermo mental sufra toda su vida y se suicide de forma anónima, pero
sí lo es que alguien mate a desconocidos a tiros en cualquier parte,
porque necesariamente tiene que ser un enfermo mental. Los periodistas
y los medios son un fiel reflejo de la sociedad en la que viven. No se
les puede pedir que tengan más valores y mejores que el resto de la
sociedad, que sean menos competitivos, que sean más humanos, más
sensibles, que sean capaces de sacrificar un trabajo por dar una
noticia humana en profundidad. Un periodista estandar, como un juez,
como un político, como un militar, no puede ser mucho mejor que la
sociedad en la que viven, las excepciones a la regla existen, pero no
son la regla. Teniendo en cuenta que los medios suelen ser empresas
privadas y las empresas buscan el beneficio, el negocio, no se les
puede pedir que traten el tema de la enfermedad mental si no va a
tener suficientes espectadores que les permitan ganarse un dinerillo
con los anuncios que se emiten antes, durante y después. Si las
empresas están hechas para el beneficio es difícil trazar líneas
rojas, solo vemos que se autoimponen esas líneas cuando la reacción
del público puede hacer descender los beneficios. No se trata de
valores éticos, se trata de aquellas circunstancias que hacen crecer o
disminuir los beneficios. Puede que aún no se haya descubierto una
alternativa al capitalismo, pero está claro que una sociedad
capitalista no es humana por definición. Mientras se persiga el
beneficio el ser humano pasa a ser un decorado, un consumidor, un
número en las estadísticas empresariales. Y esto que es general para
todo lo es también para la enfermedad mental y los enfermos mentales.
No somos importantes porque no nos hemos agrupado para formar un
partido político que pueda acceder al gobierno de una nación, no hemos
fundado una multinacional que tenga mucho que decir en los asuntos
internacionales, no hemos propugnado no votar a los partidos políticos
que nos ignoran y votar a los que cumplan las promesas que hacen en
sus programas electorales.Los enfermos mentales somos mudos, sordos,
ciegos, no existimos sino es en las estadísticas de las empresas
farmacéuticas, en los gastos del Estado para sanidad, o cuando ocurre
algo terrible que se nos achaca. Y todo ello es en gran parte culpa
nuestra. Siendo como somos un altísimo porcentaje de la población
mundial, nuestro voto debería ser decisivo en las elecciones, nuestras
necesidades deberían ser imperativas para los estados, las empresas,
la publicidad, el diseño de todo aquello que nos pueda interesar. La
población gay ha conseguido, saliendo del armario, que su número y sus
necesidades y gustos no puedan ser ignorados, el problema de los
enfermos mentales es que parece que nunca terminaremos de salir del
armario. Es nuestra gran desgracia.

Creo que me he extendido mucho, si necesitas que matice algo
sobre algún tema concreto, házmelo saber. Un abrazo.

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LOCOS EGREGIOS 7

6 06 2017

 

Jean-Jacques Rousseau

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Mi conocimiento de este gran intelectual, según muchos precursor de la revolución francesa, se limitaba hasta ahora a la lectura hace años de sus “Confesiones”. El dato encontrado hace poco que lo calificaba de “loco” me llamó la atención y decidí investigar más. Resulta muy complicado calificar de enfermos mentales a quienes vivieron antes de que la enfermedad mental fuera aceptada como tal enfermedad. En otros tiempos alguien era calificado de “loco” sencillamente cuando superaba la línea roja que la sociedad de cada época marcaba arbitrariamente. Una persona anónima llegaba a ser loco cuando su conducta le incapacitaba para ganarse la vida y no se atenía a ninguna lógica conocida. Si era una persona culta e intelectual se le etiquetaba de “raro” salvo que claramente superara determinadas líneas rojas, entonces era un simple “loco”.

En muchas biografías de genios, artistas o intelectuales de épocas anteriores al nacimiento de la enfermedad mental como tal se suele hablar de la demencia en que solían caer al final de sus vidas, muchas veces propiciada por una terrible enfermedad de la época, la sífilis, que al parecer llegaba a producir una auténtica demencia en sus últimas fases. Curiosamente en la biografía de estos “dementes” por enfermedad física una observa determinadas conductas que hacen pensar en las conductas patológicas del enfermo mental.

Es el caso que nos ocupa. Rousseau sufrió la leyenda urbana de la época de haber sufrido la sífilis. No parece estar muy claro, al menos en la documentación que he consultado. Uno imagina que en determinadas épocas históricas decir de alguien que había sufrido la sífilis era casi lo peor que podía decirse de una persona. Eso implicaba una degeneración moral, puesto que el sexo siempre ha sido un tabú social y la promiscuidad una de las peores conductas que podía observar un ser humano. Aparte de eso la sífilis era una enfermedad “sucia”, morbosa, que solía terminar con el paciente sufriendo una demencia casi absoluta. No es de extrañar que muchos grandes hombres de estas épocas sufrieran el rumor de que padecían tan apestosa enfermedad.

En la biografía de Rousseau llaman la atención determinadas conductas que hoy serían signos de sufrir una enfermedad mental. La falta de una madre durante la infancia, el ser educado por familiares que parece no le trataron precisamente como a un hijo, debió de traumatizarlo mucho, como nos indica el hecho de que llegara a entregar sus cinco hijos a la inclusa, alegando que allí no serían peor educados que en unas instituciones educativas que estaban hechas para terminar con la bondad natural del ser humano. Dejando de lado su filosofía de la bondad natural y lo que esto pudo influir en semejante y aberrante decisión, todo parece indicar un desapego, un desafecto, una incapacidad para la afectividad, que nos hace pensar en un psicótico. En efecto, la psicosis distancia, no solo de la realidad, sino fundamentalmente del mundo afectivo. El psicótico es incapaz de mostrar afectividad, ternura, y también de recibirlas. La pérdida de empatía en un psicótico es connatural a la enfermedad, aunque yo me pregunto si la enfermedad no sería el producto de la pérdida de empatía y no al revés. Aquí aparece una de las líneas más sutiles entre enfermedad mental y maldad. Un psicótico podría llegar a ser un asesino en serie, al perder por completo la capacidad de empatía, de ponerse en la piel del otro, de dar y recibir afecto, pero teniendo en cuenta las estadísticas sobre la violencia extrema en el enfermo mental uno se pregunta si en realidad el asesino en serie es un malvado, alguien que libremente ha escogido el mal, y como consecuencia de su comportamiento malvado acaba sufriendo una gravísima distorsión de la personalidad, una enfermedad mental, la locura. Que una persona malvada que durante toda su vida hace el mal, sin la menor empatía, pueda llegar a la locura es de una lógica aplastante. Que una enfermedad mental, por grave que sea, pueda llegar a generar conductas homicidas, es un tema delicado que merece un estudio en profundidad. Cuando un esquizofrénico causa graves lesiones, o incluso la muerte, debido a su negativa a tomar medicación uno se pregunta si esa conducta es propia de la enfermedad y si de ser así, si todos los esquizofrénicos dejaran de tomar medicación, ¿cuántos de ellos llegarían a causar a otros graves lesiones o incluso la muerte? Es un tema muy delicado, como he dicho, por mi parte no tengo nada claro que la enfermedad en sí, el escuchar voces, el sufrir delirios, alucinaciones, tenga que conducir necesariamente al homicidio. Hay delirios proféticos en los que el enfermo lo que intenta es lo contrario, salvar a la humanidad transmitiendo un supuesto mensaje salvífico. Uno se pregunta si los enfermos que han llegado al homidicio lo habrían hecho, a pesar de su enfermedad y de no tomar medicación, si no hubieran sufrido a veces el acoso, la burla, la marginación y la agresividad de su entorno.

La altura intelectual de Rousseau es indiscutible, como sucede también en otros muchos enfermos mentales que alcanzaron la genialidad en alguna faceta creativa. Pero llama la atención su teoría del hombre bueno por naturaleza a quien la sociedad corrompe. Este es un pensamiento muy típico del enfermo mental que suele achacar su enfermedad a una sociedad injusta, agresiva, competitiva, depredadora. Mi experiencia con enfermos mentales me ha llevado a observar que esta forma de pensar es muy típica en ellos, incluso yo mismo sentí una rebeldía terrible en mi juventud, ya diagnosticado como enfermo mental, frente a una sociedad que lo es todo menos fraternal, sensible, justa, espiritual, en la que priman valores materialistas como el dinero, la fama, el poder, buscando siempre depredar, siguiendo la ley de la selva, para alcanzar objetivos vacíos y fugaces.

El enfermo mental suele reaccionar con rebeldía, con santa cólera, para luego, al darse cuenta de que es inútil luchar contra toda una sociedad, plantearse estrategias manipulatorias, astutas. En la biografía de Rousseau hay mucho de esto. También llama la atención que determinadas conductas buscando conseguir dinero se contradigan luego con otras en las que lo desprecia, como es el caso de la renuncia a la pensión de Inglaterra, conseguida por un conocido intelectual inglés de la época. Esto es algo que resulta incomprensible para quienes no conozcan la enfermedad mental. En realidad, aunque el enfermo se angustie por su falta de medios económicos y busco toda clase de fórmulas para remediarlo, cuando sufre una crisis puede renunciar a toda su economía, despilfarrarla, regalarla, con la mayor naturalidad del mundo.

Su obsesión en cuanto a la persecución de otros intelectuales de la época, confabulados para terminar con él, roza la paranoia, sino está claramente dentro de ella. ¿Era Rousseau un esquizofrénico paranoide, un psicótico? Es posible. Lo que parece estar claro es que se trataba de un enfermo mental. Hay mucho en su biografía que así  parece ratificarlo. Incluso en su aspiración suprema a la bondad natural que la sociedad destruye hay una clara raíz de enfermedad mental. Incapaces de aceptar la maldad que destila una sociedad sin valores espirituales, humanos, que solo busca depredar, que solo premia al más fuerte y al más depredador, el enfermo mental aspira a la bondad suprema que cree está en nuestra naturaleza. Incapaz de afrontar la realidad se fuga de ella, bien a través del delirio profético (la aspiración de Rousseau a regresar a la bondad natural lo es claramente) o bien a través de una astuta y manipuladora y genial conducta que le permita enfrentarse a toda una selva llena de depredadores. Esto no es otra cosa que un delirio que suele terminar con el enfermo mental siendo la primera víctima de sus manipulaciones.

Aunque pueda parecer traído por los pelos el caso de Rousseau como enfermo mental, parece claro que desde la perspectiva moderna de la enfermedad mental, tanto él como otros muchos genios históricos fueron claramente enfermos mentales. El hecho, muy estadístico y constatable, de que muchos enfermos mentales alcanzaron la genialidad, es de una lógica aplastante. La mediocridad puede ser muy “normal” y proteger de la enfermedad mental, pero no hay nada más alejado de la genialidad. El genio es como un loco que se arroja a un río repleto de pirañas, todos saben que acabarán comiéndole el culo, por poner una pizca de humor, pero quien no se arriesga a ello jamás llegará a la otra orilla. La normalidad puede ser un lago bonancible, pero está cerrado en círculo, no se llega a parte alguna. Quien quiere aventurarse asume el riesgo de que lo devoren las pirañas de la locura.

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Jacques_Rousseau

 

http://www.revistaaleph.com.co/component/k2/item/591-las-enfermedades-de-jean-jacques-rousseau?tmpl=component&print=1

 

https://hernanmontecinos.com/2010/10/12/jean-jacques-rousseau%E2%80%A6%E2%80%9Cun-loco-interesante%E2%80%9D/





CARTAS SOBRE EL ENFERMO MENTAL VII

12 05 2017

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Manzanares 19-06-2016

Hola amigo: Hoy procedo a contestar tu segunda pregunta.

Por mi experiencia, el enfermo mental, incluso cuando está bien,
bloquea una serie de mensajes que no puede aceptar ni asumir y con los
que no puede vivir. Este bloqueo es mucho más intenso, por supuesto,
cuando sufre una crisis depresiva o psicótica, entra en delirio y se
aleja visceralmente de la realidad.

-El enfermo mental no es capaz de aceptarse  a sí mismo, ni como
cuerpo, suele despreciar su propio cuerpo aún en el caso de enfermos
con un cuerpo físico más que aceptable y atractivo, ni como persona,
siempre ve su imagen distorsionada en el espejo y de alguna manera se
considera un monstruito, ni como ser social, tiene serias dificultades
para la socialización puesto que considera que ya ha sido rechazado de
forma contundente y no siente ningún interés en esforzarse para volver
a ser readmitido.

-Rechazo del propio cuerpo. Es algo curioso e intrigante.
Recuerdo que de joven, tengo fotos, poseía un cuerpo joven, vital,
cuidado, practicaba deporte, no tenía los problemas que tuve con la
obesidad con posterioridad, debido en parte a la medicación que nos
cambia el metabolismo. Mirando ahora aquellas fotos soy consciente de
que mi nulo éxito con las mujeres se debió a mi enfermedad mental y no
a mi físico. Y sin embargo recuerdo muy bien que en aquellos tiempos
también rechazaba mi cuerpo, no me gustaba, lo consideraba defectuoso
y no me sentía satisfecho con el cuerpo que me había tocado en la
tómbola de la vida, como decía. Este rechazo al propio cuerpo puede
nacer de la sensación de ser un vehículo frágil, fugaz, que no refleja
nuestra verdadera personalidad. Nos recuerda la muerte, nuestra
mortalidad y la fugacidad de la vida y por lo tanto la inutilidad de
hacer cualquier esfuerzo para conservar y mejorar nuestro cuerpo
físico.

Los enfermos mentales cuidamos muy poco nuestros cuerpos
físicos, es más fácil que tengamos una patología de falta de higiene,
de limpieza, de caos y desorden con nuestras cosas, que no controlemos
la alimentación y tengamos problemas de obesidad o trastornos de la
alimentación, que el caso contrario. Aunque es cierto que hay enfermos
mentales con patologías severas, obsesivo-compulsivas, que no pueden
controlar y que les llevan a una obsesión incontrolable respecto a la
limpieza, la higiene, el orden en la casa, en sus ropas, en su vida.
Resulta curioso que estas patologías pasen más desapercibidas que las
mencionadas anteriormente y que caracterizan mucho al enfermo mental.
Si alguien ve a una persona desaseada, falta de higiene, poco
preocupada por la salud, viviendo en un perpetuo caos, muy cercana al
síndrome de Diógenes en el que se acumula toda clase de cosas inútiles
y se convierte el hogar en una especie de almacén putrefacto, lo
primero que piensa es que se trata de un enfermo mental. En cambio
cuando se ve a una persona que dedica un tiempo exagerado a la
limpieza de la casa, con una obsesión insufrible para los que conviven
con ella, que no soporta una mota de polvo, que sufre miedos
patológicos a ser contaminada por bacterias y virus, que lo limpia
todo, obsesionada por la comida natural, puesto que la otra produce
cáncer,etc. la mayoría de la gente nunca la considera como una enferma
mental, salvo que con el tiempo se den cuenta de que su vida está
dedicada a eso y es incapaz de convivir con otras personas puesto que
convierte en un infierno sus vidas.

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He conocido personas así que antes o después acaban siendo
diagnosticadas como enfermos mentales y puestas en tratamiento para
evitar un grave deterioro de su psiquis. Sin embargo la imagen más
común del enfermo mental es la de una persona mal vestida, sucia, que
se cuida muy poco, que ni siquiera es consciente de cosas tan
elementales  como tener abierta la bragueta del pantalón (me ha pasado
y me sigue pasando cuando estoy mal). Me atrevería a decir que el
rechazo del propio cuerpo es el rechazo de nuestra mortalidad, no
podemos identificarnos con algo que va a morir y que se deteriora a
ojos vistas en el tiempo, no somos el cuerpo que tuvimos de niños, ni
el de adolescentes o jóvenes, no nos gusta el cuerpo que tenemos
ahora, como personas maduras. ¿Cuál es nuestro cuerpo en realidad?
Recuerdo que de niño, con seis años, me senté frente a la tapia del
cementerio del pueblo donde vivía y me imaginé los huesos de las
personas allí enterradas. ¿En eso acaba todo? Sufrí una angustia
terrible, que ahora identifico como propia de mi enfermedad. Me dije
que el ser humano era algo más que eso, mucho más, era un ser de luz,
un alma, un espíritu. Aquel fue el comienzo de mi visión
espiritualista de la vida.

Muchas veces las patologías del enfermo mental nacen de
auténticas realidades, de grandes verdades, que otros rechazan y que
sin embargo el enfermo mental asume con demasiada intensidad. Muchas
veces he contestado a quienes me reprochaban mi profunda tristeza ante
la vida que ellos no eran alegres sino inconscientes. La huída de la
gran realidad de nuestras vidas, la de que somos mortales, no
significa alegría y vitalidad, es solo una fuga, una fuga que en
realidad es la raíz de la enfermedad mental y de hecho muchas personas
así han acabado enfermas mentales a la muerte de un ser querido,
cuando la mortalidad se les ha impuesto con toda su crudeza.

Muchos enfermos mentales me dicen que no se identifican con
su propio cuerpo cuando se miran al espejo. Yo no soy ese, me dicen.
Se consideran algo que está en su interior y su cuerpo es como el
disfraz de carnaval que les han puesto de forma coactiva pero con el
que nunca se sentirán a gusto. Una enferma me decía que no entendía
por qué los hombres solo nos fijamos en el cuerpo físico de las
mujeres, nos gustan si tienen un cuerpo atractivo y no nos gustan si
no lo tienen. Para ella era tan evidente que la esencia de la persona
está en el interior que no podía comprender que un hombre deseara a
una mujer por tener un cuerpo físico muy seductor y no deseara tanto a
otra que no lo tuviera. Para ella el cuerpo era la prolongación de la
personalidad interior y si una mujer era maravillosa cualquier hombre
debería desearla, tuviera el cuerpo que tuviera. Este rechazo del
propio cuerpo es un serio problema a la hora de socializar, al enfermo
mental le cuesta comunicarse porque la base más elemental de la
comunicación, comunicar desde un cuerpo físico, falla en él.

Cuando está mal un enfermo mental no está atento a su cuerpo
físico, no percibe su olor, no se fija en qué ropa lleva, ni si se ha
duchado o peinado, en si su ropa ha sido pasada por la lavadora, en si
le cae un moco de la nariz o si sangra por haberse cortado mientras se
afeitaba (algo muy frecuente en mi caso y que me indica, es un signo
de que estoy en crisis). Ya hemos visto que la causa de esta conducta
puede ser su no aceptación de su condición de mortal pero también es
una rebeldía contra la sociedad que le trata tan mal y contra otras
personas que le llaman loco y le marginan. Recuerdo muy bien que
durante mis crisis cuando los familiares me achacaban mi desaseo yo les
respondía que si yo tenía que soportar su repugnante carácter, su
vomitiva forma de ser, su falta de humanidad, el que ellos soportaran
mi desaseo no me parecía tan mal. El enfermo mental también utiliza la
falta de cuidado de su cuerpo físico como una protesta, un arma
arrojadiza contra quienes le niegan el cariño y le tratan mal.

escribir

-Bloqueo de la memoria. Ya hemos visto que la memoria es una
parte esencial de nuestra personalidad, como el enfermo mental no está
conforme con lo que es, con su carácter y personalidad, como se siente
culpable, de forma inconsciente bloquea su memoria para evitar
enfrentarse a las partes más oscuras de su personalidad. Esto lo suele
hacer a través de la fantasía o imaginación. No es tan sencillo
olvidar que en un momento de crisis has insultado o tratado mal a un
ser querido o has dado un espectáculo público que está en boca de
todos. Pero si te conviertes en otra persona, si te creas tu propio
mundo y vives en él, todo eso que te afecta tanto que no puedes vivir
con ello, va desapareciendo. La puerta que el enfermo mental utiliza
para fugarse de la realidad es la fantasía o imaginación. No he
conocido a un solo enfermo mental que sea tan poco imaginativo que no
pueda fugarse de la realidad de esta manera.

Como enfermo mental una de las sensaciones más fuertes que he
tenido nunca es la de ser capaz de crearme mi propio mundo, mi propia
personalidad, y vivir allí durante horas y horas, feliz, controlando
lo que soy y mi propia vida. Antes de dedicarme a escribir, a ser
novelista, ya era capaz, de adolescente, de crearme mi propia novela
con una chica que pasaba por la calle. Yo era otro diferente al que
era, buscaba mil fórmulas para que el encuentro con la chica fuera
feliz. Me pasaba horas y horas imaginando todo tipo de historias con
la chica, románticas, eróticas, heróicas. La fantasía era tan intensa
que luego, cuando en la vida real, me encontraba con la chica me
costaba aceptar que lo ocurrido en mi imaginación no hubiera sucedido
realmente. Incluso llegaba a orgasmos cuando la fantasía era muy viva.
También me iba a África, a “salvar negritos” cuando la iglesia
católica pedía para el DOMUND, o salvaba a la humanidad de terribles
catástrofes. Con los años conseguí encauzar esa vivísima imaginación a
través de la literatura. Algunos me han comentado que determinadas
escenas de mis novelas o relatos son tan vivas que el lector cree que
el autor las ha vivido, experimentado. Es cierto, las he vivido en mi
imaginación, y eso para el enfermo mental es casi como haberlas vivido
en la vida real. Recuerdo que para huir de problemas familiares o
escolares, recurría a la imaginación y me aislaba de tal modo del
entorno que siempre tuve fama de despistado, de estar en mis mundos de
colorines. Aún más, hasta casi los diez años, no acepté que la
imaginación no fuera real. Estaba convencido de que si creaba con mi
mente algo, esto debía suceder necesariamente. No voy a extenderme
pero en la filosofía chamánica de Castaneda don Juan le dice que los
niños tienen el punto de encaje muy flexible y pueden ir de un mundo a
otro con suma facilidad, y todos esos mundos son reales. Así lo viví
yo de niño.

El bloqueo de la memoria en el enfermo mental no es cerrar
una puerta, ponerle un fuerte cerrojo y no dejar pasar nada ni a
nadie. El bloqueo es utilizar la imaginación para transformarse en
otra persona y crearse una nueva vida. Eso lo hacemos los escritores y
lo hace el enfermo mental sin necesidad de escribir novelas. ¿Hasta
qué puntos son reales esas personalidades y esos mundos para nosotros?
Te puedo contar que a veces, incluso estando bien, tengo serios
problemas para distinguir algo que he imaginado hacer de algo que
realmente he realizado en el mundo real. Por eso he aprendido muy
duramente a no imaginar en ciertos temas, porque sé que luego mi
memoria no sabrá distinguir entre lo que realmente hice o imaginé,
entre lo que es real y lo que es solo fantasía o ficción. Así, no
puedo imaginarme yendo a pagar el alquiler del apartamento, porque
luego tendré que comprobar en mi cuenta bancaria que no lo he hecho,
porque la fantasía y la realidad son para mí igualmente intensas.

Y aquí entramos en un tema complejo. Mientras que para la
persona no enferma solo existe una realidad y ésta es como es, para el
enfermo mental existe la realidad que le imponen los otros y la
realidad que él mismo vive, sin cortapisas, en su mente. Todas las
filosofías y corrientes de conocimiento se han planteado el tema del
conocimiento, de la percepción, la fenomenología, como la base de la
que partir para explicar la realidad. Teniendo en cuenta que la
realidad no está ahí y se nos impone, sino que es un conjunto de
estímulos que llegan a nuestros sentidos físicos y que luego son
transportados al cerebro e “interpretados”, habría que concluir que
toda realidad, nos pongamos como nos pongamos, es muy “interpretable”.
En la filosofía chamánica de Castaneda esto aparece muy claro, pero no
me quiero extender. Baste decir que el hecho de que el enfermo mental
viva en otros mundos no significa necesariamente que viva fuera de la
realidad, sino que vive en “otras realidades” que no puede comunicar
porque no existe un puente común por el que se transmitan los mensajes
para que puedan ser comprendidos.

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Teniendo en cuenta lo dicho hasta ahora, si el enfermo tiene
problemas con la aceptación de su cuerpo físico, una base fundamental
para la comunicación, comunicamos desde un cuerpo físico que es el
hogar de nuestra personalidad, y tiene problemas con la memoria, que
conforma nuestra personalidad y tiene problemas con el consenso sobre
lo que es real o no lo es y tiene problemas para no fugarse de la
realidad a sus otros mundos, donde puede controlar lo que le sucede y
podría ser más feliz si no le asaltaran los monstruos y las voces, la
posibilidad que tiene un enfermo mental de comunicarse con los demás
está seriamente disminuida por estos obstáculos. Por mi parte propongo
un puente infalible, un mensaje que siempre aceptará el enfermo
mental: el cariño.

Creo que podría hacer una pequeña cronología o una story
board cinematográfica de la crisis o el brote psicótico en un enfermo
mental.

-El enfermo mental está bien o al menos así se siente. La
medicación altera su percepción, ralentiza su mente, paraliza su
vitalidad, pero eso es algo a lo que está acostumbrado. Se percibe y
se siente bien, como normal.

-Estas sensaciones pueden cambiar muy rápidamente en el
enfermo mental, de un día para otro, incluso de una hora para otra.
Basta un pequeño detonante para que todo cambie. Un reproche de un
familiar o ser querido, un tono de voz más alto de lo debido en otra
persona. Un hecho externo potente o bien un simple problema al que el
enfermo da excesiva importancia. Todo esto  le obliga a buscar la fuga
de la realidad.

-El enfermo mental tiene serios problemas con la voluntad.
Es como un atleta que hubiera pasado años en una silla de ruedas,
debido a un accidente, y de pronto se recupera y se pone a entrenar.
Las dificultades son infinitas. Es como si el enfermo mental no
hubiera utilizado la voluntad nunca, desde una vida anterior (la
familia, la infancia, el entorno son factores a analizar) y por lo
tanto cada vez que desea utilizarla se encuentra a un problema
infranqueable, como el atleta que no ha entrenado durante años. Carece
de músculo. La mayoría de los enfermos con los que me relaciono me
dicen que mi caso no es el suyo, que yo tengo una voluntad de hierro y
por eso he conseguido lo que he conseguido. No es cierto. Yo tenía tan
poca voluntad como ellos, solo que la he entrenado, como en un
gimnasio. Les propongo que afronten este problema como si se tratara
de un problema físico, hay que decidirse a ir al gimnasio, hay que
empezar con un programa suave, si no puedes con las pesas, déjalas
para más adelante, comienza con un suave paseo en la cinta sin fin. Un
enfermo mental nunca tendrá voluntad si no la entrena. Este axioma es
difícil de comprender y asimilar por el enfermo que piensa que la
voluntad es un don del cielo que a él no le ha tocado, solo le tocó la
enfermedad. Cuando yo les explico cómo era, cómo tuve que luchar y
entrenar la voluntad para llegar hasta donde estoy, me miran raro, no
me comprenden, creen que les estoy engañando, no aceptan que pasados
unos años, si trabajan como yo, llegarán hasta donde yo he llegado, a
vivir sin medicación, sin acudir al psiquiatra, soportando las crisis
a pelo. No me creen y en parte es porque eso supone un terrible
sacrificio.

-El enfermo no es capaz de afrontar el menor problema, ni el
más fácil, aquel que hasta un niño resolvería.No es asertivo, no
piensa en qué es lo mejor para él, no piensa en las posibles
soluciones al problema y toma una decisión inquebrantable. Sabe muy
bien que la mejor solución para él será puesta en solfa por familiares
y seres queridos, que le presionarán hasta el punto de que le resulte
más sencillo adoptar las soluciones de los otros que las suyas
propias. En mi caso ante estos problemas llegué a razonar de la
siguiente forma: Si decir la verdad me supone tantos problemas que
luego acaban en una crisis fuerte, mentiré con astucia, con sutileza,
para que la familia, los seres queridos, no se enteren de lo que he
hecho y de esta forma no tenque que enfrentarme a ellos, lo que me
produciría una crisis grave.

-El enfermo mental sabe que no puede enfrentarse a los
problemas como hacen los demás. Se podría considerar que tiene tan
poca voluntad como un niño y está tan inmaduro emocionalmente como
ellos, pero ese es un tema más complejo para tratar en otro momento.
Lo cierto es que no puede ser asertivo porque eso le enfrenta a
situaciones emocionales muy difíciles de sobrellevar, la bronca con
seres queridos o familiares, la batalla de razonamientos durante horas
y horas que le agota…Debe buscar alternativas y las busca.

-La mentira en el enfermo mental es un mecanismo de defensa
para evitar situaciones potencialmente graves para su integridad
psíquica. Lo mismo que la manipulación, las farsas de control, como yo
las llamo, los chantajes emocionales, todos tienen un único fin:
sobrevivir y no tener que enfrentarse con situaciones emociones
agresivas, desagradables, violentas, Un enfermo puede llegar a creerse
sus propias mentiras y a pensar que sus manipulaciones son
inevitables, sino buenas. En mi caso las broncas con seres queridos me
afectaban tanto que asumí que cualquier otra solución sería siempre
mejor. Mentí en cosas pequeñas y formé un entramado de tela de araña
del que era difícil salir. Nunca llegue a mentir en cosas importantes
porque mi lógica, mi razón, mi cultura y personalidad me hacían ver
con claridad que antes se pilla a un mentiroso que a un cojo y que eso
solo era aplazar el problema. Si no podía tomar una decisión, porque
no tenía voluntad, la aplazaba buscando el momento y tramando sutiles
añagazas para que la solución se fuera acercando sin que yo tuviera
que dar un salto importante. Llegué a plantearme estratagemas tan
sutiles e insidiosas que acabaron generándome fobia social y manías
obsesivo-compulsivas contra las que hoy aún sigo luchando.

-Cuando el enfermo mental no encuentra forma de tomar una
decisión y salir bien librado lo que hace es fugarse a su mundo
mental. Cuando huye de relacionarse, se encama, se aisla, se margina,
está preparando el terreno para la fuga definitiva. Sin oponer
resistencia deja que su personalidad se precipite en el abismo, el
hundimiento es de por sí tan terrible que no necesita más para fugarse
de la realidad. Solo cuando entra en juego el instinto de
supervivencia, cuando los instintos básicos le obligan a reaccionar,
es cuando entra en juego su imaginación para librarle tomar decisiones
muy difíciles para él, que generarán un descontrol emocional, psíquico
y mental muy grave, un descontrol que él sabe que le llevará a un
psiquiátrico o a un aumento de medicación.

-Mientras no somos molestados podemos vivir en nuestro mundo.
Nos transformamos en otra persona, la fantasía nos lleva a otras
realidades, podemos estar sin comer varios días, podemos estar
encamados sin ver la luz el tiempo que haga falta, podemos librarnos
de la compulsión de los instintos básicos puesto que la estancia en
nuestro mundo mental es agradable y retarda el momento de enfrentarse
a la realidad con todas sus consecuencias.

-El problema comienza cuando otros interfieren y nos obligan
a tomar decisiones. Debemos enfrentarnos a la realidad y tomar
decisiones. Debemos ser asertivos y no podemos. Ya hemos estado un
tiempo fuera de la realidad, en delirio, ya tenemos otra personalidad,
y con esa personalidad delirante nos enfrentamos al problema.
Incapaces de transmitir un mensaje puesto que la personalidad que lo
debería transmitir no es la nuestra, incapaces de conformar el mismo
mensaje, puesto que el mundo delirante en el que vivimos no permite la
comunicación con otros que no estén en él, solo se encuentra la
agresividad y la violencia como única fórmula para defender el propio
territorio, el enfermo mental solo quiere que le dejen en paz en su
mundo de colorines. Cualquier intento por sacarlo de él se considerará
como un agresión, como la invasión por un ejército extranjero. Es por
eso que propugno el acercamiento cariñoso como única formula que va a
funcionar. El cariño no necesita que tras él esté una personalidad
concreta, aceptamos el cariño de cualquiera, aceptamos el cariño de
personalidades inferiores, como pueden ser las mascotas o los animales
domésticos, incluso aceptaríamos el cariño de una pared si pudiera
proporcionar algo tan valioso.

Es un tema muy largo y complejo, con muchas ramificaciones
que podremos tratar punto por punto. Resumiendo te diría que un
enfermo mental tiene serios problemas para ser emisor puesto que le
cuesta percibirse a sí mismo, como cuerpo físico, como personalidad,
como consciencia en un espejo. Le cuesta conformar cualquier mensaje
puesto que todo es muy confuso, ¿quién es el emisor?, puesto que él no
tiene claro quién es realmente. Bloquea su memoria para evitar que
sucesos sufridos por su personalidad en el pasado le angustien en el
presente y le lleven a una crisis. Ante la incomprensión y el rechazo
de sus mensajes se aísla, se margina, huye a su mundo de fantasía. A
un enfermo mental solo se le llega con el cariño, el único mensaje que
puede llegar a una personalidad desestructurada, sin núcleo, el único
mensaje que no requiere una compleja conformación mental, el único
mensaje capaz de superar cualquier patología, cualquier trauma,
cualquier obstáculo, porque lo queramos admitir o no el ser humano
está hecho para el amor, el amor es el alimento del alma y por lo
tanto si queremos curar a un enfermo del alma tenemos que darle amor.

Dejo que analices lo que te he dicho y seguremos matizando todo
aquello que te interese. Un abrazo.

 

Frase del día #6